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HISTORIA
GENERAL Y NATORAL DE US INDIAS,
ISLAS Y TIEaRA-FIRME DEL MAR OCÉANO, , .
El CAPITÁN fiOfíZAlO FERNANDEZ DE OVIEDO Y VALDÉs!
W
PRIMER CRONISTA DEL NUEVO MUNDO.
PUBLÍCALA LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
COTEJADA CON EL CÓDICE ORIGINAL, ENRIQUECIDA CON LAS ENMIENDAS Y ADICIONES DEL ALTOR,
£ ILUSTRADA CON LA VIDA Y EL JUICIO DE LAS OBRAS DEL MISMO
POR
D. JOSÉ AMADOR DE LOS RÍOS,
lüiliviihio <Je Número Je dicho Cuerpo , Catedrático de Ampliacioa de la Literatura Española en la Universidad de cüla Corte, etc.
PRIMERA PARTE.
MADRID.
IMPRENTA DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
A CjklWU DE JOÍE nOORIlifEI, C.VttE OS » TÍCENTE ».iU , rVM. "4.
1851.
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o! J. C. Cet»*»»'
A SU AUGUSTA PROTECTORA
LA REINA DOÑA ISABEL II
EN TESTIMONIO DE PROFUNDA GRATITUD
LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
G?8480
ADVERTENCIA.
JLlesde que recayó en la Real Academia de la Historia el cargo de cronista mayor
de Indias , ha mirado este Cuerpo como una de sus principales obligaciones la de
atender, por cuantos medios tiene ásu alcance, al esclarecimiento de la historia
de aquella rica parte del globo. La publicación de los historiadores primitivos,
cuyas obras no han salido á luz , ya por no ser consideradas como verdadero ob-
jeto de logro por los que al tráfico de libros se dedicaron en siglos anteriores, ya
por no haberse conservado reunidos los códices en que se contenian, llamó viva-
mente la atención de la Academia , dedicando á este propósito sus tareas. Entre
los escritores á quienes daba preferencia , la merecieron especial los que habien-
do vivido largo tiempo en el suelo del Nuevo Mundo , aparecian revestidos con la
autoridad de testigos de los acontecimientos que narraban ; debiendo por tanto ser
reputadas sus obras como irrecusables testimonios de la conquista, glorioso tim-
bre de las armas españolas , que en vano intentaron anublar la emulación y la en-
vidia.
Tres fueron las obras que mas directamente excitaron el celo de la Academia:
la Historia general y natural de Indias, escrita por el capitán Gonzalo Fer-
nandez de Oviedo y Valdés, primer cronista de América; la Historia de Indias
de don fray Bartolomé de las Casas, y la Historia de Nueva España, debida
á fray Bernardino de Sahagun. Difícil era en verdad el decidir cuál de estas pro-
ducciones debia darse á luz primero , especialmente respecto de las historias de
Oviedo y de las Casas : la importancia de ambas obras , bien que dirigidas á fin
distinto, y la fé que merecian sus autores, quienes pasaron la mayor parte de su
vida en aquellas comarcas , ejerciendo no pequeña influencia en los negocios pú-
blicos , hacian con razón vacilar á la Academia , que se incHnó por último á en-
cabezar la Colección de historiadores de Indias con la general y natural de Gonzalo
Fernandez de Oviedo, atendiendo principalmente al orden cronológico, entre otras
poderosas razones. Mas no se levantó por esto mano de los trabajos relativos á la
Historia de Indias del Obispo de Ciudad-Real de Chiapa.
Ni eran entre tanto de poco bulto las dificultades que presentaba la adquisición
de los manuscritos de Oviedo : dividida su Historia general en cincuenta libros,
cuyos diez y nueve primeros, aunque publicados por el autor en 1535 * , habian
recibido después de sus manos grandes adiciones y enmiendas, era empresa punto
i En la primera edición de la primera parte déla dejó Oviedo escritos. Como se advertirá en su lu-
Historia general de Indias se incluyó también parte gar, se imprimió también en iool el libro XX , pri-
(y no el todo , como generalmente se hacreido) del mero de la segunda parte, único de esta y de la tcr-
libro de los Naufragios , último de los cincuenta que cera que ha visto la luz pública.
VI ADVEUTEiNClA.
menos que imposible la de completar la segunda y tercera parle, todavia inédi-
tas , por ignorarse el paradero de los libros que de una y otra faltaban. Manifes-
taba no obstante, el diligente don José Alvarez Baena, en sus Hijos ilustres de Ma-
(frÚ, que.ení Í1t5 habia dado comisión el marqués de la Sonora, secretario del
(lespaciio-ílft Indias, 'á don Francisco Cerda y Rico, oficial de la misma secreta-
ría,'para qué, "éñcón" irados ya en poder del marqués de los Trujillos y en la bi-
blioteca Colombina algunos libros de los no publicados , ampliara sus investiga-
ciones al descubrimiento de los restantes. Baena declaraba por último que á ex-
cepción del libro XXVIII, noveno de la segunda parte, «todo se hallaba copia-
do, comprobado y en disposición de imprimirse, » cuando dio á la estampa su Dic-
cionario histórico ^. Pero si esta noticia de tan erudito biógrafo parecía allanar
los trabajos de la Academia , pedidas las copias de Cerda al Ministerio de Gracia y
Justicia de Indias , solo pudo averiguarse que en una memoria del referido litera-
to constaba haber este dispuesto que se entregasen al archivo de dicho Ministerio
los cuatro volúmenes de la Historia general de Indias que tenia recogidos , los
cuales ó habian desaparecido, ó nunca se habian entregado. Quedaban en pié los
obstáculos que se oponian al logro de los deseos de la Academia , habiendo solo
obtenido de sus prolijas averiguaciones los últimos nueve libros de la segunda
parte, que se custodiaban en la biblioteca Colombina.
No descansaba , sin embargo , la comisión que entendia en estos trabajos res-
pecto de la primera parte de la Historia de Oviedo, cuyas adiciones tenia ya re-
cogidas para su uso el docto académico don Juan Bautista Muñoz, empeñado
en la plausible empresa de escribir la Historia del Nuevo Mundo. Mas no pudien-
do estos apuntamientos satisfacer por una parte á los celosos individuos que for-
maban la expresada comisión , y escaseando por otra de dia en dia los recursos
con que la Academia contaba para dar cima á estas investigaciones , hubieron de
suspenderse al cabo las relativas á la publicación del Oviedo , bien que sin re-
nunciar en manera alguna á la esperanza de realizar un proyecto, cuya utilidad
era universalmente reconocida.
Dos hechos vinieron por fin á colmar hasta cierto punto las esperanzas de la
Academia : el señor don Miguel Salva , su individuo de número y bibliotecario de
la patrimonial de S. M. , manifestaba al Cuerpo que cxistian en la citada biblio-
teca, en dos gruesos volúmenes, los ocho primeros libros de la segunda parte y los
doce de que la tercera se compone , los cuales fueron luego facilitados, de orden
de S. M., á petición de la Academia. Casi al mismo tiempo venian á su poder los
códices originales , que legados á principios del siglo XVII por el Maestre-escuela
2 Ignórase el fundamento que pudieron (cncr
los autores de la Biographie Universelle anricnac ct
múdeme para asegurar que en 1783 hizo el mar-
qués de los Trujillos una edición completa de la
Historia general y natural de Indias de Oviedo.
Esta noticia , trasmitida después por Brunet, aunque
con alguna reserva , no podia apoyarse en las pa-
labras de Baena , quien solo aseguraba qup descu-
brió don Francisco Cerda y Rico en poder del mar-
qués los dos tomos primero y tercero , copias anti-
guas del origina! de la Casa de Contralacion de
Sevilla. De ellos sacó Cerda el traslado, de que habla
Baena; poro el marqués no dio á luz la Uisloriu,
que lampcco tenia completa, y aunque se dispuso de
real orden la publicación de la recogida por Corda,
no llegó esto siquiera á emprenderse.
ADVERTÉiNCÍA. VU
de la catedral de Sevilla , don Andrés Gaseo , á la Casa de Contratación , y ad-
quiridos después por don Luis de Salazar, habian pertenecido al monasterio deMon-
serrate, á quien heredó aquel erudito cronista con su copiosa y rica libreria. Pero si
el traslado de los referidos libros merecía toda fé, por haber sido hecho bajo la vi-
gilancia del mencionado Maestre-escuela ; si los códices originales, retocados y aña-
didos por el autor, aunque lastimosamente mutilados de algunas hojas, eran el mas
seguro comprobante de los trabajos ya verificados, y la mas clara guia de los que era
necesario emprender , todovia no fué posible dar por completa la Historia general
y naliiral de Indias, pues que ni en la copia ni en el autógrafo existia el li-
bro XXVIII, que no pudo tampoco encontrar Cerda, según el testimonio deBae-
na. Nuevas diligencias se hubieron de practicar por tanto , á fin de llenar aquella
laguna, no pudiendo ser mas satisfactorio el éxito que ha coronado estos esfuer-
zos. El libro XXVIII, con algunos capítulos del anterior, de que antes no se te-
nia noticia, se ha encontrado, pues, entre otros papeles procedentes del extin-
guido archiTo de jesuitas , en un tomo en folio de cuatrocientas treinta fojas,
siendo indudable , por la identidad de la letra , que fué desglosado en otro tiempo
del traslado hecho por el Maestre-escuela de Sevilla, traslado que perteneció, an-
tes de pasar á la bibhoteca de S. M.. á la del conde de Torre-Palma '.
Con estos seguros datos no era ya tan difícil llevar á cabo los trabajos, tantas
veces interrumpidos , y confiados ahora exclusivamente al celo del académico de
número don José Amador de los Rios. La comprobación de los libros antes reco-
gidos , asi como la copia y cotejo de los nuevamente hallados , han exigido arduas
y prolijas tareas, que terminadas sin embargo en breve tiempo , dieron á la Acá-*
demia la seguridad de que podia sacarse á luz la primera parte de la Historia
general y natural de Indias, tan completa y autorizada como es hoy posible,
logrados afortunadamente los originales. Para suplir las cortas lagunas que en
estos resultaban, se ha tenido presente la edición de 1555, la cual ha pare-
cido mas auténtica y segura que la de 1547, no solamente por haber cui-
dado de ella el mismo autor , sino también por no hacer este mención alguna de
la segunda en los MSS. , á que daba la postrera hm;i en 1548, según se ad-
vierte en muchos pasages de la Historia, y va notado en la Vida y escritos de
Oviedo.
Extremado ha sido el esmero que se ha puesto en esta edición, procurándose que
no desmerezca del concepto, formado respecto de la Historia general y natural de
Indias por cuantos escritores la mencionan. La Academia, no solo ha creído que
se debía atender á conservar con sumo cuidado la dicción de Oviedo , sino tam-
bién su pecuhar ortografía. La variedad que se observa en el autógrafo, respec-
3 Asi consta en la última hoja del primer volú- presa en la nota con que terminan puesta de mano
men ; pero atendiendo á las noticias que dá Baena de Antonio Gaseo , sobrino y amanuense del Maes-
de los dos tomos que poseia el marqués de los Tru- tre-escuela , se viene en conocimiento de que son
julos, y considerando que los dos gruesos volúme- unos mismos los referidos tomos, pareciendo pro-
nes de la biblioteca patrimonial de S. M. , que teñe- bable que de la del marqués de los Trujillos pasaran
rao á la vista , son copias antiguas de los códices á la librería del conde de Torre-Palma,
de la Casa de Contratacioa de Sevilla, según se ex-
Vni ADVERTENCIA.
to de la escritura de algunas voces , ha obligado no obstante á deducir la regla
general del mayor número de ejemplos ; pero á pesar de esto , ha sido tal el res-
peto tributado al autor, que aun en las numerosas citas italianas y latinas que
hace, se ha guardado su ortografía, consultando con frecuencia los códices y las edi-
ciones mas antiguas de los autores por él alegados; pues que habiéndose valido
de manuscritos é impresos contemporáneos , no parecia oportuno despojar á su
Historia de este matiz de antigüedad, que tanto la recomienda á la estimación de
los discretos *. La Academia ha deseado, én una palabra, no apartándose un
ápice del códice original y conocida por él la ortografía del autor , que solo el papel
y los tipos fuesen modernos.
La importancia de esta y las demás producciones de Gonzalo Fernandez de Ovie-
do , cuya infatigable pluma se consagró exclusivamente á los estudios históricos,
exigia que se diesen al público algunas noticias de aquellas útilísimas tareas , des-
conocidas en su mayor parte aun de los que se precian de eruditos. A tal pro-
pósito cumple sin duda el trabajo que sigue á esta Advertencia, encomendado
también al señor don José Amador de los Rios, quien recorriendo paso á paso
los acontecimientos principales de la vida del primer cronista de Indias, señala
oportunamente las vicisitudes que padece, y observa el contraste que presentan
estas con sus empresas literarias , ofreciendo por último el juicio de todas las
obras, cuya autenticidad está reconocida, y mas detenidamente el de la Historia
general y natural de Indias.
Al fin de la tercera parte, última de la misma obra, ha parecido conve-
* niente poner un glosario de las voces americanas usadas por Oviedo, las cuales,
ó se han acllniatado y hecho frecuentes en nuestra lengua , ó pueden servir de nor-
te para intentar algún ensayo respecto de los numerosos dialectos ó idiomas que
hablaban los indios, al verificarse la conquista. En la parte de este trabajo relati-
va á las ciencias naturales , se ha consultado , para mayor ilustración , al labo-
rioso y entendido académico de la Real de Ciencias, don Mariano de la Paz
Graells, gefe también del Museo de Historia natural, y catedrático de la Facul-
tad de Filosoüa de la Universidad de esta Corte. Igual servicio ha prestado á la
Academia el no menos celoso profesor don Manuel Maria de Caldo , quien ha en-
tendido con un esmero digno de todo elogio en la comprobación de las plantas y
animales, cuyo diseño pressnlaba Oviedo, cuidando al propio tiempo de obtener
la mayor fidelidad en los grabados.
Con tales medios ha contado la Academia : la publicación de la Historia ge-
neral de Oviedo comienza, pues', á realizar el proyecto años há concebido,
abrigando esta Corporación la lisongera esperanza de llevar felizmente á cabo la
Colección de Historiadores de Indias.
4 Lo mismo se ha hecho respecto de los nombres la milicia , sino también respecto de las letras , cu-
propios y geo ,'ráficos , que ó ha modificado ya el yo mas importante instrumento es la lengua de ca-
uso , ó han tomado d ;si)ues carta de naturaleza en da pueblo. Los irrefragables testimonios flel progre-
nuestro suelo. Las histori is escritas en ios pasados sivo desarrollo de una nación se encuentran ma-
siglos no deben solo considerarse como monumen- yormenle en la historia de su lengua,
tos de civilización respecto de la política, la loga ó
VIDA Y ESCRITOS
DE
GONZALO FERNANDEZ DE OVIEDO Y VALDES.
I.
Estado político de Casulla á fines del siglo XV. — Conquista de Granada. — Descubrimiento del Nuevo Mun-
do.— Renacimiento de las letras. — Esludios clásicos. — La Reina Católica alienta y estimula los trabajos
históricos. — Crecido número de cronistas de su reinado. — Gonzalo Fernandez de Oviedo. — Su patria y cali-
dad.— Su educación. — Preséntale en la corte el duque de Villahennosa. — Conoce en Granada á Cristóbal
Colon. — Forma el proyecto de escribir la historia de sus expediciones. — Su amistad con los hijos de aquel
he'roe. — Predilección del príncipe don Juan hacia Oviedo. — Muerte del príncipe. — Peregrinación de Oviedo
por Italia. — Su trato con los mas celebrados pintores. — Su amistad con Pontano, Serafín del Águila y Sanna-
zaro. — Visita á Roma — Entra al servicio de don Fadrique de Ñapóles. — Vuelve á España. — Sucasamientoy
primera viudez. — El Rey Católico le elige para el servicio del duque de Calabria. — Su segundo casamiento. —
Pretende llevarle á Italia por su secretario el Gran Capitán. — Alístase en la expedición de Pedradas Dávila. —
Es nombrado Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Firme. — Parte al Nuevo Mundo. — Contraste que
ofrecen á su vista la cultura de Europa y el estado de las Indias.
JCjNTre los ingenios españoles que deben su educación y fama al glorioso reinado
de los Reyes Católicos , merece sin duda lugar señalado Gonzalo Fernandez de
Oviedo , cuya vida activa y laboriosa, cuya acrisolada lealtad y generosa constancia
están revelando el espíritu de aquella felicísima era, en que parecía levantarse la
nación española de un sueño profundo , para conquistar entre todos los pueblos el
mas elevado asiento. Grandes males babian afligido á Castilla durante los turbu-
lentos reinados de don Juan II y Enrique IV , cuando plugo á la Providencia asentar
en el trono de los Alfonsos á una muger, dotada de corazón magnánimo y claro
talento , á quien estaba reservada la noble empresa de curar tan bondas beridas.
Cenia Isabel en 1474 la corona de sus mayores, y cinco años adelante heredaba
Fernando , su esposo , el cetro de Aragón , formándose de esta manera un solo
pueblo de aquellos dos poderosos reinos, hasta entonces rivales.
Yacía la administración, á su advenimiento, en un caos espantoso: era un vano
nombre la justicia , y ni la hacienda reconocía otro sistema que el antiguo y re-
probado desorden de los almojarifes , entregadores y recogedores judíos , ni el
Consejo de los reyes ejercía su influencia legitima en los negocios públicos , ni
lograba por último ser respetada en todas partes la magestad real , con grave des-
doro y menoscabo de la corona. Clamaban los pueblos por salir de tan angustiosa
TOMO I. • 2
X VIDA Y ESCRITOS
servidumbre , y aquellos dos príncipes , que no desconocian los peligros que les
rodeaban , comprendiendo que la única senda de salvación era la acertada organi-
zación del Estado , acometieron tan ardua tarea llenos de aliento y de esperanzas.
La creación de los Consejos Supremos de Castilla , de Aragón , de Hacienda y de
Estado , dictada en 1480 , deslindando todas las atribuciones de la administra-
ción , vino por una parte á manifestar la firme voluntad de los Reyes y á descu-
brir por otra la extensión de aquella política previsora , constante é inflexible,
que debia someter al elemento monárquico cuantos elementos sociales habían bas-
ta entonces existido en completo divorcio.
Sujeto ya el pais á tan saludable como severo régimen, volviéronse los Reyes
Católicos á la conquista de Granada, empresa en alto grado meritoria, y olvi-
dada en los anteriores reinados entre el tumulto estéril de las discordias civi-
les. La sorpresa de Zabara, llevada á cabo por Muley Hacen el siguiente año de
1481, rompiendo las treguas asentadas con los Reyes de Castilla, ofreció á estos
justa ocasión de acometer aquella guerra santa, de donde debia salir purificada de
sus antiguos extravíos la nobleza española, fuerte y poderoso el trono, respetada
y temida la nación ibera entre todas las gentes. Diez años fueron menester , no
obstante , para postrar del todo el poderío de la media luna , sacando uno á uno
(según la feliz expresión del Rey Católico) los granos de aquella codiciada Grana-
da. Al cabo lograba Isabel ver cumplida su esperanza, recibiendo el dia 2 de
enero de 1492 las llaves de aquella poderosa metrópoli: la lucba comenzada en
Cobadonga ocbo siglos antes habia terminado; y aquel trono vacilante y desau-
torizado en 1474, aparecía ya vigoroso y robusto, ostentando en sus gradas una
nobleza leal, aguerrida y sumisa , y un pueblo magnánimo, feliz é independiente.
La Providencia que asi premiaba los nobles desvelos de la Reina Católica, qui-
so también coronar la purísima fé de sus creencias , poniendo á sus plantas el vasto
imperio de un Nuevo Mundo. El ilustre y no comprendido piloto, que habia men-
digado en vano el favor de las cortes extrangeras , el sabio Cristóbal Colon , lo-
graba al fin ser oído por Isabel , y á poco tiempo cortaban naves españolas las mas
remotas é ignoradas regiones del Océano. Colon volvía un año después á la corte
de los Reyes CatóUcos, para ofrecerles las primicias de aquel inmortal descubri-
miento, que despertando el espíritu aventurero de los españoles, abría ante sus
ojos un nuevo teatro de hazañas y victorias, brindándoles al par con inauditas ri-
quezas. No habia espirado aun el siglo XV, cuando la misma nación que, encer-
rada por los Pirineos y rodeada por ambos mares, consumía todas sus fuerzas en
restaurar su libertad y salvar la religión de sus mayores, tremolaba también sus
estandartes en el centro de Europa, preparándose de esta manera á las grandes
conquistas que en los primeros años del siguiente siglo la hicieron dueña de Na-
varra y Ñapóles y le allanaron las costas del África , engendrando en la mente de
Carlos I el pensamiento de la monarquía universal, tan constantemente acariciado
por Felipe II *.
i Para prueba de que el pensamienlo de la los reyes, sino que habia cundido también entre los
monarquía universal no solamente era abrigado por ejércitos españoles , copiamos aqui las siguientes lí-
DE GON. FERN. DE OVIEDO
X(
Mas si lograron los Reyes Católicos levantar en esta forma á la nación ibera del
abatimiento en que yacia, borrando para siempre de España el imperio mahome-
tano, no menores esfuerzos les debieron las ciencias y las letras, aletargadas du-
rante el infausto reinado del último Enrique. La corte de don Juan II, si fué triste
espejo de flaquezas políticas, encerró no obstante cuantos elementos de cultura se
liabian elaborado en no remotos tiempos: imitáronse en ella las obras del arte tos-
cano, ilustrado por tan altos ingenios como Dante y Petrarca; sintióse el renaci-
miento de la poesia lemosina, halagada en Aragón por Juan II y don Enrique de Vi-
llena ; y comenzaron finalmente á ser cultivados los estudios clásicos con predilec-
ción y esmero. La Reina Católica que , miraba el ocio como fuente de vicios, no
tuvo por completa la grande obra que estaba realizando, sin apartar á sus magna-
tes y caballeros de los frecuentes peligros, á que los exponia su interminable hol-
ganza. Para conseguir tan plausible intento, procuró atraer aquella desvanecida
juventud á la honesta ocupación de los estudios, considerados al cabo como auxi-
lio y complemento de la milicia *; y reanudando las tareas literarias que ilustra-
ron la corte de su padre , alcanzó la gloria de ceñir á su frente la inmaculada aureo-
la de restauradora de las letras. Daba Isabel la preferencia á los estudios históricos,
y admirando los grandes hechos y varones de la antigüedad, ardia en el deseo de
reconocer en su nativa lengua á los historiadores latinos, anhelando saborear al
propio tiempo las bellezas que habian sembrado en sus inmortales obras los Hora-
cios y Cicerones. La voluntad de la Reina, superior siempre á todo obstáculo,
triunfó también en esta ocasión, siendo ella la primera que acometió con firme
empeño la larca de aprender la lengua del Lacio', y trayendo á España los
mas insignes humanistas que en Italia florecian, para fomentar aquellos estudios. A
su ejemplo quiso unir el de su familia: Pedro Mártir de Anglería y los hermanos
Geraldinos recibieron el honroso encargo de dirigir la educación de los infantes de
Castilla, tarea que mas adelante compartieron respecto de la primera nobleza con
v\ no menos docto humanista Lucio 3íarineo Sículo. Los duques de Guimarens y
Villahermosa, el primogénito del duque de Alva, don Pedro Fernandez de Velasco,
don Gutierre de Toledo y don Alfonso Manrique, siguiéronlas huellas de la Reina y
ncas , tomadas del mismo Oviedo: f.El qual (César)
»ha seydo digno, mediante la divina clemencia (que
»!e hizo merecedor de sus buenas venturas y nues-
))lras) de ser señor de tan valerosa nascion , para
«que veamos al présenle, como se vee , la bandera
))de España celebrada por la mas victoriosa , acala-
»da por la mas gloriosa, y amada por la mas digna
»de ser querida en el universo. Y assi nos enseña
»el tiempo c vemos palpable lo que nunca dcbaxo
))del cielo se vido hasta agora en el pudcrio é alta
»magestad de aigund príncipe cripsliano ; y assi se
«debe esperar que lo que cs!á por adquirir y ve-
niiir al colmo de la monarchia universal de 7iucs-
)itro Qésar, lo veremos en breve tiempo debaxo de
)\su yugo y obcd.¡en9Ía. Y no digo solo esto por los
«infieles; pero ni de los que se llaman cripsiianos,
»s¡ dcxaron de rcconos9er por superior, como de-
»ben y Dios tiene ordenado, á nuestro Qe'sar ; pues
»le sobran osados milites y gentes y no le han de
«faltar riquezas que les reparta , assi de sus grandes
«Estados de Europa y África , como desleirá nñ-
«tad del mundo que comprchende sus Indias» {Hist.
nat. y gen. de Ind., lib. VI, cap. 8).
2 Pedro Mártir de Anglería: Opus epistolarum,
episl. i 15.
3 Hernán Pérez del Pulgar decia á la Reina
con este propósito: «Mucho desseo saber cómo
«va V. A. con el latin que aprendeys: dígolo, Se-
«ñora, porque hay aigund latín tan zahareño que
»no se dcxa tomar de los que tienen muchos nego-
«cios ; aunque yo confio tanto en el ingenio de
«V. A. que, si lo tomays entre manos, por soberbio
«que sea, lo amansareys, como habeys hecho con
volros lenguajes» (Letra XI, año <482).
XII VIDA Y ESCRITOS
de los príncipes, y dieron muy en breve inequívocas pruebas de su amor á las le-
tras, amor que arraigó también en el pecho de las mas ilustres damns castellanas,
entre quienes se distinguieron, con las dos hijas del conde de Tendilla, doña Lucia
de Medrano y doña Francisca de Lebrija, las cuales emularon dignamente la fama
ya adquirida por doña Beatriz de Galindo, maestra de la Reina Católica.
Brillante fué el resultado que tan decidida protección produjo en la república
de las letras, tomando un vuelo inusitado todos los estudios: la teología y la ju-
risprudencia, la füosofía y la literatura, la elocuencia y la historia, apoyándose
poderosamente en la fdologia, recibieron ardiente culto, preludiando asi los glo-
riosos dias del gran siglo que no en balde es llamado entre nosotros Siglo de oro.
Prodigioso es verdaderamente el número de los importantes trabajos llevados á
cabo cuesta felicísima época, no cabiendo pequeña parte en tan extraordinario
movimiento á los cultivadores de la historia; y digna es por último de señalado
aplauso la esclarecida cohorte de ingenios que dedicaron sus plumas á ilustrar,
en vida, el inmortal reinado de los Reyes CatóUcos.
En esta edad y en esta corte nace, pues, se educa y florece Gonzalo Fernan-
dez de Oviedo, quien animado de la mas viva gratitud, consagra.su vida entera
á la memoria de aquellos Soberanos y al servicio de sus descendientes. Acaricia-
do en su juventud por amiga suerte ; expuesto en su virilidad á los golpes del in-
fortunio, y condenado á llevar siempre una existencia laboriosa y vagabunda, nos
presenta Oviedo en sus numerosos escritos la mas evidente prueba de lo que al-
canzan la actividad y el buen deseo y de lo que pueden la voluntad y la constancia.
Impulsado por estos poderosos móviles, todo lo observa y examina, todo lo pre-
gunta é inquiere, todo lo escribe y guarda en sus memoriales, que á donde quie-
ra le acompañan desde la puericia, y que, aun á riesgo de la vida, logra salvar,
como otro César, ora en el paso de hondos torrentes y caudalosos nos, ora en el
centro de inaccesibles boscages, ya en medio de abrasadores desiertos, ó ya final-
mente en las desconocidas sirtes del Océano. Su talento observador y reflexivo,
su amor profundo á la verdad y el rehgioso culto que á la historia tributa , le po-
nen la pluma en la mano: para Oviedo nada importa la magnitud de la empresa:
contando siempre con la firmeza de su voluntad, si tiene por útil y meritorio el
objeto de sus vigiüas, nada le arredra al emprender sus proyectos, nada le des-
anima ni abate en mitad de sus tareas , reproduciéndolas una y otra vez con infati-
gable tesón y levantado esfuerzo. Gonzalo Fernandez de Oviedo, si no aparece á
nuestra vista como el mas elocuente y docto intérprete de la grande era que de-
jamos bosquejada , es por tanto el mas vivo reflejo de los instintos y de las espe-
ranzas de aquefla nación, que no cabiendo ya en los patrios confines , inundaba al
par la Europa, el África y la América, aguijoneada siempre por el estímulo de la
gloria, y prodigando siempre la sangre y las hazañas.
Oriundo del vafle de Valdés en las Asturias de Oviedo , nació Gonzalo Fernan-
dez en Madrid en agosto de 1478 *, sin que nos sea djjdo señalar el nombre de
4 Refiriendo el mismo Oviedo una pendencia que acaeció en Barcelona, el año de 1493, enire don
y
DE GON. FERN. DE OVIEDO. XIU
su padre. Su calidad de hidalgo, de que se pagaba mucho y hace frecuente alarde
en sus escritos, ha sido no obstante causa de sospecharse que pudo serlo ó ya Fer-
nando de Oviedo, regidor de Madrid, ó ya Juan de Oviedo, secretario en Í4CG
de don Enrique IV '. Dá mayor consistencia á esta fundada conjetura la circuns-
tancia de traer Gonzalo Fernandez en algunos pasages de sus obras la autoridad
de su padre , como testigo presencial de varios sucesos, acaecidos en la corte y pa-
lacio de don Enrique , donde al parecer asistia mas obligado que devoto *. Mas
no puede dejar de llamar la atención el silencio que gua'rda Oviedo sobre su fami-
lia, cuando le vemos tan solicito en instruir á sus lectores en cuanto á su calidad
y servicios concierne. Sea como quiera, es cosa averiguada que entró á servir
desde su niñez en casa de don Alfonso de Aragón, segundo duque de Villahermo-
sa, sobrino del Rey Católico y hermano de don Juan de Aragón, duque de Luna.
Era el de Villahermosa uno de los magnates que mayor empeño habian mostrado
en el cultivo de las letras, según queda advertido; y prendado del buen natural
é inteligente viveza de Oviedo , crióle con especial afecto , procurando iniciarle
en los estudios, y despertando en su corazón aquel inextiguible amor á los gran-
des hechos que se refleja vivamente en todos sus escritos ^. No habia cumpli-
do Gonzalo trece años, cuando el mismo don Alfonso, deseando labrar su fortuna,
le sacó de aquella escuela de Minerva y de Marte , que este nombre dá Oviedo
. á la casa de ambos duques, y le presentó en la corte de los Reyes Católicos, don-
de obtuvo el nombramiento de mozo de cámara del príncipe don Juan , con el suel-
do ó quitación de 8,000 mrs. anuales y título firmado por la misma Reina *.
Iñigo López de Mendoza y olro caballero, prosigue recuerdos, calló Gonzalo cotislanlemente el paren-
de esta manera el diálogo que sostiene con olro per- leseo que tenia con Juan de Oviedo, mostrándose
sonage: «Sereno : Que años habriades vos eston- por el contrario muy adicto á los Reyes Católicos.
»ces?... Alcaide: Yo nací año de H18 y esto fue 6 Oviedo escribe: aOy decir á mi padre que se
))ano de í 493 ; habría algo mas de i4 años. Serenoí «avía hallado en Segovia en aquella sa9on , donde
»Edad era essa para quedaros en la memoria lo que wel rey don Enrique el IV estaba é la reina doña
»hays dicho. Alcaide : Mejor me acuerdo de lo que wJohana , su muger , etc.» {Bat. y Quinq. , III Bat.,
»aveysoydo quede lo que há pocos dias quepassó.» dial. 28 ). Y en otro lunar: «Yo oy á mi padre que
{Bal. y Quinq., Bibliot. Nacional , Cod. Y. S9, folio wlo vio (estando en la corte) y conoció á Barrasa»
602). En elcapíluloXXlXdellib. Vldelal." í>artede {Quinq., /." Parte, Est. I2,íol. 204. Cod.orig.de la
la Hist. gen. y nat. de Ind. dice el mismo Oviedo , ha- Bibliot. Nacional , Ff. 104).
blando del año 1548: «Una cosa diré aquí que aun- 7 Narrando Oviedo el famoso desafio del capí-
«que he setenta años , etc ;» y después anadia: é los lan Benavides y el comendador Urquillas , acaeci-
compli en el mes: de agosto en que estoy; pero esta do en Zaragoza, escribe*. «Súpclo lan menuda-
cláusula que subrayamos , fué después borrada por «mente porque la villa de Cortes en Navarra era en
él, aunque puede leerse fácilmente en el original. «essa sa^on de doña Leonor de Soto, duquesa de
(Real Acad. de la Hist., Cod. de Salazar, tom. I, fo- «Villahermosa, mi señora, madre de don Alonso
lio 181, enmendado 128). «de Aragón, duque de Villahermosa, m¡ señor,
5 El secretario Juan de Oviedo, era Señor efe «que me crió , al qual yo servíanles que sirvies-
Casasrubios del Monte , y habiéndose declarado por «se al príncipedon Juan.» {Bat. y Quinq., Y. 59, /b-
la Beltrancja , le fueron confiscados sus bienes por »lio 457.) En otra parte decia; «Porque el duque
los Reyes Católicos, luego que vencieron estos al de »de Villahermosa , el segundo duque, era su her-
Porlugal y á los parciales de doña Juana. El señorío «mano (de don Juan de Aragón, duque de Luna) y
de Oviedo fué donado á Gonzalo de Chacón, favorito «me avía criado» {Bat. y Quinq. 187 vto.).
de los Reyes, de quien le hubieron después sus he- 8 Hablando de los mozos de la cúmara del
rederos, saliendo por tanto desús primitivos posee- príncipe don Juan , y apuntando los nombres de
dores. Acaso por no despertar estos desagradables todos, se pone Oviedo en el último número, diciendo:
XIV
VIDA Y ESCRITOS
Tenia entonces el príncipe trece anos de edad, pues que habia nacido en junio
de 1478, dos meses antes que Gonzalo; y esta favorable circunstancia, á que se
agregaban el abierto genial y la reverente solicitud del mozo, fué causa de que
le prefiriese don Juan entre todos sus servidores, asistiendo Oviedo y tomando parte
en sus lecciones durante el dia, y entreteniéndole en los ocios de la noche con
la lectura de los historiadores y moralistas.
Dos años contaba Gonzalo al servicio del príncipe, cuando abatido y quebran-
tado el imperio de los granadles, rindióse aquella poderosa metrópoli á los es-
fuerzos de Isabel y de Fernando. Procuraban los Reyes que el príncipe don Juan
tomase enseñanza , como heredero de ambas coronas , en los ejemplos de la go-
bernación y de la guerra : era la conquista de Granada la mas difícil empresa que
en muchos siglos acometieron las armas españolas; y el Rey Católico, que en el
otoño de 1490 habia ya armado caballero al príncipe ante los muros de aquella
opulenta ciudad, asentado el cerco y fortalecidos los reales en el siguiente año,
quiso que asistiese al ejército la Reina Isabel con todos sus hijos, á fin de quitarla
última esperanza de salvación á los sarracenos. Siguió, pues, la corte Gonzalo Fer-
nandez de Oviedo , y todavía en su adolescencia , tuvo la fortuna de conocer alli
los mas ilustres varones que ala sazón florecían en España, y de presenciar los
mas heroicos hechos, que iba ya recogiendo cuidadosamente, formando asi el in-
apreciable tesoro de sus obras '. Conoció alli también á Cristóbal Colon , pobre
y oscuro mareante , á quien la Providencia encaminaba á Granada, para ofrecer
á la Reina la mas alta ocasión que han visto las edades. Oviedo, que se prendaba de
lodo lo grande y extraordinario, no le perdió de vista desde aquel momento; y
enterado con diligencia de su pasada vida, apuntaba cuidadoso todos los contra-
tiempos que en la córtele sobrevenían. La rendición de Granada, en que hicie-
ron intervenir los Reyes Catóhcos al príncipe don Juan , puso término á tan peli-
grosas dilaciones , partiendo al cabo la feliz expedición de la isla de Saltes el 5 de
agosto de 1492 , no sin que Oviedo formase el decidido propósito de escribir sq
historia *^.
«Tenían en mi liempo 8,000 nirs. de quitación y
» 12,000 en la despensa, que por tercios de quatro
)7cn qiialro meses les pagaban , en dineros , cada
))nn año.» (Off. de la Casa Real de Casi. , Bibliot.
Nacional, Cod. T. 88: Quinq. , ¡11.^ Part. , Est. 23.)
Prescoll , Irwing , Ticknor , Ternaux y oíros es-
critores exirangeros asientan que fué page , ya del
príncipe don Juan , ya de los Reyes Calúlicos : se-
mejante error, á que tal vez dio origen el mismo
Oviedo, diciendo que se habia encontrado pagemu'
chacho en la conquisía de Granada {Hist. gen. de In-
dias , /.* Parte, lib. II, cap. 7) , queda enteramente
desvanecido, cuando se advierte que esta frase solo
determina la tierna edad que entonces tenia, siendo
muchos los pasages de sus obras en donde hace
relación del oficio que en la cámara de don Juan
desempeñaba {Ad. á los Off. de la Casa Real: Hist.
gen. de Ind., lib. VI, cap. ^). Debe sin embargo
advertirse que el deslino de mozo de cámara era
nuevamente creado, cuando se concedió á Oviedo,
siendo considerado como cargo de distinción , pues
que se exigia la nobleza.
8f Al mencionar Gonzalo Fernandez la loma de
Granada, el descubrimiento del Nuevo Mundo, la
expulsión de los judios y la herida del Rey Catoli-»
co , escribe: « Assi que, no hablo de oydas en nin-
))guna deslas quatro cosas sino de vista , aunque
))las escriba desde aqni , ó mejor diciendo , ocur-
wricndo á mis memoriales, desde el mismo tiempo
Mescriptas en ellos» {Hist. Gen. y Nat. de Ind., l.^ Par-
te, libro 11, cap. 7).
iO En el pruhcmio que puso Oviedo al Suma"
rio de la Natural Historia de las Indias, decia, dan-
do al César noticia de sus trabajos literarios : aTodo
»lo qual y oirás muchas cosas desla calidad muy
«mas copiosamente yo tengo escripto y está en los
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XV
Echados los cimientos á la gobernación del nuevo reino y arrojados de España
los judies, partieron entre tanto los Reyes Católicos de Granada la vuelta de Ara-
gón, llevando en su compañía á las infantas y al príncipe don Juan, sus hijos. En
Zaragoza permanecieron algunos meses, hasta que en el de octubre se encami-
naron á Barcelona, donde estuvo el Rey á punto de ser víctima de la traición ó
tle la demencia. «Viernes, siete dias del mes de diciembre (escribe Oviedo, les-
»t¡go ocular del hecho), un villano natural del lugar de Rcmensa del Principado
))de Cataluña, llamado Juan de Cañamares, dio en Barcelona una cuchillada al
«Rey Católico en el pescueco , tan peligrosa que llegó á punto de muerte : del
»)qual traydor fué hecha muy señalada justicia, no obstante que segund paresció, él
»estaba loco é siempre dixo que si le matara, que él fuera rey»". Aun no conva-
lecido de la herida , tuvo don Fernando nueva ocasión de admirar la clara previsión
de la Reina Católica, respecto de la existencia del Nuevo Mundo. El ilustre ge-
novés , tenido antes por loco , llegó á Barcelona en abril del siguiente año , pre-
sentando á los Reyes larga y brillante muestra de las riquezas que la desconocida
América atesoraba: en pago de tan extraordinario servicio, no solamente alcanzó
las mayores honras, conforme alas capitulaciones asentadas, sino que obtuvo la
gracia, por él solicitada , de que sus hijos fuesen recibidos en el número de los
pages del príncipe '*. Era esta favorable coyuntura á los planes de Oviedo, que
solo contaba quince años, y no la desaprovechó por cierto: el respeto que Cristó-
bal Colon le habia inspirado , se convirtió en acendrado cariño para con sus hijos.
Distinguido por el príncipe , fué á Oviedo fácil empresa el iniciarse en la amistad de
los jóvenes Diego y Fernando, inquiriendo de su padre por este camino cuanto ha-
l3Ía sucedido en aquel viage, cuyo fruto era el descubrimiento de tan peregrinas re-
giones. Mas aunque muchacho, habia ya aprendido Gonzalo que no debe la verdad
histórica recogerse en una sola fuente , y á fin de comprobar los hechos que
apuntaba, procuró informarse también de los hermanos Pinzones, y en especial de
Vicente, con quien desde entonces sostuvo amistosa correspondencia ". Esta
«originales y chrónica que yo escribo desde <5|ue tu-
»vc edad para ocuparme en semejan le materia, as«¡
»)de lo que passó en España desde el año 1490 has-
tia aqui, como fuera deila» (Historiad, primit. délas
Ind. occid , por don Andrés Gonz. Barcia, tomo I). En
el capítulo 30 del lib.L y último de la III.^ Parle de la
fíist. Gen. y Nat. de Ind. escribía después: «Doy
i>(á Dios) infinitas gracias por la misericordia que
«conmigo ha usado, pues sin elegancia de cir-
»cunIoquios ni afeytes ni ornamentos de rethórica,
))sino llanamente lia dexrdo llegará tal estado esta
General y Natural historia de Indias, conforme á
«verdad, la qual ha que continúo desde el tiempo
«que estas parles se descubrieron por el primero al-
»nu"rante don Chripstóbal Colom, año de i492 hasta
«el présenle de 1548; y pueshá einqüenta años que
wen eslo entiendo , creer se debe que es historia».
i i Historia General y Natural de Indias, 1." Par-
te , libro II , cap. 7.
i2 «Mas como era prudente hombre (Crislóba'
»€olon) luego que á España fué con las nuevas del
wprimero descubrimiento, suplicó á los Pieyes Ca-
wlhólicosque oviessen por bien q le sus hijos el
«príncipe don Juan los rcscibiese por pajes suyos...
»E assi el príncipe don Juan tracto bien á estos sus
))hijos y eran del favoreseidos c anduvieron en su
«casa hasta que Dios le llevo á su gloria en la cib-
»dad de Salamanca año de 1407» {Hist. Gen. y Nat.
de ind. , I." Parte , lib. IH , cap. 6).
13 Narrando lo ocurrido en los primeros viages
que hizo Colon á las Indias , dice Oviedo: « Allende
»de lo que, fuy informado dellos c otros del primero
)ycamino, assi como de Vicente Yañez Pintón, que
»fué uno de los primeros pilólos de aquellos tres her-
wmanos Pin9ones, de quien queda hecha mención;
«porque con este yo tuve amistad hasta el año de
»lí)14 que murió» (Hist. Gen. y Nat. de Ind., I.'Par-
lc,lib. 11, cap. 13).
XVI
VIDA Y ESCRITOS
juiciosa conducta , digna de edad madura , ha sido no obstante causa de que algu-
nos escritores tengan á Oviedo por sospechoso , en cuanto á la historia de Colon
se refiere **. Dispuesta entre tanto la segunda expedición del almirante, soli-
citaron seguirle muchos criados de la casa Real , amigos ó conocidos de Gonzalo,
á quienes rogó que le comunicasen cuanto hallaran digno de memoria. En este
mismo año de 1495 conoció y trató en Barcelona á donFrey Nicolás de Ovan-
do *', comendador de Lares, que en 1502 fué nombrado gobernador de la Isla
Española, cuya capital recibió de sus manos considerables aumentos.
Restituyóse en 1494 la corte á Castilla, y con ella Gonzalo Fernandez ^*, de
quien don Juan, su señor, se mostraba de dia en dia mas aficionado. Concerta-
das entre tanto las bodas del príncipe y de la princesa Margarita, hermana del
archiduque de Austria, determinaron los Reyes Católicos en 1490 ponerle casa y
rodearle de la juventud mas ilustre y de los mas experimentados caballeros.
Oviedo, que no habla salido aun de la esfera de mozo, logró entonces que el mis-
mo príncipe don Juan le encomendase, con título firmado de su mano, la custodia y
llaves de su cámara, cargo deque se manifestó aquel honrado y satisfecho ".
a Washington Irving en sn Vidayviagesde Cris-
tóbjl Colon (.4/)endtce n.° 28), "ño titubea cn"áscgii-
rar que no debe confiarseen la historia de Oviedo en
materias relativas al almirante, suponiéndole, como
al piloto Hernán Pérez Maleo, partidario de los Pin-
zones. Para desvanecer esta idea ofensiva á Oviedo,
cuya sinceridad y afecto á Colon se reconoce desde
las primeras líneas de su obra, nos bastaría citar las
siguientes palabras: «Godos son y españoles los
»que estas nuestras Indias hallaron , vasallos de
»V. M. y de la corona real de Castilla , guiados por
»la industria de aquel memorable almirante primero
))dellas, don Chripstóbal Colom , cuya memoria no
»)puede aver fin , porque aunque todo lo escripto y
»por escrcbir en la tierra perezca , en el cielo se per-
)>peluará tan famosa historia... De cuyos subceso-
Mres deste almirante, me paresce y es razón que
«quede un continuo y perpetuo acuerdo en vuestra
«Sagrada Magestad y en todos los reyes de Castilla»
»para honrar y gratificar y conservar la sub9es¡on de
»Colom y su casa y sostenerla y aumentarla y esli-
»marla, como joya propria y ornamento de sus rey-
»nos , pues fué causa de tantos bienes y que Clirips-
))to y su fé cathóHca en estas Indias se sirviesso y
«aumentasse» (Hist. Gen. y Nat. de Ind., II.' Parte,
lib. I, Proh.). Quien de esta manera habla ¿podrá te-
nerse por sospechoso ?.. Pero Oviedo, sobre quien
se ha querido echar el borrón de la ingratitud , es el
primor escritor que tiene la gloria de haber conside-
rado á Colon acreedor á que se le erigiese una estatua,
y no de cualquier manera, sino una estatua de oro.
(( Por cierto (dice) aquella estatua llamada holosphi^
))raton y la otra de Leonino, que fué el primero de
»los hombres que en el templo de Delphos puso á
))sí mismo una estatua de oro ma9Íco, muy mejor la
wmcresce don Chripstóbal Colom , primero descu-
Mbridor é inventor dcs'as Indias y primero almiran-
))le dellas en nuesíros tiempos ; pues no como Leo-
wnino, que mostrando el arle oratoria allegó el oro
»de su estatua, sino como animoso é sabio náula
))é valeroso capitán nos enseñó este Nuevo Mundo,
))tan colmado de oro que se podrían aver fecho m¡-
»llares de estatuas, etc.» {Hist. Gen. y Nut. de In-
dias, l.^Psule ,\\h. VI, cap. 8). Necesario ha sido
que trascurran tres siglos para que se tribute á Co-
lon el homenage (y mas humilde ciertamente) que
Oviedo le pretendía rendir á mediados del si-
glo XVI. Mas si quedase todavía duda del entusias-
mo con que habla siempre de Cristóbal Colon , oi-
gamos la declaración que hace en otra de sus obras,
respecto del descubrimiento de las Indias: «El qual
«servicio (exclama) hasta hoy es uno de los mayo>-
«res que ningún vasallo pudo hacer á su príncipe y
»tan útil á sus reinos , como es notorio: y digo tan
»útil, porque hablando la verdad, yo no tengo por
ncastellano ni buen español al hombre que esto
))desconosQÍessen (Sum. de la Nat. Hist. de las Ind.
Proh.).
15 Bat. y Quinq., Bibliot. Nacional, Cod. K. i30,
fol. 383 vuelto.
i6 Offifios de la casa Real de Castilla. Bibliot.
Nacional , Cod. 205, fol. 3.
17 «En Almazan, año de 1496, se le dio casa
»al príncipe don Juan, mi señor, porque los que
«de antes de esso le servíamos, estábamos asenta-
»dos en los libros de la Reyna Cathólica , é nuestros
«títulos firmados de S. A. é no del príncipe.» Y en
otro lugar: «También tuve las llaves (de la cáma-
«ra) en los postreros días de la vida del principe»
(Officios de la casa Real de Castilla. — Quinq.,
IIÍ." Parte, Est. 23). Hablando también Oviedo de
un collar de oro encontrado en Almazan en i 496;
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XVII
En marzo de 4497 aportó á Santander la hija del emperador Maximiliano, en la
misma armada que liabia llevado á Flandes á la infanta doña Juana , desposada ya
con Fciipc. Saliéronla á recibir el Rey Católico y el príncipe con numeroso y lu-
cido acompañamiento: proponíase don Juan festejarla galante y rendido, y tuvo por
discreción el presentarse á su vista, ostentando entre atrevido y recatado la cifra
de su nombre. Fió la ejecución de este proyecto á Gonzalo de Oviedo, el cual go-
zaba ya reputación de entendido en las artes del diseño ; «y cómo se satisfizo de
»la cifra, que estaba de letras antiguas mayúsculas latinas, le dijo: — Di, Oviedo,
«¿entiendes lo que dicen essas letras que vas dibuxando?.. A lo cual le respondió
Gonzalo: «Señor, piensso que dicen Margarita. Estonces el príncipe se sonrió, y
»dixo: Pues mira, guárdate del diablo; no lo digas ni enseñes á hombre delmun-
)>do "». Esta escena, que por una parte descubre la inocente galantería de don
Juan , basta por otra para darnos á conocer el aprecio íntimo que hacia de Gon-
zalo. Avistáronse al fin los dos príncipes en Reinosa, y veláronse en Burgos en
los primeros días de abril , con las mayores fiestas y regocijos que jamás se vieran
en España: las mas generosas damas y los mas poderosos magnates compitieron,
según el mismo Oviedo nos refiere, en la pompa y gala de sus joyas y atavíos y en
la magnificencia y numeroso séquito de sus casas, como quienes procuraban hacer
público el placer de sus corazones por tan deseado acontecimiento ".
Breves fueron, por desgracia del suelo español, tantas alegrías y esperanzíis:
el príncipe don Juan, que apenas contaba diez y nueve años, adoleció en Salaman-
ca de tan aguda fiebre, que le acabó en trece días, espirando el 4 de octubre,
cuando no se habían terminado aun los regocijos en algunas villas y ciudades de
los reinos. Hondo sentimiento produjo en todas tan infausto suceso , y mayor que-
branto causó entre los fieles servidores del príncipe , cuya brillante corte se des-
vaneció como por encanto, acogiéndose unos al retiro de la clausura, muriendo
otros de tristeza y partiendo otros á extrañas regiones , para buscar tal vez en la
guerra el fin de sus días. Gonzalo Fernandez de Oviedo eligió el último partido.
«Mi descontento (dice) me llevó fuera de España á peregrinar por el mundo,
«habiendo passado por mí muchos trabaxosy nescessidades, en diversas partes dis-
»curricndo, como mancebo, á veces al sueldo de la guerra y otras vagando de unas
«partes y reynos en otras regiones **. » Anduvo asi por toda Italia , teatro en aque-
llos días de las proezas de los tercios castellanos y de la pericia del Gran Capitán;
y guiado siempre de los saludables avisos que en la infancia habia recibido , huyó
cuidadosamente de los malos y viciosos , procurando el trato de los buenos é ilus-
tres. Ni le abandonó tampoco su grande afición á los estudios: su amor á la pin-
tura le acercó á Vinci , Ticiano , Michael Angelo y ürbino , príncipes de aquella
encantadora arte : su inclinación á las ciencias y á las letras le indujo á solici-
precisamenle en los días en que se dio casa al prín- 18 Bat. y Quinq. Bibliot. Nacional, Cód. K. 81
cipe, dice: «Yo tuve esle collar en mi poder, por- fól. 56.
«que tuve las llaves de la cámara del príncipe» 19 Bat. y Quinq. — Hist. Gen. y Nat. de Ind.,
{Hist. Gen. y Nat. de Ind., I.* Parte, libro VI, capí- III.* parte, lib. X, cap. 6.
tulo 8). 20 Quinq. , III." Parte, Est. 23, Ff. 106, fol. 48.
TOMO I. 3
XVIII VIDA Y ESCRITOS
tar la amistad del docto Pontano, y de los no msnos celebrados ingenios Serafín
del Águila y Jacobo de Sannazaro , padre de la poesia bucólica italiana ^' : su
predilección á los trabajos históricos le impulsó á estrechar relaciones con todos
los hombres señalados en armas , notando cuanto veia , y encomendándolo ya á
la memoria, ya ala pluma. Oviedo no desaprovechó par tanto un solo día, du-
rante su permanencia en ItaUa ; y para hacer mas fecundas sus tareas , se dio
al estudio de la lengua toscana , enriquecida por tantos y tan esclarecidos escrito-
res , buscando al mismo tiempo y adquiriendo los libros que mas convenian á su
propósito , algunos de los cuales conservó hasta los últimos años de su vida ^^
Tres habia pasado desde la muerte del príncipe don Juan sin permanencia ni
rumbo seguro , ya alistado en las banderas españolas , ya al servicio del duque de
Milán , ya en el palacio del marqués Francisco de Gonzaga , cuando publicado en
1500 el jubileo, tomó la vuelta de Roma, con intento de ganar, como católico, las
indulgencias concedidas á los fieles por el Sumo Pontífice. Conoció allí á don Anto-
nio de Acuña, que servia entonces en la cámara de Alejandro VI, y que tanto figuró
veinte años adelante en las comunidades de Castilla ^' ; presenció las desavenencias
y sangrientos choques ocurridos entre los suizos del duque Valentín y los cuerpos
españoles que militaban en la guardia del Papa ^* ; asistió al famoso duelo de Fer-
rerde Lorca y el castellano de Arehe, donde se reprodujo fielmente uno de aque-
llos desafios, narrados con frecuencia en los libros de los Amadíses y Esplandia-
nes ^; y depositando todos estos hechos en sus curiosos diarios, partió para Ñapóles,
terminada ya la cuaresma. Solicitó, al llegar á esta corte, entrar al servicio del
rey don Fadrique , de quien fué bien recibido y tratado , creyendo con esto repa-
rar la inolvidable pérdida del príncipe de Castilla. «Pero como me estaban (dice)
»otros trabajos esperando, reservados en mi poca ventura , siguióse que el siguiente
»año aquel buen rey perdió su reyno, dividiéndole España y Francia ^'.))
Era el reino de Ñapóles desde siglos anteriores blanco de la política francesa,
que habrá encontrado siempre insuperable barrera en el esfuerzo de los españo-
les. Codiciaban ahora su posesión , alegando cada cual privilegiado derecho , el
rey don Fernando y Luis XII; y temerosos de empeñarse en nuevas guerras, ó ya
reconociendo la necesidad de reunir sus fuerzas contra el turco , enemigo formi-
dable de la cristiandad, resolvieron, al asentar las paces, que el Abruzo y la Cam-
paña quedase por el de Francia , con título de rey de Ñapóles , y se llamara el
CatóUco duque de la Pulla, con el señorío de Calabria. Despojado en tal manera
el desdichado don Fadrique , no faltaron consejeros que le incitaran á la vengan-
za , proponiéndole que trajese en su ayuda contra los cristianos, que asi le vili-
pendiaban, las temidas armadas del turco; pero aquel infeliz príncipe rechazó in-
21 Quinq., !.• Parte, Est. 44, fol. 103. «punto mi tiempo» (Quinq., IH.* Part., Est. 23).
22 «Discurrí por toda Italia, donde me dito- 23 Relación de lo sucedido en la prisión de
»do lo que yo pude á saber é leer y entender la len- Francisco de Francia , etc. — Cod. X. 227, fol. C9
»gua toscana , y buscando libros en ella , de los vio.
)>quales tengo algunos que ha mas de 55 años (es- 24 Quinq., III.' Part., Est, 45, fol. 74.
wcribia en el de 1555) que están en mi compa- 25 Quinq., III." Parí., Est. 23, fol. 48 y sig.
Ȗia, desseando por su medio no perder de todo 26 Quinq., Ib.
DE GON. FER. DE OVIEDO.
XIX
dignado intento semejante , declarando que en nada tenia la corona , si habia de
ser recuperada á tan infame precio ^. Resignado con su desgracia , reunió al
Hn don Fadrique la Real familia en la cámara de la Reina yiuda , y con lágrimas y
sollozos les manifestó su dolor é infortunio , despidiéndose tiernamente de todos.
«Aquesto (escribe Oviedo) turó bien cuatro horas, y de alli se salió el rey, y al
» tiempo que salia, como yo estaba en la puerta y le servia en la cámara, dixo-
))me: Oviedo, la Reyna, mi hermana, quiere que vais con ella, y yo os lo
» mando por amor mió ; porque se le ha ido su guardarropa á los franceses (que
wha veynte é ginco años que la sirve desde que la criaba), y quiere que len-
))gais su cámara, porque os criasteis en la del señor príncipe de Castilla. Haceldo
»assi, que todo parará en bien, y presto volveremos todos á Ñapóles. Lo que yo
«sentí con la misma angustia de la muerte, é hincado de rodillas, le supliqué
»que oviesse por bien que yo fuesse á morir donde S. M. fuesse. É él dixo : Ha-
»ced lo que yo digo: que aunque vais con la Reyna, mi hermana, no m.e de-
»xais de servir ^.))
Mientras el triste D. Fadrique embarcaba los restos de aquel naufragio político,
para refugiarse en la isla de Isela , la princesa doña Juana , que pocos años antes
cenia la corona de Ñápeles ^ , partía de esta capital con toda su servidumbre
en siete galeras , que al mando de don Iñigo López de Ayala habia enviado el
Gran Capitán, para que la llevase á Sicilia. Iba Oviedo en su compañía, y arri-
bada á Palermo aquella escuadrilla en los primeros días de agosto de 1501,
permaneció al servicio de la Reina por el espacio de diez meses , tiempo en que
procuró cultivar la amistad de Gonzalo Fernandez de Córdoba, no descuidando
el acaudalar sus memoriales, ya con la relación de las hazañas de tan ilustre cau-
dillo, oídas de su propia boca, ya con peregrinas noticias de aquella celebrada
isla, ya finalmente con la narración de los sucesos, de que era testigo^ En mayo
de 1502 se daba nuevamente á la vela la reina doña Juana , dirigiéndose á la
ciudad de Valencia , á donde llegó en el término de ocho días , teniendo el placer
de estrechar alli en sus brazos á su anciana madre , que habia salido á recibirla.
Pasados algunos meses , dio Oviedo cumplida cuenta de la cámara , puesta á su
cuidado , y con licencia de doña Juana , se despidió de su servicio , encaminán-
dose á Madrid , su patria , no sin tocar antes en Zaragoza , ciudad en que á la
sazón se hallaba, teniendo Cortes, el Rey Católico
30
27 Después de dar noticia de este consejo , del
cual disuadió al rey don Fadrique con muy cristia-
nas razones don Frey Luis Garrapho, caballero de la
Orden mililar y hospitalaria de San Juan de Jerusa-
len , dice Oviedo : « Bien creo que pocos chronis-
»las han hecho memoria de esla calhólica é sánela
"determinación del rey don Federique: ni osmara-
wvilleis , letor , que yo tan puntualmente os la haya
Hcontado y sabed que servia en su camarade
«ayudante de cámara , é uno era yo de los que
«guardábamos la puerta mas próxima á su real per-
«sona é oy muy bien lo que en aquel consejo se
«tracto y os tengo dicho» {Quinq. , U." Part.,
Est. 34, Cod. Ff. 205, fol. 75 vto.)-
28 Epílogo Real y Pont. , edad VI. Reyes de Ña-
póles, Bibliot. Nacional, Cod. orig. S. 33, f. 376 vto.
29 La Reina doña Juana , que era sobrina del
Rey Católico , habia sido esposa de Fernando II de
Ñapóles , muerto sin hijos en 1496 : sucedióle en el
trono su lio don Fadrique, último rey de aquella di-
30 El erudito don Joseph Alvarez Baena, en sus
Hijos ilustres de Madrid, tomo II , pág. 3o5, se ex-
prosa del siguiente modo, al dar noticia de estos
XX VIDA Y ESCRITOS
Llegado á Madrid , de donde faltaba mas había de cinco años , enamoróse de
Margarita de Vergara , una de las mas hermosas mitgeres que ovo en su tiempo en
el reino de Toledo , con la cual contrajo matrimonio mas mancebo y con menos
hacienda que fuera menester , puesto que frisaba ya en los veinte y cuatro años,
gastados en servicio de magnates, principes y reyes ". Corta fué no obstante su
ventura : apenas contaba diez meses de casado , cuando sobrevino á su esposa tan
azaroso parto , que hubieron de extraerle el feto en pedazos , quedando tullida y
expirando al poco tiempo entre agudos dolores '*. Grande amargura produjo en
Oviedo aquella desgracia , que aun recordaba cuarenta y cinco años después con
lágrimas y suspiros ''; y despechado de su mala suerte , volvió de nuevo al ejer-
cicio de las armas. Ofrecióle ocasión oportuna la entrada que hicieron por el Ro-
sellon los franceses, rotas las paces de 1500. Pusiéronse los enemigos sobre Sal-
sas en número de veinte mil combatientes, mandados por el mariscal de Bretaña; y
defendida aquella fortaleza por don Sancho de Castilla , general de la frontera, fue-
ron rechazados bizarramente en cuantos asaltos intentaron. Urgia , sin embargo,
socorrer el castillo , y concertado el Rey Católico con don Fadrique de Toledo, á
quien tenia confiada la guarda del Rosellon , corrió contra los franceses , que to-
mados entre ambos ejércitos , huyeron precipitadamente , aunque superiores en
número, dejando en poder de los españoles artillería, municiones y bagage.
Cupo á Oviedo parte en esta singular victoria de nuestras armas , obtenida en oc-
tubre de 1503 ^*; y terminada en tan breves días aquella amenazadora campaña,
siguió la corte del Rey CatóHco , quien habia ya resuelto aprovecharse de su fide-
lidad en otro linage de servicios.
La acertada política del Gran Capitán, que por aquel tiempo tenia allanadas casi
toda la Pulla y la Calabria, le habia aconsejado apoderarse de Tárenlo, donde se for-
tificaba el primogénito de don Fadrique. Pocos meses tardó esta ciudad en recibir
las banderas españolas, procediendo tan afortunado caudillo de tal manera que el mis-
sucesos, (artículo de Gonzalo Fernandez de Ovie- »pocos meses después que ove dado cuenta de la
do (a) de Valdés): «Habiendo muerto en la flor de su «cámara , con licencia de la reina , mi señora, fuy
Medad el año de 1496 el príncipe (don Juan) , pasó »á Madrid, mi patria» (Quinq., líl^ Parte, Est. 23:
»á servir (Oviedo) á Federico , rey de Ñapóles , en Bat. y Quinq. Y. 59. fol. 4o2 ). Oviedo no fué , pues,
«donde estaba en 1507; y despedido de alli , volvió guarda-alhajas de la reina Germana, sino de la rei-
»á España , y fué guarda de las alhajas de la reina na doña Juana de Ñapóles. El error de Baena ha si-
wGermana y del Rey don Fernando.» Ni el príncipe do, no obstante , seguido por los aulores del Diccio-
don Juan murió en 1496, pues que se casó en abril nario universal de Hist. y Geog., tom. V, pág. 457
de 97, ni Oviedo pasó á servir desde luego, como {Madrid, 1848).
Baena supone , al rey don Fadrique , ni estaba en 31 Hist. Gen. y Nal. de Ind., I." Parte, lib. VI,
Ñapóles en 1507, ni fué guarda de las alhajas de la cap. 38. — Quinq. , ///." Part. Est., 23.
reina Germana. Los dos primeros hechos quedan 32 Hist. Gen. y Nat. de Ind. , I.^ Parte, lib. VI,
plenamente ilustrados en las notas que anteceden: cap. 38.
respecto de los dos siguientes, bastarános copiar las 33 Ib.
palabras textuales de Oviedo, con lo cual no quedará 3í «Yo estuve essa noche en el campo , y tuve
ya duda alguna de las equivocaciones en que Alva- «creydo que, segund la dispusÍ9Íon de aquel passo
rez Baena incurre: «En el mes de mayo de 1502, «estrecho, en que los franceses estaban entre la
»en otra armada, tornó á navegar la Reina , mi se- »monlaña y los esfagnos de agua salada , que po-
»ñora , y dentro de ocho dias fuymos en España, «eos franceses salieran de alli Con las vidas» Bat. y
«en Valencia del Cid , donde estaba su madre ( la Quinq., Y. 59 , fol. 383 vto.—Off, de la Casa Real
«reina doña Juana, hermana del Rey Católico), y de Castilla. E. 205).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XXI
mo don Fernando de Aragón solicitó pasar al servicio de los Reyes Católicos. No
titubeó el Gran Capitán en acoger el ofrecimiento del duque de Calabria , como
quien le habia provocado ; y haciéndole en nombre de los Reyes las mas lisonge-
ras promesas , dio orden á Juan de Conchillos para que en una galera le llevase
á España. Llegó el duque á Madrid, donde á principios de 1505 fué recibido
por Isabel y Fernando , como hijo de rey ; y el Católico , que daba todo su valor
á tan feliz conquista, procuró rodearle de caballeros é hidalgos de su entera con-
fianza , poniendo con este propósito los ojos en Oviedo , en quien demás de la
lealtad tantas veces probada , concurria la circunstancia de haber ya servido al
duque en casa del rey, su padre ". De esta manera volvió Gonzalo Fernandez de
Oviedo á verse ligado á la corte de España, abandonando su proyecto de la
milicia.
La llorada muerte de la Reina Isabel, ocurrida en noviembre de 1504, vino
entre tanto á ser fecunda ocasión de disturbios y desavenencias, llevando al Rey
Católico al extremo de pretender echar por tierra con sus propias manos el edifi-
cio de la unidad politica, levantado por él á tanta costa. Fiel se mantuvo Oviedo,
en medio de aquellos trastornos , al Rey Fernando , quien aficionado á sus estu-
dios y erudición, le insinuó en Toro, donde hacia Cortes en 1505, el deseo de
que recogiese y compilase cuantas noticias concernian á los reyes de España des-
de los tiempos mas remotos ". Consagró Gonzalo Fernandez todas sus vigilias á
este intento, que solo pudo ver realizado veinte y siete años adelante; y devoto
siempre del Rey Católico, asistió en Dueñas á su casamiento con doña Germana,
siendo después testigo de las entrevistas y diferencias entre suegro y yerno (don
Fernando y don FeHpe) , el cual pasó al fin de esta vida en setiembre de 1506, á
tiempo en que el Rey Católico , desconfiando del Gran Capitán , se habia partido
para Ñapóles. Las continuas tareas literarias, á que por natural inclinación se en-
tregaba Oviedo, no le libertaron de que pensara de nuevo en contraer matrimo-
nio, siendo ahora mas afortunado que la vez primera, pues que en 1509 le nació
un hijo que habia de sucederle con el tiempo en sus empleos y trabajos.
Cambió entre tanto con la ausencia del Gran Capitán el aspecto de las cosas de
ItaHa, y repuestos los franceses de sus pasadas rotas, volvieron con mayor co-
rage á tentar la suerte de sus armas. La costosa batalla de Ravena , dada el vier-
nes santo de 1512, despertó al Rey Católico de sus perjudiciales recelos y des-
confianzas respecto de Gonzalo Fernandez de Córdoba, á quien pensó de nuevo
enviar á Italia, para saldar aquella sangrienta quiebra. «Fué elegido (dice el mis-
35 « Yo fui criado un tiempo del rey Federique
»dc Ñapóles , padre del dicho duque (de Calabria),
))e' le serví en la cámara hasta que salió de Ñapóles,
))é assi mesmo fuy después en Castilla uno de los
«criados que por 'mandado del Rey Calhólico sirvie-
))ron al mesmo señor duque , y doméstico de Su
»Ex9elen9Ía)) (Relac. de lo subíed. en la prisión del
Rey Francisco de Francia , etc. , f. i 9).
36 En el proemio que puso Oviedo á su Ca-
tálogo Real de Castilla , dirigido á Carlos V, es-
cribía: «El qual (catálogo) yo comen9é á copilar
»el año de d505 de la Natividad de Nuestro Señor,
))conos9Íendo que el Sereníssimo Rey don Fernan-
))do, Vdc tal nombre, vuestro abuelo, desseaba una
Mcopilacion semejante». Y al final de la misma obra
dice: «Este trabaxo..., como en otra parle ten-
))go dicho , comencé estando el Rey Cathólico don
«Fernando, V de lal nombre, en la cibdad de Toro,
«haciendo alli Corles, año del Señor de 1505 años»
{Bibl. del Esc, Cód. orig. H-j- 7).
XXII
VIDA Y ESCRITOS
))mo Oviedo) por el Rey Católico por general, para volverá Italia el Gran Capitán,
wel qual quiso servirse de mi de secretario. Y para yr con él y ponerme en orden,
)»vendi parte desso que tenia, porque en lo demás mi mugcr, viviendo, atendies-
»se la fortuna de ambos: y en caballos y armas y ataviar mi persona y criados,
wgasté lo que no cobré , y fuy á Córdoba , donde fuy del Gran Capitán graciosa-
«mente acogido y le escrebí algunos meses , hasta que de alli se partió para yr á
»Loxa desdeñado y gastado y despedido de la jornada. Y yo con su licencia me volví
))á la corte del Rey Cathólico , gastada mi hacienda y perdido el tiempo ; porque á
»mi no me estaba á propóssito la yda á Loxa, ni de comencar á servir al Gran
«Capitán ni á otro señor de España» ^^.
No habian trascurrido muchos meses desde que se restituyó Oviedo á la corte,
cuando decretada por el Rey Católico la expedición de Pedrarias Dávila, deter-
minóse á pasar con él á las Indias, ganoso de reponer su malparada hacienda.
Alistóse con este intento entre los hidalgos que tomaban parte en tal empresa, di-
rigiéndose luego á Sevilla, donde debia hacerse el grueso de la gente para la ar-
mada. En aquella capital permanecieron los expedicionarios todo el resto del año
de 1513 y parte del siguiente, tiempo en que falleció Juan de Queicedo que iba
proveído en el oficio de Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Firme ; y
noticioso de ello don Fernando, nombró para sucederle á Gonzalo Fernandez de
Oviedo '*. Apercibida al fin la armada, que se componía de veinte naos y carave-
las, salió del puerto de Sanlúcar el 11 de abril de 1514, no sin que antes se vie-
ra á punto de zozobrar la nave en que el nuevo Veedor iba embarcado '^.
37 Quinq., IV Parí., Est. 4.-Id. , III.* Part.
Esl. 23.
38 Notables son por cierlo los errores en que
lian caído la mayor parte de los biógrafos que han
hablado de Oviedo , al tratar del oficio que le confió
el Rey Católico en t514. Mr. Ternaux en su fíiblio-
íheque Amcricaine (Paris d837) asienta que fué á
hs Indias con el enripleo de Director délas minas de
Sanio Domingo, error á que hubieron de inducirle
los autores de la Biographie universelle ancienne et
moderne (tom. XXXII, págs. 310 y H, Paris 1822),
quienes aseguran que el Rey Católico le nombró Di-
rector de las minas de la isla de Hayli , en pago de
sus servicios en Ñapóles. Verdad es que antes de
que esto se escribiera le habian hecho ya Moreri
y los autores áoX Diclionaire hislorique porlatif (lo-
mo II, pág. 337, colum. i.^, Paris i732) Intendente
ó Inspector General del comercio en el Nuevo Mundo,
bajo el reinado de Carlos V. Pero lo mas censurable
de todo es que Mr. George Ticknor, autor de la
flpreciable obra titulada: History of Spanish Litera-
ture (Londres, 1849, tomo I, Período lí, cap. VI),
haya perdido de vista al erudito Baona y al respe-
table don Martin Fernandez Navarrele (Colee, de
Viag. Españ. , tom. I , inlrod.) diciendo que fué
Oviedo nombrado en 15i3 Veedor de las fundicio-
nes del oro de Santo Domingo. Quien intentaba
analizar la Hist, Gen. de Indias y las Quinquagenas,
razón tenia para no incurrir en semejantes inadver-
tencias. Oviedo dá noticia de sus empleos en dife-
rentes pasages de una y otra obra , y sobre todo en
el lib. X, cap. i de la II.' Parle de la Hist. Gen. y
Nat. de Ind., esplica cómo y por qué fué nombrado
Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Fir-
me ; cargo que desempeñó , según en su lugar ad-
vertiremos, hasta el año de 1532, bien que en el
de 1523 se viese obligado á trasladar su casa y fa-
milia á la Isla Española.
39 « Aquesta armada salió con muy buen tiem-
»po del puerto de Sanlúcar de Barrameda, domingo
))de Carnestolendas año de 1514, y después que la
«nao capitana estaba quatro ó cinco leguas en la
»mar , saltó el tiempo al contrario y hubo de dar la
» vuelta: la postrera nao que salió del puerto, era
«aquella en que yo yba , y aun quedaba otra surgi-
))da en que el contador Diego Márquez estaba, que
«nunca se quiso desamarrar Y cómo los pilotos
«del rio habian dexado yr las naos fuera en la mar
«y se habian tornado á Sanlúcar en sus barcos, y la
«mar andaba brava, forzosamente hizo tornar el
«tiempo el armada al rio ; y la nao en que yo yba,
«assi como avia salido la postrera hubo de entrar la
«primera, y al enlrar por la barra , dio ciertos gol-
«pes en tierra y nos hubieranjos de perder por falla
DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO. XXllI
Hasta aquella época liabia recorrido Oviedo las mas ilustradas cortes de Euro-
pa , conociendo y tratando en ellas á los hombres eminentes que en la república
de las ciencias y las letras florecían. Roma, Florencia y Ñápeles hablan excitado
su admiración con la multitud y brillo de sus monumentos , gloria de las artes
que en aquel privilegiado suelo aspiraban á eclipsar la fama de Atenas. La corte
de Castilla , acaso la mas poderosa del continente, con sus espléndidas fiestas, con
sus vistosas justas y torneos, le habia familiarizado al fausto y la opulencia. Cami-
naba ahora, guiado de su desgracia, á las desconocidas regiones de América, don-
de en lugar de los sabios le estaban esperando gentes bárbaras y salvages; en lu-
gar de las suntuosas ciudades, inmensos y abrasadores desiertos; en lugar de la
magnificencia y lujo de las cortes, la desnudez, el hambre y la miseria. ¡Contras-
te singular por cierto el que debia presentarse á su vista!.. Pero si aparecía vio-
lenta la comparación entre la cultura del mundo antiguo y del nuevo mundo , no
menos peregrino era el desusado espectáculo que iba á desplegar á sus ojos aque-
lla rica y varia naturaleza , virgen todavia á la codicia de los hombres y á las espe-
culaciones de la ciencia. Todo habia de ser nuevo para Oviedo dentro de breves
meses, excitando poderosamente su imaginación, despertando con mayor fuerza
aquel indefinible deseo de examinarlo y anotarlo todo y avivando al par el propó-
sito ya concebido en 1492 de escribir la historia de las Indias. Hombres, religión,
ritos, tradiciones, costumbres, todo era distinto en América de cuanto en Euro-
pa conocía , no habiendo mayor conformidad en los árboles , plantas , flores y ani-
males que poblaban los bosques y estendidas llanuras. Mas no era Oviedo en aque-
lla armada el único español que debia con el tiempo contarse en el número de los
soldados historiadores, mas celebrados por su pluma que por su espada: en eUa, y
tal vez en el mismo barco , iba también Bernal Diaz del Castillo , quien ya en edad
madura, llegó á poseer, en premio á sus servicios, una de las mas pingües enco-
miendas del reino de Méjico. Al tomar partido bajo la conducta de Pedrarias Dávila,
se hallaba Bernal Diaz apenas entrado en la primera juventud : Gonzalo Fernandez
de Oviedo rayaba en los treinta y seis años : el primero felto de experiencia , mo-
zo no formado todavia, comenzaba entonces su carrera, sin que alcanzara vali-
miento alguno entre aquellos conquistadores: aleccionado el segundo en la gran-
de escuela de Italia y protegido de la corte , llamábale á intervenir en los nego-
cios de la conquista no solamente su pericia de soldado, sino también la obliga-
ción de su empleo.
»de piloto ; y quiso Dios ayudarnos por su mtseri- »donde aviamos salido» (Hist. G^n. y Nat., 11." Píir-
wcordia y que quassi pendiendo de un bordo por te , lib. X , cap. 6).
»el agua surgimos dentro del rio Guadalquivir , de
XXIV VIDA Y ESCRITOS
II.
Próspero viage de Oviedo. — Su arribo á Sania María. — Su desembarque en el Darien. — Codicia y Urania del
Pedrarias. — Desolación del Darien. — Resuélvese Oviedo á volver á España para quejarse del gobernador de
Castilla del Oro y del Obispo. — .Pretenden ambos ganarle. — Parte Oviedo de la Tierra-Firme. — Pénenle es-
pías el Pedrarias y el Obispo. — Los oficiales reales de Santo Domingo le encargan la conducta de los quintos de
la Corona. — Preséntase Oviedo en la corle del rey Católico. — .Muerte de este monarca. — Resuélvese el Vee-
dor á pasar á Flandcs , para querellarse al nuevo Rey, — Remítele este á los gobernadores de España. —
Pensamiento político de Cisneros sobre el gobierno de las Indias. — Retirase Oviedo á su casa de Madrid. —
Venida del rey don Carlos á España , y vuelta de Oviedo á la corle. — Su desavenencia con el licenciado
Bartolomé de las Casas. — Torna Oviedo á la Tierra-Firme bien despachado. — Muerte del gobernador don Lo-
pe de Sosa y desconsuelo del Veedor. — Recíbenle el Pedrarias y los suyos con encubierta enemistad. — Aban-
dona el Pedrarias la ciudad del Darien. — Resuélvese Oviedo á protegerla.— Es nombrado Teniente del Gober-
nador.— Pierde su segunda muger. — Su gobierno. — Tramas de sus enemigos. — Destituyele el Pedrarias d<^
la tenencia. — Su nombramiento de procurador del Darien, — Intentan sus adversarios asesinarle. — Residencia
de Oviedo.— Castigo del asesino. — Oviedo se embarca secretamenle para España.
Oecha á la vela la armada de Pedrarias DAvila , arribó á los niieVe dias á la isla
de la Gomera , donde se gastaron veinte en abastecerse de lo necesario , tornando
lueo^o á la mar con tan próspero tiempo, que el 5 de junio locó en la Dominica, y
lle^ó el 1^ al puerto de Santa Marta , en que comenzaba la gobernación de Cas-
lilla del Oro. Mandó alli el Pedrarias saltar en tierra parte de la gente , y con ella
á Gonzalo Fernandez de Oviedo (quien demás del oficio de Veedor, llevaba el car-
go de escribano general) , y ahuyentados los indios que en la costa pretendian es-
torbar el desembarque , tomó posesión de aquellas regiones , en nombre de los
reyes de España. Estendido el oportun") auto que autorizó Oviedo, dio el Pedrarias
orden que entrasen trescientos hombres la tierra adentro, para reconocerla ; y
como Iraia prevenido que no fuesen maltratados los indios, sin que primero se les
hiciera el requerimiento ordenado por el Rey Católico y rompiesen ellos las hos-
tilidades, cupo á Gonzalo Fernandez la obhgacion de leerles, no sin grave ries-
go de su persona, aquel intrincado y estéril formulario *. Solo alcanzaron los es-
pañoles á conocer en esta entrada la fiereza y brio de aquellos naturales y el géne-
ro de flechas herboladas con que herian á sus enemigos. Vuelto el Pedrarias á las
naves el 15 del mismo junio , entró el 30 en el golfo de Urabá ^ , surgiendo al
siguiente dia en el puerto de Santa Maria del Antigua , donde fué recibido y pues-
to en posesión de la justicia y gobierno por Vasco Nuñez de Balboa , no sin que
«á poco empezaran á sentirse los rumores de rompimiento , que á vueltas de mil
i Advertido Oviedo del poco fruto de aquel re- wmos algund indio en una jaula, para que despacio
querimiento, poco inteligible aun para los doctos en ))lo aprehenda y el señor obispo se lo dé á enten-
leologia , dijo á Pedrarias, después de terminada wder» {Hisl. gen. y nat. de Ind. , II." Parle, lib. X,
la refriega: «Señor, parés9eme que estos indios cap. 7).
»no quieren escuchar la theologia de este requerí- 2 Quinq. , III.* Parte, Est. 23. — JRsL gen. y
«miento , ni vos tenéis quien se lo dé á entender: nat. de Ind., III." Parle, lib. X , cap. 8 : III.' Parte,
»mande Vueslra Merced guardallo hasta que tenga- lib. 18, cap. 3.
DE GON. FER. DE OVIEDO. XXV
contradicciones y mudanzas costaron la vida á este célebre descubridor y valiente
soldado.
No liabian pasado muchos meses , cuando trocada la codicia del Pedrarias en
crueldad y la crueldad en tiranía , llegó á ser aborrecido, tanto de los españoles
que tenian poblada la villa del Darien, como de los que con él vinieron. Subió
juntlamente la imprevisión y mal gobierno hasta el punto de acabarse los basti-
mentos que se trageron de España , sin que se pensara en reponerlos ; y aban-
donado el cultivo de los campos , y presa los maizales de horrible langosta , fue-
ron aquellos pobladores afligidos por el horrible azote del hambre , viéndose obli-
gados, para salvar las vidas, á desamparar en gran número la misma tierra, don-
de reinaban antes la paz y la abundancia. «Muchos de los que fueron en aquella
))armada (escribía Oviedo algunos años después) huyeron de la tierra, y algunos
»se volvieron á España , é otros se passaron á estas nuestras islas Española , é
»Cuba, é Jamáyca, é Sanct Johan; é en espacio de siete ii ocho meses eran mas
))los muertos é ydos que los que quedaron en la tierra. Y en aquellos que vinieron
wavia tanto descontentamiento , que ninguno estaba de su voluntad , y aun el go-
«bernador y obispo y oficiales desampararan la tierra , si con buena color é sin
«vergüenza lo pudieran hacer '.» Cansado Oviedo de presenciar tantas injusticias,
crueldades y tiranías como el Pedrarias y los suyos ejecutaban , asi en los indios
como en los españoles , formó la hidalga resolución de volver á España , para dar
noticia de todo á su rey , y vivir en tierra mas segura para su conciencia y vida.
Procuró estorbárselo el Pedrarias, obligándole á hacer residencia , como escribano
general que era en nombre del secretario Lope de Conchillos ; mas publicada
aquella por el espacio de sesenta dias , y no resultando queja alguna contra Ovie-
do , hubo de acudir , aunque en vano , á los halagos y promesas , temeroso de
que el Rey Católico fuese informado de cuanto en el Darien pasaba. Tuvo igual
recelo el Obispo don fray Juan de Quevedo , pastor mas dado á la codicia que á
la práctica de las virtudes evangélicas y al cuidado de sus ovejas , y acudió tam-
bién á ganar en la última hora la voluntad de Oviedo , quien se vio de pronto
erigido en arbitro entre aquellos dos poderosos rivales. Cargáronle ambos de
cartas para el Rey y su Consejo , declarándose mutuamente contrarios á la bue-
na gobernación de Castilla del Oro , y rogáronle uno y otro que asi lo manifes-
tara al Rey Fernando , en lo cual no tenia por qué violentarse Oviedo , pues que
tal era el motivo que á España le traia. Partió al fm de la Tierra-Firme á prin-
cipios de octubre de 1515, lleno su corazón de enojo contra el Pedrarias y el
obispo , bien que enriquecida su mente con la observación y estudio de aquellas
regiones , cuyos inaccesibles boscages y estensos lagos habia recorrido , y acau-
dalados sus memoriales con la relación de las entradas y conquistas hechas en
aquel período , y la descripción de las peregrinas costumbres de los indios *.
3 Hist.gen. ynat.de Ind., 11." Parle, 1. X,c. 9. ))que yban á aquellas enlradas (las expediciones
4 I." Parle, lib. III, cap. 5 y Í2.—Uh. V, c. i.— »que se hacían desde el Darien), los quales torna-
Lib. Vííl , cap. 28. « Yo proveía los escribanos del «dos dellas , me enlregaban los procesos é diligen-
wjnzf^ado del e:oberaador v del alcalde mayor y los »cias que avian hecho los capitanes; y sabia lo que
TOMOl. 4
XXVI
VIDA Y ESCRITOS
Dudosos quedaron tanto el Gobernador como el Obispo de la disposición con
que Oviedo habia escuchado las quejas de ambos , y para asegurarse de su con-
ducta, resolvieron , cada cual por su parte , enviar una persona que espiara todos
sus pasos y penetrara, si fuese posible, sus intenciones. Designó el Pedrarias con
este propósito al capitán Rodrigo de Colmenares, soldado mas diestro en lides
cortesanas que en campales refriegas , y nombró el Obispo á fray Diego de Tor-
res, provincial de la Orden de San Francisco, muy señalado por su astucia y por
su facilidad en disponer todo género de intrigas. En una misma caravela salieron
los tres del Darien , no pasando muchos dias sin que Oviedo comprendiese el oh-*
jeto de la expedición del capitán y del fraile. Juntos y amigos fueron, no obstan^
te , hasta la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española , donde se detuvo Ovie-
do algunos dias, para recoger ciertos millares de pesos de oro que el tesorero Mi-
guel de Pasamente y los oficiales reales de aquella Isla enviaban al Rey Catóhco.
Encomendáronle al mismo tiempo el mando de la nave que debia conducir aque-
llos caudales, y dióle ademas el tesorero, para que al Rey los ofreciera en su
nombre , seis indios caribes y otras tantas indias mozas , con treinta papagayos,
seis panes de azúcar, labrada en la Española, y quince ó veinte trozos de cañafís-
tola ; presente mas precioso en verdad por lo peregrino que envidiable por lo es-
pléndido ^. Faltó paciencia al capitán Colmenares para esperar á Oviedo , y dióse
luego á la vela, aprovechando la partida de ciertas naves que volvian á España:
no asi el franciscano Torres, quien abroquelado en el convento de su Orden que
en la ciudad de Santo Domingo ya existia, averiguó entendido cuanto hizo Ovie-
do, resuelto á seguirle en la misma caravela que él mandaba. Larga y trabajosa
fué la navegación que hicieron, tardando setenta y cinco dias desde Santo Domin-
go á la isla de la Madera , donde hubo de quedarse en tierra el religioso Torres,
á causa del recio temporal que aUi les sobrevino. Embarcado, sin embargo, á
pocos dias en otra caravela , y no pudiendo resistir mas las molestias de tan pe-
noso viage, pasó de esta vida, cuando tocábalas costas españolas, entrado ya
en la bahía de Cádiz.
Seguia Oviedo entre tanto su derrota á España, y llegado á Sevilla en los pri-
meros dias de diciembre, encaminóse sin dilación alguna á Plasencia, ciudad en
que á la sazón se hallaba el Rey Católico. Tenia este determinado pasar á la ca-
pital de Andalucía, á fin de reponer su quebrantada salud en aquel templado
suelo ; y aunque recibió contento al antiguo mozo de cámara del príncipe don
Juan, holgando mucho de las cartas y nuevas que le traía, asi como del presente
»en sus viages avian hecho , por fé de los escriba-
»nos, que yo avia enviado con cada capitán» {Hist.
gen. y nat. de Ind., 11/ Part., lib. X, cap. 9).
5 «Pocos dias antes quel Cathólico Rey don Fer-
wnando pasasse desta vida, le truxc yo á Plasen-
»cia seys indios caribes, de los flecheros que comen
«carne humana, seys indias mo9as, la muestra del
»acúcar que se comen9aba á hacer en la Isla Espa-
))ñola , cañafísfola y Ireynta pnpagayos» (Stim. de
la Nal. Hist. de Ind., cap. 3!; Colee, de Barcia).
«Me dio (el tesorero Miguel de Pasamonte) cartas é
^crédito y envió seys indios é seys indias muy bion
«dispuestos , ellos y ellas caribes , y muchos papa-
»gayos y seys panes de acucar, y quince ó veynic
«cañutos de cañafístola , que fue el primer acucar y
Mcañafísfcla que el Rey vido de aquestas partes y
))lo primero que a España fue» {Hisl. gen. y nat. de
Ind., 11.-' Parle, lib. X, cap. -11).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXVII
de los indios caribes , azúcar , cañafistola y papagayos , no quiso entonces oirle
en las cosas que á la gobernación tocaban , mandándole que diera al secretario
Conchillos memorial de cuanto conviniese proveer, y que compareciera en Sevi-
lla, donde seria oido y despachado. Pidióle Oviedo licencia para visitar de paso á
su familia, y dirigióse sin mas tardanza á Madrid, sabiendo en esta villa la muer-
te del Gran Capitán , y llegándole dentro de breves dias la infausta noticia del
fallecimiento de don Fernando , acaecido el 25 de enero ^.
Acaso hubiera bastado este fatal suceso para desanimar á cualquiera otro que
en lugar de Oviedo se encontrara; pero resuelto, como estaba, aponer enmienda
en los males de la Tierra-Firme, determinóse á partir para Flandes, con el inten-
to de informar á don Carlos de todo cuanto tenia pensado decir al Rey Católico.
Estábanle en esta navegación reservados nuevos trabajos : embarcado en Portuga-
lete y arrojado por una borrasca á la costa de Laredo , tornó á probar fortuna , sin
mas favorable éxito , pues que ya en mitad del camino , se vio forzado á dar la
vuelta á España, no pudiendo tomar puerto hasta la Coruña, desde donde le lle-
vó su piedad á visitar la casa del Apóstol Santiago. «Dentro de tercero dia (escri-
»be) tornamos á la Coruña é nos embarcamos é seguimos la via de la canal de Flan-
»des, y estando ya dentro della, nos dio tiempo contrario é nos sacó fuera ; é con
j^mucho trabaxo é mayor ventura pedimos tomar las islas de Gorlinga , y en una
))dellas esto vimos ocho dias, haciendo vida peor que la de las Indias, porque no
»avia alli sino una fortaleca , ruinada y yerma , del rey de Inglaterra y quatro ó
»cinco chocas pajicas, é no tales como los buhios de acá (de América) con mu-
»cho. Con todo avia vino; pero tan caro y mas que aqui le bebemos. Tenian un
>ípoco de harina, de que hecimos unas tortillas que cocimos en el rescoldo ó
))cenica : otra cosa de comer no la temamos ; pero avia conejos é algunos balleste-
»ros de la nao mataron algunos. Y en esta penitencia estovimos ocho dias ó diez,
«esperando el tiempo ; é viamos desde alli la isla de Inglaterra é seys ó siete lu-
»gares: é si por caso no pudiéramos aferrar aquellas isletas, fuéramos la vuelta do
«Irlanda é pudiera ser que dende á un año no volviéramos á Flandes ^.)) Cesó
por último tan recio temporal, y aprovechándose del buen tiempo, pudieron to-
mar tierra en Calés, encaminándose desde alli á Bruselas, á donde llegó Oviedo
mediado ya el mes de agosto.
Fué en esta capital bien recibido por don Carlos , quien enterado de su deman-
da, ordenó al gran Canciller de Borgoña que le oyese ; pero no atreviéndose este
á proponer resolución alguna en asunto tan arduo como peregrino, dispuso el nue-
vo rey que se diera orden á los gobernadores de España, los cardenales don
fray Francisco Ximenez de Cisneros y Adriano de Utrecht, para que examinasen
el memorial por Oviedo presentado. Ordenaba también don Carlos, satisfecho de
la conducta de este leal vasallo, que se le pagasen los gastos, ocasionados en tan
largo viage, y que fuera igualmente gratificado por sus buenos servicios. Dióse
6 Mariana, Hist. gen. de España,V\h. XXX, cap. A 108. — Hist. gen. y nat. de Ind., II.* Parte, Ub. X',
27. — Carta de Oviedo, fecha 23 de octubre 1537; capítulo H.
Real Xcad. de la Hisl., Colee, de Muñoz, tom. 81, 7 Hist. gen. y nat. de Ind. ttt supra.
XXVIÍI VIDA Y ESCRITOS
Oviedo por contento con este despacho, y cuando se preparaba para volver á
Castilla, deparóle la suerte al capitán Rodrigo de Colmenares, que se disponia
también á dejar á Bruselas, remitido, como él, álos gobernadores de España. Ha-
llábale Oviedo enfermo y menesteroso, y olvidando en aquel momento la causa
de su venida á Europa y su privanza con el Pedrarias, dolióse de su infortunio,
llevándole consigo á Castilla y socorriéndole con mano generosa.
Poco mas de tres dias duró esta vez la navegación que antes habia costado á
Oviedo cuatro meses de trabajos y peligros ®, no pareciendo sino que el mar se
ablandaba á sus ruegos, avivando asi la esperanza que le habian hecho concebir la
conocida rectitud y acrisolada experiencia de Cisneros. Mas dominado este gran
pohtico por el pensamiento de someter á un nuevo régimen la administración y
gobierno de las Indias , enviando á aquellas partes los priores gerónimos de la Me*
jorada , San Juan de Ortega y Montamarta *, aunque puso Oviedo en sus manos
la cédula del rey don Carlos y el memorial de las cosas del Darien , no obtuvo
respuesta ni despacho alguno , viendo con profundo dolor cuan infructuosos ha-
bian sido todos sus esfuerzos , para remediar los males que á la Tierra-Firme afli-
gían. «Yo les di á aquellos reverendíssimos Cardenales (exclama) la remisión y
»memorial que he dicho , y les supliqué que me oyessen , como el rey , nuestro
)íseñor , lo mandaba ; pero nunca fuy dellos respondido ni oydo , ni despachado en
))COsa que tocasse á aquella tierra , ni á la paga é gratificación que Su Magestad
))mandó hacerme ; y assi la tierra se quedó con sus trabaxos y otros que se aug-
»mentaron cada dia , y yo con los mios , y con mas de dos mil castellanos mc-
»nos que gasté en aquellos viages. ¡Sea Dios servido de todo *'^l» Hasta aqui
las quejas de Oviedo. Pero no fueron los gobernadores mas accesibles á Rodrigo de
Colmenares , quien advertido del poco efecto de los pasos del Veedor , y cansado
de seguir inútilmente la corte , quiso tentar fortuna por otra via, y abandonando
los negocios del Pedrarias , se pasó al reino de Ñapóles. Tal fué el término que
tuvieron aquellas negociaciones, en que animaba á Oviedo el noble deseo de la
prosperidad de las Indias , y habia movido á los procuradores de Pedrarias y de
Quevedo el interés particular de sus patronos ó la esperanza del propio en-
grandecimiento.
8 « Estuve en csle camino quassi qiialro meses . »cion de lo mismo al gran Clian de Borgoña , é fuy
))é gasté é Irabaxé mas que si dos veces viniera »remilido al cardenal don fray Francisco Ximenez;
«desde Sevilla á esta cibdad de Sancto Domingo: á »y porque no se lo remitieron á él solo, nunca quiso
))ia vuelta torné, desde Gelanda á Portugalete, en »oyr nada , y porque estaba ya puesto en enviar
))tres dias» (Hist. Gen. y Nat. de Ind. , ut supra), »9Íerlos frayles liierónimos, que nunca salieron de
9 Estos priores eran fray Luis de Figueroa, fray »esta cibdad (Santo Domingo) ni entendieron cosa
Alonso de Santo Domingo y fray Bernaldino de Man- »de la Tierra-Firme. Mandó Vuestra Magestad que
zanedo (Hist. gen. de la orden de San Gerónimo, »yo fuesse gratificado é se mepagassen mis gastos;
por fray José de Sigüenza, III. " Parte, lib. I, cap. 23). «pero tampoco se hizo esso como lo otro: y porque
A" i6 . X , íO Hisl. gen. de Ind., 11.^ Parte ,^cap. i i . «Yo pre- wno me anduviesse diciendo verdades, quédeme con
Msumí un tiempo de avisar á Vuestras Magestades »aver perdido el tiempo , que fueron quassi tres
))de muchas verdades, y hallé vivo al Rey Cathólico, waños, y con mas de mili é quinientos ducados de
»de gloriosa memoria, en tiempo que si viviera mas, »mi hacienda gastados en caminos» ( Carta al Real
»yo piensso que fuera muy servido de lo entender; Cons. de Ind. , fecha. 2o de octubre de d337. Colee.
»é murió dende á poco , é fuy á Flandes , é di reía- de Muñoz , tom. 81, A. 108).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXIX
Perdida ya la de alcanzar justicia, y despechado del poco fruto de sus preten-
siones , se retiró Gonzalo Fernandez al seno de su familia , resuelto acaso á re-
nunciar para siempre al bienestar que le habia brindado América. Pero teníalo
dispuesto la Providencia de otro modo. En setiembre de 1517 aportaba el nuevo
rey á Villaviciosa de Asturias , y el cardenal Cisneros salía á recibirlo hasta Roa,
donde le llegó un correo de don Carlos, mandándole que no pasara adelante. Fué
este un golpe mortal para el octogenario arzobispo , que afligido , al verse trata-
tado con semejante desden , cayó en tan hondo abatimiento , que expiró el 8 de
noviembre del mismo año , tildando la posteridad con la nota de ingrato al prín-
cipe , á quien habia conservado ilesa , en medio de los mayores contratiempos , la
corona de sus abuelos. Andaba por este tiempo en la corte don Diego Colon,
pleiteando con el fiscal del Consejo de Indias sobre los privilegios concedidos
á su padre é invalidados por el acuerdo de Cisneros ; y Uegado don Carlos á Cas-
tilla , ya fuese en odio al mando del cardenal , ya por amor á la justicia , resti-
tuyó á don Diego en las prerogativas del almirantazgo , y ordenó que volviesen á
España los priores gerónimos. Alentado con esta determinación, dejó Oviedo su
retiro , en el cual no habia por cierto desperdiciado el tiempo , aumentando y or-
denando sus diarios , mientras ponia en castellano el peregrino libro de don Qla-
ribalte , que dos años después dio á la estampa en Valencia " .
A principios de 1518 se presentó , pues, de nuevo en la corte con el mismo
empeño que en 1515 le habia traído de América ; y aunque no existia ya el obs-
táculo de los priores , gastó otros dos años con igual fortuna, hasta que en
1519 logró en Barcelona ser oído y bien despachado. Mas no sin que su natu-
ral franqueza y desenfado le atrageran para lo porvenir duras é irreconcíHables
ojerizas. Hallábase en aquella populosa ciudad por el mismo tiempo el licencia-
do Bartolomé de las^^ Casas , procurando la gobernación del rio y provincia de Cu-
maná en la Tierra-Firme : dolíase este clérigo , como se dolía Oviedo , del mal
tratamiento que los indios recibían , y llevado de un celo verdaderamente evan-
gélico , habia venido , como Oviedo , á querellarse y buscar el remedio de tantos
males. Pero las Gasas se apartaba del Veedor de las fundiciones del oro en que
solo pedia este para el Darien un gobernador experto y justificado y un obispo
que , ageno de codicia , pensara únicamente en reglar la conducta de sus cléri-
gos , mientras pretendía aquel que se echaran de las Indias gobernadores , capi-
tanes y soldados ; comprometiéndose á conservar la tierra de Cumaná en el ser-
vicio y poder de los reyes de Castilla , sin mas aparato que unos cuantos cente-
ii Es notable la aversión que manifestó después que dexassen de leer
Gonzalo de Oviedo á ios libros de cabalieria: no con- y también de se vender
tenlo con anatematizarlos en diferentes pasages de la essos libros de Amadís , etc.
Hist. gen. y nat. de Ind. , como fabulosos y nocivos
á la verdad, les dedica algunos recuerdos del mismo En la Eslanza iO de la III. " Parte de las mismas
genero en los Off. de la Casa Real, exclamando en la Quinquagenas truena de nuevo contra los libros de
Estatiza 44 de la I." Parle de las Quinquagenas: cabalieria, cuya lectura debia estar entonces en su
Sánelo consejo seria
mayor fuga.
XXX VIDA Y ESCRITOS
nares do sencillos labradores y unos cincuenta caballeros de cruces rojas, que
sirviendo á los indios de escudo, amparasen también á los que debian cultivar los
campos *^. Todo lo confiaba las Casas de la mansedumbre y natural bondadoso de
los indios: Oviedo, que conocía su fiereza y que tenia inequívocos testimonios del
terrible efecto de sus flechas herboladas , todo lo esperaba por el contrario de la
prudencia de los gobernadores y capitanes, de la continencia y abnegación del
clero , de la ausencia absoluta de los legistas , y finalmente de la discipHna de los
soldados y de la morigerada conducta de los pobladores. Todo esto creyó logra-
do el Veedor , respecto del Darien , con la muerte del obispo Quevedo " y con el
nombramiento de don Lope de Sosa , que debia reemplazar al Pedrarias en la go-
bernación de Castilla del Oro ; pero teniendo la doctrina del hcenciado las Casas
por aventurada y peligrosa á la quietud de las Indias, y no pudiendo consentir,
como soldado , que se metiese á tratar del oficio de la conquista persona tan poco
experimentada en aquel género de guerra , se opuso franca y enérgicamente á la
pretensión del clérigo , manifestando que en lugar de convertir los indios , como
pensaba, era aquello llevarles armas á su propia tierra para que matasen ci los cris-
tianos indefensos. La contradicción de Oviedo , á que se arrimó el voto de los con-
sejeros de Indias y la opinión de cuantas personas respetables hablan pasado íil
Nuevo Mundo , ofendió en tal manera al Hcenciado las Casas , que no solamente
le vio desde entonces con declarada aversión, sino que ni aun después de su muerte
llegó á perdonarle la ofensa de no haber pensado como él , respecto de la conquista.
Bartolomé de las Casas triunfó , sin embargo , de sus opositores , merced al favor
de Laxao y los privados flamencos ", viniendo al poco tiempo á mostrar la malha-
42 Oigamos al mismo licenciado Barlolomé de wpaña , el qual me escribió que le atendiesse en la
las Casas narrar estos hechos, replicando á Oviedo «corle, y assi lo hice, porque me holgara yo mu-
y á Gomora, respecto de los mismos: «Loqueen »cho de decir en su presencia lo que avia dicho
«esto hay (dice) es que para que los indios de aque- «en Flandes é en el Consejo : é llegó á la corle , y
«Has tierras (Cumaná) que lan escandalizados y mal- «desde á muy pocos dias murió cerca de Barce-
«tratados estaban (hasta entonces no se habían re- lona». {Hist. gen. y nal. de Incl., 11." Parte, lib. X,
«helado) creyessen y no pensassen que les avia caf. 11).
«de fallar palabra por parle del rey nuevo que avia 14 « Quedaron también (observa las Casas ) hu-
«venido á reynar á Castilla, como muchas veces se «millados Gonzalo Hernández de Oviedo y los de-
«les avia quebrantado la fé y palabra en lo que les «mas que avian partido entre sí la tierra que al clé-
«prometian los españoles ; pares9ióle al clérigo que «rigo se avia encomendado, mayormente Oviedo,
«assi como avia de certificar de parle del rey cosas «que por ser lan del obispo, pensaba tener en el nc-
«nuevas , como eran que avia sabido los escándalos «gocio mas parle» {llist. gen. de Ind., lib. III, capí-
«y daños que avian res^ibido y le avia pesado mu- ^ulo 141). El obispo Fonseca era protector del Pedra-
«cho dello , y que por tanto enviaba á él para que rías, y Oviedo había venido á denunciar las arbitra-
«dende en adelante no tuviessen temor alguno que riedades y tiranías de este. ¿Como, pues, habían de
«les avía de suceder agravio de los pasados y que ser tan amigos el Veedor y Fonseca?. . . Bartolomé de
«él los avia de defender; que assi convernía que las Casas añadía en otro lugar, hablando de sus pa-
«mostrasse el clérigo y los cinqüenla que para ca- trocinadores : «Tornado avía el rey á aquellos rey-
«ballcros avia de escoger, ser gente nueva y dife- »nos, y con él eran venidos los caballeros y príva-
«rente de los pasados , y por aquella señal lodos los »dos que lo avian favorescido ( al clérigo ) ; y esto
«conosciessen. Y porque no tuvo lugar de señalar «páreselo después, porque los mismos, desque su-
«ios cinqüenla, como por la historia se ha visto, no «píeronlo que le avia sucedido (su perdición y de
«dio la cruz á alguno: él se la puso, elc.« {Hisl. «los suyos en Cumaná), le escribieron que tornasse
gen. de Ind., lib. III, cap. 159). «allá (á la corte), y que ternía mas favor para con el
13 «Don fray Juan de Quevedo (escribía el Vee- «rey que antes avia tenido; y el mismo Papa Adria-
dor, refiriéndose al año de 1519) era llegado á Es- «nolambien le mandó escribir; sino que llegaron las
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXXI
dada suerte de los que osaron seguirle , el fundamento de los temores de Oviedo ^*
Habia este solicitado entre tanto la gobernación de la nueva provincia de Santa
Marta, una de lastres en que. acababa de ser dividida Castilla del Oro, obtenién-
dola sin otra dificultad, en pago de sus largos servicios; pero descando como las
Casas, que cesaran las violencias cometidas contra los indios, pidió, llegado el
momento de las capitulaciones, que se le concedieran cien hábitos de Santiago,
los quales habian de recaer en otros tantos hijosdalgo de conocido y antiguo lina-
ge. Proponíase Oviedo por este camino que fuesen los indios bien tratados y redu-
cidos á la fé catóhca, poblándose la tierra de hombres de honra y de buena casta,
los cuales con esperanza de los hábitos y beneficios á ellos anexos, mirasen con
amor la provincia y curasen de su prosperidad, como de cosa propia **. A esta de-
manda se opusieron algunos consejeros de Indias , declarándola perjudicial á los
intereses y dignidad del trono , puesto que podria llegar á hacerse en aquellas
partes muy poderosa la Orden de Santiago , y no estaban aun muy lejanos los tiem-
pos en que era temida de los reyes su influencia. Pero Oviedo , que ó no alcanza-
ba entonces la fuerza de estas razones políticas , ó creia firmemente que era aque-
lla la única manera de lograr la fácil conquista y quieta posesión de tan belicosas
regiones, insistió en su propósito, renunciando por último la gobernación de San-
ta Marta , luego que hubo de convencerse de que no venia el Consejo en conceder
la petición de los hábitos.
Mas si no quedó en esta parte enteramente satisfecho de la corte, dábanle motivo
para no tener queja las diferentes cédulas que respecto del Darien habia alcanzado.
Nombrado ya gobernador Lope de Sosa , procuró quitarle el estorbo del consejo
de los oficiales reales, y obtuvo la competente cédula para que gobernase solo:
convencido de que la insaciable codicia de los mismos oficiales era causa de ve-
nalidades , vejaciones y escándalos , logró que se les vedara tomar parte en todo
género de grangerias ; sabeedor por experiencia propia de que la ninguna respon-
sabilidad de los quilatadores del oro daba ocasión á continuos fraudes, hizo que
se expidiera cédula real, para que no tuvieran las puntas ni el toque, sin fianzas.
Ninguna ley reconocía la casa de fundición del oro, y quedó por su celo sujeta á
previsoras ordenanzas , gozando al mismo tiempo de amplios fueros : quejáronselo
los pobladores del Darien del crecido derecho de almojarifazgo y recabó la fran-
quicia de cuatro años para toda la tierra : parecíales , finalmente subido el diezmo
del oro de las minas, y tuvo Oviedo la fortuna de reducirlo al quinto en el espacio
de cinco años. Regidor perpetuo de Nuestra Señora del Antigua, escribano gene-
ral de la provincia, receptor por S. M. de las penas de Cámara; hé aquí los car-
gos y mercedes, que en desagravio de los pasados sinsabores, se concedieron á
fines de 1519 al Veedor délas fundiciones del oro de la Tierra-Firme"; man-
dándose al mismo tiempo á todos los adelantados y gobernadores de las Indias
))carlas quando ya no podia determinar de sí» {Hist. i6 Hist. gen. y nat. de Ind., II.''' Par(e, 1. VJJ,
gen. de Ind., lib. III, cap. 139). c. 1 y 4.
iS Véase el cap. S del lib. XIX de esla I.* par- 17 /&. 11." Parle, lib. X, cap. 14.
le de la Hisf. gen. y nat. de Ind.
XXXII
VIDA Y ESCRITOS
que le diesen relación verídica de sus hechos , á fin de que pudiera dar cima á
la Historia General, que tenia comenzada.
Disponíase ya á dejar la corte , donde se hallaba congregado todo lo mas ilustre
de España , para felicitar al nuevo Rey de romanos , á tiempo que llegó á Barcelona
la noticia de haber degollado el Pedrarias , como traidor , y confiscado sus bienes
al adelantado Vasco Nuñez de Balboa. Exagerados por el Gobernador los crímenes
que á este alentado descubridor y sus cómplices se achacaban , y abultadas por
demasías riquezas que se les suponían, pues que hubo de creerse en la corte que
pasaban de cien mil pesos de oro , expidió el Consejo de Indias cédula á favor de
Gonzalo de Oviedo , para que tomara cuentas y cobrase los bienes de aquellos
sentenciados "; mandando por otra, dada en Molins del Rey el 24 de diciembre,
que se le abonaran 15,000 mrs. para ayuda de los gastos de su pasage y el de
su familia **. Despachado en esta forma , partió por último de Barcelona , y ve-
nido á Madrid , dispuso lo conveniente para el viage , en que debían acompañarle
su muger, dos hijos y ocho criados^. Con esta pequeña comitiva salió de Madrid
por marzo de 15'20, embarcándose en Sevilla á principios del siguiente abril en
la caravela del maestre Pedro Rodríguez , y dirigiéndose á la Gran Canaria , en
busca del nuevo gobernador Lope de Sosa, que había tenido antes el mando de
aquellas islas. Supo alli Oviedo que este celoso caballero iba ya adelante con los
oficiales de justicia que al Darien llevaba, y tornóse luego á lámar, para seguir-
le , logrando tan próspero viento que , habiendo tocado en la isla de Santo Do-
mingo , donde le detuvo ocho días un inesperado y poco grato accidente ^' , arri-
bó al puerto de San Juan en la noche del 24 de junio. «Hallé alli (escribe) otra
)>nao , de la qual supe la muerte de Lope de Sosa , que yo sentí en el ánima , por-
»que me hallé é tuve por mas preso que si me viera en tierra de moros ; porque
»en la verdad yo había procurado y hecho todo lo que en mí fué para que Pedra-
»rías fuese removido. E no me engañé en ello, ni me desembarcara, sí no fuera
))por mi muger é hijos; pero cómo no pude hacer otra cosa, atendí á me enco-
wmendar á Dios y esperar su socorro: que otro no lo tenia ^^». De esta manera,
cuando iba á recoger el fruto de sus largos trabajos, cuando daba por realizada
la salvación del Darien , veía desvanecidas todas sus esperanzas , encontrándose
en situación mas comprometida y arriesgada que en 1515.
Mas ya estaba jugada la suerte , y no era posible volver un paso atrás : Oviedo
envió el siguiente día un criado suyo al Pedrarias para noticiarle su arribo ; y al
saberlo, dispuso el gobernador que saheran á recibirle el bachiller Diego del Cor-
48 Informe dado por Oviedo al Consejo de In-
dias en 1S24 sobre Pedrarias y su g'obierno {Real
Acad. de la Hist. , Colee, de Muñoz. A. 103).
19 Esta cédula fué obedecida por el tesorero
Matienzo en 2 de marzo de i 520. {Real Acad. de la
Hist., Colee, de Muñoz, tom. 85).
20 Céd. de 24 de Diciembre, ut supra.
21 Al describir Oviedo los manzanillos ponzoño-
sos de la isla de Santo Domingo , refiere que vinien-
do en 1520 á la Tierra-Firme, y hallándose en
aquella ciudad alojado rn una posada, en cuyo cor-
ral habla algunos de los referidos manzanillos, co-
mieron sus dos hijos de las almendras y purgaron
tanto que cayeron desmayados , llegándose á dudar
de sus vidas {Hist. gen. y nat. de Ind., I.* Parle,
lib. X, cap. 4).
22 Hist. gen. y nat. de Ind., 11." Parle, lib. X,
cap. 14.
DE GON. FERN. DE OVIEDO XXXIII
ral y Diego de Maldonado , para asegurarle de su benevolencia y amistad , mani-
festándole que holgaba mucho de su llegada , y que le honraria y ayudaria como
á propio hijo ú hermano ^. Con esta seguridad, aunque no sosegado del todo,
saltó Gonzalo Fernandez en tierra, dirigiéndose inmediatamente á la ciudad, pa-
ra visitar al Pedrarias, quien pasó en cambio á la posada en que la muger del
Veedor se habia hospedado , á prodigarle toda clase de corteses cumplimientos.
Presentó después Oviedo las cédulas y provisiones del Real Consejo de Indias , y
aunque se dio el Pedrarias por servido de la relativa á su gobierno , que no se ha-
bia por cierto ganado para él ; aunque Diego del Corral y los regidores , cuyos
nombramientos perpetuos llevaba , manifestaron no poca sorpresa a vista de tales
mercedes, no solamente esquivaron el dar á Oviedo las gracias por ellas, sino
que ni aun le satisficieron los derechos del despacho de los correspondientes tí-
tulos. En tanto los oficiales reales , á quienes se cerraba el camino del logro,
prohibiéndoles todo linage de grangerías, recibieron al nuevo regidor, si no con
abierta ojeriza, al menos con poco disimulado desvio. Estas ostensibles muestras
de desafecto causaron en Oviedo hondo disgusto , confirmándole hasta cierto pun-
to en sus recelos; y añadiéndose á todo la desgracia que dos meses después de
llegado al Darien le sobrevino, perdiendo uno de sus hijos, que apenas contaba
ocho años, estuvo muchas veces determinado de tornarse á España en la misma
nave que le hahia llevado, y lo hubiera sin duda puesto por obra, si la necesidad
y la vergüenza no se lo estorbaran.
Pero si hasta entonces solo habian dado el gobernador y los oficiales leves
•indicios de su encubierto enojo, bien pronto vino su conducta á poner á Ovie-
do en el trance de arrostrar públicamente su enemistad y malquerencia. Era
Santa Maria del Antigua cabeza de Castilla del Oro, y en tal concepto habia pro-
curado el Veedor que recayesen sobre esta ciudad las franquicias y mercedes
otorgadas por la corte; pero ya porque no convenia al Pedrarias ni á los oficiales
la vigilante fiscalización de Oviedo, quien reclamaria en todo caso el cumphmien-
to de las reales provisiones , ya porque en odio á Vasco Nuñez de Balboa inten-
tara el gobernador despoblar aquella comarca , ó ya en fin porque urgia á unos
y otros recoger los despojos de la costa del Sur, para ponerlos en salvo, antes que
viniese otro gobernador de España ; resolviéronse á trasladar á Panamá el asiento
de la gobernación, reduciendo casi á la impotencia al Regimiento del Darien, pues
que el tesorero Alonso de la Puente y el contador Diego Márquez eran regidores
perpetuos de los nombrados á solicitud de Oviedo. Requirió este á Pedrarias, ma-
nifestando los daños , que al procomunal y al servicio de los Reyes con semejante
determinación se ocasionaban; mas no bastaron reflexiones para retraer al gober-
nador y oficiales de un intento, á que los inclinaba su insaciable codicia. Pedra-
rias dejó por su teniente en el Darien á Martin de Estete, hombre de ninguna
experiencia en letras ni en armas, casado con una criada de doña Isabel de Bo-
badilla, muger del mismo Dávila.
23 Ut supra
TOMO I. 5
XXXIV
VIDA Y ESCRITOS
El resultado de esta desacertada resolución no pudo ser mas fatal al Darien: al-
zóse la tierra con los desafueros de Estete, y viéndose reducidos los españoles casi
al recinto de la ciudad, comenzaron á abandonarla, temerosos por una parte de
comprometer sus haciendas, y llamados por otra de los nuevos repartimientos
que en Panamá les hacia el Pedrarias. Pero asi como iba creciendo el número de
los que desamparaban la tierra , asi se afirmaba Oviedo en la determinación de
protegerla , y mientras los mas llegaban hasta el punto de arruinar las casas alli
labradas, se empeñaba en fabricar para si una tal y tan costosa que ninguna has-
ta aquel tiempo había en la Tierra-Firme como ella ^*. Entre tanto llegó á Pana-
má el oro recogido en la parte del poniente, y deseando el Pedrarias fundirlo y quin-
tarlo , mandó á Oviedo que se presentara en aquella ciudad á ejercer su oficio,
saliendo con este intento del Darien en agosto de 1521. No quiso el Ayuntamiento
perder esta ocasión de reclamar la observancia de las últimas reales cédulas y
provisiones que habian ya caido en desuso, y para este efecto dio á Gonzalo de
Oviedo poder bastante, seguro de que no habia de faltarle resolución en seme-
jante demanda. Asi sucedió por cierto: verificada la fundición y sacado el quinto
de la corona, requirió el Veedor nuevamente al Pedrarias, haciéndole responsa-
ble de todos los males que aquejaban al Darien y declarando, en nombre de su
Ayuntamiento , que por su causa se despoblaba y perdia aquella ciudad , la mas
principal y rica de cuantas existian en la Tierra-Firme. Tomó Oviedo testimonio
público del requerimiento, y disponíase ya á tornar al Darien, cuando escogitado
el medio de comprometer y arruinar al Veedor, cuya integridad y firmeza de carác-
ter tanto le ofendian, le propuso Pedrarias Dávila hacerle su teniente, con lo cual'
se daria la ciudad por contenta y se sostendria la tierra , puesto que él no podia
por entonces abandonar aquellos mares. No desconoció Oviedo el lazo que se le
armaba ^*, y aunque dudó primero si aceptaria cargo , en que no era posible ganar
mucha honra, acordándose de que aquella ciudad se despoblaría enteramente y y per-
deria él su hacienda, sí no habia quien de ella se doliese, se resolvió al cabo á ser-
vir la tenencia, en nombre de S. M., reservándose siempre sus oficios de Veedor
de las fundiciones, Regidor perpetuo y Receptor general de la real cámara y
fisco.
A principios de noviembre del mismo año volvió, pues, al Darien, hecho ya
capitán de aquella comarca, donde le estaban aparejados nuevos quebrantos. Aco-
metida su muger de aguda fiebre , durante su ausencia , apenas llegó á tiempo pa-
24 «Yo hice una casa en la cibdad de Sánela
«María del Antigua del Darien que me costó
wmas de 1,500 pesos de buen oro , en la cual se pu-
«diera aposentar ún príncipe, con buenos aposen-
»tos altos é baxos é con un hermoso huerto de mu-
wchos naranjos é otros árboles , sobre la ribera de
))un gentil rio que pasa por aquella cibdad» (Hist.
Gen. y Nat. de Ind., I." Parte, lib. Vi , cap. 1). «É
wassi como otros la desamparaban (á la ciudad del
»Darien) comencé yo á labrar é dexé la traza é di-
wneros á mí muger para que hiciese mi casa» {Hist.
Gen. y Nat. de Ind., II.* Parle, lib. X, cap. 14).
25 «En la hora que se me dio la provisión (dice
wOviedo) por la qual avia de gobernar aquella cib-
))dad é ser capitán de aquella provincia, dixo Pe*
wdrarias á algunos que por mi mal avia tomado
»aquel cargo ; y assi fué ello^ porque mi condición
»de hombre libre no pudo comportar cosas feas é
«torpes» {Hist. Gen. y Nat. de Ind., ut supra).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXXV
ra cerrarle los ojos, siendo imponderable la tristeza que produjo en él tan impre-
visto acontecimiento. «Con el dolor de pérdida tan triste para mí (exclama),
»transporlado é fuera de sentido, viendo muerta á mi muger que yo amaba mas
«que á mi, estuve para perder el seso, porque demás de tan dulce compañía y ser
))mi desseo vivir en el estado matrimonial, como cristiano, no era acostumbrado á
»las mancebas que mis vecinos tenían y aun algunos duplicadas*'.» Rendido, no
obstante, aquel justo tributo al amor conyugal, pensó Oviedo en las cosas de su
tenencia, con el firme propósito de cortar de raíz los envejecidos abusos y castigar
severo los crímenes que diaria é impunemente se cometían. Persiguió, pues, á los
amancebados; prohibió los juegos de naipes, mandando quemar por mano del pre-
gonero todas las barajas que se encontraron en la ciudad ; castigó á los blasfemos;
amonestó y multó á los escribanos públicos para que se abstuvieran de sus fraudes
y rapiñas, y defendió bajo graves penas que se maltratasen las mugercs indias,
cargándolas como acémilas ; adoptando otras disposiciones no menos acertadas ^ ,
que si bien merecieron la aprobación de los hombres honrados, comenzaron á
grangearle el aborrecimiento de los malos y viciosos. A tal punto los habían lleva-
do la impunidad y falta de justicia de las pasadas gobernaciones!
Mas si solícito se mostró el Veedor en cuanto á la moral y á las buenas costum-
bres tocaba, no desplegó menor actividad en cuanto á la prosperidad material se
referia. Después de concertar la mayor parte de las diferencias que sobre deudas
existían entre los vecinos, poniendo de su casa mas que palabras y para avenir y
amistar las partes ; después de establecer de su propia hacienda el abasto de car-
ne para la ciudad; y finalmente, después de haber sometido la limpia del oro á
régimen menos duro, procuró abrir pacíficamente el comercio con los indios cari-
bes , logrando en pocos meses que armasen á su ejemplo no pocos vecinos del
Darien piraguas y caravclas , para segundar su industria ; con lo cual se recogieron
en la ciudad mas de 50,000 pesos de oro, sin riesgo alguno de los españoles y
con beneplácito de los indios. Pero al mismo tiempo que estas nuevas exaspera-
ban en Panamá la codicia y saña del gobernador y los suyos , ofrecíales la justifi-
cación de Oviedo frecuentes ocasiones para desautorizarle y malquistarle. No ha-
bía delincuente que se acogiese á Panamá, que no obtuviera impunidad completa:
no había penado que apelase de las sentencias del Veedor, que no lograra ser ab-
suelto y premiado con heredamientos y distinciones. Por esta sondase vio en breve
personalmente odiado de cuantos malhechores vagaban por aquellas partes, sin
que le sirviese de escudo el asentimiento de de los buenos ^^ Y no fueron por
26 Ib. y Nat. de Ind., I." Parle, libro XIF, capítulo iO).
27 Una de las ordenanzas mas provechosas á 28 «Junio con esto (escribe Oviedo hablando
la ciudad y provincia del Darien, fué sin dúdala »de su gobernación) fuy temido jtiez, por no haber
que hizo Oviedo para exterminar los tigres que in- «disimulado los pecados públicos, ni dexado de ha-
festaban aquellas comarcas con grave daño de los ))9er justicia, aunque templada fuesse; é cada uno
ganados, obteniendo el mejor resultado de este «sabia que no tenia nada en mí para se quedar sin
acuerdo. Al que presentaba la cabeza de un tigre, »pena é moderada corrección , si culpado fuesse:
se le daban cuatro y cinco pesos de oro {Sum. »de lo qual no poca indignación contra mí formaron
de la Nat. Hist. de Ind., cap. 21: Hist. Gen. «algunos, porque al que yo castigaba , si apelaba»
XXXVI VIDA Y ESCRITOS
cierto los clérigos, que tan sueltos andaban desde la prelacia de don fray Juan
de Quevedo , los que menos odio mostraron contra el Veedor , no pudiendo sufrir
que un soldado osara amonestarles y reducirlos á prisión, para que se apartaran
de los escándalos carnales y de las vedadas rapiñas. Juan Pérez de Zalduendo,
deán de Santa Maria, hombre de pocas letras y de menos honestas costumbres, to-
mando por suyas las ofensas del clero, en el cual contaba deudos muy cercanos,
y Cristóbal Muñoz, escribano á quien Oviedo perseguía, como Receptor del fisco,
fueron, pues, los cabezas de aquella especie de facción que contra 61 se levantaba,
animada de profundos é inestinguibles rencores , y que solo podia darse por satis-
fecha con su ruina y muerte.
Brevemente salieron á plaza los tenebrosos planes que contra el Veedor se fra-
guaban. Alzados en los bosques y montañas desde las entradas del bachiller Cor-
ral y la tenencia de Estete, negábanse los caciques de Bea, Corobari y Guaturo
á acudir con sus rentas al fisco y á los comendadores , llegando á tal extremo el
desprecio de los cristianos, que dio el primero cruel muerte al capitán Martin de
Murga , quien , desoyendo los avisos de Oviedo , y fiado en las promesas del caci-
que , habia osado penetrar en el interior con otros cuatro españoles , que fueron
asimismo alevosamente asesinados. Quiso el Veedor tomar enmienda de aquel
desacato, recelando que la impunidad ensoberbeciera á los caciques, y dispuso
luego que el capitán Juan de Ezcaray, con hasta cuarenta hombres, fuese á cas-
tigar aquella ofensa y rebehon de los indios. Mas cuando ya se apercibian para
sahr los españoles del Darien, fué esta resolución públicamente contradicha por
el bachiller Corral, que acordado con Zalduendo y Muñoz, y deudo cercano
de los caciques de Bea y Corobari *', procuraba por una parte evitar la perdición
(le los indios, labrando por otra la de Oviedo. Inútiles fueron los esfuerzos de
este para que la expedición por él acordada, partiese contra el cacique de Bea: el
deán , el escribano y el bachiller trabajaron de manera que los cuarenta soldados
que antes se habian ofrecido voluntarios para la interpresa , llegaron á amotinar-
se contra su capitán , quien presentándose á Oviedo le dijo : « Señor , espantado
»estoy de tanta mudanca como hay en esta cibdad , porque ayer todos estaban
))de buen propóssito , y en esta noche passada han mudado la voluntad y paresce
))que los llevan á la horca, é no veo hombre en dispusigion de ir conmigo ^®».
Disimuló el Veedor , forzado de la necesidad , aquella abierta rebelión , no sin que
diese orden para procesar y descubrir á los promovedores de ella ; y cómo resul-
tara ser uno de \qs principales el bachiller Corral , á quien los testigos cargaron
de otras muchas culpas , temeroso de que hallara absolución en el tribunal del
Pedrarias, determinóse , con el acuerdo del Hcenciado Sancho de Salaya, que iba
))le absolvía el gobernador y le daba dineros» (Hist. que Oviedo habia tomado de castigar á los caciques
Gen. y Nat. de Ind., l.^ Parle, l'ib. X, c&p. i^). rebeldes. Corobari , que llevaba ya el nombre de
29 El bachiller Diego del Corral tenia encomen- cristiano, se habia levantado antes otras dos veces,
dados la madre, la muger y los hijos de Corobari, logrando que se le perdonase, lo cual sirvió solo
de quien era pariente muy cercana la india Elvira, para inducirlo á nuevas rebeliones,
en la cual tenia varios hijos. Asi ligado por el inte- 30 Hist. gen. y nat. de Ind., ut supra.
res y por el parentesco, se oponia á la resolución
DE GON. FERN. DE OVIEDO. XXXVII
por alcalde mayor de la costa del Sur, á enviarle á España cargado de grillos y
acompañado de Luis de Córdoba , hombre perjudicial á la república por sus des-
boneslas costumbres, cuyo hijo Simón Bernal servia en casa del Zalduendo.
Desembarazado de tales estorbos , volvió Gonzalo Fernandez de Oviedo la vista
al castigo délos revueltos caciques, haciendo de manera que en breves dias
tuvo en su poder ó hizo justicia de Corobari, el cual, no solamente confesó la
complicidad del bachiller , sino que declaró también que , aun después de la muer-
te del capitán Murga, habia sostenido con los insurgentes íntimas relaciones ^'.
Muerto Corobari, el mas temible de los caciques de la comarca, dirigióse Ovie-
do contra Guaturo , que tenia su asiento á veinte y ocho leguas de Santa Maria
del Antigua , y dióse tan buen recaudo , que le hubo fácilmente á las manos con
su familia y principal caudillo, llamado Gonzalo, haciendo en ambos singular es-
carmiento. Aquietada asi la provincia, tornó el Veedor á la ciudad del Darien,
donde pensaba recoger el fruto y galardón de sus trabajos ; pero le estaban alli
esperando nuevas asechanzas y peligros. Recelando tal vez que acabase por triun-
far de sus enemigos, ó ya cediendo á las instigaciones de Zalduendo y sus con-
sortes , habia escrito el Pedrarias al Regimiento , retirando á Oviedo sus poderes,
y dándolos al bachiller Corral , cuya remisión á España no era llegada aun á su
noticia. El ofendido Veedor, que todo lo esperaba de la conducta del Pedrarias y
de las tramas de los adversarios que le habia granjeado su malhadada tenencia,
no pudo sin embargo resistirse á la indignación , viendo cuan infame premio re-
cibian sus servicios ; y cuando le mostraron en el Regimiento las cartas del go-
bernador, abandonando la silla de la presidencia, y ocupando la que como á re-
gidor le correspondia , exclamó en esta forma: «Este es mi lugar que el César
»me dio, y desde aqueste serviré yo á Sus Magostados, como su oficial y no como
»teniente del señor gobernador ; y en todo lo que yo le pudiere contentar al señor
«gobernador con mi persona é lo que yo alcancáre que sea en servicio de mi rey
»y en pro é utilidad desta repúbhca, lo haré como lo tengo jurado y soy obli-
»gado».
Con la destitución de Oviedo, envió Pedrarias Dávila al Darien un peregrino man-
damiento, ffara que eligiese la ciudad procurador que la representara en la junta ge-
neral que de todas las poblaciones de Castilla del Oro se proponia hacer, á fin de
nombrar alli otros procuradores que residieran constantemente en la corte de Es-
paña. Pagado el Regimiento de los importantes servicios que el Veedor acababa
de prestar á la ciudad y provincia, no titubeó en designarle para este honroso
cargo , logrando á fuerza de ruegos que lo admitiera , y dándole cumplidos pode-
res. Mas divulgado este acuerdo, subió á tal punto la saña del deán y sus amigos,
31 «Confesó que sabia la muerte del capitán Mar- »la muerte del capitán Martin de Murga. Por lo qual
))lin de Murga é que se lo avia dicho el bachiller Cor- »dixo públicamente el liceh9Íado Salaya que, si el
«ral en una estanca que tenia media legua de la cib- «bachiller Corral no fuera partido, que públicamente
«dad é que ahí se avian visto é comido juntos al- «merecía ser quemado con su ca9ique Corobari, por
«gunas veces el bachiller y esle cacique: lo qual era «Iraydor enemigo de los chripstianos» (Hist. gen. y
«en tiempo que se velaba la cibdad , por temor del nat. delnd., 11." Parle, lib. X, cap. 16).
«mismo Corobari y del cacique de Bea, después de
XXXVIII - VIDA Y ESCRITOS
que se resolvieron á echar el resto eu el asunto , para que se anulasen los poderes
dados al caído teniente del Pedrarias, poniendo en su lugar sugeto de su hechura.
Y cómo ya eran duchos en promover asonadas, hicieron fácilmente que unos po-
cos osados se presentaran en el ayuntamiento, acaudillados por el procurador del
concejo, primo de Zalduendo, el cual tomando, de su autoridad, el nombre y voz
de todos los vecinos, pidió que se revocara el nombramiento hecho unánimemente
por el cabildo, sometiendo de nuevo la elección al voto de los pobladores. Cono-
ció Oviedo la urdimbre de aquella tenebrosa tela '^, y deseando probar ásus ene-
migos que en nada les temia, rogó al ayuntamiento que aceptara la propuesta del
procurador del concejo: la votación verificada en el mismo dia, no solamente le
proclamó representante del Darien, sino que exasperando mas y mas al Zalduendo
y los suyos, los arrastró al camino del crimen.
Era para ellos de sumo interés y urgencia el evitar que el Veedor se presen-
tara en la junta de Panamá, recelosos, como culpados, de que descubriera alh sus
torcidas maquinaciones: poníales espuelas la sed de venganza, y para conseguirla
tan completa como deseaban , dispusieron de común acuerdo que aquel criado del
deán, cuyo padre habia echado Oviedo de la tierra, dándose por sentido del Zal-
duendo, sohcítára entrar á su servicio, para asesinarle en su propia casa, cuando
le hallase dormido ^^ Pero salióles vano este depravado intento , negándose el
Veedor á recibirle, como á hombre^sospechoso y agraviado , con lo cual subió á
tal punto su ira que no repararon ya en los medios , resolviéndose á aprovechar
la primera ocasión, por pública que fuese. Tenia Oviedo fletado un barco y ade-
rezado su viage al Nombre de Dios, no solamente para ejercer su cargo de
procurador en Panamá, sino también para presentarse en la residencia que al go-
bernador se tomaba, á fin de reclamar por el rey, por la ciudad del Darien y por
sí propio los perjuicios, que el Pedrarias habia causado á todos con su arbitrario
gobierno. Dispuesto á darse á la vela, hallábase un viernes 19 de setiembre de
1522 á la puerta de la iglesia de San Sebastian, hablando con uno de los alcaldes
ordinarios de la ciudad, cuando aquel Simón Bernal , criado del Zalduendo y en-
cargado de dar cima al proyectado crimen , juzgó llegado el momento que espia-
ba. Pero oigamos al mismo Oviedo referir este alevoso atentado: «Quando este
))llegó (Simón Bernal) donde el alcalde é yo nos paseábamos delante de la iglesia,
«quitóse el bonete, acatándome, é yo abaxc la cabeca, como quien dige: bien seays
^venido; y arrimóse á una pared frontero déla iglesia. Y el alcalde en esta sacón
))me rogaba que diesse la vara del alguacilazgo de aquella cibdad á un hombre de
»bien (porque yo tenia poder para proveer de aquel offi^io , quando conviniesse,
))en nombre del alguacil mayor, el bachiller Encisopor su absencia, que estaba en
»España y era mi amigo) ; é dixe al alcalde que me placía de hacer lo que me ro-
32 «Loida esta petición en Regimiento y en mi wlicto , y ser hecho sobre asechanca y sobre pens-
«presencia, dixe que bien pares^ia que todo aque- «sado, y dixo que quando avia procurado de vivir
»llo era fabricado por el deán» {Ut supra.). wconmigo, era por me malar durmiendo ó como me-
33 Refiriendo Gonzalo Fernandez la confesión »jor le pares9iesse » {Hist. gen. y nat. de Ind. , li-
de Simón Bernal, se expresa asi : «Confesó su de- bro X, cap. <9).
DE GON. FERN. DE OVIEDO. XXXIX
»gaba, porque me parescia que era buena persona aquel, para quien me pedia la
»vara del alguacilazgo. Y en este instante llegó por detras el Simón Bernal con
))un puñal luengo y muy afilado, aunque traia otra espada ceñida, é dióme una
wgran cuchillada en la cabeca y descendió cortando por debaxo de la oreja sinies-
))tra é cortóme un pedaco grande de la punta é huesso de la quixada y entró hasta
»media mexilla , é fué tan grande é honda la herida que me derribó é dio conmi-
))go en tierra; y al caer dióme otras dos cuchilladas sobrel hombro izquierdo; é
»todo tan presto que antes que el alcalde le viesse ni yo me reconos^iesse , era
«hecho lo ques dicho. Y el malhechor echó á huir la calle adelante, no querién-
»dose acoger á aquella iglesia, á par de donde estábamos (porque si alli se entrá-
»ra, fuera preso), sino fuesse á la Iglesia Mayor, donde el deán y otros clérigos,
))sus amigos é valedores le atendían, para le favores^er, como lo hicieron. Assi
))CÓmo cay en tierra atordido , dixe : Válgame la madre de Dios ; y miré atrás é
))vile aleado el puñal, é dándome priessa á levantarme, dixe: ¡Oh traydor! ¿por-
»qué mo has muerlo?... E puse mano á la espada que tenia ceñida debaxo de una
wloba cerrada que tenia vestida, tomando el pomo por encima de la ropa, medio
))sin sentido, é tal que no conosci bien al que me hirió por la turbación de la vis-
))ta.... E estando de esta manera herido, me llevaron á mi casa é pedí á mucha
wpriessa un confesor, porque conosci bien el peligro en que estaba : é venido un
«barbero cirujano, cómo me vido, no me queria curar, é dixo que para qué avia
»de curar un hombre muerto; é con importunación de los que alli estaban, me cu-
»ró , sin esperanca de todos los que me vieron que pudiesse vivir tres horas. É yo
«no sentí la cura ni hablaba : é desde á mas de cuatro horas que estaba curado é
«echado en la cama, volví á tener algund sentido é torné á pedir el confesor, é
»me confesé é dixe por auto ante un escribano que perdonaba, é perdoné á quien
«me avia muerto é á todos los que en ello avian seydo, porque Dios me perdo-
«nasse á mí , pues se puso en la cruz por mi redempcion y de todos los peca-
«dores» '*.
Con asombro de sus enemigos que le daban por muerto , sanó en breve el Veedor
de las heridas, no sin que en lo mas recio de su dolencia protestara ante el escri-
bano Pedro de Rojas que habia ido al Darien á publicar la primera residencia del
Pedrarias , para que si no podia presentarse en ella al tiempo señalado, no se si-
guiera perjuicio á sus intereses ni á los del fisco, pues que subían á 10,000 pesos
de oro los cargos que contra el gobernador formulaba. Restablecido al fin, viósc
á poco sujeto á juicio de residencia , la cual fué pregonada en el Darien por Juan
de Carvallo, á quien hizo el gobernador su teniente, porque sabia que no era de-
voto del Veedor, el cual le habia multado y perseguido por varios delitos. Diez
mil pesos de oro exigió Carvallo de fianzas á Gonzalo Fernandez de Oviedo, para
seguridad de su persona, no pareciendo sino que, al estrecharle de este modo, se
procuraba incitarle á la fuga ; pero cómo no podia allegar aquella suma tan cre-
cida , ni se tenia tampoco por culpado , dejóse echar grillos dentro de su propia
34 Ib., cap. 17.
XL VIDA Y ESCRITOS
casa , quedando en ella reducido á prisión , hasta que viéndole flaco y enfermo, es-
ofreció el mismo teniente á quitarle los hierros, obhgándole en cambio á deposi-
tar 1,000 pesos de oro, con la pena de pagar otros 5,000, si quebrantaba la
clausura. Venido por último el juez de residencia , que lo era el licenciado Juan
Rodríguez de Alarconcillo , contestó Oviedo victoriosamente á todos los car-
gos que se le hacian, siendo de ellos absuelto, con no poco desp3cho de sus ene-
migos, quienes después délo pasado, osaron todavía pedirle en nombre del bachi-
ller Corral sesenta marcos de oro, en desagravio de los perjuicios que le habia
causado en su hacienda, con remitirlo á España. Nada se atrevió á fallar Alarcon-
cillo sobre este punto, y ya fuese por seguir la justicia, ya porque el bachiller
Corral se hallaba en la corte , acordó enviar esta causa al Real Consejo de Indias,
asi como otro proceso, instruido á sohcitud de una muger, á la cual mandó Ovie-
do azotar y sacar los dientes, como perjura ^\
Vagaba entre tanto por aquellos contornos el asesino Simón Bernal , echado por
Zalduendo y sus amigos de la iglesia (que no otro pago tienen los traidores) y
sentenciado por los alcaldes del Darien á ser mutilado de la mano derecha y del
pié izquierdo. Oviedo que en el primer momgnto le psrdorió generoso, agraviado
de nuevo por la conducta de sus enemigos, mostróse parte en la causa, y acudió
para que le hiciera justicia al juez Alarconcillo, quien at3nlidas las graves cir-
cunstancias del crimen, revocó aquella sentencia de los alcaldes, fallando el pro-
ceso en rebeldía y condenando á Bernal al último suphcio , con perdimiento de
sus bienes. Supo luego el asesino cuanto ocurría, y mas sañudo contra el Vee-
dor , juró darle muerte en su propia casa ; pero traíale la Providencia por este
camino á pagar todos sus delitos , pues avisado secretamente de su intento , no
solo desbarató Oviedo todos sus planes , sino que resuelto á apoderarse de él,
para lo cual obtuvo el mandamiento oportuno , dióse talos trazas , que le encon-
tró al cabo, metido dentro de una pipa, en cierta nave que iba á hacerse en
aquel instante á la vela para Jamáyca. No dejaron el deán y sus consortes de
moverse para impedir que le sacaran del Darien , pero sin fruto alguno : con-
ducido á la villa de Acia, confesó plenamente su crimen, con lo cual dio Alar-
concillo sentencia definitiva, confirmando la de los alcaldes de Santa Maria del An-
tigua, que fué sin mas ejecutada, á los ocho meses no cabales de cometido el ase-
sinato. Simón Bernal murió á los tres dias en la cárcel , á donde le volvieron para
el pago de las costas '^
No habían trascurrido veinte y cuatro horas de la ejecución, cuando tuvo
Oviedo nuevo aviso del género de amistad que el gobernador le profesaba. Noti-
cioso este de que Bernal habia sido apresado y de que era Alarconcillo el juez de
la causa , envió á toda prisa un correo , mandándole que se inhibiese de ella , y
3o Esta muger habia delatado á sii marido co- pilulo i9 deliibro X, de la 11." Parle, que ya hemos
mo asesino, sin probarle el crimen de que le acu- citado repelidas veces, y al cual remitimos á los lec-
saba (Ib., cap. í8). tores; no creyendo oportuno recargar estos pasages
36 Oviedo refiere menudamente todas las cir- con la repetición de aquellos pormenores, sin que
cunislancias de la prisión de Simón Bernal en el ca- lográramos tampoco dar mas interés á este escrito
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XLl
íivocándola á sí , como juez y autoridad suprema en aquellas parles. Tarde vi-
no sin embargo esta diligencia , bien que el mensagcro traia andadas cuarenta
leguas en poco mas de. diez y seis horas ^^: cuando llegó á la villa de Acia, ha-
lló al licenciado y á Gonzalo de Oviedo, que saliendo de misa, pasaban casual-
mente delante del palo en que se veian clavados el pié y la mano del asesino , y
que era por cierto el mismo, donde pocos meses antes se contemplaba con asom-
bro la cabeza del ilustre descubridor Vasco Nuñez de Balboa. Mandó Alarconcillo
leer públicamente aquella orden del Pedrarias, y declarando en el acto que se
apartaba del proceso , en cuanto al descubrimiento y castigo de los cómplices,
pidió Oviedo testimonio de esta declaración , protestando en debida forma contra
el procedimiento del gobernador, a quien hizo responsable de los daños y perjui-
cios que se le ocasionaran, los cuales montaban ya á dos mil pesos de oro. Mas
perdida toda esperanza de justicia, cansado de sufrir persecuciones, y expuesto á
cada instante á nuevas asechanzas , resolvióse Oviedo á recurrir al Real Consejo
de Indias , y recogiendo secretamente parte de su hacienda y toda su familia (que
ya había contraído nuevo matrimonio), se embarcó el 5 de Julio de 1523 en el
mismo bergantín que le trajo del Daríen, y protestando dirigirse al Nombre de
Dios, torció el rumbo hacía la isla de Cuba, alejándose de aquellas costas, teatro
de sus trabajos y desgracias , con el mismo deseo y la misma esperanza que en
1515.
Pero no habían sido estériles aquellos tres años para sus empresas literarias:
en medio de las penosas tareas de sus oficios ; entre el cúmulo de contratiempos
que le sobrevinieron ; enfermo , perseguido y despechado , hallaba siempre Ovie-
do placer y contentamiento en sus tareas históricas, siendo verdaderamente pro-
digioso el tesón con que las proseguía y el fruto que obtenía de sus vigilias. Cuan-
do se embarcaba en el puerto de Acia , era acaso su mayor cuidado el de poner
en salvo sus numerosos manuscritos , entre los cuales contaba ya la crónica y vi-
da de los Reijes Católicos, que insertó después en su Catálogo Ucal de Castilla y
la Historia general y natural de Indias, comprensiva de todos los acontecimientos
acaecidos hasta el año de 1523, en que se hallaba ^^
37 Replicando el meiisagero de Pedrarias Dávila
al licenciado Alarconcillo que al recibir la orden del
gobernador , le reprendió por haber llegado tarde,
creyendo que se habria dormido en el camino, dijo:
«Si me he dormido ó no mande Vra Mrd. que se
»me dé por leslimonio á qué hora llego aqui; por-
))que pueden ser Ires ó qualro horas que amanesció
»é después de vísperas parlí de Panamá» (Hist. gen.
y nat. delnd., II.* Parle, lib. X, cap, 19).
38 Cuando en 1523 presentaba Oviedo al empe-
rador Carlos V el Sumario de la Natural Historia
de las Indias , decia , hablando de sus trabajos lite-
rarios : «Distinguiendo la crónica y vidas de los Ca-
nthólicos Reyes don Fernando y doña Isabel, de glo-
«riosa memoria, hasta el fin de sus dias, de lo .que
«después de vuestra bienaventurada sub9esion se
))ha ofrescido». Estas palabras de Oviedo han dado
TOMO' I.
sin duda motivo á que el erudito anglo-americano
Mr. George Ticknor tenga por obras distintas y es-
peciales las Crónicas no completas de los Reyes Ca-
tólicos y de Carlos V; pero debe advertirse que estos
trabajos forman parte, según queda notado, del Ca-
tálogo Real de Castilla, en que se ocupaba Oviedo
desde 150o. Al final del Sumario observa: «Yo he
))escrito en este breve sumario ó relación lo que de
«aquesta Natural historia he podido reducir á la
«memoria y he dexado de hablar en otras cosas mu-
«chas, de que enteramente no me acuerdo ni tan al
«propio, como se pudieran escrebir, ni expresarse tan
«largamente, como están en la General y natural
nhistoria de Indias , que de mi mano tengo eserip-
»la... lo qual tengo en la cibdad de Sancto Domingo
«de la Isla Española, etc.» {Historiad, primil. de las
Ind. occid., por don Antonio González Barcia, 1. 1).
G
XLII VIDA Y ESCRITOS
III.
Peligroso viage de Oviedo. — Preséntase en la corte. — Su acusación contra el Pedrarias. — Contradicción del
bachiller Corral y doña Isabel de Bobadilla. — Ofrécele el Consejo de Indias la gobernación de Santa Marta. —
Rehúsala y obtiene la de Cartagena. — Trabajos literarios de Oviedo. — Destitución del Pedrarias. — Pedro de
los Ríos. — Vuelve el Veedor á la Tierra-Firme. — Halla despoblado el Darien. — Residencia del Pedrarias —
Indemnización de Oviedo. — Muerte de Juan Pérez Zalduendo. — Invasión de Rodrigo Bastidas en la goberna-
ción de Cartagena. — Renuncíala Oviedo y pásase á la de Nicaragua. — Es nombrado el Pedrarias gobernador
de esta provincia. — Intenta Oviedo retirarse á su casa. — Residencia de Pedro de los Rios. — Las ciudades de
Panamá y Santo Domingo envian á Oviedo como procurador á la corte.— Llega á España.— Éxito de su
procuración. — Nómbrale el Cesar cronista de las Indias. — Vuelve al Nuevo Mundo. — Es elegido alcaide de
la fortaleza de Santo Domingo. — Dánle sus poderes para la corte la Audiencia y el Regimiento de esta ciu-
dad.— Satisfactorio efecto de su nueva procuración. — Impresión de la I.* Parte de la Historia general y
natural de Indias.
il O bien se habia dado á la vela Gonzalo Fernandez de Oviedo , para buscar en
España la justicia que se le negaba en el Nuevo Mundo , cuando aquejado de agu-
das y continuas fiebres, y demagrado por las dolencias anteriores, llegó á tal
punto de abatimiento, que todos cuantos le servian desconfiaron de su vida.
Agregábanse á esto las frecuentes borrascas que en aquella travesia le afligieron,
siendo tan recios los vendábales que embravecían las ondas y combatían la cara-
vela (poco segura ademas por ir comida de la broma), que á cada momento te-
nian delante de sus ojos el abismo. «Finalmente (escribe el mismo Oviedo en su
nlibro de los Naufragios), nos vimos en tanto peligro, que de hora en hora espe-
«rábamos la muerte; y yo mas que otro , porque demás de lo que he dicho, yba
»muy enfermo, tanto que queriendo un marinero aprovecharse de un serón de
«esparto que alh estaba debaxo de un colchón , en que yba yo echado , le dixo un
«criado mió : No tomes el serón : que ya veys quel capitán está muriéndose , y
«muerto, no hay otro en que envolverlo y echarlo á la mar. Lo que yo oy y en-
))tendi muy bien; y ásenteme en la cama enojado con mi criado, é dixe : Saca
»e5se serón de ahy y dásele á esse hombre : que no me tengo de morir en la
«mar , ni querrá Dios que me folte sepoltura en su sagrada Iglesia. Y desde essa
«hora tuve alguna mejoría *».
Doliente y trabajado aportó Oviedo á Santiago de Cuba , donde se hallaba á la
sazón el adelantado Diego Velazquez , quien no solo le recibió afectuoso , sino que
viéndole en tan lastimero estado, le hospedó en su propia casa, haciendo cuanto
estuvo de su parte para que se repusiera de su enfermedad , y festejándole genero-
so. Quince- dias permaneció el Veedor en compañía de Velazquez, logrando en este
tiempo reparar algún tanto su quebrantada salud , y aprovechando aquella propicia
ocasión, para recoger noticias y relaciones sobre el descubrimiento del Yucatán y la
i Hist. Gen. y Nat. de Ind., III." Parte, libro XII, proh.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XLIII
expedición de Juan de Grijalva: cuando ya se disponía á parlir, rogóle encare-
cidamente el adelantado que llevase al César las nuevas de aquel descubrimiento
hecho á su costa , encargo que recibió gustoso el Veedor y que desempeñó fiel-
mente, como hombre agradecido ^. En la misma caravela (que habia ya ven-
dido en Cuba) pasó á la Isla Española con todos los suyos, desembarcando en
el puerto de la Yaguana, desde el cual se encaminó por tierra á la ciudad de
Santo Domingo, en que halló al almirante don Diego Colon, apercibiéndose para
ir á España , á donde el Emperador le habia llamado. Mucho celebró don Diego
la llegada de su antiguo y cariñoso amigo , cuyas desventuras supo indignado con-
tra el Pedrarias y sus secuaces ; y después de prodigarle todo género de cuida-
dos , ayudándole á establecer su casa y familia en aquella ciudad, le brindó con
su propia caravela , de que era maestre el experimentado piloto Juan López Ar-
chuleta, saliendo juntos del puerto el 16 de setiembre de 1523.
Pero si difícil y trabajosa habia sido la navegación que trajo Oviedo desde Acia
hasta Santiago de Cuba , no mas bonancible fué el viage que en compañía de don
Diego Colon hizo á España. Pocos días navegaron con próspero tiempo : asaltados
en mitad del Océano por súbita borrasca , en vano procuró el diestro Archulcta
defender aquella pequeña nave de la furia de los vientos y de las olas. Arreciaba
por momentos la tempestad, faltaban las fuerzas á los cansados marineros, crujía
por todas partes la mal segura caravela , y saltaban las ondas de banda á banda,
llenando de pavor á Colon y á Oviedo , quienes juzgaron llegada en aquel instante
su última hora. Ya habían arrojado al mar parte del mas precioso cargamento;
ya el maestre, abandonado el timón, habia declarado la necesidad de alijar hasta
de la ropa , encomendándose todos al Hacedor Supremo , cuando plugo á este di-
sipar los vientos y aquietar las aguas, tornando la esperanza y la alegría al pecho
de aquellos afligidos españoles que pocos minutos antes se lloraban náufragos '.
Libres de tanto peligro, y favorecidos por amigas brisas, avistaron al fin con jú-
bilo extraordinario las costas de la península ibérica , montando la barra de San-
lúcar el 5 de noviembre , y dirigiéndose luego á Sevilla , emporio entonces de las
artes y del comercio.
No se detuvo Gonzalo Fernandez de Oviedo en esta ciudad muchos días : no-
2 Cuando narra Oviedo la expedición de Juan de
Grijalva , se expresa, respecto de este punto, en los
siguientes términos: «Y como. he dicho en el li-
))bro 11 desta I.'* Parte, pues Su Mag-estad manda
«que me den relación verdadera todos sus goberna-
»dores de las cosas destas Indias, esto tengo yo sig-
wnado é por testimonio que me fué dado por el le-
«nieiite Diego Velazquez , passando por aquella isla
wFernandina el año de mili é quinientos é veynte é
))tres; é yo llevé este testimonio á España, ásu rue-
))go, para dar noticia deste descubrimiento suyo é
»de otras cosas á la Qesárea Mageslad» {Hist. gen.
ynat. de Ind., I." Parle, lib. XVII, cap. \1).
3 Curiosa es por cierto la circunstancia que re-
fiere Oviedo de esta peligrosa navegación en el ca-
pítulo 4.° de su libro de los Naufragios, último de
la General historia: «En una nao (dice) en que yo me
«hallé el año de mili é quinientos é veynte é tres
«años en el mar Océano, de la qual era maestre Juan
»Lopez de Archulelaque hoy vive, yéndonos ane-
wgando é quassi perdidos, alijando de la ropa y car-
»ga, yba un man9ebo , criado del almirante don
»Diego Colom , durmiendo y roncando tan descan-
Hsadamente como si estoviera en Toledo, Llamábale
Hclalmirantede quandoenquando, y decíale:— Sanc-
))la Cruz (que assi se llamaba), ¿no vees que nos ane-
Mgamos?... ¿Por qué no despiertas, traydor, y le
«encomiendas á Nuestro Señor?... Y el mancebo res-
wpondia y decia: — Señor, ya lo veo. — E inconli-
wnenti tornaba á roncar».
XLIV
VIDA Y ESCRITOS
ticioso alli de que el César tenia su corte en Vitoria para alentar las operacio-
nes del ejército, que bajo la conducta del Condestable don Iñigo Fernandez de
Velasco, se hallaba sobre Fuente-Rabia, fortaleza de que se apoderaron los fran-
ceses durante los disturbios de las Comunidades , se dirigió á aquella ciudad, mo-
vido no solamente por el deseo de librar la Tierra-Firme de lá opresión del Pe-
drarias , sino aguijoneado también por las graves ofensas personales que de sus
manos habia recibido. En Burgos encontró al Real Consejo de Indias que se pre-
paraba á trasladarse al lado del César, siendo tal la impaciencia que le aquejaba
por representar sus querellas, que tuvo á mal agüero aquella partida. — Siguió,
no obstante, á los señores del Consejo (que no habia de vencer el desaliento á
quien sobraban la voluntad y la constancia) , y resuello á pasar la plaza de im-
portuno hasta ser oido , llegó á Vitoria á principios de 15^4 *. Pero cumpliósele
su esperanza mas fácil y prontamente de lo que pensaba : servíale la ilustre me-
moria del príncipe don Juan de protector escudo, y abríansele á su nombre, co-
mo al influjo de misterioso talismán, las puertas de magnates y prelados: el mis-
mo César , que ya en Bruselas y Barcelona habia oido de su boca las quejas
contra el gobernador de la Tierra-Firme, y que recordaba complacido su leal-
tad para con el príncipe , su tío , luego que hubo de enterarse del propósito de
su venida , no solamente previno al Consejo que le hiciese justicia , sino que le
concedió en su cámara especial audiencia. Oviedo expuso al Emperador y á su
Real Consejo todos los trabajos y persecuciones que habia padecido desde su par-
tida de Barcelona en 1520, y presentando los poderes que traia de la ciudad del
Darien, pidió, en nombre de la misma, nuevo gobernador para aquella desventu-
rada provincia. Ordenóle el César, oida su demanda, que presentase al Consejo
por escrito su relación y querellas contra el Pedrarias, lo cual verificó el Veedor
inmediatamente , como quien veia lograda la ocasión de que su rey supiera las
vejaciones, inhumanidades y tiranías, de que era víctima tan rica y vasta región
del Nuevo Mundo *.
4 Don fray Prudencio de Sandoval , en su His-
toria del Emperador Carlos V, 1.* Parle , lib. XI,
párr. 24 (Amberes Í681) , dice, aludiendo á las no-
ticias que trajo Oviedo de la Tierra-Firme : «Vinié-
ronle también (al Emperador) cartas y relaciones de
las navegaciones y conquistas de Indias , assi de las
tierras y provincias de la Nueva España, como de
Tierra-Firme y Nicaragua y oirás partes della , que
en aquellos dias se hablan conquistado, trayendo los
naturales al conocimiento del verdadero Dios, como
lo escriben Gonzalo Hernández de Oviedo y otros
dolos y curiosos coronislas». (Véase también el ca-
pítulo 20 del lib. X de la 11." Parle de la Hist. gen. y
nat. de Ind.—Bat. y Quinq., K. 130, fol. 3 vio.)
5 Hé aqui como empieza Oviedo esta importan-
te relación : «Al tiempo que besé las reales manos
»de Su Magestad , le dixe cómo yo le servia de
«Veedor en Tierra-Firme, dó es gobernador Pe-
«drarias, é que venia desde allá á dar noticia á Su
»Mages!n;l de cómo aquella tierra está perdida é
«destruyda é robada, é han passado épassan en olla
))muchas crueldades , de que Dios é Su Magostad se
wdessirven é la tierra se pierde , seycndo , como en
))la verdad es , lo mejor de lo descubierto ; é todo
»eslá escondido é ocultado á Su Magostad y su Con-
Msejo.... E díxome Su Mageslad que á Vras. Mrds.
«hablasse é dixesse todo aquello que sabia ó me
))paresc¡esse de las cosas de aquella tierra , de don-
»de vengo , para que Vras. Mrds. se informassen ,
»é que Su Magestad lo mandarla luego remediar é
«proveer, como conviniesse. É cumpliendo con el
«mandamiento de Su Magostad é con lo que debo
«á su real servicio y á mi consciengia, digo, etc.».
(Arch. gen. de Siman., Patr. Real, Arca de Indias,
leg. 7. — Real Acad. de la Hist. , Colee de Muñoz,
tom. 76, A. 103).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XLV
Duros eran en verdad los cargos que formuló Oviedo contra el Pedrarias; pues
no solamente le negaba en su informe las cualidades mas precisas para la gober-
nación, tildándole de flojo, inconstante, codicioso, díscolo y sembrador de ciza-
ña (con lo cual babia sido causa de continuas desavenencias y escándalos), sino
que le acusaba también de injusto, arbitrario, cruel, venal é hipócrita, declarán-
dole como usurpador, é inobediente al rey y á su Real Consejo. Pero estas califi-
caciones lejos de ser bijas del enojo que el Veedor atesoraba en su pecho, ve-
nían hasta cierto punto comprobadas por la simple exposición de los sucesos, á que
se referia. Apandillado el gobernador con los oficiales reales, que á su ejemplo
abandonaron el Darien, ni habia obedecido las cédulas de 1519, permitiendo en
contrario el tráfico inmoral , en que aquellos se ejercitaban y admitiéndolos á su
consejo; ni remitido á España los quintos de la corona, pretestando gastos ex-
traordinarios ^; ni guardado las provisiones reales en el repartimiento y trato de
los indios, haciendo violenta y falaz aplicación del requerimiento ordenado por
el Rey Católico ^. Y si consintió, débil ó mal intencionado, que los oficiales rea-
les maltrataran á los indios, mudando á su placer los repartimientos, con lo cual
crecían por demás sus haciendas y la del mismo Pedrarias; si toleró que su pri-
mo, el capitán Gaspar Morales, pasara á cuchillo trescientos de aquellos desdi-
chados , sin perdonar edad ni sexo , cebando asi su desenfrenada rapacidad ; si dejó
impune la alevosía de Renito Hurtado, el cual vendió como esclavos los indios de
carga que le diera, bajo seguro, el cacique de Careta; si no castigó la inhumani-
dad de Pedro de Cárdenas que asó por su placer dos mugeres indias de encomien-
da; y si apadrinó finalmente al capitán Francisco de Medina y á otros muchos
desalmados que, sobre saltear y aperrear indios caribes, osaron también vender en
pública almoneda no pocos de los que habían ya recibido las aguas del bautismo;
no mas humano y justo se mostró con los españoles que ó se oponían á su volun-
tad y de los suyos ó no se doblaban fácilmente á la lisonja.
Acusábale asimismo el ofendido Oviedo de haber tomado para silas islas de Oto-
que y Terarequi ó de las Perlas, pertenecientes ambas á la corona, haciendo en
ellas inmoderado logro , sin participación legítima de la real cámara y en daño de
lodos los pobladores, á quienes vedó allí la pesquería. Pero sí debió este cargo
6 Es sobre manera importante", para ilustrar
la historia de la conquista , lo que en la Relación
hecha por Gonzalo Fernandez de Oviedo de los
males causados en Tierra-Firme por el gobernador
Pedrarias se dice, respecto de la inversión de cau-
dales : « Las pagas que se le hacen ( al g-obcrnador)
))de gente serian excusadas , pues ninguna tiene ni
))la hay para ninguna nescessidad, por razón de las
))dichas pagas ; é assi hácense copias vanas , é por
«aquellas libra el contador é paga el tesorero: é se-
«ria n-.ejor, ya que las oviesse de llevar, dárselo de
asalario que por esla via : que paresce qucs untarse
))la cebada su dueño ; é dessofra manera seria mer-
«ced c sonaría mejor el salario , seyendo mayor».
7 Las palabras de Oviedo son en esta parte har-
to significativas: después de recordar el objeto que
el rey don Fernando se propuso, al disponer que se
hiciera á los indios el requerimiento , de que lleva-
mos hecha mención arriba , observaba: «Esto se
»ha fecho desla manera: que primero eran saltea-
))dos, é después de presos e' atados se les leia ; é
»con esto eran dados por esclavos ó repartidos é
«vendidos. É nunca hasta hoy se ha fecho ni guar-
»dado la fuerza del dicho requerimiento ; é para ver
»si esto es assi , llamen ó tomen un indio que me-
))jor entienda nuestra lengua , ú veráse que ninguna
»cosa entiende del requerimiento ».
XLVI
VIDA Y ESCRITOS
llamar seriamente la atención del Consejo de Indias, no era por cierto menos
grave el que fulminaba el Veedor de las fundiciones del oro en las siguientes pala-
bras: «Entre las culpas que halló (el Pedrarias) á Vasco Nuñez, para le degollar,
»es a ver tomado el dicho Vasco Nuñez una marca de las con que marcan el oro,
ȇ su suegro Verdugo , que era Veedor de la dicha Tierra-Firme (que creo que
»le llaman Silvestre); pero no obstante esso, envió el dicho gobernador Pedrarias
wdesde Panamá al Darien por un cuño de los que tenia el Veedor Gonzalo Fer-
))nandez de Oviedo, é lo tuvo en su poder eltiempoqueleparescióé lo pudo hacer,
))é marcar pudo el oro que le paresciesse, abscondidamente». Y no menos re-
prensible aparecía el Pedrarias en la Relación de Oviedo , respecto de las cosas
del esclarecido y malogrado descubridor del mar del Sur : ya desde su llegada al
Darien habia obligado á este á venderle su casa por menos dinero del que valia en
renta ; y cuando después de degollado , se apoderó de sus bienes , en nombre del
fisco, repartió los indios que le quedaban entre doña Isabel de Bobadilla, su mu-
ger, y los criados de esta, separándolos asi del grueso de la hacienda del adelan-
tado, la cual puso en poder de Martin de Estete. Aquellos ponderados cien mil pe-
sos de oro que en Barcelona despertaron con razón la solicitud del Real Consejo
de Indias, vinieron á quedar reducidos á la insignificante suma de tres mil, que
diezmados de nuevo por el administrador y los escribanos del proceso , dieron por
último resultado dos mil castellanos *, pagados principalmente en recibos y otros
papeles, lo cual bastaba sin duda á poner en claro la integridad de los oficiales y
apadrinados del gobernador de Castilla del Oro ®. Mas para que el ruido de estas
violencias y rapiñas jamás llegase á la corte de España, negábase astutamente el
Pedrarias á permitir que saliera de la Tierra-Firme español alguno que no se
le confesara parcial , ofreciéndose á decir maravillas de su gobierno : á tal extre-
mo llegaron la arbitrariedad y la impudencia , que se apoderaba de cuantas car-
las iban y venian de las Indias, á fin de que por ningún camino fuera en la corte
conocida su conducta ^".
Oviedo , cuyo principal deseo , aunque personalmente injuriado, era la salva-
ción del Darien , terminaba su Relación, proponiendo al Real Consejo de Indias los
medios, que en su juicio debian adoptarse para evitar la ruina de aquella desdi-
8 Tenia cada casfeí/ano el peso de un adarme,
y fué establecido en América por los primeros conr
quistadores, para el cobro y paga del oro , compu-
tándose por el valor de dos pesos y medio de Es-
paña ó dos pesos fuertes de América , y equivalen-
te á un escudo de oro del doblen de á ocbo antiguo
(Alcedo , Dice. Geog. Hist. de las Ind. occ, tom. V,
pág. 48 del Voc. de lasvoc. prov. de la Am.).
9 Oviedo , que habia ejercido el cargo de Re~
ceptor de las penas de Cámara, y que tuvo ademas
el especial de tomar las cuentas de los bienes de
"Vasco Nuñez, deciaen su Relación al Consejo: Etal
))maña se dio el dicho Estete é escribanos , que él
Ȏ ellos se llevaron de los dichos tres mili caslclla-
«nos mas de los mili dcllos , pagando solamcnle
«con papeles, é sin cobrarlos ni pagar en dineros».
JO «É tómanse las cartas é no se dan á quien
»van, é las que de allá vienen, tómanse porque Su-
wMagestad ni su Consejo no sepan verdad: é assi
))no osan escribir ni avisar de cosa que allá passe».
Tales son las palabras con que denunciaba Oviedo
en su Relación tan inaudito abuso , á que anadia el
Pedrarias , para mas oprimir y obligar á los espa-
ñoles , el de apoderarse de los instrumentos púb i-
cos, que convenían á sus codiciosos intentos: el
Veedor escribía: «Algunas escripturas é registros
Horiginales que él quiera tener en su poder, es nes-
Mcessario que se le den ; porque el que gelas impí-
wde, no se halla bien dello; é si dá conoscimienfo.
»dellas, es de muy mala gana ú no lo dá.»
DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO.
XLVII
chada comarca: «Assi que (escribía) para lo de Tierra-Firme conviene que Su
«Magostad determine una de descosas, y son: perderlo ó ganarlo. Para perderlo,
«ninguna cosa se podría buscar, ni penssar, ni proveer mejor que dexarlo estar
))de la manera que ello se está : é para ganarlo é atajar tantos daños é dar orden
»cómo Dios é Su Magostad sean servidos é la tierra remediada, háse de proveer
«quel que gobernare aquella tierra , sea hombre de buena sangre é que tenga celo
)>é fin prencipal del servicio de Dios é del Rey é que sea amigo de justicia é hombre
wpara trabaxar por su persona é non de sobrada cobdicia, ni cargado de hijos, é
)>de edad convenible para el seso é para los trabaxos. E que este tenga, dó quiera
»que estoviere , una ó dos personas de buena consciencia é letras ; é que por su
«persona visite ambas costas, é los pueblos dellas; é si nescessario fuere (que si
wes é mucho), torne á tomar las residencias á los jueces passados, que no serán de
«poco interesse para la hacienda de Su Magostad : é que demás desso , tenga siem-
wpre en el Darien un teniente que sea persona de letras é buena consciencia , que
«administre justicia en la costa y pueblos del Norte , é otro en la costa é pueblos
«del Sur.» Tal era el bello ideal de Oviedo, que no pudo ver realizado en tantos
años de contradicciones y desgracias ".
i{ Después de conocer las persecuciones que
padece Gonzalo Fernandez de Oviedo por de-
fender la ciudad y provincia del Darien de las
injusticias del Pedradas y de los suyos ; des-
pués de notar los principales cargos que le diri-
ge en la enérgica Relación presentada al real Con-
sejo de Indias , no se comprende cómo se ha con-
fundido el nombre de Oviedo entre los asoladores
de la Tierra-Firme y los destructores y despoblado-
res del Darien por un escritor coetáneo suyo, que
le dirige sobre este punto severos y formidables
cargos. Bien se advertirá que hablamos del licencia-
do Bartolomé de las Casas. «Que Oviedo (dice) ha-
«ya sido partícipe de las crueles tiranías que en
»aquel reyno de la Tierra-Firme que llaman Casti-
))lla del Oro se han hecho desde el año catorce que
«fué no á gobernallo, sino á destruillo Pedrarias,
))hasta este de diez y nueve , confiésalo el mismo é
«véndelo al rey por servicios señalados». Oviedo
no confiesa tal , ni podia confesarlo ; pues que
en 151o habia dado la vuelta á España para de-
nunciar , como lo hizo , aquellas tiranías , sobrevi-
niéndole todo lo que dejamos referido en la 11." Par-
te de este escrito , hasta que á fines de 1519 lo-
gró derribar, aunque sin fruto, al Pedrarias, de
quien le hace las Casas ayudador y cómplice.
Lo que Oviedo confiesa, cuando habla de sí, y
no respecto de los cinco años desde 1514 á 1519,
sino refiriéndose al tiempo en que tuvo la tenencia
del Darien , es que se ocupó cuando convino asi en
el desempeño de sus oficios , como en la conquista y
pacificación de algunas parles de aquella tierra, con
las armas sirviendo á Dios y al su Rey, como su ca-
pitán y vassallo (Prohemio del libro I, de la 1." Parte
de la Ilist. Gen. y Nat. de Jnd.). •
El obispo de Ciudad Real de Chiapa , añade sin
embargo: «Llamaba también sus indios los repar-
wtimienlos que tenia sojuzgados con las violen-
«cias y entradas que se han referido arriba , en las
»quales y en los robos que por ellas se hacían, tenia
«Oviedo su parte, como la tenia Pedrarias que des-
«gobernaba la tierra , y los otros oficiales del rey
«con el Sr. obispo». Mas adelante proseguía las Ca-
sas : «Solo vido (Oviedo) y se halló y participó en
«las tiranías y destruycion de aquella Tierra-Firme
«9Ínco años que en ella estuvo , según queda dicho,
«de los males y perdición que hizo é ayudó á hacer,
«concedérnosle que será muy cierto testigo ; mas
«no dice él ni decía cosa delios , sino en quanlo
«fuere de infamia y en detrimento de los indios y
«en excusación y justificación de sus crueldades y
«de sus consortes, y ambición y cudicia» [Hist. Gen.
de las Indias, libro III, capítulo 141). Una ob-
servación sola bastará para desvanecer todas estas
acusaciones: Oviedo llegó á la Tierra-Firme en ju-
nio de 1514, y no pudiendo sufrir los desmanes del
Pedrarias y del obispo , se partió para España en
octubre de 1515. ¿Cómo, pues, si estaba en Es-
paña y representando contra ellas , ejerció en el
Darien aquellas ominosas tiranías en los restan-
tes cuatro años? Por cierto que si Oviedo hubie-
ra sospechado que tan reverenda persona , como
las Casas , le habia de acusar con tal dureza y agru-
ra por haberse expuesto á mil peligros, desafiando
y arrostrando en tantas ocasiones la saña del Pe-
drarias y de los suyos , habria sin duda desmayado
en el meritorio intento que le trajo á España dos
veces , y que le movia en lo24 á fulminar tan seve-
ros cargos contra el gobernador de Castilla del Oro,
Lejos, pues, de disculpar las crueldades é injusli-
XLVIII
VIDA Y ESCRITOS
Mediado el mes de marzo de 1524, trasladó el Emperador á Burgos su corte,
cuyos pasos siguió el Veedor, resuelto, como estaba, á que se le hiciese justicia.
Pero al mismo tiempo que exponía ante el Real Consejo de Indias los cargos ya
indicados contra el Pedrarias y los suyos, esforzáb:inse doña Isabel de Bobadilla y
el bachiller Corral en contradecirle, procurando dar á entender al mismo Consejo
que seria grave inconveniente, para la conquista y posesión de aquellas regiones,
remover de su cargo al gobernador, cuya pericia é intehgencia eran grandemen-
te ponderadas. Andaban en todo el oro y las perlas de la Bobadilla, la cual, como
sobrina de la célebre marquesa de Moya, hallaba entrada en todas partes, y no ha-
cian menor efecto las gestiones del astuto bachiller, quien demandaba personalmen-
te á Gonzalo de Oviedo , para que le pagase los daños producidos en su hacienda
con el extrañamiento de Santa Maria del Antigua; acto que calificó el Real Conse-
jo de arbitrario, condenando al Veedor en cien mil maravedís, por no haberle
remitido, como debiera, al tribunal superior del Pedrarias. Abster>íase, sin em-
bargo, el Consejo de absolver á Diego del Corral de los dehtos castigados por Ovie-
do; y mientras entendía en proveer lo mas acertado, respecto de la gobernación
de Castilla del Oro, mandaba que, tanto el Veedor como el bachiller, se presen-
taran en tiempo oportuno á dar sus descargos ante el juez de residencia, que de-
bía pasar á la Tierra-Firme *^. Pero no desmayó Oviedo por este contratiempo,
que le acarreó mas bien su lealtad que su injusticia; y si halló castigo donde bus-
caba premio , no por eso se dio por vencido.
Iba entre tanto muy despacio el principal asunto que le había traído á España;
cias, de que habla las Casas, fué el mayor y mas
constante anhelo del Veedor el que llegaran á oidos
del rey y de su Consejo : esta gloria, puesto que lo
es, nadie puede disputársela, pues contra todo gé-
nero de declamaciones , aparecerá siempre la irre-
sistible fuerza de los sucesos y el irrecusable testi-
monio de los documentos que, como la Relación, he-
cha por Gonzalo Fernandez de Oviedo , de los ma-
les causados en Tierra-Firme por Pedrarias , son
bastantes á destruir cualquiera acusación mejor fun-
dada. Lo notable de lodo esto es que un hombre,
corry) don fray Bartolomé de las Casas , que vio á
Oviedo en Barcelona en 1319, ignorara ú olvidara
tan fácilmente todos los hechos sobre que habia do
recaer su terrible censura. Que esta , por injusta é
infundada que fuese, habia de producir nuevos
errores , lo prueba la lectura de los artículos biográ-
ficos de Oviedo que se han escrito fuera y aun den-
tro de España. Los autores de la Biographie uni-
verselle ancienne et moderne (tom. XXXII, pág. 310
y \i) ignorando enteramente las circunslancias de
la vida del Veedor, llegaron hasta el punto de lan-
zar contra él el siguicnie anatema: «L'abominablc
«lyranie d'Oviedo envers ees insulaircs, diminua
))Considerablement leur nombre en tres peu de temps;
))elpour se juslifier des cruautésqu'il exorcait envers
)>eux, il eul la mauvais foi d'avancer dans ses es-
» crils que les hailiens etainl disolus, mcchants et
))en tont dignes de rexterminalion». Esta calumnia,
á que da lugar el suponer que Oviedo fué al Nuevo
Mundo como Director de las minas de Santo Domin-
go, no se hubiera indudablemente formulado, sin la
injusta y arbitraria acusación de las Casas, quien no
se atuvo á la verdad de los hechos , como debiera,
para condenar á Oviedo c6íVa/o;pero propagado
el error sin correctivo alguno , asientan en nuestros
dias otros escritores , y entre ellos Mr. Ternaux, las
mismas imposturas manifestando que ail parait que
sa cruauté fit périr un grand nombre d'indigénes»
(Bibliothéque américaine, París, i837). Lástima es
que escritores españoles , curándose poco de la
verdad histórica , hayan repetido sin otro examen,
que Oviedo señaló su administración, comointcndcn-
tede Hayti, con exacciones violentas, y que para jus-
tificarse, calumnió á toda la población india (Diccio'
nario univer. de Hist. y Geog., Madrid, 184<S, to-
mo V, pág. 457).
Lo que en realidad sucede desgraciadamente, es
que por ignorancia de unos y por interesadas miras
de otros, se híi calumniado sin miramiento alguno al
Veedor de las fundiciones del oro de Tierra-Firme
en un asunto, en que su conducta le hace digno de
verdadero elogio.
n Hist. Gen. yNat. dclud., II.' Parte, lib. X,
cap. 20).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. IL
y aunque no apartó la vista de las cosas de América , volvióse al cultivo de las le-
tras para no consumirse en la ociosidad y esparcir el ánimo, fatigado en el labe-
rinto de querellas y demandas, réplicas y ratificaciones. Escribió entonces la
Respuesta á la Epístola moral del almirante de Castilla , obra en que bosquejó de
mano maestra el estado de las costumbres , considerando su corrupción como
principio y raiz de los males que aíligian al Estado ; recogió en sus diarios las no-
ticias del portentoso descubrimiento del estrecho de Magallanes, cuya relación
oyó al valeroso capitán é ilustre piloto Juan Sebastian del Cano ", que acababa de
dar la vuelta al mundo ; y cuando partió el César para Valladolid con el propósito
de asentar en aquella ciudad las capitulaciones del matrimonio del rey de Portu-
gal y de la infanta de Castilla , doña Catalina , habia logrado ya el laborioso Vee-
dor reanudar sus antiguas relaciones literarias , disponiéndose de este modo á
completar las noticias de los acontecimientos que habian acaecido en Europa , du-
rante su ausencia en el Nuevo Mundo.
Pocos meses hacia que Gonzalo de Oviedo moraba en ValladoHd , cuando re-
cibió una prueba inequívoca del aprecio con que el presidente del Consejo de
Indias miraba su lealtad, bien que no hubiera podido absolverle de la fal-
ta por él cometida en el negocio del bachiller Corral, excediéndose de sus fa-
cultades. Llamado el Veedor al seno del Consejo , supo alli de boca del car-
denal de Sevilla que pedia la gobernación de Santa Marta, renunciada por él
en Barcelona , el capitán Rodrigo de Bastidas , y que rehusaba el Consejo con-
cedérsela hasta conocer su voluntad , pues como antiguo criado de la real casa,
debia ser preferido á otro alguno. Mas recordando Oviedo que entre los capítulos
por él presentados , cuando solicitó aquella provincia , pedia cien hábitos de la
Orden de Santiago, aunque agradeció tan singular fineza, ya por no juzgar
decoroso el desistir de semejante demanda, ya porque realmente la creyera
necesaria á sus planes , insistió de nuevo en la pretensión , negándose á aceptar
tan honroso cargo, sin su otorgamiento **. Pero no era posible que el Real Conse-
jo de Indias concediera en 1524 lo que en 1519 habia negado como perjudicial á
los intereses de la corona: razones de alta política le aconsejaban lo contrario, y
reprobando la insistencia de Oviedo , mandó que no se hablase mas en el asunto
de los hábitos, con lo cual hubo de recaer en el capitán Bastidas la gobernación
de Santa Marta. Arrepentido tal vez ó deseoso de borrar el mal efecto que en el
Consejo produjo aquella especie de repulsa, se aventuró Oviedo á tentar fortuna,
solicitando la tercera gobernación de Castilla del Oro, apellidada de Cartagena,
comarca puesta al Occidente de la encomendada al Bastidas y no menos rica , por
la abundancia de sus metales y por la feracidad de sus campos. Escasa resisten-
cia encontró en el Real Consejo esta nueva pretensión , bien que estaba muy re-
ciente la negativa de Oviedo : sometíase ya este á las condiciones ordinarias im-
puestas á los demás capitanes y pobladores , y merced á esta circunstancia obtuvo
finalmente los títulos y despachos de gobernador y capitán general de Cartagena,
13 Quina. , III.» Parl., Esl. 6. i* Hist. Gen. de Ind., 11.» Parte, lib. VIÍ, cap. 3.
TOMO 1. 7
L VIDA Y ESCRITOS
aprobadas por el César las oportunas capitulaciones *\ Pero al mismo que asi cu-
raba de sus propios asuntos, no se mostró monos solicito en los que la ciudad del
Darien le tenia encomendados : profundamente convencido de que era fatal para la
Tierra-Firme la permanencia en ella del Pedrarias, estaba , pues, resuelto á soste-
ner su acusación, no dejando la corte hasta derribarle de nuevo, por mas que do-
ña Beatriz de Bobadilla apurase en contrario todos sus recursos.
Combatido el César de rebeldes fiebres, trajo en el otoño del mismo año su cor-
le á Madrid, con ánimo de restablecerse y pasar el invierno en esta villa. Daba
aqui Oviedo mayor calor á sus pretensiones, deseando poner término á tantos sin-
sabores y disgustos, como le ocasionaban , cuando los prósperos sucesos de la guer-
ra de Italia vinieron á despertar su amor patrio, ministrándole copiosos materiales
para sus proyectos históricos y empeñándole en nuevas tareas. En abril de 1525
llegaba á Madrid la fausta noticia de la victoria de Pavía y prisión de Francisco I,
siendo este monarca traido á la corte de España á los pocos meses, y puesto bajo
la custodia de Hernando de Alarcon en la famosa torre de los Lujanes. Oviedo,
en quien tan vivo entusiasmo causaban siempre los triunfos de las armas castella-
nas, concibió desde luego el patriótico proyecto de consignar aquel extraordinario
y glorioso acontecimiento; y siguiendo paso á paso los que sobrevinieron durante la
prisión del rey Francisco, desde su llegada á Madrid hasta su matrimonio con la
reina viuda doña Leonor , escribió la curiosa Relación de todos aquellos sucesos,
haciendo en ella frecuente alarde de la amistad y favor que entre los grandes y
principales cortesanos alcanzaba *®.
Convocadas en tanto Cortes generales del reino en la ciudad de Toledo , se vio
el nuevo gobernador de Cartagena obligado á trasladarse á aquella metrópoli, don-
de habia fijado también su residencia el Real Consejo de Indias. De vencida lle-
vaba ya las cosas del Darien, á tiempo que llegó á la corte el segundo presente
que desde Méjico enviaba Hernán Cortés al Emperador , dando pábulo tan des-
lumbradoras riquezas á la murmuración y á la envidia ". Pera Oviedo, que si aun
i 5 Hist. gen. y nat. de Ind. ut supra.
i6 Es notable verdaderamenle la facilidad con
que Oviedo lograba ingerirse on (odas partes, con-
trayendo amistad con todos los personages que por
su experiencia en las cosas de la corte ó de la mi-
licia , podían contribuir con sus relaciones á sus co-
losales proyectos históricos. — No bien habia llegado
á Madrid Rodrigo de Peñalosa, portador de la nue-
va de la victoria de Pavía , cuando se contó Ovie-
do en el número de sus amigos, adquiriendo noticias
circunstanciadas de la batalla y traslados de las car-
las , que el Marqués de Pescara y la reina Luisa de
Francia dirigían al Emperador. Lo mismo sucede
con todos los acontecimientos que en esta Relación
comprende: en octubre de •1525 entraba en Toledo
el Gran Maestre de Rodas, Felipe de Ladislan: Ovie-
do ganaba á los pocos días el afecto de uno de los
cuarenta caballeros que le seguían, y recogía en sus
memoriales la narración del asedio y pe'rdida de
aquella isla. De esta manera es, pues, como se com-
prende que pudiera atesorar tantas y tan peregrinas
noticias sobre los principales sucesos de su tiempo,
y asi también es fácil apreciar las siguientes pala-
bras del mismo Oviedo respecto á los mencionados
en esta relación : ((Desde el mes de diciembre de
»1523 que yo llegué (á la corte) de España, vinien-
))do de las Indias, hasta el año do ío26 que elEm-
«perador, nuestro Señor, partió para Sevilla, yo
«residí en la corte de Su Magostad, y pude bien
))ver é considerar algunas cosas é passos de lo que
wsubcedió en aquellos tres años , como lo tengo dl-
))cho , porque con mucha diligencia procuré de In-
wquirirlo». {Relac. de lo sube, en la prisión del rey
Francisco de Francia, etc., Blbliot. Nacional, có-
dice X, fol. 81 vto.)
il Hist. gen. y nat. de Ind., III. ' Parte, lib. VI f,
capítulo 33.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LI
no sabia lodo el precio de las hazañas de Cortés, conocia por experiencia propia
los grandes trabajos y penalidades de América , oyó enojado las murmuraciones
cortesanas, que lejos de abatir su ánimo, engendraron en su pecho el deseo de
examinar de cerca y quilatar los sucesos de tan prodigiosa conquista. No podia esto
llevarse á cabo desde España , por lo cual activando el despacho de los negocios de
la Tierra-Firme, pensó de esta manera apresurar su viage; mas no era llegada
todavía la hora de triunfar de doña Isabel de Bobadilla y sus valedores , quienes
oponian la mas constante y vigorosa resistencia á los tiros de Oviedo. Procurába-
se á la sazón en el Real Consejo de Indias poner en claro el tratamiento que á
los americanos debia darse , cosa en que personas de alta virtud y ciencia anda-
ban discordes, y que por tanto llamaba seriamente la atención del César. No eran
por cierto los religiosos que en el Nuevo Mundo moraban los que mas avenidos
se hablan mostrado en esta parte : prontos á defender hoy lo que ayer era por
ellos vituperado , ofrecían en su conducta el misero contraste de la soberbia y fla-
queza humana, manifestando en aquel fácil trocar de opiniones que no era siem-
pre el amor del prógimo ni la caridad evangélica el móvil de sus acaloradas dis-
putas. Oviedo fué también llamado por el Consejo de Indias á dar, bajo juramento,
declaración sobre asunto de tanta importancia , y aprovechando esta coyuntura pa-
ra ratificarse en cuanto tenia expuesto sobre el mal tratamiento délos indios, con-
denó á los cristianos , que pensando solo en enriquecerse , los oprimían cruelmen-
te, asolando y despoblando vastas regiones, sin curar de su conversión y ense-
ñanza. No sospechaba que esta noble conducta habia de atraerle, aun después de
muerto , enemistades y anatemas ".
i 8 El obispo de Chiapa decia sobre esle punió en mas de lo juslo las variables opiniones de los domi-
su Historia general de Indias: «Se cegó también nicos y franciscanos de la Isla Española , cosa que
«(Oviedo) por la permisión divina á que diesse eré- ni afirma ni contradice el obispo de Chiapa , debió
wdilo á los que le referían mentiras y él también de manifestar lo mismo que tenia dicho en su Relación
Msuyo las dixesse, sin creer que las decia; y con contra Pedrarias, para no contradecirse y dcsacre-
Mcsta ceguedad dixo en el libro III, capítulo 6.° de ditarse; y al referirlo en el lugar alegado, da á
))su primera parte historial, que dos veces que se entender de una manera inequívoca que reprobaba
»halló en Castilla , en el aíío veynte y cinco y en el aquel dar y lomar de pareceres, de los cuales rc-
»de Ireynta y dos, por mandado del Consejo de las sullaba unas veces que los indios no carecían de al-
))Indias le fué tomado juramento de loque sentía ma, á semejanza délos demás hombres, y otras
Mdestas gentes y que habia depuesto que eran llenas que no eran seres racionales. Oviedo escribe, des-
nde abominaciones y delictos y diversos géneros de. pues de referir el llamamiento del Consejo : «Assi
y)culpas y que eran ingratíssimos y de poca memoria «que, yo me remito á estos religiosos dolos, des-
»y menos capacidad; y.' sí en ellos hay algún bien, «pues que estén acordados: y enlre tanto esté so-
mos en lanío que llegan á la edad adolescente, por- »bre aviso quien indios tuviere para los tratar co-
uque entrando en ella, adolescen de tantas culpas y »mo á próximos é vele cada cual sobre su conscien-
))vicíos que son muchos dellos abominables : y que «cía». Mas adelante prosigue : «Para mí yo no ab-
))si en aquel mismo dia en que juró, él estuviera en wsuelvo á los chripslianos que se han enriques9¡do
«el artículo de la muerle , en verdad (dice él) aques- »ó gozado del Irabaxo destos indios , sí los mrJ-
»lo mismo dixera. Estas son sus palabras». (Lib, 111, «traclaron ó no hicieron su diligencia para que se
cap. 142.) Oviedo no dice en el lugar citado ni en «salvasen». — De donde y de toda su historia se dc-
olra parte alguna que pronunció ante el Consejo de duce cuan injusta y gratuita es esta acusación,
Indias las palabras que las Casas le atribuye: como en que no se descubre por cierto aquel espíritu que
apreciador imparcial de las costumbres . capacidad debe animar á quien busca solo la verdad, con el íln
é inclinaciones de los indios apunta las buenas y noble y sincero de esclarecerla ; pues que se alri-
las malas cualidades que en ellos descubre ; pero buye á Oviedo hasta la fórmula de una declaración
cuando se presenta al Consejo , respetando r.caso que absolulamenle se desconoce. Les Crsas reunió
ill
VIDA Y ESCRITOS
Al cabo Io<yi*aba el nuevo gobernador de Cartagena salvar la Tierra-Firme de
la Urania del Pedrarias : el Real Consejo de Indias consultaba al César su des-
titución , designando para sucederle á un caballero de Córdoba , llamado Pedro de
los Ríos, cuya antigua nobleza y buen nombre hicieron concebir al Veedor las
mas halagüeñas esperanzas. Mas despachado y pronto para volverse á América,
vino á detenerle en Toledo una obligación nueva respecto del Soberano *^ : ha-
bíale este manifestado el deseo de conocer las cosas del Nuevo Mundo, y Ovie-
do , para quien semejantes indicaciones eran supremas leyes , habiendo dejado en
Santo Domingo sus memoriales y minutas ^ , acudió á su prodigiosa memoria pa-
ra complacer á su rey , presentándole al poco tiempo el Sumario de la Natural
Historia de las Indias , que fué impreso en Toledo por mandado del César en
1526 ^'. A principios del mismo año fuese el Emperador á Sevilla, para cele-
brar sus bodas con doña Isabel de Portugal , siendo recibido en aquella populosa
metrópoU con extraordinaria pompa y regocijo. Tuvo alli Oviedo la satisfacción de
ver nombrado gobernador de Castilla del Oro á Pedro de los Rios , á quien ofre-
ció luego su amistad y servicios ; y empeñado mas que nunca en seguir su justicia
contra el Pedrarias y los suyos , se embarcó el 30 de abril en la misma caravela
del nuevo gobernador, donde halló acaso al bachiller Diego del Corral , que se di-
rigía á la Tierra-Firme , en cumplimiento de lo ordenado en Rurgos y Valladolid
por el Real Consejo de Indias.
Salidos á la mar, tocaron en la Gomera el 51 de mayo, y tomadas alli las co-
sas necesarias , prosiguieron su viaje , haciendo escala en la isla Dominica , don-
de se detuvieron tres días, para reparar una de las caravelas que iba lasti-
mada y abastecerse de agua y leña, no sin tener algunas ligeras escaramuzas
con los indios ^. El 30 de julio arribaron por último al Nombre de Dios , pose-
sionándose alli de sus oficios el gobernador Pedro de los Rios y su alcalde mayor,
el licenciado Juan de Salmerón, que iba también nombrado juez de residencia.
No había este comenzado á ejercer su ministerio , y ya el bachiller Diego del
Corral , que durante la navegación se mostró reconciliado con Oviedo , presen-
todas las calificaciones adversas á los indios que
había hecho Oviedo^ y con ellas formó la supuesta
declaración , de que solo él puede ser responsable
en el tribunal de la Historia. Véase, en prueba de
todo lo dicho, el cap, 6 del lib. Ill de la I.^ parle
de la Gen. y Nat. Hist. de Indias.
19 Al final del proemio que puso al Sum. de
la Nat. Hist. de las Ind., decía: «Pero porque ya
«estoy despachado para volver á aquella tierra é yr
))á servir á Vuestra Magestad en ella, sí no fuere
Mían ordenado lo que aquí será contenido ni por tan-
wla regla dicho, etc.» De doiiÜL- naliuTilmente se
deduce que cuando se le encargó este trabajo estaba
ya consultada la destitución de Pedrarias Dávila.
20 «Demás desto (decía Oviedo, hablando de sus
«trabajos historiales, compilados después en el Ca-
víálogo Real de Castilla), tengo aparte escripto todo
))lo que he podido comprender y notar de las cosas
»de Indias ; y porque todo aquello está én la cib^
))dad de Sánelo Domingo de la Isla Española, don-
»de tengo mi casa y asiento y muger y hijos , y
))aqui no Iruxe ni hay desla cscriplura mas de lo
))que en la memoria está é puedo della recoger, de-
wlermino para dará Vuestra Magestad alguna re-
ncreacíon de resumir en aqueste fíeportorio algo de
))lo que me pares9e que aunque acá se haya escrip-
»lo, y testigos de vista lo hayan dicho, no será tan
«apuntadamente en todas estas cosas , como aqui se
wdirá». (Prohem. del Sum. de la Nat. Hist. de las
Ind.)
21 Hist. gen. y nat. de Ind. , I.* Parte, lib. 1,
Proh.— Lib. XIV, cap. 7.— Lib. XV, cap. 3.— IL^Par-
le , lib. X , cap. 26.
22 Hist. gen. y nat. de Ind., 11." Parle, lib. X,
cap. 22.
DE GON. FERN. DE OVIEDO. Lili
taba contra él una demanda de 8,000 pesos , cantidad á que ascendían los da-
ños que declaraba haberle causado en su hacienda, con la remisión á España;
mas dados por el gobernador de Cartagena sus descargos, y solicitada al par
la indemnización de los perjuicios que le originaron el Corral y sus amigos,
terciaron en el asunto honrados medianeros , quienes temiendo la destrucción
de entrambos , pudieron por fin avenirlos , poniendo en manos del juez Salme-
rón todas sus diferencias ^. Concertadas estas amigablemente , bien que con
grave pérdida de ambas partes , pusiéronse todos el 25 de agosto camino de
Panamá» á donde debia también acudir el Pedrarias, que era ido á Nicaragua,
para degollar á su teniente Francisco Fernandez , con no mas justicia que á
Vasco Nuñez de Balboa. Súpose entre tanto que enojado el vengativo goberna-
dor contra el Darien por el poder dado á Oviedo , é irritado contra este por su
inesperada fuga, habia pasado á aquella ciudad en setiembre de 1524 ^ sacan-
do de ella todos los vecinos , y dejándola expuesta á la saña de los indios cari-
bes , quienes dando muerte á los pastores y enfermos que alli quedaron , arrima-
ron fuego á las casas , que por ser de paja y madera , ardieíon fácilmente , sien-
do reducida á cenizas la fabricada por el Veedor en 1521 , y destruida igualmente
la preciosa heredad por él fundada , con lo cual desapareció casi toda su fortuna,
perdiendo mas de 6,000 castellanos **.
El dia 5 de febrero de 1527 llegó el destituido gobernador á Panamá » noti-
cioso ya de que iba á tomársele formal residencia de sus actos , si bien no tan
cumplida como el Veedor y los muchos agraviados desearan, pues que la Boba-
dilla habia alcanzado cédula del Real Consejo , para que solo se le pidiesen cuen-
tas del tiempo trascurrido desde la simulada residencia del licenciado Alarconci-
11o. Mas no fué esto parte para que dejara Oviedo de presentarse como querelloso,
23 Hist. Gen. de Ind., 11.* Parle, lib. X, c. 20. «obispo (don fray Vicente Peraza), díxole mucho
24 Peregrinas son por cierto las noticias que el »mal de aquella cibdad , y loóle mucho á Panamá y
dilig^ente Alvarez Baena da sobre este particular en wassi le sacó de alli y en público c secreto pro-
6US Hijos ilustres de Madrid: «En 1 SI 9 se hallaba, wcuró con los vecinos que se fuessen á Panamá y
»(dice) teniente de Pedrarias en el Darien, y le fué )>á Acia, diciendo que alli estaban perdidos y que
«orden para que despoblase aquella tierra y sacase »no avia alli indios que les pudiessen dar , é que en
))lo que habia y lo llevase á Panamá, como lo hizo, »las otras poblaciones los avia , é todos estaban r¡-
»y cada vecino levantó su casa ». Si del contexto de »cos , é que él los enriques9er¡a mas : é volvióse á
la misma Historia general y natural de las Indias no wPanamá él y el obispo. Desde á dos ó tres meses
resultase que ninguno de los hechos apuntados por «adelante se despobló el Darien por el mes de sep-
Baena pudieron acaecer, la seguridad con que los »lienibre del año de 1524... é quemaron (los indios)
expone podría acaso producir la duda aun en el ánl- »la mayor parte de aquella cibdad , y entre las otras
mo de quien mas seguridad tuviera en el conoci- »casas la mia , que era tal como en otra parte he di-
miento de los referidos hechos. Pero ni Oviedo es- ))cho , en la cual y en mis heredades y hacienda
taba en el Darien en 1519 , ni fué en aquel año te- «perdí mas de seys mili castellanos» [Hist. gcti. y
niente del Pedrarias, ni despobló este aquella ciudad nat. de Ind. , 11." Parte, lib. X, cap. ^2). No sa-
liasta 1324, ni se hallaba el Veedor en América, bemos, pues, á qué atribuirlos errores de Baena,
cuando se consumó semejante atentado , ni tuvo en que sigue en parle un doclo escritor de nuestros
él parle alguna directa ni indirectamente. Oviedo dias , diciendo: «En 1S19 se hallaba de teniente de
trabajó por el contrario para evitarla ruina de aquc- «Pedrarias Dávila en el Darien , donde hizo dislin-
lla población, en la forma que dejamos-manifeslado; «guidos servicios» (Navarrete, Colee, de Viag. esp.>
y al volver en d526 al Nuevo Mundo, escribía tomo I, Introd.). Mas sea cual fuere el origen de
lo siguiente: «Llegado el gobernador Pedrarias al estas inexactitudes, no nos es dado dejarlas sin el
«Darien , después que se ovo visto con el nuevo oportuno correctivo.
LIV VIDA Y ESCRITOS
poniéndole varias demandas personales, que ascendian á la crecida suma de 8,000
pesos de oro , lo cual redujo al Pcdrarias al extremo de buscar intercesores para
con el Veedor , quien resentido de las injurias pasadas, y receloso de que hu-
biera sido participante en los consejos del Zalduendo, se resistió por algún
tiempo á las súplicas de sus amigos. Deseaba, sin embargo, poner término á tan
enojosas contiendas , y viniendo finalmente á concierto , fué indemnizado por el
Pedrarias con setecientos pesos de oro y dos marcos de perlas, precediendo formal
juramento de que no hahia sido en dicho ni en hecho ni consejo para que el Veedor
fuese asesinado ^. Como prenda de seguridad común , y para evitar nuevas que-
rellas , celebróse entre ambos cierta concordia, autorizada por escribano público,
en la cual se imponia la multa de 2,000 pesos de oro al que primero la quebran-
tase ^^. Mas si levantaba mano de las cosas del Pedrarias , no desislia Oviedo de la
acción que contra los cómplices de Simón Bernal le correspondia ; y cuando ya se
preparaba á pedir justicia contra el deán, para lo cual habia traido de España es-
pecial provisión del Consejo , plugo á la Providencia librarlo de estas nuevas al-
tercaciones con el fallecimiento de Juan Pérez Zalduendo ^'.
Terminadas asi aquellas desavenencias , pensó Oviedo en disponerse para partir
• á Cartagena , y con este propósito rogó á Salmerón que le recibiese las cuentas
del resto de los bienes del adelantado Balboa , entregándose del corto alcance que
á favor del fisco resultaba. Ocupábase en esto con la mayor diligencia, cuando lle-
garon á Panamá las nuevas de que Rodrigo de Bastidas , enemistado con el Vee-
dor por cartas de malos terceros , habia saqueado la isla de Codego , apoderándo-
se de quinientos indios , los cuales fueron vendidos en Cuba , San Juan y la Espa-
ñola. Mucho enojo causó en el de Cartagena esta conducta del gobernador de
Santa Marta , que asi atrepellaba los mandatos del César , invadiendo el territo-
rio de agena gobernación , y maltratando tan impíamente á los indios que á otro
estaban encomendados. Era ya imposible, después de aquel atentado, el reanudar
la resfriada amistad del Bastidas ; y aunque habia gastado parte de su hacienda en
apercibirse para la jornada , se dirigió Oviedo al Emperador y á su Consejo de In-
dias, quejándose amargamente de tan desleal proceder, y renunciando al propio
tiempo la gobernación de Cartagena, cuya comarca se habia puesto en armas con
aquel incalificable rebato ^'. Despedido asi de semejante empresa, tornó Gonzalo
Fernandez de Oviedo á ejercer el cargo de Veedor de las fundiciones del oro,
2o Hist. Gen. «/ iVaí. de /ñd., lí." Parte, lib X, Mlraicion» (Hist. gen. y nat. de Ind., ut supra) ^
cap. 24. 28 Después de referir Oviedo la invasión que hi-
26 Ib. zo Rodrigo de Bastidas en la provincia de Cartage-
27 « Quedábame (dice Oviedo ) mi recurso con- na , añade: «Como yo supe aquesto en la cibdad de
»lra aquel deán ; é yo llevaba provisión para que «Panamá , escrebí á Sus Majestades é á los señores
))fuesse con él oydo ajusticia: é quando en ellaqui- «del Consejo Real de Indias , quexándome de Bas-
»se entender, se murió, é quiso Dios que lacuen- »tidas; é despidiéndome de la gobernación, supli-
))la que yo pensaba pedirle, la diesse allá ante su di- ).qué que la diessen á quien fuesse su servicio, aun-
»vina Magcslad, á la cual plega averie perdonado: »que avia gastado dineros, comencando á aparejar-
wque en verdad él me hizo mucliodaño, y como era »me. E assi enojado, alcé la mano de la ncgocia-
whombre idiota y sin letras, él se movió por consejo »9Íon)) {Ilist. gen. y nat. de Ind. , 11." Parte, lib. Vil,
))de aquel bachiller Corral , para me hacer matar á cap. 3).
DE GON. FEUN. DE OVIEDO.
LV
de que aun no se habia desprendido , y deseando salir del teatro de sus desgracias
é infortunios , pasóse á la gobernación de Nicaragua , que desempeñaba enton-
ces su deudo Diego López de Salcedo , permaneciendo alli sin contratiempo algu-
no , hasta que vino á inquietarle de nuevo la presencia de Pedrarias Dávila ^.
Mucho trabajó y logró la Bobadilla en el Consejo de Indias desde abril de 152G;
pues que no solo hizo olvidar el mal efecto de los cargos, fulminados por Oviedo
contra su esposo, sino que, aun sin terminar la residencia de su gobernación de
Castilla del Oro , se le proveyese en la de Nicaragua , con daño y mengua del Sal-
cedo. Ofendió á este sobremanera tan desusado acuerdo del Consejo , y aun-
que pudiera resistir su ejecución , atendiendo á que no era todavia espirado el
tiempo de las capitulaciones, entregó el oficio al Pedrarias, quien al verse de
nuevo en el mando , olvidó la concordia de Panamá , molestando al Veedor , en
odio del Salcedo, con nueves disgustos y quebrantos. Escarmentado de las desave-
nencias pasadas, y advertido de que iba la edad aumentando la codicia y tiranía
del octogenario gobernador, resolvióse Oviedo á vivir lejos de él; y recorriendo
las ciudades de Granada y León y las poblaciones de Guacama, Teocatega, Ma-
nagua , Matinari y otras muchas , procuró completar de esta manera sus estudios
y observaciones sobre los árboles, plantas, aves y animales de la Tierra-Firme,
no perdiendo de vista el examen de los inmensos y pintorescos lagos de Xaragua
y de Lenderi , ni los maravillosos volcanes del Masaya ^.
Seis años se habian cumplido desde que dejó Oviedo su familia en la Isla Es-
pañola , sin que entre tantos afanes tuviese el consuelo de estrechar ni una vez en
sus brazos á sus tiernos hijos. Pasaba ya de medio siglo su existencia, y apagado
algún tanto en su pecho aquel espíritu aventurero que animó su juventud, reco-
nocía la necesidad del sosiego que solo puede á esta edad encontrarse en el ho-
gar doméstico; volviendo por tanto todas sus miradas á la ciudad de Santo Do-
mingo, á donde le llamaba el cariño de sus hijos y de su esposa. Resuelto, pues,
á dar la vuelta á Panamá , á fin de recabar de Pedro de los Ríos la oportuna li-
cencia para realizar su intento , embarcóse en el puerto de la Posesión á fines
de mayo de 1529; pero si daba el deseo alas á su imaginación, sobreviniéndole
eternas calmas en mitad del Océano , veíase siempre á igual distancia de Pana-
má, adoleciendo al cabo de penosas cuartanas, que hubieron de poner en riesgo
su vida. Dentro del golfo de Orotiña reconoció el maestre Juan Cabezas que no
ofrecía la caravela seguridad alguna para proseguir la navegación, dado que el
29 Hisl. gen. y nat. de Ind. , II.* Parte , libro X,
cap. 2d).
30 En carta dirigida por Oviedo al Emperador,
en 17 de julio de 1539, fechada en Santo Domingo,
manifiesta que el dia de Santiago de 1529 (25 de ju-
lio) observó por el espacio de cuatro á cinco horas
el monte é fuego de Massaya, é otro día siguiente vio
el lago de Lenderi que era cosa de mucha admira-
ción. Después añade: «Está en Nicaragua esse mon-
))te de Massaya ; mas hay otros montes que sale de-
wllos mucho humo , y en algunos tiempos fuego, é
«hay innumerable acufre por aquella tierra , é rios
))é arroyos calientes que salen de los dichos mon-
otes, assi como de uno questá cerca de la cibdad
))de León , dos leguas á par de la laguna grande, ó
))otros tres montes queslán juntos que se llaman Ma-
»ribios» (Real Acad. de la Hisl. , Coleo, de Muñoz,
lom. 81, A 108.— ///sí. gen. y nat. de Ind., III." Par-
le, lib. IV, cap. 4).
LVI VIDA Y ESCRITOS
viento se moviese; y forzados á tomar tierra en el puerto de Posessí, no sola-
mente encontraron comido por la broma el timón , sino también podridas dos ta-
blas del costado de la cara vela, siendo verdaderamente milagroso el que no se hu-
bieran sumergido en el mar , durante la travesía de cien leguas que llevaban an-
dadas. Reparado el barco , mas bien por la industria del piloto que por los medios
que el arte le prestaba , diéronse de nuevo á la vela , llegando á Panamá á los
cinco meses de haber salido de la Posesión , sin que hubiera triunfado Oviedo de
las tenaces fiebres que le persiguieron en todo aquel tiempo y que le molestaron
algunos meses después mas de lo que deseara '^
No sospechaba el Veedor que habia de encontrar en Panamá trocadas las cosas
de la gobernación de Pedro de los Rios en la forma en que estaban. La insacia-
/ ble codicia de su muger, doña Catalina de Saavedra, y la excesiva blandura de
su carácter fueron causa de que menudearan las quejas elevadas al Real Consejo
de Indias, acordando este enviar, para que le tomase residencia, al Hcenciado
Antonio de la Gama , el cual habia aportado á Panamá pocos dias antes que Ovie-
do. Un año duró la residencia de Pedro de los Rios, quien no creyendo justas las
resoluciones de la Gama, partió luego de la Tierra-Firme, para seguir su derecho
ante el Real Consejo, dejando en el Nuevo Mundo á la avarienta doña Catalina.
Disponíase con esto el Veedor á pasar á la Isla Española , cuando el Regimiento
de Panamá que tan claras pruebas tenia de su hidalga entereza , temiendo el favor
que gozaba Pedro de los Rios , le suplicó que aceptase sus poderes para represen-
tarlo en la corte, demanda á que hubo de ceder no sin repugnancia, pues que
harto ya de arrostrar sin fruto enemistades de poderosos , solo ambicionaba vivir
pacificamente en el seno de su familia '^. Al fin se embarcó Oviedo en los postreros
dias de setiembre de 1550, haciendo escala en Santo Domingo, para dar un abra-
zo á su esposa é hijos, y arribando prósperamente á la península ibérica á me-
diados de diciembre del mismo año.
Ardia por este tiempo en Alemania el fuego de la protesta, amenazando consu-
mir con sus llamas todo el Imperio; y deseoso el César de poner término á tan
crudas disensiones, procuraba, cual príncipe católico, reducir con su presencia á
los partidarios de Lutero; ardua y dificilísima empresa, cuyo éxito hubo de librar-
31 Hist. Gen. y Nat. de Ind. , I.' Parle , cap. 2. de Panamá es en la Hist. gen. y nal. de Indias : d¡-
III." Parle, lib. L, prohem. ce asi: «De alli (de Nicaragua) torné a Panamá,
32 En carta escrita al César por el Regimiento «donde estuve mas de un año, en el qual tiempo
de Panamá en 30 de junio de 1533 , se hacia refe- »hizo residencia Pedro de los Rios , porque se die-
rencia á este cargo de Oviedo, diciendo: «Hemos »ron del é de su muger tantas quexas en el Real
«suplicado otras veces con Gonzalo Hernández de «Consejo de las Indias , que no le turó el officio
«Oviedo y otros, á quien dimos poderes, varias co- «tres años.... Y en la verdad no dio la cuenta , co-
«sas, etc.» (Real Acad. de la Hist., Colee, de Muñoz, »mo á él conviniera, é fuesse á España en segui-
tom. 79, A 106). En la carta que dejamos citada del «miento de su justicia é dexú alli á su muger. E por
mismo Oviedo se aludia á la misma procuración con «ruego de aquella cibdad, como yo estaba para me
estas palabras : «Después venido ala Española y «venir á esta de Sancto Domingo, después que vol-
«enviado procurador á la corte por las cibdades de «vi de Nicaragua á Panamá , fui importunado que
«Sancto Domingo y Panamá , estando Vuestra Ma- «fuesse á España y acepté el poder, etc.» (11." Par-
. «gestad en Ralisbona, etc.» Pero donde no deja du- te, lib. X, cap. 2o).
da del objeto con que le dio sus poderes la ciudad
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
LVII
se por último á la suerte de las armas. Gobernaba entre tanto en España la Empe-
ratriz doña Isabel, asistida de don Juan Tavera, arzobispo de Santiago y presi-
dente del Consejo de Castilla , varón cuyo gran talento y extremada prudencia le
hablan conquistado, con el amor de los reyes, el respeto de la muchedumbre. En
Avila se hallaba la corte, á tiempo que Pedro de los Rios y Gonzalo Fernandez de
Oviedo llegaron de América , dirigiéndose entrambos á aquella ciudad , animados
de diverso propósito. Solicitaba el primero echar por tierrales cargos que contra
él aparecían : deseaba el segundo que aprobase el Consejo las sentencias del licen-
ciado la Gama; y para salir adelante con su intento, comenzó cada cual sus tra-
bajos, acudiendo al auxiho desús antiguos valedores. Traia Oviedo mejor causa,
y no era en consecuencia de extrañar que obtuviese también mejor fortuna : vista
la residencia de Pedro de los Rios por el Consejo , no solamente fué destituido
de la gobernación de Panamá, sino que se le condenó á pagar á la real cámara
derla suma de pesos de oro, prohibiéndole que volviese al Nuevo mundo ^^
Cumplido en tal manera el objeto de la procuración de Panamá, trató el Vee-
dor con igual diligencia de obtener el favorable despacho de los asuntos locales
que á su paso por la Isla Española le encargó el Regimiento de Santo Domingo.
Habia recogido en esta ciudad parte délos apuntamientos, que desde 1505 tenia
hechos para formar la compilación que en Toro le encargara el rey don Fernando;
y mientras alcanzaba la resolución de aquellos negocios, dedicóse asiduamente
al examen y coordinación de sus minutas y memoriales, dando por resultado de
sus largas vigilias la primera parte del Catálogo Real, que comprendiendo
desde la población de España hasta los reinados de don Juan II de Castilla y don
Juan II de Aragón, logró ver terminada en oO de abril de 1552, delarando al
propio tiempo que solo le faltaba sacar en limpio las dos siguientes ^*. Apre-
tábale entre tanto el deseo de poner término á sus peregrinaciones , y érale con-
trario á la salud el clima de España , acostumbrado ya á la templanza de Améri-
ca ^^ : movido de ambas causas , á que se agregaba su avanzada edad , determinó-
se á renunciar la plaza de Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Firme,
suphcando al Consejo que se dignara proveerla en su hijo Francisco González de
33 Ib.
34 «E lo acabe (el Catálog-o Real de Cas(illa) en
«Medina del Campo el postrero dia de abril de mili é
Mquinienlos é treinta y dos años: plega á Jhesu-
wChripsloque á su servicio y alabanca y para gloria
»y honor de España sea lodo lo qucstá dicho y que
»me dexe sacar en limpio la I! .'' y III.' Parle, pues que
))lo mas que en ellas se contiene está escripto por mí
))cn mis mili memoriales ; porque en la verdad hay
«muchas cosas que ver en lo que ha passado desdel
))rey don Johan II de Castilla y don Johan II de Ara-
))gon, donde aquesta parte se concluye hasta el
«tiempo presente» (Cód. del Escorial, fol. 427).
35 En el mismo Catálogo Real (fol. 13 vuel-
to) , decia : aDesde el año passado de mili é quj-
«nientos é catorce hasta el presente de mili é qui-
TOMO I.
«nienlos e' treinta y dos años, yo he servido á los
wCalhülicos Reyes passados é sirvo á Sus Mages-
))lades y tengo al presente mi muger é hijos en
«aquella tierra; y en este tiempo héydo y tornado
«tres ve9es y passado seis el gran mar Océano , y
«con la ayuda de Dios , piensso tornar á aquella
«patria nueva á usar el officio que allá tengo de
«Veedor de las fundiciones del Oro. Y piensso ya
«acabar de esta vez , volviéndome Dios á mi casa,
«mis caminos y peregrinaciones en ella, assi por-
«que mi edad no pide ya mas romerías , romo por-
«que España no me seria á mi proposito é salud tan
«convinicate, por los temporales della é desconvi-
«niencia del verano con el invierno , de los quales
«extremos las Indias carecen.»
8
LVlII
VIDA Y ESCRITOS
Valdés, joven que á la sazón contaba escasamente veinte y tres años. Mas no
solo obtuvo Gonzalo Fernandez de Oviedo la gracia que para su hijo habia pedido:
pagado el gobernador del Consejo de su incansable laboriosidad y justo aprecia-
dor de sus obras, propuso al César el nombramiento de cronista general de Indias
para Gonzalo, pensamiento que mereció la aprobación del rey, mandando que, co-
mo hombre consliluido para reposar, descansase ya en su casa, recoligiendo y escri-
biendo con mayor sosiego la comenzada historia de aquellas regiones '^ Seme-
jante distinción, que le restituia al seno de su familia, apartándole de la azarosa
vida que hasta entonces habia llevado , colmaba todos sus deseos y esperanzas.
Contento y satisfecho volvió, pues, al Nuevo Mundo en el otoño de 1532, siendo
recibido con singular aprecio por el Regimiento y ciudad de Santo Domingo,
cuyos encargos habia desempeñado con honra suya y provecho de sus nuevos
conciudadanos.
Bien pronto hallaron estos ocasión de manifestarle su gratitud y afecto. A prin-
cipios de enero de 1533 pasaba de esta vida Francisco de Tapia, alcaide de la
fortaleza de aquella ciudad; y mientras era designado por el César nuevo teniente,
pusiéronla en manos de Oviedo los oficiales reales y magistrados de la Audiencia,
seguros de que no desagradaría esta resolución á la corte ". En efecto; restituido
á España el Emperador, confirmó por cédula de 25 de octubre del mismo año el
nombramiento hecho en Oviedo, concediéndole todas las prerogativas y dere-
chos que habia gozado el Tapia ^^ Con igual fecha le escribia el mismo Soberano,
resolviendo las dudas manifestadas por él en carta de 17 de mayo, sobre la for-
ma en que debia remitir al Consejo los cuadernos de la Historia General y Nalu-
36 Dando Oviedo noticia de su renuncia del em-
pleo de Veedor y nombramiento de cronista escribe:
«Desde el año de mili é quinientos é catorce hasta
Mal que passó de mili é quinientos é treinta y dos,
«serví al Rey Calhólico , don Fernando y á la Ca-
«Ihólica é Sereníssima reyna , doña Johana , su
«hija y á la Qesárea Magestad, nuestros señores,
»de su Veedor de las fundiciones del oro en la
«Tierra-Firme; y Su Magestad queriendo que mi hi-
»jo , Francisco González Valdés , le sirva en el mis-
«mo ofíigio , le hizo merced del , por mi renuncia-
»cion é suplicación: y mandó que yo, como hom-
»bre constituido en edad para reposar, descansasse
«ya en mi casa, recoligiendo y escribiendo con mas
«reposo, por su Real mandado, estas materias é
«nuevas historias de Indias» {Hist. Gen. y Nat. de
nind. , I." Parte, lib. VI, cap. 8).
37 El Regimiento de Santo Domingo decia al
Emperador, en carta escrita á 23 de enero de 1533,
sobre este punto: «Murió Francisco de Tapia , le-
«nienle de la forfaleca desla cibdad, y su officio he-
«mos depositado en Gonzalo Fernandez de Oviedo»
(Real Acad. de la Hist. , Colee, de Muñoz , t. 79,
A. d06). El mismo cronista declaraba , al referir este
hecho , lo siguiente: «El qual (Francisco de Tapia)
»mur¡ó el año que passó de mili é quinientos é
«treinta y tres , y en tanto que la Qesárea Magestad
«proveyesse de alcayde de esla forlalcca , los oydo-
«res desta Audiencia Real é los officiales que Sus
«Magestades aqui tienen, la depositaron é pussie-
■»ron en poder del capilan Gonzalo Fernandez de
«Oviedo y Valdés, vecino desta cibdad , auclor é
«chronisla desta historia, como antiguo criado de la
«casa real» {Hist. gen. y nat. de Ind., I.* Parte, li-
bro IV, cap. \).
38 En carta, dada en Monzón á 25 de octubre
de 1533 , decia el Emperadora Gonzalo de Oviedo,
respecto de la tenencia del castillo de Santo Domin-
go, las siguientes palabras: «El depóssito que en
«vos se hizo de la forlaleca dessa cibdad , en tanto
«que mandáramos proveer della á quien fuéremos
«servido, me paresce bien; y con esta fecha os man-
«do enviar cédula, para que durante el tiempo que
«la luviéredes, se haga con vos lo que se hacia con
«el alcayde Tapia, en la paga de vuesiro salario y
«de la gente» (Real Acad. de la Hist., Colee, de Mu-
ñoz , lom. 91, A. 118). Desde este tiempo debe,
pues, ser considerado Oviedo como tal alcaide, sien-
do verdaderamente extraño que, tanto el erudito
Baena como el respetable Navarrete , aseguren que
no fué nombrado para este oficio hasta el año de
1533.
DE GON. FERN. DE OVIEDO. LIX
ral de Indias , obra á que se habia consagrado desde su vuelta á Santo Domingo
con singular empeño ^*. Mandábale el monarca al propio tiempo que enviase en
el primer navio , que para España saliera de la Isla , el cuaderno ó tratado, donde
se proponia demostrar , según tenia ofrecido , que pertenecieron las Indias en la
antigüedad á los reyes de Iberia ; empresa que acometida por Oviedo con menos
razón que patriotismo , despertó en aquellos dias el enojo de Fernando Colon , y
le atrajo después la ojeriza de los eruditos *^. Pero no se pierda de vista, para
comprender lo que la opinión de Oviedo significaba, el móvil que le impulsó á
formularla, fundándose en la inoportuna autoridad de Aristóteles, Ensebio, San
Isidoro , el Beroso y Teófilo de Ferrara. Habíanse levantado entre España y Por-
tugal graves contiendas sobre la línea divisoria de la conquista que á uno y otro
reino pertenecía en las Indias: nada se concluyó en la junta mixta de Badajoz,
celebrada en 1524, y mientras los reyes de ambas naciones temían ó esquivaban
el rompimiento , hacíanse españoles y portugueses cruda guerra , con no peque-
ñas vejaciones de los naturales y daño propio. Al fin se asentaba que des-
de las islas de Cabo Verde y las Azores , trescientas leguas al Occidente , se ti-
rase una línea de polo á polo , quedando asi definitivamente dividido el imperio
de aquellos desconocidos países. Mas insistiendo los portugueses en que les
correspondía todo lo del Oriente , designado á los españoles , exasperó esta pre-
tensión el patriotismo de Oviedo á tal punto, que para cortar aquella especie de
nudo gordiano, concluyó asegurando que las Indias se habian sabido y poseído au'
tiguamenle por los reyes de España **. Las pruebas que alegaba para convencerlo,
ni eran tan sólidas como pretendía , ni hicieron tampoco valedera en la corte
aquella opinión , que severos historiadores calificaron después de vana , dañosa y
lisongera *^. Justo es reconocer , sin embargo , que no podía ser mas sana ni pa-
triótica la intención de Oviedo.
Laudables fueron en tanto sus esfuerzos para poner la fortaleza , cuya guarda
se le había confiado, en verdadero estado de defensa. Habíala recibido en com-
39 El Emperador escribía: « Vi lo que me decís gun él mismo refiere (Nota 36); llamándonos por
»que se os mandó que cada año envíasedes al núes- tanto la atención el ver la seguridad con que Alvarez
))tro Consejo Real de las Indias un traslado de todo Baena y después el sabio Navarrele asentaron que
»lo que tenéis escriplo y de todo lo que fuéredes fué electo, para desempeñar aquel cargo, después
wacrescetando , y que mas creéis que se os mandó de 1S3S. Lo notable de todo es que tanto en el enca-
Mpor daros á entender que en lo que escribíades no bezamiento como al final de la I.* parle de la Histo-
))haya dilación , que no porque Nos ni nuestro Con- ria gen. y nat. de Ind., publicada en d533, se in-
Msejo queramos ver cada año una misma cosa, si titula Oviedo cronista de las cosas de las Indias , lo
Mcon lo que se acrescentare aveis de enviar también cual no vieron ú olvidaron sin duda aquellos apre-
))lo primero. Y porque nuestra intención es ver lo ciables escritores, cuando creyeron que se le habia
))que hasta aqui ha passado , y que se continúe lo conferido después de dicho año tan honorífico oficio.
»porvenir , me suplicáis sea servido que quanlo á lo 40 Hist. del Alm. de las Ind., don Cristóbal Co-
nde hasta aqui , lo enviéis de una vez, y que se va- Ion , escrita por su hijo don Fernando. — Historiad.
))ya acrescenlando lo que suboediere ; y pare's^eme primit. de las Ind. Occ, lomo 1, págs. 8 y 9 , co-
))bien que, como decís, lo vays enviando como fué- lumnas 2.* y 1.*
«redes escribiendo, sin tornar á enviar lo que una 41 Uist. gen. y nat. de Ind., I.' Parle, lib. II, ca-
BVez oviéredes enviado» {Colee, de Muñoz , to- pilulos 2, 3 y 8.
mo 91, A 118). No queda duda de ningún género de 42 Véase la nota de la pág. 1.^ de esta I." Parle,
que Oviedo era lal cronista desde el año 1532 , se-
LX
VIDA Y ESCRITOS
pleto abandono: sin armas, sin municiones ni pólvora , inútil hubiera sido inten-
tar la resistencia en caso de asedio, el cual no habria tampoco podido ser muy
duradero, pues que se carecia en el castillo del agua necesaria para soportarlo.
Oviedo reparó los muros, limpió y barreó los fosos, se abasteció de municiones
y de armas, abrió en la esplanada un ancho algibe, y llamó á la fortaleza un lom-
bardero acreditado, á quien señaló el salario de 20,600 mrs. , sueldo superior al
que disfrutaba él mismo como alcaide *'. Nada omitió en suma para hacerse dig-
no de la confianza de sus compatriotas y de su rey, sin dolerse jamás de su ha-
cienda, que como su vida, estaba pronta á gastarse en servicio de la repúbHca **.
Alentaba todos estos trabajos con tesón comparable solo al afán con que dedica-
ba sus vigihas al cumplimiento de sus obhgaciones, como cronista, cuando los inau-
ditos desmanes y tiranías de García de Lerma, gobernador de Santa Marta, vinie-
ron á llenar de escándalo al Regimiento y Audiencia de Santo Domingo , alte*
raudo la no gozada paz que tanto codiciara Oviedo. Noticioso este de las quejas
y formidables acusaciones que contra el Lerma fulminaban, asi los propios como
los extraños, habíale escrito en 1555, para apartarle con tiempo de la senda que
le llevaba al despeñadero; mas no hicieron efecto alguno aquellos amistosos avi-
sos, siendo cada día mas frecuentes y terribles los crímenes, de que se le culpaba.
Ni fueron por cierto mas eficaces las amonestaciones de la Real Chancilleria , la
cual ordenó por último que se le formara el oportuno proceso, de que resultaron
probados todos los robos , desacatos y maldades antes denunciados , sentencián-
dole á pagar al fisco gran suma de pesos de oro. Era , pues , necesario acudir al
Consejo de Indias, para que se impusiese al rebelde Lerma, la pena á que le hizo
acreedor su torcida conducta ; y el Regimiento y la Audiencia de Santo Domin-
go volviéronse al par al cronista, para suplicarle que admitiese los poderes del
-primero y el crédito de la segunda, demanda á que cedió Oviedo, vencido del
noble deseo de libertar aquella comarca de tan ominosa tirania ^. Partido para
España , arribó á Sevilla en el verano de 1554, á tiempo que disponía Gerónimo
de Ortal su expedición para el descubrimiento del Orinoco ^^ y llegado á la cór-
43 Curiosos son los pormenores que en carta de
31 de mayo de 1337, dirigida al Emperador, daba
Oviedo sobre el orden por él establecido, en el pago
de salarios de los que servían con él en la fortaleza
de Santo Domingo: «Mi salario (observaba) es de
»veynte mili mrs. y el del lombardcro veynte mili
«seyscienlos : el qual nunca tuvo alcayde alguno en
«esta, sino yo, llevándose los dineros: é llamaban
wlombardero á un negro, lo qual yo no tengo de
nhacer; pues de seys hombres otros, que se pagan
wá once mili seyscientos mrs. cada uno, no hay
«hombre que por ellos quiera estar en la fortaleca,
«ni puedep sostenerse con ellos en ninguna parte.
»Y para suplir aquesto págalo mi hacienda, porque
wninguno tengo sin le dar de comer demás del di-
«nero , y á lo menos básele de dar á cada hombre
«una carga de caíabí cada mes, que vale cada una
»un peso de oro, que son doce pesos en un año... E
wlongo demás desso qualro negros ala continua en
«casa : que si por estos no fuesse, no me podria va-
»ler, que en ninguna cosa de mi hacienda entien-
»den , sino en traer agua á la fortaleca los dos de-
))llos de la otra parte del rio, y en dos caminos se les
»va el dia , porque el agua del algibe es fecha cal y
»no para beber, etc.» (Real Acad. déla Hist., Colee,
de Muñoz, lom. 8 i, A 108).
44 En la misma carta de 31 de mayo de 1S37
anadia : «Concluyo con que lo que tengo es lo que
»me da de comer, y desto lo mas gasto en servir á
«vuestra Magostad; y assi gastaré lo que me que-
wdáre de la vidaé déla hacienda».
43 Hist. gen. y nat. de Ind., 11." Parte, lib. VII,
cap. 8.
46 Id. id. lib. V, cap. 7.
DE GON. FER. DE OVIEDO.
LXI
te , que se hallaba á la sazón en Valladolid , expuso ante el Consejo las causas de
suviage, presentando el proceso y sentencia contra elLerma, y logrando que se
designara al oidor Rodrigo Infante, para que le tomase residencia de todos sus ac-
tos. Garcia de Lerma murió al poco tiempo, agoviado bajo el peso de sus críme-
nes , sin que satisficiese las fuertes y numerosas demandas de sus agraviados, en-
tre quienes se contaban los oficiales reales , lanzados por el del territorio de San-
ta Marta.
No quiso Oviedo desaprovechar el tiempo ni el viage , y terminada la primera
parte de la Historia general y natural de Indias , presentó al Consejo los últimos
cuadernos por él escritos , solicitando su examen y aprobación , á fin de darlos
luego á la estampa con los anteriores. Pero los grandes sucesos que á principios
de 1555 turbaron la paz de la cristiandad, fueron sin duda causa de que no vie-
se cumplidos sus deseos tan pronto como apetecia. En 28 de febrero salia el César
de Madrid con el intento de dar calor á los grandes aprestos navales que se hacian
en el Mediterráneo contra el poder de Barbarroja, permaneciendo la familia real
en aquella villa , donde recibió el cronista nuevo testimonio de la predilección
con que se recordaban sus antiguos servicios. Deseaba por entonces el Emperador
que el principe don Fehpe se criase y sirviese como se habia criado y servido el
primogénito de los Reyes Catóbcos; y con este propósito dio orden á su partida
para que , oyendo á los mas ancianos caballeros de Castilla que ílorecieron en la
corte de aqliellos Soberanos, se estableciese la casa del príncipe. Muchos perso-
nages fueron consultados al intento, contándose entre ellos el respetable conde
de Miranda, don Juan de Estúñiga y Avellaneda; pero remitiéndose todos á Gon-
zalo Fernandez de Oviedo, cuya intimidad con el príncipe don Juan y cuya ex-
traordinaria memoria eran universalmente elogiadas , mandóle llamar don Felipe,
á fin de que informara á su ayo, don Fernando de Estúñiga, del orden y etiqueta
establecidos para la casa del malogrado príncipe de Asturias *^. Informó Oviedo,
como se le ordenaba, escribiendo una breve relación, donde consignó el régimen
y forma del servicio y cámara del hijo de Isabel la Católica, y abrigó desde en-
tonces el pensamiento , que realizó doce años mas tarde , de componer el pre-
cioso tratado de los Officios déla casa Real de Castilla *^.
Y no permanecía tampoco ocioso respecto de las demás tareas literarias por
él emprendidas ; declaraba en 1552, al concluir la primera parte del Catálogo
Real, que tenia ya entonces acopiados los materiales y aun estendidas las minu-
47 «En el año de 1535 en esta villa de Madrid,
»donde yo nasgí (docia al príncipe don Felipe) me
«hallé al tiempo que el Emperador, nuestro Señor,
))parliü desdella para efetuar la gloriosa empresa
))de Goleta é de Túnez en África.... é dende ádos ó
))lrcs dias que Su Magestad era salido de aquí , me
wenvió á llamar Vuestra Allcca, para que yo infor-
wmára á don Fernando de Slúñiga, Comendador ma-
))yor de Castilla, su ayo, c le dixesse lo que me
))acordasse de la orden que se tuvo en la casa ó ser-
w vicio del príncipe donjuán, mi señor; porque se-
wgund el Comendador mayor estonces me dixo, la
«voluntad del Qcsar fué que Vuestra Allcoa se crias-
»se é sirviesse de la manera que se crió é sirvió el
«príncipe, su tío ; é que por la información que el
«Comendador mayor tenia, todos aquellos con quie--
«nes habia hablado, inquiriendo lo que en este caso
))Se debia saber é inquirir, se avian remitido á mí é
«con ellos el conde de Miranda, don Juan de Stú-
»»iga é Avellaneda, su hermano, etc.« {Off. de la
Casa Real deCast., Introd.)
48 Introd. á la II.* Parte de los mismos.
LXII
VIDA Y ESCRITOS
tas de la segunda y tercera parle dé este importante monumento histórico ; y en
1535 se determinaba á darle cima, completando la relación de los principales
acontecimientos, desde la muerte de don Juan II hasta el año de 1534, en que la
cristiandad celebraba el advenimiento de Paulo III á la silla apostólica *®. Daba á la
segunda parte el titulo de Epilogo fíeal de Castilla, y apellidábala tercera con el
de Epilogo imperial y pontifical, formando de este modo la historia general de los
reyes de España, emperadores y pontífices romanos que hasta aquella edad habian
florecido. Aprobada entre tanto en todas sus partes la primera de la Historia gene-
ral y natural de Indias, y obtenido el privilegio del Consejo Real para su impresión,
encaminóse Gonzalo Fernandez de Oviedo á Sevilla, donde á fines de setiembre vio
terminada la edición de aquella obra , en que llevaba ya invertido el largo pe-
ríodo de cuarenta y tres años de no interrumpidas vigihas. El efecto que la His-
toria general produjo no pudo ser mas universal ni lisongero : poníanse en ella
de manifiesto los grandes misterios de aquella naturaleza tan rica y espléndida co-
mo desconocida por los sabios del antiguo mundo ; dábanse peregrinas noticias so-
bre la religión, los ritos, las costumbres de aquellos hombres, cuya existencia
se habia puesto constantemente en duda ; explicábanse las prodigiosas virtudes de
aquellos árboles y plantas jamás sospechados por los naturalistas ; hacíanse pinto-
rescas descripciones de aquellos lagos , ríos y montañas , en cuyo seno se escon-
dían tantos y tan maravillosos tesoros; y ponderábase finalmente el extraordi-
nario esfuerzo de aquellos primeros navegantes, que luchando con las 'olas en mi-
tad del Océano, habian logrado arrancar de las tinieblas la existencia de un mun-
do, llevando á tan remotas regiones los católicos estandartes de Castilla. Las
ciencias filosóficas y naturales, la medicina, la cosmografía, la náutica y aun la
milicia acudieron á la Historia general de Indias para pedirle enseñanza, logran-
do al poco tiempo ser traducida en las lenguas toscana y francesa , alemana y tur-
ca , latina , griega y arábiga , honra hasta entonces no alcanzada por obra alguna
moderna, y de que el mismo Gonzalo Fernandez de Oviedo se manifestó des-
pués altamente satisfecho ^.
49 Oviedo escribía en el mismo Epilogo: «Desde
))ei primer año que tuvo principio el reyno de Espa-
))ña hasta esle del nascimienlo de Chripslo de mili c
»quinienlos é Ireynta é cinco , en que esle Epilofjo
))y sumaria relación se escribe, son passados tres
))mill é septecientos años». En otra obra decia, alu-
diendo á esta segunda parte del Catálogo Real: «Y
))su Qesárea Majestad se quiso servir de aquel trac-
»lado , que era de quinientas ó mas hojas de marca
)>real , y desta mi mano y letra; y alli dixe lo que vi
))y alcancé de aquella bendita Reyna á su nielo, el
))año de mili é quinientos c Ircynla y cinco , al
«tiempo que Su Majestad Cathólica se partió para
«África, quando lomó lo de Goleta y Túnez» (Quinq.,
111.' Parte, Est. iO).
50 Hablando el mismo Oviedo del efecto que
produjo la publicación de la primera parte de su
Hist. gen. y nat. de Ind. , aseguraba que aquel li-
bro estaba ya en lengua toscana , y francesa, é ale-
mana, é latina, c griega , é turca, é arábiga, di-
ciendo: aunque yo la escrebi en castellano (11.* Par-
te, lib. XIV, cap. 54).
DE GON. FERN. DE OVIEDO. LXIII
IV.
Torna Oviedo por la quinta vez al Nuevo Mundo. — Envidia de Gaspar de Asludillo.— Muerte desastrosa de
Francisco González de Valdés. — Aparición de piratas en los mares de Ame'rica. — Proyecto de fortificación de
Oviedo.— Repara el castillo de Santo Domingo. — Ármale de gruesa artillería. — Emigración de los españoles
al Perú, — Funestos resultados para la Isla Española. — Procura Oviedo promover , con su ejemplo , el desar-
rollo de la agricultura. — Enfermedad peligrosa que en 134Í padece. — Intenta volver á España. — Suspende
su viage por mandado del César. — Alonso López Cerrato. — Sus arbitrariedades en el gobierno de la Isla Es-
pañola.— Es nombrado Oviedo procurador coíitra el Cerrato. — Llega á la corte. — Dificultades y obstáculos de
su procuración. — Retírase á Sevilla , mientras el capitán Alonso de la Peña pasa á Alemania, en busCa del
César. — Entrégase á las tareas literarias. — Vuelve á la corte sin fruto alguno, respecto de los negocios públi-
cos.— Restituyese á Sevilla. — Carta del infante don Fernando. — Llega Peña de Alemania , ya depachado. —
Peligros y disgustos de Oviedo en Santo Domingo. — Dedícase exclusivamente á los trabajos históricos. —
Remite al príncipe don Felipe las Quinquagenas. — Nómbrale el Regimiento nuevamente su procurador. —
Último viage á España. — Comienza la impresión de la segunda parte de la Historia de Indias. — Su muerte.
Ucho veces habia atravesado Oviedo la vasta extensión del Océano, cuando en
1555 dio á luz la primera parte de la Historia General y Natural de Indias *: im-
primíase el oO de setiembre el último pliego , y con igual fecha dirigia la dedica-
toria al cardenal don frey Garcia Jofre de Loaysa , no sin que recordara en ella su
cargo de procurador , pidiendo para las Indias prelados doctos y de buena casta , y
jueces íntegros y enemigos de codicia. Al fin daba en aquel invierno la vuelta á la
Isla Española, arribando al puerto de Santo Domingo sin contratiempo alguno
el H de enero del siguiente año de 1556 ^, siendo recibido por la Audiencia y
Regimiento como quien tan cumplida cuenta habia dado de la procuración , ya
atendiendo al bienestar de sus conciudadanos, ya promoviendo cuantos medios
favorecían el aumento de población en aquella ciudad é Isla.
Habia con este propósito suplicado y obtenido del Real Consejo de Indias cédula
1 Todos los escritores que bandado noticias receít; error en que hubo de caer el erudito Raena, si-
de Gonzalo Fernandez de Oviedo aseguran de una guiendo la autoridad de Quintana , Gil González, el
manera que no parece dejar entrada á la duda, que P. Sarmiento , don Nicolás Antonio , Pinelo y don
habia cruzado á su muerte, acaecida en 1557, ocho Lúeas Cortés (cuya preciosa Biblioteca publicó con
veces las vastas llanuras del Océano; y sin embargo su nombre Gerardo Herneslo), quienes por no
incurren en manifiesto error, cuando esto asientan. haber podido tal vez examinar las obras MSS. del
Oviedo, que en 153o publicaba la primera par- Alcaide de Santo Domingo, se atuvieron , sin mas
te de su Historia general y natural de Indias, se- examen , á lo que habia él mismo dicho de sus
gun queda apuntado, decia en el proemio de la viages en 1533.
misma, con este propósito: «Yo acumulé todo lo que 2 Refiriendo Oviedo la desgracia de Simón de Al-
))aqui escribo de dos mili millones de Irabaxos y cazaba y el mal efecto de su expedición á las regio-
))nes9ess¡dades y peligros en veynte é dos años é nes australes, dice: «Yo hablé en esta cibdad (Santo
wmas que há que veo y experimento por mi persona «Domingo) á estos que escaparon deste viaje y ar-
westas cosas , sirviendo á Dios é á mi rey en estas »mada de Simón de Alcaeaba, y su hijo era moco de
»lndias , y aviendo ocho veces passado el grande «trece ó catorce años; donde allegué á los once dias
ymar Océano^K Después del año citado de 1335 hizo «del mes de enero de mili é quinientos é treynla y
Oviedo los cuatro viages, de que damos noticia en »seys, tornando yo de España, después déla prime-
esta IV.* parte, siendo por tanto inexacto el supo- «ra inipression de la primera parle desla Historia»
ncr que solo habia paseado el mar Océano por ocho (II.* Parte, lib. III, cap. 3).
LXIV
VIDA Y ESCRITOS
y merced de 30,000 maravedís por vida para el primer vecino de Santo Domingo
que en una sementera cogiese cien fanegas de trigo ' , y era asimismo portador de
otras gracias y privilegios, encaminados todos á igual fm; pues que el descubri-
miento y conquista de otras regiones, despertando con sus riquezas la codicia de
aquellos habitantes, comenzaba ya á despoblar las feraces comarcas donde primero
asentaron su planta los españoles. Mas si el Regimiento y la Audiencia quedaron
satisfechos de la conducta del Alcaide, no faltaron hombres envidiosos y desal-
mados que intentaran malquistarle con los moradores de Santo Domingo y con la
corte de España , tildándole de haber procurado únicamente su provecho , y decla-
rando como ilegítimas las dietas que durante su residencia en la península había
disfrutado *. Pero estas quejas que osó elevar al mismo César el Veedor de las
fundiciones Gaspar de Astudillo, lejos de producir el efecto que este se proponía,
solo contribuyeron á poner de relieve la honradez de Oviedo, acarreando al Astu-
dillo la justa animadversión y desprecio que merecía por sus torpezas. A tal punto
llegaron estas, que dos años después dirigían al Emperador el almirante y regi-
dores de Santo Domingo las siguientes palabras : « Gaspar de Astudillo es hombre
«bullicioso y de mal vivir. Fué á essos reynos poco menos que desterrado , y tuvo
»maña para venir de veedor de las fundiciones , veedor del Audiencia y regido-
))res, tres officíos que con cada estaría contento qualquíer vecino honrado. El está
«procesado por varios delíctos y sentenciado á desdecirse públicamente ó ser
«traydo á la vergüenza; cosas que hacen infame. Por cierto fraude en quilatar
»el oro, mandó V. M. llamarle preso á esse Real Consejo y que el officio de vee-
»dor del Audiencia no lo tuviesse y se depositasse en el Alcayde Gonzalo Fer-
«nandez de Oviedo; pero no falta quien le sostiene. SupHcamos á V. M. provea
))sus officíos en otras personas dignas : que es afrenta para los buenos un tal hom-
»bre en semejantes empleos. Háse casado tres veces con tres mugeres, sacadas
de lugares públicos»^. Tal era en suma el detractor de Oviedo.
La favorable acogida que alcanzó en el Consejo de Indias la Historia general
y el éxito extraordinario que obtuvo en la repúbHca de las letras, eran en tanto
para el Alcaide nuevo y eíicaz estímulo , alentando mas y mas sus tareas históricas,
que iban tomando cada día mayores dimensiones. No satisfecho de lo publicado,
dedicóse desde su llegada á la Isla Españala á ilustrar con peregrinas é importantes
adiciones aquella primera parte , enriqueciéndola al par con la narración de los
3 Juan Ramos , escribano de número de la ciu^
dad de Sanio Domingo , que informaba en 31 de
mayo de ÍS37 al Real Consejo de Indias sobre la
necesidad de fomentar eficazmenle en la Isla Espa-
ñola la agricultura , decia entre otras interesantes
razones : « Píira aumento de población en esta is-
))la, seria lo principal que se cogiese pan y vino. En
))lo de las viñas se dá orden cómo dentro de poco
))haya cantidad de vino. En lo del trigo dio V. M.,
))á suplicación de Gonzalo Fernandez de Oviedo,
))cédula haciendo merced de 30,000 maravedís por
«vida al primero que en una sementera cogiese cien
«banegas». Esta importante concesión no llegó, sin
embargo á aplicarse (^árcA. gen. de Jnd., Cart.,l. 24).
4 Astudillo decia, hablando de la procuración de
Oviedo: «La cibdad poco provecho ovo , é se le de-
»bieran mandar volver los mili pesos que llevó de-
»lla mal llevados. Es mi enemigo , y fatígame de
«mili modos con relaciones y pleitos » {Arch. gen.
de Ind., Cart., leg. 24).
(5) Este importante documento , cuya fecha es
de 20 de julio de 1538, está firmado por el Almi-
rante y los regidores Diego Caballero , Francisco
Dávila, Alonso de la Torre y Alvaro Caballero
(Real Acad. de la IJist. , Colee, de Muñoz, tomo 81,
A 108).
DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO.
LXV
acontecimientos que sucesivamente acaecían y llegaban á su noticia. Ni descuidó
tampoco la prosecución de la segunda y tercera , valiéndose de la real cédula que
imponía á gobernadores y adelantados el deber de comunicarle las relaciones de
los nuevos descubrimientos , con lo cual ensancbaba insensiblemente el círculo
de sus tareas, bien que alejaba de esta forma el día de la terminación de las mis-
mas. Consagrábase á tan laudables estudios con admirable constancia, cuando
recibidas por él las relaciones de los descubrimientos y conquistas del mariscal
Diego de Almagro, halló en aquel peregrino documento la triste nueva de la de-
sastrosa muerte de su hijo. Seguía Francisco Fernandez de Valdés el ejército de
Almagro, como veedor de la Tierra-Firme, oficio heredado de su padre; y afli-
gidos los expedicionarios del hambre y del frió , tornábanse desde Chile la vuelta
de Catama, arrostrando en tan largo y penosísimo camino todo linage de tra-
bajos y privaciones , ya trepando inaccesibles montes , ya atravesando inmensos
desiertos , ya salvando con esfuerzo maravilloso pestilenciales pantanos. Llegaron
al rio de Arequipa, entrado el mes de noviembre de i 536, é iba tan hinchado y
furioso, que apenas osaban pasarle los mas valientes nadadores, temiendo con
razón el mariscal que llegara á desbaratársele del todo la gente con aquel
grande é inesperado peligro. Y no fué pequeña su amargura, en medio del ge-
neral sobresalto, al contemplar la catástrofe del veedor, que arrebatado de im-
proviso por la impetuosa corriente , luchaba en vano para ganar la opuesta orilla,
desfalleciendo al cabo y desapareciendo entre las olas. Imponderable sentimiento
asaltó á Oviedo al recibir en tan extraña manera aquel terrible golpe , contras-
lando solo la magnitud de su dolor con la piadosa conformidad cristiana que des-
plegó en tan duro trance. Contaba Francisco Fernandez de Valdés la edad de
veinte y siete años, y dejaba, al morir, dos huérfanos en poder de su padre,
quien no gozó tampoco en su vejez el consuelo de verlos crecer ambos á su lado,
pues que á los pocos dias de sabido el desastre del veedor, pasó á mejor vida
el hijo varón de este , cuando apenas rayaba en los cinco años *.
Pero si estas desgracias afligieron hondamente el ánimo de Oviedo, pagado á la
naturaleza el indispensable tributo, buscó en las tareas de la milicia la paz y sosie-
go interior que esta vez le habian negado las vigilias históricas, si bien jamás pudo
abandonarlas. Entregábanle en 1552 el castillo de Santo Domingo casi desmante-
lado y destruido, y procuró entonces con singular esmero fortificarlo: en 1555
exponía la necesidad de su armamento al Real Consejo de Indias , y juraba en
6 Al referir Oviedo el paso de! rio de Arequipa,
dice: «Se ahojjó en él el desdichado Francisco de
nValdés, veedor de Tierra-Firme , hijo del capitán
«Gonzalo Fernandez de Oviedo , chronista desla Ce-
ymeral historia de Indias; porque pueda mas al
«propóssilo dolerse con los demás, y le quepa lanía
«parle deslas desaventuras. Y porque su dolor no
ufuesse sencillo , le quedaron un niño é una niña,
«hijos del veedor: é desde á pocos dias después que
«supo la desventurada muerle del hijo ahogado, le
TOMO I.
«llevó Dios el nielo en edad de cinco años en esta
«cibdad de Sánelo Domingo de la Isla Española.
«Bendito sea Dios por lodo!... Y aunque, seyendo
«como soy hombre pasible , y la falta de tales deu-
«dos no puede dexar de lastimarme, sin duda la ma-
«yor pena que siento es llevar Dios aquel mancebo
«en la flor de su edad de veynte é siete años, con
«lal manera de muerle, etc.» {Hist. Gen. y Naf. de
Ind., III." Parte, lib. IX, cap. (i).
LXVI VIDA Y ESCRITOS
manos del doctor Beltran, decano del mismo, que solo pedia lo necesario ': des-
de sií vuelta á la Española ni un solo dia dejó de atender al reparo de la fortale-
za, aguijoneándole en semejantes faenas la aparición de algunos piratas que,
amenazando la seguridad de aquellas tierras, comenzaban ya á infestar los ma-
res de Occidente. Tal acontecimiento, que difundió en América grande alarma y
sobresalto , despertó en el Alcaide de Santo Domingo una actividad prodigiosa ; y
no contento con solicitar de nuevo para su castillo la artillería de grueso calibre
que desde 1535 tenia pedida ', reprodujo ante el Consejo el proyecto de fortifi-
car las islas y costas de la Tierra-Firme, levantando en el Nombre de Dios, Puerto
Belo, isla de Bastimentos, embocadura del Chagre, Cartagena, Santa Marta, es-
trecho de Magallanes y otros muchos puntos de no menor importancia, respeta-
bles fortalezas que pusieran tan ricas y dilatadas comarcas al abrigo de los corsa-
rios , haciendo asi temida y respetada en todas partes la bandera española *. Ni
olvidaba el celoso Alcaide la necesidad de formar algunas escuadrillas que anduvie-
ran reconociendo la mar constantemente , á fin de restituir la confianza á los mer-
caderes, que no osaban ya salir de los puertos **, y de evitar al propio tiempo todo
género de violencias y pillage. Mas aunque proponía Oviedo un plan vasto de for-
tificación, segundándolas instancias hechas por él los años pasados, no perdía de
vista que era su principal deber la custodia y defensa del puerto de Santo Do-
mingo, insistiendo una y otra vez en sus leales reclamaciones ". Había sido cau-
sa la impericia ó el abandono de sus predecesores de que al lado del castillo se
fabricaran algunos edificios , los cuales , sobre cerrar el puerto á la fortaleza , im-
pedían el que pudiese jugarse la artillería, para defenderlo de cualquiera agresión
extraña. No titubeó, pues, el Alcaide en proponer la demolición de aquellas ca-
7 En caria de 31 de mayo de 1537 decía Oviedo citados , eran Puerto-Rico, San Germán é isla de ía
al Emperador, respecto de este punto, «AI liem- Mona, donde podían tener fácil abrig-o los saltea-
))po que estuve en la corle de Vuestra Mages- dores y piratas : hablando de la isla de San Juan
))lad , el dolor Beltran , uno de los mas antiguos observaba que deberían levantarse varias fortalezas
))de su Real Consejo de Indias, en presencia de en loda la costa del Norte, procurando que fuesen
«todos los del Consejo , porque yo dixe en cierto de mas efecto que la comenzada á fabricar en Puer-
«memorial la nescessidad questa casa tenia é tiene to-Rico, de la cual afirmaba que aunque ciegos ta
»de armas e' municiones , me tomó juramento para edificaran, no la pudieran poner en parte tan sin
«que , só cargo del , dixesse las cosas mas nesces- provecho.
»sarias , porque no se liicíessen gastos excesivos, é 10 «En esle punto que escribo esta caria están
»yo dixe, só cargo de juramento , lo que me pares- wen esle puerto quatro naos cargadas, que lo que
«ció que no se podía excusar, é lo proveyeron» «llevan vale sobre cinqüenla qüentos, é no osan sa-
{Real Acad. de la Hist. , Colee, de Muñoz, tom. 81, »lír á la mar, porque hay nueva que andan ciertos
A. 108). «navios de fran9eses por aquí cerca».
8 En la misma carta , citada en la nota anterior, H Cuando en 1&35 estuvo Oviedo en Espai'ía,
escribía: «Ydo á Sevilla, los oficiales de la Casa de no solamente manifestó al Real Consejo de Indias
«contractacion me dieron creo que gínqüenta duca- cuanto habia hecho ya en beneficio de la fortaleza,
»dos , de que yo compré ciertas lancas é laucones, cuya tenencia le estaba encargada , sino que le ex-
, né hice hacer veynte barriles de pólvora é otras co- puso repetidas veces la necesidad de artillar y mu-
»sas de las que vuestro Real Consejo proveyó ; é nicionar dicho castillo , á fin de evitar cualquier
»dexé haciéndose quatro piceas de artillería para rebato. Sobre este punió son dignos de consultarse
«esta casa , y hasta agora ninguna cosa de todo ello los dos extensos Memoriales de Oviedo que se
»se ha traydo , ni tengo una arroba de pólvora». conservan originales en el Arch. Gen. de lud., Gob.
9 Los punios que, en concepto del ^'caide, de- de la Española , legajo 3, núm. i.
bian fortificarse en aquellas islas , ademas de los ya
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXVÍl
sas, levantadas por algunos magistrados de la Real Chancillería *^, ponderando
cuerdamente los peligros que amenazaban la ciudad é isla , si no se acudia pron- .
lamente al remedio. Nada proveyó sin embargo el Consejo en cuanto Oviedo so-
licitaba, teniendo acaso por exagerados los temores, que muy en breve justi-
ficaron las correrías hechas en 1537 y 58 por los piratas franceses, con grave
escándalo de aquellas tierras y notable perjuicio de la corona. Pasado ya el es-
panto de semejantes excursiones , y reconocida por el Alcaide la oportunidad de
sus demandas, escribia al Emperador sobre tan importante asunto en los siguien-
tes términos: «Lo que conviene, ante todas cosas, es que Vuestra Magostad mande
))labrar de hecho esta fortaleca en la punta adelante de donde agora está doscien-
))tos pasos, é que le quede todo su sitio franco é libre dende la casa del dotor
«Infante hasta la mar — é que en la otra punta del rio se haga una muy buena
»torre, donde esté constante vela é media docena de tiros — Hecha la fortaleca
»é torre ¿será por esso guardada esta isla?... Digo que no; porque no es menor
)>falta que en otras partes della, en especial en los puertos prencipales, assi co-
))mo en la villa de Acua é en la Savana é en Puerto-Real é en Puerto de Plata é
))Otras partes, haya fortalecas é recabdo en ellas; porque está visto que si una ar-
wmada de propóssito viniesse é se assentasse en qualquiera de los puertos, ¿quién
))les excusaria después de se enseñorear de parte de la isla y hacer guerra?» "
El Real Consejo de Indias mandó por último proveer de artillería gruesa el casti-
llo, cuya tenencia estaba confiada á Gonzalo de Oviedo **, sin que en lo demás
diese muestras de aceptar sus avisos, quedando por tanto* expuestos aquellos rei-
nos á la rapacidad extrangera, que no escaseó desde entonces Hnage alguno de
asechanzas.
Aumentaba también todos estos peligros la numerosa emigración- de los pobla-
dores que al reclamo de las riquezas del Perú , abandonaban tanto la Isla Espa-
cola como la de Cuba y San Juan, volando tal vez en busca de una muerte segura,
puesto que las discordias de Almagro y de Pizarro , traían yermadas y sangrientas
tan felices regiones. Reconocíalo de este modo el Alcaide de Santo Domingo , y ya
12 «Vuestras Mageslades (decía el Alcaide en 3 i «puede aprovecharse del artillería, como podría,
»de mayo de 1537) hicieron merced al lÍ9en9Íado »quitando las dichas casas. Apercibo dello á Vues-
wEspinosa de cierto solar dentro de los solares de la »tras Magestades, é digo que aunque las manden lo-
«fortale^a, é no se le debiera dar ni él pedirlo, por- »mar é pagar á sus dueños , conviene mucho á su
«que está la casa que en el solar que digo se ha «real servicio». {Real Acad. de la Hist., Colee, de
«fecho muy perjudicial, é es padrastro ella é otra Muñoz, tom. 81, A 108.)
))de un clérigo para esta casa de Vuestras Magesla- 13 Carta de 24 de mayo 1538, Colee, de Muñoz,
«des. Me di^cn que una vez las mandaron derribar tíí supra.
»é después cesó é se mandó otra cosa: yo digo á 14 «En el año de 1538 mandó la Cathólica Ma-
» Vuestras Magestades que quien les informare que no «gestad proveer de artillería gruesa é muy hermosa
«se deben quitar ó derribar las dichas casas , no mi- «esta fortaleca suya que está á mi cargo , é se tru-
»ra bien vuestro real servÍ9Ío, ni quiere questa casa «xeron culebrinas de á septenla quintales é mas
»sea lo que ha de ser ó no lo entienden los que tal «cada una, de bronce, é cañones de cinqüenfa é cin-
«dixeren. Ya el lÍ9enciado las vendió; é suyas ó «co, é medias culebrinas de á quarenta é algo me-
«agenas, é aunque fuessen mias, no dexaría de de- «nos». {Hist. gen. y nat. de Ind., 1.' Parte, lib. VJ,
»cir la verdad; porque quitan gran parte de la vista cap. 5.)
»de la mar é entrada del puerto á esta rortale9a é no
LXVIll
VIDA Y Escalios
que no le era dado evitar lo primero, movido de su lealtad éliidalguia, habia pro-
curado restablecer la antigua amistad é inteligencia entre aquellos conquistado-
res, mostrándoles cuan errados andaban en sus odios, con los cuales labraban
torpemente su perdición , atrayendo sobre sus cabezas la indignación de su rey y
el desprecio de los buenos ". Pero ningún efecto produjo esta patriótica solicitud
en el ánimo empedernido de aquellos capitanes, y Oviedo se creyó en consecuencia
obligado á dar noticia al Real Consejo de Indias de los escandalosos crímenes, que
inundando de sangre española el imperio de Atabaliba, arrebataban al comercio y
á la agricultura innumerables brazos, ofendiendo la moral y relajando todos los vín-
culos sociales con tan pernicioso ejemplo. Cundieron, pues, á tal extremo los males
de América y en especial de la Isla Española, ya aflijida por el azote de los piratas,
ya mermada por la furia de la emigración, ora abandonada de sus pastores, ora
desamparada de sus jueces, que después de baber clamado Oviedo por la vuelta
del prelado, solicitando la creación de un procurador mayor de la ciudad, el nom-
bramiento de cuatro jurados y la conservación del fiel ejecutor , oficio que se ha-
bia suprimido con poco acuerdo *^, exclamaba en esta forma, dirigiéndose al Cé-
sar el 24 de mayo de 1558: «La justicia de Vuestra Magostad ni se hace ni se
«cumple , en especial en esta isla é cibdad , donde nunca se paga cosa que se
»deba ni se castiga ladrón que haya, porque la Audiencia está sola con un solo oy-
))dor, viejo y heredado en la tierra y en el officio».
Y no mas grata perspectiva presentaron los negocios de la Isla Española en los
siguientes años , que gastó el Alcaide en la prosecución de sus trabajos históri-
cos ", sin apartar la vista de los cuidados de su tenencia, promoviendo al mis-
mo tiempo cuantas mejoras agrícolas le aconsejaba su talento observador y le
inspiraba el deseo de la prosperidad de sus compatriotas. Poseía Oviedo á ori-
llas delHayna, rio que pasaba á tres leguas de Santo Domingo, uno de los mas
pingües heredamientos de aquellas riberas; y deseoso de alentar con el ejemplo los
esfuerzos de los pocos labradores que el descubrimiento del Perú y Nueva Espa-
lo En caria escrita en Sanio Domingo el 2o de
octubre de í537 , dando cuenta al Real Consejo de
Indias de las desavenencias de Almagro y Pizarro,
observaba Oviedo: «Yo he escriplo á estos capita-
«nes lo que me paresce y quánta razón lernán
))Vras. Mrds. de los mandar ordenar, sino se orde-
»náren, y que miren muy bien quien los conseja y
»que por ningundinleresse ni pasión no se apar-
Mten de la paz ni den causa en un pelo en que Vues-
»lra Magostad sea deservido : é héselo escriplo muy
»á la verdad é mis cartas lo dirán , é como amigo
»quc los he Iractado é tuve hacienda antes quellos
»y no tengo nescessidad de ninguno dellos; y
»piensso que si me creyeren que ellos acertaran,
»y léngolos por hombres que no erraran en la vo-
«luntad ni en la obra el servÍ9Ío de Vuestra Ma-
wgestad , si malos consejeros no los hicieran errar».
Lo mismo repella en carta de 9 de diciembre de aquel
año) Real Ac. déla líist. C. de Muñoz, t. 8 1 , A. IOS).
16 C.^ría de 9 de diciembre de lo38. Colee, de
Muñoz, ut supra.
17 Al retocar el capítulo 7 del libro IV de la
I." Parte, dccia el Alcaide de Sanio Domingo: «Aqui
«llegué con esta materia, quando esto se escribía
»en limpio en fin de marco de 1339». En el capítu-
lo 20 dt'l libro VI de la íl.'' Parle observaba: «Ya
»todo lo que en estos Iraclados se acrescentáre
»desde aqueste año de i541 años ó poco antes, hade
»ser á la jornada, segund las cosas subcedieren y
»llegáren á la noticia del chronisla, hasta la impre-
»sion deslas historias». Al final del capítulo 16 del
hbro V de la misma parle , apuntaba: «Aqui llegó
»esla historia en el mes de agosto de lo45 años».
De donde claramente se deduce que no dejaba
Oviedo de acrecentar sus trabajos hislóricos sobre
las Indias , prosiguiéndolos con admirable constan-
cia, según observaremos adelante.
DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO.
LXIX
ña había dejado en la Isla, ensayaba el cultivo de cuantas plantas, frutas y cerea-
les juzgaba provechosos, logrando con frecuencia los mas satisfactorios resulta-
dos **. Divcrtia de esta manera los ocios de sus oficios, siendo al par consultado de
los capitanes y descubridores que pasaban por aquella ciudad en demanda de la
Tierra-Firme, cuando á principios de 1541 vióse acometido de aguda y penosa
enfermedad , poniéndole á los bordes del sepulcro y dejándole tan flaco y que-
brantado que hubo menester, para fortalecerse, de larga y esmerada convale-
cencia ^*. Restablecido ya algún tanto y temeroso de no poder dar á la estampa,
si le asaltaban de nuevo las fiebres, la segunda parte de la Ilisloria General de In-
dias, concluida en aquella sazón, solicitó licencia del Emperador y su Consejo para
venir á España con propósito de publicar lo escrito, obteniéndola tan cumplida y
pronta , como deseaba ; pues que el éxito alcanzado por la primera parte hacia
apetecible la impresión délas siguientes, en que deberian referirse maravillosos
descubrimientos y portentosas conquistas.
En 1.° de m^arzo de 1542 escribia Oviedo al virey de Nueva España, don An-
tonio de Mendoza, á quien tenia pedidas relaciones de lo ocurrido en aquellas par-
tes, rogándole que se sirviese remitírselas antes de mayo, á fin de utilizarlas
convenientemente en la edición que preparaba. Mostrábase el Alcaide resuelto á
no tornar á las Indias hasta dejarlo todo impreso ^"; y apercibido para el viage,
bien que no tan pronto como al virey. había manifestado , solo aguardaba ya el día
de la partida, cuando recibió tres cartas del Emperador, concebidas en unos mis-
mos términos, las cuales bastaron á desbaratar por entonces todos sus proyectos.
Avisábale el César desde Monzón, en 50 de agosto, de haber roto la guerra con
España el rey Francisco I, invadiéndolos Estados de Italia, y amenazando en-
trarse en la Península por la parte de Perpíñan , al propio tiempo que infestaba el
Mediterráneo con sus armadas y las de Barbarroja, su aliado, y alentaba á los
protestantes de Alemania, llamando al turco sobre Ungría. Preveníale en conse-
cuencia que atendiese con el mayor cuidado y vigilancia á la custodia del castillo
que le estaba encomendado y á la defensa del puerto y ciudad de Santo Domin-
go, mandándole que suspendiese su intentado viage, lo cual verificó Oviedo, co-
mo obediente y fiel vasallo , dedicándose desde aquel momento á reparar las forti-
ficaciones, á fin de que no le tomase desprevenido cualquier desagradable acon-
tecimiento ^*. Grandes temores combatieron el ánimo del Alcaide, durante esta
i8 Hist. Gen. y Nat. de Ind., 1.=' Parte, lib. Vil,
cap. i.
19 Hist. Gen. y Nat. de Ind., 1.=" Part., lib. IV,
cap. 23.
20 Dirigiéndose Oviedo al virey de Méjico en la
fecha citada le decia, hablando de su historia; «Yo
»tengo licencia del Emperador, nuestro señr r, pa-
nra llevar á Su Majestad Calhólica lo escriplo , y
Mes muy desscado en España é fuera della; y ando
«alistando mi partida , y espero con ayuda de Nues-
))tro Señor que será en todo el mes de mayo ; y no
»piensso volver acá hasta dejarlo todo impresso»
(Hist. Gen. y Nat. de Ind., II.* Parte, lib. XIV,
cap. 53).
21 ((Estando para partirme (escribe), res^ebí tres
«letras de un tenor ó duplicadas de la Cathólica
wMagestad, fechas en Monzón de Aragón, á los
Htreynta de agosto del año que passó de mili é qui-
wnientos é quarenla y dos, en las quales me man-
»dó que tuviesse el cuidado y vigilan9ia que Su
«Magestad de mi persona confia é como soy obli-
»gado, en la guarda é fortificación desta fortale9a de
))Ia cibdad de Sánelo Domingo , que á mi cargo es-
»lá, en que yo resido en su real servi§io; porque
LXX
VIDA Y ESCRITOS
nueva guerra , en que iban á reproducirse las antiguas pretensiones de aquellos
dos poderosos rivales que con tan denodado esfuerzo y tesón aspiraban al dominio
de Europa; y mientras las banderas españolas tremolaban victoriosas en Alema-
nia, Flandes é Italia, rechazando al par y desbaratando á los franceses, turcos,
alemanes y africanos, guardaba Oviedo celoso y entendido aquella preciosa llave
de América, dispuesto siempre é castigar con las armas toda invasión extraña, si
bien se dolia de que, por no haberse aceptado en años anteriores sus consejos, no
pudieran ahora presentar las islas y costas de Tierra-Firme igual resistencia. El
portentoso esfuerzo y corage de los españoles triunfaba por último de todos los
enemigos del César, comprando Francisco I la paz de Crespio, publicada en 9 de
setiembre de 1544, con la renuncia de todo derecho á los Estados de Italia y pa-
tronato de Flandes ^^.
En los primeros meses del siguiente año supo Oviedo la concordia asentada entre
el Emperador y el Rey, no mas duradera por cierto que las anteriores, y volvió des-
de luego á entender en su proyectado viage, enriquecidas la primera y segunda
parte de la Historia general y natural de Indias , con nuevos y mas peregrinos do-
cumentos ^'. Favorecía los deseos del Alcaide la necesidad en que la ciudad é Isla
se encontraban de reclamar justicia contra la dureza y arbitrariedad del licenciado
Alonso López Cerrato, enviado á fines de 1545 por el Real Consejo, para tomar
residencia á los oidores y presidente déla Chancilleria de Santo Domingo y gobernar
aquella provincia; siendo ya insufribles las vejaciones y demasías con que fatigaba á
sus habitantes. Movido el Regimiento de la afrenta y daño común, resolvióse final-
mente á elevar sus quejas á la corte, poniendo de relieve los vicisitudes y penalidades
que tenian reducida al último extremo tan envidiable comarca, y recordando las sú-
plicas délos años pasados, hasta entonces de todo punto infructuosas. Nombró con
este intento sus procuradores á Gonzalo Fernandez de Oviedo , de cuya lealtad y
entereza habia recibido tantos y tan claros testimonios , y al capitán Alonso de la
Peña, honrado y discreto regidor de Santo Domingo ^*, quienes recibidas las ins-
))la guerra está rompida , é fué principiada por el
wrey de Francia con la Cathólica Mageslad é sus
«reynos é señoríos. Y desla causa , como obediente
))é fiel alcayde é criado , cossé en mi camino . y po-
«niendo en efelo lo que el Emperador, nuosiro se-
»ñor, me mandó , lie oslado quedo, aguardando
))el liempo é su real servicio» (Hist. Gen. y Nat. de
Ind., IL" Parle, lib. XIV,' cap. 54).
22 El artículo octavo de la concordia de Crespio,
estaba concebido en los siguientes términos: «Que
))el rey (Francisco) haga cession é Iraspassacion rata
«firme , como la hizo en la concordia de Madrid y
wen otras , de cualquier derecho que pretenda tener
»al reyno de Ñapóles , Sicilia, Milán, condado de
»Arte, derecho de patronazgo que tuvo en Flandes,
))Artoes, Islas, Duaco, ürchiaco , Tornay, Mortan-
nga y San Amando» (Fray Prudencio de Sandoval,
Hist del Emjierador Carlos V, II. ° Parle, lib. XXVI,
párr. 27).
23 Explicando Oviedo las causas ya indicadas
de la suspensión de su viage, añade: «Assi estas
»malerias (la historia de Indias) se han suspendido
«quanlo á la impresión dellas ; pero hánse augmen-
»lado é cada dia cresoen en su discurso hisloríal»
{Hist. Gen. y Nat. de Ind., II." Parte, lib. XIV,
cap. 54). Lo mismo repite en otros muchos lu-
gares.
24 La ciudad y Regimiento de Sanio Domingo
escríbia al Consejo de Indias en 13 de julio de 1540:
«A lanías relaciones como esta cibdad ha hecho de
»los trabaxos y fatigas de qualro años á esta par-
»te y súplicas para su remedio, con el ausen-
»cia de Su Mageslad y otras ocupaciones, nada
»se ha provehido. Esta nuestra tierra está á punto
))de perderse. Enviamos procuradores al alcayde
«Gonzalo Fernandez de Oviedo, coronista de Su
»Magestad, y al capitán Alonso de la Peña. Favo-
wrczcánles Vras. Mrds. en sus pretensiones» {Rea
'DE GON. FERN. DE OVIEDO:
LXXI
trucciones del Regimiento y oportunas credenciales, salieron de la Isla Espa-
ñola entrado el mes de agosto de 1546, arribando á Sanlúcar en los últimos
dias de octubre , no sin que en la navegación dejaran de experimentar riesgos y
trabajos.
Mediado ya el mes de noviembre , llegaron el Alcaide y el capitán á la corte,
la cual estaba á la sazón en Madrid, causándoles hondo disgusto la ausencia del
César, que empeñado en las guerras religiosas de Alemania, tenia confiada la go-
bernación de estos reinos al príncipe don Felipe ^. Presentaron , no obstante , al
Real Consejo de Indias sus poderes, y procediendo con arreglo á la instrucción
que traian , le expusieron el lamentable estado en que dejaban la Isla Española,
grandemente acrecido con la publicación de las ordenanzas formadas en Vallado-
lid el año de 1542 ^^. Instaba el buen despacho de las pretensiones del Regimien-
to de Santo Domingo, entre las cuales no era la menor la remoción del Cerrato;
y para conseguirla , pusieron ambos procuradores en juego todo su antiguo vali-
miento. Anhelaba el Alcaide ganar la voluntad del principe, y noticioso de que no
le desplacería el ver amphada la breve relación que en 1535 compuso de su orden,
describiendo algunos oficios de la casa y cámara del primogénito de los Re-
yes Católicos, consagróse asiduamente á este trabajo, viéndolo terminado antes
de que pasase el príncipe al Aragón , donde pensaba tener cortes de aquel rei-
no ^' Oviedo aprovechaba la propicia coyuntura de presentar á don Felipe su
Acad. de la Hist., Col. de Muñoz , tom. 84, A. 121).
Narrando el mismo aícayde las arbitrariedades y
dureza de Cerralo, observa: «A mí no me eslá
«bien hablar en esío , porque la cibdad de Sánelo
«Domingo me envió á mí é al capitán Alonso de la
»Peña, por sus procuradores á España, é con su
«poder é instrucción, por el mal concepto que de
«Cerrato é de su riguridad la cibdad tenia» (Hist.
Gen. y Nat. de Ind., I.* Parte, lib. V, cap. 12).
23 «El año de 1546 fuy procurador desta cibdad
«de Sancto Domingo é Isla Española á la corte, é
«hallé en Madrid al Sereníssimo príncipe don Phe-
«lipe, nuestro señor, que gobernaba en ausencia».
{Quinq. , 11^ Parte. Est. 32.)
26 Las ordenanzas de Valladolid , aconsejadas
y solicitadas por don fray Bartolomé de las Casas,
si bien eran encaminadas á un fin santo y benéfico,
no por eso dejaban de ofender los intereses de los
pobladores de América. «Fray Bartolomé de las Ca-
«sas, frayle de la Orden de Santo Domingo, que fué
«obispo de Chiapa (decia el de Pamplona en su His-
ntoria de Carlos V), dio memoriales al Emperador,
«diciendo que los indios eran muy mal tratados de
«los españoles, que les quitaban las haciendas y
«las vidas cruelmente : que los ponían en minas y
«pesquerías y trabajos, donde perecían y las lier-
« ras se asolaban, como lo estaban ya grandes is-
»las. Apretaba fray Bartolomé de tal manera que si
«se hiciera lo que él quería, no fuera España se-
«ñora de las Indias. Opúsosele el doctor Juan Gine's
«de Sepúlveda, eoronista del Emperador y sucape-
«llan, hombre grave y doctísimo... Tuvieron disputas
«y conclusiones, y el Emperador por el celo santo
«que en todo tenía , mandó que ningún indio se pu-
«diesse echar en las minas , ni á la pesquería de las
«perlas, ni se cargassen, salvo en las partes que no
«se pudíesse escusar, y pagándoles su trabajo : que
«se tasassen los tributos que habían de dar á los es-
«pañoles : que todos los indios que vacassen, por
«muerte de los que agora los tenían , los pusiessen
«en la corona real : que se quitassen las encomien-
«das y repartimientos de indios que tenían los obís-
«pos , monasterios y hospitales , y otros officiales
«del reyno , y particularmente se quitassen en el
«Pírú á todos los que hubiessen sido parte y culpa-
«dos ea las passiones entre don Francisco Pizarro
«y don Diego de Almagro ; y estos indios y rentas
«se pusiessen en cabeza de Su Mageslad. Esta or-
«denanza se llevó muy mal y la ejecución della le-
«vantó las gentes del Pírú , etc.« (II." Parte, 1. XXIV,
párr. 24). Justo es reconocer que el celo que anima-
ba al obispo de Chiapa es digno de lodo elogio : lo
que no lo merece igualmente son los medios por él
cscogilados y propuestos al Emperador , lo cual
demostraron bien pronto los acontecimientos. Sen-
sible nos parece que para evitar la opresión de los
indios, se fuese al extremo de prodigar sin fruto al-
guno la sangre española.
27 En las Adiciones que en 1548 puso Oviedo á
los Offigios de la Casa Real {íol. 1), escribía: «En
LXXII VIDA Y ESCRITOS
curioso tratado de los Officios de la Casa Real de Castilla, para recordarle há-
bilmente los males que fatigaban la Isla Española, expresándose de este modo:
« É porque mi edad no es ya ni estos frios de Madrid (donde nasci) para hombre
«que há treynta é cinco años que está sirviendo á Sus Magostados é á V. A. é
»sus progenitores en Indias , suplico humilmente que en los negocios é nesces-
))sidades de la muy leal cibdad de Sancto Domingo de la Isla Española del mar
«Océano, por cuyo procurador estoy en esta corte de V. A., mande remediar
«aquella tierra con brevedad é que sea socorrida con tiempo con el favor é jus-
«ticia que en su nombre atiendo , y que el Real Consejo de Indias me despache,
«pues á ninguno vá tanto en la substenlacion é buena gobernación de aquella
«tierra como al ceptro real de Castilla ^^».
Nada alcanzó Oviedo por entonces , á pesar de este y otros esfuerzos no me-
nos acertados , en que hubo también de probarse la discreción del capitán Alon-
so de la Peña. Al fin se movia la corte de Madrid, encaminándose el príncipe
á Monzón, donde tenia convocadas las cortes aragonesas; y siguiéndole los Con-
sejos hasta Aranda de Duero, establecieron alli sus audiencias, á fin de estar
prontos al gobierno de Castilla, viéndose por tanto los procuradores de Santo
Domingo forzados á trasladarse á dicha población, para continuar sus comenza-
das diligencias. En Aranda permanecieron todo el resto del verano de 1547,
tiempo en que fueron resueltas por el Real Consejo de Indias algunas demandas
de la Isla Española, remitiéndose las mas arduas á consulta del rey don Carlos,
que en aquellos dias se hallaba en Augusta celebrando dieta del imperio. Seme-
jante determinación del Consejo advirtió al capitán y al Alcaide de la necesidad
en que estaban de acudir á Alemania , si habian de obtener verdadero resultado
de su procuración ; y como ni la edad ni la salud de Gonzalo de Oviedo le con-
sentian hacer aquel viage, conformándose ambos procuradores en que pasara
Alonso de la Peña á la corte del César, retiróse el Alcaide al Andalucia, huyen-
do los penetrantes frios de Castilla ^^.
Llegado á Sevilla, punto mas propio que otro alguno para la inquisición de
noticias de América , pues que la casa de contratación llamaba alli á los capi-
tanes, descubridores y mercaderes que del Nuevo Mundo volvian, dedicóse
á coordinar las relaciones que en Madrid le habia dado Alvar Nuñcz Cabe-
»el año de i53o en la villa de Madrid , donde ñas- en <5í6 formó el libro de los Officíos , aumenla-
))cí y me crié, envié al príncipe don Plieüpe una re- do en ÍSÍ8, según notaremos adelante.
«lacion de cinco ó'seys fojas , en que dixe breve-' 28 OffiQÍos déla Casa Real, etc., fol. 4, Cód., E.
«mente aquello de que yo me acordé , y creo que 20o de la Bibliot. Nacional.
»no fueron inútiles las cosas que aquella caria con- 29 «É cómo el año passado de 1S47 el príncipe,
Mlenia para la casa y ordinario servicio de Vues- «nuestro señor , dende Madrid se fué á tener corles
«Ira Alteza Después que en el mes de noviem- wen Aragón y los Consejos se fueron á Aranda de
))bre de mili é quinientos é quarenta y seys pro- «Duero, después que alli estuve despachado de al-
Mximo passado, llegue á esta corle, he sabido «gunas cosas é se remitieron otras á consulta de la
»que será Vuestra Alteza servido de mí, si re- «Cesárea Magostad, esperando de Alemania algu-
«novasse ó despertasse mi memoria, exercilán- »na respuesta de despachos é viendo que se lardá-
ndola en escrebir lo que loca á los offiQÍos de la «han, por mi edad, huyendo del frió , me fuy al
»Casa Real de Castilla , etc.» De donde se deduce «Andalucía». (Ib., íol. 23.)
«que en ío35 fué una carta ó breve relación lo que
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
LXXIII
za de Vaca , relativas á las expediciones de la Florida y Rio de la Plata , donde
tantas y tan inauditas fatigas habia padecido aquel valeroso y experimentado cau-
dillo '**. Amenizaba el Alcaide estas sabrosas tareas , trayendo á la memoria los
recuerdos de su juventud , y acaudalando con ellos el tratado de los Officios de
la Casa Real, no sin que procurase activar las negociaciones de su procuración,
manteniendo activa correspondencia con el capitán Alfonso de la Peña y con sus
amigos y valedores de Monzón y de Aranda '*. En estas ocupaciones gastó Oviedo
los restantes meses de 1547 y parte del siguiente, traduciendo también de len-
gua toscana la piadosa obra, titulada Reglas de la vida espiritual é secreta theolo-
gia , libro que impreso en el mismo año, bajo la inspección del traductor, obtuvo
el mas desgraciado éxito ^^. A principios de agosto debian reunirse en Valladolid
los procuradores de las ciudades para celebrar las cortes alli convocadas por el prín-
cipe don Felipe , quien á ruego de su padre , gravemente enfermo, se preparaba
á dejar estos reinos, encomendando su gobernación al principe Maximiliano, velado
ya con la infanta doña Maria. Supo el Alcaide que era esta la ocasión señalada por
el Emperador para montar la casa del principe de Asturias á la borgoñona, desau-
torizando asi la etiqueta grave y sencilla de los Reyes Católicos y olvidado el antiguo
proyecto de seguirla ; y deseando estorbar aquellas novedades , partióse luego á
Valladolid , donde presentó á don Felipe las Adiciones á los Officios de la Casa
Real, en que se completaba el cuadro del servicia y corte de aquellos esclareci-
dos monarcas. Ningún efecto produjo en esta parte la solicitud de Oviedo: el
dia 15 del referido agosto se comenzó el principe á servir á la borgoñona, repar-
tiendo los oficios de su palacio entre los mas ilustres magnates de Castilla ^^
Pero si vio el Alcaide malogrado el tiempo consumido en aquellas tareas y des-
deñado el generoso impulso que le sacó de Sevilla, no por eso fué inútil su pre-
sencia en la corte para su procuración y empresas históricas. Pocos dias pasaron
desde su llegada, cuando se recibieron en Valladolid las nuevas del levantamiento
y tiranías de Gonzalo Pizarro , quien desbaratado al fin por la constancia y pru-
dencia del presidente Pedro de la Gasea, habia sido degollado en el valle de Xa-
quixaguana, para escarmiento de traidores. Vinieron con estas cartas algunas re-
30 Hist. Gen. y Nat. de Ind., TI." Parle, lib. XVI,
cap. 7.
31 «E llegado á Sevilla, acordé de acomular
))otros Offigios de la Casa Real en el tiempo que va-
»caba c' me faltaba que escrebir é mensajeros para
«las inteligencias de Alemania ó Monzón é Aranda»
(Ad. á los Off., utsupra).
32 «E assi lo restante del año (d547) lo passc al
«fuego (en Sevilla) é lo que del venidero é presente
))de 1548 no hizo calor... lo gasté en esto (en escri-
»b¡r las adiciones á los Offigios) y en la impression
))de aquel devoto libro de las fíeglas de la vida espi-
nritual é secreta theologia , que yo passé é traducí
»de la lengua toscana en esta nuestra castellana: en
))lo qual el imprcssor ganó pocos dineros é yo nin-
» gunos; pero ambos despendimos bien el tiempo , el
TOMO 1.
»qual está de manera que no buscan los mas de los
»hombres libros que aprovechen al ánima, sino trac-
))tados que tengan essa y el cuerpo ocupados en leer
«devaneos, por su passaliempo , y es tan mal pas-
))sado , que es de averíos lástima á los que en essas
«vanas liciones gastan la vida» {Ut supra).
33 Cristóbal Calvete de Estrella, criado del mis-
mo príncipe don Felipe, docia sobreesté punto «que
el duque de Alva vino de Alemania con orden del
Emperador Carlos V para poner ki casa del príncipe
don Phelipc á forma y uso de la casa de Boryoña».
Después añade que los mayordonios del príncipe
(era el mayor el mismo duque de Alva ) salieron
muy galanes y muy ric; nenie vestidos , y lo mis-
mo los genlüos hombres de la boca y do la casa, etc.
{Viaae del pri'iríie don Phelipc, fol. 12).
10
LXXIV
YIDA Y ESCRITOS
laciones de todo lo ocurrido en tan sangrientas revueltas, apareciendo evidente
que habian sido principal causa de ellas las ordenanzas de Valladolid , contrarias
al bienestar de los pobladores, y la dureza y poco tino del virey Vasco Nuñez
Vela, vencido y muerto en Quito por elPizarro. Aprovechó Oviedo el mal efecto
de las ordenanzas para inclinar el ánimo del Consejo , que ya blandeaba , á su mo-
dificación, y con no menor diligencia adquirió en breve las relaciones remitidas
por don Alonso de Montemayor y otros pobladores del Perú, las cuales halló en
manos del magnífico caballero Pedro de Mejia, cronista, como él, del Empera-
dor Carlos V, y á quien le unian ya amistosos lazos ^*. Terminadas las cortes, sa-
lió el principe de Valladolid el 1.° de octubre, dirigiéndose á Barcelona con áni-
mo de pasar á Flandes, mientras tornaba Oviedo á Sevilla, para esperar allí la
vuelta del capitán Alonso de la Peña.
Desesperado de la tardanza , bien que atento siempre á recoger cuanto im-
portaba á la prosecución de la Historia general de Indias, cuya nueva impre-
sión habia suspendido , no solamente por la ausencia del Emperador , sino tam-
bién por el deseo de abrazar todos los sucesos que iban llegando á su noticia ^',
comenzaba ya á flaquear su constancia , á tiempo que recibió una carta del infante
de Castilla y Rey de romanos, en la cual le manifestaba el placer hallado en la
lectura de la primera parte publicada en 1535, rogándole al par que no levan-
tase mano de aquellas tareas, hasta cumplir lo que en la misma habia prometi-
do ^*. Fué esta súplica de don Fernando supremo mandamiento para el xVlcaide,
34 Hisl. Gen. y Nat. de Ind. III.' Parle , lib. XI,
caps. 10 y il).
3o No podemos menos de llamar la atención de
los lectores sobre un hecho que parece contradic-
torio de estos asertos y cuya explicación no es tan
fácil como deseáramos. Hablamos de la edición de
la 1.* Parte de la Historia general , hecha en Sala-
manca con estos títulos: aCrónica de las Indias. —
La Historia general de las Indias, agora nueva-
mente impressa, corregida y emendada, i 347 — y
la conquista del Perú». Es digno de notarse cier-
tamente que no haga Oviedo mención alguna de
esta edición en sus manuscritos, aumentados en
1548 (según vá apuntado), manifestando por el
contrario en multitud de pasages que se prepara-
ba en dicho año á hacer la segunda y no la terce-
ra impresión de la referida I.' Parte. — No deja sin
embargo de ser extraño el que se advierta al frente
de esta edición que iba corregida y enmendada; por-
que si bien no se expresa que lo fuese por el autor,
la circunstancia de hallarse este en España , aunque
no consta que pasase en 1348 á Salamanca, dá oca-
sión á creer que no hubiera consentido á nadie po-
ner la mano en una obra propia, traducida ya á tantos
idiomas. Hay otra circunstancia en la impresión de
Salamanca que debe, en nuestro concepto, tenerse
presente: en la de Sevilla de 1333 se dccia, al final
del libro de los Naufragios: «Lo qual todo fué visto
»y examinado en el Consejo Real de Indias, y le fué
»dado (á Oviedo) previlegio para que ninguna otra
npersona lo pueda imprimir , sino él ó quikn su po-
»DER oviERE, SO gravcs pcnos» . En la de Salamanca
se omite .esta cláusula subrayada, expresándose so-
lo «que se acabó de imprimir en la muy noble cib-
»dad de Salamanca, en casa de Juan de Junta, á
»dos dias del mes de mayo de mili y quinientos y
wquarenta é siete años», tiempo en que Oviedo se
hallaba en Sevilla. De todas estas observaciones , á
las cuales debe añadirse la de haberse impreso jun-
tamcnlc la relación de la conquista del Perú , es-
crita por Francisco de Xercz, lo cual no hubiera
hecho ni consentido Oviedo en manera alguna,
pues que la tenia él ya escrita, se deduce sin
violencia que no hizo por sí la edición referi-
da de 1347, si bien pudo dar su consentimien-
to, introduciendo al par algunas enmiendas y cor-
recciones. Puaiera también deducirse del silencio
absoluto de Oviedo y sus continuas referencias á
la segunda impresión que preparaba en 1348, cu-
yas copiosas adiciones van incluidas en la presen-
te, que no la tuvo tampoco por tan autorizada co-
mo la de 1333, lo cual aumenta notablemente la
estimación de esta en el aprecio de los eruditos.
36 Refiriéndose Oviedo á su avanzada edad,
enfermedades y vicisitudes que le habian estorbado
sacar á luz la II. * parte de la Historia general , ana-
dia : « Pero no por esso me excusaré de continuar
«estas vigilias^ y agora mucho mas, porque junto
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXV
quien en el mismo año de 1548 consignaba en la Historia General las siguientes
palabras ; «En la brevedad de mis dias , diré lo que fuere Dios servido que por mi
»se continúen estas materias; donde con mis canas, passado ya de los sesenta é
))nueve años que ha que vivo, ningún dia se me passa fuera desta ocupación (al-
))gunas horas) , trabaxando lodo lo que en mí es y escribiéndolo de mi mano, con
))desseo que antes del último dia de los que me quedan , yo pueda ver corregido
»y en limpio impresso lo que en todas tres partes de aquesta General historia de
^^Indias yo tengo notado. Y en tanto que el sol me tura, estoy agora en este año
))de mili é quinientos é quarenta y ocho, dando orden cómo en este año ó en el si-
wguiente se reimprima esta primera parte , acrescentada y enmendada y mas or-
»nada que estuvo en la primera impression : é assi mismo se imprimirá la segun-
))da , y yo quedaré continuando la tercera , en la qual no me faltará voluntad para
«concluirla , pues que está una grand parte della escripta en minutas» ^^. No se
habia terminado el año , y ya el Alcaide de Santo Domingo (llegado á Sevilla con
los despachos de Alemania el capitán Alonso de la Peña) , se preparaba para res-
tituirse á la Isla Española, teniendo aun en aquellos últimos dias la fortuna de
aumentar los datos , adquiridos en Valladolid sobre el levantamiento de Gonzalo
Pizarro, con la relación de Diego Centeno, que Pedro de Mejia le enviaba ^*. El
resultado de la procuración , bien que algo costoso por el tiempo gastado en ella,
no podia menos de satisfacer los deseos del Regimiento de Santo Domingo: tanto
el licenciado Cerrato como su compañero Alonso de Grageda fueron removidos de
la Chancilleria y quedaron sujetos á residencia , volviendo á la Isla Española, con
título de Arzobispo y capitán general, el antiguo presidente don Alonso de Fuen-
mayor , querido y deseado de aquellos pobladores ^^.
En los primeros dias de 1549 se embarcaban el capitán y el Alcaide, la vuelta
de América, nombrado el último regidor perpetuo de la ciudad de Santo Domin-
go, á donde llegaron á fines del mes de marzo, siendo agasajados y honrados por
el Regimiento, que veía en ellos los salvadores de aquella comarca. Mas bien
pronto vinieron á turbar el contento y satisfacción de Oviedo nuevos sinsabores y
pehgros. Cercano ya á los setenta y un años, tuvo la amargura de verse insultado y
))Con servir en ello á la Calhólica Magostad del Em- documenlos que recogió en Valladolid en el mes de
aperador rey, nuestro señor, y hacerlo por su agosto: «E las cartas, que el chronista di^e que allí
))mandado y como su chronista en estas parles é ))vido de capitanes é personas del conoscidas é de
«Indias, me manda la Magestad Sereníssima de su «crédito, en muchas cosas concuerdan con esta rela-
))hermano el infante de Castilla don Fernando , Rey wcion que en Sevilla vino á sus manos en el mes de
))de los romanos y de Ungria y Bohemia, por su car- «diciembre de -1548)). Y luego añade : «Estando en
»la messiva que no cesse de escrebir lo que ofrescí «Sevilla , atendiendo que abonancen los tiempos pa-
«en la primera parte', teniénrJose por servido dello, »)ra volverse á la cibdad de Sancto Domingo de la
^á lo cual tampoco puedo faltar, haciendo lo que «Isla Española, con los despachos que de la (^esú-
«debo a su real servicio , como faltarme á mí mes- «rea Magestad é del príncipe , nuestro señor, ha ne-
»mo, negándome yo los alimentos para vivir» «gociado para la buena gobernación de aquella tier-
{Hist. Gen. y Nat. de Ind. , 11.^ Parte, lib. IIÍ, »ra , é á cabo de escribirse é continuarse estas his-
ppq]^ \ «lorias hoy lunes, tres dias del mes de diciembre
37 Ib. I.° Parle , lib. VI , proh. "del dicho año, etc.» (Hist. Gen. y Nat. de Ind., III.*
38 Al dar cuenta Oviedo del levantamiento y Parle, lib. XI, cap. -14).
traición de Gonzalo Pizarro , dice, mencionando los 39 Ib., I." Parte , lib. V , cap. 12).
LXXVI
VIDA Y ESCRITOS
aun amenazado de muerte por un racionero de la catedral , llamado Medrano,
quien no solamente osó maltratar sus hidalgas canas , sino que á riesgo de pasar
por sacrilego , llevó su odio hasta el extremo de quitar las armas del Alcaide de
su enterramiento y capilla , labrados en la misma iglesia y pertenecientes al ma-
yorazgo , fundado por él en aquella isla *". En 14 de abril siguiente se hacia ante
la Audiencia la información de aquel atentado, dándose el Alcaide por satisfecho
con la reparación completa que obtuvo, siendo el racionero multado y condenado
á restituir en su primer ser el sepulcro y capilla **.
Pasado este nublo, que derramó no poca ponzoña en el corazón del cronista, y
asentado de nuevo en su casa y fortaleza, volvió los ojos á sus colosales proyec-
tos literarios, resuelto á darles cima con la voluntad de un mancebo y la perseve-
rante madurez de un anciano. Era una de las obras que mashabia acariciado Ovie-
do desde que presentó al César el Catálogo Real de Castilla, un tratado sóbrela no-
bleza y casas principales de España, considerado por él como el complemento de
aquella larga historia , é interrumpido desde 1 545 por la promesa que Florian de
Ocampo hacia en el mismo año de pubHcar las ilustraciones que tenia recogidas so-
bre los linages españoles. Cansado de esperar inútilmente, ó mas bien convencido
de que no era fácil á Ocampo el cumplimiento de su palabra *^ , determinóse á dar
la última mano á esta importante obra , en la cual allegó tantas y tan peregrinas
noticias, respecto de las costumbres y proezas de sus coetáneos, que no sinrazón
podria ser considerada como uno de los monumentos que mas fielmente reflejan
el glorioso reinado de los Reyes Católicos. Dióle el título de Batallas y Quin-
quagenas , dividiéndola en cuatro gruesos volúmenes ; y proponiéndose , á ejem-
plo de Hernán Pérez de Guzman, formar en ellos copiosa y rica galeria de re-
tratos , trajo á consecuencia los ascendientes y descendientes de cada personage,
como quien habia conocido casi todos los hombres de Estado de los reinos de
León y Castilla, Navarra y Aragón , Granada y Cataluña *^ Terminada esta pre-
ciosa obra, procuró también dar cabo á otra, no menos interesante y útil al es-
clarecimiento de la historia nacional, la cual, empezada desde 1520, tenia ya
bosquejada y recogida en minutas el año de 1532, cuando presentó á la corte
40 El mayorazgo, fundado por Oviedo en la Isla
Española , pertenece hoy al señor don Manuel Se-
queira y Caro , residente en la Habana , habiéndolo
heredado este caballerro del último poseedor don
Francisco Javier de Caro y Torquemada , consejero
que fué del Real y Supremo de Indias, ya abolido.
41 Real Acad. de la Hist., Colee, de Muñoz, to-
mo 8o, A H2. — Arch. gen. de Ind., Cart., leg. 24.
42 El Alcaide de Santo Domingo escribía sobre
este particular lo siguiente : « Desseo ver lo que tie-
wne prometido esse coronista (Florian de Ocampo)
«desde quince de diciembre de mili é quinientos é
wquarenta y tres, y no me maravillo que tarde tan-
»to en cumplir su palabra, aunque estamos ya en
»el año de mili é quinientos é cinqüenta, porque
»mas me maravillaré si él cumple lo que díxo en el
wprohemio ó prólogo de los qualro libros de la pri-
»mera parte de la Crónica general de España que
«recopila eseauctor» {Bal. y Quinq., Cod. K., 130,
fol. 180). Lo mismo manifiesta en elfol. 221 del mis-
mo códice, y lo repite en otros lugares.
43 En la estanza 22 de la III." Parte de las Quin-
quagenas decia Oviedo : «Y no os maravilléis si en
«alguna de las cosas que hasta aqui he escripto
«yo hablo mas puntualmente que otro lo haria, por-
«que á la verdad pocos hombres de Estado (y digo
«muy pocos) hay de estos reynos'de Castilla y de
«León , Galicia, Navarra , Granada, Aragón, Va-
«lencia é Cataluña que yo no los haya visto é conos-
«cido á ellos ó sus padres ó abuelos».
DE GONZ. FERiN. DE OVIEDO. LXXVII
la primera parte del Catálogo Beal de Castilla **. Intitulábase aquel escrito Libro
del blasón de todas las armas y teniendo por objeto el investigar los orígenes
de cuantas 'empresas y blasones ilustraban la nobleza española; tratado en que
mostró Oviedo vasta y sazonada lectura, confesándose partidario de la ciencia
heráldica , la cual comenzaba por aquellos dias á ser considerada y cultivada con
empeño, por la misma razón que, vencida y dominada la grandeza en el campo
de lo s hechos , acudia á los recuerdos de sus mayores para justificar con las glo-
rias de aquellos su representación y valimiento en el Estado.
A estos meritorios trabajos consagraba el Alcaide de Santo Domingo sus vigi-
lias , sin que olvidase un punto la Historia general , á cuya terminación estaba obli-
gado como cronista, ni se creyera excusado de retocar el Catálogo fíeal de Casti-
lla, añadiéndole la narración de la última campaña, sostenida por el César contra
los luteranos , campaña en que habia don Carlos conquistado los envidiables títulos
de experto caudillo y magnánimo príncipe *'. Pero si no era la nieve de los años
bastante á apagar en su pecho aquel amor á las letras , que desde la infancia le ha-
bia aumentado , tampoco las tareas historiales le impedían el acudir á los negocios
púbhcos, á que sus cargos de alcaide y regidor le llamaban. El lastimoso estado
que presentaba la Isla Española en 1546, no habia cambiado desgraciadamente
con las provisiones alcanzadas dos años después por el capitán y el cronista: ni
la población se aumentaba , ni florecía la agricultura , ni se reformaban las costum-
bres, ni lograba la justicia señorear aquella desventurada provincia, presa de
bastardas pasiones , engendradoras de todo linage de abusos. En vano clamó Ovie-
do , ya como regidor de Santo Domingo , ya como Alcaide y cronista de las Indias,
por el ahvio de aquellos males : atenta la corte de España á los grandes aconteci-
mientos que turbaban la paz del catolicismo , y deslumbrada sin duda por los triun-
fos del César , meditaba tal vez en el remedio y prosperidad de aquellos opulen-
tos dominios, cuando venían las flotas cargadas de oro á sacarla de sus frecuen-
tes apuros.
Un suceso, en sumo grado fatal para la Isla Española, movía al Alcai-
de en 8 de febrero de 1554 á importunar de nuevo á la corte, para represen-
tarle la horfandad que amenazaba á los pobladores de Santo Domingo. Acometido
el Arzobispo gobernador de mortal dolencia, ninguna esperanza de vida daba á
aquellos habitantes, que en medio de sus tribulaciones y quebrantos acudían
siempre á él , como á padre soHcito y cariñoso , bastando el prestigio de su voz
para consolarlos y fortalecerlos. Oviedo (á quien distinguía el Arzobispo entre to-
dos los regidores de la capital , no tanto por la solicitud que siempre había mos-
trado en bien de aquellas regiones , como por su edad y madura experiencia),
acaso mas dolorido que otro alguno, bien que atento siempre á la prosperidad
44 «Todo esto que loca á las banderas de ar- «copiosamente notado». {Catálogo Real de Casli-
«mas , si yo tuviere vida para acabar de sacar en la, fol. 7).
))limpio el Libro general de Armas que muclio liem- 43 Cuando refiere el Alcaide las causas que es-
wpo há yo escrcbí , de lástima de ver las ynorancias torbaron su venida á España en d 542, observa:
«que en ella andan en estos reynos, se verá asaz «Después que de Moncon partió César passó en
LXXVIII VIDA Y ESCRITOS
común, creyó oportuno prevenir el ánimo del Consejo sobre esta nueva calamidad,
adelantándose á manifestarle que no senlaria mal la dignidad de Fuenmayor al Obis-
po de San Juan , don Rodrigo de Bastidas , cuyos servicios y los de su padre le
hacian acreedor á la gratitud del César *^. Pudiera tal vez inclinarle á dar este
paso el deudo que ya le unia al hijo del capitán, que en 1527 le estorbara pose-
sionarse de la gobernación de Cartagena; pero aunque apareciese interesado, eran
tantas y tales las prendas del Obispo , y se habia consagrado con tan esmerada so-
licitud á labrar la felicidad de sus feligreses , que bien merecia disculpa la sana
intención del Alcaide. Al cabo plugo á la Providencia alargar los dias del Arzo-
bispo , restituyendo la esperanza perdida á los moradores de la Isla Española , que
veian en la muerte del gobernador su total ruina.
Todo el año de i 554 lo pasó, no obstante, el Regimiento de Santo Domingo en sú-
plicas y demandas dirigidas al Consejo de Indias, y encaminadas á evitar que se des-
poblara totalmente la Isla Española , considerada solo como escala y factoria de las
regiones últimamente descubiertas en la Tierra-Firme. Unió Oviedo su voz á la de
sus compañeros no con mayor fortuna que en los años anteriores, y cansado al fin
de tan inútil y larga porfía , pensó en restituirse á España , deseoso de terminar sus
dias en el suelo donde habia nacido. Mas no quiso impetrar esta gracia de la corte,
sin conquistarla primero con sus merecimientos ; y en aquella edad , cuando pare-
cia que le hubiesen ya abandonado las fuerzas intelectuales, emprendió una de sus
mas preciosas obras, capaz de arredrar por su extensión é importancia á quien se
encontrara en la virilidad mas entera. Proponíase en este peregrino tratado, que
dividió en tres partes, corregir las costumbres de la juventud, presentando á su
vista heroicos ejemplos, dignos de ser imitados; y dándole el título Quinquagenas,
recogió en ellas todo el fruto de su nestoriana experiencia, poniendo al mismo
tiempo en contribución sus apuntamientos, diarios y minutas. Admirado sin du-
da el mismo Oviedo de conservar á los setenta y siete años el vigoroso alien-
to de la juventud, hacia gala de su ancianidad en diferentes pasages de di-
cha obra, manifestando de paso su perseverancia en los trabajos históricos:
«Entended, letor (exclama), que há dias que en estas y otras materias escribo y
)}hablo, y no desde ayer, sino sin muelas y dientes me ha puesto tal exercicio.
»De las muelas, ninguna tengo, y los dientes superiores todos me faltan, y un
«pelo en la cabeca y la barba hay que blanco no sea , y en septenta y siete años
«constituido, vivo hasta que el Señor de la vida sea servido. Y desde el año de mili
))é qua trocientes y noventa, seyendo de doce años, page muchacho, fuy llevado
))á la corte de los Sereníssimos é Cathólicos Reyes, don Fernando y doña Isabel de
«inmortal memoria, y empecé á ver y conoscer la caballería y nobles y principa-
«les varones de España» *^. El Alcaide de Santo Domingo que escribió , tanto esta
»Aleman¡a é en aquellos sus Estados que por alli Gen. y Nat. de Ind., 11." Parte, lib XIV, cap. 54).
Mliene, le dio Dios los buenos subccsos que en la 46 Real Acad. déla Ilist. Col. de Muñoz, to-
«segunda parte que escrebi del Cathúlogo Real de mo 87, A. 114.
nCaslilla desde el cap. IV adelante podrá ver, en- 47 Quinq., III.^ Parte, Est. 22.
wlendcr c conoscer quien sano juicio tuviere» {Ilisl.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
LXXIX
como todas las demás obras que salieron de su pluma, sin salario ni remunera-
ción alguna, dirigía al príncipe don Felipe la primera parte de las Quinquagenas
en 10 de enero de 1555 *', dando fin á la tercera en 24 de mayo de 1556 **. Al
remitirla, rogaba al heredero de Carlos V que se dignara mandar verla y examinar-
la, á fin de que se imprimiera y sirviese de correctivo á los libros de apócrifas
lecturas.
Pero al mismo tiempo que de esta manera procuraba grangearse la benevolencia
del príncipe , acudía al Real Consejo de Indias para suplicar que en gracia de sus-
largos servicios, se le admitiese la dejación que hacia de la tenencia del castillo,
que gobernaba desde 1532 , señalando para que le reemplazara á su yerno Rodrigo
de Rastidas, deudo muy cercano del obispo del mismo nombre. Propicio el Conse-
jo á esta demanda del cronista , quien había por otra parte alegado, para retirarse
á España, la necesidad de dar á la estampa la Historia general de Indias, conce-
dió á Rastidas la afcaidia de Santo Domingo , dando á Oviedo licencia para que
pasase á la península y conservara el carácter de regidor de aquella ciudad, hon-
ra que agradeció sobremanera, mostrándose de ella satisfecho hasta la muerte'".
Preparábase ya á emprender el último viage, cuando reconocida por el Regi-
miento la conveniencia de hacer guerra á los indios caribes , que andaban orgu-
llosos con la emigración de los españoles, resolvióse en 10 de abril á dar á Ovie-
do sus poderes, para que alcanzase la oportuna Ucencia del Consejo, encargo que
desempeñó con la eficacia por él acreditada en las pasadas procuraciones , obte-
niendo la provisión sohcitada '*. A principios de junio de 1556 se alejaba, pues,
el cronista de aquellas regiones , donde tantos trabajos y amarguras habian entur-
biado los sueños de su fehcidad, y donde tanto habia estudiado y aprendido, ga-
noso de comunicarlo á los demás hombres. Perseguíale, al separarse de tan pri-
vilegiado suelo, el sentimiento de haber luchado en vano para vencer los obstácu-
•48 Al final de la dedicatoria , dirigida al prínci-
pe don Felipe, se lee: «Fecha en la muy noble y
wrnuy leal cibdad metropolitana de Sánelo Doniin-
»go de la Isla Española del mar Océano... y acaba-
»da de escrebir dia de Sanct Pablo , primero her-
«mitaño , á diez dias del mes de enero de mili é
»quin¡entos é cinqüenla y cinco años de la Natividad
))de Nuestro Redemplor, de mi propia y cansada
«mano y seyendo complidos seplenta y siete años
))de mi edad».
49 La IIL* Parle de las Quinquagenas termina con
estas palabras: « Acabé de escrebir de mi mano este
«famoso Iractado deja nobleca de España, domingo
«primero de Pascua de Pentecostés, XXIV de mayo
«de 1356 años. Laus Deo. Y de mi edad 79 años.«
Asi está en el códice autógrafo que existe en la Bi-
blioteca Nacional, lanías veces citado; pero Oviedo
hubo de padecer aqui involuntario error, pues que
habiendo nacido en agosto de 1478, solodebia cum-
plir en igual mes de Í5S6 los setenta y ocho años
de su vida. Debe, no obstante, llamar la atención lo
que sobre su edad habia dicho un año antes en la
dedicatoria de las mismas Quinquagenas , según se
advierte en la nota que precede: de donde se infiere,
á ser cierto que en iO de enero tenia ya cumplidos los
setenta y siete años , que nació en los primeros dias
de este mes y no en agosto, como expresamente ha-
bia dicho en la Historia general de Indias. De todas
eslas dudas nos hubiera sacado la partida de bau-
tismo del mismo Oviedo, que hemos buscado en las
parroquias de Santa Maria y San Pedro de esta corle
con la mayor diligencia, bien que inútilmente, por
no existir en dichas iglesias libros de asientos an-
teriores á lósanos de 1550 y 52, según nos mani-
festaron los encargados de uno y otro archivo.
50 En 4 de mayo de 1558 solicitaba Rodrigo de
Bastidas , yerno de Oviedo , la plaza de regidor que
habia desempeñado este hasta su fallecimiento Era
entonces Bastidas alguacil mayor de la Audiencia,
en nombre de Francisco de Rojas, menor de edad,
á quien el rey tenia hecha merced de aquel cargo.
51 Arch. gen. de Ind. , Gobierno de la Isla Es-
pañola , leg. II, núm. 13.
LXXX VIDA Y ESCRITOS
los que se oponían á la prosperidad de sus compatriotas , y doliéndose del abatí-
miento en que la Isla Española se veia postrada, iba á prestarle el último servicio.
En aquella tierra tan querida dejaba finalmente las únicas prendas de su cariño:
á ella se volvian por tanto las miradas de aquel buen padre y honrado ciudadano,
que caminaba á buscar su tumba en el suelo patrio, donde descansaban también
las cenizas de sus mayores.
Oviedo llegaba á España en el otoño de 1556, llenándose de admiración, al sa-
ber los grandes acontecimientos que estaba presenciando el antiguo mundo: el
vencedor de Italia , el valeroso domador de los turcos , el debelador de los galos,
verdes todavia los lauros de Alemania , depuesta la púrpura y grandeza , vivia re-
tirado en el monasterio de Yuste , y cansado ya de triunfar de los reyes de la tier-
ra, ambicionaba solo el perdón de sus culpas, conquistando la eterna bienandanza.
Sorprendió á Oviedo este maravilloso cambio, temiendo tal vez que pudiera ser
contrario á la realización del único proyecto que en su ancianidad abrigaba , el
cual se reducia á dar á luz la Historia general y natural de Indias corregida , au-
mentada y mas exornada , según tenia prometido en diversos pasages de la mis-
ma ^^. Guiado de esta idea , se encaminó á Valladolid , donde á la sazón se hallaba
la corte , gobernando estos reinos la princesa doña Juana , hermana del rey don
Felipe , y presentados al Consejo los poderes de Santo Domingo y los cuadernos
de la historia, mientras lograba el despacho de su procuración, obtenia el per-
miso para dar á la estampa aquella obra , concebida en los primeros albores de
su juventud, compuesta en medio de los vaivenes y azares de su larga vida, y ter-
minada á las puertas del sepulcro. Con aquella fé y singular constancia, que ha-
bia sido siempre norte y sosten de todas sus empresas, acometió, pues, Oviedo la
de imprimir la Historia general, comenzando por el libro vigésimo de la misma,
primero de la segunda parte ; pero estaba decretado por la Providencia que no
gozara en vida de la fama que le auguraban sus escritos. Apenas impreso el ex-
presado libro , se vio asaltado de tan agudas fiebres que , postrando su cansada
aunque vigorosa naturaleza , le acabaron en breves dias, suspendiéndose por tanto
la impresión de la Historia general, que ha permanecido inédita y desconocida en
parte, aun de los eruditos, hasta nuestros tiempos. Gonzalo Fernandez de Oviedo,
mozo de cámara del príncipe don Juan, soldado en Italia y familiar del rey don
Fadrique, secretario en España del Gran Capitán Gonzalo Fernandez de Córdoba,
veedor de las fundiciones del oro y mas adelante regidor y teniente del Darien en
la Tierra-Firme, gobernador electo de la provincia de Cartagena, primer cronista
de las Indias, alcaide de la fortaleza y regidor de Santo Domingo ^^ pasaba en Va-
* .'
52 En el proemio del lib. I de la II.' Parle de la bien que sin aumentar el número de los cincuenta
Hist. Gen. liabia escrito : « No se dexarán (las tres libros, en que tenia divididos sus trabajos,
«partes) de continuar é cresccr en algunos libros 53 Gonzalo Fernandez de Oviedo fué también
))que están pendientes lo que se supiere para ello en tesorero del i\W que de las entradas pertenecía á
wmisdias, ni de acreseenlar mas libros en la ler- la rcd<?ncion de cautivos, cargo que desempeñó
«cera parte sobre el número ya dicbo de oinqüenla, desde el año de i 528 {Real Acad. de la Uist , Co~
))si yo lo viere ó supiere, no dexando de creer que lección de Muñoz, lom. 79 , A iOO).
))cl tiempo los liará mas». Asi sucedió en efeclo,
*DE GONZ. FERN. DÉ OVIEDO. LXXXI
lladolid de esta vida en el eslío de 1557 , cumplidos ya los setenta y nueve años. Ni
la confianza de sus compatriotas en e\ Nuevo Mundo, ni la predilección de la corle
fueron bastantes á engendrar en su pecho bastardas ambiciones , contento siem-
pre con la medianía en que la suerte le habia colocado, y aspirando solo á con
tribuir con sus esfuerzos á labrar la felicidad de aquellos países, que despertaron
6*11 su imaginación desde la infancia pacíficas esperanzas de gloria. Doce veces
cruzó Oviedo con este propósito el Océano **: las ciudades del Darien, Panamá
y Santo Domingo, mirándole con^o su libertador, acudieron constantemente á su
lealtad, para que las sacase de los mas grandes conflictos: la Real Chancillería de
la Isla Española , primera audiencia de las Indias , no se desdeñó tampoco de in-
vestirle con su representación y poderes, coronando siempre el éxito mas favorable
las esperanzas de todos. Y entre tantos y tan difíciles cargos que le Irageron in-
quieto y errante, poniendo á prueba el temple superior de su alma, vino á sor-
prenderle la muerte con la pluma en la mano , no menos infatigable que en los
negocios públicos, en sus colosales tareías literarias. ^|^
V.
Obras de Oviedo y juicio critico de las mismas. — Sus principales caracteres, como historiador. — Catálogo
cronológico de sus cscritps. — El libro de don Claribalte. — La Respuesta á la Epístola moral del Almirante. —
La Relación de lo sucedido en la prisión de Francisco I. — El Sumario de la Natural Historia de las Indias. —
El Catálogo Real de Castilla. — El libro de la Cámara Real del príncipe don Juan. — Reglas de la vida espiri-
tual.— Las Batallas y Quinquagenas.— El libro del blasón. — El libro de los linages. — Las Quinquagenas.— La
Historia general y natural de Indias. — Juicio de la misma. — Opiniones de don fray Bartolomé de las Casa»,
respecto de la historia de Oviedo.— Si deben seguirse por la crílica. — Veracidad y honradez de Oviedo
Conclusión.
Acabamos de trazar la vida del capitán y primer cronista de las Indias, Gonzalo
Fernandez de Oviedo y Valdés, dejando en ella comprobado cuanto expusimos al
dar principio á este bosquejo, no menos difícil por su novedad (puesto que solo
se tenían vagas y muy escasas noticias de tan apreciable escritor) , que importante
en la historia del Nuevo Mundo, por los cargos que desempeña Oviedo , y mas que
todo por el noble tesón con que defiende aquellas maltratadas comarcas, procuran-
do su prosperidad y la de sus pobladores , mientras era tal vez acusado de los críme-
nes en ellas cometidos. Réstanos , pues , dar razón individual de sus escritos , ta-
rea en que habríamos de encontrar no menores dificultades, si nos atuviéramos
al juicio de los críticos y bióg^^afos , que sin el examen de sus numerosas obras,
54 En pago de los servicios extraordinarios de cumpliendo lo que advierte el mismo en la Histo-
Oviedo le concedió el Emperador por mejoramiento ria general, con estas palabras: «Las quales armas
de sus armas las cuatro eslrellas polares , para que »estarán en fin deste tractado , porque es escripto
él y sus sucesores las usasen con las antiguas de »en estas parles , donde tanlos trabaxos pades9en
Valdés, en la foriii i que manifiesta el escudo, pues- »los hombres que veen estas eslrellas é donde yo he
to al final de la presente edición y publicado por «gastado lo mejor de mi vida». (I." Parte , lib, II,
Oviedo en la de 1S33; de donde lo hemos lomado, cap. i2).
TOMO I. H
LXXXll
VIDA Y ESCRITOS
se han propuesto darle á conocer en la república de las letras. Mencionados ya
los trabajos á que el Alcaide de Santo Domingo consagró sus vigilias, en medio de
los sinsabores y afanes que amargaron su existencia ; reconocidas en parte las cau-
sas que le impulsaron á emprender aquellas largas tareas , y fijadas por último las
épocas sucesivas en que logra llevarlas á cabo , fácil nos será establecer un orden
severamente cronológico , desechando al par las obras que sin fundamento algu-
no se le han atribuido, y reduciendo á sus verdaderos límites las que sin mayor
criterio se han dividido en dos ó mas tratados, con mengua de su importancia
Hteraria y ofensa del mismo Oviedo *.
Inútil nos parece el advertir que la mayor parte de las producciones de este
laborioso cronista son historiales , cuando en la exposición que llevamos hecha
queda esto plenamente demostrado. Solas dos obras, ambas traducidas, dejan de
pertenecer á este linage de estudios , á que le inclinaban el espíritu de su época
y el ejemplo de la afortunada corte en que pasa su juventud y logra su ense-
ñanza. Com||^ndicamos oportunamente, aquel inusitado movimiento que reci-
bieron de manos de la Reina Católica las artes y las letras, aquella protección tan
eficaz como ilustrada que en nuestro suelo alcanzaron los ingenios mas señala-
dos de ItaUa, no podian menos de excitar el noble estimulo de los naturales,
quienes al mismo tiempo que levantaban su corazón á las mas arriesgadas em-
presas, procuraban consignar las glorias de sus reyes, legando su grata me-
moria á los siglos venideros. Ningún soberano de Castilla encontró jamás entre
sus vasallos tantos y tan doctos cronistas como Isabel y Fernando : Alonso de Fa-
lencia, Diego Rodriguez de Armella, Fernando del Pulgar, Andrés Bernaldez^
Mosen Diego de Valera , Antonio de Nebrija , Juan Ramirez de Lucena y tantos
otros, como en aquel reinado florecieron, dedicando sus plumas á celebrarlo, co-
nocidos y respetados por Oviedo , vinieron con sus obras á encender dentro de su
pecho aquella poderosa y vivaz llama, que solo pudo apagar el soplo de la muerte.
Llevado de semejante impulso , funda Oviedo su erudición histórica en el estudio
de las obras hasta su tiempo dadas á luz, y entendido en las lenguas francesa, fla-
menca, alemana, toscana y latina ^, no solamente se nutre con la lectura de los
i Es por cierto digna de toda censura la conduc-
ta que han seguido algunos escritores exlrangcros,
llevados sin duda de las suposiciones de los erudi-
tos respecto de este punto. Los autores de la Bio-
graphie universelle ancienne et modernc, teniendo
tal vez noticia de que se había dado lugar entre los
escritores de Morbo gálico ala relación que hace
Oviedo en su Historia general y natural de Indias
de las aplicaciones del árbol guayacan ó palo
santo, fueron al extremo de suponer, con el testi-
monio de otros biógrafos, no mas verídicos, que
habiendo adolecido en Ñapóles de la citada enfer-
medad el año 1513, solicitó Oviedo pasar á la isla
de Haití, sabiendo que en ella cxislia el remedio de
su dolencia. Añádese también que, vuelto á España,
se dedicó á curar las sifilíticas , dándose tan buen
arle que aumentó en breve considerablemente su
fortuna. No creemos necesaria la refutación de estas
mal fraguadas imaginaciones; pero tampoco nos ha
parecido conveniente el callarlas , porque siendo
hijas de los errores en que los eruditos han caído,
multiplicando sin criterio alguno las obras de Ovie-
do, justifican plenamente nuestro aserto , que ve-
remos después comprobado en la exposición de las
que realmente salieron de '^u pluma.
2 Al dar noticia el mismo Oviedo de las largas
vigilias empleadas en una de sus obras, exclama-
ba: «Desscando rccollegir lo que en muchas y muy
«difusas, prolijas y largas chrónicas y de gran di-
»versidad está derramado, las quales con mucha
»diligfnoia y Irabaxo he buscado y con mucha di-
»ficultad hallado , assi en la lengua latina, como en
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXXIII
autores patrios, sino que acude también á poner en contribución los que en los
citados idiomas escribieron. Pero la principal fuente de la erudición histórica de
Oviedo está en su propia experiencia : dotado , según ya dejamos advertido , de
un talento observador y reflexivo , colocado en mitad de los graves acontecimien-
tos de su tiempo ; en contacto siempre , ya con lo mas ilustre y autorizado de la
corte española, ya con los mas valerosos capitanes de la conquista del Nuevo Mun-
do, nada se oculta á su vista penetrante, contribuyendo á enriquecer sus tareas,
cuya variedad y extensión excitan hoy la admiración de los discretos. Aquel espí-
ritu de investigación que le anima , llega sin embargo á degenerar no pocas ve-
ces en nimia curiosidad, sacándole del terreno de la elevada consideración histórica,
para llevarlo á la exposición de recónditas noticias y pormenores , ágenos alguna
vez de la situación y aun del carácter mismo de sus escritos. Mas esta es preci-
samente la índole especial de las obras de Oviedo : apoderado de un hecho , ja-
mas perdona la ocasión de rodearlo de todas las circunstancias con que ha llegado
á su noticia : tratando de un personage , no olvidara tampoco el referir todos los
acontecimientos que sobre él ó su familia tiene recogidos : pintando una situación,
no omitirá el ilustrarla con numerosos ejemplos que no siempre son oportunos,
bien que muy pocas veces dejarán de ser curiosos y peregrinos.
Semejantes observaciones que nos ministra la lectura de las obras de Oviedo, ma-
nifiestan claramente cuál es el mérito principal de sus escritos. En ellos están
bosquejadas la grande época de su juventud y la no menos gloriosa para las armas
españolas de su edad madura; pero no con el pincel atrevido y vigoroso de quien
abraza de una sola mirada toda la extensión y magnitud del portentoso cuadro
que tiene delante , sino con el detenimiento y esmerada tibieza de quien , por no
«nuestra vulgar castellana y en la francesa, flamen- tanto se señaló en el conocimiento de las humanida-
»ca y alemana, etc.» {Epil. Real de Castilla, proh.) des , como discípulo de Pedro Márlir ; disting-uido y
De estas breves líneas se deduce sin violencia de preferido después por el príncipe don Juan, de cuya
ningún género que era el Alcaide de Sanio Domin- educación clásica participó , según va advertido, y
go entendido en las expresadas lenguas, y parlicu- dedicado por último al estudio de las crónicas, es-
larmente en la latina , lo cual se halla demostra- crilas en su mayor parte en el idioma del Lacio, de-
do con usura en sus numerosas producciones. Sin jase de tener nociones de aquella lengua , que se
embargo, un escritor contemporáneo suyo, que no habla llegado á poner de moda en la corte de los
le era muy devoto , le acusa de presuntuoso y ar- Reyes Católicos. Y si estas observaciones persua-
rogante, por figurarse «que sabia algo, cómo no su- den que no es tan fundada, como debiera, la poco
))p¡ese qué cosa era lalin, aunque pone algunas au- piadosa acusación de las Casas, no parece de mas
Mtoridades en aquella lengua, que preguntaba y peso la circunstancia de que Oviedo anduviese siem-
MFOgaba se las declarasen á algunos clérigos que pre importunando á los clérigos para que le fraduje-
Dpassaban de camino por aquella ciudad de Santo sen las autoridades que cita; porque ni es posible que
»Dom¡ngo para otras partes». Y el mismo autor ase- tuviese constantemente á mano tales traductores, ha-
gura mas adelante que el ejemplar de Plinio, de hiendo escrito en tan diversos puntos (cosa que pa-
que Oviedo se valia ^ no estaba en latín sino en tos- recio olvidar las Casas), ni es de creer que en su vi-
cono. (Hist. Gen. de Ind. , lib. III, cap. i42.) da errante y agitada se valiese de terceros parare-
Pero esta acusación literaria , hecha por don fray coger datos y noticias de la multitud de obras que
Bartolomé de las Casas entre otras muchas , relati- cita en las suyas, siendo palpable que sabia qué co-
vas á las tiranías que achaca al Veedor de las fun- • sacra latín, pues que leia, extractaba y citaba
diciones del oro, pierde toda su fuerza, al conside- . oportunamente obras latinas. A la verdad que la
rar la inoportunidad con que se formula; siendo por ojeriza, mostrada por las Casas contra Oviedo, fué
otra parte increible que un hombre educado primero esta vez mas lejos de lo que el mismo Obispo habia
en la casa del joven duque de Villahermosa , quien imaginado.
LXXXIV VIDA Y ESCRITOS
alcanzar la sublime entonación del conjunto , se goza y entretiene en perfilar me-
nudamente todos los pormenores , juzgando acaso trasmitir de esta manera con
mayor fidelidad los objetos que se ofrecen á su vista. Asi Oviedo, aunque se llena
de entusiasmo, al recordar los grandes sucesos que ha presenciado, aunque com-
prende instintivamente su imporlancia, rara vez se levanta á la esfera de las altas
consideraciones políticas, careciendo por tanto á sus ojos los hechos que examina
de aquella precisa trabazón y natural armonía, alma de la historia. Mas no le culpe-
mos hoy de lo que ni estaba en su mano alcanzar, ni alcanzó tampoco ninguno de sus
coetáneos: cuando florece Oviedo, si bien son ya en parte conocidos los grandes mo-
delos de la antigüedad clásica, no ha logrado todavía la imitación echar tan pro-
fundas raices , que pueda ser bastante á sacar los estudios históricos del círculo
estrecho de las crónicas. Si un ingenio tan esclarecido, como el rey don Alonsa
el Sabio, aspiró desde el siglo Xlll á levantar aquellos estudios de la consi-
deración particular á la apreciación general de los hechos, empresa en que ni lo-
gró todo el fruto por él deseado, ni halló después afortunados imitadores; si du-
rante el reinado de don Juan II no faltaron. escritores que, como Pablo de Santa
María y su hijo don Alonso de Cartagena , Rodrigo Sánchez de Arévalo , Alfonsa
Martínez de Toledo, Fernán Pérez de Guzman y otros no menos afamados, inten-
tasen generalizar las crónicas ; no por eso podrá decirse que había nacido entre
nuestros mayores, cuando Oviedo recibe enseñanza, aquel espíritu verdaderamente
crítico, que guia en el siglo XVI la pluma de nuestros grandes pensadores. Co-
locado Oviedo entre los infatigables cronistas de Isabel y de Fernando y los doc-
tos historiadores de Carlos V y Felipe II, no se remonta, como Ocampo, Mora-
les, Garibay y Zurita, ala investigación filosófica délos hechos, procurando qui-
latarlos justamente y probarlos en la piedra de toque de la verdad : incapaz de
faltar á ella , admite como demostrados los sucesos que halla consignados en las
crónicas de los pasados siglos, y todo su afán y anhelo consisten en atesorar no-
ticias para esclarecer con nuevas autoridades los puntos y materias de que trata.
Este respeto excesivo, de que se aparta sin embargo en las cosas por 61 conoci-
das personalmente , le lleva á menudo al extremo de seguir los incalificables er-
rores de las falsas crónicas respecto de los tiempos primitivos, yendo tan adelante
su candor que se atreve á fundar sobre tan quebradizos cimientos opiniones pro-
pias, las cuales han de parar naturalmente en lo absurdo '.
Pero aunque la crítica de nuestros días advierta. y tilde en las obras del Alcaide
de Santo Domingo esa falta de miras generales y esa sobra de credulidad, achaque
harto común en su tiempo, no por esto se crea que son aquellas merecedoras del
desprecio ó del olvido. Nada hay mas curioso é importante respecto de las cos-
tumbres y trages de sus contemporáneos; nada mas vario, nada mas rico respecto
de la vida interior y aun de la vida púbhca de aquellos guerreros que, postrando
en Granada la media luna , domeñaron qu Ñápeles el orgullo de Francia y asom-
3 Véase cuanto en la página LIX del présenle caps. 2, 3 y 8 del lib. II de la I.° Parle de la Hist,
ensayo dejamos apunlodo icspeclo á la posesión de Gen. y Nal. de Ind.
las Indias por los primillvos reyes de España, y los
DE GONZ. FER. DE OVIEDO.
LXXXV
braron con el aliento de su pecho los ignorados confines del Nuevo Mundo. Bajo
este punto de vista (necesario es confesarlo) merecen las vigilias de Oviedo la mayor
consideración y alabanza : sus numerosos escritos presentan , acaso en calculado
desorden * , toda clase de noticias y materiales, cuya utilidad es ya tiempo de que
sea reconocida por los estudiosos. En aquel vasto depósito y copioso arsenal ha-
llará el anticuario preciosos datos para valorar los usos y costumbres de nues-
tros abuelos , y encontrará el artista seguro guia para evitar, respecto de los tra-
gos, armas, muebles .y paramentos, los groseros anacronismos con que afea
á menudo sus producciones: alli el historiador verá ilustrados los hechos dudosos y
aprenderá otros muchos no ponderados ú olvidados lastimosamente por los demás
historiadores, y comprenderá también el filósofo las relaciones que existen entre
las costumbres, las creencias y los sentimientos de aquella sociedad, pudiendo ex-
plicar (armado de esta antorcha) las bases que la constituyen y los resultados ma-
ravillosos de sus colosales empresas. Hé aqui cómo el estudio de las obras de
Gonzalo Fernandez de Oviedo , lejos de contrariar los grandes fines de la ciencia
histórica, no puede ser mas fecundo ni importante para ella, principalmente cuando
se trata del felicísimo reinado de Isabel la Católica, y del no menos brillante de Car-
los V. Esta época, con tanta diligencia estudiada por los escritores extrangeros de
nuestros dias , y cuyos recuerdos no podrán menos de enaltecer en todo tiempo
los pechos españoles, habrá de recibir nueva luz de los escritos de Oviedo,
consagrados exclusivamente á su esclarecimiento.
Las obras debidas al Alcaide de Santo Domingo , tanto originales como tradu-
cidas , son , pues las siguientes :
I. «Claribalte: libro del muy esforzado é invencible caballero de Fortuna, pro-
«priamente llamado don Claribalte que segund su verdadera interpreta^ ion quiere de-
))cir don Félix ó bienaventurado, nuevamente emprimido y venido en esta lengua
»castellana: el qual procede por nuevo y galán estilo de hablar por medio de Gon-
»zalo Fernandez de Oviedo, alias de Sobrepeña ', vecino de la noble villa de Ma-
wdrid».
Este libro de caballería, que tradujo después de la primera vuelta del Nuevo
Mundo, durante su retiro en la expresada villa, fué impreso (fol. got. á 2 coL
4 Oviedo asentaba lo siguienle rc<?pec(o de la
amenidad y A^ariedad de la lectura : «El paslo de la
«leoion , assi como en la mesa del príncipe es ador-
«namenlo y aucloridad la diversidad de los manja-
»res y grand ocasión para dcspcrlur el apetito del
«paladar las diferencias dulces é agras é mezclados
Bsabores , assi al que lee acrescientan la pcrseve-
»rancia de la loción los diversos discursos é nove-
«dades que la historia trae consigo». (Bist. Gen. y
Nat. de Ind., lib. VI, cap. 49).
5 Es notable esta circunstancia que se repite
después, aunque en otra l'orma , cuando en 1525
présenla el Veedor de las fundiciones del oro de la
Tierra-Firme el Sumario de la natural historia de
las Indias al Emperador Carlos V. Al terminar esta
obra escribía: «El menor de los criados de la Casa
))Real de V. S. C. C. M. que sus . reales pies beso,
«Gonzalo Fernandez de Oviedo aliai de Valde's.u
Era esto sin duda efecto de no haberse fijado todavía
los apellidos, como en siglos posteriores, dando
ocasión á que se variasen con frecuencia, lo cual
sucede aun en algunas provincias deE-spaña. Ovie-
do se apellidaba en 1335 sin el alias del Sumario ni
el de don Claribalte, empleando constantemente el
apellido de Valdés, que trasmitió á su hijo Francis-
co González, y conservó hasta su muerte.
LXXXVI
VIDA Y ESCRITOS
con grabados en madera) en Valencia el año de 1519, según se advierte al final
del mismo: dice asi: «Fenesce el pressente libro. del invencible y muy esforga-
»do caballero don Claribalte, otramente llamado don Félix , el qual se acabó de
»emprimir en Valencia á treynta de mayo por Juan Venao, año de mili é qui-
))nientos é diez y nueve años». Es por cierto notable que habiendo entretenido
Oviedo los ocios de su retiro en esta traducción , se manifieste , ya en edad ma-
dura, contrario de todo punto á tal género de libros, como dejamos en otro lu-
gar apuntado. El de don Claribalte, calcado sobre los modelos que ofrecia en
tanta abundancia la literatura caballeresca , no podia en efecto satisfacer á quien,
desdeñando la lectura de mero pasatiempo, solo encontraba digno de estima
el estudio y conocimiento de la historia ; pero esta exagerada opinión habria de
conducir naturalmente á la proscripción de toda obra de ingenio, lo cual no pue-
de admitirse, sin condenar á los pueblos al mas vergonzoso embrutecimiento.
II. « La Respuesta á la Epístola moral del Almirante» ( 1524 ).
En la Biblioteca nacional , tan rica en preciosos manuscritos , existe un códice
señalado con la marca T. 44 , donde entre otros tratados se contiene la carta
del almirante y la respuesta de Oviedo con el siguiente título : «Esta es una muy
»notable y moral Epístola que el muy illustre señor Almirante de Castilla envió al
»auctor de las sobredichas Quinquagenas, hablando de los males de España y de
»la causa dellos , con la Respuesta del mismo auctor » *.
La epístola del almirante , que lo era don Fadrique Enriquez , consta de doce
capítulos , en los cuales considera en términos generales la corrupción de las cos-
tumbres, y procura señalar esta depravación como la principal fuente de todos los
males que plagaban á Castilla. Sus observaciones son, no obstante, demasiado va-
gas para que pueda reconocerse plenamente el verdadero estado de aquellas;
y sin embargo se encuentran á menudo vigorosas pinceladas que descubren el
talento y larga experiencia de aquel personage, que tanta parte habia tomado en
las cosas públicas ^. Es sin duda digno de tenerse presente lo que, al contemplar
el estado del clero español, observa don Fadrique. «Pues mirando al sacerdocio
»( exclama ) quán pocos son los perlados de nuestro tiempo que hayan residido
»en sus iglesias y hecho las caridades y limosnas espirituales y temporales , y
«administrado la luz de la doctrina, y dado buen exemplo, y guardado sus ove-
))jas, segund y como debieran! » * Tan significativa aseveración del almirante obU-
6 No creemos fuera de propósito el observar aquí
queelMS. déla Biblioteca Nacional, que tenemos •
á la vista, parece escrito á fines del siglo XVI, mu-
cho después que la Respuesta de Oviedo á la Epís-
tola del Almirante, por lo cual se hace mención en
el título común de la Epístola y la Respuesta de las
Quinquagenas, obra que no se terminó hasta el año
de 1556, como va advertido.
7 Tan alta idea tenia el Alcaide formada del al-
mirante de Caitilla, que después de haber tratado
largamente de él y su familia, terminaba asi su elo-
gio : «Pero , pues , yo vi é conoscí á este señor Al-
wmiranle don Fadrique II , é á la señora condesa de
«Módica , su muger, á mi pares9er todo lo que está
«dicho en su loores muy poco, á respecto de sus
«excelencias é altos méritos verdaderamente, é mu.
))cho mas y mas que se diga en su alabanza cabe ó
«cupo en sus muy illuslres personas». (Quinq., III.'
Parle, Est. 5 ")
8 Cap. VIÍ, pág. 6.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
LXXXVII
gó á Oviedo á detenerse algún tanto á considerar lo que era y había sido el clero
español , manifestando en esta parte de su Respuesta aquel sublime celo que movió
en otros dias la inspirada pluma de San Bernardo. Al mencionar las calamidades
que llovieron sobre España con la guerra de los comuneros , se habia mostrado
digno émulo de Guevara. «El fin de su guerra (decia en uno de sus mas enérgi-
)>cos párrafos) no pudo para ellos ser mas próspero que seyendo vengidos, y mo-
»rir por no padesQer los males que merecian ^». Pero si con tanta aspereza y pa-
sión juzgaba las comunidades, no aparecia mas blando respecto del clero, á quien
acusa de interesado , ignorante , bullicioso é hipócrita : « Como no trabajan por lo
«que deben (exclamaba por último), sino por lo que dessean, lo que dessean es
»tener vida de viciosos y honra de virtuosos, hijos como casados y auctoridad co-
»mo castos , vanidades como mundanos y reputación como religiosos. Assi que, la
«Iglesia sirve á ellos y ellos á la carne, y la carne al demonio ^"«. Oviedo apos-
trofaba después á los príncipes cristianos con no menos vigor , echándoles en cara
su disipación y tiranías; y desplegando á menudo todas las galas de la verdadera
elocuencia, llegó por este escrito á merecer en su tiempo el dictado de docto ".
III. «Relagioa de lo subgedido en la prisión del Rey Frangisco de Francia des-
eque fué traydo á España, y por todo el tiempo que estuvo en ella hasta que el Em-
»perador le dio libertad y volvió á Frangía, casado con Madama Leonor, hermana
»del Emperador Carlos V , Rey de España : escrita por el capitán Gongalo Fernandez
»de Oviedo , alcayde de la fortalega de la cibdad de Sancto Domingo de la Isla Es-
wpañola, y coronista de la Sacra Cesárea Magestad del Emperador Carlos V y de la
«Sereníssima Reyna doña Johana , su madre » ( i523 ).
Esta relación , contenida en un tomo en A.° de 165 folios y letra al parecer de
fines del siglo XVI ó principios del XVII, con la marca X. 227, mas bien que á
dar cuenta de lo ocurrido en la prisión del rey Francisco I , se dirige á narrar
cuanto en la corte sucede en todo aquel tiempo. En esta parte aparece Oviedo
como un exactísimo y veraz testigo , mereciendo por tanto ser consultado por los
eruditos é historiadores, para apreciar las caballerescas y gallardas costumbres
de nuestros abuelos , y aquel hidalgo espíritu que los animaba , en medio del la-
mentable desbordo, de que se duele el mismo Oviedo en su Respuesta al Almi-
9 Cap. IV de la Respuesta.
10 Cap. Vil de id.
li En el códice que dejamos mencionado se ha-
lla expresada esla calificación , del sig-uienle modo:
((Epístola moral que el señor Almirante de Castilla en-
))vió á un hombre docto, con su respuesta». De don-
de naturalmente se deduce que tal era el concepto
formado entonces sobre el mérito de la Respuesta
de Oviedo. Después de terminada esla , se encuen-
tra en el mismo códice un poema, compuesto de se-
tecientos cuarenta y cinco versos de arte menor,
con este título : « Obra nuevamente compuesta sobre
el naufragio que á la armada del invictíssimo é ca-
thólico señor el Emperador y rey , nuestro señor, le
suhgedió en la conquista de Argel en el mes de sep-
tiembre del año 1S41». El carácter de la letra de
este opúsculo, muy parecida á la de Oviedo , fué
sin duda causa de que el erudito don José Var-
gas Ponce sospechara {Real Acad. de la Ilist.,
Colec.de Vargas Pon., tomo 3, B. 214) que pu-
do ser obra del Alcaide de Santo Domingo. Mas
como este sfe hallaba , al verificarse la expedi-
ción de Argel, en la Isla Española, y el autor
del poema reCerido huWa como testigo de vista , no
parece dejar duda de que no fué escrito por Oviedo.
Después del naufragio de Argel hay er el indi-
cado volumen otro pocmita sobre d .«ffco de Romai
acaso debido al mismo autor del precederle.
XXXVIIl VIDA Y ESCRITOS
rante. La Relación de lo subgedido en la prisión del Rey Francisco es por otra
parte el mas duro capítulo de acusación contra aquel monarca , pues que agasa-
jado, servido al extremo, y cuidado con la mayor solicitud durante su peligrosa
enfermedad, según menudamente refiere el Veedor de las fundiciones, faltó lue-
go á su palabra de caballero , olvidando tantas y tan singulares finezas *^.
IV. «Oviedo ; de la Historia natural de las Indias, ó Sumario de la Natural Histo-
ria de las Indias y^ (1o2o).
Este repertorio, dirigido principalmente á dar á conocer al Emperador las cosas
de América, se halla distribuido en ochenta y seis capítulos, en los cuales, des-
pués de tratar de la navegación de España á las Antillas y de los naturales de esta»
islas, asi como de sus costumbres y manjares, pasa Oviedo á describir los indios de
la Tierra-Firme, bosquejando también sus ritos, costumbres y ceremonias, y
exponiendo las peregrinas noticias que habia recogido sobre los animales , aves é
insectos, árboles, plantas y yerbas de tan distantes regiones. Terminada es-
ta parte, que tanto interés ofrecía entonces á las ciencias zoológica y botánica,
menciona Oviedo las minas de oro de la Tierra-Firme , y mostrándose entendido
en el laboreo de ellas , pondera sus riquezas , describiendo , por último , la pes-
quería no menos envidiable de las perlas, que tanto abundaban en aquellos
mares. El Sumario de la Natural Historia acaba mostrando el camino de la mar
del Sur, y descubriendo al César la facilidad de acudir por el estrecho de Mao-a-
Uanes al comercio y contratación de las Malucas. Dado á la estampa por la vez
primera en Toledo, según en otro lugar advertimos, fué traducido á la leno-ua
latina por el docto Urbano Chauveton, logrando en toda Europa el aplauso de los
eruditos , y reimprimiéndose últimamente por don Andrés González Barcia en el to^
mo I de los Historiadores primitivos de las Indias occidentales *^.
12 La relación de lo subgedido en la prisión del ^^ ^"^^'' ^^Y eslá escrila con soltura y no carece de
rey Frangisco se halla comprendida en los 122 pri- elegancia, mereciendo por otra parle la estimación
meros folios del códice citado : desde el 223 co- ^^ l^s eruditos , por la veracidad que toda ella
mienza otra relación distinta, la cual trata de la respira.
guerra y famoso sitio de Ñapóles de 1528 , abrazan- ^^ El autor del diccionario de los Hijos ilustres
do desde el saco de Roma hasta la terminación de ^^ Madrid, asienta que es esta producción de
aquellos memorables sucesos. Este discurso no Oviedo una «relación sumaria de su Historia de In-
puede en modo alguno atribuirse al primer ero- dias,» error que ha dado sin duda motivo á que el
nista de las Indias, quien en el folio 88 de la /íe- distinguido escritor anglo-americano Mr. George
lacion de lo subQcdido , etc., se expresaba en los si- Ticknor se adelante á decir que «en 1325, hallándo-
guienles términos: «Como la historia ha satisfecho se (Oviedo) en Toledo, ofreció á Carlos V un Suma-
whasta la coronación de la Qesárea Magestad del Em- fio de la Historia de la Españolan (History ofSpa-
wperador é Rey , nuestro señor , queda agora de sa- "**^ Literature, tom. 1, Período lí, cap. VI, Londres,
«lisfacer á los otros sub^esos é cosas que en los 1849). Ni Oviedo comprendió en el Su?nano, de que
»qualro años siguientes ocurrieron.... é porné una tratamos, la relación de los hechos militares y polí-
»rela9Íon que en Roma se escribió é se envió al se- ticos de la conquista, como en la Historia general, ni
)»reníssimo Duque de Calabria.... por el doctor Mi- menos se atuvo al territorio de la Isla Española, pun-
BcerMay, embaxador por Su Magestad en la corte to que en 152o no podia conocer lo bastante para es-
))romana y uno de los del Consejo de Aragón , per- cribir su historia, pues que solo habia estado de paso
Msona grave é digna de crédito. La data de su carta en aquella comarca. Conocedor entonces de las cosas
»fué en Roma, 1.* de octubre de 1532». La relación de la Tierra-Firme, se refiere principalmente á tan
DE GOxNZ. FERN. DE OVIEDO.
LXXXIX
V. « Calhálogo Real de Castilla , y de todos los Reyes de las Españas é de Nápo-
»les y Secilia, é de los Reyes y señores de las casas de Frangía, Austria, Holanda y
«Borgoña: de donde proceden los quatro abolorios de la Cesárea Magestad del Em-
» parador don Carlos, nuestro señor: con relagionde todos los Emperadores y Summos
«Pontífices que han subgedido desde Julio Cesar, que fué el primero Emperador, y
«desdel Apóstol Sanct Pedro, que fué el primero Papa, hasta este año de Chripslo
«de MDXXXllaños» (y 1535).
Esta obra , conocida también con el título de Historia general de Emperadores,
Pontífices, Ucycs, etc., es una de las mas apreciablcs de Oviedo, tanto por su
extensión, como por su importancia: consérvase en la Biblioteca del Escorial, es-
crita toda de mano del mismo autor, y señalada con la marca h-j-7. Consta de cua-
trocientos cincuenta y un folios, inclusos los veinte y cuatro que ocupa el índice y
se halla compartida en cinco divisiones, con los siguiente títulos:
1." «Cathálogo de los Reyes de Castilla y del antiquísimo origen del castillo de
»sus armas: de donde procedieron todos los Reyes de las Españas, copiladoporGon-
«zalo Fernandez de Oviedo y de Valdés, y dirigido á la Sacra, Cesárea, Real é Ca-
»thólíca Magestad del Emperador de los chripstianos, nuestro Rey de las Españas: é
»del origen é subgesionde todos sus quatro abolorios, con relagion de todos los Eni-
«peradores y Summos Pontífices.»
2." « Colupnas de las estirpes é casas reales de Castilla é de León é Aragón é
«Navarra, é Ñapóles é Portugal é de Borgoña é Flandes, é Holanda: é assi mismo la
«conseqüengia imperial desde Julio César hasta el Emperador, nuestro señor, donCái-
«los V de tal nombre; é concluirse há con los Summos Pontífices desde el glorioso
«Apóstol Sanct Pedro hasta el Papa Clemente VII que hoy vive, nuestro Sancto
«Padre.»
3." «Sumaria relagion del Cathálogo de los Reyes de Frangía para traher á con-
«seqüencia las casas é Estados de Austria é de Borgoña é Flandes é Holanda é Habs-
«burgia, que de la dicha casa real de Francia desgienden, que son los solares é abo-
» lories paternos del Emperador don Carlos, nuestro señor.»
4.' «Epílogo imperial de los Clésares desde Cayo Julio César, el primero dellos,
«hasta la Cesárea, Sacra é Cathólica Magestad del Emperador rey don Carlos V de
«tal nombre, nuestro señor.»
« Sumaria relación del Cathálogo de los Summos Pontífices del glorioso trono
r; *
«é silla apostólica, dende el Apóstol Sanct Pedro, espejo y vicario primero en la
«Iglesia de Dios, é sus subgesores hasta nuestro muy Sancto Padre Clemente VII que
«al presente es Papa de toda la monarchia é religión chripsliana» ^*.
vastas provincias en cuanto se contiene en el referi-
do Sumario , empleando solo los siele primeros ca-
pítulos en hacer una breve reseña tanto del asiento
y moradores de Hayli, como de algunos de sus
mantenimientos y aves, y destinando el octavo á
dar una ligerísima idea de la isla de Cuba. Todo lo
demás se refiere al estudio de la historia natural res-
pecto de la Tierra-Firme, y solo el capítulo que de-
dica el Veedor á hablar del «estrecho y camino que
TOMO I.
«hay desde el mar del norte á la mar austral que d¡-
«cen del sur,» es el que puede ofrecer algún inte-
rés político. ¿Por qué hombres de tan señaladas
prendas y erudición incurren en tamaños errores?,.
Don Nicolás Antonio no hace mención de esta obra
en el artículo de Oviedo (Vid. Bibliot. Hisp. nova,
tom. I, págs. 5S4 y 5o, Ed. de Midiid 1783).
H El Catálogo Real de Castilla termina con los
siguientes versos:
42
XC VIDA y ESCRITOS
Por la simple exposición de las divisiones del Catálogo Real, se notará fácil-
mente cuan grande es la importancia ds este trabajo histórico, hallándose en él
plenamente confirmadas cuantas observaciones llevamos expuestas sobre el mérito
literario de Oviedo. La cronologia que establece respecto de los primitivos reyes,
basada en la autoridad del Beroso, de fray Juan Annio de Viterbo y de los falsos
cronicones, es solo comparable á la seguida por el benedictino Argaiz en su Co-
rona Real de España por España , fundada en el crédito de los muertos *'. El
Veedor de las fundiciones del oro que no acierta á rechazar las fábulas fraguadas
sobre tan oscuras edades, movido de su natural candor, señala la existencia de
veinte y cuatro reyes, descendientes de Jafet y de Tubal; y si bien no dejan de asal-
tarle en este punto arduas y racionales dudas, todas las desvanece el ejemplo
del dominicano, á quien seguia entonces y pensaba seguir para en adelante al pie
déla letra. Mas si dominado de este espíritu, incurre Oviedo en tan ciegos erro-
res, cuando trata de los tiempos primitivos; si al recorrer la historia romana,
manifiesta que no ha hecho un estudio profundo de los escritores griegos y lati-
nos que trataron de la Península ibérica, dirigiéndose principalmente á fijar la
cronologia del Imperio, no sucede lo mismo cuando llega á la historia de la edad
media, período estudiado por él con mayor detenimiento que otro alguno de sus
coetáneos. Desde que se acerca á la conquista de Toledo, acontecimiento de alta
significación en los anales de la civilización española , parece que le anima ya es-
píritu distinto: Oviedo no habia hecho sus estudios registrando los archivos, ni
sacando á plaza otros testimonios , coetáneos de los sucesos que refiere; pero ha-
bia leido y examinado cuantas crónicas se escribieron en los siglos XIII , XIV y
XV , y cotejándolas entre sí y comparando sus narraciones y depurando los hechos
dudosos *^, logró establecer un método claro y sencillo en la exposición histórica,
enlazando la de Castilla con las de Aragón y Navarra, acaso con mas arte que el
diHgente Garibay , quien pudo sin duda emplear mas abundantes medios en sus ta-
Á España pobló Tubal ^^^^ mas notables, siguiendo el orden alfabético.
Jacobo la convirtió ^^ ^^- "^^ ^^^'''^ P°^ ^'^'^^' ^^^S^o , 1668.
y Rodrigo la perdió ^^ Hablando el primer cronista de las Indias de
por sentencia divinal, '^^ autores que habia consultado , para componer
y Colom la cnriquescíó; ^^ Catálogo Real, observaba : «Epilogando , pues , y
pero su fama inmortal «concordando la diversidad é variedad de lo que
Carlos Quinto se la dio «muy difusamente he hallado en las Chrónicas de
«España , assi en la que llaman General Historia,
«como en las que antiguamente escribieron el Arzo-
Despues de esta estrofa puso Oviedo la siguiente »bispo don Rodrigo y el Obispo de Tuy y el Bur-
nota, á que hemos aludido ya en otra parte: «gense y el Obispo de Falencia , y en la que inler-
« Paulo, Papa III de tal nombre, subcedió á Cíe- wpretó del arábigo Abembiquo y en las. que moder-
«menfe VII. No se puso su rela9lon , porque agora «ñámente han escriplo y copilado Hernando del Pul-
«en el mes de septiembre deste pressenle año de »gar y Mossen Diego de Valera y el Palentino y
«mili é quinientos é treynta y qualro años fué »Antonio de Lebrixa y el Sículo y otros historiado-
«assumpto á la silla apostólica. Plega á Dios que «res modernos destos nuestros tiempos, todas las
«sea por bien é para su sancto servicio.» — Des- «quales y otras muchas he visto para copilar este
pues de esta advertencia y pasadas tres hojas en nEpilogon (Proh. del mismo, Cód. S. 33 de la Bi-
blanco, comienza la tabla de las cosas y nom- blioleca nacional).
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XCI
reas. No recibieron las de Oviedo poca ilustración con el auxilio de los árboles ge-
nealógicos que emplea para esclarecer sus invesiigaciones y explicar los entron-
ques de la casa real de Castilla con las de Francia, Ñapóles y Alemania, punto prin-
cipal á donde se encamina ; pudiendo asegurarse por último , que el Catálogo lical
de Castilla es el tratado mas completo de la historia de España y de sus relaciones
con los demás Estados de Europa , de cuantos hasta fines del primer tercio del si-
glo XVI se escribieron.
Completa esta preciosa obra el Epilogo ¡leal , Imperial y pontifical , que parece
formar la segunda y tercera parte del Catálogo , y comprende desde el reinado de
don Juan II de Castilla y don Juan II de Aragón hasta el año de 4555, en que
Oviedo lo dio por terminado , según dejamos en otro lugar advertido ". Insertó en
el Epilogo la crónica de los Reyes Católicos que tenia escrita en 1525 '*, y íibra-
zó asimismo la relación del reinado de don Carlos , añadiendo , ya en los últimos
años de su vida , la de los hechos memorables á que dio cima el Emperador en su
campaña contra los sectarios deLutero. Digno de la mayor eslima es el Alcaide
de Santo Domingo en esta parte del Catálogo, donde aparece como autor original
y testigo de vista de la mayor parte de los sucesos que narra, siendo verdadera-
mente sensible que por la índole misma de su proyecto no se extendiera á bos-
quejar con mas detenimiento el reinado de los Reyes Católicos. Curiosos y pere-
grinos son no obstante los datos que recogió sobre las rentas reales de Castilla,
tanto ordinarias como extraordinarias (á que se agregaban las de los maestrazgos
de las Órdenes militares incorporados á la Corona y las de Indias) , cuya suma
total ascendia á 2.250,000 ducados. Y no son menos interesantes las noticias que
17 Debemos adverlir aqui , para mayor ¡luslra- especie de don Nicolás Anlonio , ponen enire ellas
cion, que Oviedo debió sin duda variar, después del un Memorial de algunas cosas de la Coránica de
año 1532, en que presentó en la corte la I." Parte del los Reyes Católicos don Fernando y doña habel y
Catálogo Beal, el plan que, al concebirlo, habia Ira- de la Coránica del Emperador don Carlos. Eslo ha-
zado. En el prohcmio de dicha I." Parte decia: «La ce el erudito Baena, y á esto se inclina el aiiglo-
wpressente es dende el primer rey de España hasta americano Ticknor , según queda apuntado en otro
»fm de la vida de don Johan II ; é la segunda ha de lugar de este bosquejo; pero el circunspecto don Nico-
»ser del hasta el pressente , y la última de las casas las Antonio, de qui n tomó el primero la noticia, no
«illustres y generosos varones que debaxo de vues- solamente coriiprendió el Catálogo y Memorial refe-
»lro señorío y servicio militaron». Se vé , pues, que ridos en un mismo párrafo de su Biblioteca, sino que
el primer pensamiento de Oviedo fué incluir en el manifestó la dudas que tenia respecto de este punto,
Coíá/ogo TJeanas casas y hombres célebres de Cas- diciendo después de poner el título del memorial:
lilla , pensamiento que realizó mas adelante en oira «Cujus initium est,ut suppelat unde cum catalogo, si
obra , que habremos por tanto de considerar como »venit ad manus, conferrepossis: Reynando en Casti-
nalural complemento del Catálogo. Ha el rey don Enrique IV, etc.» (Bibliot. Nova,tom. I.
18 Si el examen del Catálogo Real no bastase á pág. 555). Tan legítima y racional duda de aquel
dejar probada esta observación , las frecuentes de- docto bibliólogo se convirtió después en una afirma-
claraciones de Oviedo sobre el plan de dicha obra y cion, que hoy rechaza la crítica, ilustrada ya con el
el recuerdo de que desde el año de 1505 se ocupaba, examen del mismo Catálogo. Lo que de todo se de-
por mandado del Rey Católico, en recoger los datos duce es que de las obras de Oviedo se hubieron de
que utilizó en ella, serian suficientes á disipar toda sacar, á trozos, diferentes traslados, poniendo ca-
duda sobreesté punto. Y sin embargo, ya sea por- da copiante al que extractaba el título que mejor
que no se han reconocido estos dalos, ya porque hubo de parecerle, lo cual veremos mas adelante
la segunda parte del Catálogo Real se ha considera- confirmado, al dar cuenta de las Batallas y Quinqua-
do como obra distinta , es lo cierto que los escrito- genas y de la Historia general y natural de Indias.
res que dan razón de las de Oviedo , tomando cs!a
XCII VIDA Y ESCRITOS
trae Oviedo sobre las rentas de los comendadores de las expresadas Ordenes , de
los cabildos y prelados , de los grandes y mayorazgos , y finalmente de los monas-
terios y cpnventos ; contribuyendo todos estos datos estadísticos á darnos la mas
cabal idea de aquella nobleza y clero, que tanta parte alcanzaban en la gober-
nación del Estado ''.
VI. « Libro de la Cámara Real del príncipe don Juan y offigios de su casa é ser-
vigio ordinario» (1546 y 154-8).
De este curioso tratado existen , tinto en la biblioteca del Escorial , como en
la patrimonial de S. M., en la Nacional y en la de la Real Academia de la Histo-
ria varias copias, sacadas en diferentes tiempos. En la biblioteca patrimonial de
S. M. se conserva, no obstante, el ejemplar autógrafo, de que habla el erudito
Baena, bien que no pudo escribirse, como habrán tenido ya ocasión de nolar
los lectores, en 1540, según este biógrafo supone. Conocido el objeto de Ovie-
do al componer tan interesante libro, fácilmente se comprenderá que ha de ser
un precioso depósito de noticias relativas á la vida interior de la corte del prín-
cipe y aun de los Reyes Católicos, lo cual basta para recomendarlo grandemente
á la estimación de los estudiosos. Oviedo , que recordaba complacido aquellos pri-
meros dias de su juventud , procuró completar en las Adiciones á los O f ¡icios la
idea que se proponia dar de aquella corte , en donde tan bien avenidos se mostra-
ban el fausto y la opulencia con la sobriedad y la economía ^.
VII. «Reglas de la vida espiritual y secreta theologia». [Sevilla, por Domingo de
Robertis, 8.°, 1548).
Traducida por Oviedo esta obra meramente ascética, y dada á luz por él mismo,
según queda ya anotado , movióle su desgraciado éxito á lanzar contra sus coetá-
<9 El resultado lolal, que ofrecen los datos esta- del sereníssimo príncipe don Juan, de gloriosa mo-
díslicos que en este lugar del Epílogo presenta Ovie- moría , primogénito heredero de los muy altos é Ca.
do, es el siguiente: Rentas de la corona 2.250,000 thólicos Reyes don Fernando y doña Isabel, hecho
ducados: rentas de los grandes d. 728,000 ducados; por Gonzalo Fernandez, do la cámara de Su Alto-
id. de mayorazgos 951,000 ducados; id. del clero za en loiln. 4." «Ofíicios de la Casa Real de Casti-
superior secular 1.490,000 ducados; id. de los mo- lia , por el capitán Gonzalo Fernandez de Oviedo y
nasterios y conventos (no completos) de León y Cas- Valdés». 5." «Tratado de la Cámara Real del prín-
tilla 960,000 ducados. La razón individual de estas cipe don Juan , los officios de su casa y servicio or-
rentas no puede ser mas curiosa é interesante. diñarlo , compuesto por Gonzalo Fernandez de Ovie-
20 Muchas son las copias que hemos examinado do y Valdés , su mozo de cámara y llaves». Otras
del Libro de la Cámara Real del principe: solamente tantas copias hemos registrado en la Biblioteca pa-
en la Biblioteca Nacional se conservan cinco trasla- Irlmonial de S. M. , advirtiéndose en ellas como en
dos con los siguientes títulos : i.° «Gobierno y offi- las de la Nacional y las dos que se custodian en la
oíos de la cassa del príncipe donjuán , hijo de los Real Academia de la Historia que los Irasladadores
Reyes Calhólicos don Fernando y doña Isabel; por han variado á su placer el título que le puso Ovie-
Juan (Gonzalo) Fernandez de Oviedo , su mozo de do, no siendo mas fieles respecto del texto. El có-
cámara , 1548». 2." «Libro de la Cámara Real del dice original que dejamos citado, regalado á Cár-
príncipe don Juan y offi9Íos de su casa y servioio los IV por don Antonio Pisón , según expresa Bae-
ordinario , compuesto por Gonzalo Fernandez de na, forma un tomo en 4.°, marcado S. 2, esl. G.,
Oviedo y Valdés». 3.° «Instrucción de la Casa Real plut. 6.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XCIII
neos la acusación de que se pagaban estos de los libros perniciosos y mundanos
mas que de los útiles y religiosos; pero esta acusación no puede con justicia recaer
de lleno sobre una época en que se leian con avidez las obras de fray Luis de
Granada, y era escuchada con entusiasmo la inspirada voz del venerable fray Juan
de Avila, apóstol de Andalucia. Sin embargo, como no ha sido posible haber
á las manos ejemplar alguno de esta traducción de Oviedo, parece acertado el sus-
pender aqui todo juicio sobre ella.
VIII. « Batallas y Quinquagenas , escripias por el capitán Gongalo Fernaudez de
Oviedo , criado del príagipe don Johan, hijo de los Reyes Cathólicos, y coronisla ma-
yor de las Indias, del Emperador Carlos V » (1530).
Aunque el Alcaide de Santo Domingo no hubiese escrito mas que esta obra,
bastada ella sola para conquistarle lugar señalado entre los primeros genealogis-
tas españoles. Trazadas en el Calcilogo Real las ascendencias del monarca , no
tuvo por terminada tan ardua tarea sin presentar igualmente cuantas noticias ha-
bía atesorado, durante su larga vida, sobre las casas ilustres de España y los
generosos varones que bajo los estandartes del César militaron. Tal fué el pensa-
miento que dio vida á las Batallas tj Quinquagenas; pero Oviedo, para quien este
propósito era solo una ocasión de hacer gala de sus esquisitas investigaciones
históricas y de su no vulgar experiencia , pretendió emular los esfuerzos de los
esclarecidos autores de los Claros varones y las Generaciones y semblanzas y til-
dándoles de parcos ó mal contentadizos, por el corto número de los personages
incluidos en sus obras ^'. La de Oviedo «está dividida, según observa el erudito
»Clemencin, en Batallas, Quinquagenas y diálogos entre el Alcaide, que es el
«autor, y un tal Sereno, que le pregunta de ordinario y da ocasión á que se re-
»fieran la historia , prosapia , armas , rentas y divisas de alguno de los persona-
))ges notables de España y á veces de toda una familia. Con este motivo, apenas
2i Oviedo decía, después de achacará los Iras-
lad adores ó trasquiladores de las minutas ú original
de Hernando del Pulgar , lo siguiente: «Pero olvi-
»dar á muchos me parescc mayor delicio é incom-
»porlab!e, c hacer un quaderniilo ó libro muy bre-
))ve, é llamarle de les Claros varoties é no h&hlar
))sino de veynle é siete personas , esto es lo que yo
))no sé disculpar; y algunos de aquellos no claros ni
))aun limpios de todo esto... E en esse mesmo error,
))quanto al poco número, incurrió Hernán Pérez de
»Guzman, señor de Batres , puesto que no dio título
»de Claros varones á su obra....; pero esta muestra
MÜamaba en su Adif^ion el doctor Lorenco Galindez
»dc Carvajal Claros varones , y contados con el rey
«don Henrique y la reyna doña Cathalina, su mu-
))ger , d el infante don Fernando que ganó á Anle-
»quera y fué rey de Aragón y con el rey don Juan II
Ȏ hasta parar en el condestable de Castilla , maes-
»tre de Sancliago don Alvaro de Luna ; en todos
))los que memora y escribe son Ireynta y tros per-
»sonas é capítulos breves: por manera que ambos
wtractados de essos auclores son sesenta , menos
))uno ; y hasta aqui tenemos vos é yo ciento diez é
«nueve y no avenios escriplo la quarta parte de
«nuestros días». Y después af.ade : «Por uno de los
«que puso Pulgar , pudiera yo poner Ireynta... no-
«sotros pornemos mas de trescientos castellanos, si
«la muerte no me ataja». (Bat. y Quinq., Y. 59,
fol. dl3 vuelto.) Pero Oviedo perdía de vista respec-
to de Hernando del Pulgar que no es lo mismo cla-
ros que poderosos varones , y que aquel distinguido
escritor aspiró á presentar únicamente beneméritos,
mientras él atendía también á la antigüedad y lim-
pieza de linage : Pulgar juzgaba como un crítico:
Oviedo escribía mas principalmente como un genea-
logísta: debiendo también tenerse presente que los
reinados en que florece , fueron mas fecundos en
grandes hombres que los anteriores.
XCIV
VIDA Y ESCRITOS
»hay suceso pequeño ni grande del tiempo de los Reyes Católicos y de los años
«inmediatos de que no se haga mención, con tal multitud de relaciones parti-
»culares , anécdotas y noticias de todas clases , que es un verdadero tesoro pa-
»ra la historia de aquellos tiempos ; y como escrito por un testigo de vista tan
«fidedigno, adquiere mas derechos á la estimación y aprecio de los curiosos» *^.
Tan clara idea de las Batallas y Quinqaagenas , dada por aquel docto académico,
no ha sido parte á estorbar que distinguidos historiadores de nuestros dias for-
men sobre ellas equivocados juicios , confundiéndolas con las Quinquagenas es-
critas algunos años después, siendo en verdad notable que, aun procediendo equi-
vocadamente , casi todos hayan seguido á Clemencin, al quila tar el mérito de tan
importante obra ^^
Lástima es que no exista de ella ningún códice completo , lo cual hizo mani-
festar al autor del docto Elogio de la Reina doña Isabel , que no había apariencias
de que Oviedo la concluyese enteramente, conforme al plan que se había propuesto.
22 Memorias de la Real Acad. de la Hist., to-
mo VI, ilust. iO, págs. Í23 y 24.
23 Mr. W. Prescott , respetable escritor anglo-
americano , que en su Historia del reinado de los
Reyes Católicos da algunas noticias de Oviedo y sus
obras , y reconoce en las Batallas y Quinquagenas
el mérito que realmente tienen , creyendo sin duda'
describir esta obra , inserta el título de las Quin-
quagenas de que hablaremos después , añadiendo
para completar la idea de las Batallas la nota final
que pone el Alcaide de Santo Domingo en la ter-
cera parte del códice autógrafo de dichas Quinqua-
genas. Después añade: «Esta curiosísima obra está
wescrta en forma de diálogos, en los cuales el in-
))terlocutor principal es el mismo autor : contiene una
«noticia muy completa y ciertamente prolija de las
«principales personas de España, de su linage, ren-
»tas y armas , con un caudal inagotable de anécdo-
ntas de la vida privada». Y mas adelante prosigue:
«Ademas de los tres tomos en folio que existen en
»la Biblioteca Nacional de Madrid , de que se sacó
»la copia que tengo en mi poder, Clemencin, que
«elogia con exageración esta obra, como propia pa-
»ra ilustrar el reinado de Isabel , cuenta otros tres,
wdos existentes en la biblioteca particular del rey y
»uno en la de la Academia». A la verdad que Pres-
cott ha debido ser torpemente engañado por quien
le remitió la copia que dice tener en su poder, para
incurrir en tales inexactitudes : de otra manera seria
imposible el que diese razón de una obra, apropián-
dole el título y atribuyéndole citas sacadas de otra.
Si no creyésemos en su probada honradez y veraci-
dad , todavía pudiera sospecharse que solo vio , y
muy de prisa, lo que dejó Clemencin escrito, puesto
que este docto académico habló de ambas produccio-
nes de Oviedo y copió el título y algunos fragmentos
de las Quinquagenas , sin atribuirlos á las Batallas
ni menos confundir ambas obras. Pero si Prescott,
escritor que solo hizo mérito de esta obra incidi'n tal-
mente , merece alguna ceiisiira , por haber caldo en
semejante desliz, mas culpable nos parece Mr. Geor-
gcTicknor, quien tratando de propósito estas ma-
terias, escribe en su Historia de la literatura espa-
ñola, ya citada: «La otra obra notable de Oviedo
«(solo lleva examinada Ticknor hHist. gen. de Ind.)
«fruto de su ancianidad , está consagrada á los afec-
«tuosos recuerdos de su pais nativo y de los hom-
»bres distinguidos que había conocido en él. Intitú-
wlala Las Quinquagenas , y consiste en una serie de
«diálogos en que con poco método y orden , da mi-
«nuciosas noticias de las principales familias que fi-
«guraron en España en tiempo de los Reyes Cató-
«licos y Carlos V , mezcladas con anécdotas y es-
«pecies que no sin cierta ostentación de vanidad
«propia pueden pasar por unas memorias de su lar-
»ga y atareada vida. Por el diálogo sobre el Carde-
»nal Jiménez y por otros, parece que se ocupaba
«en esta obra el año de 1545 ; pero la fecha que cita
»mas en estas conversaciones imaginarias , es la de
«1550; y al fin de ellas declara terminantemente
«que concluyó las Quinquagenas en 24 de mayo de
«1550 , á los 79 años de edad.» Oviedo no declara
en las Batallas y Quinquagenas, obra de que habla
aquí Ticknor, semejante cosa: donde lo decíaro ter-
minantemente es en las Quinquagenas que tenían un
objeto distinto , como notaremos en su lugar corres-
pondiente. Una de dos: ó estos aprecíables escrito-
res han examinado las Batallas y Quinquagenas de
que intentan dar noticia , ó no : si lo primero ¿por
qué confundirlas tan lastimosamente con las Quin^
quagenasl... Si lo segundo ¿por qué aventurarse á
dar razón de ellas?... Y dado este último caso ¿por
qué no siguieron á Clemencin, que hizo mención de
ambas producciones de Oviedo de una manera clara
y distinta?...
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XCV
atendiendo á la avanzada edad en que se hallaba ^. En la bibloleca Nacional se
conservan tres códices, señalados con las marcas Y 59, K 81 y K 150, de don-
de hemos tomado muchas de las noticias empleadas en este bosquejo , parecién-
donos indudable que con el examen comparativo de estos y de los dos manuscritos
de la biblioteca patrimonial de S. M. y «1 que se guarda en la Academia, habrá
de venirse en conocimiento de lo que realmente ha llegado á nuestros dias de las
Batallas y Quinquagcnas
25
24 Los temores del entendido Clemencin pare-
cen quedar justificados, cuando leemos en las Quin-
qvagenas: «Hánme aprovechado mucho para salir
wcon este Iraclado ó Quinquagcnas oirás que escri-
»bí mas largamente, dialogando de la nobleza y ca-
»sas principales de España, en que digo sus funda-
wdores é rentas é armase sus genealogías é sushis-
))lorias é casos intervenidos á aquellos de quien allí
))traclo (en qualro gruesos volúmines); y en cada
wcasa, de quien tracto, comienco por el señor della
»que yo vi, y dialogando se traen á conseqüencia
»los ascendientes y descendientes. Obra en que yo
»he gastado mucha parle de mis dias y noches y no.
»he acabado por dos cosas : la una porque he te-
wnido esperanca de yr á morir á España, para per-
»fec¡onar algunos passos en lo moderno de aquellas
«cosas que se tractan en la III." Parle de las Quin-
nquagenas dialogales : lo otro que me ha detenido es
«una promesa que hizo el coronista Florian Docam-
»po, donde dice en su prohemio de la primera parte
))de la Crónica de España... que Iractará entre otras
«cosas una relación de las parentelas é linages de
«España, efe» {Quinq. , 111.' Parle, Est, 22). No
deja , pues, duda esta confesión de Oviedo de que,
si en iSSO daba la úilima mano á las Batallas y
Quinquagcnas , el año de 1SS5 ó S6, en que escribía
la III. ' de las Quinquagcnas no dialogales, tenia
determinado retocar y aun añadir alguna parte de
aquellas , siendo probable que no consiguiera termi-
narlas , pues que pasó de esta vida á poco tiempo
de su vuelta á España , muy ocupado por olra parte
con la Historia general de Indias.
25 El erudito don Nicolás Antonio, y con mayor
seguridad don José Alvarez Baena, atribuyen á
Oviedo una obra titulada: Memorial de la vida y ac-
ciones del cardenal don fray Francisco 2'imenez de
asneros , asegurando ambos que se conservaba en
el colegio de San Ildefonso de Alcalá. Don Nicolás
Antonio manifestaba que de esta producción del Al-
caide de Sanio Domingo se hablan aprovechado
Alvar Gómez de Castro, en su historia latina de Cis-
neros y el franciscano fray Pedro de Quintanilla en
su Archetipo de virtudes, refiriéndose al Archivo
Complutense que puso Quintanilla al final de su obra.
Deseosos nosotros de apurar la verdad de estos
asertos , hemos registrado cuantos papeles se con-
tienen entre los documentos, de que se valió Alvar
Gómez de Castro y dejó al colegio de San Ildefonso,
para que se guardasen en su archivo (tetera »io-
numenta.... scriniis complutcnsis Scholce aservanda
tradidit), y solo hemos encontrado algunos extrac-
tos sacados , según se expresa , de la Historia de
Oviedo , nombre que lleva también el Catálogo Real,
según queda oportunamente advertido. Los extrac-
tos indicados tratan del inquisidor Lucero y de lo
que toca á los presos de Córdoba, y déla desembar-
cacion del rey don Carlos. Ni en los índices antiguos
ni en los modernos , que se custodian en la Univer-
sidad de esta corle , á donde se trasladaron la libre-
ría y archivo del colegio de San Ildefonso , hay no-
ticia de que existiera el indicado Memorial, pare-
ciéndonos que el error de don Nicolás Antonio , á
quien copió Baena , proviene de lo que fray Pedro
de Quintanilla dice en su Archivo Complutense. Las
palabras de este laborioso franciscano son las si-
guientes : « Dejó (Oviedo) una relación ó memorial
«en nuestros archivos de la última gobernación del
«siervo de Dios, etc.» (pág. 77, edic. de Palermo,
I6S3). Perode este testimonio de Quintanilla no es
posible deducir lógicamente que Oviedo escribió una
obra separada y distinta del diálogo sobre el cardenal
Cisneros, inserto en las Batallasy Quinquagcnas, ni
menos que le dio el título citado por don Nicolás An-
tonio y por Baena. Aun cuando el autor de\ Archetijw
no aludiera con la expresión dejó en nuestros archivos
á la generalidad de los del reino, refirie'ndose á los de
la orden de San Francisco á que el cardenal h;ibia
pertenecido, tampoco se podrá sacar en claro que
hablaba del colegio de San Ildefonso de Alcalá, por-
que entonces se hubiera expresado en otros términos
mas particulares. No existiendo en el archivo del ex-
tinguido colegio , ni constando de sus índices que
haya existido el Memorial de la vida y acciones del
Cardenal , y siendo tan vaga la referencia de Quin-
tanilla , en que se apoyó, don Nicolás Antonio , nos
inclinamos, pues, á creer que la relación ó memorial
vista por aquel laborioso franciscano no es olra cosa
que el diálogo que dedica Oviedo á Cisneros en las
Batallas y Quinquagcnas, donde atesora en efecto cu-
riosos datos sobre la gobernación de tan ilustre pre-
lado, si no es ya la parte que en el Catálogo Real
consagra á dar cuenta df la regencia del mismo. No
dejaremos de advertir por último respecto de los diá-
logos ác\?ís Batallas, que trasladados conmuchafre-
cuencia, sin expresar los nombres de los interlocuto-
res , ha podido esto ser causa de que se tengan por
XCVI VIDA Y ESCRITOS
IX. « Traclado gensral de todas las armas é diferengias dellas, é de los escudos
é diferencias que en ellos hay, é de la orden que se debe guardar en las dichas ar-
mas, para que sean giertas no falsas , é de las colores é metales que hay en armería,
é de las reglas é circunstancias á este efeto convinientes » (1550 ó 51 ).
Este tratado , compuesto de once libros , y recogido cuidadosamente de mul-
titud de autores, es sin duda digno de aprecio, tanto por lo claro y metódico,
como por lo curioso y recóndito de las noticias que encierra respecto de la he-
ráldica, parte tan principal de los estudios históricos. Desgraciadamente solo he-
mos podido haber á las manos el libro primero, que dividido en veinte capítu-
los , presenta claras é interesantes nociones sobre la manera de hacer los escu-
dos de armas, sus colores y metales, su significación é importancia, asi romo
también sobre la legitimidad de los timbres y divisas que podían emplear los caba-
lleros y nobles de Castilla. Los diez libros restantes tenían por objeto el estudio
y aplicación de «diversidad de armas, é historias, é figuras, é banderas, é di-
visas, é otras muchas cosas» pertenecientes atan útil materia, que ilustró Ovie-
do con oportunos dibujos y pinturas, según expresa en el proemio del libro pri-
mero que tenemos á la vista. Considerado, pues, este tratado con relación á
las demás obras del Alcaide de Santo Doiiingo , creemos conveniente observar
que no desmerece de ellas, contribuyenJa en contrario á completar la idea que
nos da en todas, déla época en que florece, pues que la ciencia del blasón tenia en-
tonces una significación verdadera en el Estado. Lástima es que solo hayamos po-
dido examinar hasta ahora el primer libro de este peregrino tratado, que menciona
el mismo Oviedo en diferentes pasages de las demás producciones : el códice que
posee la Real Academia de la Historia , está señalado con la marca E. 2i, gra. 5.%
núm. 00, y encierra también parte las Batallas y Quinquagenas.
X. « Libro de linages y armas que escribió el capitán Gongalo Fernandez de Ovie-
do y Valdés, coronista del Emperador Curios V y de las Indias »( 1551 ó 52).
No carece tampoco de interés este tratado , que ha venido últimamente á po-
der de la Real Academia con la selecta biblioteca de don Luis de Salazar , custo-
diada en otro tiempo en el monasterio de Monserrate. Y decimos que no carece
de ínteres, porque si bien no da Oviedo á cada artículo la extensión que induda-
blemente requería un Nobiliario general, la circunstancia de señalar las relacio-
nes y enlaces de las principales familias y personages por él conocidos , objeto
único que tal vez se propuso , es bastante para que pueda ser consultado con pro-
vecho. Hállase marcado con la letra C , núm. 24, y puede tal vez considerárse-
le como una segunda parte de la obra anterior, atendida la semejanza de la ma-
teria de que tratan una y otra ^^
tratados distintos é independíenles entre sí, como pa- ser considerado como la segunda parle del Trata-
rece en alguna de las copias que hemos consultado. do general de todas armas, porque no puede ser
íití Decimos que puede el Libro de los linages mayor !a semejanza de la materia que uno y otro
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
XCVII
XI. «Las Quinquagenas de los generosos é ¡Ilustres é no menos famosos reyes,
príncipes, duques, marqueses y condes é caballeros é personas notables de España:
que escribió el capitán Gongalo Fernandez de Oviedo y Valdés, Alcayde de Sus Ma-
gestades de la fortaleza de la cibdad é puerto de Sancto Domingo de la Isla Españo-
la , coronista de las Indias , islas é Tierra-Firme del mar Océano , vegino é regidor
desta cibdad, é natural de la muy noble é leal villa de Madrid » ( 1553 y 1556).
El objeto de esta obra , principalníienle encaminada á « corregir los vicios y loar
»las virtudes» , es distinto del que se propuso el Alcaide de Santo Domingo al es-
cribir las Balallas y Quinquagenas ya mencionadas. En estas aspiraba solo á tras-
mitir á la posteridad las hazañas y hechos heroicos de sus coetáneos: en las
Quinquagenas intentaba «memorar los famosos varones de nuestra España», que
habían florecido tanto en armas como en letras y virtudes. Acaso el propósito de
generalizar este trabajo , quitaba á las Quinquagenas aquel interés vivo y palpi-
tante de las Balallas ; pero al mismo tiempo les daba mas variedad y extensión,
trayendo á la memoria cuantas acciones generosas , cuantos dichos célebres, cuan-
tas difíciles empresas ilustraron los fastos de la historia nacional desde las mas
remotas edades , sin olvidar en tan gloriosa copia ni á los mártires de Cristo , ni
á los sectarios de Mahoma , ni á los descendientes de Judea. Sirvióle de modelo
para esta producción la Suma de varones ilustres , recopilada por Juan de Sede-
ño, bien que «tenía ya escrita mucha parte de las Quinquagenas, cuando hubo á las
manos dicha Sumay> , y solo le aprovechó el ejemplo de Sedeño para dar alguna
mas amenidad á sus trabajes. «Con este propóssíto (escribe Oviedo en el proemio
»de la I.' Quinquagena) procedí en lo comencado, é mezclé é ingerí los famosos
©señores y varones antiguos y modernos, y compuse en todo siete mili é quinien-
»tos versos en estilo común y nuevo ^ , distintos en tres Quinquagenas, que son
«primera , segunda y tercera partes , cada parte ó Quinquagena de cinqüenta es-
»tanzas , é cada estanza de cinqüenta versos » ^. Esta distribución , tan diferen-
te de la que dio el primer cronista de las Indias á las Balallas , facihta gran-
demente la lectura de las ciento cincuenta estanzas, de que se compone toda la
obra (fuera de lo acrecentado á la III.' parte) , aunque altera el orden cronológi-
co de los sucesos en ella referidos. Como depósito de noticias, siempre recónditas
y exquisitas , como repertorio de hechos memorables , donde no se ha negado la
contiene. Siendo el objeto de este el dar una idea
general del blasón, sus diferencias y aplicacio-
nes, y concretándose aquel á referir los enlaces
de las familias ilustres de España, apuntando al
par las armas que á cada cual correspondían , na-
tural parece por tanto que puedan formar estos dos
tratados parle de una sola obra. Nuestra observa-
ción no pasa , sin embargo , de ser una congelura
mas ó menos fundada.
27 Oviedo, que sin tener verdaderas dotes poe'-
ticas, quiso también dospunlar los aceros de su in-
genio en el lenguage de las musas, decia respecto
del estilo común y nuevo , empleado en sus versos:
TOMO I.
«Assi como llaman tercia rima al estilo en que o|
wDanthe escribió su Comedia é Fran9isco Petrarca
»sus Triumphos de tres en tres versos, puesto que
»aquellos son de arte mayor de once é doce si(a-
))bas, é aquestos mios son de arle con)un é baxo de
«siete é de ocho sílabas ; pero el nombre se aplica
waqui á la respondencia segunda rima, como tengo
«dicho : é los versos de los poetas alegados é los de
«aquellos que aquel estilo siguen , los llaman tercia
nrima, como es notorio entre la nascion italiana é
«en especial en la toscana lengua que es de las vul-
«gares italianas la mejor». {Quinq , 1." Parle, Est. 4.)
28 Prohemio á la I." Quinquagena,
13
XCYllI VIDA Y ESCRITOS
entrada á las proezas debidas á las ilustres matronas castellanas , bien puede ase-
gurarse que son las Quinquagenas dignas del mas alto aprecio , hallando en ellas
abundante motivo de estudio cuantos se consagren al de la historia de nuestro
suelo, ya civil, ya mihlar, ya religiosa, ora política, ora literaria.
Los códices originales de esta importante y curiosísima obra , escritos de mano
del mismo Oviedo, se custodian en la Biblioteca Nacional, signados con la mar-
ca Ff. 104, 105 y 106, siendo al parecer los mismos que poseía el duque de
Medina de las Torres, cuando don Nicolás Antonio compuso su Dibliolhcca
Nova
29
XII. «Historia General y Natural da las Liiias, Islas y Tierra-Firme del mar
Océano» (1Ü35 y 1557).
Llegamos á dar razón de la obra mas acariciada ^° por Oviedo durante su larga
vida y á la cual parecen agruparse todas las que produce su fecundo ingenio, sien-
do al propio tiempo el principal objeto de las presentes tareas. La Historia Ge-
neral , que no conocida del todo , ha bastado á colocar el nombre de su au-
tor entre los historiadores clásicos de Indias ^' , ya que se ha logrado completar-
la, no solamente merece la estimación de los doctos, por ser la primera que so-
bre el Nuevo Mundo se escribe , sino por haberse trazado y llevado á cabo en
medio de los mayores contratiempos y en aquellas mismas comarcas que hollaban
por vez primera plantas españolas. Bajo este punto de vista será difícil encontrar
en la república de las letras otra producción, que ofrezca mayor ínteres ni pre-
sente mas espontaneidad y frescura. Sorprendido Oviedo por el magnífico espec-
táculo de aquella poderosa y pintoresca naturaleza, todo excita su curiosidad,
todo despierta su entusiasmo, impulsándole á su contemplación y estudio. Si hu-
biera nacido poeta, habría cantado á la manera de Ercilla la belleza y templan-
za de aquel cielo, la casi fabulosa riqueza de aquellas elevadísimas montañas, el
curso magestuoso de aquellos anchurosos ríos , la furia de aquellos desatados tor-
rentes, la portentosa variedad de aquellos gigantescos árboles y peregrinas plan-
tas, la vistosa copia de aquellas aves matizadas de mil colores, la bravura de aque-
29 Después de poner el título , aunque no com- wescripto de la General y Natural historia de las
pleto délas Quinquagenas , decía: «Cujus exem- •» Indias , y slas y Tierra-Firme del mar Ogéano lo
wplar, ut videtur, anliquis conscrlptum superioris »he dedicado á la (^esárea Real Magestad del Eni-
))S2ecul¡ characteribus miniarioque opere distinctum «perador rey , nuestro señor, cuyas son. Digolas
»adservar¡ lego in bibliotheca excellenlissimi , dum «tres partes , en que hay cinqüenta libros, que se
»in vivís esset , ducis Medinse-Turríum , ídque tri- »yrán imprimiendo en tanto que yo la quarta escri-
»bus voluminibus divisum {Bihl. Nova, tom. I, »bo , porque es historia corriente mas larga que m¡
pág. 35S). «vida» (Quinq. I.* Parte, Proh,). No queda, pues,
31 Don Martin Fernandez Navarrete, Colección duda en que, ya celoso de su obligación como tal
de Viages españoles , tom. I , intr., pág. 73. cronista, ya inclinado naturalmente á estas inves-
30 Para prueba de esta observación bastará ad- ligaciones , nunca apartó Oviedo la vista de la His-
vertirque terminadas en 1553 las tres partes que torta de Indias , empresa en que, aun cargado de
han venido á nuestras manos, pensaba Oviedo aña- años, mostró el mismo tesón que en su virilidad ha-
diruna cuarta , para recoger todos los sucesos que bia desplegado,
iban llegando á sus oídos : «Todo lo que tengo yo
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. IC
líos animales que poblaban las selvas, y finalmente las agrestes y singulares cos-
tumbres de aquellos hombres, que tan admirable contraste presentaban con los
moradores de Europa. Pero Oviedo, á quien no concedió la Providencia ni el
mcns divinior ni el os magna sonalvrum, dotado de un talento de observación
comparable solo á su exquisita diligencia, si no prorumpe en ardorosos cantares,
se aplica á la investigación y detenido examen de cuantos objetos le rodean, y ya
siguiendo el ejemplo de Plinio, ya procediendo de propia autoridad , observa, com-
para y analiza toda clase de fenómenos, procurando comunicar á sus lectores la
mas completa idea de ellos. El Alcaide de Santo Domingo, que no podia someter
sus especulaciones á los principios de las ciencias naturales, porque aun en el es-
lado en que estas se encontraban en el siglo XVI, no le era dado alcanzar sus
misterios, si no logra establecer una clasificación severa de los árboles y plantas,
de las aves y animales , asi terrestres como marinos , de los metales y piedras
preciosas que atesoraba el suelo de América , atiende sin embargo á su individual
descripción, señalando menudamente sus formas y perfiles, y apuntando al mis-
mo tiempo las virtudes medicinales de cada planta ó insecto , sin omitir tampo-
co en esta útil y nueva tarea las calidades nocivas de cuantos objetos menciona.
Y si este tributo paga el Veedor de las fundiciones á la naturaleza, rectifi-
cando á menudo los errores de los doctos '*, no llaman menos su atención las cos-
tumbres de aquellos naturales. Ora revelando sus creencias religiosas y ciegas su-
persticiones, ora bosquejando sus ceremonias, matrimonios, duelos y funerales,
ya apoderándose de sus tradiciones trasmitidas de padres á hijos en sus bailes y
poesias, ya pintando sus juegos y diversiones públicas, pretende Oviedo darnos
á conocer aquellos pueblos, cuyos muebles, tragos, joyas y armas inquiere y es-
ludia prolijamente, sin omitir la descripción de sus grangerias y mercados , ni me-
nos olvidar las continuas y feroces guerras que entre si mantenian, en las cuales
usaban de toda astucia y crueldad, mostrándose pintados de mil colores para cau-
sar mayor espanto á sus enemigos. Ni calla el primer cronista de las Indias las
groseras pasiones y abominables vicios de aquellos moradores , anhelando para ser
tenido por imparcial y verídico , poner de manifiesto las buenas prendas que en
ellos descubre, bien que se muestre á menudo condolido de que los aviesos
instintos de la barbarie llegaran á estinguir en sus corazones los generosos afec-
tos y dulzura que parecian ostentar en la infancia. Estudio tan oportuno y aun
necesario, cuando se iban á presentar frente á frente dos razas distintas, en di-
verso grado de cultura, abriendo naturalmente las puertas á la relación de la
conquista , prueba de una manera inequívoca que no desconocía Oviedo las prin-
cipales condiciones de una historia , destinada á patentizar á Europa cuanto en-
3"2 Véase el cap. IV del lib. XV de la 1." pai- de visla: Pedro Mártir, seguía las relaciones de los
le y otros varios pasag-es, en que rectifica las primeros conquistadores, que ni podían tener la
inexaclitudes del docto latinista Pedro Mártir de experiencia de quien había consumido su vida en
Angleria , cometidas en su libro De Orbe novo , res- las Indias , ni se habían dedicado de propósito ai
pecto de las propiedades de las plantas y árbo- estudio de aquella rica y varia naturaleza, como lo
les que describe. Oviedo hablaba como testigo hizo el primer cronista.
C VIDA Y ESCRITOS
cerraba en su seno el Nuevo Mundo. Mas ya fuera porque procurase dar á su
lectura aquella diversidad, tantas veces por él apetecida, ya porque la misma fa-
tiga é irregularidad con que recibia los datos, le impidiese someterlos á un plan
maduro é inalterable; es lo cierto que la crítica de nuestros dias, al par que
aprecia y agradece tan interesantes inquisiciones, echa de menos cierta cohe-
sión y armenia en la exposición de las costumbres de los indios , no hallando
mayor enlace en la narración de los descubrimientos y conquistas , que ni se re-
fieren siempre en orden cronológico , ni guardan entre si la conveniente relación
para que pueda comprenderse sin dificultad su influencia recíproca.
Pero en cambio de esa vaguedad é incertidumbre del plan seguido por Oviedo,
lo cual es causa de que se detenga á veces demasiado al dar noticia de los suce-
sos, mientras pasa otras rápidamente por ellos, no puede menos de llamar la
atención el noble afán con que procura, en medio del cúmulo inmenso de infor-
maciones y diarios contradictorios que llegan á sus manos , inquirir la verdad de
los hechos, borrando una y mil veces de los libros ya terminados aquellas rela-
ciones que, por sospechosas ó apasionadas, no le inspiraban confianza ^. Ni po-
día suceder otra cosa en los primeros momentos de la conquista , en que abulta-
ba la imaginación todos los hechos, y donde quiera fingía el deseo portentos y
maravillas, brindando á capitanes y soldados con una felicidad , que se trocaba con
frecuencia en amarga desventura.
Grande era por cierto la empresa de Oviedo, el cual no titubeaba en manifestar
que le «faltaría el tiempo é la pluma é las manos é la eloqüencia... para concluir
))una mar tan colmada de historias»; pero ni carecía de la perseverancia verdadera-
mente heroica que se había menester , para llevarla a cabo, ni se hallaba tampo-
co desprovisto de aquellas dotes que recomiendan los historiadores á la estima-
ción de los doctos. DoHéndose de que la ciega codicia de los españoles los arras^
trára á una perdición segura, reprueba la insensatez de los capitanes que sin pe-
ricia ni conocimiento alguno de los países, á donde conducían sus soldados, entra-
ban en porfiada lucha con la misma naturaleza, acabando su miserable vida en
medio de la insurrección , y dejando entregados á la desesperación mas horrible
33 Sobre este punto escribiael Alcaide de San- McanQen mas claridad en la historia que entre ma-
to Domingo: «Una de las cosas que á mi me »nos tengo; pues se me vienen á ellos avisos é inte-
»han dado mas fatiga , buscando informaciones é wligencias para polir é perlecionar algunos passos
"inquiriendo otras materias , no ha seydo tanta la «notables que atrás quedan escriptos, segund fuy
»que siento en escribirlas todas de mi mano , aun- «informado é que hasta aqui no eran bien entendi-
«que passan de tres mili pliegos de papel los que he «dos en parles, por haber seydo no perfetos ni aten-
«borrado y emendado y reescripto una é dos é «tos considerantes los que me dieron noticia dellos..,
«mas ve9es, quando me han fatigado algunos torpes «Y como solo Dios es el que sabe y puede entender
«y otros groseros y otros apasionados y otros ver- «á todos, yo como hombre podría ser engañado ó
«daderos, entre los quales diversos relatores he «no tan al proprio informado como conviene ; pero
«andado midiendo é averiguando é atendiendo al «oyendo á muchos , voy conociendo en parte algu-
» verdadero discurso que sigo en las cosas donde «nos errores, é assi voy é yré emendando donde
«soy ausente é constreñido á creer á otros ó á qui- «convenga mejor distinguir lo que estuviere dubdo^
«tarles el crédito por mi estimativa« (Hist. Gen. , «so é desviado de lo derecho«. Lo mismo declara
II." Parle, lib. XÍII, cap. 3). En el siguiente libro, en otras muchas partes , ponderando las dificulta-
cap. 54, anadia: «En verdad paresce que Nuestro des é inconvenientes con que luchaba para llevar á
«Señor permite que mis ojos no se cierren é que al- cabo tan ardua empresa.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. CI
á los que, engañados de sus palabras, osaban seguirlos. Indignado contra los que,
sembrando la cizaña entre los españoles, atendían únicamente á su logro, mien-
tras ensangrentaban con bandos y motines el suelo donde apenas babian asentado
su dominio, señala la presencia de los legistas y doctores como una de las mavores
plagas y calamidades del Nuevo Mundo; condenando al propio tiempo la soltura de
aquellos clérigos y religiosos que , olvidados sus votos de castidad y pobreza , es-
candalizaban con sus vicios y excitaban con su mal ejemplo la codicia y torpeza
de la muchedumbre. Animado de un celo verdaderamente evangélico, afea y re-
prende la dureza de los que maltratábanlos indios, truena contra la crueldad de
los que por aumentar sus haciendas los fatigaban y consumian, y acusa enérmca-.
mente á los que, faltando á la piedad cristiana é injuriando la humáííiíí^, "líaciarí'
ostentación de tiranos, ensañándose alevosamente en los indefén^ok y réndídó.V.:
Oviedo, que no podia ser indiferente al entusiasmo que despertaban en los espa-
ñoles las colosales empresas llevadas diariamente á cabo por un puñado de héroes;
que, aun siendo testigo de tantas proezas, se mostraba no pocas veces sorpren-
dido á vista de aquel indomable esfuerzo ; y que veia en todas partes el dedo de la
Providencia, guiando los estandartes de la cruz, atribuye á justo castigo del
cielo los desastres que sobrevienen á los capitanes que llevaban delante de sus
banderas el exterminio, y aun admitido el derecho de conquista, vé cumplida la
ley de la expiación en cuantos , abusando de las armas , las manchaban por lujo ó
las movian por repugnante fiereza.
Tales son los principios á que se ajusta el primer cronista de las Indias en la
Historia general que examinamos. Pero ni la severidad de sus juicios, ni la digni-
dad de que á menudo se reviste, anhelando apartar de la conquista del Nuevo
Mundo los pocos borrones con que osó manchar la codicia aquellas brillantes pági-
nas de gloria, fueron bastantes á libertarle de las acusaciones de otro historiador
coetáneo , cuya manera de enjuiciar conocen ya los lectores. Don fray Bartolomé
de las Casas, varón digno por otra parte de respeto, que movido de santo y cris-
tiano celo se había constituido en procurador de las Indias, no solamente le con-
funde entre los que oprimían y asolaban aquellas comarcas, sino que apurando el
diccionario de las injurias, le prodiga los títulos de «infam.ador, temerario, falso,
wembaydor, inhumano, hipócrita, ladrón, nialvado, blasfemo y mentiroso», de-
clarando su Historia general como sospechosa , y llegando al extremo de asegurar
que solo había «escrito fuera de aquello del Darien, por relación de marineros ó
»desoladores». Mas no advertía que aun en la historia de Castilla del Oro por él
aprobada , deponía la verdad de los hechos contra tan airada censura '*. Oviedo es-
cribía como historiador, no como panegirista; y al bosquejar las costumbres de los
indios, al mencionar sus sacrificios y ceremonias, al tratar de sus vicios y virtu-
des, ni le aconsejó su imparcialidad que los absolviese de la nota de antropófagos,
34 Respecto de los sucesos del Darien , bastará el primer cronista de las Indias, pueden consultarse
recordar solamente cuanto en la 11/ y III.* Parte de los capítulos 23, i4i, 142, 143, iU, 145 y 159 del
este bosquejo llevamos notado: respecto de las libro III de la £ítsíono(ie /ndtas, escrita por el mis-
acusaciones que lanza el Obispo de Chiapa contra mo las Casas.
CII
VIDA Y ESCRITOS
ni creyó justo ocultar sus sangrientas idolatrías , ni le pareció tampoco digno el
disculparlos del vergonzoso crimen de sodomía por ellos cometido. Pero si con-
signó en su historia todos estos hechos, no por eso dejó de apiadarse de aquellos
hombres, que desposeídos de la luz del EvangeHo, habian yacido hasta entonces
en tan profunda oscuridad, aspirando á sacarlos de la barbarie que asi los reba-
jaba y envilecía. El obispo de Ciudad Real de Chiapa no escribía como historia-
dor: dominado de un pensamiento noble y humanitario, bien que exagerando su
aplicación de una manera inusitada, solo tenia por norte de sus escritos la alaban-
za de los indios, á quienes ansiaba sacar déla servidumbre, mirando por tanto
con honda ojeriza cuanto se oponía á su proyecto *'.
' Mab rio^rá áolo esto loque le exaltaba respecto del Alcaide de Santo Domingo:
'e« t5t9;sel>abián encontrado frente á frente el sacerdote y el soldado en el Real
Consejó do Indias: el sacerdote pasó después á América para realizar el nuevo plan
de conquista por él ideado, teniéndola desgracia de llevar al matadero aquellos hu-
mildes labradores, entre quienes pensaba repartir las cincuenta cruces rojas otor-
gadas por el Consejo. El soldado que habia predicho aquella catástrofe, escribió des-
pués la historia de tan desventurada expedición , tratando tal vez con excesiva dure-
za al Hcencíado, que acogiéndose al retiro del claustro, procuró ponerse á cubierto
de la indignación que habia levantado su crédula inexperiencia. Oviedo, que en
1555 tenia ya conocimiento de que el dominico las Casas escribía también sobre la
historia de América, mientras le motejaba ásperamente por haber tomado oficio que
110 sabia, le invitaba á que diese á luz sus trabajos, de esta manera: «Digen que
Ȏl (las Casas) escribe por su passatiempo en estas cosas de Indias y en la calidad
))de los indios y de los chripstianos que por estas partes andan y viven; y seria
))bicn que en su tiempo se mostrasse, porque los que son testigos de vista lo apro-
))bassen ó respondiessen por sí. Dios le dé su gracia para que muy bien lo ha-
»ga, etc.» '*. Algunos años adelante abandonaba las Casas la clausura y volvía á
la corte con determinación de reducir á práctica su proyecto: el Alcaide de San-
35 Las Casas va laii lejos en este empeño, que
no titubea en atribuir con creces á los españoles los
vicios que Oviedo y lodos los historiadores primiti-
vos del Nuevo Mundo señalan en los indios. Flablando
de sus mentiras decía: «Y cerca deslo, como también
«tienen exper¡en9ia de infinitas mentiras de los es-
«pañoles y que nunca les han guardado fé que les
«prometan ni verdad, hay dichos de Indios dignos
))de considerar. Preguntando españoles á indios, y
))no una vez acaesció, sino mas, si eran chripstia-'
))nos, respondió el indio: Si, señor: yo ya soy po-
» quito chripstiano (dixo él) , porque ya saber yo
»un poquito mentir: otro dia saber yo mucho
«mentir y seré yo mucho chripstiano». Esto, sobre
ser altamente ofensivo y contrario al carácter nacio-
nal, pone solamente de manifiesto el punto á que
conduce la exageración de una idea , aun siendo tan
plausible como la que invocaba las Casas (cap. d44).
La pluma se resiste á descubrir hasta el extremo que
llega el Obispo en este género de disculpas: veamos,
no obstante, como al rechazar las declaraciones he-
chas por Oviedo, respecto á las preocupaciones y
vicios de los indios , deja caer sobre los españoles
la injuriosa sospecha de que tuviesen participación
en ellos : « Si le decian (los que en virtud de cédu-
))la real daban relaciones al Alcaide) que eran (los
«indios) idólatras y sacrificaban diez hombres,
«añidia que eran diez mil , é imponiéndoles abonii-
«nables vicios que ellos (los que informaban á Ovie-
»do) no podían saber sino siendo participantes ó
ncómplices en ellos, elc.« (cap. iH). El Obispo ol-
vidó que existían mil medios, mas honestos por
cierto, para averiguar tan reprensibles torpezas, sin
que hubiese nunca necesidad de acudir á semejantes
argumentos.
36 Bist. Gen. y Nat. de Ind., L» Parte, lib. XIX,
cap. S, ed. de Sevilla.
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. - CIH
lo Domingo, que escribía á la sazón la segunda parle de su historia, fué invilado
por el obispo don Rodrigo de Bastidas, á solicitud del ya electo de Chiapa, para
que modificase la relación qie babia hecho de lo ocurrido á este en Cumaná con
sus /Jardos ínt/í7cs; pero desdeñando Oviedo dar satisfacción semejante, manifestó
al obispo Bastidas que debia don fray Bartolomé sacar á luz su historia , pues que
estaban en parte donde se podria fácilmente probar la verdad de todo ". El Obis-
po las Casas no solamente esquivó el salir á la liza que Oviedo le ofrecia, sino que
habiendo fallecido nueve años después que el Alcaide, en cuyo tiempo hubo de
escribir el libro líl de su historia , dispuso que no se diese esta á la estampa sino
mucho tiempo después de su muerte.
No era por tanto el único motivo que agitaba contra Oviedo la pluma de las Ca-
sas el celo evangélico que le impulsaba á solicitar la libertad de los indios , aun
á costa de lanzar la esclavitud contra los negros del África, tan dignos por cier-
to de excitar la caridad cristiana como los moradores de América ^. Ni podia
tampoco ser esta la causa de su destemplada agrura, cuando el Veedor de las
fundiciones del oro, si no acudia como religioso á la enseñanza y doctrina de los
indios, se había empeñado, como cristiano , en su defensa hasta el punto que lle-
vamos en otro lugar referido. Las Casas se dejaba, ya en su vejez, arrastrar del
enojo que abrigó desde su juventud contra el primer cronista de las Indias, sin
considerar que aquella misma piedad y dulzura que tanto recomendaba á los cris-
tianos, debian moderar su lenguaje para darle la autoridad que ambicionaba. Pero
si duras parecen bajo este punto de vista las calificaciones con que designa á Ovie-
do y su historia , mas notable es todavia el considerar el poco fundamento con
que procede: todas las relaciones, todas lascarlas, todas las historias que han líe-
gado á nuestra edad del tiempo de la conquista , todos los monumentos pertene-
cientes á los antiguos americanos que estudia hoy y explica la ciencia arqueológi-
ca, dan razón de sus costumbres y preocupaciones, confirmando de una manera
irrefragable las observaciones de Oviedo, quien apelaba también al testimonio de
los monumentos para apoyar su relación, buscando en la historia de la gentihdad
disculpa á tan lastimosos errores ^. Por qué, pues, tanta destemplanza en perso-
37 Ib., 11." Parte, lib. XIV, cap. S4. «milia» (cap. 141). Por manera que el Obispo de
38 Hé aquí el lamentable fruto de la exagera- Chiapa, que se apoyaba en el Evangelio para im-
cion de un sentimiento altamente noble y generoso. petrar y defender la libertad délos indios, daba
Las Casas , para quien la servidumbre de los indios por bien empleada la esclavitud en otros hombres,
era un crimen , no reparaba en que los negros de como si el Salvador del mundo no hubiese expirado
África eran tan hombres como los americanos, y en la cruz por todas sus criaturas.
pedia para ellos la esclavitud, como único medio de 39 Para prueba de las irrefragables que Oviedo
salvar á sus protegidos. Tan familiar llegó á ser en tenia de los vicios contra natura de los indios,
él esta ¡dea, que la hizo triunfar al cabo , no con- bastará citar aqui lo que él mismo refiere acerca de
tentándose con admitir la esclavitud de los negros, los abominables simulacros de aquel nefando acto
sino reconociendo también la de los sarracenos que traian pendientes del cuello , asi hombres como
aprisionados en las guerras. Hablando de los indios mugeres: «Yo vi uno de estos joyeles del diablo,
que tenia Oviedo encomendados en la Tierra-Firme, »que pesaba veynte pesos de oro, hueco , vaciado
dice: «Aquellos esclavos no eran cierto los que he- »é bien labrado , que se ovo en el puerto de Sanc-
wredó de sus padres, ni los prendió en la batalla de »la Marta en la costa de Tierra-Firme año de mili
))los moros de Berbería , ni eran negros , porque »é quinientos é catorce , quando alli tocó el armada
«entonces ningún negro traer á estas Indias se per- »quel Rey Cathólico envió con Pedraiias Davila , su
CIV
VIDA Y ESCRITOS
na tan calificada, tratándose de la averiguación y probanza de semejantes he-
chos?.. Tan frágil y deleznable es el barro que vestimos que no puede resistir al
soplo de la contradicción, sin que lo quiebre el golpe de la ira.
Oviedo, que en todas partes protesta decir verdad, parecía ya en 1555 adivinar
la enemistad que se le preparaba, cuando al hablar de las falsas historias decia:
«Líbreme Dios de tamaño delicto (de la mentira), y encamine mi pluma á que
«con verdad, ya que el buen estilo me falte, siempre diga y escriba lo que sea
«conforme á ella y al servicio y alabanca de la misma verdad, que es Dios ,
«nunca me desacordando de la propriedad y costumbre que tiene la corra para
«passar el hielo: la qual..., quando quiere passar los rios ó lagunas heladas, ja-
«más lo hace sino quando va ó viene al pasto. E porque es animal de muy sótil
«oyr, antes que passe, pone la oreja sobre el hielo, y de aquella manera arbitra
«qué tan gordo está , y si es sufigiente para sostenerla á cuestas, y passa sin pe-
«ligro. Pues desta manera sé que no se hundirán mis tractados, porque passan
)>por la puente de la verdad , ques tan recia y poderosa que sosterná y perpetuará
«mis vigilias, que son en alabanca del Hacedor... Yo no escribo por passar estos
«hielos de los murmuradores sin causa, sino porque voy al pasto de la obediencia
»é voluntad que tengo de servir á Dios en ello y á mi rey, por cuyo mandado me
«ocupo en esto; y de aqui arbitro y entiendo que puedo passar seguro y sin calumnia
«quanto á la medula y fructo de escrebir lo gierto» *®. Hasta aqui Oviedo. Mas
no se crea por esto que la Historia General carece de inexactitudes y errores,
hijos unos de la vaguedad misma de las relaciones que , no los marineros , como
en desprecio de su autor dice las Casas, sino los adelantados y gobernadores le
remitían , y causados otros por el extraordinario entusiasmo que despertaban en los
españoles los fenómenos que diariamente se ofrecían á su vista. En cuanto no se
ocultó á la del Alcaide de Santo Domingo , necesario es confesar que resaltan en
su narración tanta naturalidad y sencillez, tanto candor y frescura, que no es po-
sible dudar de la exactitud de lo que entonces niega ó afirma.
Háse hablado generalmente de su estilo y lenguaje, tildándole de bajo y ras-
trero; y aunque no es Oviedo uno de aquellos escritores que empeñados en le-
vantar la lengua castellana á la elevación con que aparece en las obras de fray
Luis de Granada , Fernán Pérez de Oliva, Ambrosio de Morales, Juan de Ávila v
«capitán general, á Caslilla del Oro: é cómo se
j)lruxo á montón el oro que alli se lomó é lo lleva-
»ron después á fundir ante mí , como oficial real
«veedor, lo quebré con un martillo é lo machaqué
«por mis manos sobre un tas ó yunque, en la casa
«de la fundición en la cibdad del Darien» (Hist. Gen.
y Nat. de Ind., I.* Parte, lib. V, cap. 3). Véase,
pues , cómo no habia necesidad de participación ni
complicidad alguna para saber semejantes aber-
raciones, confirmadas por desgracia en otros mil
monumentos.
40 Proh. del lib. XVIII de la I." Parle de la Hist.
Gen. y Nat, de Ind. — Oviedo repite en otras muchas
partes que faltandp «á su pluma la gra9ia y orpa-
«mentó de palabras , le da por guia á Dios , á quien
«pide que le favorezca, nunca desacordándose que el
«Santo Job dice: Mientras tura mi aliento en mí y el
«espíritu de Dios en mis narices no hablarán mis la-
«bios maldad, ni mi lengua pensará la menlira«.
(Proh. del lib. VI de la I.* Parle.) Tan firme era en
esta parte su honradez que exclama , al narrar las
sangrientas enemistades de Almagro y Pizarro:
«Solamente quiero acordar al lelor que he septenla
«años é que todo el dinero que ambos adelantados
»tovieron no bastaría á hacerme escrebir mentira (si
«yo sé que lo es) ni a dexar deponer aqui la Verdad
»(si no la ignoro). (Proh. del lib. IX de la III.* Parle.)
DE GONZ. FERN. DÉ OVEDO. CV
tantos otros como ilustran con sus nombres el siglo XVI , todavia debe advertirse
que merece el aprecio de la critica , por la soltura y pintoresca variedad de su
frase , que sabe á menudo salpicar de lumbres y matices, bien que ese mismo
empeño le conduzca involuntariamente al defecto contrario á la sencillez y exce-
siva llaneza, de que se le acusa. La pedanteria que afea alguna vez el estilo de
Oviedo , no proviene sin eiíibargo de afectación en su lenguaje : cuando se deja
llevar de aquel irresistible deseo que asalta á casi todos sus coetáneos , preten-
diendo ostentar una erudición no sazonada , entonces altera de pronto el aspecto
de la frase , é intentando levantarla , llega al extremo de tropezar en la hinchazón
y oscuridad que tan lejanas aparecen siempre de la claridad y lisura con que ex-
pone los hechos. Pero si pudiera tal vez presentarse algún ejemplo que acre-
ditara, mas que el mal gusto de Oviedo, la inexperiencia y poca sobriedad de
su erudición , menor trabajo seria necesario emplear para señalar multitud de
pasages, en que no solamente se muestra correcto y esmerado, sino que raya
también en los limites de la verdadera elocuencia. Oviedo, aunque mas instruido
que el común de los escritores populares de su tiempo , no puede en modo alguno
clasificarse entre los eruditos que le echaban en cara el no haber compuesto la
Historia general de Indias en la lengua de Horacio y de Virgilio *^. Escribia para
ser entendido de todos ; narraba las glorias de su nación; sabia que era tenida la
castellana por la mejor de todas las lenguas vulgares *', y no quiso privar á los es-
pañoles del conocimiento de las inauditas proezas á que sus compatriotas daban
cima en el distante suelo del Nuevo Mundo.
Llegamos , pues , al término de nuestra tarea : destinadas las cuatro partes
precedentes á bosquejar la vida del primer cronista de las Indias, hemos pro-
curado presentarle cual en la historia aparece ; luchando siempre con nuevos
infortunios, y condenado siempre á llevar una existencia errante y laboriosa.
Acaso será difícil encontrar en la repúbHca de las letras quien, en medio de tan-
tos sinsabores y dolorosas vicisitudes, haya consagrado mas largas vigilias al estu-
dio: testimonio irrecusable de esta verdad son las obras que sumariamente de-
jamos examinadas. Su importancia histórica, superior sin duda á la hteraria , no
solamente las recomienda á la estimación de los hombres entendidos, sino que es-
tá exigiendo el que se pongan en manos de todos, pues que todos hallarán en
ellas utiHdad y enseñanza. No se obtendrá poca de la publicación de la Historia
general de Indias. Fruto de sesenta y cinco años de observaciones , encierra
40 El Alcaide de Santo Domingo dedica el ca- "escribió á los hebreos , porque mejor fuesse dellos
pítulo 30 del lib. XII, último de la Hist. Gen., á res- «entendido; y en fin esta es regla universal: que to-
ponder á los que, preciados de doctos, le tildaban de »dus los escriptores caldeos , hebreos , griegos y
no haberla escrito en latin. Oviedo les decía que "latinos en aquella lengua escribieron en que mas
debieran acordarse «que Moysen y David y los otros «pensaron ser entendidos y en que mas aprovecha-
wescriplores y sanctos prophetas que escribieron la »ron á sus proprios naturales». El buen sentido de
«vieja y sánela Scriptura, en su propria lengua es- Oviedo triunfó por fortuna de la pedanteria de los
«cribieron, y Sanct Malheo en su lenguage hebreo seudo-iatinos de su tiempo.
))su sancto Evangelio y el bienaventurado Sanct Pa- 41 El primer cronista de Indias decía , con cier-
wblo escribió en su lengua materna la Epístola que ta vanagloria , dando razón de su estilo y Jenerua-
TOMO I. ^ U
CVl
VIDA Y ESCRITOS
multitud de noticias y hechos , ó enteramente desconocidos , ó no muy generali-
zados aun entre los eruditos , cuyo conocimiento vendrá a ilustrar por tanto los
estudios históricos , á que parecen inclinarse los mas distinguidos escritores de
nuestros dias. No le auguramos sin embargo el extraordinario éxito que en 1555
obtuvo la primera parte, traducida á tantos idiomas como el mismo Oviedo nos
refiere *^, inserta en parte por el sabio geógrafo Juan Bautista Ramusio (con
quien mantuvo su autor larga correspondencia) en el tomo III de sus Navegacio-
nes, y extractada por los mas sabios médicos de Italia, para enriquecer las biblio-
tecas de los escritores señalados en tan útil como benéfica ciencia *^ Han pasado
ya tres siglos, durante los cuales se han hecho muchas y muy profundas investi-
gaciones sobre las cosas de América , imponiéndose al mismo tiempo á los que se
consagran al cultivo de la historia mas estrechas condiciones, y aspirando esta
dificilísima ciencia á mas elevados fines ; pero aunque la Historia general y natural
de Indias no satisfaga hoy todas las exigencias de la critica, siempre presentará á
nuestra vista el maravilloso efecto que en nuestros abuelos produjo el espectácu-
lo de un Nuevo Mundo , y descubrirá á los extraños mil ignorados tesoros
44
j e : « Si algunos vocablos extraños é bárbaros aqui
))se hallaren, la causa es la novedad de que se
wtracta ; y no se pongan á la cuenta de mi roman-
Mce: que en Madrid nascí y en la casa real me edu-
))qué, y con gente noble he conversado, y algo he
))leydo, para que se sospeche que avré entendido
))mi lengua castellana , la qual de las vulgares se
y)tiene'por la mejor de todas» (Proh. del lib. I de la
I.* Parte de la Hist. gen. y nal. de Ind.).
42 La traducción que mas boga ha alcanzado en
la república literaria , y que ha llegado á nuestras
manos , es la francesa , dada á luz en liJoC con este
titulo: «Histoire naturelle el general des hides, is-
))les el Ierres fermes de la grande mer Occane , tra-
wduile du caslillan en francés par Joan Poleur. Pa-
))ris, 1550, par Michel Vascosan». Don Nicolás An-
tonio cita esta traducción , fijando su publicación en
el año de 1535.
43 La importancia que los mas distinguidos mé-
dicos dieron desde la aparición de la J." Parle de la
Historia general de Indias á los capítulos en que
Oviedo trataba de las virtudes medicinales del gua-
yacan y palo santo, insertándolos en las mas selec-
tas colecciones de Scriptores de morbo gálico , ha
sido causa de qae el nombre del primer cronista de
Indias ocupe también en la Historia de la medi-
cina un puesto distinguido. Muchos son los escrito-
res extrangeros que al dar noticia del origen y de-
sarrollo de las enfermedades venéreas, presentan el
testimonio de Oviedo, como autoridad bastante para
resolver la enmarañada cuestión de si existían en
el antiguo continente desde tiempos remotos,© se
propagaron á Europa con el descubrimiento del
Nuevo iMundo. Entre los nacionales han tratado
en nuestros dias esta cuestión don Antonio Her-
nández Morojon en su Historia bihliografica de
la medicina espailola , don Anastasio Chinchilla
en sus Anales históricos de la medicina y don Jo-
sé Gutiérrez de la Vega en su Historia de la sífi-
lis , que precede á la edición española del Tra-
tado completo de las enfermedades venéreas de Mr.
Fabre (Madrid, d8o0). Todos estos escritores loman
en cuenta el testimonio de Oviedo, dándole el va-
lor que realmente tiene ; mas no lo hizo asi un autor
español del pasado siglo, don Antonio Sánchez Val-
verde, qui^nen su América vindicada de haber sido
madre del mal venéreo (Madrid, 1785) se apartó de
esta opinión general , llegando al extremo de mo-
tejar á Oviedo con los títulos de inventor de cuentos
y buboso cirujano, y pensando humillarle con el de
mozo de cámara del principe don Juan , cosa de
que él tanto se pagaba. Los apodos de Valvorde,
que han dado acaso origen á la calumnia, de que
hicimos mención en la nota 1.^ de esta V." parte,
solo prueban que carecía de razones, lo cual han
demostrado después hasta la evidencíalos escritores
arriba mencionados. La circunstancia de haber cir-
culado los extractos referidos , sin referirse su proce-
dencia, ha contribuido sin duda á que sean tenidos
por tratados distintos, cuando en suma solo forman
los capítulos 2 y 3 del libro X y eU7 del libro XVI
de la L" Parte de la Historia general y natural de
Indias.
44 Algunos de los tratados correspondientes á
la IL" y 111.^ parle de la Historia general son ya
conocidos en la república de las letras. Don Nicolás
Antonio hace relación de la Historia del estrecho de
Magallanes, que dice haberse dado á luz en d5o2,
bien que no se publico hasta -1557, pues que no
es oira cosa que el libro I de la 11." Parte, vigé-
simo de la Historia general , en otro lugar ci-
tado. También menciona este doclo bibliólogo un
DE GONZ. FERN. DE OVIEDO.
GVII
libro de la Navegación del rio Marañon, Inserto por
Ramusio en el lomo III Navigationum, y los dos Ira-
lados ya referidos del Palo del guayacan y palo san-
to. Pero si este erudilo escritor manifestó que eran
estos opúsculos, en su concepto, fragmentos de
la Historia general ( hujus universalis Historiaj
fragmenta sunl forsan quse de diversis rebus Indi-
cis opuscula inscribuntur ) , no dudó el autor de
los Hijos ilustres de Madrid en señalar los dos
últimos escritos como obras distintas y separa-
das de dicha Historia , afiadiendo el siguiente tí-
tulo de olra producción , no mas diferente de aque-
lla que las ya citadas: Historia de las cosas sucedi-
das en su tiempo en las Indias. ¿Qué otra cosa era,
pues, la Historia general, de que da Baena noticia
por separado?,... ¿dónde vio el códice de este nue-
vo escrito? Ala verdad que no acertamos á ex-
plicar las causas de tanta inexactitud y falta de cir-
cunspección en hombres , cuyos trabajos lilerarios
merecen por otra parle la mayor estima.
>-
epístola dedicatoria.
Sigúese una carta missiva , con que el chronista y auctor destas historias envió
este volumen é primera parte dellas , assi como se acabaron de emprimir , al re-
verendíssimo é illustríssimo señor , el cardenal de España don fray Garcia Jofre de
Loaysa, presbítero cardenal del titulo de Sancta Susanna, obispo de Sigüenca,
confesor de la Cesárea Magostad, presidente del Consejo Real del Imperio occi-
dental de las Indias, islas é Tierra-Firme del mar Océano, etc. *
REVERENDISSIMO E ILLUSTRÍSSIMO SEÑOR.
JCiScríbese que los árboles que ni se plantan, ni producen fructo, son estimados
por infelices y dañados en la religión. Pues cotejado con los hombres inútiles que
por su floxedad no aprovechan á otros, parésgeme que los tales son muy seme-
jantes á lo quel Plinio dige de los árboles que es dicho *. También es de haber
consideración (para mas culpar los hombres) á que aquellos son dotados de la ra-
zón é industria y tienen voluntad é libre arbitrio para inquirir y saber conoscer
lo malo y elegir lo bueno, y los otros animales vegetativos ó sensitivos á quien
falta essa razón, son mas desculpados, pues natura los hizo tales en mas ó en me-
nos grado unos de otros , segund sus efetos , pero totalmente no son inútiles , pues
como dice Job: Nihil in térra sine causa fit.'^
En verdad , Reverendíssimo principe , yo he desseado siempre no ser de aquellos
mas olvidados en el trabaxo que á mi persona se pudiesse recrescer , para escoger
segund la flaqueca de mi ingenio por qué via podria, sirviendo á la Cesárea Magos-
tad , emplear bien el tiempo y assi despender mi sudor y vigilias que quien las
oyesse, tuviesse de qué loar á Dios por sus maravillas y que no le paresgiesse mi
* Cuando en i 548 daba Oviedo la última mano á cedió en la presidencia del Real Consejo de Indias,
la 1.' Parle de la Historia general , no solamente gobernado en el referido año de 1548 por don Luis
era pasado ya de esta vida el cardenal don fray Hurtado de Mendoza. Ve'ase respecto de este punto
Garcia Jofre de Loaysa , del Orden de Santo Do- el Prohemio del libro VII de esta I.^ Parte,
mingo, sino que habia muerto también el conde de 1 Plinio, lib. XVI, cap. XXVII.
Osorno don Garci Fernandez Manrique , que le su- 2 Cap. V.
ex IJlSTOUiA GENEUAL Y NATURAL
cuydado mal exercitado , ni yo ser contado por árbol inútil y que en alguna ma-
nera ayudando á otros, diesse yo causa con lo que escribo, que los que leyeren
en estas materias sean aprovechados con tal ocupación ; pues de nescessidad han
de dar infinitas gracias y loores al Hacedor de tantas maravillas, conosciendo á
su Dios y oyendo las cosas que aqui he escripto, tan particularmente, como aqui
las digo y ellas son. A este propóssito con una mi natural inclinación y desseo,
ha llegado esta primera parte de la General y natural historia de Indias al estado
en que Vuestra Señoría Reverendíssima aqui puede ver : la qual después que fué
vista y examinada en el Real Consejo de Indias, que debaxo de la presidencia de
Vuestra Reverendíssima Señoría milita, con la real licencia y auctoridad del mis-
mo Consejo vine á esta cibdad de Sevilla á la hacer emprimir. En lo qual assi en
en el tiempo, como en la costa dcsta primera impression yo he trabaxado y
despendido harto mas de lo que será el interesse que por los tales libros oviere.
Por el qual yo no me detuviera en esto, ni dexára de averme tornado á las In-
dias, sino tuviera respecto á otro mas cierto y mayor galardón ó premio: el qual
es penssar que demás de cumplir lo que Su Magestad Cesárea me tiene manda-
do (en copilar estas materias), creo que sirvo á Vuestra Señoría Reverendíssima en
ello, y se da noticia al mundo de muchas cosas que serán gratas á los oydos de
los prudentes; en expecial seyendo certificados que ante tan alto mare magno y
excelencia de la persona de Vuestra Señoría Reverendíssima, y de tanta aucto-
ridad y sciencia, é tan experimentada é informada y exercitada en oyr cada dia
las cosas deste imperio de Indias (á quien Vuestra Señoría Reverendíssima man-
da y gobierna con tan amplíssima potestad y rectitud), hayan mis mal ornados
renglones referido parte de lo que de tan nuevas é verdaderas historias, aqui va
acumulado hasta que el cumplimiento de la segunda y tercera partes dellas sal-
gan á luz, quando Vuestra Señoría Reverendíssima lo permitiere, y me diere li-
cencia para ello.
Y pues la Cesárea Magestad está al pressente fuera de España , gocando de
sus inmortales triumphos , como agora nuevamente añadió Nuestro Señor á sus me-
morables y gloriosos tropheos (aviendo conquistado por fuerca de sus armas la
muy poderosa y antigua Cartago, que agora de los modernos es dicha Túnez), y
aunque aqui se hallara, quiere su Cesárea Magestad que todo passe y se ofrezca
en las manos de Vuestra Señoría Re-verendíssima; cumpliendo yo con su real man-
dado , y con el muy gierto desseo que siempre tuve y terne de servir á Vuestra
Señoría Reverendíssima, suplico haya por bien que, comoá servidor de su casa, sea
acepta esta mínima ofrenda , y por su mano notificada á C^ésar. Y vuestra señoría
mande favorescer lo escripto y el escriptor con aquella clemencia que suele ha-
cernos mercedes á todos los que en Indias vivimos , los quales siempre hallamos
en Vuestra Señoría Reverendíssima padre y amparo verdadero en las nescessida-
des, é favor é ayuda para nuestros trabaxos, assi todos en general quantos en
aquellas partes están , como los que de nosotros por aqui vienen , en especial los
que hablan verdad. Y porque desta va colmada mi obra , y muy pobre ó falta de
estilo é palabras artificiales, yo la pongo con aquella reverencia y acatamiento
DE INDIAS, epístola DEDICATORIA. CXI
que se debe suh umbra alarum tuanim, é assi la resciba Vuestra Señoría Reve-
rendíssima.
Por cierto , Reverendíssimo Señor, muchas veces quedo admirado , quando me
acuerdo que estando Vuestra Señoria Reverendissima en la corte romana exercitan-
do la gobernación del mundo é Iglesia de Dios (como tan grande y excelente pi-
lar es en ella), tuvo por bien la Providencia Divina de tornarnos á Vuestra Señoria
Reverendissima á nuestra España para nuestro bien é favor destos reynos ; y que
en ventura de César juntamente con el ayuda del Consejo y prudencia de Vuestra
Señoria Reverendissima , parescepor la obra que Nuestro Señor ha acrescentadolas
victorias de la Cesárea Magestad y se aumentan mas cada dia, y aun las cosas de
las Indias é sus riquecas paresce que crescen á vuestra sombra. El servicio de
Dios en ellas floresce : las repúblicas de chripstianos que allá hay se ennoblescen:
los reynos de España se enriquescen, y todo va de bien en mejor; y es forcado
que assi sea y que cada dia tantos bienes se multipliquen, pues Vuestra Señoria
gobierna aquellas partes, de que resulta tanto provecho á ellas y á estas. Y no sin
causa alumbró Jesu-Chripsto el corazón de César, para encomendar á Vuestra Se-
ñoria Reverendissima su imperio occidental de Indias, puesto que en todos sus Es-
tados é señoríos se da á Vuestra Señoría tanta parle que ninguna cosa sin su acuer-
do é parescer se determina que de importancia sea. Y porque al tiempo que esta
primera parte de la General é natural historia de Indias fué vista y examinada en
el Real Consejo de Indias , Vuestra Señoria Reverendissima estaba con la Cesárea
Magestad en Rarcelona y á esta causa no la pudo ver entonces, la envió con
esta mi suplicación que arriba dixe, pues la vido el illustríssimo señor conde de
Osorno, don Garci Fernandez Manrique, que en ausencia de Vuestra Señoria Re-
verendissima suele presidir en el mismo Consejo, y en su presencia se le da parte
en todo por el gran ser de su persona á quien meritamente Qésar tiene por uno
de los grandes de España mas aceptos en su consejo secreto y en todo lo demás.
E assi mismo vieron é corrigieren la dicha historia las otras personas que assisten
en el mismo Consejo de Indias debaxo de la presidencia de Vuestra Señoria Reve-
rendissima, que son el muy magnífico señor el dotor Reltran, que en antigüedad
tiene alli el primero lugar é voto, persona de tan grandes letras é curso como en
España é fuera della es notorio; y el muy reverendo y generoso señor el licencia-
do Xuarez de Carvajal , sapientíssimo varón é debdo cercano de Vuestra Señoría
Reverendissima; y el muy reverendo señor dotor Rernal, en quien tan grandes é
reposadas letras están colocadas; y el noble caballero el licenciado Gutierre Ve-
lazquez. Todos quatro escogidos é perfetos ingenios é bastantes para tan grandes
é importantes negocios como administran juntamente con el muy magnífico é no-
ble señor el secretario Johan de Samano, caballero de la Orden militar de Sanc-
tiago, y no inferior á los que he dicho ni el último, con cuyo paresger los ne-
gocios han el efecto que conviene ; porque desde su tierna edad se crió en la ne-
gociación y proveymientos de los despachos de las Indias: é tan instruto está en
las cosas dellas que ninguno de quantos allá vivimos las alcanca mas suficiente-
mentQ, demás del mucho crédito que su Cesárea Magestad le da é con Vuestra
CXII HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Señoría Reverendissima tiene muy dinamenle. — Con esta compañía de tan seña-
ladas é sufigíentes personas, alumbradas por Dios é de la comunicación é resplan-
dor de Vuestra Señoria Reverendissima, son gobernadas nuestras Indias, en cuyo
nombre é como el menor de los vasallos que Sus Magestades en ellas tienen , é
como procurador que soy de la Isla Española é cibdad de Sancto Domingo é tan
antiguo en los trabaxos de la conquista é pacificación de aquellos reynos (que
aunque fuy sin alguna cana á aquella tierra, estoy cubierto dellas), suplico á Vues-
tra Señoria Reverendissima se acuerde, como suele, de continuar las mercedes que
á las Indias hace , y en especial á aquella nuestra cibdad é isla en la tener muy
en la memoria en todo lo que le tocare, pues que es la madre é principio é fun-
damento de todas las repúblicas de chripstianos que hay en Indias. Y especial-
mente en dos cosas: la una en que los perlados que para allá se proveyeren,
sean dotos y de buena casta é de aprobada y experimentada vida é virtudes,
é que residan en sus obispados ; é lo mismo digo que se guarde en las cleciones
de los jueces de la justicia é oílíiciales de la real hacienda , porque aunque hasta
agora, por la bondad de Dios y aviso de Vuestra Señoria assi se ha mirado, si en esto
oviesse descuydo, visto está qué tales andarán las ovejas, si los pastores á quien
fueren encomendadas no fueren quales los han menester ; é tanto es mayor el pe-
hgro, quanto el camino es mas luengo y Vuestra Señoria Reverendissima tan
apartado de lo ver, é tanta dubda como ocurre en saberse acá la verdad. Y por
esto querria yo. Monseñor Reverendíssimo , que Vuestra Señoria, primero que
estos pastores é ofllciales acullá passassen , fuesse de vista informado de sus per-
sonas é calidades , porque no oviesse nescessidad de llamarlos después para su
castigo ; y la consQiencia real del ^ésar é la de Vuestra Señoria Reverendissima é
dessos señores del Consejo mas sin escrúpulos estovicssen , é los vecinos de aque-
llas partes mas seguros é pacíficamente viviéssemos á gloria é alabanca de Jesu-
Chrispto, el qualla reverendissima é illutríssima persona y estado de Vuestra Se-
ñoria largos tiempos prospere en su santo servicio. De Sevilla á treynta dias del
mes de septiembre de MD é XXX é V años.
ÍYVO
exGíll-^- ^^^■
1a^ rY\K7^vO ¿^Ov . 5 - ^ e/X-^
I^omienga el primero libro deste volumen. El qual consiste en el prohemio óinlro-
ducion desta primera parte déla General y natural historia de las Indias : dirigido á la
Sacra, Cesárea, Cathólica y Real Magestad del Emperador, Rey nuestro señor.
S. Ces. Calh. R. M.
E
scribe el Albulensis , por otro nombre
dicho el Tostado, sobre la declaración
que hizo de Ensebio De los tiempos el glo-
rioso doctor de la Iglesia, Sant Hieróni-
mo , que los etíopes se levantaron de á
par del rio Indo. Aquesta Etiopia, parte
della es en Assia y parte en África. Pero
los etíopes orientales en la India son : la
qual según Isidoro (Ethimol., lib. XIV,
cap. III, de Assia) ovo este nombre del rio
Indo : India vocata ab Indo flumine. El qual
auctor antes desto dige que el mar Roxo
en el Oriente resgibe en sí el rio Indo : In-
dus fluvius orientis qui rubro mari accipi-
tur. Esta es la parte de la Etiopia oriental;
pero en la cosmographia moderna (y es-
perimentada) yo hallo señalado y puesto
el rio Indo , no como los auctores suso
TOMO I.
dichos escriben ; sino quinientas ó mas
leguas adelante del mar Roxo y del mar
de Persia; y entra en el Océano en la cos-
ta déla cibdad , llamada Lima , en la boca
del qual está el reyno de Cambaya , entre
el qual rio Indo y el rio Ganges está la
India mayor, ó India mas oriental, que
es muy lexos, como he dicho, del mar
Roxo, y mas al levante que no son los etío-
pes , contra quien digen que fue enviado
á pelear Moysen, como capitán de los
egipcianos. Mas después fueron estos etío-
pes buenos chripstianos , é como di-
ce el Tostado en el lugar de suso alega-
do , convertidos á la fe por sanct Ma-
theo, apóstol. Y el comiengo de la con-
versión les fué el sancto Eunucho, ma-
yordomo déla reyna Candagis , baptizado
4
2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
y enseñado por sanct Phelipe , apóstol.
Quiero significar y dar á entender por
verdadera cosmographia , que aqui yo no
tracto de aquestas Indias que he dicho;
sino de las Indias , islas é tierra firme del
mar Océano , que agora está actualmente
debaxo del imperio de la corona real de
Castilla, donde innumerables é muy gran-
des reynos é provingias se incluyen ; de
tanta admiración y riquezas , como en los
libros desta Historia general é natural des-
tas vuestras Indias será declarado. Por
tanto, suplico á Vuestra Cesárea Magestad
haga dignas mis vigilias de poner la men-
te en ellas ; pues naturalmente todo hom-
bre dessea saber , y el entendimiento ra-
cional es lo que le hage mas excelente
que á otro ningún animal : y en esta ex-
^celencivX .ea |^§emejante á Dios en aquella
'parte qiie eí áixo^ Hagamos el hombre á
:i^i/e.5^íi^a;wi%e?i.y. sefhe/a/ifa. Desta causa
no se contenta nuestra voluntad, ni se
satisfófo nuestro ánimo con entender y
especular pocas cosas , ni con ver las or-
dinarias ó próximas á la patria , ni den-
tro della misma. Antes por otras muy
apartadas provincias peregrinando ( los
que mas participan deste lindo desseo),
pospuestos muchos y varios peligros , no
cessan de inquerir en la tierra y en la mar
las maravillosas é innumerables obras
que el mismo Dios y Señor de todo nos
enseña (para que mas loores le demos),
satisfaciendo la hermosa cobdicia desta
peregrinación nuestra. Y nos declara, por
lo que vemos del mundo , que quien pu-
do hager aquello es bastante para todo
lo que del no alcangamos, assi por su
grandeza, como por la poca diligengia
nuestra, é principalmente por la flaqueza
humana , de que los mortales están vesti-
dos; de que resultan otras causas é in-
convenientes que pueden impedir tan
loable ocupación, como es ver con los
ojos corporales lo que hay en esta com-
pusigion á ellos visible (allende délo que
es contemplativo) de la universal redon-
dez, á quien los griegos llaman cosmos c
los latinos mundo. En el qual mucho me-
nos déla quinta parte algunos cosmógra-
phos quieren que sea habitada : déla qual
opinión yo me hallo muy desviado , como
hombre que fuera de todo lo escripto por
Tholomeo , sé que hay en este imperio de
las Indias , que Vuestra Cesárea Mages-
tad y su corona real de Castilla posseen,
tan grandes reynos é provincias y de tan
extrañas gentes é diversidades é costum-
bres y gerimonias é idolatrías, aparta-
das de quanto estaba escripto (desde
áb initio hasta nuestro tiempo): que es
muy corta la vida del hombre para lo po-
der ver, ni acabar de entender ó conjec-
turar.
¿Quál ingenio mortal sabrá comprehen-
der tanta diversidad de lenguas, de hábi-
to, de costumbres en los hombres destas
Indias? Tanta variedad de animales, assi
domésticos como salvajes y fieros? Tanta
multitud innarrable de árboles, copiosos
de diversos géneros de fructas, y otros es-
tériles, assi de aquellos que los indios cul-
tivan, como délos que la natura de su
propio ofigio produge, sin ayuda de ma-
nos mortales? Quántas plantas y hiervas-
útiles y provechosas al hombre? Quántas
otras innumerables que á él no son co-
nosgidas, y con tantas diferengias de ro-
sas é flores é olorosa fragangia? Tanta
diversidad de aves de rapiña y de otras
raleas? Tantas montañas altísimas y fér-
tiles , é otras tan diferenciadas é bravas?
Quántas vegas y campiñas, dispuestas pa-
ra la agricoltura, y con muy apropia-
das riberas? Quántos montes mas ad-
mirables y espantosos que Ethna ó Mon-
gibel, y Vulcano, y Estrongol (y los
unos y los otros de baxo de vuestra mo-
narchía)?
No fueran celebrados en tanta manera
los que he dicho por los poetas é histo-
riales antiguos, si supieran de Massaya,
DE INDIAS. LIB. I.
y Maribio , y Guaxocingo , é los que ade-
lante serán memorados desta pluma, ó
escriptor vuestro. Quántos valles, é flo-
restas, llanos y deleitosos! Quántas cos-
tas de mar con muy extendidas playas é
de muy excelentes puertos ! Quántos y
quán poderosos rios navegables ! Quán-
tos é quán grandes lagos ! Quántas fuen-
tes frias é calientes , muy gercanas unas
de otras ! E quántas de betum é de otras
materias, ó licores! Quántos pescados
de los que en España conosgemos , sin
otros muchos que en ella no se sa-
ben ni los vieron ! Quántos mineros de
oro é plata, é cobre! Quánta suma pre-
ciosa de marcos de perlas é uniones que
cada dia se hallan! ¿En quál tierra se
oyó ni se sabe que en tan breve tiempo
y en tierras tan apartadas de nuestra Eu-
ropa , se produgiessen tantos ganados é
granjerias y en tanta abundancia, como
en estas Indias ven nuestros ojos , traí-
das acá por tan amplíssimos mares? Las
quales ha resgebido esta tierra , no como
madrastra, sino como mas verdadera
madre que la que se las envió ; pues en
mas cantidad é mejor que en España se
hagen algunas dellas , assi de los gana-
dos útiles al servigio de los hombres,
como de pan y legumbres, é fructas, y
agúcar, y cañafistola; cuyo principio des-
tas cosas en mis dias salió de España , y
en poco tiempo se han multiplicado en
tanta cantidad , que las naos vuelven á
Europa á la proveer cargadas de agúcar,
é cañafistola y cueros de vacas. E assi
lo podrían hager de otras cosas que acá
están olvidadas , é aquestas Indias, antes
que los españoles las hallasen, produ-
gian é agora produgen; assi como al-
godón , orchilla , brasil , é alumbre , é
otras mercadurías , que en muchos rey-
nos del mundo las dessean y serian gran-
de utilidad para ellos. Lo qual nuestros
mercaderes no quieren, por no ocupar
sus navios sino con oro, é plata, é
perlas, é las otras cosas que dixe pri-
mero.
Y pues lo que deste grandíssimo é
nuevo imperio se podria escrebir es tan-
to é tan admirable la lecion dello , ella
misma me desculpe con Vuestra Cesárea
Magestad , si tan copiosamente como la
materia lo requiere no se dixere : baste
que, como hombre que ha los años que
he dicho que miro estas cosas , ocuparé
lo que me queda de vivir en dexar por
memoria esta dulce agradable. General
é natural historia de Indias, en todo
aquello que he visto, y en lo que á mi
noticia ha venido é viniere, desde su
primero descubrimiento , con lo que mas
pudiere ver y alcangar dello en tanto
que la vida no se me acabare. Pues la
clemengia de Vuestra Cesárea Magestad,
como á criado que en estas partes le sir-
ve é persevera con natural inclinación
de inquerir (como he inquerido) parte
destas cosas, ha seydo servido mandar-
me que las escriba y envié á su real
Consejo de Indias, para que assi como
se fueren aumentando é sabiéndose, assi
se vayan poniendo en su gloriosa Chróni-
ca de España : en lo qual Vuestra Ma-
gestad , demás de servir á Dios , nuestro
señor, en que se pu' lique é sepa por el
restante del mundo lo que está debaxo
de vuestro real ceptro castellano, hage
muy señalada merged á todos los reynos
de chripstianos en darles ocasión con este
tractado para que den infinitas gragias á
Dios , por el acregentamiento de su sáne-
la fé cathólica. La qual con vuestro
sancto é chripstianíssimo gelo cada dia se
aumenta en estas Indias; y esto será un
glorioso colmo de la inmortalidad de
vuestra perpetua é única fama ; porque
no solamente los fieles cristianos teman
que servir á Vuestra Cesárea Magestad
tanta benignidad, como es mandarles
comunicar esta verdadera y nueva his-
toria, pero aun los infieles é idólatras
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que fuera destas partes en todo el mun-
do oviere , oyendo estas maravillas, que-
darán obligados para lo mismo , loando
al hagedor dellas , por serles tan incóni-
tas y apartadas de su hemispherio é ho-
rizontes.
Materia es, muy poderoso señor, en
que mi edad é diligengia, por la gran-
deza del objecto é sus circunstancias , no
podrán bastar á su perfecta difinicion,
por mi insufigiente estilo é brevedad de
mis días. Pero será á lómenos lo que yo
escribiere historia verdadera é desviada
de todas las fábulas que en este caso
otros escriptores, sin verlo, desde Espa-
ña á pié enxuto , han presumido escre-
bir con elegantes é no comunes letras
latinas é vulgares , por informaciones de
muchos de diferentes juygios , formando
historias mas allegadas á buen estilo que
á la verdad de la cosa que cuentan; por-
que ni el ciego sabe determinar colores,
ni el ausente assi testificar estas mate-
rias, como quien las mira.
Quiero certificar á Vuestra Cesárea Ma-
gostad que yrán desnudos mis renglones
de abundancia de palabras artificiales,
para convidar á los letores ; pero serán
muy copiosos de verdad, y conforme
á esta, diré lo que no terna contradicion
(quanto á ella) para que vuestra sobera-
na clemencia allá lo mande polir é limar.
Con tanto que del tenor é sentencia de
lo que aquí fuere notificado á vuestra
grandeza, no se aparte la intención y
obra del que tomare cargo de enmendar
la mia , digiéndolo por mejor estilo ; si-
quiera porque no se ofenda mi buen des-
seo , ni se me niegue el loor del trabajo
que en tanto tiempo y con tantos peligros
yohcpadesgido; allegando y inquiriendo
por todas las vias que pude saber lo cier-
to destas materias, después quel año de
mili é quinientos y trege de la Natividad
del redemptor nuestro , Jesu-Chripslo, el
Cathólico rey don Fernando , de gloriosa
memoria , abuelo de Vuestra Cesárea Ma-
gestad, me envió por su veedor de las
fundigiones del oro á la Tierra-Firme;
donde assi me ocupé quando convino en
aquel oficio , como en la conquista y pa-
cificagion de algunas partes de aquella
tierra con las armas , sirviendo á Dios y
á Vuestras Magostados (como su capitán
y vassallo ) en aquellos ásperos pringipios
que se poblaron algunas cibdades é villas
que agora son de chripstianos : donde con
mucha gloria del real ceptro de España ,
alli se continua é sirve el culto divino. En
la qual conquista los que en aquella sa-
gon passamos con Pedrarias Dávila , lu-
gar teniente é capitán general del rey Ca-
thólico , é después de Vuestras Magosta-
dos, seriamos hasta dos mil hombres, é
hallamos en la tierra otros quinientos é
mas chripstianos, debaxo de la capitanía
de Vasco Nuñez de Balboa en la cibdad
del Darien (que también se llamó antes la
Guardia) , é después santa Maria del An-
tigua , la qual cibdad fué cabega del obis-
pado de Casulla del Oro, é agora está
despoblada , é no sin gran culpa de quien
fué la causa; porque estaba en la parle
que convenia para la conquista de los in-
dios flecheros de aquellas comarcas. Y
destos dos mil y quinientos hombres que
he dicho , no hay al presente en todas las
indias ni fuera dellas qnarenta hombres,
á lo que yo creo ; porque para servir á
Dios y á Vuestras Magostados , y para que
viviessen seguros los chripstianos que des-
pués han ydo á aquellas provincias , assi
convenia , ó mejor digiendo era forgado
que se higiesse. Porque la salvajez de la
tierra y los ayres della y la espessura de
los hervajes y arboledas de los campos,
y el peligro de los ríos é grandes lagar-
tos é tigres, y el experimentar de las
aguas é manjares, fuesse á costa de nues-
tras vidas y en utilidad de los mercade-
res é pobladores, que con sus manos la-
vadas agora gozan de muchos sudores
De indias, lib. i.
5
ajenos. Y porque estando Vuestra Cesá-
rea Magestad en Toledo , el año que pas-
só de la Natividad de Chripsto de mili é
quinientos y veinte y cinco años, yo es-
crebí una relación sumaria de parte de lo
que aqui se contiene ; é de aquella fue su
título: Oviedo , De la natural historia de las
Indias; mas aqueste tractado se llamará
General y natural historia de las Indias;
porque todo lo que en aquel sumario se
contiene se hallará en este y en las otras
dos partes, segunda y tergera del, me-
jor y mas copiosamente dicho , assi por-
que aquello se escrebió en España , que-
dando mis memoriales é libros en esta
cibdad de Santo Domingo de la Isla es-
pañola (donde tengo mi casa) , como por-
que yo hé visto mucho mas de lo que has-
ta entonges sabia destas materias en diez
años que han pasado desde que aquello
se escribió; experimentando con mas
atengion lo que á este efecto convenia
mas particularmente ver y entender. Y
demás desto , es de notar que todo lo que
aquel repertorio ó sumario contiene,
avrá en este tractado y sus partes acres-
gentado, é otras cosas grandes é muy
nuevas, de que alli no podía yo hager
memoria, por no averias visto, ni sa-
bido.
Assi que , muy poderoso Señor , por
las causas que de suso dixe , justo es que
tales historias sean manifiestas en todas
las repúblicas del mundo ; para que en
todo él se sepa la amplitud é grandeza
destos Estados, que guardaba Dios á vues-
tra real corona de Castilla en ventura y
méritos de Vuestra Cesárea Magestad,
debaxo de cuyo favor y amparo ofrezco
la presente obra é humilmente supUco,
en pago del tiempo que en esto he tra-
bajado, é de la antigüedad que en vues-
tra real casa de Castilla me dan quarenta
y mas añoS (que ha que soy del número
de los criados de ella) sea servido de
aceptar mis libros; porque aunque estos
que aqui yo escribo , no son de mucha
industria ó artificio , ni de calidad que re-
quieran prolixa oración , é ornamento de
palabras, no han sido poco laboriosos,
ni con la facilidad que otras materias se
pueden allegar é componer escriptos:
pero es á lo menos muy aplagible lecion
oyr y entender tantos secretos de na-
tura.
Si algunos vocablos extraños é bár-
baros aqui se hallaren , la causa es la no-
vedad, de que se tracta; y no se pongan
á la cuenta de mi romange, que en Ma-^
drid nasgí y en la casa real me crié y
con gente noble he conversado, é. algo
he leydo , para que se sospeche que avré
entendido mi lengua castellana, la qual
de las vulgares , se tiene por la mejor de
todas; y lo que o viere en este volumen
que con ella no consuene , serán nombres
ó palabras por mi voluntad puestas, pa-
ra dar á entender las cosas que por ellas
quieren los indios significar.
En todo recompense Vuestra Magesíad
con mi desseo las faltas de la pluma : pues
dixo Plinio de la suya en el prohemio de
la Natural historia , que es cosa difícil ha-
ger las cosas viejas nuevas , é á las nue-*
vas dar auctoridad, y á las que salen de
lo acostumbrado , dar resplandor, é á las
obscuras , luz ; y á las enojosas , gragia ; é
á las dudosas , fé. Basta que yo he dessea-
do y desseo servir á Vuestra Cesárea Ma-
gestad y contentar á quien viere mi obra;
y si no lo he sabido hager , loarse debe
mi intención. Conténtese el letor con
que lo que yo he visto y experimentado
con muchos peligros, lo goza él y sabe
sin ninguno ; y que lo puede leer, sin que
padezca tanta hambre y sed, é calor, é
frió, con otros innumerables trabajos,
desde su patria , sin aventurarse á las tor-
mentas de la mar, ni á las desventuras
que por acá sepadesgen en la tierra ; sino
que para su passatiempo y descanso haya
yo uasgido, y peregrinando visto estas
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
obras de natura (ó mejor diciendo, del
maestro de la natura); las quales he es-
cripto en veinte libros que contiene esta
primera parte ó volumen: y en los que
hay en la segunda y tergera partes , en
que al presente estoy ocupado , las qua-
les tractarán de las cosas de la Tierra-
Firme.
Verdad es que el último libro, que ago-
ra se pone aqui por el número veynte,
so passará después en fin de la tercera
parte , porque es de calidad que sirve á
todas tres ; el qual se llama De los infor-
tunios y naufragios , de casos acaespdos en
ias mares destas Indias. Todos estos li-
bros están divididos, segund el género é
calidad de las materias por donde discur-
ren ; las quales no he sacado de dos mili
millares de volúmines que haya leydo,
como en el lugar suso alegado Plinio es-
cribe , en lo qual paresge que él dixo lo
que leyó; é algunas cosas dige él que
acresgentó, que los antiguos no las en-
tendieron, ó después la vida las falló;
pero yo acumulé todo lo que aqui escri-
bo de dos mili millones de trabajos y nes-
gessidades é peligros en veynte é dos años
é mas que ha que veo y experimento por
mi persona estas cosas , sirviendo á Dios
é á mi i^y en estas Indias, y avien-
do ocho veges pasado el grande mar
Océano.
Mas porque en alguna manera yo en-
tiendo seguir, ó ymitar al mismo PHnio,
no en degir lo que él dixo (puesto que
en algunos lugares sean alegadas sus auc-
toridades, como cosa deste jaez universal
de historia natural) ; pero en el distinguir
de mis libros y géneros dellos , como él
^0 fizo, confesaré lo que él aprueba en
su introducion ; donde dige , que es cosa
de ánimo vicioso y de ingenio infelige,
querer mas ayna ser tomado con el hur-
to que volver lo que le fue prestado,
máxime aviéndose capital de la usura;
pues por no incurrir en tal crimen, ni
desconocer al Plinio lo que es suyo (quan-
to á la invención y título del libro) yo le
sigo en este caso .
Una cosa terna mi obra apartada del
estilo de Plinio, y será relatar alguna
parte de la conquista destas Indias, é
dar razón de su descubrimiento prime-
ro, é de otras cosas, que aunque sean
fuera de la natural historia , serán muy
nescessarias á ella , para saber el prin-
cipio é fundamento de todo, y aun para
que mejor se entienda por donde los Ca-
thólicos Reyes, don Fernando y doña Isa-
bel, abuelos de Vuestra Cesárea Mages-
iad, se movieron á mandar buscar es-
tas tierras (ó mejor digiendo los movió
Dios).
Todo esto y lo que tocare á particula-
res relaciones yrá distincto é puesto en
su lugar conveniente, mediante lagragia
del Espíritu Sancto é su divino auxiho,
con protestación expressa que todo lo que
en esta escriptura oviere, sea debaxo de
la correpcion y enmienda de nuestra sáne-
la madre Iglesia apostólica de Roma , cu-
ya migaja y mínimo siervo soy; y en cu-
ya obediengia protesto vivir y morir. Pero
porque todos los celosos del honor y ver-
güenza propia temieron la murmuración
de los detratores , y no solamente Plinio
(que fué tan famoso auctor) , mas tantos
que no se pueden contar , y también el
Sancto rey David temia des to , quand o
rogaba á Dios que le librasse de la lengua
dolosa, con mas justa razón debo yo te-
mer lo mismo ; pues los muertos y los au-
sentes no pueden responder por sí. Y co-
mo Plinio alegó aquel dicho de Plancho,
quando dixo que los muertos no comba-
ten ó contienden, sino con las máscaras,
quiero yo , demás desso , degir á los que
desde Europa , ó Assia , ó África me re-
prendieren, que adviertan á que no esto en
ninguna dessas tres partes (segund se pue-
de sospechar de lo que está visto y des-
cubierto de la mar austral y la vuelta que
DE INDIAS. LIB. I.
va dando por ella la tierra hacia el norte
é cabo del Labrador) ; é pues los letores
me han de escuchar desde tan lexos , no
me juzguen sin ver esta tierra, donde es-
toy y de quien tracto ; y que les baste que
desde ella escribo en tiempo de innume-
rables testigos de vista , y que se dirigen
mis libros á Vuestra Cesárea Magostad,
cuyo es aqueste imperio , y que se escri-
ben por su mandado , y que me dá de
comer por su chronista destas materias , y
que no he de ser de tan poco entendi-
miento que ante tan altíssima y Cesárea
Magostad ose degir el contrario de la ver-
dad , para que pierda su gragia y mi ho-
nor ; y que demás desso , no son cosas las
que aqui se tractan para ambiciosos ho-
nores de particulares personas, con pa-
labras é ficiones aplicadas por esperanza
de ser gratificado de ninguno de los mor-
tales ; antes conformándome con aquella
verdadera sentengia del sabio que dige:
que la boca que miente, mata el ánima,
espero en Dios que guardará la mia de
tal peligro , é que , como fiel escriptor,
seré del remunerado por la amplíssima
liberalidad de su clemengia é real mando
de Vuestra Cesárea Magestad , cuya glo-
riosa persona largos tiempos nuestro Se-
ñor favorezca é dexe gozar de la total
monarchia , como vuestro exgelso cora-
zón lo dessea é vuestros leales y verda-
deros subditos desseamos , é toda la uni-
versal república chripstiana ha menester,
amen.
Pues entre todos los príncipes que en
el mundo se llaman fieles y chripstianos,
solo Vuestra Cesárea Magestad al presen-
te sostiene la cathólica religión é Iglesia
de Dios , é la ampara contra la innumera-
ble é malvada seta é grandíssima poten-
cia de Mahoma; poniendo en exilio su
principal cabega y Gran Turco , con tan-
ta efusión de sangre turquesca, y con tan
señaladas victorias en la mar y en la tier-
ra , como en los años passados de mili é
quinientos y treinta é dos , y de treinta é
tres años se vido ; estando callando otros
reyes chripstianos], esperando en qué pa-
rarían vuestros subgesos; é dio nuestro
misericordioso y justo Dios tal evento é
salida á tan inmortal triumpho, que en
quanto oviere hombres jamas será olvi-
dado ; y assi será en la celestial vida
acepto y remunerado que Vuestra Cesá-
rea Magestad sea glorificado con los bien-
aventurados rey Ricaredo, primero de
tal nombre , y su hermano sanct Hemer-
gildo, mártyr, de los quales tan larga
dependengia y origen trae vuestra real
prosapia é silla de España; y de quien
hablando el Burgensis dige que entrando
en España sessenta mili frangeses , envió
desde Toledo el rey Ricaredo á Claudio,
su capitán general , y los venció , é mató
é prendió la mayor parte dellos : y por
tanto dixo : Nulla unquam in hispaniis vic-
toria viator vel similis invenitur. Lo mismo
escribe el argobispo don Rodrigo , á quien
en esto siguió el Burgensis, y mejor lo
pudieran degir estos exgelentes varones,
si vieran lo que obraron vuestros capita-
nes y vasallos el año de mili é quinientos
é veinte é cinco años contra el rey Fran-
gisco é su caballería é poder de Frangía
en la prisión de su persona , é de los ma&
é mas principales de sus rey nos y Esta-
dos en el gerco de Pavia, ó si vie-^
ran lo que se espera que ha de obrar
Dios en vuestra buena ventura é invicto
nombre.
Todo esto se quede para vuestros ele-
gantes chronistas que allá están y gozan
de verlo , y ellos lo escriban : que acá en
estos tan apartados- reynos , aunque los
que amamos vuestro real servigio no vea-
mos lo que es dicho de estas grandes vic-
torias de Vuestra Cesárea Magestad, tan-
ta parte deste plager resgibimos , como le
han de tener los que aman á su príngi-
pe , según deben como leales subditos y
chripstianos j porque en la verdad no crea
8 HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que se pueden degir tales, los que dexa- Persona é vida; pues en ella consisten las
ren de dar continuas gragias á Dios por nuestras , é todo el bien de la chripstiana
el acrescentamiento de vuestra Cesárea religión.
Comienza el segundo libro de la General y natural historia de las Indias.
PROHEMIO.
i ara que mas ordenadamente esta
grande , é natural , é general historia de
las Indias se entienda, conviene hager
distinción de mis libros ; y en el prohe-
mio ó principio de cada uno dellos en-
tiendo dar particular é sumaria relación
de las materias que se han de tractar y
escrebir en cada uno , ó á lo menos de lo
mas substancial. E assi digo que en este
segundo se seguirá la historia en conti-
nuación del primero é precedente libro
6 prohemio ; digiendo el motivo é inten-
ción con que yo prosigo , cumpliendo lo
que por la Cesárea Magestad me está
mandado. E junto con esto diré en qué
manera sigo , ó mejor diciendo quiero ó
desseo imitar al Plinio , é tocaré breve-
mente las opiniones que hay sobre á
quien él enderezó su Natural Historia. E
assi mismo diré la opinión que yo tengo
gerca de averse sabido estas islas por
los antiguos, é ser las Hespéridos: é
probarélo con historiales é auctoridades
de mucho crédito. E diré quien fué don
Chripstóbal Colom, primero descubridor é
almirante destas Indias , é por qué via é
forma se movió al descubrimiento dellas:
y en qué tiempo fueron halladas por él,
y lo que le acaesgió en el primero é se-
gundo viajes que hizo á estas partes é lo
que descubrió en ellas de cada viaje, é
de la donación é título apostólico quel
Summo Pontífice hizo destas Indias á los
TOMO I.
Reyes Cathólicos , don Femando é doña
Isabel é á sus subgessores en los reynos
de Castilla y de León (no obstante que
antiquíssimamente fueron de España se-
gún mi opinión). E diré quién fueron al-
gunos caballeros é hidalgos que primero
se hallaron en la conquista é pagificacion
desta Isla Española , é de los trabajos que
los chripstianos passaron en ella , en tan-
to que el almirante fué á descobrir la isla
de Jamáyca ; y del origen de la enferme-
dad de las búas , é de quatro cosas muy
notables que acaesgieron el año de mili
é quatrogientos é noventa édos años que
estas Indias se descubrieron ; é la orden
del camino é navegacioii que se hage
desde España á estas partes , y del cres-
ger é menguar de la mar é su fluxo é
refluxo , é del nordestear é noruestear de
las agujas de navegar, é otras particula-
ridades convenientes al discurso de la
historia, como mas largamente consta de
los siguientes capítulos. Y porque dixe
en el primero libro que he passado el
mar Océano ocho veges, las siete fue-
ron antes que esta octava viniesse, á pre-
sentar este tractado á nuestro gran Cé-
sar, como lo he hecho; é plagiendo á
nuestro señor, la novena será volviéndo-
me Dios á mi casa á servir á Sus Mages-
tades é á escrebir en limpio la segunda
é tergera partes destas historias.
iO
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO I.
De las opiniones que hay cerca de á quién dirigió Piinio su libro de la Natural Historia: é también relatando
en parte sumariamente las materias, de que se ti-acta en este libro segundo.
JtLscribió Piinio treinta é siete libros en su
Natural Historia é yo en aquesta mi obra
é primera parte della veynte, en los qua-
les como he dicho en todo quanto le pu-
diere imitar, entiendo facerlo. El primero
délos suyos fué elprohemio, enderegan-
do lo que escribió á Tito , emperador,
aunque otros tienen que á Domiciano,
y no falta quien diga que á Vespasiano.
Yo no tengo nesgessidad desso , pues no
escribo de auctoridad de algún historia-
dor ó poeta , sino como testigo de vista
en la mayor parte de quanto aqui tracta-
ré ; y lo que yo no oviere visto , dirélo
por relación de personas fidedignas, no
dando en cosa alguna crédito á un solo
testigo, sino á muchos, en aquellas cosas
que por mi persona no oviere experimen-
tado. Y dirélas de la manera que las en-
tendí y de quién, porque tengo gédulas
y mandamientos de la Cesárea Mages-
tad , para que todos sus gobernadores é
justicias, é ofigiales de todas las Indias
me den aviso é relación verdadera de
todo lo que fuere digno de historia por
testimonios auténticos, firmados de sus
nombres é signados de escribanos pú-
blicos, de manera que hagan Je. Por-
que como gelosos príncipes de la verdad
é tan amigos della , quieren que esta His-
toria Natural é General de sus Indias se
escriba muy al proprio. Porque como dige
Piinio (lib. Y. cap. II.), aunque paresge
claro el camino ó via de se poder enten-
der la verdad, es difícil, porque los hom-
bres diligentes se cansan ó enojan de in-
vestigar lo gierto; é por no paresger igno-
rantes, no se avergüengan de mentir. Y
es gran peligro transcorrer en mucho
crédito, quando quien es auctor de lo fal-
so es hombre grave é de auctoridad. Por
cierto yo veo cosas escripias desde Es-
paña destas Indias que me maravillo do
lo que osaron los auctores degir deltas,
arrimados á sus elegantes estilos , seyen-
do tan desviados de la verdad como el
cielo de la tierra; y quedan disculpados
con degir: assi lo oí, é aunque no lo vi,
entendílo de personas que lo vieron é
dieron á entender; de manera que se
osó escrebir al Papa é á los reyes é
príncipes extraños.
Pero lo que yo aqui diré , no quiero
contarlo á los que no me conosgen , ni á
los que viven fuera de España; é por tan-
to , dico ego opera mearegi, écomo quien
la relata á su Rey proprio é ante tan al-
ta Magestad. Pues Piinio contó su pro-
hemio por primero libro, sea assi mi in-
troducion pregedente en quien comien-
gen los mios, é aqueste llamemos el se-
gundo.
Dixe que Piinio enderegó su Natural
Historia á Tito, emperador, é podrá pares-
ger á algunos queme contradigo, porque
en aquella sumaria relación de cosas de
Indias que escrebí en Toledo el año de
mili é quinientos é veynte é ginco , dixé
que lo quel Piinio escribió de semejantes
materias lo dirigió á Domiciano, empera-
dor (y de tal opinión soy). Y para satis-
fager á los que desta inadvertengia qui-
sieren culparme, porque á mi paresger no
lo es, digo que yo oy sobre la misma
quistion al Pontano en Ñapóles, año de
mili y quinientos, el qual en aquella
sagon era tenido por uno de los littera-
tíssimos y doctos hombres de Italia, y
este tenia que Piinio escribió á Domicia-
no é no á su hermano Tito , y para ello
DE INDIAS. LIB. II. CAP. I.
W
daba sufigientes razones. Pero demás de
lo que algunos historiales escriben, es
de otro paresger el Antonio de Florengia,
el qual alega que Vine, in Specu. hist.
(lib. XI, cap. LXVII,) hablando en Pli-
nio y su General é Natural Historia , dige
assi: Hic scripsit de historia naturali libros
XXXVII, quos Vespasiano cum epistola
prcemissa direxit. Por manera que esta es
otra tergera opinión , conforme á la cual
Plinio dirigió sus libros al emperador
Vespasiano, é no á ninguno de sus hijos.
Dexemos aquesto, é tornemos á nuestro
principal intento é propósito.
Digo quel segundo libro de Plinio
tracta de los elementos y estrellas, é
planetas y eclipses, y del dia y de la no-
che , é de la geometría del mundo é sus
medidas , é de los vientos , é truenos , é
rayos; é de los quatro tiempos del año;
y de prodigios é portentos ; y dónde y
cómo se conjelan la nieve y el granizo;
y de la natura de la tierra é de su forma;
y qual parte della es habitada. (Aunque
en lo que dice de ser inhabitable la tór-
rida zona ó línea equinocial , él se en-
gañó también como los que tal escribie-
ron : pues que es muy habitada , por lo
que hoy vemos en la Tierra-Firme destas
ludias ; é aun Avigena assi lo creyó , é
dio razón para ello , é no sintió otra cosa
en contra como natural philósopho é
cierto, mas que todos los que en este ca-
so han escrito é dicho otra cosa). Y tam-
bién hizo mención de los terremotos y
en qué tierra no llueve , y dónde conti-
nuamente tiembla la tierra , é como' eres-
ge é mengua la mar, é relata algunos
miraglos de fuego.
De aquestas cosas é otras muchas que
él dige , las que oviere semejantes á ellas
en esta historia de Indias se dirá en las
provingias ó tierras, donde oviere algo
que notar de tales materias , é por tanto
no las expressaré en este mi segundo li-
bro. Mas notificaré en él la persona y ser
de don Chripstóbal Golom , primero inven-
tor é descubridor é almirante destas In-
dias; é diré de su origen, y del primero,
segundo, tergero é quarto viajes que hi-
zo á estas partes; por lo qual aviendo
respecto á sus grandes servigios, los Ca-
thólicos Reyes, don Fernando é doña Isa-
bel , que ganaron los reynos de Granada
é Ñapóles, &c., le higieron merged del
Estado é título de almirante perpetuo de
sus Indias , é después del á sus subgesso-
res , é le fueron dadas las armas reales de
Castilla y de León, é otras mezcladas con
ellas é con las quél se tenia de su linage,
en cierta forma como adelante se dirá.
E fue hecho noble con título de don para
él é sus desgendientes. Y también se di-
• rá de qué forma se ovo en el descubri-
miento que hizo en parte de la Tierra-Fir-
me, la qual creo que no es menor que
todas tres juntas, Assia, África, Europa,
por lo que la cosmographia moderna nos
enseña. Pues en lo que se sabe hay de
tierra continuada desde el estrecho que
descubrió el capitán Fernando de Maga-
llanes , que está déla otra parte déla lí-
nea equinogial á la banda del polo antar-
tico , hasta el fin déla tierra que se sabe,
la qual llaman del Labrador, que está á la
parte de nuestro polo ártico ó septen-
trión , andando lo qué es dicho costa á
costa, son mas de cinco mil leguas de
tierra continuada ; lo qual paresgerá al
letor cosa impossible, aviendo respecto
alo que boja ó tiene de circunferengia to-
do el orbe.
Pero no es de maravillar, viendo la fi-
gura que la Tierra-Firme tiene ; porque
está enarcada de semejanga de un señue-
lo de cagador , ó como una herradura de
un caballo: é considerando la parte é
forma en que está assentada esta otra mi-
tad del mundo , entenderá muy bien cual-
quiera mediocre cosmógrapho que es muy
posible ser taa grande , como he dicho , la
Tierra-Firme. En algunas cosas délas que
42
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
en esta primera parte yo escribo, no seré
largo, por ser notorias. Y también diré
algunas opiniones que hoy viven gerca
de aqueste descubrimiento, é de donde
ovo notigia destas tierras este primero
descubridor dellas , estando tan incónitas
é apartadas de todo lo que Tholomeo é
otros cosmógraphos escribieron. Pero no
daré en este caso mas crédito (ni tanto)
á lo que el vulgo ó algunos quisieron afir-
mar; porfiando que desta tierra é mares
otro fue descubridor primero , como a lo
que la misma obra y el^ efecto del dicho
almirante consintieren. Porque en la ver-
dad , aunque otra cosa se pudiesse presu-
mir de los contrarios indigios ó fábulas,
para estorbar el loor de don Chripstóbal
Colom, no deben ser creydos. Suya es
esta gloria , y á solo Colom , después de
Dios, la deben los reyes de España passa-
dos é cathólicos, é los presentes y por
venir. Y no solamente toda la nasgion dé-
los señoríos todos de Sus Magestades;^
mas aun los reynos extraños , por la gran-
de utilidad que en todo el mundo ha re-
dundado destas Indias, con los innumera-
bles tesoros que de ellas se han llevado
é cada dia se llevan , é se llevarán en
tanto que haya hombres.
CAPITULO II.
Del orig^en é persona del almirante primero de las Indias , llamado Chripstóbal Colom , é por qué v¡a (*
manera se movió al descubrimiento dellas , segund la opinión del vulgo.
vluieren algunos degir que esta tierra
se supo primero grandes tiempos ha , y
que estaba escrito é notado dónde es , y
en qué paralelos; é que se avia perdido
déla memoria délos hombres la navega-
ción é cosmographia destas partes , y.que
Chripstóbal Colom , como hombre leydo é
docto en esta sgiengia , se aventuró á des-
cobrir estas islas. E aun yo no esto fuera
desta sospecha , ni lo dexo de creer, por
lo que se dirá adelante en el siguiente
capítulo. Mas porque es bien que á hom-
bre, que tanto se le debe, pongamos por
pringipio é fundador de cosa tan grande
como esta , á quien él dio comiengo é in-
dustria para todos los que viven y des-
pués del nos vinieren; digo que Chripstó-
bal Colom , según yo he sabido de hom-
bres de su nasgion , fue natural déla pro-
vingia de Liguria, que es en Italia, en la
qual cae la cibdad é señoría de Genova:
unos digen que de Saona , é otros que de
un pequeño lugar ó villaje, dicho Nervi,
que es á la parte del levante y en la costa
de la mar, á dos leguas déla misma cib-
dad de Genova ; y por mas cierto se tie-
ne que fue natural de un lugar dicho Cu-
gureo , gerca déla misma cibdad de Ge-
nova. Hombre de honestos parientes é
vida, de buena estatura é aspecto, mas
alto que mediano , é de regios miembros^
los ojos vivos é las otras partes del ros-
tro de buena proporción : el cabello muy
bermejo , é la cara algo engendida é pe-
coso : bien hablado , cauto é de gran in-
genio , é gentil latino , é doctíssimo cos-
mógrapho; gracioso, quando quería; ira-
cundo , quando se enojaba. El origen de
sus predesgessores es de la cibdad de Pla-
gengia en la Lombardia , la qual está en
la ribera del rio Pó, del antiguo é noble
linaje de Pelestrel. Viviendo Dominico
Colom, su padre, este su hijo, seyendo
mangebo é bien doctrinado , é ya salido
de la edad adolesgente, se partió de aque-
lla su patria, é passó en Levante, é an-
duvo mucha parte ó lo mas del mar Me-
diterráneo, donde aprendió la navega-
DE INDIAS. LIB. II. GAP. II.
43
cion y exercigio della por experiengia; é
después que algunos viajes fizo en aque-
llas partes , como su ánimo era para mas
extendidas mares é altos pensamientos,
quiso ver el grandíssimo mar Océano, é
fuesse en Portugal. E allí vivió algún
tiempo en la cibdad de Lisbona, desde
la qual é de donde quiera que estuvo
siempre, como hijo grato, socorría á su
padre viejo con parte del fructo de sus
sudores ; viviendo en una vida assaz limi-
tada, é no con tantos bienes de fortuna
que pudiesse estar sin assaz nesgessidad.
Quieren degir algunos que una carave-
la que desde España passaba para Ingla-
terra cargada de mercadurias é bastimen-
tos, assi como vinos é otras cosas que
para aquella isla se suelen cargar (de que
ella caresge é tiene falta), acaesgió que
le sobrevinieron tales é tan forgosos tiem-
pos é tan contrarios , que ovo de nesges-
sidad de correr al poniente tantos dias,
que reconosgió una ó mas délas islas des-
tas partes é Indias ; é salió en tierra, é vi-
do gente desnuda déla manera que acá la
hay, y que cessados los vientos (que con-
tra su voluntad acá le truxeron ) , tomó
agua y leña para volver á su primero ca-
mino. Digen mas: que la mayor parte
de la carga que este navio traía eran bas-
timentos é cosas de comer , é vinos ; y
que assi tuvieron con qué se sostener en
tan largo viaje é trabajo ; é que después
le hizo tiempo á su propósito y tornó á
dar la vuelta , é tan favorable navegación
le subgedió, que volvió á Europa, é fue á
Portugal. Pero como el viaje fuesse tan
largo y enojoso , y en especial á los que
con tanto temor é peligro forgados le hi-
eieron , por presta que fuesse su navega-
ción, les turaría quatro ó ginco meses
( ó por ventura mas ) en venir acá é vol-
ver á donde he dicho. Y en este tiempo
se murió quasi toda la gente del navio, é
ño salieron en Portugal sino el piloto, con
tres ó quatro ó alguno mas de los mari-
neros , é todos ellos tan doUentes , que en
breves dias después de llegados, mu-
rieron.
Dícese junto con esto que este piloto
era muy íntimo amigo de Ghripstóbal Co-
lom , y que entendía alguna cosa de las
alturas , y marcó aquella tierra que halló
de la forma. que es dicho, y en mucho se-
creto dio parte dello á Colom , é le rogó
que le figiesse una carta y assentase en
ella aquella tierra que había visto. Dígese
que él le recogió en su casa, como ami-
go, y le hizo curar , porque también ve-
nia muy enfermo ; pero que también se
murió como los otros , é que assi quedó
informado Colom de la tierra é navega-
ción destas partes , y en él solo se resu-
mió este secreto. Unos digen que este
maestre ó piloto era andaluz ; otros le ha-
cen portugués ; otros vizcaíno ; otros di-
gen quel Colom estaba entonges en la isla
de la Madera , é otros quieren degir que
en las de Cabo Verde , y que allí aportó
la caravela que he dicho , y él ovo por
esta forma notigia desta tierra. Que esto
passase assi ó no, ninguno con verdad lo
puede afirmar ; pero aquesta novela assi
anda por el mundo entre la vulgar gente
de la manera que es dicho. Para mí yo lo
tengo por falso , é como dige el Augusti-
no : Melius est dubitare de ocultis , quam
litigare de incertis. Mejor es dubdaren la
que no sabemos , que porfiar lo que no
está determinado.
u
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO III.
En que se tracta déla opinión que el auetor é coronistadesta Natural é General Historia de las Indias tiene
cerca de averse sabido y escriplo por los antiguos, dónde son estas Indias , é cómo é con quién lo prueba.
Üiii el precedente capítulo se dixo la
opinión que el vulgo tiene gerca del des-
cubrimiento destas Indias : agora quiero
yo degir lo que tengo creydo desto , é
cómoá miparesger Chripstóbal Golomse
movió, como sabio é docto é osado varón,
á emprender una cosa como esta , de que
tanta memoria dexó á los presentes é ve-
nideros; porque conosgió, y es verdad,
que estas tierras estaban olvidadas. Pero
bailólas escripias, e para mí no dudo
averse sabido é posseydo antiguamente
por los reyes de España. E quiero degir
lo que en este caso escribió Aristótiles,
el qual dige que después de aver salida
por el estrecho de Gibraltar liágia el mar
Atlántico , se dige que se halló por los car-
taginenses, mercaderes, una grande isla
que nunca avia seydo descubierta ni habi-
tada de nadie , sino de fieras é otras bes-
tias ; por lo qual ella estaba toda silves-
tre y llena de grandes árboles é rios ma-
ravillosos é muy aparejados para navegar
por ellos , muy fértil é abundosa en todas
las cosas que se pueden plantar é nasger,
ú nasgidas, cresger engrande ubertad;
pero muy remota é apartada de la tier-
ra firme de África y por muchos dias de
navegación. A la qual, como llegassen al-
gunos mercaderes de Cartago , como por
ventura movidos de la fertilidad de la
tierra é por la clemengia del ayre , co-
mengaron allí á poblar é assentar sus si-
llas , ó pueblos é lugares. Por lo qual mo-
vidos los cartaginenses é su Senado, man-
daron pregonar só pena de muerte , que
ninguno de ahy adelante á aquella tierra
ossase navegar ; é que á los que avian
ydo á ella los matassen , por razón que
era tanta la fama de aquella isla é tierra,
que si esta passasse á otras nasgiones que
la sojuzgassen ó á otro de mas imperio
que los cartaginenses , regelaban que les
seria muy gran contrario é inconveniente
contra ellos é contra su libertad.
Todo esto que es dicho, pone en su re-
portorio fraterTeophilus deFerrariis, Gre-
monensis, Vüíb regularis sacri ordinis pre-
dicalorum, siguiendo lo que escribió el
Aristótiles : De admirandis in natura au-
ditis. Esta es gentil auctoridad para sos-
pechar que esta isla que Aristótiles dige
podría ser una destas que hay en nuestras
Indias , assi como esta Isla Española , ó
la de Guba; ó por ventura parte de la
Tierra-Firme. Esto que es dicho no es tan
antiguo como lo que agora diré ; porque
segund la cuenta de Ensebio , De los tienv-
pos, tresgientos é gincuenta é únanos antes
del advenimiento de Ghrispto , nuestro re-
demptor, fueron Alexandre é Aristótiles .
Pero en la verdad, segund las historias nos
amonestan é dan lugar que sospechemos
otro mayor origen de aquestas partes ; yo
tengo estas Indias por aquellas famosas
islas Hespéridos (assi llamadas del duodé-
cimo rey de España, dicho Héspero) . Y pa-
ra que aquesto se entienda é pruebe con
bastantes auctoridades, es de saber que la
costumbre délos títulos ó nombres que los
antiguos daban á los reynos é provingias,
procedieron después de la división délas
lenguas é la fundación de la torre de Ba-
bilonia ; porque entonges todas las gen-
tes vivían juntas , é allí fueron divididas
é se apartaron con diferentes lenguajes
é capitanes, presupuesto como es verdad,
que todas las gentes se despargieron é
sembraron sobre la tierra como la Sacra
Escriptura nos lo acuerda en el lugar de
DE INDIAS. LIB. II. GAP. III.
4o
Susso alegado. Dige Isidoro [Ethim. lib. IX,
cap. II) : que los assirios ovieron nombre
de Assur , é los de Lidia de Lido ; los he-
breos de Heber; los ismaelitas de Ismael:
de Moab desgendieron los moabitas ; de
Amon los amonitas ; de Canaam los ca-
naneos; de Saba los sabeosj deSidonlos
sidonios ; de Jebus los jebuseos ; de Co-
mer los gaalatas y galos ; de Tiras los tra-
ces; del rey Perseo los persas; los cal-
deos de Gaseth, hijo de Nacor," hermano
de Abraham; los fénicos de Fénix, herma-
no de Cadmo; los egipcios de Egipto, su
rey; los armenios sedixeron assi de Ar-
menio su rey, que fué uno de los com-
pañeros de Jason ; los troyanos de Troo,
su rey ; los sicionios de Sicion, su rey; los
archadios de Archadio su rey , hijo de Jú-
piter ; los argivos de Argo ; los macedo-
nios de Emacion, su rey; los de Epiro de
Pirro su rey , hijo de Achiles ; los lacede-
monios de Lacedemon, hijo de Júpiter;
los alexandrinos de Alexandre Magno, su
rey , que edificó aquella cibdad de Ale-
xandria ; los romanos de Rómulo su rey,
que edificó la cibdad de Roma : é assi
á este propósito se podrían degir otros
muchos que el mismo Isidoro trae á
conseqüengia en el lugar de susso ale-
gado.
Esta costumbre quedó desde los pri-
meros capitanes ó caudillos que, como
dixe de susso, se apartaron en diversas
lenguas desde la tierra de Senaar, que es
adonde se edificaba aquella torre de Ba-
bilonia. Pues conforme á esto sabemos
por Beroso ' , que Hibero , segundo rey
de España , hijo de Tubal , dio nombre al
rio Hebro, donde las gentes de aquella
ribera se dixeron hiberos; é según el
mismo Beroso dige, Brigo fué el quarto
rey de España , del qual se dixeron los
brigos ; é créese que corrupto el vocablo
é poniendo por b ph se dixeron phri-
gios los del reyno de Frigia, que después
se llamaron troyanos de Troo, su rey : de
lo qual se colige aver ávido su primero
origen los troyanos de los brigios hispa-
nos. Porque dige Plinio (lib. V, c. XXXIII)
que hay auctores que escriben que de Eu-
ropa fueron los brigos, de quien fueron
nombrados los phrigios ; pues luego bien
se dige de susso que los de Frigia é tro-
yanos ovieron de España su fundamento
é pringipio.
Tornando á nuestro discurso, segundel
mismo Beroso , digo que Híspalo fué no-
veno rey de España , y este dio nombre
al rio Hispalis , ó á Sevilla, que es la mis-
ma Hispalis , é los moradores de su ribe-
ra se dixeron híspalos , que fueron gen-
tes venidas de Scithia ; los quales truxo
consigo Hércoles, como lo dige el argo-
bispo don Rodrigo. El qual Híspalo sg
cree ser hijo del dicho Hércoles Libio (no
del fuerte ó thebano que nasgió quasi se-
tegientos años después). Al qual Híspalo
subgedió Hispan, de quien se dixo Espa-
ña. Y este Hispan fué nieto de Hércoles Li-
bio susso dicho , que fué , según Beroso
dige, antes que Troya se edificasse dos-
gientos é veynte é tres años, é mili é sete-
cientos é diez antes quel Salvador del
mundo viniesse. Y assi como deste tomó
\ Cuanto refiere Oviedo en este capítulo rela-
tivo á cosas de España en tiempos tan remotos, de-
be tenerse por fabuloso , especialmente lo que funda
y apoya en la autoridad de Beroso, de cuyo libro di-
ce Mariana {Hist. Gen. deEsp., lib. I, c 7) , que fue
ocasión de hacer tropezar y errar á muchos : libro
(añade) compuesto de fábulas y mentiras... sin sa-
ber bastantemente disimular el engaño. Por esta cre-
dulidad censuró con mucha acritud este pasage de
Oviedo don Hernando Colom , ascg"urando que in-
terpretó mal el texto de Aristóteles {Vida del Alm.,
c. IX). El cronista Antonio de Herrera en sus Dis-
cursos {Disc. XV, pág. 264) impugnó muy de pro-
pósito el sistema ú opinión que adoptó Oviedo , y
dice que este escribió desde la Española al Consejo
de las Indias, ofreciendo enviar la prueba de que
aquella isla habia sido poseída antiguamente por los
reyes de España ; que el Consejo contestó que hol-
garía de ver la averiguación que ofrecia, y queja-
más pareció ; y que después lo locó en su Histeria
16
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
nombre España, se cree que también se
nombró de los otros nueve reyes primeros
de sus nombres dellos. Assi que este fué el
décimo rey de España. Cuenta el arzo-
bispo don Rodrigo que Hércoles susso di-
cho truxo consigo á Athlante , que fué
Qerca de los tiempos de Moysen. El qual
Athlante dige Beroso que no fué mauro, si-
no italiano; y que tenia un hermano llama-
do Héspero, segund que escribe Higinio.
Al qual Hércoles Libio dexó por subgessor
y heredero en España; é reynó, segund Be-
roso dige, diez años , porque el Athlante
italiano lo echó del reyno , é lo hizo yr á
Italia, como dige el dicho Higinio; é por
esto prueba él que Italia y España se di-
gen Hesperias deste rey Héspero, y no de
la estrella , como fingen los griegos.
Este rey Héspero quiere Beroso que co-
mengase á reynar en España, subgediendo
á Hércoles egipcio , antes que Troya fues-
se edificada giento é setenta é un años,
é antes que Roma fuesse fundada seys-
gientos é tres , que seria antes que nues-
tro Redemptor fuesse vestido de nuestra
carne humana mili é seysgientos é gin-
euenta é ocho años. Assi que por lo que
tengo dicho queda probado que las pro-
vingias é reynos tomaron antiguamente
los nombres de los príngipes é señores
que las fundaron ó conquistaron , ó po-
blaron , ó heredaron cuyas fueron. Eassi
como de Hispan se dixo España , é des-
pués , mudado el nombre , de Héspero se
llamó Hesperia , assi de todos los demás
se colige que las tierras, donde rey naron,
tomaron los nombres de aquellos reyes
que las posseyeron. Ávido aquesto por
cierto presupuesto , volviendo á lo que
aqui hage á nuestro caso , digo que de
.Héspero duodécimo, rey de España como
está dicho, se nombró Hesperia. Dige el
Abulensis (lib. III, cap. LXXIX) sobre
Eusebio De los tiempos , que fueron tres
Athlantes; uno de Archadia é otro de
Mauritania , que vulgarmente llamamos
Marruecos , y que Héspero fue hermano
deste segundo , y que ambos passaron en
África á la parte de Occidente en tierra de
Marruecos, é que el uno dellos tuvo el
cabo de África contra Occidente , y que el
otro tuvo las islas gercanas , que llaman
las islas Fortunadas , é los poetas las lla-
man Hespéridos, nombradas de Héspero.
Mas yo creo quel Tostado se engañó en
pensar que los poetas digen Hespéridos á
las Fortunadas ó de Canaria , ni tampoco
los hfstoriales ; porque dice Solino ( capí-
tulo LXVIII , De mirabilibus mundi ) estas
palabras: Ultra Gorgades Hesperidum insu-
Ice sunt , sicut Sebosus afirmat , dierum qua-
draginta navigatione in íntimos maris sinus
receserunt. Estas Gorgades , según Tho-
lomeo é todos los verdaderos cosmógra-
phos, son las que agora se llaman de
Cabo Verde generalmente , y en particu-
lar se digen por los modernos isla de Ma-
yo , Buena Vista, la de la Sal , la del Fue-
go , isla Brava, etc. Pues si desde las
Gorgades en navegación de quarenta días
están ó se hallan las Hespéridos , no pue-
den ser otras , ni las hq^y en el mundo, si-
no las que están al hueste ó poniente del
dicho Cabo Verde , que son las de aques-
tas nuestras Indias; las quales están dere-
chamente al Occidente de las Gorgades, y
de nesgessidad se han de hallar en los qua-
renta dias de navegación, ó en poco mas ó
menos tiempo , como Seboso dige ; é assi
Colom las halló en el segundo viaje que
higo, volviendo á estas partes, quando
reconosgió la isla Desseada , é Mariga-
lante , é las otras islas que están en aquel
paraje, como en su lugar se hará particu-
lar mengion. Y en lo que dige Seboso de
quarenta dias de navegación , está muy
general , tratando no solo de la Española , sino de
ledas las Indias Occidentales; pqro esta opinión la
tuvo siempre Herrera por vana , dañosa y lisonge-
ra , como procuró demostrarlo en el citado Discurso.
DE INDIAS. LIB. II. CAP. III.
n
bien medido é considerado el camino, é
si agora acaesge navegarle algunas veges
en menos tiempo , puédelo causar el ser
mejores los navios, é los hombres mas
expertos é diestros agora en el navegar
que en aquella edad ó sagon que él lo
dixo.
La isla Desseada , que se dixo de suso
está derechamente al Occidente del Cabo
Verde é de las islas Gorgades, que Solino
por Seboso testifica ; é hay desde la isla de
Sanctiago, que es una de las mas occiden-
tales de Cabo Verde (ó Gorgades) hasta la
Desseada seysgientas leguas pocas mas ó
menos. Es de tanto crédito esto, que di-
ge Solino , que conformándose con él,
quasi lo mesmo dige y escribe Plinio
(lib. VI , cap. XXXI ) , aprobando la mis-
ma opinión é auctoridad ; pues dige que
Estacio Seboso pone desde las Gorgades
hasta las Hespéridos navegación de qua-
renta dias, de lo qual se colige quel Tos-
tado inconsideradamente dixo que los
poetas llaman Hespéridos á las islas For-
tunadas (é si los poetas tal tienen, ellos
se engañan como en otras cosas muchas);
porque desde las Gorgades á las Fortuna-
das no hay sino dosgientas leguas ó menos,
lo qual no seria navegación de quarenta
dias , como los auctores de suso alega-
dos digen. De manera que los poetas na
tuvieron por las Hespéridos sino á estas
islas de nuestras Indias , quanto mas que
dige Isidoro (lib. XIV, cap. VI, Ethim.):
Hesperidum insulcB vocatce á civüate Hespe-
ride, qu(B fiuntin finibus Maurüamce, sunt
enim ultra Gorgades sücb sub Athlanteum lil-
lus in inlimis maris finibus, etc. No dis-
crepa esta sentengia con lo que se tocó de
suso de Beroso , alegando á Higinio, que
Athlante y Héspero fueron hermanos, é no
de Mauritania , sino de ItaUa ; y deste
Héspero se dixo Hesperia, España, é no
de la estrella, y que Italia y España deste
rey se nombrassen Hesperias.
E assi digo yo que, pues tuvieron á
TOMO I.
Mauritania , que aquella cibdad quel Isi-
doro dige ( llamada Hespérido ) que dio
nombre á las islas Hespéridos ( que fue si-
tuada en el fin de Mauritania) , está claro
que la fundaría é nombraria assi el mis-
rey Héspero , y que él daría también su
nombre á las dichas islas ; pues dige assi
mesmo que las islas Hespéridos son ultra
Gorgades, en los fines de los íntimos
mares, y en esto se concuerda con los
auctores suso dichos é con Seboso; é
por tanto las mismas islas Hespéridos son
estas islas de las Indias de España.
ítem; Ambrosio Galepino en su tractado
de dictiones latinas é griegas dige assi:
Hesperides apellatce sunt Hesperi, fratris
Athlantis: las Hespéridos son llamadas é
se nombraron assi de Héspero , hermano
de Athlante. De forma que se entiende de
tan verdaderas é auténticas auctoridades
que las Hesperides están en navegación de
quarenta dias al poniente de las Gorga-
des ó islas de Cabo Verde , que son las
mismas, como los auctores que he dicho
quieren. E assi como España é Italia é
aquella cibdad, que se dixo en Mauritania,
se nombraron Hespéridas y Hespérido de
Héspero , rey duodécimo de España , assi
las islas que se digen Hespéridos , é que
señalan Seboso é Solino , é Plinio é Isi-
doro segund está dicho , se deben tener
indubitadamente por estas Indias , é
aver seydo del señorío de España desde el
tiempo de Héspero , duodécimo rey della,
que fue , segund Beroso escribe , mili é
seyagientos é ginquenta é ocho años antes
quel Salvador del mundo nasgiesse. Y por-
que al presente corren de su gloriosa Na-
tividad mili é quinientos é treynta é ginco
años, sigúese que agora tres mili é giento
é noventa é tres años España é su rey
Héspero señoreaban estas islas ó Indias
Hespéridos ; é assi con derecho tan anti-
quíssimo , é por la forma que está dicha,
ó por la que adelante se dirá en la prose-
cugion de los viajes del almirante Chrips-
18
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tóbal Golom , volvió Dios este señorio á
España á cabo de tantos siglos. E paresge
que, como cosa que fue suya, quiere la di-
yina justigia que lo haya tornado á ser é lo
sea perpetuamente, en ventura de los bien-
aventurados é Cathólicos Reyes, don Fer-
nando é doña Isabel , que ganaron á Gra-
nada é Ñapóles, etc. ; en cuyo tiempo é
por cuyo mandado descubrió el almirante,
don GhripstóbalColom, este Nuevo Mundo
ó parte tan grandíssima del, olvidada en
el universo : la qual después, en tiempo
de la Cesárea Magostad del emperador,
nuestro señor , mas largamente se ha sa-
bido é descubierto, para mayor amplitud
de su monarchia. Assi que, fundando mi
intengion con los auctores que tengo ex-
presados , todos ellos señalan á estas
nuestras Indias. E por tanto yo creo que
conforme á estas auctoridades (ó por
ventura á otras que con ellas Golom po-
dría saber), se puso en cuy dado de bus-
car lo que halló, como animoso experi-
mentador de tan ciertos peligros é lon-
guíssimo camino. Sea esta ú otra la ver-
dad de su motivo : que por qualquier
consideragion que él se moviese, em-
prendió lo que otro ninguno hizo antes
del en estas mares , si las auctoridades ya
dichas no oviessen lugar.
CAPITULO IV.
Que Irada como Chripslóbal Colom fue el que mostró á navegar los españoles por las alturas del sol é
norte , d de cómo fué á Portugal é otras parles á buscar quien le ayudasse al descubrimiento desVas
Indias, é le favoresciesse para ello , é cómo ovieron nolicia de su persona los Cathólicos Reyes, don Fer-
nando é doña Isabel, por cuyo mandado hizo este descubrimiento.
JCjs opinión de muchos ( é aun la razón
lo enseña é amonesta que se crea ) que
Ghripstóbal Golom fue el primero que en
España enseñó á navegar el amplíssimo
mar Océano por las alturas de los grados
de sol y norte. E lo puso por obra ; por-
que hasta él, aunque se leyesse en las
escuelas tal arte , pocos ( ó mejor dicien-
do ninguno ) se atrevian á lo experimen-
tar en las mares ; porque es sgiengia que
no se puede exergitar enteramente, para
la saber por experiengia y efecto , sino
se usa en golphos muy grandes é muy
desviados de la tierra. E los marineros é
pilotos é hombres de la mar hasta enton-
ges arbitrariamente hagian su ofigio, se-
gund el juigio del nauta ó piloto ; pero no
puntualmente ni con la razón que hoy se
hage en estas mares, sino como en la
mar Mediterránea , y en las costas de Es-
paña é Flandes, y en toda Europa y Áfri-
ca , é restante del mundo , donde no se
apartan mucho do la tierra. Mas para na-
vegar en demanda de provingias tan
apartadas, como estas Indias están de Es-
paña , é servirse el piloto de la razón del
quadrante, requiérense mares de mucha
longitud é latitud, como aquestas que hay
de aqui á Europa ó á la Espegieria que
tenemos al poniente de la Tierra-Firme
destas Indias.
Movido, pues, Golom con este desseo,
como hombre que alcangaba el secreto
de tal arte de navegar (quanto á andar
el camino), como docto varón en tal
sgiengia , ó por estar gertificado de la
cosa por aviso del piloto que primero se
dixo qu0 le dio notigia desta oculta tier-
ra en Portugal , ó en las islas que dixe
(si aquello fué assi); ó por las auctorida-
des que se tocaron en el capítulo antes
deste , ó en qualquier manera que su
desseo le llamasse; trabajó por medio
de Bartolomé Golom, su hermano , con
el rey Enrique VII de Inglaterra (pa-
dre de Enrique VIII que hoy alli rey-
na) que le favoresgiesse é armasse para
descobrir estas mares occidentales; ofre-
DE INDIAS. LIB I. CAP. IV.
49
ciéndose á le dar muchos tesoros en
acresgentamiento de su corona y Esta-
dos , de muy grandes señoríos é reynos
nuevos. Informado el rey de sus con-
sejeros , y de personas á quien él come-
tió la examinacion desto; burló de
quanto Golom degia , é tuvo por vanas
sus palabras. El qual no desconfiado por
esto , assi como vido que alli no era aco-
gido su servigio , comengó á mover é
tractar la misma negogiacion con el rey
don Juan, segundo de tal nombre en Por-
tugal; é tampoco fió del, aunque ya
era Golom casado en aquel reyno , é se
habia hecho natural vassallo de aquella
tierra por su matrimonio. Pero por esso
no se le dio mas crédito , ni el rey de
Portugal quiso favoresger ni ¡ayudar al
dicho Golom para lo que degia. De ma-
nera que determinó de irse en Gastilla; y
llegado á Sevilla , tuvo sus] inteligengias
con el ilustre y valeroso don Enrique de
Guzman , duque de Medina-Sidonia ; y
tampoco halló en él lo que buscaba. E
movió después el negogio mas larga-
mente con el muy ilustre don Luis de la
Cerda , primero duque de Medina Geli,
el qual también tuvo por cosa fabulosa
sus ofrecimientos, aunque quieren degir
algunos que el duque de Medina Geli, ya
queria venir en armar al dicho Golom en
su villa del Puerto de Sancta Maria , y
que no le quisieron dar ligengia el Rey é
Reyna Gathólicos para ello. Y por tanto,
como no era tan alto señorío sino para
cuyo es , fuesse Golom á la corte de los
sereníssimos é Gathólicos Reyes, don Fer-
nando é doña Isabel ; y alli anduvo un
tiempo con mucha nesgessidad é pobrega,
sin ser entendido de los que le oían , pro-
curando que le favoresgiessen aquellos
bienaventurados reyes y le armasen al-
gunas caravelas, con que en su real nom-
bre descubriesse este Nuevo Mundo , ó
partes incónitas del en aquella sagon. Y
como esta empresa era cosa en que los
que le escuchaban no tenían el concepto
é gusto, ó esperanga que solo Golom te-
nia del buen fin de su desseo , no sola-
mente se le daba poco , mas ningún cré-
dito , y aun teníase por vano quanto de-
gia. Y turóle quasí siete años esta im-
portunación, hagiendo muchos ofresgi-
mientos de grandes riquegas y Estados
para la corona de Gastilla. Pero como
traía la capa rayda (ó pobre), teníanle por
fabuloso y soñador de quanto degia é ha-
blaba ; assi por no ser conosgido y ex-
tranjero y no tener quien le favoresgiesse,
como por ser tan grandes y no oydas las
cosas que se proferia de dar acabadas.
Ved si tuvo Dios cuydado de dar estas
Indias cuyas son ; pues rogados Inglater-
ra é Portugal con ellas , y los duques que
he dicho, no permitió que alguno de
aquellos reyes tan poderosos , ni los du-
ques tan ricos que dixe, quisiessen aven-
turar tan poca costa , como la que Golom
les pedía; para que descontento de
aquellos príncipes, fuesse á buscar los
que halló tan ocupados , como á la sagon
estaban , en la sancta guerra de los mo-
ros del reyno de Granada.
Ni es de maravillar si tan Gathólicos Rey
é Reyna , movidos á buscar ánimas que
se salvassen (mas que tessoros y nuevos
Estados , para que con mayor ocupagion
y cuydado reynassen) acordaron de fa-
voresger esta empressa y descubrimien-
to. Ni crea ninguno que esto se podía
escusar á su buena ventura ; porque no
vio ojo , ni oyó oreja , ni subió en cora-
gon de hombre las cosas que aparejó
Dios á los que le aman. Estas y otras
muchas venturas cupieron en aquellos
buenos reyes nuestros , por ser tan ver-
daderos siervos deJesu Ghripstoydesseo-
sos del acresgentamiento de la sagrada
rehgion suya. Y por tanto la voluntad
divina les dio nolígia de Ghripstóbal Go-
lom ; porque el mismo Dios mira todos
los fines del mundo , y vé todas las co-
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
sas de debaxo del cielo. Y quando llegó
la hora que tan grande nego^^iacion se
concluyesse, fué por estos términos.
En aquel tiempo que Colom, como di-
xe, andaba en la corte, llegábase ácasa
de Alonso de Quintanilla , contador ma-
yor de cuentas de los Reyes Cathólicos
(el qual era notable varón y desseoso del
acresgentamiento y servigio de sus re-
yes) , y mandábale dar de comer y lo
nesgessario por una compasibilidad de
su pobrega. Y en este caballero halló
mas parte é acogimiento Colom que en
hombre de toda España , é por su res-
pecto é intergession fué conosgido del
reverendíssimo é ilustre cardenal de Es-
paña, argobispo de Toledo, don Pedro
Gongalez de Mendoga, el qual comengó á
dar audiengia á Colom, é conosgió del
que era sabio é bien hablado , y que da-
ba buena ragon de lo que degia. Y túvo-
le por hombre de ingenio é de grande
habilidad; é congebido esto, tomóle en
buena reputación, é quísole favoresger.
Y como era tanta parte para ello, por
medio del cardenal y de Alonso de
Quintanilla fué oydo del Rey é de la Rey-
na ; é luego se pringipió á dar algún cré-
dito á sus memoriales y peticiones, é
vino á concluirse el negogio, teniendo los
Reye& CathóUcos gercada la grande y
muy nombrada cibdad de Granada, año
de mili é quatrogientos é noventa é dos
años de la Natividad de nuestro Redemp-
tor. Y desde aquel real é campo aque-
llos bienaventurados príncipes le despa-
charon á Colom en aquella villa , que en
medio de sus exércitos fundaron, llama-
da Sancta Fé; y en ella, y mejor digien-
do en la mesma sancta fé , que en aque-
llos coragones reales estaba, ovo prin-
gipió este descubrimiento.
No contentándose aquellos sanctos
príncipes con sola su empresa é con-
quista sanctíssima que entre las manos
tenían , con que dieron fin á la subjecion
de todos los moros de las Españas ( don-
de habían estado en despecho y ofensa
de los chripstianos desde el año de siele-
gientos y veynte que la Virgen parió al
Salvador , como muchos auctores en con-
formidad escriben); pero demás de re-
dugir á España toda á nuestra cathólica
religión , propusieron de enviar á buscar
este otro Nuevo Mundo á plantarla en
él, por no vacar ninguna hora en el ser-
vigío de Dios. Y con este sancto propó-
sito mandaron despachar á Colom, dán-
dole sus provisiones y gédulas reales , pa-
ra que en el Andalugia se le diessen tres
caravelas del porte y manera que las pi-
dió, y con la gente é bastimentos que
convenia para viaje tan largo , y de que
ninguna gertinidad se tenia mayor quo
el buen gelo é sancto fin de tan crips-
tianíssimos príncipes ; en cuya ventura é
por cuyo mandado tan grande cosa se
comengaba. Y porque avia nesgessidad
de dineros para su expedígion , á causa
de la guerra , los prestó para fager esta
primera armada de las Indias y su des-
cubrimiento, el escribano de ragion, Luis
de Sanct Ángel. Y esta primera capitu-
lación é assiento que el Rey é la Reyna
tomaron con Colom , fué en la villa de
Sancta Fé , en el real de Granada , á diez
y ocho de abril de mili é quatrogientos
noventa é dos años , la qual pasó ante
el secretario, Juan de Coloma. E fuéle
confirmada la dicha capitulación por un
real privilegio , que le fué dado desde á
trege dias que se contaron treinta do
abril en la cibdad de Granada del dicho
año de noventa é dos. Y con este des-
pacho partió Colom donde es dicho y
fuesse á la villa de Palos de Moguer,
donde puso en orden su viaje.
DE INDIAS. LIB. II. CAP. V.
21
CAPITULO V.
Del primero viaje y descubrimiento de las Indias, hecho por don Cliripstóbal Colom , primero descubri-
dor dellas/por lo qual dignamente fué hecho almirante perpetuo destas mares é imperio de las Indias
destas parles.
wydo aveys cómo y de qué manera é
por qué rodeos vino Ghripstóbal Colom á
ser, conosgido de los Reyes Cathólicos, don
Fernando y doña Isabel, estando sóbrela
cíbdad de Granada con sus exércitos : é
como le mandaron despachar y le dieron
sus provisiones reales para ello , y se fué
á la villa de Palos de Moguerpara princi-
piar su viage. Debeys saber que desde
alli pringipió su camino con tres carave-
las : la una é mayor dellas llamada la Ga-
llega ; y las otras dos eran de aquella vi-
lla de Palos, é fueron bastegidas y ar-
madas de todo lo nesgessario. Y segund la
capitulación que con Colom se tomó, avia
de aver después una degena parte en las
rentas y derechos que el rey oviesse en
lo que fuesse por Colom descubierto ; é
assi se le pagó todo el tiempo que él vi-
vió , después que descubrió esta tierra , é
assi lo gozó el segundo almirante, don
Diego Colom, su hijo, é assi lo goza don
Luys Colom, su nieto, tergero almirante
que al presente tiene su casa y Estado.
Antes que Colom entrasse en la mar
algunos dias, tuvo muy largas consulta-
ciones con un religioso llamado fray Juan
Pérez , de la Orden de sanctFrangisco , su
confessor ; el qual estaba en el moneste-
rio de la Rábida (que es media legua de
Palos hágia la mar). Y este frayle fué la
persona sola de aquesta vida , á quien Co-
lom mas comunicó de sus secretos ; é aun
del qual é de su sgiengia se dige hasta hoy
que él resgibió mucha ayuda é buena obra,
porque este religioso era grande cosmó-
graplio. Con el qual estuvo en el mones-
terio , que es dicho de la Rábida , algund
tiempo, y él lo fizo yr al real de Grana-
da, quando se concluyó su despacho y en-
tendió en ello. Y después se fué Colom
al mesmo monesterio y estuvo con el fray-
le comunicando su viaje é ordenando su
alma é vida , y apergibiéndose primera-
mente con Dios y poniendo como cathó-
lico en sus manos é misericordia su em-
presa, como fiel chripstiano , y como ne-
gogio en que Dios esperaba aer tan ser-
vido por el acresgentamiento de su repú-
blica chripstiana. Y después de se aver
confessado, resgibió el sanctíssimo sacra-
mento de la Eucaristía , el dia mesmo que
entró en la mar ; y en el nombre de Je-
sús mandó desplegar las velas y salió del
puerto de Palos por el rio de Saltes á la
mar Océana con tres caravelas armadas,
dando pringipio al primero viaje y des-
cubrimiento destas Indias, viernes tres
dias de agosto, año del nasgimienlo de
nuestro Salvador de mili y quatrogientos
y noventa é dos años, con la buena ven-
tura, efectuando este memorable hecho
movido por Dios, el qual quiso hager á
este hombre arbitrario é ministro para tan
grande é señalada cosa.
Destas tres caravelas era capitana la
Gallega, en la qual yba la persona de Co-
lom: de las otras dos, la una se llamaba
la Pinta , de que yba por capitán Martin
Alonso Pingon ; y la otra se degia la Ni-
ña, é yba por capitán dellaFrangisco Mar-
tin Pingon , con el qual yba Vigente Ya-
ñez Pingon. Todos estos tres capitanes
eran hermanos é pilotos é naturales de
Palos , é la mayor parte de los que yban
en esta armada eran assi mismo de Palos •
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Y serian por todos hasta giento y veynte
hombres ; con las quales , después que
estas tres caravelas se dieron á la mar,
tomaron su derrota para las islas de Ca-
naria , que los antiguos llaman Fortuna-
das. Las quales estuvieron mucho tiem-
po que no se navegaban ni se sabian na-
vegar , hasta que después en tiempo del
rey don Juan , segundo de tal nombre en
Castilla, seyendo niño y debaxo de la
tutela de la sereníssima reyna doña Ca-
talina , su madre , fueron halladas é tor-
nadas á navegar é conquistarse estas is-
las por su mandado é ligen^ia , como mas
largamente se escribe en la Chrónica del
mesmo rey, don Juan segundo. Después
de lo qual muchos años, Pedro de Vera,
noble caballero de Xerez de la Frontera,
é Miguel de Moxica, conquistaron la gran
Canaria en nombre de los Cathólicos Re-
yes, don Fernando y doña Isabel , y las
otras , excepto la Palma y Tenerife , que
por mandado de los mesmos reyes las
conquistó Alonso de Lugo , al qual higie-
ron adelantado de Tenerife.
Esta gente de los canarios era de mu-
cho esfuergo , aunque quassi desnuda y
tan silvestre , que se dige é añrman al-
gunos, que no tenian lumbre ni la tuvie-
ron hasta que los chripstianos ganaron
aquellas islas. Sus armas eran piedras é
varas, con las quales mataron muchos
chripstianos hasta ser sojuzgados é pues-
tos, como están, debaxo de la obediengia
de Castilla , del qual señorío son las di-
chas islas. Y están dosgientas leguas de
España las primeras ; é la isla de Langa-
rote é la del Fierro á dosgientas é qua-
renta ; por manera que todas ellas se in-
cluyen en espagio de ginqüenta é ginco ó
sessenta leguas pocas mas ó menos. Y es-
tán assentadas desde veynte é siete has-
la veynte é nueve grados de la línea equi-
nogial á la parte de nuestro polo ártico:
la última isla deltas ó mas occidental está
del hueste al leste con el cabo de Boja-
dor en África , é á sessenta é ginco leguas
del. Son todas estas islas fértiles é abun-
dantes de las cosas nesgessarias á la vida
del hombre, y de muy templados ayres.
Pero ya de la gente natural que avia, cuan-
do fueron conquistadas hay poca, mas
todas están muy pobladas de chripstia-
nos. E allí , como en lugar apropiado y
para la navegación al propósito , llegó
Colom, continuando su primero descubri-
miento destas Indias, con las tres carave-
velas que tengo dicho , é tomó allí agua
é leña é carne é pescado é otros refres-
cos , los que le convino para proseguir
su viaje. El qual efectuando con su ar-
mada, partió de la isla de la Gomera á
seys dias de septiembre de aquel año de
mili é quatrogientos é noventa é dos años,
é anduvo muchos dias por el grande mar
Océano, fasta tanto que ya los que con él
yban comengaron á desmayar é quissie-
ran dar la vuelta; é temiendo de su ca-
mino, murmuraban de la sgiengia de Co-
lom y de su atrevimiento , é amotinába-
sele la gente é los capitanes , porque
cada hora cresgia el temor en ellos é men-
guaba la esperanga de ver la tierra que
buscaban. De forma que desvergongada-
mente é público le dixeron que los avia
engañado é los llevaba perdidos ; y que
el Rey y la Reyna avian hecho mal é usa-
do con ellos de mucha crueldad, en fiar de
un hombre semejante , é dar crédito á un
extranjero que no sabia lo que se degia.
E llegó la cosa á tanto que le gertifica-
ron que si no se tornaba, le farian vol-
ver á mal de su grado, ó le echarían en
lámar, porque lesparesgia que él estaba
desesperado, é degian que ellos no lo
querían ser, ni creyan que pudiesse sa-
hr con lo que avia comengado ; y por
tanto á una voz acordaban de no seguir-
le. En esta sagon é contienda hallaron en
la mar grandes praderías (al paresger) de
hiervas sobre el agua, é pensando que
era tierra anegada é que eran perdidos
DE LNDIAS. LIB. II. GAP. V.
23
doblábanse los clamores. Y para quien
nunca avia visto aquello sin dubda era
cosa para mucho temer; mas luego se
passó aquella turbación, conosgiendo que
no avia peligro en ella, porque son unas
hiervas que llaman salgazos , y se andan
sobre aguadas en la superficie de la mar.
Las quales segund los tiempos é los agua-
jes subgeden , assi corren é se desvian ó
allegan á Oriente ó Poniente , ó al Sur, ó
á la Tramontana ; y á veges se hallan á
medio golpho , é otras veges mas tarde y
lexos ó mas gerca de España. E algunos
viajes acaesge que los navios topan muy
pocas ó ninguna dellas , y también á ve-
ges hallan tantas que , como he dicho, pa-
resgen grandes prados verdes y amari-
llos ó de color jalde , porque en estas dos
colores penden en todo tiempo.
Salidos pues deste cuydado y temor de
las hiervas , determinados todos tres ca-
pitanes é quantos marineros allí yban de
dar la vuelta, é aun consultando entre sí
de echar á Colom en la mar , creyendo
que los avia burlado ; como él era sabio
ó sintió la murmuragion que del se hagia,
como prudente , comengó á los confortar
con muchas é dulges palabras , rogándo-
les que no quissiessen perder su trabajo
é tiempo. Acordábales quanta gloria é
provecho de la constangia se les segui-
ría, perseverando en su camino : prome-
tíales que en breves dias darían fin á sus
fatigas é viaje con mucha é indubitada
prosperidad ; y en conclusión les dixo que
dentro de tres dias hallarían la tierra que
buscaban. Por tanto que estuviessen de
buen ánimo é prosiguiessen su viaje , que
para quando degia , él les enseñaría un
Nuevo Mundo é tierra , é avrian concluy-
do sus trabajos é verían que él avia di-
cho verdad siempre , assi al Rey é Rey-
na Cathólícos como á ellos ; é que si no
fuesse assi, higíessen su voluntad y lo que
les paresgíesse , que él ninguna dubda te-
nia en lo que les degia.
Con estas palabras movió los corago-
nes de los enflaquegídos ánimos de los
que allí yban á alguna vergüenza , en es-
pegial á los tres hermanos capitanes pi-
lotos que he dicho ; é acordaron de hager
lo que les mandaba , y de navegar aque-
llos tres dias é no mas, con determina-
ción y acuerdo que en fin dellos darían
la vuelta á España, si tierra no viessen.
Y esto era lo que ellos tenían por mas
gierto ; porque ninguno avía entre ellos
que pensasse que en aquel paralelo é ca-
mino que hagían , se avía de hallar tierra
alguna. E dixeron á Colom que aquellos
tres dias que él tomaba de término é les
asignaba, le seguirían ; pero no una hora
mas, porque creían que ninguna cosa de
quantas les degia avía de ser gierta ; y en
una conformidad todos, rehusaban pasar
adelante, digiendo que no querían morir
á sabiendas , y que el bastimento y agua
que tenían no podía bastar para tornarlos
á España sin mucho peligro , por bien
que se reglasen en el comer é beber. Y
como los coragones que temen, ninguna
cosa sospechan que pueda afloxar sus fa-
tigas, en espegíal en exergígío de nave-
gación y semejante , ningún momento
cessaban en su murmurar , amenagando á
su pringipal capitán é guía. Ni él tampoco
reposaba ni cessaba un punto de confor-
tar é animar á todos á la prosecugion de
su camino ; é quanto mas turbados los
vía , mas alegre semblante él mostraba,
esforgándolos é ayudándolos á desechar
su temerosa turbación. E aquel mesmo
día que el almirante Colom estas palabras
dixo, conosgió realmente que estaba gerca
de tierra en semblante de los celajes de
los cielos ; é amonestó á los pilotos que
si por caso las caravelas se apartassen
por algún caso fortuito launa de la otra,
que passado aquel trange corríessen há-
gia la parte ó viento que les ordenó, para
tornar á redugírse en su conserva. E co-
mo sobrevino la noche, mandó apocar las
24
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
velas y que corriessen con solos los trin-
quetes baxos ; é andando assi , un mari-
nero de los que yban en la capitana , na-
tural de Lepe, dixo: lumbre!., tierra!.. E
luego un criado de Colora , llamado Sal-
cedo, replicó diciendo: «Esso ya lo ha di-
cho el almirante, mi señor;» y encontinen-
te Golom dixo : «Rato ha que yo lo he di-
cho y he visto aquella lumbre que está
en tierra. » Y assi fue: que un jueves , á las
dos horas después de media noche , lla-
mó el almirante á un hidalgo dicho Es-
col)edo , repostero de estrados del Rey
Cathólico, y le dixo que veía lumbre. Y
otro dia de mañana, enesclaresgiendo,
y á la hora que el dia antes avia dicho
Colom , desde la nao capitana se vido la
isla que los indios llaman Guanahani , de
la parte de la tramontana ó norte. Y el
que vido primero la tierra , quando ya fue
de dia , se llamaba Rodrigo de Triana , á
onge dias de octubre del año ya dicho de
mili é quatrogientos y noventa y dos. Y
de aver salido tan verdadero el almiran-
te, en ver la tierra en el tiempo que avia
dicho , se tuvo mas sospecha que él es-
taba certificado del .piloto que se dixo
que murió en su casa , segund se tocó de
suso. Y también podria ser que viendo
determinados á quantos con él yban para
se tornar, dixesse que si en tres dias no
viessen la tierra se volviessen , confiando
que Dios se la enseñarla en aquel térmi-
no que les daba, para no perder trabajo é
tiempo.
Tornando á la historia, aquella isla
que se vido primero, segund he dicho, es
una de las islas que digen de los Luca-
yos ; y aquel marinero que dixo primero
que veia lumbre en tierra , tornado des-
pués en España , porque no se le dieron
las albricias , despechado de aquesto , se
pasó en África y renegó de la fé. Este
hombre, segund yo oy degir á Vigente
Yañez Pingon y á Hernán Pérez Matheos,
que se hallaron en este primero descu-
brimiento, era de Lepe, como he dicho.
Assi como el almirante vido la tierra,
hincado de rodillas é saltándosele las lá-
grimas de los ojos del extremado plager
que sentia , comengó á degir com Ambro-
sio y Augustino : Te Deum laudamus , Te
Dominum confitemur, etc.; y assi, dando
gragias á nuestro Señor con todos los que
con él yban , fue inextimable el gozo que
los unos y los otros hagian. Tomábanle
unos en bragos , otros le besaban las ma-
nos , é otros le demandaban perdón de la
poca constangia que hablan mostrado.
Algunos le pedian mergedes é se ofres-
gian por suyos. En fin , era tamaña la leti-
gia é regogijo , que abrazándose unos con
otros, no se conosgian con el plager de su
buena andanga; lo qual yo creo bien,
porque sabiendo como sabemos los que
agora vienen de España é los que de
acá vuelven allá que el viaje é camino es
seguro y gierto, no tiene comparación
otro plager con el que resgiben los que
ha dias que navegan, quando ven la tier-
ra. Ved qué tal seria el de los que en tan
dubdosa jornada se hallaron, viéndose
certificados y seguros de su descanso.
Pero aveis de saber que por el conti a^
rio digen algunos lo que aqui se ha dicho
de la constangia de Golom , que aun afir-
man que él se tornara de su voluntad del
camino y no lo concluíe , si estos herma-
nos Pingones no le Ingieran yr adelante ^
é diré mas , que por causa dellos se hizo
el descubrimiento , é que Golom ya giaba
y queria dar la vuelta. Esto será mejor
remitirlo á un largo progesso que hay
entre el almirante y el fiscal real , donde
á pro é contra hay muchas cosas alegadas,
en lo qual yo no me entremeto ; porque
como sean cosas de justigia y por ella se
han de decidir , quédense para el fin que
tuvieren. Pero yo he dicho en lo uno y
en lo otro ambas las opiniones : el letor
tome la que mas le ditare su buen juygio.
Tardóse el Almirante en llegar desde las
DE INDIAS. LIB. II. CAP. VI.
25
islas de Canaria hasta ver la primera vido, en el mes de octubre del año de
tierra que he dicho treinta é tres dias; mili é quatroQientos é noventa y dos
pero él llegó á estas islas, primeras que años.
CAPITULO VI.
Cómo el almirante descubrió esta Isla Española, é dexó en ella treinta é ocho chripstianos en tierra del rey
ó cacique Goacanagari , en tanto (jue llevaba las nuevas del descubrimiento primero destas parles; é cómo
volvió á España en salvamento.
Jtin aquella isla que he dicho de Gua-
nahani ovo el almirante é los que con él
yban vista de indios é gente desnuda , é
allí le dieron notigia de la isla de Cuba. E
como paresgieron luego muchas isletasque
están juntas y en torno de Guanahani,
comentaron los chripstianos á llamarlas
Islas Blancas (porque assi lo son por la
mucha arena), y el almirante les puso
nombre las Princesas, porque fueron el
principio de la vista destas Indias. E ar-
ribó á ellas , en especial á la de Guana-
hani , y estuvo entrella y otra que se di^ e
Caycos; pero no tomó tierra en ninguna
dellas, segund afirma Hernán Pérez Ma-
theos, piloto que hoy día está en esta cib-
dad de Sancto Domingo , que dige que se
halló allí. Pero á otros muchos he oydo
degir quel almirante baxó en tierra en la
isla de Guanahani é la llamó Sanct Sal-
vador , é tomó allí la possession ; y esto
es lo mas gierto y lo que se debe creer
dello. E de allí vino á Baracoa , puerto de
la isla de Cuba de la vanda del norte ; el
qual puerto es doge leguas mas al po-
niente de la punta que llaman Mayci; é
allí falló gente , assi de la propia isla de
Cuba, como de las otras que están al norte
opuestas , que son la isla Guanahani que
tengo dicho, é otras muchas que allihay,
que se llaman islas de los Lucayos gene-
ralmente todas ellas , no obstante que ca-
da una tiene su propio nombre y son mu-
chas ; assi como Guanahani , Caycos , Ju-
meto, Yabaque, Mayaguana, Samana,
Guanima, Yuma, Curatheo, Ciguateo, Ba-
TOMO I.
hama ( que es la mayor de todas) , el Yu-
cayo y Nequa, Habacoa é otras muchas
isletas pequeñas que por allí hay.
Tornando á la historia, llegado pues
el almirante á la isla de Cuba donde he
dicho, saltó en tierra con algunos chrips-
tianos , y preguntaba á los indios por Ci-
pango , y ellos por señas le respondían y
señalaban que era esta isla de Hayti, que
agora llamamos Española. E creyendo los
indios que el almirante no acertaba el
nombre , degian ellos: Cibao , Cihaol , pen-
sando que por degir Cibao degia Cipan-
go ; porque Cibao es donde en esta isla
Española están las minas mas ricas y de
mas fino oro. E assi el almirante con las
tres caravelas , guiado por los indios , de
los quales algunos de su grado se entra-
ron en los navios , se embarcó en aquel
puerto de Baracoa de Cuba , é vino á es-
ta isla de Hayti , que agora llamamos Es-
pañola , y de la parte ó banda del norte
surgió en un muy buen puerto , é llamóle
Puerto Real. Y á la entrada del tocó en
tierra la nao capitana , llamada la Galle-
ga, é abrióse; pero no peligró ningún
hombre : antes muchos pensaron que ma-
ñosamente la avian hecho tocar, para de-
xar en la tierra parte de la gente, como
quedó. E allí salió el almirante con toda
su gente , é luego vinieron á habla é con-
versagion con los chripstianos muchos in-
dios de paz de aquella tierra, la qual era
del señorío del rey Guacanagari (que los
indios llaman cacique, assi como los
chripstianos decimos rey), con el qual se
2G
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
trató luego la paz é amistad. Y él vino á
ella muy de grado , y se vido con el al-
mirante y los chripstianos muy doméstica-
mente é muy continuo, y se le dieron algu-
nas cosas de poco valor (entre los chrips-
tianos, pero de los indios muy estimadas),
assi como cascabeles , alfileres , agujas é
algunas cuentas de vidro de diversas co-
lores ; lo qual el cacique é sus indios con
mucha admiración contemplando, mostra-
ban apreciarlo y estimar, y holgaban mu-
cho de que algo assi se les daba , y ellos
traian á los chripstianos de sus manjares é
cosas que tenian.
Viendo el almirante que aquesta gente
era tan doméstica^ paresgióle que segu-
ramente podria dexar allí algunos chrips-
tianos para que en tanto que él volvia
á España aprendiessen la lengua é cos-
tumbres desta tierra . E figo hager un cas-
tillo quadrado, á manera de palenque, con
la madera de la caravela capitana ó Ga-
llega, que es dicho que tocó al entrar del
puerto, é con faxina é tierra lo mejor que
se pudo fabricar en la costa á par del
puerto éarragifesdél, en un arenal. E dio
orden el almirante á treynta é ocho hom-
bres, que allí mandó quedar, de lo que
avian de hager en tanto que él llevaba
tan prósperas nuevas de su descubri-
miento á los Reyes Cathólicos, é tornaba
con muchas mergedes para todos , ofres-
giéndoles complidos galardones á los que
assi quedaban. Y nombró entre aquellos
por capitán á un hidalgo llamado Rodri-
go de Arana , natural de Córdoba , é man-
dóles, que le obedesgiessen como á su per-
sona. Y para si aquel muriesse en tanto
que él volvia, señaló otro , é para después
del segundo nombró otro tergero ; de for-
ma que nombró dos para después de los
dias del primero. Y dexó con ellos á un
maestre Juan , girujano , buena persona:
é amonestó á todos que no entrassen la
tierra adentro , ni se desacaudillassen, ni
dividiessen, ni tomassen mugeres, ni
diessen pesadumbre ni enojo alguno á los
indios por ningún caso , en quanto possi-
ble les fuesse. Y como se perdió la nao
capitana, passósse el almirante á la ca-
ravela llamada la Niña, en que yban
Frangisco Martin é Vicente Yañez Pingon.
Mas como de la quedada de aquesta gen-
te no le plugo al capitán de la otra cara-
vela Pinta , llamado Martin Alonso Pin-
gon , hermano de estos otros , contradí-
xolo todo quanto él pudo; é degia que
era mal hecho que aquellos chripstianos
quedassen tan lexos de España, seyendo
tan pocos , é porque no se podrían pro-
veer ni sostener y se perderían. Y á este
propósito dixo otras palabras, de que el
almirante se resabió , y sospechóse que
le quisiera prender; y el Martin Alonso,
con temor que ovo desta sospecha , se
salió á la mar con su caravela Pinta é
fuese al puerto de Gragia, veynte leguas
al leste ú oriente apartado del dicho puer-
to real. Y en tanto que el almirante tar-
dó en la obra que dixe de aquel castillo,
súpose de los indios de la tierra, donde
estaba el Alonso Martin é la otra carave-
la; é luego los otros dos hermanos Pin-
gónos que estaban con el almirante, pro-
curaron de le recongiliar é volver á la
gragia del almirante, é acabaron con él
que le perdonasse. Y él lo figo assi por
muchos respectos, y en espegial porque
la mayor parte de quantos hombres de la
mar tenia, eran parientes é amigos destos
Pingónos hermanos y de una tierra , y es-
tos tres eran los mas pringípales. Y assi
como le perdonó, le escribió una carta
muy generosa, como en el caso convenía,
é mandó que aquel puerto se llamasse
puerto de Gragia, é assi se nombra hasta
agora. E los indios que llevaron la carta
volvieron otra, respondiendo Martin Alon-
so al almirante é teniéndole en merged
el perdón ; é assi se congertaron para que
en gierto día el Martín Alonso, desde don-
de estaba con aquella caravela, y el al-
DE INDIAS. LIB. II. CAP. VI.
n
mirante con la otra, se fuessen á juntar
en la Isabela , é allí saltaron todos en tier-
ra muy conformes. Aquel assiento de la
Isabela es en la misma costa diez é ocho
leguas ó poco mas al leste de Puerto Real.
No fué poca maravilla para los indios
ver cómo por las cartas los chripstianos
se entendian ; y llevábanlas puestas los
mensajeros en un palillo, porque con te-
mor é acatamiento las miraban, y creían
que cierto tenían algún espíritu é habla-
ban, como otro hombre por alguna dei-
dad é no arte humana.
Juntos el almirante é su gente, y que-
dando los treynta é ocho hombres donde
se dixo, tomaron agua y leña y lo que mas
pudieron de los bastimentos desta tierra,
para que mas les lurassen los que les que-
daban de los que truxeron de Castilla ; é
salieron de la Isabela, el qual nombre el al-
mirante puso á aquella provincia é puerto
en memoria de la Cathólica Reyna, doña
Isabel. E desde allí ambas caravelas fueron
á Puerto de Plata , el qual nombre le puso
g1 almirante ; é después fueron á puerto de
Samana (assi llamado por los indios). E
desde Samana, que es en esta Isla Espa-
ñola de la banda del norte, tomaron estas
dos caravelas su derrota para Castilla con
mucho plager, encomendándose todos á
Dios é á la buena ventura de los Cathó-
licos Reyes de España , que tan grandes
nuevas esperaban, aunque no confiados
de la SQÍeiigia de Colom , sino de la mi-
sericordia de Dios. E llevó deste camino
el almirante nueve ó diez indios consigo,
para que como testigos de su buena ven-
tura besassen las manos al Rey é á la
Reyna , é viessen la tierra de los chrips-
tianos é aprendiessen la lengua , para que
quando aquestos acá tornassen , ellos é
los chripstianos que quedaban encomen-
dados á Goacanagari y en el castillo que
es dicho de Puerto Real, fuessen lenguas
é intérpretes para la conquista é pagifi-
cagion é conversión destas gentes. Eassi
como Dios, nuestro Señor, fué servido que
estas tierras se descubriessen , y que pa-
ra hallarlas oviese Seydo próspera é acer-
tada la navegagion deste primero viaje y
en breve tiempo; assi tuvo por bien é
permitió que fuesse favorable la vuelta, é
llevó en salvamento este primero descu-
bridor destas Indias á España. E fué á
reconosger las islas de los Agores, é á
quatro dias de margo de mili é quatro-
gientos é noventa y tres entró en Lisbo-
na , desde donde se fué al puerto de Pa-
los, adonde se avia embarcado quando
comengó esta jornada , é no estuvo des-
de que partió desta isla fasta que en Cas-
tilla tomó tierra sino gincuenta dias. Pe-
ro estando ya gerca de Europa , por tor-
menta, se apartaron launa caravelade
la otra, é corrió el almirante á Lisbona
y el Martin Alonso á Bayona de Galigia.
E después cada navio destos tomó su ca-
mino para el rio de Saltes , é de caso en-
traron en un mismo dia ; y entró el al-
mirante por la mañana é la otra caravela
llegó en la tarde. E porque se tuvo sos-
pecha que por las cosas passadas el al-
mirante faria prender al Martin Alonso
Pingon, salióse en una barca del navio,
assi como entraba á la vela , é fuesse don-
de le paresgió secretamente, y el almi-
rante luego se partió para la corte con
la grande nuevade su descubrimiento. Y
como el Martin Alonso supo que era ydo
fuesse á Palos á su casa, é murió desde á
pocos dias, porque yba muy doliente.
Tardó el almirante en reconosgcr la
primera tierra destas Indias en las islas
de los Lucayos , segund he dicho , desde
que de España partió quassi tres meses,
y en volver á España y en lo que acá se
detuvo otros tres , y en todo estuvo en la
venida é vuelta seys meses, diez dias mas
ó menos.
Tornando á la historia , digo que des-
pués que Colcm salió en Palos ccn les in-
dios que llevaba destas islas , de los qua-
28
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
les UQO se le avia muerto en la mar , to- noche , y en recelo, como lo suelen lia^er
mó los seys que yban sj^inos, é dexó allí los que son prudentes é sabios pilotos,
dos ó tres que estaban dolientes , é fues-
se á la corte de los Gathólicos Reyes á
darles cuenta de su prosperidad, é de lo
que Dios acresQentaba en los reynos é se-
ñoríos de Castilla : la qual nueva no se
esperaba en tan breve tiempo, porque
en la verdad fué cosa de admiragion, se-
gund lo que después tardaban otras naos
é caravelas en venir é volver desde acá
hasta que esta navegagion se fué mejor es. Que bien veo que los hombres de la
quando descubren y van por mares que
no se saben ni han navegado.
En esto que á los hombres de la tier-
ra é que no han cursado la mar no les
paresgerá por ventura bien , ó no tan sa-
broso de mi obra , tengan respecto á que
yo escribo para los unos é los otros , é
tome cada uno lo que hage á su gusto ó
propóssito, é lo otro déxelo para cuyo
entendiendo. E aun hoy que se sabe me-
jor , seria assaz dos navios andar lo que
aquellos anduvieron en tan breve tiem-
po ; puesto que , como digo , agora está la
navegagion entendida, y estonges la an-
duvieron á tiento , é con la sonda siem-
pre en la mano , é apocando las velas de
mar me culparían , si no pusiesse é apun-
tasse lo qae es para ellos ; y los caballe-
ros y gente exergitada en la tierra ^jue
no entendieren algunos términos de la
navegagion , con que me conviene dar
cuenta destas cosas de lámar, passen ade-
lante: que aquello no les impide lo demás.
CAPITULO VII.
De qualro cosas nolaWes en el año de mili é qualro9Íentos y nóvenla é dos años; é de quando el al-
niiranle don Chripslóbal llegó á la corte de los Reyes Calhólicos, don Fernando é doña Isabel, é do
las mer9eflc3 que le fieieron, después que volvió á España del primero descubrimiento délas Indias; é
la ra9on porque se debe creer que eti estas partes fué predicado el Evangelio por los apósloles ó por al-
guno dollos.
t^on menor auctoridad enseña el que
habla las cosas que oyó , quel que dige
las que vio. Esto Sanct Gregorio lo dige
sobre los capítulos catorge é quinge de
Job ; mas yo no lo traygo aqui á conse-
qüengia solamente por los que aquestas
cosas de Indias las han escripto desde
España por oydas, sino dígolo porque
hablaré aquí de las de España desde las
Indias. Mas hay en ello lo uno'é lo otro;
porque aunque vivo acá, vi lo que
acaesgió acullá ; y porque no es fuera de
mi propósito , digo que fué muy notable
en España el año de mili é quatrogientos
é noventa é dos años. En el qual á los
dos dias del mes de enero tomaron los
Gathólicos Reyes , don Fernando é doña
Isabel , la muy nombrada é gran cibdad
de Granada. El mismo año, en fin de ju-
lio, echaron los judíos de sus reynos. El
mismo año viernes, siete dias del mes
de degiembre, un villano natural del lu-
gar de Remensa del Pringipado de Cata-
luña, llamado Juan de Cañamares, dio
en Bargelona una cuchillada al Rey Ca-
thólico en el pescuego, tan peligrosa
que llegó á punto de muerte : del qual
traydor fué hecha muy señalada justigia,
no obstante que, segund paresgió, él esta-
ba loco , é siempre dixo que si le matara,
que él fuera rey. Y en aquel mesmo año
descubrió Colom estas Indias, é llegó á
Bargelona en el siguiente de mili é qua-
trogientos é noventa é tres años, en el
mes de abril, é falló al Rey assaz flaco,
pero sin peligro de su herida.
Aquestos notables se han traydo á la
memoria , para señalar el tiempo en que
Í)E INDIAS. LIB. II. CAP. Vil.
29
Colom llegó á la corte, en lo qual yo
hablo como testigo de vista, porque me
hallé paje muchacho en el gerco de Gra-
nada , é vi fundar la villa de Sancta- Fé
en aquel exército , é después vi entrar
en la cibdad de Granada al Rey é Reyna
Gathólicos , quando se les entregó ; é vi
echar los judies de Castilla y estuve en
Bargelona, quando fué ferido el Rey, co-
mo he dicho; é vi allí venir al almirante,
don Chripslóbal Colom , con los primeros
indios que destas partes allá fueron en
el primero viaje é descubrimiento. Assi
qué no hablo de oydas en ninguna des-
tas quatro cosas, sino de vista; aunque
las escriba desde aquí, ó mejor digien-
do , ocurriendo á mis memoriales desde
el mismo tiempo cscriptas en ellos. Vol-
vamos á nuestra historia.
Después que fué llegado Colom á Bar-
gelona, con los primeros indios que des-
tas partes á España fueron ó él llevó , é
con algunas muestras de oro é muchos
papagayos é otras cosas de las que acá
estas gentes usaban ; fue muy benigna é
gragiosamente resgebido del Rey é de la
Reyna. E después que ovo dado muy lar-
ga é particular relagion de todo lo que
en su viaje é descubrimiento avia passa-
do , le figieron muchas mergedes aquellos
agradesgidos príngipes é le comengaron
á tractar como á hombre generoso y de
Estado, é que por el grand ser de su
persona propria tan bien lomeresgia. Mas
á mi paresger (só la protestagion por
mi hecha en el prohemio ó libro I) , di-
go que en aquestas nuestras Indias justo
es que se tenga é afirme que fué predi-
cada en ellas la verdad evangélica, y
primero en nuestra España por el apóstol
Sanctiago , é después la predicó en ella
el apóstol Sanct Pablo , como lo escribe
Sanct Gregorio ^ E si desde nuestra Casti-
lla se cultivó acá é transfirió la notigia del
Sancto Evangelio en nuestros tiempos, no
gessa por esso que desde el tiempo de
los apóstoles no supiessen estas gentes
salvajes de la redempgion chripstiana
é sangre que nuestro Redemptor , Jesu
Chripsto, vertió por el humano linage:
antes es de creer que ya estas generagio-
nes é indios destas partes lo tenían olvi-
dado; pues que In omnem terram exivit
sonus eorum , et in fines orbis terree ver-
ba eorum. Conforme á lo que es dicho
del psalmista David ^, dige Sanct Gre-
gorio sobre el capítulo diez y seis de
Job estas palabras : la Sancta Iglesia há
ya predicado en todas las partes del
mundo el misterio de nuestra Redemp-
gion. Assi que, estos indios ya tuvieron
notigia de la verdad evangélica y no pue-
den pretender ignorancia en este caso:
quédese esto á los teólogos , cuya es esta
materia. Pero quiero degir, que puesto
que de nuestra sancta fé cathólica acá
oviessen ávido notigia los antegessores
destos indios, ya estaba fuera de la me-
moria destas gentes ; y assi fué gran-
díssimo servigio el que á Dios higieron
los Reyes Gathólicos en el descubrimien-
to destas Indias. Y grande fué el mérito
que adquirió nuestra nación en ser por
españoles buscadas estas provingias, é
tantos reynos de gentes perdidas é idó-
latras, por la industria y en compañía, y
debaxo de la guia del primero almirante,
don Chripstóbal Colom, reedificando é
tornando á cultivar en estas tierras tan
apartadas de Europa la sagrada passion
é mandamientos de Dios y de su Iglesia ca-
thólica ; donde tantos millones de ánimas
gozaba, ó mejor digiendo, tragaba el infier-
no ; y donde tantas idolotrías é diabólicos
sacrifigios y ritos que en reverencia de
Satanás se fagian muchos siglos avia, ges-
sassen; y donde tan nefandos crímenes y
pecados se exercitaban, se olvidassen.
1 Moralium , lib. XXXí , cap. XXXVJI.
2 Psalm. XVIII.
30
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
En esto se podría degir tanto que en
muchas historias no se pudiesse acabar de
relatar los méritos de los Reyes Cathóli-
cos, don Fernando é doña Isabel, y de sus
subgessores, por la continuagion del sáne-
lo celo y obra para la conversión destas
gentes. Porque en la verdad , por su real
voluntad y expressos mandamientos é
muy continuado cuydado, siempre han
proveydo en el remedio de las ánimas
destos indios, y en el buen tractamiento
dellos. Y si en este caso algo ha faltado,
es á causa de los ministros; y no tiene
la culpa otro sino el que acá viene por
gobernador ó perlado , y en esto se des-
cuyda ; pero no tura mas su negligengia
de quanto tarda de llegar á notigia de
(^ésar ó de su Real Consejo de Indias,
donde luego se provee con grande aten-
ción en el reparo y enmienda, como con-
viene.
Yo en la verdad la principal causa de
lo que en este caso puede haber mal
subcedido , ó no también efectuádose co-
mo fuera ragon , tampoco la quiero dar
á los oficiales ó ministros de tan sancta
ó pía obra , como es doctrinar esta ge-
neración de indios ; sino á ellos mismos,
cspegialmente por su incapacidad y ma-
las inclinaciones; porque es cierto que
son muy raros é aun raríssimos aquellos
que en tanta multitud dellos perseveran
en la fé: antes desligan della, como el
granigo de las puntas de las laucas. Es
menester que Dios ponga en esto su ma-
no , para que assi los que enseñan como
los enseñados, aprovechen mas que has-
ta aqui. Vuelvo á la historia.
Seys indios llegaron con el primero
almirante á la corte á Bargelona, quando
he dicho ; y ellos de su propria voluntad
ó consejados, pidieron el baptismo, é
los Cathólicos Reyes por su clemencia se
lo mandaron dar; é juntamente con sus
Altecas, el sereníssimopríngipe don Juan,
su primogénito y heredero, fueron los
padrinos. Y á un indio que era el mas
principal dellos , llamaron don Fernando
de Aragón, el qual era natural desta isla
Española é pariente del rey ó cacique
Goacanagari. E á otro llamaron don Juan
de Castilla , é á los de demás se les die-
ron otros nombres , como ellos los pidie-
ron, ó sus padrinos acordaron que se
les diesse, conforme á la Iglesia Cathóli-
ca. Mas á aquel segundo que se llamó
don Juan de Castilla , quiso el príncipe
para sí y que quedase en su real cassa,
y que fuesse muy bien tractado é mira-
do, como si fuera hijo de un caballero
principal, á quien tuviera mucho amor.
E le mandó doctrinar y enseñar en las
cosas de nuestra sancta fé , é dio cargo
del á su mayordomo Patino ; al qual in-
dio yo vi en estado que hablaba ya bien
la lengua castellana , é después dende á
dos años murió.
Todos los otros indios volvieron á esr-
ta isla en el segundo viaje que á ella hi-
zo el almirante ; al qual aquellos gratís-
simos Príncipes Cathólicos hicieron seña-
ladas mercedes , y en especial le confir-
maron su previlegio en la dicha Barcelo-
na á veinte é ocho de mayo de mili y
quatrocientos é noventa é tres. Y entre
otras, de mas de le hacer noble é dar tí-
tulo de almirante perpetuo destas Indias
á él é á sus subcessores, por via de ma-
yoradgo , y que todos los que del depen-
diessen , é aun sus hermanos , se llamas-
son don , le dieron las mismas armas rea-
les de Castilla y de León , mezcladas y
repartidas con otras que assi mesmo le
concedieron de nuevo ; aprobando é con-
firmando de su auctoridad real las otras
armas antiguas de su linaje. E de las
unas é las otras formaron un nuevo y
heiTüOso escudo de armas con su timbre
é divisa, en la manera é forma que aqui se
contieneysevee patente. (Lám. 1,fig. 1.)
Ün escudo con un castillo de oro en
campo de goles ó sanguino con las puer-
DE INDIAS. LIB. II. CAP. VII.
31
tas é ventanas azules é un león de púr-
pura ó morado en campo de plata con
una corona de oro , la lengua sacada , é
rarapante , assi como los reyes de Casti-
lla é de León los traen. Y aqueste casti-
llo é león han de estar en el chieph ó ca-
bega del escudo ; en la parte derecha , y
el león en la siniestra ; y de allí abaxo las
dos partes restantes del escudo todo han
de estar partidas en mantel , y en la par-
te derecha una mar en memoria del
grande mar Océano : las aguas al natural
azules y blancas , é puesta la Tierra-Fir-
me de las Indias , que tome quasi la cir-
cunferencia deste quarto; dexando la
parte superior é alta del abierta , de ma-
nera que las puntas desta tierra grande
muestran ocupar las partes del mediodía
é tramontana. E la parte inferior, que sig-
nifica el Occidente , sea de tierra conti-
nuada , que vaya desde la una punta á la
otra desta tierra ; y entre aquestas pun-
tas lleno el mar de muchas islas grandes
é pequeñas de diversas formas; porque
esta figura, segund está blasonada en este
quarto , es de la manera que se pueden
significar estas Indias. La qual tierra é
islas han de estar muy verdes é con mu-
chas palmas é árboles , porque nunca en
ellas pierden la hoja sino muy pocos; é
ha de haber en esta Tierra-Firme muchos
matiges é granos de oro , en memoria de
las innumerables é riquíssimas minas de
oro que en estas partes é islas hay. E
por esta pintura, si el letor no quedó
bien informado de lo que se tocó en el
primero capítulo , lib. II , de la grandeza
é forma del assiento de la Tierra-Firme,
lo podrá algo mas claramente entender,
é yo tornaré á difinir estas armas de que
agora se tracta. E digo que en el otro
quarto siniestro del escudo hay ginco án-
coras de oro en campo azul , como insig-
nia apropriada al mismo ofigio é título de
almirante perpetuo destas Indias; y en
la parte inferior del escudo las armas de
la prosapia del linage de Colom , convie-
ne saber ; un chieph ó cabeza , ó parte
alta de goles , vel sanguina , é de allí
abaxo una banda azul en campo de oro;
é sobre el escudo un baúl de Estado al
natural, de ocho lumbres ó vistas, con
un rollo y dependengias azules é de oro,
y sobre el baúl por timbre é gimera un
mundo redondo con una cruz engima de
goles , y en el mundo pintada la Tierra-
Firme é islas , de la manera que están de
suso blasonadas ; é por defuera del escu-
do una letra en un rótulo blanco, con^
unas letras de sable, que dicen: Por
Castilla é por León nuevo mundo halló Co-
lom. Assi mismo por respecto del almiran-
te, higieron los Reyes Gathólicos adelan-
tado desta isla Española á don Bartolomé
Colom , su hermano ; y le higieron otras
grandes mergedes , que»por evitar proli-
xidad aqui no se digen , como mas lar-
gamente paresge por su previlegio real
que le congedieron , é yo he visto algu-
nas veges.
CAPITULO VIII.
Del segundo viaje quel almirante primero, don Chripstóbal Colom, hizo desde España á esta isla de Hayti ó
Española , é de cómo halló muertos los cripslianos que avia dexado en tierra del rey Guacanagari , é de la
concession quel Papa Alexandre VI hizo destas Indias á los Reyes Cathólicos , don Fernando é doña
Isabel^ é sus subcessores en los reynos de Castilla y de León. Y del descubrimiento de las islas de los indios
flecheros , llamados caribes , é otras cosas notables.
¿iluién hay que no sepa que dio el Se- y que crió las ánimas de los hombres pa-
ñor las cosas terrenas para nuestros usos, ra los suyos , como nos lo recuerda Sanct
32
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Gregorio ? * Ássi pues , conforme á es-
to , los bienaventurados Reyes don Fer-
nando é doña Isabel, desseando que
las ánimas destos indios fuessen pa-
ra Dios, mandaron quel almirante don
Chripstóbal Colom volviesse á esta isla de
Hay ti ó Española con una muy buena ar-
mada, en que vinieron algunos caballe-
ros é hidalgos de su casa real é otros no-
bles varones é hombres de claros linajes,
desseosos de ver esta nueva tierra é las
cosas della. E ovieron primero aquellos
sanctos príncipes la merged é congession
destas Indias por elSummo Pontífige, assi
porque con mas justo título su sancto
propósito se efectuasse (que era ampliar
la religión chripstiana, como siervos de
Dios), aunque para esto no tuviessen nes-
gessidad , tomaron ligengia é título del
vicario de Christo, á quie» ellos siempre
con fiel coragon tuvieron obediengia , co-
mo por ser estas mares é imperio de la
corona é conquista de Castilla , é averse
solamente los Cathólicos Reyes don Fer-
nando é doña Isabel ocupado en este
memorable é sancto exergigio; quanto
mas que por lo que tengo dicho , ya mu-
chos siglos antes fue este señorío de los
reyes de España. Y assi el Papa dio al
Rey é Reyna é sus subgessores en los rey-
nos de Castilla y «de León estas Indias, é
todo lo demás , fabricando una línea de
polo á polo, por diámetro desde gient
leguas adelante de las islas de los Agores
y de las de Cabo Verde , y desde allí
discurriendo al poniente todo lo que en
el mundo se hallasse, de que no tuviesse
actual possession algún príngipe cripstia-
no. Después de lo qual, fue convenido é
assentado entre España é Portugal que
desde las dichas islas que dixe de suso,
tresgientas é setenta leguas dellas al Occi-
dente, se higiesse una línea de polo á po-
lo , é lo que quedasse entre esta línea é
la que se dixo primero fuesse de Portu-
gal; y de aquilos portugueses interpre-
tan que les queda todo lo del Oriente,
en lo qual se engañan. De manera que
conforme á la bula ó donagion apostóHca,
hecha á Castilla é á los Reyes della, se
comprehenden todas las islas de la Espe-
gieria é de Maluco é Bruney , donde se
coje la canela , con toda la Espegieria é lo
demás del mundo , hasta tornar por el
Oriente á la línea primera que se dixo
del diámetro , significada á las gient le-
guas de las islas de los Agores é de Cabo
Verde. Y esto, como he dicho, cae en la
parte assi congedida á los Reyes Cathó-
licos , de gloriosa memoria , é pertenesge
á la corona de Castilla.
Pero porque estas cosas están aproba-
das por el vicario de Dios é de la sagra-
da Iglesia , no es nesgessario degir otra
cosa, sino que yo he visto un treslado, auc-
torizado y signado, de la Bula apostólica,
la data de la qual dige : Datis Romee apud
sanctum Petrum, auno Incarnationis Do-
mini millessimo quadrigentessimo nonages-
simo tertio, quarto nonas maü, ponlifi-
catus nostri anno primo. Pues conforme á
lo amonestado por el Sancto Padre en su
bula é donagion apostólica, gerca del cuy-
dado que se debe tener en la conversión
de los indios , vinieron religiosos, perso-
nas de aprobada é sancta vida é letras;
en espegial fué escogido para esto fray
Buil , de la Orden de sanct Benito , natu-
ral de Cataluña. Al qual el mismo Sancto
Padre dio pleníssimo poder para la ad-
ministragion de la Iglesia en estas partes,
como perlado é cabega de los clérigos é
religiosos que en aquesta sagon acá pas-
saron , para el servigio del culto divino é
conversión destos indios. E truxeron los
ornamentos é cruges é cáliges é imagi-
nes , é todo loque era nesgessario para las
iglesias é templos que se higiessen. Y en
i Libro XXXI, capítulo X, sobre el capílu- k) XXXIX de Job.
ÜE INDIAS. LIB. II. CAP. VIII.
33
la bula susodicha apostólica amonestó é
mandó el Papa , en virtud de sancta obe-
diencia al Rey é á la Reyna , que envias-
sen para lo que es dicho á estas In-
dias buenos varones é temerosos de
Dios, doctos y expertos para instruiré
enseñar los habitadores destas nuevas
tierras en la fé cathólica y en buenas cos-
tumbres, con la debida diligencia que
para tan sancta é ardua cosa convenia.
E assi conforme á esta amonestagion del
Summo Pontífice é al sancto gelo que
los Cathólicos Reyes tuvieron , para
complir por su parte loque en ellos era,
en complimiento de lo que es dicho,
buscaron en todos sus reynos tales per-
sonas como eran nesgessarias , assi de
eclesiásticos como de seglares. E con
una muy hermosa armada é lucida é no-
ble compañia de gente, qual he dicho,
se partió el mesmo año el aknirante de
la corte , desde la cibdad de Barcelona
para la provingia de Andalugia ; é llega-
do á la cibdad de Sevilla, comengóse allí
á juntar la gente , é las naos é caravelas
en la bahía de Cáliz para esta flota. Des-
de allí , hecho su alarde é dada la orden
é derrota á cada capitán é á los maestres
é pilotos para su viaje, con la buena
ventura salió con su armada á la vela,
miércoles veynte é ginco dias del mes de
septiembre de mili é quatrogientos y no-
venta y tres años. Y al quarto del alba
soltó las velas la nao capitana é lo mis-
mo higieron todas las otras naos y cara-
velas , que eran por todas diez y siete ve-
las en que avia mili y quinientos hombres
de hecho, muy bien aderegados y provey-
dos de armas é munigiones y bastimen-
tos y de todo lo nesgessario ; la qual
gente vino al sueldo real. Y en esta ar-
mada vinieron personas religiosas y ca-
balleros é hidalgos y hombres de honra
y tales quales convenia para poblar tier-
ras nuevas y las cultivar sancta y recta-
mente en lo espiritual é temporal ; y co-
TOMO 1.
mo por tan chripstianíssiraos príncipes
proveydo , muchos criados de su casa
real, y á todos los mas de los pringipales
dellos los víy conoscí. Y algunos al pre-
sente hay vivos en estas Indias y en Es-
paña, aunque son ya muy pocos los que
quedan dellos.
Tornando la historia al camino , digo
que el almirante como mas diestro en la
navegagion , por la experiengia del pri-
mero viaje , truxo mas derecha é justa
su derrota en este segundo. Y la prime-
ra tierra que halló é reconosgió fué una
isla que él nombró, assi como la vido , la
Desseada; conforme al desseo que él y
todos los de su flota traían de ver la tier-
ra. Y assi mismo se vio luego otra isla,
é llamóla Marigalante , porque la nao ca-
pitana en que el mismo almirante venia
se llamaba assi : é puso nombre á todas
las otras islas que están en aquel para-
ge de norte á sur , ó de polo á polo; con-
viene á saber , á la parte de la tramon-
tana, primera é mas gercana isla, Guada-
lupe , la Barbada , el Aguja , el Sombrero
é otras ; é mas gercanas á ella , el Ane-
gada, desde la qual al poniente están
muchas isletas que llaman las Virgines,
é mas adelante está la isla Boriquen (que
agora se llama Sanct Juan, la qual isla
es muy rica é de las mas notables , co-
mo se dirá adelante en su lugar). A la
parte austral de la dicha isla Desseada,
la mas próxima á ella es la isla Dommi-
ca, á la qual el almirante nombró assi,
porque en domingo fué vista. Y los To-
dos Sánelos es otra isla , y mas al me-
diodía está Malinino : la qual han queri-
do algunos chronistas degir que era po-
blada de amagonas , é otras fábulas muy
desviadas de la verdad, como paresge
por sus tractados , é se ha después ave-
riguado por los que avemos visto la isla
y las otras de su parage ; y es todo falso
lo que desta se ha dicho quanto á ser po-
blada de mugares solamente, porque no
5
u
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
lo es ni se sabe que jamas lo fuesse. Hay
otras islas por allí , assi como Sancta Lu-
i^ia , Sajict Chripstóbal , los Barbados y
otras que no hagen mucho al caso , por-
que son muchas y pequeñas. Pero quan-
do se diga del descubrimiento de la Tier-
ra-Firme, se dirán otras que hay entre
aquestas que he nombrado; é la costa de
Tierra-Firme destas que he dicho é otras
que están con ellas, assi como Libuqueyra,
á la qual los chripstianos llamamos Sancta
Cruz ; é el chronisla Pedro Mártir la llama
Áyay\Y\asáe al par della todas olas mas
estaban pobladas de indios flecheros lla-
mados caribes, que en lengua de los in-
dios quiere degir bravos é osados. Estos
tiran con hierva tan pestífera y enconada
que es irremediable , é los hombres que
son heridos con ella, mueren rabiando é
habiendo muchas vascas é mordiéndose
sus proprias manos é carnes, desatina-
dos del dolor grandíssimo que sienten. Y
quando alguno esrapa, es por sobrada
dieta, é dihgengia de algunas medicinas
apropriadas contra pongoña, de las quales
hasta agora acá se veen pocas que apro-
vechen. Pero lo mas gierto quando algu-
no sana, es por ser fecha la hierva de mu-
cho tiempo , ó por faltarle alguno de los
materiales pongoñosos, de que es com-
puesta , como adelante se dirá ; porque
en diversas partes, diversa manera de
hager esta hierva tienen los indios. Estos
flecheros destas islas que tiran con hier-
va, comen carne humana , excepto los de
la isla de Boriquen. Pero demás destos
de las islas, también la comen en muchas
partes de la Tierra-Firme , como se di-
rá en su lugar. Y aquesto mismo dige
Plinio ^ que hagen los antropóphagios en
Scythia : el qual auctor dige assi mismo ^
que demás de comer carne humana, be-
ben con las cabegas ó calavernas de los
hombres muertos, y que los dientes con
los cabellos dellos traen por collares; y
destos tales collares he yo visto algunos
en la Tierra-Firme.
Tornemos á nuestra historia é camino:
que para lo que se toca de suso é de otras
criminales costumbres de los indios en su
lugar se dirá mas largamente. Digo pues
assi: que reconosgidas estas primeras islas
Desseada y las que están mas gercanas á
ella, passó el almirante é su armada, prosi-
guiendo su viaje, entre las unas é las otras,
después que ovieron tomado agua en una
dellas: é ydos adelante, reconosgieron la
isla de Boriquen, que como se dixo de su-
so, es agora llamada Sanct Juan. E aquesta
es la mayor isla de las que hay en aquel pa-
raje é mas pringipal , de cuyo sitio é me-
dida é assiento é gente , y de lo que hay
desde España fasta ella y á las que tengo
dicho, se fará espegial mengion en su lugar^
quando convenga. E no entienda el letor,
como lian querido afirmar algunos que han
escripto estas cosas de Indias , que todas
estas islas que he nombrado, las descubrió
el almirante en este segundo viaje ; por-
que aunque halló la Desseada é las que,
viendo aquella, era forgado que assi mis-
mo se viessen, por ser tan propincas unas
con otras; después, andando el tiempo, se
hallaron é se conquistaron por diversos
capitanes , y se descubrieron las mas de-
llas por la continuagion de la navegagion
destas mares.
Tornando á nuestro propósito é cami-
no , digo que después que passó esta ar-
mada de la isla de Boriquen ó Sanct
Juan, vino á esta de Hayti, que llama-
mos Española , é tomó puerto en ella el
mes de degiembre del mesmo año de mili
ó quatrogiontos ó noventa é tres años, en
Puerto de Plata, que es de la banda del
Norte. E desde alli fué por la costa aba-
1 En su primera década, cap. II.
2 Lib. VI, cap. XVII.
3 Lib. VII, cíip. II.
DE INDIAS. LIB. II. GAP. VIH.
35
xo al Occidente ala Isabela, é de allí pa-
só á Monte-Chrispto , donde señoreaba el
rey Goacanagari, que es á donde agora
se llama Puerto Real. La qual tierra pos-
seía un hermano suyo, á quien él avia
dado aquella provingia ; é alli avian que-
dado los treynta é ocho hombres que
dexó el almirante en el primero viaje,
quando descubrió esta tierra é isla ; á los
quales todos avian muerto los indios, no
pudiendo sufrir sus exgessos , porque les
tomaban las mugeres é usaban dellas á
Su voluntad, é les hagian otras fuergas y
enojos , como gente sin caudillo e desor-
denada. E avíanse apartado unos de
otros, uno á uno é dos á dos, é quando
mas tres ó quatro juntos, por diversas
partes la tierra adentro por donde que-
rían , continuando su desorden ; é como
los indios los vieron assi divisos é se-
parados, acordaron de los matar, des-
confiando de la vuelta del almirante é
creyendo que no avian de volver jamás
otros chripstianos: é assi acabaron aque-
llos pocos que entre ellos estaban des-
partidos, dándoles enojo. También fué
la causa ser naturalmente la gente desta
tierra de poca ó ninguna prudengia , por-
que nunca tienen respecto á lo porvenir.
Murieron aquellos treynta é ocho chrips-
tianos , segund después se supo de los
mesmos indios, por lo que es dicho y
porque no quissieron estar quedos en el
assiento que el almirante los avia dexa-
do. El qual, como fué gertificado de la
verdad, se volvió á poblar en la Isabela; é
hizo alli un pueblo de la gente que truxo,
que como se dixo de suso serian mili é
quinientos hombres, é puso nombre á
aquella gibdad Isabela, en memoria de la
sereníssimaéCathólicaReyna doña Isabel.
Aquesta fué la segunda poblagion de
chripstianos que hubo en las Indias é sa
fundó en esta isla de Hayti (que agora
llaman Española). E hasta el año de mili
é quatrogientos é noventa é ocho turó
aquella república, por quel primero pue-
blo que ovo fué aquel de los treynta y
ocho chripstianos que quedaron del pri-
mero viaje ; é desde la Isabela se passó
después toda aquella vegindad á esta
cibdad de Sancto Domingo, como ade-
lante diré. Pero porque de la culpa do
los antiguos que supieron destas islas (si
son las Hespéridos , segund yo creo por lo
que al pringipio en el segundo capítulo
se dixo) no nos alcange parte, por no
escrebir la forma de la navegación , an-
tes que á mas se progeda , será bien que
se diga esto, para que en ningún tiempo
se pueda ignorar ó perder este camino;
el qual se navega de la manera que en
el siguiente capítulo será declarado, con-
forme á la verdad de las alturas del sol é
norte é de la regla de las modernas car-
tas y experimentada cosmographia.
CAPITULO IX.
Del viaje que desde España se hace para eslas ludias, é de la manera é forma que se tiene en la navega-
9¡on, é del árbol maravilloso de la Isla del Hierro, que es una de las islas Fortunadas, que agora
llaman las Canarias.
JCinla cibdad de Sevilla tiene el empera-
dor rey de España, nuestro señor, su real
casa de Contractagion para estas Indias,
é sus ofigiales en ella ; ante los cuales las
naos é caravelas, gente é mercaderías.
é todo lo que á estas partes viene , se
registran é visitan. E con su ligengia, la
gente se embarcan con los capitanes é
maestres en el puerto de la villa de Sant-
Lúcar de Barrameda , donde entra en el
36
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
mar Océano el rio de Guadalquivir , que
los antiguos llamaron Bétis , del nombre
de Beto, sexto rey de España, segund
afirma Beroso. E desde allí siguen su
viaje para las Islas de Canaria , que los
cosmógraplios llaman Fortunadas, que
son estas: Lancarote, Fuerte Ventura,
Gran Canaria, Tenerife, la Palma, la
Gomera, el Hierro; de las quales hage re-
lación Solino en aquel su tractado de
Mirabilibus Mundi, é mas copiosamente
Plinio, aunque no pone tan particular-
mente, como hoy sabemos, aquel miraglo
de la Isla del Hierro, la qual él llama
Ombrio. Y porque es cosa mucho de sa-
ber, diré lo que en esto he entendido de
algunas personas fidedignas, é aun por-
que es notoria cosa.
La Isla del Hierro no tiene agua dulge
de rio, ni fuente, ni lago, ni pogo, y es
habitada, é todos los días del mundo la
provee Dios de agua celestial, no llo-
viendo. La qual le da desta manera. Ca-
da dia del mundo , desde una hora ó dos
antes que esclarezca hasta ser salido el
sol , suda un árbol que alli hay, é cae por
el tronco del abaxo, é de las ramas é ho-
jas del mucha agua; estando continua-
mente en aquel tiempo una nube peque-
ña ó niebla sobre el árbol , fasta quel sol,
dos horas después del alva ó poco me-
nos , está encumbrado , é la nube desapa -
resge, y el agua gessa de caer. Y en el
tiempo que es dicho, que pueden ser
quatro horas poco mas ó menos tiempo,
en una balsa ó laguna hecha á mano pa-
ra esto, allégase tanta agua al pie del ár-
bol , que basta para toda la gente que en
aquella isleta vive , é para sus ganados
é bestias. La qual agua que assi cae, es
muy excelente é sana. Esta isla y la de
la Gomera son del conde don Guillen
Peraga, vassallo de sus Magestades. E
todas las otras ginco islas de las Cana-
rias ó Fortunadas , son de la Corona real
de Castilla , excepto la que llaman Lan-
garote que es de un caballero de Sevilla,
llamado Fernandarias de Sayavedra. Es-
ta del Hierro es pequeña isla , é yo la he
visto ya tres veges, viniendo á estas In-
dias. Está leste al hueste con el mar pe-
queño que llaman en África, puesta al
Occidente en veynte é siete grados é
medio de la equinogial , de la banda de
nuestro polo ártico.
Tornando al viaje deste camino de nues-
tras Indias, digo pues que de una destas
siete islas, en espegial de Gran Canaria,
ola Gomera, ó la Palma, (porque están
en mas derecha derrota y al propósito,
é son fértiles é abundan de bastimentos,
y de lo que conviene á los que esta lar-
ga navegagion hagen), toman alli los na-
vios refresco de agua é leña , é pan fres-
co é gallinas , é carneros é cabritos , é
vacas en pie, é carne salada é quesos, é
pescados salados de tollos é galludos ó
pargos f é de otros bastimentos que con-
viene añadirse sobre los que las naos sa-
can de España. Aquel espagio é golpho
de mar que hay desde Castilla á estas
islas , se llama el Golpho de las Yeguas,
á causa de las muchas dellas que alli se
han echado. Porque como es tempestuo-
so mar, en mucha manera mas que desde
alli adelante hasta las Indias , é de mas
peligro, acaesgió en los pringipios que
esta tierra se poblaba, que trayendo los
ganados é yeguas desde España, todas
las mas dellas se quedaron en aquel gol-
pho, por tormentas, ó por se morir en
el viaje ; y de ser tan dificultoso de pas-
sarlas, comengaron los hombres de la
mar á llamarle el Golpho de las Yeguas.
E assi se le puso este nombre é se ha
quedado con él, porque las que llega-
ban vivas hasta las islas de Canaria , las
tenian por navegadas ó puestas en salvo.
Mas también pudieran llamarle el golpho
de las vacas, pues no murieron menos
que de las yeguas de la mesma ma-
nera.
DE INDIAS. LIB. II. GAP. IX.
37
Tardan desde España hasta estas is-
las las naos ocho ó diez dias poco mas
ó menos comunmente. Y llegados allihan
andado dogientas é ginqüenta leguas,
(digo hasta la del Hierro) , porque desde
aquel paraje tomamos nuestra derrota pa-
ra estas partes. Y á vista desta isla se si-
gue el camino en demanda de la isla
Desseada , ó de alguna de las que se di-
xo en el capítulo antes deste que están
en su paraje; é lardan veynte é ginco
dias poco mas ó menos, hasta ser con
la tierra de las islas, llamadas La Dessea-
da, Todos Sanctos, Marigalante , Gua-
dalupe, ó la Dominica, ú otra alguna de
las próximas á estas, segund el tiempo
les hage , ó como es prudengia del piloto
en saber guiar su navio; puesto que ha
acaesgido algunas veges passar las naos
de noche ó por tiempos forgosos adelan-
te, ó por estar gerrado el horigonte,
discurrir entre estas islas, sin ver alguna
dellas hasta dar en la isla de Sant Juan ó
en esta Española, ó en la de Jamáyca
(que agora se dige Sanctiago que está
mas al poniente), ó por caso en la de
Cuba, que es la mas occidental de todas
las que tengo dicho. E algunas veges
por culpa ó desventura de los pilotos é
marineros ha ávido navios que en nin-
guna de todas estas islas han tocado, é
se han passado de largo hasta la Tierra-
Firme, y los menos destos se salvan.
Mas hagiéiidose el viaje con piloto bien
enseñado é diestro (de los quales ya hay
muchos), siempre los mas reconosgen á
una de las primeras islas que tengo di-
cho. E hasta alli se navegan desde las
islas de Canaria setegientas é ginqüenta
leguas (aunque en algunas cartas de na-
vegar ponen algo mas y en otras me-
nos); pero desta cantidad que he di-
cho de setegientas é ginqüenta leguas,
poca puede ser la diferengia. Desde alli
hasta llegar á esta cibdad de Sancto Do-
mingo de la isla de Hay ti (que agora lla-
mamos Española) , navegan otras giento
é ginqüenta leguas.
Assi que desde España hasta aqui hay
mili é giento é ginqüenta, ó mili é dosgien-
tas leguas poco mas ó menos. Esto se-
gund las cartas de navegar que agora se
tienen por mas córrelas é mejores que las
passadas; porque en otras solian poner
mili é Iregientas leguas , y en algunas mas.
Pero como cada dia se va mejor enten-
diendo este camino , los mas tienen que
aqueste viaje es de mili é dosgienlas le-
guas poco mas ó menos. Mas á causa del
nordestear é noruestear de las agujas, as-
si en el arbitrar este defecto de la aguja
de marear , como por las continuas mu-
dangas de los tiempos é corrientes de las
aguas, muchas mas leguas se andan en
este camino de lo que es dicho, las mas
veges para venir á estas partes , é muchas
mas á la vuelta, para volver á España;
porque es otra derrota é navegación la
que se hage para yr desde acá á Europa,
como aqui diré.
Tárdanse desde España á esta cibdad de
Sancto Domingo comunmente treynta é
ginco é quarenta dias , no tomando los ex-
tremos de los que lardan mucho mas ó lle-
gan muy mas presto de lo que he dicho;
porque yo no digo sino lo que las mas ve-
ges acaesge. En la vuelta van desde aqui
á Castilla en ginqüenta é ginco dias pocos
mas ó menos , puesto que el año de mili
é quinientos é veynte é ginco , estando
la Cesárea Magostad en la cibdad de To-
ledo , fueron dos caravelas desde aques-
ta cibdad de Sancto Domingo hasta en-
trar en el rio de Sevilla, en veynte y ginco
dias. Pero no se ha de tomar desto lo que
raras veges contesge , sino lo que es mas
ordinario, pues los extremos no son de
seguir. También solian tardar las naos en
volver á España tres y qualro meses, por-
que porfiaban á hager el camino é derrota
que para acá avian traydo. E assi algu-
nas veges peligraban é se tardaban do-
%i
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
blado tiempo; lo qual agora está mejor
entendido , é como mas diestros los pilo-
tos en esta navegación , corren los navios
la vuelta del Norte , é van en demanda
de la isla Bermuda (que también se llama
la Garga) que está en treynta é tres gra-
dos, é algunas ve^es la veen é otras no.
Pero quando en esta altura se hallan las
naos , dexan la derrota que hasta alli lle-
vaban la vuelta del Norte, é corren al
leste la vía del Oriente , porque esta isla
está del leste al hueste , como Alamor en
África ; é desde Agamor á Sanct-Lúcar,
donde entra Guadalquivir en la mar , hay
ochenta leguas poco mas ó menos. Esta
manera de navegar mostró la experien-
cia, porque después que los navios se
ponen en los treynta é tres grados , son
quassi ordinarios los vientos norueste é
norte, con que van mas ayna que por es-
totra via que acá vinieron las naos. Aque-
lla isla que se dif;e la Bermuda ó la Gar-
fia, he yo visto á tiro de lombarda della,
estando puesta la proa de la nao á ella é
corriendo ya en ocho bragas de fondo. Es
isla pequeña é créese que está despobla-
da; é yo yba determinado de hager salir
alli diez ó doge mancebos con sus armas
y que echassen media dogena de puercos
y puercas de los que llevábamos para
nuestro matalotaje ó bastimento , para que
alli se criassen é higiessen carne para que
en algún tiempo sirviesse. Y estando apa-
rejando de echar el batel fuera de la nao
para lo que es dicho, faltónos el tiempo
al contrario de mi propóssito, algo es-
forgado , é fizónos desviar la vuelta de
nuestro camino. Es tierra que no es alta
aunque tiene un lomo mas alto que toda
la otra tierra; y hay muchas gaviotas é
otras aves de agua por alli, y muchos pe-
xes voladores , de los quales se dirá en su
lugar. Tiene aquestos dos nombres, porque
la nao que la descubrió se llamaba la Gar-
fa, y el capitán que alli yba se degia Juan
Bermudez, elqnal era natural de Palos.
Muchos peligros acaesgieron en los
pringipios ó primeros años que estas In-
dias se hallaron , assi al venir acá como
volviendo á Castilla, como en esta otra
navegagion de Tierra-Firme, é cada dia
acaesgen cosas de notar á los que nave-
gan. E porque ovo cosas señaladas de que
miraglosamente escaparon algunos, de-
girse há algo desto adelante en el libro
último , porque no se interrompa la ma-
teria deste camino de España. El qual
afirman todos los que muchas veges le
han andado , é son hombres que han ex-
periengia en las cosas de la mar , que es
la navegación del mundo mas segura en-
tre quantas se saben del mar Océano.
Desde aquesta Isla Española atraviessan
las naos que de aqui parten , ó en esta
tierra tocan para Tierra-Firme, en siete
y ocho y diez dias y en mas , segund á la
parte donde van guiadas ; porque la Tier-
ra-Firme es muy grande , y hay diversas
navegagiones ó derrotas para ella. Y por-
que aun no es tiempo para hablar en su
descubrimiento , quiero guardar esto para
lo degir adelante en su lugar proprio. So-
lamente digo en este caso , que quien
desde la isla del Fierro , de quien queda
fecha mención (que es una de las siete
Fortunadas ó de Canaria, y tan notable
por su agua), fuere en demanda de la
costa ó Tierra-Firme, y á buscar aquel gran
rio llamado Marañon (que está en ella),
fallará á la Tierra-Firme y aquella costa,
navegando seysgientas leguas ó menos,
como mejor lo podrá entender quien fue-
re curioso por la moderna y experimen-
tada cosmographia destas Indias. Pues
Tholomeo , antiguo é gierto cosmógrapho,
no habló cosa alguna de la Tierra-Firme,
é lo que se dixo de Aristótiles é Solis
no é Plinio é Isidoro, en el capítulo II
deste libro, aquellas auctoridades islas
Hespéridos digen , y en islas hablan y no
en Tierra-Firme. A lo que yo alcango (só
enmienda de los que otra cosa ovioron
DE INDIAS. LIB. II. CAP. IX.
39
leydo), para mí bien creo que el almirante
primero, don Chripstóbal Colom, no co-
mentó este descubrimiento á lumbre de
pajas ; sino con muy encendidas é claras
auctoridades é verdadera notigia destas
Indias. Pero porque no quiero ser ávido
por corto , diré dónde están estas islas é
tierras nuevas , quando hablare en qual-
quiera parte dallas.
Y satisfaciendo particularmente lo que
toca á este camino, digo que los que su-
pieren medir, hallarán que la isla Des-
seada (que es la primera en cuya deman-
da las naos vienen de España é hagen su
derrota para estas Indias), está en catorge
grados de la línia equinogial, á la parte
de nuestro polo ártico ; é las de demás á
ella próximas, todas están en nuestro ho-
rizonte deste mismo polo : algunas á los
lados de la Desseada hágia mediodia , y
dellas á la parte septentrional, segundque
ya las tengo nombradas en el cap. IV,
deste lib. II. Esta Isla Española de la parte
que mira al austro, y en espegial en esta
cibdad de Sancto Domingo , dista de la
equinogial diez y ocho grados , é á la par-
te ó costa del Norte está en veynte grados
é algún poco mas en alguna parte, y en
otras mucho menos , por las entradas que
la mesma tierra desta isla tiene, ensan-
chándose y encogiéndose conforme á la
proporgion é figura suya. Assi que desde
diez y ocho hasta veynte es la mayor la-
titud della ; de forma que podrá ser el
anchura treynta é siete leguas, é de lon-
gitud tiene giento y veynte leguas ó gien-
to y treynta poco mas ó menos. De las
otras islas de demás y de la Tierra-Firme,
en sus proprios lugares é historias mas
me déteme.
Alguno de los que bien entienden la
cosmographia y la disputan y enseñan
complidamente , estándose en la tierra , y
no sabiéndola por vista y experiengia, di-
rán que he dicho un grande error en esta
plática deste viaje, porque dixe que la
isla del Hierro, donde se apunta é prinr
gipia esta derrota, está en veynte y siete
grados y medio , é que la isla Desseada
es la que las naos vienen á buscar prime-
ro, y que está en catorge. Y que esta
Isla Española, por la parte del mediodia,
y esta cibdad de Sancto Domingo están
en diez y ocho grados , é que lo mas an-
cho desta isla por la parte del norte está
en veynte grados ; de forma que paresge
que á lo menos se abaxan quatro grados
mas de lo que conviene, para tomar esta
isla, por lo menos. Y cada grado de nor-
te á sur ó de polo á polo tiene diez y
siete leguas é media. Assi que setenta le-
guas se aparta del paralelo desta Isla Es-
pañola, dexándola á la parte del norte,
y es assi verdad. Pero quien , después que
toma los diez y ocho grados, no se abaxa
hasta los catorge , errarla mucho en ello,
después que ha navegado veynte dias
con mediano tiempo. Porque sin tomar-
los, yria por los diez y ocho á dar en las
islas que llaman las Vírgines , ó mas afue-
ra ; é alli hay muchos baxos é peligrosa
entrada entre las islas. E si se fuesse en
diez y nueve ó en veynte, por ventura
por poco de tiempo contrario é por los
defectos del aguja de marear (que se di-
rán en el capítulo siguiente) , no tomarla
esta isla , é por las corrientes yria á dar
en las islas de los Lucayos, ó en la de
Cuba , como hizo el almirante en su pri-
mero viaje. E para excusar muchos in-
convenientes é peligros , é porque el em-
bocamiento de las islas es mas segura
entrada en los catorge grados hasta quin-
ge, tiénense á este número, procurando
siempre que sea de quinge abaxo; por-
que después de entradas las naos por tal
paralelo entre las islas de la Desseada é
la que llaman el Antigua é las que por
alli hay, lo demás que resta del camino, á
causa de las corrientes , muy presto se
anda, é toman á plager esta isla.
Esto que he dicho no se puede apren-
40
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
der en Salamanca, ni en Boloña, ni en
París, sino en la cátedra de la gisola,
que es aquel lugar donde va puesta el
aguja de navegar, é con el quadrante en
la mano ; tomando en la mar ordinaria-
mente las noches el estrella , é los dias
el sol con el astrolabio. Porque como dige
el italiano: altro volé la tabla que tovalla
bianca, digo yo que otra cosa quiere tam-
bién la navegación que palabras ; porque
aunque los manteles estén blancos, no co-
merán los convidados con solo esso, ni
porque uno estudie la cosmographia é la
sepa muy mejor quel Tholomeo , no sa-
brá, con quantas palabras están escriptas,
navegar hasta que lo use. Ni el que lee
medicina curará, como debe, al enfermo
hasta que experimentado sea para catar
el pulso , é por él entienda los paroxis-
mos é términos que se deben proveer en
la dolengia. Y dessa misma manera el pi-
loto diestro, mirando el pulso de su gi-
sola , que es aquella calamita mixta en el
aguja, le enseña el norte, y el quadrante
su altura , y el astrolabio la del sol ; é su
experiencia le acuerda cómo ha de tem-
plar las velas é gobernar sus marineros
tí gente , y la sonda le enseña las hondu-
ras. E criado desde paje en la mar, qué-
dale el ofigio tan fixo, quanto le basta su
natural; porque aunque pequeños entren
en el arte, no salen todos pilotos, ni quan-
tos estudian no llegan á ser graduados
de doctores. Pero puédese tener por cosa
muy averiguada que el que no se cria en
la mar desde muy pequeño pajegico, nun-
ca salió perfecto marinero. Con esto con-
suena un proverbio cortesano que suelen
degir los curiosos: el que no fué paje, siem-
pre huele á agemilero. Quiero degir, que
assi como desde niños se han de criar
los pajes, hijos de los buenos, en la corte
é palagio para ser valerosos é bien cria-
dos é gentiles cortesanos , é no tener par-
te de grosseros, assi los que han de ser
marineros aprobados, es menester que en
tierna edad comiengen á padesgerlos tra-
bajos de la mar, para no desmayar ni es-
tar acobardados en el tiempo de los afor-
tunados ó peligrosos naufragios, é para
que salgan diestros pilotos. Y esto baste
quanto al camino , y quanto al segundo
viage quel primero almirante fizo, conti-
nuando este descubrimiento, é quanto á la
verdadera navegagion destas mares desde
Europa.
CAPITULO X.
Del cresccr y menguar del mar Mediterráneo y del mar Océano; en qué parles crcs^e y meng'ua, como el
Mediterráneo , y en qué costas mucho mas.
M. ues se ha movido la plática del exer-
gigio de la navegación é destas mares de
acá, no es cosa para dexar en olvido, ni
de pequeña admiración , lo que agora di-
ré , que he visto dé la mar Océana en el
fluxo ó pefluxo de su cresger é menguar;
porque hasta agora ningún cosmógrapho
ni astrólogo, ni hombre experto en las
cosas de la mar, ni algund natural de mu-
chos, á quien lo he preguntado, me han
satisfecho ni dado ragon conveniente de
la verdadera causa que pone en efecto lo
que mis ojos muchas veges han visto , y
es el misterio aqueste.
Muy señalada cosa es el estrecho tan
famoso de Gibraltar, donde están aque-
llos dos montes que los fabulosos grie-
gos dixeron que Hércoles Thebano abrió,
llamados Calpe é Ábila , dexando el uno
en África y el otro en Europa , para que
el mar Mediterráneo se comunicasse con
el Océano. Desde aquella puerta, siguien-
DE INDIAS. LIB. II. CAP. X.
4.1
do al Levante en todo lo que el mar Me-
diterráneo é Adriático, y Egeo (y los
otros que son miembros ó partes de aque-
lla agua toda que desde Gibraltar al Le-
vante hay salada entre África e Assia é
Europa desse mar Mediterráneo), nocres-
Cc, ni mengua la mar comunmente mas
ni menos de lo que en Valengia ó Bar-
celona é Italia ; y quando algo mas de lo
ordinario sale, es poco espagio mas por
algunas señaladas tormentas. Pero ges-
sando aquellas, tórnase á su orden ó tiem-
pos ordinarios del invierno y del verano.
Desde el estrecho afuera este mar Océa-
no cresge é mengua mucho en la costa
de África é Europa, como lo han visto ó
veen cada dia los que miran la mar por
la costa del Andalugia y Portugal , é Ga-
ligia , é Asturias y las Montañas, é Viz-
caya, é Guipúzcua, éNormandia, é Bre-
taña , é Inglaterra , y Flandes , y Alema-
ña y todo lo demás opuesto al Norte ; de
tal forma que es sin comparación ó en
grandíssima manera mas lo que el Océano
cresge donde he dicho. Digo mas , que
por el mismo mar Océano (desde donde
mas cresge de las partes que he dicho),
partiendo en una nao , é llegando á las
islas de Canaria , assi en ellas como en
las islas que he dicho destas Indias, y en
quanto he tractado dellas hasta el capí-
tulo presente, y desla parte acá de la
Tierra-Firme se ha fecho mengion , y en
todas las costas della que miran al Norte,
en mas de tres mili leguas, no cresge ni
mengua el agua de la mar mas ni me-
nos de lo que en Barcelona é dentro del
estrecho mar Mediterráneo. Y desta mis-
ma manera en esta Isla Española y en
la de Cuba , y en todas las otras destas
mares, conforme al mar de Italia: que es
poquíssimo, á respecto de lo que el gran-
de mar Océano cresge en las costas de
.España é Inglaterra é Flandes, etc.
Noten bien los letores todo lo que está
dicho, para que se com prebenda mejor lo
TOMO I.
que agora se dirá. No obstante lo que
de suso es apuntado, digo que este mis-
mo mar Océano, en la cosía que la Tier-
ra-Firme tiene opuesta al Mediodía , ó
parte austral , en la cibdad de Panamá é
desde alli á la parte del Levante ó Po-
niente de la misma cibdad éde la isla de
las Perlas (que los indios llaman Terarc-
qui) y en las islas Taboga ó Toque , é
todas las otras que llaman de Sanct Pablo
é las demás de aquella mar del Sur al
Poniente, en mas de tresgientas leguas que
yo he navegado por aquellas costas, eres-
ge é mengua tanto la mar, que quando
se retrae, paresge que se pierde de vista
en algunas partes. Pero sin duda son dos
leguas ó mas las que se aparta en luga-
res algunos, desde la cibdad de Panamá
é por la costa occidental della. Esto he yo
visto muchos millares de veges.
Otro notable maravilloso en la mesma
materia, é de lo que mas se deben los
hombres maravillar, y es al mismo pro-
póssito de lo que está dicho. Desde la
mar det Norte á la del Sur , en que tan
gran diferengia hay en el cresger é men-
guar de la mar, hay poco camino de costa
á costa, atravesando la tierra desde la
cibdad del Nombre de Dios que está desta
parte de Tierra-Firme mirando el Norte,
hasta la cibdad de Panamá, que está al
opósito en la misma Tierra-Firme, miran-
do el Sur; porque no hay mas de diez y
ocho ó veynte leguas de través, é por
donde el sol las anda no debe aver do-
ge, porque la tierra es muy áspera é
montuosa. De manera que, pues todo lo
que es dicho de ambas costas de Tierra-
Firme es un mismo mar Océano , cosa es
aquesta para contemplar y especular los
que á semejantes secretos son inclinados
y dessean entender cosas é secretos de
tanta admiración.
Con algunas personas de grandes le-
tras he todo aquesto platicado : no me
han satisfecho, ó porque no lo alcangan,
42
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
K) porque no se lo he sabido dar á en-
tender é no lo han ellos como yo visto.
Pero para mí, yo me satisfago, acordán-
dome que el que estas cosas de admira-
ción permite, sabe obrar estas y otras
incomprensibles maravillas que al enten-
dimiento humano no se conceden sin es-
pecial gracia. Yo he puesto aqui esta quis-
tion , como testigo de vista : do la absolu-
ción dolía no he sido digno hasta agora;
mas en la verdad mucho holgaría de verla
decisa. Visto he en Plinio lo que dice *
afirmando que en muchas maneras cresce
é mengua la mar ; mas que la causa del
sol é de la luna procede. E da para ello
ciertas racones de los cursos destos dos
planetas : é también dice que los cresci-
mientos del mar Océano son mayores
que aquellos del Mediterráneo; y para
ello dice que lo puede causar ser mas
animoso en el todo que en la parte, ó
porque su grandeza mas esparcida , sien-
ta mas la fuerca del planeta , la qual se
l)uede mas extender , é trae á su propó-
sito otras racones. Y en el miSmo li-
bro segundo de su Natural Historia ^
dice que en algunos lugares fuera de ra-
Con cresce é mengua la mar, porque los
planetas no nascen á un mismo tiempo
en todas las tierras ; y que por esso in-
terviene que el crescer de la mar no es
<le una manera. Mas dice que la dife-
rencia está en el tiempo y en la forma:
tissi que en algunas partes hay una espe-
cial natura ó movimiento , assi como en
la Isla de Euboea , en la qual siete veces
al dia va é viene la mar, é tres dias del
mes está firme , que son el séptimo é oc-
lavo é noveno dias de la luna.
Esto que dice Plinio , de que aqui se ha
hecho memoria , é lo que mas en esta
materia por él se tracta, cosas son muy no-
tables. Pero yo no tengo por cierto que el
sol y la luna sean la causa de la grandís-
sima diferencia que dixe que hay en el
crescer é menguar de la mar en la cibdad
del Nombre de Dios é costa del Norte de.
Tierra-Firme , á respecto de lo que eres-
ce é mengua en la cibdad de Panamá é
sus costas australes en la mesma tierra;
habiendo tan poco camino de la una cib-
dad á la otra. Ni tampoco me satisface
que diga Plinio que los crescimientos del
Océano sean mayores que los del Me-
diterráneo mar , porque no dixo en par-
te particularicando , sino expressa é ge-
neralmente en todo el Océano, por las
racones que él lo funda ; pues el mucho
crescer y menguar en España el mar
Océano, y el poco menguar en las In-
dias , en estas islas é costa del Norte de
Tierra-Firme , todo es en una mar , y la
mesma océana es assi la de Panamá y
sus costas, donde tanto cresce y mengua,
como tengo dicho. Ni tampoco me satis-
face que él diga que lo causa no nascer
los planetas en un mismo tiempo en ca-
da pais ó tierra, ni le concedo que la
diferencia esté en el tiempo. Mas creo
que está en la forma , é aver en algunos
lugares una especial natura ó movimien-
to, no como él presume que acaesce en
la Isla de Euboea , porque lo que della él
escribe también lo tengo por incom-
prehensible al ingenio humano ; y pienso
que es nescessario ser alumbrado de arri-
ba el que esse secreto alcancare. Si co-
mo él dice , siete veces al dia alli cresce
y mengua la mar, y que tres dias del
mes está firme, cosaos maravillosa!.. Es-
ta Isla Euboea es en el mar Mediterráneo
é Arcipiélago , la qual escribe que fué
desapegada ó divisa de Boecia é que la
mar hizo este apartamiento ; é también
dice que la isla de Secilia la despegó la
mar é la dividió de la Italia '. Pero por-
f Lib. II , cap. XCrX.
2 Cap. C.
3 Lil). Ifí, cap. VII.
DE LNDIAS. LIB. II. GAP. X.
4.-5
que dixe de siBo que yo creo que está
en la forma, é aver en algunos lugares ó
partes del mundo una espegial natura,
no lo entiendo yo como Plínio- lo pen-
saba ; mas diré lo que pienso ó sospe-
cho deste secreto, y es aquesto.
Desde el estrecho que en la Tierra-
Firme descubrió el capitán Hernando de
Magallanes (del qual en su lugar será
hecha mas particular mengion), hay des-
de la boca é punta del, llamada Arci-
piélago del Cabo Desseado hasta Pana-
má, por la parte austral (medido por una
regla derecha ó un hilo) mas de mili le-
guas, las quales serán muchas mas, quan-
do la costa sea descubierta de todo pun-
to, á causa de las puntas y ensenadas
que harán la mar é la tierra (de nesgessi-
dad) , de donde grandíssimos secretos se
esperan alcanzar é descobrir. Este es-
trecho tura giento é diez leguas de lon-
gitud, é tiene dos ó tres leguas é fasta
seys é poco mas ó menos en algunas
partes de latitud en todo él ; de forma
que en una canal tan grande é tan estre-
cha , é de tierras altíssimas , como se dige
que hay en ambas costas deste estrecho,
de creer es que las aguas que por alli
entran á la mar del Sur, que corre-
rán con extremada velogidad é ímpe-
tu. E assi lo oy degir al capitán Juan
Sebastian del Gano, que entró por
aquel estrecho con la nao Victoria , é fué
á la Espegieria , corriendo al Poniente , é
volvió por el Levante. Assi que anduvo
aquella nao todo lo que el sol a»da en
aquel paralelo , como se dirá en su lugar;
é lo mismo oy á Fernando de Busta-
mente é á otros fidalgos que en la misma
nao fueron é vinieron .
Estos fueron los primeros españoles é
hombres que hasta agora se sabe aver
hecho tal camino é aver bojado el mun-
do. E poco há lo entendí mas particu-
larmente de un clérigo, sacerdote de
missa , que después en otro viaje o ar-
mada passó por el mismo estrecho , lla-
mado don Juan de Areygaga. Este estre-
cho está en ginqüenta é dos grados é
medio, allende delaequinogial, en el otro
polo antartico , é al opósito de nuestro
hemispherio ; y la cibdad de Panamá es-
tá en ocho grados é medio desta parte
del equinogio, á la vanda de nuestro polo
ártico. Y enfrente de Panamá , é por sus
costas al Poniente hay muchas islas de
luengo á luengo de la costa algunas (ger-
ca de la Tierra-Firme , é algunas algo
mas desviadas); por el assiento de las
quales é su forma dellas é de la Tierra-
Firme , pienso yo que se causan las gran-
des corrientes , y que aquella disposigion
de la mar y de la tierra es la causa de
tan grandes cresgientes é menguantes^
A esto se puede degir, que quando vi-
niendo de España á estas Indias, topamos
las primeras islas , Marigalante , la Des-
seada é las que están en aquel paraje,
que son muchas en espagio de giento gin-
qüenta leguas de Norte á Sur (é toman
desde las que se llaman las Vírgines,
fasta el golpho de la Boca del Dragón é
costa de Tierra-Firme) , cómo alli no se
causan tan grandes corrientes é men-
guantes, como en esta costa austral. Esto
tiene fermosa é natural respuesta. La
qual es , que todas estas islas desta par-
te de Tierra-Firme que digo , las toma el
mar Océano de través; y assi passan
las aguas con menos resistengia entre
ellas, é hay mas lugar de exalagion ó ex-
pirar, sin tanto contraste de su curso.
Mas las islas de la mar austral están
opuestas en longitud, leste al hueste al
luengo de la costa de Panamá; é assi
naturalmente resisten á la fuga é ímpetu
de las aguas que deben venir, de nesge-
sidad, del dicho estrecho de Magallanes.
E assi entre aquellas islas é la Tierra Fir-
me, desta causa me paresge á mi que
son mayores las corrientes , é por con-
siguiente el cresger é menguar de la mar
ii
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
es allí tan extremado , como de suso se
dixo. Esto por la forma é assiento de las
tierras; é assi me pares^e á mí que de
aqui nasge la especial natura que esto
causa, ó mejor digiendo (si esto no es
la ragon dello), será aquella causa de las
causas, que es el mismo Dios, que assi le
plugo ordenarlo. Quanto mas que para
lo que yo ignoro en este caso , me des-
culpa Aristótiles con su muerte; en la
qual yo no le pienso imitar, investigando
estos secretos : del qual escribe Johannes
Valensis * que en Gregia , á par de Ni-
groponte , queriendo Aristótiles inves-
tigar la causa del fluxo é refluxo del
mar, é no pudiendo considerar ni en-
tender la causa suficiente de lo que
veía : Ex indignatione alloquens aquam,
ait: Quiaiion possum capere te, capias me;
et se precipitavit é suhmersií. Quiere degir
que enojado, se echó en la mar, digien-
do: Pues no te puedo comprehender,
comprehendeme tú á mi, é assi se aíio-
gó. Por lo qual concluye San Gregorio
Nagiangeno: quod sapieiitiamundi, stulti-
tia est apiid Deum. Y conforme á estas
auctoridades, ningún sabio se debe eno-
jar por lo que no alcanga; sino tomar
dello lo que tuviere Dios por bien de le
comunicar é hager capaz para lo com-
prehender; é desso y de todo darle siem-
pre loores é creer que le es todo posible,
y él sabe lo que fage é para qué efecto.
Pero porque de suso se dixo quien son
los que tienen que Aristótiles hizo tal fin,
digo que otros escriben que no fué él el
que se echó en la mar , por no entender
el fluxo é refluxo della, sino Euripo
philósopho: qualquiera que haya sido,
eiTó , y assi errarán los que quisieren in-
vestigar las maraviflas de Dios y alean-
garlas por su seso , sin intervenir la gra-
gia cspegial del mismo fagedor dolías.
CAPITULO XI.
I)cl nordestear é norueslear de las agujas de marear , é de las mudancas de la estrella del norte , o de
las quatro estrellas que llaman el crucero del Sur ó de la línia del diámetro.
JLrixe en el quinto capítulo que las agu-
jas del marear eran defetuosas é nordes-
teaban é noruesteaban; y porque este trac-
tado no solamente puede ser útil á los
que han conosgimiento destas cosas , mas
también puede aprovechar á los que nun-
ca vieron la mar, avisando á los hombres
que aquesto nunca oyeron, y deleylan-
do á los que dessean entender cosas ra-
ras y de semejantes efetos, digo assi.
Las agujas de marear están cebadas é
compuestas con la virtud é medio de la
piedra calamita (que vulgarmente en Cas-
tilla Uamamos piedra yman) , de la qual
y de sus propriedades hagen gran men-
gion los naturales , é la nombran por di-
versos nombres; porque demás de los
dos que he dicho, la llaman magnete,
ematite , siderita y heraclion. Es de di-
versas espegies ó géneros esta piedra:
una es mas fuerte que otra, é no todas
las cakimitas son de una color ;é la mejor
de todas es la de Ethiopia , la qual se ven-
de á peso de plata. Tienen todas las ver-
daderas calamitas grande eficagia en la
mcdigina, para muchas enfermedades. Mas
hablando solamente en lo que aqui fage
á nuestro propóssito de las agujas del na-
vegar, cebadas con esta piedra , ellas en-
señan á los que navegan el proprio lugar
i De rcgiminc vitce humana: : de Arist. ct pjus viorle , capílulo XXí.
DE INDIAS. LIB. II. CAP. XI.
43
del polo nuestro ártico, ó tramontana (que
también se llama Norte), en qualquier
tiempo é hora é momento del dia ó de la
noche , assi estando los cielos claros y se-
renos, como ofuscados é nublosos, por
qualquier caso de tormentas ó lluvias. E
aunque de dia no vemos la estrella mas
propinca del polo , que vulgarmente lla-
mamos Norte (puesto que no lo es) , ó que
la noche sea de tales nublados que tam-
poco parezca el estrella, siempre el agu-
ja , á causa de la mixtura ó virtud que
tiene por la calamita con que está com-
puesta , nos señala el polo , é por alli se
gobiernan los pilotos é mareantes é to-
dos los que usan el exergicio de la na-
vegación.
Dixe de suso que la estrella que lla-
man Norte no lo es; é assi lo digo, si pen-
sáredos que por ella se entiende el polo
ó axis, ó que es fixa, porque en la ver-
dad el polo es otra cosa, y á aquel tiene
respecto la piedra calamita é las agujas
cebadas con ella , porque la estrella que
vemos es movible é no fixa. Pues que es-
tando las estrellas que llamamos las guar-
das (de essa misma tramontana) en la ca-
bera, está la estrella debaxo del polo
tres grados ; y quando está en el pie , es-
tá la estrella tres grados sobre el polo,
assi que ¿fe Norte á Sur se mueve tres gra-
dos. Estando las guardas en el brago del
leste, está la estrella debaxo del polo
grado y medio ; y estando en el brago
del hueste está la estrella grado é me-
dio engima del polo ; assi que de Oriente
á Occidente se aparta grado é medio de
la forma que he dicho. Estando las guar-
das en la línia del nordeste, está la es-
trella debaxo del polo tres grados é me-
dio ; y estando en la línia del sudueste,
está la estrella otros tres grados é medio
cngima del polo. Y estando las guardas
en la línia del norueste, está la estrella
debaxo del polo medio grado ; y al opó-
sito estando las guardas en la línea del
sueste, está la estrella engima del polo
medio grado. Por manera que pues to-
das estas mudanzas é desvíos fage la es-
trella, no es ella el polo, ni es fixa, ni
seria medida gierta para los navegantes.
Pero como es la que está mas gerca del
polo , hánse de advertir todas estas mu-
danzas desta estrella , pues que el pro-
prio polo no se puede ver , atendiendo á
la constancia que la calamita é aguja por
su respecto tienen , mirando fixa é perpe-
tuamente en el polo invisible. E assi al-
canzan los hombres diestros en esta sgien-
gia ó arte de navegar el camino que lle-
van, concertando el aguja con el Norte,
y por las alturas del y del sol , cotejan-
do las unas con las otras, conforme á la
regla de la declinación del sol. Y por es-
tos avisos llevan concertado su camino.
Todo esto es para hombres que usan
este exergigio de la mar mas aplagible
letura que á los que en ella no se ocu-
pan. Pero quanto á la dificultad que dixe
que padesgen las agujas , ó mejor digien-
do, el entendimiento de los hombres (pues
ellas nos enseñan lo que agora diré), crée-
se que el diámetro ó mitad del mundo, ó
línia que atraviessa de polo á polo, cru-
zando la equinogial, passa por las islas
de los Agores , porque nunca las agujas
están derechamente é de todo punto fi-
xas en perfigion de medio á medio del
polo ártico , sino quando las naos é ca-
ravelas están en aquel paraje é altura. Y
quando de alli passan hágia estas partes
occidentales, noruestean bien una quarta,
quando mas se desvian de alH. E passan-
do á la vuelta para Levante, desde las di-
chas islas de los Agores, nordestean otra
quarta, quanto mas se alexan. Assi que
aquesto es lo que quise degir, quando to-
qué esta dificultad de las agujas, para
nuestro propóssito.
Quiero degir otra cosa muy notable,
que los que no han navegado por estas
Indias no la pueden aver visto , salvo los-
46
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que fueren en demanda de la equinoQial,
ó estuvieren á lo menos en veynte é dos
grados poco mas ó menos della. Y es que
mirando á la parte del Sur, verán que se
algan sobre el horizonte quatro estrellas
en cruz [Lám. /, fig. 2) que andan al
derredor del circulo de las guardas del
polo antartico , de la forma que están en
esta figura puestas : las quales la Cesá-
rea Magestad me dio por mejoramiento
de mis armas, para que yo é mis subges-
sores las pusiéssemos juntamente con las
nuestras antiguas de Yaldes, aviendo
respecto á lo que yo he servido en estas
partes é Indias é primero en la casa real
de Castilla , desde que ove trege años;
porque en tal edad comengé á servir en
la cámara del sereníssimo príngipe don
Juan , mi señor de gloriosa memoria, tio
de la Cesárea Magestad , é después de sus
dias á los Reyes Cathólicos, don Fernan-
do é doña Isabel, de inmortal recorda-
ción, é después á sus Magestades. Las
quales armas estarán en fin deste tracta-
do , pues que es escripto en estas partes,
donde tantos trabajos padesgen los hom-
bres que veen estas estrellas , é donde yo
he gastado lo mejor de mi vida. Toqué
esta particularidad de las estrellas, por-
que son muy notable figura en el cielo;
en el qual hay otras innumerables que se
veen poco antes deltas , al paresger há-
gia el ártico; y de alli discurriendo la
vista á la parte austral, verán el cielo tan
lleno de estrellas, como está sobre Espa-
ña en diferentes intervalos ó figuras , que
no se veen ninguna dellas desde España
ni desde parte de toda la Europa, ni en
la mayor parte de Assia ni África, sino
fuere passando de los veynte é dos gra-
dos del polo ártico , abaxando el número
dellos á la parte del polo antartico, yen-
do hágia la equinogial, ni se pueden ver
en todo el trópico de Cáncer.
Tornando á la historia , tiempo es que
se diga por qué causa los indios é gente
del rey Goacanagari mataron en esta Isla
Española á los chripstianos, que el prime-
ro viaje dexó en ella el almirante, don
Chripstóbal Colom ; é qué gentes falló en
esta tierra , hasta que adelante se conti-
núen las otras cosas que á la historia con-
vienen , para que después con mas aten-
gion se escriban los animales é aves é
árboles é fructas é mantenimientos que
los indios tenian para su sustentagion , é
las otras cosas que higieren al caso de la
historia.
CAPITULO XII.
De lo que hico el almirante, don Chripslóbal Colom, después que supo que los indios avian muerto los
chripstianos que dexó en esta Isla Española el primero viaje ; é como fundó la cibdad de la Isabela é la
fortaleza de Sánelo Thomás, é como descubrió la isla de Jamáyca, é vido mas particularmente la isla é
costa de Cuba, é de las primeras muestras de oro de minas que se llevaron á España.
Uicho se han el primero y segundo
viajes que el almirante, don Chripstóbal
Colom, fizo á estas islas é Indias', y cómo
en el primero camino dexó treynta y
ocho hombres en tierra del rey 5 cagi-
que Goacanagari. Aquellos chripstianos
escogió que le paregieron de mejor tien-
to y esfuerzo ; pero como conosgia la fra-
gilidad desta humana vida, dexó tantos,
porque si algunos muriessen, otros que-
dassen que él puJiesse hallar quando
volviesse ; y también para que fuessen
parte para corregir y enmendar los unos á
los otros, si entre ellos algún exgesso se
cometiesse. Y no dexó mas de aquellos,
porque tenia negessidad de los que le
quedaban en los navios, para volver á Es-
paña, y porque esta gente le paresgió
ÜE INDIAS. LIB. II. CAP. XII.
47
muy doméstica y mansa. Assi que para
fronteros ó hager guerra no quedaban,
ni el pensamiento del almirante fué que
los indios tal tentarian, segund su manse-
dumbre, porque si él esto sospechara, no
los dexára. Pero para lenguas é soste-
nerse en paz eran muchos , é gierto para
aquello bastaran diez ó doge, é no avia
de dexar mas, ó avian de quedar doscien-
tos, y él no los tenia. Finalmente su in-
tención erró menos en los mandar que-
dar, que ellos mismos en no se saber
conservar y estar bien ordenados. Con
todo esso, el almirante les hizo muchas
amonestaciones, é dióles la orden que
debían tener, para se conservar entre
aquestas gentes salvajes. Prometiéndoles
muchas mergedes, partió con ellos assi
de los bastimentos, como de todo lo de-
mas que él pudo darles para su vestua-
rio. Dexóles armas, de las quales les
exortó que no usasen en ninguna mane-
ra , sino siendo muy forgados , y no sien-
do jamás los agressores; y encomendó-
los, quanlomas aficionadamente lo supo
mostrar, al señor de la tierra Goacanaga-
ri, al qual dio assi mismo muchas cosas,
porque mejor los tractasse é favores-
giesse. Y quedó por capitán con esta
gente, como tengo dicho, un buen hi-
dalgo , natural de Córdoba , llamado Ro-
drigo de Arana, é assi mismo quedó con
ellos otro hombre de bien, llamado
Maestre Juan, gentil girujano. Pero co-
mo los mas de aquellos hombres que assi
quedaron, eran marineros, y estos tales
es gente sobre sí, é tan diferentes de los
de la tierra, como lo es su ofigio, muy
pocos dellos ó ninguno ovo capaz para
Jo que el almirante los queria : que era
saberse comportar é regirse entre los in-
dios é aprender la lengua é sus costum-
bres , é comportar los defectos é bestia-
lidades que en los indios viessen. Mas
en la verdad , hablando sin perjuygio de
algunos marineros que hay hombres de
bien é comedidos é virtuosos, soy de
opinión que por la mayor parte en los
hombres que exergitan el arte de la mar,
hay mucha falta en sus personas y enten-
dimiento para las cosas de la tierra; por-
que demás de ser por la mayor parte
gente baxa y mal doctrinada , son cob-
digiosos é inclinados á otros vigios , assi
como gula , é luxuria , é rapiña , é mal
sufridos. E como no cupo en los que Co-
lom dexó en esta isla alguna parte de
prudengia ni vergüenga, para se sostener,
obedesgiendo á los pregeptos de tan pru-
dente varón, ni quisieron estar quedos
donde él los avia dexado , dieron mala
cuenta de sus personas, ó no dieron
ninguna, pues no les quedó vida pa-
ra ello.
Luego se supo de los indios cómo
aquellos chripstianos les hagian muchos
males é les tomaban las mugeres é las
hijas étodo loquetenian, segund lo que-
rían hager. Y con todo esto , vivieron eR
tanto que estuvieron quedos é acaudilla-
dos; mas assi como se descomidieron
con el gapitan que les quedó y se en-
traron la tierra adentro , pocos á pocos y
desviados los unos de los otros , todos los
mataron sin que alguno quedasse. Sú-
pose assi mismo^que la elegion de los
dos capitanes que el almirante mandó
que quedassen, para después del prime-
ro, fué mucha causa de su separagion,
porque segund los indios degian, cada uno
de los otros quiso ser capitán. E assi co-
mo el almirante se partió para España,
comengaron á estar diferentes é dividir-
se , é cada uno dellos quiso ser la cabega
y el pringipal ; y la señoría de muchos no
es útil en los hechos de guerra , segund
dige Livio *. E assi ovo lugar su perdi-
gion por sus diferengias, y no teniendo
i Becada I , libro IV, capítulo XXTII.
48
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
«n nada á los indios, de dos en dos, é
tres en tres, é pocos juntos se despar-
tieron en diversas partes ; usando de sus
ultrajes en tal manera, que los indios no
lo podiendo ya comportar , é durmieníio
unos é otros descuydados, dexando las
armas, ó quando mejor aparejo se falla-
ba, á todos les dieron la muerte, sin que
ninguno dellos quedasse. E como el al-
mirante volvía consigo algunos de los
indios que avia llevado á España , entre
ellos uno que se llamaba Diego Colom,
c avia mejor que los otros aprendido é
hablaba ya medianamente la lengua
nuestra; por su interpretagion el almi-
rante fué muy enteramente informado de
muchos indios y del proprio rey Goaca-
nagari, de cómo avia passado lo que es
dicho, mostrando este cacique mucho
pesar dello. Pero muy mayor le sintió el
almirante, el qual después de se aver
gertificado desto , desde á pocos dias que
estuvo en Puerto Real, se vino á una pro-
vincia desta isla , é fizo alli una cibdad
que nombró la Isabela.
Desde aquella partió con dos carave-
las el almirante á descobrir, y dexó en
esta Isla Española por su teniente é go-
bernador á don Diego Colom, su herma-
no , entre tanto que llegaba don Bartolo-
mé Colom, adelantado y hermano suyo
assi mismo , que avia quedado en Espa-
ña , é venia de Inglaterra á buscar al al-
mirante. Y dexó al comendador, Mossen
Pedro Margante, por alcayde de una for-
taleza que el almirante avia mandado
hager en las minas que llaman de Cibao
(que son las mas ricas desta isla , á par
de un rio que llaman Janico) , assi como
se tuvo notigia deltas ; en las quales se
cogieron algunos granos de oro por los
españoles, porque los indios no lo sa-
bian coger, si no se lo hallaban engima
de la tierra. Y también los españoles no
tenian aquella esperiengia que los anti-
guos asturianos, é lusitanos, é gallegos
tuvieron antiguamente en este exergigio
de las minas en las provingias que he di-
cho en España, de donde los romanos
tan grandes tesoros ovieron. Esta forta-
leza fué la segunda que ovo en esta isla,
é alli fué el comendador Mossen Pedro
Margarite primero alcayde della , é lla-
máronla Sánelo Thomas ; porque como
estaban en dubda del oro, é quisieron ver
y creer, cómo desto fueron gertificados
los chripstianos, quiso el almirante que
la fortaleza se Uamasse como he dicho.
Pero en aquel pringipio no se sacó sino
poco oro, con el qual envió el almirante
en giertos navios al capitán Gorvalan. Y
este hidalgo llevó las nuevas del oro é
minas ricas de Qibao á los Cathólicos Re-
yes, don Fernando é doña Isabel, por lo
qual le higieron mergedes , aunque otros
quieren degir que el que primero truxo
las muestras del oro á España, por man-
dado del almirante , fué el capitán An-
tonio de Torres, hermano del ama
del príngipe don Juan , de gloriosa me-
moria. Assi que hallado el oro, el almi-
rante puso en efeto su camino é salió do
la Isabela, y con él otros caballeros, é
los que le paresgió que convenia llevar
en dos caravelas muy bien armadas é
proveídas. En tanto que él yba á des-
cobrir, se siguieron muchos trabajos á los
chripstianos que aqui quedaban como so
dirá adelante; y aquel mesmo año de
noventa y quatro se perdieron en la Isa-
bela quatro navios , uno de los quales fué
la nao capitana llamada Marigalante.
Deste viaje descubrió el almirante la
isla de Jamáyca, que agora se llama
Sanctiago, hasta la qual hay desde la
parte mas occidental desta isla (que es
la punta del Tiburón) veynte é ginco le-
guas. Pero la verdad es que el almirante
llamó el pringipio ó parte mas oriental
desta isla, cabo de Sa7ict Raphael, é al
cabo último é mas occidental de la isla
llamó cabo de Sanct Miguel ; al qual ago-
DE INDIAS. LIB. II. CAP. XII.
49
ra algunos ignorantes de la verdad le lla-
man el cabo del Tiburón. Tornando áJa-
máyca , digo que está aquella isla en diez
y siete grados de la línia equinoQial : tie-
ne de longitud ginqtienta leguas ó mas, é
de latitud veinte y ginco; pero primero que
el almirante la descubriesse, fué á la Isla
de Cuba , é vido sus costas mas particu-
larmente que quando la avia descubierto
en el primero viaje : la qual agora se lla-
ma Isla Fernandina , en memoria del
Sereníssimo é Cathólico Rey, don Fer-
nando, de gloriosa memoria. Esta isla
creo yo que es la que el chronista Pedro
Mártir quiso intitular Alpha, a; é otras
veges la llama Juana ; pero de tales nom-
bres no hay en estas partes é Indias isla
alguna. Y no sé que le pudo mover á la
nombrar assi; pero pues destas islas
adelante se ha de tractar mas espegifica-
damente, basta lo que en esto está ya
dicho.
CAPITULO XIII.
Qite tracta de los trabajos y guerras que passaron los chripstianos que quedaron con don Diego Colom é
con el adelantado don Bartolomé Colom en la villa de la Isabela, en lanío que el almirante fué á descobrir
desde alli, y de lo que acaesció con ciertas tórtolas al alcayde Mossen Pedro Margarile en la forlalecade
Sancto Thomás , y de la población é fundamento de aquesta cibdad de Sancto Domingo , adonde el almi-
rante tornó, después de aver descubierto á Jamáyca é otras cosas, etc.
Iluando el almirante primero partió de
la cibdad de la Isabela , dexó por su te-
niente é gobernador desta isla , é con to-
da la mas gente de los chripstianos á don
Diego Colom, su hermano, entretanto
que venia , como después vino , el ade-
lantado don Bartolomé Colom, su her-
mano. Aveis de saber que como luego
que se pobló aquella cibdad y el almiran-
te repartió los solares para que los espa-
ñoles fiQiessen, como higieron, sus casas,
é les señaló laS caballerias é tierras para
sus heredamientos; viendo los indios que
esta vecindad les avia de turar , pesóles
de ver el propóssito de los chripstianos.
E para escusar esto é darles ocasión que
se fuessen desta tierra, pensaron un mal
ardid, con que murieron mas de las dos
partes ó la mitad de los españoles , é de
los proprios indios murieron tantos que
no se pudieran contar. Y esto fizóse de
forma que no se pudo entender ni reme-
diar, porque como eran tan nuevos en la
tierra los chripstianos, no caían en el tra-
bajo en que estaban , ni le entendieron;
y fué aqueste. Acordaron todos los indios
TOMO I.
de aquella provincia de no sembrar en el
tiempo que lo debian hager , é como' no
tuvieron mahiz, comiéronse la yuca, que
son dos maneras de pan , y el pringipal
mantenimiento que acá hay. Los chrips-
tianos comiéronse sus bastimentos ; é
aquellos acabados, queriéndose ayudar
de los de la tierra que los indios acos-
tumbran , no los tenian para sí ni para
ellos. Y desta manera se caían los hom-
bres muertos de hambre, en aquella cib-
dad los chripstianos ; y en la fortaleza
que es dicha de Sancto Thomás, do esta-
ba el comendador Mossen Pedro Marga-
rite, también por la misma nesgessidad se
le murió la mitad de la gente , é por toda
la tierra estaban los indios muertos á
cada parte. El hedor era muy grande y
pestífero: las dolengias que acudieron
sobre los chripstianos fueron muchas, ^
allende del hambre ; é desta manera los
indios efectuaban su mal desseo , que era ,
ó que los chripstianos se fuessen huyen-
do por falta del bastimento, ó que se
muriessen, si quedassen, no lo teniendo.
Los indios que escapaban, metíanse la tier-
50
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ra adentro é desamparaban la conversa-
ción de los nuestros, por les hager mas
daño é yr á buscar de comer por otras
provincias.
En este tiempo de tanta nesgessidad se
comieron los chripstianos quantos perros
gozques avia en esta isla, los quales eran
mudos que no ladraban , é comieron tam-
bién los que de España avian traydo , é
comiéronse todas las hutías que pudie-
ron aver , é todos los quemis , é otros
animales que llaman mohuy y todos los
otros que llaman coris, que son como
gazapos ó conejos pequeños. Estas qua-
tro maneras de animales se cagaljan con
los perros que se avian traydo de Espa-
ña; é desque ovieron acabado los de la
tierra, comiéronse á ellos también, en pa-
go de su servigio. E no solamente dieron
fin á estos ginco géneros de animales de
quatro pies , que solamente avia en esta
isla; pero acabados aquellos, se dieron á
comer unas sierpes que se llaman yvana,
que es de quatro pies , de tal vista que,
para quien no la conosge, es muy espan-
toso animal. Ni perdonaron lagartos, ni
lagartijas , ni culebras , de las quales hay
muchas é de muchas maneras de pintu-
ras, pero no pongoñosas. Assi que, por
vivir, á ninguna bestia ó animal de quan-
tos he dicho perdonaban ; porque quan-
tos podian aver yban al fuego , é cogidos
ó assados, no faltaba á su nesgessidad
apetito para comer estas cosas tan ene-
migas de la salud é tan temerosas á la
vista. De lo qual y de la humedad gran-
díssima desta tierra, muchas dolengias
graves é incurables á los que quedaron
con la vida, se les siguieron. Y desta causa
aquellos primeros españoles que por acá
vinieron, quando tornaban á España algu-
nos de los que venian en esta demanda
del oro, si allá volvían, era con la misma
color del; pero no con aquel lustre, sino
hechos azamboas ^é de color de agafran
ó tericia ; é tan enfermos que luego ó des-
de á poco que allá tornaban se morían,
á causa de lo que acá avian padesgido, ó
porque los bastimentos y el pan de Es-
paña son de mas regia digestión que es-
tas hiervas é malas viandas que acá gus-
taban , é los ayres mas delgados é frios
que los desta tierra. De manera que aun-
que volvían á Castilla, presto daban fin
á sus vidas, llegados á ella.
Padesgieron mas estos chripstianos, pri-
meros pobladores desta isla , mucho tra-
bajo con las niguas , é muy crueles dolo -
res é passion del mal de las búas (porque
el origen dellas son las Indias), é digo
bien las Indias; assi por la tierra donde
tan natural es esta dolengia , como por las
indias mugeres destas partes. Por cuya
comunicación passó esta plaga á algunos
de los primeros españoles que con el al-
mirante vinieron á descobrir estas tier-
ras, porque como es mal contagioso, pudo
ser muy possible. Y destos, después de
tornados en España é aver sembrado en
ella tal enfermedad, deahy passó á Italia
y á otras partes, como adelante diré, sin
desacordarme de hager relagion particu-
larmente, donde convenga, de onge cosas
notables que en este capítulo se han to-
cado , que son ginco animales de quatro
pies, conviene á saber: perro, hutia,
quemi, mohuy, cori; é assi mesmo se dirá
de la yvana, que es una serpiente tam-
bién de quatro pies. Y no olvidaré las
lagartijas, culebras , lagartos, que hay en
esta tierra ; é diré de la passion de la ni-
gua , é de la dolengia aborresgible de las
búas , con que se dará cuenta de las onge
cosas de suso tocadas.
Assi que , continuando lo que prometí
en el título deste capítulo XIII , digo que
al tiempo que en la Isabela los chripstia-
nos padesgian estos males que he dicho,
é otras muchas nesgessidades (que por
evitar prolixidad se dexan de degir), es-
taba el comendador Mossen Pedro Mar-
garite con hasta treynta hombres en la
DE INDIAS. LIB. II. CAP. XIII.
61
fortaleza de Sancto Thomás, en las minas
de Cibao , sofriendo las mismas angustias
que los de la Isabela ; porque también les
faltaba de comer é tenian muchas enfer-
medades , é padesgian aquellos trabajos
á que están obligados los primeros po-
bladores de tierras tan apartadas , é tan
salvages é dificultosas para los que tan
lexos dellas se criaron ; é por estas cau-
sas los que en esta fortaleza estaban se
murian , é de cada dia eran menos. Por-
que para salir de la fortaleza eran pocos;
dexarla sola, era mal caso: la lealtad de
aquel caballero era la que debia : el al-
mirante estaba fuera de la isla en el des-
cubrimiento que he dicho : los que en la
Isabela estaban con el adelantado don
Bartolomé, tenian tanto trabajo que no se
podian valer : los indios avíanse ydo la
tierra adentro los que querían ó podian
escapar de la hambre ; de manera que,
estando este alcayde é su gente á tan
fuerte partido , vino un dia un indio al
castillo (porque segund él degia, el alcay-
de Mossen Pedro Margante le paresgia*
bien y era hombre que no hagia ni con-
sentía que fuesse hecha violengia ni enojo
á los indios é naturales de la tierra), é
truxo este indio al alcayde un par de tór-
tolas vivas presentadas. E siéndole dicho
al alcayde, mandó que lo dexassen subir
á la torre donde él estaba , é subido el in-
dio le dio las tórtolas , y el alcayde le dio
las gragias y la recompensa en giertas
cuentas de vidro que los indios en essa
sagon presgiaban mucho, para se poner al
cuello. Y el indio ydo muy gozoso con su
sartal , dixo el alcayde á los chripstianos
que con él estaban en el castillo , que le
paresgia que aquellas tórtolas eran pocas
para comer todos dellas , é que para él
solo ternia que comer aquel dia en ellas:
todos dixeron que él degia bien , é que
para todos no avia nada en aquel presen-
te, y él podria passar aquel dia con las
tórtolas é las avia mas menester, porque
estaba mas enfermo que ninguno. Enton-
dixo el alcayde : «Nunca plega á Dios que
ello se faga como lo degis : que pues me
aveys acompañado en la hambre é traba-
jos de hasta aqui, en ella y en ellos quiero
vuestra compañía, y paresgeros, vivien-
do ó muriendo, fasta que Dios sea servido
que todos muramos de hambre, ó que
todos seamos de su misericordia socorri-
dos.» Edigiendo aquesto, soltólas tórto-
las , que estaban vivas , desde una ven-
tana de la torre, é fuéronse volando.
Con esto quedaron todos tan contentos
é hartos , é como si á cada uno de los que
alli estaban se las diera ; y tan obligados
se hallaron por esta gentileza del alcay-
de para sofrir con él lo que les viniesse,
que ninguno quiso dexar la fortaleza ni
su compañía, por trabajo que tuviesse.
Estando pues en tanta nesgessidad los
chripstianos , por la continuagion destas
fatigas é dolengias que he dicho , y por-
que para ser complidos sus males no les
faltasse ningún afán , sobrevinieron mu-
chos vientos del norte (que en Castilla se
llama giergo), y en esta isla es enfermo; é
moríanse no solamente los chripstianos,
pero como es dicho los naturales indios.
No teniendo ya otro socorro sino el de
Dios , él permitió su remedio ; y este fué
la mudanga de la cibdad de la Isabela,
donde estaban los españoles avegindados.
Y para esta trasmigración acaesgió que
un mancebo aragonés, llamado Miguel
Diaz , ovo palabras con otro español , é
con un cuchillo dióle giertas heridas ; é
aunque no murió dellas, no osó atender,
puesto que era criado del adelantado don
Bartolomé Colom, é ausentóse de temor
del castigo, é con él siguiéndole é fa-
giéndole amigable compañía ginco ó seis
chripstianos (algunos dellos porque avian
sido partigipantes en la culpa del delito
del Miguel Diaz , é otros porque eran sus
amigos). E huyendo de la Isabela fuéron-
se por la costa arriba hágia el leste ó
52
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
levaate , é bojáronla hasta venir á la par-
te del Sur, adonde agora está aquesta cib-
dad de Sancto Domingo , y en este asien-
to pararon, porque aqui hallaron un pue-
blo de indios. E aqui tomó este Miguel
Diaz amistad con una cagica , que se lla-
mó después Catalina, é ovo en ella dos
fijos, andando el tiempo. Pero desde á
poco que aqui se detuvo , como aquella
india principal le quiso bien , tratóle co-
mo amigo que tenia parte en ella, é por
su respecto á los de demás , é dióle noti-
cia de las minas que están siete leguas de
esta cibdad, é rogóle que figiesse que
los chripstianos que estaban en la Isabe-
la (que él mucho quisiesse) los llamasse é
se viniessen á esta tierra que tan fértil y
hermosa es, é de tan exgelente rio é
puerto ; é quella los sosternia é daria lo
que oviessen menester. Entonge este hom-
bre , por complager á la cacica , é mas
porque le paresgió que, llevando nueva de
tan buena tierra é tan abundante , el ade-
lantado por estar en parte tan estéril y
enferma le perdonarla , é principalmente
porque Dios quería que assi fuesse é no
se acabassen aquellos chripstianos que
quedaban; acordó de yral adelantado, é
atravessó con sus compañeros por la tier-
ra , gulándole glertos Indios que aquella
su amiga mandó yr con él fasta que lle-
garon á la Isabela , que está glncuenta
leguas desta cibdad poco mas ó menos.
E secretamente tuvo manera de hablar
con algunos amigos suyos , é supo que
aquel hombre que avia ferldo estaba sa-
no ; é assl osó ver al adelantado su señor
é pedirle perdón, en pago desús servicios
é de la buena nueva que le llevaba de
aquesta tierra é de las minas de oro. Y
el adelantado le resglbló muy bien y le
perdonó , é figo las amistades entre él é
su contendor. Y después que le ovo oído
muy particularmente las cosas desta pro-
vincia é desta ribera, determinó de venir
en persona á verla, é con la compañía
que leparesgló, vino aquí y falló ser ver-
dad todo lo que Miguel Díaz avia dicho,
y entró en una canoa ó barca de las que
tienen los Indios , é tentó este rio llama-
do Ocama , que por esta cibdad passa , é
hízolo sondar é tentó la hondura de la
entrada del puerto , é quedó muy satisfe-
cho y tan alegre como era razón : é fué
á las minas y estuvo en ellas dos días é
cogióse algún oro. E desde allí se volvió
á la Isabela , é dló muy grande plager á
los españoles todos, después que les ovo
dicho lo que avia visto por acá ; é dló
luego orden cómo la gente toda vlnlesse
con él por tierra á este asiento , é man-
dó traer por la mar lo que allá tenían los
chripstianos en dos caravelas que tenían;
é llegó á este puerto , segund algunos
digen , domingo día del glorioso Sancto
Domingo, á gluco días de agosto , año de
mlil é quatroglentos y noventa é quatro
años. E fundó el dicho adelantado don
Bartolomé aquesta cibdad, no donde ago-
ra está , por no quitar de aquí á la cagl-
ca Catalina é á los indios que aquí vivían,
sino de la otra parte deste rio de la Oga-
ma , junto á la costa y enfrente desta po-
blaglon nuestra. Pero Inquiriendo yo é
desseando saber la verdad porqué esta
cibdad se llamó Sancto Domingo , dlgen
que demás de aver allí venido á poblar
en domingo é día de Sancto Domingo,
se le dló tal nombre, porque el padre del
primero almirante y del adelantado , su
hermano , se llamó Dominico , y que en
su memoria el fijo llamó Sancto Domingo
á esta cibdad.
Desde á dos meses é medio pocos mas
ó menos días , vino el almirante é los que
con él avian ydo á descobrlr; é llegado
á esta cibdad, envió luego á saber si era
vivo Mossen Pedro Margarite , é mandó
por su carta que él é todos los que con él
ovlesse se viniessen para él é dexassen
la fortaleza en poder del capitán Alonso
de Hojeda , que fué el segundo alcayde
DE INDIAS. LIB. II. CAP. XIII.
53
(lella, é assi lo higieron. Y llegados aqui,
se repararon todos por la abundancia é
fertilidad de la tierra, é cobraron salud.
Después que todos fueron juntos , co-
mo nuestro común adversario nunca se
cansa ni gessa de ofender é tentar á los
fieles, sembrando discordias entre ellos,
anduvieron muchas diferengias entre el
almirante é aquel padre reverendo, fray
Buyl. Y aquesto ovo pringipio, porque el
almirante ahorcó á algunos, y en espe-
cial á un Gaspar Ferriz , aragonés , é á
otros agotó ; é comengó á se mostrar se-
vero é con mas ¡riguridad de la que so-
lia, puesto que aunque fuesse ragon de
ser acatado , y se le acordasse de aquella
grave sentengia del emperador Otto : pe-
reunte obsequio imperium quoque ínter cidit;
que dige : si no hay obediengia no hay
señorio ; también dige Salomón * : univer-
sa delicia operit charitas. Pues si todos los
delictos encubre la caridad, como el sabio
dige en el proverbio alegado , mal hage
quien no se abraga con la misericordia,
en espegial en estas tierras nuevas, don-
de por conservarla compañia de los po-
cos , se han de dissimular muchas veges
las cosas, que en otras partes seria de-
licio no castigarse. Quanto mas debe mi-
rar esto el prudente capitán que otro nin-
guno , pues está escripto : constituyé-
ronte por cabdillo , no te quieras ensalgar;
mas serás en ellos assi como uno de ellos.
Auctores son destas palabras sanctas Sa-
lomón ^ é Sanct Pablo ^ El almirante era
culpado de crudo en la opinión de aquel
religioso , el qual , como tenia las veges
del Papa , ybale á la mano ; é assi como
Colom hagia alguna cosa que al frayle no
paresgiesse justa, en las cosas de la jus-
tigia criminal, luego ponia entredicho y
hagia cessar el ofigio divino. Y en es-
sa hora el almirante mandaba cessar la
ragion, y que no se le diesse de co-
mer al fray Buyl ni á los de su casa.
Mossen Pedro Margante é los otros ca-
balleros entendian en hagerlos amigos é
tornábanlo á ser ; pero para pocos dias.
Porque assi como el almirante hagia al-
guna cosa de las que es dicho , aquel pa-
dre le yba á la mano é tornaba á poner
entredicho é á hager gessar las horas é
ofigio divino , y el almirante también tor-
naba á poner su estanco y entredicho en
los bastimentos, é no consentia que le
fuessen dados al frayle , ni á los clérigos
ni á los que los servian. Dige el glorioso
Sanct Gregorio *: Nunca la concordia
puede ser guardada , sino por sola la pa-
giengia; porque continuamente nasge en
las obras humanas por donde las ánimas
de los hombres sean de su unidad é amor
apartadas. A estas passiones respondian
diversas opiniones, aunque no se publi-
caban ; pero cada parte tuvo manera de
escrebir lo que sentia en ellas á España,
por lo qual informados en diferente ma-
nera los Reyes Cathólicos de lo que acá
passaba, enviaron á esta isla á Juan Agua-
do, su criado (que agora vive en Sevi-
lla). E assi se partió con quatro caravelas
é vino acá por capitán dellas, como pa-
resge por una cédula que yo he visto de
los Reyes Cathólicos , hecha en Madrid á
ginco de mayo , año de mili y quatrogien-
tos é noventa é ginco ; é por otra cédula
mandaron á los que estaban en las Indias
que le diessen fé y creengia , la qual de-
gia assi: «El Rey, la Reyna: caballeros y
escuderos y otras personas que por nues-
tro mandado estáis en las Indias , allá vos
enviamos á Juan Aguado , nuestro repos-
tero, el qual de nuestra parte os fablará.
Nos vos mandamos que le dedes fé y
creengia. De Madrid á nueve de abril de
noventa é ginco años. Yo el Rey — Yo la
Reyna;» y de Fernand Alvarez , secreta-
rio, refrendada.
i Prover. X.
2. Ecclesias. cap. XXXII, vers. I.
3 Hebre. XXIII.
4 Lib. XXI, cap. XVII sobre el cap. XXI de Job.
54
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Este capitán fizo pregonar en esta Isla
Española esta creengia , y por ella todos
los españoles se le ofrecieron en todo lo
que les dixesse de parte de los Reyes Ca-
thólicos : é assi desde á pocos dias dixo
al almirante que se aparejasse para yr á
España , lo qual él sintió por cosa muy
grave , é vistióse de pardo, como frayle,
y dexóse cresger la barba.
Esta vuelta del almirante á España fué
año de noventa é seis, en manera de pre-
so , puesto que no fué mandado prender;
é mandaron llamar el Rey y la Reyna á
fray Buyl , é á mossen Pedro Margarite,
é fueron á España en la mesma flota : é
assi mesmo el comendador Gallego , y el
comendador Arroyo , y el contador Ber-
na! de Pisa , é Rodrigo Abarca , é Micer
Girao , é Pedro Navarro , que todos es-
tos eran criados de la casa real ; y lle-
gados todos en España, cada uno se fué
por su parte á la corte á besar las ma-
nos á los Cathólicos Reyes. E aunque
por cartas desde acá , y después perso-
nalmente allá , oyeron á fray Buyl é otros
quexosos , é fueron aquellos bienaventu-
rados príngipes informados de las cosas
del almirante (é por ventura hagiéndolas
mas criminales de lo que eran), después
que á elle oyeron, aviendo respecto á
sus grandes servigios , é por su propria
é real clemengia, no solamente le per-
donaron , pero diéronle licengia que tor-
nasse á la gobernación destas tierras. E
mandaron que continuasse el descubri-
miento de lo restante destas Indias, y en-
cargáronle mucho aquellos Chripstianis-
simos Reyes el buen tractamiento de sus
vassallos españoles y de los indios , y que
él fuesse mas moderado é menos riguro-
so, como era razón. Y el almirante assi lo
prometió , no obstante que los mas de los
que de acá fueron, fablaron mal en su per-
sona. De lo qual no me maravillo, aun-
que él no tuviera culpa alguna ; porque
corao á algunos de los que á estas partes
vienen , luego el ayre de la tierra los des-
pierta para novedades é discordias (que-
es cosa propria en las Indias), assi natu-
ralmente están los indios é gentes natu-
rales dellas muy diferentes de continuo;
é no sin causa por este pecado é otros
muchos que entre ellos abundan , los ha
Dios olvidado tantos siglos.
A esto también de las discordias que
entre los chripstianos ha ávido en los
tiempos passados , ó primeros años que
acá passaron, dieron mucha ocasión los
ánimos de los españoles que de su incli-
nación quieren antes la guerra que el
ogio , é si no tienen enemigos extraños,
búscanlos entre sí, como lo dige Justino;
porque su agilidad é grandes habilidades
los hagen muchas veges mal sofridos.
Quanto mas que han acá passado dife-
rentes maneras de gentes ; porque aun-
que eran los que venian vassallos de los
Reyes de España, ¿quién congertará al /
vizcayno con el catalán , que son de tan i
diferentes provingias y lenguas? Cómo se
avCTnán el andaluz €on el valengiano , y
el de Perpiñan con el cordobés , y el ara-
gonés con el guipuzcuano, y el gallego
con el castellano (sospechando que es
portugués) , y el asturiano é montañés con
el navarro? etc. E assi desta manera no
todos los vassallos de la corona real de
España son de conformes costumbres ni
semejantes lenguajes. En espegial que en
aquellos pringipios, si passaba un hombre
noble y de clara sangre , venian diez des-
comedidos y de otros hnajes obscuros é
baxos. E assi todos los tales se acabaron
en sus rengillas.
Mas como la cosa ha seydo tan grande,
nunca han dexado de passar personas ^
pringipales en sangre é caballeros é hi-
dalgos que se determinaron de dexar su
patria de España, para se avegindar en
estas partes , y espegial y primeramente
en esta cibdad , como sea- lo primero de
Indias, donde se plantó la sagrada reli-
DE INDIAS. LIB. II. CAP. Xm.
gion chripstiana, como se dirá mas ade-
lante. Mas porque me paresgeque se me
podría notar á descuydo dexar de de-
Qír dos plagas nuevas que los chripstia-
nos, en este segundo viaje del almirante
(entre otras que he dicho é muchas que
se dexan de degir), pades^ieron; las diré
en el siguiente capítulo , porque fueron
de mucha admiración é peligrosas. Y una
dellas fué transferida con esta vuelta de
Colom á España , y de allí á todas las
otras provincias del mundo todo, segund
se cree.
CAPITULO XIV.
De dos plagas ó passiones notables y peligrosas que los chripslianos é nuevos pobladores destas Indias
pades9Íeron é hoy pades^en algunos. Las quales passiones son naturales destas Indias, é la una dellas
fué transferida é llevada á España, y desde allí á las otras parles del mundo.
Jt ues que tanta parte del oro destas In-
dias ha passado á ItaUa é Frangía , y aun
á poder assi mesmo de los moros y ene-
migos de España , y por todas las otras
partes del mundo , bien es que como han
gogado de nuestros sudores, les alcange
parte de nuestros dolores é fatigas, por-
que de todo á lo menos por la una ó por
la otra manera, del oro ó del trabajo, se
acuerden de dar muchas gragias á Dios.
Y en lo que les diere plager ó pesar, se
abragen con la pagiengia del bienaven-
turado Job , que ni estando rico fué so-
berbio , ni seyendo pobre é llagado im-
pagiente : siempre dio gragias á aquel
soberano Dios nuestro. Muchas veges en
Italia me reía, oyendo á los italianos de-
gir el mal francés , y á los frangeses lla-
marle el mal de Ñapóles ; y en la verdad
los unos y los otros le agertáran el nom-
bre, si le dixeran el mal de las Indias. Y
que esto sea assi la verdad , entenderse
há por este capítulo y por la experiengia
grande que ya se tiene del palo sancto y
del guayacan , con que espegialmente esta
terrible enfermedad de las búas mejor que
con ninguna otra medigina se cura é gua-
resge; porque es tanta la clemengia di-
vina , que adonde quiera que permite por
nuestras culpas nuestros trabajos, allí á
par dellos quiere que estén los remedios
con su misericordia. Destos dos árbo-
les se dirá en el libro X, cap. II: ago-
ra sépase cómo estas búas fueron con las
muestras del oro destas Indias, desde
aquesta isla de Hay ti ó Española.
En el precedente capítulo dixe que vol-
vió Colom á España el año de mili é qua-
trogientos é noventa é seis , é assi es la
verdad : después de lo qual vi é hablé á
algunos de los que con él tornaron á Cas-
tilla, assi como al comendador Mossen
Pedro Margarite , é á los comendadores
Arroyo é Gallego , é á Gabriel de León é
Juan de la Vega , é Pedro Navarro , re-
postero de camas del príngipe don Juan,
mi señor, é á los mas de los que se nom-
braron, donde se dixo de algunos criados
de la casa real que vinieron en el segun-
do viaje é descubrimiento destas partes.
A los quales y á otros oy muchas cosas de
las desta isla , é de lo que vieron é pa-
desgieron y entendieron del segundo via-
je, allende de lo que fui informado de-
llos, é otros del primero camino, assi
como de Vicente Yañez Pingon , que fué
uno de los primeros pilotos de aquellos
tres hermanos Pingónos, de quien queda
hecha mengion ; porque con este yo tuve
amistad hasta el año de mili é quinientos
é catorge que él murió. E también me in-
formé del piloto Hernán Pérez Matheos,
que al presente vive en esta cibdad, que
se halló en el primero é tergero viajes que
66
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
el almirante primero don Ghripstóbal Co-
lom fizo á estas Indias. Y también he ávi-
do notigia de muchas cosas desta isla de
dos hidalgos que vinieron en el segundo
viaje del almirante, que hoy dia están
aqui y viven en esta cibdad , que son Juan
de Rojas é Alonso de Valengia, y de otros
muchos , que como testigos de vista en
lo que es dicho, tocante á esta isla y á sus
trabajos, me dieron particular relación. Y
mas que ninguno de todos los que he di-
cho el comendador Mossen Pedro Mar-
gante, hombre pringipal de la casa real,
y el Rey Cathólico le tenia en buena es-
timagion. Y este caballero fué el que el
Rey é la Reyna tomaron por pringipal tes-
tigo , é á quien dieron mas crédito en las
cosas que acá avian passado en el segun-
do viaje de que hasta aqui se ha tracta-
do. Este caballero mossen Pedro andaba
tan doliente é se quexaba tanto, que tam-
bién creo yo que tenia los dolores que
suelen tener los que son tocados desta
passion, pero no le vi búas algunas. E
desde á pocos meses, el año suso dicho
de mili é quatrogienlos é noventa é seis,
se comengó á sentir esta dolengia entre
algunos cortesanos; pero en aquellos
pringipios era este mal entre personas
baxas é de poca auctoridad, é assi se
creia que le cobraban, allegándose á mu-
geres públicas , é de aquel mal tracto li-
bidinoso ; pero después extendióse entre
algunos de los mayores é mas pringipales.
Fué grande la admiragion que causaba
on quantos lo vian , assi por ser el mal
contagioso y terrible, como porque se
morian muchos desta enfermedad. E co-
mo la dolengia era cosa nueva , no la en-
tendían ni sabian curar los médicos , ni
otros por experiengia consejar en tal tra-
bajo. Siguióse que fué enviado el gran
capitán Gongalo Fernandez de Córdoba á
Italia con una hermossa y gruessa arma-
da, por mandado de los Cathólicos Reyes,
é como su capitán general, en favor del
rey Fernando, segundo de tal nombre en
Ñapóles , contra el rey Carlos de Frangía,
que llamaron de la cabega gruessa ; y en-
tre aquellos españoles fueron algunos to-
cados desta enfermedad , y por medio de
las mugeres de mal trato é vivir se co-
municó con los italianos é frangeses. Pues
como nunca tal enfermedad allá se avia
visto por los unos ni por los otros , los
frangeses comengáronla á llamar mal de
Ñapóles, creyendo que era proprio de
aquel reyno ; é los napolitanos , pensan-
do que con los frangeses avia ydo aquella
passion , llamáronla mal franges , é assi
se llama después acá en toda Italia; por-
que hasta que el rey Charles passó á ella,
no se avia visto tal plaga en aquellas
tierras. Pero la verdad es que de aquesta
isla de Hayti ó Española passó este tra-
bajo á Europa, segund es dicho; y es acá
muy ordinario á los indios , é sábense cu-
rar é tienen muy exgelentes hiervas é ár-
boles é plantas, apropriadas á esta y otras
enfermedades, assi como el guayacan
(que algunos quieren degir que es hebe-
no) y el palo sancto, como se dirá, quan-
do de los árboles se tractare. Assi quede
las dos plagas peligrosas que los chrips-
tianos é nuevos pobladores destas Indias
padesgieron é hoy algunos padesgen, que
son naturales passiones desta tierra , esta
de las búas es la una , é la que fué trans-
ferida é llevada á España é de allí á las
otras partes del mundo , sin que acá fal-
tasse la misma. Assi que, continuando el
propóssito de los trabajos de Indias, dí-
gase la otra passion que se propuso de las
niguas.
Hay en esta isla y en todas estas In-
dias, islas é Tierra-Firme el mal que he
dicho de las búas , y otro que llaman de
las niguas. Esto de las niguas no es en-
fermedad, pero es un mal acaso; por-
que la nigua es una cosa viva é peque-
ñísima , mucho menor que la menor
pulga que se puede ver. Pero en fin es
DE INDIAS. LIB. U. GAP. XIV.
07
género de pulga , porque assi como ella
salta, salvo que es mas pequeña. Este ani-
mal anda por el polvo, é donde quiera que
quisieren que no le haya , háse de barrer
á menudo la casa. Éntrase en los pies y en
otras partes de la persona, y en espegial
las mas veges en las caberas de los de-
dos, sin que se sienta hasta que está
aposentada entre el cuero é la carne , é
comienga á comer de la forma que un
arador é harto mas ; y después, quanto
mas allí está, mas come. De manera que
como acuden las manos rascando , este
animal se da tanta priessa á multiplicar
allí otros sus semejantes, que en breve
tiempo hage muchos; porque luego que
entra el primero, se anida é hage una bol-
silla entre cuero é carne tamaña como
una lenteja, é algunas como garbango,
llena de liendres , las quales todas se tor-
nan niguas. E si con tiempo no se sacan
con un alfiler ó aguja , de la forma que
se sacan los aradores , son malas ; y en
espegial que después que están criadas
(que es quando comiengan mucho á co-
mer), de rascarlas se rompe la carne y
despárgense de manera que si no las sa-
ben agotar, siempre hay en qué enten-
der. En fin , como en esto tampoco eran
diestros los chripstianos , como en el cu-
rarse de las búas, muchos perdían los
pies por causa de estas niguas , ó á lo
menos algunos dedos dellos , porque des-
pués se enconaban é hagian materia , y
era nesgessario curarse con hierro ó con
fuego. Pero aquesto es fágil de se reme-
diar presto, sacándolas al pringipio; pero
en algunos negros bógales son peligro-
sas, porque ó por su mala carnadura, ó
ser bestiales é no se saber limpiar, ni dc-
girlo con tiempo , vienen á se mancar de
los pies, é assi otros muchos que se que-
xan. E yo las he tenido en mis pies en
estas islas y en la Tierra-Firme , y no me
paresge que en hombres de ragon es cosa
para se temer, aunque es enojo en tanto
que tura , ó está la nigua dentro ; mas fá-
cil cosa es sacarla al pringipio. Yo tengo
averiguado, é assi lo dirán las personas
que tienen experiengia en sacar estas ni-
guas, que es menester tener aviso, quan-
do las sacan, para las matar; porque al-
guna vez , assi como con el alfiler ó aguja
la descubren, rompiendo el cuero del pie,
assi salta y se va la nigua como una pul-
ga. Esto acaesge si há poco que allí en-
tró ; y por esto se cree que la que entra
en el pie, después que ha hecho súmala
simiente, se va assi como vino á otra
parte áhagermas mal, ó por ventura por
sise despide del pie, después de haber de-
xado en él una mala enxambre de innu-
merable simiente y generagion.
TOMO I.
Comienza el libro tercero de la Natural y general historia de las Indias.
PROHEMIO.
xLn este tercero libro se tractará de la
guerra que los chripstianos tuvieron y el
capitán Alonso de Hojeda, en nombre'del
almirante don Cripstóbal Golom, con el
rey Caonabo, y de su prisión é muerte:
y de las victorias que ovo el adelantado
don Bartolomé Colom, hermano del al-
mirante , contra el rey Guarionex é otros
catorce caciques ó reyes que con él se
juntaron ; é cómo se apartó Roldan Xime-
nez, con algunos chripstianos de su opi-
nión, de la obediengia del almirante y
adelantado. Y también se dirá del terce-
ro viaje y descubrimiento del almirante
primero; quándo halló y descubrió parte
de la gran costa de la Tierra-firme, é
descubrió la isla de las Perlas , llamada
Cubagua. Y de la gobernación del almi-
rante , y qué reyes y señores principales
avia en esta isla , y del gran lago de Xa-
ragua, é de otro lago que hay en las
sierras é cumbres mas altas de esta isla;
y cómo é con qué armas peleaban los in-
dios, y qué gentes son los caribes é fle-
cheros. E degirse há también de la mira-
glosa y devotíssima cruz de la Vega, y
de la venida del comendador Francisco
de Bobadilla , el qual envió preso en gri-
llos á España al almirante é á sus herma-
nos, el adelantado don Bartolomé é don
Diego Colom. Y por qué causas se murie-
ron los muchos indios que ovo en esta
isla Española , y de la venida del comen-
dador mayor de Alcántara, don frey Ni-
colás de Ovando , é partida del comen-
dador Bobadilla , que se ahogó en la mar
con muchos navios é gentes é mucho oro,
y de la buena gobernagion del comenda-
dor mayor. Y cómo el almirante viejo é
primero , don Chripstóbal Colom, fizo el
quarto viaje é descubrimiento en estas
Indias; quándo descubrió á Veragua é otras
provincias de la Tierra-Firme, é de su
muerte después en España. Y cómo se
mudó esta cibdad de Sancto Domingo
adonde agora está; é de la nobleza é
particularidades desta cibdad é isla ; y de
las villas é poblaciones , é otras cosas con-
cernientes é nescessarias á la prosecución
de aquesta Historia Natural, como se verá
mas particularmente en los capítulos si-
guientes.
DE INDIAS. LIR. III. CAP. I.
59
CAPITULO I.
One Iracta de la guerra que tuvo el capitán Alonso deHojeda con el cacique Caonabo, y de su prisión
é muerte.
JLn el segundo libro se dixo cómo des-
pués que el comendador, Mossen Pedro
Margante, dexó la fortaleza de Sancto
Tilomas , mandó el almirante que la tu-
viesse el capitán Alonso de Hojeda , é le
fizo alcayde della , é dióle ginqüenta hom-
bres para que la guardasse , porque esta-
ba en parte que importaba mucho , assi
para lo que tocaba á las minas ricas de
Cibao , como para la reputagion é fuerza
de los chripstianos. Mas como el abni-
rante fué partido para España , los indios
con soberbia , y en especial Caonabo de
cuyo señorío era aquella provincia, no
eran contentos de aquel nuevo señorío é
vecindad de la fortaleza: é determinado el
Caonabo é los ciguayos (que assi se lla-
maban los flecheros indios de la costa del
norte en esta isla) , acordaron de dar en
la fortaleza y quemarla , ó ponerla por el
suelo, si pudieran. E con mano armada, é
seyendo mas de ginco ó seis mili hombres,
gercaron aquel castillo, é tuviéronle en
mucho aprieto hasta treynta dias , sin de-
xar salir de la fortaleza á algún hombre
dellos. Pero como el alcayde era ma-
ñoso y esforzado caballero, resistió á los
contrarios de tal forma , que al cabo del
tiempo que he dicho, desviaron su cam-
po , é como gentes salvajes y no guer-
reros, se descuydaron é dieron lugar que
este alcayde higiessc mucho daño en
ellos. E como era hombre mañoso é de
mucha soligitud, continuó la guerra de
todas las maneras quél pudo , assi con las
armas, quando convino, como con las as-
tucias é cautelas que suele aver en los
capitanes de experiencia. E no obstante
que en la continuación de la guerra mu-
rieron algunos chripstianos, muchos fue-
ron los indios que mataron , é al cabo fué
preso Caonabo con mucha parte de los
suyos principales; puesto que se dixo que
Hojeda no le avia guardado la seguridad
que el cacique decia que le fué prometi-
da, ó no lo aviendo entendido Caonabo.
Por manera.que desta prisión de Caonabo
se causó la paz é subjecion de la isla to-
da ; pero como Caonabo tenia un herma-
no, hombre de mucho esfuerco é bien
quisto de los indios, luego se juntaron
con él todos los de su señorío: el qual,
no olvidando la prisión de su hermano,
acordó de lo yr á redemir con fuerza de
armas, llevando prosupuesto de tomar
todos los chripstianos que él pudiesse pre-
sos ; creyendo que después á trueco de-
llos podría aver é rescatar á su hermano
Caonabo, é libertar assi mismo otros in-
dios principales que con él estaban pre-
sos en poder de los chripstianos. E juntó
mas de siete mili hombres para esto , y
los mas dellos flecheros ; é ordenadas cin-
co batallas, se pusieron bien cerca de los
españoles, el capitán de los quales, Alon-
so de Hojeda, con algunos de caballo é
con la gente que él pudo sacar de la for-
taleza, dexándola guardada, é con alguna
que el adelantado don Bartolomé le avia
enviado en su socorro (que por todos no
eran trescientos hombres), peleó contra
IOS indios. E quiso Dios favorescer los
nuestros é darles victoria, é assi como los
ginetes dieron en la delantera ó primera
batalla de los indios, los pusieron en hui-
da, porque ovieron mucho espanto de
tal novedad, é nunca avian visto esta
manera de hombres á caballo pelear con
ellos ni con otros. E assi fué hecho mu-
cho estrago en los contrarios , é fue pre-
GO
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
so su principal caudillo, hermano de Cao-
nabo, y otros muchos indios. Este dia
fizo Hojeda el ofigio de vaUente soldado
y esforgado caballero, é no menos pru-
dente capitán.
Después que este cacique ó rey fué pre-
so y su hermano, acordó el adelantado
don Bartolomé de los enviar á España con
otros indios, algunos de los principales
prisioneros; porque le paresgió que en
esta isla seria mucho inconviniente tener
al dicho Caonabo detenido, ni dexarle
en la tierra , assi por ser tan pringipal se-
ñor en ella, como porque siempre avria
novedades á su causa , porque era hom-
bre de mucho esfuergo é sabio en la guer-
ra. Y en dos caravelasque estaban pues-
tas para España, mandó el adelantado
que los llevassen ; pero assi como Caona-
bo é su hermano supieron que avian de
yr al Rey é á la Reyna Cathólicos, el her-
mano se murió desde á pocos dias , y ef
Caonabo, entrado en lámar, desde á po-
cas jornadas que navegaron también se
murió; y desta manera quedó pagífica toda
la tierra deste Caonabo por los chrips-
tianos. Y su muger Anacaona, hermana
del cagique Behechio (que era señor en
la parte occidental hasta el fin de aquesta
isla) , se fué de la tierra de su marido, á
vivir en la de su hermano, á la provingia
que llaman de Xaragua; é aUí fué tan
acatada é temida por señora, como el mes-
mo Behechio. De esta Anacaona se dirá
adelante, porque fué grande persona y
en mucho tenida en estas partes , por ser
muy valerosa y de grande ánimo é inge-
nio : é sus cosas desta muger fueron no-
tables en bien y en mal , como se dirá en
su lugar.
CAPITULO II.
De la batalla é victoria qtfc ovo el adelantado don Bartolomé contra el rey Guaríonex é otros cator9e
caciques ó reyes , é cómo se apartó Roldan Ximenez de la obediencia é compañía del adelantado don
Bartolomé é del almirante primero.
iluasi en el tiempo que el gerco se te-
nia por Caonabo contra el capitán Hojeda
(segund algunos digen), ó después que fué
desgercado ( segund otros afirman ) , el
cagique Guarionex convocó todos los in-
dios ó cagiques que él pudo , é se juntaron
mas de quinge mili hombres para dar so-
bre el adelantado don Bartolomé é los
chripstianos que estaban con él en la cib-
dad de la Vega é por aquella comarca.
Porque, como tengo dicho, los indios se
yban enojando desta vegindad de los
chripstianos , ó no querian por ningún
caso que permanesgiesen é quedassen en
la isla, assi porque su señorío no fuesse
turbado ni aniquilado , como les paresgia
que se les yba aparejando , como porque
sus ritos é gerimonias é vigios no pares-
gian bien á los chripstianos, édegian mal
dellos. Y también porque les paresgió el
tiempo aparejado para su mal propóssito,
á causa de los pocos chripstianos que
avian quedado en la tierra toda , assi por
las enfermedades é trabajos passadosque
he dicho , como porque antes que vinies-
sen otros de nuevo con el almirante que
de cada dia se esperaba, pudiessen excluir
é acabar los que paresgia que tenian ya
alguna notigia de la tierra , é podrían ser
aviso é mucho provechosos, ó parte para
les poder dañar , en compañía de los
chripstianos que de nuevo viniessen. Y
para execugion desto , juntado su exérgi-
to, movieron á buscar los chripstianos.
El adelantado , gertificado de lo que es
dicho, no esperó ni quiso atender á se
hager fuerte en aquel pequeño pueblo ni
dar causa á que de noche le pogassen
DE INDIAS. LIB. 111. CAP. II.
6f
fuego ó le gercassen en él ; si no como
buen caballero é diestro capitán , salió al
campo é transnochó é anduvo tanto que
llegó gerca del real del rey Guarionex, é
á la segunda guarda , ó quasi á media no-
che con hasta quinientos hombres (entre
sanos y enfermos) , dio con tanta furia é
ímpetu animosamente en los enemigos
por dos partes, que los desbarató. Y co-
mo los indios eran gente salvage é de-
sarmada é no diestra en la guerra á res-
pecto de los chripstianos, mataron muchos
dellos, é los demás fueron presos, puesto
que muchos escaparon por la escuridad
de la noche. Pero fué preso el mismo rey
Guarionex con otros catorge reyes ó ca-
ciques , los mas principales que en esta
batalla se hallaron , la qual fué gerca de
donde es fundada la villa del Bonao. Fué
aquesta victoria tan señalada cosa y de
tanto favor para los chripstianos, que de
mas de aumentarse su crédito y esfuergo
en la reputagion é memoria de los indios,
dio causa á que gessáran en sus ruinda-
des é rebeliones : é comengaron á ser mas
domésticos é á se comunicar mas con los
chripstianos é á desechar los pensamien-
tos de la guerra; puesto que en la ver-
dad la gente de aquesta isla es la que de
menos ser é esfuergo se ha visto en to-
das las Indias é islas é Tierra-Firme , é
la que mas quieta é sossegada manera de
vivir tenia, no obstante que, como tengo
dicho, no faltaban algunas guerras é dis-
cordias entre estas gentes; pero no tan
continuadas é sangrientas como en otras
partes.
Tornando á la historia , es de saber que
después que el adelantado ovo este ven-
gimiento, paresgióle que seria mucha cau-
sa, para perpetuar la paz é amistad entre
los chripstianos é los indios, soltar á Gua-
rionex con los mejores partidos que él
entendiesse. E assi se dio orden en ello
é fué libre. De ahy adelante hagia buen
acogimiento é Iractaba bien á los chrips-
tianos en su tierra, quando por ella pas-
saban ó á ella yban. Otros digen que en
esta batalla no se halló Guarionex , si no
su gente ; é que yba por su capitán ge-
neral el cagique Mayobanex , y que este
fué después con otros suelto ; pero que
continuándose la guerra, aviaseydo presa
la muger de Guarionex , é que por rede-
mirla, avia venido de pages é á ser amigo
de los chripstianos.
Después que estas victorias ovo el ade-
lantado , paresgia que se le avia trocado
la condigion, porque se mostró muy ri-
guroso con los chripstianos de allí ade-
lante , en tanta manera que no le podían
sofrir algunos , en espegial Roldan Xime-
nez que avia quedado por alcalde mayor
del almirante. Al qual el adelantado no
hagia la cortesía ó tractamiento que él pen-
saba ser meresgedor, ni el Roldan con-
sentía que en las cosas de la justígia fues-
se el adelantado tan absoluto como que-
ría serlo; y desta causa ovieron malas
palabras y el adelantado le tragtó mal, é
segund algunos dixeron, puso ó quiso
poner las manos en él. Por lo quél se in-
dinó de manera, que con setenta hombres
se apartó de su compañía y se entró la
tierra adentro , algado y desviado de la
conversagion de los chripstianos , prego-
nando é dígiendo las sinrazones que el
adelantado y el almirante avian fecho (ó
que él por su enojo les quería imponer).
E con determínagion de no se apartar del
servigio de ios Reyes Cathólícos , el dicho
Roldan fagia sus protestagiones para no
estar debaxo de la gobernagion del al-
mirante ni del adelantado en ningún
tiempo , como nunca lo quiso después es-
tar: si no fuesse á la províngía de Xara-
gua á la tierra é señorío del rey Behe-
chio, é por allá anduvo y estuvo fasta
que después algund tiempo, vino á gober-
nar esta isla é tierra el comendador Fran-
gisco de Bobadilla, como se dirá ade-
lante.
62
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO III.
Que Iracta de lo que en esta isla passó, en tanlo que el almirante fué á España ; c del tercero viaje e"
descubrimiento quél hizo, qnando halló la costa (é grandíssima parte del mundo incógnita) llamada Tierra-
Firme generalmente, donde muy grandes reynos é provincias se incluyen, é de cómo descubrió assi-
mismo la isla de Cubagua , donde es la riquíssima pesquería de las perlas , ó de otras islas nuevas que
halló, y del subcesso de lodo ello , con otras cosas adérenles á la historia.
Assi como el almirante estuvo algunos
dias en la corte de los Cathólicos Reyes,
satisfaciendo á las quexas é informacio-
nes que contra él avian dado fray Buyl é
otros, é fué con clemengia oydo y ab-
suelto, como se dixoenel segundo libro;
diósele ligengia que tornasse á la gober-
nación destas tierras , é mandáronle con-
tinuar el descubrimiento dellas. Y para lo
poner en efecto , partió de la bahia de Cá-
diz en el mes de mar^o del año de mili é
quatrogientos é noventa y seis (aunque
algunos digen que era en el año de no-
venta é siete de la Natividad de Jesu-
Chripsto, nuestro Redemptor) , é salió á la
mar océana con seis caravelas , muy bien
armadas é proveydas de bastimentos é
de todo lo nesgessario para su viaje. E
después que llegó á Canaria, envió las tres
caravelas á esta isla Española con basti-
mentos é alguna gente; y él siguió su
camino con las otras tres caravelas que
le quedaron, la vuelta de las islas que lla-
man eatre los vulgares islas de Antonio,
é agora se digen de Cabo Verde , que son
las mismas que los antiguos nombraban las
Gorgades. Y desde allí corrió con sus na-
vios al sudueste bien giento é ginqüenta
leguas: é tomóles una gran tormenta é
púsolos en tal nesgessidad que cortaron
los másteles de las meganas, é aliviaron
mucha parte de la carga y se vieron en
grandíssimo peligro. Pero esta tormenta
que dige Hernán Pérez Mathcos, piloto
que hoy está en esta cibdad de Sancto
Domingo , no fué assi , segund dige don
Fernando Colom , hijo del almirante , que
allí se halló , el qual afirma que fué de
calmas é calor tanta , que las vasijas se
les abrían y el trigo se podría ; y les fué
nesgessario alijar é arredrarse de la equi-
nogíal, é corrieron al huesnorueste é fue-
ron á reconosger la isla de la Trinidad,
el qual nombre le puso el almirante, por-
que llevaba pensamiento de poner á la
primera tierra que viesse la Trinidad. E
assi, quando vido la primera tierra firme
é la dicha isla, vido tres montes á un tiem-
po ó gercanos , é luego puso á aquella isla
por nombre la Trinidad, é passó por
aquel embocamiento que llaman la Boca
del Drago, é vióse la Tierra-Firme é
mucha parte de la costa della. Pero co-
mo es de flecheros caribes , y la isla que
he dicho assi mesmo, é tiran con hierva
inrremediable , y es gente muy fiera é
salvaje , no pudieron aver lengua con los
indios, aunque vieron muchos dellos en
sus piraguas é canoas en que navegan,
de las quales é de su forma se dirá ade-
lante ; y también vieron gente en tierra .
Está aquesta isla en nueve grados á la
parte de nuestro polo ártico de la banda
que tiene esta isla hágia el sur ó medio-
día , é de la que tiene mirando al septen-
trión ó norte, está en diez grados. Tiene
de latitud diez y ocho ó veynte leguas
poco mas ó menos, é de longitud veynte
é ginco ó algo mas. La tierra que está
opuesta á la parte del sur desta isla en la
Tierra-firme, se llama el Palmar, porque
allí vieron é hay grandes palmares. Y mas
al levante, la costa arriba, está Rio Sala-
do t ó porque queriendo tomar agua en
DE INDIAS. LIB. líl. CAP. III.
63
él, le hallaron muy salobre, dio causa que
el almirante assi le nombrasse. Al po-
niente desta isla de la Trinidad está la
punta de las salinas, en Tierra-Firme, diez
ó áoQG leguas , y entre aquesta punta é
la Tierra-Firme (aunque también la mes-
ma punta es tierra firme) , está un gol-
pho al qual el almirante llamó la Boca
del Drago (porque pares^e algo la figura
deste embocamiento boca de drago abier-
ta) , dentro del qual hay muchas isletas.
Y desde la punta de las salinas, que está
en diez grados de la equinogial , discur-
rió el almirante por la costa al poniente,
é reconosgió otras islas y púsoles nombre
los Testigos , é á otra isla llamó la Gcne-
ivsa. E vio otras muchas isíes que por allí
hay : é fué adelante y descubrió la rica
isla llamada Ciihagua , que agora llama-
mos la isla de las Perlas , porque allí es
la pringipal pesquería dellas en estas In-
dias. E junto con ella está otra isla muy
mayor, é mandóla el almirante llamar la
Margarita. La isla de Gubagua, ó de las
Perlas, está quasi ginqüenta leguas al po-
niente de la punta de las sali»as que se
dixo de suso. Esta es una isla pequeña
que terna de gircuyto tres leguas poco
mas ó menos , é desde ella á la Tierra-
Firme hay quatro leguas á la provincia
que se dige Araya. E allí descubrió los
Testigos, que son isleos, é isla de Páxa-
ros y otras islas. Y passó el almirante con
sus tres caravelas la costa de Tierra-Fir-
me al poniente, é halló la isla de Pcyre-
gari, que está veynte é siete ó treynta
leguas de Gubagua. Y mas adelante des-
cubrió otras islas que se llaman los Ro-
ques, y la isla de la orchilla , que se di-
go Yaruma, donde hay mucha cantidad
della, segund fama. Esta isla está doge le-
guas de otra que también descubrió el
ahnirante mas al hueste, que se llama Co~
raeao. E assi mismo descubrió otras mu-
chas islas é isleos, hasta que llegó al Cabo
de la Vela. Y porque allí se vio una gran
canoa ó piragua de indios que yba á la
vela , púsole nombre á aquella tierra el
Gabo déla Vela, en Tierra-Firme. Desde
el qual cabo á la dicha punta de las sa-
linas é Boca del Drago hay giento é ochen-
ta leguas poco mas ó menos; é desde
aquel Gabo de la Vela atravessó el gol-
pho que hay entre Tierra-Firme é aques-
ta isla Española, é vino á esta cibdad que
en aquel tiempo estaba de la otra parte
deste rio. Está aquel Gabo de la Vela nor-
te sur con la isla Beata , que es una is-
leta gerca desta isla de Hayti ó Españo-
la, al poniente desta cibdad treynta é
qíuqo leguas. Assi que aqueste fué elter-
gero viaje é descubrimiento que hizo el
primero almirante destas Indias. Mas por-
que se dixo de suso que en Gubagua ha-
lló la pesquería de las perlas , y es cosa
tan notable é rica , degirse há de qué
manera supo que allí las avia , quando
en particular tractáremos desta isla.
CAPITULO IV.
De lo que el adclanlaclo don Bartolomé fizo, en lanío que el almirante fue á España hasta qucl tornó á
esta cibdad, después que descubrió parte de la Tierra-Firme ; é de la gobernagion del almirante hasta su
prisión , é de los reyes ó señores que avia en esla isla.
JtLn el capítulo de suso se dixo el ter-
gero viaje del ahnirante don Ghripstóbal
Golom hasta que volvió á esta cibdad de
Sancto Domingo. Es agora de saber que
en tanto quél estuvo en España y en el
descubrimiento de parte de la costa é
tierra grande é firme , y de las otras is-
las que se dixo en el capítulo pregeden-
te, no venían navios de España ni de acá
yban á ella i é como los que avian ydo
64
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de acá con el almirante é antes sin él é
avian padesgido los trabajos que se han
dicho, é yban enfermos é pobres é de
tan mala color que paresgian muertos,
infamóse mucho esta tierra é Indias, é
no se hallaba gente que quisiesse venir
á ellas.
Por gierto yo vi muchos de los que en
aquella sagon volvieron á Castilla con
tales gestos , que me paresge que aun-
que el Rey me diera sus Indias , quedan-
do tal como aquellos quedaron , no me
determinara de venir á ellas. Y no era de
maravillar, si tales quedaban algunos, si-
no cómo pudo vivir ó escapar hombre de
todos ellos, mudándose á tierras tan apar-
tadas de sus patrias , é dexando todos los
regalos de los manjares, con que se cria-
ron, y desterrándose de los deudos é
amigos , y faltando las mediginas ; é por
otras causas é nesgessidades que no se
podrían acabar de expressar sin prolixa
relagion. Y cómo faltaba ya la gente, é
no dexaban de yrse á España si no los
que no podian ó por falta de navios , é
de la vuelta del ahnirante ninguna certi-
nidad se tenia , estaba ya quasi perdida
esta tierra , é tenida por inútil y con mu-
cho temor los que acá estaban. E sin du-
da se perdieran, sino fueran socorridos de
aquellas tres caravelas que vinieron de
España con gente , que dixe que el al-
mirante envió desdólas islas de Canaria,
ó Iruxeron mas trescientos hombres sen-
tenciados é desterrados para esta isla, los
quales llegaron en tal sagon , que assi los
tales como los que los truxeron, juntados
con essos pocos que acá estaban , fue-
ron causa que la tierra no se despoblas-
se é se sostuviesse ; pues los chripstianos
no osaban ya saUr desta cibdad ni passar
el rio para esta otra parte ó costa del. Y
puédese afirmar que por este socorro fué
restaurada la vida de los que acá esta-
ban , é se sostuvo y no se perdió total-
mente esta isla, porque entre aquella
gente ovo muchos hombres valientes y
especiales personas. E assi luego los in-
dios descercaron la cibdad de la Concep-
ción de la Vega é á esta cibdad é su for-
taleza (estando de la otra parte deste
rio , donde primero fué fundada) , é los
indios perdieron la esperanca que tenian
de ver la tierra sin los chripstianos. En
especial viendo desde á poco tiempo des-
pués venir al almirante con otras tres ca-
ravelas é muy buena gente en ellas , de-
xando ya descubiertas las islas y parte de
la Tierra-Firme é las Perlas , segund se
dixo en el capítulo antes de aqueste. El
qual llegado á esta cibdad , que estaba
(como he dicho) , de la otra parte deste
rio enfrente de donde agora está , halló
al adelantado, su hermano, é á los otros
chripstianos que con él estaban en paz;
pero no muy contentos algunos dellos
por la ausencia de Roldan Ximenez , é
con las murmuraciones que suele aver
en esta tierra ; porque quedaban algunos
aficionados ó inficionados de las passio-
nes viejas del tiempo de frey Buyl. Mas
todos obedescieron é rescibieron al al-
mirante con alegre semblante , y le die-
ron la obediencia como á visorey é go-
bernador que en nombre de los Cathóli-
cos Reyes venia. Y exerciendo su ofigio
é gobernación como él mejor podia , nun-
ca faltaron quexosos de sus obras , por-
que les parescia que assi como favores-*
Cia é ayudaba á unos, assi ofendía ó
maltrataba á otros. Angélico ha de ser el
gobernador que á todos contentare é mas
que humano, porque unos hombres son
inclinados á vicios, é otros á virtudes:
unos á trabaxar y exercitar las personas,
é otros al reposo é quietud : unos á des-
pender , é otros á guardar ; y unos á una
cosa, é otros á otra. E assi el que go-
bierna no puede contentar á tantos gé-
neros de inclinaciones , porque unos
quieren la guerra é robar y no poblar la
tierra , si no darle un repelón y volverse
DE INDIAS. LIB. III. CAP. IV.
65
donde le esperan , y dessea acabar sus
dias: otros que querrían lo contrario y
assentar é arraigarse , no les dan con qué
ni los favoresgen. E assi como son di-
versos los fines de los hombres, y tan
difígil cosa entenderlos , assi el que go-
bierna es menester que tenga espegial
ventura y favor de Dios para ser amado;
no obstante que mucho está en la mano
del gue puede mandar para que le quie-
ran bien los gobernados. E si uno estu-
viere dessabrido, muchos estarán satisfe-
chos con que solamente tenga tres co-
sas : reto en las cosas de justigia; liberal,
é sin codigia. Volvamos á nuestra his-
toria .
En esta sagon dio orden en fundar, ó
mejor digiendo, reformar la cibdad de la
Concepción de la Vega é la villa de
Sanctiago é la villa del Bonao. Estas
tres poblaciones hizo el almirante pri-
mero , don Chripstóbal Colom , en esta
isla , é primero que todas ellas la cibdad
Isabela , de la qual se passó la gente á
dar principio á esta cibdad de Sancto Do-
mingo , como se dixo en el segundo li-
bro. Y estando las cosas en este estado,
tornó el almirante don Chripstóbal en
España; y los Reyes Cathólicos, tenién-
dose por muy servidos del, le confirma-
ron otra vez sus privilegios en la cibdad
de Burgos á veynte é tres dias de abril de
mili é quatrogientos é noventa y siete años.
Mas porque, para lo que se espera pro-
seguir adelante en la historia, convie-
ne que se diga qué reyes ó príngipes te-
nían el señorío desta isla de Hay ti , que
agora llamamos Española , digo que aqui
ovo (segund yo supe de los testigos que
tengo alegado , é por las memorias que
yo he copilado desde que en Bargelona,
año de mili y quatrogientos é noventa y
tres , vi los primeros indios é á Colom en
la corte de los Reyes Cathólicos), ginco
prefetos ó reyes, que los indios llaman
cagiques , que mandaban y señoreaban
TOMO I.
toda la isla ; debaxo de los quales avia
otros cagiques de menor señorio, que
obedesgian á alguno de los ginco pringi-
pales. E assi todos cinco eran obedesgi-
dos de los inferiores que mandaban , ó
eran de su jurisdigion é señorio , é aque-
llos menores venian á sus llamamientos
de paz ó de guerra como los superiores
ordenaban , é mandábanles lo que que-
rían. Los nombres de los ginco eran es-
tos: Guarionex, Caonabo, Behechio, Goa-
canagari, Cayacoa. Guarionex tenia todo
lo llano é señoreaba mas de sessenta le-
guas en el medio de la isla. Behechio te-
nia la parte occidental é la tierra é pro-
vingia de Xaragua, en cuyo señorio cae
aquel gran lago de que en adelante se
dirá. El cagique ó rey Goacanagari tenia
su señorio á la parte del norte , donde y
en cuya tierra el almirante dexó los treyn-
ta y ocho chripstianos , quando la prime-
ra vez vino á esta isla. Cayacoa tenia la
parte del oriente desta isla hasta esta cib-
dad é fasta el rio de Hayna , é hasta don-
de el rio Yuna entra en la mar, ó muy
poco menos ; y en fin era uno de los ma-
yores señores de toda esta isla , é su gente
era la mas animosa por la vegindad que
tenia de los caribes. Y aqueste murió
desde á poco que los chripstianos comen-
garon á le hager la guerra ; é su muger
quedó en el Estado , é fué después chrips-
tiana, y se llamó Inés de Cayacoa.^' El
rey Caonabo tenia su señorio en las sier-
ras , y era gran señor y de mucha tierra .
Este tenia un cagique por su capitán ge-
neral en toda su tierra , é la mandaba en
su nombre, que se degia Uxmatex; el
qual era vizco ó visojo, y era tan va-
liente hombre que le temían todos los
otros cagiques é indios de la isla. Este
Caonabo casó con Anacaona, hermana
del cagique Behechio , é seyendo un ca-
ribe pringipal , se vino á esta isla como
capitán aventurero , y por el ser de su
persona se casó con la susodicha , é hizo
66
HISTORIA GEINERAL Y NATURAL
su principal assiento donde agora está
la villa de Sanct Juan de la Maguana , é
señoreó toda aquella provincia.
Nunca avia ni acaescian guerras ó di-
ferencias entre los indios desta isla sino
por una destas tres causas : sobre lo"s
términos é jurisdigion , ó sobre las pes-
querías, ó quando de las otras islas ve-
nían indios caribes flecheros, á saltear. Y
quando estos extraños venian, ó eran
sentidos, por muy enemigos é diferentes
que los príncipes ó principales caciques
desta isla estuviessen , luego se juntaban
y eran conformes , y se ayudaban contra
los que de fuera venian.
CAPITULO V.
Que Irada del lago de Xarag-ua, y de olro lago que eslá en las sierras é cumbres mas altas desta isla,
y de la forma de la gente que en esta isla se halló, é con qué armas peleaban; y qué gente son los ca-
ribes flecheros , y de la Santa Vera Cruz de la Concepción de la Vega.
wuiero aquí declarar qué cosa es el la-
go de Xaragua , y qué tal es el que está
en las cumbres é sierras mas altas de
aquesta isla , é quién son los indios cari-
bes que nombré de suso , é todo lo que
contiene el título deste quinto capítulo,
porque todas estas cosas son muy nota-
bles. El lago de Xaragua comienca á dos
leguas de la mar, cerca de la villa de la
Yaguana ; é dícese de Xaragua, porque
assi llaman los indios á la provincia en
que él está. Extiéndese al oriente, y en
algunas partes tiene de ancho tres le-
guas , y en todo lo demás es de dos y de
una legua , é algo mas é menos. Es sa-
lado assi como la mar, porque es un ojo
que se hace é sale della, puesto que en
algunas entradas de rios é arroyos es
dulce. Hay en él todos los pescados que
hay en la mar, excepto vallenas é otros
de los muy grandes : é aun también hay
tiburones que son bien grandes, é otras
muchas diferencias de pescados, é mu-
chas tortugas , que llaman los indios hi-
coteas. Y en el tiempo que esta isla es-
tuvo muy poblada, estuvo poblado por
toda la costa este lago de todas partes.
El año de mili y quinientos y quince, yo
anduve por toda su longitud , y hallé mu-
chos indios que á par deste lago vivian
en muy hermosos asientos. Terna este la-
go , desde donde está mas cerca de la mar
fasta donde está mas metido en la tier-
ra , diez y ocho leguas ; y es de muchas
pesquerías , á causa de lo qual era muy
poblado , porque el pescado es el man-
jar á que los indios son mas inclinados.
El otro lago , que dixe que está en las
cumbres é sierras de aquesta isla , es una
gran novedad é cosa muy notable para
mirar en ella ; y aunque en esta isla hay
algunos que hablan en él , pocos son é
muy raros los que le han visto. Y llega-
do al cabo esto, solo uno he visto que
mas se deba creer , porque es buena per -
sona y hoy vive y es vecino desta cib-
dad de Sancto Domingo : el qual dice
que en tiempo de la gobernación del co-
mendador mayor, don frey Nicolás de
Ovando, y por su mandado, este hom-
bre y otros chripstianos fueron á aquellas
sierras altas, donde nasce el rio de Nicao,
en especial adonde vivía el cacique Biau-
tex , que estaba al pie de la sierra mas
alta : hasta el qual cacique ó asiento hay
desde aquesta cibdad de Sancto Domin-
go quince ó diez y seys leguas , é por
aquella parte no se puede subir á la di-
cha sierra , porque está allí tan áspera y
derecha que no es possible subir arriba.
Pero por la otra parte, á la banda del
norueste , este hombre , llamado Pedro
DE INDIAS. LIB. III. CAP. V.
67
de Lumbreras , subió á ver este lago , é
con él otro hidalgo, llamado Mexia, é con
ellos hasta seys indios gandules é bien
dispuestos ; pero quando fueron gerca de
la altura se quedaron el Mexia é los in-
dios, assi como comengaron á oyr el ruy-
do que en lo alto sonaba. E como esto
vido Pedro de Lumbreras , dixo al Mexia
que por qué no andaba , y le respondió
que porque de cansado é muerto de frió
no podia yr adelante ; y él por esto no
dexó de proseguir su camino , aunque
muy cansado é con mucho frió, por la
altura grande que hay en aquella monta-
ña. E ya que avian seguido por un rio
que hay entre aquellas sierras, que se
dige Pañi, y que el rio seguia otra via é
se apartaba por el través, siguió Pedro
de Lumbreras por la Cuesta Rasa que lla-
man, que está de la parte que he dicho
del norueste ; é llegó muy cansado é des-
mayado quasi á la sumidad é mas alta
parte de las cumbres , é descansó allí un
poco , no dexando de se encomendar á
Dios, segund el mucho espanto que avia
tomado del estruendo que andaba en lo
alto. E porfió por subir arriba, y llegó has-
ta en fin de todo lo que se pudo subir,
por un camino muy dificultoso é que con
mucho trabajo se pudo andar; y llegado
allá, vido una laguna que á su paresger
dige que seria de tres tiros de ballesta
en luengo ó longitud , é ternia de ancho
la tergia parte de lo que he dicho. Y es-
tuvo mirando este lago tanto espagio
quanto se podrían degir tres credos. Di-
ge Pedro de Lumbreras que era tanto el
ruydo y estruendo que oia, que él es-
taba muy espantado , é que le paresgia
que no era aquel estruendo de voges hu-
manas , ni sabia entender qué animales
ó fieras pudiessen hager aquel horrible
sonido. En fin que como estaba solo y
espantado, se tornó sin ver otra cosa. Yo
le he preguntado si avia llegado al agua,
é si era dulge ó salada , y él me dixo que
no llegó á ella con doge ó quinge passos,
y que visto lo que es dicho , Pedro de
Lumbreras se tornó en busca de aquel
Mexia é de los indios que avia llevado.
Assi que esto es lo que mas se sabe de
aqueste lago , del qual hay derramadas
por esta isla muchas novelas que yo no
creo, ni son para escrebir sin mas gerti-
ficagion dellas.
Vengamos á los caribes flecheros. Es-
tos viven en las islas comarcanas, y la
pringipal isla desta gente fué la isla de
Boriquen, que agora se llama Sanct Juan,
é las otras gercanas della, assi como
Guadalupe , la Dominica, Matinino y Ci-
buqueyra , que agora se dige Sancta Cruz,
é las de aquel paraje. E de aquellas ve-
nían en sus canoas con arcos y flechas á
saltear por la mar , é á hager la guerra á
la gente desta isla de Hay ti. Son aquellos
flecheros mas denodados é valientes que
los desta isla , porque solamente avia, en
ella flecheros en una parte solaóprovin-
gia que se dige de los Ciguayos, en el
señorio de Caonabo ; mas no tiraban con
hierva ni la sabian hager.
Créese que estos antiguamente vinie-
ron de alguna de las islas gercanas de los
flecheros , que hay muchas , como he di-
cho ; y por la antigüedad avian olvidado
su lengua y hablaban la desta tierra,
aviendo dexado la suya. E si esto no es
por aventura, para se defender de sus
enemigos , aprendieron á usar sus armas
mismas: los que son caribes tiran con
hierva é muy mala. Mas yo tengo quasi
por naturales armas, ó por las mas anti-
guas las flechas. Aunque dige Plinio ' que
el arco y las saetas halló primero Scy-
the , hijo de Júpiter , otros digen que las
saetas las halló Perseo , hijo de Perseo;
pero yo tengo que es muy mas antigua
i Libro VII, capítulo LVI.
68
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que lo que di^e Plinio el arco y las fle-
chas ; pues que Lamech , el qual fue pa-
dre del patriarcha Noé, en la primera
edad mató á Caim con una flecha ó saeta
que le tiró. Aver muerto Lamech á Caim
él lo confiesa ' ; pero no dige con qué ar-
ma. Mas en aquel Suplemento de chróni-
cas dige que engañado Lamech por un mo-
chacho, le tiró con el arco: y aquella Chró-
nica theutónica , que tracta desde el prin-
cipio del mundo, áige assi: Cumque Caim
confectus essei sénior , el inter fructifera
aliquando sederet , á pronepote suo Lamechy
qui senectutis vitio cecus factus, dum vena-
tioni Í7isisteret,pueri ductoris suasu credens
Caim feram , sagita occisus fuit. Por las
quales auctoridades digo que las flechas
ó saetas son las mas antiguas armas de
todas , ó quasi naturales , y como tales
naturalmente pudieron estas gentes sal-
vages venir en conogimiento dellas.
Tornando á nuestro propósito, digo que
la color desta gente es lora : son de me-
nor estatura que la gente de España co-
munmente ; pero son bien hechos é pro-
porcionados , salvo que tienen las frentes
anchas é las ventanas de las narices muy
abiertas, é lo blanco de los ojos algo
turbio. Esta manera de frentes se hage
artificialmente; porque al tiempo que
nasgen los niños, les aprietan las ca-
begas de tal manera en la frente y en
el colodrillo, que como son las cria-
turas tiernas , las hacen quedar de aquel
talle, anchas las cabegas delante é de-
tras, é quedan de mala gragia. Andan to-
dos desnudos é no tienen barbas, an-
tes por la mayor parte son lempiños.
Las mugeres andan desnudas, é desde
la ginta abaxo traen unas mantas de
algodón fasta la mitad de la pantorrilla;
é las cagicas é mugeres pringipales hasta
los tobillos: las tetas é lo demás, desde
la ginta arriba, está descubierto. Este há-
bito trayan las que eran casadas ó ha-
blan conosgido varón ; pero las dongellas
vírgines ninguna cosa trayan destas
mantas ( que llaman naguas) sino de to-
do punto toda la persona desnuda. Hay
algunas de buenas disposigiones : tienen
muy buen cabello ellas y ellos , y muy
negro é llano y delgado : no tienen bue-
nas dentaduras.
Después que los chripstianos vinieron,
tomaron de su conversación alguna ver-
güenza estas gentes, é pusiéronse los
indios unas pampanillas , que es un pe-
dazo de lienzo ó de paño tamaño como
una mano , delante de sus vergonzosas
partes; pero no con tanto aviso puesto,
que se les dexe de ver quanto debrian
encobrir.
Pelean con macanas los indios de esta
isla , que son unos palos tan anchos co-
mo tres dedos ó algo menos , é tan luen-
gos como la estatura de un hombre con
dos filos algo agudos; y en el extremo
de la macana tiene una manija , é usaban
dellas como de hacha de armas ' á dos
manos: son de madera de palma muy
regia y de otros árboles. Plinio dige^que
los africanos fueron los primeros que fi-
gieron batalla contra los egipgios con
magas de leña, las quales se llaman js/ia-
lange: lo qual me paresge que es lo
mesmo que las macanas, no obstante
que los latinos llaman phalange al esqua-
dron de gente de pie, puesta en orde-
nanga. Y deste nombre phalange tam-
bién hay una araña ponzoñosa, y el latino
dige assi mismo phalanga sive palanga por
la palanca ; y esto es lo que quiere degir
Plinio , y á lo que paresge la macana ó
arma destos indios. Assi mismo pelean
con varas arrojadizas como dardos , é al-
gunas mas delgadas que dardos y agu-
das las puntas, que para entre gente
desnuda son assaz peligrosas, é aun pa-
\ Génesis, capítulo IV.
2 Lib. Vil, cap. LVI.
DE INDIAS. LIB. III. CAP. V.
69
ra donde no fallaren buena resistengia;
porque las que son de palmas, desgra-
nan, después que han herido: que es ma-
dera muy cruda, hilosa y enconada, é
se quiebra fácilmente, tomándola de tra-
vés: en fin, que es leña que sobre ser
muy regia se desgrana , é salen rajas del-
gadas della , que son peores después que
la llaga pringipal, fasta sacarlas.
Quanto á la sancta Vera Cruz de la
gibdad de la Congepgion de la Vega , es
de saber que el segundo viaje que el al-
mirante don Chripstóbal vino á esta isla,
mandó á veynte é tantos hombres que
fuessen á cortar un buen palo derecho y
alto é bien hecho. E los mas de aquellos,
á quien lo mandó , eran hombres de la
mar, é fué con ellos Alonso de Valengia
que hoy vive en esta gibdad ; é cortaron
un árbol gruesso é redondo , é de lo mas
alto del cortaron un tronco que atra-
vesaron hagiéndolo cruz , la qual será de
diez é ocho ó veynte palmos de alto. Afir-
man muchos é tienen por cosa pública é
gierta que ha hecho miraglos después acá,
y que el palo desta cruz ha sanado á mu-
chos enfermos; y es tanta la devogion,
que los cripstianos en ella tienen que
hurtan muchos pedazos é astillas della,
assi para llevar á España como á otras
partes : y es tenida en mucha veneragion,
assi por sus miraglos , como porque en
tanto tiempo como estuvo descubierta,
jamas se pudrió ni cayó, por ninguna
tormenta de agua ni viento , ni jamas la
pudieron mover de aquel lugar los in-
dios, aunque la quisieron arrancar, tiran-
do della con cuerdas de bexucos mucha
cantidad de indios ; de lo qual espanta-
dos ellos la dexaron estar donde agora
está , como avisados de arriba ó del gie-
lo de su deydad. Y como cosa sancta y
á ellos de mucha admiragion , no osaron
porfiar en la arrancar de donde estaba,
antes viendo como los chripstianos tie-
nen en la cruz mucha reverengia, é
acordándose que aquella alli hincada no
eran bastantes tantos hombres á la me-
near ni quitar de aquel lugar, la mira-
ban con acatamiento y respeto y se hu-
millaban á ella de ahy adelante.
CAPITULO VI.
De la venida del comendador Francisco de Bobadilla á gobernar esta Isla Española , é de cómo envió
preso en grillos al almirante don Chripstóbal Colom y al adelantado don Bartolomé é don Diego, sus her-
manos, con él ; é de los muchos indios que ovo en esta isla y las causas por qué se murieron ó son quasi
acabados.
JLstuvo el almirante en esta goberna-
gion hasta el año de mili é quatrogientos
noventa y nueve que los Cathólicos Re-
yes don Fernando é doña Isabel muy
enojados , informados de lo que passaba
en esta isla y de la manera que el al-
mirante don Chripstóbal Colom é su her-
mano el adelantado don Bartolomé te-
nian en la gobernagion, acordaron de
enviar por gobernador desta isla á un
caballero, antiguo criado de la casa real.
hombre muy honesto y religioso , llama-
do Frangisco de Bobadilla , caballero de
la orden militar de Calatrava. El qual
llegado á esta gibdad , luego prendió al
almirante é á sus hermanos el adelanta-
do don Bartolomé é don Diego Colom,
y los fizo embarcar en sendas caravelas,
y en grillos fueron llevados á España y
entregados al alcayde ó corregidor de la
gibdad de Cádiz , hasta tanto que el Rey
é la Reyna mandassen lo que fuesse su
70
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
servigio gerca de su prisión y méritos.
Quieren degir que al comendador Boba-
dilla no le mandaron prender al almi-
rante, ni avia venido sino por juez de
residencia, é para se informar del alza-
miento de Roldan é sus consortes ; pero
en fin , mandándoselo ó no , él prendió
al almirante é sus hermanos é los envió
á España. Y quedó en el cargo y gober-
nagion de aquesta isla este caballero é
la tuvo en mucha paz é justigia fasta
el año de mili é quinientos'y dos años,
que fué removido y se le dio ligengia
para tornar á España, aunque no fué su
ventura de llegar á Castilla.
E assi como este caballero llegó á es-
ta isla , luego el Roldan que estaba apar-
tado del almirante , escribió al comen-
dador, é se vinieron él é los otros
chripstianos que con él estaban en la
provincia de Xaragua, á le servir y estar
en la obediencia que debian á los Reyes
Cathólicos, cuyos vassallos eran. Y este
Bobadilla envió muchas quexas é in-
formaciones contra el almirante é sus
hermanos, sinificando las causas que
le movieron á los prender; pero las
mas verdaderas quedábanse ocultas , por-
que siempre el Rey é la Reyna quisieron
mas verle enmendado que maltratado.
Pero diré lo que entonces algunos le
oponían, para culparle. Degiase que avia
querido tener secreto el descubrimiento
de las perlas , é que nunca lo escribió
fasta que él sintió que en España se sa-
bia ; é avian ido á la isla de Cubagua cier-
tos marineros llamados los Niños ^ é que
aquesto lo hacia á fin de capitular de
nuevo. Decian assi mismo que era muy
soberbio é ultrajoso é que tractaba mal á
los servidores é criados de la casa real,
é que mostraba ser absoluto , é que no
obedescia de las cartas é mandamientos
de sus Reyes, sino aquello quél quería,
é que con lo de demás dissimulaba éha-
gia su voluntad.
Todo esto cuentan otros de oti^a ma-
nera , é dicen que la muestra de las pri-
meras perlas que se ovieron , la envió el
almirante á los Reyes Cathólicos, luego
que las descubrió, con un hidalgo dicho
Arroyal; y lo mas gierto de todo fué
que nunca faltaron en el mundo mur-
muradores y envidiosos. Y como esta
tierra está lexos de su rey, é los que
acá vienen son fijos de diferentes pro-
vincias é contrarios desseos é opiniones;
assi siéntenlas cosas díferenciadamente.
Unos con buen celo del servicio de Dios
y del Rey, paresciéndoles que el almirante
usaba absolutamente en la justicia y en
todo lo demás, aunque la voz fuesse en
nombre de los Cathóhcos Reyes, no qui-
sieran tanta riguridad: otros por diver-
sos fines ó passiones , pintáronle de tal
manera con sus cartas, que por orde-
narlo assi Dios, se efectuó la prisión del
almirante é de sus hermanos , é los lle-
varon á España segund he dicho. A esto
dio mucho lugar la poca paciencia del
almirante y estar muy mal quisto y en
possesion de crudo.
Llegado en España , assi como el Rey
é la Reyna lo supieron, enviaron á mandar
que lo soltassen á él é á sus hermanos é
que se fuessen á la corte , é assi lo ficie-
ron. E assi como fué suelto el almirante,
fué á besar las manos al Rey é á la Reyna,
é con lágrimas refirió sus desculpas lo
mejor que él pudo: é después que le
oyeron, con mucha clemencia le consola-
ron é le dixeron tales palabras que él
quedó algo contento. Y como sus servi-
cios eran tan señalados, aunque en al-
go se oviesse dessordenado , no pudo
comportar la Real Magostad de tan agra-
descidos príncipes que el almirante fues-
se maltratado ; é por tanto le mandaron
luego acudir con todas las rentas é de-
rechos que acá tenia, que se los ha-
blan embargado é detenido, quando
fué preso. Pero nunca mas dieron lu-
DE INDIAS. LIB. III. GAP. VI.
71
gar que tornasse al cargo de la gober-
nación.
Mas como era prudente hombre , lue-
go que á España fué con las nuevas del
primero descubrimiento, suplicó á los
Reyes Cathólicos que oviessen por bien
que sus hijos el príncipe don Juan los
regibiesse por pajes suyos. Los quales
eran don Diego Colom, hijo legítimo é
mayor del almirante, é otro su fijo don
Fernando Colom que hoy vive. El qual
es virtuoso caballero ; y demás de ser de
mucha nobleza, é afabilidad, é dulge
conversación , es doto en diversas sgien-
Cias , y en espegial en cosmographia ; é de
quien la Cathólica Magestad hage cuenta
méritamente como de tan buen criado y
servidor, porque losservigios del almiran-
te, su padre, assi lo piden. E assiel prín-
cipe don Juan tracto bien á estos sus hijos,
y eran del favores^idos , é anduvieron en
su casa hasta que Dios le llevó á su glo-
ria en la cibdad de Salamanca, año de
mili é quatrogientos noventa y siete
años.
Assi que tornando á la historia , des-
pués que el almirante fué perdonado, no
le tractaron menos bien el Rey é la Reyna
que primero ; é como era sabio , procuró
por todas las vias que él pudo de tornar
á la gragia de aquellos buenos príncipes,
y que le diessen ligengia de volver á es-
tas Indias. Pero como eran muchas las
quexas que ovo contra él, no lo pudo
acabar tan ayna ; y en tanto gobernó es-
ta isla el comendador Bobadilla fasta el
año de mili é quinientos y dos , segund
he dicho : en el qual tiempo se sacó mu-
cho oro en las minas desta isla , porque
avia muchos indios que andaban en ellas,
sacándolo para los cripstianos é para los
Reyes Cathólicos , que también manda-
ban tener sus proprias hagiendas é gran-
jerias en su real nombre.
Todos los indios desta isla fueron re-
partidos y encomendados por el almiran-
te á todos los pobladores que á estas par-
tes se vinieron á vivir ; y es opinión de
muchos que lo vieron é hablan en ello, co-
mo testigos de vista, que falló el almirante,
quando estas islas descubrió, un millón de
indios é indias ó mas, de todas edades, ó
entre chicos é grandes : de los quales to-
dos é de los que después nasgieron , no se
cree que hay al presente en este año de mili
é quinientos y quarenta é ocho, quinien-
tas personas entre chicos é grandes que
sean naturales é de la progenie ó estirpe
de aquellos primeros. Porque los masque
agora hay, son traydos por los chripstia-
nos de otras islas ó de la Tierra-Firme,
para se servir dellos; pues como las mi-
nas eran muy ricas , y la cobdigia de los
hombres insagiable, trabajaron algunos
excesivamente á los indios : otros no les
dieron tan bien de comer como convenia;
é junto con esto , esta gente de su natu-
ral es ogiosa é vigiosa , é de poco traba-
jo , é melancólicos , é cobardes , viles é
mal inclinados, mentirosos é de poca
memoria , é de ninguna constangia. Mu-
chos dellos, por su passatiempo, se mata-
ron con pongoña por no trabajar , y otros
se ahorcaron por sus manos proprias , y
á otros seles recresgieron tales dolengias,
en espegial de unas viruelas pestilengia-
les que vinieron generalmente en toda la
isla, que en breve tiempo los indios se
acabaron.
Dieron assi mismo gran causa á la muerte
desta gente las mudangas que los gober-
nadores é repartidores figieron de estos
indios ; porque andando de amo en amo
é de señor en señor, é passando los de
un codigioso á otro mayor , todo esto fue
unos aparejos é instrumentos evidentes
para la total difinigion desta gente, é pa-
ra que , por las causas que he dicho ó por
qualquiera dellas, muriessen los indios. Y
llegó á tanto el negogio , que no sola-
mente fueron repartidos los indios á los
pobladores , pero también se dieron á ca-
n
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
balleros é privados, personas aceptas y
que estaban gerca de la persona del Rey
Cathólico , que eran del Consejo Real de
Castilla é Indias, é á otros. Cosa en la
verdad no para sufrirse , porque aunque
eran personas nobles y de buena congien-
gia , por ventura sus mayordomos é fato-
res que acá andaban con sus indios, los
hagian trabajar demasiadamente por los
desfrutar para los de allá é de acá. Y co-
mo eran personeros é ministros de hom-
bres tan favoresgidos , aunque malhigies-
sen , no los osaban enojar. Por gierto
ningún chripstiano habrá envidia de la
hacienda que assi se allegasse. Ni tam-
poco fue de todo punto la final perdición
de los indios lo que es dicho ; sino per-
mitirlo Dios por los pecados de los des-
comedidos chripstianos que gozaban de
los sudores de aquestos indios , si no los
ayudaron con su dotrina, de manera que
conosQiessen á Dios. Y no tampoco se de-
xaron de juntar con esto, parala permis-
sion divina que los excluyó de sobre la
tierra , los grandes y feos é inermes peca-
dos é abominaciones destas gentes salvajes
é bestiales; al propósito de los quales qua-
dra bien é conviene aquella espantosa é
justa sentencia del soberano y eterno
Dios * : Videns autem Deus quod multa ma-
litia hominum esset in térra , et cuneta co-
gitaíio coráis intenta esset ad malum omni
tempore , poenituit eum quod hominem fecis-
set in térra. E assi con justa causa dixo:
Poenitet enim me fecisse eos : «Pésame de
haber hecho al hombre sobre la tierra.»
De que infiero que no sin grande misterio
tuvo Dios- olvidados tantos tiempos estos
indios , é después quando se acordó de-
llos conforme á la auctoridad de suso,
viendo quanta maligia estaba sobre esta
tierra toda , é que todas las cogitagiones
de los corazones destos en todos tiempos
eran atentas á mal obrar , consintió que
se les acabasen las vidas, permitiendo
que algunos inogentes , y en espegial ni-
ños baptizados se salvassen, é los de de-
mas pagassen. Porque en la verdad, se-
gund afirman todos los que saben estas In-
dias (ó parte dellas), en ninguna pro-
vincia de las islas ó de la Tierra-Firme, de
las que los chripstianos han visto hasta
agora, han faltado ni faltan algunos sodo-
mitas , demás de ser todos idólatras , con
otros muchos vigios , y tan feos , que mu-
chos dellos por su torpeza é fealdad no
se podrian escuchar sin mucho asco y
vergüenza, ni yo los podria escrebir, por
su mucho número é suciedad. E assi de-
baxo de los dos que dixe muchas abomi-
naciones é delictos é diversos géneros
de culpas ovo en esta gente , demás de
ser ingratíssimos é de poca memoria é
menos capacidad. E si en ellos hay al-
gún bien , es en tanto que llegan al prin-
cipio de la edad adolescente ; porque en-
trando en ella, adolescen de tantas culpas
é vicios , que son muchos dellos abomi-
nables. Assi que estos tales hombres, co-
mo dice el Evangelio ^ , en los fructos de-
llos los conoscereis.
Todo esto se ha platicado é disputado
por muchos religiosos é personas de
aprobadas letras é mucha conciencia,
assi de los monesterios é hábitos que acá
hay de Sancto Domingo, é Sanct Fran-
cisco , é la Merced , como de la regla del
apóstol Sanct Pedro ; é muchos perlados
é grandes varones en España han bien
trillado esta materia, para assegurar las
conciencias reales cerca del tractamiento
destos indios ; é assi para poner remedio
en sus ánimas é que se salvassen , como
para que sus personas é vidas se sostu-
viessen. Y especiales é muchos manda-
mientos é provisiones reales se han dado
para los gobernadores é ministros de su
justicia é sus oficiales ; pero yo veo que
i Génesis, cap. VI, vers. V y VI.
2 Malh. VIL
DE INDIAS. LIB. III. CAP. VI.
73
ninguna cosa ha bastado para que esta
gente infelige no se haya consumido en
estas islas, segund he dicho. Y desta cul-
pa no quiero señalar á ninguno de los
que acá han estado ; mas sé que lo que
los frayles dominicos degian lo contrade-
Cian los frangiscos, pensando que lo que
aquellos porfiaban era mejor ; y lo que
los franciscos amonestaban, negaban los
dominicos ser aquello tan seguro como
su opinión. Y después andando el tiem-
po, lo que tenian los dominicos lo defen-
dian los franciscos ; y lo que primero
alababan los frángiscos, ellos mismos lo
desecharon y lo aprobaban entonces los
dominicos. De forma que una misma opi-
nión é opiniones tuvieron los unos é los
otros en diversos tiempos ; pero á la con-
tinua muy diferentes en cada cosa de to-
das ellas : quiero degir , que en lo que los
unos estaban, nunca los otros venian en
ello en un mismo tiempo. Ved como ager-
taria á entender esta cosa quien la escu-
chaba , ó á qual parte se avia de acostar
el lego que avia de escoger lo que mejor
fuesse para su congiengia , viendo que lo
de antaño era el año venidero malo , é
lo malo tornaba á ser alabado. Y estas
cosas son peligrosas , no tan solo á los
que nuevamente vienen á la fé , pero aun
á los que son chrisptianos castizos po-
drían poner en muchos escrúpulos ; pues
vian que los unos frayles no los querían
oyr de penitengia, si no dexaban á los in-
dios, é los otros padres religiosos [de la
contraria opinión los oyan é daban los
sacramentos .
Yo digo lo que vi. Esto no quiero tan-
to hagerlo de la cuenta ó culpa de tan
buenos religiosos como ha ávido é hay
en esta isla é Indias , como de la propria
infeligidad é desaventura de los mismos
indios y (mejor digiendo), este secreto es
para el mismo Dios, que no hage cosa
injusta, ni permite que estas cosas de
tanto peso sean sin misterio grande. Ni
TOMO I.
es de pensar que los religiosos todos , ni
alguno dellos, dirian cosa que no pensas-
sen ser buena ó qual convenia á la buena
reformagion y seguridad de las congien-
gias de los chripstianos , ó por evitar la
perdigion de los indios. Ni quiero exten-
derme á mas en esta materia ; porque yo
ya me he fallado dos veges en España á
jurar por mandado de los señores de
Consejo Real de Indias lo que me pares-
ge é siento del ser é capagidad destos in-
dios é de los de Tierra-Firme (quanto á
aquellas partes donde yo he andado ) : é
la una vez fue en Toledo , año de mili é
quinientos é veynte y ginco, y la otra en
Medina del Campo el año de mili é qui-
nientos y treinta é dos años: é assi lo
juraron otras personas señaladas, é cada
uno creo que mirarla su congiengia en lo
que dixesse, atentólo que le fué pre-.
guntado é mandado por aquellos señores
que declarasse. Y en verdad que si aquel
mismo dia ó dias en que lo juré yo estu-
viera en el artículo de la muerte , aquello
mismo dixera. Assi que yo me remito á
estos religiosos dotos, después que estén
acordados : y entre tanto esté sobre aviso
quien indios tuviere para los tratar como
á próximos , é vele cada qual sobre su
congiengia. Aunque ya en este caso
poco hay que hager en esta isla y en
las de Sanct Juan , é Cuba , é Jamáyca,
que lo mismo ha acaesgido en eílas , en la
muerte é acabamiento de los indios que
en esta isla. Y agora que son acabados,
podrán estos padres religiosos , como avi-
sados de la experiengia que tienen de las
cosas que aqui han passado , mejor degi-
dir é determinar lo que conviene hagerse
con los otros indios que están por sojuz-
gar en aquellos muchos rey nos é provin-
gias de la Tierra-Firme : que para mí, yo
no absuelvo á los chripstianos que se han
enriquesgido ó gozado del trabajo destos
indios , si los maltractaron ó no higieron
su diligengia para que se salvassen. Ni
10
74
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
quiero pensar que, sin culpa de los indios,
los avia de castigar é casi assolar Dios en
estas islas , seyendo tan viciosos é sacri-
ficando al diablo, é hagiendo los ritos é
gerimonias que adelante se dirán. E por-
que decirlas todas seria cosa imposible,
diré algunas de las que á mi notigia é de
otros muchos son "notorias , é por aquello
se podrá entender lo demás, quando á
esta materia volvamos.
CAPITULO VIL
De la venida del comendador mayor de Alcántara, don frey Nicolás de Ovando, el qual gobernó esla isla,
c de la partida del comendador Francisco de Bobadilia, el qual con toda la flota se perdió en la mar con
mucho oro , é del aviso que dio el almiraiite al comendador mayor, para que no dexasse salir la flota desle
\>ucrto, como hombre que conoscia la disposición del tiempo. E por no le creer ni dexar entrar aqui, se per-
dió el armada é mucha gente.
A la sa^on que el comendador de La-
rez , don frey Nicolás de Ovando , de la
Orden é caballería militar de Alcántara,
passó é esta cibdad é isla , no era co-
mendador mayor de su Orden : que des-
pués estando acá, vacó la encomienda ma-
yor de Alcántara por muerte de don
Alonso de Santillan , y el Rey Gathólico
le envió el título é merged de la enco-
mienda mayor al dicho comendador de
Larez que acá estaba algunos años avia.
Y por tanto no le llamaré en todo lo que
del se tractáre sino comendador mayor.
El qual, por mandado del Rey é Reyna
Cathólicos, vino á esta isla con treynta na-
ves é caravelas é muy hermosa armada,
é vinieron con él muchos caballeros é hi-
dalgos é gente noble de diversas partes
de los rey nos de Castilla é de León.
Porque en tanto que la Cathólica Reyna
doña Isabel vivió, no se admitían ni de-
xaban pasar á las Indias sino á los pro-
prios subditos é vasallos de los señoríos
del patrimonio de la Reyna , como quie-
ra que aquellos fueron los que las Indias
descubrieron , é no aragoneses , ni cata-
lanes, ni valengianos, ó vasallos del pa-
trimonio real del Rey Gathólico. Salvo
por especial merged , á algún criado é
persona conosgida de la casa real se le
daba ligengia, no seyendo castellano;
porque como estas Indias son de la coro-
na é conquista de Gastilla, assi quería la
sereníssima Reyna que solamente sus
vassallos passassen á estas partes é no
otros algunos, si no fuesse por les fager
muy señalada merged ; é assi se guardó
fasta el fin del año de mili é quinientos
é quatro que Dios la llevó á su gloria.
Mas después el Rey GathóUco, gober-
nando los reynos de la sereníssima Rey-
na doña Juana, su fija, nuestra señora, díó
licencia á los aragoneses é á todos sus
vassallos que passassen á estas partes con
ofigios é como le plugo. Y después la
Gesárea Magestad extendió mas la li-
gencia , é passan agora de todos sus se-
ñoríos é de todas aquellas partes , é vas-
sallos que están debaxo de su monar-
chia.
Partió pues el comendador mayor des -
de España, año de mili é quinientos y dos
años , é llegó á esta cibdad de Sancto
Domingo á quinge de abril de aquel año,
estando poblada esta vegindad de la otra
parte desterioOgama. E luego fué obedes-
cido por gobernador; y el comendador
Bobadilia, que lo avia seydo, dio orden
en su partida , porque los Reyes Gathóli-
cos le removieron del cargo é le dieron
ligengia que se fuesse á España, tenién-
dose por muy servidos del en el tiempo
que acá estuvo, porque avia retamenteé
como buen caballero hecho su ofigio en
todo lo que locó á su cargo. E assi se
partió para Gastilla en la flota é armada
DE INDIAS. LIB. III. CAP. Vil.
/o
en que avia venido el comendador ma-
yor ; mas como avian sacado mucho oro,
llevábanse en aquel viaje sobre gien mili
pesos de oro fundido é marcado , é algu-
nos granos gruesos por fundir , para que
en España se viessen. Porque aunque ya
otras ve^es se avia llevado oro para los
Reyes Cathólicos é de personas particu-
lares , nunca hasta entonces en un viaje
avia ydo tanto oro juntamente, fundido ó
por fundir y en algunos granos señala-
dos , entre los quales yba un grano que
pesaba tres mili é seysgientos pesos de
oro ; é al paresger de hombres entendi-
dos y expertos mineros , degian que no
tenia de piedra tres libras , que son seys
marcos, que montan tresgientos pesos.
Assi que descontado lo que podría aver
de piedra , quedaria el grano en tres mili
ó tresgientos pesos de oro , y era tan
grande como una hogaga de Utrera. Y
porque dixe en la memoria que escribí
en Toledo , año de mili é quinientos é
veinte y ginco años , que este grano pe-
saba tres mili é dosgientos pesos , é aque-
llo se escribió sin ver mis memoriales , é
teniéndome atrás de lo que pudiera degir
en muchas cosas , ahora digo , pues es-
toy donde hay muchos testigos vivos que
vieron aquel grano , que pesaba algo mas
de tres mili é seysgientos pesos , segund
que dixe de suso , con piedra é oro. El
qual halló una india de Miguel Diaz , del
qual se dixo que fué causa que esta cib-
dad se poblasse aqui de la otra parto des-
te rio ; é porque este tenia compañia con
Frangisco de Garay, quedó el grano por
entrambos , é sobre lo que montó el quin-
to que pertenesgió al Rey , sacados los
derechos , se les pagó la demasía , é que-
dó el grano para el Rey y la Reyna ; é
llevándole en aquella armada, se perdió.
Y era tan grande, que assi como la india
que le halló lo enseñó á los chripstianos
mineros, ellos muy alegres acordaron do
almorzar ó comer un lechen bueno é gor-
do, é dixo el uno dcllos: «Mucho tiempo
ha que yo he tenido esperanga que he de
comer en platos de oro, é pues deste
grano se pueden hager muchos platos,
quiero cortar este lechen sobre él . » E assi
lo hizo ; é sobre aquel rico plato lo co-
mieron, é cabia el lechen entero en
él , porque era tan grande como he
dicho.
Tornando á la historia , partió el co-
mendador Bobadilla en fuerte hora é con
mala ventura , é con él Antonio de Tor-
res , hermano del ama del príngipe , que
era capitán general de la flota en que el
comendador mayor avia venido. Y estan-
do para partir, acaesgió que uno ó dos
dias antes que el armada saliesse deste
puerto , llegó el almirante primero don
Ghripstóbal Colom con quatro caravelas,
que venia á descobrir por mandado de
los Reyes Cathólicos , é traya consigo á
don Fernando Golom, su fijo menor. Y
como llegó á una legua deste puerto de
Sancto Domingo, envió allá el comenda-
dor mayor un batel con ciertos marine-
ros , é créese que estaba avisado de su
venida é aun prevenido para que no en-
trasse aqui. Y como el almirante sintió es-
to , envió á degir al comendador ma-
yor que pues no quería que entrasse en
lo que a\ia descubierto , que fuesse como
lo mandaba : que él no pensaba que de
aquello se servían los Reyes Cathólicos;
mas que le pedia por merged al comen-
dador mayor que no dexase salir el ar-
mada deste puerto , porque el tiempo no
le paresgia bien , y quél se yba á buscar
puerto seguro , pues aqui no le fallaba ni
le acogían. E assi se fué con sus carave-
las á Puerto Escondido y que es en esta
isla á diez leguas desta cibdad de Sancto
Domingo , en la costa ó banda del sur al
occidente , é allí estuvo hasta que passó la
tormenta que adelante diré. Y después
de passada, atravessó desde allí para la
costa de Tierra-Firme , é descubrió lo
76
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
quese dirá adelante en su lugar. Otros vo el almirante hasta que passó la tor-
digen que se fué á Agua, é que allíestu- menta.
CAPITULO VIH.
De lü que descubrieron en la costa de Tierra-Firme los capitanes Alonso de Hojeda y Rodrigo de Bastidas.
m el tiempo que estuvo en España el
almirante primero, se siguió quel capitán
Alonso de Hojeda, con el favor del Obispo
don Juan Rodríguez de Fonseca , que era
pringipal que entendia en la gobernagion
destas Indias , vino á descobrir por la
costa de Tierra-Firme , é truxo su derro-
ta á reconosger debaxo del rio Marañon,
en la provingia de Paiia, é llegó á tomar
tierra ocho leguas engima de donde ago-
ra está la poblagion de Sancta Marta , en
una provingia que se degia Cinta. Y era
allí cagique uno llamado Ayaro, el qual
quedó de pages é muy amigo de los
chripstianos , al qual después tomó por
engaño, éno bien fagiéndolo, otro capitán
dicho Ghripstóbal Guerra. Esto fué año de
mili é quinientos y uno. Pero no fueron
solos estos armadores ; porque el capitán
Rodrigo de Bastidas corrió desdel cabo
de la Vela ( donde el almirante avia lle-
gado quando descubrió la costa de Tier-
ra-Firme) , é passó adelante al poniente,
como se dirá en su lugar. Porque sin cul-
pa mia no podría callar lo que á mi no-
tigia ha venido de lo que señaladamente
ha hecho cada uno en estas partes que
sea digno de acuerdo; por tanto digo que
Rodrigo de Bastidas salió de España año
de mili é quinientos é dos con dos cara-
velas desde el puerto ó bahía de la
cibdad de Cádiz , á su costa é de Juan de
Ledesma é otros sus amigos ; é la primera
tierra que tomaron fué una isla , que por
ser muy fresca é de muy grandes arbo-
ledas , la llamaron Isla Verde , la qual is-
la está á la banda ó parte que hay desde
la isla de Guadalupe hágia la Tierra-Fir-
me, é gerca de las otras islas que en
aquel paraje hay. E de allí levantados
estos navios , fueron por la costa de la
Tierra-Firme , é platicando con los indios
en diversas partes della, ovieron hasta
quarenta marcos de oro , é discurrieron
por la costa, la via del poniente, por de-
lante del puerto de Sancta Marta desde
el cabo de la Vela , é por delante de
rio grande. Y mas adelante descubrió el
mismo capitán Rodrigo de Bastidas el.
puerto de Zamba , é los Coronados , que
es una tierra, donde todos los indios della
traen muy grandes coronas. Y mas al
occidente descubrió el puerto que llaman
de Cartagena, y descubrió las islas de
Sanct Bernaldo é las de Daru , é las que
llaman islas de Arenas , que están en
frente é cerca de la dicha Cartagena. Y
de ahy passó adelante é descubrió á Isla
Fuerte , que es una isla llana dos leguas
de la costa de Tierra-Firme , donde se
fage mucha sal é buena. E mas adelante
está la isla de la Tortuga : esta es muy
pequeña é no poblada : é mas adelante
descubrió el puerto del Cerní , y passó
mas adelante é descubrió la punta de Ca-
ribana, que está á la boca del golpho de
Vrahá , y entro dentro del mismo golpho
é vio los isleos ó farallones que están en
la otra costa frontera junto á tierra en la
provingia del Darien. Y como allí llegó,
acabó de descubrir las giento é treynta
leguas que he dicho , poco mas ó menos,
que hay desde el cabo de la Vela hasta
allí. E quando el agua fué de baxa mar,
hallóla dulge en quatro bragas donde pu-
do estar surgido, é llamó golpho Dulce
aquel que se llama de Vrabá ; pero no vi-
do el rio de Sanct^uan , que también le
DE INDIAS. LIB. III. CAP. VIII.
77
llaman Rio Grande , que entra por siete
bocas ó siete bracos en el dicho golpho,
el qual es causa que se torne dul^e en la
jusente ó menguante el agua de la mar;
y en mas espacio de doge leguas de luen-
go é otras quatro é cinco y en partes seis
de ancho que hay de costa á costa , den-
tro en el dicho golpho de Vrabá ; de lo
qual y del dicho rio se dirán mas parti-
cularidades adelante, porque yo he esta-
do algunos años en aquella tierra En es-
te viaje yba por piloto principal Juan de
la Cosa , que fué muy exgelente hombre
de la mar.
E:i aquel golpho estuvieron estos ar-
madores algunos dias, é como los navios
estaban ya muy bromados é facian mu-
cha agua, acordaron de dar la vuelta é
atravesaron á la isla de Jamáyca , donde
tomaron refresco. Y de alli fueron á la
isla Española , y entraron en el golpho
de Xaragua, é allí perdieron los navios
que no los podian sostener: é salió la
gente en tierra , é fuéronse á la cibdad
de Sancto Domingo , donde fallaron al
comendador Bobadilla , que ya tenia preso
al almirante. E también prendió al di-
cho capitán Bastidas , porque habia res-
catado con los indios de la misma isla
Española, y envióle preso á España en
el mismo navio quel almirante fué lleva-
do ; porque la una prisión é la otra fue-
ron quasi á un tiempo. Pero luego el Rey
é la Reyna le mandaron soltar , é por es-
te servicio que fué grande é fecho á pro-
pria costa del mismo capitán Rodrigo de
Bastidas é otros sus amigos, como he
dicho, los Cathólicos Reyes le Agieron
merced de ginquenta mili maravedís de
juro de por vida en aquella tierra é pro-
vincia del Darien. Todo lo que descubrió
Bastidas en este viaje fasta la punta de
Caribana es de indios flecheros é de la
mas regia gente de la Tierra-Firme, é
tales son desde el cabo de la Vela al
oriente fasta la punta de las salinas é Bo-
ca del Drago ; é todo lo quel primero al-
mirante avia descubierto en Tierra-Fir-
me. E tiran en toda la dicha costa é islas
della con hierva muy mala é inremedia-
ble; é si hay remedio, los chripstianos no
le saben. En su lugar se dirá de qué ma-
nera ó con qué materiales fagen los in-
dios esta ponzoñosa hierva ; é por no me
detener agora en esto, tornaré al almi-
rante é á su descubrimiento.
CAPITULO IX.
Que Iracfa de cómo se perdió el armada con el comendador Bobadilla, é del último viaje é descubrimiento
que fizo el almirante don Chripstóbal Colom en la Tierra-Firme.
JLlicho tengo, en el capítulo VII deste
libro, cómo el almirante llegó gerca del
puerto desta cibdad, viniendo de Es-
paña para yr á descubrir lo que descu-
brió en su último viaje de la Tierra-Fir-
me , yendo á buscar el estrecho quél de-
gia que avia de fallar para passar á la
mar austral ; en lo qual se engañó , por-
que el estrecho quél pensaba ser de mar,
es de tierra , como se dirá adelante. Pe-
ro no le fué dado lugar por el comenda-
dor mayor para que enlrassc en este
puerto desta cibdad de Sancto Domin-
go: por lo qual después el almirante en-
vió á avisar quel tiempo estaba de ma-
nera que le paresgia quel comendador
Bobadilla , é la armada que con él esta-
ba aparejada para yr á España , en nin-
guna manera debia partir desta cibdad;
mas como no se le dio crédito, subgedió
dello lo que aqui diré. Y el almirante,
como prudente nauta, se acogió á Puer-
to Escondido; é passada la tormenta, tiró
su camino para el descubrimiento de la
78
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Tierra-Firme ; é córao ya él tenia notigia
qüel capitán Rodrigo de Bastidas avia
descubierto hasta el golpho de Urabá
(que está en nueve grados é medio, la
punta de Caribana , que es á la boca de
aquel golpho) , passóse adelante á des-
cobrir la costa de Tierra-Firme mas al
poniente ; lo qual en este capítulo se di-
rá , porque no quiero olvidar la muerte
del comendador Bobadilla é del capitán
de la flota, Antonio de Torres, hermano
del ama del príncipe , lo qual passó des-
ta manera.
Partieron estos caballeros de aqueste
rio é puerto desta cibdad de Sancto Do-
mingo, por no aver tomado el consejo del
almirante. E salida el armada á la mar,
ocho ó diez leguas de aqui, dióles tal
tiempo que de treynta naos é caravelas
no escaparon mas de quatro ó ginco , é
dieron al través todas las de demás por
estas costas , é muchas se hundieron é
las tragó la mar, que jamás paresgieron,
é anegáronse mas de quinientos hombres,
entre los quales eran los mas principales
los que tengo dicho , é assi mismo aquel
Roldan Ximenez que se avia algado con-
tra el almirante é adelantado, su herma-
no; é se ahogaron assi mismo otros gen-
tiles hombres hidalgos é muy buens gen-
te. E allí se perdió aquel grano de oro
que dixe que pesaba tres mili é seysgien-
tos pesos, con mas de otros gient mili pe-
sos de oro y otras muchas cosas : assi que
fue muy gran pérdida y mala jornada .
El almirante, como conosgió el tiem-
po, recogióse al Puerto Escondido, el
qual nombre él le puso ; é desde allí,
assi como fué passada la tormenta , atra-
vessó la vuelta de la Tierra-Firme, é no
corrió riesgo, segund paresgió por el efe-
to ; porque descubrió debaxo de lo que
tengo dicho que costeó Bastidas , segund
yo oy á los pilotos Pedro de Umbría é
Diego Martin Cabrera , é Martin de los
Reyes, y á otros que se hallaron en ello.
lo que agora diré. El almirante fué á re-
conosQcr la isla de Jamáyca, y de allí
passó y fué á reconosger el cabo de Hi-^
güeras y las islas de los Guanaoces (una
de las quales se dige Guanaxa) , y fué á
Puerto de Honduras, á la qual tierra lla-
mó é puso nombre Punta de Caxines; é
de allí fué al cabo de Gragias á Dios , y
tiró la vuelta del levante la costa arriba
de Tierra-Firme , y descubrió la provin-
gia é rio de Veragua , é passó á otro rio
grande que está mas al oriente , é llamó-
le rio de Belén. Este está una legua de]
rio que los indios llaman Yebra, que es
el mismo de Veragua ( la qual se cree que
es una de las mas ricas cosas que hay en
todo lo descubierto); y de ahy subiendo
la costa al oriente, llegó á un gran rio , é
llamóle rio de Lagartos. Este es el que
agora los chripstianos llaman Chagre, que
nasge gerca de la mar del sur , aunque
viene á fenesger en la del norte , é passa
á quatro leguas de Pancmá. Y de aUí dis-
curriendo, llegó á una isla que está junto
á la costa de la Tierra-Firme, é llamóla
isla de Bastimentos , é á Puerto Bello , é
de allí passó por delante del Nombre de
Dios (el qual nombre puso después á
aquel puerto el capitán Diego de Nicue-
sa, como se dirá en su lugar). E passó
el almirante al rio de Frangisca é al puer-
to del Betrete ; é de allí subió hasta el
golpho de Secativa , é llamóle golpho de
Sanct Blas ; é subió mas por la costa has-
ta las islas de Pocorosa , é allí llamó el
almirante á aquello el Cabo del Mármol.
Por manera que deste camino , que fué
el último quel almirante fizo á estas par-
tes , descubrió de la Tierra-Firme giento
é noventa ó dosgientas leguas de costa,
poco mas ó menos.
E desde allí atravessó á la isla de Ja-
máyca , la qual está del cabo de Gragias
á Dios la vuelta del nordeste gient leguas.
E allí se le perdieron los dos navios, que
los traya ya muy cansados é bromados;
DE INDIAS. LIB. lil. CAP. IX.
é de quatro que avia llevado , el uno de-
xó perdido en el rio de Yebra (que es en
la provingia de Veragua) , y el otro le de-
xó en la mar, porque no se podia tener
sobre el agua ; porque en aquellas costas
de Tierra-Firme, como hay muchos ó
grandes rios , assi hay mucha broma en
ellos, é presto se pierden los navios.
Pero en treynta dias que atravessaron fué
á reconosger la tierra de Omohaya , que
es en la isla de Cuba de la banda del
sur, quasi al fin de la isla , donde ago-
ra está poblada la villa de la Trinidad : é
desde allí fué á Jamáyca, donde, como
es dicho , perdió los otros dos navios , é
dio con ellos gabordando en la costa don-
de agora digen Sevilla. E desde allí dio
notigia de su venida al comendador ma-
yor, que estaba en esta cibdad de Sáne-
lo Domingo , con una canoa que envió de
indios, y en ella á Diego Méndez, su
criado , que es un hidalgo , hombre de
honra, vegino desta cibdad, que hoy dia
vive. El qual se atrevió á mucho, por ser
la canoa muy pequeña, é porque fágil-
mente se trastornan en la mar tales ca-
noas , e no son para engolfarse ninguno
que ame su vida, sino para la costa é
gerca de tierra. Pero él, como buen cria-
do é homl}re animoso , viendo á su señor
en tanta nesgessidad , se aventuró é de-
terminó é passó toda la mar que hay des-
de aquella isla á esta con las cartas del
almirante, para quel comendador mayor
le socorriesse y enviasse por él. Por el
qual servigio (que en la verdad fué muy
señalado, quanto se puede encaresger) el
almirante siempre le tuvo mucho amor,
é le favoresgió : é sabido por el Rey Ca-
thólico le hizo mergedes , é le dio por ar-
mas la misma canoa, por exemplo de su
lealtad. E sin dubda en aquellos pringi-
pios meterse un hombre en la mar con
sus enemigos, seyendo cc^üo son tan
grandes nadadores y en barca ó passaje
tan peligroso é ingierto , fué cosa de gran-
de ánimo y de señalada lealtad é amor
que á su señor tuvo. Y cómo el comen-
dador mayor vido las cartas del almiran-
te , envió luego una caravela á saber si
era verdad , é para ver de la manera que
estaba el almirante é sentir la cosa , é no
para lo traer. Pero el Diego Méndez com-
pró un navio de los dineros del almirante
é bastegióle y envió por su señor , en que
vino á esta isla , en tanto quel Diego Mén-
dez fué á Castilla á dar notigia al Rey é
Reyna Cathólicos de lo quel almirante
avia fecho en aquel viaje. No es razón
de dexar en silengio lo que al almi-
rante intervino en aquella isla , después
de aver enviado á Diego Méndez á esta,
como es dicho, á dar notigia de su que-
dada allí , porque es cosa memorable y
para ser notado lo que agora diré.
Es de saber que assi de los trabajos
que su gente é marineros avian passado
en este descubrimiento, como en aver
passado por tan diferentes regiones é con
tan malas comidas é falta de reposo , avia
muchos enfermos ; é los que estaban sa-
nos se le amotinaron, indugidos á ello
por dos hermanos que allí yban, llama-
dos Frangisco de Porras , capitán de un
navio de aquellos, é Diego de Porras,
contador de aquella armada: los quales
tomaron todas las canoas que los indios
tenían , é publicaron que el almirante no
quería yr á Castilla , porque les avia di-
cho que esperassen la respuesta de Diego
Méndez y que enviasse navios que los
llevassen á todos. Pero ellos, mal acon-
sejados , no queriendo obedesger su man-
dado , se fueron é metieron en la mar,
pensando atravessar é venir en las ca-
noas á esta Isla Española ; é aunque mu-
chas veges lo tentaron, no pudieron salir
con su intengion : antes porfiándolo, se
anegaron algunos de los compañeros que
á estos seguían; por lo qual acordaron
los que dellps quedaron, de volver donde
el almirante quedaba , con determinagion
80
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de le tomar los navios que le oviessen
venido. Mas en tanto que los algados é
desobedientes entendian en lo que es di-
cho, cobraron salud los que avian que-
dado enfermos y en compañía del almi-
rante, aunque eran pocos en número. Y
como fué entendida la maligia, mandó
el almirante al adelantado don Bartolo-
mé , su hermano , que saliesse al campo
ü resistir el mal propóssito de los contra-
rios : é peleó con ellos é los desbarató é
vcngió é mató tres ó quatro dellos, é otros
muchos quedaron heridos. E aquesta fué
la primera batalla que se sabe aver ávido
entre chripstianos en estas partes é In-
dias; y el Frangisco é Diego de Porras
fueron presos.
Antes que esta batalla é diferengias
subgediessen , como los indios vieron que
los que estaban sanos de los chripstianos
se avian ydo é dexado al almirante , é
que los que con él avian quedado eran
pocos y enfermos no les querían dar de
comer ni otra cosa alguna. E viendo es-
to el almirante, hizo juntará muchos de
los indios é dixoles que si no le daban
de comer á él é á los chripstianos, que
tuviessen por gierto que avia de venir
muy presto una pestilengia tan grande
que no quedasse indio alguno dellos, é
que por señal desto é de la pestilengia é
vertimiento de sangre que avria en
ellos, veri an tal dia (que él les señaló),
é á tal hora, la luna hecha sangre. Esto
dixo él, porque como era gentil astrólo-
go , sabia que avia de ser eclipse de la
luna, quando les avia dicho. Llegado
pues el tiempo , como vieron los indios
eclipsada la luna , creyeron lo que el al-
mirante les avia dicho , é muchos dellos
fueron, dando voges é llorando, á pedir
perdón é rogar al almirante que no estu-
viesse enojado ; é diéronle á él é á los
que con él estaban quanto querían é
avian menester de sus mantenimientos , é
sirviéronle muy bien.
En aquesta manera de vida trabajosa
estuvo el almirante é los chripstianos
que le quedaron un año, durmiendo é
habitando en los navios que estaban al
través , anegados hasta la cubierta dentro
del agua de la mar junto á tierra, é
dentro del puerto donde agora está la
villa de Sevilla, que es la pringipal po-
blagion de aquella isla. E alli gerca fué
la batalla que es dicho , y el puerto se
dige Sánela Gloria. Passado lo que es di-
cho , llegó la caravela que Diego Méndez
envió por el almirante ; y quando se em-
barcaba en ella , lloraban los indios por-
que se yba , porque pensaban que él é
los chripstianos eran gentes celestiales.
Llegado el amirante á esta cibdad de
Sancto Domingo, estuvo algunos dias
descansando aqui; é festejóle el comen-
dador mayor, é túvole en su posada,
fasta que después se partió el almirante
en los primeros navios que fueron á Es-
paña á dar cuenta al Rey Cathólico de lo
que avia fecho en este su postrero des-
cubrimiento de parte de la Tierra-Fir-
me. E de aquel camino después que vol-
vió á Castilla , como ya era viejo y en-
fermo é muy apassionado de gota, mu-
rió en Yalladolid , año de la Natividad
de Ghripsto de mili é quinientos y seis
años , en el mes de mayo , estando el Rey
Cathólico en Villafranca de Valcagar, á la
sagon quel sereníssimo Rey don Felipe é
la sereníssima Reyna doña Juana, padres
de la Cesárea Magostad, nuestros seño-
res, venian á reynar en Castilla. Assi que
muerto el Almirante donde he dicho, fué
llevado su cuerpo á Sevilla al moneste-
rio que está de la otra parte del Guadal-
quivir, llamado las Cuevas, de la Orden
de la Cartuxa, é alli se pusso en depósi-
to. Plegué á Dios de le tener en su glo-
ria'... porque demás de lo que sirvió álos
Reyes de Costilla, mucho es lo que todos
los españoles le deben; porque aunque
en estas partes han padesgido é muerto
DE INDIAS. LIB. III. CAP. IX.
81
muchos dellos en las conquistas é pagi-
ficagion destas Indias , otros muchos que-
daron ricos é remediados ; é lo que me-
jor es, que en tierras tan apartadas de
Europa, é donde el diablo era tan servi-
do é acatado , le hayan los chripstianos
desterrado della, é plantado y exorgitado
la sagrada fé cathólica nuestra é Iglesia
de Dios en partes tan remotas y extra-
ñas é de tan grandes rey nos é señoríos,
por medio é industria del almirante don
Chripstóbal Colom. Y que demás desto,
se hayan llevado é llevarán tantos te-
soros de oro , é plata , é perlas , é otras
muchas riquezas é mercaderías á Espa-
ña: por lo qual ningún virtuoso español
se desacordará de tantos benefigios co-
mo su patria resgibe é han resultado,
mediante Dios , por la mano de aqueste
primero almirante destas Indias. Al qual
subgedió en su título , é casa y Estado el
almirante don Diego Colom , su hijo : el
qual casó con doña María de Toledo , so-
brina del ilustre don Fadrique de Tole-
do, duque de Alva, de buena memoria,
fija de su hermano don Fernando de To-
ledo , comendador mayor de León en la
Orden militar de Sanctiago. En la qual
ovo el almiradte don Diego Colom al
almirante don Luys Colom, que des-
pués heredó su casa y Estado y al pre-
sente lo tiene , é ovo otros fijos en esta
señora.
CAPITULO X.
I)e la gobernación del comendador mayor, don Frey Nicolás de Ovando, é de cómo se passó la vecindad
desla cibdad, que estaba de la olra parte del rio, adonde agora está, y de las iglesias y perlados dellas que
ha ávido y hay en esta isla Española, é de los edificios desta cibdad de Sánelo Domingo y oirás cosas
notables desla Isla.
JL orque en la segunda parte destas his-
torias se continuarán los descubrimientos
de los particulares armadores , solamente
digo que el año de mili é quinientos y
quatro Juan de la Cosa é otros sus con-
sortes passaron con quatro navios á la
costa de la Tierra-Firme, y en ella y
en algunas islas cargaron de brasil y
esclavos. En el qual tiempo también otro
capitán , llamado Chripstóbal Guerra, armó
é passó á la Tierra-Firme á extragar lo que
pudo ; y del mal subgesso de los unos é
los otros se dirá en su lugar convinien-
te: é assi mesmo de la desventurada
muerte del capitán Diego de Nicuesa , y
del primero descubrimiento de la mar
del Sur , hecho por Vasco Nuñez de Bal-
boa, y del mal fin é nombre con que
acabó sus dias. Pero porque todo esto es
del jaez de la segunda parte de la Natu-
TOMO I.
ral é general historia destas Indias, de-
girlo he donde mejor quadre é sea mas
conviniente la relagion dello. E por tan-
to volveré á esta Isla Española é cibdad
de Sancto Domingo , donde llegó el co-
mendador mayor , don Frey Nicolás de
Ovando (estando la poblagion de la otra
parte deste rio), á los quinge del mes de
abril de mili é quinientos y dos años, 6
se fué el comendador Bobadilla con la
armada, segund es dicho , é aquel mismo
año vino el almirante don Chripstóbal
Colom á fager el descubrimiento de Ve-
ragua é parte de la Tierra-Firme ; é apor-
tó después en Jamáyca, do quedaron sus
caravelas perdidas, é vino aquí en el
mes de septiembre de mili é quinientos y
quatro años. Pero lo gierto es que el al-
mirante vino el mismo año é desde á
poco tiempo que el comendador mayor
82
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
acá estaba, porque en los mismos navios
quél vino, se tornaba á España el comen-
dador Bobadiila; é aquellos se perdieron
por no aver tomado el consejo del almi-
rante, segund lo he dicho.
Assi que, tornando á la historia, digo
que después que ahy llegó Colom, veni-
do de Jamáyca, ovo una tormenta que
los indios llaman huracán á los doge
dias del mes de septiembre que derribó
todas las casas é buhios desta cibdad , ó
la mayor parte deltas. Mas porque des-
pués, passados algunos años, ovo otras
dos tormentas ó huracanes mayores de
que mas largamente se dirá adelante , no
diré aqui mas en esto del huracán. E ya
esta cibdad la avia hecho passar donde
agora está el comendador mayor; é de
alli adelante se comentaron á edificar é
labrar casas de piedra é de buenas pa-
redes y edifigios. Pero yo no le pienso
loar aver passado aqui la cibdad, ni
averia quitado de la otra costa ó ribera
deste rio, donde primero fué fundada;
porque en la verdad de nesgessidad se-
ria mas sano asiento é vivir del otro ca-
bo que de aqueste, porque entre el sol
6 aquesta cibdad passa el rio de la Oga-
ma; é assi las nieblas de la mañana, lue-
go quelsol aparesge, las derriba ó trastor-
na sobre esta cibdad. Demás de aqueste
defeto , que es muy grande , el agua de
una muy buena fuente, de donde se pro-
vee la mayor parte desta poblagion, está
en frente della de la otra parte del rio,
ó los que no quieren beber de los pogos
que no son buenos, ó no hagen traer agua
de otras partes lexos , van alli por agua.
E como este rio es muy hondo, no tiene
puente ; é á esta causa , aunque hay una
barca ordinaria que la cibdad paga é
tiene para passar á quantos quisieren yr
ó venir é atravessar el rio á pie ó á ca-
ballo, es menester tener un esclavo ó
mas otros mogos ocupados solamente
en proveer la casa de agua de la dicha
fuente. Assi que grande inconveniente es
también; mas dio lugar á esta inadver-
tengia del comendador mayor ser muy
possible traerse el agua á esta cibdad
desde un rio que se llama Hayna , que
está á tres leguas de aqui, de muy bue-
na agua é pueden fager que venga á la
plaga desta cibdad é á todas las casas
que aqui hay : con lo qual seria una de
las poblagiones muy buenas del mundo,
é assi cessaria el defeto del agua. E tam-
bién pudo caussar la mudanga deste
pueblo que siempre los gobernadores
nuevos quieren enmendar las obras de
los passados, ó dar forma cómo se ol-
vide lo que los antegessores en el ofigio
obraron, para escuresger la fama del que
passó.
Pero con estos inconvinientes que he
dicho desta cibdad, tiene otras cosas bue-
nas. Lo primero está aqui una iglesia ca-
thedral, cuya erecgion se fizo por el Ga-
thólico Rey don Fernando é la sereníssi-
ma Reyna doña Johana , su fija , nuestra
señora; y el primero obispo della fué don
fray Gargia de Padilla, de la Orden de
Sanct Frangisco , el qual no passó á estas
partes , porque vivió poco después que
fué obispo; y el segundo fué el maestro
Alexandro Geraldino. Este fué romano é
buen perlado y -de sana intengion. El ter-
gero obispo desta sancta iglesia é obispa-
do de Sancto Domingo , que hoy tene-
mos , es don Sebastian Ramírez de Fuen-
te Leal , presidente que fué de la Audien-
gia Real que aqui reside, el qual es assi
mismo obispo de la iglesia de la cibdad
de la Concepgion de la Vega, en esta
misma isla de Hayti ó Española , que está
treynta leguas la una cibdad de la otra.
Mas para que mejor se entienda la unión
destas dos iglesias é obispados, es de sa-
ber que quando fué hecho el primero obis-
po desta cibdad, fray Gargia de Padilla,
fué hecho el primero obispo de la cibdad
de la Concepgion de la Vega, don Pero
DE INDIAS. LII3. III. CAP. X.
83
Suarez de Doga. Y aqueste fué el primero
obispo que passó á esta isla é á las In-
dias destas partes ; e después de los dias
de aquel, no proveyeron de obispo de la
Vega á otro alguno. Y estando vacantes
ambas iglesias , la de la Vega en este su
primero obispo, don Pero Suarez de De-
Ca, é aquesta de Sancto Domingo en su
obispo segundo, que fué el maestro Ale-
xandro Geraldino, la Cesárea Magestad
quiso unir entrambas iglesias cathedrales
debaxo de una mitra é solo un obispo , á
causa que, seyendo dos perlados, era poca
renta , é juntas las iglesias, es buena co-
sa. E assi proveyó Su Magestad de per-
lado en quien entrambos obispados esíu-
viessen ; y este fué fray Luis de Figueroa,
prior del moneslerio de la Mejorada , de
la Orden de Sanct Hierónimo, que es una
legua de la villa de Olmedo. Y estando las
bulas concedidas é despachadas por el Pa-
pa el año de mili é quinientos é veynte y
quatro, antes quel despacho viniesse de
Roma, murió el eleto en el monesterio su-
yo que he dicho de la Mejorada; é la Cesá-
rea Magestad después desto hizo la misma
merced, quel mismo eleto tenia, á don
Sebastian Ramírez de Fuente Leal, obispo
que hoy tenemos, en el qual fueron unidas
ambas iglesias en un perlado , é la pre-
sidencia desta Real Audiencia é Changi-
lleria que aqui reside. Y después que en
esta cibdad estuvo un poco de tiempo, le
mandó la Cesárea Magestad que passasse
á la Nueva España con el mismo cargo
de la presidengia, para reformar aquella
tierra. Y esto baste quanto á los perlados,
é fablemos en la propria iglesia : la qual,
de mas de tener las dignidades é canóni-
gos é racioneros que conviene , é todo lo
demás concerniente al servicio del culto
divino , es muy bien edificada en lo que
está fecho, é acabada, será sumptuosa é
tal que algunas de las cathedrales de Es-
paña no le harán ventaja; porque es de
fermosa é fuerte cantería , de la qual hay
aqui assaz canteras ó veneros de piedra
junto á la cibdad, en la costa deste rio,
quanta quieren, E assi está aquesta cib-
dad tan bien edificada , que ningún pue-
blo hay en España, tanto por tanto, mejor
labrado generalmente, dexando aparte
la insigne é muy noble cibdad de Barce-
lona; porque demás deste aparejo grande
que he dicho de la piedra, é toda la bue-
na cal que al propóssito de la fábrica es
menester, hay muy singular tierra para
tapiería , é hádense tales tapias que son
como muy fuerte argamassa. E assi hay
aqui muy buenas é muchas casas princi-
pales , en que cualquier señor é grande
se podria aposentar ; é aun algunas de-
llas son tales que en muy buenos pueblos
de los de España he yo visto la Cesárea
Magestad aposentado en casas no tales,
quanto á la labof deltas, y en muchas que
en sitio é vista no se igualan con estas.
Es aquesta cibdad toda tan llana como
una mesa , é al luengo della , de norte á
sur, passa el rio de la Ogama, que es
navegable, hondo é muy hermoso á cau-
sa de las heredades é jardines é labran-
Cas que en sus costas hay , con muchos
naranjos é cañafístolos é arboledas de fruc-
la de muchas maneras. A la parte que
esta cibdad tiene el mediodía, está la mar
batiendo en ella , de forma quel rio é la
mar cercan la mitad ó mas parte desta
cibdad. E á la parte del poniente é del
norte está la tierra , donde se extiende
mas la población de hermosas calles é
muy bien ordenadas é anchas , é tiene
de parte de la tierra muy hermosos pra-
dos y salidas. En conclusión , que en vis-
ta é asiento y en lo que es dicho no hay
mas qué pedir; puesto que no está tan
poblada ni de tanta vecindad como estu-
vo el año de mili y quinientos é veynte é
cinco , quando yo fize relación á su ma-
gestad desta cibdad en aquel Sumario re-
portorio que escrebí de cosas de Indias,
á causa que lodo lo desta vida sana y
84
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
adolesge ; é uiiiclios que se han hallado
ricos se han ydo á España, é otros á
poblar en otras islas é á Tierra-Firme,
porque desde aqui se ha descubierto é
poblado é proveydo siempre lo mas de
las Indias, como desde cabega é madre
é nudridora de todas las otras partes des-
te imperio. También han sido causa de se
aver ydo mucha gente de aquesta isla las
grandes nuevas que en diversos tiempos
han venido de los descubrimientos nue-
vos del Perú é otras partes : é como los
liombres son amigos de novedades é des-
seaa presto enriquesger , muchos dellos
(en espegial los que ya estaban aqui asen-
tados) han agertado á empobresger, por
no reposar.
El puerto desta cibdad es doge ó quin-
ge pasos de tierra, donde surgen las naos;
é las casas que están en»la costa del rio
están assi gercanas de los navios como en
Ñapóles , ó en el Tíber de Roma , ó en
Guadalquivir en Sevilla é Triana. Y en
quatro bragas de agua, tan gerca como
he dicho , surgen naos grandes de dos
gavias , y otras algo menores se allegan
tanto á la tierra que echan una plancha,
é sin barca, por la plancha, botan en tier-
ra las pipas é toneles , é también toman
la carga. Hay desde donde surgen las
naos hasta la boca de la mar é comiengo
de la entrada del puerto, tiro é medio de
escopeta ó poco mas; y entrando en el
rio dentro á par del puerto está un cas-
tillo assaz fuerte para la defensión é guar-
da del puerto y de la cibdad : el qual edi-
ficó el comendador mayor don frey Ni-
colás de Ovando en el tiempo de su go-
bernagion. Pero porque no se olvide tan
señalada particularidad, ni pierdan las
gragias los que las meresgen por prime-
ros edificadores , digo quel que primero
fundó casa de piedra é al modo de Es-
paña en esta cibdad , fué Frangisco de
Garay , é después del frey Alonso del Vi-
so, de la Orden é caballería de Calatra-
va, y el tergero fué el piloto Roldan, en
las Quatro Calles, y el quarto fué Juan
Fernandez de las Varas : después y tras
los que he dicho , se pringipió la fortaleza
é se fizieron otros edifigios , é se hagen é
labran cada dia por el gran aparejo de los
materiales que hay para la fábrica.
CAPITULO XI.
Da la veataja y difereacia que el auclor pone de esta Isla Española á las islas de Secilla é Inglaterra : é las
.razones que para ello expresa.
Jjien conozco que toda comparación es
odiosa para algunos de los que escuchan
lo que no querrían oir; é assi acaesgerá
á algunos letores seguíanos é ingleses con
este mi tractado , en espegial con lo que
podrán ver en este capítulo , en el qual
torno á degir lo que he dicho y escrito
otras veges , y es : que si un príncipe no
tuviesse mas señorío de aquesta isla sola,
en breve tiempo seria tal, que higiesse
ventaja á las islas de Segilia é Inglaterra;
porque lo que aqui sobra á otras provin-
gias liarla muy ricas. Y porque he puesto
la comparagion en dos islas de las ma-
yores y mejores de los chripstianos , ra-
zón es que diga qué me movió á poner la
comparagion en ellas.
Díxelo, porque aquellas dos islas é ca-
da una dellas son muy ricas é notables
reynos, é porque son muy conosgi-
das. Díxelo, porque esta Isla Española es
donde hay muy ricas minas de oro, é
muy abundantes, é continuas, que sola-
mente se enflaquesgen, quando los hom-
DE IJNDIAS. LIB. 111. GAP. XI.
85
bres dexaii de exergitarse en ellas. Dí-
xelo , porque aviendo venido en nuestro
tiempo las primeras vacas de España á
esta isla, son ya tantas, que las naves
tornan cargadas de los cueros dellas ; é
ha acaesí^ido muchas veges alangear tres-
vientas é quinientas dellas , é mas ó me-
nos , como place á sus dueños , é dejar
en el campo perder la carne, por llevar
los cueros á España. Y porque mejor se en-
tienda esto ser assi , digo quel arrelde de
carne vale á dos maravedís. Díxelo, por-
que assi mismo se truxeron las primeras
yeguas del Andalugia , y hay tantos ca-
baüos é yeguas, que han valido á qua-
tro é á tres castellanos, é una vaca
paridera un castellano, y un carnero un
real. Yo digo lo que he visto en esto de
los ganados, é yo los he vendido de mi
hacienda en la villa de Sanct Juan de la
Maguana á este presólo é menos. Deste
ganado vacuno é de puerco se ha hecho
mucho dello salvaje; y también de los
perros é gatos domésticos que se truxe-
ron de España hay muchos dellos bravos
por los montes.
En esta isla hay tanto algodón que la
natura produge , que si se diessen las
gentes á lo curar y labrar, mas é mejor
que en parte del mundo se haria. En la
isla del Xio , que es en el archipiélago la
pringipal que tienen genoveses , es una
de sus mas principales riquezas é gran-
gerias el algodón , y aqui no curan de-
llo. Hay innumerable cañafístola en esta
isla ; y muy hermosas arboledas della , y
en gran cantidad continuamente se car-
ga para España é otras partes , y es muy
buena é vale el quintal á quatro ducados
y menos. Hay tanto agúcar, que entre
Jos ingenios que muelen é los que se la-
bran (que molerán presto) , hay en sola
esta isla veynte ingenios poderosos , que
cada uno dellos es muy rico y hermoso
heredamiento ; sin otros trapiches de ca-
ballos. E continuamente van las naves
cargadas é muchas caravelas con adúcar
á España , é vale aqui el arroba á duca-
do y á peso y á menos , y es muy bue-
no ; y las mieles y sobras que del agúcar
acá se pierden é se dan á los negros é tra-
bajadores, serian en otras partes un gran
tesoro. Hay en estas islas mucho brasil:
é non curan dello, por no Irabaxar en ir á
lo sacar é cortar en las sierras que llaman
del Baoruco , é porque hay otras cosas
muchas en que ganar y emplear el tiem-
po, sin tanto trabaxo é con menos costa.
Hay exgelente color de aguí y mucho,
aunque acá lo estiman poco; puesto que
no es menos bueno que el que nuestros pin-
tores llaman de acre. Hay muchos y muy
grandes montes é boscajes de los árbo-
les del guayacan , que puesta esta made-
ra ó leños del en la playa del puerto des-
ta gibdad, vale el quintal á sesenta mara-
vedís é á veges á real de plata ; é hay en
muchas partes del mundo donde vale á
dos é á tres reales la libra : é yo lo Jie
visto vender en Medina del Campo á dos
reales la libra , y aqui es tenido en poco
por la mucha abundancia que hay dell(5,
y es muy exgelente y maravilloso árbol,
por las grandes curas y diversas enfer-
medades que con este palo se curan é
con el agua del. Todas las cosas que se
siembran é cultivan en esta isla, de las que
han venido de España , las mas se dan é
han multiphcado muy bien. En lo que di-
xe de los ganados hay hombres é ve-
ginos desta cibdad de á siete y de á
ocho y de á diez y doge mili cabegas de
vacas, y tal de á diez é ocho ó veynte
mili cabegas é mas , y aun veynte y cin-
co é treynta y dos , y si dixere quarenta y
dos hay quien las tiene : que es una dueña
viuda, honrada hijadalgo, llamada María
de Arana, muger de un hidalgo que se de-
cía Diego Splano, que ha poco tiempo
que murió. Y porque quando la primera
vez se imprimió esta primera parte, dixe
quel señor obispo de Venecuela , que
86
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
agora lo es de Sanct Johan, don Ro-
drigo de Bastidas , tenia diez é seys mili
cabegas deste ganado , digo que al pre-
sente en este año de mili é quinientos é
quarenta é siete años tiene veynte é fin-
co mili cabegas ó mas de vacas. De los
carneros y yeguas hay mucho ganado
assi mismo. De los puercos se han algado
é ydo al monte tantos, que andan á
grandes rebaños fechos monteses salva-
jes , assi dellos como de las vacas , por-
que los pastos son muchos é muy ordi-
narios. Las aguas muy buenas: los aires
templados y el verano y el invierno de
tal manera , que hay poca diferencia en
todo tiempo de los dias á las noches : y
el tiempo del invierno es sin frió , é la
calor del verano no es demasiada. Y la
isla es grande, donde se pueden bien ex-
tender los ganados é las gentes con sus
labrangas , porque boja su circunferengia
de aquesta isla tresgientas é ginquenta
leguas , pocas mas ó menos , costa á costa
terrena, é aun algunos digen quatrogientas.
En esta isla se han fecho innumerables
naranjos é gidras é limas é limones dul-
ges é agros, y es tan bueno todo que lo
mejor de Córdoba ó Sevilla no le hage ven-
taja , é haylo siempre. Hay muchas higue-
ras é granados, é solamente se han dexado
de dar en esta tierra las fructas é árboles
de cuesco : é aunque podrá alguno degir
con verdad que hay olivos dentro en esta
cibdad, é algunos dellos hermosos é gran-
des, digo que es assi ; pero son estériles,
porque no llevan otra fructa alguna, sal-
vo hojas. Hay muy buena hortaliza assi
de lechugas é rábanos y berros , como de
perexil é culantro é hiervabuena é gebo-
lletas é coles de las que llaman llantas ó
vergas napoUtanas é abiertas , como de
los repollos gerrados ó murgianos. Há-
gense también las berenjenas que les es
tan natural é á su propóssito esta tierra,
como á los negros la Guinea ; porque acá
se hagen muy mejor que en España , y un
pié de una berenjena tura dos y tres años
émas, dando siempre berenjenas. Há-
gense también los fesoles que es muy
grande su abundangia , y es muy gentil
legumbre (estos se llaman en Aragón ju-
dias). Hágense buenos nabos algunas ve-
ges, é zanahorias é muchos pepinos. Hay
melones de Castilla muy buenos é la ma-
yor parte de todo el año : é lo mismo ha-
gen los higos, que la mayor parte del año
los hay pocos ó muchos como los melo-
nes; pero en su tiempo ordinario son
mayores é mejores. Poco tiempo há que
por la diligengia de un vegino desta cib-
dad se han fecho muchos cardos : como
cosa nueva los vendió bien; poro des-
gragiados é amargos é aparejados para
los codigiososde beber, porque á la ver-
dad este manjar ó granjeria no es tal acá,
como en las tierras frias de nuestra Es-
paña, ni los nabos é las zanahorias.
En conclusión que todas las cosas que
he dicho que se truxeron de España,
aquellas se dexan de hager é multiplicar
de que los hombres se descuidan é no
curan ; porque el tiempo que las han de
esperar, le quieren ocupar en otras gran-
jerias gruesas é de mas provecho é para
enriquesger mas pronto (y en espegial
los que en estas partes no tienen pensa-
miento de permanesger ni quieren desta
tierra, sino desfructalla é volverse á sus
patrias) , dánse á la mercaduría ó á las
minas, ó á la pesquería de las perlas, é
á otras cosas con que presto alleguen ha-
gienda, con que se vayan. E por tanto
ningunos ó muy raros son los que quieren
ocuparse en sembrar pan ó poner viñas ,
porque los mas que por acá andan , tie-
nen esta tierra por madrastra (aunque á
muchos hales ydo muy mejor que en su
propria madre).
Pues no se piense que, si falta pan é
vino de Castilla, que es por culpa de la
tierra: se ha probado algunas veges el
pan é se ha hecho muy bien ; é assi mis-
DE INDIAS. LIB. III. CAP. XI.
87
ino las ubas como se puede ver en muy
buenas ubas de muchas parras que hay
en esta cibdad : é aunque no se hubieran
traydo de Castilla los sarmientos, muchas
ubas de parras salvajeses hay en la isla
é dellas se pudieran plantar y enxerir:
que assi se cree que ovieron principio
todas las del mundo. Quanto mas que yo
vi en el mes de hebrero del año de mili
é quinientos é treynta y nueve, que un
vegino desta cibdad higo sacar de la pla-
ga una canasta de ubas de un majuelo
ó viña nueva que tiene en la ribera de
Nigua, quatro leguas y media ó ginco de
aqui ; é se vendieron á dos reales de pla-
ta la libra hasta en quantia de nueve ó
diez pesos de oro , y este fué el mismo
de los cardos que se dixo de suso. Assi
que las ubas é pan que faltan en la tier-
ra, es á culpa de los moradores della. Por
manera que la comparagion que toqué de
aquellas tan famosas islas, por lo que está
dicho, se puede miiy bien ver y entender
quánta ventaja esta nuestra Isla Española
les hage á entrambas , é á cada una de-
llas , examinadas todas las particularida-
des dichas é otras muchas mas que se
podían degir.
Avia en esta isla de suyo , que no se
truxeron de España ni de otra parte, mu-
chas buenas hiervas como las de España:
que acá por los campos ellas se hagen sin
industria de los hombres , como lo podrá
ver el letor en el libro ÍX desta his-
toria , porque alli se tracta esta materia.
Dixe de suso que vale el arrelde á dos
maravedís de la vaca en esta cibdad, é
todas gentes no entenderán qué cosa es
arrelde ni qué presgio es el maravedí, si
no fuere español el que lo leyere. Y para
que esto se entienda, digo que un dine-
ro ó jaqués de Aragón , ó un dinero de
Itahaes un maravedí é medio, é un qua-
trín romano es tanto como un maravedí,
é quatro cavaluchos de Ñapóles valen
tanto quanto un maravedí ; y una arrelde
es peso de quatro libras, é cada libra es
peso de diez é seys ongas. Y desta ma-
nera seré entendido de los ítaHanos é de
otras gentes muchas, por lo que he dicho;
é conosgerán quán barato vale aqui la
carne , puesto que es de las mejores que
puede aver en el mundo. Gallinas como
las de Castilla no las avia; pero de las
que se han traydo de España, se han fe-
cho tantas que en parte del mundo no
puede aver mas; porque raras veges sale
huevo falto de quantos se echan á una
gallina de los que ella puede cobrir con
sus alase cuerpo. Assi que, generalmente
yo he tomado lo que hage al caso de mi
comparagion y desta isla é cibdad é de
la iglesia pringipal della, que está con
su clero é dignidades é canónigos é ra-
gioneros é capellanes bien doctada.
Assi mismo hay en esta cibdad tres mo-
nesterios, que son SanctFrangisco é Sáne-
lo Domingo é la Merged: los quales por
la orden que los he nombrado assi son
antiguos , ó primeramente fundados ; é to-
das tres casas de gentiles edifigíos, pero
moderados é no tan curiosos como los
pringipales de España , aunque el de la
Merged no está acabado; pero supringipio
es muy suntuoso é se cree que será el
mejor edificado. En estos monesterios
digo (hablando sin ofensa de ningún mo-
nesterio de quantos hay por el mundo de
aquestas tres Órdenes), que hay en estos
de aqui personas de tanta religión é gran
exemplo que bastarían á reformar todos
los otros monesterios de otros muchos
reynos , porque son sanctas personas y
de gran doctrina. Hay assi mismo un muy
buen hospital, bien edificado, é doctado
de buena renta, donde los pobres son cu-
rados é socorridos , en que Dios es muy
servido. Hánse fecho agora nuevamente
unas escuelas para un colegio (donde se
lea gramática é lógica, é se leerá philo-
sophia é otras sgiengias), que á do quiera
sería estimado por gentil edifigío , é cada
8Í
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
(lia se ennoblesge mas esta cibdad en edi-
ficios de casas é las iglesias é moneste-
rios, é fortalezas continuamente edifican.
Reside en esta cibdad la corte de la
Audiencia é Changilleria real , debaxo de
cuyajurisdigionno solamente está aques-
ta isla Española , pero todas las que he
dicho están con mucha parte de Tierra-
Firme. Reside aqui assi mismo el señor
almirante don Luis Colom, duque de
Veragua é de las islas é bahia de Cere-
baro, marqués de la isla de Jamáyca, nie-
to del primero almirante, don Chripstóbal
Colom, que descubrió estas partes , é hi-
jo del segundo almirante , don Diego Co-
lom. Desde aquesta isla han salido la
mayor parte de los gobernadores é capi-
tanes que han conquistado é poblado la
mayor parte de lo que los chripstianos
poseen en estas Indias , como se dirá
mas largamente en sus lugares é partes
que convengan ; pero tomando exemplo
é principio é dechado en la industria del
primero descubridor deste nuevo mundo
(ó parte tan grandíssima del). Assi que,
tornando á mi propósito de la compara-
ción fecha desta isla con las de Ingla-
terra é Segilia, á consecuencia de lo
qual he traydo todo lo que está dicho,
digo assi mismo que no se han acabado
de degir otras particularidades desta
tierra que se podrán notar de los capí-
tulos adelante escriptos, porque aqueste
no sea prolixo , é aun porque la breve-
dad del tiempo no ha dado lugar á sa-
berse otras cosas muchas que adelante
se sabrán. E porque la orden no se per-
vierta é vaya reglada , assi en lo que to-
ca á los árboles , como á los animales , é
al pan é agricoltura de la propria isla , é
á otras materias é particularidades de
medigina , é de los ritos é gerimonias , é
costumbres desta gente de Indias; y en
cspegial desta isla, de que agorase tracta,
hay mucho mas que degir é notar, allen-
de do lo que está dicho y escripto hasta
aqui. Por tanto iré distinguiendo é parti-
cularizando lo que hasta el tiempo presen-
te ha venido á mi notigia ; y porque toda
comparagion semejante suele ser odiosa,
é algunos querrán responder por su mis-
ma patria, é podrá degir el inglés que
no se debe admitir lo que digo, en per-
juigio de su isla, que de tantos tiempos
es habitada de reyes, é príngipes, 6
gente noble é belicosa, é tan fértil, é
rica é poderosa , é con otras muchas par-
ticularidades y exgelengias que se le pue-
den atribuir; assi como dos argobispa-
dos , Canluarensis et Evoracetisis é diez y
nueve obispados, é ginqüenta cibdades,
é la pringipal dellas Londres, que es
una de las famosas de la chripstiandad,
é giento é treinta y seis villas é sesenta y
tres provingias , é ducados , é señalados
barones é príngipes debaxo de la admi-
nistragion é señorío de un rey tan po-
deroso é de tantos reyes desgendiente, po-
drán degir que quarcnta años después de
la destruigion de Troya fué su fundagion
inglesa, y que por tanto debe pregeder
á todas las otras islas. Podrá degir el sc-
giliano que ovieron su origen de los ibe-
ros é de Sicano su capitán , del qual se
llamó Sicania , al qual subgedió Siculus,
Neptuni filius , é que es copiosa de exge-
lentes cibdades, antiquíssimas é nobles,
assi como Megina, Siracusa, Palermo é
otras, é de muchas villas, é varones
muchos, de títulos é gente noble, é fer-
tilíssima de pan é vino , é todo lo que es
menester para el uso de los hombres; é
situada en el coragon de Europa ; é assi
á su propósito traerán á su Diodoro Sí-
culo é otros auctores aprovados que
largamente han escripto en su favor, é
por tanto dirán que ninguna otra isla le
debe pregeder. Ninguna cosa desas é de
otras muchas que se pueden degir en
loor de Segilia é de Inglaterra , no con-
tradigo; pero ha de considerar el letor,
que todas esas cosas hagen á mi propós-
DE INDIAS. LIB. III. CAP. XI.
89
sito, pues desde tantos siglos aquellas
islas están pobladas de gente de razón
é con corte de príncipes é Reyes tan
señalados, como en la una y en la otra ha
ávido: que tanto mas se debe estimar
nuestra isla, pues siempre ha estado en
poder de gente salvage é bestial , é que
su pringipio se puede contar desde el año
de mili é quatrogientos é noventa y dos
años que los primeros chripstianos aqui
vinieron con el primero almirante don
Ghripstóbal Colom , que en este de mili é
quinientos é quarenta y siete son ginqtien-
ta é finco años; y en tan breve tiempo estar
las cosas desta isla en el estado que es
dicho , háse de tener en mucho é atri-
buirse á solo Dios , é á la buena ventura
de los Reyes Cathólicos de España , y al
invictíssimo Emperador don Carlos su
nieto , nuestros príncipes , é á la diligen-
cia é virtud de sus milites y vassallos
castellanos, con cuya industria é armas se
ha poblado, é mediante nuestro Señor,
siempre se va mas ennoblesgiendo. Pas-
semos á las otras cosas de nuestra his-
toria.
CAPITULO XII.
De la gobernación del comendador mayor de Alcántara, don Frey Nicolás de Ovando, é de las partes
de su persona y rectitud, é de las poblaciones é villas que hizo é fundó en esta Isla Española.
\luien oviere continuado la legión des-
te tractado , visto avrá que queda dicho
que el año de mili é quinientos é dos de
la Natividad de Chripsto , nuestro Salva-
dor, llegó á esta cibdad de Sancto Do-
mingo de aquesta Isla Española (que aun
estaba de la otra parte del rio) el co-
mendador mayor de Alcántara , don Frey
Nicolás de Ovando , y también avrá sa-
bido cómo se fué y se perdió con el ar-
mada el comendador Frangisco de Boba-
dilla , que primero avia gobernado esta
isla. Por tanto dígase agora qué persso-
na filé este subgessor en la gobernagion,
y qué manera tuvo en el cargo é ofigio
en tanto que acá estuvo. Por gierto, se-
gund lo que á muchos testigos fidedi-
nos he oydo, é á los muchos que hoy
hay que digen lo mismo , nunca hombre
en estas Indias le ha fecho ventaja , ni
mejor exergitado las cosas de la buena
gobernagion , y tuvx) en sí todas aquellas
partes que mucho deben estimar los que
gobiernan gente ; porque él era muy de^
voto é gran chripstiano , é muy limosne-
ro é piadosso con los pobres : manso y
TOMO 1.
bien hablado con todos; é con los des-
sacatados tenia la prudengia é rigor que
convenia : á los flacos é humildes favo-
resgia é ayudaba, é á los soberbios al-
tivos mostraba la severidad que se re-
queria aver con los transgressoree de las
leyes reales. Castigaba con la templanga
y moderagion que era menester; é te-
niendo en buena justigia esta isla, era
de todos amado é temido. E favoresgió
á los indios mucho ; é á todos los chrips-
tianos , que por acá militaban debaxo de
su gobernagion , tracto como padre , é á
todos enseñaba á bienvivir: como caba-
llero religioso y de mucha prudengia,
tuvo la tierra en mucha pazé sosiego.
Quando á esta isla llegó, halló la tier-
ra pagífica, salvo la provingia que lla-
man Higuey; y en breve tiempo la alla-
nó é hizo justigia de los rebeldes y cul-
pados. Después, siendo avisado que la
cagica Anacaona , muger que avia seydo
del cagique Caonabo, con otros muchos
cagiques tenian acordado de se algar é
apartar del servigio de los Reyes Cathó-
licos, é de la amistad de los chripstia^
90
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
nos , é dejar la paz que tenían con ellos
é matarlos en la provingia de Xara-
gua é sus comarcas ; prendió muchos de-
llos, é á mas de quarenta caciques, me-
tidos en un buhio , les hizo pegar fuego
é quemáronse todos. Y también se hizo
justigia de Anacoana , é passó assi : que
teniendo el comendador mayor informa-
ción de la traigion acordada el año de
mili é quinientos y tres , fué con septen-
ta de caballo é doscientos peones á la
provingia de Xaragua, que estaba en lo
secreto algada , por consejo de Anacaona,
la qual para ello estaba confederada con
otros muchos cagiques. E gertificado desto
el gobernador , mandó que un domingo los
chripstianos jugassen á las cañas; é que
los caballeros viniessen apergebidos , no
solamente para el juego , mas para las
veras é pelear con los indios assi mismo,
si conviniesse , é assi se hizo.
Aquel domingo después de comer , es-
tando juntos todos aquellos cagiques é
pringipales indios de aquella comarca
confederados , dentro en un caney ó ca-
sa grande , assi como la gente de caba-
llo llegó á la plaza , llamaron al comen-
dador mayor , para -que viesse el juego
de cañas; al qual hallaron que estaba
jugando al herrón con unos hidalgos, por
dissimular con los indios é que no en-
tendiessen que de su mal propóssito él
tenia aviso; é luego vino alli aquella
cagica Anacaona é su hija Aguaymota é
otras mugeres pringipales. E Anacaona
dixo al comendador mayor que ella ve-
nia á ver el juego de cañas de sus caba-
lleros chripstianos ; é que aquellos cagi-
ques que estaban juntos , lo querían assi
mismo ver é le rogaban que los higiese
llamar. E luego el comendador mayor
les envió á degir que viniessen alli; é
dixo que primero los queria hablar é
darles giertos capítulos de lo que avian
de hager; é mandó tocar una trompeta
y juntóse toda la gente de los chripstia-
nos é higieron meter á todos los cagi-
ques en la posada del comendador ma-
yor, é alli fueron entregados á los capi-
tanes Diego Velazquez é Rodrigo Mexia
Treíllo ; los quales ya sabían la voluntad
del comendador mayor, é higiéronlos
atar todos; é súpose la verdad de la
traygion, é fueron sentengiados á muer-
te. E assi los quemaron á todos dentro
en un buhio ó casa, salvo á la dicha
Anacaona que desde á tres meses la
mandaron ahorcar por justigia. Y un so-
brino suyo , que se llamaba el cagique
Guaorocaya , se algo en la sierra que di-
gen Baoruco, é el comendador mayor
envió á buscarle é hagerle guerra giento
é treinta españoles que andovieron tras
él hasta que lo prendieron é fué ahorca-
do. Después de lo qual, se hizo la guerra
á los indios de la Guahava é de la Sa-
vana é de Amigayahua é de la provingia
de Guacayarima, la qual era de gente
muy salvage.
Estos vivian en cavernas ó espeluncas
soterrañas é fechas en las peñas é mon-
tes : no sembraban , ni labraban la tierra
para cosa alguna, é con solamente las
fructas é hiervas é rayges que la natura
de su proprio é natural ofigio producía, se
mantenían y eran contentos, sin sentir
nesgessidad por otros manjares , ni pen-
saban en edificar otras casas, ni aver
otras habitagiones mas de aquellas cue-
vas, donde se acogían. Todo quanto te-
nían , eso que era de cualquier género
que fuesse , era común y de todos , exgepto
las mugeres , que estas eran distintas , é
cada uno tenia consigo las que queria ; é
por cualquiera voluntad del hombre ó de
la muger se apartaban , é se congedian á
otro hombre , sin que por eso o viese gelos
ni rengillas. Aquesta gente fué la mas sal-
vaje que hasta agora se ha visto en las
Indias.
En esta guerra estuvo con gente de pié
é de caballo seys meses el capitán Diego
DE INDIAS. LIB. III. CAP. XII.
91
Velazquez hasta el mes de hebrero de
mili é quinientos é quatro que se acaba-
ron de conquistar las provincias que es
dicho, é assi quedó pacífica la isla.
El castigo que se dixo de suso de Ana-
caona é sus secazes fué tan espantable
cosa para los indios , que de ahy adelan-
te assentaron el pié llano , é no se rebe-
laron mas : y en memoria de aquesto , y
para que aquella provincia estoviesse en
paz, fundó alli una villa el comendador
mayor que se llamó Sánela Maña de la
Vera Paz , gerca del lago grande de Xa-
ragua , en la qual villa yo estuve el año
de mili é quinientos é quinge ; y era muy
gentil pueblo é de gente de honra , y
avia en él muchos hidalgos , y porque os-
laba desviado del puerto y de la mar, se
despobló después , y se passó aquella ve-
cindad á otra villa que fundaron á par
de lámar, que se llama Sánela Maña del
puerto de la Yaguana.
Antes desto avia fundado esta cibdad
de Sancto Domingo , donde agora está, y
passó la poblagion della aqui ; la qual en
esa otra costa ó parte del rio estaba pri-
mero, é hizo labrar esta fortaleza, y dio
la tenencia della á un caballero , su so-
brino , llamado Diego López de Salgedo;
é repartió y dio los solares deste pueblo
é hizo hager la traga del como está. E
fundó el hospital de Sanct Nicolás desta
cibdad ; é dotóle de muy buena renta que
Iwy tiene en los mejores edifigios de ca-
sas de renta que hay en esta cibdad : la
qual renta han acresgentado otras limos-
nas de personas devotas. Fundó assi mis-
mo el. comendador mayor de Alcántara la
villa que se llama la Buena Venlura , que
está ocho leguas desta cibdad. Fundó la
villa de Sanct Juan de la Maguana en la
costa del rio de Neyva , que es quasi en
el medio desta isla á la parte de las sier-
ras , quarenta leguas desta cibdad , y otras
quarenla está del puerto de la Yaguana
ó villa de Sancta Maria del Puerto. Fun-
dó la villa del Puerto de Plata , la qual
está quarenta é quatro leguas desta cib-
dad en la costa del norte. Fundó á Puer-
to Real en la misma costa , que es adon-
de el primero almirante, quando descu-
brió esta isla, dexó los treynta é ocho
hombres, que falló muertos quando volvió
el segundo viaje. Fundó la villa de Agua,
que está veynte é quatro leguas desta
cibdad, y es buena cosa por los ingenios
de agúcar que hay en ella y en su comar-
ca. Fundó la villa de Lares de Guahaba;
fundó la villa de Higuey ; fundó la forta-
leza de la villa de Yaquimo ; fundó la vi-
lla de la Sabana. Por manera que fizo es-
ta cibdad de Sancto Domingo y su forta-
leza y otras diez villas de chripstianos,
segund tengo dicho; porque las que el
primero almirante, don Chripstóbal Co-
lom, fizo é fundó, fueron aquella primera
poblagion de los treynta é ocho chrips-
tianos, donde quedó por capitán Rodrigo
de Arana , la qual se llamó la Navidad , é
fué el primer pueblo cathólico en esta
isla ; y después en el segundo viaje que
vino fundó la cibdad llamada Isabela, de
donde ovo pringipio esta cibdad, quando
estuvo del otro cabo deste rio. Porque
alli truxo la gente de la Isabela el ade-
lantado don Bartolomé Colom, hermano
del dicho almirante , como en otras par-
tes está ya dicho. Fundó assi mismo el al-
mirante primero la cibdad de la Congep-
gion de la Vega é fundó las villas de Sanc-
tiago y del Bonao.
Mas porque los Cathólicos Reyes, don
Fernando y doña Isabel, siempre des-
searon que estas tierras se poblassen de
buenos , pues de todo lo que tiene buen
pringipio se espera el fin de la misma ma-
nera, entre los proprios criados de sus
casas reales , de quien mas conogimiento
y experiengia tenian, escogían y los en-
viaban á esta isla con cargos é ofigios,
porque se ennoblesgiessen y oviessen
pringipio y mejor fundamento y origen
n
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
las poblagiones della, y principalmente
esta cibdad , no de pastores , ni salteado-
res de las sabinas mugeres , como los ro-
manos figieron , sino de caballeros y per-
sonas de mucha hidalguía é noble san-
gre, y aprobados en virtudes y chrips-
tianos perfetos y castigos, que están en
la otra vida, y otros que al presente es-
tán y viven en esta cibdad y en las otras
poblaciones desta isla. Y porque esto tu-
viesse mas cumplido efeto , tenian aque-
llos príngipes en la memoria aquella auc-
toridad de Sanct Matheo * que dige : Non
potest arhor mala bonos fructus faceré. Pues
porque no puede el mal árbol hager buen
fructo , como dige el EvangeUsta , y por-
que un poco de levadura corrompa toda
la masa, segund dige el apóstol Sanct
Pablo % mandaron el Rey y la Reyna ex-
presamente que en Sevilla sus ofigiales de
la casa de Gontractagion ( que alh residen
para el proveimiento é tracto destas In-
dias ) , no dexassen passar á estas partes
ninguna persona sospechosa á nuestra
sancta fé cathólica (en espegial hijos ni
nietos de quemados ni de recongiliados),
y assi se ha guardado y guarda ; é si por
caso algunos hay de los tales , échanlos
de la tierra. Y assi por este cuy dado de
los Gathólicos Reyes, como por los lin-
dos desseos y valerosos ánimos de los
mismos españoles , han passado á todas
las Indias deste imperio muchos caballe-
ros é hidalgos y gente noble, y se han
avegindado en esta isla, y en espegial en
esta cibdad de Sancto Domingo y en las
otras islas y Tierra-Firme.
Dixe aquesto á propóssito que cada uno
de los dos gobernadores , el comendador
Frangisco de Bobadilla , y el comendador
mayor de Alcántara, don frey Nicolás de
Ovando , eran caballeros é hombres prin-
gipales y de limpia sangre , y con cada
uno de ellos , é antes con el primero al-
mirante y después , vinieron otros íau-
chos hombres de linage é personas seña-
ladas y prudentes y de grandes habilida-
des , para los ofigios y cargos reales, é
administragion de la justigia , é para la
conquista é pagificagion é poblagion des-
te mundo oculto, que acá estaba tan ol-
vidado é lexos de Europa é de Assia é
África. E demás de las personas que en
algunos capítulos quedan nombradas, é
délas que se nombraren, quando conven-
ga por sus obras é méritos , digo como
tengo dicho que de los criados proprios y
conosgidos en la casa real se solian ele-
gir é proveer para los ofigios destas par-
tes. E assi vino Miguel de Passamonte,
criado antiguo del Rey Gathólico , por te-
sorero á esta cibdad, en el mes de no-
viembre del año de mili é quinientos y
ocho ; hombre de auctoridad y experien-
gia en negogios , docto é gentil latino,
honesto é apartado de vigios. Y es opi-
nión de algunos que nunca conosgió mu-
ger carnalmente, aunque passó de aques-
ta vida constituido en edad é bien viejo.
Este fué mucha parte para la buena go-
bernagion desta isla, assi en el tiempo que
la gobernó el comendador mayor , como
después hasta que este tesorero murió;
porque siempre tuvo mano en la hagien-
da real y en las cosas de la gobernagion,
porque en todo se le daba parte é lugar,
por mandado del Rey Gathólico, con
quien tuvo tanto crédito que bastó á ser
causa de parte de los trabajos del segun-
do almirante don Diego Golom, assi por
su mucho crédito como por cosas quel
tiempo ofresgió , de lo qual se dirá algo
brevemente en el lugar que convenga á
la historia é orden della. Assi que este
tesorero fué en la verdad proprio ofigial
de tan alto Rey , y como han de sor los
que en semejantes ofigios é cargos esto-
vieren. Y assi con enviar á estas partes,
i Cap. VII
2 Prima ad CorinL V.
DÉ INDIAS. LIB. III. CAP. XÍI.
93
ségund he dicho , los Reyes CathóUcos y
después la Cesárea Magostad, personas
conosgidas se hago mejor su servigio , y
quando no son tales , ni el suyo ni él de
Dios ( que es lo que mas se avia de mi-
rar). Y aquesto ello mismo se dige, quan-
do es digno de enmienda.
Volvamos al comendador mayor , que
por bueno é reto que fué no le faltaron
trabaxos ; pues que estando en pagífica
paz é común concordia de todos los
chripstianos é pobladores destas partes,
halló é tuvo tantos murmuradores como
el primero almirante ; y revolviéronle de
tal manera con el Cathólico Rey ( seyen-
do ya la Cathólica Reyna yda á la gloria),
que le quitó el cargo y le envió á llamar.
Y en la verdad no por deméritos suyos,
sino porque ninguna cosa ha de estar lar-
go tiempo en un ser en esta vida ; puesto
que lo que aquel caballero aqui estuvo
fué harto menos de lo que acá le qui-
sieran é fuera menester. A su yda dio mu-
cha causa esta fortaleza de Sancto Do-
mingo , é la cobdigia que della . tuvo
Ghripstóbal de Tapia , veedor de las fun-
digiones del oro en aquesta isla , criado
que avia seydo del obispo de Badajoz , don
Juan Rodriguez de Fonseca , que en aque-
lla sagon (desde España) gobernaba es-
tas Indias, é fué de aquesta manera. Assi
cómo el comendador mayor labró esta
fortalega de esta gibdad , dio la tenengia
della á un su sobrino , llamado Diego
López de Salgedo, buen caballero; é
cómo el veedor Ghripstóbal de Tapia vi-
do fecha esta fuerga , escribió al Obispo,
su señor , é fuéle fecha merged de la te-
nengia, por su favor. E quando presentó
el título al comendador mayor obedesgió
la provission , é quanto al cumplimiento,
dixo quél informaría al Rey Cathólico, é
en fin se haría lo que su Alteza fuesse
servido. De manera, que no le admitió
al cargo ó alcaydia; y escribió al Rey
cómo aquel era veedor é le bastaba el
ofigio que tenía , sin que se le diesse la
fortaleza; é por tanto respondió el Rey,
suspendiendo la merged de la tenengia,
por quel comendador mayor alegaba quél
la avia fecho é que tenia merged de las
tenengias de todos los castillos é fuergas
en tanto quél gobernasse ; y que el Rey
no debía innovar aquello en su perjuigio,
pues le avia muy bien servido.
Después estuvo preso el veedor Tapia
en la misma fortaleza, por algunas pala-
bras que dixo contra el comendador ma-
yor ; y cómo el negogio era proprio é to-
caba á él é á su sobrino , Diego López
de Salgedo, á quien tenia encomendada
la fortaleza , mandó á su alcalde mayor,
el ligengíado Alonso Maldonado , que
ovíesse ínformagion de los desacatos é
soberbias palabras mal dichas del veedor,
Ghripstóbal de Tapia, contra él , é higíes-
se justigía. El qual dicho alcalde mayor,
fecha la pesquisa, le envió con ella á
España remitido : pues cómo en aquel
tiempo era el obispo, don Juan Rodriguez
de Fonseca, todo el todo de las cosas
destas Indias , el qual solamente con el
secretario Lope Conchillos proveya las
cosas destas partes , y ambos oran priva-
dos y personas muy ageptas al Cathólico
Rey, aprovechó poco lo quel comenda-
dor mayor escribió ó altercó sobre este
caso. E assi, por industria del veedor
Ghripstóbal de Tapia é del obispo , se tu-
vo forma que un trinchante suyo, quél
avia criado, llamado Frangisco de Ta-
pia, hermano del dicho veedor, fuesse
proveydo de alcayde desta fortaleza con
un buen repartimiento de indios , é assi
vino acá con el título de la alcaydia.
Poco antes desto avia fecho merged el
Rey Cathólico al secretario Lope Conchi-
llos de la escribanía mayor de minas ; y
mandó que todos los que fuessen á sacar
oro, llevassen una gédula firmada del te--
niente que en este ofigio toviesse Con-
chillos y de los otros ofigiales del Rey, só
94
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
graves penas ; é que por aquella licencia
ó gédula se le diessen á Conchillos tres
tomines de oro , que son giento y sesen-
ta y ocho maravedís, é otros derechos
de todo lo que se registrasse é de los
navios que saliessen desta isla : é fasta
entonces dábanse las gédulas de minas
de valde é gragiosamente. E demás des-
to, mandóle el Rey dar giertos indios de
repartimiento al secretario Conchillos,
por razón del ofigio de la escribania ma-
yor de minas. Quando se presentaron las
provissiones, obedeciólas el comendador
mayor ; mas quanto al complimiento su-
plicó é suspendió la ejecución dellas, pa-
ra lo consultar é informar al Rey ; é dió-
le á entender quanto perjuicio era tal
impusigion é derechos en una tierra tan
nueva. E el Rey oyólo é suspendió la co-
sa por entonges , é remitiósela al mismo
comendador mayor ^ y tassó las tales li-
gengias en la mitad de los giento é sesen-
ta y ocho maravedís , é quedaron en tres
reales de oro, que son ochenta y quatro
maravedís , para el mismo secretario Con-
chillos ; pero siempre el comendador ma-
yor tuvo sospecha que no le avia de ser
buen amigo el secretario Conchillos , por
le aver fecho perder la mitad de lo que
primero se le avia mandado dar por
aquellas Ugengias.
Y assi por estas dos ocasiones, el obis-
po por sus criados los Tapias , y el se-
cretario Conchillos por sus derechos, cre-
yó el comendador mayor que ambos
avian sido mucha parte para quel Rey
removiesse, como removió, del cargo
desta gobernagion al comendador mayor,
y se diesse á don Diego Colom , segundo
almirante é primogénito heredero del pri-
mero almirante, descubridor destas Indias,
don Chripstóbal Colom ; porque andaba
importunando al Rey que* le diesse el
cargo , conforme a sus privilegios y ca-
pitulagiones que su padre avia fecho con
los Cathólicos Reyes, guando descubrió
estas partes. Y el Rey , assi por esto, co-
mo porque el duque de Alva, don Fadrique
de Toledo , su primo , era la mas acepta
persona al Rey que avia en sus reynos,
é favoresgia al almirante don Diego, por-
que era casado con su sobrina , doña Ma-
ría de Toledo , hija del comendador ma-
yor de León , don Fernando de Toledo,
bastaron estas cosas para quel comenda-
dor mayor de Alcántara fuesse quitado de
la gobernagion. Porque en la verdad, se
tenia por gierto que ninguna cosa oviera
que en aquella sagon el duque de Alv^a
pidiera con alguna color de justigia , que
le fuera negada ; porque no tan solamen-
te el Rey le amaba por el deudo grande
que avian, pues las madres fueron herma-
nas, hijas del almirante de Castilla, don
Fadrique Enriquez; mas allende de ser el
Rey y el duque primos hermanos , el año
de mili é quinientos é seys años , quando
el Rey don Phelipe, de gloriosa memoria,
é la sereníssima Reyna doña Johana, nues-
tra señora, padres de la Cesárea Magostad,
vinieron á heredar é reynar en Castilla,
por fin de la Cathólica Reyna doña Isa-
bel, ningún deudo, ni amigo, ni vassa-
11o tuvo el Rey Cathólico en aquellos tra-
bajos é mutagion de estado , tan propin-
quo ni tan determinado en le seguir é
servir como fué el dicho duque de Alva;
y por esta razón era muy agepto al Rey.
Porque aunque entonges salió de Castilla
y se passó á sus reynos de Aragón , é fué
á Ñapóles , assi como llevó Dios después
al Rey don Phelipe en el mismo año de
mili é quinientos y seys , la Reyna doña
Johana , nuestra señora , por sus passio-
nes y enfermedades, no quiso ni pudo
gobernar sus reynos , é siempre dixo que
quería que los gobernasse su padre; y á su
ruego é suplicagion de todos los pueblos
pringipales de Castilla y de León , el Rey
Cathólico volvió á España, y tornó á tomar
la gobernagion de los reynos de su hija.
E cómo el duque de Alva se avia tan bien
DE INDIAS. LIB. III. CAP. XII.
95
señalado en su servigio , siempre le amó
y le tuvo gerca de sí , y le hizo muchas
mergedes á él é á sus hijos é deudos.
Pues cómo el almirante don Diego Go-
loni se casó con doña Maria de Toledo,
que como es dicho era sobrina del Rey
y del duque , assi por este respecto co-
mo por satisfacer á la demanda del al-
mirante é á los servicios de su padre el
Rey Cathólico, le proveyó y mando venir
á esta isla ( y passó é vino aqui con su
muger ) , é mandó al comendador mayor
de Alcántara que se fuesse á España. E
assi se hizo, no sin pensar que el obispo
don Juan Rodriguez de Fonseca , y el se-
cretario Lope Conchillos le avian ayuda-
do á echar de aqui, por lo que es dicho.
Ni tampoco salió desta tierra sin mucho
sentimiento de la mayor parte de quan-
tos en ella vivian ; porque ( como se ha
dicho en otra parte ) era muy gran varón
de república é muy reto : honraba á los
buenos , como era razón ; é á los de me-
nos calidad era muy manso y gracioso,
é á todos los que bien servían , favores-
gia y ayudaba ; é á los indios hagia muy
bien tractar, é assi era muy amado de
todos en general. En conclusión, fué tal
gobernador, que en tanto que haya hom-
bres en esta isla, siempre avrá memoria
del; porque veo que todos los que en él
hablan de los que le alcanzaron é vieron,
hoy en dia le sospiran é digen, que por la
propria infelicidad desta tierra , salió de-
lld , cuya partida fué muy llorada y sos-
pirada algunos años. Otra cosa notable
se me acuerda de aqueste caballero ; por-
que segund es pública y notoria y loable,
era imposible olvidarla ; y es quél tenia
muy buena renta. E assi desso quél tenia,
como comendador mayor de la Orden
militar é caballería de Alcántara , como
de los salarios que con esta gobernación
llevaba , tenia ocho mili ducados de renta
en cada un año ó mas, segund yo lo supe
de Diego López de Salgedo, su sobrino,
y de otras personas que gerca del estu-
vieron. Estos despendió él de manera
que lo que medró en esta tierra con el
cargo que tuvo fué quinge casas de pie-
dra que hizo, muy bien edificadas, en la
calle desta fortaleza desta cibdad en am-
bas haceras ; é las seys que están juntas
de la una parte, dexó á los pobres del
hospital de Sanct Nicolás , quél fundó ; é
las otras nueve dexó á su Orden é con-
vento , como buen religioso. E quando
se ovo de partir desta cibdad , le pres-
taron quinientos castellanos para su ca-
mino ; porque de no ser cobdicioso , gas-
tó quanto tenia con los pobres é nesces-
sitados, por heredarse en el cielo, donde
se cree que está por la clemencia de
Dios y sus buenas obras , que fueron ta-
les , que no dan lugar á sospechar lo con-
trario.
Tornando á la historia , digo que de la
subcession de la gobernación desta isla,
que passó del comendador mayor en el
almirante segundo don Diego Golom , se
tractará en el libro siguiente, con otras
cosas , que para aquel libro son anexas á
la continuación de la historia.
Este es el quarto libro de la Natural y general historia de las Indias , Islas y Tierra-
Firme del mar Océano. El qualtracta de la gobernación é trabajos del segundo almi-
rante , don Diego Colom , é de otros juegos é justigias que ha ávido en esta Isla Es-
pañola hasta el presente tiempo ; é de otras cosas convinientes al discurso de la
historia.
PROHEMIO.
Jt ues que es ya tiempo que se dé con-
clusión á las cosas de la gobernagion é
gobernadores que ha ávido en esta cib-
dad de Sancto Domingo é Isla Española
é sus anexos, é hay hasta el presente;
fecho aquesto, passaremos á las otras
cosas que serán de mas agradable re-
creagion á los letores. Y por tanto diré
en suma, primero y en pocas hojas, en
este libro quarto lo que falta de explicar
destas tales materias , por llegar á las que
son de admiragion é de grandes nove-
dades, no oydas jamás. E para esto diré
aqui la venida á estas partes del almi-
rante segundo , don Diego Colom ; é to-
carse han las mudangas que ha ávido en
la gobernagion desta isla é otras hasta el
tiempo presente. E diré lo que alcange
de la persona é méritos deste segundo al-
mirante y su muerte ; y de la subgesion
de su hijo , don Luis Colom , tergero al-
mirante y agora nuevamente duque de
Veragua é de la Bahia é islas de Cereba-
ro, marqués de Jamáyca, por nueva con-
gesion y merged perpetua de la liberali-
dad de la Cesárea Magostad del Empera-
dor Rey, don Carlos, nuestro Señor. E
degirse há quándo ovo pringipio el Au-
diengia é Changilleria real que reside en
esta cibdad de Sancto Domingo , y tam-
bién se hará memoria de la venida de los
reverendos priores de la Orden de Sanct
Hierónimo á esta isla, é lo que higieron;
é no dexaré en olvido otros juegos que
ha ávido en la misma Real Audiengia é
los que hay al presente. E continuarse há
la narragion de otras cosas nesgessarias
á la historia.
DE LNDIAS. LIB. IV. GAP. I.
97
CAPITULO I.
Donde se Iracta de la venida del segundo almirante, don Diego Co!om, á csla cibdad de Sancfo Do-
mingo, puerto de la Isla Española, é de las mudanoas que ha ávido e:i la gobernación della é
otras cosas.
Uíxose en el libro precedente que el
año de mili e quinientos é seys vino á
reynar en Castilla el sereníssimo Rey, don
Plielipe , é cómo el mismo año le llevó
Dios á su gloria. Digo pues assi , que tor-
nando á Castilla desde Ñapóles el Cathó-
lico Rey don Fernando á gobernar los
reynos della por la sereníssima Reyna,
doña Johana, su hija (nuestra Señora),
intergedió don Fadrique de Toledo, du-
que segundo de Alva, para que el Rey le
diesse esta gobernación al almirante don
Diego Colom; e aun antes que el Rey
Cathólieo partiesse de Ñapóles para Es-
paña, se la otorgó por sus cartas, segund
yo lo oy degir al mismo almirante , estan-
do en Hornillos la Reyna doña Johana,
nuestra Señora , desde á pocos meses que
estaba viuda. E gessó la venida de don
Fernando de Velasco (tio del condestable
de Castilla, don Bernaldino de Velasco),
al qual pocos dias antes que el Rey don
Phelipepassasedestavida, se la avia con-
cedido esta gobernación. Assi que, des-
pués que el Rey Cathólieo acordó de ad-
mitir al segundo almirante, é ovo por
bien que acá pasasse , llegó á esta cib-
dad de Sancto Domingo con su muger la
vissoreyna , doña Maria de Toledo , á diez
dias de julio, año de la Natividad de
Chripsto de mili é quinientos é nueve
años , muy bien acompañado é su casa
poblada de hijosdalgo. E con la visso-
reyna vinieron algunas dueñas é donge-
llas hijasdalgo , é todas ó las mas dellas
que eran mogas se casaron en esta cib-
dad y en la isla con personas pringipales
é hombres ricos de los que acá estaban,
porque en la verdad avia mucha falta de
TO.VO I.
tales mugeres de Castilla; é aunque al-
gunos chripstianos se casaban con in-
dias pringipales, avia otros muchos mas
que por ninguna cosa las tomaran en ma-
trimonio, por la incapagidad é fealdad
dellas. E assi con estas mugeres de Cas-
tilla que vinieron, se ennoblesgió mucho
esta cibdad, é hay hoy dellas 6 de los
que con ellas casaron hijos ó nietos , é
aun es el mayor caudal que esta cibdad
tiene é de mas solariegos , assi por estos
casamientos, como porque otros hidalgos
é cibdadanos pringipales han traydo sus
mugeres de España. E está ya esta cib-
dad aumentada en tan hermosa repúbli-
ca , que es cosa para dar muchas gragias
á Dios ; acordándonos que donde el dia-
blo era tan solemnigado sea Jesu-Chrips-
to en tan breve tiempo alabado é servi-
do, con tal cibdad é con los otros mora-
dores chripstianos de la isla é pueblos
della.
Volviendo á nuestro propóssito , digo
que assi como el almirante salió de la
nao , vínose á possar en la fortaleza des-
ta cibdad de Sancto Domingo , donde el
alcayde , Diego López de Salgedo , que
á la sagon la tenia, fué causa que el al-
mirante se entrasse , no porque le dexa-
se él entrar en ella de su grado, pero su
descuydo dio lugar á ello ; porque estan-
do fuera de la cibdad quando llegó el al-
mirante y la casa no bien guardada, ni
estorbándolo alguno , se entró en esta for-
taleza con su muger é criados. En la qual
sagon estaba en la isla, la tierra adentro,
apartado desta cibdad el comendador
mayor, al qual no pesó poco desque su-
po que el almirante estaba en la fortale-
i3
98
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
za. Y llegado á esta cibdad, cómo era
prudente , mostró que holgaba de la ve-
nida del almirante é obedesgió lo que el
Rey Cathólico le mandaba, que era que
se fuesse para él á España, á le dar'cuenta
de las cosas de acá ; é assi se partió de
esta cibdad por el mes de septiembre del
mismo año de mili é quinientos y nueve.
Francisco de Tapia, criado del obispo
Fonsecay su hermano el veedor, Chrips-
tóbal de Tapia , venian ambos con el al-
mirante y muy encargados á él por el
obispo; é desde á pocos dias que aqui
llegaron, presentó el Francisco de Tapia
el título é merged que traia de la tenen-
cia y alcaydia de esta fortaleza. Pero di-
latósele el entregamiento della , y fuéle
dado aviso al Rey Cathólico de cómo el
almirante se avia entrado en la fortaleza;
é envióle á mandar, só graves penas,
í[ue luego que viesse su real mandamien-
to, se saliesse fuera é la entregasse al te-
sorero, Miguel de Passamonte, para quél
to viesse esta casa hasta tanto que el Rey
proveyesse lo que fuesse su servicio. E
assi el almirante , vista la voluntad é man-
dado del Rey, luego se salió de la forta-
leza y la entregó al tesorero, y se fué i'i
possar á la casa de Francisco de Garay.
E desde á finco ó seys meses que el te-
sorero Passamonte tenia esta fortaleza, la
entregó, por mandado del Rey, al al-
cayde Francisco de Tapia , estando aun
el almirante en la casa de Francisco de
Garay , su alguacil mayor que fué en es-
ta cibdad , del qual adelante será fecha
mas particular mengion. Assi que, Fran-
cisco de Tapia quedó pacífico alcayde en
la tenencia de esta fortaleza , é le fueron
dados doscientos indios muy buenos con
ella , allende del salario , con que después
fué rico. El qual murió el año que passó
do mili é quinientos é treynta y tres años.
Y en tanto que la Cesárea Magostad pro-
veyesse de alcayde desta fortaleca, los
oydores desta Audiencia Real é los oficia-
les que Sus Magestades aqui tienen la
depositaron é pusieron en poder del ca-
pitán, Goncalo Fernandez de Oviedo y
Valdés, vecino desta cibdad, auctor é
chronista desta Historia, como en antiguo
criado de la casa real ; al qual después
la Cesárea Magostad le hizo merced de
la tenencia desta fortaleza , é la tiene al
presente como su alcayde.
Tornando al propóssito primero, digo
que el comendador mayor siguió su ca-
mino , é con él el licenciado Maldonado,
su alcalde mayor; el qual, segund la pú-
blica voz é fama de su persona é obras,
fué uno de los mejores jueces que han
passado á las Indias: é assi como era hi-
jodalgo é virtuoso, assi administró su
oficio rectamente, siendo amado, temido
y acatado. No fué tirano cobdicioso, ni
dexó de hacer justicia , assi en el tribu-
nal como fuera del , é á doquiera que se
le pedia ; tanto que en las calles é can-
tones por do yba, a venia é concertaba las
partes y deshacia los agravios y excusaba
las contiendas en quanto podia , sin dar
lugar á gastos de papel y tinta ; la qual
con otros jueces suele doler é costar mas
que la sangre de los descalabrados. Lle-
gado el comendador mayor á España,
fuesse á Madrid , donde halló al Rey Ca-
thólico , año de mili é quinientos é diez
años, el qual lo rcscibió muy bien é mos-
tró aver holgado de verle, é le tracto con
mucha urbanidad é placer. Porque, demás'?
de ser mucha la bondad y clemencia del
Rey, era el comendador mayor su criado
antiguo, é de la Cathólica Reyna ; la qualN^^
por caballero virtuoso y bien acostum-
brado , le puso en el número de aquellos
primeros caballeros que los Reyes Ca-
lliólicos escogieron en todos sus reynos,
para que sirviessen al príncipe don Johan,
su hijo primogénito y heredero , é que
toviesse á par de su real persona ca-
balleros experimentados , virtuosos y de
buena sangre. Y este comendador mayor
^^
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. I.
99
fué uno de aquellos escogidos que gerca
del estovieron fasta que llevó Dios al prín-
cipe á su gloria ; y era entcnges comen-
^ dador de Larez. Assi que, y do de acá
en España , aunque él sospechaba que el
obispo Fonseca ni el secretario Gonchi-
llos no le avian de ser amigos, por las
causas que están dichas , no fué por eso
mal acogido del Roy: antes después que
le ovo bien oydo é se informo del de lo-
do lo de aquestas partes, se dixo muy
público que le avia pesado al Rey por le
aver removido del cargo , porque acá le
echaron luego menos é le lloraban mu-
chos. E si no se muriera, desde á poco
tiempo después que de acá fué, se creía
que el Rey le tornara á enviar á esta tier-
ra, por la ncsgessidad que ovo de su
persona, con mayores poderes por las co-
sas que después sub^cdieron.
Concluyendo en las cosas del comen-
dador mayor, continuaré el subgeso de
las del almirante don Diego Colom, que
en la verdad fué buen caballero é cathó-
lico; mas no le faltaron trabajos en el
tiempo que gobernó esta tierra , ni falta-
rán á los que la gobernaren , por todas
estas causas que agora diré. Lo primero,
de aqui á España hay muchas leguas, é
suélese degir que de luengas vias etc.; y
aunque fuesse mas corto el camino, el
dia de hoy, por nuestros pecados, anda
ofendida é olvidada la verdad en la ma-
yor parte de las lenguas ; y aunque se
quieran escudriñarlas verdades, no hay
tiempo para saberse lo cierto deltas; y
quando algo se sabe en Castilla , que re
quiera proveerse, quando acá llega lo
proveydo es tarde, y el que queda lasti-
mado, nunca suelda su dolor. Lo otro,
porque como su padre descubrió esta
tierra , no han faltado en ella aficionados
á él é á sus subf esores (en especial de
aquellos que por su mano fueron gratifi-
cados); y cómo subcedió la gobernación
después del primero almirante en el co-
mendador Francisco de Bobadilla, y des-
pués en el comendador mayor de Alcán-
tara , don frey Nicolás de Ovando , é lo-
vieron servidores é amigos que de su ma-
no é por sus buenas obras les quedaron
obligados, é aqueste segundo almirante
truxo otros criados é amigos que se alle-
garon á su casa , á los quales gratificó y
encomendó buenos indios é los favores-
gió; de todas estas mezcladas volunta-
des se fundaron muchas passiones, é en-
gendróse una contención desvariada é
vana , é dieron á entender al Rey Calhó-
lico que en esta cibdad é isla avia par-
cialidades , en que los unos se mostraban
señaladamente por servidores é aficiona-
dos al almirante, don Diego Colom , é que
los que á estos repugnaban , se llamaban
del Rey. Y daban á entender los unos é los
otros, por suscartas, lo que les páresela.
Resultó desto que assi cómo el almi-
rante era visorey, é las justicias eran
puestas por él , é los repartimientos de
los indios por su mano repartidos , acor-
dó el Rey Cathólico que en esta cibdad
de Sancto Domingo se pusiessen ciertos
letrados, é que estos se llamassen jue-
ces de apelación , é conosciessen , como
superiores , é se apelase del almirante é
de sus tenientes é alcaldes mayores, é
de otras justicias qualesquier, para los
tales jueces. Parescióle al almirante que
sus poderes é previlegios se le limitaban
por los tales jueces, é quexábase desta
compañía ó superioridad que le ponían:
é sobre estas cosas subcedieron otras de
tal forma, que él envió á pedir residencia
sobre los tales jueces, é á quexarse de
tan nuevo oficio en su perjuicio. Y ellos
también y el tesorero, Miguel de Fassa-
monte , le armaron de tal manera que el
Rey Cathólico envió á mandar al almi-
rante que fuesse á España ; y estuvo allá
algún tiempo , en el qual negoció poco é
gastó mucho. En la qual sacón vino por
juez do residencia, para .tomar cuenta al
100
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ligengiado Marcos de Aguilar, alcalde ma-
yor del almirante é á sus ofigiales, el li-
(^CQQÍado Johan Ibañez de Ibarra ; el qual
desde á pocos dias que aqui estuvo mu-
rió él , y el secretario Cávala que con él
\ema á entender en aquellos negogios.
Y por la muerte de Ibarra vino después,
año de mili é quinientos y quinge, el li-
gengiado Chripstóbal Lebrón ; el qual por
la ausencia del almirante y por cosas que
subgedieron , tomando la residencia , es-
tuvo un tiempo quasi absoluto en la go-
bernación. Y lo que á esto dio después
mas oportunidad , fué que desde á poco
tiempo después que el almirante llegó á
la corte , llevó Dios al Rey Cathólico , año
de mili é quinientos y diez é seis años.
Antes que adelante se proceda, es
bien que se escriba (é avian de ser las
letras de oro) de un dicho que dixo la
Cathólica Reyna , doña Isabel , de la ca-
lidad desta tierra é gente della ; porque
con este dicho tan grande é natural phi-
losophia acabare de fundar mejor lo que
dixe de suso, expressando las causas,
por donde nunca han de faltar trabajos á
los que gobernaren en las Indias. E lo
que dixo aquella sereníssima Reyna fué
aquesto : Quando el primero almirante,
don Chripstóbal Colom , ovo descubierto
estas Indias , estando un dia dando parti-
cular razón al Rey é á la Reyna de las
cosas destas partes, dixo entre otras co-
sas ó particularidades, que los árboles en
esta tierra, por grandes que sean, no me-
ten hondas debaxo de tierra sus raiges,
sino poco debaxo de la superficie. Y assi
es la verdad , porque allende de aquella
corteza ó temple que tiene la superficie
del terreno (que puede ser medio estado ó
poco mas), poquíssimos y raros árboles lle-
gan las raiges un estado de hondo; porque
alli adelante , ó antes hallan la tierra seca
é cálida, quanto mas ahondan; y cómo en
lo alto está húmeda, en aquello poco se
sustentan los árboles é se extienden é
multiplican é espargen tantas raíges ó
mas que tienen ramas ; pero , como es
dicho , no entran en lo hondo de la tier-
ra. Verdad es que el árbol de la caña-
fistola solo en estas partes llega hasta el
agua con las raiges; pero tales árboles
no los vido Colom ni los avia desta ca-
ñafístola, hasta que andando el tiempo,
se comengaron á hager de las pepitas de
la cañafístola que se truxo para medegi-
na , no obstante que en la mayor parte
de las Indias hay cañafístolas salvajes,
como se dirá en su lugar.
Assi que tornando á la historia, cómo
la Reyna oyó lo quel almirante avia di-
cho , preguntóle que á qué atribula el no
meter los árboles sus raiges en la tierra,
sino tan poco como degia ; y él replicó
que cómo en estas Indias llueve mucho é
hay muchas aguas naturales que tiemplan
la haz é superfigie de la tierra , que aque-
llo era la causa que los árboles , con po-
ca hondura , se extendiessen en raiges é
no las metiessen en la calor de lo muy
baxo de la tierra , que de nesgessidad ha-
llarían en lo hondo , por estar en tal cli-
ma esta tierra ; é por esso avia de ser
mas cahente en lo hondo é quemar las
raiges que allá baxassen : las quales sin-
tiendo esto, naturalmente se extendían
por donde esta misma naturaleza las guia
é les conviene extenderse, para su nutri-
miento. Después que la Reyna le ovo es-
cuchado, mostró averie pessado lo que
avia oido , é dixo estas palabras : E?i es-
sa tierra, donde los árboles no se arraigan,
poca verdad y menos conslancia avrá en
los hombres. Por gierto quien conosgiere
bien estos indios, no podrá negar que la
Reyna Cathólica habló lo que es dicho,
sino como mas que philósopho natural, y
no adevinando , sino digiendo la misma
verdad y como passa. Porque esta gene-
ragion de los indios es muy mentirosa c
de poca constangia, como son los mu-
chachos de sevs ó siete años, é aun no
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. I.
^Oi
tan coQslantes. E assi creo yo que á al-
gunos chiipstianos se les ha pegado har-
to (lesto , en espegial á los mal inclina -
dos ; porque otros muchos hay de mucha
prudencia y los ha ávido en estas partes;
mas también han venido otros acá de tal
suerte que bastaran para revolver á Ro-
ma é á Sanctiago , como lo suelen de^ir
los vulgares. Que se deba creer lo que di-
go de los indios, pruébasse porqueta ex-
periencia é obras de algunos lo mostra-
ron , y por los mestizos , hijos de chrips-
tianos é de indias; porque con grandís-
simo trabaxo se crian é con mucho ma-
yor no los pueden apartar de vicios é
malas costumbres é inclinagiones á algu-
nos. Y para lo que apunté que han pas-
sado acá algunos que no debieran venir,
esso se comengó á remediar por los Ca-
thólicos Reyes é su Real Consejo , en pro-
curar que los que á estas partes viniessen,
fuessen personas escogidas. Y assi sede-
be pensar que no se moverían ni darian
lugar á semejantes mudancas tan Cathó-
licos Reyes, como los passados, ni la
Cesárea Magostad después por ligeras in-
formagiones, ó dañadas voluntades de
particulares , sino con muy pensado é sa-
no acuerdo é doterminagion , assi en la
mudanga que se hizo del almirante pri-
mero como en las de demás; puesto que
como los reyes son hombres , pueden er-
rar como hombres : en espegial que la
mayor infeligidad ó mas ordinaria que se
atribuye al ceptro real , es que pocos le
digan al príngipe la verdad , é que si le
fuere dicha, que no lacrea. Esta desven-
tura anda tan junta con el reynar, como la
misma corona real. Pero hay en esto otra
cosa de mas poderío que á lo que es di-
cho contrasta , por donde se crea que to-
do aquesto ni está en mano de los hom-
bres ni en descuido ó infeligidad total de
los príncipes; pues que no se puede negar
aquella auctoridad del sabio , que dige *
que el coragon del rey está en la mano del
Señor, nuestro soberano Dios. E assi ave-
mos de tener por gierto que estas cosas de
tanta ímportangia para la fe é para la re-
pública chrípstiana, é donde tantas gentes
de indios han de ser gobernados é indus-
triados, que todos los errorefe^ó-áóe/ta-
mientos, que en los goberoajdóre^ é eo-.
bernados ha ávido, que -no.''é6." siir'pef4*
misión é causa oculta ; é para mí yo assi
lo pienso, só mejor enmienda. No me
quiero detener mas por el presente en
aquesto.
Volviendo á la historia , digo que es-
tando las cosas desta isla en el estado
que está dicho, como llevó Dios á su
gloria al Cathólico Rey don Fernando (su
nieto el príncipe don Carlos, nuestro se-
ñor , estaba en Flandes ) , mandó en su
testamento el Rey que gobernasse á
Castilla é León é sus reynos el cardenal
don fray Frangisco Ximenez de Gisneros,
argobispo de Toledo , en tanto quel prín-
gipe , nuestro nuevo Rey é Señor , é sub-
gessor de los reynos de España , venia á
tomar la possesion della : el qual luego
que supo la muerte del Cathólico Rey , su
abuelo, no solamente aprobó la goberna-
gion del cardenal , pero envióle de nue-
vo muy mas bastante é pleníssimo poder
para la administragion é gobernagion de
sus reynos y Estados, en tanto que su
Alteza venia á España.
i Cor rc(j¡s in manu Domini : Proverb.^ cap. XXI,
102
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO II.
En que se Irada de la persona ¿ grand ser del cardenal, don fray Francisco Ximenez de (^üsneros, aicobis-
po de Toledo , gobernador de España; y de algunas cosas que en su tiempo subcedieron ; é como por su
mandado, vinieron á gobernar eslas Indias Ires padres reverendos, priores de la Orden de Sancl Hierónimo,
d con ellos el licenciado Alonso Qua^o , é oirás cosas notables.
Üil cardenal don frey Francisco Ximenez
de Qisneros , arzobispo de Toledo , fué
gran varón, y lo que le turó el cargo de
la gobernación de los reynos de Castilla
y de Léóíi (que fué después que llevó
Dios ¡al^ R05^. Gathólico , don Fernando,
que por su testamento lo mandó , en tan-
to que su nieto el Rey don Garlos venia
á España), y hasta que murió, lo hizo tan
bien , que tuvo en paz los reynos , aun-
que se comentaron algunas novedades é
asonadas de gentes , en espegial sobre el
prioradgo de Sanct Johan en Gastilla y
en León , en la possession del qual esta-
ba don Diego de Toledo , hijo del duque
de Alva. E pedíalo é llamábase prior don
Antonio de Stúñiga , hermano del duque
de Béjar ; y estos dos duques , el uno por
el hijo y el otro por el hermano , tenian
competengia , é comentaron á tomar las
armas de la una é de la otra parte. Pero
el frayle cardenal, se dio tal recabdo en
su ofigio de gobernador real , que no les
convino á los unos ni á los otros llegar á
rompimiento , ni osaron hager cosa que
al Rey despluguiesse. E el cardenal se apo-
deró del prioradgo , y le tuvo de su ma-
no en nombre del Rey hasta que su Alte-
za , después que vino á España , conger-
tó á ambos priores é partióles la renta é
vassallos de aquel estado é dignidad ; é
al uno dio lo del reyno de Gastilla é al
otro lo del reyno de León , con tal regres-
so y aditamento, que muriendo el uno, se
tornasse la parte del tal defuncto al que
vivo quedasse dellos. E assi intervino
después ; porque murió el prior don An-
tonio de Stúñiga, é quedó en todo el
prioradgo don Diego de Toledo.
Dexemos aquesto , é tornemos á nues-
tras Indias , las quales , assi como los
otros reynos , estaban á cargo del carde-
nal ; y en aquella misma sagon estaba en
la corte de España el almirante don Die-
go Golom , negogiando lo que le conve-
nía , é también avia procuradores por es-
ta cibdad de Sancto Domingo é Isla Es-
pañola. Pero cómo el cardenal, desde
mucho tiempo antes, tenia larga notigia
de las cosas destas partes, acordó para
el bien dellas de buscar tres religiosos de
la Orden de Sanct Hierónimo , personas
de grand auctoridad é letras é de aproba-
da vida ; y enviólos á esta cibdad de
Sancto Domingo , con muy bastantes po-
deres para gobernar las Indias. Estos re-
ligiosos fueron fray Luis de Figueroa,
prior del monesterio de la Mejorada , que
está á una legua de Olmedo ; y aqueste
fué el mismo que dixe ( en el libro ter-
gero) que murió estando eleto é conge-
didas por el Papa las bulas para la unión
deste obispado de Sancto Domingo y del
obispado de la cibdad de la Gongepgion
de la Vega , y le enviaba la Gesárea Ma-
gestad para estas dignidades é obispados,
como obispo de ambas iglesias, é por
presidente desta Real Audiengia; pero
atajóle la muerte , y por ventura fué me-
jor para su ánima , que es de creer, por-
que era tenido por sancta persona : é mu-
rió el año de mili é quinientos é veynte
é quatro. Mas como de suso dixe, él
avia acá passádo primero por mandado
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. II.
403
del cardenal , el año de mili é quinientos
e diez y seis años , juntamente con los
otros dos religiosos que con él vinieron,
iguales en el poder é gobernación : que
fueron fray Alonso de Sancto Domingo,
prior del monesterio de Sanct Johan de
Ortega, que es á quatro leguas delacib-
dad de Burgos; y el otro fue fray Ber-
naldino de Manganedo , prior de Monta
Marta , que es á dos ó tres leguas de Ca-
mera. Y llegaron á esta cibdad de Sancto
Domingo poco antes de pasqua de Navi-
dad del año de mili é quinientos é diez y
seis años , é apossentáronse en el mones-
terio de Sanct Frang;isco. Y notaron mu-
cho que estando en maitines con los
frayles franciscos, la noche de Navidad,
ovieron tanto calor que sudaron. Y aquel
dia á comer les dieron los frayles ubas
frescas y higos acabados de coger de las
parras y higueras ; las quales fructas y ca-
lor son acá comunmente en tal tiempo;
cosa jamas oyda ni vista en los rey nos de
España ni en toda Europa. Aunque se lee,
segund dige el maestro Olchod en la glos-
sa que hizo sobre la Esphera, que tenien-
do un sancto varón en Inglaterra un de-
monio apremiado en cierta clausura, y
desseando el demonio verse libre de
aquella prisión , prometió á aquel sancto
hombre la noche de Navidad de le traer
higos frescos de las Indias , si le libertas-
se de aquel encerramiento en que estaba.
E assi con esta condición libertado el de-
monio , en muy breve espagio de tiempo
le truxo los higos frescos que le prometió;
de lo qual aquel sancto varón quedó muy
maravillado, conjecturando la grand tem-
planza de tiempo que avria donde se
avia cogido tal fructa, con la diferencia é
rigor del frió que en el mismo tiempo
era en Inglaterra, donde era natural;
creyendo que tierra tan templada y en tal
tiempo era muy propinqua y gercana al
paraiso terrenal. Pero no creo yo que los
higos serian destas nuestras Indias, por-
que no los ovo en ellas hasta que de Es-
paña se truxeron las higueras : ubas bien
podría ser , porque assi en esta isla como
en otras y en la Tierra-Firme son natu-
rales.
Tornando al propósito de la venida
destos padres reverendos, que como he
dicho, vinieron por visoreyes é gober-
nadores destas partes, enviados por el
cardenal de España, que á la sagon presi-
dia con los Consejos Reales en la gober-
nación de todos los rey nos de España,
por su Magostad ; el qual con muy íntimo
desseo de proveer e remediar las muchas
querellas y agravios que destas partes
yban ( de que continuo se quexaban los
vassallos españoles y los naturales tam-
bién destas Indias) , eligió en toda la Or-
den de Sanct Hierónimo estos tres reli-
giosos que es dicho , para en todo lo que
conviniesse al estado de la tierra é buen
tractamiento é conservación de los in-
dios, naturales destas partes todas de
nuestras Indias , islas ó Tierra-Firme
del mar Océano, é para que supiessenlas
passiones de acá entre los chripstianos, é
lo pusiessen é toviessen en todo concier-
to. De manera que en lo de adelante se
acertasse é proveyesse, como al servicio de
Dios, nuestro Señor, mas conviniesse, y
para que laconsciencia del Rey se satisfa-
ciesse é la tierra se remediasse. Con estos
padres religiosos fué elegido por juez, en
las cosas de la justicia civil é criminal, el
licenciado Alonso Cuaco, el qual estando
ya acá los padres hierónimos , llegó á es-
ta cibdad desde á poco tiempo , en el si-
guiente año de mili é quinientos é diez é
siete años , á ocho de abril , miércoles de
la semana sancta. Al tiempo que los reli-
giosos llegaron , como en aquel tiempo la
muerte del Rey Cathólico era reciente,
los jueces de apelación que aqui residían,
que ya se llamaban oydores , é su audi-
torio ya se decia Audiencia Real , é otras
personas desta cibdad principales, qui-
f04*
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
siéronse informar de la venida de aque-
ilos padres hierónimos (nunca vistos en
estas partes hasta entonces) , é de los po-
deres que traillan é á qué venían ; y ellos
como prudentes, mostraron el poder que
les era dado, y luego fué obedesQido. E
comentaron á entender en sus ofigios y
cargos, hasta en tanto que el licen-
ciado Cuago vino pocos meses después,
como es dicho. Lo qual assi mismo causó
mas admiración , porque llegado é pres-
sentado en las casas del cabildo desta
cibdad con sus poderes, maravilláronse
mucho, é aun dio temerá algunos, vien-
do que en el despacho de los negocios é
pleitos civiles é criminales avia de aver
brevedad ; 6 que segund la forma destos
poderes, se avian de acabar é fenescer
aqui, sin apelación ni otra dilación para
Su Magestad en los reynos de España , y
para que tomasse residencia á los oydo-
res, que eran á la sacón los licenciados
Marcelo de Villalobos , é Johan Ortiz de
Matienco , é Lúeas Vázquez de Ayllon , y
que también la tomasse á todos los otros
gobernadores , jueces é justicias ; é para
que tomasse cuenta é ragon á todos los
oficiales de Su Magestad y escribanos de
minas , é otras personas que oviessen te-
nido cargos é oficios en todas estas par-
tes , é con muy crescido salario. Por ma-
nera quél fué por el cabildo rescebido é
obedescido para en todo lo contenido en
sus poderes ; é comencé luego á enten-
der en las residencias de los oydores é
de los otros jueces é justicias é goberna-
ción , é hizo sus processos é los cerró é
sentenció. Hizo hacer algunos edificios
públicos; reparó los caminos é cárceles
que estaban abiertas , ó no como conve-
nían, é proveyó juntamente con el regi-
miento desta cibdad, cómo oviesse una
barca de passaje (que hoy hay para el
lio é puerto desta cibdad para la otra
banda della ) , con otras obras públicas y
provechosas á la república.
La gobernación destas qualro personas
por la forma que es dicha, fué asaz buena
lo que turó , y aquellos padres lo hicieron
lo mejor que Dios les dio á entender; pero
también entendieron en remover indios.
El remover los indios ha seydo una cosa
de las mas peligrosas que acá ha ávido
para la conciencia de los gobernadores:
lo que estos padres en este caso hicieron
fué sancto , porque los quitaron á todos
los caballeros y privados, á quien el Rey
Cathólico avia mandado darlos, y no los
dexaron á ningún ausente , é diéronlos á
los pobladores é vecinos de la isla: é hi-
Ciéronlos reducir en pueblos , á causa que
les fuessen mejor administrados los sacra-
mentos estando juntos , é fuessen infor-
mados de las cosas de nuestra sancta fé.
Sobre este servicio de los indios ha ávido
muy grandes altercaciones en derecho en-
tre famosos legistas , é canonistas é theó-
logos, religiosos, é perlados de mucha
sciencia é conciencia ; diciendo si deben
servir ó no estos indios, é si son capaces,
ó no: é si esos á quien se encomiendan los
tienen con buena conciencia, ó no; é con
qué calidades é limitaciones se deben ad-
mitir, ó concederse tal tutela. Pero cómo
han seydo muy diferentes en las opinio-
nes en esta disputa , ningún provecho se
ha seguido á la tierra ni á los indios. Ha-
llaron estos padres hierónimos grandes
quexas por causa de un repartimiento ge-
neral que Rodrigo de Alburquerque, primo
del licenciado Luis Capata (que á la sacón
era el mas principal en el consejo del Rey),
avia feciio con parescer del tesorero Mi-
guel de Passamonte : este Rodrigo de
Alburquerque era vecino de la cibdad do
la Concepción de la Vega en esta isla, é
con favor del dicho licenciado ovo pro-
visión del Rey Cathólico para repartir los
indios con parescer y voto del tesorero
Miguel de Passamonte, y con facultad de
poder enmendar otro repartimiento que
avia fecho antes el almirante, don Diego
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. 11!
105
Colom. Pero tantas é raas quexas resul-
taron desta enmienda, como de lo que el
almirante avia primero fecho é repartido;
y en la verdad esto es de calidad que
del postrero repartidor de los indios ha
de aver mas qu^as , aunque sea mejor
mirado que lo primero ; porque el mudar
la costumbre (y especial en los indios);
es cortarles la cabega , é assi quedó la
tierra muy dagnificada en toda esta isla.
Y cómo estos padres hierónimos eran ser-
vidores de Dios , pensando de lo enmen-
dar, lo remendaron, e pussieron los in-
dios en pueblos (quitándolos de sus asien-
tos): que fué harto daño, porque todos
estos remedios resultan en mayor perdi-
ción de aquesta gente. Porque cómo los
chripstianos vian tantas mudanzas e no
avia seguridad que les avian de turar los
indios y dexárselos , ó los trabajaban de-
masiadamente, ó no los tractaban como
los tractáran , si no temieran estas revo-
lugiones que tan á menudo se hagian. E
aunque algunos comedidos é cathólicos
lo higiessen bien , otros los desfructaban é
acosaban de manera (con excesivos tra-
bajos é de otras formas) que presto se
morian.
Pero assi cómo se redugieron á pue-
blos, les sobrevinieron unas viruelas
tan pestilenciales, que dexaron estas islas
é las otras comarcanas, Saiict Johan, Ja-
máyca é Cuba asoladas de indios, ó con
tan pocos , que paresgió un juigio grande
del cielo. Débese creer que la intengion
de aquellos tres religiosos hierónimos
fué sancta , é yo assi lo tengo por gierto;
porque quitarlos á los caballeros é pri-
vados ausentes fué sanctíssimo , é si al-
gunas mudangas higieron ó proveyeron,
fué con gelo caritativo, por aprovechar
á los mismos indios , y que mejor é mas
tiempo se sustentassen. E si los quitaban
á los señores é caballeros que se estaban
en España , gogando destos sudores ilí-
gitos é sirviéndosse dellos , por mano de
criados é de cobdigiosos mayordomos,
dábanlos estos padres á los veginos é po-
bladores de la isla , é á los que avian
pagificado é conquistado la tierra é la
poblaban.
Pero esta gente destos indios de sí
misma es para poco , é por poca co-
sa se mueren ó se ausentan é van al
monte; porque su pringipal intento (é lo
que ellos siempre avian hecho antes que
los chripstianos acá passassen) , era comer,
é beber, é folgar, é luxuriar, é idola-
trar, é exerger otras muchas sugieda-
des bestiales; de las quales é de sus ri-
tos é gerimonias se dirá en su lugar ade-
lante.
CAPITULO III.
De cómo la Cessárea Majestad dio licencia en cierta forma al almirante don Diego Colom , que (ornasse
á esta cibdad de Sancto Domingo d IslaEspañola, é otras cosas.
Uespues que el Rey don Carlos , nues-
tro señor, vino en buena hora á España,
el año de mili é quinientos é diez y sie-
te, é fué después en el de diez é nueve
elegido por Rey de los romanos é futuro
Emperador (la qual nueva supo Su Ma-
gostad en la cibdad de Bargelona) , esta-
ba alli el almirante don Diego Colom,
TOMO I.
entendiendo en su despacho , é litigando
con el fiscal real sobre sus preheminen-
gias é previlegios. E sin desgidirsse la
causa, le dio Su Magestad ligengia el
año de mili é quinientos y veynte en la
Coruña, desde donde Su Magestad so
embarcó á la sagon para volver á Flan-
des : é por aquella ligengia volvió el al-
ÍOG
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
mirante don Diego Golom á esta cibdad
engierta forma, el qual estaba en Espa-
ña desde el año de mili é quinientos é
quinge, ginco años avia. Pero non obs-
tante su venida , todavia quedó esta Au-
diengia como real Ghangilleria en su
prehemiaengia é superioridad, y de la
misma manera se despachaban ya los ne-
gogios que á ella concurrían, como ago-
ra lo hagen, aunque después acá se le ha
traydo el sello real.
Poco antes avia el Emperador, nues-
tro señor, enviado á llamar á los padres
hierónimos que se fuessen á España ; é
assi lo higieron algunos meses antes que
el almirante aqui volviesse , teniéndose
Su Magostad por muy servido dellos en
lo qué tocó la gobernagion : porque en
la verdad aprovecharon mucho é dieron
industria (con que se aumentaron los in-
genios de agúcar desta isla) , én favoresger
á los que los fundaban, é ayudaban á los
buenos veginos, é los allegaban, como
personas notables é de buen gelo é
sancto propósito. Pero es de saber que
quando continuaron estos religiosos y el
ligengiado Alonso Guago esta jurisdigion
é gobernagion, acaesgió que estos pa-
dres llegados á esta isla , é informados
de los graves daños é muertes que so-
brevenían á los indios naturales destas
partes (que estaban encomendados á ca-
balleros é perlados que residían en Es-
paña é que tenian favor, é aun algunos
dellos á cargo los negogios del Estado
destas partes); porque cómo los indios
eran traclados por criados é mayordo-
mos de los tales caballeros, y por ellos
desseado el oro que se cogia con las vi-
das destos indios é gente miserable, es-
crebian á las personas pringipales de acá
é á sus mayordomos que les enviassen
oro; y cómo todos los pringipales oíi-
giales de acá eran favoresgidos de aque-
llos señores , el fin de todos ellos era ad-
quirir, y enviar y resgebir oro, por lo
qual se daba exgessivo trabajo é mal
tractamiento, á esta causa, álos indios; é
morian todos ó tantos dellos, que de los
repartimientos, que cada qual tenia en
número dedosgientos é tresgientos indios,
brevemente este númer^ era consumido
y acabado , é tornado á rehager de los
otros indios que estaban encomendados
á los casados é veginos destas partes.
En manera que los repartimientos de los
pobladores se yban diminuyendo, é los
de los caballeros acresgentando; y de
los unos y de los otros , todos morian con
el mal tractamiento: que fué potíssima
causa para grand parte de su total des-
truigion é acabamiento. Pues cómo los
caballeros fueron gertificados de cómo
los padres hierónimos les avian quitado
los indios, enviaron luego á la Gessárea
Magostad (que á la sagon aun estaba en
sus señoríos de Flandes é no era veuido
á España) , é díxosse que ganaron gierta
gédula ó provission , enderesgada al li-
gengiado Guago, para que él conosgiesse
desta causa é restituyesse todos los in-
dios que se les avien quitado á los caba-
lleros ausentes, y que primeramente les
estaban encomendados. Pero ello no se
hizo , ni se les restituyeron ; porque in-
formado el Rey de la verdad , ovo por
bien lo que estaba hecho ; é aviendo res-
pecto á no dar causa para que aquella
miserable gente é indios que á los caba-
lleros de Gastilla estaban encomendados,
con el mal tractamiento que les era he-
cho, en muy breve peresgiessen , si les
fuessen restituidos. Gomo Su Mageslad
lo mandaba , sobreseyó el ligengiado en
la execugion de las provisiones á él diri-
gidas, é informó á Su Magostad de lo
que agerca desto passaba , é de cómo los
mas destos indios se avian quitado á
personas que avian seydo conquistado-
res en esta isla, y estaban casados é
avegindados en ella, é que los tenian é
tractaban como á hijos ; é cómo después
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. III.
107
que les fueron quitados y puestos en po-
der de los mayordomos de los caballe-
ros, y que no tenían respecto á mas de
sacar oro para enviar á Castilla á sus
señores (que yba teñido con la sangre des-
tos indios), todos ellos peresgian, y los
españoles , cuyos fueron , sin ellos que-
daban destruidos, é desamparaban la
tierra; é la población de aquesta isla se
destruía é desmínuia. De lo qual cer-
tificado Su Magestad , tuvo en mucho
servigio lo hecho, é disimuló en la im-
portunación de los que pedían los in-
dios.
Pues cómo esto llegó á notigia de los
caballeros , sintiéronlo mucho por perder
gran cantidad de oro , que en cada año
con el trabajo destos indios les era envia-
do ; y por esto tuvo creydo el ligengiado
^uago que no fallaron en España soligí-
tadores para ser removido del cargo. E
vino proveído para le tomar resídengía
el ligengiado Rodrigo deFígueroa, hom-
bre asaz astuto y no poco cobdigíosso,
segund después paresgió por los cargos
que en su resídengía le fueron fechos é
probados (como adelante se dirá). Assi
que, llegado á esta isla, el año de mili é
quinientos y veynte, con las informagio-
nes que traía de España contra el ligen-
giado Cuago, halló acá muy grand parte
para le destruir en algunos de los prin-
cipales desta isla. E comengóse la resí-
dengía, é apergibiéronse en ella todas
las cibdades é villas desta isla é de las
otras comarcanas, é fuéronle pueslas
muchas demandas é acusagiones gíviles é
criminales, é de muy exgesívas cantida-
des ; pero él se dio tan buen recabdo en
la defenssa de su limpiega que finalmen-
te todos los pleitos conclusos, con otros
muchos que se dexaron de seguir, se
sentengiaron por el ligengiado Rodrigo
de Figueroa en favor del ligengiado Cua-
go; aunque fué muy perseguido de los
criados é servidores de aquellos caballe-
ros, á quien se avian quitado los indios,
como ya se díxo (con acuerdo de los pa-
dres hierónimos), en no se los querer tor-
nar, el ligengiado Cuago, mandándolo
Su Magestad (por mas le servir). Y es de
saber que el ligengiado Figueroa fué pe-
dido por los enemigos de Cuago , y es-
cogido como persona muy rigurosa para
que le destruyesse; y aunque él vino
con intengion de no le perdonar alguna
cosa ó culpa, por venial que fuesse,
nunca pudo ni ovo lugar de le ofender
por la retitud que avia usado en su
ofigío.
Estando las cosas en estos términos,
y el ligengiado Cuago viéndose entre sus
émulos é personas , que por lo que ten-
go dicho é casos que resultan contra los
buenos juegos que administran justigia,
en alguna manera como desfavoresgido y
sin cargo, aunque con mucho favor de
todos los pobres y de aquellas personas
á quien avía administrado justigia en sus
pleitos é causas; é viendo aun á otros
muchos que tomaban las piedras en las
manos contra él , á exemplo de nuestro
Redemptor \ ascendióse de todos ellos é
pasóse á la Isla de Cuba, con poder que
le dio el almirante don Diego Colom,
para la gobernar ; en el qual ofigío se
ovo, como adelante se dirá en el lugar
que convenga. Assi que ydo el ligen-
giado Cuago á Cuba, quedó absoluto en
la gobernagion desta isla aquel juez de
resídengía, llamado el ligengiado Ro-
drigo de Figueroa, el qual no dexó de
qué se le pudiessedar gragiasen quanto
acá estuvo , puesto que no le turó tanto
el cargo como él quisiera. Yo passé por
esta cíbdad , el año de mili é quinientos
y veíate, yendo á la Tierra-Firme, é su-
pe de los desta cíbdad, é aun de algu-
1 Job, cap. VIH.
1Ü8
HISTORIA GEiNEiUL Y NATURAL
nos de los principales della, que era
juez muy perjudicial é cobdigiosso ; é
dixe á quien esto me degia, que por qué
no daban notigia de aquello á Su Mages-
tad , para que lo mandasse remediar , é
fuéme respondido estas palabras: «¿Có-
mo nos han de creer , que nosotros le pedi-
mos?» Luego bien dixe de suso que avia
seydo juez granjeado é pedido por apas-
sionados contra Cuago. Y assi este juez,
como conosgia él de sus obras que no
avia de permanesger en el cargo que te-
nia , recogió todo el oro é perlas que él
pudo asir, é fuesse á España (ó mejor
digiendo higiéronle yr, porque su cobdi-
gia era insagiable, é su conversagion no
de juez que se debiesse comportar);
porque después que en esta cibdad le fué
tomada residengia é le pusieron muchas
demandas en ella , é acusagiones crimi-
nales, fué condepnado en muchas de
ellas é apeló para el real Consejo de In-
dias, que reside en la corte de Su Ma-
gestad , é alli se vído su residengia : de
la qual resultó una sentengia contra él,
pronungiada en la cibdad de Toledo, año
de mili é quinientos é veynte é ginco,
bien rigurosa é fea; condenándole en
quatro tantos de cohechos é robos que
avia llevado en esta cibdad de Sancto Do-
mingo é en esta Isla Española , con otras
condenagiones de penas pecuniarias , no
bien sonantes, é privándole de tener
ofigio de juzgado real. La qual senten-
gia original yo vi é ley firmada de los
señores del Consejo Real de Indias en
aquella misma sagon en Toledo; des-
de donde este ligengiado se fué á Se-
villa en fiugia de un amigo suyo, natu-
ral de Camera, de donde era: el qual
gobernaba la casa del duque de Medi-
na Sidonia , y este se llamaba el comen-
dador Alonso de Sotelo , el qual le me-
tió por letrado de la casa é estado de
Medina Sidonia, donde murió desde á
poco tiempo.
CAPITULO IV.
En que se fracla la rebelión de los negros é del castigo que el alniiranle, don Dieg-o Colom , hizo en
ellos , etc.
Fi
ué un caso de mucha novedad en esta
isla , é pringipio para mucho mal (si Dios
no lo atajara) la rebelión de los negros;
y no seria razón que cosa tan señalada se
dexase de escrebir , porque si se callasse
la forma de cómo passó, también se ca-
llarla el servigio que algunos hombres de
honra de aquesta cibdad en ello higieron.
Y porque esta culpa no se me pueda dar,
ni se crea que queda por mi de inquerir
la verdad del fecho , diré lo que en este
caso he podido saber de personas que en
ello pussieron las manos; y tenga por
gierto el que lee , que si algo se dexa
de degir , que será por falta de los que
informan y no del que escribe. Assi que,
diré lo sustangial deste movimiento y al-
teragion de los negros del ingenio del al-
mirante, don Diego Colom: que por sus es-
clavos fué pringipiado este algamiento (y
no por todos los que tenia) ; é diré lo que
del mismo almirante é de otros caballe-
ros é hombres pringipales supe desta ma-
teria; y es aquesto.
Hasta veynte negros del almirante, y
los mas de la lengua de los jolophes, de
un acuerdo , segundo dia de la Natividad
de Chripsto, en pringipio del año de mili
é quinientos é veynte édos, saheron del
ingenio é fuéronse á juntar con otros tan-
tos que con ellos estaban aliados en gier-
ta parto. E después que estovieron juntos
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. IV.
109
hasta quarenta dellos , mataron algunos
chripstianos que estaban descuydados en
el campo , é prosiguieron su camino para
adelante, la via de la villa de Agua. Sú-
pose luego la nueva en esta cibdad , por
aviso que dio el ligengiado Chripslóbal
Lebrón que estaba en un ingenio suyo; y
sabido el mal propóssito é obra de los
negros , luego cabalgó el almirante en se-
guimiento dellos, con muy pocos de ca-
ballo y de pié. Pero por la diligengia del
almirante é buen provehimiento desta
Audiencia Real, fueron tras él todos los
caballeros é hidalgos , é los que ovo de
cabíiilo en esta cibdad é por la comarca;
y el segundo dia después que aqui se su-
po , fué á parar el almirante á la ribera
del rio de Nigao , é alli se supo que los
negros avian llegado á un hato de vacas
de jMelchior de Castro , escribano mayor
dé minas , é vegino desta cibdad , nueve
leguas de aqui; donde mataron á un
cliripstiano , albañir que estaba alli la-
brando , é tomaron de aquella estangia
un negro é doge esclavos otros indios,
é robaron la casa ; y hecho todo el daño
que pudieron, passaron adelante, hagien-
do lo mismo y pesándoles de lo que no
se les ofresgia, para hagerlo peor.
Después que en el discurso de su viaje
ovieron muerto nueve chripstianos , fue-
ron á asentar real á una legua de Ocoa,
que es donde está un ingenio poderoso
del ligengiado Cuago , oydor que fué en
esta Audiengia real ; con delerminagion
que el dia siguiente, en esclaresgiendo,
pensaban los rebeldes negros de dar en
aquel ingenio é matar otros ocho ó diez
chripstianos que alli avia, érehagerse de
mas gente negra. E pudiéranlo hager,
porque hallaran mas de otros giento é
veynle negros en aquel ingenio ; con los
quales si se juntaran , tenian pensado de
yr sobre la villa de Agua y meterla á cu-
chillo y apoderarse de la tierra , juntán-
dose con otros muchos mas negros que
en aquella villa hallaran de otros inge-
nios. E sin dubda se juntaran á su mal
intento , si la Providengia Divina no lo
remediara de la manera que lo remedió.
Assi que, llegado el almirante á la ri-
bera de Nigao , como he dicho , é sabi-
dos los daños ya dichos que los negros
yban hagiendo por el camino que lleva-
ban, acordó de parar alli aquella noche,
porque la gente que con él yba reposasse,
é los que atrás quedaban le pudiessen al-
cangar, para partir de alli otro dia al
quarto del alba , en seguimiento de los
malfechores. Es de saber que entre los
que alli se hallaron con el almirante es-
taba Melchior de Castro, vegino desta cib-
dad , al qual avian fecho en su hagienda
y estangia el daño que se dixo de suso;
é cómo le dolia su proprio trabajo (de-
mas é allende del general de todos que
se aparejaba) , acordó de se adelantar con
dos de caballo , sin degir cosa alguna al
almirante ; porque creyó que si le pedia
ligengia , no se la daria ni le dexaria yr
tan solo adelante, quedando el 'almirante
é gente donde es dicho. E secretamente
se salió del real é fué á su estangia é hato
de sus vacas , y enterró el albañir que alli
avian matado los negros, é halló su casa
sola é robada : alli se juntó con él otro
chripstiano de caballo, é determinó de yr
adelante: é desde alli envió á degir al al-
mirante que él se yba en seguimiento de
los negros con tres de caballo que con él
estaban, y que le suplicaba que le envias-
se alguna gente, porque él yba con deler-
minagion de entretener los negros, en tan-
to que los chripstianos con su señoría lle-
gassen , puesto que él y los que con él
yban eran pocos. Sabido esto por el al-
mirante le envió luego nueve de caballo
é siete peones, los quales le alcangaron;
é juntados con Melchior de Castro , fue-
ron por todos doge de caballo , é siguie-
ron á los negros hasta donde es dicho
que estaban. Entre esta gente de caballo
A\0
HISTORIA GEiNEIUL Y rsATUIUL
que el almirante envió á tener compañía á
Melchior de Castro, para detener los ne-
gros rebelados , fué el pringipal Francis-
co Dávila, vegiuo desta cibdad (que ago-
ra es uno de los regidores della] ; é pro-
siguiendo su camino, al tiempo que el
lugero del dia salía sobre el horizonte, se
hallaron á par de los negros : los quales,
assi como sintieron estos caballeros , se
acaudillaron é con gran grita , fechos un
esquadron, atendieron á los de caballo.
Los caballeros , viendo la batalla apare-
jada, sin atender al almirante por las
causas que es dicho, é no esperar que
los negros se juntassen con los de aquel
ingenio, determinaron de romper con
ellos , é embragaron sus daragas, é pues-
tas sus langas de encuentro , llamando á
Dios y al apóstol Sanctiago , todos doge
de caballo fechos un esquadron , de po-
cos ginetes en número , pero de animo-
sos varones, estribera con estribera, á
rienda tendida, dieron por medio del ba-
tallón contra toda aquella gente negra,
que los atendió con mucho ánimo para
resistir el ímpetu de los chripstianos; pe-
ro los caballeros los rompieron, épassa-
ron de la otra parte. Edeste primero en-
cuentro cayeron algunos de los esclavos;
pero no dexaron por esso de juntarse en-
continente, tirando muchas piedras é va-
rase dardos, é con otra mayor grita aten-
dieron el segundo encuentro de los ca-
balleros chripstianos. El qual no se les
dilató, porque no obstante su resistengia
de muchas varas tostadas que laucaban,
revolvieron luego los de caballo sobre
ellos con el mismo apellido de Sanctia-
go, é con mucho denuedo dando en ellos,
los tornaron á romper passando por me-
dio de los rebelados : los quales negros,
viéndose tan emproviso apartados unos
de otros é con tanta determinagion é osa-
día de tan pocos é tan valientes caballe-
ros acometidos é desbaratados , no osa-
ron esperar el tergero encuentro , que ya
se ponia en execugion. E volvieron las
espaldas, puestos en huyda por unas pe-
ñas é riscos que avia gerca de donde este
vengimiento passó, é quedó el campo é
la victoria por los chripstianos , é alli
tendidos muertos seys negros, é fueron
heridos dellos otros muchos; y al dicho
Melciiior de Castro le passaron el brago
izquierdo con una vara y quedó mal he-
rido. E los vengedores quedaron alli en
el campo hasta que fué de dia , porque
como era de noche y muy escura é la
tierra áspera é arborada en partes, no pu-
dieron ver á los que huian , ni por don-
de yban ; pero sin se apartar del mismo
lugar donde esto avia passado , hizo lla-
mar Melchior de Castro, por voz de un
vaquero suyo; al negro é indios suyos
que le avian robado los negros de su es-
tangia ; é luego cómo conosgieron la voz
del que los llamaba , los recogió é se vi-
nieron todos, porque estando ahy gerca
escondidos entre las malas é de oirle é
conosgerle en la voz se aseguraron , y se
fueron é su señor con mucho plager.
Assi como fué de dia claro , Melchior
de Castro é Frangisco Dávila é los otros
pocos de caballo que en este trange hon-
roso se hallaron, se fueron al ingenio del
ligengiado Alonso Cuago á reposar. E lle-
gó el almirante , é la gente que con él
yban aquel dia quasi á hora de vísperas;
y de lo que hallaron fecho todos los
chripstianos dieron muchas gragias á
Dios, nuestro Señor, por la victoria ávida:
porque aunque estos negros rebelados no
eran de mucho número , yban encamina-
dos con su mala intengion é obra donde
dentro de quinge dias ó veynte, no yén-
doles á la mano , fueran tantos y tan ma-
los de sobjuzgar, que no se pudiera ha-
ger sin gastarse tiempo y muchas vidas
de chripstianos. Sea Dios loado por el
buen subceso desta victoria, que en cali-
dad fué grande.
El almirante mandó á Melchior de Cas-
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. IV.
111
tro que se viniesse á esta cibdad de Sáne-
lo Domingo para que se curasse , como
lo hizo; y quedando el almirante en el
campo , hizo buscar con tanta diligencia
los negros que avian escapado de la ba-
talla y eran culpados, que enginco óseys
dias se tomaron todos, é mandó hager
justicia dellos é quedaron sem' rados á
trechos por aquel camino, en muchas hor-
cas. Pero como los que escaparon de la
batalla se avian metido en partes áspe-
ras, fué nesgesario que los siguiesse gente
de pié, de la qual fué por capitán Pero
Ortiz de Maliengo, el qual los siguió é
peleó con ellos é mató á algunos é pren-
dió á aquellos, de quien se hizo la jus-
ticia que he dicho. Y en la verdad este
hidalgo se ovo como muy varón en esto,
segund la dificultad é aspereza de la tier-
ra, donde los alcangó é desbarató á los
fugitivos. Por manera que la diligengia
de Melchior de Castro, mediante Dios y
el esfuerzo dél y de Frangisco Dávila,
que fué en su ayuda é socorro , por ca-
pitán, como es dicho, de aquellos ocho
caballeros que juntados con Melchior de
Castro todos fueron doge de caballo, sa-
lió el vengimiento á tan buen fin é vic-
toria, como es dicho, y el castigo ovo
perfecta execugion por el animoso exe-
-cutor que siguió los negros é mató parte
dellos é prendió los restantes, para colo-
callos en la horca é horcas. Y fecho este
castigo , el almirante se tornó á esta cib-
dad : en lo qual él cumplió muy bien con
el servigio de Dios y de Sus Magestades
y con quien él era ; y desta manera que-
daron los negros que se levantaron pe-
nitengiados, como convino á su atrevi-
miento é locura , é todos los demás es-
pantados para adelante y gertificados de
lo que se hará con ellos, si tal cosa les
passare por pensamiento , sin que se tar-
de mas en castigarlos de quanto se tar-
dare la ventura suya en descubrir su mal-
dad.
CAPITULO V.
De como el ahniranle don Diego Colom volvió á España , por mandado de la Cesárea Majestad , y de có-
mo el licenciado Lúeas Vázquez de Ayllon , oydor desla Audiencia Real, fue' á cierta gobernación de Tier-
ra-Firme, donde murió, y de cómo se han subcedido oíros jueces é oydorcs en esta Real Audiencia , é
otras cosas que locan á la historia.
'icho se ha de a manera que el almi-
rante segundo , don Diego Colom , vol-
vió á esta cibdad de Sancto Domingo,
donde estaban por juegos en estachangi-
lleria éAudiengia Real los lig.engiados que
primero se dixo, llamados Margólo de Vi-
llalobos, Johan Ortiz de Matiengo, Lúeas
Vázquez de Ayllon, é Chripstóbal Le-
brón , que estaba yaresgebido por oydor.
E cómo no faltaron contiendas entre el
almirante é los oydores sobre las cosas
de la jurisdigion , fué el ligengiado Ayllon
á España , assi sobre eso , como sobre sus
negogios proprios, é á procurar gierta
gobernagion é descubrimiento en la Tier-
ra-Firme , á la banda del norte ( que no
debiera). E Su Magostad le hizo merged
de la capitania general é gobernagion , é
le dio el hábito de Sanctiago. Y después
que estuvo en la corte é hizo allá rela-
gion de las cosas de acá , envió Su Ma-
gostad á llamar al almirante , don Diego
Colom, porque avian ydo algunas que-
xas dél , y de quien el almirante mas
enojo y quexa tenia era del ligengiado
Ayllon, porque creía que le avia fecho
daño con sus i nform agiónos, seyendo
mucho su amigo. Y assi se partió desta
112
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
cibdad de Sancto Domingo á diez y seys
dias de septiembre de mili é quinientos
é veynte é tres años. Llegado en España,
se fué á la corte del Emperador , nuestro
señor, á donde llegó el año siguiente de
mili é quinientos é veynte é quatro , en
el mes de enero , estando Su Magostad
en la cibdad de Vitoria. E luego el almi-
rante comenzó á entender en sus pleytos
é negogios , hasta que SuMagestad, des-
pués, en el año de mili e quinientos ó
veynte y ginco, se partió de Toledo para
Sevilla; y al tiempo que el almirante
partió de Sevilla para la corte, que fué
en el mes de diciembre de mili é qui-
nientos é veynte é tres , en la misma
sagon venia el ligengiado Ayllon para
Sevilla de camino para esta isla. Y ve-
nido aqui , hizo después aquella su ar-
mada para aquella su gobernación que
he dicho ; de donde nunca volvió , y mu-
rió allá desde á poco tiempo que llegó
con otros muchos , que de mal conseja-
dos le siguieron , después de aver gasta-
do mucha parte de su hacienda. Y en la
verdad él se ocupó en lo que le complia
no meterse, porque aqui estaba rico é
honrado , y era uno de los oydores desta
Audiengia Real que en esta cibdad reside,
y de los mas antiguos en ella; é no conten-
to desto , buscó la muerte para sí é para
otros , de la manera que mas particular-
mente se dirá en la segunda parte destas
historias ; porque destos descubrimientos
de la Tierra-Firme hay muchas historias
y cosas que notar , las quales se reservan
para en su lugar , y quando lleguemos á
ellas se dirá de cada una en particular lo
que convenga en sus lugares proprios,
porque son cosas que tocan á la segunda
parte desta General y natural Historia de
Indias.
Tornando al propósito de los jueges,
digo que ydo el ligengiado Ayllon , que-
daron residiendo en esta Chancilleria por
oydores los ligcngiados que primero di-
xe, Villalobos, Matiengo, é Lebrón ; é no
desde á mucho tiempo fué á España el li-
gengiado Matiengo , é le proveyó Su Ma-
gostad de oydor en la Nueva España.
Desde á poco tiempo murió el ligengiado
Villalobos ; por manera que quedó esta
Audiengia con solo el Ugengiado Lebrón.
Desde á poco fué proveído por oydor el
ligengiado Alonso Cuago , del qual tengo
dicho que vino á esta cibdad con los pa-
dres hierónimos, á quien tomó residen-
gia el ligengiado Figueroa ; y hecha aque-
lla , fué por gobernador á Cuba, en nom-
bre del almirante ; y desde aquella isla
passó á la Nueva España ; y en el camino
se perdió en las islas de los Alacranes , y
de allí escapó miraglosamente é prosi-
guió su camino ; y Hernando Cortés le dio
cargo de la justigia de la Nueva España;
y estando allá gobernándola , fué preso y
traydo á la isla de Cuba, á hager allíre-
sidengia del tiempo que allí fué juez , é
la gobernó ; é dio tal cuenta de sí como
adelante se dirá, donde se tractará de
muchas cosas notables que por él passa-
ron en el último libro de los Infortunios y
naufragios. Assi que por su retitud é servi-
gios é persona la Cesárea Magostad, como
gratíssimo príncipe, informado de la ver-
dad , y viendo que á su real servigio con-
venia que tal juez aqui en esta Real Au-
diengia assistiesse, como hombre que
tanta experiengia tenia de las cosas des-
tas partes , se quiso servir del por su oy-
dor, é le mandó aqui residir: hasta la
qual clecgion de su persona passaron por
este caballero muchas desaventuras y tra-
baxos , y grandes experiengias de su pa-
giengia.
Después de lo que es dicho , entró por
oydor el ligengiado Gaspar de Espino-
sa, en lugar del ligengiado Villalobos.
Este vino assi mismo por juez de resi-
dengia , la qual tomó á los oydores é á
las otras justigias, é fué un tiempo abso-
luto é solo en la gobernagion, aunque no
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. V.
113
bien quisto de algunos, puesto qije assi
mesmo otros degian bien del. Y no me
maravillo de cosa que oyga degir de juez
en estas partes ; porque demás de ser so-
lo Dios el que podria contentar á todos,
siempre en las tierras nuevas son peligro-
sos semejantes ofigios , assi para el cuer-
po, como para el ánima. Passada la re-
sidencia, quedaron juntamente en esta
Real Aaudiengia los ligengiados Lebrón y
^uago y Espinosa; pero desde á poco
tiempo se passó á vivir á la Tierra -Fir-
me , donde tenia giertos indios de repar-
timiento , que le servian , desde que allí
avia seydo alcalde mayor de Pedrarias
Dávila , en la provingia que llaman Cas-
tilla del Oro , como mas largamente se
dirá, quando de aquella tierra se tráete y
escriba. Ido Espinosa donde he dicho,
entró en su lugar en esta Audiengia el
doctor Rodrigo Infante , é porque ya era
muerto el ligengiado Chripstóbal Lebrón,
entró en su lugar el ligengiado Johan de
Vadillo, que estaba en esta cibdad de
Sancto Domingo desde el año de mili é
quinientos é veynte y ginco , entendien-
do en las cuentas y debdas delahagien-
da real ; y estos tres oydores , conviene
saber, ligengiado Cuago, doctor Infante,
y el ligengiado Johan de Vadillo , residie-
ron en esta Real Audiengia , é goberna-
ron esta isla é otras, conosgiendo de las
apelagiones de mucha parte de la Tierra-
Firme , juntamente con el muy reverendo
é noble señor el ligengiado , don Alon-
so de Fuenmayor, presidente por Sus
Magostados, que llegó á esta cibdad
en el tiempo que adelante se dirá: el
qual al presente es obispo desta Sancta
Iglesia .
CAPITULO VI.
Del subeesso é vida del segundo almirante, don Diego Colom, después que volvió á España é llegó á la
corle en la cibdad Vitoria, é hasta que murió en la Puebla de Montalban, é otras cosas, concer-
nientes al discurso desta historia.
Uicho se ha cómo el almirante segun-
do , don Diego Colom , fué por mandado
de la Cessárea Magostad á España é lle-
gó á la corte en el mes de enero del año
de mili é quinientos é veynte y quatro,
estando el Emperador, nuestro señor
en la cibdad de Vitoria; é alli entendió
luego en sus negogios é pleytos con el
fiscal real (que de tiempo atrás pendían),
todo el tiempo que Su Magostad é su
Consejo Real de Indias estuvieron en
aquella cibdad, é después en la de Bur-
gos , é después en Valladolid , é después
en Madrid, é últimamente en la cibdad
de Toledo hasta el año de mili é qui-
nientos é veynte y seis , que Su Magostad
se partió de alli para Sevilla. En la qual
sagon el almirante avia adolesgido é es-
TOMO I.
taba ya muy enfermo é flaco : é con todo
su trabajo é indispusigion , partido Su
Magostad , se quisso ir tras él , é acor-
dó de hager su camino por Nuestra Se-
ñora de Guadalupe. Y dos dias antes de
su partida, le dixe que me paresgia que
no agertaba en ponerse en tan largo ca-
mino , estando tal como estaba , é assi se
lo dixeron otros sus smigos é servidores,
consejándole que , pues estaba en Tole-
do , donde no faltaban médicos singula-
res ni mediginas , é las otras cosas que
conviniessen para se curar , que no se
fuesse en manera alguna , porque su mal
no se aumentasse; y que se estoviesse
quedo, hasta que convalesgiesse é to-
viesse salud. E respondió que se sentía
mejor, y que eo penssar que yba hágia
45
414
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
las Indias , do estaban su muger é hijos,
y en yr á Sevilla la corte , le paresQia que
estaba ya sano ; y que él se queria yr por
nuestra Señora , Sancta María de Guada-
lupe , porque esperaba que ella le daria
esfuergo para tal jornada; y que en su
bendita casa queria tener novenas, y
desde ella yrse tras el Emperador, nues-
tro señor. Y aunque le fué replicado,
estorbándole su partida, no aprovechó,
porque avia de ser su fin , donde Dios lo
tenia ordenado. E assi continuando su
voluntad, determinó de hagersu camino,
é partiósse de Toledo un miércoles, veyn-
te y uno de hebrero de aquel año de mili
é quinientos é veynte y seis , y en una li-
tera ó andas llegó aquel dia á una villa
de don Alonso Tellez Pacheco , que se
llama la Puebla de Montalban (que es á
seis leguas de Toledo). E alli le aquexó
luego el mal de tal manera , que el jue-
ves siguiente ordenó su ánima, como ca-
thólico chripstiano , el qual se avia con-
fessado é comulgado el dia antes , que
fué el mismo que de Toledo partió ; y el
viernes , que se contaron veynte y tres de
hebrero , á las nueve horas de la noche,
espiró con mucha contrición é acuerdo,
dando gracias á Dios Nuestro Señor, é
con grandíssima pagiengia é atención
encomendándose al Redemptor é á su
gloriosa Madre, dio el espíritu á Dios;
y assi se debe creer que su ánima fue á
la celestial gloria. E quiso Nuestro Se-
ñor que para su consolagion é ayudarle á
bien morir , se hallassen quatro religio-
sos de la Orden de Sanct Frangisco con
él; porque desta religión era muy de-
voto , y estos estuvieron alli acordándo-
le lo que á su salvagion convenia hasta
la última hora é punto. Assi cómo espi-
ró , sus criados tomaron su cuerpo é lle-
váronle á Sevilla al monesterio de las
Cuevas, de la Orden de Cartuxa, é pus-
siéronle alli en depósito , junto al cuerpo
de su padre , el almirante primero don
Chripstóbal Colom. Desta manera que es
dicho acabó el almirante , don Diego Co-
lom, esta misserable vida. E subgedió
en su casa é título , su hijo mayor don
Luis Colom, tergero almirante en este
Estado é casa suya.
CAPITULO VIL
Be la subeesion del tercero almirante deslas Indias, llamado don Luis Colom, é de cómo su madre,
la vireyna, fué á España á seguir los pleitos que su marido el almirante, don Diego Colom, Iraclaba
con el fiscal real sobre sus privilegios ; y de cómo vino por presidente á esta Audiencia Real el obis-
po de aquesta cibdad de Sancto Domingo é de la Concepción de la Vega, don Sebastian Ramírez de
Fuenleal.
V>4Ómo en esta cibdad se supo la muer-
te del almirante , don Diego Colom , lue-
go se llamó almirante su hijo mayor don
Luis Colom , que á la sagon seria de po-
co mas de seis años , ó no los avria . Y
pocos dias antes avia venido á esta isla
por juez de residengia, el ligengiado
Gaspar de Espinosa , como tengo dicho,
y en tanto que aqueste juzgado le turó
él gobernó aquesta isla ; y después , co-
mo en otra parte queda dicho , se pas-
só á la Tierra-Firme. A algunos plugo
de su y da y otros le quisieran para mas
tiempo ; pero esto es común cosa á los
que son gobernados : aborresger á quien
los manda é dessear nuevos juegos, é
assi no le faltaron los murmuradores que
tovieron otros que gobernaron antes que
él , como no faltarán á los presentes y
venideros.
En aquel tiempo estaba aquesta Sanc-
ta Iglesia sede vacante, y mucho antes
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VII.
113
assi mismo el obispado de la cibdad de
la ConQepgion de la Vega, é la Cessá-
rea Magostad avia fecho merged de am-
bas, debaxo de una mitra, al reverendo
padre , Fray Luis de Figueroa , prior de
la Mejorada, de la Orden de Sanct Hie-
rónimo, é murió estando eleto, é aun
como tengo dicho, estando concedidas
á despachadas las bulas. E por su fin
acordó Su Magostad de proveer de am-
bas dignidades é obispados, é de la
presidencia desta Real Audiencia é Chan-
cilleria al licenciado don Sebastian Ra-
mírez de Fuenleal (del qual assi mis-
mo se dixo en el pregedente libro) , por
persona conviniente para lo espiritual
é temporal; é para que el servigio de
Dios é de Sus Magestades y el bien des-
tas partes , muy bien se mirasse , assi por
su buena congiengia é letras, como por
su grande experiengia. E assi Su Magos-
tad, como estaba bien informado de su
persona é obras, le escogió é envió á
esta cibdad , donde residió , exergitando
sus ofigios , como buen pastor para las
ánimas, é buen presidente é gobernador
para todo lo demás.
Pero cómo las cosas de la Nueva Es-
paña tenian mucha nesgessidad de se
ordenar é bien gobernar , envióle á man-
dar Su Magostad que fuesse allá , como
presidente de aquella Audiengia Real que
reside en la gran cibdad de México , pa-
ra lajustigia de aquellas partes é reynos;
é assi mismo tuvo ambos obispados. Pe-
ro assi cómo llegó aqui, desde á poco
tiempo salió desta Audiengia el ligengia-
do , Gaspar de Espinosa , porque él mis-
mo diz que lo avia suplicado ; pero la
verdad dello fué que en Tierra-Firme
tenia en la gobernagion de Castilla del
Oro un cagique é buenos indios que le
servian , desde el tiempo que él avia en
aquella tierra seydo alcalde mayor de
Pedrarias Dávila. E los de aquella go-
bernagion se quexaban é degian que Sus
Magestades no debian consentir qael li-
gengiado Espinosa ni otro alguno que
estoviesse ausente , toviessen indios ; por
manera que se fué á vivir á la cibdad de
Panamá , donde le servia el cagique Pa-
cora é su gente é indios , é llevó allá su
muger é hijos. E después quel Perú se
descubrió, passó allá, donde murió en
demanda deste oro que á muchos mas ha
quitado las vidas en estas partes , que no
remediado ni hartado.
Tornando al nuevo almirante, digo
que assi como la visoreyna , doña María
de Toledo , supo la muerte de su mari-
do el almirante don Diego Colom , é le
ovo mucho llorado é fecho el sentimien-
to é obsequias semejantes á tales per-
sonas (porque en la verdad esta señora
ha seydo en esta tierra tenida por muy
honesta y de grande exemplo su perso-
na é bondad , é ha mostrado bien la ge-
nerosidad de su sangre); determinó de
yr en España á seguir el pleyto que su
marido tenia sobre las cosas de su Esta-
do con el fiscal real , y llevó consigo á
su hija menor, doña Isabel, y al menor
de sus hijos , llamado don Diego ; y dexó
en esta cibdad á su hija mayor, doña
Phelipa (la qual era enferma é sancta
persona) y al almirante don Luis, y á
don Chripstóbal Colom, sus hijos harto
niños.
Y cómo la vireyna fué en España,
desde á pocos días , casó la hija menor
que consigo llevó, doña Isabel Colom,
con don Jorge de Portugal, conde de
Gelves, é alcayde de los alcágares de
Sevilla. Llegada á la corte, halló y do al
Emperador á Italia á su gloriosa corona-
gion en Boloña , é por la ausengia de Su
Magostad, ovo de residir é atender á
sus pleytos é negogios en la corte de la
Emperatriz , nuestra señora , de gloriosa
memoria , soligitando á los señores del
Consejo de Sus Magestades en los nego-
gios del almirante don Luis, su hijo. E
i 10
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Su Magestad la tracto muy bien, é la
favoresQÍó, é fué resgebido don Diego
Colom, su hijo menor, por page del se-
reníssimo príngipe , don Phelipe, nues-
tro señor, é mandaron Sus Magestades
dar quinientos ducados de ayuda de
costa en cada un año al almirante, don
Luis, en las rentas reales de aquesta
isla.
Pero porque para la segunda impres-
sion desta primera parte ó historia, vamos
añadiendo y enmendando lo que le com-
pete y el tiempo va obrando, digo que
esta señora visoreyna, continuando su
buen propóssito é siguiendo la justigia
que pretendía por parte de sus hijos , li-
tigando como quien ella era, é acordando
á César, después que volvió de Italia, el
grande servigio , é no como él otro ja-
más fecho á príngipes, como lo hizo el pri-
mero almirante , vino esta pendengia á se
congertar. E el Emperador, nuestro se-
ñor , descargando las reales congiengias
de sus padres y abuelos y suya , como
gratíssimo príngipe, hizo al almirante, don
Luis, duque de Veragua é del golpho é
islas de Cerebaro en la Tierra-Firme, é
dióle la isla de Jamáyca con mero y mix-
to imperio é título de marqués della; é
demás deso , le hizo merged de diez mili
ducados de oro de contado en cada un
año , situados en las rentas reales é de-
rechos desta Isla Española , é el alguagi-
ladgo mayor desta cibdad , con voto en
el regimiento della é confirmagion del
ofigio de almirante perpetuo destas In-
dias , assi en lo descubierto como en lo
que está por descobrir. E todo lo que es
dicho con título de mayoradgo perpetuo
entera é indivisiblemente para el dicho
almirante é sus subgessores , sin que se
pueda enagenar ni salir de sus legítimos
herederos. E demás desso, mandó Su
Magestad dar de merged un qüento de
maravedís de renta en cada un año en sus
derechos reales, por todos los dias de
sus vidas, á doña María é doña Johana Co-
lom , hermanas del almirante, para ayuda
á sus casamientos, é otras mergedes. E dio
Su Magestad el hábito de Sanctiago á don
Diego Colom , menor hermano del almi-
rante , con gierta renta en aquella Orden
mihtar. Lo qual todo fué negogiado é
concluido con la diligengia de tan buena
é prudente madre , como ha seydo la vi-
soreyna á sus hijos , á quien sin dubda
ellos deben mucho ; porque aunque esta
satisfagion pendiesse de los méritos é ser-
vigios del primero almirante , mucho con-
sistió el efecto destas mergedes y su con-
clusión en la soligitud desta señora, é en
su bondad é buena gragia , para lo saber
pedir é porfiar. A lo qual ayudó asaz el
mucho é gercano debdo que la visoreyna
tiene con Sus Magestades; porque su pa-
dre della y el Rey Cathólico fueron pri-
mos , hijos de dos hermanas , ambas hi-
jas del almirante de Castilla, don Fadrique
Enriquez.
Luego que se ovo dado el assiento que
es dicho en los letigios del almirante, ca-
só la visoreyna á doña Johana Colom, su
hija con don Luis de la Cueva , hermano
del duque de Alburquerque tergero; el
qual don Luis fué capitán de la guarda
de la persona de César é muy agepto á
Su Magestad, é muy valeroso caballero.
Tornando á la gobernagion desta isla
é Audiengia Real, digo que ydo el obispo
presidente á la Nueva España , segund he
dicho , pesó á muchos dello , é á otros
plugo; porque los unos no le quisieran
tan justo, y los otros le quedaron des-
seando ; y sirvió tan bien en aquel cami-
no en las cosas de la Nueva España, que
pocos le loan al presente , por las orde-
nagiones ó paresger que digen que dio
de quitar los indios á los conquistadores,
de que han resultado é ávido muchas no-
vedades en aquella tierra : lo qual , me-
diante la prudengia del visorey , don An-
tonio de Mendoga, avisado Su Mages-
DE INDIAS. LIB.IY. CAP. Vil.
Ul
fad de la verdad , lo proveyó de manera
que , revocando algunas cosas de las que
el obispo dexó en su tiempo , aquellas
tierras se han remediado y mucho asse-
gurado. Con que después que Su Mages-
lad hizo visorey dellas al señor don An-
tonio de Mendoga , mandó ir al obispo á
Castilla, le hizo merged del obispado de
León , é le hizo su presidente de la Real
Audiencia é Chancilleria que reside en la
villa de Valladolid, por ausengia del qual
ydo de aqui , quedó esta Audiengia real
de Sancto Domingo con los tres oydores
que he dicho , el ligengiado Alonso Cua-
go, é el doctor Rodrigo Infante, y el li-
gengiado Johan de Vadillo : los quales
después gobernaron esta isla, con par-
te de la Tierra-Firme, como personas de
experiengia é letras , é tales como con-
viene ser en tan alto ofigio é tribunal,
residiendo en esta cibdad de Sancto Do-
mingo hasta los catorge de digiembre de
mili é quinientos é treynta é tres años,
que llegó á esta cibdad el muy reveren-
do é noble señor, el ligengiado Alon-
so de Fuenmayor, por presidente de Sus
Magostados en esta real Chancilleria, don-
de fué resgibido al ofigio é gobernagion,
é presidiendo con los oydores que es di-
cho. Desde á algún tiempo por la tiranía
de Gargia de Lerma, gobernador en
Tierra-Firme de la provingia de Sancta
Marta , fué allá por mandado de Sus Ma-
gostados, á le castigar el doctor Infante;
é después que tornó aqui desde á poco
tiempo, murió. El ligengiado Vadillo fué
á tomar residengia á Pedro de Heredia,
gobernador de Cartagena, é quedó esta
Audiengía con el presidente é el ligengia-
do Guago , hasta que el postrero dia del
mes de mayo del año que passó de mili é
quinientos é treynta y ocho años, llegó á
esta cibdad el ligengiado Alonso de Cer-
vantes , al qual envió Su Magostad por su
oydor en lugar é por fin del doctor Infan-
te. Después de lo qual, á los trege de
margo del año siguiente de mili é qui-
nientos é treynta y nueve, llevó Dios al
ligengiado Alonso C^uago, é quedó esta
Audiengia con el señor presidente é con el
ligengiado Cervantes, hasta que Su Magos-
tad proveyesse á otro, é que volviesse Va-
dillo, ó quien Su Magostad fuesse servido.
Aqui llegué con esta materia , quando
esto se escribía en limpio, en fin de margo
del año de mili é quinientos é treynta é
nueve : en el qual tiempo se tenia avi-
so que Su Magostad Cesárea avia fe-
cho merged al señor presidente, el ligen-
giado don Alonso de Fuenmayor, de los
dos obispados desta isla, como los tuvo el
presidente passado (que son el de aquesta
cibdad y el de la cibdad de la Congepgion
de la Vega), méritamente. Dios le dé gra-
gia para ambas administraciones, porque
assi como son diversos los gladios espi-
ritual é temporal , assi es menester muy
mayor cuidado , y con mas trabaxo y ve -
la la administragion para quel clero é los
seglares se conserven. Pero como Dios
ha de ser la guia , él le dará á este señor
el favor que conviene , para que en todo
agierte ; pues que es letrado é de buena
casta, é naturalmente noble persona, é
goloso del servigio de Dios é de Sus Ma-
gostados. Después de lo ques dicho , vino
por oydor de Sus Magostados desta real
Audiengia el ligengiado Guevara, en lugar
de Cuago, é tornó Vadillo de Tierra-Firme.
Mas porque es tiempo de passar á otras
materias de dulge legión é de muchos se-
cretos de naturaleza, acábesse lo que que-
da pordegir de aquesta isla, que son co-
sas notables é no dignas de preterir ni
dexar en olvido. E para dar mas parti-
cular razón de lo que atrás se tocó del
agúcar, quiero degir como ovo origen en
esta isla, antes que passemos á otras par-
ticularidades, pues que aquesta es una de
las muy importantes é ricas grangerias
destas partes , y aqui mayor que en nin-
guna provingia de todas las Indias.
118
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO vm.
Que Iracta de Iss ingenios é trapiches de a9Úcar que hay en esta Isla Española , y cuyos son y de qué
manera ovo principio esta rica granjeria en aquestas parles, y primefo en esta isla.
Jr ues aquesto del agúcar es una de las
mas ricas grangerias que en alguna pro-
vincia ó reyno del mundo puede aver, y
en aquesta isla hay tanta é tan buena y de
tan poco tiempo acá assi exergitada é ad-
quirida; bien es que aunque la tierra é
fertilidad della, y el aparejo grande de
las aguas é la dispusigion de los muy
grandes boscajes de leña para tan gran-
des y continuos fuegos, sean tan al pro-
póssito (como son) para tales hagiendas,
que tanto mas sean las gragias y el pre-
mio que se debe dar á quien lo enseñó é
puso primero por obra. Pues todos to vie-
ron los ojos gerrados hasta que el bachi-
ller Gongalo de Velosa, á su propria cos-
ta de grandes y exgesivos gastos, se-
gund lo que él tenia , é con mucho tra-
bajo de su persona, truxo los maestros
de agúcar á esta isla , é hizo un trapiche
de caballos é fué el primero que hizo ha-
ger en esta isla agúcar ; é á él solo se de-
ben las gragias, como á pringipal inventor
de aquesta rica grangeria. No porque él
fuesse el primero que puso cañas de agú-
car en las Indias , pues algún tiempo an-
tes que él viniesse muchos las avian
puesto é las criaban é fagian mieles de-
ltas ; pero fué , como he dicho , el pri-
mero que hizo agúcar en esta isla , pues
por su exemplo después otros higieron lo
mismo. El qual, como tuvo cantidad de
caña , hizo un trapiche de caballos en la
ribera del rio de Nigua, é truxo los ofi-
gialcs para ello desde las islas de Cana-
ria, é molió é hizo agúcar primero que
otro alguno.
Pero la verdad desto inquiriendo , he
hallado que digen algunos hombres de
crédito é viejos , que hoy viven en esta
cibdad , otra cosa , é afirman que el que
primero puso cañas de agúcar en esta isla
fué un Pedro de Atienga , en la cibdad de
la Congepgion de la Vega , y que el al-
cayde de la Vega, Miguel Ballester , na-
tural de Cataluña, fué el primero que hizo
agúcar. E afirman que lo higo mas de dos
años antes que lo higiesse el bachiller Ve-
losa ; pero junto con esto digen que lo
que hizo este alcayde fué muy poco , é
que todo lo uno é lo otro ovo origen de
las cañas de Pedro de Atienga. De ma-
nera que de la una é de la otra forma,
esto que está dicho es el fundamento ó
pringipio original del agúcar en esta isla
é Indias ; porque deste comiengo que á
ello dio Pedro de Atienga, se multiplicó
para llegar esta grangeria al estado en que
agora está , é cada día se aumenta y es
mayor , puesto que de quinge años á esta
parte algunos ingenios han quebrado é
se deterioraron por las causas que en su
lugar se dirá ; pero otros se han perfigio-
nado. Tornemos al bachiller Velosa é su
trapiche.
Assi como por aquel se fué mejor en-
tendiendo esta hagienda, juntáronse con
él el veedor, Chripstóbal de Tapia, é su
hermano el alcayde desta fortaleza, Fran-
gisco de Tapia , é todos tres higieron un
ingenio en el Yaguate , legua é media de
la ribera del rio de Nigao ; é desde á al-
gún tiempo se desavinieron , y el bachi-
ller les vendió su parte á los Tapias. Des-
pués el veedor vendió la suya á Johan de
Villoría , el qual después la vendió al al-
cayde , Frangisco de Tapia , y quedó en
solo él este primero ingenio que ovo en
esta isla. Como en aquel tiempo ó prin-
gipios no se entendía tan bien, como con-
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIII.
119
venia, la nesgessidad que tales hagiendas
tienen de muchas tierras y de agua é le-
ña é otras cosas que son anexas á tal gran-
geria (de lo qual todo alli no avia tanto,
como era menester) , despobló el alcay-
de , Frangisco de Tapia, aqueste inge-
nio , é passó el cobre ó caldereras é pe-
trechos é todo lo que pudo á otro mejor
assiento en la misma ribera de Nigua , á
ginco leguas desta cibdad, donde hasta
quel dicho alcayde murió, tuvo un muy
buen ingenio , é de los poderosos que hay
en esta isla.
Porque no se repita muchas veges lo
que agora diré , ha de notar el letor en
este ingenio para todos los otros por este
aviso , que cada ingenio de los poderosos
é bien aviados , demás é allende de la
mucha costa é valor del edifigio é fábri-
ca de la casa , en que se hage el agúcar,
é de otra grande casa en que se purga é
se guarda, hay algunos que passan de
diez é doge mili ducados de oro é mas,
hasta lo tener moliente é corriente. Y
aunque se diga quinge mili ducados no
me alargo , porque es menester tener á
lo menos continuamente ochenta ó gient
negros é aun giento é veynte é algunos
mas, para que mejor anden aviados; é alli
gerca un buen hato ó dos de vacas de
mili ó dos mili ó tres mili deltas que co-
ma el ingenio ; allende de la mucha costa
de los ofigiales é maestros que hagen el
agúcar, y de carretas para acarrear la
caña al molino épara traer leña, é gente
continua que labre el pan é cure é riegue
las cañas, é otras cosas nesgessarias y de
continuos gastos. Pero en la verdad el
que es señor de un ingenio libre é bien
aviado , está muy bien é ricamente here-
dado ; é son de grandíssima utilidad é ri-
queza para los señores de los tales inge-
nios.
Assi que, este fiíé el primero ingenio
que ovo en esta isla ; é es de notar que
hasta que ovo agúcares en ella, las naos
tornaban vagias á España , é agora van
cargadas della é con mayores fletes de los
que para acá traen , é con mas ganangia.
Y pues esta hagienda so comengó en la
ribera del Nigua , quiero degir los demás
ingenios que están á par del mismo rio.
Otro poderoso ingenio hay en la misma
ribera del del rio Nigua que es del tesore-
ro, Estovan de Passamonte, é sus herede-
ros, que es uno de los mejores é mas po-
derosos desta isla , assi en edifigio como
en lo demás , de muchas aguas é montes
y esclavos y todo lo que le conviene : el
qual está siete leguas desta cibdad.
En la misma ribera de Nigua, mas baxo
del que se dixo de suso , está otro inge-
nio muy bueno que hizo Frangisco Tos-
tado , á seys leguas desta cibdad , que
quedó á sus herederos , é es muy gentil
hagienda é tiene todo lo que le es nes-
gessario.
En esta misma ribera de Nigua hay otro
ingenio de los mejores é mas poderosos
desta isla , el qual está gerca de la boca
de la mar , á quatro leguas y media desta
cibdad de Sancto Domingo: el qual es
del secretario , Diego Caballero de la Ro-
sa, regidor desta cibdad; heredad en la
verdad mucho de ver y de presgiar, assi
por su assiento, como por otras calidades
que tiene.
Engima de la ribera de Nigua , en el
rio que llaman Yaman, ocho leguas desta
cibdad , está otro gentil ingenio , que hi-
zo Johan de Ampies , ya defunto , factor
que fué de Sus Magostados y regidor des-
ta cibdad ; el qual es agora de doña Flo-
rengia de Avila é de sus herederos del
dicho factor.
Otro ingenio y de los mejores desta
isla , tiene el duque almirante, don Luis
Colom. Pero porque esta grangeria de
agúcar é ingenios della se comengó en la
ribera del rio Nigua, por degir todos los
que hay en ella, é otro que con ellos con-
fina, que son los ginco de suso nombra-
120
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dos , no se puso el del almirante al prin-
cipio , como es razón que, en todo lo que
toca á Indias, pregeda su persona á todos,
pues que quantos tienen de comer en
ellas é lo han ganado con ellas le deben
el primero lugar; pues su abuelo fué cau-
sa de todo lo que en estas partes se sabe
é lo enseñó é descubrió para todos los
que lo gozan. Pero como he dicho, por
llevar la materia ordenada , fué nesges^
sario hablar primero en el ingenio del al-
cayde , Francisco de Tapia , é tras aquel
proseguir en lo que está dicho; y porque
quando este del almirante se hizo, ya avia
otros ingenios en esta isla. Aqueste fun-
dó y edificó el segundo almirante , don
Diego Colom , á quatro leguas desta cib-
dad , donde digen la Isabela Nueva ; y
después su muger la señora visoreyna,
doña Maria de Toledo, lo passó donde
agora está , que es en mejor ássiento é
mas gerca desta cibdad , desde el qual en
tres ó quatro horas , este rio abaxo , en
barcas traen el agúcar , é lo meten en las
naos : que es muy gran calidad é ventaja
á quantos ingenios acá hay.
Otro ingenio fundaron los ligengiados
Antonio Serrano , regidor que fué desta
cibdad , é Frangisco de Prado , que des-
pués fué del contador, Diego Caballero,
regidor que fué desta cibdad , y al pre-
sente, por nueva merged de la Cesáiea
Magestad, es mariscal desta isla. El qual,
como acordó de se yr á España , desam-
paró el dicho ingenio é se perdió ; por-
que como fué fundado por letrados le-
gistas y de semejante materia el Bartulo
no les dexó algún documento , erraron el
arlifigio ; porque ni comprehendieron las
calidades que avia de tener tal grange-
ria, ni sus bolsas eran bastantes para la
sostener ni aviar el ingenio. Quanto mas
que por la incomoditad del ássiento , era
la costa mayor que la ganangia ; é cómo
el segundo señor desta hagienda la en-
tendió mejor, la desbarató después que
se aprovechó de lo que pudo della , assi
de los negros é vacas , como de parte de
los petrechos, y como prudente, quiso
mas perder la parte quel todo.
Otro ingenio se fundó á tres leguas
desta cibdad , y un tiempo se pensó que
fuera muy bueno , porque assi lo mostró
é molió cantidad de agúcar; pero también
fué fundado sobre leyes, gerca de la ri-
bera de Hayna. El qual edificaron el li-
gengiado Pero Vázquez de Mella y Este-
van Justinian , genoves ; y después de la
vida del uno é del otro, quedó á sus he-
rederos, é se perdió á causa del age-
quia é agua que le faltó , é porfiando á la
tornar é traer del rio de Hayna, se gas-
taba mucho tiempo é hagienda. E assi
acordaron los herederos de partir las tier-
ras é los negros é las vacas é petrechos
éUodo aquello de que se podian aprove-
char , é dexaron el exergigio del agúcar
por no se acabar de perder en tal gran-
geria é compañía. Pero después Juan
Baptista Justinian le tornó á reparar é
quedó con la casa é ha fecho en ella un
trapiche de caballos, en que al presente
se muele agúcar é cada dia será aumen-
tado é rica hagienda , si le dan recabdo
de caballos.
Otro ingenio fundó Chripstóbal de Ta-
pia , veedor que fué de las fundigiones
del oro en esta isla é regidor desta cib-
dad , ya defunto : el qual quedó á Fran-
gisco de Tapia , su hijo , á quatro leguas
de aquesta cibdad , donde digen Itabo,
que es un arroyo. E después de los dias
de Chripstóbal de Tapia , su hijo Frangis-
co de Tapia no lo pudó sostener é lo des-
amparó, porque era mas la costa quel
provecho: assi que este ingenio se per-
dió, como los susodichos.
Tienen otro muy gentil ingenio los he-
rederos del tesorero , Miguel de Passa-
monte , el qual está en la ribera del rio
Nigao , ocho leguas desta cibdad de Sáne-
te Domingo ; é es uno de los mejores des-
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIII.
Í2Í
ta isla y de los que permanesgen : le po-
demos contar por el octavo ingenio.
Alonso de Avila , contador que fué en
esta isla por Sus Magestades , é regidor
desta cibdad , hizo otro muy buen inge-
nio , á ocho leguas desta cibdad en la ri-
bera de Nigao ; el qual quedó á su hijo y
heredero, Estovan Dávila, é á su her-
mana, é es muy gentil hacienda.
Otro muy buen ingenio fundó é tiene
Lope de Bardegia, vegino desta cibdad:
el qual está en la ribera de Nigao , á nue-
ve leguas desta cibdad de Sancto Domin-
go, yes de las muy buenas hagiendas
que acá hay desta calidad.
Otro ingenio , y de los mejores de to-
da la isla y de los muy poderosos , fundó
el ligengiado Guago , oydor que fué por
Sus Magestades de la Real Audiengia que
en esta cibdad reside : el qual está en el
rio y ribera que llaman Ocoa, diez é seys
leguas desta cibdad de Sancto Domingo;
y es una de las buenas hagiendas destas
partes , y quedó después de los dias del
ligengiado á su muger, doña Phelipa, é
á dos hijas suyas , llamadas doña Leonor
é doña Emerengiana Guago, con otros
muchos bienes é hagiendas. Y es opinión
de algunos (que de aquesta grangeria son
diestros) que solo esté ingenio, con los
negros é ganados é petrechos é tierras é
todo lo á él anexo, vale al presente so-
bre ginqüenta mili ducados de oro , por-
que'está muy bien aviado. Eyo le oy de-
gir al ligengiado Guago que cada un año
tenia de renta con el dicho ingenio seys
mili ducados de oro ó mas , y aun pen-
saba que le avia de rentar mucho mas
adelante.
El secretario, Diego Caballero de la
Rosa , demás del ingenio que se dixo de
suso que tiene en la ribera de Nigua,
tiene otro muy bueno á veynte leguas
desta cibdad , en término de la villa
de Agua : el qual ingenio está en la ri-
bera del rio llamado Gepigepi, y es
TOMO I. '
muy gentil heredamiento é provechoso.
Jácome Castellón fundó otro muy buen
ingenio en término de la villa de Agua,
en el rio ó ribera que llaman Bia , á veyn-
te é tres leguas desta cibdad de Sancto
Domingo ; é después que fallesgió Jáco-
me, quedó el ingenio é todos los otros sus
bienes á su muger , doña Frangisca de
Isásaga, é sus hijos; y es muy buena ha-
gienda é provechosa , no obstante que no
ha andado este ingenio assi aviado como
convenia, por la muerte de Jácome de
Castellón.
Fernando Gorjon , vegino de la villa de
Agua, tiene otro ingenio de agúcar en la
misma villa , veynte é tres leguas ó veyn-
te é quatro desta cibdad de Sancto Do-
mingo : el qual heredamiento es muy útil
é provechoso á su dueño , é de mucha
estimagion.
Un trafiiche de caballos hizo en la mis-
ma villa de Agua el chantre , don Alonso
de Peralta, dignidad que fué en esta
sancta iglesia de Sancto Domingo , é des-
pués de sus dias quedó á sus herederos .
Los tales edifigios no son tan poderosos
como los de agua, pero son de mucha
costa , porque lo que avia de hager el
agua , revolviendo las ruedas , para la
molienda de agúcar, lo hagen las vidas de
muchos caballos que son nesgessarios pa-
ra tal exergicio ; y esta hagienda quedó á
los herederos del chantre é á Pedro de
Heredia, gobernador que es agora en
la provingia de Cartagena en la Tierra-
Firme .
Hay otro trapiche de caballos en la
misma villa de Agua que es de un hom-
bre honrado , vegino de alli , que se lla-
ma Martin Gargia.
En la villa de Sanct Johan de la Ma-
guana , quarenta leguas desta cibdad de
Sancto Domingo , hay otro ingenio po-
deroso , que es de los herederos de un
vegino de alli , que se llamó Johan de
León , é de la compañía de los alemanes
46
-122
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Velgares que compró la mitad deste in-
genio.
En la misma villa de Sanct Johan de
la Maguana , está otro muy bueno é po-
deroso ingenio que fundaron Pedro de
Vadillo , y el secretario Pedro de Ledes-
ma y el bachiller Moreno, ya defuntos;
y quedó á sus herederos , y es muy gen-
til é rica hacienda.
Onge leguas desta cibdad , á par de la
ribera é rio que llaman Cacuy , hizo é fun-
dó Johan de Villoría , el viejo , un muy
buen ingenio , é su cuñado Hierónimo de
Agüero , ya defuntos : la qual hacienda
quedó á los herederos de ambos , é assi
mismo á los herederos de Agostin de Bi-
naldo , ginoves , que tiene parte en este
ingenio assi mismo.
El mismo Johan de Villoría hizo é fun-
dó otro ingenio de los muy buenos des-
ta isla, en el rio é ribera que llaman Sá-
nate , veynte é quatro leguas desta cib-
dad de Sancto Domingo, en término de
la villa de Higuey : el qual quedó des-
pués de sus dias á sus herederos é á
doña Aldonga de Agebedo, su muger,
y es rico heredamiento.
El ligengiado Lúeas Vázquez de Ayllon,
oydor que fué en esta Audiencia Real de
Sancto Domingo, éFrangisco de Rehalles,
ya defuntos, edificaron un muy buen
ingenio é poderoso en la villa de Puerto
de Plata , que es quarenta y ginco leguas
desta cibdad en la banda é costa del
Norte : la qual hagienda agora tienen al
presente sus herederos.
Dos hidalgos naturales de la cibdad
de Soria , que se llaman Pedro de Bar-
rionuevo é Diego de Morales , veginos
de la villa de Puerto de Plata, higieron
otro muy buen ingenio en aquella villa;
y es muy gentil heredamiento.
En la misma villa de Puerto de Plata
higieron (é hay) un buen trapiche de ca-
ballos , Frangisco de Barrionevo , gober-
nador que fué de Castilla del Oro, é
Fernando de Illiescas , veginos de aque-
lla villa, y es muy buena hagienda.
En la misma villa de Puerto de Plata
tienen otro trapiche de caballos , Sancho
de Monesterio, húrgales, y Johan de
Aguillar; y es muy gentil heredad.
En la villa del Bonao, diez é nue-
ve leguas desta cibdad de Sancto Do-
mingo , está otro buen ingenio de agú-
car, que tienen los hijos de Miguel Jo-
ver , catalán , é Sebastian de Fonte , é
los herederos de Hernando de Garrion;
y es buena hagienda.
El ligengiado Chripstóbal Lebrón , oy-
dor que fué en esta Audiengia Real , hi-
zo otro ingenio en un muy gentil y pro-
vechoso asiento, diez leguas desta cib-
dad de Sancto Domingo , á donde digen
el Árbol Gordo : el qual heredamiento es
muy bueno , é quedó á sus herederos.
Otro buen ingenio avian pringipiado
en la ribera del rio Quiabon , á veynte é
quatro leguas de esta cibdad de Sancto
Domingo, Hernando de Carbajal é Mel-
chior de Castró , en un muy gentil assien-
to ; pero este edifigio gessó , porque es-
tos deshigieron la compañía, é porque
se les hizo lexos, ó porque les paresgió
que la costa era mucha hasta le tener
aviado : en fin no permanesgió.
Por manera que , resumiendo la rela-
gion destos ingenios é ricos heredamien-
tos de agúcar, hay en esta isla veynte
ingenios poderosos molientes é corrien-
tes é cuatro trapiches de caballos. E hay
en esta isla dispusigion para edificar
otros muchos, é no se sabe de isla ni
reyno alguno, entre chripstlanos ni in-
fieles , tan grande é semejante cosa des-
ta granjeria del agúcar. E continuamen-
te las naos que vienen de España, vuel-
ven á ella cargadas de agúcares muy
buenos; é las espumas é mieles dellos
que en esta isla se pierden y se dan de
gragia, harían rica otra gran provingia.
Y lo que es mas de maravillar deslas
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. YIII.
123
gruesas haciendas, es que en tiempo de
muchos de los que vivimos en estas par-
tes , y de los que á ellas passaron desde
tréynta é ocho años á esta parte , nin-
gún ingenio destos hallamos en estas In-
dias , y que por nuestras manos é indus-
tria se han fecho en tan breve tiempo.
Y esto baste quanto al agúcar é ingenios
della; y no es poco gentil notable para
la comparación que hige poco antes des-
ta Isla Española é su fertilidad , á las de
Segilia é Inglaterra.
Otros ingenios hay , aunque son po-
cos, en las islas de Sanct Johan é Ja-
máyca, é en la Nueva España, de los
quales se hará memoria en su lugar con-
viniente. El presgio que vale al presente
aqui en esta cibdad de Sancto Domingo
es un pesso , y á tiempos algo mas de un
pesso é medio de oro, é menos, leal da-
do , por cada arroba de veynte é ginco li-
bras, é las libras de diez é seis ongas. Y
en otras partes desta isla vale menos , á *
causa de las otras costas é acarretos que
se han de pagar hasta lo condugir al
puerto , en este año de mili é quinientos
é quarenta y seis años de la Natividad de
Chripsto, nuestro Redemptor; con lo
qual se da fin á este libro quarto , porque
la historia se continúe en otras co-
sas desta Natural e general historia de
Indias.
Este es el quinto libro de la primera parte de la Natural y General historia de las
Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Océano : el qual tracta de los ritos é gerimonias
é otras costumbres de los indios, é desús idolatrías, é vigios, é otras cosas.
PROHEMIO.
JCin el libro tercero desta Natural His-
toria se expresaron algunas causas . por
qué se acabaron é murieron los indios
de aquesta Isla Española , y también se
repitió algo de la misma materia mas
adelante en el primero capítulo del quar-
to libro , hablando en la calidad destos
indios. Y porque mejor se entienda que
esta culpa é castigo está pringipalmente
fundado en los delitos é abominables cos-
tumbres é ritos desta gente , se dirán al-
guna parte dellos y de sus culpas en aques-
te libro quinto. Por lo qual fácilmente se
puede colegir la retitud de Dios , é quán
misericordioso ha seydo con esta gene-
ración , esperando tantos siglos á que se
enmendassen. Pues ninguna criatura de-
xa de conosger que hay un Dios todo-
poderoso , y por tanto dige el psalmista:
((los gielos recuentan la gloria de Dios , é
las obras de sus manos denungian el firma-
mento *. Quanto mas que, como en el se-
gundo libro dixe, que la Sancta Iglesia
ya tenia en todo el mundo predicado en
todos las partes del el misterio de su
redempgion; pues estas palabras dixo
Sanct Gregorio Magno, doctor de la
Iglesia ^, el qual tomó el pontificado é
silla de Sanct Pedro , año del Señor de
quinientos y noventa, é la tuvo é go-
bernó catorge años ^; y Frangisco Pe-
trarcha en aquella Summa que escribió
de las vidas de los Summos Pontífiges,
dige que Gregorio tuvo la silla apostó-
Hca trege años y seis meses é diez dias.
Sigúese que subió Sanct Gregorio al
gielo, año de seysgientos é quatro; y
aunque el postrero año de su vida se
acabara de predicar en todas las partes
del mundo (como él dixo) el misterio de
la redempgion nuestra , han passado des-
pués hasta que Colom vino á estas par-
tes (año de mili é quatrogientos y no-
venta y dos años) ochogientos é ochenta
y ocho. Y después que vino Colom á es-
tas Indias , é passaron los chripstianos á
ellas, corren hasta el presente año de mili
é quinientos y quarentaé ocho, otros gin-
qüenta y seys años mas , que serian no-
vegientos é quarenta y quatro años des-
i Coeli enarrant gloriam Dei et ofera maiiuum
qus anuntiant firmamcntum (Ps. XVIII).
2 Morales, lib. XIII, cap. X.
3 Eusebio, De temporibus.
DE INDIAS. LIB. V. CAP. I.
125
pues de Sanct Gregorio. Y por tanto es-
tas gentes debrian ya de aver entendido
una cosa en que tanto les va (icomo es sal-
var sus ánimas) , pues no han faltado ni
faltan predicadores é religiosos golosos
del servigio de Dios , que se lo acuerden,
después que las banderas de Chripsto y
del Rey de Castilla passaron acá , puesto
que lo tuviessen olvidado , ó que de nue-
vo se les tornasse á enseñar.
Pero en fin , estos indios (por la ma-
yor parte de ellos), es nasgion muy des-
viada de querer entender la fé cathólica;
y es machacar hierro frió pensar que
han de ser chripstianos , sino con mu-
cho discurso de tiempo , y assi se les ha
paresgido en las capas (ó mejor digiendo)
en las cabegas: porque capas no las
traían, ni tampoco tienen las cabegas
como otras gentes ; sino de tan resgios é
gruesos cascos, que el pringipal aviso
que los cripstianos tienen , cuando con
ellos pelean é vienen á las manos , es no
darles cuchilladas en la cabega, por-
que se rompen las espadas. Y assi co-
mo tienen el casco grueso, assi tienen
el entendimiento bestial y mal inclina-
do, como se dirá adelante, espegifi-
cando algunos de sus ritos é gerimo-
nias , é idolatrias , é costumbres , é otras
particularidades que al mismo propóssi-
to ocurrieren é yo tuviere notigia dellas
hasta el tiempo presente. Y aunque es-
to se haga é note en aqueste libro,
no se dexarán de degir algunas cosas de
las gerimonias é ritos, con otros, á don-
de quadren en otras partes destas his-
torias.
CAPITULO I.
Que Iracta de las imág-enes del diablo que tenían los indios, é de sus idolatrias , é de los areytos é bayles
cantando, é la forma que tienen para retener en la rnemoria las cosas passadas que ellos quieren que
queden en acuerdo á sus subeesores y al pueblo.
Jl or todas las vias que he podido , des-
pués que á estas Indias passé , he pro-
curado con mucha atengion , assi en es-
tas islas como en la Tierra-Firme , de sa-
ber por qué manera ó forma los indios se
acuerdan de las cosas de su pringipio é
antegesores , é si tienen libros , ó por
quáles vestigios é señales no se les olvi-
da lo passado. Y en esta isla, á lo que
he podido entender , solos sus cantares,
que ellos llaman areytos ^ es su libro ó
memorial que de gente en gente queda
de los padres á los hijos, y de los pre-
sentes á los venideros , como aqui se di-
rá. Y no he hallado en esta generagion
cosa entrellos mas antiguamente pintada
ni esculpida ó de relieve entallada , ni
tan pringipalraente acatada é reveren-
giada como la figura abominable é des-
comulgada del demonio, en muchas é
diversas maneras pintado ó esculpido,
ó de bulto con muchas cabegas é colas
é difformes y espantables é caninas é
feroges dentaduras, con grandes colmi-
llos , é desmessuradas orejas , con en-
gendidos ojos de dragón é feroz serpien-
te, é de muy diferengiadas suertes; y ta-
les que la menos espantable pone mucho
temor y admiragion. Y ésles tan sogiable
é común , que no solamente en una par-
te de la casa le tienen figurado , mas aun
en los bancos, en que se assientan. (que
ellos llaman duho), á significar que no
está solo el que se sienta, sino él é su
adverssario. Y en madera y de barro y
de oro, é en otras cosas, quantas ellos
pueden , lo esculpen y entallan , ó pintan
regañando é ferogíssimo, como quien él
126
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
es. Al qual ellos llaman gemi, y á este
tienen por su Dios, y á este piden el
agua , ó el sol , ó el pan , ó la victoria
contra todos sus enemigos y todo lo que
dessean ; y pienssan ellos que el gemí se
lo da, quando le plage ; é aparesgiales
fecho fantasma de noche. E tenian gier-
tos hombres entre sí que llaman buhüí,
que servían de auríspiges ó agoreros ade-
vinos; é aquestos les daban á entender
que el gemí es señor del mundo é del
gielo y de la tierra y de todo lo demás,
y que su figura é imagen era aquella tan
fea como he dicho , y mucho mas que se
sabrá penssar ni degir ; pero siempre di-
ferente , y como la hagian en diversas
maneras. Y estos gemis ó adevinos les
degian muchas cosas , que los indios te-
nian por giertas , que vernian en su fa-
vor ó daño : é aunque muchas veges sa-
liessen mentirosos, no perdían el crédi-
to , porque les daban á entender que el
^emi avia mudado consejo, por mas bien
suyo ó por hager su propria voluntad.
Estos , por la mayor parte , eran grandes
hervolarios é tenian conosgidas las pro-
piedades de muchos árboles é plantas é
hiervas ; é como sanaban á muchos con
tal arte , teníanlos en gran veneragion é
acatamiento , como á sanctos : los quales
eran tenidos entre esta gente como en-
tre los chripstianos los sagerdotes. E los
tales siempre traían consigo la maldita fi-
gura del gemi , é assi por tal imagen les
daban el mismo nombre que á ella , é los
degian gemies , allende de los degir buhi-
tis. E aun en la Tierra-Firme, no sola-
mente en sus ídolos de oro y de piedra
y de madera , é de barro , huelgan de
poner, tan descomulgadas y diabólicas
imágenes , mas en las pinturas que sobre
sus personas se ponen ( teñidas é perpe-
tuas de color negro , para quanto viven,
rompiendo sus carnes y el cuero , jun-
tando en sí esta maldita efigie), no lo
dexan de hager. Assi que , como sello
que ya está impresso en ellos y en sus
coragones, nunca se les desacuerda
averie visto ellos ó sus passados, é assi
le nombran de diverssas maneras.
En esta Isla Española gemi , como he
dicho , es el mismo que nosotros llama-
mos diablo ; é tales eran los que estos in-
dios tenian figurados en sus joyas , en sus
moscadores, y en las frentes é lugares
que he dicho , é en otros muchos , como
á su propóssito les paresgia, ó se les an-
tojaba ponerle. Una cosa he yo notado de
lo que he dicho y passaba entre esta gen-
te: y es que el arte de adevinar ( ó pro-
nosticar las cosas por venir ) y quantas
vanidades los gemies daban á entender á
esta gente , andaba junto con la medigi-
na é arte mágica ; lo qual paresge que
concuerda con lo que dige Plinio en su
Natural historia ^ , confesando que , bien
que sea el ''arte mas fraudulento ó enga-
ñoso de todos, ha ávido grandíssima re-
putagion en todo el mundo y en todos
siglos.
Ni se maraville alguno aquesta arte
aver adquirido tan grandíssima auctori-
dad , porque ella sola abraga en sí otros
tres artes , los quales sobre todos tienen
el imperio de la vida humana. Porque
pringipalmente ninguno dubda este arte
aver venido de la medigina , como cosa
mas sancta é mas exgelente que la me-
digina , y en aquesta forma á sus promes-
sas, muy desseadas y llenas de halagos,
averse juntado la fuerga de la religión. E
después que aquesto le subgedió , juntóse
con esto el arte matemática , la qual pue-
de mucho en los hombres , porque cada
uno es desseoso de saber las cosas futu-
ras é por venir, é creen que verdadera-
mente se puedan entender del cielo. Assi
que , tal arte aviendo atado los sentidos
1 Plin., lib.XXX,cap. I.
DE INDIAS. LIB. V. CAP. I.
127
de los hombres con tres ñudos , ha llega-
do á tanta sublimidad ó altura , que aun
hoy ocupa la mayor parte de la gente , y
en el Oriente manda á rey de reyes ; é sin
dubda allí nasgió en la región de Persia,
y fué el primero auctor deste arte Zo-
roastres , en lo qual todos los escriptores
concuerdan. Todo esto que he dicho es
de Plinio ^ á propósito de lo qual dige
Isidoro en sus Ethimologias que el prime-
ro de los magos fué Zoroastres , rey de
los batrianos ^. Por manera que en estas
partes de nuestras Indias muy extendida
está tal vanidad , é junto con la medigina
la traen y exergitan estos indios, pues
sus médicos principales son sus sacerdo-
tes adevinos, y estos sus religiosos les
administran sus idolatrías y gerimonias
nefandas y diabólicas.
Passemos á los areytos ó cantares su-
yos , que es la segunda cosa que se pro-
metió en el título deste capítulo. Tenían
estas gentes una buena é gentil manera
de memorar las cosas passadas é anti-
guas ; y esto era en sus cantares é bay-
les, que ellos llaman areyto , que es lo
mismo que nosotros llamamos baylar can-
tando. Dige Livio que de Etruria vinieron
los primeros bayladores á Roma , é orde-
naron sus cantares , acordando las voges
con el movimiento de la persona. Esto se
hizo por olvidar el trabajo de las muer-
tes de la pestilencia, el año que murió
Camilo ; y esto digo yo que debía ser co-
mo los areytos ó cantares en corro destos
indios. El qual areyto hagian desta mane-
ra. Quando querían aver plager, gele-
brando entre ellos alguna notable fiesta,
ó sin ella por su pasatiempo , juntábanse
muchos indios é indias (algunas veges
los hombres solamente , y otras veges las
mugeres por sí) ; y en las fiestas genera-
les , assi como por una victoria ó vengi-
miento de los enemigos , ó casándose el
cagique ó rey de la provingia, ó por otro
caso en que el plager fuesse comunmente
de todos , para que hombres é mugeres
se mezclassen. E por mas extender su
alegría é regogijo , tomábanse de las ma-
nos algunas veges, é también otras tra-
bábanse brago con brago ensartados , ó
assidos muchos en rengle (ó en corro
assi mismo), é uno dellos tomaba el ofi-
gio de guiar ( ora fuesse hombre ó mu-
ger), y aquel daba giertos passos ade-
lante é atrás, á manera de un contrapás
muy ordenado, é lo mismo (y en el ins-
tante) hagen todos, é assi andan en tor-
no , cantando en aquel tono alto ó baxo
que la guia los entona , é como lo hage é
dige, muy medida é congertada la cuenta
de los passos con los versos ó palabras
que cantan. Y assi como aquel dige, la
moltitud de todos responde con los mis-
mos passos , é palabras , é orden ; é en
tanto que le responden, la guia calla,
aunque no gessa de andar el contrapás.
Y acabada la respuesta , que es repetir ó
degir lo mismo que el guiador dixo , pro-
gede encontinente, sin intervalo, la guia
á otro verso é palabras , que el corro é
todos tornan á repetir; é assi sin gessar,
les tura esto tres ó quatro horas y mas,
hasta que el maestro ó guiador de la dan-
ga acaba su historia ; y á veges- les tura
desde un día hasta otro.
Algunas veges junto con el canto mez-
clan un alambor, que es hecho en un
madero redondo , hueco , concavado , é
tan grueso como un hombre é mas ó me-
nos , como le quieren hager ; é suena co-
mo los alambores sordos que hagen los
negros; pero no le ponen cuero, sino
unos agujeros é rayos que trasgienden á
lo hueco , por do rebomba de mala gra-
gia. E assi , con aquel mal instrumento ó
i PIin.,lib. XXX,cap. I.
2 Isid. Elhim. , libro VIIT, capítulo IX, De
magis. Magorum primus Zoroaster, rex Batria-
norum.
m
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
sin él , en su cantar (qual es dicho) di-
gen sus memorias é historias passadas , y
en estos cantares relatan de la manera
que murieron los caciques passados , y
quántos y quáles fueron , é otras cosas
que ellos quieren que no se olviden. Al-
gunas veges se remudan aquellas guias ó
maestro de la danga ; y mudando el to-
no y el contrapás , prosigue en la misma
historia , ó dige otra ( si la primera se
acabó) , en el mismo son ú otro.
Esta manera de bayle paresge algo á
los cantares é dangas de los labradores,
quando en algunas partes de España en
verano con los panderos hombres y mu-
geres se solazan; y en Flandes he yo
visto lo mesma forma de cantar , baylan-
do hombres y mugeres en muchos cor-
ros , respondiendo á uno que los guia ó
se antigipa en el cantar, segund es di-
cho. En el tiempo que el comendador
mayor don frey Nicolás de Ovando gober-
nó esta isla , hizo un areyto antel Ana-
caona, muger que fué del cagique ó rey
Caonabo ( la qi^al era gran señora ) : é
andaban en la danga mas de trescientas
dongellas , todas criadas suyas , mugeres
por casar ; porque no quiso que hombre
ni muger casada ( ó que oviesse conos-
gido varón ) entrassen en la danga ó
areyto. Assi que tornando á nuestro pro-
pósito , esta manera de cantar en esta y
en las otras islas ( y aun en mucha parte
de la Tierra-Firme) es una efigie de his-
toria ó acuerdo de las cosas passadas,
assi de guerras como de pages , porque
con la continuagion de tales cantos no se
les olviden las hagañas é acaesgimientos
que han passado. Y estos cantares les
quedan en la memoria, en lugar de libros
de su acuerdo ; y por esta forma resgitan
las genealogías de sus cagiques y reyes ó
señores que han tenido , y las obras que
higieron , y los malos ó buenos tempora-
les que han passado ó tienen; é otras co-
sas que ellos quieren que á chicos é
grandes se comuniquen é sean muy sabi-
das é ñxamente esculpidas en la memo-
ria. Y para este efecto continúan estos
areytos , porque no se olviden , en espe-
gial las famosas victorias por batallas.
Pero en esto de los areytos, mas ade-
lante (quando se tráete de la Tierra-Fir-
me) se dirán otras cosas ; porque los de
esta isla, quando yo los vi el año de mili
é quinientos é quinge años , no me pa-
resgieron cosa tan de notar, como los que
vi antes en la Tierra-Firme y he visto
después en aquellas partes. No le parez-
ca al letor que esto que es dicho es mu-
cha salvajez , pues que en España é Italia
se usa lo mismo , y en las mas partes de
los chripstianos (é aun infieles) pienso yo
que debe ser assi, ¿Qué otra cosa son los
romanges é cangiones que se fundan sobre
verdades, sino parte é acuerdo de las his-
torias passadas? A lo menos éntrelos que
no leen, por los cantares saben que estaba
el Rey don Alonso en la noble cibdad de
Sevilla, y le vino al corazón de ir á gercar
Algegira. Assi lo dige un romange, y en la
verdad assi fué ello : que desde Sevilla
partió el Rey don Alonso Ongeno, quando
la ganó, á veynte é ocho de margo, año de
mili é tresgientosé quarenta é quatro años.
Assi que ha en este de mili é quinientos é
quarenta é ocho dosgientos é quatro años
que tura este cantar ó areyto. Por otro
romange se sabe «que el Rey don Alon-
so VI hizo cortes en Toledo para cumplir
de justigia al Cid Ruy Diaz contra los con-
des de Carrion ; y este Rey murió prime-
ro dia del mes de julio de mili y giento é
seys años de la Natividad de Chripsto.
Assi que han passado hasta agora quatro-
gientos quarenta é dos años hasta este de
mili é quinientos é quarenta é ocho, y
antes avian seydo aquellas cortes é riep-
tos de los condesde Carrion; y tura hasta
agora esta memoria ó cantar ó areyto. Y
por otro romange se sabe que el Rey don
Sancho de León , primero de tal nombre
DE INDIAS. IJB. V. CAP. I
129
envió á llamar al conde Fernán González,
.su vassallo, para que fuesse á las cortes
de León : este rey don Sancho tomó el
reyno año de nuevegientos é veynte é
quatro años de la Natividad de Chripsto,
é reynó doge años. Assi que, murió año
del Redemptor de nuevegientos é treynta
é seys años: por manera que ha bien
seysgientos doge años este de mili é qui-
nientos é quarenta é siete que tura es-
te otro areyto ó cantar en España. Y
assi podriamos degir otras cosas muchas
semejantes y antiguas en Castilla; pero
no olvidemos de Italia aquel cantar ó
areyto que dice :
A la mia gran pena forte
dolorosa , aílicla é rea
diviserunl veslcm mea *
et super eam miserunt sorte.
Este cantar compuso el sereníssimo
rey don Federique de Ñapóles, año de
mili é quinientos é uno , que perdió el
reyno , porque se juntaron contra él , é lo
partieron entre sí, los Reyes Cathólicos de
España, don Fernando é doña Isabel , y el
rey Luis de Francia, antegessor del rey
Frangisco. Pues haya que tura este cantar
ó areyto de la partigion que he dicho
quarenta é siete años este de mili é qui-
nientos é quarenta é ocho , é no se olvi-
dará de aqui á muchos.
Y en la prisión del mismo Rey Frangis-
co se compuso otro cantar ó areyto que
dige:
Rey Francisco, mala guia
desde Francia vos truxisles ;
pues vencido d presso fuistes
de españoles en Pavia.
Pues notorio es que esto fué assi é
passó en efecto , estando el Rey Frangis-
co de Frangía sobre Pavia con lodo su
poder, é teniendo gercado é en grand
nesgessidad al invengible é valeroso ca-
pitán, el señor Antonio de Leiva, que
por el Emperador Rey, nuestro señor, la
defendia , é seyendo socorrido del exér-
gito imperial de César ( del qual era vi-
cario é pringipal capitán el duque de
Borbon , é juntamente en su compañía se
halló Mingo Val, caballerizo mayor évi~
sorey de Ñapóles , é el valeroso marqués
de Pescara , don Fernando de Avales é
de Aquino, é su sobrino el marqués del
Guasto é otros exgeléntes milites) un
viernes veynte é quatro de hebrero , dia
de Sancto Mathias apóstol, año de mili é
quinientos é veynte é ginco, el proprio
rey de Frangía fué preso, é juntamente
con él todos los mas príngipales señores
é varones , é la flor é la caballería é po-
der de la casa de Frangía. Assi que, can-
tar ó areyto es aqueste : que ni en las
historias se olvidará tan gloriosa jornada
para los tropheos y triumphos de César y
de sus españoles, ni los niños é viejos de-
xarán de cantar semejante areyto, quanto
el mundo fuere é turare. Assi andan hoy
entre las gentes estas é otras memorias
muy mas antiguas y modernas , sin que
sepan leer los que las cantan é las resgi-
tan, sin averse passado de la memoria.
Pues luego bien hagen los indios en esta
parte de tener el mismo aviso, pues les
faltan letras, é suplir con sus areytos é
sustentar su memoria é fama; pues que
por tales cantares saben las cosas que ha
muchos siglos que passaron.
En tanto que turan estos sus cantares é los
contrapases ó bayles , andan otros indios
é indias dando de beber á los que dan-
gan , sin se parar alguno al beber, sino
meneando siempre los pies é tragando lo
\ Asi está escrito en el original , y de este mo-
do conciertan el consonante del segundo y tercer
verso: sin embargo , se halla falsificada lastimosa-
TÜMO I.
mente la índole de la lengua latina , alropellandose
la concordancia que debe ligar las voces vcstem,
meam y eam. Tampoco debe decir sorle, sino sortes.
17
430
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que les dan. Y esto que beben son cier-
tos bevrages que entre ellos se usan , é
quedan, acabada la fiesta, los mas dellos y
deltas embriagos é sin sentido, tendidos
por tierra muchas horas. Y assi como al-
guno cae beodo , le apartan de la danga
é prosiguen los demás ; de forma que la
misma borrachera es la que da conclu-
sión al areyto. Esto quando el areyto es
solemne é fecho en bodas ó mortuorios
ó por una batalla , ó señalada victoria é
fiesta; porque otros areytos hagen muy
á menudo, sin se emborrachar. E assi
unos por este vigió , otros por aprender
esta manera de música , todos saben es-
ta forma de historiar, é algunas veges
se inventan otros cantares y dangas se-
mejantes por personas que entre los in-
dios están tenidos por discretos é de me-
jor ingenio en tal facultad.
La forma quel alambor , de que de suso
se hizo mengion, suele tener es la que está
pintada en esta figura [Lámina 1 .", fig. 3."
y 4."): el qual es un tronco de un árbol
redondo , é tan grande como le quieren
hager, y por todas partes está gerrado.
salvo por donde le tañen , dando engimá
con un palo, como en atabal que es sobre
aquellas dos lenguas que quedan del mis-
mo entre aquesta señal semejante [lámi-
na ^."ffig. 5.*). La otra señal, que es co-
mo aquesta [Lámina 1.', ^g. 6.*) , es por
donde vagian ó vacuan el leño ó alambor
quando le labran ; y esta postrera señal
ha de estar junto con la tierra , é la otra
que dixe primero de suso, sobre la qual
dan con el palo ; y este alambor ha de
estar echado en el suelo , porque tenién-
dole en el ayre no suena. En algunas par-
tes ó provingias tienen estos alambores
muy grandes y en otras menores de la
manera que es dicha , y también en al-
gunas partes los usan encorados, con un
cuero de giervo ó de otro animal (pero los
encorados se usan en la Tierra-Firme); y
en esta é otras islas, como no avia ani-
males páralos encorar, teníanlos alam-
bores como está dicho. Y de los unos y de
los otros usan hoy en la Tierra-Fir-
me, como se dirá adelante en la segunda
parte, quando se tocare la materia misma
ú otra, donde intervengan alambores.
CAPITULO II.
I>e los tabacos ó ahumadas que los indios acostumbran en esta Isla Española é la manera de las camas,
en que duermen.
U saban los indios desta isla entre otros
sus vigios uno muy malo , que es tomar
unas ahumadas, que ellos llaman tabaco,
para salir de sentido. Y esto hagian con el
humo de gierta hierva que, á lo que yo he
podido entender, es de calidad del bele-
ño ; pero no de aquella hechura ó forma,
segund su vista , porque esta hierva es un
tallo ó pimpollo como quatro ó ginco pal-
mos ó menos de alto y con unas hojas
anchas é gruesas , é blandas é vellosas, y
el verdor tira algo á la color de las ho-
jas de la lengua de buey ó buglosa (que
llaman los hervolarios é médicos). Esta
hierva que digo, en alguna manera ó gé-
nero es semejante al beleño , la qual to-
man de aquesta manera : los cagiques é
hombres pringipales tenían unos palillos
huecos del tamaño de un xeme ó menos
de la groseza del dedo menor de la ma-
no, y estos cañutos tenian dos cañones
respondientes á uno , como aqui está pin-
tado (Lá??2ji>?a 1.*, fig. 7.*), é todo en una
pieza. Y los dos ponian en las ventanas
de las nariges é el otro en el humo é hier-
va que estaba ardiendo ó quemándose; y
estaban muy lisos é bien labrados , y que-
maban las hojas de aquella hierva arrebu-
DE INDIAS. UB. V. CAP. II.
134
jadas ó envueltas de la manera que los
pajes corte.sanos suelen echar sus ahuma-
das : é tomaban el aliento é humo para
sí una é dos é tres é mas veges , quanto
lo podían porfiar, hasta que quedaban
sin sentido grande espacio , tendidos en
tierra, beodos ó adormidos de un graveé
muy pessado sueño. Los indios que no al-
canzaban aquellos paUUos, tomaban aquel
humo con unos cálamos ó cañuelas de
carrizos, é á aquel tal instrumento con
que toman el humo , ó á las cañuelas que
es dicho llaman los indios tabaco , é no á
la hierva ó sueño que les toma (como
pensaban algunos). Esta hierva tenian los
indios por cosa muy presgiada, y la cria-
ban en sus huertos é labranzas para el
efeto que es dicho ; dándose á entender
que este tomar de aquella hierva é zahu-
merio no tan solamente les era cosa sa-
na, pero muy sancta cosa. Y assi cómo
cae el cagique ó principal en tierra, to-
mante sus mugeres (que son muchas) y
echante en su cama ó hamaca , si él se lo
mandó antes que cayesse ; pero si no lo
dixo é proveyó primero, no quiere sino
que lo dexen estar assi en el suelo hasta
que se le passe aquella embriaguez ó
adormecimiento. Yo no puedo penssar qué
plager se saca de tal acto, si no es la gula
del beber que primero hagen que tomen
el humo ó tabaco , y algunos beben tanto
de gierto vino que ellos hagen , que an-
tes que se zahumen caen borrachos; pero
quando se sienten cargados é hartos, acu-
den á tal perfume. E muchos también, sin
que beban demassiado, toman el tabaco,
é hagen lo que es dicho hasta dar de es-
paldas ó de costado en tierra , pero sin
vascas, sino como hombre dormido. Sé
que algunos chripstianos ya lo usan, en
espegial algunos que están tocados del
mal de las búas, porque digen los tales
que en aquel tiempo que están assi trans-
portados no sienten los dolores de su en-
fermedad, y no me paresge que es esto
otra cosa sino estar muerto en vida el
que tal hage : lo qual tengo por peor que
el dolor de que se excusan , pues no sa-
nan por eso.
Al presente muchos negros de los que
están en esta cibdad y en la isla toda, han
tomado la misma costumbre, é crian en las
hagiendas y heredamientos de sus amos
esta hierva para lo que es dicho , y to-
man las mismas ahumadas ó tabacos; por-
que digen que, quando dexande trabajar
é toman el tabaco, se les quita el can-
sangio.
Aqui me paresge que quadra una cos-
tumbre vigiosa é mala que la gente de
Tragia usaba entre otros criminosos vi-
gios suyos, segund el Abulensis escribe
sobre Ensebio De los tiempos * , donde di-
ge que tienen por costumbre todos , va-
rones é mugeres , de comer alrededor
del fuego , y que huelgan mucho de ser
embriagos , ó lo paresger : é que cómo no
tienen vino , toman simientes de algunas
hiervas que entre ellos hay, las quales
echadas en las brasas, dan de sí un tal
olor que embriagan á todos los presentes,
sin algo beber. A mi paresger esto es lo
mismo que los tabacos que estos indios
toman; mas porque de suso se dixo que
quando algún pringipal ó cagique cae por
el tabaco, que lo echan en la cama, si él
lo manda assi hager , bien es que se diga
qué camas tienen los indios en esta Isla
Española , á la qual cama llaman hamaca;
y es de aquesta manera.
Una manta texida en partes y en par-
tes abierta, á escaques cruzados hecha
red, porque sea mas fresca, y es de al-
godón hilado (de mano de las indias), la
qual tiene de luengo diez ó doge palmos
y mas ó menos y del ancho que quieren
que tenga. De los extremos desta manta
i Abulensis, lib. IIT, cap. 168.
435
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
están asidos , é penden muchos hilos de
cabuya ó de henequén (de los quales hilos
se dirá adelante en el capítulo X del li-
bro VII). Aquestos hilos ó cuerdas son
postizos é luengos, é vánse á concluir
cada uno por sí en el extremo ó cabos
de la hamaca, desde un trancahilo (de
donde parten), que está fecho como una
empulguera de una cuerda de ballesta, é
assi laguarnesgen, asidos al ancho de cor-
nijal á cornijal, en el extremo de la ha-
maca. A los quales trancahilos ponen sen-
das sogas de algodón ó de cabuya bien
fechas ó del gordor que quieren : á las
quales sogas llaman hicos, porque hico
quiere degir lo mismo que soga , ó cuer-
da; y el un hico atan á un árbol ó poste
y el otro al otro, y queda en el ayre la
hamaca , tan alta del suelo como la quie-
ren poner. E son buenas camas é limpias,
é como la tierra es templada, no hay nes-
Qessidad alguna de ropa engima, salvo
si no están á par de algunas montañas de
sierras altas , donde haga frió : é como
son anchas é las cuelgan floxas, porque
sean mas blandas , siempre sobra ropa
de la misma hamaca, si la quieren tener
engima de algunos dobleces della. Pero
si en casa duermen , sirven los postes ó
estantes del huhio, en lugar de árboles,
para colgar estas hamacas ó camas : é si
hage frió, ponen alguna brasa sin llama
debaxo de la hamaca, en tierra ó por alli
Qerca, para se calentar. Pero en la verdad
al que no es acostumbrado de tales ca-
mas, no son aplacibles, si no son muy
anchas ; porque están la cabeza é los pies
del que duerme en ellas, altos y los lomos
baxos y el hombre enarcado , y es que-
brantado dormitorio ; pero quando tienen
buena anchura, échanse en la mitad de-
llas de través, y assi está igual toda la
persona.
Para en el campo, y en especial don-
de oviere arboledas para las colgar, me
paresge que es la mejor manera de ca-
mas que puede ser entre gente de guer-
ra ; porque es portátil , é un muchacho se
la lleva so el brazo , y el de caballo por
caparazón ó coxin de la silla. Y en los
exérgitos no serian poco provechosas en
España é Italia é otras partes , porque no
adolosgerian ni morirían tantos, por dor-
mir en tierra en los inviernos é tiempos
tempestuosos. Y llévanlasen estas partes
é Indias los hombres de guerra dentro de
unas gestas con sus tapadores ligeras, que
acá se llaman havas , y en otras partes
destas Indias se digen patacas, segund se
dirá adelante, las quales hagen de los
hihaos, é assi van guardadas é limpias;
é no duerme la gente en tierra tendidos,
como en los reales de los chripstianos se
hage en Europa é África é otras partes .
Y si acá esto no se higiesse, por ser la
tierra tan húmeda , seria mayor peligro
este que la misma guerra; é si la he sa-
bido dar á entender, esta cama es desta
manera que aqui está pintada. [Lám. 1.',
h- 8-")
CAPITULO III.
De los matrimonios de los indios , é quántas mugeres tienen ; en qué grados no toman mugeres , ni las
conos9en carnalmenle ; c de sus vicios é luxuria, é con qué manera de religiosidad cogían el oro, é de
la idolatría destos indios, é otras cosas notables.
iXáse dicho en el pregedente capítulo ban , puesto que en la verdad este acto
la forma de las camas de los indios des- que los chripstianos tenemos por sacra-
ta Isla Española : dígasse del complimien- mentó , como lo es , se puede degir en
to dellas que es el matrimonio que usa- estos indios sacrilegio , pues no se debe
DE INDIAS. LIB. V. CAP. lll.
133
degir por ellos: los que Dios ayunta no
los aparte el hombre * ; pues ante se
debe creer que los ayunta el diablo , se-
gund la forma que guardan en esto; y
como cosa de su mercadería, los tenia ira-
puestos de manera que en esta isla cada
uno tenia una muger é no mas (si no po-
dia sostener mas); pero muchos tenian
dos é mas, y los caciques ó reyes tres
é quatro é quantas querían. El cagique
Behechio tuvo treynta mugeres proprias,
é no solamente para el uso é ayuntamien-
to que naturalmente suelen aver los ca-
sados con sus mugeres; pero para otros
bestiales é nefandos pecados, porque ei
cagique Goacanagari tenia giertas muge-
res, con quien él se ayuntaba, segund
las viveras lo hagen. Ved que abomina-
ción inaudita, la qual no pudo apren-
der sino de los tales animales; y que
aquesta propriedad é uso tengan las vi-
veras escríbelo el Alberto Magno : De
proprietatibus rerum ^, é Isidoro en sus
Ethimologias ^, y el Plinio * en su Natural
Historia, y otros auctorcs. Pero muy peo-
res que viveras eran los que las cosas ta-
les hagian , pues que a las viveras no les
congede natura otra forma de engendrar,
é como forzadas vienen á tal acto ; pero el
hombre que tal imitaba, ved si le viene
justo lo que Dios le ha dado, donde tal cosa
se usó ó acaesgió. Pues si deste rey ó
cagique Goacanagari hay tal fama, claro
está que no seria él solo en tan nefando
é sugio crimen ; pues la gente común lue-
go procura (y aun todo el reyno) de imi-
tar al príngipe en las virtudes ó mesmos
vigios que ellos usan. Y desta causa sus
culpas son mayores é dignas de mayor
punigion , si son inventores de algún pe-
cado ó delicio ; y sus méritos y gloria es
de mayor exgelengia é premio , quando
son virtuosos los que reynan ; é dando en
1 Quos Deus conjunxit , homo non separet.
Math. 19.
2 De proprielatib. rer, lib. III, cap. 100.
sus mesmas personas loables exemplos de ^
virtudes, convidan á sus subditos á ser
mejores, imitándolos.
Assi que, lo que he dicho desta gente
en esta isla y las comarcanas es muy pú-
blico , y aun en la Tierra-Firme , donde
muchos destos indios é indias eran sodo-
mitas , é se sabe que allá lo son muchos
dellos. Y ved en qué grado se presgian de
tal culpa , que como suelen otras gentes
ponerse algunas joyas de oro y de pres-
giosas piedras al cuello , assi en algunas
partes destas Indias traian por joyel un
hombre sobre otro , en aquel diabólico é
nefando acto de Sodoma , hechos de oro
de relieve. Yo vi uno destos joyeles del
diablo , que pessaba veynte pesos de oro,
hueco, vagiado é bien labrado, que se
ovo en el puerto de Sancta Marta en la
costa de Tierra-Firme, año de mili é qui-
nientos é catorge , quando alli tocó el ar-
mada quel Rey Cathólico envió con Pe-
drarias Dávila, sü capitán general, á Cas-
tilla del Oro ; é cómo se truxo á montón
el oro que alli se tomó, é lo llevaron
después á fundir ante mí, como ofigial
real veedor de las fundigiones del oro,
yo lo quebré con un martillo é lo macha-
qué por mis manos sobre un tas ó yunque
en la casa de la fundigion, en la cibdad
del Darien.
Assi que , ved si quien de tales joyas
se presgia é compone su persona , si usa-
rá de tal maldad en tierra, donde tales
arreos traen , ó si se debe tener por cosa
nueva entre indios : antes por cosa muy
usada é ordinaria é común á ellos. Y assi
aves de saber que el que dellos es pa-
giente ó toma cargo de ser muger en
aquel bestial é descomulgado acto , le dan
luego ofigio de muger é trae naguas , co-
mo muger.
Yo querría, quando en algún passo se
3 Isid. lib. XII, cap. 8.
4 Pli. lib. X, cap. 62.
134
fflSTORIA GENERAL Y NATURAL
toca algún nombre, extraño á nuestra len-
gua castellana, satisfacerle sin passar ade-
lante, por el contentamiento del que lee;
y á este propóssito digo que las naguas
son una manta de algodón que las muge-
res desta isla , por cobrir sus partes ver-
gonzosas , se ponían desde la ginta hasta
media pierna , revueltas al cuerpo ; é las
mugeres principales hasta los tovillos : las
dongellas vírgines , como he dicho en
otras partes, ninguna cosa se ponían ó
traían delante de sus partes vergonzosas,
ni tampoco los hombres se ponían cosa
alguna ; porque, como no saben qué co-
sa es vergüenga , assí no usaban de de-
fensas para ella.
Tornando á la materia deste pecado
abominable contra natura, muy usado
era entre estos indios desta isla ; pero á
las mugeres aborresgíble , por su ínte-
resse mas que por ningún escrúpulo de
congíengía , y aun porque de hecho avia
algunas que eran buenas de sus perso-
nas , sobre ser en esta isla las mayores
bellacas é mas deshonestas y libidinosas
mugeres que se han visto en estas Indias
ó partes. E digo que eran buenas é ama-
ban á sus maridos , porque quando algún
cagíque se moría, al tiempo que le en-
terraban , algunas de sus mugeres vivas
le acompañaban de grado é se metían
con él en la sepoltura ; en la qual metían
agua é cagahi consigo (que es el pan que
comen) é algunas fructas. Llamaban los
indios desta isla athebeane nequen la mu-
ger hermosa é famosa que viva se en-
terraba con el marido; mas quando las
tales no se comedían, aunque les pesas-
se, las metían con ellos. E assí acaesgió en
esta isla , quando murió el cagique Behe-
chío (grand señor, como se dixo en su
lugar) que dos mugeres de las suyas se
enterraron con él vivas , no por el amor
que le tenían ; mas porque de enamora-
das del no lo hagian de su grado, for-
gadamente é contra su voluntad las me-
tieron en la sepoltura vivas , y cumplie-
ron estas infernales obsequias por obser-
var la costumbre. La qual no fué general
en toda la isla, porque otros cagiques,
quando morían, no tenían essa forma;
sino después que era muerto , le faxaban
todo con unas vendas de algodón texi-
das, como gínchas de caballos, é muy
luengas, y desde el pié hasta la cabeca
lo envolvían en ellas muy apretado, é
hagian un hoyo é alh lo metían, como en
un silo , é poníanle sus joyas é las cosas
que él mas presgiaba. Y para esto en
aquel hoyo , donde avía de ser sepulta-
do, hagian una bóveda de palos, de for-
ma que la tierra no le tocasse , é asentá-
banlo en un duho (que es un banquillo)
bien labrado , y después lo cubrían de
tierra por sobre aquel casamento de ma-
dera é rama ; é turaban quínge ó veynte
días las endechas que cantaban é sus
indias é indios hagian, con otros muchos
de las comarcas é otros cagiques prín-
gipales, que venían á los honrar. Entre
los quales forasteros se repartían los bie-
nes muebles del cagique defunto , y en
aquellas endechas ó cantares resgítaban
las obras é vida de aquel cagique, y de-
gían qué batallas avía vengído , y qué
bien avia gobernado su tierra, é todas
las otras cosas que avia hecho , dignas de
memoria. E assí desta aprobagion que en-
tonges se hagia de sus obras, se formaban
los arey tos é cantares que avían de quedar
por historia , segund ya se dixo de los
areytos en el capítulo primero deste libro.
Mas porque se ha fecho memoria de
Anacaona, que fué la muger mas prin-
gípal desta isla en su tiempo, es bien
que se sepa que toda la sugíedad del fue-
go de la luxuria no estuvo solamente en
los hombres en esta tierra , puesto que
fuesse en ellos mas abominable. Esta fue
una muger que tuvo algunos actos seme-
jantes á los de aquella Semíramis, reyna
de los asírios, no en los grandes fechos
DE INDIAS. LIB. V. CAP. ÍII.
i3'ó
que de aquella cuenta Justino ^ ni tam-
poco en hager matar los muchos, con
quien se ayuntaba, ni en hager traer á
sus dongellas paños menores en sus ver-
gonzosas partes , como de aquella reyna
escribe Johan Bocagio *. Porque Anacaona
ni queria sus criadas tan honestas , ni des-
seaba la muerte á sus adúlteros; pero
queria la moltitud dellos , y en muchas
suciedades otras libidinosas le fue seme-
jante. Esta Anacaona fue muger del rey
Caonabo y hermana del rey Behecchio:
la qual fue muy disoluta, y ella y las otras
mugeres desta isla, aunque con los in-
dios eran buenas ó no tan claramente lu-
xuriosas , fácilmente á los chripslianos se
congedian é no les negaban sus perso-
nas. Mas en este caso esta cagica usaba
otra manera de libídine , después que
murieron su marido y su hermano, en
vida de los quales no fue tan desvergon-
zada ; pero muertos ellos, quedó tan obe-
desgida é acatada , como ellos mismos ó
mas. Hizo suhabitagion en la tierra é se-
ñorío del hermano, en la provingia de Xa-
ragua, al poniente é fin desta isla, é no se
hagia mas de lo que ella mandaba ; por-
que puesto que los cagiques tenian seis
é siete mugeres é todas las que mas que-
dan tener, una era la mas pringipal é la que
el cagique mas queria , y de quien mas
caso se hagia , puesto que comiessen to-
das juntas. E no avia entre ellas rengi-
lla ni diferencia , sino toda quietud é
igualdad, é sin rifar passaban su vida
debaxo de una cobertura de casa é junto
á la cama del marido : lo qual paresce
cosa imposible , é no congedida sino so-
lamente á las gallinas é ovejas , que con
un solo gallo é con un solo carnero mu-
chas dellas, sin mostrar gelos ni murmu-
rar, se sostienen. Pero entre mugeres es
cosa rara , y entre todas las nagiones de
la generagion humana, estas indias é la
gente de Tragia guardan tal costumbre;
é parésgense estas dos maneras de gen-
tes en muchos ritos é cosas otras, como
mas largamente adelante se dirá , porque
aunque entre los moros é otros infie-
les en algunas partes usan tener dos é
tres é mas mugeres, no gesan entre sí sus
envidias é murmuragiones é gelos, con que
dan molestia al marido é á sí mesmas.
Assi que, tornando á nuestra historia,
entre las muchas mugeres de un cagique
siempre avia una singular que pregedla
á las otras, por generosa ó mas querida,
sin ultrajar á las demás ni que ella desesti-
masse ni mostrasse señorio , ni lo tovies-
se sobre las otras. E assi era esta Ana-
caona en vida de su marido é hermano;
pero después de los dias dellos fué , co-
mo tengo dicho , absoluta señora 6 muy
acatada de los indios ; pero muy desho-
nesta en el acto venéreo con los chrips-
tianos , é por esto é otras cosas semejan-
tes quedó reputada y tenida por la mas
disoluta muger que de su manera ni otra
ovo en esta isla. Con todo esto, era de
grande ingenio , é sabia ser servida é
acatada é temida de sus gentes é vassa-
llos, é aun de sus veginos.
Dixe de suso que las mugeres desta
isla eran continentes con los naturales,
pero que á los chripstianos de grado se
congedian ; é porque salgamos ya desta
sugia materia, me paresge que quadra con
esto una notable religiosidad que los in-
dios guardaban en esta tierra , apartán-
dosse de sus mugeres , teniendo castidad
algunos dias: no por respeto de bien vi-
vir ni quitarse de su vigió é luxuria , si-
no para coger oro ; en lo qual paresge que
en alguna manera querían imitar estos in-
dios á la gente de Arabia, donde los que
cogen el engienso ( segund Plinio ) * , no
4 Justino, lib. II.
2 Johan Boca9Ío , De las ¡llust. mugeres.
i Plin, lib. Xn, cap.XIV.
436
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
solamente se apartan de las mugeres, pe-
ro enteramente son castos é inmaculados
del coyto. El almirante don Cliripstóbal
Colom, primero descubridor destas par-
tes , como cathólico capitán é buen go-
bernador, después que tuvo noticia de
las minas de Cibao, é vio que los indios
cogian oro en el agua de los arroyos é
rios sin lo cavar , con la gerimonia é re-
ligión que es dicho, no dexaba á los
chripstianos ir á cojer oro, sin que se
confessassen é comulgassen. Y degia que
pues los indios estaban veynte dias pri-
mero sin llegar á sus mugeres ( ni otras)
é apartados dellas, é ayunaban, é degian
ellos que quando se vian con la muger,
que no hallaban el oro; por tanto que,
pues aquellos indios bestiales hagian
aquella solepnidad , que mas razón era
que los chripstianos se apartasen de pecar
y confessassen sus culpas , y que estan-
do en gragia de Dios , nuestro Señor, les
daria mas complidamente los bienes tem-
porales y espirituales. Aquesta santimo-
nía no plagia á todos, porque degian que
quanto á las mugeres, mas apartados es-
taban que los indios, los que las tenian
en España; é quanto al ayunar, que mu-
chos de los chripstianos se morían de
Iiambre é comian rayges é otros malos
manjares , y bebian agua ; y que quanto
á la confession, que la Iglesia no los cos-
treñia sino una vez en el año por Pascua
de la Sancta Resuresgion, é que assi lo
hagian todos é algunos mas veges ; é que
pues Dios no les pedia mas , que le de-
bía al almirante bastar lo mismo é de-
xarlos buscar su vida, é no usar con ellos
de tales cautelas. E assi lo atribulan á
otros fines , que por aventura seria bien
possible no le passar por pensamiento;
pero á los que se confessaban é comul-
gaban no les negaba la ligencia para ir á
coger oro ; mas á los otros no les consen-
tía ir á las minas : antes los mandaba cas-
tigar, si yban sinexpressa ligengia suya.
Del reyno ó cagicado é Estados destos
indios he seydo de muchos informado
que se heredaban é subgedian en ellos,
é venia la herengia al hijo mayor de
qualquiera de las mugeres del señor ó
cagique ; pero si después que tal hijo he-
redaba, no avia hijos, no venia el Esta-
do al hijo de su hermano , sino al hijo ó
hija de su hermana, si la tenia ó tuvo;
porque degian que aquel era mas gierto
sobrino ó heredero (pues era verdad que
lo parió su hermana) , que no seria el que
pariesse su cuñada, y el tal seria mas
verdadero nieto del tronco ó mayoradgo.
Pero si el cagique moria sin dexar hi-
jos ni hijas, é tenia hermana con hijos,
ni ellos ni ellas heredaban el cagicado,
si habia hermano del cagique muerto que
fuesse hermano de padre , si por el padre
venia la hagienda ; y si venia por la ma-
dre, heredaba en tal caso el pariente mas
propínquo á la madre, por aquella via que
progedia ó venia la subgession del seño-
río é hagienda. No paresge esto mucha
bestialidad ó error , en espegial en tierra
donde las mugeres eran tan deshonestas
é malas, como se dixo de suso. Los hom-
bres, aunque algunos eran peores que
ellas , tenian un virtuoso é común come-
dimiento é costumbre, generalmente en
el casarse ; y era assi , que por ninguna
manera tomaban por muger ni avian
agesso carnal con su madre , ni con su
hija , ni con su hermana , y en todos los
otros grados las tomaban é usaban con
ellas , siendo ó no sus mugeres ; lo qual es
de maravillar de gente tan inclinada é
desordenada en el vigió de la carne. E á
tan bestial generagion es de loar tener
esta regla guardada inviolablemente, y
si algún príngipe ó cagique la quebranta,
es ávido por muy malo é comunmente
aborresgido de todos los suyos é de los
extraños. Pero entre algunos que tienen
nombre de chripstianos en algunas partes
del mundo se habrá quebrantado algunas
DE INDIAS. LIB. V. CAP. III.
13'
veges , y entre judies é gentiles no me-
nos , como se prueba en la Sagrada Es-
criptura con Amon y Thamar, su herma-
na *. Suetonio Tranquilo áige assi en la
vida de Cayo Calígula : Cum ómnibus so-
roribus suis stupri consueticdinem fegü '; é
en aquel Siiplementum chronicarum dige
que el emperador Cayo Calígula usaba
con dos hermanas suyas , y de una de-
llas ovo una hija que también la forqó el
mismo padre. La hija le perdona Ensebio,
é dige que Cayo con sus hermanas ovo
ayuntamiento é las desterró á giertas is-
las ^. Y en el mismo SupUmento de chró-
nicas se escribe hablando de la gen-
te de los parthos que , dexando aparte la
debida castidad, usaban los naturales usos
con sus propias hijas é hermanas é otras
mugeres en debdos estrechos é á ellas
conjuntos * ; pero en este caso uno de los
mas malos príngipes, de quien se escriben
tales exgesos, es el emperador Cayo Ca-
lígula , de quien de suso se hizo memoria;
y quien mas particularmente lo quisiere
saber, escuche á Suetonio Tranquilo,
que escribió su vida , é mire lo que dige *.
El Tostado sobre Eusebio De los tiempos ®
dige , alegando á Solino en el Polihysior,
que los que no tienen leyes algunas, no
usan de matrimonio , mas son todas las
mugeres comunes, como entre los gara-
manthas, que son ethiopgos; y el mismo
Tostado , alegando á Julio Celso , dige
aver seydo en otro tiempo costumbre en-
tre los ingleses que seys dellos casassen
con una muger juntamente. Esta costum-
bre no la aprobara en estos tiempos nues-
tros el rey Enrique VIII de Inglaterra:
antes pienso yo que la mandara él guar-
dar al contrario.
Pero no hablemos en los extraños, pues
que hoy viven algunos en nuestra Espa-
i Regumll, cap. XIK.
2 Suplementum chronicarum , lib. VIH.
3 Eusebio, De tcmporibus.
4 Suplementum chronicarum , lib. VIL
TOMOl.
ña, ó son naturales della , é yo he visto
é conosgido dos destos , y aun tres , que
cada uno dellos se casó con dos herma-
nas ; y destas siempre moria la primera
ante que casassen con la segunda : y tam-
bién he visto dos hermanos casados con
una muger , siendo vivos todos tres; y
también he visto un religioso de la Orden
militar de Calatrava , que es la misma del
Cistel , después de ser muchos años pro-
fesso, que dexó la Orden que tenia é tomó
la de Sanctiago é una muger casada , é
a viendo ávido hijos de su marido, le dexó
é tomó el mismo hábito de Sanctiago, é so
casó con el otro comendador que dixe que
primero fué de Calatrava. Pero para estas
cosas tan regias é raras veges usadas, in-
terviene una ligengia é auctoridad del
SummoPontífige, Vicario de Chripsto, que
todo lo puede dispensar : lo qual él con-
siente, quando le es fecha tal relagion que
por muy legítimas causas é nesgessarias, é
por evitar otros mayores daños, aprueba
los tales matrimonios. Y assi creo yo que
lo avrá fecho con los que yo he visto; pero
plega á Dios que hayan dicho verdad á Su
Sanctidad, porque él siempre dige aquel
fiat, clave non errante. Pues luego no es
tanto de maravillar, si entre esta gente
salvaje de nuestras Indias de España ovo
los errores que he dicho.
Mas en esso poco que yo he leido , la
gente que á mi me paresge ser mas con-
forme á estos indios, en el uso de las mu-
geres, son los de Tragia ; porque escribe
el mismo Abulensis "^ que cada hombre
tiene en aquella tierra muchas mugeres,
é que aquel se tiene por mas honrado
que mas mugeres tiene ; é que las mu-
geres destas que mas aman á sus mari-
dos, vivas se echaban en el fuego, quando
quemaban el marido defunto ( como era
5 Cap. De libídine ejus cum ómnibus soro-,'
ribiis.
G Abulensis , lib. III, cap. 106.
7 Abul. , lib. íll , cap. 167.
J8
138
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
su costumbre quemarse los cuerpos de
los hombres en aquella tierra después
que morían. Y la que esto no liagia era
tenida por muger que no habia guarda-
do castidad á su marido , pues ya tengo
dicho que en estas nuestras Indias de su
grado se enterraban vivas algunas muge-
res con sus maridos , siendo ellos muertos.
Y en el capítulo siguiente dige este mismo
auctor que -esta gente de Tragia sacrifica
hombres de los estrangeros , é que con las
calavernas de los muertos hagen vasos pa-
ra beber sangre humana é otros bevrages.
Isidoro en sus Elhimologias ^ dige que
esto es mas fabuloso é falso que no ver-
dadero ; lo qual yo pienso que él no dub-
dára , si supiera lo que hoy sabemos de
los caribes en estas islas é de la gente de
la Nueva España , é de las provincias de
Nicaragua , é de las provingias del Perú,
é aquellos que viven en la Tierra Firme,
debaxo de la equinogial é gerca de alli,
assi como en Quito , é Popayan , é otras
partes muchas de la Tierra Firme , donde
es cosa muy usada sacrificar hombres, é
tan común comer carne humana como en
Francia , é España , é Italia comer car-
nero é vaca. Quanto mas que en esto
del comer carne humana dige Plinio ^^ que
entre los sgithios hay muchas generagiones
que se substenlan de comer carne humana,
é que en el medio del mundo , en ItaUa é
en Segilia fueron los gíclopes é estrigo-
nes que hagian lo mismo , é que nueva-
mente de la otra parte de los Alpes en
Frangía (ó á la banda del Norte) sacrifi-
caban hombres. Pero dexemos esto del
comer carne humana é un hombre á otro,
para en su lugar adelante: que desto en la
segunda parte, quando se tráete de la Tier-
ra-Firme , hay mucho que degir; é volva-
mos al error de los indios en esto de las
mugeres. Digo que se podrían traer á
conseqüengia otras generagiones de gen-
tes tan culpadas en esta materia , y aun-
que entre chrípstíanos no es de buscar
tamaño delicto, no dexo de sospechar
que podría averse cometido por algún
temerario desacordado , ó apartado de la
verdadera fé cathólica ; y por esta misma
razón estoy mas maravillado destos indios
salvages que tan colmados de vigios es-
tan, no averse errado en esto de las mu-
geres, ayuntándosse con las madres ahi-
jas ó hermanas, como en las otras sus
culpas que es dicho. Ni tampoco se ha
de pensar que lo dexaban de hager por
algún respecto virtuoso , sino porque tie-
nen por cosa gierta y averiguada los in-
dios desta isla (y de las á ella circuns-
tantes), que el que se echa con su ma-
dre, ó con su hija, ó hermana, muere
mala muerte. Si esta opinión, como se
dige , está en ellos fixada , débese creer
que se lo ha enseñado la expiriengia. Ni
es de maravillar que los indios estén me-
tidos en los otros errores que he dicho,
ni que incurran en otros-mas los que des-
conogen á su Dios Todopoderoso y ado-
ran al diablo en diversas formas é ídolos,
como en estas Indias es costumbre entre
estas gentes ; pues que, como he dicho, en
muchas cosas é partes pintan , y entallan,
y esculpen en madera y de barro , y
de otras materias hagen un demonio
que ellos llaman gemí, tan feo é tan
espantable como suelen los cathólicos
pintarle á los pies del arcángel Sanct Mi-
guel ó del apóstol Sanct Bartolomé ; pero
no atado en cadenas, sino reverengiado:
unas veges asentado en un tribunal, otras
de pies , y de diferentes maneras. Estas
imágenes infernales tenían en sus casas
en partes y lugares diputados é obscuros
que estaban reservados para su oragion:
é aUi entraban á orar é á pedir lo que
desseaban, assi agua para sus campos y
heredamientos, como buena símentora.
1 Isidoro , üb. IX , cap. ÍI.
2 Plin., Ub. VII, cap. 2.
DE INDIAS. LIB. V. CAP. III.
139
é victoria contra sus enemigos ; y en fin
alli pedían é ocurrían en todas sus nesge-
sídades, por el remedio dellas. E alli den-
tro estaba un indio viejo que les respon-
día á sabor de su paladar , ó conforme á la
consultación habida con aquel, cuya mala
vista alli se representaba : en el qual es
de penssar que el diablo, como en su mi-
nistro, entraba é hablaba en él; y cómo
es antiguo estrólogo^ debíales el dia que
h'abia de llover , ó otras cosas de las que
ja natura tiene por ofigio. A estos tales
viejos hagian mucha reverengia , y eran
entre los indios tenidos en grand reputa-
ción , como sus sacerdotes y perlados ; y
aquestos eran los que mas ordinariamen-
te tomaban aquellos tabacos ó ahumadas
que se dixo de suso , y desque volvían en
sí degian si debía liagerse la guerra ó di-
latarla ; é sin el paresger del diablo (habi-
do de la forma que es dicho), no empren-
dían , ni hagian cosa alguna que de ím-
portangía fuesse. Era el exergicio prin-
cipal de los indios desta isla de Haytí ó
Española , en todo el tiempo que vacaban
de la guerra ó de la agricoltura é labor
del campo, mercadear é trocar unas cosas
por otras , no con la astugía de nuestros
mercaderes, pidiendo por lo que vale un
real muchos mas , ni hagíendo juramen-
tos para que los simples los crean ; sino
muy al revés de todo esto y desatinada-
mente , porque por maravilla miraban en
que valíesse tanto lo que les daban como
lo que ellos volvían en presgío ó trueco;
sino teniendo contentamiento de la cosa
por su passatíempo, daban lo que vaUa
giento por lo que no valia diez ni aun
gínco. Finahnente, que acontesgió ves-
tirlos y darles los chrípslíanos un muy
gentil sayo de seda ó de grana , ó muy
buen paño , é desde á poco espagío , pas-
sado un día ó dos, trocarlo por una agu-
jeta , ó un par de alfileres : é assi á este
respecto todo lo demás barataban , y lue-
go aquello que avian ávido lo tornaban á
vender por otro disparate semejante, va-
liendo ó no valiendo mas ó menos prés-
elo lo uno que lo otro ; porque entrellos
el mayor intento de su cabdal era hager
su voluntad, y en ninguna cosa tener
constancia. El mayor pecado ó delicio
que los indios desta isla mas aborresgían
é que con mayor riguridad é sin remisión
ni misericordia alguna castigaban , era el
hurto ; é assi al ladrón por pequeña cosa
que hurtasse, lo empalaban vivo (como di-
gen que en Turquía se hage), é assi lo de-
xaban estar en un palo ó árbol espetado , co-
mo en assador, hasta que alhmoria. Y por
la crueldad de tal pena pocas veges acaes-
Cia a ver en quien se executasse semejan-
te castigo; mas ofresciéndosse el casso, por
ninguna manera , ni por debdo ó amistad
era perdonado ni disimulado tal crimen;
y aun quasi tenían por tan grande error
querer interceder ó procurar que tal pena
fuesse perdonada ni promutada en otra
sentencia, como cometer el mismo hurío.
Ya se desterró Sathanás desta isla : ya
cessó todo con cessar y acabarse la vi-
da á los mas de los indios, y porque los
que quedan dellos son ya muy pocos y
en servicio de los chrípstianos ó en su
amistad. Algunos de los muchachos y de
poca edad destos indios podrá ser que
se salven, si creyeren é baptizados fue-
ren , como lo dice el Evangelio * . Assi
que, salvarse han los que guardáronla fé
cathólíca, é no siguieren los errores de
sus padres é antecessores. Pero ¿qué di-
remos de los que andaban aleados algu-
nos años há, seyendo chrípstianos, por las
sierras é montañas con el cacique don
Enrique é otros principales indios, no
sin vergüenza é daño grande de los
d Marcum, cap. XVI. — Qui credideril el bapli-
zalus fuerit , salvus crit : qui vero non credideril,
condemnabílur.
no
HISTORIA GENERAL Y INATURAL
chripstianos é veginos desta isla? Mas
porque aqueste es un passo notable é re-
quiere particularizarse, tractarse ha la
materia en el capítulo siguiente, para que
mejor se comprehenda el origen desta
rebelión é á'qué fin la truxo Dios con ía
clemengia de la Cesárea Magestad de.
Emperador Rey, don Carlos, nuestro se-
ñor, é por la prudengia de su muy alto é
Real Consejo de Indias.
CAPITULO IV.
De la rebelión del cacique Enrique e' la causa que le movió para ello , é de la rebelión de íos negros.
Jlintre otros cagiques modernos é últi-
mos desta Isla Española ovo uno que se
llamó Enrique, el qual era chripstiano
baptizado , y sabia leer y escrebir , y era
muy ladino é hablaba bien la lengua cas-
tellana. Este fué desde su niñez criado é
doctrinado de los frayles de Sanct Fran-
gisco, é mostró en sus pringipios que se-
ria cathólico é perseverarla en la fé de
Chripsto. Después, seyendo mangebo, se
casó , é servia á los chripstianos con su
gente en la villa de Sanct Johan de la
Maguana , donde estaba por teniente del
almirante , don Diego Colom , un hidal-
go llamado Pedro de Vadillo, hombre
descuydado ensuofigio dejustigia, pues
por su negligengia, ó poca prudengia,
so siguió la rebelión deste cagique: el
qual se le fué á quexar de un chripstia-
no , de quien tenia gelos ó sabia que te-
nia que hager con sumuger, lo qual este
juez no tan solamente dexó de castigar,
pero demás desso tracto mal al querellan-
te é túvolo presso en la cárgel , sin otra
causa, porque quiso complager al adúl-
tero. Y después de aver amenazado é di->
cho algunas palabras desabridas al Enri-
que, le soltó ; por lo qual el cagique se
vino á querellar á la Audiengia Real que
en esta cibdad de Sancto Domingo resi-
de, y en ella se proveyó que le fuesse fe-
cha justigia : la qual no se le hizo, porque
el Enrique volvió á la misma villa de
Sanct Johan remitido al mismo teniente
Pedro de Vadillo , que era el que le avia
agraviado, é le agravió después mas,
porque le tornó á prender é le tracto peor
que primero. De manera que el Enrique
tomó por partido el sofrir, ó á lo menos
dissimular sus injurias é cuernos por en-
tonges , para se vengar adelante , como
lo hizo en otros chripstianos que no le
tenian culpa. Y después que avia algunos
dias que este cagique fué suelto , sirvió
quieta é sosegadamente hasta que se de-
terminó en su rebeUon é algamiento; y
quando le paresgió tiempo , el año de mili
é quinientos é diez é nueve, se fué al
monte con todos los indios que pudo re-
coger é allegar á su opinión , y en las
sierras que llaman del Baoruco é por otras
partes desta isla anduvo quassi trege años.
En el qual tiempo salió de través algunas
veges á los caminos con sus indios é gen-
te é mató algunos chripstianos; é robán-
dolos , les tomó algunos millares de pe-
sos de oro ; y otras veges algunas , de-
mas de aver muerto é salteado á otros,
hizo muchos daños en pueblos y en los
campos desta isla, é se gastaron muchos
millares de pesos de oro, por le aver á las
manos, é no fué possible hasta que Dios
lo permitió. Porque él se dio tal recabdo
en sus saltos, que salió con todos los que
hizo , por la poquedad de aquellos que lo
avian de remediar; pues está claro que
quando estaba esta isla próspera de in-
dios (y eran tantos que no se pudieran
contar), no aviendo sino tresgientos es-
pañoles en esta tierra , ó menos , los des -
DE INDIAS. LIB. V. CAP. IV.
Uf
Iruiari é sobjuzgaban por continuas ba-
tallas y rencuentros; é estando poblada
de chripstianos, anduvo este Enrique é
otro capitán indio , llamado Tamayo , ai-
gados é con poca gente, hagiendo muchos
daños, salteando é quemando pueblos é
haciendas de los chripstianos é matando
hombres con sus agechanzas.
Quiero degir que era la causa desto.
Quando los chripstianos, seyendo pocos,
vengian é destruian á los indios (que eran
muchos) , dorraian sobre las daragas ó
rodólas con las espadas en las manos , y
estaban en vela con los enemigos. Quan-
do Enriquillo hagia esas cosas , dormian
los chripstianos en buenas é delicadas
camas , envueltos en grangerias de agú-
car y en otras en que las personas é me-
morias andando ocupadas , no les dexa-
ban libremente entender en el castigo de
los indios rebelados con la atengion é di-
ligengia que se requería : é no se avia de
tener en tan poco, en espegial viendo que
cada dia se yban é fueron á juntar con
este Enrique é sus indios algunos negros;
de los quales ya hay tantos en esta isla,
á causa destos ingenios de agúcar , que
paresge esta tierra una efigie ó imagen
de la misma Ethiopia.
Por gierto si el almirante , don Diego
Colora, el año de mili é quinientos é veyn-
te é dos años, no fuera tan presto en el
remedio de la rebelión de los negros que
en aquella sagon desde su ingenio é ha-
gienda se pringipió , como se dixo en el
libro pregedente , pudiera ser que fuera
nesgessario reaquistar esta isla de nue-
vo é que no dexáran chripstiano á vida,
como lo tenian pensado, é aun como lo
yban poniendo por obra los negros alga-
dos. Para lo que tocaba á la rebelión del
cagique Enrique, la Cesárea Magestad é
los señores de su Real Consejo de Indias,
viendo que las armadas é gastos que esta
cibdad é isla avia fecho contra él eran
muchos é de ningún provecho , enviaron
gente de guerra con el capitán Frangisco
de Barrionuevo (que después fué gober-
nador en Castilla del Oro, en la Tierra-
Firme), para que higiesse la guerra á este
Enrique. E aun después que aquella gen-
te llegó , un pringipal indio ó capitán del
Enrique , llamado Tamayo , hizo giertos
saltos é daños é mató un chripstiano é á
otro cortó la mano derecha é lo dexó vi-
vo; é al mismo pobre soldado le oy yo
degir después que quando fué preso, é el
Tamayo mandó á otro indio que le cor-
tasse la mano, porque tuvo compassion
del de verle muy mozo (que á mi pares-
ger quando yo le vi sin la mano podría
aver diez é seys ó diez é siete años) , él
le rogó que no le cortassen la mano de-
recha, sino la ezquierda ; é el Tamayo le
dixo assi: «Bachiller soys: agradesged
que no os matan é aved pagiengia.» Pero
estas alteragiones de los indios es poco
ó ningún temor para los chripstianos en
la verdad, é tienen remedio, é muy pres-
to le tuvo este algamiento , quando de he-
cho se quiso remediar ; porque Su Ma-
gestad Cesárea envió á mandar que de
su parte se le diesse seguro á este Enri-
que é á los otros indios que con él esta-
ban rebelados , para que redugiéndose él
y ellos á su real servigio , fuesse perdo-
nado y bien tractado ; é no queriendo ve-
nir á su obediengia por bien de paz, le
fuesse fecha la guerra á fuego é á sangre
muy en forma ; de manera que no faltas-
se el castigo á proporgion de sus méri-
tos. Y aquesta Audiengia Real entendió
luego en ello, segund Su Magestad se lo
mandó , con esperanga del buen subgcso
que nuestro Señor dio en ello; y lo que
se siguió se espegificará en el capítulo si-
guiente.
Pero porque dixe de suso que de no
aver fecho justigia á este cagique el te-
niente Pedro de Vadillo, subgedió su re-
belión (assi es notorio en esta isla) , pa-
resgerá al que esto oyere que por mis pa-
U2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
labras queda aquel hidalgo obligado á
alguna culpa , digo que ya la que él tuvo
(en aqueste caso) él lo ha pagado ; por-
que tiene Dios cargo de punir é castigar
los que los jueges del suelo dissimulan y
no castigan , y aun á las veges se executa
su divina sentengia en los mismos jueges,
como le acontesgió á este : que yendo
desde aquesta cibdad á España en una
nao, entrando por la barra del rio Gua-
dalquivir, á par de Sanct Lúcar, se per-
dió la nao en que yba , y él y el maes-
tre Frangisco Vara y otros muchos se
ahogaron y con mucha riqueza ; y assi es-
cotó este juez la sinrazón fecha al ca-
gique Enrique. Dios aya piedad de su
ánima y de las de aquellos que alli pa-
deá^ieron.
Tornando á lo que se propuso en el
título deste capítulo IV, creer se de-
be por lo que está dicho que los indios
desta isla tenían otros muchos mas ritos
é gerimonias de las que de suso se han
apuntado ; pero como se han acabado , é
los viejos é mas entendidos dellos son ya
muertos, no se puede saber todo total-
mente como era. Masquanto á lajustifi-
cagion que dixe de su finé acabamiento,
quando se tractáre de la Tierra-Firme en
la segunda parte destas historias , se di-
rán muchas mas cosas é abominagiones
de sus ritos é gerimonias é idolatrías;
porque en aquellla tierra he yo gastado
mas tiempo, y hay mucho mas que es-
crebir della ; porque es grandíssima tier-
ra é de diverssas lenguas é costumbres é
habitada de gentes muy diferentes en su
manera de vivir.
CAPITULO V.
Del subceso de la rebelión del ca9Íque Enrique , que después se llamo don Enrique , porque assi lo nom-
bró Su Magestad en una caria que le envió , y de cómo el capitán Francisco de Barrionyevo se vido con
él, e' fué reducido al servicio de Sus Majestades, y se asentó la paz con él y sus indios.
i orque en los capítulos de suso se ha
dicho cómo Su Magestad envió al capi-
tán Frangisco de Barrionuevo á esta isla,
para requerir á Enrique que se redugies-
se á su real servigio , ó se le higiesse la
guerra á fuego y á sangre , y no con la
tibiez é espagio de antes ; digo assi que
esta Audiengia Real, visto el manda-
miento de César, quissó tomar el pares-
ger de las personas pringipales desta
cibdad, é se juntaron para platicar en la
forma que se debía tener en la pagifica-
gion ó guerra de aqueste cagiqíie Enri-
que. Y después de se aver consultado,
se acordó que el mismo capitán Frangis-
co de Barrionuevo , fuesse primero á ten-
tar la paz , é si no se pudiesse aver , que
se usasse de los remedios de las armas;
porque primero fuesse ante Dios fecha
esta diligengia en justíficagion de la con-
giengia de la Cesárea Magestad y de sus
vasallos para todo lo que subgediesse , y
que las muertes y daños que redundas-
sen de la guerra, no se pudiessen im-
putar ni atribuir á los chripstianos. Y pa-
ra este efecto partió de aquesta cibdad
de Sancto Domingo á buscar al Enrique
á los ocho de mayo de mili é quinientos
é treinta é tres años en una cara vela,
con que salió del puerto de esta cibdad
é con él treinta é dos hombres chripstia-
nos é otros tantos indios para les ayudar
á llevar las mochilas ; y fué por la costa
abaxo desta isla al poniente, por la ban-
da del Sur, de puerto en puerto. Y porque
la caravela no podía ir muy junto á lier-
DE INDIAS. LIB. V. CAP. V.
143
ra, llevaba por la costa un batel con
gente, y llegó á la villa de Yaquimo baxo
de las sierras del Baoruco , y en todo el
camino no halló rastro alguno, ni humo,
ni indicio de que se pudiesse presumir
dónde se pudiesse hallar este cacique é
su gente. E inquiriendo esto por la cos-
ta, entrando en la tierra ó volviendo á la
mar muchas veges, gastó en esto dos
meses de tiempo ; é al cabo , habiendo
un dia salido en tierra , subió por la cos-
ta de un rio, é halló una estangia de in-
dios despoblada de gente; pero avia en
torno della comida de conucos ( que son
labranzas de indios) , é no consintió que
se tomasse cosa alguna por no alterar:
que bien entendió que los indios de
aquella estancia debian ser idos á pescar
ó á cagar, ó montear, ó donde les con-
viniesse. Y visto esto, se tornó á la mar
é acordó de enviar por giertas guias á la
villa de la Yaguana ; é traydas estas , en-
vió un indio dellas con una carta al mes-
mo Enrique (porque aquella guia degia
que sabia donde estaba), y este indio
nunca más tornó , ni se supo que se hi-
zo. Y cómo vido el capitán que esta guia
ó lengua no tornaba á cabo de veynte
dias que la avia enviado , aóordó de ser
él mismo mensajero é yr en persona con
otra guia que le quedaba ; é con treynta
hombres chripstianos fué á buscar es-
te cagique adonde aquella india degia
que Enrique tenia sus labrangas é que le
hallarían. E habiendo caminado tres dias
y medio , hallóse una labranga ; é andan-
do á buscar agua para beber , hallaron
quatro indios, los quales se tomaron to-
dos; y de aquellos sé supo que Enrique
estaba en la laguna que llaman del Co-
mendador Aybaguanex; (que era un indio
que assi se llamaba en tiempo passado,
quando gobernó esta isla el comendador
mayor don Frey Nicolás de Ovando):
la qual laguna estaba ocho leguas de
alli , de mal pais , y de tierra muy mon-
tuosa é gerrada de espinos y arboledas é
matas tan espessas como acá suelen ser;
y él determinó de yr allá.
Antes de llegar á la laguna que es di-
cho, topó el capitán é los que con él yban
un pueblo muy bueno é de muchos é bue-
nos buhios ó casas, y tal que en los
liempos passados pudieran muy bien vi-
vir en él mili é quinientos indios : en el
qual se creyó que estaría Enrique é que
sería tornado de la laguna, donde en la
verdad él estaba , hagiendo sus caliólas ó
ahumadas , que los indios toman , que
assimismo llaman tabacos, como atrás se
dixo en el capítulo II. E hizo noche
el capitán con los que llevaba , á me-
dia legua del pueblo que es dicho ; é al
quarto del alba, el dia siguiente , dio so-
bre él y llegado al pueblo , no se halló
gente alguna; mas halláronse aparejos
de casa , según los indios los tienen : de
forma que claramente paresgia ser po-
blado y estar la gente fuera del lugar. E
mandó el capitán que no se tocasse en
cosa alguna , exgepto algunas calabagas
que se tomaron para llevar agua por la
falta que della hay por aquella tierra.
Desde alli hasta la laguna avia un cami-
no , fecho á hacha y á mano , que podía
yr una carreta y venir otra por la anchura
del ; y por alli , según se mostraba , lle-
varon los indios trege canoas que tenían
hasta la laguna : las siete grandes y las
seis pequeñas. E siguiendo por este ca-
mino el capitán é los chripstianos que
con él yban , oyeron los golpes de una
hacha dentro del monte (que ya era mon-
taña alta é tierra andadera ) , é sentidos
aquellos golpes , hizo sentar la gente , é
desde alli proveyó de enviar por todas
partes indios , de los que llevaba manssos,
que tomassen en medio al que golpeaba
ó hagia leña dentro en lo emboscado y
espesso del monte ; é assi se hizo é fue
tomado un indio, que estaba cortando
leña. Es de notar que en todo el camino
U4
HISTORIA GENERAL Y iNATÜRAL
del monte hasta alli no avian en parte al-
guna hallado que estoviesse cortado un
palo ni rama ; porque el Enrique , como
hombre apercebido y de guerra , lo tenia
assi mandado, só pena de la vida, á sus
indios , y lo executaba en el que lo con-
ti'ario hagia. Después que este indio fue
tomado , el capitán Francisco de Barrio-
nuevo se retruxo á un lado, dentro en la
montaña , fuera del camino , dejando su
guarda, donde le paresgió que con venia,
para que la gente que passase no tamas-
se rastro ni sintiessen que andaban por alli
cripstianos. E informóse de aquel indio
en qué parte é dónde estaba don Enri-
que: el qual les dixo dónde le hallarían,
pero que avian de ir gerca de media le-
gua por de dentro de la laguna, en algu-
nas partes hasta la rodilla el agua , y en
otras hasta los sobacos é algo mas é me-
nos ; y que de la otra parte avia peñas é
mangles muy gerrados y espessos ( que
son árboles de gierta manera muy texi-
dos y dentro del agua en las costas ma-
rinas), y que el camino era muy malo.
E informados muy bien de la dispusigion
é passos por donde avian de ir , estaban
á legua é media del Enrique ; é partieron
luego de alli el capitán é su gente fuera
de camino, y llegados ala laguna, fueron
vistos de unos indios que estaban fuera
della en tierra: los quales en el instante
se comengaron á apellidar é dar voges,
é se recogieron hasta doge indios, que
podrían ser, en las canoas que es dicho;
las quales alli tenian, é comengaron á
dar golpes con los nahes ó remos en las
canoas , porque los chripstianos sinties-
sen que estaban dentro ya en ellas los in-
dios , los quales degian á voges : A la
mar, capitán; á la mar, capitán. Y él no
quiso responder , aunque los chripstianos
le degian que respondiesse ; pero él re-
plicó é dixo : «Esos indios tienen capitán
é no sabemos si le llaman á él ó á mí.» E
tornaron á dar voges é dixeron : Señor
capitán de la Magestad, á la mar, á la
mar. En tongos el capitán salió de la sa-
vana ó monte , echando por los lados del
camino por dó yba, algunos compañeros
de sus soldados, por yr en orden é saber
si avia mas gente de la de Enrique en al-
guna gelada. Este nombre savana se dige á
la tierra que está sin arboledas, pero con
mucha é alta hierva, ó baxa. Assi que,
de la manera que dicha es , llegó el ca-
pitán é los que con él yban á la costa é
agua de la laguna ( la qual tiene de gir-
cunferengia doge leguas) : é alli hablo
con los indios de las canoas é les pre-
guntó que dónde estaba Enrique , porque
le yba á hablar en nombre de Su Mages-
tad, é á le dar una carta real suya. E
preguntóles si avia alli venido el indio ó
guia primera que avia enviado solo, co-
mo ya está digho ; é dixeron que no avia
ido alli tal indio , pero que ya sabian que
era venido un capitán que enviaba la Ma-
gestad. Entonges el capitán Frangisco de
Barrionuevo les rogó que tomassen una
india que él llevaba , que avia estado un
tiempo antes con el mesmo Enrique , é le
conosgia muy bien , para que della se in-
formasse de su venida ; é con mucha im-
portunidad la resgibieron , digiendo que
avria enojo su señor Enrique. Y entró la
india en la laguna, dándole el agua hasta
la cinta ; é tomáronla en una de aquellas
canoas é dixeron que ellos la llevarran á
su señor Enrique, é assi lo pusieron en
efecto.
Y fecho esto , el capitán é los chrips-
tianos se apartaron de alli quanto un tiro
de baUesta , é entráronse á la savana ó
campo raso ( por su seguridad) , donde
durmieron aquella noche. Otro dia si-
guiente , dos horas después de salido el
sol , volvieron dos canoas , en que vino
un indio pringipal capitán del dicho En-
rique (con doge indios), llamado Martin
de Alpharo , muy pariente del Enrique , y
el mas agepto á él. E traia la india que
DE INDIAS. LIB. V. CAP. V.
U5
es dicho ; é salieron todos en tierra con
sus langas y espadas , é apartóse un po-
co de los chripstianos Frangisco de Bar-
rionuevo , é abragó á este indio capitán
é á todos los indios que con él salieron á
tierra : los quales se tornaron luego á sus
canoas , salvo aquel pringipal que quedó
en tierra, hablando con Barrionuevo. E
era bien ladino , é hablaba la lengua cas-
tellana sufigientemente: el qual dixo al
capitán nuestro, que le pedia por merged
el señor Enrique , que porque él estaba
mal dispuesto , que se fuesse allá ; el qual
pensó que aquello se le enviaba á degir,
para conosger del si su yda era por bue-
na amistad, ó fraudossa aquella visita-
gion ; porque el camino y entrada eran ta-
les, que si mostrara algún temor ó rége-
lo de la yda, sospecharan Enrique é su
gente que los querian engañar ó prender.
E por quitarles tal sospecha, se determinó
el capitán Barrionuevo de yr allá , aunque
contra la voluntad de los mas de los que
con él yban ; porque regelaban , segund
la dispusigion é passos del camino (que
avian de passar) , que los podrian los in-
dios matar ó aprovecharse dellos muy á
su salvo. Pero el capitán Barrionuevo, non
obstante esso , tomó consigo hasta quin-
ge hombres ( los que le paresgió escoger
de los chripstianos), é dexó alli los demás
con los indios manssos que avia llevado; é
siguió su camino por donde le quiso guiar
el Martin de Alpharo , por tales passos é
viaje , que era bien aparejado para temer
el evento é fin de la jornada que hagian.
E aun assi lo yban algunos de los chrips-
tianos que llevaba digiendo é murmuran-
do , porque era muy áspera tierra é muy
gerrada y espesa de árboles é manglares
y espinos: é indubitadamente los mas de
los compañeros penssaban que no avian
acertado en creer á aquel indio , é de pa-
resger de los mas, se tornaran. Pero su
capitán conosgió la flaqueza de algunos
de su compañía , é díxoles lo que se si-
gue, por animarlos é que no le de-
xassen.
CAPITULO VI.
Del razonamiento que el capitán FranQisco de Barrionuevo hizo á ciertos compañeros que con él yban
por un camino sospechoso é áspero, yéndosse á ver con ei cacique Enrique , llevando por guia á un ca-
pitán del mismo Enrique.
«oeñores: yo vine acá con vosotros, no
á mas de servir á Dios é al Emperador,
nuestro Señor ; é no será bien que se co-
nozca temor en ninguno de vosotros, pues
que soys hidalgos é personas experimen-
tadas en mayores peligros. Quanto mas
que aqui no hay de qué temer , y el que
quisiere tornarse, vuélvasse donde que-
dan nuestros compañeros, é aguárdeme
alli : é el que oviere gana de me seguir
é hager lo que debe , haga lo que yo ha-
go; porque yo no tengo de volver un
passo atrás , aunque penssasse escapar de
TOMO I.
morir : que á esto vine é venís , y á ga-
nar honra é no á perderla.»
E assi seyendo él el delantero, prosiguió
su camino, llevando una espada en la
ginta , é una langa gineta en la mano , é
sin otras armas defensivas ni ofensivas,
é con un jubón de cañamago ó angeo é
unos garahuelles é unas antiparas de bi-
tre de las rodillas abaxo , é unos alpar-
gates calgados. E desla manera que he
dicho , como buen capitán é animoso ca-
ballero, exortando los que con él yban,
todos ellos le siguieron é llegaron á una
i9
U6
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
caleta ó ensenada ó ancón, que estaba
no mas de hasta dos tiros de ballesta de
donde Enrique estaba. E de cansado del
trabajoso camino , se assentó debaxo de
un árbol, é desde alli vido en la vuelta
del ancón de la mesma laguna á Eurique
é los indios que con él estaban. E tuvo
mucha razón de descansar , porque hasta
llegar alli, muchas veges avian andado á
gatas é rastrando por debaxo de los ár-
boles é matas ; y también lo hizo porque
demás de tomar aliento él é los que con
él yban (debaxo de aquella disimulagion),
pudiesse entender é conjecturar mejor la
dispusigion de aquella tierra donde esta-
ba, para lo que le conviniesse hager, si al-
guna nesgessidad le ocurriesse. Y desde
alli hizo atravessar por el agua á un mes-
tizo que con él yba é al indio capitán
Martin de Alpharo , é mandóles que le di-
xessen á Enrique que él yba cansado é
que por esso avia parado alli, é no por
otra causa: é que si el Enrique se rege-
laba , que mirasse que no avia razón pa-
ra que temiesse , pues veya como él avia
llegado alli con aquellos pocos chripstia-
nos que con él estaban. Pero que sidesto
no se aseguraba, que él se tornaría á sa-
lir á la savana ó á lo raso, y él podría
venir con sus canoas á le hablar segura-
mente ó como él quissiesse hagerlo ; por-
que él yba de parte de Su Magostad á le
hablar é traer en paz á su servigio , é le
queria el Emperador, nuestro Señor, por
suyo , é hagerle mergedes , é le traia una
carta de Su Magostad ; é que no temiesse
de cosa alguna, porque César le perdona-
ba todas las cosas passadas, viniendo él
á su servigio é obediengia , como lo ve-
ría por su real letra que le escribía. E assi
á este propósito otras palabras exortato-
nas, á la paz é amistad convinientes , le
envió á degir ; y cómo el mestizo y el ca-
pitán Martin de Alpharo llegaron al En-
rique é le refirieron lo que es dicho , lue-
go él comengó á dar mucha priessa á sus
indios , é llamábalos bellacos , porque no
se daban priessa é no avian abierto el
camino. E luego tornaron aquel mestizo é
capitán (que es dicho) donde Barrionue-
vo estaba , é le dixeron que fuesse él é
su gente toda: el qual envió luego á lla-
mar á los que avia dexado atrás de los
españoles en la savana con los indios
mansos; é llegados, él comengó á yr há-
gia donde estaba Enrique por el camino
que ya estaba hasta él abierto. E los in-
dios que le abrian, passaron de alli ade-
lante, abriendo é prosiguiendo su tala
hágia donde los chripstianos avian que-
dado, los quales ya venian hagiendo
lo mismo. Llegado el capitán Frangisco
de Barrionuevo, con los chripstianos,
donde Enrique estaba, avia aUi un árbol
grande de buena sombra, é debaxo del
estaba una manta de algodón tendida en
tierra ; é assi cómo se vieron , fué el uno
para el otro, é se abragaron con mucho
plager, é assidos de las manos , se fueron
á sentar sobre aquella manta. E alli lle-
gó á abragar al capitán Barrionuevo Ta-
mayo , pringipal indio (y el que mas
daño por su persona hagia en esta isla), y
después deste abragó á todos los otros
indios de Enrique , que eran seis capita-
nes pringipales , inferiores é criados des-
te cagique Enrique , é los otros indios res-
tantes, gandules é hombres de guerra,
que serian hasta septenta hombres bien
dispuestos , é los mas dellos con langas y
espadas y rodelas. Las quales traian al
rededor del cuerpo , desde los sobacos
hasta las caderas, rodeados muchas vuel-
tas de hicos ó cuerdas de algodón , jun-
tas y espessas, en lugar de coragas, y
embixados todos ó pintados de gierta co-
lor roxa, como almagre, ó mas subida
color, que se llama hixa, con muchos pe-
nachos, é puestos en orden, como suelen
estar en las batallas é guerra. E mandó
el capitán Frangisco de Barrionuevo as-
sentar á los chripstianos á un cabo, apar-
DE INDIAS. LIB. V. CAP. VII.
147
lados un poco del , y Enrique mandó á
sus indios qu&se sentassen al otro cabo.
Fecho aquesto , el capitán Francisco de
Barrionuevo , con mucho plager é gentil
semblante, le hizo un ragonamicnlo en
la manera siguiente.
CAPITULO VIL
Del raconamienlo que hizo el capitán Fraii9Ísco de Barrionuevo al cacique Enrique, quando le dio
una caria de Su Mag-eslad, é quedaron assenladas las paces.
«Hinrique, muchas gragias debéis dar
á Dios, nuestro Señor, por la clemencia
y misericordia que con vos usa en las
raergedes señaladas que os hage el Em-
perador Rey , nuestro Señor, en se acor-
dar de vos , y os querer perdonar varios
yerros é reduciros á su real servigio é
obediengia, y querer que como uno de
sus vasallos seays bien tractado, y que
de ninguna cosa de las passadas se ten-
ga con vos memoria ; porque os quiere
mas enmendado y por su vasallo y ser-
vidor , que no castigado por vuestras cul-
pas , porque vuestra ánima se salve y
sea de Dios, y no os perdáis vos é los
vuestros; sino que como chripstiano
(pues resgebistes la fé y sacramento del
sancto baptismo), seays resgebido con to-
da misericordia, como mas largamente
lo veréis por esta carta que Su Magostad,
hagiéndoos estas mergedes que he dicho
y las que mas os hará, os escribe.» — Y
acabado de degir esto , se la dio , la qual
Enrique tomó en la mano é tornósela á
dar é le dixo que le rogaba que se la le-
yesse: que él se fiaba del, porque tenia
malos los ojos; y assi era verdad.
Entonges Frangisco de Barrionuevo la
tomó é leyó alto , que lodos los que allí
avia lo podian oyr y entender (los indios
que entendiessen nuestra lengua); y leida,
la tornó á dar á Enrique é le dixo: «Se-
ñor don Enrique , besad la carta de Su
Magostad é ponedla sobre vuestra cabe-
ga.» Y assi lo hizo el luego con mucho
plager ; y el capitán le dio encontinente
otra Carta de seguro de la Audiengia
Real é Changilleria de Sus Magestades,
que reside en esta cibdad de Sancto Do-
mingo , sellada con el sello real y le di-
xo assi: — «Yo vine á esta isla por manda-
do del Emperador Rey , nuestro Señor,
con gente española de guerra , para que
con ella y toda la que mas hay en aques-
ta isla , os haga guerra. E mandóme Su
Magostad que de su parte os requiera
primero con la paz para que vengáis á su
obediengia y real servigio ; y si assi lo
higiéredes, os perdona todos los yerros
y cosas passadas , como por su real carta
ya aveis sabido. Y assi de su parte os
mando é requiero que lo hagáis , porque
haya lugar que se use con vos tanta h-
beralidad y clemengia. E mirad que soys
chripstiano, é temed á Dios é dalde infi-
nitas gragias é nunca le desconozcáis
tanta misericordia , pues que os da lugar
que os salvéis , y no perdáis el ánima ni
la persona; porque aunque hasta aqui él
os ha guardado de los peligros de la
guerra, ha seydo porque quando os al-
gastes, tuvistcs alguna causa para apar-
taros de aquel pueblo, donde viviades;
pero no para desviaros del servigio de
Dios y de vuestro Rey : porque en fin, si
á notigia de Su Magostad llegara que
aviados resgebido algún agravio, sed
gierto que lo mandara muy enteramente
remediar y castigar, de manera que fué-
rades salisffecho y contento. Pero ya que
todo aquello es passado , os digo é ger-
tifico que si agora no venís de coragon
148
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
y de obra á conosger vuestra culpa y á
obedesgerá Su Magestad, perdonándoos
como os perdona, que permitirá Dios
que os perdáis presto , porque la soberbia
os traerá á la muerte. Y quiero que se-
páis que la guerra no se os hará, como
hasta aqui se os ha fecho, en eí tiempo
passado; ni os podréis esconder, aunque
fuessedes un corí ó un pequeño gusano,
de debaxo de la tierra ; porque la gente
de Su Magestad es mucha, y el poder
real suyo el mayor que hay en el mundo.
Y entraros han por tantas partes, que de
lo mas hondo y escondido os sacarán. Y
acordaos que hage trege años ó mas que
no dermis seguro ni sin sobresalto é con-
goxa é temor grande, assi en la tierra
como en la mar: é que no lo aveis con
otro cagique que tan pocas fuergas tenga
como vos ; sino con el mas alto é mas
poderoso señor é rey que hay debaxo
del gielo; á quien otros reyes y muchos
rey nos obedesgen, é temen é le sirven.
Y creed , que si Su Magestad fuera infor-
mado de lo gierto , que ha mucho tiem-
po que vos fuérades enmendado ó cas-
tigado, si no viniérades á su merged;
porque es de su real é cathólica costum-
bre y clemengia mandar primero amo-
nestar que castigar á quien le dessirvió
algún tiempo ; pero hecho este cumpli-
miento, ninguna cosa desta vida basta
para defender á ningún culpado de su ira
é jusligia. E assi os digo que ni tampoco
creáis que si viniéredes (como creo que
verneis) á conosger lo que se os ofresge,
e á ser el que debéis en vuestra obe-
diengia é servigio, que os conviene por
ningún caso deste mundo tornar á la
rebelión en ningún tiempo; porque su
indignagion seria muy mayor , y el cas-
tigo executado en vos y en vuestra gen-
te con mayor rigor ; porque hallareis
muy buen tractamiento en sus goberna-
dores y justigias, é ningún chripsliano
os enojará que dexe de ser punido é
castigado muy bien por ello. Por tanto,
algad las manos al gielo, é dad infinitos
loores á Jesu-Chripsto por las mergedes
que os hage , si hígiéredes lo que Su Ma-
gestad os manda , é yo en su real nom-
bre os requiero ; porque si amáredes
vuestra vida é la de los vuestros , ama-
reis ^su real servigio é la paz , librareis
vuestra ánima é las de muchos, é daréis
seguridad á vuestra persona é á las do
todos aquellos que os siguen. E Su Ma-
gestad terna memoria de vos , para hage-
ros mergedes, é yo en su nombre os da-
ré todo lo que oviéredes menester, y os
otorgaré la paz é seguro ; é capitularé
con vos cómo viváis honrado, y en la
parte que os pluguiere escojer en esta
isla , con vuestra gente y con toda aque-
lla libertad que gogan los otros vasallos
chripstianos é buenos servidores de Su
Magestad. Assi que, pues me aveis en-
tendido , degidme vuestra voluntad , y lo
que entendéis hager.»
A todas estas palabras , el cagique En-
rique estuvo muy atento é todos los in-
dios é los chripstianos , é con mucho si-
lengio ; é cómo el capitán Frangisco de
Barrionuevo ovo acabado de hablar, res-
pondió Enrique assi: — «Yo no desseaba
otra cosa sino la paz , y conozco la mer-
ged que Dios y el Emperador , nuestro
Señor, me hagen en esto, y por ello be-
so sus reales pies y manos; é si hasta
agora no he venido en ello , ha seydo á
causa de las burlas que me han hecho
los chripstianos, é de la poca verdad que
me han guardado , y por esto no me he
ossado fiar de hombre desta isla.» E di-
giendo esto, dio muchas disculpas parti-
culares é quexas de lo que con él se avia
fecho , relatando desde el pringipio de
su algamiento. E dicho aquesto, se le-
vantó é se apartó con sus capitanes, y
mostrándoles las cartas que es dicho,
habló un poco espagio con ellos gerca
de su determinagion ; é se volvió á Bar-
DE INDIAS. LIB. V. CAP. VII.
U9
rionuevo, donde estaba , é se dio asien-
to é conclusión en ki paz , é hablaron en
muchas cosas congernientes á ella. Y el
cacique Enrique prometió de la guardar
siempre inviolablemente; é dixo que re-
cojeria todos los otros indios que él te-
nia y é que andaban de guerra por algu-
nas partes desta isla; é que quando los
chripstianos le higiessen saber que an-
daban algunos negros algados, los haria
tomar, é que si fuesse nesgessario, él
mismo yria á lo hager, y enviaría capi-
tanes á ello , para que los tornassen é
los truxessen atados á poder de los
chripstianos, cuyos fuessen tales negros.
De alli adelante sus indios todos le lla-
maban don Enrique , mi señor , porque
vieron que en la carta Su Magostad le
llamaba don Enrique.
Hecho esto , el cagique don Enrique se
fué á comer con su muger, é llevó con-
sigo alguna gente de la que alli tenia, é
quedaron sus capitanes á comer con el
capitán, Frangisco de Barrionuevo. Des-
pués en la tarde volvió don Enrique ; é
pidió que se le diesse facultad para te-
ner dos alguagiles del campo , é se los
señalasse Barrionuevo en los mismos in-
dios del don. Enrique, é se les tasasse lo
que se les avia de dar por su trabajo de
cada negro , y por cada indio de los que
se les huyessen á los chripstianos , é los
alguagiles los recojiessen. E assi lo tassó
Barrionuevo , y le dixo que si quería ga-
nados é otras cosas, que lo dixesse: que
él se lo haria dar ; y el don Enrique res-
pondió quél no tenia tierra alli, donde
tener ganados , por ser tan gorrada y ás-
pera; pero que quando oviesse comi-
do aquellos conucos é labrangas que
por alli tenia é baxasse á la tierra lla-
na, teniendo mas coníianga en esta
paz , que entonges los podría tener é los
criaría.
Fecho aquesto , dio el capitán ligengia
á los chripstianos para que con los indios
de don Enrique higiessen sus ferias é true-
cos de lo que les pluguiesse, é assi lo hi-
gieron de algunas cosas de poca impor-
tangia é valor ; porque oro decian que no
lo tenian , ni se vido en todos ellos cosa
alguna de oro. Después quando fue hora,
genaron los capitanes indios con el capi-
tán Frangisco de Barrionuevo , é don En-
rique estuvo presente é no quiso comer
ni beber (creyóse que de régelo). Des-
pués que fue passada la gena , se fué don
Enrique , adonde tenia su muger , é los
chripstianos con su capitán se salieron
del bosque á dormir fuera en la savana
ó raso (donde primero no lexos de alli
avian asentado su real, como ya se di-
xo de suso) ; é aquella noche los chrips-
tianos estovieron en vela , é higieron la
guarda que convino hasta que fue dedia.
Desde á poco que el sol era salido , vino
don Enrique á la misma savana , donde
el capitán é los chripstianos estaban , é
truxo consigo hasta ginqüenta hombres,
é los mas dellos desarmados , é algunos
con espadas ; é alli se despidió don En-
rique del capitán nuestro , abragándole
con mucho plager , é á él primero é des-
pués á todos sus capitanes ; é don Enri-
que assi mismo con mucha alegría abragó
é todos los chripstianos ; é dio un capi-
tán é un otro indio de los suyos , para
que fuessen hasta la mar, adonde avia
quedado la caravela. E alli holgaron un
dia: é oviéransse de matar, bebiendo vi-
no, este capitán é indio de don Enrique,
porque como no lo tenian acostumbrado
é les sabia bien , entraron tanto en ello
que les revolvió en los vientres la cahoba
que avian tomado ; de manera que llega-
ron á punto de morir ( lo qual no fue poca
congoxa para los chripstianos, porque
sin culpa suya en tal sagon fuera incon-
viniente muy grande, si murieran de
aquella bebedera), é con algunos remedios
que se les higieron é darles á beber agei-
teéhagerlos vomitar, escaparon. Desen-
150
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
viñados é tornados en sí, aunque no ar-
repentidos de lo que avian bebido, el ca-
pitán Frangisco de Barrionuevo les dio ro-
pas y vestidos á estos dos indios, é también
para los otros capitanes, é assi mismo en-
vió otras ropas de mas presgio de seda
para don Enrique , con otras cosas de las
que le paresgió y llevaba , porque mas
plager y seguridad toviesse de la nueva
paz é amistad contraída con los clirips-
tianos. E truxo consigo Barrionuevo has-
ta esta gibdad un indio principal que don
Enrique mandó venir con él , del qual se
liaba para que viesse á los señores oydo-
res desta Audiengia Real , é ofigiales de
Sus Magestades , é á los caballeros é hi-
dalgos é veginos desta gibdad ; é oyesse
é viesse pregonar la paz, como lo vido
hager primero en todos los otros lugares
é villas por donde passó ( después que
sahó de la caravela) hasta llegar aqui,
donde se hizo lo mesmo. E al dicho in-
dio se le dio muy bien de vestir é se le
liizo el tractamiento que era razón : el
qual, como astuto, en aquellos días que
estuvo en esta cibdad, entró en muchas
casas , ó en las mas de las pringipales,
para sentir los ánimos é voluntades que
se sentían en todos desta paz , ó para
probar mas vinos, porque luego le da-
ban colagion é á beber, y le mostra-
ban todos que avian mucho plager é hol-
gaban de la paz , é amistad de don En-
rique.
Después de lo qual, proveyó esta Au-
diencia Real é ofigiales de Su Magestad
que con este indio volviesse una barca é
ciertos chripstianos , para lo llevar á don
Enrique : al qual enviaron muy buenas
ropas de seda é atavíos para él é para
doña Mengía, su muger, y para sus capi-
tanes y otros indios pringipales ; é otras
joyas é refrescos de cosas de comer, é vi-
no, é ageite, é herramientas é hachas para
sus labrangas , puesto que don Enrique no
pidió otra cosa sino imagines ; de que se
colije que la fée no estaba en él de todo
punto desarraigada ó extinta, ni la crian-
ga que tuvo en su niñez con los rehgio-
sos del monesterio de Sanct Frangisco
desta gibdad. Pero porque á esta Real Au-
diengia é ofigiales de Su Magestad é al
capitán Frangisgo de Barrionuevo pares-
gió ser conviniente cosa, hagiéndose la
paz en nombre de tan alta Magestad co-
mo el Emperador, Rey nuestro Señor, le
enviaron lo que es dicho , juntamente
con giertas imagines de devogion , para
tener este cagique mas obligado é retifi-
car la paz , é lo asentado con él , y tam-
bién porque estos indios son gente de
poca capagidad , é no puestos en los pri-
mores de la verdad, é honra, é gircuns-
tangias della, que otras gentes miran é
observan, quando semejantes pages se
hagen é contraen con los enemigos. Ni
tienen aquella constangia que es menes-
ter, ni sienten las menguas, é afrentas
con el dolor é injuria que otras nagiones;
ni aman la verdad , ni la tienen en tanto
como debrian. Y por todos estos y otros
respectos, convino que fuessen muy ani-
mados é halagados, para fixar esta amigi-
gia, nuevamente adquirida, con les dar
algunas cosas é traerlos mañosamente á
la benivolengia é converssagion de los
chripstianos , y para que paresgiesse y
estos indios conosgiessen que no se hagia
caso , ni se tenia cuenta con sus errores
é cosas que este cagique, don Enrique, é
sus capitanes é indios hasta entonges
avian cometido, después de su rebeUon.
Esta paz se ha conservado después hasta
el tiempo presente ; y en la verdad era
muy nesgessaria , porque estaba esta isla
perdida, á causa del algamiento deste ca-
gique , é no se osaban ya andar los ca-
minos hágia aquella parte, ni yr desta há-
gia la Yaguana , si no yban cantidad de
chripstianos juntos y apergebidos. La ver-
dad es que Dios é Su Magestad fueron
muy servidos de esta paz , assi por lo que
DE INDIAS. LIB. V. CAP. VU.
451
está dicho é otras muchas causas, como
porque se baptizassen los niños que avia
é los que mas subgediessen entre esta
gente de don Enrique, los quales en
aquella sagon eran muchos. Una de las
cosas que mejor me han paresgido en este
hombre, es que dixo, quando estas pages
con él se assentaron , que una de las cosas,
de que él tenia mas pena é dolor, era por-
que aquellos muchachos estaban por bap-
tizar , é otros muchos eran muertos sin
baptismo: que es señal que le quiso Dios
remediar y que se salvassen él y los de-
mas. Quédanme de degir dos cosas que se
dirán en el siguiente capítulo : la una en
honor é gratificagion desle caballero,
Frangisco de Barrionuevo , para complii-
con mi ofigio de fiel escriptor, continuan-
do la verdad de la historia ; y la otra en
lo que toca á don Enrique.
CAPITULO VIII.
Que tracta de dos parlicularidades que se dexaron de decir en el capítulo de suso: la una en lo que
toca al servicio y méritos de Francisco de Barrionuevo , y la otra en la honrosa paz é recón9Íliacion do
don Enrique al servicio de Sus Majestades.
t^Iaro está que el servigio que en esto
hizo Frangisco de Barrionuevo á Dios é
á Sus Mageslades, en la paz é amistad por
él contrayda y acabada con el cagique
don Enrique , y el pro y utilidad que re-
sultó á esta isla y á otras partes de fuera
della, que está muy bueno de entender,
y quán digno es de mergedes. Porque
aunque se deba tener por gierto que todo
lo que tan bien en estos tiempos se agier-
ta es en la buena ventura de tan ventu-
roso Emperador é Señor, como tenemos;
no por esso dexó de meresger mucho tan
prudente capitán, y que con tanto es-
fuerzo é gentil ánimo se determinó de en-
trar, á donde fuera fácil cosa perderse él
y los que con él yban , segund la dispu-
sigion y braveza de las montañas ásperas
y gerrados y salvages montes tan traba-
josos de andar : que si oviesse en Espa-
ña algo á que lo comparar, muy mejor se
estimarían los peligros destas partes. Pe-
ro figúraseles á los que estas cosas desde
allá las oyen ó leen , que esto será como
una Sierra Morena, ó la de Monserrate,
ó los puertos de Sanct Johan de Lusa, ó
los Alpes para passar á Italia , ó los de
Alemania para desgender á Lombardia,
ó las sierras de Abrugo é Tallacogo en el
reyno de Ñapóles, ó las montañas de Gas-
cuña. Todo lo que he dicho, y lo que en
España llaman fragosso y áspero , es co-
mo cotejar lo blanco con lo prieto ú otro
mas diferente y encaresgido extremo. E
aun assi, probando la salvajez destas par-
tes , veo que los hombres que acá lo sa-
ben por experiengia , ni han tornado á
sus patrias (sino muy raros) , ni acá tam-
poco les ha turado la vida , sino muy
poco tiempo. Porque demás de la des-
conveniengia que el gielo acá tiene con
lo de Europa (donde nasgimos estos que
por acá andamos) , assi en las influen-
gias como en las diferengias de los ay-
res y vapores y temple de la tierra, nin-
guna manera de manjar hallamos en es-
tas partes, que fuesse como aquel que
nos dieron nuestros padres. El pan de
rayges: las fructas salvages ó no co-
nosgidas ni conformes á nuestros estó-
magos : las aguas de diferentes gustos:
las carnes, ningunas se hallaron en esta
isla , sino aquellos gozques mudos que
he dicho é otros pocos animales , é muy
diferentes á los de España ; y algunos de
tal vista que son mas para temer que para
i 52
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
(lessear quien no los conosge , assi como
aquellas sierpes que llaman y vanas , cu-
lebras é lagartijas. Desto tal abundancia
se halló en los principios questa tierra
se conquistó, y aun también faltaron es-
tos malos mantenimientos á los primeros
conquistadores; pero no faltaron las en-
fermedades que tengo dicho. Y cómo to-
das estas cosas avia probado este capitán
desde que fué mangebo é soldado en la
conquista de la isla de Sanct Johan (alias
Boriquen) , y en la Tierra-Firme al sep-
tentrión en la Florida, é otras parles, supo
darse maña para lo que está dicho.
Sin dubda yo creo que si á ello fuera
uno que de España viniera nuevamente,
nunca la paz se concluyera , y aun en los
de por acá no se pudiera hallar quien me-
jor lo agertára , puesto que hay muchos
que lo higieran muy bien. Pues ved si ha
costado dinero esta guerrilla de don En-
rique en trege años, pues paresge por
las qüentas é libros que destos gastos hay
desta guerra, que montan mas de quarenta
mili pesos de oro los que se han gastado
de parte de Su Magostad y de la isla en
esta contienda de don Enrique ; y lo que
peor paresge de todo es que se sospechó
que algunos holgaban que esto se ando-
viesse assi , é que nunca se acabasse de
ver esta paz.
Bien se debe creer que de tal plager
no podrían partigipar sino dos géneros
de hombres , y serian los que en tal error
incurriessen los que podrían aver parte
del sueldo , assi como soldados pobres
para sostenerse con tal guerra , ó los que
pussieron la mano ascondidamente en tal
pecunia, por indirecta vía. Todos los otros
á quien pluguiesse que esto no se aca-
basse, yo no los avría por chrípstianos
ni servidores de su rey, sino del dia-
blo ; y á los tales y los que antes dixe,
por mas enemigos que al mismo don En-
1 Proverb. cap. XVII,
rique. Y assi á esos el mesmo demonio y
el tiempo, y mejor dígiendo, aquel á quien
ninguna cosa es oculta , les paga sus
desseos malos, quando menos se catan.
Por manera que bien mostró este capi-
tán, FrangiscodeBarrionuevo, sernuman-
tino é de buena casta, y tener la experien-
gia que convenia para acabar este negogio
tan sabia é prudentemente , como se aca-
bó por su persona y esfuergo ; porque
como he dicho de suso , otro se volviera
del camino, quando vido que los que con
él yban, murmuraban é se arrepentían de
la jornada que hagían. Pero él, como va-
ron de buen ánimo é prudente , dio en su
empressa el fin que he dicho , acordán-
dose que aunque dige Salomón que la
gloria del hombre viene del honor de su
padre *, escribe Boegío que si la pro-
pria virtud nohageá uno noble, que no lo
hará la nobleza paterna. Ovidio dige que
aquL*lla virtud, la qual no avemos de nos,
no se puede degir nuestra ; é aquel que
desgiende de buen padre, se presume
que es de buena natura. Pero dexada esta
disputagion, digo que este capitán por
ambas causas hizo lo que hizo , obligado
por ser hijodalgo , satisfagiendo á sus an-
tegessores y no olvidando á sí mismo, en
contínuagion de su hidalguía é propria
virtud de su persona. Llámele numantino,
porque es natural de la cíbdad de Soria,
la qual yo tengo que es la que los anti-
guos llamaron Numangia (ó Numangía fué
por alU gerca) , porque dige Plínio ^ que
Duero es de los mayores ríos de España,
é que nasge gerca de Numangia; é Clau-
dio Tholomeo en el cap. VI de la II ta-
bla de Europa pone á Numangía, é dice
luego allí estas palabras: (<Soria hodie ro-
manis, olim accerrima.^i
Quanto al cagique , don Enrique, me
paresge que él hizo la mas honrosa paz
que ha hecho caballero ó capitán ó prín-
2 Plin, lib. IV, cap. 20, en su Natural Historia.
DE INDIAS. LIB. V. CAP. VIII.
4o3
(jipe de Adam acá , y quedó mas honrado
que quedó el duque de Borbon en el ven-
cimiento é prisión del rey Frangisco de
Frangía en Pavia , segund la despropor-
gion é desigualdad tan grande que hay
del mayor príngipe de los chripstianos y
Emperador del universo á un hombre, tal
como este don Enrique , y que de parte
de su Cesárea Magestad fuesse requeri-
do con la paz , é se le pidiesse , é fues-
se convidado con ella , y se le perdonas-
sen sus culpas é quantas muertes é in-
gendios é robos avian fecho él y sus
indios contra los chripstianos, sin algu-
na restitugion, con general é amplíssimo
perdón , é ofresgiéndole mas é dándole á
escoger el lugar é assieuto que él qui-
siesse tomar y elegir en esta isla para su
morada é habi tagion .
Por gierto, don Enrique, si vos lo co-
nosgistes y supistes sentir, yo os tengo por
uno de los mas honrados y venturosos
capitanes que ha ávido sobre la tierra en
todo el mundo hasta vuestro tiempo. De
lo qual se nota el mare-magno de la ex-
gelengia y clemengia de la Cesárea Ma-
gestad del Emperador Rey , nuestro se-
ñor : que puesto que en muy breves dias
se pudiera concluir tal guerra , é que no
quedara memoria ni hueso de don Enri-
que , ni de persona de los suyos , acor-
dándose que pudieran peligrar algunos
chripstianos, por estar estos indios en
montañas asperíssimas é salvages é fuer-
tes y tales como he dicho, quiso que ante
todas cosas se tentassela paz; porque co-
mo Vegecio dige * : «muchos mal exper-
tos en el arte militar creen que la victoria
es mas complida, aviendo á sus enemi-
gos en lugares estrechos , ó teniéndolos
cercados con gran moltitud de gente ar-
mada; de tal manera que no les quede
por donde huir puedan.» Pero muchas ve-
ges por la desesperagion de se ver apre-
tados cresge la osadia, é donde no les
quedaba esperanga , por el temor toman
las armas; é aquellos que no tienen dub-
da de morir, de voluntad juntamente con
su enemigo dessean fenesger sus dias.
Por lo qual se debe loar mucho la sen-
tengia de Sgipion , el qual dixo que no se
debia impedir el camino por el qual el
enemigo ha devisado ó determinado do
huir 2, etc. Assi que, por esta razón y
considerando que este cagique tuvo causa
de se apartar de los chripstianos, pues
quexándose de las sinrazones que le fue-
ron fechas en la villa de Sanct Johan de
la Maguana , no le fué fecha justigia; por
todos estos respectos , y pringipalmente
porque este cagique y los demás que con
él andaban é sus mugeres é hijos se sal-
vassen é muriessen conosgiendo á Dios,
seyendo chripstianos baptizados, como
lo eran algunos dellos , é los otros se bap-
tizassen é no peresgiessen todos ellos co-
mo infieles , permitió Dios , nuestro Se-
ñor, é Su Magestad que se higiesse con
este cagique , don Enrique , con toda
equidad y sin mas rompimiento ni san-
gre, la misericordiosa paz que he dicho.
El qual á la sagon tenia hasta ochenta ó
gient hombres de pelea, é con las muge-
res é muchachos é niños eran mas de
tresgientas ánimas las que se truxeron á
esta recongiliagion é amistad á la unión
é república de nuestra religión chrips-
tiana, con los que mas se aumentaron
desta gente; é mas de otras tresgien-
tas personas destos indios de don En-
rique murieron sin baptismo en el tiem-
po que su rebelión se continuó. Por lo
qual quadra bien lo que la verdad evan-
gélica dige ^ : «Yo os digo que assi se
i Vegecio, lib. III, cap. 21.
2 Vegecio, lib. III, cap. 21.
3 Dico vobis quod ita gaudium erit in coelo su-
TOMO 1.
per uno peccatore pcenitentiam agente quam supcr
nonaginta novem justis qui non indigent poeniten'
tia. Luc. 15.
50
154
HISTORIA GENERAL Y NAiURAL
gozarán en el gielo sobre un pecador que
venga á penitencia, mas que sobre no-
venta é nueve justos que no tengan nes-
í^essidad della.»
CAPITULO IX,
De la venida de don Enrique é sus indios 9erca de la villa de A^ua , para ver é sentir en qué estado estaba
la paz é lo que avia subgedido de un indio llamado Gonealo, que él avie enviado con el capitán Francisco
de Barrionucvo , é otras cosas al discurso de la historia anexas.
E.
estando las cosas en el estado que es
dicho, un miércoles veynte é siete de
agosto del mismo año de mili é quinien-
tos é treynta é tres, este cagique don
Enrique llegó á dos leguas de la villa de
Agua , é púsose en la entrada ó falda de
la sierra de los Pedernales y y desde alli
envió á saber de los de la villa si avrian
por bien que los hablasse. El qual traia
hasta gincuenta ó sesenta hombres , á lo
que se sospechó (aunque no hizo mues-
tra de tanta gente), y estos venian bien
aderesgados á punto de guerra, y escon-
dió la mayor parte de sus indios en una
gelada, gerca de donde estuvo con los
chripstianos hablando después. E enviá-
ronle á degir que en buen hora viniesse,
pues que Sus Magestades le avian perdo-
nado, y era ya amigo de los chripstanos:
é salieron á le resgebir algunos hidalgos
é hombres de honra desta cibdad , que
acaso se hallaron en aquella villa , é assi
mismo los alcaldes é veginos della, en
que avia hasta veynte é ginco ó treynta
(le caballo, é gincuenta ó mas hombres
de pié, bien aderesgados para la pez é
para la guerra , si conviniesse usar de las
armas. E apeáronse todos é juntáronse
con don Enrique, é abragó á todos los
chripstianos y ellos á él y á todos sus in-
dios, y á lo que se entendió de la plática
que con él se tuvo , don Enrique venia
por sabef é sentir en qué estado estaba
la paz, que con él avia assentado el capi-
tán Frangisco de Barrionuevo; porque el
mensagero suyo, dicho Gongalo, y lo que
se le envió con él no lo avia él visto ni
topado : el qual indio avia quatro dias
que desde la misma villa de Agua se avia
partido en una caravela, en que él é gier-
tos chripstianos yban á buscar á don En-
rique , é holgósse mucho de lo saber. E
luego encontinente envió don Enrique á
un hombre de los suyos) á mas que andar,
por la costa , en busca de la caravela ; y
él se assentó de espagio y con semblante
que holgaba de ver los chripstianos : los
quales avian llevado muy bien de comer
de muchas gallinas é capones é pemiles
de togino é carne de buenas terneras , y
el mejor pan é vino que se pudo aver. E
comieron los chripstianos é los indios
pringipales juntos , é los de demás quan-
tos alli se hallaron con mucho plager é
regogijo ; mas el cagique don Enrique no
comió ni bebió cosa alguna, aunque
Francisco Dávila, regidor que agora es
desta cibdad (que alli se agertó), é los
otros chripstianos se lo rogaron. E dio
por escusa que no estaba sano , é que po-
co antes avia comido , é con mucha gra-
vedad , sin se reyr , platicaba con todos,
con un semblante é aspecto de mucho re-
poso é auctoridad , mostrando é digiendo
que estaba muy alegre é contento de la
paz é de ser muy amigo de los chripstia-
nos. En esto estovieron hasta quatro ho-
ras ó mas que ovieron comido é mejor
bebido (porque estos indios muy de gra-
do toman el vino,, quando se lo dan).
Serian hasta treynta indios los que en es-
te convite mostró don Enrique , y se ha-
DE INDIAS. LIB. V. CAP. IX.
155
liaron en estas vistas, todos ellos con lan-
gas ginetas y espadas y rodelas , ó al-
gunos con puñales.
Después que los alcaldes y aquellos
hidalgos le ovieron dicho que todos los
chripstianos serian sus amigos é le harian
buenas obras , assi porque el Emperador
Rey, nuestro señor, lo avia enviado á
mandar, como porque ya eran amigos; y
que él hallarla mucha verdad y entera
amistad en todos los chripstianos desta
isla , é que sin ningún temor podría solo
ó acompañado venir él é los suyos á esta
cibdad de Sancto Domingo é á todas las
cibdades é villas desta isla , é le harian
todo el plager que él quissiesse resgebir;
y que assi se avia pregonado en cada
parte , él dixo que ya no avia de ser sino
hermano y amigo de todos. E abracando
á los chripstianos , como primero , él é
sus indios se despidieron sin yr á la villa
de Agua , porque dixo que no quería si-
no yr á buscar la caravela , porque los
chripstianos que en ella yban y el Gon-
zalo , su indio , no se detuviessen por la
costa buscándole ; é los chripstianos le
dixeron que higiesse su voluntad. E assi.
se fué don Enrique é sus indios por la
misma sierra de los Pedernales , dó esta-
ba, la qual es en partes asaz áspera é
montuosa.
Después que fué algo apartado del lu-
gar, donde fueron estas vistas, vieron los
chrisptianosque, alo que lesparesgió, lle-
vaba mas gente de la que avia mostrado
en la comida : é á lo que entendieron los
que pressentes se hallaron , don Enrique
quedó muy maravillado de ver salir de
Agua tal gente , y tan presto y tan bien
aderesgados é dispuestos, assi los de ca-
ballo como los de pié , é con muchos es-
clavos negros é indios que llevaron con
la comida é para se servir é curar de sus
caballos. La admiragion fué porque aque-
lla villa es pequeña : é tenia razón de se
maravillar é pensar que la tierra estaba á
recabdo , porque la mitad de los hombres
de bien que allí se agertaron con Fran-
gisco Dávila, eran veginos desta cibdad,
é acaso venían de la villa de Sanct Johan
de la Maguana de ver sus hagiendas , é
otros avian ydo á la misma Agua por sus
negogios. Délo qual don Enrique pudo
conjecturar que, pues allí avia tales hom-
bres é gente , que muchos mas avria en
los otros pueblos mayores y en esta cib-
dad de Sancto Domingo , que el mismo
don Enrique la sabia muy bien é se crió
en ella.
Assi que ydo este cagique y sus indios,
desde á pocos días volvió la caravela é
los chripstianos que fueron en ella , é lle-
varon al Gonzalo y el presente que es
dicho; é dixeron que se avian holgado
mucho don Enrique é su muger é todos
los otros indios suyos. E luego envió en
la misma caravela quatro ó ginco negros
esclavos y otros indios fugitivos que él
tenia de los chripstianos, y envió á degir
que, en yéndosse algún esclavo negro ó
indio á los chripstanos, le avissassen de-
11o : que él los haría buscar é los enviaría
atados á sus dueños , conforme á lo que
con él estaba assentado. E assi para prin-
gipio desta paga, se le dieron por los ne-
gros é indios que envió é pagaron sus
dueños, cuyos eran, la tassa é moderagion
que el capitán Frangisco de Barrionuevo
avia capitufedo con don Enrique; é su
regeptor é indios que envió para ello, res- •
gibieron la paga de un tanto por cada
cabega, y fueron satisfechos á su volun-
tad, y se volvieron á su cagique don
Enrique , é llevaron de retorno algunas
cosas que compraron de aquellos di-
neros.
15G
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO X.
é
De ciertos labradores que vinieron de España en este tiempo para poblar en Monle-Chripslo y en Pacrlo-
Real, en la costa del Norte desta isla, por la solicitud de un vecino desta villa, llamado Bolaños.
l<n el mismo año de mili é quinientos é
treynta é tres, en fin del mes de agosto,
vinieron en una nao á esta cibdad é
puerto de Sancto Domingo de la Isla Es-
pañola hasta sesenta labradores, é la
mayor parte dellos con sus mugeres é
hijos, para poblar en Monte-Chripsto y
Puerto-Real , á los quales mandó Su Ma-
gostad ayudar para ello. Y después que
algunos dias estovieron descanssando en
esta cibdad de Sancto Domingo, se fue-
ron á hager su población, é truxeron
^áertas capitulaciones y exenciones é gra-
cias é libertades que Sus Magestades,
por les hager merced , les concedieron
para que mejor se poblasse aquella villa
ó poblagion que querian poblar.
En la primera impression desta his-
toria , dixe que les diesse Dios gragia que
se conservassen é viviessen; porque la
tierra á ninguno perdona que no le prue-
be en los pringipios con enfermedades,
quanJo nuevamente á ella vienen: lo
({ual no es de maravillar, apartándose
tanto de donde nasgieron y mudando
luego los mantenimientos y el ayre en
tan diferentes climas é regiones. La tier-
ra, donde fueron á poblar, es de las
mejores é mas fértiles desta isla toda é
gerca de las minas del oro ; é llevaron re-
cabdo de ornamentos é clérigos para la
iglesia que avian de fundar. Y en la ver-
dad, lo que este hombre hizo fué cosa
loable é digna de serle agradesgida,
pues su intengion é obra paresgian en-
caminadas en el servigio de Dios é de
Sus Magestades é para mas aumenta-
ción de la poblagion desta tierra , en lo
qual despendió mucha parte de su ha-
gienda ó toda este Bolaños, por traer acá
esta gente. E ya aquel pueblo avia sey-
do primero poblado é se despobló, por
se aver acabado los indios que servían
á los veginos é pobladores que solia
aver en aquella villa , que este hombre
pensó reedificar ó renovar con los que
he dicho que truxo , guiados por via
de entender en ganados é en agricol-
tura.
Al presente, pues que Dios lia traydo
el tiempo de la segunda impression
destas historias, acuerdo al letor que es-
ta poblagion no permanesgió , por lo que
subgedió de las grandes nuevas de la
riqueza del Perú , y aun porque quando
aquellos vinieron , estaban algunos des-
tos nuevos pobladores en la otra vida ; é
los que quedaban, algunos se fueron al
Perú, por morir mas lexos de España, é
otros á otras partes. Y este pecador que-
dó gastado y enfermo de la persona;
porque no agertó , como pensaba, y por-
que lo que el tiempo dispone , nunca lo
consulta con quien le atiende. Aquellos
perdieron su patria é quietud, por la pe-
dricagion é palabras de Bolaños, y pen-
sando huyr la pobreza y ganar de comer,
no contentos con su estado ó manera de
vivir, murieron con su desseo, envueltos
en mayores nesgessidades, desterrados,
y aun por ventura no enterrados. Y este
otro, al olor del nombre de capitán, dexó
su ofigio de artessano, en que ganaba de
comer, y perdió lo que avia adquirido
hasta que le dio este apetito de mandar
á otros, lo qual no todos saben hager.
DE INDIAS. LIB. V. CAP. XI.
157
CAPITULO XI.
Cómo fué un padre religioso de la Orden de Sánelo Doming-o , desde aquesta clbdad de Sánelo Domin-
go de la Isla Española , á donde el caQiquc don Enrique estaba con sus indios , á la sierra del Bao-
ruco, y estuvo allá algunps dias; é del subceso de su camino.
E,
iU el monesterio de los frayles de
Sancto Domingo , desta cibdad de Sáne-
lo Domingo de la Isla Española, entre
otros religiosos devotos que en este con-
vento residen, avia uno llamado fray
Baríulomé de las Casas, persona reve-
renda , é letrado y de buena doctrina é
vida. Pero en el tiempo passado no estu-
vo muy en gragia de todos en la estima-
tiva (seyendo clérigo) , á causa de gierta
negogiagion que emprendió , seyendo ya
sagerdote é llamándosse el ligengiado
Bartolomé de las Casas, como se dirá
mas largamente adelante, quando se trac-
to de la Tierra-Firme é isla de Cubagua.
Pero no obstante que en aquella nego-
giagion no agertasse, su fin pudo ser
bueno : finalmente , él paró en este hábi-
to é Orden. El qual, estando en este mo-
nesterio, supo lo que avia subgedido en
la pagificagion de don Enrique , é mo-
vido á hager bien , acordó de yr á ver-
le, para le consolar é acordar lo que á
su ánima convenia. E con ligengia del
prior de su monesterio , fué y estuvo allá
algunos dias, entendiendo como buen
religioso, en el forgar é consejar é per-
suadir á don Enrique é su gente que per-
severassen en la paz é amistad de los
chripstianos , y en ser muy buenos y lea-
les servidores del Emperador Rey , nues-
tro señor. E díxoles quán cathólico é
cliripslianíssimo rey tenemos é dióles á
entender la clemengia grande que con
ellos avia César usado , porque sus áni-
mas no se perdiessen. Certificóles que la
paz é amistad les seria enteramente
guardada , si por ellos no fuesse rompida
é por sus errores : é llevó ornamentos , é
cáliz, é hostias, é todo lo demás convi-
niente para celebrar el culto divino; é
díxoles missa cada dia en tanto que en
su assiento estuvo con don Enrique é sus
indios, é aprovechó mucho para le ase-
gurar é acordar las cosas de nuestra
sancta fé cathólica. E vínose con este
padre reverendo hasta la villa de Agua,
é con él muchos de sus indios é indias
é muchachos , é baptigóse el capitán Ta-
mayo, é assi mesmo fueron baptigados
otros muchos indios é indias de edad , é
muchachos é niños. E en mucha paz é
sosiego se tornaron á su assiento é sierras,
donde este reverendo padre los halló (é
primero el capitán Frangisco de Barrio-
nuevo), é todos muy alegres é ufanos é
loando á Dios, dexando experanga que
han de perseverar en la fé.
Dicho se há que en todo el tiempo que
turó la rebelión de don Enrique , no de-
xaba de ayunar los viernes, ni dexó de
rezar el pater noster y el ave Maria , y aun
muchos dias las horas de Nuestra Señora.
Tenia otro estilo, demás de ser en la ver-
dad, segund digen, chripstiano : que para
conservar su gente para la guerra, y que
fuessen hombres de esfuerzo y de fuer-
zas y de hecho , no daba lugar ni con-
sentía que los hombres llegassen á las
mugeres , ni las conosgiessen carnalmen-
te, si ellos no pasassen de veynte é ginco
años. Acuérdeme aver visto en un trac-
tado que escribió Leonardo Aretino , lla-
mado El Águila volante j que los saxones
158
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
se delectaban de la guerra é de la caga,
é que los hombres no se allegaban á las
mugeres en el acto venéreo , hasta que
eran de veynte é ginco años. Si don En-
rique avia leydo ó sabido esto , ó era
invengion suya , no lo sé ; pero el que esto
dixo del fué este padre fray Bartolomé,
segund me informaron : é assi dixo otras
cosas muchas, en loor deste cagique, di-
giendo que estaba muy adelante en la fé
y como buen chrLpstiano. Los señores oy-
dores desta Audiengia Real estovieron
muy enojados de la yda deste padre, sin
su ligengia é sabiduría , á donde estos in-
dios y don Enrique estaban, temiendo
que se podrían alterar por ser tan regien-
te é fresca la paz ; pero cómo su yda qui-
so Nuestro Señor que fuesse provechosa é
quál tengo dicho , holgaron del buen sub-
gesso é le dieron las gragias de su tra-
bajo. E assi se espera que de dia en dia
esta gente será mas doméstica, é mejo-
res chripstianos , para que Dios sea mas
servido é sus ánimas se salven. Vivió don
Enrique poco mas de un año, después
destas pages, é acabó como chripstiano.
Haya Dios misericordia de su ánima:
amen.
CAPITULO XII.
De la venida del licenciado Alonso López Qerralo á esta cibdad de Sancto Domingo de la Isla Espa-
ñola, á tomar residencia al Audiencia Real é á todas las otras justicias desta cibdad é isla. E vino provey-
do por oydor de la dicha Audiencia el licen9Íado Alonso de Grageda, é llegaron con estos nuevos oydo-
res veynte é seys ó veynte é siete naos de armada é de mercadería , martes primero dia de enero de
mili é quinientos é quarenta y qualro años *.
üil ligengiado Alonso López Cerrato, na-
tural de Mengabril, aldea de Medellin,
tomó residengia al obispo presidente, don
Alonso de Fuenmayor, é á los ligengia-
dos oydores desta Real Changilleria, é
la envió á España al Real Consejo de In-
dias ; é por lo que allá se determine, vista
la residengia , se sabrá si los agravió ó
les hizo justigia. El obispo acordó de yr
á España, y el ligengiado Johan de Vadi-
llo assi mismo, á seguir su justigia. El li-
gengiado Guevara, desde á poco tiempo,
murió; y el ligengiado Cervantes quedó
acá, pero no residió en la Audiengia hasta
ver cómo subgedia su despacho. Y quanto
á esto que está en justigia , é pende donde
* El título de este capítulo se halla borrado de
mano del autor y reducido á los presentes térmi-
nos. Sin embargo puede leerse en el códice origi-
nal en esta manera:
«De la venida del licenciado Alonso López de
(^errato á esta cibdad de Sancto Domingo de la Isla
Española, por mandado de Su Magestad, á tomar
residencia al obispo presidente, don Alonso de
Fuenmayor, é á los oydores desta Audiencia Real
que aqui residen , los licenciados Johan de Vadillb
é Qervanles é Guevara, é á todas las oirás !usti-
9ias desta cibdad é isla, é de todas las otras partes
anexas á la jurisdicion desta Chancilleria : al qual
mandó Su Magestad venir á lo que es dicho é á re-
sidir por su presidente en este Real tribunal é como
su principal gobernador destas partes é Tierra-Fir-
me E vino proveydo por oydor de la dicha Au-
diencia el licen9Íado Alonso de Grageda , c llegan
ron con el dicho señor presidente estos nuevos oy-
dores, con veynte é seys ó veynte é siete naos de
armada é de mercadería , martes primero dia de
enero de mili é quinientos é quarenta é quatro años.
E decirse ha en este capítulo de la persona é par-
les del nuevo presidente, é en suma se tocarán al-
gunos subcesos de la residencia é de la nueva for-
ma é orden é reformación que de ahy adelante ovo
en la justicia é gobernación destas partes.»
Se ha creído conveniente poner aqui el título del
presente capítulo, tal como se escribió primero y
puede entenderse, porque sobre hallarse en él los
nombres de los jueces residenciados, que no se ex-
presan en el texto , se anuncia la narración de cier-
tas innovaciones, introducidas en la gobernación
de las Indias, con ocasión de dicha residencia ; pro-
pósito de que pareció arrepentirse después Oviedo.
DE INDIAS. LIB. V. CAP. XII.
469
os dicho , no hay que de^ir. Quedaron en
la dicha Audiencia dichos Jigengiados
Cerrato y Grageda gobernando é usando
sus ofigios de oydores : en el qual tiem-
po Cerrato , por espegial comisión que se
le dio , lomó las qiientas de la Hacienda
Real , é hizo muchos alcanaes , é cobró
parte dellos , é á otros dio espera, para
pagar lo que debian en diversos tiempos
é término, como le paresgió*. De la for-
ma que este juez tuvo en la administra-
ción de la justigia muchos S3 quexaron
del é se quexan. Yo no me determino si
tienen razón todos ó no , en lo que toca
á sus intereses, porque desso Su Ma-
gestad é el Real Consejo de Indias lo han
de determinar; y á mí no me está bien
de hablar en esto, porque la cibdad de
Sancto Domingo me envió á mí é al ca-
pitán Alonso de Peña por sus procurado-
res á España , é con su poder é instru-
gion, por el mal concepto que de Cerrato
é de su reguridad la cibdad tenia. Pero
como son cosas de justicia, passemos ade-
lante. Yo no le tengo por tan malo, como
la opinión de muchos le pregona; porque
es letrado y cursado en las cosas dejus-
tigia , é pienso que su voto entre letrados
seria admitido. Pero otra cosa es ser go-
bernador , ó no tener quien le vaya á la
mano. Sé á lo menos que es sacudido, y
que no tracta bien de su lengua á los que
antél litigan, ó ha de hagerjustigia; por-
que pienso que querría mas espantarlos
ó enmendarlos con un aspecto ayrado , ó
palabras ásperas , que con el agote ó cu-
chillo. Y aunque esse artifigio fuesse assi
(que no lo sé , porque solo Dios entiende
al hombre) , esas sus amenazas é palabras
le hagen aborresgible ; porque en fin los
hombres no han de sermaltractados de la
lengua del juez , ni vituperados, só color
del mando é auctoridad de la justigia é
ofigio superior.
No sé en lo que parará este negogio^
Guíelo Dios á su servigio : que á lo menos
la verdad se dirá por nuestra parte, con-
forme á la instrugion de nuestra cibdad y
á buena congiengia. Y assi creo que el
muy ilustre presidente, marqués de Mon-
dejar , y los señores del Consejo Real de
Indias que con su señoría asisten en es-
tas cosas de Indias, lo proveerán cómo
Dios y Sus Magestades sean servidos y
aquesta nuestra isla sea conservada, pues
que es tan digna de ser favoresgida é ayu-
dada , é tan importante. Pero ya que es-
tove despachado para volver á la isla,
quedé gerlificado de alguno de los seño-
res del Consejo Real, que Cerrato seria
removido (é assi lo fué) del dicho cargo,
y que se nos daría juez de resídengia pa-
ra que él y el lígengiado Grageda la hi-
giessen. E proveyeron de nuevo por oy-
dores al lígengiado Bermndez é al lígen-
giado Corita. Dios les dé gragia que sir-
viendo á Dios y al Emperador hagan jus-
tigia de tal manera, que esta isla se au-
mente é conserve, mediante su buena go-
bernagion , de lo qual hay mucha nesges-
sidad.
Pero el lígengiado Bermudez que se di-
xo de suso, mudó de propóssito; é fué ele-
gido por oydor el lígengiado Johan Hur-
tado de Salgedo y Mendoga , é á Serrato
se le dio la gobernagion é presidengia
del Audíengia Real, que reside en los
confines de Honduras , é se fué allá á ser-
vir su ofigio. Y quedó la Isla Españo-
la con mucho gozo de su partida, espe-
rando al nuevo presidente , del qual será
fecha mengion en el discurso destas his-
* Aqui se leen en el original , aunque eslá bor-
rado es le pasage , las siguientes noticias, dignas
del conocimiento de los lectores:
«Como quier que ello fué, me 9erlifiieó él quepas-
saban de LXXX mili pesos de oro los que declaró
ser debidos á Sus Magestades, y teniéndose Su
Mageslad por servido del , se le mandaron dar dos-
cientos mili maravedís de ayuda de costa.»
460
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
lorias y en la parte que convenga.
En el año de mili é quinientos é qua-
renta é nueve tornó á la cibdad é isla
el reverendíssimo señor obispo, don
Alonso de Fuenmayor , con título de ar-
zobispo desta nuestra cibdad , nueva-
mente metropolitana, é su señoría el pri-
mero arzobispo della : el qual por su
bondad era asaz desseado de todos los
desta isla. Plegué á nuestro Redemptor
que sea por muchos años y á su sancto
servicio: que con su venida se espera
mucho acresgentamiento é prosperidad
á esta nuestra isla é sus comarcas ; por-
que, demás de su buen exemplo y doc-
trina chripstiana , es buen servidor é leal
á Sus Magostados, é muy caritativo é
socorredor de los pobres é nesgessitados
(assi en general como en particular), é
muy bien quisto é amado de todos.
E porque estas cosas de gobernado-
res é gobernados son comunes ó menos
aplacibles en estas legiones que las otras
novedades é historias que el letor dessea
entender , passaré al libro VI , que trac-
tará de materias é cosas de mejor gusto.
Este es el libro sexto de la primera parte de la Natural y General historia de las
Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Océano : el qual tracta de diversas materias é
géneros de cosas, é assi mismo se llama libro de los depósitos.
PROHEMIO.
JLoco tiene que hager en de^ir la ver-
dad el hombre libre que dessea usar de-
11a ; pero saberla referir , como mejor pa-
rezca ó suene á los que la oyen , ha de
ser por gragia especial , junto con el arte
ó hermosa forma de narrefr las cosas, en
que el orador ó escriptor quiere dar á
entender lo que ha de resgitar ó escri-
bir, para que con mas delectación sea
escuchado. Y cómo essa gragia é orna-
mento de palabras no acompañan á mi
pluma, doyle por guia á mi Dios, á
quien suplico con mis indignas oragiones
que la favorezca , para que loando su om-
nipotengia pueda proseguir é concluir
estas materias que aqui se tractan , de
tal manera , que yo las sepa dar á enten-
der como ellas son. Y á la sombra de la
divina misericordia, nunca pienso des-
acordarme que el sancto Job dice : Mieíi-
tras tura mi aliento en mi , y el espíritu de
Dios en mis narices , no hablarán mis la-
bios maldad, ni mi lengua pensará la men-
tira *.
Y con esta determinagion , digo que
es tanta la abundangia de las materias
que me ocurren á la memoria , que con
mucha dificultad las puedo acabar de es-
crebir é distinguir, é no con poco traba-
jo ni con pocas minutas, continuar é
conformar aquellas cosas que concier-
nen, é son en algo semejantes é mas
apropiadas á la historia que se sigue. Y
porque tractando de algunas particulares
de que hay clara distengion, é son desse-
mejantes en sí , no se compadesge á cada
una deltas darle libro distinto por su bre-
ve narragion é volumen, porné de aques-
tas tales, como en depósito común, en
este libro YI las que me acordare y
supiere (de tal calidad y diferengia);
porque quanto mas raras y peregrinas
fueren , y no de compararse las unas á
las otras , tanto mas será cada qual deltas
mas digna de ser sabida y no puesta en
olvido.
Y comenzaré en las casas y moradas
que estos indios tenian ; tras lo qual se
dirá del juego del batey , que es el mis-
mo que el de la pelota (pero en diferen-
te manera y pelota exercitado ) ; y assi
mismo se dirá de dos huracanes ó tem-
1 Job , cap. 27. — Quia doñee superesl halilus in
me, et spirilus Dei in naribus meis, non loquenlur
TOMO I.
labia mea iniquilatem , nec lingua mea medilabilur
mendacium.
SI
1G2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
pestades señaladas y de mucho espanto
que ovo en esta Isla Española ; y assi
procediendo en cosas diferengiadas de
unas en otras, como en secresto ó arma-
rio, se colmará este libro depositario, ó
sexto; porque después mas fácilmente en
los libros siguientes é destintos pueda es-
crebir é acomular las otras materias que
fueren muchas de unaespegie é natura, ó
quassi. Y podré yo llevar la orden que he
desseado tener en esta Historia Natural y
General de las Indias ; porque en .los li-
bros precedentes, de que he traclado
hasta aqui , fue nesgessario yr mezcladas
muchas materias , á causa de degirse los
viajes é descubrimientos destas partes
que hizo el primero almirante deltas ( é
otros capitanes ) , como en relatar su vida
é méritos del é de sus subgessores ; y de
la manera de gobernagion suya, é de la
que otros después del tovieron , y tam-
bién para dar notigia de la verdad de la
historia en muchas cosas é tranges beli-
cosos é diferentes que acaesgieron , é
otros auctores en diversas epístolas ó de-
cadas é volúmines han escripto desde ^
España ; y también para dar á entender
la verdadera cosmographia de las tierras
é provingias, de que se ha fecho men-
gion ; é de la gente natural destas partes
ó islas é cómo fueron conquistadas; y
de otras cosas notables que quedan me-
moradas en los ginco libros antes deste.
Avisaos, letor, que en lo que está
por degir siempre hallareis cosas nue-
vas en este libro del depósito, y en
los que adelante entiendo escrebir ; y
llámele del depósito ó depositario, por-
que todo lo que aqui se dirá en su-
ma compete mas particularmente á di-
versas provincias ó partes, donde en
efeto quadran puntualmente tales histo-
rias. Assi mismo hallareis, letor, gran-
des ocasiones y muchas causas y razón
para dar gracias á Nuestro Señor , y para
quedar admirado qualquiera discreto va-
ron con tanta variedad de secretos, no
usados ni oydos hasta nuestros tiempos
tan particularmente (ó nunca sabidos mu-
chos dellos ) , hasta que la experiengia é
la mihgia é armas de nuestros españoles
los han con su virtud y trabajos perso-
nalmente visto é experimentado y notifi-
cado, aumentando la república de Jesu-
Chripsto , nuestro redemptor , y sirvien-
do al Emperador, é á su Real silla é
ceptro de Castilla , cuyo es aqueste gran-
díssimo imperio : dándome á mi por exer-
gigio en esto que escribo una materia tan
famosa é alta é copiosa , que la vida del
antiguo Néstor, que tanto supo é tanto vi-
vió, como dice Frangisco Petrarca V con la
de aquel rey gaditano, llamado Arganto-
nio ^, no fueran tan largasjuntadas con la
mia, ó acresgentádose las dos en el número
de mis años, que pueda yo llegar al cabo
lo que se puede escrebir en este caso.
Homero ^ afirma de Néstor que vivió lon-
guíssimo tiempo, é que por doctrina é ex-
periengia fue sobre todos los griegos sa-
pientíssimo , é en las armas exgelente : el
qual vengió los de Thesalia é fue con
Thesseo é Perithoo contra los gentauros,
é se halló en la una é en la otra guerra
troyana , é en ambas peleó en favor de
los griegos. Ovidio dige que vivió dos-
cientos años *. Argantonio, rey gaditano,
dige Plinio ^ que reynó ochenta años , y
que comenzó á reynar, seyendo de edad
de quarenta. Assi que , segund estos auc-
tores , tresgientos y veynte años vivieron
estos dos que he dicho. Pero en la bre-
vedad de mi vida , diré lo que fuere Dios
servido que por mí se continúen estas
\ Triumph. do la Fama, cap. II.
2 Plin., lib. VII, cap. 48.
3 Homero en la Iliada.
4 Mclham. , lib. -12.
5 Plin. , lib. 7, cap. 48.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. I.
163
materias ; donde con mis canas , passado
ya de los sesenta é nueve años que Iiá
que vivo, ningún dia se me passa fuera
desta ocupación (algunas horas), traba-
jando todo lo que en mí es y escribiendo
de mi mano , con desseo que antes del
último dia de los que me quedan yo pue-
da ver corregido y en limpio impresso lo
que en todas tres partes de aquesta Ge-
neral Historia de Indias yo tengo notado.
Y entre tanto que el sol me tura , estoy
agora , en este año de la Natividad del
Redemplor de mili é quinientos é qua-
renta é ocho, dando orden como en este
año ó en el siguiente, se reimprima esta
primera parte, acres^entada y enmenda-
da y mas ornada que estuvo en la pri-
mera impression ; é assi mismo se impri-
mirá la segunda, y yo quedaré conti-
nuando la tercera ; en la qual no rae fal-
tará voluntad para concluirla, pues que
está una grand parte della escripia en
minutas. Y espero en Nuestro Señor que
poco tiempo después que estas dos par-
tes parezcan, saldrá la última, en que se
procede hasta lo que en mi tiempo está
descubierto é visto por los capitanes , y
exércitos de Sus Magestades en la Tier-
ra-Firme é mares della; assi en este nues-
tro horizonte é polo ártico, como en la
otra parte , ultra la equino^ial , del otro
hemispherio ó polo antartico.
CAPITULO I.
El qual tracla de las casas y moradas de los indios desla Isla Espaúola , por olro nombre llamada
Hay ti.
T ivian los indios desta Isla de Hayti ó
Española en las costas ó riberas de los
rios ó Qerca de la mar, ó en los assientos
que mas les agradaban, ó eran en su
propóssito, assi en lugares altos, como en
los llanos ó en valles é florestas; porque
de la manera que querían assi hagian sus
poblagiones é hallaban dispusigion para
ello ; é junto á sus lugares tenian sus la-
branzas é conucos (que assi llaman sus
heredamientos) de mahizales é yuca , é
arboledas de fructales. Y en cada plaga
que avia en el pueblo ó villa estaba lu-
gar diputado para el juego de la pelota
(que ellos llaman batey) y también á las
salidas de los pueblos avia assi mismo
sitio puesto con assientos, para los que
mirassen el juego , é mayores que los de
las plagas , de lo qual en el capítulo si-
guiente se tractará mas largo.
Tornemos á las casas en que moraban,
las quales comunmente llaman huhio en
estas islas todas (que quiere degir casa
6 morada); pero propriamente en la len-
gua de Hayti el buhio ó casa se llama
eracra. Estas eracras ó buhios son en una
de dos maneras, é en ambas se hagian,
segund la voluntad del edificador ; y la
una forma era aquesta. Hincaban muchos
postes á la redonda de buena madera, y
de la groseza (cada uno) conviniente, y
en circuyto á quatro óginco passos el un
poste del otro , ó en el espagio que que-
rían que oviesse de poste á poste: é so-
bre ellos, después de hincados en tierra,
por engima de las cabegas, en lo alto
pónenles sus soleras, é sobre aquellas po-
nen en torno la varagon (que es la tem-
pladura para la cubierta) ; las cabezas ó
grueso de las varas sobre las soleras que
es dicho , é lo delgado para arriba , don-
de todas las puntas de las varas se jun-
tan é resumen en punta, á manera de pa-
bellón. E sobre las varas ponen de tra-
vés cañas , ó latas de palmo á palmo (ó
menos), de dos en dos (ó sengillas) , é so-
bre aquesto cubren de paja" delgada é
luenga: otros cubren con hojas de bihaos:
164
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
otros con cogollos de cañas : otros coq
hojas de palmas , y también con otras
cosas. En la baxo , en lugar de paredes
desde la solera á tierra , de poste á pos-
te, ponen cañas hincadas en tierra, some-
ras é tan juntas , como los dedos de la
mano juntos ; é una á par de otra hagen
pared , é atañías muy bien con bexucos,
que son unas venas ó correas redondas
que se crian revueltas á los árboles (y
también colgando dellos) como la cor-
rehuela: los quales bexucos son muy
buena atadura , porque son flexibiles é
taxables, é no se pudren, é sirven de
clavaron é ligaQon en lugar de cuerdas
y de clavos para atar un madero con
otro, é para atar las cañas assi mismo.
El buhio ó casa de tal manera fecho, llá-
masse caney. Son mejores é mas seguras
moradas que otras, para defenssa del ay-
re, porque no las coje tan de lleno. Es-
tos bexucos que he dicho ó ligagon, se
hallan dellos quantos quieren, é tan
gruesos ó delgados, como son menester.
Algunas veges los hienden para atar co-
sas delgadas, como hagen en Castilla los
mimbres para atar los arcos de las cu-
bas ; y no solamente sirve el bexuco pa-
ra lo que es dicho, pero también es me-
dicinal; é hay diversos géneros de be-
xucos, como se dirá en su lugar adelante,
(¡uando se tráete de las hiervas , é plan-
tas, é árboles medicinales é susproprie-
dades.
Esta manera de casa ó caney, para
que sea fuerte é bien trabada la obra é
armagon toda , ha de tener en medio un
poste ó mástel de la groseza que con-
venga , é que so fixe en tierra quatro ó
ginco palmos hondo , é que alcange has-
la la punta ó capitel mas alto del buhio)
al qual se han de atar todas las puntas de
las varas. El qual poste ha de estar co-
mo aquel que suele aver en un pabellón
ó tienda de campo, como se traen en los
exérgitos é reales en España é Italia,
porque por aquel mástel está fixa la casa
toda ó caney ; y porque mejor se entien-
da esto , pongo aqui la manera ó figura
del caney , como baste á ser entendido
[Lámina 1.*, fig. 9.').
Otras casas ó buhios hagen assí mismo
los indios , y con los mesmos materiales;
pero son de otra fagion y mejores en la
vista , y de mas apossento , é para hom-
bres mas pringipales é cagiques; hechas á
dos aguas y luengas, como las de los
chripstianos, é assi de postes é paredes
de cañas y maderas, como está dicho.
Estas cañas son magizas y mas gruessas
que las de Castilla y mas altas , pero
córtanlas á la medida de la altura de las
paredes que quieren hager, y á tre-
chos en la mitad van sus horcones , que
acá llamamos haylinales, que llegan á la
cumbrera é caballete alto ; y en las prin-
gipales hagen unos portales que sirven
de zaguán ó resgibimiento , é cubiertas
de paja , de la manera que yo he visto en
Flandes cubiertas las casas de los villajes
ó aldeas. E si lo uno es mejor que lo otro
é mejor puesto , creo que la ventaja tiene
el cobrir de las Indias á mi ver , porque
la paja ó hierva de acá, para esto es mu-
cho mejor que la paja de Flandes*
Los chripstianos hagen ya estas casas
en la Tierra-Firme con sobrados é quar-
tos altos é ventanas, porque como tie-
nen clavagon é hagen muy buenas ta-
blas , y lo saben mejor edificar que los
indios , hagen algunas casas de aques-
tas , tan buenas , que qualquier señor
se podria apossentar en algunas dellas.
Yo hige una casa en la cibdad de Sáne-
la María del Antigua del Darien , que no
tenia si no madera é cañas , é paja é al-
guna clavazón , y me costó mas de mili é
quinientos pesos de buen oro : en la qual
se pudiera apossentar un pringipe , con
buenos apossentos altos é baxos, é con
un hermoso huerto de muchos naranjos 6
otros árboles , sobre la ribera de un gen-
DE INDIAS. LIB. Vi CAP. I.
loa
til río que passa por aquella cibdad. La
qual república, en desdicha de los veci-
nos della , é en desservlgio de Dios y de
Sus Magestades , y en daño de muchos
particulares , de hecho se despobló por la
malicia de quien fué causa dello.
Assi que de una destas dos mane-
ras que he dicho son las casas ó buhios,
ó eracras desta isla é de otras islas, que
los indios hagen en pueblos y comunida-
des y también en caserios apartados en
el campo , y también en otras diferengia-
das maneras , como se dirá en la segunda
paríe desta Natural y general Historia,
quaiido se tráete de las cosas de la Tier-
ra-Firme; porque allá en algunas provin-
cias son de otra forma , y aun algunas
dellas nunca oydas ni vistas, sino en
aquella tierra. Pero pues se debuxó la
forma del caney ó casa redonda, quiero
assi mismo poner aqui la segunda mane-
ra de casas que he dicho , la qual es, co-
mo aquesta que está aqui patente ( Lámi-
na 1.', fig. 10.'), para que mejor se en-
tienda lo que en la una y en la otra ten-
go dicho. Y puédesse tener por gierto
que los dos ó tres años primeros la cu-
bierta de paja , si es buena y bien puesta,
que son de menos goteras que las casas
de teja en España ; pero passado el tiem-
po que digo, ya la paja va pudriéndosse,
é es nesgessario revocar la cubierta é aun
también los estantes ó postes, exgepto si
son de algunas maderas de las que hay
en estas partes , que no se pudren deba-
xo de tierra ; assi como la corbana en es-
ta isla ; y el guayacan me digen que en la
provingia de Veneguela hagen estantes á
las casas con ello, é que no se pudren
por ningún tiempo. Y en la Tierra-Firme
hay otra madera , que la llaman los
chripstianos madera prieta , que tampoco
no se pudre debaxo de la tierra; pero
porque en otras partes se ha de tractar de
las maderas, y se espegificaran mas las
calidades dellas , no hay nesgessidad de
degir aqui mas de lo que toca á estos
edificios ó maneras de casas.
CAPITULO II.
Del jueg-o del hatey de los indios, que es el mismo que el de la pelota , a'unque se juega de olra manera,
como aqui se dirá, y la pelota es "de otra especie ó materia que las pelotas que entre los chripstianos
se usan.
Jl ues en el capítulo de suso se dixo de
la forma de los pueblos é de las casas
de los indios, y que en cada pueblo avia
lugar diputado en las plazas y en las sa-
lidas de los caminos para el juego de la
pelota , quiero degir de la manera que se
jugaba y con qué pelotas ; porque en la
verdad es cosa para oyr é notar. En torno
de donde los jugadores hagian el juego,
diez por diez y veynte por veynte , y mas
ó menos hombres, como se concertaban,
tenían sus assientos de piedra ; é al cagi-
que é hombres pringipales poníanles unos
banquillos de palo, muy bien labrados.
de lindas maderas , é con muchas labores
de relieve é concavadas, entalladas y es-
culpidas en ellos , á los quales bancos ó
escabelo llaman duho. E las pelotas son
de unas rayges de árboles é de hiervas é
gumos é mezcla de cosas , que toda junta
esta mixtura paresge algo gerapez negra.
Juntas estas y otras materias, cuégenlo
todo é hagen una pasta; é redondéanla é
hagen la pelota, tamaña como una de las
de viento en España, é mayores é meno-
res : la qual mixtura hage una tez negra,
é no se pega á las manos ; é después que
está enxuta tórnasse algo espongiosa , no
466
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
por que tenga agugero ni vacuo alguno,
como la esponja , pero alijeresgesse , y es
como fofa y algo pessada.
Estas pelotas saltan mucho mas que las
de viento sin comparación, porque de
solo soltalla de la mano en tierra, suben
mucho mas para arriba , é dan un salto
é otro é otro y muchos , disminuyendo
en el saltar por sí mismas, como lo ha-
gen las pelotas de viento é muy mejor.
Mas como son macizas, son algo pessadas;
é si les diessen con la mano abierta ó con
el puño cerrado , en pocos golpes abrirían
la mano ó la desconcertarían. Y á esta
causa le dan con el hombro y con el
cobdo y con la cabega , y con la cadera
lo mas continuo , ó con la rodilla ; y con
tanta presteza y soltura , que es mucho de
ver su agilidad , porque aunque vaya la
pelota quassi á par del suelo, se arrojan de
tal manera desde tres ó quatro passos
apartados, tendidos en el ayre, y le dan
con la cadera para la rechagar. Y de
qualquier bote ó manera que la pelota
vaya en el ayre (é no rastrando), es bien
tocada; porque ellos no tienen por mala
ninguna pelota (ó mal jugada), porque
haya dado dos , ni tres , ni muchos saltos,
con tanto que al herir, le den en el ayre.
No hagen chagas , sino pónense tantos á
un cabo como á otro , partido el terreno
ó compás del juego, y los de acullá la
sueltan ó sirven una vez , echándola
en el ayre, esperando que le toque pri-
mero qualquiera de los contrarios ; y en
dándole aquel, luego subgede el que antes
puede de los unos ó de los otros, y no
gessan con toda la diligengia possible á
ellos, para herir la pelota. Y la contengion
es que los deste cabo la hagan passar del
otro puesto adelante de los contrarios , ó
aquellos la passen de los límites ó pues-
to destos otros ; y no gessan hasta que
la pelota va rastrando, que ya por no
aver seydo el jugador á tiempo , ó no ha-
ge bote , ó está tan lexos que no la al-
canga , é ella se muere ó se para de por
si. Y este vengimiento se cuenta por una
raya, é tornan á servir para otra los que
fueron servidos en la passada , é á tantas
rayas, quantas primero se agordaron en la
postura, vá el presgio que entre las partes
se congierta.
Algo paresge este juego en la opinión
ó contraste del al de la chueca , salvo
que en lugar de la chueca es la pelota, y
en lugar del cayado es el hombro ó ca-
dera del jugador , con que la hiere ó rc-
chaga. Y aun hay otra diferengia en esto:
y es que siendo el juego en el campo y
no en la calle , señalada está la anchura
del juego ; y el que la pelota echa fuera
de aquella latitud , pierde él é los de su
partida la raya , é tórnasse á servir la pe-
lota , no desde alli por do salió al través,
sino desde donde se avia servido antes
que la echassen fuera del juego. En Ita-
lia, quando en ella estuve, vi jugar un
juego de pelota muy gruessa, tan grande
como una botija de arroba ó mayor , é
llámanla balón ó palón. Y en espegial lo
vi en Lombardia y en Ñapóles muchas
veges á gentiles hombres ; y dábanle á
aquella pelota ó balón con el pié , y en la
forma del juego paresge mucho al que es
dicho de los indios , salvo que como acá
hieren á la pelota con el hombro ó rodi-
lla , ó con la cadera , no van las pelotas
tan por lo alto como el balón que he di-
cho ó como la pelota de viento menor.
Pero saltan estas de acá mucho mas é el
juego en sí es de mas artifigio é trabaxo
mucho. Y es cosa de maravillar ver quán
diestros y prestos son los indios ( é aun
muchas indias) en este juego: el qual lo
mas continuamente juegan hombres con-
tra hombres , ó mugeres contra mugeres,
y algunas veges mezclados ellos y ellas;
y también acaesge jugarle las mugeres
contra los varones, y también las casa-
das contra las vírgines.
Es de notar , como en otra parte que-
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. II.
16-
da dicho , que las casadas ó mugeres que
han conosgido varón traen revuelta una
mantilla de algodón al cuerpo , desde la
cinta hasta medio muslo ; é las vírgines
ninguna cosa traen, jugando ó no jugan-
do, en tanto que no han conestido hom-
bre carnalmente. Pero porque las cagicas
é mugeres principales casadas traen estas
naguas ó mantas desde la ginla hasta en
tierra, delgadas é muy blancas é genti-
les , si son mugeres mogas é quieren ju-
gar al batey ,dexan aquellas mantas luen-
gas , é pénense otras cortas , á medio
muslo. Y es cosa mucho de admirar ver
la velogidad é presteza que tienen en el
juego , y quán sueltos son ellos y ellas.
Los hombres ninguna cosa traian delante
de sus vergüenzas, ante que los chripstia-
nos acá passassen, como tengo dicho;
pero después se ponian algunos , por la
conversagion de los españoles , unasjoam-
panülas de paño ó algodón ú otro Hon-
go, tamaño como una mano , colgando de-
lante de sus partes vergongosas, prendido
áunh¡loqueseceñian(¿áw?. \^,fig. 11.').
Pero por esso no se escussaban de mos-
trar quanto tenian , aunque ningún vien-
to higiesse, porque solamente colgaba
aquel trapillo , presso en lo alto y suelto
en las otras partes , hasta que después
fueron mas entendiendo ellos y ellas, cu-
briéndosse con camisas que hagian de
algodón muy buenas. Y al pressente es-
sos pocos que hay, todos andan vestidos
ó con camisas , en espegial los que están
en poder de chripstianos ; y si algunos
no lo hagen assi , es entre las reliquias
que han quedado destas gentes del cagi-
que don Enrique , del qual se hizo men-
gion en el libro pregedente.
Este juego de la pelota ó invención de
tal pasatiempo atribuye Phnio * al rey
Pirro , del qual ninguna notigia tienen
estas gentes : por manera que deste pri-
mor no debe gogar Pirro, hasta que sepa-
mos quién fué el verdadero é primero en-
soñador de tal juego, pues questas gentes
se han detener por mas antiguas que Pirro.
CAPITULO III.
Que Irada de los huracanes ó tormentas que ovo en esta Isla Española en la mar y en la lier , muy
señaladas y espantables y dañosas , después que los chripstianos passaron á estas partes é poblaron esta
isla ; por las quales dos tormentas ó huracanes se pueden entender todos los desta calidad.
Huracají, en lengua desta isla , quiere
degir propriamente tormenta ó tempes-
tad muy exgesiva ; porque, en efecto, no
es otra cosa sino grandíssimo viento é
grandíssima y exgesiva lluvia, todo junto
ó qualquiera cosa destas dos por sí.
Acaesgió un miércoles , tres dias de agos-
to año de la Natividad de nuestro Re-
demptor Jesu-Chripsto de mili é quinien-
tos é ocho años (seyendo gobernador
desta isla el comendador mayor de Al-
cántara, don Frey Nicolás de Ovando),
quassi á hora de medio dia , que súbita-
mente vino tanto viento é agua junto, é
tan exgesiva cada cosa destas, que en
esta gibdad de Sancto Domingo cayeron
por tierra todos los buhios ó casas de
paja, é aun algunas de las que estaban
labradas de paredes ó tapias quedaron
muy dannificadas é atormentadas. Y en
la misma sagon en muchos pueblos desta
isla ovo lo mismo , é subgedieron desta
causa encontinente muy grandes daños
en los campos, y quedaron destruidas las
heredades. Y la villa que llaman la Bue-
ña-Ventura la puso el huracán toda por
1 Plinio, libro Vil , capítulo 56.
468
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
el suelo, y la dexó tal que se podia me-
jor degir mala ó triste ventura , ó derri-
bada ventura (para muchos que queda-
ron destruidos en ella ) ; y lo que mas re-
QÍo y de mayor dolor fue que se perdie-
ron en el puerto desta gibdad mas de
veynte naos y caravelas é otros navios.
El viento era norte é tal que, assi co-
mo comenzó á cargar, entraron presto los
hombres de la mar que estaban seguros
en tierra á echar mas áncoras é cables
por asegurar sus naos , é cómo fue au-
mentándosse mas y mas la tormenta , no
aprovechó ninguna industria ni pruden-
cia de los hombres , ni quanta diligengia
ó aparejos pusieron para su defensa : que
todo se rompió é arrancó las naos é na-
vios chicos é grandes é los sacó el viento
por fuerza del puerto, este rioabaxo, é
los metió en la mar é dio con algunos
dellos al través por estas costas bravas , é
otros anegó que no paresgieron mas.
E cambióse después el tiempo y el
viento al opóssito súbitamente por el con-
trario, é no con menor ímpetu é furia ; é
fue tan grande el sur, como avia seydo
el norte, é volvió á mal de su grado
(trompicando) algunos navios al puerto.
E cómo el norte los avia echado fuera é
llevado á la mar, assi los hizo volver el
sur á este rio por él arriba. E después
tornaban para abaxo , sin verse de algu-
nos dellos sino solamente las gavias, é
todo lo demás hundido debaxo del agua:
de guisa que, como he dicho, el viento
norte los avia llevado á la mar, y el
viento de mediodía ó. sur los tornó á la
tierra. En la qual tribulación se ahogaron
muchos hombres, é turó lo mas regio de
aquesta tormenta veynte é quatro horas
naturales, hasta otro dia jueves, á medio
dia. Pero no gessó súbitamente , como
avia venido este trabajo ; el qual fue de
tal manera, que muchos que lo vieron
é al presente algunos dellos que viven é
están en esta gibdad, testifican é afirman
que fue la mas espantosa cosa que ojos
de hombres pudieron ver en semejantes
casos. Edigen que paresgia que todos los
demonios andaban sueltos , trayendo los
navios de unas partes á otras , como os
dicho.
Llevó á muchas personas el viento en
peso , sin tocar ni poderse tener en tier-
ra, mucho trecho por las calles y por los
campos, é á muchos descalabró é lasti-
mó malamente. E arrancó algunas pie-
dras que estaban fabricadas en las pare-
des é muros, é abatió muchos bosques
espesos de árboles , é algunos dellos muy
grandes, volviéndolos de alto para abaxo,
é otros echó muy lexos de donde los
avia arrancado ; y en fin fué muy grande
y general en toda esta isla el daño que
hizo esta tormenta ó huracán.
Degian los indios que otras veges solía
aver huracanes ; pero que no avia jamás
acaesgido otro tan grande ni semejante
en su tiempo , ni se acordaban aver oido
ni visto cosa de tanto espanto é trabajo
en sus días ni en los de sus passados. E
assi quedaron muchos hombres perdidos
en esta cibdad y en la mayor parte de
aquesta isla, é sus hagiendas destrui-
das , y en espegial las heredades del
campo.
El año siguiente de mili é quinientos é
nueve años, á diez de julio, vino á esta
cibdad el almirante don Diego Golom,
segund tengo dicho en otra parte; é
aquel mismo mes á los veynte é nueve
días del vino otro huracán , mayor que
el que se ha dicho del año antes ; pero
no hizo tanto daño en las casas, mas hí-
zole muy mayor en el campo. Otras ve-
ges los ha ávido después ; pero no igua-
les ni de tanto espanto, como aquestos
dos. Gréesse, é afirman los devotos
chripstianos é la experiengia lo ha mos-
trado, que después que el Santíssimo
Sacramento se ha puesto en las Igle-
sias é monesterios desta cibdad, é de
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. III.
1G9
las otras villas desta isla, han gessa-
do estos huracanes. Desto ninguno se
debe de maravillar , porque perdiendo el
señorío desta tierra el diablo , é tomán-
dola Dios para sí , permitiendo que su
sagrada fe é religión chrípstíana en ella
sea plantada é permanezca, diferencia ha
de aver en los tiempos é en las tempes-
tades, ó tormentas y en todo lo demás,
tan sin comparagion , quanto es el caso
mayor; pues que la potengia de nuestro
Dios es infinita , é por su misericordia é
clemengia después acá gessaron estos
peligros y espantables huracanes ó tem-
pestades. Un hombre honrado, vegino
desta cibdad,que se llamó Pero Gallego,
el qual ha poco tiempo que fallesgió, fué
el primero que apossentó el Sancto Sa-
cramento y le hizo un sagrario, de pie-
dra é bien labrado, en el monesterio
de Sanct Frangisco desta cibdad, des-
pués de passados los huracanes que es
dicho; é después nunca se han visto. E
assi por esto , como porque era este hi-
dalgo de.los primeros pobladores que se
hallaron en la conquista desta isla, la
Cesárea Magostad, informado desto, le
dio título de mariscal de aquesta isla,
con el qual murió desde á poco tiempo.
Toqué aquesto , porque como he di-
cho en otras partes, no pienso dexar
sin memoria lo que es digno della , si á
la mia llegare la notigia dello , y por ser
al propóssito destos huracanes; porque
hasta que se hizo el sagrario que he di-
cho, no tenían Sacramento en las igle-
sias , porque eran de madera é paja é no
convinientes para ello.
Por gierto quien oviere visto é passa-
do algún boscaje de grandes y espessos
árboles , donde haya acaesgido algún
huracán , avrá visto cosa de mucha ad-
miragion é grima espantosa ; porque es-
tán innumerables é poderosos árboles
arrancados, é las raiges dellos tan altas,
quanto tovieron lo mas encumbrado de
TOMO I.
las ramas algunos dellos : otros quebra-
dos por medio y en partes é desgajados
é hendidos de alto á baxo : otros están
puestos sobre otros de tal manera , que
paresge luego ser obra diabólica. En al-
gunas partes en la Tierra-Firme , lo he
visto en no mas espagio de un tiro é dos
de ballesta , estando todo el territorio cu-
bierto de árboles arrancados é unos so-
bre otros como he dicho. Y cómo los que
por allí ybamos , conveníanos passar por
aquellos mismos lugares ó bosques assi
destrogados, é no teníamos otro camino
tan seguro ó á nuestro propóssito , no se
podía escusar el trabajo de passar por allí.
Y era cosa de notar é mirar, como yban
los hombres tres ó qualro estados mas
altos unos que otros de árbol en árbol y
de rama en rama , trepando y trabajando
por seguir nuestro camino ; porque los
ríos grandes y peñas ásperas , é los pro-
fundos valles, y espinosos é gerrados
boscajes, é otras cosas muchas se escu-
saban con aquel estorbo ó embaragado
camino , é también la sospecha de los
enemigos, é no saber la tierra.
Todos estos é otros impedimentos da-
ban causa que con mucho cansangio de
las personas é fatiga del espíritu conti-
nuássemos el camino tan gerrado é ocu-
pado, como he dicho que estaba del
huracán. E á bien librar, por corto que
fuesse aquel espagio assi impedido,
siempre escapaban algunos compañeros
lastimados, derrochados é rasgados los
vestidos, é otros desolladas las manos;
é con grande afán se concluyen tales jor-
nadas. No son, pues, los árboles que están
assi arrancados poca cosa para admirar
su grandeza y ser grosíssimos muchos
dellos ; pero demás deso , es cosa para
maravillar verlos tan desviados é aparta-
dos algunos de donde fueron criados , é
con sus raiges trastornados unos sobre
otros, de tal forma trabados é apilados
y entretexidos que luego paresge , como
170
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
he dicho , ser arlifigio é obra en que ha
entendido el diablo ó parte de la comu-
nidad del infierno , é no hay ojos huma-
nos de chripstiano que sin espanto lo
puedan ver.
De los dos huracanes, de que tengo
fecha expressa mengion , que acaesgieron
en esta isla en los tiempos que he dicho,
testigos muchos hay en esta cibdad , é
alguno dentro de mi casa, que vido el
segundo , y en la isla hay personas asaz
que perdieron mucha hacienda, é assi
mismo en España algunas personas que
acá se hallaron , é hombres de la mar que
con propria pérdida lo experimentaron
en los navios, que dixe que se perdieron
en el primero huracán. Assi que estas
dos tormentas fueron tales , como tengo
dicho ; é jamás se perderá la memoria
de tan señalados trabajos en esta isla en-
tre los que viven. E por tanto es bien
que se dé noticia dello á los venideros,
para que rueguen á Nuestro Señor que
los libre de semejantes peligros; y assi se
debe esperar que lo permitirá su clemen-
cia , y que por su infinita misericordia
librará esta cibdad é isla, é sus chrips-
tianos de tan espantosos casos , á la som-
bra y amparo de su sacratíssimo y ver-
dadero cuerpo é Sanctíssimo Sacramen-
to; dándonos el mismo Dios su gragia,
para que en su servigio y amor los pre-
sentes y porvenir perseveremos, y per-
severando , nuestras ánimas se salven , y
los cuerpos sean libres y exentos de se-
mejantes calamidades y angustias.
Passemos á las otras cosas que están
por degir deslas nuevas historias que
á los letores serán gratas , é diferen-
tes de las que hasta aqui ovieren leí-
do en esta Natural y general historia de
Indias.
CAPITULO IV.
Que Irada de los navios ó barcas de los indios , que ellos llaman canoas, é en algunas islas é p^irles las di
cen piraguas ; las quales son de una pieza é de un solo árbol.
H
[ablando PUnio en las cosas de la India
oriental , dige * que Medusa es una gibdad
de gierta región, llamada Congionada,
desde la qual región se lleva la pimienta
al puerto llamado Becare con navecillas
de un leño. Estas tales navetas creo yo
que deben ser como las que acá usan los
indios , que son desta manera. En esta
Isla Española y en las otras partes todas
destas Indias que hasta el presente se sa-
ben , en todas las costas de la mar, y en
los rios que los chripstianos han visto
hasta agora , hay una manera de barcas
que los indios llaman canoa , con que ellos
navegan por los rios grandes y assi mis-
mo por estas mares de acá ; de las qua-
les usan para sus guerras y saltos y para
sus contractagiones de una isla á otra , ó
para sus pesquerías y lo que les convie-
ne. E assi mismo los chripstianos que por
acá vivimos, no podemos servirnos de
las heredades que están en las costas de
la mar y de los rios grandes , sin estas ca-
noas. Cada canoa es de una sola pieza ó
solo un árbol, el qual los indios vagian
con golpes de hachas de piedras enhas-
tadas , como aqui se ve la figura della
fLám. i." fig. 12.^; y con estas cortan ó
muelen á golpes el palo, abocándolo,
y van quemando lo que está golpeado y
cortado, poco á poco,, y matando el fue-
go, tornando á cortar y golpear como
i Lib. VI, cap. 23.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. IV.
171
primero ; y continuándolo assi, hagen una
barca quasi de talle de artesa ó dornajo;
pero honda é luenga y estrecha, tan
grande y gruesa como lo sufre la longi-
tud y latitud de el árbol, de que la ha-
gen ; y por debaxo es llana y no le de-
xan quilla, como á nuestras barcas y
navios.
Estas he visto de porte de quarenta y
ginqüenta hombres , y tan anchas que po-
dría estar de través una pipa holgada-
mente entre los indios flecheros, porque
estos usan estas canoas tan grandes ó
mayores , como lo que he dicho , é llá-
raanlas los caribes piraguas , y navegan
con velas de algodón y al remo assi
mismo con sus nahes (que assi llaman á
los remos). Y van algunas veges vogan-
do de pies, y á veges assentados, y
quando quieren, de rodillas. Son estos
7iahes como palas luengas , y las cabezas
como una muleta de un coxo ó tollido,
según aqui está pintado el nahe ó remo
y canoa. fLám. 2.', fig. 1.V- Hay algunas
destas canoas tan pequeñas , que no ca-
ben sino dos ó tres indios , y otras seys,
y otras diez é de ahí adelante , segund
su grandeza. Pero las unas y las otras son
muy ligeras, mas peligrosas, porque se
trastornan muchas veges; pero no se
hunden aunque se hinchan de agua : é
como estos indios son grandes nadado-
res , tórnanlas á endereszar y dánse muy
buena maña á las vagiar. No son navios
que se apartan mucho de la tierra , por-
que como son baxos , no pueden sufrir
grande mar ; é si hage un poco de tem-
poral , luego se anegan , y aunque no se
hundan , no es buen passaliempo andar
hombre asido (dentro del agua) á la ca-
noa , en espegial el que no sabe na-
dar, como ha acaesgido muchas veges á
chripstianos que se han ahogado. Y con
todo eso son mas seguras estas canoas
que nuestras barcas ( en caso de hundir-
se) , porque aunque las barcas se hunden
menos veges , por ser mas alterosas y de
mas sosten , las que una vez se hunden
vánse al suelo ; y las canoas , aunque se
aneguen é hinchan de agua , no se van
al suelo ni hunden , como he dicho , é
quédanse sobreaguadas. Pero el que no
fuere muy buen nadador , no las contie-
ne mucho. Ninguna barca anda tanto
como la canoa , aunque la canoa vaya
con ocho remos é la barca con doge ; é
hay muchas canoas que la mitad menos
de gente que voguen, andará mas que
la barca ; pero ha de ser en mar tran-
quila é con bonanga.
El Tostado , sobre Ensebio De los tiem-
pos *, tractando la causa por que no de-
bieron de entrar algunos animales en la
barca de Deucalion , dige que porque no
avia barca tan grande; porque, segund la
intengion de Ovidio é Virgilio , en aquel
tiempo apenas sabian los hombres hager
unas muy pequeñas barcas de un solo
madero cavado, sin alguna juntura, como
agora hagen las artesas. Esto que este
doctor dige me paresge que es lo mismo
que tengo dicho de las canoas.
CAPITULO V.
Que Irada de la manera que los indios tienen en sacar y encender lumbre sin piedra ni eslabón , sino con
un palo , torciéndole sobre otros palillos , como agora se dirá.
iluán proveyda es la natura en dar á sario, en muchas cosas se puede ver cada
los hombres todo lo que les es nesges- hora. Esta manera de engender fuego ios
i Abul. , en la III parle, cap. 304.
172
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
indios paresgerá cosa nueva en muchas
partes , y no poco de maravillar á los que
no lo han visto ; y es en todas las Indias
tan común , quanto es razón é nesgesario
que sea comunicable el fuego para la vi-
da humana é servicio de las gentes ; y es-
to hádenlo los indios desta manera. To-
man un palo tan luengo como dos pal-
mos ó mas, segund cada uno quiere, y
tan gruesso como el mas delgado dedo
de la mano , ó como el grosor de una
saeta , muy bien labrado é liso , de una
buena madera fuerte que ya ellos tienen
conestida para esto : é donde se paran
en el campo á comer ó á genar é quieren
hacer lumbre , toman dos palos secos de
los mas livianos que hallan , é juntos es-
tos dos palillos lijeros é muy juntos é
apretados el uno al otro , pénenlos tendi-
dos en tierra , y entre medias destos dos
en la juntura dellos, ponen de punta el
otro palo regio que dixe primero , é en-
tre las palmas torgiéndole ó frotando muy
continuadamente: é como la punta ó ex-
tremo baxo esté ludiendo á la redonda
en los dos palos baxos que están tendidos
en tierra , engióndelos en poco espagio
de tiempo , y desta manera hagen fuego.
Esto se hage en esta Isla Española y en
las otras todas , y en la Tierra-Firme; pe-
ro en la provingia de Nicaragua é otras
partes no traen guardado el palillo que
, dixe que es labrado é liso , de madera
regia , que sirve de parahuso ó taladro ó
eslabón , sino de la madera misma de los
otros palillos que se engienden y están
tendidos en tierra , y son todos tres pa-
lillos.
En Castilla del Oro y en las islas, don-
de los indios andan de guerra é conti-
núan el campo é han menester mas á me-
nudo el fuego , guardan é traen consigo
aquel palo pringipal, para quando van
camino ; porque está labrado é qual con-
viene para aquello é para que ande mas
á sabor entre las palmas, estando liso , é
con mas velocidad. E assi, con aquel tal
se saca el fuego mas presto é con menos
fatiga ó trabaxo para las manos , que no
con los que se hallan acaso ásperos ó
torgidos. La figura de lo qual es de la ma-
nera que lo enseño debuxado [Lám. 2.*,
pg. 2."), puesto que sin tal pintura basta
lo que está dicho, para lo entender. Pero
todavia es bien en lo que fuere possible
usar de la pintura , para que se informen
della los ojos é que mejor se comprendan
estas cosas.
Quien oviere leido, no se maravillará
destos secretos, porque muchos dellos
hallarán escriptos, ó sus semejantes. Esto
á lo menos del sacar fuego de los palos
pónelo Flinio en su Natural Historia *,
donde habla de los miraglos del fuego; é
dige que torgiendo los leños , ó ludiendo
juntamente, se saca y engiende fuego: de
manera que lo que Plinio dige y aquestos
indios hagen (en este caso), todo es una
mesma cosa. Dige Vitruvio ^ que los ár-
boles por tempestad derribados, é entre
sí mismos fregándosse los ramos , excita-
ron el fuego, é levantaron llamas, é
aqueste origen da este autor al fuego.
¿Mas para qué quiero yo traer auctorida-
des de los antiguos en las cosas que yo
he visto , ni en las que natura enseña á
todos y se ven cada dia? Preguntad á
esos carreteros que tienen uso de exergi-
tar las carretas ó carros; y degiros han
quántas veges se les engienden los cubos
de las ruedas por el ludir y revolver de
los exes : que esto basta para que á do
quiera se aprenda á sacar fuego, de la ma-
nera que acá se hage é yo tengo aqui di-
cho. Mas porque truxe á conseqüengia é
prueba las carretas, no se engenderán si
van de espagio ó vagiaspoco á poco; pe-
ro quanto mas corriere con velogidad
1 Plin. , lib. II, cap. HO.
2 ViU-uvio , lib. lí.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. V.
478
bien cargada, tanto mas ayna acude el
fuego , y mas en unas maderas que en
otras.
El año de mili 6 quinientos é treynta y
ocho mandó la Cesárea Magestad pro-
veer de artilleria gruessa c muy hermosa
esta fortaleza suya que está á mi cargo,
é se truxeron culebrinas de á septenta
quintales é mas cada una de bronge, é
cañones de á ginqüenta é ginco , é me-
dias culebrinas de á quarenta é algo me-
nos ; é después que las naos llegaron á
este puerto é se sacaron estas piezas en
tierra , hegímoslas llevar á bracos á mu-
chos negros , é truxéronlas hasta esta ca-
sa , y como era mucha gente la que tira-
ba de cada pieza , por muy pessadas que
eran, las traian corriendo; pero á gin-
qüenta passos se engendian las ruedas , y
para excusar esto, hige que á par de cada
tiro fuessen hombres con calderas llenas
de agua , con que yban bañando é ma-
tando el fuego. Assi que, esto es cosa
que se vé é es natural.
CAPITULO VI.
De las salinas naturales y artificiales que lenian los indios en esta Isla Española , llamada Hayli , antes que
los chripslianos conquistassen estas parles , y de -las que hay al présenle.
M,
.uy acostumbrada cosa es á los indios
saber hager sal en muchas partes destas
Indias en las costas de la mar, cogiendo el
agua della ; y assi lo acostumbraron hager
en esta isla , donde los habitadores della
vivían lexos de las salinas naturales. Pe-
ro porque en la Tierra-Firme he yo visto
hager sal á los indios, diré la manera que
en ello tenian (quando passe á escrebir
las cosas de aquella tierra), porque de
la vista yo me satisffago en este caso del
hager los indios la sal , pues la tenian
natural; pues que en la costa del rio Ya-
que ( el qual va á salir á la parte que esta
isla tiene al norte), á par de Monte-
Chripsto (y es poderoso rio), hay unas
salinas de buena sal. Dixe que este rio
va á salir , ó entra en la mar á la banda
del norte, porque en esta isla hay otro
rio del mismo nombre (Yaque), que va
á salir á la banda del sur ó mediodía;
pero este otro antes que llegue á la mar,
vá encorporado en el rio de Neyva, y en
cierta parte dcsta isla se junta é entra en
Neyva. Assi que el otro rio Yaque que di-
xe primero de las salinas, con su nom-
bre entra en la mar del norte.
Hay otras muy buenas salinas en Puer-
to-Hermoso ( que es quinge leguas desta
cibdad de Sancto Domingo en la costa
del sur), de donde se provee esta cibdad;
las quales salinas son muy abundantes.
Estas no las tenian los indios, y aquesta
cibdad las ha fecho de poco tiempo á es-
ta parte. En el comedio desta isla, en la
provingia que los indios llaman Baynoa,
hay una sierra de sal quassi cristalina ó
lúgída, gcrca de la laguna grande de Xa-
ragua, á catorge ó quinge leguas de la villa
de Sanct Johan de la Maguana, la qual
no es inferior á la que en Cataluña llaman
sal de Cardona; porque assicresge como
aquella, y esta es una de las buenas que
se saben en el mundo (digo la de Cardo-
na , y por esso puse la comparagion en ella) .
Desta de que aquí tracto de la sierra
de Baynoa , digo que se sacan lanchas é
piedras della como de una cantera. Yo he
visto piedra desta sal en la villa de Sanct
Johan de la Maguana , que pessaba mas
de un quintal (ó quatro arrobas) que son
gien libras de á diez y seys ongas. E de-
cíanme los que esta piedra é otras avian
allí traydo, que muchas muy mayores
174
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
desta sal podrían traer , é que las dexan
por no matar ó fatigar las bestias con su
exgessivo peso. De manera que alli se
podrían fabricar casas de tal cantería de
sal, y no serian de menor presgio que
aquellas que Plinio * digede Arabia, don-
de en la cibdad llamada Garrí , assi las
casas como los muros ó adarves con que
estágercada, son hechos demassa de sal.
Y también di^e el mismo auctor que en
Gapadogia se cava la sal debaxo de tier-
ra, é que por el humor se congela, é se
corta después como las piedras especu-
lares, éson los pedazos de grand peso,
los quales el vulgo llama uriques. Orme-
no , monte de la India , es de sal : el qual
se corta como en otras partes se cortan
las piedras , é aquello que se corta re-
nasge', á causa de lo qual los reyes tie-
nen mas tributo ó renta desta sal que del
oro ni de las perlas. E córtasse assi mis-
mo en España Citerior en Geleaste, é los
pedazos desta sal son quassi transparen-
tes, é aquesta sal ha buen tiempo que
muchos médicos la dan la palma sobre
todas las otras generagiones de sal. Todo
esto es de Plinio y de su Natural Histo-
ria; y esta sal, quél llama de Geleaste, es
la misma de Gardona, de que se hizo
memoria de suso , quando dixe que le
paresgia, ó era tal la que acá tenemos de
Baynoa : la qual assi mismo es tenida por
medicinal , y es muy buena para todo lo
que suele servir la sal al uso de los hom-
bres y para todo lo que quisieren que la
sal pueda aprovechar. De otra mane-
ra y maneras de sal contará la histo-
ria en la segunda parte, quando á ela
llegáremos, é assi mismo en la tergera
parte.
CAPITULO VIL
Que traclu de las riberas principales desla Isla Española: el qual se deslingue en diez párrafos o parles.
I. Los rios principales que hay en es-
ta isla de Hayti ó Española, son los que
agora se dirán. E pues la pringipal cib-
dad é población é puerto de mar é ca-
bega deste rey no é isla es Sancto Domin-
go, justa cosa me paresge que el primero
rio se nombre el que por esta cibdad pas-
sa , y en ella se acaba é entra en la mar,
llamado Ocama : el qual quando aqui lle-
ga é entra en la mar viene muy poderoso
é hondable, é las naos cargadas é á la
vela entran c salen por él muy seguras,
é llegan á ocho ó diez pasos de tierra á
poner el costado, é por una plancha
puesta en tierra se cargan é descargan
las que quieren, lo qual en pocas partes
del mudo se hage sin muelle en tan gran-
des navios. El año de mili é quinientos é
treynta y tres vino aqui la nao llamada
Imperial , de la Gesárea Magostad , la qual
era de porte de mas de quatrogientos to-
neles machos , con gierta gente que truxo
á esta cibdad y cargada, é volvió con
mucha mas carga. Digo aquesto, porque
hasta agora no ha passado á estas partes
tan grueso navio , ni entrado en este
puerto , donde estuvo á quinge ó veynte
passos de tierra surto é anclado. E salen
deste puerto algunas naos de noche é sin
peligro, y desde donde surgen dentro
hasta estar en la mar, fuera del puerto,
puede aver tiro é medio de escopeta ó
poco mas trecho. Yo he salido de noche
en nao, de mas de dosgientos é ginqüen-
ta toneles machos de porte cargada, por-
que el terral es ordinario , y salen las
i Piinio , lib. XXXI , cap. 7.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VII.
ilo
naos muy á plager, y al entrar no faltan
mareros de medio dia abaxo, la mayor
parte del tiempo todo. Assi que el rio é
su puerto es muy hermoso y es navega-
ble y de muchas barcas y canoas , assi
por las pesLjuerias que tiene, como por
las huertas y heredamientos que hay en
sus costas, de una é de otra banda ó par-
tes desta ribera. E dentro de la cibdad,
junto al puerto, se hagen continuamente
caravelas é navios , é hay muy buena dis-
pusigion para los barar y echar al agua,
después de hechos. Assi que es rio no-
table é muy hermoso é rico ; pero no pue-
den beber del, porque está la cibdad y
el puerto junto, é no mas apartada de lo
que he dicho de la mar , é aun por la par-
te del sur bate la mar en esta cibdad. Pe-
ro subiendo el rio arriba, poco mas de una
legua , es buena agua é muy sana : y es
rio de mucho pescado de muy hermosas
ligas, é matan en él muchos é grandes
manathis , de los quales y de otros pesca-
dos famosos se tractará adelante en el li-
bro XIII.
Entra este rio Ogama en la mar, en la
costa que esta isla tiene en la parte de
mediodia ó austral ; é él viene é trae su
curso de la parte de hágia el norte, des-
de una legua ante desta cibdad , donde
se junta con él otro gran rio que llaman
la Isabela, que viene de la parte del hues-
te; é el de la Ogama del leste hasta don-
de se juntan, que como he dicho es una
legua de aqui, é hasta alli, ó poco mas,
sube la marea , pero con la jusente ya
está alli el agua dulge. La entrada de la
mar é boca del puerto es de quatro bra-
gas ó mas de hondo , é entradas las naos
surgen junto á la cibdad , como es dicho,
en otras quatro bragas ó mas de fondo.
II. Hay otro rio poderoso que se lla-
ma Neyva, el qual corro por la mitad de
la isla atravesándola, é corre assi mismo
de la parte de hágia el norte , é entra en
la mar é costa que esta isla mira al sur:
passa junto á la villa de Sanct Johan de
la Maguana y es hondable en la boca don-
de fenesge, pero no mucho espacio. An-
tes de llegar á la mar con media legua
es baxo é desierto , é tiene dos millas ó
mas de latitud ó anchura en la boca ; é
todo lo que va ó corre en la tierra hasta
llegar á la mar, va muy riguroso , c con
mucha velogidad.
III. Nicao es otro buen rio , é assi mis-
mo entra en la mar en la mesma costa del
sur , como los susodichos , pero no es tan
grande rio ; mas es muy rico de hereda-
mientos é cañaverales dé agúcar , é por
los ingenios della que hay en esta ribera
é comarca , é muchos hermosos pastos é
ganados en sus riberas é gerca del.
IV. Hayna es otro rio riquíssimo de
heredamientos é hagiendas; é en su ri-
bera é comarca hay muchos cañaverales
é hagiendas de agúcar , y es de la mejor
agua que rio alguno en toda esta isla , y
entra en la mar assi mesrao, como los que
es dicho de suso, en la costa del medio-
dia. No es tan poderoso ni de tanta agua
como los mayores rios; pero es uno de los
mejores de todos , é mas provechoso por
su fertiUdad.
V. Nigua se llama otro rio riquíssimo:
el qual tiene el nombre de aquel animal
maldito que se entra por los pies, como
ya se dixo en el libro II, capítulo XIV.
Este rio es muy pringipal y de grandíssi-
ma utilidad por los grandes heredamien-
tos é labrangas de hermosas hagiendas
que hay en sus costas é comarcas , é in-
genios de agúcar : é solo este rio con los
ingenios é ganados é hagiendas gruessas
é grangerias que tiene, para este exer-
gigio del agúcar, seria bastante para ser
muy rica qualquier cibdad del mundo,
donde aquesto estoviesse. Este rio entra
en la mar en la costa que entran todos
los que he dicho , é á quatro leguas ó po-
co mas desta cibdad de Sancto Domingo.
VI. Yuna se llama otro rio que es de
176
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
los mas poderosos de toda esta isla ; el
qual passa por la villa del Bonao , y va
á fenesger y entrar en la mar en la costa
que esta isla tiene de la banda ó parte
del norte. Y es rio de muchas haciendas
y heredamientos, y de muy buenos pas-
tos en sus comarcas é riberas.
VIL Yaque : deste nombre hay en es-
ta isla dos ríos : el uno dellos se junta con
Neyva , que es otro mayor rio , y entra
en él, antes de llegar á la mar. Assi que,
quando á ella llega , no se nombra otro
sino Neyva , y por tanto no se hage tanta
qüenta deste como de otro llamado Ya-
que (del qual se tracta) , que entra y va á
fenesger en la mar de la banda ó parte
que esta isla mira al norte , á par de Mon-
te-Chripsto. E hay gerca del unas buenas
salinas, como se dixo en el pregedente
capítulo. Este rio es poderoso é de gran-
des é muy buenos pastos y hermosas ve-
gas y hagiendas. El otro Yaque ó Yaque-
gillo entra con Neyva de la banda ó parte
del sur, como tengo dicho, y es muy di-
ferente deste Yaque , que va á saUr á la
otra costa, segund es dicho.
VIH. Hatibonico es otro rio muy gran-
de é poderoso : el qual va á fenes-
ger en la parte ocgidental desta isla , y
es de muchos pastos é vegas hermo-
sas, y entran en él otros muchos rios
pequeños , y es de mucha pesquería.
IX. Otros muchos rios hay en esta isla
de muchas y muy buenas pesquerías é
aguas é lindas riberas, assi como el Co-
tuy é Cibao, y aquestos dos son ricos mu-
cho de oro , é con muchas minas , donde
se saca continuamente ; y en las minas
del Cotuy se halla azeche, que lo sudan
las peñas é la tierra, é harta cantidad
dello, é assi mismo se halla asaz azul
para pintar, finíssimo, que digen nues-
tros pintores que no es inferior al que lla-
man de acre.
X. Otro buen rio hay que llaman Ma-
corix , de mucho pescado ; y assi mismo
otros muchos ríos se podrían nombrar
que se dexan de degir, por evitar prohxi-
dades , é porque no son tan grandes co-
mo los que se han nombrado. Y de otros
muchos no se saben los nombres , porque
como se han acabado los hombres anti-
guos destos indios naturales desta isla,
assi se han olvidado los nombres de los
rios y de otras cosas; pero allende de ser
muchos rios destos nombrados é de otros
fértiles de oro , son por la mayor parte
abundantes de mucho pescado, assi de
lo que de la mar entra á ellos , como de
los pescados que en el agua dulge suya
se crian y produgen. Y aquesto baste
quanto á los rios desta Isla Española.
CAPITULO VIII.
El qual Irada de los metales é minas que hay de oro en esta Isla Española : el qual ¡je divide en on^e
párrafos ó partes ; y decirse ha assi mismo de la manera que se tiene en el coger del oro , c otras parti-
cularidades notables é concernientes á la historia.
I. En el capítulo antes deste nombré
los ríos pringipales é poderosos que hay
en esta Isla Española^, é passé brevemen-
te por ellos. Quiero agora degir de algu-
nos que también los nombré , que no son
famosos por grandeza é profundidad de
agua ni de tantas pesquerías ; pero sonlo
mucho mas que todos los que he dicho
por la abundangia del oro que se ha sa-
cado é sacan en sus costas é riberas , á
los quales vienen á langarse y encorpo-
rar innumerables quebradas é fuentes , é
arroyos, ricos de oro. Entre los quales
rios el que llaman Coluy es riquíssimo : á
par del qual está una villeta ó poblagion
de mineros é gente exergitada en esto
DE liNDIAS. LIB. VI. CAP. VIH.
\r
del oro, al qual pueblo é rio dan un mis-
mo nombre, dicho Cotuy. Ha ávido alli y
hay mucho exergigio en sacar oro ; pero
porque desto se dirá adelante mas parti-
cularmente como se saca , diré primero
de los otros metales que hay en esta isla,
allende del oro; porque en lo que es de
menos estimación mas breves sean las pa-
labras, y en lo que tan desseado es en
el mundo se diga algo , y no tanto quan-
to la materia escobdi^iosa á los hombres.
II. Cobre hay en esta isla, é muchos
lo han hallado muchas veges, é aun di-
gen que es rico; pero hagen poco caso
de tal grangería , porque seria grande er-
ror dexar de buscar oro é sacarlo (sa-
biendo que lo hay), por buscar cobre, se-
yendo tan grande la desigualdad del
presgio y provecho que de lo uno á lo
otro se sigue. Eassi, desta causa ninguno
se quiere ocupar en tal Qxergigio , como
es el sacar del cobre. Basta para lo que
hage aqui al propósito é verdad de la
historia, que lo hay y mucho.
III. Han querido degir algunos que
hay hierro en aquesta isla; pero yo no lo
he visto ni lo afirmo. He oydo decir á
Lope de Bardegi , que hoy es vegino
desta gibdad, é uno de los honrados y he-
redados que acá hay, el qual afirma que
se halló en la ribera del rio Nigao y que
él hizo en su presencia fundir la vena del
hierro, y se hizo, é quél lo tuvo por
gierto (si no fue engañado del que lo fun-
dió ) : lo qual yo no dexo de creer , por-
que la maligia de los hombres es mucha.
Y también no quiero parar en esto , por-
que en España no está muchas leguas
Vizcaya apartada de Asturias é Galigia, y
en Vizcaya hay mucho é innumerable hier-
ro , é en Asturias é Galigia ovo grandís-
simas minas é muy ricas de oro , segund
Plinio é otros auctores famosos nos lo
acuerdan ; y no creo que lo dexa de aver
al presente , si se buscasse en Asturias.
Yassi podría ser que, aunque hay en esta
TOMO 1.
isla mucho oro , que no faltasse hierro;
pues que el maestro que acullá hage es-
tas é otras mayores é naturales cosas , y
tan diferengiadas, esse mismo tiene cargo
de las de acá, é lo hage todo, segund y
dónde como es su voluntad.
Diré yo aqui un indigio de la riqueza é
abundangia del oro de Asturias ( en algún
tiempo ) que vino á manifestarse en Al-
magan, el año de mili é quatrogienlos 6
noventa é seys años , estando los Reyes
Cathólicos y el sereníssimo príncipe don
Johan, su primogénito (mi señor), y la
sereníssima reyna doña Johana , nuestra
señora (madre de la Cesárea Magostad),
que entonges era archiduquesa , y todas
sus hermanas ; pocos dias antes que de
aquella villa se partiesse el Rey Cathólico
para la frontera de Frangia (por la guer-
ra de los franceses), y la Reyna y el prín-
gipe y sus hermanas para Laredo á em-
barcar el Archiduquesa, para la llevaren
Flandes, donde fue aquel mismo año,
acaesgió en Asturias de Oviedo que un
pastor que guardaba ganado, andando
en el campo , se halló en un monte ás-
pero é lexos de poblado un collar de oro
ó gerco de una piega todo, á trechos qua-
drado é á trechos torgido y los extremos
del vueltos para se asir el uno con el otro
[Lám. %." fíg- 3.'), tan gordo como el dedo
menor de la mano. Y era tan grande, qwa
tenia palmo é medio de través : pessaba
algo menos de quinientos castellanos , ó
diez marcos de oro finíssimo de ducados.
Este collar envió el corregidor de Oviedo
á la Reyna Cathólica, la qual le dio al
príngipe , porque se avia hallado en su
pringipado de Asturias : el qual pringipa-
do, en la misma villa de Almagan, pocos
dias antes, con las gibdades de Salamanca,
y Toro, y Camera, y Logroño, y otras vi-
llas é fortalezas, dieron el Rey é la Reyna
al príncipe, é le apartaron su casa por sí.
Yo tuve este collar en mi poder , porque
tuve las llaves de la cámara del príiigi-
23
MS
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
pe ; y vi que se platicó en esa sagon que
se debian de buscar é labrar las minas
de Asturias. Y sus padres le exhortaron
a\ Príngipe que lo mandasse ; porque de-
mas de lo que está escripto , paresgia que
aquel collar era un despertador para ello,
y que donde tal gollar se halló ó se usó,
que era por la abundancia mucha del oro
que hay en tal tierra. Para hombre el co-
llar era grosero : antes se pensaba que
fue fecho para algún animal , lo qual al-
gún tiempo usaron grandes varones. A
lo menos de César , dictador , se escribe
que á muchos giervos hagia poner un co-
llar de oro, en que avia escripto : a Noli
me tangere, quia Ccesaris sum '.» E an-
daban libres , que no los ossaba ninguno
tocar. Esto quiso aplicar Petrarca en aquel
soneto que comienza ^:
una candida cerva sopra l'herba
verde ma parve. . .
é prosiguiendo dice:
Nessun mi tocchi , ai bel eolio dintorno
■ Seripto havea. . .
Plinio dige que se hallaron giervos de
Alexandre Magno con sus collares cient
años después, é que habiéndoles cresgi-
do la carne engima , estaba cubierto el
collar '.
Si este collar que yo digo que vi en la
cámara del Príngipe , é le tuve en las
manos algunas veges , fue de algún cier-
vo ú otro animal , no lo sé. Leido he que
Sertorio en España traia una gierva blan-
ca, é daba á entender á la gente que le
degia lo que avie de hager, é adivina-
ba *. Valerio Máximo escribe que Quinto
Sertorio traia por las ásperas montañas
de Lusitania en España una gierva blan-
ca, é degia é daba á entender á aquellas
gentes idiotas é simples que la gier-
va le amonestaba lo que debia hager é
obrar, etc. ^. Infiero de aqui que Lusita-
nia é Asturias son en España lo uno é lo
otro , é en ambas provingias ovo mughas
minas de oro : é assi mismo podría ser
tal collar de aquella gierva de Sertorio.
Pero dexadas las congeturas aparte , el
efeto es que el collar yo le vi, é que se
halló en Asturias de Oviedo , donde Pli-
nio dige do las ricas .minas de Lusitania é
de Asturias ®, como mas largo adelante se
dirá ; y tornemos á nuestra materia.
IV. Muy antigua cosa es el uso de los
metales é del oro á los hombres en el
mundo, segund los historiales en confor-
midad escriben. Dige la Natural Historia
de Plinio ^ que Cadino halló el oro é la
manera de fundirlo en el monte Panges:
otros digen que Thoas é Aclys en Pan-
chaya ; ó el sol , hijo del Ogéano , al
qual Gelio atribuye la invengion de la
medigina. Todo esto es de Plinio en el
lugar alegado. A Moysés mandó Dios que
tomase el oro é la plata de los hijos de
Israel, para la edificagion del tabernácu-
lo *. Y también Joseph , quando en Egip-
to mandó henchir de trigo los costales de
sus hermanos , hizo poner en la boca de
cada costal la pecunia , y en la boca del
saco del menor hizo meter su copa de pla-
ta, y el presgio del trigo que los hermanos
avian dado por ello: antes de lo qual el
mesmo Joseph avia seydo vendido por los
mesmos hermanos suyos á los ismaelitas,
por treynta dineros argénteos ó de plata.
Assi que el oro é la plata é metales anti-
quíssimamente están en uso de los hom-
bres, y en mucha y continua contracta-
gion , dando con ello valor á las otras
cosas del comergio de las gentes. Servio,
rey, fue el primero que acuñó el cobre.
i Francisco Philadelpho , comenlador del Pe-
trarca.
2 Francisco Petrarca , Sonel. CLVIÍ.
3 Plin., lib. VIII, cap. 32.
4 Plin. , ut supra.
5 Valerio , lib. IV, cap. 2.
6 Plin., lib. XXXm, cap. 4.
7 Plin. , lib. Vil, cap. 5tí.
8 Exodi , cap. 25.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIII.
179
segund Thimeo (Plinio lo dice ^); y an-
tes en Roma se usaba grosero é no poli-
do, é fue la primera imagen una pecus,
id est una pécora ú oveja ; por lo qual la
moneda acuñada fue llamada pecunia.
Dexemos las historias passadas , é vol-
vamos á la que tenemos presente , pues
que aquesto del oro es un paso en el
qual los cobdigiosos pararán con mas
atengion que á otra particularidad é se-
creto de los que aqui se tracta ó refiere
esta Natural if general historia de Indias.
Mas los hombres sabios y naturales aten-
derán á esta legión, no con otra mayor
cobdigia é desseo que por saber é oyr
las obras de natura ; y assi con mas des-
ocupaglon del entendimiento, avrán por
bien de oyrme (pues no cuento los dispa-
rates de los libros de Amadís , ni los que
dellos dependen). Antes muchos virtuo-
sos é cathólicos esperarán esta legión,
no teniendo , ni juzgando en el oro ma-
yor provecho que para dar gragias á
Dios, en aver criado tan exgelente é per-
fecta cosa , como este metal ; y tanto mas
de mayor presgio y valor, y mas res-
plandegiente loor y estimagion, quanto
mejor é mas sabia é sanctamente fuere
despendido. Porque el oro que no es
bien gastado, y está en poder de mez-
quinos y avaros , no es de mas provecho
que el que está escondido debaxo de
tierra, y que nunca el sol lo pudo ver»
E assi como esta tierra (nuestra madre
universal) se rompe y abre por diverssas
partes , é agiertan á topar en sus entra-
ñas é interiores las venas de oro los
hombres, assi quando las hijadas de la
persona del guardador avariento comien-
gan á se deteriorar é romper , acabándo-
se el curso de su vida , agiertan á salir
las monedas ocultas de que nunca osó
aprovecharsse el miserable que las ayun-
tó. Quiero degir que he visto en estas
Indias grandes allegadores deste oro, é
por no lo despender bien , han acabado
en mucha miseria, é se les fué de las ma-
nos, como rogio ó sombra, é aun sus
vidas tras sus dineros. Pues por qual-
quier fin que el letor me quiera escu-
char , quiero que oygan y sepan de mi
en todo el mundo quán riquíssimo im-
perio es aqueste destas Indias, que tenia
Dios guardado á tan bien aventurado
Emperador, como tenemos, é á tan lar-
go é liberal destribuidor de las riquegas
temporales , é que tan sabia é sancta-
mente son por su mano despendidas , y
empleadas en tan cathólicos y sanctos
exergigios y exérgitos, para que con
mas oportunidad é abundangia de teso-
ros hayan efeto sus altos penssamientos
é armas contra los infieles y heréticos
enemigos de la religión chripstiana. E
para que los extraños vean, y de todo
punto entiendan (assi como está gierto é
notorio) que á España la docto Dios de
animosos, y valerosos y altos é muchos
varones ilustres y caballefia , y de tanta
noblega y multitud de hidalgos ; y co-
munmente á todos los naturales della los
hizo Dios de tanta osadia, é los consti-
tuyó de tanta experiengia en la militar
disgiplina , y con tanta determinagion y
esfuergo de virtuosa é natural inclina-
glon , como todos los auténticos é an-
tiguos é modernos historiales escriben é
se vé palpable. E no sin causa dixo Livio
por nuestros españoles : «fero^íssima gen-
te son, porque pienssan que ninguna vida es-
loable sifi las armas. >y Y sin que se busquen
las auctoridades de los passados , los ojos
de los hombres que hoy viven lo han visto*
é sabido , para lo poder testificar , é notar,
é verificar por los invictos reyes passa-
dos de nuestra España , é por los Cathó-
licos Reyes don Fernando é doña Isabel
(nunca vengidos é siempre vengedoresj
1 Piiii.,lib. XXXIII, c;ip- 3.
2 Tito Livio, Década primera, lib. IV, cap. XV.
180
mSTORIA GENERAL Y NATURAL
que ganaron á Granada, Ñapóles, Na-
varra é Bugía, é otros reynos, é descu-
brieron este Nuevo Mundo destas Indias,
y por los tropheos y triunphos de la Ce-
sárea Magestad del Emperador Rey, don
Carlos, nuestro señor: el qual ha seydo
digno, mediante la divina clemencia (que
le hizo meregedor de sus buenas ventu-
ras y nuestras), de ser señor de tan vale-
rosa nasgion, para que veamos al presen-
te, como se vee , la bandera de España
celebrada por la mas victoriosa, acatada
por la mas gloriosa, temida por la mas po-
derosa, y amada por la mas digna de ser
querida en el universo. Y assi nos ense-
ña el tiempo é vemos palpable lo que
nunca debaxo del gielo se vido hasta
agora en el poderlo é alta magestad de
algún príngipe chripstiano ; y assi se de-
be esperar que lo que está por adquirir y
venir al colmo de la monarchia univer-
sal de nuestro Qésar, lo veremos en bre-
ve tiempo debaxo de su geptro ; y que no
faltará reyno , ni secta , ni género de fal-
sa creengiaque'no sea humilliada y pues-
ta debaxo de su yugo y obidiengia. Y no
digo solo esto por los infieles; pero ni
de los'que se llaman chripstianos , si de-
xaren de reconosger por superior, como
deben y Dios tiene ordenado, á nuestro
César; pues le sobran osados milites y
gentes , y no le han de faltar riquezas
que les reparta, assi de sus grandes Es-
tados de Europa y África, como desta
otra mitad del mundo que comprehenden
sus Indias.
¿Puede ser cosa mas clara y visible
para verificagion de lo que digo de su
potengia y tesoros que averie dado sus
capitanes y gente en la mar austral des-
tas Indias (en un dia solo), el año de mili
é quinientos é treynta y tres, con la pri-
sión del rey Athabaliba, quatrogientos
mili pesos de oro de valor, en oro é pla-
ta de solo su quinto, é quedar un millón
é seisgientos mili pesos de oro de valor,
en solos estos dos metales, para partir
entre los pocos españoles que alli se ha-
llaron? Y ved quán pocos en número fue-
ron estos chripstianos, que el caballero
cupo á nueve mili castellanos de oro de
parte, é tal ovo que á quinge é veynte
é ginqüenta mili, si era capitán; y el mas
mínimo infante á pié, á tres é á quatro
mili pesos de oro de parte, sin muchas é
muy ricas é presgiosas esmeraldas, co-
mo se dirá mas particularmente en su
lugar, en la tergera parte destas histo-
rias. ¿Quálsacode Genova?., quál de Mi-
lán? quál de Roma? quál prission del
rey Frangisco de Frangía? quál pressa ó
despojo grande del rey Moteguma en la
Nueva-España?.. Ya todo lo de Cortés pa-
resge noche con la claridad que vemos,
quanto á la riqueza de la mar del Sur;
pues que el rey Athabaliba tan riquíssimo,
é aquellas gentes é provingias, de quien
se esperan é han sacado otros millones
muchos de oro, hagen que parezca poco
todo lo que en el mundo se ha sabido ó se
ha llamado rico, en comparagion de lo
que vemos en gente , que ni tiene saetas
con hierva, ni saben qué cosa es pólvora,
ni otros remedios ó petrechos de guerra,
para se defender ni ofender. Assi huyen
de un caballo aquellas nasgiones , como
el diablo de la cruz.
Por esta isla aportaron tinajas de oro
que mis ojos vieron y otras muchas co-
sas é picgas de gran peso y admiración,
nunca oydas ni escripias ; y á España se
llevaron muchas (y grandes tesoros) en Se-
villa , é las vieron tantos que no se terna
por dudoso, ni es fábula ó novelar de
gragia lo que digo , ni lo que adelante se
dirá en esta materia de las cosas de la
Tierra -Firme, é tierra é mares australes
en la tergera parte desta Historia Gene-
ral. Y es notorio que al tiempo que Cé-
sar quisso partir de la villa de Madrid,
en pringipio de margo de mili é quinien-
tos é treynta é ginco años , para juntar
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIII.
18
su armada y exérgilos en Bargelona con-
tra los infieles africanos, llegaron á Se-
villa quatro naos, que otra carga no lle-
llevaron sino oro é plata , en que avia
sobre dos millones de pesos de oro de
valor en estos dos metales. Pues ya se
sabe que antes avia ydo el capitán Her-
nando Pigarro con otra nao cargada de
oro é plata. Pues el año de mili é qui-
nientos é treynta é ocho años, el arma-
da de César (de la qual era capitán ge-
neral el comendador Blasco Nuñez Vela)
sábese que de Su Magostad é de perso-
nas particulares llevó otro millón y qui-
nientos mili pesos ó mas de valor en oro
é plata, allende de otras muchas naos
ricas que han ydo á España, desde el
tiempo que Athabaliba fué preso á esta
parte.
Solo una cosa quiero apuntar y no la
olvide el que lee ; y es que assi como á
todos quantos en el mundo han escripto
semejantes materias faltó el objeto , y no
pudo ningún escritor hallar tanto que
degir , como él supiera relatar ó notificar
en verdadera historia ; assi por el opós-
sito es á mi historia la falta que tiene mi
lengua y habilidad. E faltará el tiempo,
é la pluma é las manos é la eloqüen-
gia, no solamente á mí ; mas aquellos fa-
mosos poetas , Orpheo , Homero , Hesio-
do, Píndaro, no pudieran bastar á tan
encumbrada labor. Ni allende de los
poetas, los mas eloqüentes oradores pu-
dieran concluir una mar tan colmada de
historias, aunque mili Cigerones se ocu-
paran en esto , á proporgiou de la abun-
dantíssima é quassi infinita materia des-
tas maravillas é riquezas que acá hay é
tengo entre manos que escrebir. Mas es-
pero , siendo Dios servido é supliendo él
mis faltas, degir y expressar en la segun-
da y tergera partes destas historias , todo
lo que dellas se deba referir, á muc,ho
contentamiento de los hombres de doc-
trina , y á buen gusto de las otras gentes.
Y para entonges quedarán estas cosas del
Perú , pues son del jaez é historia de la
Tierra-Firme; y por las señas que he
dado desta victoria que ovo el comen-
dador , Frangisco Pigarro , gobernador
del Perú por Sus Magestades, se le acor-
dará al letor de buscar lo demás en la
tergera parte , quando se tráete del Perú
é mar del Sur. E no ha seydo descon-
veniengia lo que aqui se ha tocado , pa-
ra traer á mi propóssito los tesoros de
nuestro César, é el aparejo que Dios le
ha dado , para quitar algunas soberbias
señaladas en el mundo , é ponerle en la
paz é justigia que por su mano todos los
fieles y cathólicos chripstianos esperan
conseguir é gogar. Porque ala verdad el
mundo ha estado de manera que los me-
nos sabian á qual opinión se allegassen
de las de Heráclito é Demócrito. Mas
qué digo yo? Los que en esta dubda
estaban , eran los cargados de años y de
mas prudengia, porque en los tales,
aunque las cosas subgediessen de qual-
quier manera , supieran conformarse con
el tiempo; pero por la mayor par-
te prevalesgia la opinión de Heráclito , é
pocos se reian como Demócrito *. Esto
bastaba para los doctos; pero porque es-
cribo en Indias, y no menos para vul-
gares ó no leidos, digo que Heráclito
philósopho fué de Epheso, cibdad en
Ássia , é por continuo estudio , sin maes-
tro, fué siugularíssimo varón; é cómo De-
mócrito de continuo reia de la estulligia
ó locura de los hombres, assi por el
opóssito Heráclito lloraba, movido á com-
passion de la misseria humana ; é viendo
las malas costumbres de sus cibdadanos,
habitaba en los montes en soledad.
Quiero degir que como este oro es cob-
digioso, en tanto que turó la discordia
1 Diógenes Laercio , libro IX.
182
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
entre España é Frangía , vinieron acá al-
gunos cosarios, al olor destas riquezas:
algunos agertaron á llevar dineros é oro
para hagellos ricos con la hagienda de
algunos descuidados , y otros se perdie-
ron por acá en esa demanda y dexaron
las vidas, y aun allá en su Bretaña é
Normandía no les faltaron trabajos, has-
ta que plugo á Nuestro Señor que se con-
cluyó la tregua, é subgedieron las vistas
entre la Qesárea Magostad é el chrips-
tianíssimo rey, Frangisco de Frangía,
mediante la intergession é auctoridad de
nuestro muy Sancto Padre, el Papa Pau-
lo III de tal nombre , vicario de Glirips-
to. Y assi plagerá á Nuestro Señor que la
paz se conserve é aumente ; pues en ella
consiste el bien de todos los fieles , por-
que de la guerra Dios se dessirve é su
Iglesia é república padesge : y desta de
hasta aqui bien se puede responder lo
que Sophonisba respondió á Petrarca,
como él lo dige en un tergeto , por estas
palabras:
Et ella : allro vogl' io che tu mi mostré
S' África pian se; Italia non ne rise:
Domandalene pur l'hislorie voslre *.
V. Tornemos á nuestra historia , y
diré de qué forma acá se coge este oro
por nuestros españoles, que á la verdad
no es con la facilidad que los frangeses
lo pensaban llevar ; sino con mucho tra-
baxo , é con la ventura que Dios da á
cada uno. Yo dixe en el libro III de un
grano de oro que pesó tres mili é seys-
gientos pesos de oro , que se perdió en
la mar, é se avia hallado en esta isla; y
esto solo debe bastar para que se crea
que donde aquel crió Dios , no le hizo
solo ni se le acabó el poder, ni el arte á
la natura en aquel grano , ni deja de aver
grandíssima cantidad de oro. Pero por-
que quiero satisfager, en lo demás pue-
do yo ser creido é testificar en esta ma-
teria mas que otro ; pues que desde el
año de mili é quinientos é catorge hasta
el que passó de mili é quinientos é treyn-
ta y dos serví al Rey Cathólíco , don Fer-
nando, y á la Cathólíca é sereníssima
Reyna doña Johana, su hija, y á la Ce-
sárea Magostad, nuestros señores, de su
veedor de las fundigíones del oro en la
Tierra-Firme. Y Su Magostad , querien-
do que mi hijo, Frangisco González de
Valdés, le sirva en el mismo ofigio, le hizo
merged del por mi renungiagion é supli-
cagion; y mandó que yo, como hombre
constituido en edad para repossar, des-
cansase ya en mi casa, recoligiendo y
escribiendo con mas reposso por su Real
mandado estas materias é nuevas histo-
rias de Indias. Y desta causa sé muy bien
y he muchas veges visto cómo se saca el
oro é se labran las minas en estas Indias:
y porque esto es en todas ellas de una
manera , é yo lo he hecho sacar para mí
con mis indios y esclavos en la Tierra-
Firme , en la provingia é gobernagion de
Castilla del Oro ; é assi he entendido de
los que lo han cogido en estas é otras
islas que se hage de la misma forma;
pues que es común el arte é general, de-
girlo he aqui en este libro VI (que yo
llamo de los depósitos) , por no lo repetir
después en otras partes.
VI. En muchas riberas é partes desta
Isla Española se halla oro , assi en las
sierras é ríos que llaman de Cibao (rio
muy famoso en esta isla por la riqueza
de su oro), como en el Gotuy, de los
quales de suso se hizo mengion. Y tam-
bién se saca en las minas que llaman de
Sanct Chripstobal , y en las minas viejas
é otras partes ; pero no acostumbran co-
ger el oro á do quiera que se halla , á
causa de ser la costa grande que en ello
se pone de bastimentos é otros aparejos,,
i Triumpho de Amor, cap. 11.
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIII.
483
assi como de las compras de los esclavos,
y herramientas y bateas, y otras cosas;
sino donde haya tanto que se supla la
costa y sobren dineros , y sea tal la ga-
nangia, que puedan medrar los que en
este exergigio entienden. Porque de ha-
llar oro poco ó en cantidad vista, se está
la diferengia ; y lo poco en muchas par-
tes lo hallan, y si se siguiese lo poco,
mas seria perder tiempo y dineros , que
no hallarlos.
Este oro no es do quiera que se halle
tan fino ni igual de ley que no tenga mas
ó menos quilates de bondad , si en diver-
sas partes se coge , aunque sea lo uno é
lo otro de un mesmo rio, é que haya sa-
lido de un mesmo nasgimiento ó minero.
No hablo aqui en el oro que se ha ávido
por rescates, ó en la guerra, ni en lo que
de su grado ó sin él han dado los indios
en estas islas ó en la Tierra-Firme; porque
esse tal oro ellos lo labran é lo suelen
mezclar con cobre ó con plata , y lo aba-
xan , segund quieren , é assi es de dife-
rentes quilates é valores. Mas hablo del
oro virgen , en quien la mano mortal no
ha tocado ó hecho essas mixturas, como
adelante diré en el progesso desta mate-
ria. Y a veis de entender que este oro vir-
gen se halla en los rios del agua y en las
costas dellos y en el monte y en las que-
bradas y en savanas , como agora lo iré
particularigando é distinguiendo cada co-
sa destas por su parte. Y tenga el que
lee memoria que digo que se halla el oro
en una destas tres maneras : en savana,
ó en arcabuco, ó dentro del rio é agua.
Ya podria ser que el rio ó quebrada ó
arroyo estén secos é hayan mudado su
curso , ó por qualquier causa que sea, les
falte agua; pero no por eso dexará de
aver oro, si por alli lo ovo en el curso
que tuvieron las aguas. Llaman savana
los indios , como en otro lugar lo tengo
dicho , las vegas é cerros é costas de ri-
beras , si no tienen árboles , é á todo ter-
reno que está sin ellos, con hierva ó sin
ella. El arcabuco es boscaje de árboles en
monte alto ó en lo llano : en fin , todo lo
que está arbolado es arcabuco. Y en
qualquiera destas maneras que se halle el
oro , tienen la orden que agora diré para
lo sacar.
Los hombres mineros , expertos en sa-
car oro, tienen cargo de alguna quadrilla
de indios ó esclavos para ello ( suyos ó
ágenos, andando por su proprio interés '
se é hagienda suya , ó por su soldada con
ellos). Y este tal minero, quando quiere
dar catas para tentar é buscar la mina
que ha de labrar, si las quiere dar en sa-
vana ó arcabuco , hage assi. Limpia pri-
mero todo lo que está sobre la tierra de
árboles ó hierva ó piedras , é cava con
su gente ocho ó diez pies (y mas y me-
nos en luengo ) , y otros tantos ( ó lo que
le paresge en ancho), no ahondando mas
de un palmo (ó dos igualmente) ; y sin
ahondar mas , lavan todo aquel lecho de
tierra é cantidad que ha cavado en
aquel espagio que es dicho, sin calar
mas baxo. Y si en aquel peso de un pal-
mo ó dos halla oro, sigúelo; é sino, des-
pués de limpio todo aquel hoyo , ahonda
otro palmo , é lava la tierra assi igual-
mente , como hizo la que sacó del prime
ro lecho ó cata primera. E si tampoco en
aquel peso no halla oro , ahonda mas é
mas por la orden que he dicho , palmo á
palmo , lavando toda la tierra de cada le-
cho (ó tiento de cata), hasta que llegan
á la peña viva abaxo. E si hasta ella no
topan el oro , no curan de lo buscar mas
alli, é vánlo á buscar á otra parte. Mas
donde lo hallan en aquella altura ó peso,
sin ahondar mas en aquella igualdad que
se topó el oro , lo siguen ; é si el oro va
para abaxo, assi mismo van tras él, é con-
tinúan su labor hasta aver labrado toda
la cantidad de la mina : la qual ya tiene
establesgida gierta medida , é hay orde-
nangas reales que declaran el terreno é
184
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
cantidad de la mina é territorio de cada
una en la superfigie de la tierra. E de
aquella medida adentro, que es en quadra
ó quassi , pueden para abaxo ahondar
quanto quisieren. Ovo un tiempo diez é
ocho pasos en quadra por mina , é tam-
bién en otra sagon ovo veynte , é mas é
menos ; porque esto se hage por orde-
nangas que hay para ello , é no son mas
perpetuas de quanto le plage al que la
justigia gobierna. E como conviene , se-
gund el tiempo, assise acorta ó alargad
compás que debe tener la mina. Pero assi
cómo uno halla la mina , es obligado á los
ofigiales reales notificarlo , y en espegial
al veedor y ante el escribano mayor de
minas , porque se le mida é señalen la
mina con estacas , é le pongan límites,
porque otros puedan tomar minas á par
de aquel primero que la descubrió. E
aquel terreno que tiene ó le cabe á la
mina , no puede otro alguno entrar ni to-
car en él, para sacar oro, sin cometer
hurto é incurrir en otras penas que se
executan sin alguna remission. Mas alli, á
par donde se acaba ó passa la raya de
la mina del primero descubridor, luego
desde alli adelante señala é hinca esta-
cas , é toma otra mina hágia la parte que
quiere juntarse con la primera , el que
primero viene. Y aun aqui quadra bien
el proverbio que dige : « Quien há buen
vegino , há buen malino; » porque aquel
descubridor primero avisa al que quiere
ayudar é tomar por vegino , é apossen-
tarlo á par de sí. E comunmente las mas
veges , quando la mina es rica , lo suele
ser la que es su vegina , aunque no sea
en tanto grado ; y también acaesge que
^gierta á ser muy mas rica que la pri-
mera. También se ve muchas veges que
uno coge mucho oro en una mina , y en
la que está á par della no se halla grano.
Una de las cosas en que se ven palpables
las venturas de algunos hombres é quán
diferengiadas son , es en esto de las mi-
nas; porque acontesge que hay dos, ó
tres y seys y diez é mas minas en un
término ó costa de un rio ( ó quebrada)
y sacar todos buen oro: é avrá entro
ellos uno que, aunque tenga mas é mejor
g-3nte , no saca ni topa oro alguno , ó
muy poco. Y por el contrario, se ve as-
saz veges que uno solo halla harto oro,
é muchos otros alli gerca no cogen algu-
no, ni lo hallan, como poco há acaesgió
en la isla de Sanct Johan á un Fulano do
Meló, portugués, que sacó en poco tiem-
po gingo ó seys mili pesos de oro , y mu-
chos mineros otros que cogían oro alli á
par del , no lo sacaban , aun para pagar
la costa que hagian buscándolo. Dexe-
mos esto : que ninguno ha de ser mas
rico ni mas pobre de lo que Dios tiene
ordenado; y por ventura los que menos
oro cogen , son mejor librados ; porque
les guarda Dios otras riquezas mayores á
los que con su voluntad se conforman é
le aman , é quieren conosger.
Estas minas de savana ó halladas en
tierra, siempre se han de buscar gerca de
algún rio ó arroyo ó quebrada de agua,
ó laguna ó balsa ó fuente , donde el oro
se pueda lavar é limpiarlo de la tier-
ra. Dixe de suso que se ha de lavar la
cata de la mina un palmo ó dos en hon-
do : no se ha de entender que ha de ser
dentro de aquel tal hoyo que se higiere
en la cata é propria mina: que si alli, dó
se cava la tierra, se lavasse, mas seria ha-
ger barro ó lodo que otra cosa. Pero toman
aquella tierra poco á poco fuera de la
mina , é llévanla al agua ó arroyo donde
se han de lavar , é alli purgan ó limpian
la tierra con el agua, é ven si hay oro en
las bateas (que son gierto instrumento
con que la tierra se lava ) , é para lavar
esta tierra é labrar la mina hagen assi. Po-
nen giertos indios á cavar la tierra en la
mina dentro , é aquello llaman escopetnr
(que es lo mismo que cavar); é de la
tierra cavada hinchen bateas de tierra , é
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIIÍ.
Í85
oíros iudios toman aquellas bateas con la
(ierra é llévanlas al agua, en la qual es-
tán assentados las indias é indios lavado-
res; é vagian aquellas bateas que Iruxe-
ron en otras mayores que tienen los que
lavan en las manos , é los acarreadores
vuelven por mas tierra , en tanto que los
lavadores lavan aquella que primero se
les truxo. Estos que lavan por la mayor
parte son mugeres indias ó negras; por-
que el ofi<;io del lavar es de mas impor-
tancia é mas sgiente y de menos trabaxo
que el escopetar ni que acarrear la tier-
ra. Estas mugeres ó lavadores están as-
senfadas orilla del agua, é tienen las
piernas metidas en el agua hasta las ro-
dillas ó quassi, segund la dispussigion del
assiento é del agua; é tienen en las ma-
nos sendas bateas assidas por dos assas
ó puntas que tienen por assideros, y des-
pués que en la batea tienen la tierra que
se les trae de la mina para lavarla , mue-
ven la batea á balanges , tomando agua
de la corriente con gierta maña é fagi-
lidad é vayven que no entra mas can-
tidad de agua de la que el lavador quie-
re , é con la misma maña é arte , y en-
continente que toma el agua, la vagian
por otro lado é la echan fuera; é tanta
agua sale quanta entra, sin que falte agua
dentro , mojando é deshagiendo la tierra.
La qual se va á vueltas del agua que se
despide de la batea ; é robada poco á po-
co la tierra , llev^ándola tras sí el agua,
como el oro es pessado , váse siempre al
fondo ó suelo de la batea , é como queda
de todo punto la batea sin tierra é queda
el oro limpio, pónelo el lavador á parte,
é torna á tomar mas tierra é lávala, se-
gund que es dicho , etc.
E assi continuando esta manera é la-
bor, cada uno de los que lavan saca al
dia lo que Dios es servido , segund á él
plage que sea la ventura del señor de los
indios é gente que en tal hagienda y exer-
gigio se ocupan. Hásc de notar que para
TOMO L
un par de indios que laven son menester
dos personas que sirvan en traerles tier-
ra , é otros dos que caven ó escopeten é
rompan la tierra 6 hinchen las bateas de
servigio ( porque assi se llaman, del servi-
gio aquellas bateas, en que se lleva la
tierra desde los que la cavan hasta los
que la lavan). Estos indios tstan en la
ocupagion del oro , sin los otros indios é
gQnte que ordinariamente atienden á las
heredades y estangia, donde los indios se
recogen á dormir y genar, y tienen su
habitagion é domigilio : los quales andan
en el campo, labrando el pan y los otros
mantenimientos, con que los unos y los
otros se sustentan y mantienen. Y en
aquellas tales estangias é moradas hay
mugeres continuamente que les guisan de
comer y hagen el pan , y el vino (donde
lo hagen de mahiz ó del cagabi), y otras
que llevan la comida á los que andan en
la labor del campo ó en la mina. De ma-
nera que quando se pregunta á uno que
quántas bateas tiene de lavar en la mina,
y responde que son diez , aveis de en-
tender ordinariamente que el que tal al-
canga tiene ginqüenta personas de traba-
jo , á razón é respecto de ginco personas
por balea de lavar, non obstante que con
menos cantidad de gente algunos las
traen ; pero esto que he dicho se entien-
de quanto á lo conviniente é nesgessario
para andar las bateas bien servidas [Lá-
mina 2.*, fg. 4.").
Sácasse oro de otra manera en los rios
é arroyos ó lagunas de agua ; y es desta
forma. Si es laguna, procuran de la ago-
tar, siendo pequeña y que se pueda ha-
ger; y después labran y lavan aquella
tierra del suelo y cogen el oro que en
ella hallan , segund se dixo de suso. Pe-
ro si es rio ó arroyo el que se ha de la-
brar, sacan el agua de su curso , é des-
pués que está seco, en medio de la ma-
dre , por donde primero yba el agua,
assi como lo han xamurado (que en len-
24
1SG
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
gua ó eslilo do los qu3 son mineros plá-
ticos quiere degir agotado , porque xa-
murar es agotar) , hallan oro entre las
piedras y hoquedades y resquicios de las
peñas, y en aquello que estaba en la ca-
nal de la madre ó principal curso del agua,
por donde primero yba el rio ó arroyo.
Y á las veges , quando una madre destas
acierta á ser buena, hállasse mucha canti-
dad de oro en ella; porque abierta algunas
veges á lo echar la corriente en hoyos,
donde no lo pudo llevar el agua adelante.
Háse de tener por cierto ( segund pa-
rcsge por el efecto) que la mayor par-
te del oro nasge en las cumbres é ma-
yor altura de los montes; pero críasse y
engéadrasso en las entrañas de la tierra;
é assi como lo pare ó echa fuera de sí,
por la abundancia de la materia en las
cumbres, las aguas de las lluvias después,
poco á poco, con el tiempo lo traen y aba-
xan á los arroyos y quebradas de agua
que nasgen de las sierras; non obstante
que muchas veges se halla en los llanos
que están desviados de los montes. E
«¡uando esto acaesge , todo lo circunstan-
te es tierra de oro , é se halla mucha
cantidad por todo aquello. Pero por la
mayor parte é mas continuadamente se
halla el oro en las haldas de los gorros y
en los rios mismos é quebradas, porque
ha mucho tiempo que se recoge en ellos.
Assi que, por una destas dos maneras que
he dicho se saca el oro comunmente en
estas Indias. También se halla algunas
veges que la vena del oro no corre al
luengo para se hager lo que es dicho en
las minas do tierra ó fuera del rio ; sino
para abaxo, hacia el gentro derechamen-
te ó en soslayo, baxando en unas partes
mas que en otras, y esto no es muy dis-
forme de lo que está dicho , porque el
oro, aunque salga por la superfigie, no
nasge alli , sino en las interiores é secretas
partes de la tierra. Y en tal caso hágense
las minas en forma de cavernas é pozos ó
cuevas, y siguiendo el oro , vánlas apun-
tando, porque son peligrosas é cubiertas
debaxo de la tierra; é suelen hundirse al-
gunas veges é matar la gente que las labra,
é destas ha ávido hartas en la Isla Española .
VIL Desta forma que se ha dicho en
el párrafo do suso debieran de ser las
minas que antiguamente y muy riquísimas
ovo en España, segund Plinio escribe *:
el qual digo que debaxo de tierra los que
buscaban el oro apuntaban é ponían cuen-
tos ó columnas de madera para sostener
las cavas ; é digo que los montes estériles
de España, los quales ninguna cosa produ-
gen, son fértiles de oro. Digo mas, que los
españoles en Asturias é Galigia é Lusitania
sacaban veynte mili libras do oro cada año
ordinariamente , y afirma assi mismo que
daba la mayor parte dello Asturias. E ma-
ravillado Plinio de aquesto , digo que no
se halla en alguna parte del mundo, don-
de semejante abundangia de oro oviesse
turado tantos siglos. Pues donde tanta
cantidad de oro se sacaba no es mucho
que sospeche yo que aquel collar de oro
que dixe que se halló en Asturias, fuesse
de la gierva de Sertorio , ó do alguno de
los giorvos de Julio César, que también
residió un tiempo en España. Assi que,
segund el auctor alegado , minas mas ri-
cas avia en nuestra España que acá en
estas Indias é en nuestra Isla se han vis-
to. Quanto mas que allende del oro avia,
é hoy hay en España muchos mineros do
plata y se saca en gran cantidad: é sin
eso , otros mineros ricos tiene de hierro,
é agoró, é coloros, é alumbres, é már-
moles fuertes, é alabastros (do que gran-
des tesoros se multiplican); no solamente
pai'a la cámara é hagienda real de la Ce-
sárea Magostad, mas assi mismo para
muchos caballeros particulares , sus vas-
{ Plinio, libro XXXlII. capílnlo 4.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIH.
187
salios , cuyos son algunos mineros de los
que tengo dicho.
Para mi opinión yo tengo á España por
una de las ricas provincias que hay en el
mundo ; é para colmar sus riquezas quiso
Dios darle por hagieuda accesoria esto-
tras riquezas de nuestras Indias. Mas por-
que yo no tracto aqui de lo de allá (que
aquesto por el mismo Plinio * , y Estra-
bon ^, é Trogo Pompeyo (cuyo abrevia-
dor es Justino ^, é Solino De mirahilibus
mundi*)r é aquel glorioso doctor Isidoro
en sus Ethmologias ^, é todos los aucto-
res auténticos que en España hablan, está
escripto muy verdadera é complidamen-
te) ; sino de las cosas que en estas Indias
hay , que yo he visto y veo , é quantos
acá vienen no lo ignoran, tornemos á
nuestra historia del oro. Digo que quan-
do se labra alguna ribera de rio ó que-
brada , ó en el mismo rio , dentro en las
madres (segund es dicho) , siempre los
que lo sacan mas baxo (digo el agua ayu-
so) lo hallan mas fino, tanto que en me-
dia legua que estén unos lavadores mas
baxos que otros , tiene un quilate ó mas
de ventaja é fineza ; porque quanto mas
corrido es el oro, tanto mas alto y de mas
subida ley es. Pero los que lo sacan mas
alto, el rio arriba, andan mas gerca de
los nasgimientos del oro , y cogen mas
comunmente en cantidad : de lo que se
colige que ese espacio que corre es en
mucho tiempo é años , para subir el qui-
late é refinarse mas. Y que esto sea assi
verdad (aunque no hay nesgessidad de
auctoridades agenas , en lo que acá se ve
cada dia , é yo he visto innumerables ve-
tes) , el mismo Plinio ^ áige que por gol-
pearse el oro en el curso del rio , se afi-
na y pule. Hay otra cosa que es mucho
de notar , y es que como se coge el oro
sin averie tocado el fuego , estando assi
1 P:í., lib. XXXIII, cap. 4.
2 Eslrabon, lib. III.
3, Justino , lib. XXXXIV.
virgen , mas hermoso é lindo color é lus-
tre tiene que después que por los hom-
bres es fundido é labrado : de lo qual se
comprehende claramente , y nos enseña
natura, quánto mas perfectas son sus
obras que las que artificio humano menea
y exergita. Para que se entienda y crea
que el oro nasge en lo alto, y que se
abaxa después á lo baxo , hállase un in-
digio muy evidente que testifican los car-
bones de la leña, y es aqueste. El carbón
se dige que no se pudre debaxo de la tier-
ra ; y yo assi creo que es verdad por es-
pegial propriedad suya, ó á lo menos si
no es en el de todas maderas , tengo por
gierto que en algunas hay este previle-
gio, porque acaesge labrando algunas
minas en las haldas de algún monte (ó
en el comedio ú otra parte del) , é rom-
piendo la mina en tierra virgen é avien-
do ahondado quatro ó ginco cstsdos 6
mas y menos , se hallan allá debaxo , en
el pesso que hallan el oro , carbones, y
antes que topen con él algunas veges.
Y esto es en tierra que se juzga por vir-
gen , é lo está assi para se romper é ca-
var; é están los tales carbones tan fres-
cos , como si el dia antes de hallarlos se
mataran del fuego : los quales no [)udie-
ron alh nasger ó entrar, segund natura,
sino en el tiempo que la superfigie de la
tierra, do se hallan, estaba en el pesso
que los carbones, después entre el oro,,
ó allá debaxo se hallan; y denibáudolos-
el agua de lo alto vinieron á parar é que-
dar alli. E cómo después llovió otras innu-
merables veges (como es de creer) , cayó
de lo alto mas y mas tierra, hasta tanto
que en discurso de muchos años é siglos
fué cresgiendo la tierra, que el agua llevó
sobre los carbones , aquellos estados ó
cantidad que hay al pressente que se la-
bran las tales minas , desde la superfigie-
4 Solino, cap. 34.
5 Isid., lib. XIV, cap. 4.
6 Pii , lib. XXXIII, cap. 4.
188
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Iiasta donde se topan esos carbones. Aver
allí basado los carbones de la manera
([ue he dicho , se prueba assi mismo , por-
que yo he visto en Tierra-Firme , seyen-
do veedor de las fundigiones del ore,
traer ante mí dos mineros (en diversos
tiempos) dos garbillos ó anillos de oro la-
brados de los que suelea traer las indias
é indios en las orejas, redondos como
anillos : los quales se avian sacado é ha-
llado , á vueltas del oro virgen debaxo
de la tierra en mas de dos ó tres estados;
los quales no podian alli aver entrado,
sino de la forma que entraron los carbo-
nes , como es dicho. Deslo se puede pre-
sumir que los tales garcillos ó anillos (pues
eran labrados) ss perdieron en algún
tiempo muchos siglos antes, é las aguas
con el discurso de los años los pusieron
debaxo de la tierra , donde se hallaron.
Y cómo el oro no se corrompe, estaban
enteros, é de tan buen lustre como si
aquel mesmo dia se acabaran de labrar,
6 yo los tuve ambos anillos en mi poder.
Dixe de suso que quanto mas ha corrido
el oro desde su nas^íimiento hasta donde
en el rio se halla, tanto mas está liso y
polido y de mas quilates ó fino en ley:
assi digo por el contrario que quanto mas
Qerca se halla de su vena ó nasgimienlo,
aviendo venido al rio, tanto mas crespo
é áspero es é de menos quilates é valor
(}uc tuviera aviendo corrido, segund es
dicho: é mucho mas se menoscaba é
mengua al tiempo que se funde é mas
agro está , é mas fuego é carbón ha me-
nester é mas tiempo para lo fundir que
no lo ques mas fino. Y assi como en di-
versas partes se saca el oro , assi es de
diversos quilates, é mas alto ó baxo uno
que otro, é pocas veges ó ninguna lo de
una provingia es como lo de otra, en peso
é valor, é color, é bondad.
VIII. Algunas veges se hallan granos
grandes y de mucho pesso sobre la tier-
ra, y á veges debaxo del la, y el mayor
de todos los que hasta agora en aquestas
Indias todas han visto los chripstianos,
fué el que tengo dicho que se perdió en
la mar, al tiempo que se ahogó el comen-
dador Bobadilla, ó otros caballeros, é
mucha gente , quando se perdió la flota
que desta isla yba á España , como se di-
xo en el libro III , cap. VII : el qual pes-
saba tres mili é seysgientos pessos. Lo
qual si Plinio supiera , y de otros muchos
granos que yo he visto que se han halla-
do de la misma manera, mejor dixera por
estas Indias lo que dixo en favor de Dal-
magia, por estas palabras : <(Es rara feli-
cidad que se halle el oro en la superficie de
la tierra , como de 'próximo intervino en la
Dalmaria en el principio de Ñero, donde
cada dia se fundian cinqúejita libras, etc. *.
Recogiéndome á nuestra historia, digo
que yo vi en esta cibdad de Sancto Do-
nimingo, año de mili é quinientos é quin-
ge , en poder del tesorero , Miguel de
Passamonte , dos granos de oro , que el
uno pessaba siete libras, que son septe-
gientos castellanos, y el otro cinco, que
son quinientos castellanos de oro, de
veynte é dos quilates y medio ; y en la
Tierra-Firme he visto otros muchos gra-
nos de giento é dosgientos, é tresgientos
castellanos, e algo mas y menos, é ha-
llados assi mesmo sobre la tierra. Pero
muchas veges he visto gogarse mucho mas
los mineros y señores de las minas con
el oro menudo que con el granado ; por-
que es la mina mas turable é abundante
é se saca mas oro della que do la que
paresge el oro en granos. E haylo algu-
nas veges tan menudo ó volador que es
menester juntarlo con el azogue. Y pues
que los extranjeros no sabrán, leyendo
aquesto , qué peso es el del castellano
que acá en Indias degimos un peso , di-
1 Pliii., lüj. XXXIII, cai). i.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIII.
189
go que un peso ó un castellano es una
misma cantidad, que pesa ocho tomines,
e un ducado pesa seys; de manera que
el peso monta é tiene una quarla parte
mas de peso que el ducado.
IX. Un notable grande se me ofres-
QG, que muchas veces me han dicho hom-
bres muy expertos en sacar oro ; y es que
ha acaesgido yr siguiendo la veta ó vena
del oro por la via que él camina en las in-
teriores de la tierra ó peña ; é tan delga-
do como un hilo, ó un alfiler, é donde
hal!a alguna hoquedad para, é hincha to-
do aquello hueco , ó concavidad , é alli
se hage el grano gruesso , é passa ade-
lante por los poros de la tierra ó peña por
donde la natura le guia; y acaesge to-
marle el minero en aquel viaje que lleva
(ó por do corre el tal oro debaxo de tier-
ra) , é hallarle tan blando como gera blan-
da, é torgerle tan amorosa é fácilmente
entre los dedos, como gera quassi líqui-
da, y en el punto que le da el ayre se en-
duresge.
X. Pues hasta aqui se ha tractado de
las minas del oro, y demás desso se ha
dicho al propóssito del oro todo lo que
mas me ha paresgido que se debia escre-
bir; quiero antes que passe la historia
adelante á otras materias (como en lugar
apropiado á esta), degir como los indios
saben muy bien dorar las piegas é cosas
que ellos labran de cobre é de oro muy
baxo. Y tienen en esto tanto primor y
exgelengia , y dan tan subido lustre á lo
que doran , que paresge que es tan buen
oro , como si fuesse de veynte é tres qui-
lates ó mas , según la color en que que-
da de sus manos. Esto hagen ellos coa
giertas hiervas , y es tan grande secreto
que qualquiera de los plateros de Euro-
pa, ó de otra parte , donde entre chrips-
tianos se usasse é supiesse , se ternia por
riquíssimo hombre , y en breve tiempo lo
seria con esa manera de dorar. Este no-
table no pertenesge á esta isla ni otras
de las comarcanas; porque no se hage
sino en la Tierra-Firme, é allá se vé
mucha cantidad de oro baxo dorado de
la manera que he dicho; pero por ser al
propóssito, quise hager aqui mengiou
desla particularidad (en este libro de los
depósitos). Yo he visto la hierva, é indios
me la han enseñado ; pero nunca pude
por halagos , ni de otra forma sacar de-
llos el secreto , é negaban que ellos lo
hagian, sino en otras tierras muy lexos,
señalando al Sur ó parte meridional.
XI. No es cosa para quedar en ol-
vido lo que intervino á tres labradores
que vinieron á esta Isla Española , natu-
rales de las Garrovillas, que quisieron
experimentar su fortuna : los quales sa-
lieron de España en compañía en una
nao , é llegaron á esta cibdad de Sancto
Domingo en tiempo que el comendador
mayor de Alcántara gobernaba esta isla.
E venidos aqui , assi como se desembar-
caron , pidieron luego una gédula que
los ofigiales del rey daban, para yr á
sacar oro (porque sin esta ligengia nin-
guno puede y rio á buscar), é con esta fué-
ronse á las minas nuevas que están á
siete leguas desla cibdad. Y después que
alli estovieron ocho ó quinge dias , ca-
vando é como hombres de poca expe-
riengia trabajando en buscar oro, sin
aver hallado alguno, estando un dia
muy arrepentidos de su venida acá , y
sentados debaxo de un árbol á merendar
y tomar un poco de aliento y reposso,
para volver á su exergigio ; comengaron
á hablaren su venida á esta tierra, con-
doliéndosse de sí mismos y expresaban
sus cuytas, como lo suelen hager los
hombres baxos y de poca suerte é ruin
ánimo , que no saben comportar callando
sus faltas é miseria é se remiten á la len-
gua. El uno dcgia que avia vendido los
bueyes de su labranga , con que traba-
jando , sostenía su pobreza en Castilla , é
vivia tan bien como otro labrador de los^
190
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de su tierra. El otro con la mesma pas-
sion acudía, dÍQÍendo que avia vendido
el dote de su muger é lo que él tenia,
con que en una nesgessitada (pero re-
possada vida) se sustentaba con su mu-
ger é hijos, y que se via desterrado de-
lta y dellos, y sin esperanga de volver ú
donde los avia dexado en mucha pobre-
ra , á causa de su ausengia. El tergero
no sentia menos dolor que entrambos ; é
también daba de sí la mesma quexa que
los otros, digiendo que para qué avia
nasgido é otros desvarios tales; é des-
pués que ovo dicho mas querellas contra
sí que sus compañeros , por aver venido
á esta tierra , comengó á blasfemar é mal-
degir á Danao , que fué el primero que de
Egipto condugió naves en Gregia * , por-
que primero navegaban las gentes con
vigas ó maderos atados juntamente , lo
qual fué invengion del Rey Erithra en el
mar Roxo ; y no loando á Jasson , que
digen que fué el primero que usó nave
luenga, escupía contra Amocle, inven-
tor de las galeas triremes ; vituperaba los
cartagineses , inventores de las galeas
quinque-remi ; injuriaba á los feniges,
por aver enseñado la navegagion, ob-
servando el curso de las estrellas, con
todos los otros que tal arte aprendieron;
é sobre todos oraba mal siglo á Colom
que el camino destas Indias enseñó. Y
después que se hartó de hablar desati-
nos, tornó en sí con un poco de mas
ánimo , viendo que sus lamentagiones
eran por demás é comengó á consolar á
sí é sus compañeros, é degia que «e?i
una hora no se avia ganado Zamora, y
que Dios es grande, y lo que no avian
hallado, él se lo daría, quando le plu-
guiesse, para que se volviessen á sus
tierras á descansar é consolar á sus mu-
geres é hijos , é alegrar á sus parientes
é amigos. E á este propóssito hablando,
y los otros y él á menudo sospírando en^
ternesgidos sus ojos , y aun con algunas
lágrimas acompañados, vido uno dellos,
á mas de veynte passos de donde esta-
ban, relugir por el sol un grano de oro,
y levantóse digiendo: «Aun podría ser
que se nos quitasse este rencor.» Y fué
donde le guió la claridad de la rever-
veragion que el rayo solar hagia en el
oro , é halló un grano de quince ó veyn-
te pessos de oro , é comengó á saltar de
plager , besándole y dando gragias á Dios.
E sus compañeros acudieron á parti-
gipar de la mesma alegría, é miran-
do á una parte é á otra, hallaron otros
muchos granos mayores é menores. Y
por no me detener , digo que sobre la
superíigie de la tierra y escarvando, co-
mo hombres menos diestros que ven-
turosos, se descalgaron giertas bolas
ó borgeguis, é hinchéronlos de gra-
nos de oro en que avia quassi tres mili
castellanos ó pessos de oro é vinieron á
esta cibdad, no gessando de rogar á
Dios por el ánima de Colom , é bendí-
giendo el arte de los marineros y de
quien primero se quexaban. É dieron
notigia desto al comendador mayor, que
era gobernador como he dicho; pero
fué quando no lo pudieron encobrir,
porque las minas estaban ya acotadas por
el rey.
Y como estos hombres eran de gerca
de su tierra del comendador mayor, quí-
solos ayudar, é no llevar por el rigor
porque gogassen de su ventura, pues
Dios se la avía dado : antes los favores-
gíó aquel buen gobernador, el qual con
toda esta cibdad ovieron extremado pla-
ger con la nueva y efeto de tan ricas
minas; porque hasta entonges no se avía
visto tanto oro, junto con tanta facilidad
y brevedad, allegado assi. Y no se pudo
acabar con estos hombres que quisíessen
i Plin., lib. Vil, cap. LVI.
DE INDIAS. LIB VI. CAP. VIH.
491
sacar mas oro^ ni estar mas en la tierra;
Q como eran villanos, é gente de cor-
tos pensamientos, pares^iéndoles que con
aquello que tenian eran muy ricos y fue-
ra de nesgessidad , y que era mucho mas
de lo que meregian sus personas, en la
misma nao que avian venido, se tornaron
á España.
En estas minas sacó después el ligen-
giado Begerra, médico vegino destacib-
dad, ginco ó seys mili pesos de oro, é
después se tomaron aquellas minas por
el rey; y como erannasgimientosdeoro,
sacáronse muchos millares de pesos de
oro para los Reyes Cathólicos. Dio causa
esta nueva que en breve tiempo (por lo
que en España predicaron estos de las
Garrovillas ) viniessen muchos labradores
ó otros hombres de mas calidad á esta
isla á experimentar su dicha. E muchos
dellos murieron en la demanda , é tam-
bién otros ha ávido remediados que se hi-
gieron ricos ; porque en fin no sacan to-
dos oro con igual ventura : que á unos
paresge que se les va el oro á la mano y
de otros huye , como suele acaesger en
otras cosas de hagiendas , en que los
hombres entienden. E con esto que he
dicho me paresge que he complido con
lo que toca á los metales desta Isla Espa-
ñola, después que haya dicho lo que he
sabido y es notorio en lo de la plata: de lo
qual en la primera impression deste tracta-
do passo con silengio , por no estar gerti-
ficado que la avia en esta isla. Agora digo
que en las minas del Cotuy se ha hallado
é se han fecho algunas piezas é vasos ó
copas della en poca cantidad; pero en
efeto se halla é la hay, y muy buena, é al
pressente algunos veginos se ocupan con su
gente é negros en la sacar 6 eñ cantidad.
Pues he seydo largo en este capítulo
porque la materia lo sufre, y eranesges-
sario hagorse assi , quiero acordar al que
me oye que, como prudente letor, quiera
colegir deste capítulo y lo que contiene,
qué grandíssimo tesoro avrá ydo á Espa-
ña desta isla y de las otras que están po-
bladas de cbripstianos y de la Tierra-
firme ( después que estas tierras se des-
cubrieron ) en oro puro é virgen , sin aver
en otra nascion alguna ( primero que en
españoles) entrado. Y no tan solamente
para los reyes de España (cuyo es este
imperio é riquíssimo señorío), sino mu-
cho mas para sus vassallos é subditos,
(porque el rey no lleva sino el quinto de
sus derechos, y en algunas provingias
por hager merged á sus vassallos no lle-
va sino diezmo ó menos); allende de los
muchos quintales de plata que del Perú
é de la Nueva España se han llevado , y
sin innumerables marcos de perlas y al-
jóphar, y sin otras granjerias grandes é
de mucha importangia que hay en estas
tierras , de que tantos provechos resultan
en el mundo todo. Por gierto aquella es-
tatua llamada Holosphiraton \ y la otra
de Leonino , que fué el primero de los
hombres que en el templo de Delphos
puso assi mismo una estatua de oro ma-
giga ( que fué en la septuagéssima olim-
piade ) , muy mejor la meresge don
Chripstóbal Colom , primero descubridor
é inventor destas Indias , y primero al-
mirante deltas en nuestros tiempos ; pues
no como Leonino que, mostrando arte
oratoria , allegó el oro de su estatua , si-
no como animoso é sabio nauta é vale-
roso capitán , nos enseñó este Nuevo
Mundo , tan colmado de oro , que se po-
drían aver fecho millares de tales esta-
tuas con el que ha ydo á España y con-
tinuamente se lleva. Pero mas diño es de
fama y gloria por aver traydo la fé ca-
thólica donde estamos , é á todos estos
indios en que por la gragia de Dios, nues-
tro Señor , cada día se aumenta la reli-
1 Plinio, libro XXIII , capitulo 4.
492
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
gion chripstiana. Ved de quánto mérito aquel, cuya industria fué principio de
é inmortalidad es el nombre é ánima de tanto bien.
CAPrruLOix.
Cómo el historiador prueba que en oirás parles del mundo se usaron los sacrifi9¡os de matar hombres é
ofrescerlos (entre los antiguos) á sus dioses , y en muchas partes assi mismo se acostumbró comer carne
humana, y al présenle se hace en muchas partes de la Tierra-Firme destas Indias y en algunas islas.
Ln muchas partes de la Natural Historia
de Plinio dige que comen los hombres
carne humana * , assi como los antropó-
phagios, que son gente de los sgythas-
Y el mesmo auctor dige questos antropó-
phagios , ó comedores de carne humana,
beben con las cabegas de los hombres ó
calavernas; y que los dientes, con los
cabellos de los que matan , traen por co-
llares, segund que escribe Isigono Nigen-
se. Esta gente dige Plinio que habitan
diez jornadas sobre Borístenes.
Estos collares tales he visto yo muchas
veges al cuello á algunos indios en la
Tierra-Firme ; en la qual , en muchas par-
les della , comen carne humana é sacri-
fican hombres é mugeres é niños, é en
todas edades, y también la comen en las
islas gercanas á estas, de quien he trac-
lado. Y donde puntualmente se sabe yes
ordinario tal delicio, es en la Dominica y
la de Guadalupe y Matinino y Sancta
Cruz y otras por alli comarcanas. El Tos-
tado (alias Abulensis) sobre Eusebio De
los tiempos^, tractando de las costiimbres
de la gente de Tragia , dige que entre
otras cosas , las quales son mas fabulosas
que verdaderas destos de Tragia, es una
que á los extrangeros que ellos prenden,
los ofresgen á sus Dioses , matándolos é
hagiendo dellos sacrifigio , etc. Pero en
Tierra-Firme, sin fábula ni ficgion, sino
con mucha verdad , se puede testificar lo
mismo ; y porque de suso dixe que Plinio
en muchas partes de su historia tracta
desta materia, tráela en el libro XXVIll,
hablando de las mediginas de hombres é
de animales grandes, é dige que en esta
materia quiere comengar del hombre, bus-
cando en él la utilidad del hombre, bien
que grand dificultad en esto haya, é dige
assi: «Beben los pueblos la sangre de los
gladiatores [id est de los esgremidores ó
acuchilladores) , para huyr del mal ca-
duco (ó gota coral que comunmente de-
gimos) , puesto que nos dé no poco hor-
ror ó espanto, quando vemos que las fie-
ras en el mesmo teatro la beben» '. Este
teatro era un lugar diputado para los jue-
gos, donde los gladiatores se mataban
combatiendo, é también otros animales.
Assi que, prosigue este auctor é dige:
«Mas aquesta mesma sangre digen aver
mas eficagia contra el morbo ya dicho ó
enfermedad , si se bebe caliente , chupan-
do la herida del hombre (aun no muerto),
é el ánima juntamente con la sangre ; lo
qual sea lígito aver dicho con ánimo mas
feroz , que no es el ánimo de todas las
fieras. Algunos buscan la medula ó tué-
tanos de las piernas, y clgelebro, id est,
los sesos de los pequeños niños de teta.
E muchos hay de los griegos que han des-
cripto el proprio sabor de cada miembro
humano, ninguna cosa olvidando hasta
las cortaduras de las uñas , como si juz-
gassen que sea ó paiezca sanidad tornar-
se de hombre fiera é diíjno de enferme-
i Pli., üb. Vil, cap. 2.
2 Abul.,iib. III, cap. Í68.
3 Pli., üb. XXVlIl, cap. 1.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. IX.
193
dad é no de gragia de medicina : lo qual
no se hace sin gran degepgion ó engaño,
si no aprovecha. Es esgelarada ó malva-
da cosa mirar solamente las interiores del
hombre, luego ¿quánto mas será comer-
las?» Todo lo susodicho es de PUnio en
el lugar alegado , y caso que dixesse de
suso chupar el ánima con la sangre , vis-
to es que la ánima no se puede chupar é'
es inmortal, é PUnio no lo ignoraba. Pe-
ro como hombre , á quien no satisfagia,
ni agradó talmedegina, dige que, pues es
maldad mirar las interiores partes del
hombre, que será mucho mas, sin com-
paración, comerlas.
Y donde tracta lo que es dicho, toca
otras cosas muchas á este propóssito , en
que no me quiero detener, ni aqui lo di-
xera, sino para que se entienda que no
solamente los indios son los cul¡¡ados en
esta culpa; y lo que tocare á ello, yo lo
diré mas largamente en la segunda parte
y tergera desta Historia natural de Indias y
assi quando se tráete de Nicaragua é Na-
grando , é de la Nueva España , como de
otras provincias , donde tal crimen se ha
exergitado. Solamente lo truxe aqui para
complir con el título deste sexto libro de
los depósitos ó diversas materias ; porque
no le falte aquesta, que tan diversa é apar-
tada es de todas , y muy usada entre los
indios caribes, é los que lis man choro-
tegas, y otras nasgiones destas gentes sal-
vages é crudos. E no sin causa permite
Dios que sean destruydos ; é sin dubda
tengo que por la moltitud de sus delictos
los ha Dios de acabar muy presto , si no
toman el camino de la verdad , y se con-
vierten; porque son gente cruel, y apro-
vecha poco con ellos castigo, ni halago,
ni buena amonestación. Son sin piedad,
é no tienen vergüenza de cosa alguna:
son de péssimos desseos é obras, é de
ninguna buena inclinación. Bien podria
Dios enmendarlos; pero ellos ningún cui-
dado tienen de se lo suplicar , ni de se
corregir ni enmendar para su salvagion.
Podrá muy bien ser que los que dellos
mueren niños, se vayan á la gloria, si fue-
ren baptizados ; pero después que entran
en la edad adolescente muy pocos des-
sean ser chripstianos , aunque se bapti-
zen ; porque les pare=ce que es trabajosa
orden , y ellos tienen poca memoria é assi
quassi ninguna atención en lo que les con-
viene, é quanto les enseñan , luego ó muy
presto se les olvida. Bien puedo decir yo
y otros aquesto : que los avemos criado
á algunos destos desde niños, é cómo
llegan á edad de conoscer mugeres, ó
ellas conoscen á ellos carnalmente, dán-
se tanto á tal vicio, que ningún bien, ni
otra cosa tienen en tanto prescio , como
este pecado de su libídine, é usar de
crueldad ; é assi los va pagando Dios,
conforme á sus méritos.
¿Mas qué diremos que en el medio del
mundo, ó lo mejor del que es ItaHa y
en Secilia, fueron los que llamaron -cí-
coples y los lestrigones? Y también de la
otra parte del Alpe se sacrificaban hom-
bres, segund Phnio escribe *; y en Fran-
cia ovo tal costumbre, é Tiberio, empe-
rador, se la quitó, como el mesmo auc-
tor lo acuerda. Y no menos culpados
fueron en esto los ingleses ; y porque no
puedan decir los unos ni los otros que
yo se lo levanto , quiero decirles las pa-
labras puntuales que escribe Plinio , ha-
blando en el arte mágica, y en estos dia-
bólicos sacrificios : «En el año de septe-
Cientos é cinqüenta é siete después de la
edificación de Roma, en el consulado de
Cornelio Léntulo y de Publio Licinio
Crasso , fue hecha una deliberación en el
Senado, en que se mandó que ningún
hombre fuesse sacrificado , é por un cier-
to tiempo no se celebró abiertamente tan
TOMO I.
i Pli., lib. VII, cap. 2,
25
194
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
prodigioso sacrificio ; mas en Frangia se
sacrificaba hasta nuestro tiempo (que fue
hasta el tiempo de Plinio). Empero Tibe-
rio ^ésar quitó esta generagion de ade-
viuos é médicos ; pero ¿qué diré yo que
aquesta arte passó el mar Ogéano é llegó
á Inglatecra é alli Xue gelebrada con tan-
ta gerimonia, que paresgia que los in-
gleses lo avian enseñado á los de Per-
sia? etc. *» Esto que he dicho dige Pli-
nio , y no yo ni otro , de quien frangeses
ni ingleses sospechen que les levantan
esta mala é infernal costumbre que en
algún tiempo sus antepasados usaron.
Passemos á las otras cosas de nuestra
Historia General de Indias : que quando
sea tiempo, mas puntualmente se dirá
desta materia en las provingias que en
tal delicio han partigipado , é se usó ó
usa tamaño crimen.
CAPITULO X,
Que Irada de la diversa costumbre que en estas parles tienen los gallos é los capones en el cantar é tomar
las gallinas , é assi incsmo los gatos en sus ayuntamientos , lo qual no es como lo usan en Europa, etc.
JLiOS gallos en España é otras partes mu-
chas de los chripstianos (é aun assi pien-
so yo que en Europa toda y en la mayor
parte de lo que se sabe) cantan á media
noche y quando quiere amanesger , é aun
algunos é los mejores cantan tres veges ó
en tres partes de la noche ; conviene á
saber : la primera después que es de no-
che dos ó tres horas, é la segunda pun-
tualmente á media noche , y la tercera é
última vez cantan un quarto de hora an-
tes de la aurora , ó que quiera amanes-
ger. Esto es muy común á quantos quisie-
ren mirar en ello. En estas nuestras In-
dias hagen su ofigio ó cantar de otra ma-
nera ; porque algunos dellos cantan á
prima noche, ó dos horas después de
anochesgido, y otra hora antes que ama-
nezca , ó sea de dia ; pero nunca á me-
dia noche. Otros cantan á la primera
guarda ó vigilia, é no cantan mas en al-
gún otro tiempo de la noche , hasta que
otro dia se pasa, é tornan á cantar á
aquella misma hora que suelen. Por ma-
nera que , como tengo dicho , unos can-
tan la primera é última vez ó una dellas,
é nunca jamás á media noche, é los mas,
por la mayor parte , acá cantan hora é
media ó dos antes que el sol salga ó pa-
rezca en el horigonte; é otros, ó los mas,
algo mas gerca del dia, é no lo dexan ni
gessan de cantar de rato en rato , hasta
que el sol es salido é levantado sobre el
horigonte mas de una langa, al paresger.
Los capones acá tienen la misma orden
que los gallos en el cantar ; é aunque los
capen , no dexan la mayor parte dellos
de cantar, como si no los caponaran,
aunque su canto no es tan regio ni claro
como el del gallo. E demás desto , no
dexan , porque les falten los granos , de
tomar las gallinas , como el gallo ; y sin
aver gallo visto las gallinas , ponen hue-
vos, de la conversagion ó compañía de
los capones. Esto se ve en esta tierra, y
yo lo quise experimentar en esta forta-
leza : é pollas que se crian sin que vean
los gallos, teniéndolas aparte é criándose
con los capones , han fecho lo mismo, de
la manera que lo tengo dicho. Mas dí-
genme estas mugeres de mi casa é otras,
á quien lo he preguntado , que los tales
huevos no valen nada para echar las ga-
llinas, ni sacan pollos con ellos.
\ Plin. ,lib. XXX, cap. I.
DE INDIAS. LIB. IV. CAP. X.
19íi
Quañto á los gatos , digo que en Espa-
ña é Frangía , é Italia , é Segilia , é todo
lo que yo he visto de Europa é de Áfri-
ca , quando ellos andan en gelo é los lla-
ma la natural inclinagion para sus ayun-
tamientos , es en el mes de hebrero por
la mayor parte , ó quinge dias antes ó
después del tal mes ; y en todo el otro
tiempo del año están apartados de luxu-
ria, y no se toman , ni por pensamiento,
ó muy rarísimas veges se podría ver otra
cosa. En estas Indias guardan los gatos
otra costumbre : la qual es obrar en to-
dos los meses y tiempos del año , y es
con menos voges é gritos que en Europa:
antes por la mayor parte callando , y no
enojando los oydos de los vegínos , han
sus ayuntamientos. Por gierto (para mí á
lo menos), quando estudiaba de noche,
ó por mi recreagion leia en España , mu-
cho aborresgimiento y enojo me daban
los gatos , al tiempo de sus pendengias ó
amores; pero acá, como he dicho, or-
dinarios les son todos los meses y tiem-
pos para sus ayuntamientos, é sin gritos
ni voges. Y asi se han multiplicado mu-
cha cantidad dellos y se han ido al mon-
te, ó por esos arcabucos ó boscajes, y se
han hecho salvajes; porque hallan mu-
chos ratones é lagartijas que comer y en
que se geben; y assi olvidan las casas é
nunca vuelven á ellas. E lo mismo han
hecho los perros., de los quales hay tan-
tos en esta isla , que hagen mucho daño
en el ganado. Pero la experiengia ha
mostrado el remedio que aquesto tiene,
y es que después que el gato ó el perro
son de tres ó quatro meses é antes , cor-
tantes las orejas, y sosiegan en casa, por-
que si salen al campo, éntraseles el rogío
de las hiervas y el agua en las orejas , ó
lloviendo, é ésles mucho sinsabor; é assi
acójense á lo cubierto, é no se van al
monte.
CAPITULO XI.
De un monstruo que ovo en esta Isla Española en el tiempo que se escrebia en limpio esta Historia Na-
tural, de dos niñas que nascieron juntamente pegadas, en esta cibdad de Sancto Domingo; é cómo fue.
ron abiertas , para ver si eran dos ánimas é dos cuerpos ó uno.
JLl Antonio Sancto , argobispo de Flo-
rengia , en la tergera parte de su histo-
ria , describiendo el año de mili é tres-
gientos é catorge , dige que aquel año en
el territorio del valle de Amo , nasgió un
muchacho con dos cabegas, y fué lleva-
do á Florengia á Sancta María de la Es-
cala , y que á cabo de veynte dias mu-
rió *. De lo qual yo comprendo que
pues á aqueste sancto varón (é por tal
canonigado, é puesto en nuestros tiem-
pos en el cathálogo de los sanctos) le
paresgió que con las otras sus historias
era bien hager mengion de lo que en su
tiempo acaesgió , que no será fuera de
mi propóssito y Natural y general historia
de Indias hager mengion yo de otro
monstruo que en ellas se vido, en el tiem-
po que yo escrebia estas materias ; pues
que lo vi , y es cosa muy notable é dig-
na de ser sabida en el mundo , porque
una obra de natura, y que raras veges
acaesge, no quede en olvido. En espe-
gial que del nuevo monstruo que yo aqui
escribo , se deben alegrar los que lo vie-
ron , y los que aquesto leyeren en que-
dar gertificados que subieron dos ánimas
al gielo á poblar aquellas sillas que per-
i El Ant. de Floren9¡a , lib. III , § 7, en la tercera parle de su hist.
196
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dio LuQÍfer y sus secages. Pues dos ni-
ñas que juntas nasQieron , resgibieron el
sacramento del baptismo , conforme á la
Iglesia, é vivieron ocho dias naturales,
de tal forma compuestas , sin fealdad ó
defecto asqueroso de los que natura sue-
le mostrar en los monstruos humanos,
dexaron grand admiragion á quantos las
vimos. Allende dé lo qual eran tan bien
proporgionadas estas criaturas, que cada
una dellas fuera muger hermosa, vi-
viendo, si no estuvieran assi juntas.
Viniendo á particularigar el caso , di-
go que en esta cibdad de Sancto Domin-
go de la Isla Española , jueves en la no-
che, diez dias de julio de millé quinien-
tos é treynta é tres años, Melchiora,
muger de Johan López Ballestero , vegi-
no desta cibdad, naturales de Sevilla,
parió dos hijas juntas, pegadas la una con
la otra, de la manera que adelante diré:
las quales luego otro dia siguiente por la
mañana yo las vi, juntamente con la jus-
iigia é algunos regidores, é otras perso-
nas pringipales , y muchos veginos nues-
tros y otros forasteros y estantes en esta
cibdad, é algunos religiosos é personas
sgientes. Y estando la madre en la cama,
presente su marido , á contemplagion de
los que he dicho , desenvolvieron aque-
llas criaturas ; y desnudas, vi que estaban
desde el ombligo arriba pegadas por ios
pechos hasta poco antes de las tetas; de
forma que ambas tenian una vid , ú om-
bligo común y solo para las dos. Y de
alli arriba pegadas las personas hasta los
estómagos ó poco mas alto ; pero des-
tintas las tetas , é los pechos é todo lo
demás de ahy arriba , con cada dos bra-
gos é sendos pesqüegos é cabegas gra-
giosas y de buenos gestos. E del ombli-
go abaxo estaban separadas cada una por
sí ; pero este ayuntameiento no era de
derecho en derecho, sino algo ladeado,
como adelante diré. Cómo las ovieron
desenvuelto é quitado de las faxas, co-
mengaron ambas á llorar, y después
quando las cubrieron , calló la una , y la
otra todavia lloró un buen espagio. De-
gia su padre que, assi como nasgieron,
las avia hecho baptizar á un clérigo , y
que á la una llamaron Johana é á la otra
Melchiora; é á cautela dixo el clérigo,
baptigada la una (quando baptizó la otra):
«Si no eres baptizada, yo te baptizo.»
Porque él no se supo determinar si eran
dos personas é ánimas, ó una.
Siguióse después á los diez é ocho
dias del mes é año ya dichos , que á cau-
sa que la noche antes estas niñas ó
monstruo estaban muertas , sus padres
vinieron en consentimiento de las abrir;
y puestas en una mesa, el bachiller Johan
Gamacho, óptimo girujano, en presen-
gia de los doctores de medigina, Her-
nando de Sepúlveda é Rodrigo Navarro,
las abrió con una navaja por á par del
ombligo , é les sacó todas las iateriores;
é tenian todas aquellas cosas que en dos
cuerpos humanos suele aver , conviene á
saber: dos asaduras, é sus tripas des-
tintas é apartadas, é cada desriñones, é
dos pulmones, é sendos coragones, é
hígados, é en cada uno una hiél, ex-
gepto que el hígado de la una é de la
otra estaban juntos y pegados el uno al
otro ; pero una señal ó línia entre ambos
hígados, en que claramente se paresgia
lo que pertenesgia á cada una parte. E
assi abiertas estas criaturas, paresgió
que el ombligo ó vid que en lo exterior
era uno al paresger, que en lo interior é
parte de dentro se dividía en dos caños
ó vides , é cada una dellas yba á su cuer-
po é criatura , á quien pertanesgia , aun-
que por defuera , como he dicho , pares-
giesse uno solo.
E desde la dicha vid para abaxo estaban
estas niñas distintas, é apartadas una de
otra por sí , en vientres y caderas é pier-
nas é todo lo demás que puede tener
una muger tan perfectamente , como si
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XI.
lo-
cada una estoviera por sí suelta y sepa-
rada. Y desde la vid ó ombligo para
arriba estaban pegadas las personas has-
ta la boca del estómago ó poca cosa
mas ; é cada una tenia dos tetas , é la
mayor de las niñas tenia por el costado
derecho mas pegada la persona que por
el siniestro á la otra niña. Assi que, la
parte derecha de la mayor con la sinies-
tra de la menor estaban mas allegadas é
juntas que por la otra parte ó costados;
mas muy distintas y enteras conosgida-
mente cada una por sí. Y en lo demás
y desde donde las costillas se juntan so-
bre la boca del estómago para arriba,
estaban asidas hasta medio pecho , é lo
demás suelto é apartado é destintos sus
pechos y bragos é cuellos é caberas, sin
faltar en las manos é pies ningún dedo,
ni uña , ni otra parte particularidad al-
guna á ninguna destas criaturas. Pre-
guntando al padre desta monstruosidad
á qué hora avian fallesgido sus hijas, dixo
que la noche antes á media hora antes
que anochesgiesse avia expirado la ma-
yor, é que desde á una pequeña hora ex-
piró la otra , y que otro tanto tiempo an-
tes avia nasgido , y mostrádosse primero
la mayor antes que la segunda nasgies-
se. De forma que tanto vivió en esta vi-
da, fuera del vientre, la una como la otra:
é todo lo que vivieron fueron ocho dias
naturales de la forma que es dicho. Fué
preguntado si estas criaturas en el tiem-
po que vivieron , si mostraban alguna di-
ferencia en el alimentarsse , y en los otros
sentimientos é obras : dixo que algunas
veges la una lloraba y la otra callaba; é
aquesto yo lo vi, quando la pVimera vez
á mí é á otros muchos se enseñaron ó
las vimos, como he dicho de suso. E di-
xo mas: que algunas veges dormia la una
y la otra estaba despierta, y que quando
la una purgaba por baxo ó hagia orina,
que la otra no lo hagia , y que también
acaesgia hager lo uno y lo otro en un
tiempo ambas criaturas, é á veges se an-
tigipaba la una de la otra. Por manera
que muy claramente se conosgia ser dos
personas é aver alli dos ánimas é di-
verssos sentidos, aunque no las abrieran;
pero después se verificó mas, seyendo
abiertas. E assi la una con nombre de
Johana é la otra de Melchiora , passaron
desta vida á la gloria gelestial , donde
plega á Nuestro Señor que las veamos.
Yo las vi, como he dicho vivas, é las vi
abrir después de muertas : é paresgeme
que es muy mayor notable ó admiragion é
caso menos veges visto , ni oydo que el
que se tocó de suso que escribe el Anto-
nio de Florengia, y lo uno y lo otro para
dar gragias á Nuestro Señor é notificarsse
á los presentes y porvenir.
CAPITULO XII.
De algunas fuentes en general , y de una en especial , que está en la mar , al poniente desta isla , ^erca de
la isla de la Navaja.
hjn esta materia de las fuentes é lagos aquel tractado de sus Ethmologias, De di-
é rios hay mucho que degir , y por mu- versitale aquarum * ; é bien pudiera yo
cho que yo escriba no será tanto como lo hager un libro distinto , é no fuera el mas
que escribió Plinio en el segundo libro de breve de los desta mi Natural y general
su Historia natural * , ó el Isidoro en Historia de las Indias , ni de menos admi-
1 Plin. , lib. II, cap. 2.
2 Isid.,Ub. XIII, cap. 13.
Í9S
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ragioQ que otros. Mas cómo en las par-
tes é provingias ó islas del discurso destas
historias, yo he escripto algunas cosas en
particulares lugares destas fuentes , é ha-
ré lo mesmo en la segunda é tergera par-
te , quando se tráete de la Tierra-Firme,
no hay nesgessidad de libro particular
para solo este efocto. En el libro II, ca-
pítulo IX, escribo de aquella fuente é
árbol maravilloso de la isla del Fierro,
que es una de las de Canaria , y en el li-
bro XVII , capítulo VIH , escribo de una
fuente de betún que hay en la isla de Cu-
ba ó Fernandina , y en el libro XIX, ca-
pítulo II , escribo de otra fuente de betún
ó cierto licor que hay en la isla de Cu-
bagua , ó isla de las perlas , que cada una
destas fuentes en su espegie é manera
son maravillosas y muy notables. Agora
diré de otra fuente que está en la mar,
cerca de la isla Navaca , al poniente des-
ta Isla Española , la qual novedad cabe é
quadra muy bien con el título deste sexto
libro de los depósitos. Esta isla Navaga
es una isla despoblada é pequeña , é está
en el camino é mar que hay entre aques-
ta Isla Española é la de Jamáyca ( alias
Sanctiago ) , é á doge leguas de la una é
de la otra , poco mas ó menos : la qual
dista de la línia equinogial algo menos de
diez é ocho grados y medio. A media le-
gua desta isla Navaga dentro en la mar,
hay giertos baxos , é allí en ellos , deba-
xo del agua de la mar , viéndose á ojo
las piedras y el suelo, entre aquellas pe-
ñas bien un estado de hondo en el agua
salada , se levanta engima del agua de la
mar un golpe ó caño de agua dulge de
muy buena agua (lo qual es cosa mucho
de ver y de maravillar, y de las raríssi-
mas obras de la natura); y es mas gruesso
aquel caño ó golpe de agua que el brago
de un hombre , y levántasse tanto esta
agua dulge sobre la otra agua salada , que
se puede muy bien coger la dulge. Yo no
la he visto; mas quando esto escribí, es-
taba en esta cibdad un cibdadano honra-
do, nuestro vegino , hombre de crédito é
antiguo, que se llamaba Esteban de la
Roca, que testificó averia visto é estado
á par della , é bebido de la mesraa agua;
y fué uno de los hombres á quien en es-
tas partes se daba mucho crédito , el qual
passó desta vida después que la primera
vez se imprimió esta primera parte desta
Natural Historia de Indias. Y después en
el año que passó de mili é quinientos é
quarenta y uno fui informado de muchas
fuentes semejantes (ó quassi) á esta de la
Navaga , que se levantan é surgen é es-
tán dentro de la mar, é la horadan é sa-
len fuera sobre el agua salada á borbo-
llones , como mas largamente podrá el
letor verlo en el tractado particular que
habla de las cosas de la gobernagion é
provingias de Yucatán, en el lib. XXXII,
cap. II: que son cosas muy notables lo
que dexo de degir aqui , pues que des-
tas fuentes é de las otras que de su-
so se apuntaron está adelante mas par-
ticular relagion , en sus proprios nasgi-
mientos.
CAPITULO XIII.
De una fuente caliente que passa debaxo de un rio dulce é frió en la isla Dominica : la qual el auctor ha
experimentado, é estado dos veces alli , donde vido lo que en este capítulo di9e.
JL ues se ha movido la materia, quiero ble é puédese tocar, la qual está en la
traer á la memoria del letor otra fuente, isla Dominica ; y esto no lo testificaré por
sobre que muchos hombres suelen passar otro auctor alguno, sino por la experien-
é pissarla sin la ver. Assi que, es invisi- gia mia propria , lo qual es desta mane-
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XIII.
199
ra. Dicho tengo en otras partes que la
isla Dominica es una de las islas de los
indios caribes , la qual dista de la equi-
nogial catorge grados desta parte de la
línia hágia nuestro polo ártico , y en la
parte del poniente della tiene una bahia
buena y un muy buen rio que llaman el
Aguada, donde los mas navios que á esta
Isla Española vienen de Castilla, quando
alli tocan, toman aguas; mas muy sobre
aviso é con las armas en la mano, por los
indios bravos caribes que en aquella isla
hay. Yo estuve en tierra dos dias y me-
dio é dormí dos noches á par deste rio
que digo , el año de mili é quinientos é
catorge , quando tocó alli el armada, con
que el gobernador Pedradas Dávila con
dos mili hombres ó mas, passó á la Tierra-
Firme: después de lo qual, el año de mili
é quinientos é veynte é seys, estuve otra
vez en el mismo puerto , é salí en tierra
é estuve quassi un dia entero á par del
mismo puerto en este rio del Aguada,
quando passó á Tierra-Firme el goberna-
dor Pedro de los Ríos , subgessor que fué
de Pedrarias en la gobernagion de Castilla
del Oro ; y ambas veges vi y experimen-
té loque agora diré. Este rio, alli donde
entra en la mar, será de veynte passos de
ancho , poco mas ó menos , y en lo mas
hondo del , que es alli á la boca , no lle-
ga á los sobacos (donde es mas hondo);
é junto á la costa ó tierra á la parte del
norte está tan caliente debaxo del agua,
que baxando la mano é tomando un puño
de arena, paresge que toma hombre otro
tanto rescoldo ó geniza muy engendida,
quassi á no se poder sufrir. Eassi está el
agua muy caliente alli debaxo hasta un
palmo ó poco mas sobre la arena ; y la
otra agua que el rio trae por desuso es
fresca é buena , é tan gentil agua de be-
ber, como la hay en todas estas Indias.
Por manera que alli debe responder al-
gún arroyo ó caño de agua caliente : lo
qual yo creo bien, porque hasta tresgien-
tos pasos ó menos de alli apartado , en la
misma costa de la mar é hágia la banda
aparte que he dicho del norte, está un
arroyo caliente que no se puede beber; é
gerca de aquel un estaño ó lago tan vuel-
to é turbio que paresge de color de una
lexia amarilla : é debe ser todo aquello
mineros de agufre é ageche , de que se
puede sospechar que progeden todas aque-
llas aguas calientes. Yo probé á meter
una calabaza debaxo de aquel rio frió,
bien tapada é la destapé alU debaxo don-
de se séntia que estaba aquel calor é are*
na caliente é tomé en ella alguna de aque-
lla agua, y la tapé allá abaxo porque al
subir no se mezclasse con ¡a fria , é salió
tan caliente que no se podia quassi sofrir
en la boca. E púdose muy bien experi-
mentar lo que he dicho, porque alli do
esto hay , es orilla del rio , y donde está
no mas honda el agua que poco mas de
hasta la rodilla . Este rio es de oro , é yo
lo he catado , quando la última vez en
él estuve , é vi giertas puntas de oro , y
se cree que debe ser muy rico. Es de
gente que no está conquistada y es tierra
muy áspera la de aquella isla , é muy gor-
rada de árboles y palmares en lo que de-
lla he yo visto á la costa de lá mar, y
quanto della se paresge ; mas como ten-
go dicho, destas materias de las fuentes
se dirá mucho mas en los libros é partes
donde se escriban las cosas de la Tierra-
Firme.
200
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XIV.
De olro depóssilo ó notable quel auctor pone aquí en este libro Vi, por ser cosa no usada ni vista en
otra parle, sino en una isla pequeña é muy junta á la tierra de Gilolo en la Especiería, hasta que ven-
ga su tiempo de hablar y escrebir lo de aquellas partes : en la qual isleta no hay almendros algunos, é
se hallan innumerables almendras, sin que las lleven alli ningún hombre humano, ni navio por in-
dustria de las gentes : lo qual es de aquesta manera.
rJLay una isleta en la Espegieria, gerca
de Gilolo, metida enlamar, yes peque-
ña é de muchas arboledas de las que na-
tura produge ; mas ningún almendro hay
en ella ni otia fructa útil jal uso de los
hombres , ni alli la llevan por mar algu-
nos navios. Y sobre no a ver, como di-
go , almendros , se pueden coger almen-
dras á hanegas ó costales llenos. Y lo que
es mas de maravillar es que si hoy las
cogen todas, mañana, digo otro siguien-
te dia, hallan muchas mas. E son inago-
tables en el tiempo que tal fructa hay
en las otras partes, donde nasgen é hay
almendros. Esto podria paresger fábula
compuesta ó cosa tenida por imposible y
es vista por nuestros españoles; é sélo
de los mismüs que han estado en aque-
llas partes , y han comido muchas veges
de las mismas almendras en la misma is-
leta. La qual está un grado é algunos mi-
nutos de la línia equinogial á esta parte
hágia nuestro polo ártico , segund fui in-
formado del capitán Andrés de Urdane-
ta , natural de Salvatierra , en la provin-
gia de Guipuzqua , é de Martin de Islares,
natural de la villa de Laredo. Estos dos
hidalgos passaron á la Espegieria en el
armada quel Emperador, nuestro señor,
envió con su capitán general , el comen-
dador Fray Gargia de Loaysa , de la Or-
den de Sanct Johan de Rodas , el año de
mili y quinientos é veynte é ginco ; y es-
tovieron allá algún tiempo é son perso-
nas de crédito é que dan muy puntual ra-
zón de lo que vieron , é del subgesso de
aquella armada, como mas largamente
se dirá en la segunda parte, quando se
tráete de aquella materia. .
Preguntándoles yo de qué manera pas-
saban ó yban aquellas almendras á aque-
lla isleta (pues degian que en ella no
nasgian , ni avia almendros ni otros ár-
boles que tal fructa llevassen), diéronme
una respuesta que se dexa creer y enten-
der ; é que en España se vee no en al-
mendras, mas en bellotas lo que quiere
paresger á esto. Y es que innumerables
palomas torcagas comen aquellas almen-
dras quando están quajadas, éengima de
la cascara tienen aquella otra cubierta
verde é digisten con la calor de su bu-
che aquella primera cortega verde, é no
pueden gastar la cascara ques dura : é
pássanse de noche á dormir á la isleta
grandíssimas bandas destas palomas, é
tullen ó echan por baxo esas almendras,
gastada , como he dicho , la primera cu-
bierta ó cortega. E cómo son tantas, des-
piden tanta fructa desta que traían en el
papo , que me gertificaban este capitán é
el Martin de Islares que á costales se po-
dían coger estas almendras cada dia. Y
preguntando yo si eran propriamente al-
mendras como las nuestras de España,
me replicaron que no eran verdaderas
almendras , mas que tenian mas semejan-
ga con ellas que con otra fructa alguna
de las de Castilla en el sabor é en la ma-
nera de la cascara é durega della , salvo
que son muy mayores. E assi como es
passada la noche, luego en esclaresgien-
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XIV.
201
do , se van las palomas de la isleta é van
á se pasger á la tierra grande de Gilolo;
é quando el sol se va á poner , se vuel-
ven á dormir á la isleta que es dicho.
CAPITULO XV.
De una ave ó páxaro extremado y mucho cosa de ver , quesle capitán Urdaneta, de quien se hizo men-
9Íon en el capítulo de suso, le dio al chronisla é auctor destas historias, del qual no le supo el nombre.
JCiScribiendo yo en limpio estas historias
de la primera parte para la segunda im-
pression , se siguió que aportó á esta cib-
dad de Sancto Domingo , el adelantado
de Guatimala , don Pedro de Alvarado,
en compañia del qual yban el capitán An-
drés de Urdaneta é Martin de Islares;
porque segund el adelantado degia, pen-
saba armar aquel mismo año en la mar
del sur, para la China é otras partes; y
estos hidalgos , como dixe en el prege-
dente capítulo , han estado algún tiempo
en la Espegieria , é son personas de buen
entendimiento, é los comuniqué esos dias
que en esta cibdad estuvo el adelantado.
Y yo holgué mucho del conosgimiento de
tales personas; porque este capitán, de-
mas de entender muy bien el arte de la
mar é las alturas , hablaba bien ; y como
sabio, daba á entender qué cosas son
aquellas tierras é islas é Espegieria é lo
que vido en aquellos años ó tiempo que
por allá anduvo. E sin dubda de su ex-
periengia é persona se cree quel Empe-
rador ha de ser muy servido ; y el ade-
lantado , efectuándose su armada , puede
resgebir grandes avisos , para donde él
piensa yr ó enviar sus navios.
Este capitán me dio un plumage ó pe-
nacho que es mucho cosa para ver é loar
á Dios que le crió ; y es un páxaro ó ave,
quél no supo ni su compañero Islares
nombrarle , ni yo tampoco sabré descri-
bir ni dar á entender su lindeza é extre-
mada pluma de todas las que en mi vida
he visto , é la mas galana é polida * . En
fin, es cosa mucho mas para la ver que no
dispuesta para comprehenderla por mi
relagion, porque sin duda me paresge que
es la cosa de quantas yo he visto que mas
sin esperanga me ha dexado de saberla
dar á entender con mis palabras. Degian
estos hidalgos que esta ave é otras, co-
mo ella , son muy estimadas entre aque-
llos príncipes é personas pringipales de
la India de la Espegieria ; é que vale allá
el uno de estos páxaros ginqüenta é ses-
senta ducados ; é que de otras tierras muy
lexos los llevan assi enteros muertos é
adobados é conservados con su pluma, sa-
cada la carne, que debe ser poca, porque
él es menor que un tordo; é es entre aque-
lla gente una mercadería muy presgiada é
rara, é si no son los reyes é capitanes ó
personas de mucho ser , no las alcangan
otros ; y aunque algunos las puedan pa-
gar , no se las osaran poner por penachos
sino las personas que he dicho. Esta es
una ave , á lo que yo puedo comprehen-
der, del tamaño de un tordo ó mas que
un zorzal; pero como está seco é sacada
la carne, paresge menor. Mas assi se me
figura á mí que podría ser estando vivo,
é antes mas que no menos. Su plumage
pringipal del cuerpo é cola es de un muy
hermoso é lindo color leonado , é la cola
es de hasta diez plumas derechas é tan
luengas, como un xeme: y de engima
del nasgimiento de la cola tiene otras dos
plumas de quatro palmos de luengo , é
i Llámase este páxaro Mamieco diatta, lo qual
supo después el auctor, como lo hallarás en la
TOMO I.
segunda parte, libro XX, capítulo I.
26
202
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
donde son mas gruesas (ques en su nas-
^imiento é poco mas adelante), son de la
grosera de un alfiler de los gruesos, é de
allí hasta el cabo é extremos se van adel-
gagando que paresgen dos hilos, y son
leonadas escuras que vuelven al negro
color. E tentadas entre los dedos, son as-
períssimas, como sierra; é no tienen pelo
ninguno como otras plumas , sino gerca
de los nasgimientos é poquito ; é toda la
otra longitud dellas áspera, é delgadas,
como digo : que cada pluma destas dos
paresge un hilo. El pecho y el lomo es,
como he dicho, leonado, é de los pies
no sé dar qüenta porque no los tiene:
verdad es que tentando con los dedos, se
paresgen ó se sienten dos tocongitos de
huesos, de donde debian formarse las
piernas é pies. La cabega es tan grande,
como de un tordo , é la pluma della ama-
rilla que tira á color naranjado ; y el
papo es verde dorado de muy extremada
é linda color ; y un flueco de pluma muy
espesa é corta que paresge poco mas alto
que un tergiopelo y muy negro, de donde
nasge el pico , el qual es tan grande co-
mo de una picaga y derecho y avivado.
Las alas son lo que no sé discantar ni
aun relatar llanamente ; y no son de ma-
nera que á mi paresger sea posible ques-
ta ave vuele, porque aunque cada ala
tiene muchas plumas é de dos palmos y
medio ó mas luengas, é cada una dellas
tiene aquel pelo ó pelos que las otras aves
tienen apretados para retener el ayre, son
en estas raros é apartado cada pelo de
otro, como los dientes de un peyne es-
carpidor y muy delgados y sotiles, y ca-
da pluma dellas tiene la canal ó lomo de
cabo á cabo leonado. E los pelos que le
acompañan (que digo que son ralos como
escarpidor) son blanquíssimos, é cada pelo
ó pelico destos blancos es otra plumica
delgadíssima , de manera que paresge que
guardan cada pluma la forma de las ho-
jas de los heléchos , que es una hoja con
muchas hojas menores. Y estas plumicas
sotiles se van desminuyendo , quando lle-
gan al extremo de aquel lomo pringipal
ó leonado sobre que está armada cada
pluma. Hay otras plumas en cada ala é
mas afuera (donde suelen las otras aves
tener las plumas que se llaman cuchillos),
y estas son de la manera ó hechura de las
que he dicho ; pero son de una color de
amarillo mixto con blanco, de manera que
juntas paresgen y muestran mas el color
jalde , y cada una por sí paresgen quassi
blancas. En conclusión, yo confieso que
no avrá pintor que lo pinte, por lo que he
dicho; pero leydo esto á par del páxaro,
se me figura que he dicho algo ; y assi lo
he escripto mirándole, y dando gragias
á Dios questas aves crió. Para mí yo la
tengo por la mas extremada en su plu-
mage é gentileza de todas las que yo he
visto , y de la que mas me he admirado.
Ella es de tal artífice y mano hecha que
se puede y debe creer que no se le aca-
bó el arte en esta : ni sus obras puede
pintor ni escultor ni orador expresar tan
al natural, ni perfectamente dar á enten-
der ingenio humano, como ellas son.
Concluyo con que á la ^esárea Mages-
tad, quando mejor vestido ó armado puede
estar para mejor mostrar su exgelente
dispusigion en una muy pringipal y so-
lemne fiesta, bastaria tal penacho para
en compañía de todo el oro é perlas é
piedras pregiosas del mundo. Y á la ver-
dad yo me atreviera á servir á Su Ma-
gestad con este páxaro ó pluraage , sino
que del mismo capitán que me le dio en-
tendí que avie traydo otros, con que sir-
vió á César, ó están en su cámara. Y por-
que no sé lo que tardaré en llegar con mi
historia á la Espegieria , quise poner con
los otros depóssitos en este sexto libro lo
que he dicho deste páxaro ; y aunque se
quede aqui, no será inconveniente, por-
que no se impidan las otras cosas de mas
calidad, quando dellas se tráete.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. NV.
203
Después de escripto esto, he visto gier-
tos retratos de Suluman Otoman [rex tur-
corum) con una gelada á manera de tiara,
de quatro coronas de oro con muchas é
muy ricas perlas é piedras presgiosas , y
encima por penacho en la cumbre della, un
páxaro destos ó tal , como lo he pintado,
puesto por penacho : de que se colige
que, pues un príngipe tan grande alli le
puso , que la estimagion que he dicho de
suso , es válida é mucho mas y mas en
Turquia.
Este páxaro di yo después á un amigo
mió que passó por esta cibdad é fué al
Perú. Assi que, se puede degir que des-
pués de muerto, anduvo é voló ó navegó
mas que mientras fué vivo este páxaro,
sin comparagion. Después , en el mes de
septiembre de mili é quinientos é quarenta
y tres , vino á esta cibdad de Sancto Do-
mingo de la Isla Española un hidalgo por-
tugués, comendador de Chripstus, é tru-
xo otro páxaro tal como el que tengo di-
cho , é lo dio á un su amigo , llamado
Melchior de Torres, que aquí vive. E
aqueste comendador degia muchos cuen-
tos é particularidades notables deste pá-
xaro ó aves semejantes , que eran cosas
que se pudicn dexar de creer : en espe-
gial que degia que estas aves sallan del
paraíso terrenal, las quales creo quél ni
vio salir de allá ni quien se lo dixo. Este
degia que avie estado en Calecut é en la
Espegieria , de donde avie traydo este
páxaro é le ovo muerto , como avria el
capitán Urdaneta los ques dicho.
CAPITULO XVI.
De 9ierta goma ó cola de árboles que hay en la goberna9¡on de Nicaragua en la Tierra-Firme , é de cierto
en9Íenso de la provincia de Venecuela.
Jr aresgerle ha al letor desvariada cosa
la manera apartada é tan diferente del
progeder de unas cosas en otras en los
capítulos deste libro VI , segund sus gé-
neros. Ved lo que se acaba de escre-
bir en el pregedente capítulo de la extre-
mada' hermosura é plumas de aquel pá-
xaro de la Espegieria, y que he salta-
do á hablar agora de una gierta goma
que aqui se dirá. Mas si al letor se le
acuerda de lo que dixe en el prohemio ó
introdugion deste libro, paresgerle ha
quel descongierto es congierto é buena
orden , para que ninguna cosa se olvide
de aquellas que se deben escrebir; y por
tanto llamo yo á este libro el depossüario
ó archivo de depóssitos.
Hay en la gobernagion de Nicaragua
una provingia que se llama Salteba, don-
de los chripstianos tienen una buena vi-
lla ó cibdad que se nombra Granada , la
qual está junto á la laguna grande , que
los indios llaman Ayaguabo é los chrips-
tianos la llaman Mar dulge. Alli hay unos
árboles que echan una goma que paresge
ájiime blanco ó engienso, é huele muy
bien ; é puesta al fuego se derrite, é der-
retida es muy singular cola para pegar
cosas quebradas , assi como platos é es-
cudillas ; é aun para entalladores es sin-
gular , é suelda muy bien , é están mas
seguras las piegas por las partes que se
ovieron soldado con la dicha goma , que
por otra ninguna.
En la provingia de Veneguela en la Tier-
ra-Firme hay giertos árboles que echan
gierta goma de sí é la tienen en muchas
partes sobre la corlega , que paresge na-
tural engienso , é assi huele como en-
gienso, quemándolo. E acostumbran los
indios en aquella tierra, quando algún
señor ó indio pringipal se muere, que
204
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
queman deste engienso ó goma por per-
fume , é le meten en la sepoltura en
una gesta alguna cantidad deste engienso;
é cómo los chripstianos saben que en
muchas partes de la Tierra-Firme los ca-
ciques é indios pringipales se suelen en-
terrar con su oro é joyas , andando en
esta demanda, han hallado en algunas
sepolturas algunas esportillas destas con
aquel engienso, é aunque ha mucho tiem-
po que alli se metieron , no está dañado
ni corrompido.
CAPITOLO XVII.
Del humo que los indios sacan en la provincia de los Chondales en la gobernación de Nicaragua , é ha^en
del tea para carbón , é tinta para pintar los esclavos : el qual carbón ó polvos del llaman los indios tile.
JCjn esta Isla Española y en algunas par-
tes de la Tierra-Firme hay pinos natura-
les , como los de España ; y en la gober-
nagion de Nicaragua , entre los indios
chondales , en aquellas sierras hay pina-
res. E una de las grangerias en que se
exergitan, es sacar de la tea de los pinos
un humo, de que hagen unos polvos, assi
como los que sacan los plateros del olio
para debuxar, é envuelven este polvo
(ques como un carbón muy molido), en
unas hojas de biahos , é hagen un bollo
tan luengo como un palmo é mas, é
gruesso como la muñeca de un brago : é
segund es la cantidad deste polvo ó hu-
mo, assi tiene el presgio. E Ilévanlo al
tiánguez , ques el mercado donde se jun-
tan los indios é indias en sus plagas para
mercadear é sus contractagiones ; é alli
baratan este polvo por otras cosas ó por
almendras, ques su moneda común. Y el
efeto para que es aqueste polvo, es para
herrar indios por esclavos con aquella
invengion que á sus amos les paresge , y
también para se pintar por gala otros.
Este polvo es negríssimo , é llámasse en
aquella lengua tile.
La manera de usar del es cortando con
unas navajudas de pedernal la cara ó
brago que quieren herrar sotilmente, co-
mo entre cuero é carne, é lo cortado
polvorizarlo con este humo, assi fresca la
cortadura, é por gima embarrarlo con el
humo, é en breve es sano, é queda la
pintura negra é muy buena, é es perpe-
tua la pintura para los dias que vive el
que assi es herrado.
Pusse esto aqui con los otros depósi-
tos ; pero no entendáis , letor , porque se
dixo de suso embarrado , que ha de tener
barro ó ponérsele, sino del mismo humo
henchir de aquel polvo todo lo pintado,
por engima, é dexarlo assi estar, sin lle-
gar á ello , ni lo lavar hasta que por sí
mismo se despida : é si lo quisiéredes
limpiar sea lavándolo de suso desde á
ginco ó seys dias que se pintó , é liviana
la mano ; porque de ahy adelante que-
dan fixas las figuras é pintura que es
dicha.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XVIII.
205
CAPITULO XVIII.
Por el qual se prueba que las pon9oñosas viandas é cosas que á los hombres son no9¡vas é mortales , son á
oíros animales en estas partes é Indias útiles é provechosas é grato mantenimiento.
JLn el libro VII , capítulo II , se tractará
de la yuca , é de quán bastante muerte es
para los hombres, si comen el fructo de-
11a , assi como está en el campo , ó si
gustan el ^umo della. E en aquesta nuestra
Isla Española cómenla las vacas y los ra-
tones, y aun mas de la que querríamos;
pues nos destruyen las heredades é nin-
gún daño á tales animales hage , por mu-
cha que coman della.
En el capítulo VI del libro XXI de la
segunda parte se tracta de la hierva con
que los indios flecheros se exergitan en
la costa de Tierra-Firme , que es irreme-
diable; é uno de los mas potentes ma-
teriales que en ella echan , es el gumo de
aquellas manganillas de que se tracta en
el libro VIII, capítulo XII desta primera
parte ; é no obstante eso , como mas lar-
go lo escribo , en el capítulo VI del li-
bro XXI, podéis ver, letor, que no ma-
tan á los cangrejos estas manganillas, é
matan los cangrejos que las han comido
al hombre que come tales cangrejos.
CAPITULO XIX.
De una novedad notable y contraria en la prospectiva á la mayor parte de lo que nos enseña la vista en
las mas partes del mundo.
M,
.uy común es á nuestra vista que lo
que está lexos paresge menor mucho que
lo que es la cosa. En la provingia de Ve-
neguela , en Tierra-Firme , que la Cesá-
rea Magestad tiene encomendada en go-
bernagion á los Alemanes Velgares , hay
lo que agora diré en contrario de lo que
sedixo de suso, en gierta parte de aque-
lla provingia , donde desde lexos las co-
sas paresgen mucho mayores de lo que
son; y es desta manera. En el camino
que hay desde la cibdad de Coro , yendo
al cabo de Sanct Román , que los indios
llaman á aquella provingia Paraguana, es
un cabo que sale á la mar veynte y ginco
leguas ó mas , y en el pringipio es de an-
cho una legua pequeña , é váse ensan-
chando algo mas, pero en poca canti-
dad, é tiene de longitud ocho leguas ó
nueve. La mayor parte destas leguas ó
tierra lava eí agua de la mar, quando son
aguas vivas ; y después quel agua se ha
quitado , queda aquella tierra quel agua
bañó muy llana é lisa , é desocupada de
hierva é piedras é otra cosa alguna, é
tan escombrada é limpia , como está un
pliego de papel muy bien tendido ; é que-
da la arena blanqueando un poco , como
salitrales ó tierra tocada de sal.
Cosa es maravillosa lo que diré. Vinien-
do un hombre por el camino , si acaso
otro viene al opóssito por el mismo cami-
no ó llanura , tanto quanto la vista puede
devisar, en comengándose á paresger , le
paresge al que mira quel que viene es tan
grande como un mástel de una nao. Y es
verdad que se multiplica la cosa al pares-
ger, ora sea hombre, ó caballo, ó pie-
dra, ú otra cosa que vean de aquella
manera y forma que se multiplica la som-
206
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
bra , quando se quiere poner el sol ( por
el suelo) ques mucho mayor la sombra
que señala que la cosa que es). E assi se
aumenta é pares^e mayor en aquella lla-
nura ques dicho , la cosa en grandeza ; y
esto tanto es á la mañana, como á medio
dia, é en qualquier tiempo é hora del
dia. E quanto mas la cosa se ve de le-
xos , paresge mucho mas alta , é quanto
mas á ella se agerca hombre, tanto me-
nor paresge. Esto se ha mirado y experi-
mentado de muchos con toda atengion,
por cosa muy notable.
E passando esta llanura, la tierra se
ensancha en mucha cantidad , é hay mon-
tes é arboledas é cuestas é valles, é alli
la cosa no paresge sino como en otras
partes. En trege de julio de mili é qui-
nientos é quarenta años, ante el reve-
rendíssimo señor, el señor presidente de
la Audiengia é Ghangillería Real que re-
side en esta cibdad de Sancto Domingo
de la Isla Española, el ligengiado, don
Alonso de Fuenmayor, obispo desta cib-
dad , lo juraron en mi presengia, segund
está dicho, Alonso de la Llana, mer-
cader natural de la cibdad de Burgos, é
Frangisco Nuñez , natural de la cibdad de
Plasengia , estantes en esta cibdad ; é di-
xeron que era verdad lo que es dicho, é
que ellos lo avian visto muchas veges ser
assi. E después sin essos testigos, lo digen
otros muchos que lo han visto é experi-
mentado, é entre ellos Lázaro Bejarano,
vegino desta nuestra cibdad, hombre de
honra é digno de crédito , que há poco
que estuvo en aquella tierra, dige lo mis-
mo. E aunque acaesge, queriendo burlar
á alguno que no lo sabe, yendo su ca-
mino adelante, dejar un sombrero en
tierra ó hager poner una piedra no ma-
yor que un palmo, sin que el novigio en
la tierra lo vea; é desque están aparta-
dos un tiro ó dos de ballesta, volviendo
la cabega atrás, paresger que es un bulto
tan grande como un buey ó un caballo ; é
cómo la tierra es rasa é no aver visto al
passar cosa ninguna, hagen sus apuestas
sobredio, digiendo: hombre es, ó caba-
llo es , ó piedra es ; é volviendo á ver la
cosa, yrse ella en la vista resumiendo é
achicando , hasta quedar en su ser é ta-
maño , veynte veges menor ó mas de lo
que les avie paresgido desde lexos.
CAPITULO XX.
De la hierva que los indios de Nicaragua llaman yaat, é en la gobernación de Venecueia se dice hado , y
en el Perú la llaman coca , é en oirás parles la nombran por oíros nombres diversos , porque son las len-
guas diferenles.
Acostumbran los indios de Nicaragua é
de otras partes , donde usan esta hierva
yaat, quando salen á pelear ó quando
van camino, traer al cuello unos ca-
labaginos pequeños ú otra cosa vacua en
que traen esta hierva seca, curada e
quebrada, hecha quassi polvo, é pónense
en la boca una poca della , tanto como un
bocado , é no la mascan ni tragan ; é si
quieren comer ó beber, sácanla de la boca
é pónenla á par de sí sobre alguna cosa
que esté limpia, é entonges paresge lo
que paresgenlas espinacas cogidas. Quan-
do han comido é vuelven á caminar, tor-
nan á la boca la misma hierva ; porque
demás de ser gente mezquina é sugia , es
cosa esta que la estiman entre sí, é es
buen rescate para la trocar ó vender por
otras cosas, donde no la alcangan, ni la
hay: é trayda assi en la boca, la mudan
de quando en quando de un carrillo á
otro. El efeto della es que disgen los in-
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XX.
207
dios questa hierva les quita la sed y el
cansaugio; y juntamente con ella usan
gierta cal hecha de veneras é caracoles
de la costa de la mar , que assi mismo
traen en calabacitas; é con un palillo lo
revuelven é meten en la boca, de quando
en quando, para el efeto ya dicho. E
aunque totalmente no les quite la sed ni
el cansancio , digen ellos que se quita, ó
mucha parte dello , é que les quita el do-
lor de la cabega é de las piernas : é están
tan acostumbrados en este uso, que por
la mayor parte todos los hombres de
guerra é los monteros é caminantes é los
que usan andar al campo , no andan sin
aquesta hierva. En la provincia de Vene-
guela é otra parte la siembran é cultivan
é curan con mucha diligengia é cuydado
en sus huertos , é cogen la simiente do-
lía , é después cogen las hojas é en ma-
nojos las secan é guardan. Eecha unos
tallos ó vastagos tan altos como tres ó
quatro palmos ó poco mas, assi como
los bledos ó malvas; pero esos asti-
les ó vastagos , cogida la hoja , ques el
fructo, échanlos por ahy; é digen que si
la comiessen ó tragassen que los mala-
ria : antes ella sirve á tener húmeda é
fresca la boca é la lengua é sin flegma;
pero quando la dexan, se enxuagan bien
la boca é lo echan, porque no les quede
cosa alguna della. Sé de vista que co-
munmente essos indios, á vueltas de sus
provechos ó virtudes desta hierva é de
aquella cal , aunque sean mangebos los
que la usan, tienen malas dentaduras
de sugias é negras , é podridas muchos
dellos.
CAPITULO XXI.
De las minas nuevamente halladas en la isla Fernandina , por olro nombre llamada primero Cuba , donde
se ha descubierto 9ierta vena de melal que es oro, c plata é cobre.
El
t\ año passado de mili é quinientos é
quarenta se publicó que en la isla Fer-
nandina , alias Cuba , se descubrió gierta
vena é minas nuevamente halladas por
un hidalgo natural de Medellim , en Ex-
tremadura, vegino de la villa de *,
en aquella isla, llamado Vasco Porcallo de
la Cerda : la qual vena ó metal digen que
es de tal manera , que en un quintal de
tal materia salen quinge libras de cobre
muy bueno, é doge ongas de muy fina
plata, é quinge pessos de oro fino. Y es
el venero é minas desto en grandíssima
cantidad en una montaña: por manera
que es cosa de muy grand riqueza, lo
qual no afirmo ni contradigo hasta quel
tiempo mas manifieste esto. Pero ya es-
tamos siete años adelante é la nueva é
fama de lo que es dicho, tornósse si-
lengio é cayó en olvido , como cosa in-
gierta, á lo menos en mucho menos que
se avia dicho.
1 En el original se halla en blanco el nombre de
esta villa , siendo ya imposible el averiguarlo , por
la poca importancia de la mina que descubrió el
hidalgo Porcallo de la Cerda.
508
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XXII.
Que Iracta de la gente llamada chacopati, á la qual los españoles llaman magueyes , los quales nuncn
beben en toda su vida , sino alguna vez ó raríssimamente.
HiD la Tierra-Firme, gercaXe la pro-
vincia de Araya, hay una geVte á la
qual los españoles llaman agoreros, á
causa de gierta fructa assi llamada; y
gerca desta gente hay otra que llaman
magueyes , á causa de gierta planta que
llaman maguey, que es muy útil en aque-
lla tierra, como mas largamente se dirá
en el lib. XI, cap. XI . E aquesta gente
magueyes llaman los naturales de aque-
lla tierra chacopati: aquestos despencan
aquella hierva , é la cabega ó gepa della
cuégenla é hagen gierto manjar de assaz
substancia , con que se sustentan , é de las
hojas sacan el gumo por sudor de fuego
á manera de destilarlo ; é aquel licor be-
ben aquellas gentes , porque agua nunca
la ven ni la tienen, salvo de la mar, que
no se sufre bebería. Caresgen de ríos,
que no los tienen , ni fuentes , ni lagos,
ni pogos , ni en toda su vida beben agua,
exgepto quando llueve : que alli acaesge
muy pocas veges en el año , é algunos
años no llueve poco ni mucho. Mas quan-
do alguna vez llueve , é en algunos ho-
yos de la tierra se hagen charcos , beben
alli algunos destos indios , como lo haría
un perro ó otro animal, topando aquella
agua acaso ; pero no porque les pene ni
tengan cobdigia del agua, por estar, como
están, criados é habituados ano la beber
jamás. Assi que, la costumbre está con-
vertida en natura ó su natural en la cos-
tumbre.
Estos indios de los chacopati é
otros de aquellas comarcas, quando la
luna está eclipsada, júntanse contra ella
é tíranle muchas saetas , creyendo que
está enojada contra ellos, é que los ha
de destruir á ellos é todos sus bienes:
por lo qual luego dan orden en trocar é
cambiar quanto tienen, é lo baratan
unos con otros , porque son de opinión
que, mudando las cosas de un dueño á
otro, las aseguran é las apartan de aquel
peligro que tenian ó esperaban de per-
derlas, si aquesto no higiessen. E aun van
de unos pueblos á otros, á hager los mismos
cambios é truecos con sus veginos é con
quien pueden, hasta que no les queda jo-
ya ni otra cosa sin baratarla: el qual
cambio , assi como en castellano se dige
trocar , é en la lengua desta Isla Españo-
la se dige serra , en lengua destos ma-
gueyes ó chacopati el trocar quiere de-
gir uchibican.
CAPITULO XXIII.
En el qual se Iracta un depóssilo ó nueva manera de culebras poncoñosíssimas , que hay en la isla Mar-
garita, que las llaman de los cascabeles, é oirás vívoras ó culebras que les quieren imitar con un casca-
bel, é muy poncoñosas en la provincia de los Alcázares.
ILn tanto que llega el tiempo de hablar
en las cosas de la isla Margarita , en el
lib. XIX é cap. XIV, quiero poner aqui un
depóssito ó acuerdo, para mi memoria, de
unas culebras de la mas extrema manera
de pongoña que nunca oy ni leí peor
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXIII.
209
animal, y es assi. En la isla Margarita
hay unas culebras pongoñosíssiraas que
dentro de tercero dia muere aquel á
quien muerden, é se le saltan ó rebientan
los ojos de la cara al herido. Son pinta-
das ; poro mirada assi á primera vista ó
desde lexos toda junta, paresge que tira
su color á pardo , porque aquellas sus
pinturas son escuras é no se ven , sino
desde Qerca della. La mayor de aques-
tas culebras es de ginco ó seys pies de
luengo, é de ahy para abaxo. Tiene esta
serpiente en la cola ó ginco ó siete ñudos
redondos é destintos , que paresgen que
están como ensartados: é quando anda
este animal, suenan como proprios é ver-
daderos cascabeles sordos, el qual soni-
do paresge que la benigna natura (y me-
jor digiendo Dios) con su misericordia le
dio, para aviso de los hombres humanos,
porque se guarden della, oyendo aquellos
cascabeles. Muy menos cruel fuera su
veneno si, en picando, matara inconti-
nente, que quedando penando aquel que
muerde el espagio é tiempo que es dicho
para perder la vida en el término que
digo, é perdiendo los ojos é sin remedio
de alguna medegina. Esto es como está
dicho é visto por muchos testigos de
vista , é aun en esta nuestra cibdad de
Sancto Domingo hay hombres de honra
é dignos de crédito que dello dan testi-
monio, y que algún tiempo han seydo
veginos ó estantes en aquella isla Mar-
garita, Otras culebras hay en la provin-
gia de los Alcázares, en la Tierra-Firme,
con un cascavel é una uña en el extre-
mo é fin de la cola , muy pongoñosas é
inremediable su herida, como mas lar-
gamente podrá el letor verlo en el li-
bro XXIII, cap. VII, en la segunda par-
te destas historias.
CAPITULO XXIV.
En que se tracta olro depóssilo para mi memoria, que pertenesce al lib. XIX, de dos animales que hay
en la isla deCubagua, uno de tierra é otro de agua, y es de aquesta manera que aquí se dirá é cada
cosa dellas muy notable.
Jrlay en la isla de Cubagua unas arañas
muy chiquitas en su tamaño , pero el do-
lor que causan á quien muerden , es tan
grande que no tiene otra comparagion
igual , sino la que se dirá de otro animal
de agua; y si turase la passion que cau-
san estas arañas , no seria mucho que el
que está herido ó picado della desespe-
rasse y él mismo se matasse, por afloxar
su pena muriendo , por no atender tan
cruda passion. Pero no hay en este pe-
ligro mayor remedio ni consuelo que la
esperanga y experiengia que ya se tiene
de llegar al término en que gessa su fati-
ga, para ser libre el que assi está trabaxa-
do; porque en tanto que el dolor perse-
vera, las vascas y Irabaxo que padesgen,
TOMO I.
sin se afloxar ni mitigar la pena por cosa
alguna , es cosa incomportable, sin que
pueda comer, ni beber, ni repossar un
punto el pagiente hasta el dia siguiente
á la propria hora que fué picado. Y
quando ha gessado el dolor , queda tal
el que ha padesgido que en dos ni tres
dias no puede tornar en sí ni á su pri-
mero estado , puesto que deste mal nin-
guno muere. Hay un pescado ó animal
en la mar, que no es mayor que un dedo
pulgar de la mano y pintadillo de pecas é
rayas blancas é otras amarillas, é lláma-
se talara ; y al que pica en el agua , co-
mo acaesge algunas veges picar á algún
indio , el que está herido hage tantas vas-
cas é siente tan grandes dolores , é pas-
210
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
sion incomportable, como lo que se ha
dicho que sienten los picados del araña
que de suso se dixo, sin gessar hasta otro
dia siguiente que el agua de la mar está
en el mismo ser menguante ó cresgiente
que estaba, al tiempo que picó este ani-
mal. De forma que tura aquella passion
é dolor del un animal é del otro veyn-
te é quatro horas naturales puntualmen-
te, sin que aproveche remedio alguno
en el que está lastimado , hasta que pas-
se el tiempo que es dicho ; é aquel com-
pUdo, ningún peligro hay en ninguna
destas dos cosas.
CAPITULO XXV.
De los juncos ó palmas que, llevados á España é á otras parles por el mundo, sirven de báculos ó bordones
para los hombres de auctoridad é para los viejos é hombres ancianos, é aunque en muchas parles de las In-
dias los hay é se nascen de por sí, cuéntase aqui dónde los crian é siembran é cuHivan, é para qué efetos.
I^osa es común, ó que en muchas parles
de las Indias se halla, esta manera de bor-
dones ó báculos que en España los llaman
juncos de las Indias ; y destos yo diré
largamente, en el libro X y capítulo VIII
de la primer aparte, lo que hage al caso de
su forma y manera questos juncos son.
Pero no se dirá alli una cosa que á mi
notigia ha venido pocos dias há, y que
aqui escrebiré , porque aunque há tantos
años que vivo en Indias , nunca lo supe
hasta el año que passó de mili é quinien-
tos é quarenta y uno , y no pensaba yo
questos juncos se cultivaban ni hagian en
parte alguna con diligengia humana , sino
del proprio ofigio de la natura donde á
su propóssito fuesse. Y salido yo de una
enfermedad que en el año que he dicho
tuve , de que quedé muy flaco y con nes-
gessidad de un báculo hasta convalesger,
un amigo mió é vegino me pressentóuno
destos juncos para mi propóssito, hombre
digno de ser creido ; y me dixo que lo
tenia desde que se halló con el capitán
Diego de Ordaz é Gerónimo Dortal en el
descubrimiento del gran rio de Huyapari,
donde á los indios es común é ordinaria
cosa en el pueblo, que llaman ellos Arva-
cay, plantar ó sembrar é coger estos jun-r
COS. Y el efeto pringipal para que son é
en lo que se sirven dellos, es para levan-
tar las falcas ó costados de sus canoas,
juntando unos á par de otros , muy bien
ligados ; y assi hagen cresger en alto las
paredes ó costados de sus navios ó ca-
noas , porque son muy á propóssito é úti-
les para ello , assi porque son ligeríssi-
mos , como porque de ninguna otra ma-
dera ni ligagon podrían hagerlo tan pres-
to ni que mejor ni tan bueno fuesse, como
de los dichos juncos. Y entre aquella
gente es una buena mercadería é rescate
é muy nesgessaria para los que navegan
en canoas , para hagerlas de mayor porte
é sin detrimento de la canoa. Y esto bas-
te aqui quanto los juncos , pues que co-
mo es dicho , en el lugar alegado estará
relatado lo demás.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXVI.
211
CAPITULO XXVI.
En el qual se tracta un notable que es razón que por cosa memorable se ponga en este libro, para que me-
jor se entienda la abundan9ia de la carne que hay en esta Isla Española y la que se mata cada dia que es
de carne ordinariamente.
JJiSta cibdad de Sancto Domingo no lle-
ga á seysQientos veginos al presente,
que es el año de mili é quinientos é qua-
renta y ocho en que estamos , é ya tuvo
mas veQindad ; pero nunca estuvo tanto
edificada. Y cómo quier que es poca po-
blagion , se matan cada dia quarenta no-
villos é vacas en la carnesgeria que se
pessan, é con la carne del rastro llegan á
ginqüenta reses un dia con otro , y vale
el arrelde á dos maravedís : que es cada
.arrelde dos libras de á diez éseysongas.
Matan é córaense en esta cibdad treynta
é treynta é ginco carneros cada un dia, é
vale el arrelde á diez é seys maravedís.
Mátanse é péssause al mismo presgio cada
un dia veynte terneras. Mátanse é pés-
sanse cada dia diez ó doge puercos, é
vale el arrelde á veynte maravedís. Assi
que, son por todas giento é diez é siete
cabegas destos quatro géneros ó forma
de ganados ó pocos menos , é aun á ve-
ges mas de lo ques dicho : la qual can-
tidad no hay pueblo en España , por
grande que sea , en que tanto ganado
se pesse. Y como en otras partes la his-
toria lo acuerda , es mucha cantidad la
que del ganado vacuno se mata é alan-
gea en el campo, é se deja perder la
carne , por salvar los cueros para los
llevar á España, é por aprovecharse del
sebo.
CAPITULO XXVII.
En el qual se tracta de las dos especies ó maneras de esmeraldas que se Kan hallado en la Tierra-Firme, de
las quales se han llevado muchas en cantidad , de diversas estimaciones é préselos, é aun asaz dellas de
mucho valor han discurrido por Europa é otras partes del mundo, que destas nuestras Indias se han trans-
portado, por muchos reynos, en tanta manera que la grande abundancia é número dellas ha fecho dismi-
nuir el valor de tales gemmas.
E
n aquel tractado De proprietatibus re-
rum * están escriptas muchas y grandes
propriedades y virtudes de la esmeralda,
y entre otras dige que acresgienta las ri-
quezas é da hermoso hablar é guarda de
la gota coral : quando es colgada al cue-
llo guarda la vista , é la conforta quando
es flaca. Restriñe los movimientos de-
lectables de los luxuriosos , é restituye la
memoria perdida, é vale contra las fan-
tasmas é las ilusiones del demonio : apa-
gigua las tempestades é estanca la san-
gre , é vale á los adevinos , como se dige
en el Lapidario. Con qualqiiiera cosa de
las ques dicho queste auctor , ó mejor di--
giendo la experiengia , me haga verdad
de la esmeralda , me paresge que no hay
dinero que se le iguale. No hay aspecto
de alguna color mas jocundo, é como
miramos de voluntad las hojas verdes é
las hiervas , tanto mas de grado vemos
las esmeraldas , porque ninguna cosa ver-
de es mas verde que ellas, en su compa-
ragion : é son entre las gemmas ó piedras
1 Lib. XVÍ, cap. 87.
2Í2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
presgiosas las que hinchea los ojos é no
los cansan : antes quando son cansados,
por aver mirado otra cosa, los recrean.
Ni tienen los ojos mas agradable restau-
ragion para aquellos que entallan las gem-
mas, porque con aquella verde lenitud
ó halago mitigan el cansangio, é assi mis-
mo hagen ver por mas luengo espagio,
dando, por reflexión, su color al ayre gir-
cunstante. Nerón miraba las batallas de
los gladiatores en una esmeralda.
E son de doge maneras: é las deSgithia
sonnobilíssimas, denominadas de la tierra
donde nasgen , é ninguna otra es mas
dura ni con menos vigios : é las batria-
nas , como son próximas á las ques di-
cho , assi les son en el loor iguales ; y di-
gen que se recogen en las conjunturas de
las piedras , pero que son menores que
las sgithias. En fin, después que ha di-
cho Plinio de otras espegies de esmeral-
das , concluye que las egipgias tienen el
pringipado*. Dige mas: algunas no se
deben horadar, porque son de perfeta
bondad, é por esso quieren mas aynaha-
ger de aquellas cilindri que gemma ó
piega, como aqui se dirá, que no piedra
engastada, porque en las tales es suma-
mente alabada la longura. Algunos creen
que nasgen angulosas ó esquinadas, é
que sean mas gragiosas horadándolas,
porque se les quita la medula de la blan-
cura, é con el oro que se les pone se cas-
liga é enmienda la causa de la transpa-
rengia é hágesse mas densa é perfecta.
Todo lo dicho es de auctoridad del auc-
lor alegado , y muchas mas cosas escribe
en su último libro de la Natural Historia,
tractando de las esmeraldas. Isidoro en
sus Ethimologias sigue en la mayor parte
de lo ques dicho al Plinio. Este sancto
doctor , declarando en sus Ethimologias ^
este vocablo é figura de celindro , la pin-
ta é pone asM. Cilindrus est figura quadra-^
ta, habens superius semicirculum insoli-
dum, ita {Lámina 2.', fig. 5.'): pero yo no
tomo por tal figura lo quel PUnio dixo de
suso , sino por lo que lo toma el Antonio
de Lebrija en su Vocabulista [Cilindrus, i,
por coluna ó cosa rolliza en luengo); pero
dexadas estas opiniones aparte , digo
que en esos ni en otros auctores no he
hallado particularidad que sea totalmente
tan satisfactoria en esta materia é nasgi-
miento de las esmeraldas , como lo que
han visto nuestros españoles (y he com-
prehendido de las esmeraldas destas nues-
tras Indias): diré mi paresgeren ello, re-
mitiéndome del todo á los que con mas
experiengia é curso las han tractado. Y di-
cho lo que he oydo, y dada relagion de
lo que he visto , ocurran los lapidarios á
su experiengia é doctrina , é sírvanse
desto en lo que fuere á su propóssito.
En el libro XXVI, cap. XIII, se hallará
adelante escripto lo que entendí de dos
capitanes, mis amigos, é personas co-
nosgidas é de crédito , é también lo supe
de otros que assi mesmo vieron sacar es-
meraldas en la gobernagion del nuevo
reyno de Granada, donde nasgen é está
la mina dellas. Y también hallares, letor,
en el libro XXXXVI, en el cap. XVII, otra
espegie de esmeraldas muy desemejantes
en su nasgimiento, porque las primeras
que digo están en la provingia de los Al-
cágares, en la jurisdigion del cagique So-
mindoco é de otro que se llama Te?ia , é
las que dixe del libro XXXXVI son en
Puerto Viejo , en el Perú, las primeras,
esto es, en la jurisdigion de Somindoco:
é de la misma forma se hagen en tierra
del Tena , y aun estas eran las mayores
é mejores ; pero por gierto terremoto se
hundió aquel monte ó parte, donde en
Tena sacaban esmeraldas. Sácanse en
una sierra cavando , é después sueltan el
agua que tienen para ello retenida en
1 Plin. , lib. último , cap. 6.
2 Isid., lib. XVÍ_, cap. 7. De viridioribus gemmis.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXVII.
213
charcos ó pozas que hagen, quando llue-
ve , é con ella lavan la tierra de la peña
cavada, é cómo el agua la roba é lleva,
descúbrense é paresgen las esmeraldas.
Estas todas son prolongadas, como cañu-
tos por la mayor parte , pero magigos é
de seys ángulos é caras é muy duras,
puesto que partigipan asaz de una trans-
parencia cristalina. Destas me han dicho
algunos testigos que por experiengia lo
han visto , en espegial el capitán Gómez
de Corral, quel fuego no las corrompe (á
las que son limpias dellas), é aun se ofres-
gia á lo experimentar en mi presengia.
Mas aun quél tenia muchas esmeraldas, yo
no quise ageptar tal prueba , porque no
pensasse que ponia en dubda sus pala-
bras ; y también le oy degir que las que
limpias no eran, se rompian con el fuego.
De las segundas esmeraldas que dixe
de suso en el lugar alegado que se crian
en el Perú (libro XXXXVI) , en guijar-
ros ó piedras como marmoleñas , en las
entrañas ó interiores de los guijarros ó
piedras semejantes, digo quel nasgimien-
to dellas , hasta el tiempo pressente , á
los españoles oculto es; y tengo creydo
que debe ser mucha verdad assi , porque
soy informado de hombres de crédito que
me han dicho é otros me han escripto que
ellos las han hallado dentro de tales pie-
dras. Y con esta mi opinión é verdad es
conforme una esmeralda que yo uve
destas, é la tuve un tiempo fecha una
cuenta redonda é horadada, assi como se
ovo de los indios, que en parte della pa-
resgia piedra cristaUna ó espegie de gui-
jarro blanco transparente , y en otra par-
te della mostraba ser muy fina esme-
ralda y que se podia sacar della una pie-
ga, digna de un anillo para un príngipe ó
señor grande. Con la qual tuve otra es-
meralda en una sortija ó anillo engastada
que me costó dosgientos é ginqüenta pes-
sos de oro, é no la diera por quinientos:
é si no oviera tanta abundangia de esme-
raldas (que de las dos provingias que he
dicho han resultado é llevádose á Espa-
ña) , yo estimarla la mia en mas de mili
pessos de buen oro ; porque de mas de
su limpieza é hermosura es gran pieza é
quassi tamaña como la mitad de la uña del
dedo mas gruesso de la mano de un hom-
bre , é es gruessa asaz , segund su gran-
deza. Estas últimas llaman de Puerto Vie-
jo, porque alli venia la contractagion de-
llas, antes que los chripstanos ganassen la
tierra , é por aquella comarca se han ávi-
do. Mas sospéchase questas esmeraldas
se hallan en la tierra é señorío del cagi-
que Tangarala , é de gerca de un gran rio
assi llamado ; en la costa del qual se
pobló la cibdad de Sanct Miguel, ques
á seys leguas de Puerto Viejo, queslá
desla parte ó promontorio de Sanct Loren-
go , algo mas de un grado de la otra parte
de la línia equinogial : de manera que las
primeras que están de esta parte en los
grados que he dicho, se deben llamar es-
meraldas de Somindoco , é las que están
del otro cabo , que son las últimas é me-
jores , se deben llamar de Tangarala, en
tanto que mas notigia sea dellas.
Y por mas me gertificar de lo que he
dicho, hige labrar á un lapidario itaHano,
llamado Roco, la cuenta que he dicho que
tuve redonda, y aun dos cuentas esme-
raldas ; y se sacaron piezas en toda per-
fegion y verdor , y también sacó este la-
pidario de las mismas cuentas algunas
esmeraldas , no tan finas , é otras piezas
blancas de las mismas cuentas. Cosa es
que para mí fué nueva vista é satisfato-
ria de lo que tengo dicho de suso.
He traydo aqui esto á conseqüengia de
los depóssitos diversos ó materias diferen-
tes de que tracta este libro VI, porque me
paresge que lo que he dicho de las esme-
raldas es notable , pertenesgiente á este
libro , assi para considerar las diversida-
des quel Plinio é otros auctores escriben
de tales gemmas, como porque ningún
su
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
auctor he hallado que de vista pueda tes-
tificar cosa tan al propóssito é ])astante
de las esmeraldas, como lo que tengo di-
cho : de las quales se han llevado muy
ricas piezas á España , é de mucho valor,
de la una é de la otra parte que he dicho
que se han hallado en estas Indias. Para
mi opinión yo tengo en mas estimagion
las segundas esmeraldas, de que he trac-
tado , que llaman de Puerto Viejo ó de la
Nueva Castilla, ó como digo de Tanga-
rala , non obstante que puntualmente no
se sabe hasta aqui , que estamos en el año
de mili é quinientos é quarenta é ocho,
su nasgimiento, aunque algunos sospe-
chan é otros creen que son de la costa
del rio de San Johan , que es g erca de
Puerto Viejo , é está aquel rio en dos gra-
dos é alguna cosa mas desta parte de lalí-
nia equinogial. Pero porque las que llaman
de Granada ó de los Alcázares ó Somin-
doco ó Tena ó Bogotá , mejor lo enten-
dáis, letor, digo quel nuevo reyno de
Granada se dio por nombre á aquella pro-
vincia por los chripstianos que la descu-
brieron; é otros le llaman los Alcázares.
El mayor señor de la provincia se degia
Bogotá ; é á la parte de Bogotá hágia el
norte, está el cagique Tena, do se solian
sacar las ricas é mejores esmeraldas. E á
la parte de Bogotá , hágia mediodía , está
la otra mina de esmeraldas en tierra del
cagique Somindoco : assi que de la una
mina á la otra hay veynte leguas, é en
medio de ambas minas estaba aquel gran
señor, llamado Bogotá, é todas tres par-
tes están quassi en triángulo , é es un va-
lle hermoso é fértil; para subir al qual
siempre se va encumbrando la tierra poco
á poco desde muchas leguas, como quien
fuesse desde Sevilla á Burgos ; é assi con-
cluyen nuestros españoles que lo han vis-
to , que hasta llegar al dicho valle ó se-
ñorío del Bogotá, se va la tierra algando
é se passan muchas é altas sierras. Y esto
baste quanto á las esmeraldas.
CAPITULO XXVIII.
En que sumariamenle se tracta un depóssito, que mas largamente se podrá ver en sus lugares apropri-
dos, é donde la natura en estas Indias ha mostrado é produce algunas fuentes é nascimientos de betum
de diversas maneras.
JL ráctase en el libro XVII , cap. VII , de
una fuente ó minero de betum que hay en
la isla de Cuba , alias Fernandina , que es
cosa muy notable ; pero no nueva en el
mundo, porque como al letor constará
por lo que alU puede leer , otras fuentes
tales escriben auctores graves é de cré-
dito que hay en otras partes. Pero cómo
este libro VI es de depóssitos , é paresge
que conviene que haya en él una rela-
gion de la generalidad ó particulares no-
vedades de las cosas que en estas Indias
se descubren , parésgeme que aquesta de
los veneros ó manantiales ó fuentes de
betum no se debe preterir ni dexar de re-
ferirse aqui por cosa muy notable. E digo
assi que hasta el pressente tiempo del
año de mili é quinientos é quarenta y dos
sabemos que hay tales betumes ó licores,
señaladamente en aquestas partes que
agora diré. En la isla de Cubagua, que
también se llama de las Perlas ; en la isla
de Cuba , alias Fernandina , está otra fuen-
te ó venero de betum; en la Nueva Es-
paña hay otra en la provingia de Panuco,
é otras dos fuentes hay en la punta de
Sancta Elena, que la una dellas es como
perfecta trementina. Otro lago de betum
está en la provingia de Veneguela : otro
pozo hay de betum en la gobernagion del
nuevo reyno de Granada, en la tierra de
los indios bravos, que llaman Panchcs.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXVIII.
SH5
Assi que hasta el pressente se saben en
estas nuestras Indias siete fuentes ó ma-
nantiales de betum; é muy diferentes los
unos de los otros, de los quales todos
nuestros españoles , ó de la mayor parte
dellos , se han aprovechado para brear
navios , non obstante que segund lo que
de los indios se ha podido saber , son
apropriados tales licores á muchas pas-
siones, é son medicinales, como se di-
rá en sus lugares é partes apropriadas,
quando en cada parte ó isla , donde es-
tan, se tractáre su historia mas puntual-
mente.
CAPITULO XXIX.
Del temblor de la mar, é del fundamento ó (ierra que debaxo della está juntamente, ó en un instante tem-
blor de ambos elementos.
»3on las cosas del mundo y de la natura
tan grandes é de tanto valor é soberana in-
vestigación para los despiertos ingenios,
que ningún buen entendimiento las puede
oyr ni considerar sin grande gogo é deleta-
gion del espíritu inteletual. Y aun no son
poco provechosas en los cathólicos varo-
nes , pues á los tales y aun á los infieles
causan una ocurrengia de memoria que
los lleva al Hacedor y causador de todos
los bienes y de todo lo creado y elemen-
tado para darle gragias y loores de sus
maravillas ; porque como dijo David:
«Señor, no hay otro semejante á tí ^))
Cierta cosa es, que manifiestamente yer-
ra aquel que á la natura le da gragias,
ni se maravilla de cosa que obre , sino á
solo aquel que la ordenó é compusso de
tal manera , que ella pueda naturalmente
obrar aquello que, por acaesger raras
veges, nos paresge milagro. Una cosa
diré aqui que, aunque hé setenta años,
nunca antes avia llegado á mi notigia se-
mejante acaesgimiento , y al presente el
capitán Johan de Lobera, que está en
esta gibdad é puerto de Sancto Domingo,
me ha dicho , y también lo dige un maes-
tre de una caravela llamado Johanes , na-
tural del condado de Vizcaya, é ambos
testifican averse hallado en lo que aqui
se dirá. Después quel adelantado don Pe-
dro de Alvarado , viniendo de Castilla,
passó por esta gibdad é llegó á la Tierra-
Firme é gobernagion de Honduras , envió
al dicho capitán Johan de Lobera con tres
navios á estas islas. E después que se hi-
gieron á la vela en la Tierra-Firme é na-
vegaron para venir aqui, dióles tiempo
contrario é hízoios andar temporigando
muchos dias : é la víspera de Sancta Ca-
thelina, veynte é quatro de noviembre de
mili é quinientos treynta é nueve años,
á causa quel tiempo no abonangaba para
seguir su viaje , estaban todos tres navios
apartados uno de otro é puestos al payro,
por no se derrotar ni perder lo que avian
caminado , é hallábanse quarenta leguas
ó mas apartados de la gran costa de la
tierra é de donde avian partido. El norte
ventaba mucho siete dias avie, sin gessar
un punto , que en esto estaban aguardan-
do la mudanga del tiempo; y esperando
otro mejor tembló la mar , é assi creyeron
que lo hizo la tierra que debaxo de sí te-
nían. Esto fue entre las onge é las doge
horas de la noche , y de tal manera , que
todos los de los navios pensaron que
avian dado en algunos baxos , y ocurrie-
ron á las sondas é no hallaron suelo ; y
espantado del caso el capitán Johan de
i Domine , non esl similis lui. Paralip. , cap. 17.
Si6
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Lobera , se hizo á la vela, atinando á los
faroles que cada navio tenia , para se re-
coger ó entender, é arribó con la nao
capitana sobre un navio de los de la con-
serva por hablarle, é preguntó á este
maestre Johanes (que assi mismo al pre-
sente está en esta cibdad) que qué le pa-
res^ia que debian hacer, y el maestre le
dijo: «Señor, no sé qué hagamos ; ha-
gerse há lo que vuestra merged manda-
re.» Entonces el capitán, Johan de Lo-
bera, replicó é le dixo : «¿Parégeos que
debemos arribar la vuelta de Tierra-Fir-
me?» E el maestre respondió que le pa-
resgie que lo debian hager, pues que la
mar ya no los sofria , que habia tembla-
do, é el tiempo estaba muy metido en su
contraste. E assi acordaron de arribar, é
fueron la vuelta de tierra, é caminaron lo
que les quedaba por passar de aquella
noche , é el dia siguiente todo de Sancta
Cathelina é la noche con mucho norte, é
el otro dia adelante por la mañana llega-
ron al cabo de Higueras. E salidos en
tierra supieron que en la misma sagon
que passó lo que está dicho de aquel
temblor, tembló assi mismo mucho la
tierra de aquella provingia , é se siguió
grandíssimo daño en las heredades é en
el campo. Paresgióme notable cosa é dina
de ponerse entre las diversidades de co-
sas queste libro VI tracta , puesto queste
maestre Johanes dige que otra vez le
acaesgió lo mismo en Levante en el ar-
chipiélago; é caso que á marineros no
sea oculto esto , para mí ha seido cosa
nueva oyrlo, y assi será á otros muchos,
en espegial á los que no han tanta noti-
gia de las cosas de la mar ; porque mo-
verse allá debaKO della la tierra é temblar
en tanta hondura, como aquellos navios
tenian debaxo de las quillas, é sentirlo
de tal manera que les paresgió avian to-
pado en rocas ó dado al través, caso
para espantar é no de poca contempla-
gion é admiragion es á los que lo oye-
ren. Bien sé que escribió Plinio ' que tiem-
bla la tierra variamente é hage maravillo-
sas operagiones ; porque algunas veges
derriba los edifigios , é otras , abriéndose
la tierra, los traga: otras veges echa fue-
ra alguna altura ó muela de territorio:
otras veges rios ; otras fuego é cálidas
fuentes , é alguna vez revuelve el curso
de los rios. El terremoto es acompañado
de sonido , el qual paresge ó mormurio ó
bramido ó grito humano ó rumor de ar-
mas , segund la calidad de quien lo res-
gibe é la forma de la caverna de donde
sale ; porque en la via estrecha es ronco,
é en la torgida ribomba , y en lo húmido
ondea, y muchas veges sin terremoto se
oye el sonido. Ni en una misma manera
se conmueve la tierra ; mas ó tiembla ó
alanga el abertura que hage el terremoto.
Alguna vez queda mostrando lo que ha
tragado, é otras veges se rehinche, de ma-
nera, que ninguna señal queda de las
cibdades ó tierras sorbidas. El mismo
auctor alegado dige, antes de lo ques di-
cho , lo que sigue : «Yo estimo no ser
dubdoso que los vientos son causa de los
terremotos: ni jamás tiembla la tierra, si
la mar no está quieta é el ayre tranquilo,
quel vuelo de las aves no se sostenga,
porque es removido todo espíritu que le
lleva. Ni jamás hay terremoto sino quan-
do el viento es rincluso en las venas de
la tierra ; porque assi es el terremoto en
la tierra, como el tronido en la nube, ni
es otra cosa el abertura de la tierra de lo
ques la nube, quando al salir del rayo se
abre , porque el viento engerrado quiere
salir á lugar libre ^.» Aplicando lo ques di-
cho de Plinio á nuestro propóssito é á lo
que los testigos alegados digen que les
subgedió, cotejado lo que tan alabado auc-
tor escribió desta materia en su Natural
1 Plin., lib. Il.cap. 82.
2 Plin., lib. II, cap. 81.
DE liNDíAS. LIB. VI. CAP. XXIX.
t\
historia , veo que no se conforma con
nuestro caso; porque pues Plinio dige
que jamás tiembla la tierra si la raar no
está sosegada y el aire tranquilo , y es-
tos otros contestes digen que la mar an-
daba muy alta y el viento muy excesivo
é grande , é la noche toda con muchos
truenos é relámpagos é tiempo tempes-
tuoso; muy diferente es é desviado lo quel
Plinio dige de lo que nuestros testigos
afírmau. Assi como do supo este caso,
es de creer que hay otras muchas parti-
cularidades quel no alcangó, é quel mun-
do nunca gessará de enseñar novedades
á los que vivieren , y mucho mas en es-
tas Indias que en otras partes ; porque
los secretos dellas están menos entendi-
dos ni vistos con tanta experiengia por los
chripstianos é hombres de sgiengia seme-
jante.
CAPITULO XXX.
De un depósilo é nueva manera de atabales é alambores é hasta agora nunca oydos ni vistos, cx^eplo en
Zisca, capitán herético de los bohemos heréticos.
U n depóssito se me ofresge de una nue-
va manera de atabales que en la parte
austral destas nuestras Indias se han ha-
llado y visto , lo qual en la continuagion
destas historias estará mas largamente
escripto en sus lugares apropriados , assi
quando se tráete de la gobernagion de
Popayan en el libro XLV, como en el li-
bro XLVI de la última parte destas his-
torias. Mas por ser cosa muy notable ha-
ger los hombres atabales, ó ser los hom-
bres atabales, degirse ha aqui en suma
lo que en esto passa : é diré primero una
cláusula del testamento del herético Zis-
ca, capitán muy señalado délos heréticos
de Bohemia , porque quiere paresger á
lo que los indios hagen en algunas pro-
vingias (no lexos sino muy gerca) de la
línia del equinogio. Escribe Eneas Silvio
Picolomineo, natural de Sena, cardenal
de Sancta Sabina, en su Historia de
Bohemia * , que seyendo herido de pesti-
lengia en un castillo, llamado Priscovia,
el herético capitán Zisca , por permisión
de Dios (segund se debe creer) , mu-
rió aquel aborresgible monstruo, cruel,
espantable , enojoso , contra el qual , no
bastando poder humano, bastó para ma-
talle solo el dedo de Dios. Digen que
Zisca, estando enfermo, fué preguntado
dónde le enterrarían, é respondió que le
desollassen después de muerto, y echa-
sen la carne á las aves é bestias , é del
cuero higiessen un atabal, é le llevassen
ante sí, como capitán, quando fuessen á
pelear, é que en oyendo los enemigos
el son del atabal, huirían.
Lo que con este tal atabal se con-
forma en las partes que he dicho des-
tas nuestras Indias es lo que agora di-
ré. Quando fué preso Alabaliba, prín-
gipe muy poderosso é rico , huyó un
capitán suyo de Caxamalca ó desde su
real de Atabaliba, con ginco ó seis
mili indios, é algósse con la provingia
de Quito , é traia unos hijos de Ataba-
liba que allá estaban. E Atabaliba es-
tando preso, envió por ellos á un herma-
no suyo , y este no queriéndoselos dar,
le mató é le hizo sacar todos los huesos
por gierta parte, quedando el cuerpo en-
tero é lo hizo atabal: de tal manera, que
la una parte del atabal , ó mejor digien-
do atambor, eran las espaldas, é la otra
TOMO 1.
i Lib. III.
?8
218
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
parte era la barriga. E curada la cabega,
é piernas, é pies, é brazos, é manos, é
lo restante del cuerpo estaba entero co-
mo preñado é fecho atabal ó atarabor co-
mo es dicho : lo qual hizo por asegurar
su tirania, é por atemorizar á otros á
quien amenagaba que no le seyendo obe-
dientes, los convertirla en semejantes
alambores.
Estando en esta cibdad de Sáne-
lo Domingo de la Isla Española el ca-
pitán Sebastian de Benalcágar, quan-
do yba á su gobernación de Popayan , el
año que passó de mili é quinientos é qua-
renla, yo platiqué con él algunas veges,
como con hombre que se avia hallado en
la conquista de las provingias de Quito
é Popayan , é de aquellas partes austra-
les é señorios de Atabaliba. E cómo ha
muchos años que nos conosgemos é somos
amigos, como tales, sogiablemente é de
grado me informó de muchas cosas que
yo desseaba gertificarme ; y entre otras
le pregunté por el atabal ó alambor que
es dicho , y me dixo que él avia visto el
mesmo atabal , é que era muy gran ver-
dad aver assi passado como es dicho. Y
me dixo mas: que lo tal es cosa muy usa-
da en aquellas partes, é que vido en
una poblagion pringipal, llamada Lile,
que es en la gobernagion de Popayan
(la qual está en dos grados y medio desta
parte de la línia equinogial), en solas tres
casas seysgientos é ochenta atabales se-
mejantes al que es dicho. E aquestos ta-
les instrumentos de música los hagen de
los enemigos que vengen ó pueden aver;
é quanto mas valeroso es el capitán ó
señor de aquellos que en aquellas partes
tienen señorío , tanto es mayor el núme-
ro que tiene de tales atabales , é es un
gran testimonio de su esfuergo é cruel-
dad, de lo qual muchos se presgian. Y
ningún atabal de los que de otros ani-
males se hagen , les aplage , ni otra músi-
ca han por tan suave é grata á sus ore-
jas, como aquesta. E assi quando hagen
sus areytos é fiestas, esos atabales se ta-
ñen, é los tienen por un muy exgelente
ornamento de su Estado, é por grande
auctoridad de su potengia. Ved , letor, qué
gerimonias les dá á entender el diablo,
que son grandeza é de honrosa reputa-
gion , porque cada dia crezca la república
infernal é no falten homegidios , con que
se vierta sangre humana, é se ofrez-
ca al demonio en sacrifigio : de lo
qual él se huelga mucho, como mas
largamente lo dige el Tostado, exge-
lente doctor , relatando las causas por
qué Busiris sacrificaba los extrangeros,
por hager plager ó servigio á sus Dio-
ses, é porque le prosperassen en Es-
tado i.
CAPITULO XXXI.
De una propriedad délos ganados corea de la línia equinoeial , que es cosa muy notable.
\^uito está ginco ó seis leguas (segund
fui gertificado del capitán Sebastian de
Benalcágar y de otros), de la otra banda
ó parte de la línia equinogial , á ochenta
leguas de Popayan, de tierra doblada; é
Popayan está en dos grados y medio des-
ta parte de la equinogial, é el rio que
llaman Angasmayo parte los términos de
Quito é Popayan. Cosa es maravillosa
que los giervos é ganados que están de
la parte de Quito no passan el dicho rio
á estotra parte, aunque por muchos va-
1 Abul. sobre Eusebio Z)e /05 íícmpoí, lib. II, cap. 4C1,
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXXI
219
dos que tiene lo podrían hager, ni los
que nasgen é están destotra banda tam-
poco atraviessan el dicho rio para la otra
parte hágia Quito. Otra cosa notable quie-
ro referir aqui , la qual supe assi mismo
del gobernador Benalcágar , el qual me
gertificó que los giervos en la provincia
de los Alcázares (hágia Sancta Marta) son
chicos , é hágia la parte de Levante son
grandes , no estando mas de un pequeño
monte en medio. Estas cosas é secretos
de la natura, son ocultas las causas,
puesto que los efetos son vesibles. Assi
como en Sigoro * , isla donde no entran
perros, é llevándolos de otras partes, va-
gabundos se andan por la ribera é se
mueren , en muchas partes de la Tierra-
Firme , assi como en Sancta Marta é en
Nicaragua é en el golpho de Orotiña,
todos los perros que son naturales de la
tierra no ladran (de los quales yo he vis-
to muchos); pero los nuestros que han lle-
vado españoles ladran, como lo suelen ha-
ger en España. Tenupsisambri , provingia
es de Assia, donde todos los animales de
quatro pies son sin orejas , é assi mismo
los elephantes^. Quién puede saber ni con-
jecturar la causa por qué una gente de la
India llamada pandara , la qual habita en
los valles , vive dosgientos años , y en la
juventud son canos , y en la vejez tienen
el cabello negro?' O por qué en otra par-
te nasgen los hombres con cola pelosa é
son velogíssimos , é otros con tan gran-
des orejas que cubren todo el cuerpo
con ellas? Estas cosas, como dige Pli-
nio, c otras semejantes , produge la na-
tura de la generagion de los hombres,
las quales á ella dan juego y á nosotrps
nos paresgen miraglos. Y assi mismo
se ven en los otros animales las diferen-
gias que se han dicho de suso, é otras
que no se pueden acabar de escrebir, sin
prolixidad. Pero , como mi intento no es
degir las que por otros auctores están es-
criptas, sino las que en estas nuestras
Indias vienen á mi notigia, que son nota-
bles, he traydo á conseqüengia las que
truxe aqui del Plinio , para que el letor
se acuerde que esta materia es grande,
é que en otras partes del mundo hay
assi mismo otras muchas cosas, de que se
pueden tanto ó mas maravillar los hu-
manos, como de las que se han dicho
destas Indias , y assi tengo por giertas las
unas é las otras.
CAPITULO XXXIL
De los vasos hechos de cabe9as de hombres ; y tráctase aqui en espe9ial de uno que tuvo el gran prín-
cipe Atabaliba, é de lo que dio por un gato, é de lo que dio á un español por causa de un gavilán.
U n depóssito (y aun tres) porné en este
capítulo XXXII, en tanto que llega la his-
toria á su tergera parte ó volumen, donde
se tractará de las co?as del gran príngi-
pe ó rey Atabalíba. Y porque ha pocos
días que tengo notigia de un tractado
nuevamente escripto por un caballero de
Sevilla, llamado Pedro Mexía, é á su li-
bro llama Silva de varia legión, no se
puede negar que el auctor es docto y su
obra provechossa , y el estilo no menos
elegante que subido en quilates de mu-
cho valor; y conozco yo de su ingenio y
letras que bastan á esa obra é otra
mayor.
Mas diré dos cosas aqui, antes que diga
i Plin., lib. VI, cap. 28.
2 Plin., lib. VI, cap. 30.
3 Plin., lib. Vil, cap. 2.
220
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
los tres depóssítos que ofresgí de suso:
la primera es quel nombre ó título del
libro me pares^e muy bien acomulado é
puesto muy al proprio é qual le debe te-
ner un volumen semejante ; porque assi
como en él se tractan muchas é diversas
cosas, é en la silva ó bosques son dife-
rengiados los árboles é plantas que pro-
ducen, é los animales é aves que en ellos
habitan ése crian, assi le dio el nombre,
conforme á la traga é materias que en su
mente (del escriptor) estaban ya elegidas
y notadas y bien vistas por él , para que
desechando ó desviando la prolixidad de
los originales (como prudente copilador),
cogiendo la flor de tantas é tan suaves
memorias é de tan notables legiones, viés-
semos en breves renglones lo que muchos
é grandes volúmines contienen. La se-
gunda cosa que me ocurre, ó en que este
nuevo tractado Silva de varia lecion me
ha dado causa de hablar en su loor y en
el primor de su auctor , es averie topado
su industria un nombre que paresge pe-
regrino ó no visto antes y solo , y en la
verdad es muy usado , porque como dige
el sancto doctor Isidoro en sus Elhimolo-
(jias\ quiero degir que esa varia legión
tiene otro título é nombre proprio , y es
Comentarios) y assi lo que escribió César,
dictador, se llama Comentarios de César^
porque sumariamente escribió sus pro-
prios fechos. Y esto que yo escribo en
este libro VI de la Natural Historia de
Indias, el mismo y proprio nombre que
se le puede dar, es Comentarios ; puesto
que assi como este caballero , Pedro Me-
xia, huyendo del proprio nombre, dio á
su obra otro tan proprio como el mismo,
é la llamó Silva de varia lecion , assi yo
quando intitulé este sexto libro , por no
le llamar Comentarios, le nombré Libro de
los Depóssitos. Y lo que tuve escripto del
i Commentaria dicta , quasi cum mente. Sunt
eniminterpretationes, ut commentajuris, commenta
Evamjdii. Nam quicquid brcviter componilur, com-
se imprimió el año de mili é quinientos é
treynta é ginco años, y después se ha
acresgentado en él todo lo que esta se-
gunda impresión tiene mas que la prime-
ra , que es mucho , y cada dia puede ser
mas; porque estos tractados ó comenta-
rios son de calidad que nunca faltará qué
recoger para recreagion de los hombres
que dessean saber y no se apartan de tan
loable y virtuoso exergigio, como es leer,
con tanto que esa ocupagion sea en li-
bros provechosos y verdaderos y no pa-
negy ricos, in cujus compositione homines
multis mendaciis adulantur , como el mis-
mo Isidoro en el lugar alegado lo dige.
Tornando al primero propóssito de los
depóssitos, digo que en el capítulo IX
deste VI libro dixe algo de lo que escribe
Plinio de giertos vasos, que los antropó-
phagios usan , que hagen de las cabegas
de los hombres que matan, y dige estas
palabras: «Los antropóphagios y come-
dores de carne humana ó de hombres
(de los quales avernos dicho) , están diez
jornadas engimade Borísthenes, é beben
con las cabegas ó calavernas de los hom-
bres , é los dientes con los cabellos traen
por collares , segund escribe Isigono *.
Muchas cosas se hallarán en estas mis
historias de Indias, por donde se deba
creer la maldad destos indios en el co-
mer carne humana. Mas por un vaso que
he sabido que tuvo aquel gran príncipe
Atabalida , se puede creer lo demás : el
qual era la cabega de su hermano, la
qual vagiados los sesos é interiores par-
tes della muy bien , y de dentro muy li-
sa, y el brocal de su gircunferengia he-
cho de oro muy bien labrado é fino , te-
nia el cuero superior con los cabellos muy
llanos é negros y curados, de manera
que estaban muy lijos en este vaso, con
quel Atabaliba bebia en las fiestas; y era
mentarium dicüur ; quod vero elongatur,expoiit%o
nominalur. üb. VI., cap, 8.
2 Plin., lib. Vil. cap. II.
DE INDIAS. LIB. Vi. GAP. XXXíí.
22 f
una de las maá presgiosas joyas de su cá-
mara é tesoros y de mas reputagion.
El segundo depóssito es, que entre los
españoles que se hallaron en la prisión de
Alabaliba , uno dellos tenia un gato des-
tos caseros: é acaso un día vido el Ala- /
baliba como tomó un ratón, y holgóse
tanto de verlo, que rogó al dueño del gato
que se lo diesse, é dióle por el gato mas
de mili pessos de oro; y de ahy adelan-
te, quando queria aver plager, traíanle
ratones, é él soltaba el gato é los toma-
ba, é era para él una caga de mucho
porte é risa.
Quanto al tergero depóssito , es de sa-
ber que un hidalgo de los del exérgi-
to del gobernador, don Frangisco Pi-
garro, tomó un gavilán é hízole manso,
é cagaba con él gergetas é tórtolas é otras
aves : y ver aquesto fué para Alabaliba
una cosa de que él se maravilló , é dixo
que los hombres que tal sabían hager á
enseñar á las aves é domarlas, que todas
las cosas del mundo les eran possibles é
sabrían ser señores del mundo , pues ha-
gian alguagiles para tomar las aves. Y en
veges le dio á aquel hidalgo, por causa
del gavilán, mas de dos mili pesos de
oro , é queria que aunque se le oviesse
dado, lo tuviesse é curasse aquel gentil
hombre que lo avia hecho , é que cada
dia se lo truxese delante de sí. E se hol-
gaba mucho de lo ver, é le hizo luego
hager unos cascabeles de oro é guarnes-
gerle como ave de tan gran príngipe , que
á la verdad lo fué muy grande é tan va-
leroso, como en su lugar se dirá, quando
se tráete en la tergera parle de la con-
quista de la Nueva Castilla é de aquellas
partes australes. Y no fué pequeño de-
licio matar un señor semejante, y en es-
pegial por la forma que lo mataron.
CAPITULO XXXIII.
De las mugeres que en las Indias viven en repúblicas é son señoras sobre sí, á imitación de las Ama-
zonas: é pónense aqui dos depóssilos hasla que en la segunda parle de la General historia lleguemos á
los proprios lugares é provin9Ías, donde tales mugeres habitan , é alli se diga mas copiosamente lo que
en esto hay que escrebir.
I linos é Escolopytho fueron desterra-
dos de su patria*; losquales, llevando
consigo gran moltilud de mangebos , se
passaron á Capadogia á par del rio Ter-
modonle , é tomaron los campos Temis-
girios , é alli acostumbraron á robar á los
veginos; mas después los pueblos los ma-
taron. Las mugeres, viéndose desterradas
é viudas , lomaron armas , é primero de-
fendiendo su tierra é hagiendo guerra,
osaron por maravilloso exemplo de todos
los tiempos, hager su república sin mari-
dos ; desechando los veginos por no se
casar, porque no seria llamado matrimo-
nio, sino servitud, é assi se reglan, des-
pregiándose de tener marido. E á tal que
no paresgiesse que la una tenia ventaja á
la otra, mataron á aquellos que avían
quedado en casa , é higieron venganga de
los muertos maridos con la muerte de los
vivos. Después por fuerza ávida la paz,
á tal que no fallasse su generagion , co-
mengaron á luxuriar con los veginos, ésí
nasgian algunos hijos varones, matában-
los, é las hembras exergitaban en sus
costumbres , no teniéndolas en ogio ni en
el arte de la lana ocupadas , sino en ar-
mas é en caballos é caga ; é quando eran
pequeñas, quemábanles la teta derecha,
á tal que no les diesse estorbo al tirar con
1 Justino, lib. II.
223
HISTORIA GEINERAL Y NATÜIUL
el arco , por lo qual las llamaron amaco-
nas. Estas ovieron dos reynas , Marpesia
é Lampedo, etc.
Este fue el origen de las que ama-
zonas se llamaron, segund mas larga-
mente lo escribe Justino en la Abrevia-
ción de Trogo Pompeyo , é llegó su estado
á ser muy grande. Otra cosa me mara-
villa mas que lo ques dicho , porque esas
amazonas conservaban é aumentaban su
república , con aver ayuntamiento con
hombres en giertos tiempos; pero repú-
blica de hombres sin aver ayuntamiento
con mugeres é vivir castamente é turar
é ser siempre mayor su pueblo , esto es
de mucha mas admiragion , y sabido el
caso es muy posible, segund PHnio lo
escribe, el qual dige, hablando del lago
Apháltide, desta manera: «En la ribera
del poniente está la gente de los esenios,
los quales huyeron en todo de los malos:
es gente en todo el mundo maravillosa;
viven sin mugeres é sin alguna libídine,
sin pecuina. No vienen á menos, porque
de tiempo en tiempo van á vivir con aques-
tos aquellos que, cansados por la adversa
fortuna, siguen las costumbres de aque-
llos ; por lo qual há muchos siglos que
tura aquella gente , entre la qual ninguno
nasge. ¡Tanto les es fértil á ellos el tedio
ó enojo de la vida de los otros!» * Todo
es del auctor alegado.
Al propóssito de lo que está dicho en
ambas particularidades, diré quanto á
los depóssitos que ofresgí de suso dos
notables memorias de mugeres. Y es la
primera , que andando el gobernador Ge-
rónimo Dortal en la Tierra-Frme, hallaron
él é los españoles en muchas partes pue-
blos, donde las mugeres son reynas ó ca-
cicas é señoras absolutas , é mandan é
gobiernan é no sus maridos , aunque los
tengan; y en especial una, llamada Oro-
comay , que la obedesgen mas de treynta
leguas en torno de su pueblo , é fué muy
amiga de los chripstianos. E no se servia
sino de mugeres , y en su pueblo é con-
versagion no vivian hombres , salvo los
que ella mandaba llamar para mandarles
alguna cosa ó enviarlos á la guerra , como
mas largamente se dirá en el libro XXIV,
capítulo X. Quando el capitán Ñuño de
Guzman é su gente conquistaban la Nueva
Galigia , tovieron nueva de una población
de mugeres, é luego nuestros españoles
las comengaron á llamar amagonas. Anti-
gipóse un capitán llamado Ghripstóbal de
Oñate á suplicar al capitán Ñuño de Guz-
man, su general , que le higiesse merged
de aquella empressa é pagificagion de
aquellas amagonas: é el general se lo
congedió , é fué con su capitanía en bus-
ca dellas , é en un pueblo en el camino
fué muy mal herido é otros españoles
descalabrados de giertos indios que les
salieron al encuentro , á causa de lo qual
este capitán y los que con él yban, no
passaron adelaínte. E llegado alli el ge-
neral, pidióle la empressa el maestre de
campo, llamado el capitán Gongalo López,
para yr al pueblo de las mugeres , é otor-
góselo : é quiso después el mismo gene-
ral ver estas mugeres, é llegados allá sin
resistengia, entraron, con su grado, en el
pueblo do viven , llamado de ^igualan
(llámanle assi porque en aquella lengua
desa provingia quiere degir Giguatan
pueblo de mugeres), é á los españoles dié-
ronles muy bien de comer é todo lo nes-
gessario de lo que tenían. Aquella repú-
blica es de mili casas é muy bien orde-
nada ; é súposse dellas mismas que los
raangebos de la comarca vienen á su cib-
dad quatro meses del año á dormir con
ellas , é aquel tiempo se casan con ellos
de prestado é no por mas tiempo , sin
ocuparse en mas de las servir é conten-
tar en lo que ellas les mandan que hagan
1 Plin., lib. V, cap. i8.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXXIII.
£23
de dia en el pueblo ó en el campo ; é las
noches dánles sus proprias personas é
camas : en el qual tiempo cultivan é siem-
bran la tierra de mahizales y legumbres,
é lo cogen e lo ponen en las casas, don-
de han seydo hospedados. E complido el
tiempo ques dicho , ellos todos se van é
vuelven á sus tierras, donde son natura-
les; y si quedan esas mugeres preñadas,
después que han parido envian los hijos
á sus padres , para que los crien ó hagan
dellos lo que quisieren; é si paren hijas,
retiénenlas consigo é criánlas para au-
mentagion de su república. Tienen tur-
quesas ó esmeraldas en cantidad é muy
buenas. Pero el proprio nombre no es
Ciguatan de aquella 6ibdad, como de su-
so se dixo , sino Ciguatlam, que quiere
degir pueblo de mugeres. De las otras sus
particularidades se dirá mas por extenso
en el libro XXXIV, cap. YIII.
Yo me quise después en España informar
del mismo Ñuño de Guzman, gerca desto
destas mugeres, porque es buen caballero
y se le debe dar crédito; é me dixo que
es burla, é que no son amagonas, aunque
algunas cosas se decian destar sobre sí; é
quél passó adelante é tornó por alli , é
las lialló casadas, é que lo tienen por va-
nidad. Digo yo que ya podrie ser que,
pues las halló casadas, fuesse en el tiem-
po desos sus allegamientos ; pero dexe-
mos eso, é passemos adelante.
Pues yo he complido con los depóssitos
que he dicho , quiero degir gerca de lo
que se dixo de la gente de los esenios, de
quien Plinio escribió lo ques dicho. Y
porque no os maravilléis, letor, deso, os
traeré á la memoria otras generagiones
de gentes que vos y yo y otros muchos
avernos visto semejantes, que se aumentan
é viven muchos tiempos há, sin compañía
de mugeres; y aun assi mismo os acordaré
de otras congregagiones, que viven é per-
severan y nunca faltan , de mugeres que
viven sin compañía de hombres , para lo
qual digo assi.
Demás de lo que Sanct Isidoro di-
ge en sus Ethimologias *, ya sabemos
quel convento se toma por el lugar don-
de muchos concurren ; y assi entiendo
yo que muchos conventos é lugares hay
que todos son de hombres religiosos
y viven sanctamente sin compañía de
mugeres : y muchas mugeres y conven-
tos del las que están sin hombres , y se
sostienen largos tiempos há, como lo tes-
tifican los benitos é bernardos é car-
tujos y las otras sanctas órdenes de reli-
giosos por sí é religiosas por sí. Y assi
debieran de ser esa ó esas comunidades
de los esenios , los quales pone el auctor
ques dicho en parte de la Judea ; y judíos
castos debieran de ser; pero no de la
sanctidad ni bondad de las comunidades
ó conventos de religiosas ó religiosos
chripstianos, que como aquellos, huyendo
de los malos é pecadores mundanos, se
apartan é engierran á servir á Dios, é
viven ellos sin mugeres y ellas sin varo-
nes, é castamente y en toda honestidad.
E no vienen á menos, porque de tiempo
en tiempo van á vivir en tal compañía
aquellos que se cansan de la adversa for-.
tuna , é quieren servir á Dios é dexar el
mundo , é hagen profession con los que
antes tomaron el hábito de la religión;
por lo qual há muchos siglos é tiempos
que permanege tal gente , sin que entro
ellos ni ellas nazcan otras criaturas; por-
que les es de mucha fertilidad y exgelengia
el apartamiento de las costumbres de la
gente seglar. Y quando, por industria é so-
ligitud del diablo, alguna incontinengia é
feo pecado se comete por algún profeso,-
ni le falta arrepentimiento ni penitengia al
propóssito de su delito y para remedio de .
su ánima. Passemos á los otros depóssitos.
1 Cives vocatique in unum coeuntes vivat, etutita comes et ornatior fíat et tutior. Ethim., lib. IV, c. 4.
2*24
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XXXIV.
De tres depóssitos é otros laníos animales vistos en la Tierra-Firme , los dos dellos en la provin9Íade Pa-
ria , y el tercero en muchas parles de la Tierra-Firme.
JL linio, hablando en los animales de
agua , dige que la torpédine tocada con
un asta ó verga, aunque sea desde ie-
xos della , hage atormentar qualquier
fuerte ó valiente brago é á todo veloge
pié para correr * ; pero no dige este auc-
tor la forma deste animal. Y nuestros es-
pañoles que en estas Indias le han topa-
do, no le sabian el nombre; pero digensu
forma é manera. E assi este depóssito se-
rá mejor entendido é el animal conosgi-
do , de lo qual se tractará mas largamen-
te en el libro XXIV, cap. XIII, donde
hallareis , letor , que en el rio de Huya-
pari se tomó un pescado como morena,
pintado , tan gruesso como la muñeca del
brago de un hombre , é tan luengo como
quatro palmos : é tomósse con una red , é
sacado en tierra , en tanto questuvo vi-
vo , tocándole con una langa ó espada ó
un palo , quanto quier que apartado esto-
viesse quien le tocaba , en el instante da-
ba tanto dolor en el brago , é lo atormen-
taba é adormesgia con tal dolor, que
convenia presto soltarle. Esto probaron
muchos españoles, é tantos se quisieron
informar deste secreto , que apretando el
pescado hagiendo la experiengia, le ma-
taron , é después que fué muerto se mu-
rió tal propriedad con él, é no daba algún
dolor ó empacho á quien le tocaba.
Otro animal hay en la Tierra-Firme en
muchas partes della, que son unas zorrillas
de tal hedor que es incomportable. Son de
color bermejo é de mal pelo, é tamañas
como una pequeña raposa ó garduña ; y
si passa este animal á barlovento , quel
viento passe por él é después toque al
hombre , aunque esté desviado un tiro ó
dos de ballesta, le comunica un grandís-
simo é aborresgible hedor: é da mucha
pena , porque paresge que penetra la per-
sona hasta las entrañas, por espagio de
una octava parte de una hora, é mas é
menos , segund la distangia , ó como es-
te animal está arredrado. Acaesge, topán-
dole en el campo, alcangarle los perros;
pero pocas veges le matan , porque en
dándole un alcange , dá de sí aquel hedor
tan grande, y de tal manera, quel perro
se aparta del atónito é aborresgido y mi-
rándole mal contento : é revuélcasse en
tierra por desechar de sí aquella iníigion
hedionda que le ha pegado, é váse á
buscar el agua, por desechar aquella pes-
tilengia; y esto le tura algunos dias. Y
quando alguno de pié ó de caballo le to -
ca con la langa , sube súbito por el asta
el hedor , é infigiona el brago é el hom-
bre é la ropa , é suelta luego la langa é
escupe, é vasca, é no se le quita aquel
hedor é asco por algunos dias , ni le sabe
bien lo que come; é es menester fregar
é sahumar la langa muchas veges é la ro-
pa, para desechar aquella mala infigioné
hedor : é assi mismo la silla del caballo
queda con la misma infigion, é el caba-
llo pierde el comer por algunos dias, co-
mo mas largo se escribirá en su tiempo,
en el lugar alegado.
Un animal pequeño hay en la provin-
gia de Paria, del qual assi mismo se
dirán mas particularidades en su lugar,
en la segunda parte destas materias; pe-
ro sola una cosa, la mas notable del,
quise poner en este depóssito ; y es que
la corriente del pelo la tiene al contra-
l Pl¡n.,Ub. XXXII, cap. <.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXXIV.
225
rio de los otros animales, porque pas-
sándole la mano desde. la cabera has-
ta el fin de la cola es á redropelo é so
le levanta , é llevando la mano al contra-
rio, desde la punta de la cola hasta el ho-
cico, se allana el pelo. Duerme todo el dia,
si no le recuerdan para darle á comer, é
vela toda la noche sin parar , buscando
que coma, y anda silvando. Llámanle
los indios de la costa de Paria bivana. El
pescado llamado accipensier solo entre to-
dos los otros tiene vueltas las escamas al
revés, hágia la boca ^ Por estas varieda-
des es hermosa la natura , é quiere algu-
nas veges conformar las cosas de la mar
con las de la tierra , assi como la torpé-
dine con las zorrillas que se dixo de su-
so, é el acgipensier con la bivana. El
mismo auctor escribe que giertas cabras
tienen el pelo contra la cabega ó al con-
trario 2, que es lo mismo que dixe arriba
del animal bivana. Gomo eri otras partes
lo he prometido , todas estas cosas é de-
póssitos estarán mas copiosa é largamen-
te relatadas, en sus lugares é provincias
é libros apropriados.
CAPITULO XXXV.
De uaa nueva manera de arma ofensiva que usan cierta gente del Rio de Paranagua^u, que otros llaman
Rio de la Plata, ó Uámanse los guaranias.
I or impossible cosa tengo poderse sa-
ber ni alcangar todas las maneras quel
arte militar tiene é usan las gentes en sus
guerras, assi para defenderse de los ene-
migos , como para ofenderlos : y assi
como ignoramos las nasgiones extrañas,
assi nos son ocultas sus costumbres en la
guerra y en la paz. Aqui se porná un de-
póssito, en tanto que llegamos al Rio de la
Plata, é es para mí muy nueva cosa la que
diré , y assi creo que lo será á otros mu-
chos que mas que yo avrán visto é oydo.
Tengo averiguado con muchos testigos
de vista, que ciertos indios que en el Rio
de la Plata se llaman los guaranias usan
cierta arma , y no todos los indios son
hábiles para ella sino los que he nombra-
do : ni se sabe si este nombre guáranla es
del hombre ó de la misma arma , la qual
exercitan en la caga, para matar los ve-
nados , y con la misma mataban á los es-
pañoles, y es desta forma. Toman una
pelota redonda de un guijarro pelado, ta-
maño como el puño, e aquella piedra
átanla á una cuerda de cabuya y tan
luenga como ginqüenta pasos é mas
ó menos, é el otro cabo de la cuerda
átanlo á la muñeca del brago derecho,
en el qual traen revuelta la cuerda res-
tante holgada, exgepto quatro ó ginco pal-
mos della, que con la piedra rodean é
traen alrededor, como lo suelen hager los
fundibularlos. Mas assi como el que tira
con la honda , rodea el brago una ó dos
veges antes que salga la piedra , estotros
la mueven alrededor en el ayre con
aquel cabo de la cuerda deque está asida
diez ó doge vueltas, para que con mas
furiosidad é fuerga vaya la pelota: é
quando la suelta , en el instante ex-
tiende el indio el brago , porque la
cuerda salga libremente, descogiéndose
sin algún estorbo. E tiran tan gierto co-
mo un diestro ballestero , é dan adonde
quieren á ginqüenta pasos é mas é me-
nos, hasta donde puede bastar la traylla:
é en dando el golpe, va con tal arte guia-
da la piedra , que assi como ha herido da
\ Plin.,l¡b. IX, cap. Í7.
TOAlü I.
2 Plin. , lib. VIII, cap. 6Í.
29
226
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
muchas vueltas la cuerda al hombre ó
caballo que hiere , é trábasse con él de
manera en torno de la persona ó bestia á
quien tocó, que con poco que tira el que
tiene la cuerda atada al brago , da en el
suelo con el hombre ó caballo, á quien ha
herido ; y assi acaban de matar al que
derriban , muy á su salvo del cagador ó
míUte que tal arma usa. Dixéronme por
gierta cosa experimentada é vista, que
entre mas de dos mili hombres que á
aquella tierra fueron con el capitán ge-
neral , don Pedro de Mendoga , entre los
quales avie muchos sueltos é mañosos,
ninguno se halló que supiesse tirar aque-
llas piedras , segund los indios, aunque
innumerables veges muchos españoles lo
experimentaron : ni lo agertaron á hager,
como mas largamente lo escribiré en el
libro XXIII , en el capítulo VI , en que
esto é otras cosas de aquella tierra aus-
tral estarán escripias.
CAPITULO XXXVI.
De una ave de rapiña ó monstruo de las aves , que caca en la tierra d pesca en la mar é en los rios.
JLf e todas las aves que yo he visto ó ley-
do que son de rapiña, ninguna me ha
dado tauta admiragion como una que se
porná aqui en este depóssito , y de quien
mas Jargamente estará escripto en el li-
bro XIV, capítulo VIII. En las islas des-
te nuestro golpho hay giertas aves que
los españoles las llaman agores de agua,
y yo llamo á tal ave monstruo entre las
aves. Ni he visto ni oydo ni ley do otra su
semejante ni tan notable entre todas las
de rapiña , y muchas veges se ha visto y
es notoria en esta nuestra Isla Española
y en la de Sanct Johan é otras islas. Yo
no la he visto; pero supe lo que agora
diré de Pedro López de Ángulo é del ca-
pitán Johan de León é del adelantado
Johan Ponge de León é otros que la han
visto cagar en la tierra é pescar en la
mar, é la han tenido en sus manos: los
quales contestes me gertificaron ques del
tamaño de una gavina, é el plumaje
quassi de aquella manera , como blanco
mezclado de pardo, y el pico como de
gavina é mas agudo. Mantiénese de ca-
gar en la tierra y de pescar en el agua.
Tiene el pie izquierdo como de ánade ó
pato , é con aquel se sienta en el agua
quando quiere , é la mano derecha es
como de un gran agor ó de un sacre ; é
quando los pescados salen cerca de la
superfigie del agua, déxase caer de alto
donde anda volando, é con aquella mano
de presa apaña algún pez, é á veges se
va con él á lo comer sobre un árbol, é
otras veges se está assentada en el agua
con el pie que tiene como pato, é come
su pescado , ó se lo va comiendo en el
ayre, volando. En la tierra se geba de al-
gunas aves pequeñas , é quando esas ó el
pescado no puede aver , toma lagartijas,
con que satisfago su hambre.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXXVIÍ.
227
CAPITULO XXVÍI.
De una nueva forma que tienen los indios de la gobernación de la Nueva Castilla en adobar é preparar el
pescado é ha9erlo cecial sin le echar sal alguna.
Jtjste depóssito ó nueva legión me pa-
resge ques una cosa no óyela ni vista an-
tes ni escripia de otra provingia alguna
de la forma que en la costa de Sanct Mi-
guel, en la Nueva Castilla, los indios
adoban el pescado é lo hagen gegial, sin
le echar sal ; y es desta manera. Abren
el pescado é cavan en tierra hasta un
palmo en hondo , é cúbrenlo alli de tier-
ra, é está assi enterrado ginco ó seis dias,
é á cabo dellos sácanlo curado, é sale
mejor quel muy buen pescado gegial de
Galigia ó Irlanda , é tan enxuto ; é se
tiene después assi todo el tiempo que
quieren. Esto se hage donde he di-
cho , en la qual tierra nunca llueve ; é á
donde adoban é curan el pescado , co-
mo está dicho , es apartado de la cos-
ta de la mar ginqüenta pasos mas ó
menos.
CAPITULO XXXVIII.
En el qual se tracla un caso peligroso é experimentador de la grandíssima habilidad que tuvo un veci-
no en la cibdad de Panamá en nadar , y fué de tal manera que salvó su vida , donde hubiera muy po-
cos en el mundo que dexáran de ser ahogados , si lo mismo les acaeseiera.
JHín el capítulo XXXII hige memoria de
aquel nuevo tractado que un caballero
docto ha escripto , llamado Silva de varia
legión , y en la verdad á mi gusto es una
de las que mas contentamiento me han
dado de las que he visto en nuestra len-
gua castellana. Y entre las otras gentile-
zas y admirables casos que han passado
hage memoria del nadar de un hombre,
de donde le paresge que tuvo origen la
fábula del pexe Nicolao ^; é trae áconse-
qüengia algunas historias de grandes na-
dadores , y en espegial de un hombre lla-
mado el pege Colan , natural de la cibdad
de Cathania en Segilia , é de otros, como
lo podres ver letor en el tratado que he
dicho. Y estoháseydo causa para acordar-
me de poner aqui un depóssito, en tanto
que llegáremos al libro XlIIdesta parte pri-
mera de la General historia de las Indias,
porque alli en el capítulo XII lo entien-
do escrebir mas largo. Supe, y fué assi
verdad, que á un hombre de bien llamado
Andrea de la Roca , vegino de la cibdad
de Panamá , le acaesgió un caso que me
hace pensar que en el exergigio del nadar
dexó á este hombre experimentado y
aprobado por el mayor nadador que hoy
vive, ni ha habido grandes tiempos ha.
A mi paresger todo lo que aquel caballe-
ro Pedro Mexía escribe en su Silva de
varia legión de aquellos grandes nadado-
res que alli pone , todo es poco en com-
paragion de lo que agora diré; porque
de nadar un hombre por su plager ó por
nesgessidad, hay mucha diferengia á lle-
varlo atado é arrastra ado debaxo del agua
por la fuerga de un grandíssimo animal
i Silva devana legión, cap. 23, I parle.
ns
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
marítimo , que los tales son de tanta ve-
locidad, que ningún ligero caballo ógier-
vo en la tierra no es tan suelto ni ligero.
Visto yo he muchas veges en ese grande
mar Ogéano yr una nao cargada de todas
velas é con mar bonanza é largo é regio
viento , é tal que en un dia puede andar
Qiea leguas é mas , é andan los tiburo-
nes, é los marraxos, é toñinas, é los do-
rados é otros pescados á par de la nao , é
le dan muchas vueltas en torno, é andan
tanto é mas mucho que la nao , quanto
un hombre muy ligero correrá mas que
un niño de tres años; y me paresge que
es mucho mas, sin comparación, lo que
tales pescados corren mas que las naos,
por muy veleras que sean. Pues ávido
esto por máxima, oyd, letor, un caso que
en esta materia del nadar es muy extre-
mado y para espantar; y muchos son al
presente que saben lo que agora diré , y
que ellos y yo conosgemos á este Andrea
de la Roca : el qual , como hombre de la
mar, tenia cargo, como mayordomo, de
andar mirando los indios de la pesque-
ría de las perlas en la isla de Terarequi,
que es en la costa de la mar del Sur , á
quinge leguas de Panamá. Un dia por su
plager quisso yr á pescar, como otras ve-
ges, por harponar algún buen pescado
desde una canoa, é vido una raya ó man-
ta é tiróle el harpon.con una buena as-
ta é hirió la manta: la qual incontinente
con la mayor presteza que degirse puede,
viéndosse herida se metió para el pro-
fundo del agua , é el cordel del harpon
saliendo tras el pescado con el mismo ím-
petu , desastradamente se asió de tal
forma al un pié del Andrea , que le arre-
bató é llevó tras sí fuera de la canoa;
é arrastrando le llevó la raya apartado
de la canoa mas de una legua. E en
aquella legua se puede degir que nadó
mas de quingie , porque muchas veges le
metió la raya ginqüenta é gien bragas
debaxo del agua ; é tuvo tanto esfuergo
é aliento é sentido, que como era man-
gebo regio é grandíssimo nadador, se
supo asir del cordel , para que el pié pu-
diesse , afloxando algo la cuerda , sacarle
del lago en que yba asido. Pero á lo que
en esto se pudo alcangar , segund el jui-
gio de los mas , fué que cómo el harpon
se travo bien con los huesos de la raya,
é la herida bastó á la matar, en aquel es-
pagio que corrió arrastrando al pescador,
ella desangrada , se dibilitó é afloxó des-
pués su curso , é él tuvo lugar de se des-
asir é dexar la cuerda. Yo tengo por mas
gierto que su maña ni su habilidad del ni
de otro no bastara , para dexar de se aho-
gar, si no fuera socorrido de la Madre
de Dios , á la qual segund él mismo me
dixo después , se encomendó tan devo-
tamente , como su nesgessidad lo reque-
ría. E de donde sacó el pie del cordel á
la superfigie del agua subió mas de
treynta bragas, é se fué nadando hágia
donde vido su canoa mas de una legua
apartada del con sus indios, los quales
le recogieron desde á mas de dos horas
después que la raya le sacó della. Esto
passó el año de mili é quinientos é diez
y nueve donde es dicho. Y porque podrá
paresger dubdosso á muchos poder estar
un hombre debaxo del agua tanto tiem-
po, y en espegial con tanta nesgessidad
é trabaxo , platicando yo con él en esto,
me dixo que mas de veynte veges entró
debaxo del agua é salió engima. Pero á
muchos es público en aquella tierra que
todas las veges que este hombre quería
estar una hora debaxo del agua, lo hagia;
mas cómo yo no lo he visto, aunque le
he tractado é le conozco , no quiero , en
esto del tiempo de estar debaxo del agua,
persuadir al letor que lo crea ni que lo
dubde.Mas seyendo, como es verdad, lo
que está dicho , por ahy se debe enten-
der la habilidad que este hombre tenia
en tal exergigio. La manta ó raya me
dixo que era tan grande, como un repos-
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XXXVIII.
229
tero que estaba colgado en casa del go-
bernador Pedrarias Dávila , donde está-
bamos , quando él me informó de lo que
es dicho, el año de mili é quinientos é
veyntey uno, en la dicha cibdad de Pa
naraá: que por lo menos podria tener
dos varas y media de ancho y tres de
cayda, que son quarenta é quatro pal-
mos en gircuy to ; y assi por esta gran-
dor grande destas rayas, les quitan
los marineros su nombre é las llaman
mantas.
CATIPIJLO XXXIX.
De dos cosas notables de Margarita de Vergara , muger que fué del historiador destas materias: la una
que nunca escupió, é la otra que en una noche se tornó cana, seyendo muy rubia é hermosa muger é
de veynle é seis ó veynte é siete años.
JLic^yendo esta Silva de varia lecion quef
escribió el noble á muy enseñado caba-
llero Pedro Mexía, honroso varón á su
nasgion é patria, de la muy noble cibdad
de Sevilla , de donde es natural , é de cla-
ra é generossa sangre , pero despertador
de trabaxos mios (que aunque algunos
son passados no pueden salir de mi me-
moria en tanto que el ánima estoviere en
esta mi flaca é pecadora persona), y es-
tos se regentaron, quando leí el capítulo
XXVIII de su tractado * , é topé alli cómo
Antonia, hija de Druso Romano, que en
toda la vida nunca escupió. Esto aunque
mucho tiempo há é mas de quarenta y
í^inco años que lo leí la primera vez, é
muchas después en Plinio , nunca lo tuve
por tan gierto como después que me
casé con Margarita de Vergara, de la
qual oso degir, porque hoy viven muchos
que la conosgieron, que fué una de las mas
hermosas mugeres que en su tiempo ovo
en el reyno de Toledo y en nuestra Ma-
drid: la qual, demás de su buena dispu-
sigion corporal , fué tan acompañada de
virtudes , que el menor bien que tenia,
fué la hermosura exterior, en que á todas
sus veginas hizo ventaja viviendo. Y có-
mo Dios la quisso doctar para la gloria,
en- que por su missericordia confio que
ella está por sus méritos , assi por falta
de los mios, la llevó á la otra vida para
que yo quedasse en esta sin ella, por un
caso que adelante diré, que ni puedo
hablar en él sin lágrimas, ni dexar de
sospirar por ello en quanto yo viva.
La auctoridad que este caballero Pedro
Mexia dige en su tractado, téngolayopor
de PhnioV y assi comoOtavia nunca es-
cupió, asi mi Margarita lo mismo. Y por-
que su padre é otras personas me lo di-
xeron , yo estuve todavía dudoso é sobre
aviso en tanto que Dios me la prestó,
que fueron algo mas de tres años , y nun-
ca yo ni otra persona de mi morada la
vido escupir. Vengamos á mi desventura
y suya , y á la fin que hizo , é á las súbi-
tas canas que le vinieron, y esto también
ha acaesgido á otras personas. Y en es-
pegial me acuerdo que don Diego Osorio
fué preso en Sevilla é puesto en la torre
del Oro , é dixéronle ó él creyó que otro
dia le avian de cortar la cabega, por
mandado de la Reyna Cathóhca, doña
Isabel ; y aunque era mangebo y sin te-
ner cana alguna , en una noche se le tor-
naron los cabellos y barbas tan blancos,
como un armiño. Esto es muy notorio, é
yo lo vi , porque antes que fuesse preso
le conosgí , y me hallé en la corte paje é
l Silva de varia legión , í parte.
1 Plin. , lib. Vil , cap. 29.
230
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
muchacho, é le vi después suelto é ca-
no , por lo qual se ponia una cabellera é
se hagia la barba á menudo : é ha muy
poco tiempo que murió sirviendo de
maestresala á la Emperatriz, nuestra se-
ñora , de gloriosa memoria , estimado
mucho por buen caballero é sabio. Mar-
garita mia después que nos casamos , se
hizo preñada , é á los nueve meses vino á*
parir un hijo; é fué tal el parto , que le turó
tres dias con sus noches , é se le pvie-
ron de sacar , seyendo ya el niño muer-
to : é para tener de donde le asir , por-
que solamente la criatura mostró la parle
superior de la cabera , se la rompieron é
vaciaron los sesos , para que pudiessen
los dedos asirle, y assi salió corrompido
é hediondo , é la madre estaba ya quassi
finada. El caso es que ella vivió, aun-
que estuvo seis ó siete meses tollida en la
cama , muriendo é penando. Mas en aque-
lla trabajosa noche , postrera de su mal
parto , se tornó tan cana é blanca su ca-
bera , que los cabellos que paresgian muy
fino oro se tornaron de color de fina
plata. Y en verdad mis ojos no han visto
otros tales en muger desta vida ; porque
eran muchos é tan largos , que siempre
traia una parte del trangado doblada,
porque no le arrastrassen por tierra, y
eran mas de un palmo mas luengos que
su persona , puesto que no era muger pe-
queña , sino mediana y de la estatura que
convenia ser una muger tan bien propor-
cionada y de hermosura tan complida co-
mo tuvo. Y porque ni yo la sabría loar á
su medida , ni lo demás seria al propós-
sito de nuestra historia , passemos á las
otras cosas que competan á este li-
bro VI.
CAPITULO XL.
De un depóssilo notable é memoria de las cinco naos mas famosas que en el mundo , desde su principio
hasta nuestro tiempo, se saben , é son de todas las que ha ávido las mas nombradas.
E.
islo que agora se dirá, tengo yo reser-
vado para tractar dello en la segunda
parte desta general historia en el li-
bro XX é en el capítulo III. Pero para con-
tinuagion deste libro de los depóssitoses
apropriado y conveniente notable hager-
se memoria de las mas famosas naves
que en el mundo ha ávido y de que mas
memoria se hage ; y hallo yo que son gin-
co las pringipales é que á todas las otras
pregeden hasta nuestro tiempo. La pri-
mera es aquella arca que mandó Dios á
Noé que higiesse, donde con su muger é
sus tres hijos é tres nueras escaparon del
diluvio universal y general , con las qua-
les ocho personas fué restaurado el lina-
ge humano *. Desta arca ó nao se nota
su grandeza é forma é navegagion é su
artifigio divino , pues que fué fecho por
mandado de Dios, para el efeto ques di-
cho , y por tanto es la mas noble y la
que pregede á todas las otras. La se-
gunda nao fué aquella de Jason , en la
qual fué á la conquista del vellogino
del oro , la qual victoria consiguió por
medio de los amores de Medea ^. La ter-
gera nao fué aquella que hizo Sosi, que
otros llaman Sisore , rey de Egipto, cu-
ya grandega fué de dosgientos é ochen-
ta cobdos de luengo , de madera de ge-
dro, dorada por defuera toda y por de
dentro plateada , la qual dedicó al Dios
de Thébas. Desta se nota su grand
magnifigengia é riqueza ; pero no su na-
i Génesis , cap. VI é Vil.
2 Mclham. , lib. VU.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XL.
231
vegagion é viages , pues en eso no ha-
blan * . La quarta nave famosa llamo yo á
aquella en que el almirante primero des-
tas nuestras Indias, don Chripstóbal Co-
lom descubrió estas partes é islas, llama-
da la Gallega , de la qual se hizo mención
en el libro II, capítulo V destas historias;
de la navegagion de la qual se ha segui-
do plantarse la fe é religión chripstia-
nas en nuestras Indias. La quinta nao
famosa digo ques aquella nao Victoria,
en que el capitán Johan Sebastian del
Cano bojó ó gircuyó el mundo; é es la
que mas luengo viage hizo de todas
quantas se sabe que hayan navegado has-
ta nuestro tiempo, desde que Dios hizo el
mundo ; pues fué á la Espegieria é islas
de Maluco , e passó por el famoso estre-
cho de Magallanes , é fue la via del po-
niente hasta la dicha Especiería , é carga-
da della, volvió por la via del Oriente é
tornó á España. Assi que, anduvo todo lo
que en la gircunferengia é redondez del
mundo alumbra ó corre el sol , por aquel
paralelo ó camino questa nao hizo: lo
qual fué cosa que nunca fué escripia ni
vista ni oyda antes ni después, hasta el
tiempo pressente.2 Y esto baste quanto á
este depóssito , porque mi propóssito es
en este variar de historias que siempre
se comprehenda en ellas algo del jaez de
nuestras Indias.
CAPITULO XLI.
En el qual se tracla un caso notable del amor que una india tuvo á su marido , é cómo rogó con muchas
lágrimas al auctor destas historias que perdonasseá su marido(al qual mandó ahorcar), é que ahorcassen á
ella. Y pónense otras comparaciones al propóssito del amor excessivo que unas personas han mostrado
con otras.
n algunas partes destas historias he
dicho quán gratas me son las compara-
giones que por buenos auctores yo puedo
aplicar ó son al propóssito de lo que es-
cribo. Aqui quadra muy bien el intenso
amor y entrañable que escribe Valerio
Máximo ' del amor de los casados , donde
cuenta que en la casa de Tiberio Graco
fueron tomadas dos serpientes ó culebras,
la una macho y la otra hembra ; y los
adevinos le gertificaron que si dexaba yr
al macho y mataba la hembra , que Cor-
nelia su muger morirla desde á pocos
dias , é que si mataba el macho y dexa-
ba yr la hembra , quél moriría muy pres-
tamente. Él tuvo en mas la vida de su
muger que la suya misma, é assi mandó
matar el macho y dexar la hembra , y por
tanto no sé si Cornelia fué mas bien aven-
turada, en tener tal marido , que desdi-
chada en lo perder : é concluye el auctor
alegado que murió Graco desde á poco é
su muger quedó viva. Sanct Augustin es-
cribe que un amigo suplicó é demandó á
un príncipe que le matasse con su amigo
quél mataba K
Estando yo por capitán é jusligia en
la cibdad de Sancta María del Antigua
^ Diodoro , lib. II.
2 En la margen derecha del códice original, y al
fin ya de este capítulo, se léela siguiente nota, cu-
riosa é importante , por referirse á la primera nave
que dio ia vuelta al mundo :
«Esta nao Victoria estuvo varada en tierra en Se-
villa en la güerta de las Atarazanas del rey : y alli
Ja vide el año de mili é quinientos é ochenta , que
se fabricaban barcas , para la jornada de Porlu-
gah della han quedado algunos pedazos vivos.»
Se ignora quien pudo ser el autor de esta peregri-
na noticia : por el carácter de la letra se advierte, sin
embargo, que hubo de escribirse la preinserta nota
muy afines del siglo XVÍ ó á principios ya del XVII
3 Valerio Max., lib. IV , cap. VI. Del amor de
los casados.
4 Aug., lib. VIII de las confisiones, cap. 6.
232
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
del Darien , el cagique de Vea é sus in-
dios mataron al capitán Martin de Mur-
ga, á quien estaban encomendados é
le servian , é sobre seguro é buena amis-
tad fengida , assi al capitán como á otros
chripstianos , los mataron estando co-
miendo , aviéndoles mostrado mucho
amor é fechóles buen acogimiento. E des-
de á pocos dias se rebeló otro cagique de
la comarca, llamado Guaturo, é se confe-
deró con los malfechores , é tenian acor-
dado de venir sobre aquella cibdad, é que-
marla , é matar á todos los chripstianos
que alli vivíamos.
Este cagique de Guaturo tenia un capi-
tán que se llamaba Gongalo , y era bap-
tigado, aunque no de buena voluntad,
segund paresgió por el odio que en su pe-
cho tenia con el nombre chripstiano ; pero
era muy valiente , é el cagique no hagia
mas ni su gente toda de lo queste capi-
tán Gongalo quería é mandaba. Y cómo
yo tuve notigia de su rebelión , salí á bus-
carlos , como mas largamente se dirá en
la segunda parte, en el libro XXIX, ca-
pítulo XVI. Y díme tal recabdo, que los
prendí con parte de su gente en una sier-
ra muy áspera donde estaban algados; é
en un monte que llaman el gerro de Bue-
na-vista , fué ahorcado aquel capitán Gon-
galo , porque era en un paso é gerca de
las lagunas de Vea , donde avian muerto
al capitán Martin de Murga é otros espa-
ñoles , que con él padesgieron. Y al tiem-
po que se estaba fijando la horca , la mu-
ger de aquel capitán Gongalo , con mu-
chas lágrimas, me estuvo rogando que
ahorcasse á ella y perdonasse á su mari-
do. Y desque vido que yo negué su pe-
tigion é la justigia se executó en él , co-
mengó á me rogar é importunar mucho,
é dixo que, pues no avia querido hager
lo que me avia pedido , que á lo menos
le congediesse que en la misma horca que-
dasse ella con su marido ahorcada de la
una parte, é quede la otra pussiesen dos
hijos que tenian muchachos de ocho hasta
diez años , é que á par della se pussiese
colgada una niña de ginco ó seys años,
su hija. E cómo vido que yo respondí que
no se avia de hager, é que ella ni sus hi-
jos no tenian culpa ni avian fecho por
qué muriessen ( y en la verdad , yo qui-
siera que este indio fuera tal, que se
pensara que avria enmienda en él ; pero
los españoles que alli se hallaron , todos
degian que con la muerte de aquel se
aseguraba la tierra), assi como la lengua
ó intérprete le dio á entender lo que yo
degia, éque no quería queestamugerni
sus hijos muriessen como ella degia , ni
les fuesse fecho mal , cessaron sus lágri-
mas é limpiósse los ojos é dixo : «Capi-
tán, sábete que yo consejé á mi marido
que higiesse rebelar al cagique y que ma-
tasse á todos los chripstianos , y que yo
tengo mas culpa que todos , é mi marido
en todo se consejaba conmigo é no hagia
mas de lo que yo le degia.» Y cómo su
desseo era morir é no querer vida sin su
marido , é conosgí que ella se levantaba
aquello por complir su desseo é dar al
diablo su ánima, no quise venir en aque-
llos partidos, é proseguí mi camino dan-
do la vuelta para el Darien , donde se
higo la misma justigia del cagique , con
lo qual se aseguró la provingia. Pero es
de notar que, después que aquella mu-
ger vido que no pudo conseguir sus pe-
tigiones, tornó á sus lágrimas primeras;
é visto que los indios de aquella entrada
yo los mandé repartir entre los españo-
les que en esto se hallaron , cómo se dio
cargo á dos hidalgos que hiciessen el re-
partimiento , cupo la india é su hija á un
compañero , é los muchachos sus hijos á
otros, entonges la madre, dando gritos,
vino á mí é me dixo estas' palabras : «¿Tú,
señor, no me dexiste que yo ni mis hijos
no teníamos culpa? Pues si eso es assi,
¿por qué me quitas mis hijos é los das á
otros, é los apartas de mí?» Entonges
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLI.
233
yo tuve forma cómo ella é sus hijos é hija
quedassen con un dueño y en un buen ve-
ginodeaquella cibdad , porque fuessen bien
tractados. Grande amor fue el que mos-
tró tener esta muger á su marido; y co-
mo ella lo dixo muchas veges , el que te-
nia á sus hijos no era por averíos parido
ni ser su madre , sino por averíos engen-
drado su marido, á quien ella tanto amó.
Tornando á Valerio Máximo, y alo que
d'iQQ que los adevinos le pronosticaron
de las culebras , pues la vida consistía en
el soltar y no matar , y la muerte del ó
de su muger, en la quál quissiese matar,
yo las soltara ambas , si los auríspices
no dixeron que forgadamente avia de
morir el uno de los dos, y que aque-
lla elegion de quál dellos seria estaba
en su determinación. Pasemos á otras
cosas.
CAPITULO XLII.
De un notable depóssito , é compara9Íon de las crescienles y menguantes del rio de Huyapari con el Nilo.
D
'el rio Nilo escribe Isidoro en sus Ethi-
mologias * , que inunda é riega la tierra
del Egipto é la hage fecunda. Lo mismo
dige en su Natural Historia ^Plinio, é que
assi es por su causa fértil el Egipto , e
quesegund sus cregientes, assi es el año
mas ó menos abundante ó estéril. Un de-
póssito quiero aqui poner de otro rio que
hay en estas nuestras Indias muy pode-
roso , que es muy semejante en sus cres-
gientes al Nilo : de lo qual yo he visto é
hablado á muchos testigos de vista que
digen lo que aqui diré, y aun algunos
dellos están en esta nuestra cibdad de
Sancto Domingo de la Isla Española, hom-
bres de crédito. Pero mas largamente se
tractará esto en el libro XXIV de la se-
gunda parte destas historias, en el capí-
tulo III , donde se hage mengion del gran
rio llamado Huyapari, é de lo que por él
navegaron nuestros españoles con el ca-
pitán Diego de Ordaz : el qual cresge é
mengua veynte estados ó bragas , é co-»
mienga á cresger en el mes de mayo é lo
continúa hasta el mes de octubre , é de
ahí adelante abaxa menguando por la
misma orden hasta el raes de mayo. Assi
que, cresge seys meses é lunas é otros
tantos mengua; en tal manera , que una
nao en que fueron con la cresgiente la
dexaron en un estero junto al dicho rio,
é después la hallaron en seco mas de dos
leguas y media dentro en tierra , en una
savana ó campo que apenas se paresgia
la nao entre la hierva ; y para llegar
hasta alli avia ydo por engima de los ár-
boles, y desde ella, subiendo el rio arriba,
cogían la fructa dellos é cortaban ramas
para poder passar. Quando este rio cres-
ge, anega los campos de ambas costas,
hasta muy gerca del pueblo llamado Ar-
vacay. E quando mengua el rio van los
indios tras el sembrado hasta que está en
su curso; é desque va cresgiendo, van
ellos comiendo desde lo postrero que
sembraron , hasta venir á lo que está á
par ó mas gercano de sus casas. E assi
usan de las simientes en su agricoltura,
como ven que les conviene é deben ser
tardías é tempranas en sus géneros , se-
gund el tiempo que tienen é les queda pa-
ra gogar deltas. Y por imitar mas este rio
al Nilo , se crian é hay en él muchos la-
gartos ó cocatrices de veynte pies ó mas
de luengo ; é llámelos cocatriges, porque
mandan é mueven tan fácilmente la man-
í Isidoro, lib. XIII, cap. 21.
TOMO I.
2 Plin. , lib. V, cap dO
30
234
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
díbula alta como la baxa. Otras muchas de saber é son anexas á las historias
cosas se dexan aqui de degir deste rio, de la segunda parte é proprias del li^
para en su lugar, que son muy dignas bro XXIV.
CAPITULO XLIIL
En el qual se tracta de la diversidad de las lenguas destas Indias , islas é Tierra-Firme del mar Océano.
U n caballero llamado Pedro Mexía, na-
tural de la cibdad de Sevilla , de noble
progenie y varón docto , que al presente
vive , en un su tractado intitulado Silva,
de varia lecion , pone un capítulo , y es
el XXV de la primera parte , y dige cómo
al pringipio del mundo todos los hom-
bres hablaban una lengua , y quál lengua
fue esta, é por qué vino la confusión de
las lenguas , é qué tal é dónde fue la tor-
re de Babilonia ; é que si dos niños se
criassen, sin les hablar nada, quál lengua
se cree que hablarían. Y de todo lo ques
dicho da suficientes y verdaderas rabo-
nes y aprobadas auctoridades con la Sa-
grada Escriptura é otros auctores graves
y auténticos en lo que dige. Bien he vis-
to yo lo que en esta materia se tracta en
el Génesis * quél alega , y assi mismo lo
quel Isidoro en sus Elhimologias nos
acuerda, donde dige: «Linguarum diver-
sitas exorla est in cedificatione lurris , post
diluvium '.» Y afirma este doctor sancto,
que fue una sola lengua la que lodos los
hombres hablaron antes de la fundagion
de quella torre de Babilonia ; y muchos
auctores tienen quel número de las len-
guas fue septenta é dos , con que se divi-
dieron los hombres en aquel edifigio é
torre que labraban, é desde alU se ex-
tendieron, por el número ques dicho, en
otras tantas quadrillas ó capitanías , como
fueron las dichas septenta y dos lenguas.
Sanct Augustin díge que la lengua pri-
mera antes del diluvio fue hebrea, é que
aquesta quedó en el número de las otras
en la división ques dicha , é permanesgió
en los progenitores de Heber, del qual
se llamaron hebreos ^.
Dexemos todo ésto : que para el de-
póssito que este capítulo es á mi propós-
sito, solamente es este número de septen-
ta é dos lenguas , de las quales , segund
la verdad lo permite , ovieron origen to-
das las que al presente hay en el mundo,
que me paresge á mí que son inconta-
bles , assi por la distengion en que el Isi-
doro las va discantando é particularizan-
do en sus Elhimologias, en el libro IX de
suso alegado , assi como la hebrea é lati-
na é griega, ática, dórica, jónica, eolia,
prisca, siria, caldea, puesto que estas
dos últimas consuenan con la hebrea, por-
que le son veginas. Dige mas este doc-
tor *: que destas septenta é dos lenguas se
hinchieron, cresgiendo, todas las provin-
gias é las tierras , assi de hebreos como
de caldeos é batrianos é scithas é ethio-
pios é egipcios é áfricos é fénicos é sido-
nios , etc.*: que me paresge que es mucho
mas número quel de las septenta y dos
lenguas. Pero puesto que para excluir ó
desechar mi opinión (quanto á ser el nú-
mero que al presente hay en el mundo muy
mayor é incontable) , quieran degir que
todas essas lenguas que exgeden ó son mas
\ Gen. , cap. XI.
2 Elhim., Lib. IX, cap. I De linguis geniium.
3 August. , De civitate Dei. Lib. XVI, cop. H.
A LXXII lotidemquc linguaj per torras esse cce-
perunt, quoeque , crescendo, provincias et Ínsulas
inipleverunt. Elhim., lib. IX, cap. lí.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLIII.
235
de septenta y dos son miembros ó partes
que desgienden é son ramos dellas; assi
como la lengua italiana é la castellana,
que son descendientes e salidas de la len-
gua latina ¿qué podremos degir á las len-
guas tan diferenciadas é apartadas unas
de otras que hay en estas nuestras Indias,
donde no se entienden mas ni tanto los
indios de una provincia con los de la
otra de lo que se entiende un vizcayno
con un tudesco ó con un arábigo? Cosa
es maravillosa que en espagio de una jor-
nada de ginco ó seys leguas de camino y
próximas y reginas unas gentes con otras,
no se entienden los unos á los otros in-
dios, como mas largamente por estos
tractados é General historia de Indias po-
dres llenamente, letor, informaros, y po-
déis creer que, segund la innumerable ge-
neragion destos indios, estas diversida-
des de sus lenguas han seydo las pringi-
pales armas, con que los españoles se han
enseñoreado destas partes, juntamente
con las discordias que entre los naturales
dellas continuamente avia. Porque de
otra manera imposible cosa fuera, á mi
ver , aver podido sobjuzgar é traer á la
obediengia é á la unión de la república
chripstiana tanta parte destas generagio-
nes en tan apartadas regiones de nuestra
Europa. La primera lengua con quel pri-
mero almirante , don Chripstóbal Colom,
descubridor destas partes, topó, fué la de
las islas de los Lucayos , é la segunda la
de la isla de Cuba , y la tergera la de esta
isla de Hayti ó Española, de las quales
ninguna se entiende con la otra. Esto en
el primero viage y en el segundo quel al-
mirante hizo alas Indias. Después, quan-
do descubrió la gran costa de la Tierra-
Firme é de los caribes , topó é vido otras
lenguas muchas é muy diferentes entre sí,
assi como las de los caribes flecheros é
otras nagiones que alli hay, diferentes en
las lenguas y en los ritos é gerimonias é
en sus creengias é costumbres, en tanta
manera y en tantas partes, que lo que está
visto hasta el tiempo presente es incon-
table , y lo que está por ver é saberse es
muy á la larga , é para que los venideros
tengan mucho mas que escrebir de lo que
yo he podido comprehender destas ma-
terias. En la lengua que llaman de Cue-
na, que es gran provingia, hay muchas
diferengias de vocablos ; y sin esa len-
gua, de lasque yo he visto por la Tierra-
Firme hay lengua de Coyba , lengua de
Burica , lengua de Paris , lengua de Ve-
ragua, Ghondales, Nicaragua, Choro-
tegas, Orogi, Orotiña, Guetares, Ma-
ribios, é otras muchas que, por evitar
prolixidad, dexo de nombrar, é porque
mas por extenso se hallarán en estos mis
tractados. Las quales todas pienso yo que
son apartadas del número de las septen-
ta y dos (puesto que creo que de al-
guna ó algunas dellas ovieron pringi-
pio) , y también no dubdo que muchas,
después de la torre de Babilonia hasta
agora, se han inventado é acresgentado
por los hombres , y que les es natural esa
invengion, como lo dige Pero Mexía en el
capítulo alegado de su Silva , que los ni-
ños paresge que con nuevos vocablos pi-
den é quieren sinificar algunas cosas: y
aun como lo vemos entre la gente rús-
tica que los aldeanos paresge que usan
otro lenguage diferengiado de la gente
cibdadana, de donde son sufráganos. Pues
si los rústicos domésticos con su rubs-
tigidad , y los niños con su inogengia , y
aun los mudos con sus señas , se esfuer-
gan á ser entendidos por nuevo lenguage
ó apartado y diferente , de pensar es que
los que tienen habilidad é los hizo Dios
de altos ingenios, que avrán constituido
nuevas formas de hablar, para ser enten-
didos y entenderse con los suyos, y para
que no los entiendan los extraños ó sus
adversarios ; y de aquesto han resultado
las gifras y nuevos caracteres é vocablos,
para huyr de las cautelas é asechangas de
236
fflSTORIA GENERAL Y NATURAL
los enemigos, ó para aver victoria deilos
é enseñorearlos.
y cómo la malicia de los humanos sea
tan grande y el mundo lleno deilos y
della, de pensar es questa gente in-
fiel, y en quien el demonio ha seydo
señor por tantos siglos , les haya ense-
ñado con el tiempo , gogando de tan-
tas ánimas, essas diversidades de lengua-
ges, hallando aparejo tan manifiesto é
abierto para los engañar, é estando estas
gentes tan faltas de defensas hasta nues-
tro tiempo, en que Dios los ha querido so-
correr con la lumbre de su sagrada fé,
en la qual plega á él que siempre se au-
mente la religión chripstiana. Y esto bas-
te quanto á las lenguas de los indios , assi
tocado en general, pues que como quise
sinificar de suso , mas puntualmente se
hallará en esta General Historia de Indias,
en sus discursos é partes apropriadas á
esta materia.
CAPITULO XLIV.
De 9Íertos capitanes memorables en el mundo por el mucho valor de sus personas, y todos ellos tuerto».
Uíomo en otras partes deste libro VI ó
de los depóssisos he dicho y fecho men-
íiion de un tractado nuevamente copila-
do y escripto por el muy enseñado y doc-
to caballero , Pedro Mexía , natural de la
poderosa é insigne cibdad de Sevilla , el
título del qual es Silva de varia legión; yo
hallo quel mismo nombre podemos dar á
este, en que yo tracto destos depóssitos é
historia de Indias. Y porque entre las co-
sas que aquel caballero memora de cosas
notables, que de una misma manera
acaesgieron, mas en unos lugares que en
otros y á unas tierras y hombres , como
mas largamente lo expresa, toca giertos
capitanes é dige assi: «Fueron ex^lentes
capitanes Anibal Cartaginés, y el rey
Phelipe, padre de Alexandro, y el rey
Antígono, padre de Demetrio , é Sertorio
romano , é Viriato español , y en nues-
tros tiempos Federico, duque de Urbino,
é aun algunos deilos se paresgieron en
las condigiones y maneras en la guerra,
y en una cosa quisieron ser todos igua-
les : que todos fueron tuertos é perdieron
el uno de los ojos por desastre. Y tam-
bién los pudiera hager siete, si se ha de
dar crédito á aquel tractado intitulado Su-
plementum chronicarum*, el qual dige que
Ligurgo , príncipe de Lagedemonia , pro-
hibía en sus leyes que no se tuviese iñu-
cha soligitud en allegar riquezas; y por
esto digen algunos que todos los ricos se
levantaban contra él, y resgibió dello
muchas injurias, de manera que le saca-
ron un ojo. Assi que, si Ligurgo fué tuer-
to, no sé cómo le olvidaron, pues que fué
uno de los señalados varones del mundo . »
A este propóssito de tuertos , digo yo que
pudieran muy bien memorar con los gran-
des capitanes tuertos que ha dicho este
auctor, á otro nuestro español, igual á
ellos en la desdicha, que perdió el un ojo
en una batalla , de que quedó vengedor,
el qual es el adelantado , don Diego de
Almagro .
Pero á los seys famossos tuertos que es
dicho, este seteno hizo mucha ventaja
en dos cosas, en espegial: la una, que
passó mayores y mas exgessivos traba-
xos que ninguno de los que dicho en sus
empressas, y las comportó é se ovo en
ellas, como valerosso capitán, aunque
fueron de mayores peligros é nesgessida-
i Lib. IV.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLIV.
237
des en estas Indias que las que Catón
en África experimentó ; y la otra, en que
pregedlo y hizo ventaja á los que es di-
cho y á otros , fué en que su liberalidad
é franqueza fué tan grande que jamás
consintió que se le passasse dia, sin hager
mercedes (después que tuvo possibilidad
parahagerlas) , ni que hombre alguno del
mundo se partiesse del descontento, si
menester avia su socorro : é aun sin se
lo pedir, era tan continuo en el dar, que
contaba por perdido el tiempo en que no
se le ofresgia ocassion para repartir lo
que tenia con sus milites é amigos pres-
sentes é aussentes, é con todos aquellos
que él podia ayudar. E dexados los re-
yes aparte , que pueden é suelen dar Es-
tados é provincias é vassallos á quien
los sirve é les plasge , con los quales yo
no le pienso comparar en algunas parti-
culares é grandes mercedes, assi co-
mo las que hizo el rey don Johan, II
de tal nombre en Castilla , á don Alvaro
de Luna (que le hizo condestable de
Castilla é maestre de Sanctiago , é le dio
muchas villas é castillos para él é sus
herederos); é el rey don Enrique IV,
su hijo , que hizo á don Johan Pacheco
marqués de Villena é maestre de Sanc-
tiago , é á don Beltran de la Cueva du-
que de Alburquerque é conde de Le-
desma , y assi podría degir de otros
príngipes que higieron señores á otros;
pero torno á degir que en una cosa este
adelantado me paresge que á los modernos
é antiguos hizo ventaja en lo que dio de
contado á muchos en oro, é plata é joyas,
é mas ordinariamente , esso que la vida le
turó , después que, como he dicho, él tu-
vo que dar. Y digo después que tuvo,
porque yo le vi pobre compañero é sin
oro ni plata , é después sus cosas subge-
dieron de manera que él é su compañero
el adelantado , don Frangisco Pigarro, lle-
garon á tanto que en el mundo no se sa-
bia , ni pienso que avia otros dos varo-
nes (que reyes no fuessen), tan ricos , ni
que tanto oro é plata pudiessen dar á
quien les pluguiesse : y de estar en sus
personas tan diferentes y desproporgio-
nadas voluntades y condigiones tanto
quanto fueron amigos y conformes, se-
yendo pobres , tanto y mas fueron ene-
migos en su prosperidad , y el uno tan
escaso como el otro liberal. Assi median-
te sus diferengias y malas lenguas de ter-
geros que entre ellos se mezclaron, el
uno y el otro higieron malos fines, como
la historia mas largamente lo contará en
la tergera parte destas materias , donde
quadrarán mas al propdssíto los subges-
sos de cada uno dellos. Lo que aqui se
ha dicho, solamente lo truxo ámi memo-
ria el número de los tuertos que el auc-
tor susodicho hizo de seys varones no-
tables, y porque este adelantado sin
dubda alguna es muy digno de poner-
le en el número de tan señalados ca-
pitanes é príngipes tuertos por el se-
teno ú octavo. Y dado que la infehci-
dad de su muerte fué causada por sus
enemigos , é mas por envidia que por
culpa ni méritos de su persona, mu-
rió como cathólico con pregón de justi-
gia muy injusta , y sin ser juez para con-
denarle quien le dio la muerte que des-
pués han otros escotado , y aun se espe-
ra que alcanzará á mas personas.
238
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XLV.
De eierlos notables que el historiador pone aquí en depóssito , hasta que en los libros é partes que con-
venga se escriban mas largamente , que son semejantes á lo que muchos auctores han tocado , y uno
en espe9ial de las guáranlas, que es arma nunca vista ni usada en otras parles, sino donde el auctor la
pone en estas Indias : ninguno ha escriplo de tal arma.
lTj.uy á mi gusto ha seydo un tractado
que se dige Silva de varía legión , que po-
co tiempo há salió impreso por la vigilia
é diligengia del docto é noble caballero
Pedro Mexía , el qual dige en la segunda
parte, cap. XXIV, que un Dionisio, hijo
de Júpiter y de Proserpina, fué el prime-
ro que domó toros , según Diodoro Sícu-
lo *, é que según Plinio, en su Natural His-
toria ^, fué Eriges, natural de Athenas, é
otros tienen que Triptolemo. Y á este
propóssito dige Pedro Mexía que no de-
bió ser uno , sino que el ingenio y nes-
gessidad humana en diversas partes lo
halló é imaginó: de manera que unos
fueron inventores en unas partes y otros
en otras , y assi dige Trogo Pompeo ' que
Abides , rey que fué de España , comen-
QÓ á domar toros é á arar con ellos. To-
do esto dige este caballero alegando los
auctores que es dicho. Parésgeme tan
bien su opinión, endegir que en diversas
partes fueron diversos los auctores ó in-
ventores, que no solamente lo creo en
lo que dige , mas assi lo tengo creido en
otras cosas ; y á este mismo propóssito
quiero yo degir aqui lo mismo en lo que
escriben de los inventores de las fre-
chas y de las hondas. Y no quiero creer
á Plinio * que dige que Scy the , hijo de
Júpiter, halló el arco y las saetas, y otros
las atribuyen á Perseo , hijo de Perseo,
y que el dardo con amiento le inventó
Etholo , hijo de Marte. Las velas , dige
1 Diod., lib. rVéV.
2 Plin., lib. VII, cap. 56.
3 Just.,lib. XLIV.
assi mismo Plinio, "que halló ícaro pa-
ra navegar, é el árbol y entenas Dé-
dalo.
Yo veo que en estas nuestras Indias,
que no es menos antigua tierra en su
creagion, ni mas moderna gente que
esos inventores que se han nombrado de
suso en muchas , partes acá son comun-
mente frecheros los indios , y no se pue-
de probar ni se debe creer que lo apren-
dieron de Scy the ni de Perseo. É assi
mismo tiran muchas varas con amientes,
y aun algunos señores los traen de oro é
otros de plata, y no lo aprendieron de
Etholo. Y assi mismo los indios en algu-
nas partes usan en sus navios ó canoas
é piraguas traer árboles é entenas é ve-
las , sin que los haya enseñado ícaro ni
su padre Dédalo. Vegegio ^ dige, que los
de Mallorcas fueron inventores de las
hondas , y assi mismo lo dige Isidoro en
sus Ethimologias ^, que los de las Islas Ba-
leares fueron inventores de la honda,
que son los mismos mallorquines. Yo
veo que en muchas partes destas nues-
tras Indias , es común arma la honda , y
no se podría probar , ni tampoco es de
creer que tal exergigio le supieron acá
de los de Mallorca. Mas tengo por gier-
to que de aquella arma llamada guára-
nla , que los indios usan en las comar-
cas y costas del rio de Paranaguagu,
(alias rio de la Plata) , nunca los chrips-
tianos la supieron ni leyeron , ni los mo-
4 Plin., lib. VII, cap. 44.
5 Veg., lib. I, cap. 16.
6 Lib. XVIII, cap. 10.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLV.
239
ros la alcanzaron , ni los antiguos ovie-
ron della notigia , ni se ha oydo ni visto
otra en todas las armas ofensivas tan
dificultosa de exergitar; porque aun don-
de los hombres la usan , los menos son
hábiles para la exerger. Y pues ya se di-
xo su forma, y qué cosa son estas gua-
ranias en el capítulo XXXV , no quiero
tornarlo aqui á repetir , por no cansar al
letor con una misma legión.
CAPITULO XLVI.
De un notable mucho de notar de la mudanca de los tiempos en esta cibdad de Sánelo Domingo, é Isla Es-
pañola, y aun en las otras partes destas Indias que se han poblado de los chrlpstianos.
JLstas tierras que los chripstíanos en
estas Indias han hollado , habitándolas
(como es notorio á todos los que ha al-
gún tiempo que por ellas andamos),
puesto que desde el año de mili é qua-
trogientos noventa y dos hasta este de
mili é quinientos quarenta y ocho , no son
mas de ginqüenta é seys años ( y yo vi á
Colom , primero almirante y descubridor
destas partes, y á los mas de los prime-
ros pobladores , digo de los pringipales
hombres que acá passaron estonges , y
aun de los que han venido después con
cargóse ofigios mas señalados); muy tro-
cadas las veo en aquellas provingias por
donde yo he andado , y cada dia lo están
mas, en quanto álos temporales del frió
y de la calor , y cada dia , quanto mas
van é mas corre el tiempo , tanto mas
templada ó menos calor hallamos ; y en
esta opinión todos comunmente los es-
pañoles , que algún tiempo por acá vi-
ven son conformes, é lo digen.
Yo he platicado con algunos hombres
doctos y naturales sobrestá materia , y en
lo que concluyen es que assi se va do-
mando y aplacando la región y riguridad
della con el señorío de los españoles , co-
mo los indios y naturales hombres y ani-
malias, y todo lo demás desta tierra; y
es muy natural y ragonable cosa y evi-
dente que assi sea, porque como esta
tierra es humidíssima, y no era assi ho-
llada ni abierta , sino muy arborada y
emboscada , y con tanto curso de años
poseída de gente salvaje , siempre se au-
mentaban los boscajes , y sus caminos
eran como sendas de conejos, ó muy ra-
ros avia que caminos fuessen. Sus edifi-
gios de pocas maderas , para agotar tales
espesuras : ningunos ganados tenian por
grangeria , y si algunos avie en la Tierra-
Firme era solamente en el Perú de aque-
llas ovejas grandes, de que hage mengion
el libro XII, cap. XXX.
Mas después que la palabra evangé-
lica (desde el tiempo que digo) acá fué
repredicada, han seydo tantas é tales
las grangerias y edifigios y la moltitud
de los ganados, que se ha abierto y
desabahado é tractado de tal manera la
tierra , y en espegial esta isla , que co-
mo solian hallar las maderas para fabri-
car los templos é casas á par desta cib-
dad , es menester agora traerlas de do-
ge y mas leguas y con mucha costa.
Pero dexemos esta manera de madera; si
no que de la común para el fuego ha sey-
do tanta la que han gastado y gastan los
muchos ingenios de agúcar , que no se
puede creer sin lo ver ; y como la solian
tener á la puerta , agora la van á buscar
lexos , é cada dia la han de buscar y ha-
llar mas apartada de los ingenios é casas
del agúcar. Los ganados , en espegial el
vacuno, son poderosos animales, é sus
alientos é grandes rebaños rompen el ay-
re é le aclaran é abren mucho los vapo-
240
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
res , y hay , como he dicho en otra parte,
hombres en esta cibdad de á veynte é
veynte é ginco mili cabegas de aqueste
ganado , y de aqui para abaxo de quince
é doge é diez mili ; y assi abaxando , de
tal forma quel que tiene mili é dos mili ca-
begas, quassi no le cuentan ni han por del
número de los que se llaman ricos de ga-
nado. Y demás de lo doméstico, es in-
contable el ganado que se ha hecho sal-
vaje , assi de vacuno como de puercos y
caballos (de que hay assi mismo mucha
cantidad doméstico) que todos estos dis-
curren por unas partes y otras. Allende
de lo qual las otras hagiendas y hereda-
mientos del campo de los veginos de la
cibdad é de todas las villas é poblagiones
desta isla, donde hay todo lo ques dicho,
hallan estos que en esta materia platican
que es mucha causa de adelgazarse los
ayres é purificarse , y de domarse la tier-
ra, como antes dixe. Dige Plinio ' hablan-
do en el obelisco de Campo Margio , por
donde los romanos conosgian en la som-
bra las horas del dia , estas palabras:
«Mallio, matemático, acresgentó engima
una pelota dorada , en la qual summi-
dad la sombra se recogiesse en sí mes-
ma , segund los varios é diversos incre-
mentos , los quales echa la mas alta par-
te : lo qual como digen entendieron de
la similitud de la cabega del hombre.
Aquesta observagion del dia, de treynta
años acá , no muestra la verdad ; ó por-
quel curso del sol no sea aquel mismo,
mas que se haya mudado por alguna ra-
zón del gielo , ó porque la tierra univer-
salmente se haya alguna cantidad movi-
do de su genlro , como yo oygo , que aun
en oirás regiones se comprehende.» Todo
lo dicho es de Plinio. Al propóssito desta
mudanga, aplicando lo ques dicho con los
temporales de aquestas nuestras Indias,
(juiero degir en este capítulo un notable.
que aunque no es para todas las gentes ó
gustos de los que no leen, ó no son dados
á la contemplagíon de las cosas natura-
les , me paresge á mí ques un passo para
mirar é atender en él con espíritu sotil,
y aun de los avisados ó expertos en el
estudio de los movimientos gelestes; pues
que yo y otros que somos faltos dessas le-
tras y curso de estrólogos , lo vemos aqui
continuar y aumentarse de dia en dia mas
y mas: y es que de los tiempos atrás
después questas partes chripstianos las
conosgen (ques breve dilagion) hasta el
presente , hay mucha diferengia, y tanta,
que quassi ya aqui en esta cibdad de
Sancto Domingo de la Isla Española no
traemos menos ropa acuestas que en Es-
paña traeríamos ó allá se trae ; y en los
meses de octubre y de noviembre , que
hay aguas y corre el viento norte, no
sabría mal el gamarro algunos dias á
quien lo toviesse , ni otro enforro de los
que en el invierno en Castilla se usan;
puesto que aqui vivimos diez é ocho gra-
dos desta parte de la línia equinogial , é
no menos. Y no solamente en esta cib-
dad, pero en la Tierra-Firme en Nicara-
gua , questá en trege grados , y en la cib-
dad de Panamá, questá en ocho y medio,
es grandíssima la diferengia de cómo es-
taba aquella tierra quando se comengó á
poblar de españoles á cómo está agora:
y lo mismo digo de la cibdad del Darien,
de como la hallaron el adelantado Vasco
Nuñez de Valboa y el bachiller Engiso y
los que allí se avegindaron primero, á có-
mo estuvo después, quando se despobló
el año de mili é quinientos é veynticuatro,
y avíasse comengado á poblar el año de
mili é quinientos y nueve. Assi que en
quinge años que fué tractada estaba tan
mudada y trocada, que era muy grande
la diferengia y aun la salud de los vegi-
nos mucho mas asegurada , como la ex-
i Pün.,üb.XXXVí,cap. 20.
DE INDIAS. LIB. VI. GAP. XLVII.
241
periengia lo mostró á los que viraos lo uno y
lo otro; y aunque yo no me hallé al prin-
cipio , oy á los primeros, é puedo testificar
desde el año de mili é quinientos é calor-
ge hasta que fué despoblada, por mi mal y
de otros muchos. Sea Dios loado por todo.
CAPITULO XLVII.
De 9ierlas aves que no ponen mas de un huevo , y hay muchas dellas.
11 0 me paresge ques de poner en olvido
un notable depóssito que aqui se porná,
hasta que mas largamente en un capítulo
espegial se diga en el libro dirigido á las
aves. Ni para los que no lo han visto se-
rá de poca admiragion oyr que hay aves
que no ponen mas de un huevo : de las
quales nuestros españoles vieron é co-
mieron muchas en la isla de Sancto Tho-
mé, como mas largamente adelante, en
el libro XX de la segunda parte destas
historias, en el cap. III, se escribirá,
quando se tráete del viaje de la Espegie-
ria. Y sin dubda es gran novedad, por-
que por la mayor parte y mas común y
mas generalmente las aves ponen dos
huevos ó muchos , digo de aquellas que
no son domésticas, sino que en gierto
tiempo se anidan para aumentar su ralea
ó generagion , assi como las palomas é
otras aves que andan pareadas , é como
los papagayos; porque aunque estos élas
palomas andan en bandas é muchas en
compañía , alli, aunque sean muchas ó
pocas, siempre andan de dos en dos ma-
cho é hembra. Otras aves hay que ponen
mas y mas huevos uno á uno y en diver-
sos dias, y llegados á gierto número crian
sus hijos , assi como las golondrinas y los
tordos y vengejos é otros. É otras aves hay
que multiplican mas é sacan de una ni-
dada muchos, assi como las perdiges y
aun nuestras gallinas caseras , ánsares é
ánades. Pero poner solo un huevo é no
mas, é aquel sacarle no lo he oydo sino
de las que he dicho de la isla de Sancto
Thomé y de otras que hay en esta nuestra
Isla Española que los indios las llaman
papayrios. Estas que llaman papaygio, son
aves noturnas, y las que primero se di-
xo de la isla de Sancto Matheo, no son no-
turnas; pero las unas é las otras son aves
de agua é que se mantienen de pescar,
y son de patas semejantes á las ánades ó
ansarones , pero como es dicho deseme-
jantes en sus crias; porque los ánsares é
ánades ponen muchos huevos uno á uno,
é después que han acabado de poner, sa-
can sus pollos, como las gallinas é los pa-
vos é otras muchas aves que guardan tal
costumbre ó manera en su aumentagion;
mas poniendo un solo huevo, no lo he
oydo jamás sino de aquellas aves de la
isla de Sanct Matheo y destas que he di-
cho que hay en esta nuestra Isla Espa-
ñola.
TOMO I.
31
242
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XLVIÍI.
En que se traeta del remedio que nuevamente é de poco tiempo acá es hallado para curarse las heridas de
las flechas con hierva, con que tiran los indios , que hasta saberse este secreto era incurable, é por la ma-
yor parte todos ó los mas morian , como por estas historias está probado. E dícese la manera, por donde la
clemencia divina permitió queste remedio se supiesse.
Los que han leydo , no ternán por cosa
nueva en los sueños averse notificado é
revelado muchas cosas que después el
tiempo, saliendo verdaderas, les dio auc-
toridad. Esto de muchos tiempos está es-
cripto, assi como del sueño de Hécuba, que
soñó que paria un fuego que quemaba á
Troya, é estaba preñada de su hijo Pá-
ris*: é assi fue él suficiente tigon para la
ruina de Troya , pues por aver robado á
Helena , muger del rey Menalao , se mo-
vieron los príngipes de Gregia para su
destruigion. Assi mismo del sueño del
rey Astrage se escribe ^ que soñó que del
cuerpo de su hija é heredera nasgie una
parra ó sarmiento , cuyos pámpanos ha-
gian sombra á todalaAssia. Y susadevi-
nos , interpretando este sueño , le dixeron
que significaba que su hija pariría un hijo
que le avia de quitar el reyno , y assi se
cumplió ; porque Ciro , su nieto , le quitó
el reyno, como mas largo lo escribe Jus-
tino en la Abreviación de Trogo Pompeyo.
Quandoovo de nasger el Dante, famoso
poeta, su madre soñó que estaba en un
verde é florido prado á par de una fuen-
te cristalina , é que debaxo de un laurel
paria un hijo, el qual, con los granos é
fructa de tal árbol é con el agua de aque-
lla fuente, un tiempo se criaba, é en bre-
ve cresgia é era pastor ; é queriendo to-
mar de las ramas del laurel , caia é súbi-
to se levantaba, no hombre, mas con-
vertido en pavón. Este sueño interpreta
Johan Bocagio, y mas largamente Cris-
toforo Landino en el comento que hi^o
sobre la comedia del Dante ; y dige quel
pastor se entiende por la philosóphica é
theológica doctrina, é las plumas del
pavón por el ornado poema del Dante , é
la fuente é el lauro por la encumbrada é
alta poesía. Y desto no se debe maravi-
llar ninguno , porque muchas veges é en
varias regiones é siglos han acaesgido
prodigios que han pronungiado la exge-
lengia de alguno que esté por nasger. De
Marón se lee que su madre, una noche
antes que le pariesse, soñó que paria un
ramo de laurel , é que en breve tiempo
cresgia lleno de flores é fructa'. También
se lee en la historia del glorioso Sanc-
to Domingo, cómo su madre soñó estan-
do preñada del que paria un perro, man-
chado blanco é negro, con una hacha ar-
diendo en la boca ; y la pronosticagion
que con obra resultó de su sueño , fué la
predicagion deste sancto doctor , lumbre
é resplandor de la fé cathólica , é funda-
dor de la sagrada Orden de los Predica-
dores de la verdad evangélica contra la
heregía é apostasía. É el perro se en-
tiende por la fidelidad queste animal tie-
ne en exgelengia sobre todos los otros
animales irragionales con su señor, y la
color del blanca y negra , denota el há-
bito desta religión: lo blanco signifi-
ca la limpiega é castidad, é lo negro
la firmega é constangia de la cathóli-
ca perseverangia que en la chripstiana
república este bienaventurado tuvo, é
1 Chron. Troyana: Dares, phrigio; Dictis, grie-
go: Homero.
2 Just. , lib. I.
3 Xristophoro Landino.
DE liNDIAS. LIB. VI. GAP. XLVIII.
243
la que tienen todos los que le siguen.
Mas lo que aqui paresge que quadra con
lo que propuse primero del remedio con-
tra Iff hierva , es el sueño de Alexandre
Magno, del qual dige Quinto Curgio * que,
combatiendo con los del rey no de Sambi,
aquellos trayan las espadas entosicadas,
é al que herían, moría súbito ó muy pres-
to , sin poder los médicos comprender la
causa , siendo la herida ligera ó pequeña.
Herido assi Tholomeo, estaba Alexandre
con mucha pena por ello, porque le que-
ría mucho , y aun porque se sospechaba
que era su hermano , é hijo del rey Phe-
lipo. Vencido Alexandre de un sueño pro-
fundo, quando despertó, dixo que en vi-
sión le paresgió la imagen de un dragón , el
qual traía en la boca una hierva é se la
daba para el remedio del venino, é re-
feria la color é forma de la hierva , é afir-
maba que la conosgeria, si le fuesse tray-
da ; la qual se halló, porque muchos la
buscaban , é hízosela poner sobre la lla-
ga , é súbito le quitó el dolor , é en bre-
ve tiempo sanó. En el mismo caso habla
Justino^, é dige que, arribando Alexan-
dre á la cibdad del rey Ambigero , aque-
llos cibdadanos fabricaron saetas avele-
nadas, y usando deltas, entre otros he-
ridos fué Tholomeo herido de tal mane-
ra, que ya paresgia que era muerto; é
que le fué enseñada al rey Alexandre
(dormiendo) una hierva para el remedio
del venino, la qual venida, encontinen-
te , fué Tholomeo librado ; con tal reme-
dio fué salva la mayor parte del exér-
gito de Alexandre. Aunque estos auc-
tores paresge que discrepan en la ma-
nera de la historia , ambos concluyen
quel aviso, por donde este remedio de tal
hierva se supo, fué el sueño de Ale-
xandre.
Pues de otro sueño de un hidalgo,
nuestro español, quiero yo poner aqui un
notable que me paresge que progedió de
la miserícordia divina; pues que hasta
se. saber lo que aqui se dirá, han peli-
grado é son muertos muchos españoles
con la hierva de los indios flecheros, lla-
mados caribes , y los que han padesgido,
por la mayor parte murieron, hagiendo
vascas é rabiando , mordiendo sus pro-
prias manos é bragos , é muy cruelmen-
te. Y este bien y socorro que Dios ha en-
viado para esto, se supo desla manera.
Estando el año que passó de mili é qui-
nientos é quarenta años en la isla de Cu-
bagua un hidalgo, natural de la villa de
Medina del Campo , llamado Gargía de
Montalvo , hijo de Juan Vaca , goberna-
dor que fué de Elche é otras villas en el
reyno de Valengia , por el duque de Ma-
queda, soñó una noche que le avian da-
do un flechago los indios caribes , y que
estando assi herido y creyendo presto
perder la vida, como otros quél avia vis-
to morir assi heridos, avia tomado por
remedio de se echar en la herida polvos
de solimán vivo, é soñaba que estaba
assi atada la pierna: é muy temeroso, en-
comendándose á Nuestra Señora, Sánela
María del Antigua, despertó con mucha
alteragion , tanto que los que le vieron
assi, le preguntaron que qué avia é qué
temor era aquel que tenia , é se allega-
ron á él, para le esforgar é ayudar á de-
sechar su espanto. É el Montalvo, retor-
nando en sí , como se vido sin herida é
conosgió que de aquel sueño era su tur—
bagion , comengó á dar gragias á Dios é
á su bendita Madre , é contó lo que avia
soñado , é dixo quél proponía de probar
aquel remedio con el primero que viessp
herido de la hierva , porque en su ánimo
tenia assentado que sanaría quien assi se
curasse. Ysegund yo fui informado de per-
sonas de crédito , y en espegial de un re-
verendo y devoto religioso , llamado fray
1 Hisl. Alex. Magn. , lib. IX.
2 Jiisí. , lib. XII.
244
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Andrés de Valdés , de la Orden de señor
Sanct Francisco , digno de entero crédito
y de muchos años mi conestido , que me
escribió desde la misma isla , donde en
essa sagon residía , que aquel hidalgo so-
ñó lo ques dicho tres veges, que para el
remedio de la hierva era bueno el soli-
mán ; y que después passó el mismo Mon-
talvo á la Tierra-Firme, é flecharon los
indios á un compañero de los que con él
yban, é abriéronle el flechago é fregá-
ronle la herida con solimán; y escapó.
É está ya tan experimentado este remedio,
que, assi como en Castilla acostumbraban
los soldados, en el tiempo de la guerra
de los moros, traer alriaqueras contra la
pongoña de la hierva (vedegambre), assi
agora acá los que siguen la guerra con-
tra aquellos indios flecheros, traen con-
sigo solimán molido. E dígenme algunos
que han visto curará heridos, después de
aquesta revelagion ó sueño de Mental vo,
que ninguno peligra, si es socorrido pres-
to ; y que la forma de la cura es que le
chupan la herida presto, todo lo possible,
é le abren el golpe un poco mas y le hin-
chen la llaga de polvo de solimán molido,
é se la atan é le ponen al enfermo do
esté apartado é guardado del ayre : é ha
de tener dieta , y dentro de quatro ó ginco
dias le sale de la herida una raiz, como
uña ó un callo , é después aquel hoyo que
queda se encarna é se cura , como otra
llaga ó común herida , é presto queda sin
lesión alguna. Por manera quel solimán
ataja é hage que la pongoña de la hierva
no progeda adelante en su rigor, sino que
torne atrás é se resuma é convierta en
aquella uña, é que ninguno que herido
sea, peligre, exgepto si no fuesse herido
en el vientre ó hueco del cuerpo , donde
no se pudiesse efectuar el remedio é cura
ques dicho.
É ya los hombres que siguen la guerra
donde hay flecheros, andan tan confiados
en esta medigina, que no tienen en nada
la pongoña de esa hierva. Cosa ha seydo
muy notable, é lo es, para dar infinitos
loores á Dios, por tan señalado socorro y
merged, como ha hecho á los chripstianos
en mostrarles á se curar en esta tan difi-
cultosa guerra y peligro tan manifiesto é
de tanta importangia, que osodegir que
después del almirante , don Chripstóbal
Cülom, que fué el primero descubridor
destas nuestras Indias , no ha passado á
ellas otro hombre mas útil para la con-
servagion de los chripstianos é milites
desta conquista, como Gargia deMontal-
vo y su sueño ó revelagion, digiendo me-
jor. Mas por tanto las gragias á solo Dios
se den é á su misericordia, de cuya bon-
dad é clemengia ha resultado notoria-
mente tanto bien, porque, como dige el
reverendo maestro en santa theologia,
Pedro Ciruelo, én aquel catliólico trac-
tado que escribió en reprobagion de las
supersligiones y hechicerías*: los sueños
vienen á los hombres por tres causas, es
á saber : natural , moral y theologal , y
destas tres la última es la que aqui hage
al propóssito , de la qual dige que la theo-
logal y sobrenatural es, quando los sueños
vienen por revelagion de Dios o de al-
gún ángel bueno ó malo, que mueve la
fantasía del hombre y le representa lo
que le quiere degir. Desta manera dige la
Sagrada Escriptura que en la ley vieja
Dios hablaba á los profetas, quando dor-
mían ^; y el Evangelio dige que el buen
ángel de Dios aparesgia entre sueños á
Joseph , esposo de la Virgen , Madre de
Jesu-Chripsto, nuestro Redemptor, é des-
pués aparesgió á los Reyes Magos, dur-
miendo ellos , y los avisó para que no tor-
nassen al rey Heredes ^: y el diablo, entre
i Reprobación de las supersticiones y hechice-
rías, II parle, cap. 6. De los sueños.
2 Numeri, cap. 12.
3 Malh., op. 2.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLVIH.
245
.Sueños, habló al gran nigromántico Balan,
para que fuesse á maldecir y encantar al
pueblo de Dios *. Y de la misma manera
habla en sueños á los nigrománticos y
adevinos que tienen pacto público ó se-
creto con él , y les revela muchas cosas,
para que adevinen lo que ha de venir. La
diferencia que hay entre estas dos mane-
ras de revelagiones es aquesta. Que en la
revelagion do Dios ó del buen ángel no
se hage mengion de cosas vanas, ni acaes-
ge muchas veges, sino por alguna cosa
de laucha importancia y que pertenesge
al bien común del pueblo de Dios, y con
la tal visión queda el hombre muy certi-
ficado que es de buena parte, porque
Dios alumbra el entendimiento del hom-
bre y le certifica de la verdad. Mas en
los sueños de los nigrománticos y adevi-
nos no hay tal certidumbre , y vienen mu-
chas veces y sobre cosas livianas y que-
da el hombre gegado y engañado del dia-
blo. Todo lo dicho es del maestro Ciruelo
alegado de suso. Por manera que redu-
ciendo la sentencia desto á nuestro caso,
podemos decir que fué revelación de Dios
ó del buen ángel la de nueslro Mon-
talvo .
Passemos á otras materias, y desta nin-
guno se descuyde, para que si nescessidad
le ocurriere, se sepa aprovechar de lo que
aqui tengo escripto , ó para ayudar con
este aviso á quien lo oviere menester,
pues será caridad muy bien empleada en-
tre chripstianos.
Después de aver escripto lo ques di-
cho , hallándome en España , en el mes
de noviembre de mili é quinientos é qua-
renta y siete, yo me informé del mis-
mo Garcia de Montalvo , é me dixo ser
verdad é aver seydo el mesmo queste
remedio del solimán enseñó , é que sub-
Cedió de la manera que está dicho por la
voluntad é misericordia de Dios.
CAPITULO XLIX.
En que se traclan diversas é peregrinas historias é materias que han ocurrido en partes muy apartadas,
é han tenido con otras en muy desviadas provincias mucha conformidad é semejan9a ; y de ser las unas
anliquíssimas están olvidadas á los que no leen, y las que agora se ven tales, parescen nuevas, sin lo ser
en el mundo. Tócansc lindas é sabrosas leciones en este capítulo, d tales que darán mucho contentamien-
to á los letores.
n este depóssito se dirán algunas co-
sas que paresgerán nuevas , y yo las cuen-
to por viejas y olvidadas. Quadran en
parte á nuestras materias de Indias; y
aunque en la verdad algunas ternán se-
mejanca ó imitación de otras que fuera
de España y de nuestras Indias han acaes-
C¡do, no es de maravillar, por la anti-
güedad del tiempo que passó desde que
las primeras passaron hasta que se en-
tendieron las segundas. Assi como lo que
se cuenta de la lealtad é calhólico co-
medimiento que usó el infante don Fer-
nando (que ganó á Antequera), con el
niño rey don Johan (el II de tal nom-
bre en Castilla) , su sobrino : que quando
murió el Rey don Enrique III , hermano
del dicho infante , en Toledo , quedó su
hijo , el príncipe don Johan, de edad de
veynte meses, é si quisiera el infante su
tic pudiérase hacer rey de Castilla; y
ninguna contradicion toviera, segund es-
taba bienquisto é muy amado, por el va-
lor é gran ser de su persona. Y no pudo
la cobdicia tanto obrar en él como su
lealtad; y salió por Toledo, muerto el
i Numcri, cap. 22.
246
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
rey , con el pendón real , digiendo á vo-
ges: «Castilla, Castilla por el rey don
Johan, mi señor *.» El qual niño estaba
en Segovia con la reyna doña Cathalina,
su madre, como mas largamente las cliró-
nicas del rey don Enrique é don Johan lo
cuentan. El caso fué peregrino y á prín-
cipe chripstiano conviniente ; pero muy
semejante á la lealtad que usó Ligurgo,
príncipe de los lagedemonios, que muer-
to su hermano, el rey Polidete, los lage-
demonios tovieron creydo quél se higiera
rey; mas cómo la reyna quedó preñada,
non obstante que le consejaron que se hi-
giesse señor, é que fué por la reyna, su
cuñada, requerido que la tomase por mu-
ger, é que ella haria de manera que la
preñez no saliesse á luz, nunca su buen
propóssito se mudó. Antes cómo Ligurgo
oyó lo que la reyna degia, como pru-
dente disimuló y le dixo quél holgaría de
casarse con ella ; pero que no queria que
pusiesse su vida en aventura , exortán-
dola á que tuviesse pagiengia hasta que
pariesse , é que él ternia manera para que
lo que nasgiesse fuesse muerto en secre-
to, é sin peligro della se podria hager su
voluntad. Con esta esperanga templó la
exgelerada locura é infame é cruda peti-
gion de la reyna, é puso guardas é aviso
secreto sobre ella , para que cómo paries-
se, fuesse tomada la criatura, porque no
higiesse en elía alguna maldad tan cruel
é deshonesta madre. E assi cómo llegó el
ti(?mpo, parió un hijo , el qual luego fué
llevado delante de Ligurgo, que estaba
comiendo con giertos señores pringipales
de aquel señorío, é cómo le vido, tomó el
niño en brazos é dixo : «Lagedemonios,
nasgido es nuestro Rey.» E abaxóse de la
silla real , é inclinándose al niño con mu-
cho acatamiento, le puso en ella é nom-
bróle Carilao , de lo qual todos los gir-
cunstantes fueron muy alegres , loando la
grandeza é justigia del ánimo de Ligurgo.
Caso que como temeroso de Dios é calhó-
lico príngipe el infante don Fernando to-
viesse mas razón de usar tan virtuoso é
memorable acto é de tan inmortal acuer-
do , no dexaré de creer quél oviese ley-
do lo que aquel gentil higo para imitarle.
Pero esa legión no bastara, si no estovie-
ra en sus entrañas perfigionada su leal-
tad , por falta de la qual muchos se ha-
llaran en aquel tiempo (y no menos en
este), que pusieran la vergüenza y el áni-
ma á todo riesgo, como lo han fecho
otros antiguos y modernos, por verse se-
ñores de menores Estados , quanto mas
podiéndose hager rey de Castilla , donde
tantos rey nos é señoríos se incluyen.
Passemos al esfuergo de los magedo-
nios , de los quales se escribe "^ un caso
muy notable ; y es que yendo contra ellos
los líricos é los de Tragia , los pussieron
en tan extrema nesgessidad que eran cons-
treñidos de huyr, siendo muerto su rey:
y en el mayor peligro cresgió su ánimo
é tomaron el hijo de aquel rey que esta-
ba en la cama, é pussiéronlo contra los
enemigos , é pelearon con tanto esfuer-
go, que aunque les faltaba el favor é
ayuda real del rey defunto , mataron é
vengieron é echaron de la tierra todos
sus adversarios, con victoria del nombre
raagedonio.
A esto me paresge á mí que pode-
mos comparar (y aun anteponer), la
lealtad é gloria de los caballeros é hi-
dalgos é memorable república de la cib-
dad de Avila, en nuestra España , y digo
assi. En el tiempo que el rey don Alon-
so, VII de tal nombre en Castilla (rey
assi mismo de Aragón), yerno del rey
don Alonso VI que ganó á Toledo , por-
que fué cassado con su hija doña Urraca,
i Chrónica del rey don Enrique III: Chrónica
del rey don Johan II.
2 Supplementum Chronicarum, lib. IV.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLIX.
247
reyna de Castilla, la qual primero avia
seydo muger del conde don Remon de
Tolosa, é avia ávido en ella un hijo
que assi mismo se dixo Alonso VIII, *
el qual era muy niño é estaba en Avila;
6 queriendo el padrastro apoderarse de
él é de la cibdad , fué contra Avila , pi-
diendo que le obédesgiessen por rey. La
cibdad respondió que ella tenia rey: é
porque el aragonés, é aun muchos de los
castellanos que seguían su opinión , de-
bían que el rey niño era muerto , pusso
gerco sobre aquella cibdad con mucho ri-
gor; é los gercados pidieron término para
selo mostrar, con que levantasse el gerco
que tenia sobre Avila, é que si dentro de
dos messes no mostrassen al niño é rey,
que le entregassen la cibdad é le diessen
la obediengia. É el rey de Aragón assi
prometió délo complir por su parte, é los
de la cibdad dieron en rehenes sesenta
caballeros de la flor é mas escogidos de
Avila. E luego los gercados con este asien-
to, enviaron secretamente por su rey á
la Nava, donde lo criaban; é recogido
en la cibdad , dixeron al rey de Aragón
que si les volvia sus rehenes , le mostra-
rían al rey niño, con tanto que no ovies-
se fuerga ni fraude, sino que asegurado
el campo , estoviessen de tres á tres ca-
balleros ó hasta tresgientos por tresgien-
tos. É cómo el rey de Aragón vido que no
podría hager su voluntad é que sus cau-
telas eran entendidas, hizo matar los re-
henes, é mandó que vivos en calderas
fuessen cogidos parte dellos , en un lugar
que por tan señalada crueldad hasta el
pressente tiempo , desde entonges , se lla-
ma las Hervengias ; donde desde la cib-
dad pudiessen ver los que padesgian, é
los gercados oviessen mas espanto. É otra
parte de las rehenes reservó para los
combates é llevarlos atados en la delan-
tera , creyendo que assi tomarla la cib-
dad; pero no dexaron los gercados en
el combate de matarlos : lo qual visto, él
rey de Aragón, levantó el gerco con de-
terminagion de tomar otros pueblos de la
comarca é destruir la tierra. Entonges los
de Avila enviaron á Blasco Ximeno, ca-
ballero muy señalado por su esfuergo,
para que reptasse al rey de Aragón , por
cruel é quebrantador de su palabra , pues
les avia assi muerto sus rehenes. Con es-
te caballero fué un su sobrino é del mismo
nombre, é hallaron al rey en un lugar
que se llamaba Diagiego ( é ahora se di-
ge Sanct Johan de la Torre), é Blasco Xi-
meno le dixo desta manera: «Si algund
rey debe ser reptado por fealdad que co-
meta, la cibdad de Avila, é yo en su
nombre, riepto á vos , el rey de Aragón,
don Alfonso, por lo que aves fecho é co-
metido contra vuestra palabra é seguri-
dad que distes é no guardastes : é soys
obligado de hager la enmienda á la cib-
dad de Avila , é debéis dar un caballero
ó dos ó mas, quantos quísiéredes, hasta
tresgientos , é otros tantos dará la cibdad
de Avila por su parte , que con armas
iguales harán bueno lo que digo : é los
matarán, ó echarán del campo, ó harán
confessar con sus bocas, rindiéndose,
vuestra notoria culpa ; y desto hago tes-
i El autor se aparla aqui de la cronología mas ge-
neralmente seguida por nueslroshisloriadores, admi-
tiendo en el número de los reyes de León y Castilla
á Alfonso de Aragón j cuyo matrimonio con doña
Urraca fué causa de escándalos y trastornos. Con-
viene advertir , para inteligencia de los hechos nar-
rados por Oviedo en este capítulo, que el nieto de
Alfonso VI , coronado Emperador en las ciudades
de León y Toledo (de donde vino á esta última el
título de Imperial), se halla comunmente desig-
nado por nuestros cronistas é historiadores con el
número VII y no con el VIII , que llevó Alfonso, el
de las Navas de Tolosa. El respeto debido á la opi-
nión de Oviedo, nos retrae de introducir aqui en-
mienda alguna, debiendo advertir, no obstante, que
habiendo señalado primero al Emperador con el
número Vil, alteró después este, por juzgar sin du-
da que tal era el mas exacto modo de contar los
royes de León y Castilla , conocidos con el nombre
de Alfonso.
248
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tigos á todos los que delante de vos , el
rey de Aragón, me oyen.» El rey aten-
dió todo lo que es dicho; mas resgibió
tanto enojo de oyrlo , que aunque avia
dado ligengia para que aquel caballero
hÍQiesse su embaxada , con mucha ira
los mandó matar, Estonges el caballero
mangebo echó mano á la espada, pensan-
do matar al rey, porque vido que sus
caballeros hagian é ponian por obra lo
que les era mandado , é cargaron tantos
sobrél que allí le higieron pedagos, E
en tanto que en esto se ocupaban, el tio
se pudo apartar de allí é subió en su ca-
ballo , pensando salvarse ; pero alcangá-
ronle , porque salió de Cantiveros al tra-
vés un hermano del rey de Aragón é
otros caballeros para le ataxar é pren-
der. E cómo Blasco Ximeno conosgió
que no podia yrse , volvió la cara é ade-
resgó de yr contra el hermano del rey, é
matóle , é alli mataron al mismo Blasco
Ximeno. Y en memoria deste fecho, se
pusso ahy una piedra que llamaban el hi-
to , la qual estuvo mucho tiempo á don-
de aquel caballero fué muerto : é cada un
año yban alli los caballeros de Avila é ju-
gaban cañas é daban de comer á todos
los pobres que ende se hallaban, en me-
moria é por obsequias de aquel buen ca-
ballero, su patriota. Después en el tiem-
po que en Avila fué corregidor Bernaldo
de Mata, que yo conosgí, se pusso alli
una cruz en forma de humilladero , en-
tre Cantiveros é Honliveros. Deste Blas-
co Ximeno quedaron otros caballeros sus
desgendientes , é dellos desgendió Vasco
Ximenez , al qual fué fecha merged de
Navalmorcuende por el Congejo de Avi-
la , é fué confirmado el privilegio por el
rey don Alonso XI que ganó á Algegi-
ra. Assi que, se ha de colegir de lo que
está dicho, como mas largamente se pue-
de ver en la Chrónica del rey don Alonso
VIH, el qual se mandó llamar Empe-
rador, que los de Avila le criaron, épor
le tener seguro, en tanto que fué niño, le
pussieron en aquella sumptuosa é gran
torre llamada el cimorro de la iglesia
mayor. É ordenó aquella cibdad que pa-
ra sus gastos le diessen de cada yunta
(que labrasen de tierra), tres gelemines de
trigo ; é quedó esta costumbre , é dende
adelante lo llevaron assi los otros reyes
que subgedieron en Castilla, hasta que
fué fecha merged desta renta á las mon-
jas de Sanct Clemente de Avila , é des-
pués se passó á Sancta Ana, de lo qual
tienen previlegio, é hoy dia eogen aque-
lla renta é se llama las quartillas. Des-
pués este rey don Alonso VIII confir-
mó á Avila sus previlegios é alcaydias é
ofigios, é por exgelengia de su fidelidad,
mandó que se llamasse Avila del Rey, ó
dióles que truxese la cibdad por armas
la figura ó torre del dicho gimorro de oro
en campo de goles vel sanguino , con un
rey que tiene puesta su corona é un
geptro real en la mano , parado á una
ventana de aquel gimorro , donde á él le
tovieron é criaron , desde la qual le mos-
traban públicamente, para que viessen
que era vivo contra lo que publicaba su
padrastro, el rey de Aragón. E también
les dio previlegio que aquesta cibdad
pudiesse dar vasallos é jurisdigion, é que
la cibdad presen tasse é el rey é reyes,
sus subgessores, confirmasen tales mer-
gedes. De aqui resultó que viéndose los
de Avila tan honrados , muchos dexaron
sus apellidos (aunque eran nobles é an-
tiguos) é se llamaron de Avila , como al
pressente se llaman los caballeros de las
dos mas pringipales casas de aquella cib-
dad, lo qual les confirmó el rey don
Sancho el Desseado. Muchas cosas gene-
ral é particularmente se pueden degir
con verdad, en loor de los caballeros é
hidalgos de Avila ; mas parésgeme que
basta lo dichoque aqui se ha traydo, pa-
ra comparagion de lo que higieron los
magedonios con su rey niño, como de
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLIX.
249
suso se hizo mengion. Passemos á otras
cosas que serán loable recreagion para
los que se quissieren ocupar en las saber
é oyr con atengion.
Ocurren á mi memoria dos notables é
antiquíssimas historias, y como se ha di-
cho de las que quedan de suso escripias,
assi las que agora escribiré tienen con-
formidad en alguna manera. Dige Livio *
que Tarquino Superbo, rey de los roma-
nos, teniendo guerra con los de la cib-
dad de Gabina, é no los pudiendo sob-
juzgar, acordó por fraude é una nueva
manera de cautela , de conquistarlos. Y
para esto, congertósse con uno de sus tres
hijos, llamado Sexto, el qual se fué á
Gabina , fingiendo que huía de la cruel-
dad de su padre, é que se yba á valer
con el socorro é favor de aquella cibdad.
É tales palabras habló contra el rey , su
padre , é tal compasión le tovieron , que
demás de le dar crédito, le hicieron su
capitán general ; é él hizo la guerra con-
tra su padre , mostrándosse valerosso en
las armas, é de mucha prudencia é buen
consejo en los fechos que emprendia. É
con mucha liberalidad repartia los des-
pojos é ganancias que se adquerian en
los recuentros é escaramugas contra ro-
manos; de manera que en breve tiempo
fué muy acatado é querido de los de Ga-
bina : é quando le paresgió que era tiem-
po, envió un mensajero á Roma al rey, su
padre , dándole aviso cómo él tenia Ga-
bina á su voluntad , é que viesse lo que
quería que se higiesse. Estonges Tarqui-
no no respondió palabra al mensajero,
porque no se fió del , sino entrósse en un
corralejo que estaba de dentro su apos-
sento, é mostrando que penssaba en la
respuesta: é tras él se entró el mensajero,
é el rey con un palo que tenia en la mano,
hería é abatía á tierra las mas altas ca-
begas de ciertas papáveras ó dormideras
que avia en el corralejo, é andaba paseán-
dosse sosegado é sin degir cosa alguna.
É el mensajero no le pidió respuesta , é
se volvió á Gabina é contó á Sexto lo que
avia dicho á su padre é lo que avia vis-
to , é díxo que le avie paresgido quel rey
no avia querido responder, por ira ó ene-
mistad ó de soberbio. Sexto entendió
bien aquella respuesta muda , é comenzó
á buscar causas injustas contra los prín-
gípes Gabínos, acusándolos falsamente
por los infamar é enemistarlos con el
pueblo menudo , é á muchos condenó á
muerte, é á otros higo matar públicamen-
te, é á otros, de quien no podía hallar
causa para que muriessen , los higo ma-
tar secretamente , é muchos huyeron é
hígolos pregonar: é los bienes de los unos
é de los otros repartió al pueblo menudo,
la qual gente plebea con este ardid ni
sentían el engaño , ni la perdígion de su
cibdad, la qual despojada de consejo é
de hombres de auctoridad , Sexto la en-
tregó á su padre, el rey Tarquino, sin con-
tradigion alguna.
A este propóssito se dirá aqui otra
cosa que en España intervino al rey don
Ramiro de Aragón ^, el monge , el qual
fué professo de la Orden de Sanct Be-
nito y de orden sacro , é por faltar los
subgessores en la silla real de aquel rey-
no, como persona á quien el geptro ve-
nía de derecho , fué compelído por el
Papa, é por la obediengia ageptó la go-
bernagion é corona real , año de mili é
giento é diez y nueve años de la Nativi-
dad de Chrípsto, nuestro Redemptor. Pe-
ro como desde muy muchacho entró en
la religión ques dicha , fué muy cathólico
chrípstiano en todas sus cosas, é inoraba
las desenvolturas é profanidades, de que
los legos é gente del palagio se presgian;
^ Tito Livio, década I.', libro I, capítulo
Ai é 42.
TOMO I.
i Ch fónica del rey don Ramiro de Aragón , el
monge.
32
250
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
é por esto era tenido por grosero é en
poca estimación de sus principales varo-
nes é subditos. É acaesQió que queriendo
dar una batalla á los moros , é que esta-
ban ya las banderas para se mover é tra-
var el fecho de las armas, le pusieron
una daraga en la mano siniestra y una
langa en la derecha , é él preguntó que
con qué avia de tener las riendas del ca-
ballo, pues tenia ambas manos ocupadas:
é un caballero, burlando, le dixo que
con la boca ; é assi tomó las riendas con
los dientes , é batió las piernas é arreme-
tió , entrando con mucho denuedo en la
batalla , de la qual é de los enemigos in-
fieles fué vengedor. Assi por esto, como
por otras cosas, cómo sabia poco del arte
militar, burlaban del los suyos, como de
inhábil. Estonges él, viéndose muy es-
carnegido, escribió una carta con un men-
sajero al abad de Sanct Ponge, que le avia
criado é era hombre de buen seso é asaz
prudente , pidiéndole su paresger é con-
sejo. El abad, leyda la carta, entróse en
un huerto con el mensajero , é con un cu-
chillo comengó de cortar por el pié las
mayores é mas altas hiervas (otros digen
que las coles mayores), é desque esto ovo
fecho , por un buen espagio de hora, di-
xo: «Tornaos al rey, vuestro señor, é de-
gilde que se esfuerge con Dios siempre é
le sirva : que yo y estos religiosos siem-
pre hagemos oragionporél.» El mensaje-
ro se tornó al rey é le dixo quél avia
dado su carta é no le traía respuesta , é
contóle lo quel abad avia fecho en el
liuerto. E esto entendió el rey que era
muy prudente respuesta , é luego envió á
llamar á todos los pringipales señores é
caballeros del reyno de Aragón para la
cibdad de Huesca, hagiéndoles saber quél
queriahager una campana, con su conse-
jo dellos, que la oyesen en toda Aragón.
Estas sus cartas fueron muy reydas; pero
juntáronse é vinieron á donde el rey es-
taba , é entró con ellos en una sala secre-
ta , donde tenia gente armada , digiendo
que queria tomar sus votos uno á uno ; é
el que entraba no salia, porque luego le
era cortada la cabega. Y desla forma higo
degollar quinge grandes de aquel reyno;
é puestos en torno á la redonda , hechos
un corro , higo llamar á los hijos é here-
deros de los que assi estaban muertos, é
díxoles: «Catad ahy la campana que avrés
oydo degir que yo avia de hager, que so-
nase en todo Aragón é aun fuera de mi
reyno : yo he complido mi palabra ; é lo
mismo digo que será fecho de vosotros,
si no fuéredes muy leales é obedientes.»
E de allí adelante fué éste príngipe muy
acatado é servido de chicos é grandes en
todo su reyno, por el consejo de aquel
abad ques dicho: el qual yo creo bien
que avia visto á Tito Livio , é que tenia
bien entendido cómo se avia de curar
aquel menospregio que del rey don Ra-
miro hasta alli se avia fecho.
Este rey fué hijo del rey don Sancho
de Aragón é de la reyna doña Sol , hija
del Cid Ruy Diaz , é hermano del rey
don Alonso é del rey don Pedro, re-
yes de Aragón , de los quales este mon-
go fué el derecho subgessor. Y no es de
maravillar que , á vueltas de la fraylia,
le quedasse parte del ánimo de tan va-
liente é invicto capitán , como fué el
cancto Cid Ruy Diaz, su abuelo. Veis
aqui, señor letor, cómo tienen semejan-
ga las vergas ó hiervas altas quel abad de
Sanct Ponge cortaba con las papáveras ó
hamapolas quel rey Tarquino derribaba
en el corralejo, delante del mensajero de
su hijo, Sexto Tarquino.
Otro notable quiero aqui poner , que
muchas veges heleydo en Valladolid, que
ni me paresge muy cathóHco epitaphio,
ni dexa de paresger aqueste que diré de
don Pero Niago á otro que se puso en el
sepulcro de Sardanápalo , último rey de
los asirlos, y es desta manera. En la igle-
sia de Santistevan , en la pared por do
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. XLIX.
251
fuera de la iglesia , está un bulto de un
caballero , que yo no sé quién fué , y es
muy notado por un epigrama ó letrero
que tiene, y dige assi:
Yo soy don Pero Niago
que en lo mió me yago:
lo que comí é bebí go<jé;
el bien que fice, fallé:
lo que acá dexé, no lo sé.
Muchas interpretagiones se podrían de-
gir, discantando lo ques dicho, en que
no me quiero ocupar por remitirlas al
prudente letor; y diré solamente á mi
propóssito que muchos siglos y aun mi-
llares de años antes, segund se escri-
be de Sardanápalo * , rey de los asiríos
(hombre corrompedor de todas las mu-
geres),le halló Harbage, su capitán é
lugar teniente general, en medio de mu-
chas é deshonestas mugeres , vestido de
brocado é una cadena de oro al cuello,
hilando en hábito de muger : de lo qual
desdeñado aquel su capitán, tracto gier-
ta conjuragion contra su señor, é veni-
dos en efeto á la examinagion é deter-
minagion de las armas , assi como la ba-
talla se comengó , fué vengido é puesto
en fuga el rey Sardanápalo; é entróse
en un gran monte , é alli se quemó de su
grado con muchas riquezas, é mandó
que fuessen escriptos giertos versos so-
bre sus geuizas é sepulcro, cuya sen-
tengia, segund Tulio, digen assi: «Yo he
ávido aquello que he comido, y de la lu-
xuria he alcangado abundangia: las otras
cosas quédense ^.» Por gierto muchas ve-
ges he mirado en aquel don Pero Mi-
yago ó Niago , é me paresge mas aquella
su memoria de gentil que de fiel ni ca-
thólico (só enmienda de quien mejor lo
sintiere).
He traydo esto á la memoria del pro-
póssito que al pringipio se dixo , que al-
gunas cosas paresgen nuevas, porque
son muy viejas é olvidadas. Por tanto
dexemos las comparagiones ó depóssitos
que no tocan á nuestras Indias, é pón-
ganse aqui algunos que son del jaez des-
tas partes; pues á los que por acá han
andado, les paresgen nuevas, y en Espa-
ña y otros reynos también serán por ta-
les tenidas , y darles he yo á cada una
dellas sus semejantes , desta manera.
Hieu, rey de Israel, mató septenta hi-
jos de Acab^ cuyas cabegas, con las de
otros sus parientes, higo poner sobre
sendos palos , hincados en tierra. La se-
mejanga de tales cabegas, assi puestas á
manera de trofeos , en muchas partes lo
usan los indios en la Tierra-Firme, don-
de yo he visto innumerables puestas en
árboles é palos en torno de las casas de
los cagiquesé señores pringipales: é pre-
guntándoles de quién son tales cabe-
gas, digen que de los enemigos é hom-
bres que ellos han muerto, como mas
largamente en muchas partes destas his-
torias, y en espegial en la segunda é ter-
gera partes desta General historia estará
mas copiosamente dicho.
Aquel Suplemento de chrónicas dige *
que los hombres de Chipre tenian por
costumbre de enviar las mugeres vírge-
nes á la costa de la mar, para que los
navegantes que alli aportaban usasen con
ellas carnalmente; y desta manera ofres-
gian á Venus el voto de su perpetua cas-
tidad, como mas largamente lo escri-
be Johan Bocagio en aquel su tracta-
do , que intituló de las Ilustres mugeres;
donde particularmente escribe de Ve-
nus, y dige que desta manera ganaba»;
alli las mugeres los dotes para se ca-
sar. Esta costumbre usan en algunas pro-
vingias de la Tierra-Firme las muge-
res , y en espegial en la provingia do
1 Suplemenlum Clironicarum , lib. IV.
2 Tulio Cicerón, en sus Quistiones lusculauas.
3 Lib. IV de los Reyes, cap. 10.
4 Suplemenlum Chronicarum, lib. 1 i.
232
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Nicaragua , donde yo estuve, é lo en-
tendí de los mismos indios é indias , y vi
que la ques mas mala de su persona é que
con exergigio libidinoso gana su dote,
essa tienen sus padres é aun los otros in-
dios por de mas gentil habilidad , como
adelante lo escribiré mas largo en el li-
bro XLII, en el cap. VII, por abreviar
aqui la legión é passar á otras materias.
Atribuyen los antiguos á Baco * la in-
vengion de hager el vino , é digen assi
mismo quél mostró á hager la gerbega á
los alemanes ; pero quien quissiere saber
mas por extenso del vino é de sus pro-
priedades é diferengias é diversos géne-
ros, lea en Plinio^, puesto que en la ver-
dad Noé fué el inventor é plantador de la
viña después del diluvio , como la Sagra-
da Escriptura lo dige * Pero á lo que ya
pienso, los indios , para invengion de sus
vinos, ni oyeron á Plinio ni á Golumela,
ni á Cresgentino ni otros auctores, ni han
visto la auctoridad que de suso toqué del
Génesis : ni tampoco estas gentes hagen
vino de ubas , aunque las tienen salva-
jes y muchas ; pero hágcnlo del mahiz y
de la yuca , ques el pan que comen en
algunas provingias , y en otras de miel é
agua , y en partes algunas de giertas gi-
ruelas é pinas, é otros vinos ó bevrajes
de otras maneras, como mas largamente,
por esta General Historia, podrá ser el
letor informado. Y este vino en unas par-
tes lo llaman chicha y en otras por otros
nombres , porque hay muchas y diversas
lenguas. Trúxose esto á conseqüengia de
aver en estas partes muchas cosas que en
alguna manera imitan á las de los chrips-
lianos é gentes de Europa bien acostum-
bradas.
Atribuyen la invengion de los espe-
jos á Esculapio, hijo de Apoline *. Tam-
i Suplemendim Chronicarum , lib. III.
2 Plin. , lib. XXIII.
3 Coepitque Noe, vir agrícola, exercere lerram,
elplaniavil vineam. Bibensque vinum, inebriatus
poco ovieron menester los indios esta
invengion , ni aprender de otras gentes
á hager espejos ; porque de margarita los
hagen muy exgelentes en la Nueva Es-
paña é en otras partes de la Tierra-Fir-
me; é en el Perú acostumbraron los indios
pringipales á hager una plancha ó lámina
del tamaño é peso que querían el espejo,
de muy fina é gendrada plata, en que se
miraban; y aun pienso que son de los
mejores de todos , porque vi algunos des-
tos que digo.
De la invengion del sacar la pie-
dra é hager muros, hage Plinio inven-
tor á Trason*; pero la manera de los
muros , assi de tierra como de piedra é
de ladrillo , muy común y ussada é anti-
gua es en el mundo. Pero la que en al-
gunas partes é pueblos de la Tierra-Fir-
me han visto nuestros milites españoles,
es cosa muy extraña é notable , como por
estas mis historias se puede ver en algu-
nas poblagiones, muradas de uno é dos é
mas liengos ó gercas de árboles grosíssi-
mos, sembrados é puestos á mano, apar-
tados el uno del otro quatro é ginco é
seys pies é mas é menos. É aquellos, assi
como van cresgiendo, los van limpiando,
para que suban é crezcan derechos, é en
discurso de tiempo é años engordan é
se hagen poderosos é tan al propóssito,^
que no dexan vaqüo alguno entre un ár-
bol é otro , é assi juntos en su gircunfe-
rengia, hagen una muralla que, á mi ver,
es la mas fuerte que pensarse puede , si
toviere mediocre compañía de defens-
sores.
Dige Plinio ® que la fábrica de la ma-
dera la inventó Dédalo , é assi mismo la
sierra para la aserrar. Mas otra manera
de aserrar un hierro se ha hallado en es-
tas partes , y aunque sea una gruesa án-
est. Génesis, cap. IX, vers. 20 é 21.
4 Tu lio , De Natura Deorum.
o Plin. , lib. VII, cap. 5').
6 Plin. , ut supra.
DE INDIAS, LIB. VI. CAP. XLIX.
253
cora (cosa maravillosa diré); pues quel
indio con un hilo de algodón ó de hene-
quén ó cabuya corta qualquiera hierro,
y esto les ha enseñado la nescesidad para
corlar los grillos ó cadenas, en que algu-
nos chripslianos los han aherrojado é
puesto en prisiones. É háse averiguado
que, dándoles tiempo, toman un hilo de
los que he dicho , é aquel muévenle so-
bre lo que quieren corlar, echando sobrél
arena menuda, poco á poco, alli donde
la cuerda lude : é assi cómo comienza á
cortar é ser caliente el hierro, le trangan,
como cortarían un nabo ; é assi cómo se
va rogando el hilo, lo mejoran enconti-
nenle , poniéndolo sano. Cosa es probada
é vista muchas veges en la Tierra-Firme.
Segund quiere Plutarco en la vida de
Theseo , este fué el primero que dividió
en Alhenas los hidalgos é gente noble de
los otros hombres populares é artesanos, é
les enseñó otras buenas costumbres , con-
vinientes al político uso é de mucha uti-
lidad á su república. Pero á estos indios,
acá tan desviados de todo lo escripto,
¿quién diremos que les mostró todas esas
diferencias en sus repúblicas , guardadas
con tanta humildad á sus superiores é
con tan perseverante costumbre? Yo sos-
pecho que la natura es la guia de las ar-
tes, é no sin causa suelen degir los flo-
rentines en un su vulgar proverbio: « Tuto
il mondo é como á casa noslra.n Y assi me
paresge en la verdad que , de muchas co-
sas que nos admiramos en verlas usadas
entre estas gentes é indios salvajes, mi-
ran nuestros ojos en ellas lo mismo ó
quassi que avemos visto ó leydo de otras
nasgiones de nuestra Europa é de otras
partes del mundo bien enseñadas. En con-
seqüengia de lo qual se escribe que Dira-
chio ó Durago ^ alias Epidauro (cibdad
de vcnegianos , ) del qual nombre mismo
hay otra cibdad en Acaya , en que es-
tuvo ó está un templo hermosíssimo en
honor de Esculapio , é alli los romanos
siendo fatigados de pestilengia tres años,
leydos los libros de las Sebylas , hallaron
que por otro remedio alguno no podrían
sanar , é que la última señal de su salud
era llevar á Roma á Esculapio , cuya es-
tatua era en forma de serpiente; y de
aqui se me ha puesto en la memoria (se-
gund el curso grande de la idolatría des-
tos indios,) que en honor deste Esculapio
debia ser aquella memoria de la casa del
gran príngipe Atabaliba , en el pueblo de
Caxamalca, dentro de la qual está una
sierpe muy grande de piedra , como
mas por extenso se dirá en la tergera
parte destas historias , en el libro XLVI,
capítulo VII, donde se tractará de la pris-
sion de aqueste príngipe. Y el que dub-
dare desta mi sospecha, acuérdesse quel
mismo demonio que mostró á idolatrar
los antiguos , esse mismo es el maestro
quessa misma condenada idolatría ha
sembrado entre aquestos indios ; y el mas
antiguo simulacro ó imagen del diablo es
aquesta de la sierpe , en figura de la qual
fueron engañados nuestros primeros pa-
dres , como mas largamente lo manifiesta
la Sagrada Escriptura ^. Y aquesto baste
para probar el intento ó propóssito del in-
troito deste capítulo XLIX.
Passemos á otras materias , puesto que
en estas que aqui he escripto muchas cosas
se podrían añadir, que se dexan por evi-
tar prolixidad; porque el pasto de la legión,
assi como en la mesa del príngipe es ador-
nameuto y auctoridad la diversidad de
los manjares , y gran ocasión para des-
pertar el apetito del paladar las diferen-
gias dulges é agras é mezclados sabores,
assi al que lee acresgientan la perseve-
rangia de la legión los diversos discursos
{ Supplenienlum , lib, III.
2 Sed el serpens crat callidior cunctis animan-
tibus lerrae, quaefeceralDoiriínusDeus, etc. Génesis,
cap. III.
254
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
é novedades que la historia trae con-
sigo. Y esto es una de las causas que
hagen pecar á los oydos y entendi-
mientos que se acostumbran á escu-
char ó leer fabulosas vanidades , del
qual delicto van desviados los que en
historias veras é honestas son exerci-
tados.
CAPITULO L.
De los depossitos deste libro , en que se recuenta un caso muy notable que acaesció en una placa de la pro-
vincia de Nicarag^ua, estando alli el auctor destas historias: la qual materia toca al arte mágica é brujos in-
dios llamados texoxes , é atrae á conseqüencia otras transformaciones de hombres en animales que escriben
algunos auclores graves ; y lo que en tales casos se debe creer.
iluiero dar fin á estos depossitos con
uno que estará adelante mas extenso es-
cripto , en lo que toca á Indias , en el li-
bro XLII , capítulo VII , donde en la pro-
vincia de Nicaragua acaesgió un caso de
que yo é otros quedamos maravillados; y
aun en el instante me acordé de aquello
que en la Sagrada Escriptura se lee,
quando dixo Saúl á los suyos que una
muger avia spíritu phitónico, é disfraga-
do, fué á ella é le pidió que susgitasse á
Samuel , é lo hizo : é Samuel le dixo ( ó
aquella sombra) lo que le avia de interve-
nir *. Por manera , que concluye alli que
Samuel vino por industria de la phitonisa
ele dixo á Saúl el mal subgeso que le avia
de venir; por lo qual dige Isidoro ^ : Fer-
tur el qucedam maga famosissima Circe, quce
socios Ulyssismutavit in bestias, etc. Y mas
adelante el mismo doctor sancto dige: Quid
plural Si credere fas est, de Pythonisa, ut
prophetce Samuelis animam de inferi abditis
evocaret, el vivorum prcesenlaret conspecti-
bus, si tamem animam prophetce fuisse ere-
damus, et non aliquam'phantasmaticamillu-
sionem Satance fallada factam. Todo'es del
doctor alegado. El gloriosso Augustino,
hablando en esta materia , dige que des-
pués que los griegos destruyeron á Tro-
ya, derelinquentes, etadpropria remeantes,
diversis et horrendis cladibus dilacerati atque
contriíi sunt : et tamem etiam ex eis deorum
suorum numerum auxerunt. Nam et Dio-
medem fecerunt Deum, quem poena divinitus
irrógala perhibent ad suos non rever tisse;
ejusque socios in volucres fuisse conversos,
non fabuloso poeticoque mendacio , sed his-
tórica attestatione confirmant '. Escribió
Lugiano , griego , que él , con deseo de
aprender el arte magia, fué á ThesaUa;
é que alli, deseando tornarse ave, se
convirtió en asno por industria de una
moga llamada Palestra , con un un gier-
to ungüento mágico; y que, andando
fecho asno, padesgió muchos trabaxos,
hasta que después , comiendo rosas , se
tornó en la primera forma de hombre,
como era de antes. Imitando á este grie-
go, después escribió en la misma len-
gua latina Apuleyo un volumen de onge
Hbros con alto estilo , Del asno de oro ; y
dige que anduvo gierto tiempo hecho as-
no y con su proprio é primero sentido de
hombre ; pero fecho tal bestia, qüenta que
vido é experimentó muchas cosas quél es-
cribe de notables avisos , hasta que de
asno fué transformado en hombre. A este
propóssito , Augustino dige en su Quinta
verdad de las hechigeras de Italia , é toca
assi mismo el caso de Apuleyo converti-
do en asno *.
i Divina mihi in pylhone , et suscita mihi quem
dixero tibi, etc. Regum, I, cap. 28, ver. 8.
2 Elym. , Ub. VIII. , cap. 9. De Uagis.
.3 De Civitate Dei, lib. XVIII, cap. 16.
4 Quinta verilas, quod misterium demonum, etc.
August. , Dq Civitate Dei, lib. XVIII, cap. 18.
t)E INDIAS. LIB. VI. GAP. L.
255
Demás de lo questá dicho, se lee en la
Vida de Sanct Macario ^ obispo, que fue-
ron á él un hombre é su muger , é mos-
tráronle una yegua que avia seydo su hi-
ja é dongella virgen , é malos hombres
con encantamentos se la avian tornado ye-
gua. É trayda ante aquel sancto hombre,
dixéronle: «Esta yegua que vees, doncella
virgen é hija nuestra fué; mas malos
hombres con encantamentos la han tor-
nado este animal que vees: rogémoste que
ruegues á Dios y la tornes á lo que fué.»
El sancto hombre dixo : «Yo á la don-
cella veo , y no tiene en sí cosa de bes-
tia ; y esto que diges no está en su cuer-
po , sino en los ojos de los que la miran.
Cá fantasias de demonios son essas y no
verdad.» Y por la oragion deste bienaven-
turado , é ungiéndola él con el olio en
nombre de Jesu-Gripsto , desechando el
engaño de los ojos de todos los miradores,
hizo que paresgiesse á todos dongella, assi
como á él.
Tornando á Sanct Augustin, todo lo
que en su tractado de la Cibdad de Dios
refiere en esta materia, dige ser fecho
por ilusión del demonio, nuestro co-
mún adversario , y assi se debe creer.
Al propóssito de lo qual , en tanto que
llegan estos mis tractados á la tergera
parte desta General Historia de Indias,
y en especial al libro XLIl, donde he
de escrebir lo que tocare á la goberna-
ción de la provincia de Nicaragua, quie-
ro aqui brevemente tocar un depóssito
que paresge que tiene conformidad con
estas transformaciones ó condenadas ilu-
siones, y el caso es aqueste. En aquella
tierra hay muchas bruxas, de la qual
maldita setta y escuela hay muchos hom-
bres y mugeres en aquella provincia (se-
gund se platica entre los mismos indios),
á los quales bruxos llaman texoxes: é tie-
nen ellos por muy averiguado que se
transforman en lagartos de aquellos gran-
des (que mas cierto se deben llamar co-
calriges, é en aquella lengua les llaman
agazpalin), ó en perro, ó en tigre, ó león,
ó en la forma de qualquiera otro animal,
segund ellos lo quieren hacer. Siguióse
el año de mili é quinientos é veynte y
nueve que estando yo en una placa que
se dice Guacama , que estaba encomen-
dada á un hombre de bien , llamado Mi-
guel Lucas , compañero de otro hidalgo
que decian Luis Farfan, é vino alli un
cacique de otra placa á ver al dicho Far-
fan (á quien estaba encomendado) , é una
noche pidióle un perro de los que los es-
pañoles tienen bravos, porque dixo que
avia miedo á los texoxes ; é el Farfan,
no le entendiendo bien , dixóle que pres-
to parirla una perra suya , é aquel le da-
rla un perro quel cacique criasse é to-
viesse en su casa. El cacique no replicó
ni dixo el daño que temia depressente; é
con su temor, quando quiso dormir, to-
mó un niño hijo suyo ( que podria aver
seys meses) , de los bracos de su madre,
é abracado consigo é cubierto con una
manta , é á par del á su costado la mu-
ger , é en torno dellos y no un paso des-
viados otros cinco ó seys indios suyos, é
amonestados que velassen. E assi cómo
fué el primero sueño venido , le fué to-
mado el niño de entre los bracos , sin lo
sentir ninguno de los circunstantes ni sus
padres, y se lo llevaron. Desde á poco
espacio el padre é la madre é sus indios
é otros muchos de aquella placa se levan-
taron á lo buscar , é los tristes padres é
sus indios con lágrimas é hachos encen-
didos ; pero no lo hallaron , aunque les
turó aquello hasta que vino el dia. El ca-
cique dixo al dicho Farfan que los texo-
xes le avian llevado el muchacho para, se
lo comer ; é preguntóle que cómo sabia
él que eran texoxes los que le avian to-
mado su hijo , y él replicó que poco an-
tes quél le pidiesse el perro la noche
passada , los avia visto : é que eran dos
animales grandes , uno blanco é otro ne-
256
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
gro. E andando todavía en esta demanda
de buscar el niño , toparon el rastro de
los dichos animales , é las pisadas eran
como de grandes lebreles ; é quando ya
era bien dos horas de dia ó quassi , ha-
llaron giertas partes de los cascos de la
cabera del niño , bien roydos , obra de
un tiro ó dos de piedra apartado de don-
de avian tomado el muchacho de los bra-
cos del padre , é alguna sangre por alli
en torno entre las hiervas : los quales
cascos é sangre yo vi , é oy al cacique
todo lo ques dicho , con muchas lágrimas
que vertia de sus ojos ; y en la misma
hora que se hallo aquella señal deste dia-
bólico fecho, y en mi presencia aquella
mañana é de otros se averiguó lo ques
dicho. É alli junto á los cascos del
niño estaba un sartal en una cuerda
de algodón con unas piedras verdes, co-
mo plasmas de esmeraldas quel mu-
chacho traia al cuello , é la madre las al-
^ó de tierra con grandes sospiros é llan-
to, como aquella que lo avia parido.
Esto estará mas largamente escripto en
el libro é capítulo que he dicho que se por-
ná adelante , porqués del jaez de aquella
províngia de Nicaragua. Y esto baste pa-
ra que se entienda la similitud que alli
tienen las obras del diablo con las quél
mismo ha fecho é hage en otras partes, é
para lo que toca á la trans forma gion de
los hombres en animales. É aun degia
aquel cagique que un vegino suyo era
aquel queste daño le avia fecho , é que
le tenía amenagado que le avia de comer
el hijo , por gierto desgrado ó enemistad
que le tenia, é que assí desde su tierra,
que era seys ó siete leguas de alli , de la
provingia é lengua que se dige de los
maribios , avia venido tras él para lo ques
dicho, é yo se lo oy al mismo ofendido.
E también oy á otros indios, en el tiempo
que estuve en aquella tierra , que muchos
avia de essos texoxes que se mudan en
los animales que se quieren transformar:
é aunque los chripstianos les digen ques
todo falso é ilusiones del diablo , é que se
les antoja , é que es mentira , ellos lo tie-
nen por muy gierto , é afirman aver visto
muchas veges tales transformagiones. É
desta calidad se dirán otras cosas en el
libro XLII, en la última parte destas his-
torias.
CAPITULO LI.
De un caso nuevamente venido á noticia del auctor destas historias , é nueva materia é de admiración á
quantos la oyeren é supieren , acaesQida pocos dias há con una nueva forma de monteria en esta Isla Espa-
ñola: lo qual acaesció en el año de mili é quinientos é quarenta y tres.
HíU esta nuestra Isla Española andan
muchos negros algados que se han rebe-
lado del servígio de los chripstianos ; y
assi para castigar los tales, como para
assegurar los que quedan en las hagien-
das de los pobladores , andan algunas
quadrillas de españoles , en busca de los
levantados. Y entre los otros capitanes
nuestros anda un hidalgo , llamado Anto-
nio de Sanct Miguel , natural de Ledes-
ma, hombre de bien é valiente por su
persona (al qual yo conozco); y este
puede aver pocos meses que, yendo con
sus compañeros por las sierras de la vi-
lla de Sanct Johan de la Maguana (ques
en la mitad desta nuestra isla , á la parte
desta costa del sur) , topó con un indio
gimarron ó bravo , que andaba encueros
é con giertas varas tostadas para pelear
ó matar algunos puercos gimarrones ó
salvajes, de los quales hay innumerables
en esta isla , de los que se han ydo al
monte de los que se truxeron de España.
É traia este indio en su compañía una
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. Lí.
K"^
257
puerca é dos puercos mansos ( á él), é con
aquella compañía hagia su vida é comía
é dormía entrellos , é avía doge años ó
mas que andaba aigado , é era ladino , é
hablaba nuestra lengua castellana muy
bien.
E cómo acaso este capitán é su gen-
te dieron en este indio é su poi'gesca
compañía , los chrípstíanos mataron lue-
go aquellos dos puercos é puerca, en
un instante, sin saber su propriedad ó
exergigio de los dichos puercos é puerca,
por poder reparar su hambre , que avía
días que no avían comido carne : cuya
muerte de aquellos tres animales fué mu-
cho pesar é dolor para aquel indio, é
queriéndose informar el dicho capitán de
su manera de vida é soledad é qué hagia
con aquellos puercos , ó para que los que-
ría, respondió é dixo: «Essos puercos me
daban á mí la vida é me mantenían é yo
á ellos : eran mis amigos é mi buena com-
pañía : el uno se llamaba tal nombre é
el otro se degia el tal, é la puerca se
llamaba la tal ( como él los tenia nombra-
dos).» El un puerco degia que era muy
gran ventor, é el otro era mas regio é
mas pessado é de pressa , é muy deno-
dado ; de forma que el uno hagia el ofi-
gio de sabuesso, é el otro de lebrel, é
la puerca era consorte é coadjutor de los
dos, quaudo en el tiempo que convenia
ayudarlos. E assí cómo era de día, este
indio salía de su rancho é degia á sus
compañeros los puercos: «Ea, amigos, va-
mos á buscar de comer.» E assi lo hagian;
é el ventor tomaba la delantera, é cómo
daba en el viento , aguijaba á donde le
paresgía quedebia yr , é seguíanle el otro
puerco é la puerca , é tras ellos yba el
indio. É cómo el ventor topaba el puer-
co bravo , asíase con él á la lucha , é co-
mengaban su batalla , mordiéndosse ; é
cómo llegaba la compañía , dábanle los
tres mucha priessa á bocados ; é cómo
llegaba el indio con sus varas, daba favor
TOMO 1.
á sus compañeros , é con ellas le hería al
puerco gimarron é le mataban presto.
El qual muerto, le abría el indio é daba
las interioras á sus compañeros , é él en-
gendia fuego con los palillos , como los
indios lo usan, é asaba lo que le pares-
gía con que él comía ; é lo restante del
defunto animal, hecho pedagos, lo car-
gaba sobre los dos puercos é puerca con
sus cuerdas de bexucos, é ybanse á su ran-
cho, do acostumbraban dormir, esta com-
pañía: é alli descargados, colgados los
tasajos ó partes del puerco muerto , lo
comían poco á poco , en tanto que de la
manera que es dicho, mataban otro ú otros
puercos. E las noches, el dicho indio se
acostaba entre aquella su bestial compa-
ñía, rascando horas al uno é horas al otro,
regalándolos á la porgesca. E luego otro
día , si no tenían carne ó no hallaban ho-
tos ó no era tiempo de tal fructa , el in-
dio sabia hallar giertas raíges, con que da-
ba de comer á aquella su compañía, é á
él no le faltaba. Desta manera que es
dicho, hagia su vida este indio en aque-
llos montes.
Después que el capitán Antonio de
Sanct Miguel é sus compañeros ovíe-
ron oydo é entendido la nueva é nun-
ca antes oyda semejante montería, pes-
sóles mucho de aver muerto los puer-
cos, é lleváronse el indio consigo á la
cibdad de la Vega, donde al pressente
está.
Y porque yo tengo por estilo en lo
que no he visto dar mi descargo con tes-
tigos fidedignos, digo que desta nuestra
cibdad de Sancto Domingo salió el re-
verendíssimo señor obispo, don Alonso
de Fuenmayor , é fué la tierra adentro á
visitar sus iglesias , é en la cibdad de la
Vega estuvo algunos días , donde le con-
tó lo que es dicho el mismo capitán , An-
tonio de Sanct Miguel , é otros que con
él se hallaron , é vido el dicho señor obis-
po el mismo indio: é después que tornó
33
258
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
á esta gibdad este nuestro perlado , yo
oy lo que es dicho á algunas personas de
crédito , é para mas me satisfager, lo pre-
gunté al mismo señor obispo , é me dixo
que es muy gran verdad é muy público
todo lo que es dicho , é que passó de la
misma manera que aqui lo he escripto .
Paresgióme tan grande novedad y tan
varia legión, é tan apartado caso de
quanto está dicho, ni visto, ni escripto,
que quadra bien aqui aquel soneto , á lo
menos los quatro versos primeros, en
que dige Francisco Petrarca:
La gola , il sonno , et l'ociose piume
Hanno del mondo ogni verlú sbandita,
Ond'e dal corso suo quasi smarrita
Noslra natura vinla dal costume.
Quiere degir : la gula , el sueño , é las
ogiosas plumas , ó cama , han desterrado
del mundo todas las virtudes, é han
apartado de su curso quassi á nuestra
natura , vengida de la costumbre ; porque
el hombre es dedicado á la ragon , en
diferengia de los animales brutos que son
caresgientes della. Ved pues si en estos
animales se muestra esto claramente;
pues seyendo los puercos para ser mon-
teados , se con vertieron con la costumbre
en ser monteros é hager el ofigio que no
les competía , é el indio , siendo animal
ragional é humano hombre, se conver-
tía en puerco ó hagia su vida bestial , de
la forma que es dicho. Assi que, esto pre-
gedla de la larga consuetud que aquel in-
dio avia exergitado , enseñando aquellas
bestias en tal montería, pegándoseles una
entrañable amistad al ofigio juntamente
con la nesgessidad de ser alimentados; é
mezclándose con esso unos gelos ó envi-
dia que constreñía essos puercos á ma-
tar los otros que topaban , porque su amo
no pussiese amor en otros, ni les mos-
trasse el ofigio , como á ellos lo enseñó,
para que pudiesse desdeñarlos ni poner
otros en su lugar. Y el indio apartándos-
se de la exgelengia de la ragon, y sin te-
ner cuenta, ni respeto, ni temor ^^á' su
Dios , huyendo de los hombres , se con-
tentaba de vevir con bestias y ser bes-
tial.
Cosa es la que he contado que á mí
me dio mucha admiragion oyrla , y no la
osara escrebir, si no me gertificara pri-
mero deste reverendíssimo señor obis-
po , presidente de Sus Magestades en la
Real Audiengia é Changilleria que reside
en esta cibdad de Sancto Domingo, cu-
ya auctoridad é persona es de tanto cré-
dito , que solo bastaba para ser creydo,
non obstante la novedad de tal montería:
quanto mas que otros muchos digen lo
mismo , por cosa muy pública é notoria
en aquella cibdad de la Vega.
CAPITULO LII.
En -que se tracta de la forma de un galo monillo , la mas nueva cosa, ó nunca su semejante vista hasta
nuestros tiempos : el qual gato en parte era páxaro ó ave é cantaba, como un ruyseñor ó calandria , muy
excelentemente , d con muchas diferencias en su melodía é cantar.
Vjosa es la que aqui escrebiré que se
puede bien llamar varia legión, como
Pedro Mexía intituló aquel su tractado,
no menos bien ordenado é elegante que
aplagible álos letores: en el qual, ni en
otro , yo no he visto cosa que tanta ad-
miragion me haya dado en las obras que
la natura ha obrado entre los animales ; y
de aqui podemos pararnos á pensar lo
que se dige de los grifos, si es verdad
que la mitad del grifo para adelante es
águila, é de la mitad para atrás es león.
DE INDIAS. LIB. VI. CAP. LIÍ.
239
Conforme á esta opinión dige Isidoro en
sus Ethimologias que los grifos son la
mitad león é la mitad águila , etc.*
Allende de lo que está dicho es de notar
que es verdad que hay tales animales,
porque en el Levítico, cap. XI, hage la
Sagrada Escriptura mengion deste animal
grifo ; é declarando la glosa este passo,
dige que el grifo há quatro pies, é que la
cabega é las alas son semejantes al águi-
la , é que lo restante de su cuerpo es ó
paresge al león : é mora en las montañas
hyperbóreas , é hage muchos males á los
hombres é á los caballos. E dige mas
desto aquel tractado, llamado De proprie-
tatibus rerum^y que este animal grifo po-
ne en su nido las esmeraldas , contra las
bestias que ende moran.
Yo he tenido por costumbre en es-
tas mis historias, de dar los testigos en
aquellas cosas que no he visto, é de
que otros me han informado ; y al pro-
póssito de lo que de suso apunté del
grifo , ha venido á mí notigia otra cosa
que no me es menos maravillosa que los
grifos : la qual cuentan que , en la tier-
ra austral del Perú , se ha visto un gatico
monillo , destos de las colas luengas , el
qual desde la mitad del cuerpo con los
bragos é cabega, era todo aquello cu-
bierto de pluma de color parda , é otras
mixturas de color; é la mitad deste gato
para atrás todo él é las piernas é cola,
era cubierto de pelo rasito é llano de
color bermejo, como leonado claro. Este
gato era muy mansito é doméstico é po-
co mayor que un palmo : el qual tenia
una india cagica , muger pringipal , her-
mana del inga Amaro, hermano del gran
príngipe Atabaliba , y con esta su her-
mana , después que ella vino á poder de
los chripstianos , se casó un mance-
1 Griphes vocatur, quod sil animal pennalum et
quadrupes. Hoc genus íerarum in Hyperboreis
monlibus nascilur. Omni parte corporis leones siint:
alis ct facie aquilis similcs , equis vchementer in-
bo español, diestro en ambas sillas (de la
gineta é de la guisa) , hijo de Baptista
Armero, é muy conosgido en la corte
del Emperador , nuestro señor. Dixe to-
das estas señas, porque es hombre conos-
gido este mangebo , el qual rogó á su mu-
ger que diesse este gato, para le traer el
capitán Per Ansurez á la Emperatriz,
nuestra señora , de gloriosa memoria , é
assi se le dio : é este capitán que he di-
cho le traia, é por descuydo de giertos
criados suyos que un dia estaban bur-
lando , é no lo queriendo hager uno de-
llos, pissó el gato é lo mató. Cuento este
desastre á infeligidad de los ojos huma-
nos que no alcangaron á ver tal animal,
para dar gragias á Dios que le crió tan
diferente de quantos por el mundo hay;
é en esta cibdad de Sancto Domingo han
venido hombres dignos de crédito que
digen que vieron é tovieron en las manos
este gato, é que era tal qual tengo di-
cho , é que tenia dientes : é lo que es no
de menos maravillar que lo questá di-
cho, es que el gatico , puesto en el hom-
bro del capitán que he dicho ó donde le
tenian atado, quando él queria cantaba,
como un ruiseñor ó una calandria , co-
mengando pasito á gorgear, é poco á
poco algando las voges, mucho mas que lo
suelen hager las aves que he dicho, é con
tantas ó mas diferengias en su canto : que
era oyrle una muy dulge melodía é cosa
de mucho plager é suavidad escucharle;
é aquesto le turaba mucho espagio de
tiempo , é á veges como lo suelen hager
los que cantan. Un caballero, llamado
Diego de Mercado , natural de la villa de
Madrigal, é otro hidalgo que se dige To-
más de Ortega , que venian en compañía
del dicho capitán (los quales, después
que aqui llegaron ricos, se casaron en
fesli. Nam et homines vivos discerpunt. Lib. XII,
cap. De Bestiis.
2 Lib. XII, cap. 20*
260
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
esta cibdad , é son nuestros veginos é per-
sonas que en esso é mas pueden é deben
ser creydos ) , cuentan lo ques dicho de
vista , porque muchas veges vieron este
gato é le oyeron cantar.
Algunos quieren degir queste animal
debia nasger de adulterio ó ayunta-
miento de alguna ave con algún gato
ó gata , como pudiesse engendrarse es-
totra espegie que partigipase de am-
bos géneros. É yo soy de contrario pa-
resger; y tengo opinión (consideradas
algunas cosas que se deben pensar de la
desconveniengia del sexo é instrumentos
generativos que hay de las aves á tales
gatos) , que tal animal no nasció de tal
adulterio , sino que es espegie sobre sí é
natural , como lo son por sí los grifos;
pues que el maestro de la natura ha he-
cho otras mayores obras é maravillas , el
qual sea loado é alabado para siempre
jamás.
Háme pesado mucho en no aver lle-
gado vivo aquel gálico á esta cibdad,
ni muerto tampoco : que en verdad , si
yo le viera muerto donde pudiera hager-
lo, yo diera mi capa por un poco de sal
para salarle é conservarle assi , para que
otros muchos le vieran , para loar á Dios
de sus maravillas ; y assi creo que en Es-
paña se tuviera en mucho tal vista , é do
quiera que oviera hombres de buen en-
tendimiento. En esta nuestra cibdad hay
al presente quatro hombres que le vieron
vivo á este gato; y yo quisiera mas ver-
le, que quantas esmeraldas he visto muy
ricas que han venido de aquellas partes;
é antes veré otras tantas que se vea otro
animal semejante, .exgepto si, como he
dicho ques mi opinión, adelante se hallan
con el tiempo otros de su ralea : lo qual
no dubdo , porque los secretos deste gran
mundo de nuestras Indias siempre ense-
ñarán cosas nuevas á los presentes é á
los que después de nos han de venir á
esta contemplagion é hermosa letura de
las obras de Dios, á quien ninguna cosa
es impossible de todo quanto le pla-
ge hager é mostrarnos. Y por tanto, el
cathólico letor.acuérdesse de lo que dige
Hilario : «Mas puede Dios hager, que el
entendimiento del hombre entender *.»
CAPITULO Lili.
En que^se tracta otra novedad muy grande é por mí nunca oyda y acaso sabida , y que no será de poca
admira9¡on para dexar de contemplarla los letores y especulativos ; y es acerca del menguar é crescer de
la mar en la bahia de Sanct Malheos , en la g-obernaeion é costa del Perú.
Di
'ixe en el capítulo antes deste, que
quissiera mas ver aquel gato de quien se
tracto de suso , que quantas esmeraldas
he visto ricas que han venido del Perú,
é que antes veria otras tantas que otro
animal semejante. Y cómo yo huelgo de
ver y entender todas las novedades y
cosas raras é que son á propóssito de
aquesta General Historia , báseme ofres-
gido una muy extremada, y que á los
naturales entendimientos y á todos los
que han leydo é andado por el mundo,
me paresge que les causará admiragion 6
dará aparejo de pararse á contemplar en
lo que agora diré é supe de un hon-
rado vegino nuestro , llamado Balthasar
Gargia , natural de la cibdad de Truxillo,
en la provingia que en España se llama
de» Extremadura . El qual hoy martes,
veynte dias del mes de octubre de mili
é quinientos é quarenta y ginco años, el
muy reverendo señor don Rodrigo de
i Plura potest Deas faceré , quam intelleclus in- Itílligcrc Ub. De Trinitate,
DE INDIAS. LIB. VI. GAP. Lili.
mi
Bastidas , obispo de la isla de San Johan
(que á par desta fortaleza de la cibdad de
Sancto Domingo , en que yo esto é sirvo
á Su Magestad, tiene su casa), por su hu-
manidad é bondad acostumbrada , vino
con su señoría para exergilar é quitar cui-
dados un poco de espacio con su loable
conversagion é hagerme conosger este hi-
dalgo que pocos dias há llegó á esta cib-
dad, segund digen, rico de diez ó doge
mili pessos de oro: porque aunque yo le
avia visto, no tenia conosginiiento con él
é para que me mostrasse un pedago de
oro ó un tejo de pesso de quatro mili cas-
tellanos de oro fino (ó á lo menos de
veynte é tres quilates). Y venidos á esta
fortaleza el señor obispo é el Balthasar
Gargia, progedimos é fué nuestra plática
tractando en las riquezas del Perú, al pro-
póssito de lo qual yo le rogué que envias-
se por aquel tejo de oro que me avian
dicho que traia, é que assi mismo me en-
señasse sus esmeraldas , é él lo hizo de
grado. E venido el tejo, yo lo tuve en mis
manos é aun con trabajo, segund su mu-
cho pesso, que segund su dueño degia,
era quatro mili pessos (que son quarenta
libras ú ochenta marcos ó una arroba é
quinge libras); y á miparesgeryo lo creo
bien que lo pessaba, porque como digo,
le tuve en las manos , y el señor obispo
é otros que presentes estaban. E con este
tejo hizo traer un hermoso bernegal de
oro que pessaba ginco marcos de oro , y
ginco esmeraldas ricas (tres engastadas
en sendos anillos, é la una puesta en un
plomo, é la otra era una cuenta redonda),
grandes é en toda perfigion é de mucho
valor: si tantas no ovioran venido á po-
der de chripstianos, ninguna deltas á mi
paresger dexa de valer tresgientos pe-
sos, y la redonda é mayor de las otras
mas de quinientos pesos, entre buenos
lapidarios cada una dessas dos. Y an-
tes questas esmeraldas de Puerto Viejo é
las de Bogotá é Somindoco paresgies-
sen, vallan las ginco esmeraldas ques di-
cho mas de quatro mili ducados , por lo
menos. En fin son piegas de príncipe,
é el tejo qual tengo dicho y el berne-
gal.
Pero continuándose nuestra plática,
dixo este gentil hombre, como testi-
go de vista, una cosa que me dio mas
gusto é mas contentamiento saberla é
oyrlo, que todo lo que es dicho, é de-
lante del obispo é dos criados suyos é
otros escuderos desta fortaleza que á
nuestro ragonamiento estaban presentes:
que en la bahia de Sanct Matheos (que
es en la costa del Perú, grado é me-
dio de aquesta parte de la línia equi-
nogial), entra un rio muy poderoso é
mucho mayor que el que passa por esta
cibdad de Sancto Domingo; é que con la
marea , seyendo cresgiente , está el agua
dulge é potable, é que con la menguante
está salada, é que acaesge muchas veges
desde el navio tomar por el un bordo ó
costado el agua dulge é por el otro sala-
da. Gosa es que nunca á otro hombre la
oy , ni jamás de quantos en aquella tierra
han estado que yo haya visto, les vi ha-
blar en tal novedad : y no me maravillo
yo de no lo degir otros, aunque ello sea
assi , porque ni todos los hombres saben
entender las cosas aunque las vean, ni
las sienten como son , y también porque,
como andan de passo é con esta agonía
de aqueste oro, esse les hage sentir mal, ó
no como debrian, las otras cosas que los
simples tienen por agessorias ó en poca
estimagion, y essas son de las que mas se
maravillan los discretos é de lindos en-
tendimientos. Este hidalgo vivió alli ger-
ca algún tiempo é pudo muy bien ver é
considerar lo que es dicho j y en esso y
en lo demás hablaba, como hombre de
gentil razón, é es meresgedor de ser crey-
do. Lo demás contemplad los que veis
cresger la marea de Guadalquivir é Tajo
é de otras riberas de España , que entran
262 HISTORIA GENERAL Y NATURAL
en la mar, é que todo lo que es dicho se dulges , lo qual en la bahia dé Sanct Ma-
ye cada dia por el contrario : que con la theos es al revés , y no debe ser sin mis-
cresgiente los rios se tornan salados, é terio é secreto de la natura, el qual yo
con la menguante , retrayda la mar , son no alcango * .
l En el códice original se encuentra el princi- ios, según hizo desde el capitulo L , señalado pri-
pio del título del capitulo LIV , lo cual manifiesta mero como el último de este libro VI , á qjie aña-
qae el autor se proponía aumentar nuevos depósi- dio después los tres siguientes*
Este es el libro séptimo de la primera parte de la Natural y General historia de las
Indias, Islas y Tierra-Firme del mar Océano: el qual tracta de la agricoltura. ^-^
PROHEMIO.
1: ues ha plagido á Dios darme tiempo
para que sea ocupado en la particular
distingion y relagion de los libros que de
cada género de cosas podrá hagerse vo-
lumen é cantidad que pueda recrear con
cada materia dellos en muchas cosas á
los letores , quiero en aqueste séptimo
principiar en la agricoltura , é degir qué
manera de pan é pringipal mantenimien-
to tenían los indios , é hay naturalmente
en esta Isla Española , por la industria y
exergigio de los hombres della. Y porque
deste pan hay dos maneras , é muy dife-
rentes la una de la otra, diré de ambas,
y cómo se siembra é coge , é cómo des-
pués se hage el pan y el vino del mismo
pan , é quÁ propriedades tiene : é assi
mesmo diré de algunas plantas é legum-
bres, é otras cosas que estas gentes culti-
van, para su uso é substentagion , é de los
otros particulares ó agessorios bastimen-
tos que tienen é fueren á este propóssito;
porque en muchas cosas destas , que en
este y en los siguientes libros se tracta-
rán , esté dicho y espegificado lo que en
las mismas materias é géneros semejantes
conviniere hagerse mengion en las otras
islas , de quien adelante se ha de tractar
en esta parte primera; y aun para que
en la segunda y tergera desta General
historia , que han de hablar en las cosas
de la Tierra-Firme, esté ya dicho algo de-
Uo. Porque ni yo canse, con memorar
muchas veges lo que estoviere manifes-
tado , ni el letor por esta causa aborrezca
la legión ; pues que lo que toca á la go-
bernagion, no es lo que pringipalmente se
me manda escrebir, ni su Cesárea Ma-
gostad quiere saber de mí , pues en su
Real Consejo de Indias asisten tan gran-
des é señalados varones , como el reve-
rendíssimo señor cardenal , argobíspo de
Sevilla, don frey García Jofre de Loaysa,
confessor de la ^esárea Magostad , é
presidente é gobernador general del mes-
mo Consejo destas partes ; y en tanto que
la Cesárea Magestad estuvo fuera de
España (assi en Alemania en la resisten-
gia de los turcos , como en África en la
victoriosa empresa é toma de Túnez é la
Goleta) presidió el ilustre señor don Gar-
gi-Fernandez Manrique , conde de Osor-
no, con magníficos, sgientes y nobles
varones conscriptos é diputados para la
gobernagion deste Nuevo Mundo , é de
cada parte é provingia del tiene conti-
nuos avisos de todo lo que conviene á las
cosas de justigia é subgesos de Indias. É
S64
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
después que Dios llevó al cardenal y al
conde , ya dichos , preside en el Real
Quarto de Indias el muy ilustre señor, don
Luis Hurtado de Mendoga , marqués de
Mondéjar é conde de Tendilla , capitán é
alcayde de la grande é muy nombrada
cibdad de Granada.
Puesto que para llevar ordenada mi
historia se haya dicho alguna cosa de los
gobernadores y gobernados, no por esso
dexaré en olvido las otras cosas que ha-
gen al caso de la propriedad y noveda-
des destas tierras y de su fertilidad ; é
pues ya se dixo de los ritos é gerimonias
é idolatrías é otros vigios é méritos de
los indios , diré en este libro VII de sus
mantenimientos é cosas tocantes á laagri-
coltura. É acabado esso, se tractará en
libros particulares de los animales ter-
restres, é de los de agua, é de las aves,
é los animales insectos ó geñidos , é de
los árboles fructíferos é salvajes, é de las
maderas y árboles mediginales , y de las
plantas é hiervas , y en fin , de todo lo
que prometí expressar y ofresgí que es-
cribiría, segund lo dixe en el prohemio
pringipal ó libro primero , y en el segun-
do desta primera parte ó volumen ; por-
que lo que de aquí adelante se ha de se-
guir, es lo que mas hage al caso de la
admiragion de tan nueva é peregrina
historia.
CAPITULO I.
Del pan de los indios llamado mahiz , é de cómo se siembra y se coge , y otras cosas a esto con9crn¡enles.
JLia manera del pan de los indios es de
dos géneros en esta isla, muy distintos é
apartados el uno del otro , é aquesto es
muy común en la mayor parte de todas
las islas é aun en parte de la Tierra-Fir-
me ; é por no lo repetir mas adelante , se
dirá aqui qué cosa es aqueste pan que lla-
man mahiz , y qué tal es el que llaman
cacabi. El mahiz es grano, y el cagabi se
hage de rayges de una planta que llaman
yuca. Para sembrar el mahiz tienen los
indios esta orden. Nasgeel mahiz en unas
cañas que echan unas espig'as ó magor-
cas de un xeme luengas , y mayores y
menores , y gruesas, como la muñeca del
brago ó menos , y llenas de granos grue-
sos como garbanzos ( pero no redondos
de todo punto); y quando los quieren
sembrar, talan el monte ó cañaveral (por-
que la tierra donde nasge solamente hier-
va, no es avida«por fértil en estas partes,
como la de los cañaverales y arboledas),
y después que se ha fecho aquella tala ó
roga , quémanla , y queda aquella geniza
de lo talado, dando tal temple á la tierra,
como si fuera estercolada. Virgilio quiere
que el quemar aproveche al tempero de
las tierras * ; y conforme á esto , dige el
doctor Gabriel Alphonso de Herrera , que
copiló aquel famoso volumen de la agri-
coltura, que en lodo campo, para que
en el año siguiente se haya de sembrar,
es nesgessario se apareje, segund requiere
su manera ; é si ha llevado el año passa-
do, en aprovechándosse del restrojo, se-
gund mas pudieren , débenle quemar en
tiempo que el viento no lleve la geni-
za, etc.
Quiero degir que estos indios, aunque
inoren tales pregeptos, la natura les en-
seña lo que conviene en este caso , y
también la nesgessidad que hay de des-
ocupar la tierra de los árboles é cañave-
rales é plantas que de sí misma produge
i Virgilio, en la primera de las Geórgicas.
DE liNDIAS. LIB. VII. CAP. I.
2C5
para que los indios puedau sembrar é
haí;er sus simenteras ; y siempre quando
han de sembrar es al principio de la luna,
porque tienen por opinión que, assi como
ella va cresgiendo , assi lo hage la cosa
sembrada. E quando han de poner en efe-
to el despargir de la simiente , quedando
la tierra rasa , pénense ginco ó seys in-
dios (é mas é menos, segund la posibi-
lidad del labrador), uno desviado del
otro unpasso, en ala puestos, y con sen-
dos palos ó macanas en las manos , y dan
un golpe en tierra con aquel palo de pun-
ta , é menéanie, porque abra algo mas la
tierra , y sacante luego , y en aquel agu-
gero que hizo, echan con la otra mano
siniestra quatro ó ginco granos de mahiz ^
que saca de una taleguilla que lleva ge-
ñida , ó colgada al cuello de través, como
tahelí, écon el pié gierra luego el hoyo
con los granos , porque los papagayos y
otras aves no los coman: é luego dan
otro passo adelante, é hagen lo mesmo. Y
desla forma á compás é prosiguiendo de
un tenor , en ala todos aquellos indios,
siembran hasta que llegan al cabo de la
haga ó tierra que siembran , é de la mis-
ma guisa vuelven al contrario , é dan la
vuelta sembrando, hasta que hinchen toda
la haga , é la acaban de sembrar: y assi
como he dicho , en echando cada uno los
granos en el hoyo, le gierran enconti-
nente con el pié, por las aves. Plinio di-
ge, hablando en la forma del sembrar,
estas palabras que agora diré, entreoirás
reglas que él pone , y en la que estos in-
dios se conforman con él , es aquesta:
« Aun es nesgessario que con gierto arte la
simiente se eche igualmente , é que la ma-
no se concuerde con el passo, y siempre
con el diestro pié.» É mas adelante dige
que la medida de la simiente será entre
quatro ó seys , segund la natura del ter-
reno, é algunos mandan que ni mas ni
menos de ginco granos sea la medida *.
Esto guardan los indios enteramente, por
que por cuenta echan los granos, como lo
he dicho. Assi mismo guardan otra regla
los indios, que es de Theophrasto, el qual
dige que mas fructuoso es sembrar rala
la simiente é cobrirla bien , que sembrar
mucho y espesso y dexarlo descubierto.
Ya dixe de suso que los indios encon-
tinente que echan los granos del mahiz
en aquel hoyo, los cubren con el pié,
apretando la tierra é gerrando aquel agu-
jero en que los langan ; y porque el
mahiz de sí es muy seco é regio, para
que mas presto nazca , un dia ó dos an- '
tes échanlo en remojo , é siémbranlo el
tergero. Y para que su labor se haga me-
jor, siembran en tiempo que por haber
llovido está la tierra de forma que el pa-
lo, que sirve en lugar de reja, pueda en-
trar tres ó quatro dedos debaxo de tierra,
con pequeño golpe. Este mahiz desde á
pocos dias nasge, porque en quatro me-
ses se coge , é alguno hay mas temprano,
que viene á tres. E otra simiente hay que
se coge desde á dos meses después que
se siembra : y en Nicaragua , que es una
provingia de Tierra-Firme , hay simiente
de mahi? que viene á cogerse á los qua-
renta dias ; pero es poco lo que se coge
dello é menudo , é no se sostiene , ni es
sino para un socorro, en tanto que llega
el otro mahiz de los tres meses ó quatro.
É aquesto de los quarenta dias se hage á
fuerga de riego y de la manera que ade-
lante se dirá. Assi como el mahiz va cres-
giendo , tienen cuidado de lo deshervar,
hasta que esté tan alto que el mahiz se-
ñoree la hierva ; y quando está bien cres-
gido , es menester ponerle guarda , en lo
qual los indios ocupan los muchachos, y
á este respecto los hagen estar engima
de los árboles y de andamies que les ha-
gen de madera é cañas é cubiertos, como
TOMO I.
l Plin., lib. XVm, cap. 24.
34
266
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ramadas, por el sol é el agua , é á estos
andamios llaman barbacoas , é desde la
barbacoa están continuamente dando yo-
ges, oxeando ios papagayos é otras aves
que vienen á comer los mahizales: la
qual vela ó guarda paresge á la que en
algunas partes de España se hage, para
guardar los cánamos é los panizos é otras
cosas, de las aves.
Este pan tiene la caña é asta, en que
nasge, tan gruessa como una langa ó asta
quieta , y algunas como el dedo pulgar é
algo mas é menos, segund la bondad de
la tierra donde se siembra; é cresge co-
munmente mucho mas que la estatura de
un hombre , é la hoja es como de caña
común de Castilla, y es mucho mas luen-
ga é mas ancha, y mas verde, y mas do-
mable ó flexible hoja é menos áspera. E
cada una caña echa á lo menos una ma-
gorca , é algunas dos é tres , é hay en
cada magorca dosgientos y tresgientos
granos, é aun quatrogientos, émas é me-
nos , é aun algunas de quinientos , segund
es la grandeza de la magorca : é cada es-
piga ó magorca destas está envuelta en
tres ó quatro hojas ó cascaras juntas é
justas al grano unas sobre otras, algo ás-
peras , é quassi de la tez ó género de las
hojas de la caña en que nasge , y está tan
guardado el grano por aquellas cortegas
ó cascaras que lo cubren , que el sol ni
el ayre no le ofenden , é alli dentro se
sazona. Verdad es que acaesge abuchor-
narsse, quando en el tiempo del granar
sobrevienen algunos años de demasiados
soles. Quando está seco se coge con di-
ligengia , porque los papagayos é aves de
semejante pico mucho daño hagen en ello,
si no se guarda é lleva con tiempo. En la
Tierra-Firme , demás del peligro de las
aves , tienen los mahizales no menos re-
qüesta peligrosa de los venados é puer-
cos salvajes, é gatos monillos, é por otros
inconvinientes.
Agora ya en esta isla hay mas nesges-
sidad do guardar el campo que en el
tiempo de los indios, á causa de los ga-
nados que se han hecho salvajes de la
casta que se truxo de España , assi como
vacas, é puercos é perros. Esta mane-
ra de sembrar se aprendió de los in-
dios, y assi lo hagen ellos; mas los
chripstianos hágenlo muy mejor, por-
que aran la tierra , donde hay dispu-
sigion para ello , é por otros aparejos me-
jores que usan en la agricoltura que los
indios. Suele dar una hanega de mahiz
en sembradura, seys, diez, veynte, treyn-
la , ginqüenla , gieuto , é aun giento é gin-
qiienta é mas é menos hanegas, segund
la fertilidad é bondad de la tierra, donde
se siembra ; y este año que passó de mili
é quinientos y quarenta, cogí yo en un he-
redamiento mió , á tres leguas y media
desta cibdad de Sancto Domingo , en la
ribera del rio de Hayna, giento é gin-
qiienta é ginco hanegas de una hanega
que sembré. Cogido este pan é puesto en
casa se come desta manera. Eq esta Isla
Española y en las otras comíanlo en gra-
no tostado, ó estando tierno sin tostar,
quassi seyendo leche; é quando es assi
tierno llámanlo edor , queriendo quaxar
ó reglen quaxado. Lo que está bueno y de
buena sagon, después que los chripstia-
nos poblaron esta isla, dase á los caballos
é bestias de que se sirven , é ésles muy
gran mantenimiento , y también lo dan á
los negros é indios esclavos, de que los
chripstianos se sirven. En Tierra-Firme
tienen los indios otro uso de este pan, y
degirlo hé aqui, por no tractar muchas ve-
ges ni repetir una mesma cosa ; y es de
aquesta manera. Las indias, en espegial,
lo muelen en una piedra de dos ó tres
palmos ó mas ó menos de longitud , é de
uno é medio ó dos de latitud cóncava,
con otra redonda ó rolliza y luenga que
en las manos traen , á fuerga de bragos
(como suelen los pintores moler colores
para su ofigio), echando agua é dexando
DE INDIAS. LIB. VII. CAP. I.
267
passar algún intervalo, poco á poco, no
gessando el moler. E assi se hage una
manera de pasta ó massa , de la qual to-
man un poco é hagen un bollo de un xe-
me , é grueso como dos ó tres dedos : y
envuélvenle en una hoja de la misma ca-
ña del mahiz ú otra semejante, y cuélen-
lo , y desque está cogido, sácanlo de la
olla ó caldera en que se cogió en agua,
y dexanlo enfriar algo, y no del todo. Y
si no lo quieren coger assan esos bollos
en las brasas al resplandor gerca dellas,
y endurésgesse el bollo , y tórnasse como
pan blanco , é hage su cortega por de su-
so, y de dentro hage miga algo mas tier-
na que la cortega , é quítanle la hoja en
que lo envolvieron para lo coger ó assar
é cómenlo algo caliente , y no del todo
frió; porque si se enfria, no tiene tan buen
sabor ni es tan bueno de mascar, y quan-
to mas frió está , tanto mas seco y áspero
se vuelve. Este pan, cogido ó assado, no
se sostiene de dos ó tres dias adelante,
porque después se mohege y se pudre y
no se puede comer: ni tampoco es bueno
para la dentadura, é assi comunmente
esta gente de Indias tienen los dientes
dañados é sugios, y no los he visto peo-
res á ninguna generagion.
En la provingia de Nicaragua y otras
partes de la Tierra-Firme hay mahizales,
que son como los que he dicho , é alli
usan unas tortas grandes delgadas é blan-
cas , el arte de las quales progedió de la
Nueva España, assi en México como en
otras provingias della , de la qual región
se verán en la segunda parte destas his-
torias grandes cosas é mucho de notar.
Este tal pan se llama tascalpachon , y es
muy buen pan sabroso. Hágense otras tor-
tas de la misma massa del mahiz, esco-
giendo para ello el grano mas blanco , é
despican los granos, antes que los mue-
lan , quitándoles una dureza ó raspa que
tienen en el pegón, con que estovieron
pegados en la espiga ó magorca : é assi
sale mejor é mas tierno el pan , é no se
topan entre los dientes aquellas durezas
que se topan, quando los bollos ó tortillas
son de mahiz que no fué despicado. Los
chripstianos han dado mucha mejoria á
este pan, cogiéndolo en horno á la manera
de España, é es mas sabroso é mas lindo
en la vista, assi cogido, en roscas ó tortas:
é hágese asaz buen viscocho dello , para
navegar con- ello no muy largo tiempo.
Tienen los indios en la mar del Sur é
aun los chripstianos un gentil aviso, quan-
do en aquella mar navegan ; y es que lle-
van harina de mahiz tostado y echan un
puño della en una taga de agua é revuél-
venla, é hágese una atalviua, é bevraje
bueno con que se sostienen, aunque no
coman otra cosa, porque es pan é agua,
y aun tiene. una gentil propriedad é muy
provechosa que quiero degir aqui, para
aviso de los que andan en la mar, y es
aquesta. Caso que el agua esté dañada y
huela mal, lomen un puño ó dos de hari-
na de mahiz tostado y échenlo en un vaso
ó taga é echen el agua con ello , é revuél-
vanlo é hágasse atalvina, é bébanlo: que
ningún daño hará al que lo bebe , ni ole-
rá mal, sino bien é al mismo olor del
mahiz tostado. Deste aviso me he yo apro-
vechado en estas mares , y en las que he
dicho del Sur, donde lo aprendí ; y aun
algunas veges después que lo supe , yen-
do yo destas Indias á España , he llevado
desta harina para prevenir á semejante
nesgessidad, y me he aprovechado desto
y hecho plager é buena obra á otros. En
la provingia de Cueva, en la Tierra-Fir-
me , se hage buen vino del mahiz , como
lo escribiré quando en aquella tierra ha-
blare : lo qual y todo lo que gerca desto
pan del mahiz está dicho tengo yo muy
bien experimentado en veynte é ocho
años que hasta este de mili é quinientos
é quarenta y uno há que lo miro y lo he
sembrado y cogido para mi casa, é la
hago assi mismo al prcssente.
2C8
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Como soy amigo de la legión de Pli-
nio , diré aqui lo que dige del mijo de la
India , y pienso yo que es lo mismo que
en estas nuestras Indias llamamos mahiz,
el qual auctor dige aquestas palabras: «De
diez años acá es venido mijo de la In-
dia , de color negro de grande grano : el
tallo como cañas, cresge siete pies: es
dicho lobas, é es fertilíssimo sobre to-
das las cevadas: de un grano nasgen tres
sextarios : siémbrasse en lugares húmi-
dos ^» Por estas señas que este auctor
nos da, yo lo avria por rnahiz, porque
si dige que es negro, por la mayor par-
le el mahiz de Tierra-Firme es morado
escuro , ó colorado, é también hay blan-
co, é mucho dello amarillo. Podria ser
que Piinio no lo vido de todas estas co-
lores , sino de lo morado escuro que pa-
resge negro. El tallo que dige que es co-
mo cañas, assi lo tiene el mahiz, y quien
no lo conosgiesse é lo viesse en el cam-
po, quando está alto, penssará que es
un cañaveral. Los siete pies que dige que
cresge, por la mayor parte acá es el mahiz
algo mas alto , y también mucho mas , y
en partes menos , segund la fertilidad ó
bondad del terreno en que se siembra.
Quanto á lo que dige de ser fertilíssimo,
ya he dicho lo que he visto , que es co-
ger ochenta é giento é giento é ginqüen-
ta hanegas de una de sembradura : dige
que se siembra en lugares húmidos : hu-
midíssima tierra son estas Indias. Mas
para comprobar la nesgessidad que el
mahiz tiene de estar puesto en tierra hú-
mida, ó donde el agua le sea propigia,
digo que estando en Avila la Magestad de
la Emperatriz, nuestra señora, ala sagon
que el Emperador, nuestro señor, estaba
en Alemania , vi en aquella cibdad , que
es una de las mas frias de España, den-
tro de una casa, un buen pedago de mahi-
zal de diez palmos de alto las cañas, é
algo mas é menos, é tan gruesas é ver-
des é hermosas, como se puede ver en es-
tas partes, donde mejor se pueda hager;
y aUi á par tenia una anoria de que cada
dia le regaban. Y en verdad yo quedé
maravillado, acordándome de la distangia
y de los diferentes climas destas partes
con Avila, y porque los testigos que diere
desto, sean apropóssito mió , 'digo que en
la misma casa possaba el muy reverendo
señor doctor Bernal, del Consejo Real de
Indias por Sus Magestades , é que agora
es obispo de Calahorra, lo qual fué el año
de mili é quinientos é treynta de la Na-
tividad de Chripsto, nuestro Redemp-
tor.
CAPITULO II.
Del pan de los indios que se llama cacabi , que es la segunda manera ^e pan que en esta Isla Española
é otras partes hacen los indios , y al pressente assi mismo los chripstianos , y aun algunos lo usan mas que
el mahiz , é lo tienen por mejor é se sirven mas dello , lo qual se hace de una planta que llaman yuca.
JLractemos agora de otra manera de
pan que los indios hagen de la yuca en
esta Isla Española, y en las otras todas
que están pobladas de chripstianos, y
aun en alguna parte de la Tierra-Firme.
La planta que se llama yuca , son unas
varas ñudosas, algo mas altas que un
hombre y otras mucho menores , gruesas
como dos dedos ^ algunas mas , y otras
menos , porque en esto del grossor y de
la altura, es segund la tierra es fértil ó
flaca , y aun también h«ge al caso que la
i Piinio, lib. XVín, cap. 7.
DE INDIAS. LIB. VIL CAP. II.
SI69
planta es de diversos géneros. Quiere al-
guna yuca paresger en la hoja á cáñamo,
ó como una palma de una mano del hom-
bre , abiertos los dedos tendidos ; salvo
que aquesta hoja es mayor é mas gruesa
que la del cáñamo , é cada hoja es de
siete ó de nueve puntas ó departimien-
tos: la vara es muy ñudosa, como he
dicho, y la tez del asta como pardo
blanquisco , y alguna quassi morada , é
la hoja muy verde , é paresge muy bien
en el campo , desque está criada é bien
curada é limpia la heredad , en que está.
Hay otra generagion de yuca , que las
ramas ni el fructo no es diferente de la
que es dicho de suso, salvo en la hoja;
porque aunque es assi mesmo de siete ó
de nueve departigiones cada hoja , es de
otra hechura : é por tanto pusse la forma
de la una é de la otra aqui debuxadas
[Lámina^." , figuras Q." y 7."], non obstan-
te que en las mismas maneras de hojas
hay particulares y diferengiadas suertes ó
generaciones de yuca ; y unas tienen mas
verdor que otras , é otras mas regia ra-
ma , é otras mas ó menos blancor en el
vastago ó asta, é otras diferengias en la
cortega, que aqui hagenpoco al caso de-
girsse. Para sembrar esta planta (qual-
quiera de las que he dicho), hagen unos
montones de tierra redondos por orden
é liños, como en el reyno de Toledo po-
nen las viñas , y en espegial en Madrid,
que se ponen las gepas á compás. Cada
montón tiene ocho ó nueve pies en redon-
do, é las haldas del uno tocan, con po-
co intervalo, gerca del otro: é lo alto del
montón no es puntiagudo, sino quassi
llano, é lo mas alto del será á la rodilla
ó algo mas: é en cada montón ponen
seys , é ocho , é diez ó mas trogos de la
misma planta é vastago ó rama de la yu-
ca, que entren só tierra unxeme, ó me-
nos , é queda de fuera otro tanto des-
cubierto del mismo trogo ; ó cómo la tier-
ra está mollida é sin terrones, pónensse
con fagilidad estos palos de la planta,
porque assi como van algando é hagién-
dosse los montones, assi se van poniendo
en ellos estas plantas ó trogos della. Otros
no hagen montones, sino allanada la
tierra é limpia é mollida , ponen á tre-
chos estos plantones de dos en dos ó
mas, gerca unos de otros; pero primero
se tala ó roga é quema el monte para po-
ner la yuca , segund se dixo de suso , en el
capítulo pregedente, del mahiz. Desde á
pocos dias que assi se pone, nasge la yu-
ca (ó mejor digiendo prende) , é echan ho-
ja aquellos trogos de la planta é sus pim-
pollos ó pámpanos , que van cresgiendo
en ramas, é es menester yr deshervando
el conuco (que assi se llama conuco la
haga ó heredad de la yuca é de la la-
branga) hasta que la planta señoree la
hierva , y aun en todo tiempo es prove-
chosso estar limpia la heredad cultivada.
Siémbrasse ó pónesse siempre , después
que la luna ha hecho é se muestra nue-
va é lo mas presto que ser puede en los
dias que cresge hasta el lleno della , pero
nunca en la menguante. Este pan no tie-
ne peligro de las aves ni de los animales
(exgepto de vacas , é ratones , é aun ca-
ballos); porque el fructo destoes unasma-
gorcas, á manera de raiges ó de nabos muy
grandes, las quales se crian entre los
raigones é barbas que esta planta echa
debaxo de tierra ; é qualquiera hombre ó
animal, exgepto los tres que es dicho,
que coma estas raiges, con el gumo, assi
en fructa , como está antes que se le sa-
que el gumo (en giertas prenssas) , luego
muere sin remedio alguno. Verdad es
que en la Tierra-Firme hay yuca que no
es mortal, é no mata, la qual en la vis-
ta y en la rama y en el fructo é hoja es
como la desta isla , que mata : y en esta
isla é las otras comarcanas deste golpho,
toda la yuca que hay , por la mayor par-
te, es de la que mata, y también hay
alguna que llaman boniatay que es coma
270
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
la de Tierra-Firme que no mata, y gierto
debe aver venido de allá. Y en la Tierra-
Firme se la comen por fructa cogida ó
asada, porque allá no es mortífera, ni
allá saben hager pan della , sino en pocas
partes; y en aquellas que lo liagen, no es
de la que no mata, sino como la de acá.
Verdad es que algunos soldados , pláticos
en aquestas islas , han enseñado en Tier-
ra-Firme á hager pan de la yuca que no
mata; pero no curan dello, por no perder
tiempo, pues que, como he dicho, la co-
men , sin hagerla pan, cogida é asada sin
la expremir ni hager las diligengias que
convienen, para que estotra no mate, he-
cha pan ; é siempre se conosge entre los
hombres del campo, quál es la una ó
quál la otra. A lo menos las bestias no
ha seydo nesgessario enseñárselo : que
su destinto natural las muestra á se guar-
dar de tal veneno (puesto que no á to-
das), porque no se sabe que de tal causa
ningún caballo ni vaca, ni otro animal
de quantos de España se truxeron , ni de
los innumerables que dellos han proge-
dido, haya muerto: antes la han comido
vacas , é los ratones cada dia , é algu-
nas bestias caballares. Assi que, quanlo
á los animales , no tiene en todos igual
fuerga la yuca.
• Estas magorcas suyas son como grue-
sas ganahorias ó muy gruesos nabos de
Galigia é mayores ; y aun en muchas par-
tes se hagen tan gruesas como la pantor-
rilla , é tales que como la coxa ó muslo
de un hombre. Tienen una cortega áspera
de color de un leonado obscuro, é algu-
nas tiran al color pardo , é por de dentro
está muy blanca , é espesa como un nabo
ó castaña: é hagen destas magorcas ó
yuca unas tortas grandes que llaman ca-
gahi ; y este es el pan ordinario desla é
otras muchas islas , assi de las que están
por conquistar, como en las que están
pobladas de chripstianos, el qual se hage
desta manera. Después que los indios é
indias han quitado aquelfa córtega á la
yuca, raspándola que no quede nada,
como se hage á los nabos para los echar
en la olla, despedida aquella costra con
unas conchas de veneras de almejas , ra-
llan la yuca, assi mondada en unas pie-
dras ásperas é rallos que para esto tie-
nen ; é lo que assi se ha rallado , échanlo
en un lagar muy Hmpio , é alli hinchen
dello un cibucán , que es una talega luen-
ga de empleyta, hecha de cortegas de ár-
boles blandas, "texida algo floxa, de la-
bor de una estera de palma, é es de diez
ó doge palmos de luengo é tan gruesa
como una pierna é menos, en redondo fe-
cha. Y después que está llena esta talega
de aquella yuca rallada , está aparejada é
bien fecha una algaprima de madera é
con su torno , de que cuelgan el gibucan
por el un extremo del , en lo alto , é al
otro cabo que pende abaxo, átanle pesgas
de piedras gruesas, é con el torno estí-
rase el gibucan é levanta las piedras en
el ayre colgadas de tal manera, que se
estruja y exprime la yuca é le sale todo
el gumo , é destílase en tierra por entre
las junturas de la labor del gibucan ó em-
pleyta del ; y está assi en esta manera de
prensa hasta que no le queda á la yuca
gota de gumo ó mosto. É aquesta agua ó
licor es pestífero veneno, é se vierte é
pierde por el suelo, quando quieren que
se pierda : é lo que queda exprimido de
la givera, dentro en el gibucan, es como
suelen quedar unas almendras expremi-
das mucho é seco. Toman después aques-
to é tienen aparte assentado en el fuego
en hueco (que quede debaxo por do po-
nerle fuego) un burén, ques una cagúela
llana de barro é tan grande quanto un
harnero é sin paredes, é debaxo está
mucho fuego, sin que la llama suba á
la cagúela, que está assentada é fixa con
barro. Y está tan caliente aquella plan-
cha ó cagúela , que llaman burén , como
es menester ; y engima echan de aquella
DE INDIAS. LIB. VII. CAP. 11.
271
yuca (que salió exprimida del gibucan),
como si fuesse salvado ó arena en torno,
tanto quantoquassi toma la cagúela, me-
nos dos dedos alrededor, é tan alto como
dos dedos ó mas, é tiéndenlo llano é
luego se quaxa : é con unas tablillas que
tiene para aquello la hornera, en lugar de
paleta , dale una vuelta para que se cue-
ca de la otra parte ; y en tanto quanto se
hage una tortilla de huevos en una sar-
tén, ó mas presto , se hage una torta deste
cagabi en el burén , segund es dicho , y
después tiénenlo un dia ó dos al sol , para
que se enxugue , y queda muy buen pan.
Donde hay mucha gente, ponen muchos
cibucanes é muchas cagúelas que digen
burenes , quando quieren hager mucha
cantidad dello. Este pan es bueno é de
buen mantenimiento é se sostiene en la
mar , é hágenle tan gruesso como medio
dedo para gente, é para personas prin-
cipales tan delgado como obleas é tan
blanco como un papel , é á esto delgado
llaman xauxau. Suele valer la carga deste
pan cagabi en esta cibdad de Sancto Do-
mingo un ducado , quando es caro , é
quando menos á medio pesso, y también
llega algunas veges á pesso de oro (que
son quatrogientos é ginqüenta marave-
dis) , é la carga es dos arrobas , que son
ginqüenta libras de á diez é seys ongas;
y para muchos en esta tierra es buena
granjeria, porque se gasta de aqueste
pan mucha cantidad.
Pues que hay cosas notables desta
planta de la yuca , y en otro lugar no se
podrían degir tan á propóssito como aqui,
donde tanto se ha dicho desta materia,
bien es que se diga lo demás. Aquel gu-
mo de la yuca que sale, después ques ra-
llada é se exprime en el gibucan , es tan
pésimo veneno , que con un solo y pe-
queño trago matara un elephanle ó qual-
quier otro animal ó hombre viviente ; non
obstante lo qual, si á este mismo gumo
mortal le dan dos ó tres hervores , co-
mento los indios, hagiendo sopas en ello,
como en un buen potaje y cordial ; pero
assi como se va enfriando, lo dexan de
comer, porque aunque ya no mataría
porque está cogido, digen ellos ques de
mala digestión, quando se come frió. Si
quando este gumo salió, lo cuegen tanto
que mengüe dos partes , é lo ponen al
sereno dos ó tres dias , tórnasse dulge, e
aprovéchanse dello, como de licor dulge,
mezclándolo con los otros sus manjares;
y después de hervido y serenado , si lo
tornan á hervir é serenar, tórnasse agro
aquel gumo, é sírveles como vinagre ó li-
cor agro, en lo que quieren usar del sin
peligro alguno. Esto del tornarse dulge é
agro consiste en los cogimientos , y estas
experiengias pocos indios las saben ya
hager, porque los viejos son muertos, é
porque los chrispstianos no lo han me-
nester; porque para agro, hay tantas na-
ranjas y limones en la Isla , que no hay
nesgesidad de lo ques dicho , ni para li-
cor dulge mucho menos, por aver tanto
agúcar en la Isla : y assi se ha olvidado
lo que en estos dos casos de dulge é agro
servia el gumo de la yuca. El verlo co-
mer á sopas, después de hervido el gumo
que salió de la yuca poco antes , yo lo
he visto muchas veges , y la experiengia
de matar un trago, bebiéndolo assi como
ello queda expremido sin lo calentar, ó
comiendo la misma yuca, muchas veges
se ha visto , y es aqui notorio y en todas
estas islas.
Sostiénesse el pan de cagabi un año é
mas , é Uévasse por la mar por todas es-
tas islas é costas de la Tierra-Firme , ó
aun hasta España lo he yo llevado é
otros muchos ; y en estas mares y tierras
de acá es muy buen pan, porque se tiene
mucho sin se corromper ó dañar, exgep-
to si no se moja. En todas estas islas que
he dicho hay de este pan de yuca , que
se dige cagabi ; é quando se ha de coger
este fructo del campo é está para se ha-
272
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Qer pan , ha de ser después que ha pas-
sado un año que se sembró ó mas ; é
si es de edad de año é medio ó dos
años , es mejor é da mas pan ; y á mu-
cha nesgessidad , que hayan passado diez
meses, é no menos, se come. Quando
avie muchos indios en esta isla , é se
quería alguno dellos matar , comia desta
yuca , assi como está la magorca , é des-
de á dos ó tres dias ó antes se moría;
pero si tomaba el gumo della inmediato,
no avia lugar de arrepentimiento , por-
que luego se le acababa la vida ; é
assi por no trabaxar , como consejados
de su gemi (ó diablo) , ó por lo que se
les antojaba morir , por medio desta yuca
concluian sus dias. Acaesgió algunas ve-
ges convidarse muchos juntos á se matar,
por no trabaxar ni servir , y de gin-
qüenta en ginqünta , é mas é menos jun-
tos , se mataban con sendos tragos deste
gumo.
Son muy hermosos los heredamientos
de la yuca en el campo, segund está linda
é fresca , y es de seys géneros en esta
Isla Española. Una llaman ypatex, que
hage un fructo como manganillas, que
cada una tiene seys quarterones , y esta
generagion de yuca es de las muy bue-
nas. Otra se dige diacanan, y tiénese por
la mejor de todas , porque redunda mas
pan della. La tergera espegie de yuca se
llama nubaga : la quarta se dice tiibaga: la
quinta llaman coro , y esta es la que tiene
los astilejos de las hojas coloradas: la
sexta é última se nombra tabacan , y esta
tiene la rama mas blanca que ninguna de
todas las otras. Y estos nombres particu-
lares destos géneros de yuca , en otras is-
las é en la Tierra-Firme son de otra ma-
nera, segund las diferengiadas lenguas.
Estos dos mantenimientos é pan de ma-
hiz é del cagabi es el pringipal pan é ma-
yor é mas nesgessario manjar que los in-
dios tienen ; pero no avrá dexado el le-
tor de notar las particularidades grandes
que ha aqui leydo de la yuca , las quales
recolegidas son estas. Pan para sustentar
la vida: licores de dulge é agro, que
les sirven de miel é vinagre : potaje que
se puede comer , é se hallan bien con él
los indios : leña para el fuego, de las ra-
mas desta planta, quando faltasse otra, y
venino ó pongoña tan potente é mala,
como tengo dicho. Otra particularidad
me ocurre del cagabi , que yo no sabia
quando la primera vez se imprimió esta
primera parte destas historias ; y es que
assi mismo en gierta parte de la Tierra-
Firme se hage muy buen vino del caga-
bi , como mas largamente se dirá en la
segunda parte desta General Historia , en
el libro XXIV, capítulo III , donde se trac-
tará del rio de Huyapari , é del subgesso
del capitán Diego de Ordaz. Assi que,
son siete cosas notables las que concur-
ren en la yuca. Passemos á las otras co-
sas de la agricoltura de los indios.
CAPITULO III.
De la planta é mantenimiento de los ajes, que es otro grand manjar é bastimento que los indios tienen, ¿
cómo se siembra é se coge.
Jtjn esta Isla Española y en todas las
otras islas é Tierra-Firme, ó en mucha
parte della, hay una planta que se llama
ajes , los quales quieren paresger algo en
la vista á los nabos de España , en espe-
cial los que tienen la cortega ó tez blan-
ca de engima ; porque estos ajes haylos
blancos y colorados que tiran á morado,
y otros como leonado; pero todos son
blancos de dentro por la mayor parte, y
algunos amarillos, y muy mayores que
nabos comunmente. Críanse debaxo de
DE INDIAS. LIB. Vil. CAP. III.
273
tierra , é hagen engima de tierra una ra-
ma tendida á manera de correhuela, pero
mas gruesa ; la qual con sus hojas é ra-
ma cubre toda la superfigie de la tier-
ra, do están sembrados los ajes; é la he-
chura de la hoja es semejante mucho á
la correhuela ó quassi yedra ó panela, con
unas venas delgadas , é los astilejos , de
que penden sus hojas, son luengos y del-
gados. Al tiempo que se han de sembrar
los ajes, hagen la tierra montones por sus
liños , como se dixo en el capítulo de la
yuca antes deste, y en cada montón po-
nen ginco ó seys tallos ó troncos y mas
de aquesta rama, hincados en el montón
con sus hojas , é luego prenden é se en-
cepa la planta ; é como he dicho , por
engima de la tierra se extiende é la cu-
bre toda, é debaxo en las raiges que hage
echa el fructo, que son aquestos ajes. Los
quales están sagonados desde á tres é á
quatro é á ginco é á seys meses los mas
tardíos ; porque segund la tierra, donde
se ponen, es fértil ó flaca, assi responde
el fructo mas tarde ó temprano ; y aun
también en la misma planta é en el tiem-
po en que se pone, consiste venir presto
ó tardarse el fructo , y también los tem-
porales ayudan ó estorban mucho ; mas
no passan de seys meses en estar para
coger los ajes , aunque sean los mas va-
garosos ó tardíos. Quando son sagona-
dos, con un agadón descubren el mon-
tón é sacan diez é doga é quinge é veyn-
te é treynta é mas é menos ajes , unos
gruesos é otros medianos é pequeños,
segund es el año fértil ó estéril. Son
buen mantenimiento é muy ordinario é
nesgessario hasta para la gente de tra-
baxo ; é como son de menos costa é
tiempo , muchos hay que no dan otro •
manjar á sus indios ó negros sino este,
é carne ó pescado ; é assi , en todas las
hagiendas é heredamientos hay muchos
montones é hagas destos ajes , los quales
cogidos son muy buenos , é asados tie-
nen algo mejor sabor, y de la una ó de
la otra manera tienen sabor de castañas
muy buenas , y es gentil fructa para los
chripstianos ; porque como no la comen
por pringipal y ordinario manjar, sino
de quando en quando , sabe mejor. Asa-
dos é con vino son buenos de noche so-
bre mesa, é en la olla son buenos. Las
mugeres de Castilla hagen diversos pota-
jes é aun fructa de sartén, é tal que,
aunque fuesse de Indias, se avria por
buena. Son los ajes de buena digistion,
aunque algo ventosos. Hay los tan gran-
des , que pesan algunos dellos quatro li-
bras ó mas cada uno. En Castilla del Oro,
en muchas partes, hay ajes que son ama-
rillos y pequeños , y estos son los que me
paresge á mi que hagen ventaja á los des-
tas islas, assi en Pacora, como en Careta
é otras partes de la Tierra-Firme.
CAPITULO IV.
De la planta é mantenimiento de las batatas, que es muy buen bastimento y de los mas estimados que los
indios tienen: é cómo se siembran é cogen , é otras particularidades de aqueste manjar ó fructa.
Jtíatatas es un grand mantenimiento para
los indios en aquesta Isla Española é otras
partes, é de los presgiosos manjares que
ellos tienen , y muy semejantes á los ajes
en la vista , y en sabor muy mejores;
puesto que, á mi paresger, todo me pares-
TOMO 1.
ge una cosa ó quassi en la vista, en el
cultivar y aun mucho en el sabor , salvo
que la batata es mas delicada fructa ó
manjar, y el cuero ó cortega mas delga-
da, y el sabor aventajado y de mejor di-
gistion. Una batata curada no es inferor
35
274
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
en el gusto á gentiles mazapanes. Pénen-
se en montones é críanse, como los ajes ó
la yuca, é assi se plantan, como en el
capítulo pregedente se dixo de los ajes;
é assi llenan é están de sagon á tres , é
quatro é á ginco ó seys meses, á lo mas
tarde, segund la tierra é tiempo en que
se cultivan. La hoja de la batata es mas
harpada que la del aje, pero quassi de
una manera ; é assi se extiende la rama
sobre el terreno , é ni mas ni menos se
curan : é se comen cogidas ó asadas, y en
potages é conservas , é de qualquier for-
ma son buena fructa , é se puede presen-
tar á la Qesárea Magostad por muy pres-
giado manjar. Para mí yo tengo creydo
que los ajes é batatas tienen mucho deu-
do ó similitud , salvo que las batatas ha-
gen mucha ventaja á los ajes , é son mas
delicadas é melosas , assi como se aven-
tajan unas manganas de otras, é las ca-
muesas sobre todas, assi entre los ajes
hay unos mejores que otros , y entre las
batatas se hallan gingo espegies ó géneros
dellas diferengiadas en la rama ó en la
hoja , é tienen aquestos nombres : ani-
guamar , atibiuneix , guaraca , guacarayca
é guananagax , y todas son batatas , y á
mi paresger poco se diferengian. Mas los
expertos agricultores hallan mucha dife-
rengia de unas á otras, assi en la planta
como en el abundangia del fructo , y en
el tiempo de la cosecha, y en el sabor;
y esta que llaman am'gíMamar tienen por la
mejor é mas presgiada. Quando las bata-
tas están bien curadas, se llevan hasta
España muchas veges , quando los navios
agiertan á hager pronto el viaje, y las
mas veges se pierden por la mar. Con
todo esso las he yo llevado desde aquesta
cibdad de Sancto Domingo de la Isla Es-
pañola hasta la cibdad de Avila , y aun-
que no llegaron tales, como de acá sa-
lieron, fueron ávidas por muy singu-
lar é buena fructa, é se tuvieron en
mucho.
CAPITULO V.
Del mani , que es 9ierto género de fructa é mantenimiento ordinario que tienen los indios en esta Isla Es-
pañola é otras islas destas Indias.
u.
na fructa tienen los indios en esta Is-
la Española, que llaman mani, la qual
ellos siembran , é cogen , é les es muy
ordinaria planta en sus huertos y hereda-
des, y es tamaña como piñones con casca-
ra , é tiénenla ellos por sana : los chrips-
tianos poco caso hagen della , si no son
algunos hombres baxos, ó muchachos, y
esclavos , ó gente que no perdona su gus-
to á cosa alguna. Es de mediocre sabor é
de poca substangia é muy ordinaria legum-
bre á los indios, é hayla en gran cantidad.
CAPITULO VI.
De la planta dicha yahutia , y algunas particularidades della.
JL ahdtial , por otros llamada diahídia, es
una planta de las mas ordinarias que los
indios cultivan con mucha diligengia ó
espegial cuydado. Es de comer della la
rayz é también las hojas , las quales son
como vergas grandes , é lo mejor es las
rayges, que tienen unas barbas que les
quitan é mondan, é cuégenlas, é son
DE INDIAS. LIB. VIL CAP. VII.
275
buenas. Assi mismo las hojas es sano searlenihager caso del, sin nesgessidad,
manjar, y saben muy mejor á los indios no hallando otro. Verdad es que los in-
que á los chripstianos , é dánse muchos á dios por cosa muy buena la crian é tie-
ello , puesto que no es manjar para des- nen en sus huertos é heredamientos.
CAPITULO VIL
Del axi , que es una planta de que los indios se sirven é usan en lugar de pimienta, é aun los chripstianos
la han por muy buena especia.
xxxi es una planta muy conosgida é usa-
da en todas las partes destas Indias , islas
é Tierra-Firme , é provechosa é nesges-
saria , porque es caliente é da muy buen
gusto é apetito con los otros manjares,
assi al pescado como á la carne : é es la
pimienta de los indios , y de que mucho
caso hagen , aunque hay abundancia de
axi, porque en todas sus labranzas é
huertos lo ponen é crian con mucha dili-
gengia é atención , porque continuamen-
te lo comen con el pescado y con los mas
de sus manjares. E no es menos agrada-
ble á los chripstianos, ni hagen menos
por ello que los indios , porque allende
de ser muy buen espegia , da buen gusto
é calor al estómago ; é es sano , pero asaz
caliente cosa el axi. Esta es una planta
tan alta como á la ginta de un hombre, é
algún género de axi hay tan alto ó mas
que la estatura de un hombre bien alto;
mas en esto del grandor , mucho va en
ser la tierra donde se ponp fértil ó del-
gada , ó ser regada ; mas comunmente el
axi es tan alto como ginco ó seys pal-
mos , poco mas ó menos , é hagen un pié
copado é de muchas ramas. La flor del
axi es blanca y pequeña ; no huele, pero
el fructo es á la vista en diferentes ma-
neras é proporgiones , y en efecto todo
axi quema mucho como la pimienta , é
alguno dello mas. Echa unos granos ó
vaynas (mejor digiendo) huecas é colora-
das , de muy fino color , é algunas dellas
tan grandes como un dedo de luengo é
gruesso. Otro axi hay que echa estos gra-
nos colorados é redondos , é tan grues-
sos como guindas, é algunos mas é me-
nos. Otro hay que lleva estos granos ver-
des , pero menores que los susodichos , é
assi, según d el género del axi é la tierra
donde se pone , assi es mayor ó menor,
ó colorada ó verde la fructa, porque no
la esperan á que madure. Otro axi hay
que echa los granillos verdes é muy pe-
queños : otro los echa pintados de negro,
que tira á azul escuro , no todo el grano,
sino alguna parte del. Algún género hay
de axi que se puede comer crudo , é no
quema. De las hojas del axi se hage tan
buena ó mejor salsa al gusto que la del
perexil, desliéndole con el caldo de la
olla de carne ; pero la una salsa es fría é
la otra caliente ; y en la verdad el axi es
mejor con la carne é con el pescado que
la muy buena pimienta.
Llévasse á España é á Italia é á otras
partes por muy buena espegia, é es cosa
muy sana , é hállanse los hombres muy
bien con ello en todas las partes donde lo
alcangan : é desde Europa envian por ello
mercaderes é otras personas, élo buscan
con diligengia para su propria gula é ape-
tito ; porque se ha visto por experiengia
que es cosa muy saludaljle, é en espegial el
tiempo del invierno é tiempo frió , porque
de sí mismo es frío á lo que algunos por-
ñan , y á mi paresger, es caliente é mucho.
2TG
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO VIII.
De las calaba9as que hay en esta Isla Española y en todas las otras islas y Tierra-Firme.
Vi alababas en las Indias es cosa muy
común , assi como lo es en Castilla-, y en
las otras partes de España (y de las mis-
mas) luengas y redondas ó geñidas é de
todas las maneras que las suele aver.
Siémbranlas los indios y curan dellas con
espegial atención, no para las comer
(que no las comen), sino para tener agua
en ellas é llevarlas, quando van camino
ó andan en la guerra. A lo menos en
Tierra-Firme , en la provingia de Nicara-
gua , ningún indio anda passo , sin una
calabaza de agua , porque es tierra seca é
tarde llueve alli. Assi en todas las partes
destas Indias é islas é tierra-Firme, á lo
menos en lo que yo he andado é otras
muchas partes de que me he informado,
hay calabazas , y es una de las acorda-
das é ordinarias cosas que los indios cul-
tivan en sus casas é huertos y heredades,
é cada un año ponen cantidad dellas. Y
aun en algunas partes es mercadería en-
tre los indios , como otras cosas é legum-
bres que tienen , porque no en toda parte
hay aparejo para cultivarsse todas cosas;
y assi de unas provincias en otras an-
dan é tractan aquellas cosas que sobran
á unos é faltan á otros. E otras calaba-
gas hay que en todo é por todo son como
las susodichas , exgepto en el sabor que
son amargas; y estas, sin las cultivar,
hay muchas que senasgen por sí.
CAPITULO IX.
De los bihaos, que es cierta hierva (ó mas que hierva á mi parescer) que no se siembra ni cultiva , sino que
la natura la produce , y es muy útil y provechosa á los indios en las cosas que aqui se dirá.
Oay en esta Isla Española y en las
otras islas destas partes y en la Tierra-
Firme, giertas hiervas ó plantas nasgidas
por la diligengia de la natura , muy se-
mejantes en la hoja á los que acá lla-
man plátanos (sin lo ser), que en Ale-
xandria é otras partes llaman musas, de
los quales plátanos ó musas adelante se
hará mas particular relagion. Tornemos
á los bihaos , que ninguna fructa echan
que sea de comer , sino giertas cosas assi
mesmas é no á otra alguna semejantes é
muy coloradas esas fructas, é no para
comer; porque son una cosa áspera é no
tractable ni conviniente al gusto ni sus-
tentagion humana. Las hojas de estos
biahos son muy luengas é anchas y echan
unos tallos en la mitad , y al rededor del
tallo están las hojas que suben desde el
pié del tallo. Destas hojas é bihaos se sir-
ven mucho los indios , en espegial en la
Tierra-Firme; porque con estas hojas
cubren algunas casas , y es buena mane-
ra de cobrir é mas Umpia que la de la
paja é mas hermosa por de dentro de la
casa. Quando llueve, pónensse los indios
estas hojas sobre las cabegas , agertándose
donde las hay ó topándolas, é ampá-
ranse del agua con ellos , como lo harían
con un sombrero. De las cortegas de un
tallo que echan en medio (ó astil que
nasge entre las hojas) hagen unas gestas
que llaman havas para meter la ropa é
lo que quieren guardar, muy bien texi-
DE INDIAS. LIB. VII. CAP. IX.
277
das , é hágenlas dobladas ó enforradas de
forma que una es dos , y entre la una é
la otra , al texerlas , ponen hojas de los
mismos bihaos: por lo qual, aunque llue-
va sobre tales gestas ó se mojen en un
rio, no se moja lo que va dentro. E
quando van camino , é llevan carga los
indios de alguna ropa ó cosas que quie-
ren llevar bien guardadas, toman dos
havas ó gestas destas é atañías á un palo
de guaguma, que son muy livianos é re-
gios é lisos sin ñudos é del gordor que
los quieren , é pénensele en el hombro
{Lám. 2.', fig, 8.'), é assi caminan, uno
é dos é muchos cargados , é van á la fila
uno tras otro con su guia é algún indio
pringipal que los manda é hage parar á
descansar ó comer , donde les paresge y
quando conviene. También de las mes-
mas cortegas destos bihaos hagen otra
manera de gestas para poner é llevar sal
de unas partes á otras, é son muy genti-
les las unas é las otras, y de hermosas
labores.
Demás de lo que es dicho de la utili-
dad destos bihaos, quando acaesge estar
Ips indios en el campo , si les falta man-
tenimiento, arrancan destos bihaos los
mas nuevos é comen lo baxo , aunque es
poco de aquello que está debaxo de tier-
ra , que es muy blanco é tierno é no tiene
mal sabor: antes paresge mucho á lo
tierno de los juncos que está só tierra;
mas es mucho mejor é hay mas que co-
mer en ello , puesto que yo creo que es
cosa muy caliente, no en el sabor, mas
en la operagion , é mucho desto daña al
estómago.
CAPITULO X.
De la cabuya y del henequén , é de algunas particularidades de lo uno é de lo otro, que son dos cosas de
hilo ó cuerdas muy notables.
Ija cabuya es una manera de hierva que
quiere paresger en las hojas á los cardos
ó hrios, pero mas anchas é mas gruesas
hojas : son muy verdes , é en esto imitan
los lirios , y tienen algunas espinas é
quieren paresger en ellas á los cardos.
El henequén es otra hierva que también
es assi como cardo; mas las hojas son
mas angostas y mas luengas que las de
la cabuya mucho. De lo uno y de lo otro
se hage hilado y cuerdas harto regias y
de buen paresger , puesto quel henequén
es mejor é mas delgada hebra. Para la-
brarlo , toman los indios estas hojas é tié-
nenlas algunos dias los indios en los rao-
dales de los rios ó arroyos, cargadas de
piedras , como ahogan en Castilla el li-
no ; y después que han estado assi en el
agua algunos dias, sacan estas hojas é
tiéndenlas á enxugar é secar al sol. Des-
pués que están enxutatas, quiébranlas, é
con un palo á manera de espadar el cá-
ñamo , hagen saltar las cortegas , é aris-
tas é queda la hebra de dentro de luengo
á luengo de la hoja : é á mañera de gor-
ro júntanlo é espádanlo mas, é queda en
rollos de gerro que paresge lino muy
blanco é muy lindo , de lo qual hagen
cuerdas é sogas é cordones del gordor
que quieren , assi de la cabuya como del
henequén ; é aprovéchansse dello en mu-
chas cosas , en espegial para hager los
hicos ó cuerdas de sus hamacas ó camas
en que duermen, y encabuyallas, para que
estén colgadas en el ayre, como está pin-
tada una destas hamacas en el libro V,
capítulo II.
Alguno deste henequén ( y también de
la cabuya) es hilo blanco é muy gentil;
é otro es algo rubio. Aqui quadra una
278
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
particular invengion nueva destos indios,
enseñados de la natura , después que los
chripstianos los enseñaron á estar en gri-
llos é prisión. Decirse ha la manera que
tienen para cortar el hierro con hilo des-
ta cabuya ó del henequén, siles dan es-
pacio para ello. Esto está experimentado
en que de noche, descuydados los chrips-
tianos , é teniendo en cadenas presos al-
gunos indios ó con grillos , se han solta-
do? é ydose , é han hallado cortadas las
prisiones , y es desta manera. Gomo quien
asierra, mueven sobre el hierro que quie-
ren cortar un hilo de henequén ó cabu-
ya, tirando é anexando , yendo é vinien-
do de una mano hágia otra, y echando
arena muy menuda sobre el hilo (en el
lugar ó parte que lo mueven), ludiendo en
el hierro , y cómo el hilo va rogando, assi
lo van mejorando é poniendo del hilo
que está sano é por rogar , y desta for-
ma siegan un hierro por gruesso que sea,
é lo cortan, como si fuesse una cosa tier-
na ó muy fágil de cortar. En Tierra-Fir-
me ha acaesgido cortar á trogos los
indios áncoras de navios de la manera
que está dicho. Quando se tráete de
la segunda parte desta General histo-
ria de Indias y de la Tierra-Firme , se
dirán mas particularidades destas cuer-
das del henequén é de la cabuya, por-
que allá se sirven mucho dellas, assi
en lo que está dicho como en otras ma-»
ñeras.
CATIPULO XI.
Del maguey, que es otra hierva en algo semejante á la cabuya: puede servir.de mantenimiento en tiempo
de nescessidad, é el principal efeto suyo es para hicos, id est, cordeles ó sogas muy buenas é para
otras cosas.
üin la impression primera destas cosas
de Indias no se hizo mengion de una hier-
va muy útil é nesgessaria en estas partes,
la qual se llama maguey, é tiene mucha
semejanza con la yuca , assi en algunos
efectos é provechos como en la vista. La
hoja de la una é de la otra son anchas en
los extremos , é viénense ensangostando
hasta su nasgimiento; pero nasgen en un
tronco, ó de la manera que nasge una le-
chuga é espárgense de aquel tronco , assi
que toman un campo redondo ó compás
de una braga , segund son grandes ó pe-
queñas. Este maguey echa en la mitad
una vara ó tallo liso é derecho, mas alto
que un hombre bien alto , y en el fin des-
te vastago unas flores en el extremo ama-
rillas é hechas en una cantidad de un
palmo en lo mas alto , que paresge una
magorca (ó talle della) de la manera que
se hagen en España los gamones. Esta es
muy útil é buena hierva, porque se hagen
della muchas cosas : lo uno hágesse hilo
é cuerdas é sogas, como de la cabuya ó
del henequén ; lo otro de la cortega de
aquella vara que nasge en la mitad , se
hagen gestas é atan con ella lo que quie-
ren; y demás desto, en tiempo de nes-
gessidad, á falta de mahiz é cagabí é de
otros mantenimientos, es manjar para su-
plir la hambre , é no de mal sabor. Por-
que aquella gepa ó rayz en que nasge, se
assa é lo comen los hombres , no por dul-
ge pasto; mas no teniendo otros manja-
res, este no es dañoso ni empacha, é basta
á sostener la gente. En la vista es muy
hermosa de ver esta hierva ó planta , las
hojas de la qual son mayores que desde
el cobdo de un hombre hasta en fin del
mayor dedo tendida la mano ; é en el
extremo ó fin de cada hoja es tan ancha
como un palmo , é en la mitad de aque-
lla anchura al fin una puntica del talle,
que aqui la pongo debuxada [Lám. 2.',
DE INDIAS. LIB. VIL CAP. XI.
279
fig. 9.') ; é quiere paresger algo en el ta-
lle á la segunda pintura de la hoja de la
yuca , puesto que la de la yuca es peque-
ña hoja é alta en las ramas , é aquesta
del maguey está en tierra , é es de tres
palmos ó mas la hoja ó penca , é gruesas
como de gaviras. De otras cosas muchas
se servian los indios desta hierva , y en
el libro XI é capítulo XI , veréis lo de-
mas.
CAPITULO XII.
t>e las yracas , que son hiervas en general , porque yraca quiere de9ir hierva , las quales los indios co-
men en sus potajes.
»5on los indios muy amigos de comer
hiervas cogidas , y en Tierra-Firme llá-
manlas yracas , que es lo mismo que de-
QÍr hiervas ; porque aunque son conosgi-
das entre ellos é tienen sus nombres pro-»
prios é particulares , quando las nombran
juntas digen yracas , que es lo mismo que
degir hiervas. É las que tienen por sanas
y experimentadas para su comer, juntas de
muchos géneros, las cuegen y hagen un
potaje que paresge espinacas guisadas , y
echan assi mismo flores de otras, é assi
toda aquella mezcla llaman ellos yracas,
é assi hagen sus potajes. A lo menos en
Tierra-Firme , donde algunos chripstia-
nos ó por nesgessidad y hambre , ó por-
que otros son amigos de probarlo todo,
estiman este potaje é lóanle é aun le con-
tinúan, digen que se hallan bien con él, y
ellos acresgientan en este potaje calabagas
é axi (que es la pimienta que tengo dicho) ,
é quando tiene todo esto, es buen pota-
je. Este nombre yraca es de la lengua de
Cueva , en Tierra-Firme, en la goberna-
gion de Castilla del Oro , y en estas islas
y en la Tierra-Firme hay muchas dife-
rengias de lenguas de una gente á otra,
é una cosa tiene muchos nombres, é tam-
bién diversas cosas tienen un mismo nom-
bre; y querer escudriñar este, seria nunca
acabar. Y ved en quanta manera es la di-
ferengia : que alli donde á las hiervas
llaman yracas seyendo muchas, llaman
á la muger y7'a, y á la mangeba yra-
cha. Passemos á lo demás de la agricol-
tura.
CAPITULO XIII.
De la planta é fructa que los indios llaman lirenes en esta Isla Española.
JLiiren es una fructa que nasge en una
planta que los indios cultivan , é aun al
pressente algunos de los españoles en sus
labrangas en esta Isla Española; y es hier-
va ó planta que se extiende y echa ramas,
como se dixo de los ajes é de las batatas,
é debaxo de tierra echa su fructo, que es
blanco é del tamaño que dátiles grues-
sos (é algo mayores y menores), é tienen
una cascara muy delgada , é cada fructo
destos pende ó está asido de una vergue-
ta delgada, de que está colgado de la ra-
ma : é aquella vena que le tiene al liren,
es no mas gruessa que un alfiler común
ó delgado. Estos lirenes cuecen los in-
dios, é quando es tiempo desta fructa
hay mucha por las plazas que la sacan á
vender, assi cogidos los lirenes ; é quí-
tanle aquella corteguela de engíma , que
es muy mas delgada é mas blanda que
280
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
una cascara de una castaña , é queda de
dentro el liren blanco y es de buen sa-
bor. No he visto en España , ni en otra
parte , fructa ni sabor á que compare es-
tos lirones. En fin son de buen sabor é no
de mucha substancia. Hay en esta é otras
islas mucha fructa desta, y en algunas
partes de la Tierra-Firme destas Indias.
CAPITULO XIV.
De las pinas que llaman los chripstianos , porque lo parescen : la qual fructa nombran los indios yayama,
é á cierto género de la misma fructa llaman boniama , é á otra generación dicen yayagua , como se dirá
en esto capítulo non obstante que en otras partes tiene otros nombres.
Oay en esta Isla Española unos cardos,
que cada uno dellos lleva una pina (ó
mejor digiendo alcarchopha) , puesto que
porque paresge pina las llaman los chrips-
tianos pinas, sin lo ser. Esta es una de las
mas hermosas fructas que yo he visto en
todo lo que del mundo he andado. A lo
menos en España , ni en Frangía , ni In-
glaterra , Alemania , ni en Italia , ni en
Segilia , ni en los otros Estados de la Ce-
sárea Magostad , assi como Borgoña,
Flandes, Tirol, Artues, ni Olanda, ni
Gelanda , y los demás , no hay tan linda
fructa , aunque entren los milleruelos de
Segilia , ni peras moscaretas , ni todas
aquellas fructas exgelentes que el rey Fer-
nando , primero de tal nombre en Ñapó-
les , acomuló en sus jardines del Parque
y el Parayso y Pujo Real : en la qual
fué opinión que estaba el pringipado de
todas las huertas de mas excelentes fruc-
tas de las que chripstianos poseían ; ni
en la Esquiva Noya del duque de Ferra-
ra , Hércoles , metida en aquella su isla
del rio Pó ; ni la huerta, portátil en car-
retones, del señor Ludo vico Esfforga , du-
que de Milán, en que le llevaban los ár-
boles cargados de fructa hasta la mesa y
á su cámara. Ninguna destas, ni otras
muchas qué yo he visto , no tuvieron tal
fructa como estas pinas ó alcarchophas,
ni piensso que en el mundo la hay que se
le iguale en estas cosas juntas que agora
diré. Las quales son: hermosura de vista,
suavidad de olor , gusto de exgelente sa-
bor: assi que de ginco sentidos corpo-
rales los tres que se pueden aplicar á las
fructas , y aun el quarto , que es el pal-
par, en exgelengia partigipa destas qua-
tro cosas ó sentidos sobre todas las fruc-
tas é manjares del mundo, en que la di-
ligengia de los hombres se ocupe en el
exergigio de la agricoltura ; y tiene otra
exgelengia muy grande , y es que sin al-
gún enojo del agricultor, se cria é sos-
tiene. El quinto sentido , que es el oyr,
la fructa no puede oyr ni escuchar ; pero
podrá el letor, en su lugar, atender con
atengion lo que desta fructa yo escribo,
y tenga por gierto que no me engaño, ni
me alargo en lo que dixere della. Porque
puesto que la fructa no puede tener los
otros quatro sentidos que le quise atri-
buir ó significar de suso , hásse de en-
tender en el exergigio y perssona del que
la come, y no de la fructa (que no tiene
ánima , sino la vegetativa y sensitiva , y
le falta la ragional, que está en el hom-
bre con las demás). La vegetativa es aque-
lla con que cresgen las plantas, y todas
las criaturas semejantes : la sensitiva , es
aquel sentimiento del benefigio ó daño
que resgibe ; assi como regando ó lim-
piando é escavando los árboles é plantas,
sienten el favor é regalo, é medran é
cresgen , é olvidándolos , ó chamuscan-
do, ó cortando, se secan é pierden. De-
xemos esta materia á los expertos, é tor-
nemos á lo que quise degir.
Mirando el hombre la hermosura desta
DÉ INDIAS. Lin. Vil. CAP. XlV.
n\
fructa , goga de ver la compusigion é
adornamento con que la natura la pintó
é hizo tan agradable á la vista para re-
creagion de tal sentido : oliéndola goza
el otro sentido de un olor mixto con
membrillos é duraznos ó melocotones , y
muy finos melones, y demás exgelengias
que todas essas fructas juntas y separa-
das , sin alguna pesadumbre ; y no sola-
mente la mesa en que se pone , mas mu-
cha parte de la casa en que está, seyendo
madura é de perfeta sagon, huele muy
bien y conhorta este sentido del oler
maravillosa é aventajadamente sobre to-
das las otras fructas. Gustarla es una cosa
tan apetitosa é suave, que faltan pala-
bras en este caso , para dar al proprio su
loor en esto; porque ninguna de las
otras fructas que he nombrado, no se pue-
den con muchos quilates comparar á es-
ta. Palparla, no es á la verdad tan blanda
ni doméstica , porque ella misma paresge
que quiere ser tomada con acatamiento de
alguna toalla ó pañiguelo ; pero puesta en
la mano, ninguna otra da tal contenta-
miento. Y medidas todas estas cosas y
particularidades , no hay ningún mediano
juigio que dexe de dar á estas pinas ó car-
chophas el pringipado de todas las fruc-
tas. No pueden la pintura de mi pluma y
palabras dar tan particular razón ni tan
al proprio el blasón desta fructa , que sa-
lisffagan tan total y bastantemente que se
pueda particularizar el caso , sin el pingel
ó debuxo , y aun con esto serian menes-
ter las colores, para que mas conforme
(sino en todo en parte) se diesse mejor
á entender que yo lo hago y digo , por-
que en alguna manera la vista del letor
pudiesse mas partigipar desta verdad:
non obstante lo qual, pornéla, como su-
piere hagerlo , tan mal debuxada como
platicada [Lám. 2.", fig. 10."); pero pa-
ra los que esta fructa ovieren visto, bas-
tará aquesto, y ellos dirán lo demás. Y
para los que nunca la vieron sinoaqui, no
TOMO I.
les puede desagradar la pintura, escu-
chando la lectura; con tal aditamento y
protestagion , que les gertifico que si en
algún tiempo la vieren, me avrán por
desculpado , si no supe , ni pude justa-
mente loar esta fructa. Verdad es que ha
de tener respecto é advertir el que qui-
siere culparme en que aquesta fructa es
de diversos géneros ó bondad ( una mas
que otra), en el gusto y aun en las otras
particularidades: y el que ha de ser juez,
ha de considerar lo que está dicho , y lo
que mas aqui diré en el progesso ó dis-
cante de las diferengias dcstas pinas. Y si,
por falta decolores y del debuxo, yo no
bastare á dar á entender lo que querria
saber degir, dése la culpa á mi juigio, en
el qual á mis ojos es la mas hermosa
fructa de todas las fructas que he visto y
la que mejor huele y mejor sabor tiene;
y en su grandega y color, que es verde,
alumbrado ó matigado de un color ama-
rillo muy subido; y quanto mas se va
madurando mas participa del jalde é va
perdiendo de lo verde , y assi se va au-
mentando el olor de mas que perfetos
melocotones , que partigipan asaz del
membrillo : que este es el olor, con que
mas similitud tiene esta fructa , y el gus-
to es mejor que los melocotones é mas gu-
moso. Móndasse alrededor é hágenla ta-
jadas redondas ó chullas, ó como quie-
re el trinchante, porque en cada parte al
luengo ó al través tiene pelo é gentil
corte. En estas islas todas es fructa qual
tengo dicho y muy común , porque en to-
das ellas y en la Tierra-Firme las hay , y
como los indios tienen muchas y diversas
lenguas, assi por diversos nombres la
nombran : á lo menos en la Tierra-Firme
en veynte ó treynta leguas acaesge aver
quatro ó ginco lenguas; y aun esso es
una de las causas pringipales porque los
pocos chripstianos en aquellas partes se
sostienen entre estas gentes bárbaras.
Dexemos esto para en su lugar, é torne-
36
282
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
mos á esta fructa de las pinas ó alcarcho-
phas : elqual nombre de pinas le pusieron
los chripstianos, porque lo paresgen en
alguna manera , puesto que estas son mas
hermosas é no tienen aquella robustigidad
de las pinas de piñones de Castilla ; por-
que aquellas son madera ó quassi , y es-
tas otras se cortan con un cuchillo, como
un melón , ó á tajadas redondas mejor,
quitándoles primero aquella cascara , que
está á manera de unas escamas relevadas
(que las hagen paresger pinas) ; pero no
se abren ni dividen por aquellas junturas
de las escamas como las de los piñones.
Por gierto, assi como entre las aves se
esmeró natura en las plumas, con que vis-
te á los pavos de nuestra Europa , assi
tuvo el mesmo cuidado en la compusigion
y hermosura desta fructa mas que en to-
das las que yo he visto sin comparagion,
é no sospecho que en el mundo hay otra de
tan gragiosa ó linda vista. Tienen una car-
nosidad buena, apetitosa é muy salisffac-
toria al gusto : é son tamañas como me-
lones medianos , é algunas mayores , é
otras mucho menores, y esto causa que
no todas las pinas (aunque se paresgen)
son de un género ó sabor. Algunas son
agras, ó por ser campesinas é mal culti-
vadas , como por ser el terreno descon-
vinieúte, ó porque en todas las fructas
acaesge ser mejor un melón que otro , y
una pera que otra , y assi de todas las
demás, y por el consiguiente una pina
hage gran ventaja á otra pina. Pero la
buena no tiene comparagion con ella
otra fructa en las que yo he visto , ávi-
do respecto á todas las cosas que he di-
Jcho , que consisten en ella. Bien creo
que avrá otros hombres que no se con-
formen conmigo; porque en España y
otras partes del mundo unos porfían que
los higos son mejores que las peras, é
otros que el membrillo es mejor que el
durazno é las peras é higos ; é otros que
las uvas mejor que los melones y las otras
que he dicho : é assi á este propóssito
cada qual es mas inclinado á su gusto, é
piensa que el que otra cosa dige, no lo
siente tan bien como debria. Pero dexa-
das sus settas ó afigionados paladares (que
aun estos pienso yo que son tan diferen-
tes, como los rostros humanos de los hom-
bres unos de otros) , si sin pasión esto se
juzga , yo pensarla que la mayor parte de
los juegos serian de mi opinión con esta
fructa, aunque como menos della que
otro. Torno á degir que es única en estas
cosas juntas: en hermosura de vista, en
sabor , en olor ; porque todas estas partes
en un subjeto ó fructa no lo he visto assi
en otra fructa alguna.
Cada pina nasge en un cardo asperís-
simo y espinoso y de luengas pencas é
muy salvaje , é de en medio de aquel
cardo sale un tallo redondo, que echa so-
la una pina , la qual tarda en se sagonar
diez meses ó un año ; é cortada , no da
fructo mas aquel cardo , ni sirve sino á
embaragar el terreno.
Podrá degir alguno que, pues es car-
do, porque no llaman alcarchopha esta
fructa : digo que en mano fué de los pri-
meros chripstianos que acá la vieron
darles el un nombre ó el otro , y aun de
mi paresger mas proprio nombre seria
degirla alcarchopha , aviendo respecto al
cardo é espinos en que nasge, aunque
paresge mas pina que alcarchopha. Ver-
dad es que no se parte totaliter de ser
alcarchopha, ni de las espinas, porque en
la coronilla engima de la pina nasge é
tiene esta fructa un cogollo áspero, é
adórnala mucho en la vista ; é algunas
tienen, allende desse, otro, é algunas dos
é mas de tales cogollos junto al pegón
donde ella está pegada con el tallo del
cardo é nasgida. Y para plantar otros
cardos é pinas , estos tales cogollos son
la simiente ó subgession desía fructa;
porque tomando aquel cogollo que la pi-
na tiene engima (ó qualquiera otro de
DE INDIAS. LIB. VIL CAP. XIV.
283
los que están pegados al pegón della) é
híncanlo en tierra dos ó tres dedos en
fondo, dexando descubierta la mitad del
cogollo, luego prende muy bien , y en
el discurso del tiempo que he dicho há-
dese otro tal cardo cada cogollo , é dá
otra pina tal como he dicho. Las hojas
desle cardo quieren paresger algo á las
de las gaviras , salvo que estas son mas
luengas é mas espinosas , ó no tan gor-
das ó corpulentas. Esta fructa seria en
mas tenida, si no oviesse tanta abun-
dancia della.
Las pinas de Tierra-Firme tengo yo
por mejores é mayores que las destas is-
las. No se tiene esta fructa, después que
acaba de madurar , de quinge ó veynte
dias adelante ; mas el tiempo que está sin
se corromper é podrir es exgelente . Pues-
to que algunos la condenan por colérica,
yo no sé desso lo gierto ; mas sé que
despierta el apetito , é á muchos que por
hastio no pueden comer les restituye la
gana para ello , é les dá aliento é volun-
tad á se esforgar á comer é repara el
gusto. Su sabor mas puntual, ó á lo que
mas quiere paresger, es al melocotón, é
huele juntamente , como durazno é mem-
brillo; mas ese sabor tiénele la pina mez-
clado con una mixtión de moscatel , é por
tanto es de mejor sabor que los meloco-
tones. Solo un defecto le atribuyen algu-
nos , por el qual no agrada complida-
mente á todos gustos ; y es que el vino,
aunque sea el mejor del mundo, no sabe
bien bebido tras la pina, é si assi su-
piera , como sabe con las peras asaderas
ú otras cosas que con el beber tienen
aprendido los que son del vino amigos,
fuera única á su paresger de los tales : é
creo que esta es la causa por qué acá no
están bien algunos con esta fructa. Ni
tampoco sabe bien el agua, bebiéndola
tras la pina ; y esto que á algunos pares-
ge tacha é grand dificultad , me paresge
á mi que es exgelengia y grand previle-
gio, para darla á los hidrópicos é amigos
del beber. También digo que la carnosi-
dad desta fructa tiene sotiles briznas, co-
mo las pencas de los cardos que se co-
men en España: pero mas encubiertas
mucho al paladar é de menos empacho
ó estorbo en el comerla , y por esto no
son útiles á las engiasé dentadura, quan-
dose continúan á comer muy á menudo.
En la Tierra-Firme, en algunas partes, los
indios hagen vino destas pinas , é tiénesse
por sano ; é yo lo he bebido y no es tal
como el nuestro con mucha parte, por-
que es muy dulge , é ningún español ni
indio lo beberá, teniendo del de Castilla,
aunque el de España no sea de los muy
escogidos vinos.
Dixe de suso que estas pinas son de
diversos géneros y assi es verdad , en es-
pegial de tres maneras. A unas llaman
yayama; á otras digen boniama; é á otras
yayagua. Esta postrera generagion es al-
go agrá é áspera é de dentro blanca é
vinosa : la que llaman boniama es blanca
dentro é dulge, mas algo estoposa : la que
llaman yayama es algo en su propor-
gion prolongada é del talle de la que
aqui he pintado, é las otras dos mane-
ras ó géneros, de quien he hablado, son
mas redondas. Assi que, esta última di-
cha yayama es la mejor de todas ; é de
dentro es la color amarilla escura, y es
muy dulge é suave de comer é de quien
se ha de entender lo que está dicho, en
loor de aquesta fructa. En algunas partes
hay de las unas é de las otras, salvajes,
que se nasgen por sí en el campo en
grandíssima moltitud; pero las que se
labran é cultivan son mejores, sin com-
paragion, é reconosgen bien el beneíigio
del agricultor é son mas delicadas. Al-
gunas se han llevado á España , é muy
pocas llegan allá : é ya que lleguen no
pueden ser perfectas ni buenas , porque
las han de cortar verdes é sagonarsse en
la mar , y dessa forma pierden el crédito.
284
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Yo las he probado á llevar, é por no
se aver agertado la navegación , é tardar
muchos días, se me perdieron é pudrie-
ron todas , é probé á llevar los cogollos
é también se perdieron. No es fructa sino
para esta tierra ú otra que á lo menos
no sea tan fria como España. Verdad es
que el mahiz , que es el pan destas par-
tes, yo lo he visto en mi tierra , en Ma-
drid, muy bueno en un heredamiento del
comendador, Hernán Ramírez Galindo,
aparte de aquella devota hermita de
Nuestra Señora de Atocha (que ya es
monasterio de frayres dominicos). Y tam-
bién lo he visto en la cibdad de Ávila,
como lo dixe en el capítulo I deste li-
bro VII ; pero en el Andalucía en mu-
chas partes se ha hecho el mahiz , é
por esso soy de opinión que se harian
estas pinas ó cardos, llevando los cogo-
llos que he dicho puestos y de tres ó
quatro meses presos acá, en estas partes.
CAPITULO XV.
Que tracla de la frucla llamada imocona, la qual se cria sin la industria de los hombres.
JLjI verdadero agricultor, maestro de la
natura, produce de su liberalidad inmen-
sa una fructa que se dige imocona y en
esta Isla Española é otras partes destas
Indias : la qual asada sabe á la yuca de
la Tierra-Firme , ó á la que acá llaman
boniata, que no mala. La hoja tiene como
la diahutia , aunque no tan ancha , pero
mas prolongada; y es sana fructa, é los
indios no la tienen por la inferior de to-
das : antes la estiman é han por de las
mejores á su gusto.
CAPITULO XVI,
De los g^uayaros , ques una fructa como cherevias.
JLiOs guayaros es una frucla que paresge
cherevías, é son assi mismo rayges, como
imocona en su producgion , y echan fue-
ra de tierra un bexuquillo ó vergueta
alta. Y el guayaro es blanco, como la che-
revía , y násgense de sí mismos sin alguna
diligencia ni trabaxo de los hombres , é
hay muchos en algunas partes desta isla;
é en otras son muy deseados, porque les
son agradables á su gusto destos indios.
CAPITULO XVII.
De la fructa que los indios llaman cauallos.
ViAUALLOS llaman los indios en esta Isla
Española una fructa ques como lirenes;
mas estos cauallos son algo mayores é
nasgen en tierras flacas é delgadas , é es
sano manjar é agradable á los indios. Es
fructa salvaje é nasgida é criada por solo
el cuydado de la natura , de la qual é
otras muchas fructas salvajes que tenian
los indios desta tierra conosgidas, se
aprovechaban mucho para su manteni-
miento, quando andaban en el campo é
continuaban la guerra apartados de sus
casas é asientos: é assi no les fal-
taba qué comer en todos los liem-
DÉ INDUS. LIB. VIL CAP. XVII.
285
pos, por la notÍQÍa mucha que tenían ses del año se hallan é son produ-
destos manjares , que en diversos me- gidos.
CAPITULO XVIII.
Que tracta de los resoles que los chripslianos llaman : de los quales hay muchas maneras en las Indias.
JLios indios tenian esta simiente de los
fásoles en esta isla y otras muchas y en la
Tierra-Firme mucho mas , y en especial
en la Nueva España é Nicaragua é otras
partes, donde en mucha abundancia se
coge tal legumbre. Desta simiente hage
espegial mención Plinio *, é llámalos fa-
givoies: en Aragón se llaman judías, y
la simiente de los de España y de los de
acá es la misma propriamente ; pero en
algunas partes se cogen en grandíssima
abundancia. Yo he visto en la provingia
de Nagrando ( ques en Nicaragua , á la
costa de la mar del Sur), coger á gente-
nares las hanegas destos fásoles ; y tam-
bién en aquella tierra é en otras de aque-
lla costa hay otras muchas maneras de
fásoles , porque demás de los comunes,
hay otros ques la simiente amarilla, é
otros pintados de pecas. É otra legum-
bre tienen que son como habas; pero
muy mayores, é algo amargas, comién-
dolas crudas: é de las unas é de las otras
hagen los indios sus simenteras ordina-
riamente. Y alli en Nicaragua hay mas
cuydado en esto de la agricoltura que en
parte de quantas yo he estado en las In-
dias ; y porque aqui quadra bien lo que
he visto de aquellos indios en sus hagas,
asside mahiz, como de algodón ó de yuca
ó de qualquier otro mantenimiento que en
el campo tengan sembrado , degirlo he;
pero no sé si estos indios tienen noligia
que dige Plinio por estas palabras : «Yo
sé que los tordos é páxaros se echan del
mijo é del panigo, soterrando á los qua-
tro cantos del campo una hierva, el nom-
bre de la qual es incógnito ; é es cosa
maravillosa que ningún páxaro alli en-
tra ^. » Esto queste auctor dige, me paresge
á lo que muchas veges yo vi en aquella
provingia de Nicaragua en diversas he-
redades: que á los cornijales dellas te-
nian puesto los indios giertos palillos ata-
dos, é también algunas hojas rebujadas
en otras partes, ó pedreguelas, ó otras
señales conosgidas, é la hierva de en
torno hmpia, ó algunos trapillos de al-
godón. É en fin, paresgian estas cosas
hechas con arte ó por algún respeto, ó
de las aves , ó porque granasse lo sem-
brado ó no se abuchornasse , ó por otros
fines que yo no sé juzgar ; y en esto tal
los que se ocupaban eran en espegial
unas viejas mal encaradas é disformes. É
en aquella tierra hay mucha cosa de he-
chigeros, é no sospechábamos los chrips-
lianos que se hagia esto sin ayuda ó su-
perstigion del demonio ; porque pregun-
tados á los indios é indias á qué pro-
póssito lo hagian, respondían diferente-
mente é degian que era bueno hagersse
aquello. Y porque , quando se hable de
aquella tierra en particular, se dirá mas
desta materia , quédesse para en su
lugar.
i Plin., lib. XVIII, cap. 12.
2 Plin.,l¡b. XVIII, cap. n.
28G
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XIX.
El qual tracta de una fructa que se llama ñames ; digo nnames.
11 AME es una fructa extrangera é no
natural de aquestas Indias, la qual se ha
traydo á esta nuestra Isla Española é á
otras partes destas Indias : é vino con
esta mala casta de los negros , é háse fe-
cho muy bien , é es provechosa é buen
mantenimiento para los negros , de los
quales hay mas de los que algunos avrien
menester, por sus rebeliones. Estos nna-
mes quieren paresger ajes ; pero no son
tales, é son mayores que ajes comun-
mente. Córtanlos á pedagos, é siembran
soterrándolos un palmo debaxo de tier-
ra , é nasgen ; é assi vinieron los prime-
ros , é después de la planta é rama que
hagen, se han multiplicado mucho en las
islas que hay pobladas de chripstianos, é
assi mismo en la Tierra-Firme ; é es buen
mantenimiento.
Este es el libro octavo de la primera parte de la Natural y general historia de las
Indias, islas é Tierra-Firme del mar Océano: el qual tracta de los árboles fructíferos,
por el capitán Gonzalo Fernandez de Oviedo , capitán de la fortaleza y cibdad de
Sancto Domingo ycoronista del Emperador y Rey, nuestro señor.
PROHEMIO.
Jr^linio en su libro XII de la Natural
historia tracta de los árboles odoríferos,
y en el XIII tracta de los árboles fo-
rasteros y extraños , y de los ungüen-
tos y otras particularidades muchas y se-
cretos de medigina, porque él escribe
de todas las partes y auctores del mun-
do que á su noticia llegaron, y de lo
que leyó de muchos : y assi como en su
historia quiso ó se esforzó comprehender
el universo, tuvo mas que degir de lo
que yo podré aqui acomular, porque lo
que yo digo y escribo es de sola mi plu-
ma y flaca diligengia (y destas partes),
y él rescribe lo que muchos escribieron y
lo que él mas supo ; y assi tuvo menos
trabaxo en tales acomulagiones. Habla en
su libro XIV en las vides , y en el XV
en los árboles fructíferos, y en el XVÍ
en los árboles salvajes, y en el XVII di-
ge de los árboles insertos , ó inestati (que
es lo mismo que inxerir). Todos estos
seys géneros que él reparte en essos li-
bros, entiendo yo comprehender en ginco,
que serán el VII pregedente y este VIH,
y en los tres siguientes ( ó al menos lo
que acá yo o viere alcangado de tales ma-
terias). Y si tantas aqui no se escribieren,
será por ser la tierra nueva á nosotros , é
aun la mayor parte della secreta en cosas
semejantes , y por tanto será poco lo que
en esta primera parte se pueda dello es-
crebir, á respecto de lo que se espera sa-
ber adelante. Y porque no sea la legión
tan breve, con solo aquello que en la pri-
mera impression tuvo, se dirá assi mismo
lo que de tales materias hasta el presente
tiempo yo oviere alcangado en ellas , assi
en las islas como en la Tierra-Firme.
Porque como es grandíssima parte deste
mundo aquella tierra, ó una mitad del,
é de muchos reynos colmadas estas In-
dias, assi avrá mas que degir en cada
una destas cosas todos los dias que yo
viviere (é aun en los del que me subge-
diere en estocase), y se podrán yr acres-
gentando en estos ginco libros de la agri-
coltura de acá.
Quiero, pues, hager en este presente li-
bro VIII, en el capítulo I, una breve rcr
288
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
lagion en que se expressen los árboles y
plantas que se han traydo de España, que
en esta isla ni en el imperio destas Indias
no las avia ; y después proseguiré por los
árboles que son acá naturales y fructífe-
ros (de qualquier género que á mi notigia
hayan llegado), de los que hay en aquesta
Isla Española y en la Tierra-Firme , por-
que las materias de un género anden jun-
tas ; y en quanto á los árboles salvajes é
de otras maneras se tractará adelante en
el libro IX , pues que es la materia dife-
rente é apartada. Pido al letor que donde
le paresgiere corta mi información, tenga
respecto al trabaxo con que se inquieren
estas cosas en partes nuevas, y donde
tantas diversidades y géneros de mate-
rias concurren, y al poco reposo que
los hombres tienen, donde les faltan aque-
llos regalos y oportunidad , con que
otros auctores escriben en las tierras
pobladas de gentes polidas é prudentes,
é no entre salvajes, como por acá an-
damos, buscando la vida, y agertando
cada dia en muchos peligros para la
muerte.
CAPITULO I.
Que trac la de los árboles que se han traydo á esta Isla Española desde Europa á nuegtra España, c!
qual capítulo contiene on9e párrafos ó partes.
I. XI ánse traydo á esta Isla Españo-
la naranjos, desde Castilla; é hay acá tan-
tos, que se han aumentado dellos innu-
merables muy buenos, dulges é agros
(assi en esta cibdad de Sancto Domingo,
como en todas las otras partes de la isla,
donde hay poblaciones de chripstianos,
en sus heredamientos é jardines é donde
quieren ponerlos), y lo mismo hay en las
otras islas y en la Tierra-Firme , donde
hay poblaciones de españoles.
II. Hay muchos limones, é Urnas, é
muchos gidros, y de todo esto que es di-
cho mucha cantidad , y muy bueno todo;
y tal, que no le hage ventaja el Andalu-
cía en todos estos agros é géneros que
he dicho en ambos párraphos.
III. Hay muchas higueras, y de muy
buenos higos , los quales hay en la mayor
parte del año muchos ó pocos , y en es-
pegial en su tiempo en mucha abundan-
cia en e^ta cibdad , y en sus heredades,
y assi en las otras partes desta isla ; y
hágense muy bien estos árboles , é los hi-
gos son de los que en Castilla llaman go-
denes y en Aragón y Cataluña de burja-
Cote. Son los mas de simiente colorada ó
roxa, aunque algunos hay de simiente
l)lanca, pero no tantos con mucha parte.
Estas higueras pierden acá la hoja, y es-
tán parte del año sin ella , lo qual hagen
acá muy pocos árboles ; y en el mes de
hebrero comiengan á brotar é poner hoja,
é se tornan á vestir della en la primave-
ra ó mes de margo, é de ahi adelante.
Mas estas higueras se envegesgen acá
muy presto, é desde á seys ó siete años
es menester poner otras, porque deste
tiempo adelante valen poco é dan poca
fructa é peor.
IV. Hay muchos granados dulges é
agros, é de muy buenas granadas, assi
en los huertos desta cibdad como en los
heredamientos, y en las otras villas é po-
blagiones desta isla.
V. Hay membrillos (ó bembrillos) as-
si mismo traydos de Castilla ; pero no se
hagen muy bien, ni en la cantidad é
abundangia que las otras fructas que se
ha dicho de suso ; é son pequeños, é no
muy buenos , porque son ásperos é nu-
dosos. Créese que con el tiempo serán
mejores.
VI. Hay palmas que se han puesto en
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. I.
2?;<)
esta cibdad, y en muchas heredades y
partes desta isla , de los cuescos de los
dátiles que acá se han Iraydo , y háden-
se muy hermosas é llevan dátiles; pero
po los saben acá curar, y por tanto , aun-
que algunos los comen , no son buenos
ni en períígion, y créese que es por no
los saber curar, é no por falta de las
palmas.
VII. Hay muchos y muy hermosos ár-
boles de cañafístola , que los latinos lla-
man caxia, assi dentro en esta cibdad,
como en las heredades y en muchas par-
tes de la isla. Estos son hermosos é gran-
des árboles: no se truxeron de España
ni tan poco los avie en esta isla ; mas
sembráronse las pepitas de la cañafístola
é hiriéronse tan bien que hay ricos here-
damientos de tales arboledas, é ovo mu-
chos mas que se destruyeron é secaron, á
causa de las hormigas , como se dirá ade-
lante en el capítulo I del libro X. Es de
creer que estos árboles se han fecho tan
bien , porque acá hay cañaíístolos salva-
jes en esta y otras islas y en la Tierra-
Firme , y es común árbol en estas Indias;
salvo que la cañafístola que llevan estos
otros salvajes es muy gruessa é quasi va-
na. Pero estos que se han fecho por la
industria de los chripstianos llevan muy
buena cañafístola , como ya está sabido
en España é otras partes por el mundo,
por la mucha que las naves han llevado
y llevan cada dia desta é otras islas: su
hoja es luenga é de la color é verdor de
las hojas de los nogales de Castilla, é tan
luengas , pero mas angostas é delgadas.
Y diré aqui una particularidad que he no-
tado en esto , y es que todos los árboles
y plantas que he visto , de qualquier gé-
nero que sean , todas sus hojas fenes^en
en una que está en el extremo ó punta
de la rama , y la cañafístola en dos , de
la manera que aqui lasdebuxo [Lám. 3.',
fig. 1.*); porque me paresge un notable
para mirar en él , pues que en esto se ex-
TOMO I.
trema é no parcsge á los otros árboles
(exgepto que el lentisco en España fcnes-
gen sus ramas assi mismo en dos hojas,
como la cañafístola). La flor que echan es-
tos árboles es amarilla é quiere pares^cr
algoá la de la ginesta ó retama: estando
con fructo, paresgen muy bien cargados de
aquellos cañutos desta cañafístola , y háse
fecho en tanta abundancia que, como se
dixo en el libro III , vale el quintal á qua-
tro ducados ó menos en esta cibdad. El
primero árbol que destos ovo en esta isla
fué en el monesterio de Sanct Francisco
de la cibdad de la Congepgion de la Ve-
ga ; é por exemplo de aquel se pusieron
otros, é se aumentaron é higieron estos
heredamientos é granjeria, que es muy
buena é provechosa é rica , é las naves
que tornan á España, siempre llevan mu-
chas pipas llenas de cañafístola. Este ár-
bol es uno de los que acá pierden la hoja;
y de la cañafístola salvaje hay en Tierra-
Firme mucha, é es quassi al doble mas
gruessa de la que yo he comido , y es
bien purgativa , é la pepita es como la
de la común , é la cascara del cañuto es
mas gorda al tres doble de la otra. Quie-
re paresger garroba en el talle y hechura
sobre redondo : tiene lomo é barriga de
dos verdugos gruessos sobre redondo, é
unas venas por engima , como verdugos,
y es muy buena. Acuerdóme que el año
de mili é quinientos é veynte y siete , á
legua é media ó dos de Panamá , en la
costa austral hágia poniente , dó digen el
rio de los Mahizdes, se hallaron algunos
árboles destos , é yo vi la cañafístola de-
llos é la comí , é era buena , é de la ma-
nera que lo he dicho.
VIII. Hánse puesto é hay en esta cib-
dad muchas parras de las de Castilla é
llevan buenas uvas, y es de creer que
se harán en grande abundancia, si se die-
ren á ellas, entendiendo bienio que han
menester ; porque como la tierra es hú-
meda, luego que ha dado la parra el
37
200
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
fructo , si luego la podan , luego torna á
broctar, y assi se esquilman mucho é se
envejesQen presto. Estas se truxeron de
Castilla, pero sin ellas , allende de las de
la cibdad , hay muchas parras de las mis-
mas en los heredamientos é poblagiones
destas islas, traydas, como he dicho, de
España. Non obstante lo qual, digo que
en esta isla , como en otras, y en muchas
tierras ó partes de la Tierra-Firme hay
muchas parras salvajes de uvas, y de
muchas dellas he yo comido en la Tier-
ra-Firme ; é es cosa muy común , é assi
creo que fueron todas las del mundo en
su principio , é que de las tales se tomó
el origen para las cultivar e hager me-
jores.
IX. Hay en esta cibdad algunos oli-
vos grandes é hermosos árboles, que assi
mesmo fueron traydos de España ; pero
son los que digo estériles , é no llevan
fructo sino de hojas , y también los hay
en algunos heredamientos é otras partes
desta isla; pero como he dicho, sin fruc-
to. Y es gran notable que todas las fruc-
tas de cuesco que se han traydo de Es-
paña y otras partes á esta isla, por mara-
villa prenden , y si prenden , no llevan
fructo alguno, sino hojas. Pervierto yo
he traydo cuescos de duraznos , y de me-
locotones é alvérchigos de Toledo, é ci-
ruelas de frayle , y de guindas é geregas,
é piñones , é todos estos cuescos he fe-
cho sembrar en diveras partes y here-
dades : ninguno de todos ha prendido.
Plinio dige * que los olivos en la India
son estériles, é que no produgen otro
fructo sino aquel que hage el olivo sal-
vaje ; de manera que estos nuestros oli-
vos desta isla son mas estériles que los
que Plinio dige de India; porque si aque-
llos, como él dige, dan el fructo que
los olivos salvajes (ó agebuches) , los de
acá no llevan sino solamente hojas.
X. Hay una fructa que acá llaman
plátanos; pero en la verdad no lo son, ni
estos5on árboles, ni los avia en estas In-
dias, é fueron traydos á ellas ; mas que-
darse han con este improprio nombre de
plátanos. Siémbranse una vez é no mas,
porque de uno se multiplican muchos , é
va en ellos aumentándose una subges-
sion grandíssima ; porque, como el plá-
tano mas antiguo ha procreado tres ó
quatro é seys é mas hijos alrededor de
sí, lleva un ragimo é fructo que hace, é
aquel corlado, sécasse la planta que lo
echó ó produgió. É porque no embarage
ni tarde en se secar, assi como cortan
el fructo , ques á manera de un ragimo,
cortan el tronco desta planta , porque no
es mas de provecho ni lleva mas , é lue-
go pierde su virtud , é queda en los hi-
jos é subgessores que han nasgido alre-
dedor. Dixe de suso questos no son plá-
tanos ; porque la forma del plátano , se-
gund lo que del escriben, es muy dife-
rente é de otra manera. Estos de acá
tienen las hojas muy grandes é muy an-
chas é son altos, como árboles, é há-
gense algunos tan gruesos en el tronco
como un hombre por la gintura , é como
el muslo otros , é assi algunos algo mas
ó menos , segund la fertilidad ó terreno
en que se ponen : é desde abaxo arriba
echan unas hojas longuíssimas , algunas
de doge palmos é mas é menos de longi-
tud , é de tres y quatro palmos de lati-
tud y mas y menos, segund son; las qua-
les muy fácilmente rompe el viento en
muchas partes, quedando entero el lomo
ó astil de la mesma hoja. Esta planta es
toda como un cogollo , y en lo alto del
nasce un ragimo , el tallo del qual es
grueso, como la muñeca del brago, que
progede é va encaminado desde la me-
dula ó mitad de todas las hojas, é en
aquel tallo al extremo ó fin dél es el fruc-
1 Pün., lib. XII, cap. C.
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. I.
291
lo, un racimo con veynte ó treynta é gia-
qüenta, é algunos con giento é mas é
menos fructos, que aqui llaman plátanos.
É cada un fructo destos es mas ó menos
luengo que un palmo , segund la fertili-
dad de la planta é de la bondad de la
tierra donde nasQió , é de la groseza de
la muñeca del brago algunos é menos,
porque también el gordor del fructo es
á proporgion del tamaño ó longitud suya,
porque en algunas partes que se siem-
bran se hagen muy menores [Lám. 3.'
fig. 2.'). Tiene esta fructa una cortega
no muy gruesa, pero correosa é fágil de
romper ó desollar , é de dentro es todo
una medula que paresge un tuétano de
vaca. Háse de cortar el ragimo desta
fructa , assi como un fructo de los que
están en el ragimo se comienga á liager
amarillo, é después el ragimo entero
cuélganlo en casa, é alli se madura toda
la fructa del (ó todos los plátanos que
en el ragimo liay). Esta es muy buena
fructa , é quando se curan estos piálanos
abiertos al sol , hendiéndolos con un cu-
chillo en dos mitades al luengo , é dán-
doles sendas cuchilladas , ó cada dos á
cada mitad , cortando la fructa al luengo
hasta la cascara é no rompiendo la cas-
cara ó cuero , hágense en el sabor, quan-
do están curados , muy semejantes á los
higos passos , y aun mejores ; en el hor-
no asados, sobre una reja ú otra cosa se-
mejante, son muy buena é sabrossa fruc-
ta, é paresge un género sobre sí, como
lo es de una conserva melosa é de muy
buen cordral é suave gusto. Assi mesmo
cogiéndolos en la olla con la carne, es
muy buen manjar ; pero no ha de es-
tar el plátano mucho duro para lo co-
ger con la carne , ni muy maduro , ni se
ha de echar sino quando esté la carne
quassi cogida, é desollado; porque en
uno ó dos hervores ó en poco espagio
de tiempo se cuegc el plátano. Comidos
crudos, después que maduran, es muy
gentil fructa , y no es menester comer
con ella pan ni otra cosa , y es de exge-
lente sabor é sana é de gentil digistion:
que nunca be oydo degir que higiesse mal
á ninguno. Llevándolos por la mar, turan
algunos dias , é hánsede coger para esto
algo verdes ; é lo que turan sin se podrir
ó dañar (que es doge ó quinge dias), sa-
ben mejor en la mar que en la tierra
(como hagen las cosas desseadas, donde
menos se pueden aver). El tronco ó co-
gollo que lleva esta fructa é dio el ra-
gimo que he dicho , tarda un año en lle-
var é hager su operagion é fructo, y en
aquel tiempo ha procreado y echado en
torno de sí quatro é ginco é seys é mas ó
menos hijos ó cogollos ( herederos en el
mismo offigio y efeto que está dicho); por-
que después que aquel ragimo del fructo
es cortado, cortan, como tengo dicho,
el plátano ó planta que le dio , porque
no sirve sino de embaragar é ocupar la
tierra sin dar otro provecho , é los hijos
que he dicho , cresgen mas é van por su
discurso hasta que hagen lo mismo que
el padre ; é hay tantos é multiplican do
manera, que nunca faltan é siempre se
aumentan. Son humidíssimos, é quando
alguna vez los quieren arrancar ó quitar
de alguna parte de rayz, sale de allí
tanta agua del assiento do estaban , que
paresge que toda la humedad é agua de
los poros de la tierra tienen atrayda á su
gepaérayges. Las hormigas en estas par-
tes son muy amigas destas plantas é se
allegan mucho á ellas, por lo qual en esta
cibdad se arrincaron muchos , porque no
se podían aqui valer un tiempo con las
hormigas. Esta fructa es continua en todo
el tiempo del año ; mas como tengo di-
cho , no es por su origen natural destas
partes, ni se les sabe el nombre proprio;
mas de lo que agora diré. Quanto á la
verdad no se pueden llamar plátanos (ni
lo son); mas aqueso que es, segund he
oydo á muchos, fué traydo osle linagc de
292
UISTOiUA GENERAL Y NATURAL
planta de la isla de Gran Canaria , el año
de mili é quinientos y diez y seys años,
por el reverendo padre fray Thomas de
Berlanga , de la Orden de los Predica-
dores , á esta cibdad de Sancto Domin-
go; é desde aqui se han extendido en
las otras poblagiones desta isla y en to-
das las otras islas pobladas de chripstia-
1103 , é los han llevado á la Tierra-Firme,
y en cada parte que los han puesto , se
han dado muy bien ; é en las heredades
que en esta isla tienen los vecinos hay
mucho número incontable destos pláta-
nos , porque son muy provechosos é se
gastan quantos hay con la gente , é aun
es muy buena renta para sus dueños,
porque ninguna costa ponen en los criar.
Truxéronse los primeros , segund he di-
cho , de Gran Canaria , é yo los vi alli
en la misma cibdad en el monesterio de
Sanct Francisco el año de mili é qui-
nientos é veynte , é assi los hay en las
otras islas Fortunadas ó de Canaria. É
también he oydo degir que los hay en la
cibdad de Almería en el reyno de Grana-
da , é dígese que de alli passó esta plan-
ta á las Indias , é que á Almería vino del
Levante é de Alexandría , é de la India
oriental. He oydo á mercaderes genoves-
ses é italianos é griegos que han estado
en aquellas partes, é me han informado
que esta fructa la hay en la India que he
dicho, e que assi mismo es muy común en
el Egipto, en especial en la cibdad de
Alexandría, donde á esta fructa llaman
musas. Assi mismo dige el chronista Pe-
dro Mártir en sus Decadas * , que esta
fructa se llama musas, é que él la vido
en Alexandría, y dige que no son pláta-
nos, ni puede alguno con verdad degir
otra cosa. Escribe Ludovico de Vartenia,
bolones, en su Ilinerario, que enCalicut
hay aquesta fructa, é dige que alli la
llaman malapolatida ; pero dige que no
son mas altas estas plantas que im hom-
bre ó poco mas, y en lo otro lodo que
tengo dicho, las describe segund lo he yo
fecho: y también dice que es de tres
suertes esta fructa : la una ciancapalon , é
la segunda é mejor llama gadelapalon y é
la tergera suerte dige que no es tal. Tam-
bién digo yo que en esta isla esta fructa
no es toda de una bondad , porque unos
fructos destos hay mejores é mas sabro-
sos que otros de la mesma fructa ; mas
aquesto puede yr en el terreno é dispu-
sigion de la tierra, como acaesge en to-
das las otras fructas en España y en
otras partes. É la tierra estéril é flaca, é
la gruesa demasiadamente regia hagen
bastardear los fructos; é cada género de
fructo quiere la tierra á su propóssito, é
es aqueste un primor muy nesgessario en
que los agricultores deben ser expertos,
gerca del conosgimiento de los sitios é
calidades de las tierras, en que han de
sembrar ó plantar sus mieses ó arboledas
é lo demás. Y porque de suso dixe que
no son verdaderos plátanos estos, á quien
tal nombre acá se les dá , téngolo yo
assi por gierto, pues que Plinio dige ^,
que los árboles plátanos fueron traydos
á Italia, y que por el mar Jonio vinieron
á la isla de Diómedes é de alli á Segilia,
é de Segilia á Italia, y también dige que
los ovo en España, en el tiempo que á Ro-
ma fué presa. Dige mas: que en Ligia un
plátano está sobre una fuente en forma
de domigilio ó cabana , á manera de es-
pelunca ó cueva de ochenta é un pie , cu-
briéndola de muchos ramos que pares-
gian árboles é ocupaban el campo con
longuíssima sombra , etc.: y dige que Mu-
giano , que fué tres veges cónsul (é nue-
vamente legado de aquella provingia), es-
cribió que avia comido debaxo de aquel
plátano con diez é ocho compañeros , é
que ovo espagio ancho ó largo lugar de-
\ P. Múrlir, (lee. YII , cap. 9.
2 Plin., lib. XIÍ,cap. !.♦.
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. I.
293
baxo de las hojas del para estar cada
uno seguro de todo viento é lluvia etc.
Dige mas : que en Gorthina , yibdad de
Candía, hay un plátano á par de una
fuente, el qual no pierde jamás la hoja,
é que la fabulosa Gregia dige que Júpi-
ter dcbaxo deste plátano durmió con
Europa, y concluye que el mayor loor
que se dá á este árbol es que el vera-
no defiende del sol, etc. De todas estas
propriedades é partes que Plinio esgribe
del plátano, se colige que estos que acá
se llaman plátanos no lo son, ni de aque-
llos que él habla ninguna manera de fruc-
ta ni utilidad se comprehende, sino bue-
na sombra ; y estos otros que acá tene-
mos llevan la fructa que he dicho, é som-
bra no la pueden dar (que buena sea) uno
solo, sino muchos y espesos, porque no
tienen ramas, sino solamente aquellas
hojas é rotas las mas dellas. Ni tampoco
pueden estos nuestros defender á nadie
del sol ni del agua : antes paresge que
llueve mas debaxo dellos, porque las
mismas hojas hagen innumerables gote-
ras , porque pocas están del todo ente-
ras, sino rompidas en muchas partes, fe-
chas tiras al través. Y pues aquel pláta-
no de Candia no perdia jamás la hoja,
estos de acá no le paresgen, porque tan-
las y mas tienen secas que verdes, por-
que las primeras se van secando, é mar-
chitas, se caen , é las mas altas van crcs-
giendo , y en cabo de un año todo ente-
ro acaba su curso é su vida, como he di-
cho , é queda la subgesion en los hijos ó
cogollos semejantes á el que ha echado.
Por manera que estos, de que aqui he
tractado , é de que tanta cantidad é uti-
lidad hay en estas partes , no se deben
de tener por plátanos, ni por árboles,
ni lo son sino plantas : y estas vinieron
acá por la diligencia y medio de aquel
reverendo padre fray Thomás de Ber-
langa , al qual méritamente la Cesárea
Jíagestad le hizo merged del obispado de
Castilla del Oro en la Tierra-Firme; por-
que en la verdad es muy religiosa per-
sona y de grande exemplo , y cabe muy
bien en su persona tal dignidad , porque
ha seydo muy provechossa en estas par-
tes su doctrina, para las cosas del servi-
gio de Dios, Nuestro Señor, é por tal fué
escogido, estando él bien apartado y
descuydado de pedir, ni procurar el ca-
pelo.
XI. Las cañas dulges de que se hage
el agúcar (de que tan grandes hereda-
mientos é ingenios de agúcar han resul-
tado en esta Isla Española é otras partes
destas Indias), se truxeron de las islas de
Canaria, como mas largamente se dixo
en el libro IV : las quales , aunque no
son árboles , por concluir con este capí-
tulo, me paresgió hager aquesta breve
relagion dellas y de su utilidad, que ha
seydo y es muy grande en esta isla.
Y con esto passemos á hablar en los
árboles que son acá naturales destas
parles.
CAPITULO II.
De los árboles íruclíferos é naturales de aquesta Isla Española , é primeramente de los hobos.
OBO es árbol grande y hermoso , fresco
é de buen ayre é sombra muy sana. Hay
mucha cantidad destos árboles en esta é
otras islas y en la Tierra-Firme. La fr uc-
eóme giruelas pequeñas, y es amarilla : el
cuesco es muy grande, segund la propor-
gion ó tamaño de la fructa, porque tiene
poco que comer , é no es útil sino dañó-
la es buena é de buen sabor é olor, y es so manjar á la dentadura, quando usa»
294
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
mucho della, por causa de giertas briznas
que tienea los cuescos pegados: é de
nesgessidad, comiendo esta fructa, passaa
las encías por aquellas briznas , quando
quiere hombre despegar del cuesco lo
que se come desta fructa ; pero es sano
manjar é de buena digislion , é aunque
se coman muchos, se come poco. Los co-
gollos de las ramas deste árbol , echados
en el agua é cogiéndola con ellos, es muy
buena para hager la barba é para lavar
las piernas , é de gentil olor. Las casca-
ras é cortegas deste árbol hoho , cogidas
é lavando las piernas con aquella agua,
aprieta mucho é quitan el cansa ngio al
que de caminar está cansado, y es salutí-
fero baño. Y quando en el campo tienen
los hombres nesgessidad de dormir, pro-
curan que sea debaxo del hobo , porque
su sombra defiende del sereno é no dá
pesadumbre ni dolor de cabega, como
otros muchos árboles lo suelen hager : é
assi los que andan en la guerra, como los
que con los ganados acostumban andar en
el campo ó los caminantes, siempre buscan
estos hobos, donde han de dormir, para
colgar sus hamacas , ó poner sus camas
debaxo de hobos.
Esta fructa es en el sabor algo di-
ferengiada, porque hay algunos hobos
que dan la fructa dulge é otros algo
agrá. Quieren algunos degir (y aun el
chronista Pedro Mártir assi lo escribe),
que aquesta fructa é árboles son miraho-
lanos , y estos son á los que él dá esto
nombre en sus decadas. Pero como él
nunca los vido, ni los comió, ni passóá
estas partes, assi se engañó en esto, co-
mo en otras cosas muchas que escribió,
ó mejor digiendo , le engañaron los que
tales cosas le dieron á entender. Nues-
tros médicos é boticarios, de los quales
han acá venido espegiales hombres (assi
como el ligengiado Begerra , y el doctor
Miger Codro, venegiano, y el ligengiado
Barreda, y el doctor Rodrigo Navarro, y
el doctor Sepúlveda , el ligengiado Bur-
gos, el ligengiado Formigedo, el ligengia-
do Cueva é otros doctos varones en la
medigina) , nunca tal dixeron ni afirma-
ron ; ni son mirabolanos , ni espegie de-
llos. Mas esta disputagion se quede para los
médicos : que ya que los quieren hager
mirabolanos (aunque no lo sean), no será
este el mayor daño de la medigina, ni la
postrera mentira de las que debaxo de su
bandera militen; porque en estas cosas
de la medigina passan grandes inadver-
tengias y mas peligrosas que en arte al-
guna de quantas los hombres exergitan:
é hasta que un médico agierta á curar,
liage mas exgesos que ha leydo renglo-
nes en su ofigio , ni en otros , y es el da-
ño siempre á costa de vidas agenas.
Podrásse con verdad degir deste árbol
otra propriedad vista y experimentada ca-
da dia que lo quissieren hager ó la nesges-
sidad lo permita : que quando en el cam-
po no se halla agua, por la qual falta
acaesge morir los hombres de sed (como
quier que el agua es tan pringipal parte
de la sustentagion de la vida), si oviere
destos árboles , caven en las rayges de-
llos , é cortando un tronco de la rayz é
aquel poniendo en la boca, y por el otro
extremo ó cabo del tal raigón teniéndole
alto levantado con el puño , él dará tan-
ta agua que baste á quitar de trabaxo á
qualquier sediento, porque luego gotea,
é desde á poco espagio á chorro cae el
hilo del agua de la tal rayz. Esto he yo
probado é otros muchos con la misma
sed é nesgessidad, y esto se aprendió de
los indios. Este árbol pierde la hoja é
está mucha parte del año sin ella, hasta
que después que llega la primavera se
comienga á vestir de hojas, é entrando en
el mes de abril está en gierna el fructo
dél, é aun está la hoja pequeña , y entre
aquesos pocos árboles que en estas par-
tes pierden la hoja, este hobo es uno
del! os.
DE INDIAS. UB. VIII. CAP. III.
295
CAPITULO III.
Del árbol llamado caymito , é de su frucla é diferencias della , d de la nueva forma ó diferen9iada manera
que su hoja tiene con todos los otros árboles.
V^AYMiTO es un árbol el mas conosgido
en el mundo para quien una vez le ovie-
re visto; porque sus hojas tiene quassi
redondas, é de la una parte están ver-
des é de la otra de una color que pares-
ge que están secas ó como chamuscadas;
é assi aunque esté entre mucha espessura
de árboles , se conosge y es muy diferen-
(íiado entre todos ellos. Echa una fructa
morada prolongada é tamaña, como el
trecho que hay en un dedo de coyuntu-
ra á coyuntura ; pero no tan gruessa co-
mo el dedo , sino poco mas que un cañón
de una pluma de un buytre. De dentro es
blanca como leche é gumosa, é quando
se come, es aquello de dentro como leche
o gumosa , mas espessa que leche y pe-
gajosa. Estos árboles en esta Isla Espa-
ñola é otras llevan esta fructa , como he
dicho. En la Tierra-Firme esta fructa del
caymito es redonda é tamaña como una
pelota de jugar á la pelota chica ó poco
menor, y esta es la diferencia que hay
en esta fructa de aqui á la de los caymi-
tos de la Tierra-Firme : en lo demás el
árbol é la hoja é todo lo que es dicho, es
de una misma manera. Fructa es sana é
de buena digestión , y en estas plagas de
Sancto Domingo se vende harta della en
el tiempo que la hay. La madera de este
árbol es regia é buena para labrar, si la
cortan en menguante é la dexan algunos
meses curar, é que no se labre verde,
segund digen carpinteros é los maestros
de tal arte. Una propriedad tienen las
hojas deste árbol muy singular, y es
que aquella parte dellas que paresge
seca (é no lo es), sino leonada, es
algo vellosa , é á quien con aquella
parte se acostumbrare á estregar los
dientes , se los limpiará , é páralos muy
blancos.
CAPITULO IV.
Del árbol llamado higiiero. El acento de la letra u ha de ser luengo, ó de espacio dicho, de manera que no
se pronuncien breve, ni juntamente estas tres letras gue, sino que se detenga poquita cosa enlrelaw y la e,
é diga hi..gu..ero. Digo esto, porque el letor no entienda higuero, ó higuera de higos.
iIigÜero es árbol grande , como los mo-
rales de Castilla é mas é menos. La fruc-
ta que llevan, son gierta manera de cala-
bagas redondas é algunas prolongadas: é
las redondas son muy redondas , de las
quales los indios hagen tagas é otras va-
sijas, para beber é otros servigios. El palo
ó madera deste árbol es regio é bueno
para sillas de caderas y de las pequeñas,
é para fustes de sillas ginetas é otras co-
sas. Es flexible ó correoso é fuerte, é
paresge en el pelo , después de labrado,
granado ó espino. La hoja deste árbol es
luenga y estrecha , é lo mas ancho della
es en el extremo ó en la punta , é desde
ella va disminuyendo para abaxo ai pe-
gón, donde está assi asida, como aqui
la debuxo. Comen los indios, aviendo
nesgessidad , esta fructa , digo lo de
dentro della , lo qual es de la misma
manera que la calabaga quaxada , quando
está verde : curándolas y sacándoles lo
196
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de dentro , para hager algún vaso de la
higuera, le queda al tal vaso el lustre é
manera de calabaga , é no son otra cosa
sino calabazas de la forma ó género que
he dicho. Esta fructa ó calabagas son tan
grandes las mayores, como una olla que
quepa dos agumbres é mas de agua , é de
alli para abaxo hasta no ser mayores que
un puño gerrado ; é assi hagen della sus
vasijas del tamaño que lo sufre la gran-
deza de cada una. Estos árboles son co-
munes é ordinarios en esta y en todas las
islas é Tierra-Firme destas Indias. Mas
porque en algunas provingias los vasos
que desta fructa ó calabagas se hagen, son
pregiosos é lindos , y demás desso hay
otra diferengia misteriosa en las hojas , é
en la primera impression prometí de lo
degir en la segunda parte desta Historia
General de Indias y paresgiéndome des-
pués que es mejor que estas materias es-
ten juntas , dixe en el prohemio deste
libro VIII que en él diria lo que tocasse
á la Tierra-Firme. Y cumpliendo mi pa-
labra , digo que la común hoja del hi-
güero es luenga y estrecha, y lo mas an-
cho della es en el extremo ó fin de la
hoja , é desde alli va disminuyendo para
abaxo al pegón do está asida , segund se
dixo de suso , é aqui se ve patente en
esta [Lám. 3.' fig. 3.'). Mas hay otros hi-
güeros en la Tierra-Firme diferengiados,
no en el fructo ,. ni en cosa de lo ques
dicho , sino solamente en la hoja , ques
desta manera [Lám. 3." fig. 4.") , hecha
una cruz cada una hoja , como aqui yo
la he debuxado ; porque me paresge un
notable muy señalado, en que paresge el
testimonio de la Cruz , é que no la han
podido ignorar estas gentes. Estos árboles
higüeros que tienen las hojas todas fe-
chas cruges, he yo visto en la provingia
de Nicaragua , é señaladamente en Na-
grando, donde está la cibdad de León, é
otras partes de aquella tierra ; y maravi-
llado yo destas hojas , cogí algunas para
las mostrar en España, como las mostré,
y aun al pressente están algunas dellas en
mi poder. Pero donde he dicho hay mu-
chos árboles destos, y alli en Nicaragua
llaman á este árbol guacal , y los vasos
presgiosos de las higueras se hallaron en
el Darien y en el golpho de Urabá, con sus
asideros ó asas de oro en estas higueras,
y ellas tan lindas , que sin dubda ni re-
proche se podía dar de beber con las
tales higueras á qualquier rey poderoso.
Y estas venían por aquel rio grande de
Sanct Johan , que entra en el golpho
de Urabá , por vía de comergio.
CAPITULO V.
Del árbol llamado xagua , y de su fructa y de la tinta que se ha5e della.
A.AGUA es un árbol hermoso y alto , y he
visto hager del y he tenido hermosas as-
tas de langas, tan luengas é gruesas como
las quieren hager: es madera mas pessa-
da que el fresno, y muy común en esta
isla é otras y en la Tierra-Firme. Son
árboles altos é derechos é de la forma de
los fresnos ; hermosos en la vista , é las
astas que se hagen son de linda tez é co-
lor entre pardo é leonado sobre blanco.
En esta isla , aunque hay árboles destos,
no son tantos ni tales , como en Tierra-
Firme, en la provingia de Cueva ó Casti-
lla del Oro , para hagerse las astas que
he dicho. Echa una fructa tan grande
como dormideras, é muy semejante á
ellas , salvo en las coronillas , que la xa-
gua no las tiene. Es buena de comer
quando está madura é sagonada ; de la
qual fructa se saca agua muy clara , con
DE L\DIAS. LIB. VIH. CAP. V.
go-
la qual los indios é indias se lavan las
piernas, é á veges toda la persona, quan-
do sienten las carnes floxas del cansan-
gio. É también por su placer se pintan
con esta agua, la qual, demás de ser su
propria virtud apretar é restringuir poco
á poco , se torna tan negro todo lo que
la dicha agua ha tocado, como un fino é
polido agabache , ó mas negro : la qual
tinta por cosa alguna no se puede quitar,
sin que passen quinge ó veynte dias ó
mas; é muchas veges lo que toca en las
uñas, nunca dexa de ser negro hasta que
se mudan , ó cortándolas poco á poco,
como van cresgiendo é se acaba de mu-
dar toda , si una vez la dexan enxugar
en el agua de la xagua después de pues-
ta : lo qual yo he algunas veges probado,
porque los que en Tierra-Firme avemos
andado en la guerra, d trabaxado en
aquellas parles, á causa de los muchos
rios que se passan , es muy provechosa
la xagua para las piernas , porque como
he dicho , aprieta.
Suélensse hager burlas á mugeres, ro-
giándolas descuydadamente con agua de
xagua, mezclada con otras aguas oloro-
sas ; porque desde á poco les salen mas
lunares de los que querrían , é la que no
sabe el secreto ó de qué causa le proge-
den las tales manchas, pénenla en con-
goxa de buscar remedios ; todos los qua-
les son dañosos é aparejados mas para
se quemar é desollar el rostro ó pecho,
do estovieren tales mangillas ó lunares,
que no para guaresger dellos, hasta que
hagan su curso é passen los veynte dias,
segund dixe de suso , é poco á poco por
sí misma se vaya quitando la tinta.
Quando los indios han de yr á pelear,
en la Tierra-Firme, píntanse con esta xa-
gua é con la bixa, que es otra pintura
roxa á manera de almagre ( pero mas fi-
na color de roxo). Y también las indias
se afeytan, quando quieren bien paresger,
con la una ó con entrambas colores; y
en la verdad á mis ojos poco mejor pa-
resgen que diablos, quando assi están
afeytadas ó ellos pintados. Y demás de ser
la bixa pegajosa , mezclan con ella gier-
tas gomas, porque pegue mejor, y. huelen
mal y á los indios les es grato aquel olor.
/
CAPITULO VL
De la bixa. Esle no es árbol , sino planta ó arbusto, é por sí mismo é de la natura producido, como son
todos los q_ue he dicho , y también los plantan los indios.
JOixA. Este es arbusto ó planta, produ-
gido de sí mismo por industria é obra de
la natura, como todos los que he dicho.
Pero también este é los otros los plantan
los indios, quando quieren; y puse aqui
este, porque vino á propóssito de lapin-w
tura de los indios con la bixaé la xagua.
Esta planta ó bixa hay en esta é las otras
islas é en la Tierra-Firme, é son tan al-
ias como estado y medio de hombre, ó
poco mas ó menos. Tiene la hoja quassi
de la manera del algodón , y echa unos
iructos en capullos que quieren paresger
TOMO 1.
á los del algodón , salvo que por de fuera
tienen un vello grosezuelo, por giertas
venas que de fuera señalan los aparta-
mientos ó partes que de dentro tiene el
capullo , dentro del qual están unos gra-
nos colorados, ó roxos, que se pegan
como gera ó mas viscosos ; é de aquellos
hagenunas pelotas los indios con que des-
pués se pintan las caras, é lo mezclan con
giertas gomas, é se hagen unas pinturas
como bermellón fino , é de aquella color
se pintan las caras y el cuerpo, de tan
buena gragia que paresgen al mismo dia-
38
298
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
blo. É las indias hagen lo mismo, quando
quieren hager sus fiestas é areytos ó bay-
les , y los indios, quando quieren pares-
ger bien , é quando van á pelear , por
paresger feroges. Después aquesta bixa es
muy mala de quitar hasta que passan
muchos dias ; mas aprieta mucho las car-
nes é digen que se hallan muy bien con
ella , é aun tiene un bien ó sirve á los in-
dios en esto : que quando están assi pin-
tados , aunque los hieran , como es la
pintura colorada é de la color que le sale
la sangre , no desmayan tanto como los
que no están pintados de aquella color
roxa ó sanguina ; y ellos atribúyenlo á la
virtud de la bixa , é no es sino por ser
assi de color sanguina , con la qual no
paresge tanta la sangre, como se paresge
en otro indio que no estéembixado. Ella
es pintura que, demás de su mal paresger,
no tiene buen olor , á causa de las gomas
ó cosas con que la mezclan. Mas para
pelear é mostrarse feroges en la batalla se
pintan de tal color; y no debemos mucho
maravillarnos de aquesto , pues los ro-
manos, quando triunphaban, yban en el
carro en silla dorada , con vestidura pal-
mada y el rostro tinto de roxo, á imita-
gion del elemento del fuego. Assi lo dige
Ghripstóphoro Landino * en la exposigion
ó comento que hizo á la Comedía del
Dante. De manera que estas gentes salva-
jes de acá ya tovieron á quien imitassen
en Roma, con estas desvariadas pinturas;
y no solamente los romanos antiguos tu-
vieron tales costumbres , pero los britá-
nicos ó ingleses mas complidamente, pues
todos solian teñirse con gierto ungüento
de color bixio ó colorado , porque daba
mas horrible aspecto en el combatir. Assi
lo escribe aquel grand Julio Qésar en sus
Comentarios ^ : é aun otros vigios escribe
destos ingleses de tanta é mas admiragion
que los errores de los indios, pues dige
el mismo César que diez é doge dellos
tenian una muger común, mayormente
hermanos con hermanos é padres con hi-
jos ; é quando los hijos nasgian, eran te-
nidos por de aquel que primero avia to-
cado la esposa. Por gierto peores cosas ó
semejantes , ó ninguna como esta he oy-
do degir de gente del mundo , ni he ley-
do ni visto tan extraña é salvaje costum-
bre en alguna generagion de todo lo que
se ha usado ó usa en el mundo. — Torne-
mos á la historia de Indias. Digo que es-
ta bixa es color estimada acá entre estas
gentes desta isla é otras muchas en la
Tierra-Firme, para los efetos que tengo
dicho.
CAPITULO VIL
Del árbol llamado guaguma é de su frucla.
Ijuaguma es un árbol grande que echa
una fructa como moras, é quassi es la ho-
ja como la del moral, pero menor. É ha-
gen los indios un bevraje desta fructa
que engordan con él como puercos; é
para esto , echan la fructa en agua é de
aquella, mezclada con esta fructa majada.
se hage aquel bevraje , y en pocos dias,
usándolo, se paran gordos los indios, é
aun los caballos, quando lo quieren be-
ber, porque otros no lo quieren. La ma-
dera de aquestos árboles es liviana mu-
cho , é de ella hagen los indios en la Tier-
ra-Firme los palos ó bastones de carga,
i Chripstóphoro Landino , sobre el canto XXIX
del Purgatorio de la Divina Comedia.
2 Comcnlarios de ^csar , libro V.
DE INDIAS. LIB. YIII. CAP. VII.
como se dirá en su lugar , ó como lo di-
xe en el libro pregedente, capítulo IX.
Este árbol es común en todas las Indias:
digo común , porque se halla en estas is-
las y en la Tierra-Firme , y es uno de los
mejores árboles ó leña que se puede ha-
llar , para hager pólvora muy buena : lo
qual yo he experimentado para la muni-
299
Qion desta fortaleza de la cibdad de Sáne-
lo Domingo , y polvoristas que muy bien
lo entienden, digen que ninguna madera
hay tal en todo lo que han visto como
esta, para hager una pólvora la mejor que
pueda ser , aunque se haga del salge de
Alemania , ni de sarmientos ni vergas de
avellano.
CAPITULO VIII.
Del árbol llamado guama é de su fracta.
Ijüama es un árbol grande é de la mas
común é abundante madera que hay en
esta Isla Española , é de la que mas se
gasta, á causa de los cogimientos de las
calderas en que se cuege el agúcar en los
ingenios ; porque es madera, de que se
halla mucha cantidad é grandes árbo-
les é de buena lumbre , é no pesada ó
mala la lumbre ó resplandor de ella,
ni regia de comportar á la cabega. Su
fructa es como unas algarrovas anchas
é mayores que las de España é quas-
si del sabor dellas. Los indios las so-
lian comer , y aun los chripstianos, con
nesgessidad. Yo la he visto muchas ve-
ges esta fructa y la he probado ; pero
parésgeme ques mas para los gatos mo-
nillos que no para hombres. Hay la assi
mismo esta fructa é árboles en otras is-
las , y en la Tierra-Firme : tiene den-
tro de aquellas vaynas que hage unos
granos tamaños como avellanas, cubier-
tos de una poca de carnosidad blanca é
de buen sabor, é una pepita mas inte-
rior; mas aquella pepita no se come, por-
que amarga.
CAPITULO IX.
De los árboles é fructas llamados hicacos.
JtiiCACO es un árbol que en la hoja quie-
re paresger mucho al madroño, y muy
desemejante en la fructa. El árbol no es
mayor que el del madroño : la fructa del
hicaco es unas manganas pequeñas: al-
gunas son blancas é algunas coloradas ó
roxas, é otras quassi negras. No es de las
muy buenas fructas , ni tampoco es mala,
ni dañosa. El cuesco es grande, segund la
poca cantidad del fructo (porque es poco
lo que hay que comer), é háse de despe-
gar royendo bien , é por tanto no es buen
manjar para las engias. Aquella poca car-
nosidad que tiene de comer es blanca
mucho , é nunca se despega tan presto
que no sea menester volver á ello, quassi
rumiando, para despojar el cuesco. La tez
desta fructa ó cortega tiene alguna simi-
litud con la piel de la cara de las monas;
porque por moga que sea la mona pa-
resge vieja en las rugas , y assi las man-
ganas destos hicacos ó fructa siempre es-
tán llenas de rugas por frescas quesean.
Son buenos los hicacos para fluxo de
vientre, y es árbol salvaje este y todos
los que he dicho en este libro VIII, na-
3ao
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
turales en esta é otras muchas islas y en
la Tierra-Firme; y ellos se nasgen por
sí , é hinchen parte de los boscajes é sel-
vas , aunque algunos dellos también se
cultivan, é hombres que se deleytan de
toda agricoltura, los labran é hágense de
mejor fructa. Son amigos estos árboles
del ayre de la mar , é por la mayor par-
te siempre se hallan gerca de la costa de
la mar, ó no muy desviados della; y assi
se hagen en tierras muy livianas ó are-
nales.
CAPITULO X.
Del árbol llamado yaruma é de su fructa.
jL arüma es un árbol muy grande é á
manera de higuera loca , é tiene muy
grandes é trepadas hojas , mayores que
las de las higueras de España, é quié-
renles imitar en la hoja. Echan una fruc-
ta tan larga , como un dedo de la mano
que paresge lombriz gruessa : é es dulge
esta fructa, é es tan grande este árbol
como un mediano nogal , é algunos des-
tos árboles son tamaños, como nogales
grandes. La madera no es buena, porque
es hviana é hueca é frágil. Eslimaban
mucho los indios aquestos árboles é de-
gian que eran buenos para curarsse de las
llagas : lo qual yo no he visto experimen-
tar, como otras cosas que se dirán en
su lugar , ni he dexado de oyr á chrips-
tianos, hombres de crédito, lo que he di-
cho , é loándolos , é aun gertificándome
que ellos lo avian experimentado en sus
perssonas. E digen que es como un cáus-
tico , é que majados los cogollos tiernos
de las puntas de las ramas deste árbol,
los han de poner sobre la llaga , é aun-
que sea vieja, le comen la carne mala, é
la ponen en lo vivo é sano é la desenco-
nan , é continuándolo , la encueran é to-
talmente sanan la llaga. Hombres hay en
esta cibdad fidedignos que afirman ha-
berlo hecho assi é sanado. Árboles son
estos de que hay muchos, assi en esta
isla como en otras muchas, é en la Tierra-
Firme , é son de buena sombra é gentil
paresger. Las hojas son por la una parte
verdes , é de la otra tienen una color de
pardo claro que quiere paresger blanco.
CAPITULO XL
Del árbol llamado macagua , é de su fructa é madera.
ItJIacagüa es un gentil é grande árbol.
Su fructa es como aceytunas pequeñas:
el sabor es como de geregas. La madera
deste árbol es muy buena para labrar:
tiene la hoja muy verde é fresca. É por-
que muchos de los árboles destas partes
se paresgen en la hoja, dexo de degir en
algunos qué particularidades tienen en
las hojas, salvo en los que las tienen ex-
tremadas, ó muy diferentes de los otros.
Porque mejor se entienda , quiero degií*
que en estas Indias hay millones de ár-
boles que tienen las hojas muy semejan-
tes, é de la manera que el nogal, salvo
que ó son mayores ó menores, ó algo
mas ó menos anchas , ó mas gruessas ó
delgadas , ó mas ó menos verdes ; é de-
baxo desta generalidad se paresgen mu-
chos árboles unos á otros , non obstante
lo qual , los hombres del campo que trac->
DE INDIAS. LIB. VÍII. CAP. XI.
3at
táii éstas cosas, los saben destinguir é
conosger, ó en la cortega ó espessu-
ra de las hojas , ó en la fructa , ó en la
flor é otras particularidades, en que se
apartan é diferengian é se dan á co-
nosger.
CAPITULO XII.
Del árbol aguba é de su exlremada frucla.
AguBA es árbol gentil é grande: su
frucla es extremada ó apartada de todas
las que yo he visto : sabe á germeñas , y
sale della tanta leche (é muy pegajosa)
que para la comer han de echar la fructa
en agua é alli estrujarla entre los dedos,
para que no se pegue á los labios. Y es
aquella leche, como la que les sale á los
higos verdes por los pegones, é aun mas
enojosa ; y echándosse , como he dicho
en agua, y estrujando el fructo ó expri-
miéndole , luego aquella leche se despi-
de ó se cae en el agua, é es de muy
gentil gusto la fructa. Estos árboles son
grandes y es una de las mejores made-
ras que hay en esta Isla Española , é mas
regia é fuerte; y también los hay en otras
islas muchas y en la Tierra-Firme.
CAPITULO XIII.
í)el árbol llamado guiabara , que los chripstianos llaman uvero.
U VERO llaman los chripstianos al árbol
que los indios llaman guiabara. Este es
buen árbol é de gentil madera , en espe-
gial para hager carbón para los herreros
é plateros é otros ofigios ; y cómo son
árboles copados y extendidos en ramas
y no derechas, aunque son gruessas y
es regia la madera, no son para fábricas
de casas, sino para tajones ó gepos de
carnigerias é otras cosas , porque vigas
ni alfarxias no se pueden sacar destos
árboles. Es la madera muy semejante á
la del madroño , é assi colorada; pero es
mas regia. La fructa son unos ragimosde
unas uvas ralas desviadas unas de otras,
é de color como rosado ó moradas é bue-
nas de comer, aunque el cuesco que
tienen es muy grande, segund el tamaño
de las uvas ó granos é lo poco que tie-
nen que comer; é los mas gordos son
como avellanas con cascara. Tienen la
hoja de la manera que aqui está debuxa-
da [Lám. 3.', fig. 5.'), la qual por ser
tan diferente é señalada hoja entre todas
las otras , la pusse aqui. Es la mayor ho-
ja destas como un palmo de ancho ó algo
mas, é de ahy abaxo menores. En el
tiempo que en esta isla é otras , é aun en
la Tierra-Firme, se continuaba la guerra,
cómo no traian los chripstianos á la ma-
no el papel é tinta , servíansse destas
hojas, como lo higieran de papel é tinta.
Esta hoja es verde é gruessa , é tan gor-
da como dos hojas juntas de yedra ; é las
venas son coloradas ó moradas é delga-
das, é con un alfiler ó un cabo de agu-
jeta se puede escrebir lo que quissieren
en estas hojas del un cabo é del otro, es-
lando verdes é cortadas del árbol aquel
dia : é las letras paresgen blancas rascu-
ñadas é tan diferentes de la tez de la ho-
ja que queda entre las letras , que es muy
legible é clara letra la que en estas hojas
assi sehage. É assi escripias las hojas, en-
302
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
viábanlas con un indio , donde los espa-
ñoles se las mandaban llevar; é va bien
escriplo de una parte é otra sin que se
horade la hoja. Aquellas venas que
tienen , aunque el lomo de enmedio
que subgede derecho del pegón es al-
go groseguelo, las otras ramas ó ve-
nas todas son delgadas, y de manera
que no dan empacho ni estorbo al es-
crebir.
CAPITULO XIV.
Del árbol llamado copey , en las hojas del qual pueden assi mismo escrebir.
\_j0PEY es un árbol muy bueno é de
gentil madera , é tiene la hoja assi como
se dixo en el capítulo de suso del árbol
guiabara ó uvero. Mas el copey es mayor
árbol mucho , é la hoja menor que la del
guiabara; pero es mas gruessa doblada-
mente é mejor, ó mas apta para escrebir
en ella de la manera, que tengo dicho en
el capítulo antes deste, con un alfiler ó un
cabo de una agujeta : é las venas destas
hojas son mas delgadas é no empachan
tanto, al escrebir, como las de suso. Y en
aquellos primeros tiempos de conquista
desta é otras islas hagian los chripstianos
naypes de las hojas del copey, para jugar
con ellos , é se perdían é ganaban asaz
dineros con tales naypes , por no tener
otros mejores, y en estas hojas debuxa-
ban los reyes y caballeros é sotas é pun-
tos, é todas las otras figuras é valores
que suele aver en los naypes , como yo
pinté aqui estos ginco oros [Lámina 3.*,
figura 6." ). Y cómo son gruesas estas
hojas, sufríen muy bien lo que en ellas
assi se pintaba ; y el baraxarlas , des-
pués que las quadraban é hagian nay-
pes, no las rompía. La fructa deste ár-
bol no la he visto, aunque he visto
muchas veges las hojas é los mismos ár-
boles.
CAPITULO XV.
Del árbol llamado gaguey é su frucla.
VIagüey es un árbol que echa una fruc-
ta, como higos , y no mayor que avella-
nas; y de dentro es como un higo de
Castilla , blanco , é lleno de unos grani-
ces menudíssimos y de buen sabor. Este
árbol , aunque su madera no es de las
buenas, no es inútil, porque de las cor-
tegas del se hagian en el tiempo passado
sogas é cuerdas por los indios é aun los
chripstianos , é assi mismo alpargates,
quando les faltaban los de cáñamo ó no
venían de Castilla: y aunque viniessen,
eran harto buenos los que se hagian de
las cortegas destos árboles, é turaban
mucho. La verdad es que ninguna cosa
cria natura superfina ó sin algún prove-
cho, y si para unas cosas no sirven otras,
es por no saberlas aplicar.
m INDIAS. LIB. Yin. CAP. XVI.
303
CAPITULO XVI.
Del árbol que los indios llaman 9¡bucan é de su frucla.
ViiBüCAN es un árbol de los buenos que
hay en estas partes , el qual tiene la hoja
como salge , y echa una fructa como ave-
llanas blancas , é de dentro della tiene
menudíssimos granitos que paresgen lien-
dres; pero aunque la comparagion sea tal,
ó estos granitos sean como sal tan me-
nudos, como he dicho , la fructa es dulge:
é si la comparación paresge fea, díxelo
assi, porque algunos le llaman á este man-
jar la fructa ó árbol de las liendres. Su
madera deste árbol es asaz buena , é son
árboles frescos é que paresgen bien. No
ha de entender el letor por este nombre
gibucan que es aquella talega ó prensa en
que se exprime la yuca, para hager el pan
cagabi, este árbol, ni hecha del; porque
como estos indios eran cortos é lo son de
vocablos, de una misma manera llaman
diverssas cosas. Ved en esto qué tiene
que hager ó qué similitud la talega ó
prensa, en que se purga é escúrrela yuca,
rallada para hager el pan cagabi, con este
árbol , ó qué tiene que hager aquel ani-
mal maldito é menor que pulga que se
entra en los pies , llamado nigua, con el
rio Nigua. Y no es de maravillar, si entre
estas gentes salvajes hay tales faltas en la
lengua , pues que el portugués al cuchillo
llama faca, y á una hacanea assi mismo le
llama faca; y el castellano, por honrar á
una dueña y degir que es sabia, la llama
cuerda , é también llama cuerda á una de
un arco ó ballesta, ú otra cuerda común.
Y aun , si queremos buscar entre otras
lenguas é gentes, se hallarán los mismos
defectos : non obstante lo qual, la lengua
y lenguas de los indios son brevíssimas.
Y dixe lenguas, porque son muchas é muy
diferentes unas de otras.
CAPITULO XVII.
Del árbol guanábano é su fructa.
IjcANABANo cs uu árbol de gentil pares-
ger , hermoso , grande é alto árbol , é su
fructa hermosa é grande , como melones
en la grandeza , porque son tamañas las
guanábanas, y verdes; é por de fuera tie-
nen señaladas unas escamas, como la pi-
na, mas lisas aquellas señales é no le-
vantadas, como las de las pinas. Es fructa
fria é para quando hage calor , é aunque
se coma un hombre una guanábana en-
tera, no le hará daño. El cuero ó cortega
es delgado , como el de una pera , ó poco
mas, é la fructa é manjar de dentro es
como natas, ó manjar blanco al pares-
ger , porque hage alguna correa. Esta
comida ó manjar se deshago luego en
la boca, como agua, con un dulgor bue-
no ; y entre aquella carnosidad hay
asaz pepitas grandes, como las de las
calabagas, pero mas groseguelas, de color
leonadas escuras. Son , como he di-
cho , altos é grandes é hermosos árbo-
les , é muy frescas é verdes las hojas, é
quassi de la hechura de la hoja de la li-
ma. La madera es razonable; pero no
regia.
304
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XVIII.
Del árbol llamado hanon é su fructa.
H^
[anón es un árbol, el qual é su fructa
tienen mucha semejanza con el guaná-
bano , de que se tracto en el capítulo an-
tes deste. En grandeza del árbol , y en
la hoja y en el talle y fagion de la fruc-
ta, é en el paresger , como en la carno-
sidad é pepitas, se paresgen en gran ma-
nera , salvo en dos cosas; y pues no pinté
de suso la guanábana , en esta figura se
comprende ella y el hanon [Lámina 3.",
fig. 7.'). Pero el hanon es la fructa muy
mejor, aunque es muy menor; y á mi gus-
to mucha ventaja hage en el gusto el ha-
non á la guanábana , aunque á algunos
oygo contradegirme , ó porque tienen mas
avinado el gusto que yo , é lo gustan con
mas apetito , ó por ventura tienen mas
áspero el paladar , ó sienten con mas ha-
bilidad que yo estas diferengias. Bien es
verdad que yo mas amistad he tenido con
la fructa que con la carne , ni otros man-
jares. La guanábana es verde, y el ha-
non es amarillo , y assi tiene la una fruc-
ta como la otra las escamas y el manjar
de dentro , aunque á mi paresger no tan
aguanoso como la guanábana , sino algo
mas espesso es lo que se come , é de me-
jor gusto , como he dicho , si no me en-
gaño. La madera deste árbol es como la
del de suso, pero de poca estimagion,
allende de la fructa , por la qual los in-
dios en sus asientos é heredades los es-
timan é tienen por de los mejores árbo-
les que ellos tienen.
CAPITULO XIX.
Del árbol llamado guayabo é su fructa.
E.
i\ GUAYABO es un árbol que los indios
presgian , y hay mucha cantidad destos
árboles en esta é otras islas é en la Tier-
ra-Firme, y es fructa de buen olor é sa-
bor é paresge bien , é la madera es bue-
na. Hay muchos guayabos salvajes; pero
son menores que los que se cultivan, en
lo qual tienen mucho cuydado los indios.
Son tan grandes árboles estos, como los
naranjos; pero mas ralas é despargidas
las ramas , é la hoja no tan verde , ni tan
grande ; algo mayor que la del laurel y
mas ancha , é mas gruessa , é mas levan-
tadas las venas. Son de dos espegies;
mas todos los guayabos llevan una ma-
nera de pomas, ó manganas, prolonga-
das algunas, é otras redondas. Unos ár-
boles destos echan esta fructa colorada,
rosada por de dentro, é otras son blan-
cas ; y de fuera las unas y las otras son
verdes , ó amarillas , si las dexan mucho
madurar: y porque estando muy madu-
ras no son de tan buen sabor , é aun hín-
chense de gusanos , cógenlos algo ver-
des. Son algunas tan gruessas, como gran-
des camuesas, é menores también; y
aunque estén verdes por de fuera, hay al-
gunas de tal género que no dexan de es-
tar maduras por esso. Son de dentro ma-
gigas , é divididas con gierta carnosidad"
en quatro quartos ó apartamientos ataja-
dos de la carnosidad , que es la que está
en el gircuyto de la misma fructa: y en
aquellos quarterones está la carnosi-
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. XIX.
305
dad desta fructa, que hay dentro de-
llos , llena de unos granillos duríssimos
y tráganse, y es buena fructa y de bue-
na digestión ; é son buenas para el flu-
xo del vientre , é restriñen, quando se
comen no del todo maduras, que es-
ten algo durillas, para que Qesse el fluxo
del vientre. Entre aquellos granos que he
dicho é la cortega tiene la carnosidad tan
gruessa como un cañón de agúcar é me-
nos , segund son grandes é pequeñas , é
de la misma carnosidad son aquellos ata-
jos , é lo que está entrellos; mas los gra-
nillos están dentro de los quarterones.
Llámasse esta mangana ó poma guayaba,
porque el árbol se llama guayabo : cada
guayaba tiene una coronilla de unas ho-
jitas pequeñas que fágilmente se le caen.
La cortega desta fructa es delgada , co-
mo de una pera ó germeña , é assi se
monda. Es árbol de buena sombra é gen-
til madera para muchas cosas menudas,
é no para vigas , ni estantes , ni alfar-
xias , porque las ramas y el tronco son
desviados é torgidos. Tiénesse acá esta
fructa por buena , y es común en muchas
partes destas Indias , y mejores en unas
provingias que otras , puesto que por los
montes é boscajes se hallan estos ár-
boles ; mas los que son salvajes, son pe-
queños é la fructa pequeña. Hay gierto
género de guayabos que huele la flor
dellos como jazmines ó mejor , é quiere
paresger la flor á la del agahar, puesto
que no es tan gruessa la del guayabo.
Los indios ponen estos árboles en sus
heredamientos , é lo mismo hagen los
chripstianos ; mas quien no ha acostum-
brado á comer tal fructa , no se agrada-
rá della, hasta que la continúe, por cau-
sa de los granillos : que es menester que
se vegen á tragallos con los otros traba-
jos de estas partes ; pero este no lo es,
sino buena fructa. Son árboles que pres-
to envejesgen , é cómo passan de seys
años son viejos, é la fructa lo enseña,
porque es menor cada año é se va dis-
minuyendo en la . grandega della é apo-
cándose, é aun el sabor siempre se em-
peora é hage mas áspero : é por tanto son
de reponer ó plantar otros nuevos gua-
yabos, y en buen territorio; porque es
árbol que reconoge mucho la buena tier-
ra y agradesgido en su fructificar , se-
yendo bien cultivado , y pocas veges se
hage bien en las tierras delgadas.
CAPITULO XX.
Del árbol mamey d de su fructa, llamada assi mismo mamey.
M-.
AMEY es uno de los mas hermosos ár-
boles que puede aver en el mundo , por-
que son grandes árboles é de muchas ra-
mas é hermosas é frescas hojas , é de lin-
do verdor é copados é de buena gragia.
Son tan grandes, como nogales de Espa-
ña é menores; mas las ramas no tan
despargidas como nogal, sino mas reco-
gidas. La hoja es del tamaño de la del
nogal , ó mas , y de la fagion que aqui está
debuxada [Lám. 3.*, fig. 8.'), y es mas
verde de la una parte que de la otra , é
mas gruessa que la del nogal , é tan luen-
TOMO I.
ga, como un palmo de longitud, é á pro-
porgion la latitud ó anchura ; pero del
talle que aquesta que aqui está figurada.
La fructa deste árbol es la mejor que hay
en esta Isla Española : es de muy buen
sabor é echa su fructa redonda ; é muy
redonda , por la mayor parte , é alguna
algo mas prolongada ; mas en lo general
todos tiran á redondo, y algunos debaxo
desta regla se descompassan é tienen bur
rnjones, en espegial los que no son de un
cuesco, sino demás. Háylostan grandes
como dos puños é como un puño é meno-
39
306
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
res. La cortega es como leonada é algo
áspera é semejante á la cortC(^a de las pe-
ragas, pero mas dura é mas espessa. Al-
gunos fructos destos tienen un cuesco é
otros dos, é algunos tres juntos; pero des-
tintos en el medio del pomo ó fructo ma-
mey, á medida de pepitas cubiertas con
una telilla delgada , é aquellas pepitas de
la color é tez de una castaña mondada. E
aun cortándolas, son assi como castañas
estas pepitas ó cuescos en la carnosidad,
é tan semejantes á castañas que no les falta
sino el sabor; el qual estas pepitas ó cues-
cos tienen amarguíssimo, como una hiél:
é sobre ella , como he dicho, está una te-
lilla delgada, entre la qual é la cortega
primera está una carnosidad de color leo-
nada ó quassi, que pende en amarillo , é
sabe á melocotón ó duraznos, ó es de
mejor sabor , salvo que no es tan gumo-
so como el durazno, ni huele assi. Esta
carnosidad que hay en esta fructa entre
la pepita é la cortega es tan gruessa co-
mo medio dedo, poco mas ó menos (en los
mayores) , é en otros menos , segund es
grande ó chico el mamey. En esta mes-
ma fructa é árbol del mamey hay mucha
diferengia en diversas partes é regiones
destas Indias , y en la primera impression
referí la materia, para quando hablasse en
las cosas de la Tierra-Firme. Agora que
es llegado el tiempo é que esta primera
parte enmendada é acresgentada se reim-
prime (é también la segunda é tergera),
háme paresgido que porque las materias
anden juntas , que se pongan de manera
que el letor no ande á buscar mis pro-
mesas ; sino que cada género de cosa ten-
ga junta la materia , é assi en aquesta del
mamey digo que en esta é otras islas los
hay de la manera que está dicho de su-
so , pero hay otros.
En la provingia de Bórica, donde aques-
tos árboles hay en mucha cantidad, é
cada mamey es como un melón , ó como
la cabega de un hombre é menores, é
tienen mucho mas que comer que los
destas islas , é es mejor fructa. Bórica es
en la gobernagion de Castilla del Oro, en
la costa de la mar del Sur, mas al po-
niente de Panamá, quassi gient leguas:
mas adelante al poniente en la provingia
de Nicaragua, hay mucha copia destos
árboles, é muy grandes (y de la misma
manera los hay en estotra costa, en la
provingia é gobernagion de Honduras): é
la fructa es mejor que todos los mame-
yes ya dichos ; porque cortada una taja-
da, quien no supiere lo que es, sin la ver
partir de la fructa , viéndola fecha taja-
das en un plato , juzgarla há por carne
de membrillos, de lo de Valengia muy bue-
no , aunque no sabria tanto al agúcar;
pero tiene un sabor presgiosso é cordial,
é para tenerse en mucho. La madera es
muy hermosa , é gruessa mucho ; mas tura
poco tiempo , é no es fuerte ni para ede-
figios ni fuera dellos, porque estos árbo-
les se envejesgen presto é se pierden é
secan é es menester plantallos de nuevo,
si quieren gogar de tales árboles , porque
no passan de doge ó quinge años en su
bondad. En Nicaragua llaman los indios
al mamey gapot , é á otra fructa que allí
hay que los chripstianos llaman nísperos,
llaman los indios de Nicaragua munonga-
pot : la qual yo tengo por la mejor de to-
das las que he visto en las Indias é fuera
deltas , como largamente lo diré adelante
en el capítulo XXII deste VIII libro. É
hay assi mismo en la misma provingia de
Nicaragua otra fructa que los nuestros es-
pañoles llaman giruelas sin lo ser, é los
indios la llaman ¿cocoí , de la qual se trac-
tará en el siguiente capítulo, porque
aquella y estos mameyes son apropria-
dos á las llagas en gierta manera ; é alli
se dirá de qué forma vino á mi notigia
tal secreto , lo qual yo supe de quien lo
tenia experimentado. La pepita del ma-
mey, secada al fuego é molida, se saca
della gierto licor , como ageyte ó man-
DE IJNDIAS. LIB. VIII. CAP. XX,
307
leca , é es muy buena para guisar de co-
mer con ella, la qual se cuaja é se hiela
como manteca, y es muy cordial , é sír-
vense della algunos chripstianos que la
saben sacar de la manera que he dicho.
Pero háse de moler primero , é puesta al
fuego, sale aquella manteca ú olio della,
y estos cuescos estando secos, los raen é
echan aquello que se raspa dellos en las
llagas é las curan muy bien.
CAPITULO XXI.
De los árboles que los chripsUanos llaman 9Ífuelo en la provincia de Nicaragua, é de su frucla, de la qual
ha9en buen vino é otras particularidades : el qual árbol los indios llaman xocot.
^\ocoT es un árbol en la provincia dé
Nicaragua , de la fructa del qual los in-
dios hagen muy buen vino , é los chrips-
tianos llaman á estos árboles giruelos, é
á la fructa giruelas. Mas en la verdad, á
mi juigio, no lo son, sino hobos colora-
dos; porque en todo é por todo el árbol é
la fructa es como lo que tengo dicho y es-
cripto del hobo , exgepto questa fructa es
colorada é tiene un poco de mas carno-
sidad quel hobo. El cuesco es el mismo;
el árbol é la hoja el mismo , é assi la
pierde en gierto tiempo. El vino que desta
fructa se hage, es mediocre é se tiene un
año , y á mi paresger es mejor que la
gidra de manganas en Vizcaya. Y pues
he dicho que son hobos estos giruelos ó
xocotes, quédame de degir un notable
grande deste árbol. Estando yo en la
provingia de Nicaragua el año de mili é
quinientos é veynte y nueve años, se si-
guió que un martes, dos dias de hebrero
de aquel año , dia de la Purificagion de
Nuestra Señora la Virgen Sancta María,
un religioso de la Orden de Sancto Do-
mingo, llamado frey Diego de Loaysa,
baptigó á un cagique señor de la plaga é
gente de Ayatega , que estaba encomen-
dado é servia á un hidalgo, llamado Gon-
galo de los Rios , é fué padrino en este
baptismo del dicho cagique el capitán
Gongalo de Badajoz : é pusiéronle nombre
á este cagique don Carlos ; é assi mismo
se bapligaron muchos niños é algunos
viejos de aquella plaga de Ayatega , que
son de la lengua de Nicaragua. Este ca-
gique algund tiempo antes tuvo guerra
con otros indios de la lengua de los
chondales, é en gierta batalla ó recuen-
tro le desbarataron sus enemigos é le de-
gollaron é dexaron por muerto : lo qual
se le paresgia bien en la garganta rom-
pida, é paresgia que estaba con mu-
chas costuras é señales de la degolladura,
por la qual él degia que se le salia lo que
comia. É paresge ser que , aunque le cor-
taron la orgánica é otras interiores par-
tes de la garganta é le dexaron sus ene-
migos por muerto, sus indios recobraron
su cuerpo por fuerga darmas, é lo lleva-
ron herido como es dicho , é sin le coser
cosa alguna , le llevaron quassi muerto á
la dicha su plaga: é quitada la cortega en
un pie ó tronco de un giruelo destos, ras-
caron aquello que entre la flor ó tez de
la cortega é el árbol hay , no tocando exy
la madera sino en la yema de la dicha
cortega hasta la madera regia , é de aque-
llas raspaduras le echaron en la herida,
é con aquello soldó é sanó; é degia él
que avie algo mas de tres años que avia
passado lo ques dicho. Yo le vi é hablé,
é estuve á su baptismo é comí aquel dia
en aquella plaga, con aquel reverendo pa-
dre é con el Gongalo de los Rios é el
contador, Andrés de Ceregeda é el capi-
tán, Gongalo de Badajoz. É el cagique que
he dicho so baptigó de su grado é hagia
308
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
baptizar los que he dicho de su gente,
é allí se contó é tracto lo que tengo di-
cho , é assi lo degia el mismo cagique é
otros de sus indios que lo vieron. É de-
Qian mas por cosa muy gierta : que la
misma propriedad questos giruelos tienen
para el mismo caso , tiene el árbol dicho
mamey, si de la misma manera que es di-
cho se rae, é que obrará lo mismo. Por
gierto oydo el caso, era cosa para espantar
verle al cagique la garganta é los hoyos
é burujones que tenia, por donde le avien
degollado , como él é otros de sus indios
pringipales lo contaban. Estos giruelos é
las geybas é los que digo que pierden la
hoja, son pocos. Mas estos giruelos la
acaban de echar en todo el mes de ene-
ro, é en tanto que la desecha, se hinche
é carga de fructa, é están ya maduras
las giruelas é quassi comidas, quando el
árbol echa la hoja : é viene esta fructa la
primera en el mes de abril , é tura dos é
Ires meses. É algunas destas giruelas
son amarillas , pero la mayor parte son
coloradas. Hágese assi mismo buen vi-
nagre destas giruelas, é buena salsa
verde con ellas é con las hojas del
axi.
CAPITULO XXII.
Del árbol que los chripstiados llaman níspero, al qual los indios de la provln9¡a de Nicaragua llaman munon-
capot , é su fructa excelente.
IfiCiNONgAPOT es un árbol grande como
un nogal é de muy linda é regia madera,
é la fructa es tan grande ó mayor que ca-
muesas , é de aquel talle , prolongada é
también redonda; é la color es como
pardo ó leonado , algo asperilla , pero
delgada como de una mangana, é assi
se monda. La carne es leonada é tiene
las pepitas leonadas, é tamañas ©mayo-
res que las de la calabaga : la hoja del
árbol es como de peral , mas puntiaguda
é algo menor. Esta fructa llaman los es-
pañoles nísperos, sin lo ser, porque pa-
resgen algo en la color al níspero. En el
árbol nunca maduran , é cójenlos quan-
do están grandes, tan duros como pie-
dras , é maduran como las servas , po-
niéndolos sobre paja , é aun sin ella,
metiéndolos en un cántaro ó en una olla
de barro , é desde á ocho ó diez dias ma-
duran. Esta fructa es la mejor de todas
las fructas , á mi juigio , é otros muchos
digen lo mismo ; porque es del mas lindo
sabor é gusto que se puede penssar, é yo
no hallo cosa á que se pueda comparar
ni que se le iguale. En metiéndola en la
boca , tan presto como el diente la sien-
te, encontinente que entre la dentadura
se comienga á partir , al momento sube
un olor á las nariges é cabega , quel al-
galia ó almizque no se le iguala , y este
olor ninguno le siente ni huele sino el
mismo que come la fructa. Tiene tal di-
gestión , que aunque se coman muchos
nísperos ó fructa desta, ningún empacho
ni pessadumbre dan mas que si no los
oviessen comido. En aquella provingia
de Nicaragua esta fructa está en poder de
los indios de la lengua deloschorotegas.
En fin , con esta fructa , ninguna de las
que yo he visto en las Indias ni fuera
dellas en toda mi vida , se le iguala en
el gusto , y en lo que tengo dicho desla
fructa ; é la misma fructa é árboles hay
en la gobernagion de Honduras , que es
en la costa del Norte en la Tierra-Firme.
DE INDIAS. LIB. VIH. CAP. XXIII.
30a
CAPITULO XXIII.
Bel árbol llamado ácana, é de su fructa del mismo nombre.
Ácana es un árbol grande, é la hoja
quassi como la del peral : la fructa es ta-
maña como un huevo é de aquella he-
chura , é huele muy bien , como una ca-
muesa, é assi está amarilla é tiene el
cuero ó cortega delgada. El sabor e»
como proprio queso; y aun si mucho
se trae en la mano, huele á queso >
é es buena fructa é de buena diges-
tión.
CAPITULO XXIV.
De las parras salvajes de aquesta Isla Española , é otras islas é de la Tierra-Firme.
D
'onde se hizo mengion de los árboles
é plantas traydos de España , dixe que
avia en esta cibad de Sancto Domin-
go, muchas parras é que llevan buenas
uvas ; y assi es la verdad , é las hay en
los heredamientos, é en muchas partes
é pueblos desta isla, que se truxeron
los sarmientos de Castilla. Allende desso
digo que , assi en esta isla como en las
otras deste golpho y en la Tierra-Firme,
hay muchas parras salvajes é que llevan
buenas uvas tintas , de las quales yo he
comido muchas veges (digo buenas para
ser salvajes). Y estas parras es cosa co-
mún averias en estas Indias, é assi creo
yo que de tales parras ovieron pringipio
todas las uvas, do quiera que las hay,
é que es planta común en el mundo , y
esto no se debe dubdar; y pues la na-
tura proveyó en dar en estas partes esta
planta , de creer es que la tierra es há-
bil para ellas, y que serian muy buenas
si la industria de los hombres las ayu-
dassen é supiessen nuestros agricultores
entender lo que conviene para cultivar-
las, segund los climas é regiones en que
acá están. En esta tierra no se engepan,
como en nuestra Castilla en el reyno de
Toledo ; mas súbense en alto abragadas á
los árboles, y piensso yo que se hariao
muy buenas heredades dellas de la for-
ma que en Italia, en el reyno de Ñápeles,
ponen los vinos grecos é parrales dellos,
arrimados á los salges é otros árboles; é
aun en Bargelona é Cataluña he yo visto
algunos destos parrales ó viñas sobre ar-
boledas. Mas en Campania (que es lo que
agora se llama tierra de labor, en ef
reyno de Ñápeles), hay muy buenas vi-
ñas é uvas destos parrales gerca de.
aquella cíbdad , como de las de Averssa,
é Capua, é Sorrento, é Soma, é otras
muchas partes de aquel reyno , y en Lom-
bardia é otras partes de Italia. Quiero
degir que se harían bien acá esas viñas
altas con las proprias plantas ó parras de
acá, sabiéndolas curar ; porque yo he vis-
to acá en las Indias un pié de una parra
destas tan gruesso ó mas que el brago de
un hombre regio, é no tengo dubda, ni
dexo de creer, que donde la natura de
su offigio produge estas cosas semejantes,
que mejor se harán, ayudando en ello los
hombres , por el regar é otras diligen-
gias que los hombres alcangan de los se-
cretos de la agricoltura , assi como el eu-
xerir, el podar, el estercolar, excavar é
regar á sus tiempos , y otras cosas muchas
340
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que se podrían degir, conforme á la doc-
trina del Gresgentino * y de Columella ^,
que largamente tragtó desta materia , é
Theophrasto en sus Tractados de las plan-
tas ' , é aun Virgilio en sus Geórgicas *,
é Plinio en su Natural Historia ' , é otros
muchos auctores graves . Y sin dubda la
culpa de no aver acá muy buenas viñas,
ni está en la planta , ni en la tierra tal
defecto , sino en la industria humana , é
floxedad de los hombres ; pues vimos en
esta Isla Española que el almirante don
Diego Golom tuvo una viña , de donde á
espuertas ó canastas se traian las uva&,
y él estaba muy puesto en esta granjeria,
é cómo fué á España, ó por descuydo de
sus mayordomos, ó no andar su dueño
en ello, se perdió. Y antes que el almi-
rante (en la isla de Jamáyca) tuvo otra
viña un hidalgo llamado Antonio de Bur-
guillos , é dióse tanto á ella que la truxo
á tales términos , que le dio uno ó dos
años en cada esquilmo dos ó tres pipas
de buen vino ; é cansósse el agricultor é
la viña también, é perdiéronse él é ella:
él en descuydarse de otras granjerias mas
provechosas é giertas , por entender en
esta y é la viña porque no fué entendida.
Ha poco tiempo que en la plaga de esta
cibdad se vendieron muchas libras de
uvas asaz buenas , á dos reales de plata
(que son ochenta é ocho maravedís) cada
libra; y digo muchas , por ser la cosa nue-
va, é en una hora ó dos se higieron nueve
ó diez pesos de oro del presgio destas
uvas , y se vendieran muchas mas , si las
oviera. Estas se truxeron del ingenio de
Nigua, del secretario Diego Caballero
de la Rosa , con la industria del qual se
ha fecho una gentil viña é granJe en
aquel su heredamiento : é tiénese espe-
ranga questo se entenderá mejor cada dia;
y en verdad el secretario é todos los que
en estas cosas tales se exergitan , son de
loar é dignos de mergedes , é buenos po-
bladores. É no seria poco bien para esta
cibdad é toda la isla que tal hacienda se
substentasse é permanesgiesse ; porque
una de las cosas que acá es mas nesge-
saria (y de continuo gasto) es el vino , y
por maravilla baxa el arroba de un peso
de oro, que son quatrogientos é cinqüen-
ta maravedís. Passemos á otras materias
y dexemos ervino á estos taberneros, que
mas ganan en ello que los mercaderes flo-
rentinos en sus brocados ó telas de oro.
CAPITULO XXV.
De las far^amoras de aquesta Isla Española é otras parles.
iTiuchas gargamoras hay de las de Es-
paña en esta Isla Española y en las otras
islas de acá y en la Tierra-Firme; y caso
que como es assi verdad, estas no se
puedan contar por árboles en España é
otras partes de Europa , no lo dexan de
ser acá, porque tienen mas gruessos tron-
i Crescentino , lib. IV.
2 Columella, lib. III, cap. 2.
3 Theophrasto, lib. ÍI.
eos é ramas, é se levantan mucho mas
que las de Castilla, é no se pueden de-
xar de juzgar por árboles, segund su gran-
dega. Las gargamoras é fructa que llevan,
es como las de CastiUa , aunque menores
é del mismo sabor é no menos espinosas
las ramas é de la misma hoja.
4 Georg' , lib. 11.
5 Plin. , lib. XVII.
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. XXVI.
3H
CAPITULO XXVI.
De los cardones en que nas^e la fmcta que llaman pitahaya.
í iTAHAYA es una fructa tamaña como
un puño gerrado poco mas ó menos, y
esto es su común grandeva , Nasge en
unos cardos muy espinosos y extremados
á la vista , porque no tienen hoja , salvo
unas ramas ó brazos luengos que sirven
en lugar de rama é de hojas : los quales
son de quatro esquinas, é mas luenga
cada rama ó brago destos que una bra-
gada de un hombre, y entre esquina y
esquina una canal, y por todas las es-
quinas y canales, á trechos nasgidas unas
espinas fieras y enconadas, tan luengas
como la mitad de un dedo mayor de la
mano ó mayores , de tres en tres y de
quatro en quatro espinas. Y entre es-
tas hojas ó ramas, que son tales co-
mo es dicho, nasge esta fructa llama-
da pitahaya , la qual es coloradíssima co-
mo un carmesí rosado, é quiere sig-
nificar escamas en la cortega, aunque no
lo son, é tiene el cuero gruesso , é aquel
cortado con un cuchillo (que fágilmen-
le se corta), está por de dentro llena de
granillos , como un higo ; mas esos es-
tán mezclados con una pasta ó carnossi-
dad que ella y ellos son de color de un
fino carmesí : é toda aquella mixtión de
los granillos é lo demás todo se come, y
lo que toca , lo para tan colorado como
lo suelen hager las moras, é mas. Es sana
fructa é á muchos les sabe bien ; pero yo
escogería otras muchas antes que á ella.
Hage en la orina lo que las tunas, aunque
no tan presto ; pero desde á dos horas
que se comen dos ó tres dellas, si orina
el que las comió , paresge verdadera san-
gre lo que echa. No es mala fructa ni da-
ñosa y es de buen paresger á la vista.
Los cardones, donde nasgen estas pitaha-
yas, es cosa fiera é de mucha salvajez la
forma dellos : los quales son verdes é las
espinas pardas ó blanquiscas, y la fructa
colorada, como he dicho é segund aqui la
he debuxado {Lám. 3.', fig. 9.*). Para sa-
car una pitahaya de donde está nasgida, no
ha de ser apriessa ni sin buen tiento é buen
cuchillo, porque aquellos cardos son jun-
tos, espesos y muchos y muy armados.
Otras pitahayas hay, ni mas ni menos
ellas y los cardos como las que está di-
cho de suso, sin discrepar en cosa alguna
ni en el sabpr , sino solamente en la co-
lor; porque estas otras son amarillas y
lo de dentro es blanco lo que se co-
me é los granillos son negros , y es-
tas tales no hagen hager mudanga en la
orina. Yo he hecho tinta de las prime-
ras y escripto con ella, y es de exge-
lente color entre morado é carmesí claro.
CAPITULO XXVII.
De unos cardos altos é derechos mayores que lna9as de armas (c aun como picas luengas), quadrados y
espinosos , á los quales llaman los chripstianos 9Írios , porque parecen 9Írios ó hachas de cera , excepto en
las espinas é altura dellos : los quales llaman los indios de Venezuela dados.
JLjos cardones que los chripstianos lla-
man girios en esta isla, haylos assi mis-
mo en otras muchas y en la Tierra-Fir-
me. Estos son una manera de cardos muy
espinosos é salvajes , que no hay en ellos
parte de donde se puedan tocar, sin muy
312
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
fieras espinas , non obstante que la na-
tura se las pone por orden é á trechos
unas de otras con mucho congierto é
compás repartidas en su compusigion.
Ellos son muy verdes é tan altos como
una langa de armas , é algunos como una
pica , é otros muy menores , é tan grue-
sos como la pantorrilla de un hombre,
que ni sea gruesa ni delgada. Nasgen
juntos é muy derechos, como aqui en
esta hoja los he querido significar
[Lám. 3.'^gf. 10.') en este debuxo é pin-
tura dellos. Llevan estos cardos una
fructa colorada, como un carmesí, del ta-
maño de una nuez, dulge é buena de co-
mer, llena de innumerables granillos é
muy coloradíssima , é tiñen los labios é
las manos lo que alcanga el gumo' della.
No es fructa para dessear, ni es de mal
gusto ni se dexa de comer, quando está
madura é bien sagonada.
Estos cardones , después que han cres-
^ido todo lo que han de cresger , enve-
jésgense como todas las cosas desta vida,
é sécanse , y otros que han procreado
están verdes á par de los viejos secos:
de manera que los nuevos están verdes
y las espinas pardas , é los mas antiguos
é viejos están secos , é los unos é los
otros en un esquadron.
No he podido alcangar á saber de qué
se servían los indios destos cardones. En
la Tierra-Firme, en la provingia de Nica-
ragua , no están estos cardones fuera de
los heredamientos de los indios ; y para
solamente la fructa , me paresge que no
es cosa para curar mucho della , y por
esto sospecho que para mayor efeto ó
por alguna espegial propriedad los con-
servan allá: é assi debiera de ser ello
acá , quando esta isla estaba poblada de
indios, puesto que en los montes é ar-
cabucos ó bosques hay muchos destos
cardones en esta isla. Pero lo que agora
está hecho monte era en el tiempo passado
muy habitado , adonde esta fructa é car-
dones se hallan. Lo que yo he podido
comprehender en esto no es mas de lo
que tengo dicho , é por ventura esta fruc-
ta que á mí me paresge no substangial ni
de suave sabor , debe tener otro gusto
en el paladar de los indios , ó seria para
otros efetos que no alcangan los chrips-
tianos hasta agora : á lo menos en esta
isla yo no he podido inquirir mas de lo
que tengo dicho en este caso.
Después de aver estado yo informado,
por vista de ojos, de lo que he dicho des-
tos árboles , digo que el muy reverendo
señor obispo de Sanct Johan , que pri-
mero lo fué de Veneguela, vino á esta
cibdad de visitar aquel su obispado de
Veneguela, donde hay muchos destos
cardones ; é dige que allá es muy buena
fructa la que llevan ó produgen , la qual
llanan dacto, é críanse gerca de la costa.
Pero aquellos digen este perlado é otros
que nasge un pie é cresge quatro ó ginco
palmos é mas, hasta ocho poco mas ó
menos ; é de aquel tronco salen estos as-
tiles derechos, como aqui están pintados:
é dan una fructa en seys meses del año,
é comiengan por abril ó mayo, é es del
grandor de una mangana mediana este
fructo , é toda la cortega cubierta de es-
pinas ; é quítansela , é lo de dentro es de
comer é quassi como pitahaya ; pero esta
es mejor en el sabor. É estos giriales ó
árboles no son en aquella provingia tan
grandes como los desta isla , en la altura
ni en redondo , é la madera es flaca é
liviana é de poco ó ningún provecho por
sí misma, y porque no es traclable, á causa
de sus muchas espinas. Por manera, que
con el tiempo se ha sabido esto que
agora acresgenté en la relagion des-
tos cardones, é por bien que se es-
criban estas cosas, siempre se enten-
derán mejor de los que después de mí
las escribieren , porque el tiempo y la
experiengia enseñarán otras particulari-
dades.
DE INDIAS. LIB. VIH. CAP. XXVIII.
313
CAPITULO XXVIII.
De los cardos de las tunas c su frucla , la qual en la prov¡n9ia de Venezuela en laTicrra-Fírme se llama
comoho.
i ues se ha dicho de los cardones ó gi-
rios en el capítulo de suso , é primero
dixe de otros cardos de las pitahayas,
parésQeme que, como en lugar apro-
priado, es bien que se diga aqui de otros
cardos que llaman tunas , é la fructa que
echan tiene el mismo nombre. Y porque
adelante, en el libro X, se dirá del árbol
de las soldaduras , tened , letor , memoria
destas tunas , porque tienen mucha seme-
janga las hojas destos cardos con las del
árbol que digo : ni estoy fuera de opinión
que estos mismos cardos se convierten
en aquellos árboles; é ya que aquesso no
sea, porque en la verdad la fructa es
muy diferenciada , mas en la vista dan á
entender que han algund dd)do , por la
semejanga grande que se tienen en las
hojas y en las espinas.
Estos cardos ó tunas llevan unos muy
donosos higos (que es su fructa) largos
é verdes , é algo en partes colorado por
defuera el cuero dellos, é tienen unas
coronillas hundidas, como las níspolas de
Castilla. É de dentro son coloradas mu-
cho , que tiran á rosado , llenas de gra-
nillos como los verdaderos higos, é assi
es la cortega de aquesta fructa como la
del higo, ó poco mas gruessa. Son de
buen gusto é de buena digestión , é vén-
denlos en la plaga desta cibdad continua-
mente, por buena fructa. Los cardos en
que nasgen, tienen las hojas algo redon-
das é muy gruessas y espinossas , é por
los cantos y en lo llano dellas á tre-
chos están sus fieras é enconadas pun-
tas tres ó quatro ó mas juntas, y assi
repartidas en su número en muchas
partes essas espinas. Y es tan gruessa la
TOMO 1.
hoja como la mitad ó tergera parle del
gordor de un dedo de la mano de un
hombre , é cada hoja es tqn grande como
una mano (abiertos é tendidos los dedos),
é algunas menores, porque vancresgien-
do, é de una hoja nasgen otras en los
cantos , é de la otra otras , é assi se van
arborando é levantando estos cardos ó
tunas hasta ser tan altos como hasta la
rodilla , ó tres palmos de altura, poco mas
ó menos. Y en esta manera de se yr au-
mentando en la forma del cresger, y en
las mismas hojas y espinas, é en se yr con-
virtiendo las hojas en ramas, paresgen al
árbol de las soldaduras que dixe de suso.
Llamé donosa esta fructa , porque co-
miendo ginco ó seys higos destos, es tal
burla para quien nunca los ha comido, pa-
ra le poner en mucho cuydado é temor
de la muerte , sin aver en ello peligro al-
guno; y como hombre que lo he probado,
diré lo que me acaesció la primera vez
que comí estas tunas : que en verdad yo
diera quanto tenia por hallarme donde
me pudiera consejar é confesar mis cul-
pas, é comunicar espiritual é temporal-
mente lo que convenia á la salud de mi
ánima é de mi persona é inquerir el re-
medio para la vida, y fué desta manera.
El año de mili é quinientos é quinge , vi-
niendo yo de la Tierra-Firme á esta gib-
dad de Sancto Domingo , después que me
desembarqué en el fin desta Isla Españo-
la , viniendo por la provingia de Xara-
gua , venían en mi compañía el piloto
Andrés Niño é otros compañeros; y cómo
algunos dellos eran mas pláticos en la
tierra que yo, é conosgian esta fructa,
com íanla de buena gana , porque en el
40
314
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
campo hallábamos mucha della. É yoco-
mengé á les hager compañía en el man-
jar , é comí algunas dellas , é supiéronme
bien ; y guando fué hora de parar á co-
mer, apeémonos de los caballos á par de
un rio , en el campo , é yo apárteme á
verter aguas , é oriné una gran cantidad
de verdadera sangre ( á lo que á mí me
paresgia), y aun no osé verter tanta
quanta pudiera ó me pedia la nesgessi-
dad , pensando que se me podría acabar
la vida de aquella manera ; porque sin
dubda creí que tenia todas las venas del
cuerpo rompidas, é que se me avia ydo
la sangre toda á la bexiga , como hombre
sin experiengia de la fructa, é que tan
poco alcangaba á entender la compusigion
é orden de las venas , ni la propriedad de
las tunas que avia comido. É cómo que-
dé espantado é se me mudó la color por
mi miedo , llegósse á mí el Andrés Ni-
ño ( el qual fué aquel piloto que sé per-
dió después en la mar del Sur en el
descubrimiento del capitán Gil Gongalez
de Avila , como se dirá en su lugar) , el
qual era hombre de bien é mi amigo , é
queriendo burlar conmigo , díxome : «Se-
ñor, parésgeme que tenéis mala color.
¿Qué tal os sentís? ¿Duéleos algo?» Y es-
to decíalo él tan sereno é sin alteragion,
que yo creí que, condoliéndosse de mi mal,
degia verdad. Respondíle assi: «A mí no
me duele nada ; mas daría yo mi caballo
é otros quatro por estar en Sancto Do-
mingo é gerca del hcengiado Barreda,
que es gran médico ; porque sin dubda
yo debo de tener rotas quanlas venas ten-
go en el cuerpo.» É dicho esto, él no pu-
do encubrir mas la risa , y porque me vi-
do en congoxa ( y á la verdad no era po-
ca), replicó riyéndosse: «Señor, no te-
máis: que las tunas hagen que pensseis
esso , y quando tornéis á orinar, será me-
nos turbia la orina con mucha parte, y á
la segunda ó tergera vez no avrá nada
desso, ni avreís menester al lígengiado
Barreda que decís, ni avrá causa que
deys los caballos que agora prometíades.»
Yo quedé consolado y en parte curado,
aunque no del todo, hasta que entre los
de la compañía vi que avia mas novi-
gios espantados de la misma manera , y
que estaban en el mismo trabaxo. Y des-
de á poco vimos por la experiengia que
Andrés Niño degia la verdad ; é yo me
hallé tan ufano como si oviera saUdo del
mayor peligro deste mundo , porque nun-
ca desseé morir con nombre de gula , ni
como vigíoso : antes muchas veges dexé
de comer, teniendo grande nesgessidad,
por no comer algunas cosas que he visto
en estas partes que comían otros hombres.
Assi que , volviendo á nuestro pro-
póssito , la burla y la fructa es mucho do-
nayre, é no de poco espanto para quien
no ha experimentado esta fructa de las
tunas , de las quales en muchas partes
desta isla están los campos llenos ; é con
estos cardos vardan en esta cibdad las
paredes de los corrales de las casas é de
los huertos [Lámina 3.", figura 11.*). É no
dexan de dar allí sobre las tapias su fruc-
ta, echando primero unas flores amari-
llas é después las tunas , y prenden como
grama , é son peores mucho que los cam-
brones de España é de mas enconadas
espinas. En las otras islas de Sanct Johan,
é Cuba , é Jamáyca he visto assi mismo
estas tunas ó cardos y en otras islas , y
es cosa común en estas Indias. Las hojas
son verdes , é las espinas pardas , é la
fructa qual tengo dicho. Quando la co-
men, tornan los labrios é las manos, en
todo lo que alcanga el gumo dellas, como
lo suelen dexar las moras de Castilla , é
tarda tanto en se quitar aquella color de
donde se ha pegado , é aun mucho mas
que la tinta de las moras. Esta fructa y
aun el cardo en que nasge, se llama co-
moho en la provingía de Veneguela , é es
mondándola como una mora : tiene buen
sabor , é en aquella tierra los indios ha-
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. XXVIII.
315
gen vino desta fructa destas tunas ; pero
este comoho es mas sabroso mucho que
las tunas , y como es dicho es^ linaje de
tunas , sino que son menores que las des-
ta isla é mejor sabor. Y el vino ques dicho,
es tinto, de la color de vino tinto de uvas.
CAPITULO XXIX.
De la fructa que llaman managua.
u,
na fructa que se dige managua ha ve-
nido nuevamente á mi notigia en esta Is-
la Española, la qual es salvaje é no cul-
tivada sino por la diligencia natural de
los elementos , que no menos cuydado y
arte obraron en esta que en las otras co-
sas ó plantas naturales destas Indias. Es-
ta es una fructa muy pequeña ; pero no
sin admiragion^ porque su vista es gra-
ciosa é paresgen germeñas chiquitas no
mayores que pelotas de arcabuges é assi
redondas : son verde^ nasgen en unas
ramas, apartada cada rama por sí é cada
una libre. Quiero degir que el árbol es la
rama é la rama sola el árbol, é no mas
alta cada rama dellas que un brago ten-
dido de un hombre , de tres ó quatro pal-
mos de luengo , derecha , y paresge un
mimbre. Son estas fuctas dulges é de
buen sabor al gusto , é su hoja es como
la de los mimbres é olivos , pero juntas ó
gercanas unas hojas de otras en dos hi-
lados ü órdenes continuadas en cada ra-
ma: é su verdor es muy gentil, é son al-
go menores estas hojas que las del lau-
rel; é entre aquellas hojas á los nasgi-
mientos dellas, nasgen estos granos ó
fructa cada uno por sí en aquella verguita
uno mas alto que otro, quatro, é ginco, é
seys , é mas é menos en cada pié ó ver-
gua. El sabor desta fructa es muy mejor
que de uvas moscateles é muy semejante
á ellas en el gusto [Lám. 3.', p,g. 12.').
Un notable hay desta fructa experimen-
tado é visto por muchos; y es que estos
granos ó fructas, después que maduran,
se caen en tierra , é aquellas son las me-
jores é mas sagonadas , é saben muy me-
jor que las que con la mano se quitan de
la rama : é quando ellas están para se
caer, provee natura que la hierva to-
da que está en torno desta rama ó pie
desta fructa , se agosta é seca un palmo
en torno para que cayga en lo limpio é
desocupado. Fructa es muy presgiada en
esta isla , quando la hallan ; porque como
he dicho, es de muy gentil é suave sabor
é muy delicada al gusto , é muy sana é
digna del plato del mas alto príngipe de
la tierra.
CAPITULO XXX.
Del árbol llamado cacao, é algunos le llaman cacaguate, é su fructa é bevraje é a9eite. Ecómo su fruc-
ta en algunas partes sirve por moneda é se hallan por ella todas las cosas que entre los indios se tractan, «
oirás particularidades destos árboles.
hj\ árbol, llamado cacao ó cacagual, no otras partes. Pónesse aqui porque estén
es árbol destas islas, sino de la Tierra- juntas las materias, como en otro lugar lo
Firme. Hay estos árboles en la Nueva tengo dicho; y este es el árbol de todos
España é en la provingia de Nicaragua é el mas pres^iado entre los indios, y su
3IG
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tesoro. Y los cagiquesy señores que al-
canzan estos árboles en sus heredamien-
tos , tiénenlos por muy ricos calachunis
ó príngipes, porque al pringipal señor
llaman calachuni en lengua de Nicaragua,
que es tanto como degirle rey, y tam-
bién se llama teyte , que es lo mismo que
calachuni ó rey. El árbol en la madera é
cortega , é hoja , es ni mas ni menos que
naranjo, é de la misma tez é frescor é
grandega , exgepto que las hojas del na-
ranjo en su nasgimiento é pegón tienen
una manera de coragon pequeño , é de
aquel se funda la hoja. Esos coragones
faltan á la hoja del cacao , é en lo demás
es assi la una como la otra. Mas porque
yo desseo mucho la pintura en las cosas
de historia semejantes , é que en nues-
tra España no son tan usadas, quiero
aprovecharme della para ser mejor en-
tendido, porque sin dubda los ojos son
mucha parte de la informagion destas co-
sas, é ya que las mismas no se puedan
ver ni palpar, mucha ayuda es á la plu-
ma la imagen dellas. Y assi á este pro-
póssito , quiero aqui debuxar estos árbo-
les como yo supiere hagerlo [Lám. 3.*, jig.
43.' y 14.*), porque aunque no vayan tan
al propóssito, como yo querría, bastará
la significación del debuxo y mis pala-
bras para que otro los sepa poner mas
al natural. Echan por fructa unas magor-
cas verdes é alumbradas en parte de una
color de roxo, ó son tan grandes como
un palmo é menos, é gruesas como la
muñeca del brago ó menos é mas á pro-
porgion de su grandega. De dentro son
magigas, como una nuez, quando se quaxa
ó como una calabaga ó higuera, é en
aquella pasta ó cantidad quaxada hay
quatro órdenes de almendras de alto á
,. baxo ; assi que cada magorca tiene veyn-
te é treynta almendras é mas é menos. É
assi como va madurando la fructa , assi
se va enxugando aquella carnosidad que
está entre las almendras, é ellas quedan
sueltas en aquella caxa , de donde las sa-
can después é las guardan é tienen en el
mismo presgioé estimagion que loschrips-
tianos é otras gentes tienen el oro é la
moneda ; porque assi lo son estas almen-
dras para ellos , pues que por ellas com-
pran todas las otras cosas. De manera
que en aquella provingia de Nicaragua,
un conejo vale diez almendras destas, é
por quatro almendras dan ocho pomas ó
nísperos de aquella exgelente fructa que
ellos llaman munongapot ; y un esclavo va-
le giento, é mas é menos almendras des-
tas , segund es la piega ó la voluntad de
los contrayentes se congiertan. Y porque
en aquella tierra hay mugeres que dan
por presgio sus cuerpos , como entre los
chripstianos las públicas merelriges y
viven desso (é á tal muger llámanla gua-
tepol , que es lo mismo que degir mere-
trix ó ramera), q^en las quiere para su
libidinoso uso^ les dá por una carrera ocho
ó diez almendras, como él é ella se con-
giertan. Quiero, pues, degir que ningu-
na cosa hay entre aquella gente , donde
esta moneda corre , que se dexe de com-
prar é de vender de aquella misma ma-
nera que entre los chripstianos lo suelen
hager con buenos doblones ó ducados de
á dos. Y aun en aquellas almendras hay
sus fraudes para engañar unos á otros, é
meter entre alguna cantidad dellas, las
falsas é vanas: y esto hágesse, quitándo-
les aquella corlegica ó cascara que tie-
nen aquellas almendras, como las nues-
tras, é hitícliándolas de tierra ó de otra
cosa , e gierran aquel hollejo tan sotil-
mente que no se conosge , é para enten-
der el engaño el que las resgibe , quando
las cuenta , pássalas una á una e póneles
el dedo (índex) ó próximo al pulgar so-
bre cada una , é por bien que esté embu-
tida la falsificada , se entiende en el tacto,
é no está tan igual cómala buena. Destas
almendras los señores é pringipales hagen
cierto herraje , como aqui se dirá , que
DE INDIAS. LIB. VIH. CAP. XXX.
317
ellos tienen en mucho : é no lo usan sino
los poderosos é los que lo pueden hager,
porque la gente común no osa ni puede
usar con su gula ó paladar tal bevraje;
porque no es mas que empobreger adre-
de é tragarse la moneda ó echalla en don-
de se pierda. Pero los señores calachunis
é varones principales úsanlo , porque lo
pueden liager, é les dan tributos destas
tales monedas ó almendras, demás de las
tener de su cosecha é heredamientos. É
deste bevraje é otros servicios é raedigi-
nas é propriedades deste cacao se dirá
adelante algo ó lo que yo he podido com-
prehender.
Pero quiero primero degir de la mane-
ra que crian ó cultivan estos árboles, co-
mo cosa que tanto presgian, y es assi.
Que después que los han plantado en la
tierra que les paresge que es fértil é á su
propóssito , en sitio é agua aUi gerca para
los regar á sus tiempos ordinarios; y
puestos por sus liños é en compás é des-
viados unos de otros diez ó doge pies,
porque mejor se alimenten del terreno;
-porque cresgen é cópanse de tal manera
que debaxo dellos todo es sombra é el
sol no puede ver la tierra, sino en pocas
partes entre las ramas. Y porque acaesge
que algunos años el sol los suele abuchor-
nar é escaldar de manera que el fructo
sale vano ó no quaxa é se pierde, para
remedio desto, tienen puestos entre estas
arboledas otros árboles que alli llaman
los indios yaguaguyt, é los chripstianos
de la madera negra, que cresgen quassi al
doble que los del cacao é los defienden
del sol é les hagen sombra con sus ra-
mas é hojas , é los van mondando é qui-
tando los bragos é ramas, como van cres-
giendo para que suban derechos á este
propóssito : los quales árboles son de tal
natura, que viven mucho mas que los
del cacao é nunca se pudren ni caen , ó
es una de las mas fuertes maderas que se
saben. Estos echan muy hermosas flores,
digo los de la madera negra, é como ro-
sadas é blancas á manogitos, como el hi-
nojo , é huelen bien, é su fructo son unas
arvejas que echan unas lentejas algo meno-
res que los altramuges y duríssimas : nun-
ca pierden la hoja é son árboles que los
indios presgian , assi para lo ques dicho,
como para hager sus gercas á sus here-
dades , é para la madera de sus casas ó
buhios , porque digen ellos que ni perege
ni pudre en tiempo alguno. Yo deshige
una casa de sacrifigios en Nicaragua , un
quarto de legua ó menos fuera de la cib-
dad de León, en la plaga del cagique
Mahomolombo, que me servia; é por qui-
tarlos de aquellos ritos é sacrifigios é ge-
rimonias diabólicas , quitábamosles aque-
llos templos quellos llaman en la lengua
de Chorotega , de la qual generagion es
aquella plaga é gente, teyopa, que quie-
re degir lo mismo que casa de la oragion.
Y hige llevar á León los postes de la ma-
dera , que todos eran desta que he dicho
de la negra, é hige en mi casa una ca-
balleriza para mis caballos : é queriendo
yo saber del cagique é los viejos quién
avien hecho aquel templo é casa , degian
que eran passados muchos años ; é por
lo que se podia comprehender eran mas
de giento é muchos mas , é estaba la ma-
dera que estaba debaxo de tierra , que
era mas de un estado de hondo , tan ver-
de é fresca como si estonges se cortara,
élas hachas saltaban é se desportillaban,
labrándola. Muchas veges me acuerdo por
esta madera de aquella Arca fcederis del
Testamento Viejo * del leño llamado se-
tim , la qual era imputrible , é de la mes-
ma madera fué fecho el altar del Señor.
Yo no sé si esta madera negra de Nica-
ragua es setim; mas sé que los indios
tienen por cosa gierta que nunca se pu-
1 Exodi liber, cap. XXXVII.
318
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dre niperesQe, si no la queman; é assi lo
digen ellos. En esta Isla Española pien-
san que es la misma la que llaman cor-
baña y en lo qual no me afirmo.
Tornando á la fructa del coco ó cacao
ó cacagual , porque de todas tres mane-
ras le nombran , digo que quando lo co-
jen é están saponadas las almendras del,
es de hebrero adelante: é hasta en fin de
abril se cogen aquellas maQorcas ó vay-
ñas en que se crian , é después que sacan
las almendras de alli, pénenlas al sol al-
gunos ratos del dia para que se curen , é
para lo beber tienen esta forma. Tuestan
aquellas almendras, como avellanas, muy
tostadas , é después muélenlo ; é cómo
aquella gente es amiga de beber sangre
humana, para que este bevraje parezca
sangre, échanle un poco de bixa , de for-
ma que después se torna colorado : é mo-
lido el cacao sin la bixa, paresge de color
pardo. É después que está muy bien mo-
lido en una piedra de moler, passado é
remolido quatro ó gincoveges, echándo-
le un poco de agua al moler, bágese una
pasta espesa, é aquella massa guárdasse
fecha un bollo: é quando lo quieren beber,
hade haber passado, después que se molió,
quatro ó ginco horas á lo menos para es-
tar bueno , é mejor desde la mañana á la
noche, é mejor está para otro dia; é assi
se tiene ginco óseys dias é mas. É aque-
lla pasta tiéndensela por los carrillos é
barba é sobre las nariges que paresge que
van embarrados de lodo ó barro leona-
do, é alguno muy roxo porque mezclan
bixa con ello : é después que lo han assi
tendido ellos é las mugeres , aquel pien-
san que va mas galán que mas embarra-
do va ; é assi se van al mercado ó á ha-
ger lo que les conviene , é de rato en rato
chúpanse aquel su ageyte, tomándolo po-
co á poco con el dedo. Ello á la vista de
los chripstianos paresge y es mucha su-
giedad ; mas á aquellas gentes ni les pa-
resge asqueroso ni mal fecho ni cosa inú-
til , porque con aquello se sostienen mu-
cho, é les quita la sed é la hambre é los
guarda del sol é del ayre la tez de la ca-
ra. É dígen los indios quel que ha bebi-
do el cacao en ayunas, que aunque aquel
dia le pique alguna víbora ó culebra ve-
nenosa, de las quales hay muchas en
aquella tierra, que ningún peligro de
muerte corre. Para beberlo echan á la
cantidad de treynta almendras molidas
un (juartillo de agua , é deslíenlo en ella
con la mano, trayéndolo al rededor, como
puchegilla ; é desfecho en aquella agua
en una higuera ó taga , toman otra ó el
vaso en que lo quieren beber é pónenle
vagio en tierra, é teniendo en las manos
la higuera, en que está desleído el cacao,
échanlo á chorro desde dos palmos de
alto, ó poco mas ó menos, en el vaso
que estaba vagio en que lo han de beber:
é levanta una espuma alta por gima , é
assi lo beben , é paresge que bebe hom-
bre gurrapas , é por tanto paresge asque-
roso al que no lo ha bebido. Mas al que
lo usa, parésgele bien, é es de buen sabor
é saníssimo bevraje: é quedan los labros
é en torno de la boca parte de aquella
espuma, é quando es colorada que tiene
bixa, paresge horrenda cosa, porque pa-
resge sangre propria : é quando no la tie-
ne, paresge pardo, é de la una é otra ma-
nera es súgia vista. Pero hállanla muy
provechosa los chripstianos , é los indios
se presgian mucho desío , é lo tienen por
estado é señorío, é dígen que es la mejor
cosa del mundo é mas dina de estímagion.
ítem: toman el cacao (en la provin-
gia de Nicoya , é en la isla de Chira , é
dende adelante donde lo alcangan) , é
tuéstanlo mucho, segund de suso se díxo,
é muélenlo en una piedra muy limpia con
un poco de agua , é hagen una pella de
aquella pasta como el puño , después que
quatro ó ginco veges ha seydo molido ó
passado por la moledera. É una india tie-
ne puesta una olla de hasta dos agumbres
DE INDIAS. LIB. VIH. GAP. XXX.
319
é media ó tres que quepa, y echa en ella
un poco de agua que aun no sea canti-
dad de medio quartillo della ; y échese
alli la dicha pella molida fecha pasta del
dicho cacao , é con una caña delgada de
un carrizo tráyganlo á una mano é á un
son ó compás en un tenor , sin afloxar
ni dar prisa , sino como es dicho é no
con furor, porque se daña, ni con tan
poco espagio que se pegue é queme. É
el fuego sea lento é dulge de una mane-
ra hasta el fin , que sea brassa é no lla-
ma , é cómo se va cogiendo, hirviendo,
assi se va espessando, é assi han de yr
echándole muy poquita agua, de quando
en quando. Esto ha de hager una india,
é otra ha de ser la que esté moliendo al-
mendras : é cómo la moledera haya fe-
cho otra pella de la ala que mege la olla,
échela como la primera sobre lo que
primero entró á cogerse ; é desta manera
hagiendo siete ú ocho pellas , se puede
gastar en esto un tergio de gelemin de
almendras en todo el cacao que entra en
la olla, que siempre ha estado hirviendo,
é megiéndolo con la cañuela é echando
agua poco á poco. De manera que assi
en el agua, con que se molió, como en la
que se le echó , al cogerse , echen é gasten
dos agumbres é poco mas do agua. É
acabado de echar toda la massa, está co-
giendo unquarto de media hora, ola oc-
tava parte de una hora, hasta que se es-
pesa: é estonges quítanlo del fuego é
déxanlo enfriar hasta que quede tibio ó
algo mas caliente que tibio. É estando
assi, toman una venera ó una cuchara , é
de aquella massa assi cogida echan can-
tidad de una traviesa de mano, que po-
drán ser ginco ó seys cucharadas , en una
higuera grande que quepa agumbre y me-
dia de agua poco mas ó menos : é sobre
aquella pasta ó magamorra hinchen la
higuera grande de agua , é luego se sube
el agey te de suso é pónenla sobre un ger-
co texido de palmas (que son como aque-
llos de alaton que usan poner, en Flandes,
en la mesa sobre que ponen los platos
ó escudillas con el manjar caliente, por-
que no queme los manteles). Enton-
ges la india , muy lavadas las manos,
pone la palma sobre aquel ageyte é pé-
gasele á ella , é de la palma escurre lo
espeso en un bote ó vaso, do quieren po-
ner este ageyte ó licor presgioso : el qual
alli después se hiela é enduresge desde á
ginco ó seys horas, é se para colorado
de la color de la bixa, si se la echaron al
moler , é si no la echaron , está amarillo
de color de oro. Quando los indios prin-
gipales é los señores beben deste cacao
cogido , es poco á poco , de manera que
ninguno da sino un trago ó dos, si es
pringipal : é si mas diesse en presengia
del señor calachuni , sería ávido por vi-
gióse é mal comedido. El calachuni ó
tey te da tres ó cuatro tragos , é pénese
de aquel graso por los labrios é toda la
barba , é paresge que está untado con
agafran desleydo grueso , é reluce como
manteca.
Este olio es sancta cosa para mu-
chos males é dolengias é llagas. La ex-
periengia que desto tengo es que, yen-
do yo por tierra, desde León de Nicara-
gua á la provingia de Nicoya, en una
jornada de aquellas paré á dormir junto
á la costa de la mar , un dia á puesta de
sol ; é cómo pensé madrugar el dia si-
guiente, quise ver antes que anoches-
giese el dia que alli llegué , un paso es-
trecho por donde avia de pasar á caba-
llo, porque aunque madrugasse á prose-
guir mi camino, lo oviese visto : é están-
dolo mirando sobre una peña, en que ba-
tía la mar , vino una ola que me pares-
gió que me podría embestir , é salté pres-
to á un cabo por me apartar , é la peña
era brescada é tenia puntas, é yo estaba
descaigo ; é salióseme el zapato del pie ó
di en una punta de la peña é abrióme el
pie quassi desde los dedos al calcañar.
320
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
por medio de la planta , y quedé muy
mal herido y á mas de sesenta leguas,
por andar del camino despoblado hasta
Nicoya , é sin girujano ni otro remedio
sino el de Dios , salióme mucha sangre,
é víme tal , que yo creí que de muerto ó
perder el pie y quedar muy coxo no pe-
dia escapar. Estando en este trabaxo,
acordóme que un criado mió é dos ne-
gros é giertos indios mios llevaban un
togino ó dos salados para el camino , é
en el cobertor de una olla de cobre hige
echar un poco de aquel togino del lardo
é freyrlo bien , é con aquello hígeme que-
mar bien la llaga , que tenia en partes un
dedo ó mas de hondo ; é aunque se res-
tañó algo la sangre (después de me aver
salido mucha), no fué de todo punto. Es-
tonges una negra mia dixo que , pues los
indios degian que aquel ageyte del cacao
era bueno para llagas é yo lo llevaba,
que me pusiesse dello , y assi lo hige : ni
tenia otra cosa con que curarme, é der-
retido un poco, maxaba unas hilas, éde
cabo á cabo llena la llaga dellas , ponia
engima otros paños mojados en lo mismo.
Siguiendo mi camino é llevando la pier-
na colgada, anduve desta manera mas
de sesenta leguas hasta Nicoya , donde
descansé diez ó doge dias ; é á cabo de
veynte é ginco estaba gorrada é sana la
llaga , é yo sin aver tenido agidente al-
guno. Mas quedóme en medio de la
planta una durega é bulto levantado, tan
grueso como una avellana , é no podia
andar sin bordón, é en tocando con
aquello en tierra sentia mucha pena é
dolor, é andaba, poniendo de aquel pie
solamente la punta é coxqueando. El pa-
resger de mis amigos era que me pusies-
se á discregion de médicos é girujanos,
los quales no perderían nada conmigo ni
yo ganara nada con ellos : acordé de no
lo hager ni dexar de traer alli puestos
continuamente paños untados en aquel
ageyte ; y plugo á la Madre de Dios que
á cabo de sesenta dias ó pocos mas que
fuy herido , estaba desfecha é resolvida
aquella carne que alli se avie añudado,
é ninguna señal me quedó en el pie mas
que si nunca alli oviera ávido mal algu-
no. Por gierto yo diera de buena gana
quinientos castellanos, por verme assi sano
como me dexó este olio ; y assi doy infi-
nitas gragias á Nuestro Señor: que su
missericordia usó conmigo esta piadad,
é acaso llevaba aquel poco de ageyte;
pero llevaba mas de dos hanegas de
aquellas almendras , é en una isla que
se dige Pocosi , que está en el golpho de
Orotiña, las hice hager todas ageyte á
aquella negra mia que lo sabia muy bien
hager, É aun después llevé parte dello á
España , é en Avila di una redomica dello
á la Emperatriz, nuestra señora , que en
gloria está; é preguntándome Su Magos-
tad si era bueno para llagas , dixe lo que
he dicho que sabia por experiengia.
Molido el coco ó cacao é cogido con un
poco de agua, se hage exgelente aceyte
para guisar de comer é para muchas cosas;
é acuerdóme que en la plaga que llaman
Mambacho estaba alli un italiano, buen
compañero é amigo mió, llamado Nicolá,
é en este camino passé por alli antes de
me aver acontesgido lo ques dicho, é
me dio muy bien de genar á mí é á mi
gente mucho pescado é huevos, é guisa-
do todo con este ageyte : é preguntán-
dole yo que de dónde avia aquella man-
teca , me dixo que no era manteca , sino
deste ageyte del cacao, é que para heri-
das era exgelente cosa , é lo avia él ex-
perimentado algunas veges, estando heri-
do, é que en qualquier mal ó dolor ó
granos ó hinchagon ó postemas á todo
aprovecha; lo qual yo creo muy bien,
por lo que vi en mi pie.
Y pues se ha dicho de suso algo largo
del cacao, quiero que no se dexede degir
otra forma de sacar el ageyte del que se
usa en Tabaraba é Cheriqui é por aquella
DE INDIAS. LIB. VIH. CAP. XXX.
321
tierra, y esdesta manera. Toman aquellas
almendras é tuéstanlas ; y no se les puede
dar otro nombre mas proprio que almen-
dras, porque assi son, como las almendras
de los almendros de Castilla, salvo que no
son tan luengas , poca cosa , é al paresQer
perfetas almendras son; pero gustadas
assi enteras , son algo amargas , é tirada
aquella cascarica delgada que tienen, co-
mo la almendra mondada ó hollejo , no
están enteras , é ábrense por partes sin
parescer que se rompe , sino que se des-
pega una cosa de otra , é assi paresge que
es como de cosas juntadas unas con otras.
Quando están quaxadas en aquellas ma-
jorcas en que nasgen , algunos indios co-
men la majorca é las almendras junto,
quitando á la magorca la cortega con tan-
to gordor, como una pluma de escrebir, é
se comen lo restante. Yo lo he probado:
á mi paresger no es buen manjar ni sa-
broso , aunque los indios le loan por cosa
muy sana. Assi que, tornando al propós-
sito , tostadas las almendras , móndanlas
de aquella cascara delgada , é muélenlas
dos ó tres veges sin gota de agua alguna:
antes de su propria humedad está asaz
líquida la pasta, é en tanto que se muele,
ponen á un fuego dulge y lento una ollica
que quepa una agumbre de agua, poco
más ó menos , é hinchen de buena agua
limpia la olla hasta las dos partes: é des-
pués que ha hervido un poco despagio,
echan el cacao en ella (questá molido
como es dicho), écon una caña delgada
ó un paUto muy limpio menéanlo al rede-
dor, hasta tanto que levantando el pali-
llo ó caña una é dos é mas veges, se vé
questá cogido después que ha hervido
bien; é vésse que está cogido en que en
el palillo ó caña no queda nada pegado
del cacao , que sale limpio , 6 todo está
líquido é cogido é corre, como agua. Fe-
cho aquesto , dan con la caña en medio
de la masa ú olla, para abaxo, golpes pa-
sico, como para que se abra ; é por allí
sale arriba luego el ageyte, é con una
cuchareta sotilmente cójesse poco á po-
co , guardando que no coja el cacao con
el ageyte, porque el ageyte es la flor é
virtud pringipal , é lo que ya queda del
cacao es agessorio é de menos valor. É
assi aquello que se coje con la cuchara,
se pone aparte. Después que desta forma
que he dicho se ha sacado lo mas que ha
seydo possible , langan en una higuera,
que está aparte fuera del fuego con agua
limpia , el dicho cacao , después de saca-
do del el ageyte , la mitad ó el tergio ó
quarta parte del cacao , é en otra é otras
higueras lo demás ; é revuélvenlo , é lue-
go se sube sobre el agua el ageyte que
quedó , que no se pudo sacar con la cu-
chara, é aquello bebido , assi fecho aquel
caldo , es exgelente é saníssimo. É si
quieren sacar aquel ageyte , que como di-
cho es, avia quedado , toman una pluma
sotilmente , é á de suso cójenlo lo mejor
que pueden; porque luego se pega á la
pluma, andando sobre aguado, é sacuden
la pluma donde lo quieren recojer , é se
despide della el ageyte , é vuelven por lo
demás. Pero esto no sale tan limpio del
agua é del cacao, como lo que primero se
dixo ; é el agua é cacao que queda , sa-
cado el ageyte , bébese é es muy saníssi-
mo. En ayunas vale contra pongoña, é
tienen los indios por averiguado que
aviéndolo bebido aquel dia , si son pica-
dos de víbora ó de otra serpiente , es cu-
rable la tal mordedura. Yo tengo por ave-
riguado para mí , segund la mordedura de
las culebras cortas es pongoñosa, que al
tergero dia é antes muere el que es mor-
dido della : que deben ser tiros ó áspides
mas gierto , segund lo que se escribe del
áspide , ques culebra menor que la víbo-
ra, é la una é la otra pongoñosíssimas : é
contra esse é todo venino tienen los in-
dios por bastante remedio el cacao.
TOMO I.
41
322
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XXXI.
Del árbol llamado ,paco c su fructa.
Jr ACÓ, en la lengua de Cueva, en Castilla
del Oro, quiere degir esclavo; mas en
Nicaragua é en las islas del golpho de
Orotiña é en otras partes es una fructa
tamaña como un puño gerrado é algo ma-
yor , prolongada é de color pardo , é
también de color verde ; pero la fruc-
ta destos árboles que tiran al color ver-
de es mas redonda é paresge membri-
llo. La cortega es del gordor de la grana-
da ; pero mas blanda mucho , é aquella
quitada, tiene una carnosidad envuelta en
una estopa que se está pegada é no se
quita del cuesco: é mordiendo en él, sá-
casse la carne, é queda aquella estopa pe-
gada en el cuesco é de punta. Y también
quando la cascara se quita, sale algo de la
carnosidad sin el estopa. Esta fructa es
dulge é de buen sabor , é sana , é es fría.
El cuesco es muy gruesso ; de manera
que lo que hay que comer es muy poco,
é él no se paresge con aquella estopa.
Los árboles desta fructa no son menores
que los nogales de España, é la hoja es
del talle de la del nogal , pero muy me-
nor. La madera é sombra destos árboles
es muy buena : llámasse el árbol é la fruc-
ta un mismo nombre, ques paco. El que
llamé cuesco desta fructa no lo es , sino
pepita ; é aquella estopa está pegada en
una cascara regia é como nerviosa, é
dentro de aquella está una pepita grande
que la ocupa toda , la qual tiene paresger
de castaña inxerta mondada , ó como son
las pepitas de las peras de Tierra-Firme.
Esta pepita no es de comer , porque es
duríssima é amarga, é los indios no la
tienen por cosa buena ni nesgessaria , ni
la comen esta pepita , salvo la fruc-
ta que es dicho paco , é léanla de sana.
CAPITULO XXXII.
Del árbol tembixque é su frucla, alias tembate.
JL EMBiXQüE es un árbol , é no de los que
dexan de estimar los indios en la provin-
gia de Nicaragua ; antes lo presgian por
su fructa. Son árboles medianos é frescos,
y echan unos capullos redondos , é par-
tidos ó divididos por parte de dentro , é
en cada apartamiento de aquellos una pe-
pita redonda é blanquíssima, algo mas
gruessa que piñones , é de aquel tamaño,
é cubierta con una cascara negra é del-
gada , é aquella quitada es muy mejor al
gusto que los piñones de Castilla. Mas
hánsede comer pocos dellos, porque dan
dolor de cabega , é entre los chripstianos
se aprovechan dellos é los confitan : é no
es menester comer cantidad, porque cau-
san fluxo de vientre , é aun con dolor de
tripas; mas comidos una dogena ó dos
dellos, no ingitan á hager cámara, ni co-
midos en el pringipio del pasto. También
los hay en algunas islas é en otras partes
de la Tierra-Firme.
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. XXXIII.
323
CAPITULO XXXIII.
Del árbol que en esla Isla Española llaman papaya, y en la Tierra-Firme los llaman los espafioles los hi-
gos del masfuerco, y en la prov¡n9Ía de Nicaragua llaman á lal árbol olocoton.
JCin la costa del poniente de la Tierra-
Firme , partiendo del puerto del Nombre
de Dios , la costa ábaxo , en la provingia
de Quebore é en Veragua é en las islas
de ^erebaro é en otras partes de aquella
costa, hay unas higueras altas y dere-
chas é de solo un pié derecho é sin ra-
mas , é en lo alto echan unas hojas tre-
padas é mas anchas mucho que las de las
higueras de Castilla, con unos pegones
largos de media braga ó mas: é la fructa
que llevan son unos higos tan grandes
como melones , é menores assi mismo,
los quales nasgen pegados en el tronco
pringipal de la higuera en lo alto delia é
en cantidad, é tienen la cortega ó cuero
delgado , é todo lo demás es de una car-
nosidad espesa, como la del melón (aun-
que no tan magiga) . Es de buen sabor é
córtasse á revanadas, como un melón; y
en el medio deste higo ó fructo tiene las
pepitas , las quales son menudas y ne-
gras y envueltas en una manera de ma-
teria é humor de la forma que lo están las
de los membrillos , aunque mas viscosas,
é son tanta cantidad esas pepitas , como
un huevo de gallina , é mas é menos, se-
gund la grandeza del higo. É aquellas
pepitas se comen é son sanas y del mis-
mo sabor ni mas ni menos que mastuer-
go , é el higo es dulge sin las pepitas ; y
por esto los chripstianos llaman en la
Tierra-Firme á esta fructa higos del mas-
tuergo. É donde primero los hallaron fué
en tierra del cagique Quebore , donde los
hay tan grandes como ollas medianas ó
como grandes melones de España ; é un
hidalgo, llamado Alonso de Valverde, en
cuya encomienda estaba aquel cagique de
Quebore , los llevó estos higos al Darien,
donde los chripstianos los sembraron de
aquellas pepitas é en otras muchas par-
tes, é se truxeron á esta é otras islas é se
han fecho muy bien, é aqui los llaman
papayas, é sin los llevar á Veragua é
otras partes de la Tierra-Firme , los hay
é muchos; é en la gobernagion de Nica-
ragua llaman esta fructa olocoton , é una
provingia hay entre la provingia de Na-
grando é la provingia de Honduras que
se dige Olocoton, donde hay muchas des-
tas higueras. Pero donde mayores se han
visto estos higos es en Quebore , puesto
que en Nicaragua é Tegoatega é otras
partes hay grandes é muchos destos hi-
gos. Estas higueras hagen un pié ó tron-
co, gruesso como un hombre por la gin-
tura , é mucho mas é menos , algunas , é
derecho sin rama alguna : é estos que son
solos, sin echar ramas, son los que mas
viven deslas higueras; pero hay otras de
la misma fructa que después quel pié ha
subido un estado de un hombre ó mas en
su altura, echa otras ramas una ó dos é
tres , é algunos hasta seys , é de este nú-
mero abaxo y derechas para arriba é no
tendidas ni trastornada á parte alguna si-
no para lo alto , siguen é cresgen mucho
mas altos que langas de armas , é algu-
nos como dos langas. La cortega deste
árbol (al qual yo tengo mas por planta
que no por árbol) , es gruessa como un
dedo, é lo de dentro ó madera del es
tierno é fofo , é el coragon es hueco de
alto á bajo, é si dan en el árbol con una
espada , para probar su fortaleza de cada
golpe corta un palmo ó mas, porqués muy
fofo; é de qualquier golpe pequeño que
324
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
se le dé, se seca. Estos vastagos que as-
si echan derechos, echan en la cumbre
unas hojas, muchas con luengos pegones é
no ramas , é cada hoja es de dos palmos
ó mas de ancho, trepada é gentil é ver-
de; é el astil que desdel árbol á ella tiene,
es de tres é qualro é ginco é aun seys
palmos luengo , é los higos que he dicho
nasgen de las ramas (digo hojas) para aba-
xo, pegados en el árbol altos asidos de
sus pegones, y también por aquel tronco
abaxo. Estos higos se forman de giertas
rosas blancas que primero echan estas hi-
gueras. É cómo un vastago destos echa
todos los higos que ha de echar (é aque-
llos maduran), sécase aquel tallo.ó vasta-
go que no echa mas fructo , é los herma-
nos hagen lo mismo, uno no mas el si-
guiente año, é sécase; é el otro año si-
guiente el que nasgió mas tarde, hage lo
mismo ; é assi si ginco ó seys hijos su-
ben de aquel tronco , tantos años viven
por la orden que he dicho , llevando uno
dellos su año é no dando fructo los otros,
sino en aquel año que le cabe la vez. É
complida la tanda d« todos , todo el ár-
bol é tronco pringipal se secan, y aun an-
tes quel postrero muera, los hermanos que
han echado , están secos , é los que no
han llevado están verdes é echan hojas,
é no fructa , sino por la orden ques di-
cho ; é ponen los indios de la simiente
otros antes que aquellos se acaben. Los
que con solo un pié se crian é no echan
hijo alguno destos , viven tanto como los
hijos todos del otro género que he dicho,
é en ginco ó seys años, siempre cada año
lleva estos higos ; pero cada año los da
menores , é al sexto año menudos é no
buenos , é de alli adelante no vale nada
é se pierde. Madura esta fructa en el ár-
bol é no juntamente , sino uno á uno ; é
acaesge estar uno maduro é amarillo co-
mo gera , é los otros todos verdes é du-
ros. Algunos destos higos son redondos,
é otros son prolongados, é la higuera
que los echa redondos, no echa alguno
luengo; ni la que los echa luengos, nin-
guno echa redondo , porque son distintas
naturas é castas desta fructa ; mas en el
sabor é en todo lo demás, todos son una
misma cosa.
CAPITULO XXXIV.
Del árbol llamado tembixque é de su fructa en la Tierra-Firme.
Ue suso en el capítulo XXXII se trac-
to del árbol é fructa tembixque , é aqui se
tractará de otro que aunque se quieren
paresger en el nombre, son muy diferen-
tes. Tenthixque es un árbol grande, como
un gran nogal é muy verde, é la hoja
como de laurel ; mas esta es mas verde
é mas ancha , é en los asientos é pueblos
de indios de Nicaragua, en espegial en
Tegoatega é Guagama é otras plagas , los
indios ponen en sus casas estos árboles,
porque son de muy sana sombra é quie-
ren paresger hayas, salvo que son mas
copados. Su fructa es algo mayor que las
ageytunas gruessas ó gordales de Sevi-
lla , é aun como nueges pequeñas ; é es-
tas son verdes é tienen el hollejo como
de giruela ó poco mas gruesso. E cuegen
esta fructa, é cogida la comen, é es buen
manjar sano é dulge , é tiene de dentro
un cuesco liso, como una ageytuna de las
pequeñas, é dentro de aquel cuesco una
pepita dura é amarga.
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. XXXV.
325
CAPITULO XXXV.
Del árbol caoba é su frucla.
iLn la provincia de la Nueva Castilla,
que por error el vulgo llama Perú , por-
que ignora la verdad ( porque el Perú es
mucho mas acá , é la Nueva Castilla es
aquella donde fué señor Atabaliba , aquel
grand príngipe de quien tantos tesoros se
han ávido, é en cuyo señorío está por go-
bernador de la Cesárea Magestad, el mar-
ques, don Frangisco Pizarro); alli, pues,
en aquel señorío hay ciertos árboles que
el árbol é la fructa se llama coaba; el
qual árbol es grande é gruesso é de muy
regia madera. La hoja déles como la del
ginjol que en Castilla llaman serval. La
fructa que hage es tan luenga como dos
é aun tres palmos de luengo é gruessa
como la muñeca del brago de un hom-
bre, ó poco menos. El manjar que tiene
dentro es una pasta dulge é de buen sa-
bor é gumosa , é á trechos tiene cuesoos
que quieren paresger havas verdes, é
entre cuesco é cuesco hay un buen bo-
cado de aquel manjar ó fructa , que e&
muy buen pasto. É estos fnictos quieren
paresger garrovas, sino que son mu-
cho mayores que garrovas , como es di-
cho. Es fructa sana é que los indios de
aquella tierra la tenian é presgiaban
por muy buena fructa , é los chripstia-
nos no la tienen en menos estimagion,
porque demás del gusto, es prove-
chosa.
CAPITULO XXXVI.
De ios ciruelos é giruelas de doblados cuescos que hay ertla Tierra-Firme, en la Tierra Austral.
rLn la Tierra Austral , en la provingia é
gobernagion de la Nueva Castilla, que
por la Cesárea Magestad gobierna el
marqués, don Frangisco Pizarro, hay
giertos árboles que los españoles llaman
giruelos de dos cuescos : los quales son
grandes árboles , é su fructa es propria-
mente como giruelas , é cada una dellas
tiene dos cuescos ; é cómenlas los indios
é los chripstianos assi mismo, aunque
son de un sabor menos que bueno , é la
carnosidad desta fructa pégase á los
dientes. En fin , no es manjar para des-
searle , y en espegial los devotos de Ba-
co , porque el vino sabe mal , siendo be-
bido tras esta fructa, aunque el vino sea
muy bueno ; pero con sus tachas, la co-
men los que no tienen otra mejor.
CAPITULO XXXVII.
í)el árbol llamado hicomas ó de su frucla en la Tierra Austral.
H
icoMAS es un árbol grande é hermoso
en la Tierra Austral é gobernagion de la
Nueva Castilla (de la otra parte de la li-
ma equinogial): el qual lleva una fructa
que quiere paresger mucho á los mem-
brillos de la provingia de Castila del Oro,
326
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
assi en los cuescos , divididos en tres ó
quatro partes , como en lo demás (de los
quales membrillos se dirá mas larga-
mente en el siguiente libro IX , en el ca-
pítulo XXII). Esta fructa dicha hicomas es
de buen sabor lo que della se come é
sana, é hay mucha della, en aquellas
partes * .
CAPITULO XXXVIII.
Del árbol llamado yaguaffuy , que los chripslianos llaman de la madera negra , en la Tierra-Firme é pro-
vinQÍa de Nicaragua»
JLagüaguyt es la mejor madera é mas
fuerte que se halla en grandes partes : el
qual árbol é su fructa é flores é otras par-
ticularidades suyas , se dixeron en el ga-
pítulo XXX , donde se tracto del cacao ó
cacaguat , para defensa del qual se ponen
estos árboles del yaguaguyt , y por esso
no hay aqui mas que degir del de lo que
allí se dixo. Es árbol imputribile, porque
el tiempo no le corrompe, aunque mu-
chos tiempos é años esté só tierra ni
fuera della: es duríssimo é tan pesado
que no se sostiene sobre agua, sino luego
se va á fondo, como si fuese de piedra é
de fierro. Pússele aqui, porque me pares-
ció que se le hagia sinragon á él (é aun
á mí) en le dexar entre renglones é no
memorado por sí aparte, aunque como
he dicho, parezca que donde se tracto del
está como agessorio para aquel efeto de
defender del sol é ayre el cacao. Pero
aunque esso sea assi , este es el mejor ár-
bol que se sabe para postes , que en es-
tas partes llaman estantes , é para hayti-
nales en los edifigios de las casas; é aun-
que los chripslianos le llaman en Nicara-
gua madera negra , no lo es , sino berme-
ja como leonada , é el coragon della es
negro , que paresge propriamente en esso
al guayacan.
CAPITULO XXXIX.
De una fructa que llaman yaguaraha , é nas9e en unos cardones , e olra que se di^e agoreros.
JLia mayor parte de la isla de Cuba-
gua es un boscaje , gerrado de unos car-
dones altos de estado y medio ó dos,
tan gruessos como la pantorrilla de la
pierna. Estos en gierto tiempo, cada año,
llevan una fructa de dos maneras de for-
ma de higos; los unos colorados ó roxos,
é los otros blancos : los colorados tienen
la simiente muy menuda, como de mos-
taza é llaman los indios á esta fructa ya-
guaraha. Es muy buena al gusto é sano
mantenimiento é fresco, y en el cardo.
en que nasge, está cubierta esta fructa de
espinas á manera de castañas, é quando
madura , cáense las espinas é ábrese é
quedan como higos. El otro género de
fructa, en cardones de la misma manera,
es de fuera verde é quieren paresger dá-
tiles (pero son mas gordos), é lo de den-
tro es blanco, é la simiente como grani-
llos de higos: é quando se comen, que
están bien sagonados , sabe ó sube á las
nariges un olor de almizcle ó mas suave.
A esta fructa llaman los indios agoreros.
i Digno es de nolarse que el autor suprimió en gobernación é sus anexos de Nicaragua , porque,
este lugar el capítulo XXXVIII , en que trataba como él mismo expresó al margen , en otro libro
délas encinas é bellotas que hay en la provincia é estaba dicho é mas largamente.
DE INDIAS. LIB. VIII. CAP. XL.
327
CAPITULO XL.
De la fructa llamada macao.
JCjü la isla de Cubagua y en la Margari-
ta hay una fructa que llaman macao, que
quiere paresger á las castañas en el sa-
bor, é es tamaña como aQufeyfas. Esta
fructa tiene el cuesco duro , é cuégenlo é
muélenlo en piedras , é hágese un pan
que sabe á bellotas.
CAPITULO XLI.
De la fnicla llamada cutipris.
Utra fructa hay en la isla Margarita que
se llama cutipris que sabe á uvas mosca-
teles , é es tamaña como las uvas grues-
sas que en el reyno de Toledo llaman
jahenes. Esta fructa tiene un cuesco pe-
queño, é engima de todo un hollejo; é no
hagen daño, aunque coman mucho desta
fructa.
CAPITULO XLII.
De la fructa llamada chuare, é olra que se di^e pauxi.
Hay otra fructa en la isla de la Marga-
rita que se llama chuare, que es como
higos pequeños de Castilla : é otra hay
que se dige pauxi que es de diversos ta-
maños, é son como giruelas.
CAPITULO XLIII.
Del árbol llamado mamón é de su frucla, de la qual, faltando el mahiz, ha<jen pan los indios en tiempo de
hambre.
E
n la provingia de Veneguela, en la
Tierra-Firme, hay muchos árboles tan
grandes como gentiles laureles, y muy
semejantes á ellos en la hoja. Esta mane-
ra de árbol llaman alli los indios mamón.
La fructa del es tamaña como una nuez:
tiene una cortega verde, tan gruessa co-
mo el canto de un real de plata ó un
quarto desta moneda, que vale quatro
maravedís; y después de quitada essa
cortega , tiene una carnosidad algo agrá
y no de mal sabor. El cuesco es tan
grande como una avellana , y de muchos
cuescos destos, tostados é molidos, hagen
pan los indios para comer en tiempo de
hambre : y assi mismo de otros cuescos
de otras fructas salvajes lo hagen , y se
mantienen con él y se remedian en sus
328
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
nesgessidades, faltándoles el maliiz é los curaa deste proveimiento sino en tieni-
otros mantenimientos, porque como no posde nesgessidad.
es de buen sabor , aunque es sano , no
CAPITULO XLIV.
Del árbol llamado ^imiruco é de su frucla.
E
n la Tierra-Firme , en la provingia é
gobernagion de Veneguela , hay unos ár-
boles pequeños , de ocho ó diez palmos
de alto poco mas ó menos. Llámanse ci-
mirucos : tienen la hoja como giruelo : la
fructa que produgen , es como geregas , é
tan semejante é ellas , que puestas ambas
fructas en un plato , no juzgarán los que
lo vieren sino que es todo una cosa , ex-
gepto que el gimiruco no tiene cuesco
como la gerega , sino dos ó tres pepitas
Es fructa de muy delicado é aplagible sa-
bor, é sabe un poco á membrillos. Cójese
esta fructa dos veges en el año.
Este es el libro noveno de la primera parte de la Natural y general historia de las
Indias, islas é Tierra-Fume del mar Océano: el qual tracta de los árboles salvajes.
PROHEMIO.
No rescibais. señor letor, cansancio „i
pena, si me detuviere en daros cuenta de
algunas particularidades de los árboles
salvajes desta Isla Española , é otras is-
las , y de la Tierra-Firme ; pues para que
vos seays informado y satisfecho y que
mi tiempo sea bien gastado en esto , assi
conviene ; espegificando los que dellos
son útiles para los edifigios é otros ser-
vicios é provechos del hombre. Y tam-
bién se debe assi hager , aunque yo me
detenga , pues que qualquier cosa ó par-
ticularidad que se diga de las cosas de
natura , es para mucho mirar é conside-
rar en ella el poder inmenso y exgelen-
gia de Dios , de cuya voluntad progeden
todas las cosas criadas , é la forma é la
diferencia de las unas á las otras, é la
compusigion é hermosura é efetos tan
apartados é distintos unos de otros. Unos
árboles hage de mucha allega é con mu-
chas ramas é fructas; unas dulges, otras
agras , otras olorosas , otras amargas. A
otros sin hojas , la mayor parte del año
desnudos ; é los que acá en estas partes
hay nunca las pierden, ni dexan destar
cubiertos dellas, sino son muy pocos en
TOMO I.
número y género. Y lo que mas es de es-
pantar , es que ninguna cosa vemos in-
útil ni que dexe de ser nesgessaria , sal-
vo aquellas, de que los hombres ynoran
sus secretos y la fuerga de la natura en
ellas , ó para qué son apropriadas todas
estas cosas.
Lo que yo dixere en este caso, será
muy poco, en comparagion de lo que se
ha de degir é saber con el tiempo ade-
lante ; mas esforgarme he á escrebir lo
que he podido entender é alcangar des-
tas materias é natura de historia. Digo
que en general los árboles que en estas
Indias hay es cosa para no se poder ex-
plicar, por su moltitud; y la tierra está
tan cubierta dellos en muchas partes , é
con tantas diferengias y desemejanga los
unos de los otros, assi en la grandega
como en el tronco é las ramas é cortegas
y en la hoja y aspecto , y en la fructa y
en la flor , que ni los indios naturales los
conosgen , ni saben dar nombres á la
mayor parte dellos , ni los chripstianos
mucho menos , por serles cosa tan nueva
é no conosgida ni vista por ellos antes.
Y en muchas parles no se puede ver el
42
330
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
gielo desde debaxo destas arboledas (por
ser tan altas y tan espessas é llenas de
rama), y en muchas partes no se puede
andar entre ellas ; porque demás de su
espessura , hay otras plantas é verduras
tan texidas y revueltas é de tantos espi-
nos é bexucos é otras ramas mezcladas,
que con mucho trabaxo é á fuerga de pu-
ñales y hachas es menester abrir el ca-
mino. Y lo que en esto se podría degir
es un mare magno é oculto ; porque aun-
que se ve , lo mas dello se ynora , por-
que no se saben , como he dicho , los
nombres á tales árboles , ni sus proprie-
dades. Hay algunos dellos de muy buen
olor é lindega en sus flores , é olorosa la
madera ó cortegas: otros de innumera-
bles é diversas formas de fructas salva-
jes , que solamente los gatillos monos las
entienden é saben las que son á su pro-
póssito. Otros árboles hay tan espinosos
é armados, que no se dexan tocar con
mano desnuda : otros de mala vista é
salvajes : otros cargados de yedras é
bexucos é cosas semejantes : otros llenos
de arriba abaxo de gierta manera de hi-
los, que paresge questan cubiertos de
lana hilada , sin serlo. Los unos tienen
fructa é otros están en flor, é otros co- "
mientan á brotar ; é assi como son de
diversos géneros , assi gogan del tiempo
en diferente manera, é se ve todo junto
en una sagon é en qualquier parte del
año. Y por tanto , dexaré aquesto, por-
que desta infinidad de géneros é molti-
tud de diferencias , con el tiempo se yrán
entendiendo muchas cosas que al pres-
sente no se saben : ni hay otra cosa mas
entendida que la grandega é hermosura
destas florestas é boscajes (quanto á la
vista ) ; pero sin entenderse sus proprie-
dades y virtudes , sin las quales no es-
tan, pues ocupan la mayor parte desta
tierra. Con todo esso, aunque há pocos
años que los primeros chripstianos vinie-
ron á estas partes ( pues mis ojos vieron
é conosgieron los primeros , é yo vi mu-
chas veges al primero almirante don
Chrisptobal Colom , y á su hermano el
adelantado don Bartolomé Colom, y al
piloto Vigente Yañez , é á otros de los
que con él vinieron en el primer viaje é
descubrimiento desta tierra), no me ma-
ravillo de lo que no se ha podido alcan-
zar, sino de lo mucho que se sabe é tie-
ne notigia en tan poca edad. É assi, á
este propóssito diré aqui de algunos ár-
boles y exgelentes maderas , de que ya
los españoles tienen uso é conosgimiento
para sus labores y edifigios y servigio,
que acá se tienen por salvajes ; y llamo
yo salvajes á los que no son de fructa
para se poder comer, ni son cultivados
por la industria de los hombres ; porque
de los que dan fructa para los paladares
humanos , ya se dixo en el pregedente
libro, aunque también aquellos son los
mas dellos cultivados de la natura, ma-
dre y maestra de la agricoltura, y no
con sudores de otro hortelano ni agrí-
cola.
Todavía os acuerdo, letor, que no os
tengáis por satisfecho en esta materia (ni
en las pasadas) ó que están por degir
desta primera parte é sus libros , hasta
que después leays la segunda y tergera
partes desta General y Natural historia de
Indias, en las quales se tractará de las
cosas de la Tierra-Firme. Mas por no di-
latar , y porque la esperanga sea mode-
rada y no se atienda para saber lo que
en este tiempo está sabido en estas In-
dias , me paresge que será bien que lo
que tocare á estos árboles salvajes se
ponga aqui en este libro; digiendo en
qué tierra ó provingia los produge natu-
ra, porque la materia esté junta é no
desmembrada, ni la segunda ni tergera
parte destos libros la dividan, con tanto
que á cada región se le dé lo ques suyo.
DE INDIAS. LIB. IX. GAP. I.
331
CAPITULO 1.
Del árbol que en esta Isla Española llaman espino los carpinleros , c de qué se sirven del.
E.
J espino desta Isla Española, de que
nuestros carpinteros é entalladores se
sirven, es buen árbol é provechoso, é de
muy buena madera regia é blanca , que
tira algo al color amarillo , de la manera
é tez quel granado, ó mejor, ó como lindo
naranjo. Sírvensse desta madera en esta
tierra en muchas cosas de su arte , assi
como para hager sillas de caderas é tam-
bién de las pequeñas, que á mi mejor me
paresgen que las de Granada: é hagen
fustes para sillas ginetas, é guarnigiones
de puertas é ventanas , é cosas semejan-
tes , donde la tabla no haya de ser ancha
ni el madero muy luengo é derecho ni
muy gruesso , porque este linage de ma-
dera no es para ello , sino para lo que se
ha dicho é otras cosas tales.
CAPITULO II.
Do los pinos que hay en esta Isla Española, semejantes á los pinos de España, que no llevan pinas sino
vanas.
ifiuchos pinos naturales hay en esta Is-
la Española , grandes y pequeños , todos
inútiles en el fructo , pues que no llevan
pinas sino vanas é muy chiquitas. Esta
es muy buena madera , aunque acá no
usan della por estar lexos , y aun porque
no es tan dulge ni tal como la de los pi-
nares de Gastilla , é tiene mucha mas thea
é ñudos é mucha salvajez é grand olor de
la resina, é mas enojoso quel de los de
España. La hoja es la misma; mas es mu-
cha mas , é la cortega por el consiguiente
es tal como la de los de Gastilla. Y en
todo son perfetos pinos los de acá; pero
no tan altos, ni tan gruessos, ni tan dere-
chos como los de tierra de Guenca ó Val-
sahin , é de otras partes de España, don-
de el pino es presgiado. También hay pi-
nos en la Tierra-Firme , en la goberna-
gion de Nicaragua, en la tierra é sierra
de los chondales, é también en la Nueva
España é otras provingias. Llaman los in-
dios desta Isla Española á este árbol ó pi-
no coaba, é sírvense mucho del en los
ingenios del agúcar desta leña , donde la
tienen gerca, para farol ó candiles con
que se alumbran de noche para las ma-
drugadas , para moler las atareas é exer-
gigios que se hagen antes que sea de
día.
CAPITULO III.
De los nogales desta Isla Española.
Hay en esta isla en los montes bravos como en la fructa , assi á prima vista, son
é selvas é montañas algunos nogales gran- como los de España, exgepto que las
des, que assi en la vista é olor é hoja, nueges dcstos de acá no son perfetasni
332
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
despiden la fructa , ui se pueden comer
sino á nesgessidad ; pero en aquella tier-
ra del norte donde se perdió el capitán
Pámphilo de Narvaez é su gente, tiénense
por buena fructa , é en aquella costa se-
tentrional donde la pueden aver , digen
estos agrícolas é personas que lo entien-
den que, si se inxiriessen, serian muy
buenos é perfetos nogales, assi en la
fructa como en todo lo demás, porque
en la verdad estos son nogales salvajes.
La madera dellos es muy buena.
CAPITULO IV.
De las palmas que hay en esta Isla Española y en las otras desle golpho y en ia Tierra-Firme.
J_jas palmas que hay en esta Isla Espa-
ñola é sus diferencias seria larga cosa de-
cirse , porque son muchas é de diversas
hojas é fructas, é cuescos, é qüentas, que
lleva de muchas suertes ó formas. Unos
tienen las hojas de la manera que las pal-
mas de los dátiles , é aunque estas no
llevan dátiles, son buenos los palmitos ó
cogollo de la gima deltas, quando son ba-
xas é no han cresgido mucho. Hay otras
palmas que también son buenos los pal-
mitos, seyendo pequeñas; y estas no eres-
gen mucho , é cada una dellas hage tres
diferengias de su tronco en esta manera.
El primero de la altega de toda ella, que
coraienga desde tierra , es duro asaz : el
segundo tergio hasta las hojas , es ma&
gruesso que el primero tergio, é mas
verde é liso , y paresge que está preñado
(como los tallos de las gebollas, donde
tienen la simiente ó gebollino ) ; y el ter-
gio postrero es la copa de sus hojas. Es-
tas echan unas conteguelas ( é no buenas)
por fructa , y en aquel tergio segundo ( ó
de en medio) crian muchas veges los pá-
xaros carpinteros (de los quales será fe-
cha mengion en el libro XIV en que ade-
lante se tracta de las aves desta isla),
porque halla mas aparejo en este árbol
que en otro, y es menos duro para hager
su agujero ó nido entre el tronco ó más-
tel destas palmas.
Entre las otras palmas hay un género
dellas que los indios llaman manaca , la
qual palma es tan gorda como una pipa
é mas , é menos : su hoja es como la pal-
ma de los dátiles, é en altura es mucha.
Echa un ragimo de fructa tan grande, como
un muchacho de tres ó quatro años , é los
granos deste ragimo es cada uno como
un hobo pequeño ; y porque me entien-
dan mejor (donde no hay hobos) digo
que es tamaño como una ageytuna de las
gordas de Sevilla ó mas ; y desque está
maduro, es amarillo.
Estos ragimos están muy apretados de
la manera que suele estar un ragimo de
uvas muy apretadas. Tiene esta fructa
engima tanta earne como un hobo é es
algo mas espessa é muy dulge é muy
amarilla la carne, tanto que los puercos
que la comen un mes ó dos, se les tor-
nan las carnes tan amarillas como la mis-
ma fructa. Y de aqui progedia que en
los pringipios de la conquista desta isla,
cómo faltaban los mantenimientos de Es-
paña , é aunque no faltassen, se daban al-
gunos españoles á esta fructa, é se les
paraba la cara é la persona muy amarilla;
y los que destos tales volvian á España,
llevaban los gestos tales , y de tal color,
como el azafrán ó terigia y peor, segund
se dixo en el lib. lí, cap. Xlll. Tiene es-
ta fructa unas briznicas que se entran
entre los dientes, é tiene cada gra-
no un cuesco del tamaño de unas almen-
dras que hay pequeñas y algo redondas;
é partido aquel cuesco, tiene dentro una
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. IV.
333
pepita, que quitándole una telica muy del-
gada de que está vestida , es muy dulge
é sabrosa: é los indios, é aun los chrips-
tianos, la comen, quando la pueden aver,
con pan cagabi , y en especial las muge-
res la comen mucho. Tienen estos ragi-
mos engima una vestidura de gordor de
dos dedos é algo menos, segund el ta-
maño é grandega suya : é quando la fruc-
ta quiere madurar, ábrese aquella vesti-
dura ó caxa en que está, é quando está
ya bien madura la fructa , cáesele esta cu-
bierta que tiene, é es tamaña como una
bafea de lavar é aun mayor, ó como una
buena caldera é menores algunas, é á
veges son tales que caben media hanega
de mahiz. En una villa desta isla, que se
llama Salvatierra de la Savana , tienen al-
gunos veginos estas vasijas por medidas
de media hanega , é á veges acaesge achi-
carlas por ajustarías con la media hanega é
medida real. Llámanse estas bateas ó me-
didas tales manahuecas , é turan sirvién-
dose dellas dos ó tres años, que no se quie-
bran , aunque la echen ó caygan de un
tejado bien alto. É assi ellas no caen de
poca altura (quando las despide la palma
donde nasgieron), sin se quebrar alguna
dellas , porque son todas briznas é flexi-
bles, é paresge que están compuestas de
nervios é correosas. Hay de aquestas
palmas en término de aquella villa mas
de diez leguas de término, donde en los
tiempos passados tenian los veginos de
la Savana muchos hatos de puercos con
este pasto desta fructa, con que engor-
daban mucho tales animales , é se les pa-
ra la carne amarilla é sabrosa mucho mas
que de otras palmas. Assi mismo gerca
de aquella villa é del Este al Hueste con
ella está una isla que se llama Yabaque,
en la qual hay innumerables palmas des-
tas de la manaca. Cada palma echa tres
é quatro é algunas ginco ragimos desta
fructa que tengo dicho. Está la isla Ya-
baque gerca de la tierra desta Isla Espa-
ñola , á media legua é al oriente de la
puncta de Sanct Miguel , alias del Tibu-
rón , de la parte del Sur veynte leguas
ó pocas menos. Finalmente en esta is-
la Española hay ocho ó nueve maneras
de palmas, é como he dicho, no llevan
fructo sino qüentas ó cuescos en diferen-
tes maneras, exgepto las que se han fe-
cho de los dátiles y las que llaman ma-
naba; pero de las mas de todas son bue-
nos los palmitos, exgepto de las negras
que son otras , las quales son delgadas y
espinosas, é no mas gruessas que astas
de langas : y estas llevan unos cuescos
que paresgen cocos con tres agujeros , ó
tamaño cada coco destos como una nuez
pequeña ó menores. De las palmas que
se dixo primero , es buena la madera
para pocas cosos, assi como para caxas
de adúcar é para cubrir casas, al modo de
los indios é de poca costa.
Y porque no volvamos á esta materia de
las palmas, ni se busque en otra parte, sino
que se halle en este capítulo lo que le com-
pete, digo que en la Tierra-Firme y en esta
Isla Española é la de Sanct Johan é en la
de Jamáyca , por industria de los chrips-
tianos , hay muchas palmas en las cibda-
des é villas é heredamientos , que de los
cuescos de los dátiles que se truxeron
de España fué su origen , é la fructa que
acá dan es tal como se dixo en el libro
pregedente, capítulo I. Mas en la Tierra-
Firme, allende de todas las maneras de
palmas que es dicho , de que hay innu-
merables en diversas partes, hay otras
palmas que son bien altas y de buenos
palmitos, é llevan por fructa unos cocos,
no mayores que las ageytunas cordobe-
sas, é al paresger assi son como el coco,
sin la estopa, sino solo el cuesco con los
tres agujerillos que le hagen paresger al
mono (cocando); y son estos cocos menu-
dos y magigos é no sirven de nada los
cuescos por sí, después de desnudos. Es-
tos cuescos están vestidos de una cober-
334
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tura como los escaramuxos de España, é
entre esta corteja é el cuesco , hay poca
carnosidad y essa es amarilla, é los in-
dios no se sirven deste manjar ni le co-
nosgen ; mas como se han traydo negros
bógales á estas partes de España é Gui-
nea é las islas de Cabo verde é otras mu-
chas provincias, para servicio de los
chripslianos , entre ellos hay algunos que
presgian mucho este manjar é digen que
lo tienen en su tierra por muy pringipal
mantenimento. É majan entre piedras es-
tos cocos hasta que quedan en los dichos
cuescos , é de aquella cortega colorada é
carnosidad amarilla , que primero dixe,
sale un gierto licor muy bueno é grues-
so que paresge ageyte é por tal se sirven
dello en sus guisados é manjares: é al
tiempo del molerlos, les echan un poqui-
to de agua, é salida dicha grossega é
ageyte , del otro gumo restante que que-
da mas claro, se sirven del como de vi-
no é es muy buenbevraje. Estos cocos ó
fructos nasgen amontonados y espessos
en un ragimo como los dátiles. É á los
negros que aquesto comen é hagen este
ageyte é vino que es dicho , preguntán-
doles yo de qué tierra eran naturales,
degíanme que de una provingia que se
llama Ambo. É otros muchos negros no
curan de este manjar ni le conosgen
tampoco, como los indios, en algunas
partes de la Tierra-Firme ; pero en otras
algunas los comen cogidos , é yo los he
comido desta manera é otros muchos
chripstianos : é son buenos é de buen
gusto , exgepto que tienen unas hilas co-
mo estopa entre aquello que se come, que
es algo enojoso ó empachoso al comer:
la qual estopa unos la echan ó escupen,
é otros no dexan de lo tragar todo , sin
que daño se les siga.
Hay otras palmas altas é muy espino-
sas , las quales son de la mas exgelente
madera que puede ser, y es muy negra
la madera y muy pessada é de lindo lus-
tre , y no se tiene sobre agua este leño ó
madera, que luego se va á fondo. Há-
geuse della muy buenas saetas é virotes
é astas de langas ginetas é picas; y digo
picas, porque en la costa del Sur, delan-
te de Esquegua é Urraca , traen los in-
dios picas de aquestas palmas muy her-
mosas é luengas. Y donde pelean los in-
dios con varas tiraderas, tamañas como
dardos, aguzadas las puntas, las tiran á
sus contrarios , é passan un hombre é aun
á veges una rodela ; é assi mismo hagen
macanas para pelear , é qualquiera asta
ó cosa que se haga de esta madera es
muy hermosa , é para hager clavegímba-
nos ó vihuelas ó qualquier instrumento
de música que se requiera madera es muy
gentil ; porque de mas de ser duríssima,
es tan negra como un buen azavache, ó
de lindo é polido lustre como el hébano.
Pero junto con esto tiene que las varas
que los indios tiran destas palmas , hi-
riendo á un hombre desgranan é son peo-
res de sacar aquellas raspas ó astillejas,
é mas dañosas que la misma herida. Otras
palmas hay en la Tierra-Firme é en algu-
nas islas , en espegial en la que llaman la
Phelipa, la Gorgona é otras, é llámanlas
pixabay , é echan unos ragimos como de
dátiles , que son de comer é hágese buen
vino dellos, ees gentil bastimento. Otras
palmas hay assi mismo en la Tierra-Fir-
me que llevan unos ragimos grandes de
unas endrinas negras, mas gruessas que
avellanas con cascara, é de dentro tienen
un poco de carnosidad agrá, pero de buen
sabor , é un cuesco muy duro : el qual
tostándole, se quiebra, é de dentro tiene
gierta pepita no de mal sabor. Los ne-
gros comen mucho esta fructa, é los in-
dios é los chripstianos con nesgessidad,
porqués de poco mantenimiento ó mucho
estorbo : é essos ragimos tienen grumos
ó gajos como los de uvas, é el pringipal
ragimo acaesge ser tan grande, como un
muchacho de tres años.
DIÍ INDIAS. LIB. IX. CAP. IV.
335
Otras palmas hay en Tierra-Firme , y
en especial en las islas del golpho de Oro-
tiña , que se llaman cañaspabnas. Son muy
espinosas é cada una nasge por sí é mu-
chas juntas, á manera de cañaveral , pero
destintas, cada una sola en sí , é espesas
é tan gruessas como astas de langas gine-
tas poco mas ó menos, éde aquella altura
ó menos de una langa , é desde el pie hasta
lo alto no tiene hoja, é á trechos tiene unos
ñudos como caña , é son magizas é negras
é espinosas. La hoja es de palmas, salvo
que las hojas de cada penca son mas ra-
las , é solamente las tienen en la gima.
Hágense deltas muy gentiles bordones
para traer en la mano los viejos é hom-
bres de auctoridad , aunque la madera es
pcssada. La fructa destas cañas palmas
es desta manera : en lo alto , como he di-
cho , echan unas hojas grandes é tendi-
das como las palmas abiertos los dedos,
pero mas rala la hoja de cada penca , é
por el lomo de la penca está llena de es-
pinas, é también en aquellos ñudos que
primero dixe , é por todas ellas están de
alto abaxo llenas de las mismas espinas
negras, é delgadas é muy enconadas, si
pungan, é dan mucho dolor. É en la cum-
bre de la cañapalma nasge un tallo co-
mo este ó ragimo gruesso , el tallo como
un dedo ó menos , é en cabo de aquel
salen siete ú ocho é mas é menos tallos
ó ramos mas delgados, llenos de dátiles:
é hablando mas al proprio de lo que pa-
resgen, son como bellotas gruessas , por-
que cada una tiene un vasillo como la
bellota , é destas muchas juntas á par
unas de otras. Estas abren los indios, é
aun algunos chripstianos á veges, por fal-
ta de comida, é machúcanlas entre dos
piedras , é con pequeño golpe se abre la
cortega por tres partes ó mas por lo alto,
é tiene dentro un cuesco, tamaño como
de una ageytuna gruessa é muy duro , é
en la punta del dicho cuesco tres hoyos
como los cocos: é es duríssimo é magi-
go , é entre aquel cuesco é la cortega hay 1^ ^'
un poco de carnosidad agradulge , ques
lo que se come desta fructa , la qual los
indios han por buen manjar. Mas si co-
men mucho della, deja grande ardor en
los labrios por mas de dos horas , é no
hagen buen pecho ni estómago : ni tam-
poco es fructa enojosa al tiempo que se
ornen estas bellotas ó dátiles; antes son
apetitosas , y con el trabajo é nesgessi-
dad en el campo, los chripstianos han
por bueno este manjar, quando le hallan,
si les faltan los otros mantenimientos.
Otras palmas hay que se llaman cocos
la fructa dellas , é este es un género de
palma grande , é la hoja de la misma ma-
nera de las palmas de los dátiles, excep-
to que difieren en el nasgimiento de las
hojas , porque las de los cocos nasgen en
la vara de la palma de la manera que es-
tan los dedos de las manos, quando la'
una con la otra juntadas se entretexen, é
assi están después mas despargidas las
hojas. Estas palmas ó cocos son altos, é
hay muchos dellos en la costa de la mar
del Sur , en la provingia del cagique Chi-
man , é muchos mas en la que llaman Bó-
rica , 6 muchos mas que en ambas partes
en una isla del golpho austral que está
en mar á cient leguas ó mas de la costa
del Perú: la qual, segund yo supe del
piloto Pedro Corgo, que en ella ha es-
tado , dige que desde Panamá hasta ella
hay dosgientas é treynta leguas, é que
desdel puerto de la Possession de Nica-
ragua hasta la misma isla hay giento é
treynta leguas. Estos árboles ó palmas
echan una fructa que se llama coco, que
es desta manera (lám. 3.', fig. 15.'). To-
da junta, como está en el árbol, tiene el
bulto mayor mucho que una gran cabega
de hombre ; y desde engima de la corte-
ga hasta lo de enmedio, que es la fructa,
está rodeada y cubierta de muchas telas
de la manera que es aquella estopa, con
que están cubiertos los palmitos de tier-
336
HISTORIAGENERAL Y NATURAL
ra en el Andalugia (digo de tierra que
no son palmitos de palmas altas); y de
aquella estopa y lelas en Levante hagen
los indios telas é muy buenas xargias, é
las telas se hagen de tres ó quatro ma-
neras , assi para velas de los navios co-
mo para vestirse , é las cuerdas delgadas
é mas gruessas, é hasta cables é maro-
mas é toda suerte de xargias de navios.
Pero acá en estas nuestras Indias no cu-
ran los indios destas cuerdas é telas que
se pueden hager de la lana ó estopa des-
tos cocos, segund que en Levante, porque
acá hay mucho algodón é henequén é
cabuya, con que se suple tal nesgessidad
de cuerdas.
Esta fructa que está enmedio de aque-
lla estopa, es el coco tan grande como
un puño de la mano gerrado , é algunos
como dos puños, é mas é menos, é es
una manera de nuez redonda , é algunos
son prolongados. El casco es duro , é
tan grueso como un letrero de un real
de plata castellano. Por de dentro, pe-
gado al casco de aquella nuez ó coco,
está pegada una carnosidad de la anchu-
ra de la mitad de la grosega del dedo
menor de la mano , ó del grueso de una
péñola de escrebir , destas comunes de
ansarones. Esto es la fructa é lo que se
come del coco, y es tan blanco como una
almendra mondada é de mejor sabor que
almendras, é de suave gusto al paladar.
Cómese assi como se comerían almendras
mondadas , y después de mascada esta
fructa, queda alguna givera como de la
almendra ; pero si la quissieren tragar no
es desplagible , aunque ydo el gumo por
la garganta abaxo, antes que esta givera
se trague, paresge que queda aquello
mascado algo áspero ; pero no mucho ni
para que se deba desechar. Quando el
coco es fresco é há poco que se quitó del
árbol ó él se cayó que es mejor (é señal
questásagonado), esta carnosidad ó fruc-
ta, no comiéndola é majándola mucho en
un almihirez ó mortero , é después co-
lando la leche en un paño de lino lim-
pio, sale aquella leche muy mejor é mas
suave que la de los ganados de vacas é
ovejas ú otros animales, y es de mucha
substangia é mantenimiento : la qual los
chripstianos echan en las magamorras que
hagen del mahiz ó del pan, á manera de
puches ó poleadas; y por causa desta
leche de los cocos son las tales maga-
morras exgelente manjar, é sin dar em-
pacho en el estómago, dexan tanto con -
tentamiento en el gusto é tan satisfecha
la hambre , como si muchos manjares y
muy buenos oviessen comido. Por tué-
tano ó medula desta fructa está en el me-
dio della, en la parte interior gircundado
de la dicha carnosidad, un lugar de lo
restante ó cantidad toda del coco, lleno
de un agua claríssima y exgelente, é tan-
ta quanta cabria en una cascara de un
huevo de una gaUina , é mas y menos, á
proporgion de la grandega ó tamaño del
coco : la qual agua bebida , de mas de
ser claríssima, es muy substangial y pres-
giosa, quanlo se puede encaresger ó esti-
mar ; y al momento que se bebe paresge
que assi como es passada del paladar [de
planta pedis usque ad verLicem), ninguna
cosa ni parte queda en el hombre que de-
je de sentir consolagion é maravilloso
contentamiento.
Cierto paresge esta fructa la de mas
exgelengia y de mas utilidad que todas
las que sobre la tierra se pueden gustar,
en tanta manera que yo no lo sé degir y
aplicar. Aquel vaso desta fructa, después
de quitado del el agua y el manjar que he
dicho , queda muy liso , é le limpian é
pulen sotilmente, y queda por defuera de
muy buen lustre que declina á color ne-
gro é de dentro de muy buena tez. Los
que acostumbran beber en aquestos va-
sos , y son dolientes de la hijada , digen
que hallan conosgido remedio contra tal
enfermedad , é que se les rompe la pie-
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. IV.
337
dra á los que la tienen , y la liage echar
por la orina. Todas estas cosas escrebí yo,
segund lo que tenia alcanzado y entendi-
do y en parte visto destos cocos, quando
escrebí aquel repertorio que se imprimió
en Toledo año de mili é quinientos é
veynte y seys. El nombre que se le dio
de coco á esta fructa fué porque aquel
lugar por donde prende, quando el co-
co nasge, tiene un hoyo ó agujero re-
dondo , é encima de aquel otros dos ho-
yos naturalmente , é todos tres vienen á
hagerse como un gesto de un monillo
que paresce que coca; é por esso se di^e
coco. Mas en la verdad, como sedixode
suso, este árbol es especie de palma. Y
porque se dixo de suso la forma de cómo
los negros hagen ageyte é vino de palmas,
en espegial de aquel género dellas que ya
tengo digho, quiero traer aqui á la me-
moria del letor lo que en este caso escri-
be aquel famoso investigador de la na-
tural historia que dige por esta senten-
cia :» Para hager vino de palmas , el qual
usan los indianos é los parthos é todo el
Oriente de las regiones marítimas, las
quales se llaman Ciclee , toman un modio
é remójanlo en tres congios de agua (gier-
ta cantidad es el congio ) , é después lo
aprietan.» Que el coco pueda aprovechar
al mal de la hijada, pues que es palma,
débese creer , porque yo he visto hager
para tal enfermedad un remedio de cues-
cos de dátiles , y diréle aqui , pues es al
propóssito é cosa probada , é porque al-
guno podría conseguir provecho y grand
remedio para tal dolor, leyendo esto. Hán-
se de tomar los cuescos de los dátiles que
tovieren aquel punto ú ombligo en mitad
de la raya quel cuesco hage de alto á ba-
xo por una parte ; é cantidad dellos que-
marlos mucho en un badil ó cosa limpia»
de manera que otra geniza ni carbón ni
cosa alguna se pueda mezclar con ellos,
é después molerlos mucho hasta que estén
fechos polvos en un almhirez limpio , é
molidos gernerlos con un gedazo é guar-
darlos : é quando viniere el dolor ó sos-
pecha del, tomar por la mañana en ayu-
nas con un real todos los polvos que con
el real se podrán tomar del montón de-
llos é echarlos en un vaso de vino muy
fino, en que haya tres ó quatro tragos de
vino, é beberlos; é cómo esto se haga dos
ó tres mañanas, demás de quitar el do-
lor , quiébrasse la piedra é púrgasse por
la orina , é muchas veges acaesge inme-
diato quitarse el dolor , en bebiendo los
polvos. Esto yo lo he visto y es probado,
y de aqui viene que los cocos sean útiles
á semejante dolengia.
Mas non obstante lo questá dicho en
loor de aquesta fructa , digo que conti-
nuada se aborresge , porque es regia é
con una escudilla de magamorra de la le-
che de los cocos , aunque en un dia no
coma un hombre otra cosa , está tan har-
to, como si oviesse comido un carnero ú
otros muchos manjares , é da hastio é aun
ahita. Sélo como testigo de vista, porque
es muy grande la diferengia de comer
una cosa, ádesseoépoco, á comer mucho.
Después que escrebí el repertorio que
he dicho , estuve en la provingia é punta
de Bórica , é comí algunos destos cocos é
llevé muchos adelante á Nicaragua , é los
aborresgí , é otros higieron lo mismo , é
degian lo que yo digo. En fin , es manjar
para hombres que trabaxeu é regios mu-
cho , é á los otros poco les basta desta
fructa , porque comida á la contina , co-
mo alli se hagia , no es para todos estó-
magos. Puesta la leche del coco al sereno
dos ó tres horas por la mañana en una
escudilla , é bebida assi en ayunas , hage
purgar hasta quatro ó ginco cámaras.
1 Plin., Ub. XIV, cap. 26.
TOMO I.
43
338
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO V.
Del árbol de las qiicnlas del xabon.
U nos árboles hay en estas islas y en la
Tierra-Firme que se llaman de las qüentas
del xabon. Los indios los nombran en di-
ferente manera, segund las diferencias de
sus lenguajes : la hoja deste árbol quiere
paresger á la de los heléchos , pero pe-
queña. Son árboles altos é de buen pa-
resger : la fructa es tamaña como avella-
nas gruessas ó mayor , y no es de comer,
mas es útil y provechossa en lo que ago-
ra diré. Sacando un cuesco que esta fructa
tiene, tamaño como una pelota de un ar-
cabuz, poco mas ó menos, echan aquella
fructa en agua bien caliente, é xabonan
la ropa blanca con ello , como lo podrían
hager con un pan de xabon, é tan alta é
continuada espuma hage como el xabon;
mas la ropa que con esto se acostumbra
xabonar, no tura tanto como la que se xa-
bona con el buen xabon. Pero en fin, á
nesgesidad suple y es harto bueno para
esto. El cuesco que digo que tiene negro,
poniéndole al sol, paresge que bermejea,
é destos cuescos, horadándolos, se hagen
tan gentiles sartas de qüentas como de
agabache ó mejores, porque son mas livia-
nas é de tan bueno ó mejor lustre , é no se
rompen tan fácilmente como el agabache.
Cada cuesco destos tiene dentro una pepi-
ta pequeña é amarga, y estas qüentas há-
genlas del gordor que he dicho (ó menores,
quan chicas las quieren , si las cojen an-
tes que crezcan todo lo que pueden cres-
ger , ques hasta ser del tamaño que dixe
de suso ó poco mayores los cuescos) ; y
la fructa es tamaña como guindas, y tam-
bién son menores, é sécanse en el árbol
é quedan algo de color amarillo , é tienen
una coronilla prieta. Pero secas é verdes
son buenas para xabonar, y mejores
quando están en el medio, que ni estén
del todo enxutas ni muy verdes : é aque-
lla carnosidad que tienen es la que tie-
ne esta propriedad, y mejor se xabona
con las rayges del mismo árbol ; é otras
rayges hay en la Tierra-Firme , que sir-
ven ni mas ni menos para xabonar.
También hay estos árboles gerca de Pa-
namá é en aquella gobernagion de Cas-
tilla del Oro.
CAPITULO VL
Del árbol llamado mangle é su frucla, é de los provechos e utilidad que del se siguen.
ItIangle es un árbol de los mejores que
en estas partes hay , y es común en es-
las islas é Tierra-Firme : é para varago-
nes de buhios é estantes ó postes para
las casas é para alfarxias é guarnigiones
de puertas é ventanas é otras cosas me-
nudas, es de las mejores maderas que
hay acá. Estos árboles se crian en giéne-
gas y en las costas de la mar é de los
rios é aguas saladas , y en los esteros ó
arroyos que salen á la mar é gerca della.
Son muy extraños é admirables árboles á
la vista, porque de la forma suya no se
saben otros que les parezcan en lo que
aquí se dirá. Su hoja es algo mayor que
la de los perales grandes , pero mas
gruessa é algo mas prolongada : hágense
innumerables juntos, é muchas de las
ramas se tornan á convertir en rayges.
Porque non obstante que tienen muchas
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. VI.
339
para arriba con sus hojas y que no decli-
nan para abaxo é eslan altas é deslintas
unas de otras ( como en todos los árboles
están ) , dessas mismas ramas proceden
otras muchas gruesas é delgadas é sin ho-
jas, que derechamente declinan é van al
agua, pendientes desde lo alto ó mitad
del árbol , é baxan hasta en tierra pene-
trando el agua, é llegadas al suelo se
engepan en la tierra ó arena é tornan á
prender é echan otras ramas , é están tan
fixas como el mismo pie pringipal del ár-
bol ; de forma , que paresge ( y es assi)
que tiene muchos pies, é todos asidos
unos de otros. Y en la verdad, es cosa
mucho de ver estos árboles assi , por ser
nueva é apartada su forma é aspecto de
todos los otros árboles , porque cada qual
dellos tiene quassi tantos pies, como ra-
mas. Echan por fructo unas vaynas de
dos palmos é mas largas, é tamaña como
los cañutos de la cañafístola ; é aquellas
son de color leonado , é dentro dellas
hay una medula é manera de cogollo (ó
tuétano) que los indios comen,. quando no
hallan otro manjar ( porque este es asaz
amargo) , édigen ellos que es sano. A mí
haberme hia enfermo , aunque no he sey-
do nada regalado ni he dexado de co-
mer lo que he visto comer á otros { que
fuesse honesto ) , é teniendo nesgessidad
é aun algunas veges sin ella, para lo pro-
bar é mejor poder escrebir el gusto , allen-
de de la vista ; é assi probé esta fructa.
En fin, ella es bestial manjar é para gen-
te salvaje.
Nuevamente é por experiencia se ve é
se exergita en esta cibdad de Sancto Do-
mingo , que la cascara ó cortega destos
mangles es singular para curtir los cue-
ros de las vacas en breve tiempo ; por-
que no quiere Dios que tengamos nes-
gessidad de arrayhan ni gumaque ni de
los otros materiales , con que en España
se adoban é curien las corambres. Antes
los expertos en este arte, digen que este
árbol es muy mejor que todo lo que so
sabe para el efeto ques dicho ; porque en
España se larda en adobar un cuero ó
muchos en los noques , donde los ponen
á curtir, ocho é aun diez meses ó un año
de tiempo, é acá en sesenta ó septenta
dias se curten é adoban perfetamenle,
assi por la calor natural desta tierra,
como por la virtud é propriedad de la
corlega destos árboles.
CAPITULO VIL
I>el árbol que en estas islas é en la Tierra-Firme nuestros españoles llaman cedro.
Jtlay en esta Isla Española é en otras y
en la Tierra-Firme giertos árboles que,
porque huelen bien, los llaman los chrips-
tianos gedros ; pero en la verdad no creo
que lo son los mas dellos, y porque tie-
nen una manera de mejor olor que otros
árboles , han querido nuestros artífiges é
carpinteros darles este nombre. Es buena
madera para labrar é hager caxas é guar-
nigionesde puertas é ventanas é otras la-
bores , é es leño en que no hage tanto
daño la broma ó carcoma : c por esto
quisieron algunos degir queste árbol es
libre de tal enfermedad ó daño , é que
no entra en él broma ; é engáñanse mu-
cho , pues que se ha probado muchas ve-
ges é se ve lo contrario , é assi aqueste
como los otros padesgen este defecto; por-
que aunque al gusto ó tiento de la lengua
del hombre paresge mas amargo este ár-
bol que otros, no es el gusto de la broma
é del hombre una misma cosa. Bien es
verdad que há pocos meses quel piloto
Bartolomé Carreño trnxo de la isla de
340
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
la Bermuda á esta cibdad de Sancto Do-
mingo muy hermosas to^as ó troncos
muy gruesos de árboles que acá se lla-
man gedros , y estos passan é hagen mu-
cha ventaja á todos los que en estas par-
tes hasta agora se han visto de buen olor,
é se higieron é hay en esta cibdad muy
gentiles mesas é caxas : de los quales ge-
dros desta isla yo tráete en el libro II,
capítulo X*, donde mas largamente se
puede el letor informar destos gedros y
de otras cosas de aquella isla Bermuda;
y destos gedros que assi huelen hay mu-
chos é grandes en el golpho de Urabá é
en el Darien y en Castilla del Oro é otras
partes.
CAPITULO VIH.
Del roble de aquesta Isla Española é otras partes destas Indias.
E
n esta Isla Española y otras y en la
Tierra-Firme hay muy grandes robles na-
turales é como los de España , é de muy
regia madera ; é la hoja es asi como la
de los robles de Castilla. Uestes, y de
otro árbol que tractaré en el capítulo si-
guiente, se hagen los husos y exe& é rue-
das de los ingenios de agúcar en esta
Isla, é las vigas para las prensas, que
son muy luengas é gruesas é á quatro
esquinas labradas, de septenta é ochenta
píes de luengo é de diezéseys palmos en
quadro ó redondo é gintura , después de
labrada la viga. Que es muy grand cosa,
é son piegas muy hermosas de ver por su
grosega é longitud ; é como tengo dicho,
es muy fuerte é buena madera, y á mi
ver yo la tengo por una de las mas lin-
das que hay en el mundo : lo qual nos
han enseñado agora nuevamente la silla
episcopal é las otras que con ella están
en el coro de la iglesia mayor desta cib-
dad de Sancto Domingo de la Isla Espa-
ñola , que son desta madera é de la que
* El autor hubo sin duda de olvidarse de que en
el capítulo X del libro II solo trató del cresQcr y
menguar del mar Mediterráneo y del mar Ogéano;
manifestando las parles en que esto se verificaba,
sin hacer mención de la isla Bermuda , ni de los ce-
dros que produce. Solo habla de esta isla en el ca-
pítulo IX del mismo libro ; pero no se detiene á dar
de ella los pormenores que en csle pasage indica,
se dirá en el siguiente capítulo del cao-
ban. Y digo que, á mi paresger, son sillas
que en el coro de las iglesias de Toledo
é Sevilla metropolitanas , serian estima-
das é tenidas en mucho ; porque los as-
sientos é espaldar destas sillas son deste
roble y la guarnigion é colupnas é perfiles
de caoban, é labradas de exgelentes escul-
turas, al romano, de medio relieve : é que-
da lo ques de roble de una color mas que
pardo é muy vegina á color blanco ó como
plateado, é lo ques de caoban muy colo-
rado , ques como un morado que tira á la
color de púrpura. En fin, á mis ojos ello
es rica madera é la mejor cosa que he
visto para semejante edifigio é para qual-
quiera cosa, en que la quissieren poner.
Pero para labrar este roble , se requiere
que esté mucho tiempo cortado é enxuto
é curado , porque de sí es humidíssimo
é ha de tener salida toda aquella agua é
estar muy curado. É si oviere diez años
que se cortó, es muy bueno; é si mas,
muy mejor.
según pueden ver los lectores. Acaso para la se-
gunda impresión que tenia proyectada pensarla
introducir, como lo hizo en otras partes, algunas
adiciones para tratar las materias que aqui apun-
ta ; adiciones que no llegó sin embargo á insertar,
pues no constan en ninguno de los códices que
se han consultado.
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. IX.
31 f
CAPITULO IX.
Del árbol llamado caoban desla isla Española.
V>iAOBAN es un árbol de lo§ mayores é
mejores é de mejor madera é color que
hay entre todos los desta Isla Española, la
qual madera es asaz colorada, é hágense
della muy hermosas puertas é mesas , é
caxas , é tablagon para lo que quieren , é
muy Undas vigas, é tan gruesas é luen-
gas como las quieren ó las pide la obra.
En todas las partes del mundo seria esti-
mada esta madera , é es muy regia , é há-
dense della muy hermosas é grandes vi-
gas para las prensas de los ingenios del
adúcar (como se dixo en el capítulo pre-
cedente del roble), é los exes, é husos, é
ruedas , é todo lo demás que quisieren
liager desta madera ; é para los madera-
mientos de los edefigios de las casas en
esta cibdad é otras partes desta isla es la
mejor, porque demás de ser recia es her-
mosa é de linda tez. Verdad es que, se-
gund los pueblos destas partes son mo-
dernos , ella se pierde presto de la broma
ó carcoma. Esto puede aver causado no
la cortar en sagon é tiempo convenible , ó
no la dexar enxugar, é labrarla é as-
sentarla verde en los edefigios, sin se cu-
rar é passar tiempo sobre ella, después de
cortada. Pero esto se va cada dia en-
mendando en las labores , é se corta en
las menguantes de las lunas; é los que
pueden, la dexan curar é la tienen de dias
é tiempo cortada , é como digo, siempre
se va todo mejorando ; pero la madera
es una de las mejores que hay en esta is-
la , é también la hay en otras islas y en
la Tierra-Firme.
CAPITULO X.
Del therebintho desla Isla Española.
Iluieren algunos degir que en esta Isla
Española hay therebinthos , y en la Tier-
ra-Firme, y no me maravillaría dello.
Deste árbol se hage la trementina, segund
algunos afirman. Por las senas quel Pli-
nio * nos da deste árbol, yo los he mira-
do, y parégenme muy diferentes estos
que acá llaman therebinthos de los quél
escribe ; porque dige quel macho es sin
fructo , y que el árbol femenino ó hembra
es de dos espegies, é que la una hageel
fructo colorado ó roxo , tamaño como una
lenteja , é que la otra le hage amarillo , é
que madura al tiempo que las vides ma-
duran, é que no es mayor que una hava,
de jocundo olor: tocándole, siente de re-
sina , é que nasge en el monte de Troya.
É dige que en Magedonia es pequeño ár-
bol , é lleno de troncos , y que en la tier-
ra de Damasco es grande , é que su ma-
dera es flexible é dura asaz , é de hermo-
so é negro esplendor , é que hage la flor
de la forma que el olivo , pero roxa é las
hojas sueltas ; é que produge giertas pe-
lotas, de las quales salen animales , como
los mosquitos que cantan , é un licor vis-
coso é como resina é como de la corte-
ga. Dige que en Siria el macho produce
i Plin., lib. XIV, cap. 5.
342
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
engienso é la hembra es estéril. Tiene la
hoja como olivo é algo mas luenga é pe-
losa , é siempre los pegones de las hojas
están al contrario entre sí : é los ramos
son delgados é cortos , é de aqueste se
hagen los pelos blancos : su simiente es
semejante á las lentejas , é tórnasse roxa
quando las uvas : es llamado engienso, y
es nesgessario en las mediginas.
Todo lo susodicho dige Plinio , y helo
escripto tan largo, porque ya que no fues-
se therebintho este que algunos acá lla-
man therebintho, por estas señas que po-
ne este tan famoso auctor, estén avisa-
dos los que por acá andan para mirar en
ellas : que no dudo yo aver estos é otros
muchos éxgelentes y nesgessarios árboles
por acá , é topar c on ellos é no los co-
nosger.
Es gierto que yo he muchas veges ocu-
pádome inquiriendo este árbol (por mi
persona ) , hallándome por estos caminos
é boscajes en diversas partes destas In-
dias , y el que congierta en una señal, se
desacuerda en otras. É assi por una sola
que ven los que no tienen experiengia en
las cosas , le congeden el nombre, assi co-
mo si tuviesse todas las partes é gircuns-
tangias que Plinio dige ; pero yo he visto
questos mosquitos é otros los produgen ó
salen acá de algunos árboles , é de otros
salen mariposas , é de otros cocos ó gor-
gojos é otros animalejos de diversas ma-
neras en sí : y también diversos árboles
crian los mesmos animales. Estos there-
binthos de acá ó qualesquier árboles que
ellos sean é assi se llamen , no tiene ma-
yor auctoridad que averíos llamado assi
quien le plugo ; pero mucho les falta pa-
ra quadrar con las cosas de suso apunta-
das por Plinio, porque aunque echan re-
sina, no es trementina, ni la simiente ó
fructa tampoco se determina ó conforma.
Son grandes estos árboles , é los mosqui-
tos que he dicho muy amigos é continuos
por ellos. La simiente que dige Plinio no
la tienen, ni es su fructa de tal forma , é
para mí yo no la tengo por therebintho
hasta que mas averiguado esté ó mejor
entendido, é la experiengia y el tiempo
nos lo enseñen. Verdad es que Plinio no
pone sola una espegie de therebintho en lo
que de suso se ha dicho ó expressado de
lo que escribe, sino quatro diferengias;
porque dige de los de la selva Ida de
Troya, é de los de Magedonia, é de Da-
masco , y de Siria ; y pues que él pone
quatro , no sé yo si la natura se contentó
con essos pocos, ó si él ynoró los de-
mas. El tiempo lo dirá: que yo bien creo
que es mas lo que Plinio no escribió des-
tas materias que lo que supo dellas, pues-
to que hasta agora es ávido por el mayor
auctor é mas abundante de quantos han
escripto de la natural historia. Porque
demás de ser copilador de todos los auc-
tores de hasta su tiempo , él añadió asaz
materias é cosas al mismo propóssito, co-
mo muy atentado escriptor é prudente
investigador de los secretos é diversida-
des de tal natura de historia, como por
sus treynta y siete libros paresge.
CAPITULO XI.
Del árbol llamado Qeyba, en cspe9¡al; é otros árboles grandes.
jCju los capítulos, donde se tracto del ro-
ble é del caoban, se dixo de su grandega,
y en la Tierra-Firme hay muchos árboles
dessos é de otros mayores. Y en verdad
si yo hablasse estas cosas, sin aver tantos
testigos de vista , con temor lo diria ; pues
que la costumbre de los murmuradores
no se contenta con repunar á lo que de
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XI.
343
sí propio parece dubdoso; mas aun á lo
que es notorio, contradicen. Mas como sé
de mi condigion é obra que hablo verdad,
no es inconviniente que el ynorante me
muerda , porque menos sangre sacan los
perros que ladran al viento. Digo, pues,
queá una legua de la cibdad del Darien,
por otro nombre llamada Santa Maria del
Antigua, passa un rio harto ancho é muy
hondo, que se llama el Cutí : é los indios
antes que aquella tierra ganassen chrips-
tianos, tenian echado por puente un árbol
grueso que atravesaba aquel rio de parte
á parte, que tomaba toda la latitud desde
la una barranca á la otra, y estaba en
parte que continuamente le passabamos
para yr á las minas é á nuestras hacien-
das , y era muy luengo é gruesso aquel
árbol; mas avia tiempo que estaba alli,
é y base abaxando en la mitad del; é aun-
que passabamos por engima , era en un
trecho del, dando el agua gerca de la
rodilla , y siempre cada año se baxaba po-
co á poco mas , á causa que el rio roba-
ba la tierra de las barrancas , en que el
palo estribaba. Por lo qual el año de mili
(3 quinientos é veynte y dos , seyendo yo
justigia y capitán en aquella cibdad , hige
echar otro árbol pocos passos mas abaxo
del susodicho , que la natura proveyó de
criarle junto á la una barranca é costa del
rio ; é cortado quassi todo , fué derriba-
do , quedando alguna cosa por cortar al
pié ( porque por alli le alimentasse la tier-
ra en su propio nagimiento , é se conser-
vasse mas tiempo é mejor): é caydo,
atravessó todo el rio , é sobró de la otra
parte mas de ginqüenta pies ; é el rio te-
nia de anchura mas de giento. Este árbol
tenia, donde mas grueso era, diez y seys
palmos ó mas , y quedó engima del agua
mas de dos cobdos sin tocar en ella , fe-
cho muy buena puente : al qual hige echar
barrotes á trechos , é sobre aquellos un
passamano : assi que por la una parte te-
nia una baranda é era gentil puente.- É
al caer, que cayó la cabega del árbol , é
dio á la otra parte del rio , derribó é des-
gajó otros árboles é ramas de los otros
que estaban en la otra costa del rio , é
descubrió giertas parras de uvas (de las
que se hizo mengion en el capítulo I del
libro pregedente), y eran de las ne-
gras y muy buenas para ser salvajes;
de las quales comimos muchas, mas de
ginqüenta hombres que alli estábamos.
Este árbol que he dicho , á respeto de
otros muchos que en aquella tierra hay
y en otras partes de la Tierra-Firme , era
delgado, non obstante que assi caydo co-
mo estaba, no dexaba de cresger, porque
como le quedó parte de la rayz , por allí
se alimentaba , é cada año era menester
Hmpiar é cortar los pimpollos y ramas
que echaba en el trecho que tomaba la
puente ó el rio ; é la gima é copa que es-
taba en tierra, estuvo siempre fresca é
verde.
Dige Plinio * que los ladrones de Ale-
mania hagian naves de un leño solo , el
qual concavaban , é algunas de aquellas
llevaban treynta hombres. A este pro-
póssito digo que en la provingia de Car-
tagena , antes que se poblasse de chrips-
tianos, é por aquella costa se hagian ca-
noas, que son las barcas de los indios
en que navegan , é tan grandes algunas,
que yban giento é aun giento é treynta
hombres en una dellas. Y son de una
piega ó solo un árbol , é de través al an-
cho dellacabe muy holgadamente una pi-
pa atravessada , quedando á cada lado
della lugar por donde puedan muy bien
passar la gente de la canoa. É algunas son
tan anchas que tienen diez é doge pal-
mos de bordo á bordo, é las traen é nave-
gan con dos velas , que son la maestra é
el trinquete. Las quales velas son de
i Plin.Jib. XVI, cap. 41.
314
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
muy buenas telas de algodón ; y estos ta-
les navios llaman piraguas. En aquel re-
portorio que yo escribí é se imprimió en
Toledo el año de mili é quinientos é
veynte y seys , dixe que el mayor árbol
que yo avia visto en la Tierra-Firme ni
en las Indias hasta entonges , fué en la
provincia de Guaturo, yendo yo á buscar
el cagique de aquella tierra que se avia
rebelado del servigio de Sus Magestades,
al qual yo prendí : é pasando con la gen-
te que conmigo yba por una sierra muy
alta y muy llena de árboles , en lo alto
della topamos un árbol, entre los otros,
que tenia tres pies ó rayges ó partes del
en triángulo , á manera de trévedes , é
dexaba entre cada uno destos tres pies
abierto mas espagio de veynte pies, é
tan ancha é alta cada lumbre destas, que
una muy ancha carreta y envarada (de la
manera que las usan en el reyno de To-
ledo, al tiempo que cojen el pan) cupiera
muy holgadamente por qualquiera de to-
das tres lumbres ó espagio que quedaba
de pie á pie. Y en lo alto de tierra, mas
espagio que la altura de una langa de ar-
mas, se juntaban todos tres palos ó pies,
é de alli arriba eran uno solo ó un árbol
ó tronco sin división alguna : el qual su-
bía muy mas alto en una piega sola (antes
que despargiesse ramas), que no es la tor-
re de Sanct Román de Toledo. Y de aque-
lla altura arriba echaba muchas ramas
grandes. Algunos después subieron por
aquel árbol, é yo fuy uno de ellos: y des-
de adonde llegué por él , que fue hasta
gerca de donde comengaba á echar bra-
gos ó las ramas , era cosa de maravilla
ver la mucha tierra que desde alli se pa-
resgia hágia la parte de la provingia de
Abrayme. Tenia muy buen subidero este
árbol, porque estaban muchos bexucos
rodeados á él , que hagian muy seguros
escalones. Era cada uno de los tres pies
sobre que estaba fundado é nasgia el ár-
bol, mas gruesos de cada veynte pal-
mos; é después que todos tres pies en lo
alto se juntaban en uno , aquel pringipal
era de mas de quarenta é ginco palmos
en redondo. Yo le puse nombre á aque-
lla montaña la Sierra del árbol de las tré-
vedes. Después que yo escrebí lo que he
dicho deste grande árbol, he visto otros
muchos y muy mayores. Y á mi paresger
las geybas son los mayores árboles por
la mayor parte que todos los destas In-
dias; y este árbol es de dos géneros, uno
que pierde la hoja , é otro que nunca la
dexa ó siempre está verde. En esta Isla
Española ovo una geyba, ocho leguas
desta cibdad , donde ha quedado el nom-
bre de árbol gordo, del qual yo oy hablar
muchas veges al almirante, don Diego
Colom , é le oy degir que él con otros ca-
torge hombres, tomados de las manos, aun
no acababan de abragar aquella gcyba
que llamaban árbol gordo. Este árbol pe-
resgió é se pudrió , é muchos viven hoy
que le vieron é digen lo mismo de su
grandega. Para mí no es mucha admira-
gion, acordándome de los que he visto
mayores, en la Tierra-Firme, destas mis-
mas geybas. Otro árbol grande de aques-
tas geybas ovo en la villa de Sanctiago,
en esta Isla Española; pero el uno é el otro
son mucho menores que los que se hallan
en la Tierra-Firme de aquestas geybas.
Y porque en la provingia de Nica-
ragua son los mayores arboles que yo he
visto hasta agora , y que exgeden mucho
á todos los que he dicho , diré solamen-
te de una geyba que vi muchas veges en
aquella provingia, no media legua de la
casa é assiento del cagique de Fhecoa-
tega , á par de un rio del assiento del ca-
gique de Guagama , que estaba encomen-
dado á un hombre de bien, llamado Mi-
guel Lúeas , ó de sus compañeros Fran-
gisco Nuñez é Luis Farfan. El qual árbol
yo le medí por mis manos con un hilo de
cabuya , é tenia de gircuyto en el pie
treynta é tres varas de medir, que son
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XI.
345
giento é treynta ó dos palmos : é porque
estaba orilla de un rio, no se podía me-
dir por lo mas baxo agerca de las ray-
Ces, é seria sin dubda mas de otras tres
varas mas gorda : que los unos é los otros
palmos, bien medido, tengo que en todo
serian treynta é seys varas , que tienen
Qiento é quarenta é qualro palmos de va-
ra. Lo quales la mas gruesa cosa de ár-
bol de todos los que yo he visto.
La madera destos árboles ó geybas es
fofa é fágil de cortar é de poco peso é
no es para labrar ni liager caso della para
mas de dos efetos. El uno es su lana, é el
otro la sombra que hagen grande, porque
son grandes árboles é de muy tendidas
ramas, y sana, y no pesada como la som-
bra de otros árboles que hay en estas In-
dias , que notoriamente son dañosos; assi
como la del árbol de que se hage la hier-
va, con que tiran sus flechas los indios ca-
ribes. La fructa destos árboles es unas
vaynas tamañas como el dedo mayor de
la mano, é tan gordas como dos dedos,
redondas é llenas de lana delgada , que
después de maduras se secan é abren por
sí mesmas por la calor del sol: é después
el viento lleva aquella lana , entre la qual
están giertos granillos , que es su simien-
te, como están otros entre el algodón.
Esta lana me paresge á mí ques cosa no-
table , y la fructa de la geyba es á ma-
nera de los cogombros amargos de Cas-
tilla, salvo questos fructos de la geyba
son mayores é mas gruesos ; pero el ma-
yor no es mas luengo quel dedo mayor de
la mano:é quando es maduro, ábresse al
luengo en quatro partes, é con el primero
viento váse la lana (que ninguna otra co-
sa tiene esta fructa dentro de sí), é pares-
ge que ha nevado por todo aquello que
la lana ha alcancado á cobrir la tierra.
Es aquesta lana cortica, éparésgeme que
no se podría hilar; mas para almohadas
de cama ó coxiues de estrado (no se mo-
jando), es una lana única en la blandura
é sin ninguna pesadumbre en la cabega,
y para lechos de príngipes la mas deli-
cada é de estimar de todas las lanas : es
una seda y mas delgada que las sotiles
hebras de seda. Assi que, ninguna pluma
ni lana ni algodón se le iguala ; pero si
se moja, hágese toda pelotas y se pierde.
Yo lo he experimentado todo esto , y en
tanto questa lana no es mojada , ninguna
hay tal como ella para coxines ó almoha-
das de cama. Acostumbran los indios en
Nicaragua tener lugares diputados para
el tiánguez , que quiere degir mercado,
donde se juntan á sus conlractagiones é
ferias é truecos , é alli tienen dos, tres é
quatro árboles destas geybas para hager
sombra ; y en muchas plagas ó tiánguez
dos ó tres geybas ó qualro bastan para
dar sombra á mili é dos mili personas , é
assi ponen las geybas, segund es mucho
ó poco el concurso de la plaga ó tián-
guez. Aqueste árbol assi grande que en
esta isla llaman geyba , como he dicho,
se llama en la provingia de Nicaragua
poxot,Y en otras partes tiene otros nom-
bres.
CAPrruLO XII.
Del árbol d manzanillo, con cuya IVucla los indios caribes flecheros liazen la hierva con que tiran é pe-
lean , la qual por la mayor parle es inf emediable.
rLn esta Isla Española , en la costa del Tiburón, en la costa de la mar y en otras
Poniente della , en las sierras de la punta partes partes desta isla é de otras islas
de Sanct Miguel, que otros llaman del deste golpho, y en mucha parte de la
TOMO I. ^4
346
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Tierra-Firme , á la banda del Norte , en
especial desde Paria , é aun desde la boca
del Drago é la isla de la Trenidad al ocgi-
dente hasta el golpho de Sanct Blas , é
Qerca del puerto del Nombre de Dios, que
son mas de tresQientas leguas de costa,
innumerables manzanillos hay, de los
qualeslos indios caribes acostumbran con
otras mixtiones ponzoñosas hager aquella
diabólica hierva, con que tiran sus flechas.
Estos son unos árboles parrados ó ba-
xos comunmente, é algunos hay altos mas
que tres estados de un hombre i é son
muy copados é llenos de hoja , la qual
quiere paresger á la del peral. E estos ár-
boles se cargan mucho de una fructa de
unas manganillas de muy buen olor , ta-
mañas como germeñas , pero redondas,
aunque algunas hay prolongadas é con
un poco de color roxa matigadas , que
les da buena gragia en la vista ; mas son
malas é pongoñosas ellas y el árbol en sus
efetos. En esta isla los indios no sabian
hager esta hierva ni la usaban ; mas la
fructa no hay hombre que la vea, si no la
conosge , que le falte deseo de se hartar
della , porque su vista é olor es para con-
vidar á ello. Y está probado por muchos
é muchas veges , que de echarse algunos
hombres á dormir descuydadamente de-
baxo de aquestos árboles , no los conos-
giendo, en poco espagio que les ture el
sueño á la sombra de tal mangano , quan-
do se levantan, es con grandíssimo dolor
de cabega é hinchados los ojos é las ge-
jas é raexillas. E si por caso el rogio des-
te árbol toca en la cara, es como fuego é
levanta é abrassa los cueros en quanto
alcanga; é si cae en los ojos, ó los quie-
bra ó giega ó pone en mucho trabaxo é
peligro de los perder. La leña deste ár-
bol engendida, no hay quien mucho espa-
gio la comporte , porque luego da mucha
pesadumbre; é es tanto el dolor de ca-
bega que causa , que presto hage arre-
drarse los gircunslantes que estovieren al-
rededor , tanto que sean hombres como
otro animal qualquiera.
Plinio dige, dando por auctor á Sextio*,
que los griegos llaman á gierto árbol simi-
lace, é que en Arcadia es de tan potente
veneno que mata al que duerme ó come
debaxo del. Pusseaqui esto porque pares-
ge á los manganillos de acá, de quien aqui
se tracta. Mas con todas sus malas pro-
priedades, diré lo que contesgió á un ca-
ballero de mi tierra, deudo mió, é mange-
bo natural de Madrid , llamado Gongalo
Fernandez del Lago, que al presente vive,
el qual passó á estas partes; é el año de
mili é quinientos é quinge fue desde
aquesta cibdad de Saneto Domingo con
gierta armada á hager la guerra á los in-
dios caribes de la isla Gibuqueyra , que
agora se llama SanctaCruz: é continuán-
dose la guerra , é con harta nesgessidad
de bastimento, vengido de su gula, co-
mió ginco ó seys destas manganillas, é
ningún mal le higieron ;' é comiera mu-
chas mas, si no se lo estorbaran los otros
chripstianos , digiéndole quién es aquella
fructa, lo qual él no creia, é la loaba é
dixo assi: «Yo no sé lo que os decis; pe-
ro á mí muy bien me han sabido estas
manganillas , é si no me dixérades que
eran malas, no dexára de comerlas has-
ta hartarme dellas. » En fin , que daño
ni ningún movimiento higieron en su
persona ni estonges ni después , y hoy es
vivo. Creo yo que escapar él deste error
é de tan pestífera fructa, fué la causa la
que hage que la vedegambre no mate á
los que la comen, si no topa con alguna
sangre ; porque desta hagen la hierva los
ballesteros en España , é á algunos dellos
he oydo degir que la comen é se purgan
con ella é que es muy buena purga, si no
topa sangre en quien descargue su pon-
i Plin. lib. XVI, cap. iO.
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XII.
347
Coña; y assi debe ser en estas mangani-
llas. Pero á este gentil hombre las man-
ganillas, caso que no le higieron mal,
tampoco le provocaron á purgar, al qual
yo le hablé en esta cibdad el mismo año
que le avie acaesgido lo ques dicho, é le
pregunté si era verdad que avia comido
esta fructa, como me avian dicho, é él
dixo que era verdad é que avie passado
de la manera que aqui lo he escripto.
CAPITULO XIII.
Del árbol que en eslas parles se liene por tharay, porque le pares9e mucho en la hoja; pero llamante
en esta Isla Española cohobo.
JL HARAY en España es muy conosgido, é
hállasse comunmente en los sotos é ribe-
ras de muchos rios , assi como en Tajo,
Duero , Hebro , Guadiana , Guadalquivir.
É en otras muchas riberas de España le
he yo visto este árbol tharay ; mas todo
el tharay que yo he visto en España, es
muy pequeño en respecto de los árboles
que en estas Indias hay muy grande» é
muy altos é gruesos é de* grandes ra-
mas, que en la hoja son ni mas ni me-
nos que los verdaderos tharayes de las
riberas que dixe de suso. Y uno destos
es aquel árbol que tengo dicho de las
qüentas del xabon , é otros que no las
llevan, é son en la hoja conformes. Mas
la madera destos de acá no es tan ma-
giga ni pesada como el tharay de Espa-
ña , porque esta es algo fofa é ligera, mas
del todo no es mala madera. É algunos
destos árboles, ni los que acá paresgen
al tharay en la hoja, no son de un géne-
ro; porque como he dicho, algunos lle-
van aquella fructa para xabonar , é otros
llevan unas arvejas ó havas negras é re-
dondas é duríssimas é no para comerlas
hombre ni algund animal. É aqueste co-
hoba lleva unas arvejas que las vaynas
son de un palmo é mas é menos luen-
gas , con unas lentejuelas por fructo que
no son de comer , é la madera es muy
buena é regia.
CAPITULO XIV.
De los árboles del helécho en esta Isla Española é otras islas é en la Tierra-Firme:
V>4 0sa es muy común el helécho en mu-
chas partes destas Indias é islas é Tierra-
Firme del mar Ogéano, y de muchas ma-
neras, é también lo hay como lo de
Castilla de las sierras de Segovia é otras
partes de España , é hay lo de otro muy
mayor , é hasta tanto que las ramas son
no menores que una langa luenga ó mas.
Pero allende de todos estos heléchos, hay
otros, que yo cuento por árboles, tan
gruesos como grandes pinos é muy al-
tos , é las hojas son de la misma hechura
que la de los heléchos de España, puesto
que muy mayores é assi de aquella f¿i-
gion é hechura que cada hoja es otras mu-
chas hojas , é cada una de aquellas es-
otras menores, como está mejor de en-
tender á quien ha visto bien los heléchos
que no á quien esto leyere, sin aver en
ellos mirado. Digo, pues, que de la pro-
pria forma tienen la hoja estos árboles,
é son muy frescos , é por la mayor parte
crian en las costas de los arroyos é que-
bradas, en las sierras é montes donde
hay agua. Mas los unos é los otros que
he dicho (ó los mas dellos) están muy ro-
deados de bexucos é cuerdas é otras ve-
nas que quieren paresger en la hoja á
las yedras é otras hiervas semejantes que
con estos árboles se intrincan é abragan .
348
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XV.
De los árboles del brasil que hay en esta isla é otras, é en la Tierra-Firme.
JDrasil es árbol muy conosgido é útil é
provechosso á los tintoreros de paños é
lanas é á los pintores , é para otras co-
sas , é hay mucho en algunas partes de
la Tierra-Firme, para cargar quantas na-
ves quissieren dello. Y assi mismo lo hay
en algunas islas de la costa de la Tierra-
Firme , é háylo en esta nuestra Isla Es-
pañola, no lexos, sino á par del lago de
Xaragua é por aquellas sierras. Es árbol
no muy alto ni derecho : su color es mo-
rada , después ques fecho rajas que tira
al morado ó color de púrpura ; é en la
provincia é montañas del cabo de Sanct
Miguel, que otros llaman del Tiburón,
hay muclios árboles destos. Quieren pa-
resger enginas , pero mas delgados é tor-
cidos é no tan altos comunmente. La cas-
cara salta de regia en el árhol , é la hoja
es acarrascada y no áspera. Pero donde
mayor cantidad hay desta leña é árboles
de brasil es en la gran costa de la Tier-
ra-Firme , á la banda de nuestro polo ár-
tico , de grandíssimos boscajes desde
el grande rio Marañon la costa arri-
ba hágia el Oriente. É porqués árbol
tan conosgido é notable , no diré mas
del, pues hay muchos que tienen expe-
riengia de sus utilidades é provechos y
efetos de sus colores é propriedades,
que podrán mejor testificar sus opera-
giones.
CAPITULO XVL
Del árbol llamado corbana.
Vjorbana es un árbol que se halla en
esta isla ó otras muchas partes destas In-
dias : es poderoso árbol é de fortíssima
madera tanto , que de fuerte ninguno de
los que acá se saben es su igual; é es
tan regio de labrar , qu6 se tuergen ó sal-
tan los filos de las hachas, partiendo ó la-
brando esta madera. Yo he fecho hager
en esta fortaleza de Sancto Domingo (que
por Sus Magestades tengo) algunos exes
de carretas de culebrinas é otros tiros de
artillería regios desta madera, por ser
tan fuerte como es , en lo qual ninguna
engina ni roble se le iguala. É demás
desso tiene otra grand propriedad , y es
que nunca se pudre debaxo de tierra, hin-
cada una viga ó un poste ó palo deste
árbol , segund muchos digen ; pero como
lodo ío de acá es moderno, no se sabe
por experiengia aquesto , sino por aviso
de indios. Algunos que labran casas, han
comengado á maderadas desta corbana;
porque de la que mas se usa , ques el
caoban, ya se sabe que presto peresge,
no obstante que^ con sus tachas, se labra
el caoban por la mayor parte. Mas si esta
otra del corbana adelante se halla buena
é el tiempo la aprueba, en mucha esti-
magion será tenida para los edefigios. Su
hoja es delgada é luenga , é echa unas-
flores gentiles blancas algo rosadas , é su
fructa es como arvejas ; en las quales es-
tan ginco ó seys ó mas lentejas llanicas é
algo mayores que lentejas, y duríssimas.
Destos mismos árboles piensso yo que son
los que hay en la Tierra-Firme en la
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XVI.
341?
|)rovingia de Nicaragua ; é allá los chrips-
tianos llaman á tales árboles madera ne-
gra, de la qual los indios usan para ha-
Qer sombra á otros árboles que ellos pres-
tían mucho , que llaman cacao ; porque
difen que ni se envejecen ni se pierden
estos árboles de la madera negra , que
piensso yo ques la misma corbana : de la
qual madera negra é de su perpetuidad de-
baxo de tierra se dixo en el libro prece-
dente, quando se tracto de los árboles del
cacao, que también se llaman cacagual.
CAPITULO XVII.
Del árbol llamado cuya.
\^ üYA es un árbol grande é de muy her-
mosa é fuerte madera , é quassi ó poco
menos regia que la corbana , de quien se
tracto en el capítulo de suso ; pero esta
es mejor de labrar é de mas linda tez:
del qual se hagen hermosas vigas, é si
con el tiempo prueban bien é son mas
turables quel caoban, en mucho serán
tenidas. Algunos que edifican, lo comien-
zan á usar, é ponen algunas vigas, para
ver con el tiempo cómo prueban. En lo
que mas se gasta al presente esta made-
ra es en guarnigíones de herramientas é
gepillos é otros instrumentos para encor-
porar ó engastar herramientas de guvias
é barrenas é magos , por su mucha du-
rega é lindo lustre. Y deste árbol hige yo
poner un exe á una carreta de una grue-
sa culebrina de las desta fortaleza , que
passa de septenta quintales debronge; é
la sostiene tan gallardamente é sin hager
sentimiento alguno, aunque es muy fu-
rioso tiro , que piensso yo ques única tal
madera para semejantes cosas ; porque
segund el peso del tiro , es delgado el
exe , y no se pudo hager mas grueso por
no enflaquesger la cureña ó caxa en que
está la piega ; y non obstante esso , suple
muy bien , y se cree que será mas tura-
ble que de otra madera alguna. Y por
esta piega podrá el alcayde que me sub-
gediere, entender lo que yo no viere, para
su aviso.
CAPITULO XVIII.
Del árbol llamado marta.
M
[aria es un árbol de los grandes que
hay en esta Isla Española , y el nombre
es muy sanctíssímo. Mas los indios en el
agento no le nombran como nosotros;
antes se díferengia , porque ellos des-
pués que han dicho matñ , dígen a con
un poco de pausa entre la penúltima sí-
laba é la última. Esta es buena madera,
é hágense della muy gentiles canoas , que
son las barcas de los indios ; é yo la he
tenido en esta cibdad que me traia por
este rio de una heredad mia treynta ha-
negas de mahiz , allende de algunos ha-
ges de leña é hierva é otras cosas , é
siete ú ocho negros que la bogaban ; por
manera, que descargada, podían bien an-
dar en ella mas de treynta personas.
Mas otras mucho mayores al doble hay
desta madera y de un solo árbol. Para
edefigios no es tan buena madera como
otras , porque fuera del agua no tura tan-
to, ni su fructo es bueno ni se come:
antes amarga , é no es para los hom-
bres.
350
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XIX.
De otros árboles útiles que hay eu esta isla é otras y en la Tierra-Firme , llamados giguas.
VJiGUA es un árbol asaz conviniente en
estas partes, por las utilidades que del se
siguen. Es fresco en su hoja: su fructa
Ro es buena. Para lo que es provechosa
la madera deste árbol, que es asaz gran-
de, son los fustes de las sillas ginetas,
porque es flexibil la madera é muy lige-
ra, é para cosas de poco peso es muy
singular leño. Y entre los otros prove-
chos á que sirve y es muy apropriado
material, es para la cosa mas perjudigial
de todas quantas el ingenio de los hom-
bres ha hallado é inventado, para abre-
viar la vida é ruynar los edefigios é muros
é casas fuertes, mediante la pólvora. En
la qual yo he fecho experimentar, en es-
ta cibdad de Sánelo Domingo de la Isla
Española, á los artilleros que Su Mages-
tad tiene en esta fortaleza el carbón
desla C'igua ; y el carbón deste árbol es
exgelente y se hage muy singular pólvo-
ra con él , y le loan por el mejor que se
pueda hallar ó aver para esto que he
dicho.
CAPITULO XX.
Del árbol que en la provincia de Nicaragua llaman los indios nanzi.
11 icaragua es una provincia , de quien
se tractará particularmente en la tergera
parte destas historias, y es provincia
muy pringipal é en que hay mucho que
degir. Mas porque esta materia de los ár-
boles salvajes esté junta , digo que entre
otros árboles que en aquella tierra yo vi,
hay uno que el nombre me paresge y es
sugio, y en aquella lengua de Nicaragua
no quiere degir lo que en la castellana
suena y peor aplican los nuestros espa-
ñoles. Llámanle nanzi: son árboles me-
dianos en el altura^ é ásperos, torgidos
é no de hermosa vista. La hoja es peque-
ña é menor que de engina, aunque no
espinosa , mas quassi de aquella forma.
La fructa que lleva, son unas majuelas
amarillas é no desplagibles al gusto, é
su sabor declina mucho ó paresge man-
jar de queso: ni es oloroso,* ni dañoso,
ni para hager mucho caso del. Hay mu-
chos árboles destos en muchas partes;
é donde yo he visto mas es en aquel
monte de Masaya (de quien en su lugar
adelante, en la tergera parte, hay mucho
que de degir). Los indios llaman este ár-
bol é la fructa nanzi. É esta fructa es de
la manera que he dicho, en muchas par-
tes ; mas en otras son tan grandes como
bodoques pequeños. Alguna fructa des-
ta es agrá é otra dulge , é la mejor do-
lía es en los llanos ó vegas de la pro-
vingia de Nicoya. Este árbol es como
el del brasil: pero no es el mismo brasil
como algunos pienssan: é con él dan co-
lor al algodón é á lo que quieren teñir
en la provingia de Nicaragua los in-
dios.
HE INDIAS. LIB. IX. CAP. XXI.
351
CAPITULO XXI.
De dos cosas notables en las maderas c árboles desla Isla Española y de las oirás islas é Tierra-Firme.
jnLníes que á mas se progeda, pues que
]a materia (leste libro y árboles salvajes
de nesgessidad ha de yr aumeatáudosse,
assi como con el tiempo se fueren expe-
rimentando las cosas deste jaez , quiero
degir dos cosas notables , pues no impi-
dirán al proceso é orden que llevo en
Ja narración de la historia. Y pues lo que
diré es general é toca á estas nuestras
islas é á la Tierra-Firme; la una es que
muy pocos son los árboles que en estas
partes pierden las hojas. Y assi como en
Assia é África é en nuestra Europa y en
lo restante del mundo fuera destas nues-
tras Indias, son pocos los árboles que
mantienen la hoja é la tienen continua-
damente , assi acá por el contrario jamás
están sin ella ni la pierden en algún
tiempo, sino algunos é muy pocos.
Dige Plinio * que el olivo, laurel, pal-
ma , mirtho , ciprés , pino , yedra , ni el
rododendro no pierden jamás la hoja, é
pone assi mismo trege árboles salvajes
que tampoco la pierden, assi como abe-
te, lárice, pinastro, ginebro, cedro,
therebintho , box, sschio, aquifolio, al-
cornoque, naxo, tliaray, corbegolo (es-
te corbegolo piensso yo que debe ser
mimbre) é otros. De manera que pone
por todos veynte é uno, y entre los es-
terpos que no se les cae la hoja pone la
caña y el rovo. Este rovo es carrigo ú
otra tal espegie. En fin que son en núme-
ro veynte é tres. É dige que en el terri-
torio taurino, donde fué lacibdad Sibari,
avia una engina que no perdia jamás la
hoja , ni metia antes de la mitad del ve-
rano. Assi que, todos los que el Plinio ex-
pegifica son veynte é quatro géneros los
que no pierden la hoja , non obstante que
el mismo auctor dige que á los susodi-
chos se les caen las hojas, exgepto en lo
alto. Mas quiero yo degir de los árboles
destas partes al contrario de lo que dige
Plinio ; y es que no piensso yo que se ha-
llarán en las Indias seys árboles que
pierdan la hoja ni la dejen de tener con-
tinuamente: y de los que á mi notigia al
presente me ocurren , solos quatro son
los que yo sé que en estas Indias la pier-
den. El uno es los giruelos de Nicaragua
y los hobos , y dixe quatro , porque en
mi opinión estos dos son de un género,
é que no lo sean, serian ginco los que la
pierden. É el otro es las higueras de Gas-
tilla, é aun estas totalmente no pierden
toda la hoja, porque verdes ó secas, al-
cangan las nuevas algunas hojas en el
árbol que le quedan del año passado,
que también se caen venidas las nuevas.
El otro es el árbol de la cañafístola , é el
otro algunas geybas.
Con todo , dige el mismo Plinio que es
tanta la fuerga del sitio ó lugar, que en
torno á Memphis de Egipto é de Elephan-
gie ni en Thebayda á ningún árbol ni vid
se le cae la hoja. De manera que en estas
particulares provingias dige lo mesmo que
por estas Indias hay ó vemos en esto, si
yo lo he sabido entender; porque aun
destos que he dicho que acá pierden la
hoja, los dos son forasteros é traydos poco
ha por nosotros de España, assi como las
higueras é la cañafístola.
Passemos á la otra particularidad ó
notable que me queda de degir de las
1 Plin. ,Hb. XVI, cap. 19.
352
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
maderas destas partes é de su fragilidad.
Es cosa muy notable é asaz dañosa en las
maderas desta Isla Española que a viendo,
como hay en esta cibdad de Sancto Do-
mingo, muy buenos edefigios, segund lo
poco que ha questa tierra se comentó á
poblar é á labrar las casas della , están ya
las maderas de las puertas é las vigas de
los sobrados ó casas dobladas , é todo lo
que es de leña tan menoscabado é comi-
do de broma é comixen é carcoma , é tan
envegesQidas é penetradas todas las ma-
deras , que ha fecho é hage mas impres-
sion el tiempo en ellas ( para su daño) en
un mes, que en España suele hager en
dos años. Bien tengo creydo questos de-
fetos que paresgen en los primeros edefi-
gios destas partes, harto dello debe pro-
geder, como en otro lugar lo he dicho,
de no aver sabido cortar las maderas en
su tiempo debido ó sagon conviniente , é
de las labrar verdes é no enxutas , y tam-
bién de no tener experimentados los gé-
neros de las maderas. De forma que la
experiengia ha de ser el desengaño desto
y la que enseñe los hombres con el tiem-
po, y este ha seydo acá muy corto. An-
tes es de maravillar cómo están muchas
cosas tan adelante é gerca de ser enten-
didas de todo punto en esta cibdad , se-
gund lo que tiene edificado , é seyendo
tan moderníssima poblagion. Por esta
misma razón se cree que todas estas difi-
cultades é otras semejantes de las made-
ras y edefigios ternán ya mucha enmienda
en lo presente é por venir , pues de los
mismos defetos toman su pringipio los
avisos, para que la gente de buen enten-
dimiento, como mas enseñada, provea
en lo venidero. É conosgidamente son
mejores mucho las maderas é la labor, é
lo que se edifica al presente que no en
el tiempo passado , quando aun á los mas
de los árboles no se les sabia el nombre.
Y agora, como cada dia se aumentan las
labores é se ennoblesgen é magnifican los
edefigios, puesto que son muy costosos
todos los materiales , y la mayor costa de
todas es la broma , no obstante essa , se
mejoran mucho las moradas, aunque el
comixen , no tan solamente corrompe é
passa las maderas, pero los muros de
piedra é paredes de tierra ( que creo que
son en esta cibdad de Sancto Domingo
de las mejores del mundo comunmente),
todo lo trasgiende é penetra. Ya los que
se ocupan en cortar la madera, guardan
las menguantes de la luna é tienen mejor
entendido el género de los árboles , é as-
si cada uno los aplica mas sabiamente á
lo que le conviene.
CAPITULO XXII.
De los árboles que los chiipstianos llaman en la Tierra-Firme membrillos, aunque no lo son, é d¿ la frucla
que llevan.
H
ay en Castilla del Oro , en la provin-
gia de ^emaco , ques dentro del golpho
de Urabá , é en otras muchas partes de
la lengua de Cueva , en la Tierra-Firme,
assi en la costa del Norte como en la del
Sur, en muchos arcabucos ó selvas é bos-
cajes salvajes , unos árboles que quieren
parésger sus fructas membrillos, porque
son de aquel tamaño é assi amarillos : los
quales cada membrillo ó fructo destos son
redondos é como el puño grandes, y al-
gunos mayores, é quitantes la cortega con
un cuchillo (la qual y el membrillo amar-
gan) é hácenlo quartos, é partidos en dos
partes, de dentro tienen quatro aparta-
mientos , é en cada uno una pepita amar-
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XXII.
3í)3
guíssima que echan amal , é lo róstanle
del membrillo échanlo en la olla con la
carne ó sin ella, con bergas ó con otras
cosas que quieran guisar, é son muy
buen manjar é sanos , é de buen sabor , é
sustangiossos, é grand mantenimiento ; é
no es vianda pesada ni ventosa, é de
buena digestión , con tanto questén bien
cogidos. Los árboles , en que nasgen , no
son grandes ni son pequeños. Tienen mas
semejanza de plantas que de árboles, é
hay mucha cantidad dellos , y en la ma-
yor parte del año se hallan.
CAPITULO XXIIf.
De los perales salvajes de la Tierra-Firme \.
jl<n la gobernación de Castilla del Oro
en las sierras de Capira é en tierra del
cagique de Juanaga , é en otras partes de
la lengua de Cueva, hay unos árboles her-
mosos é grandes que los chripstianos lla-
man perales; y de hecho la fi'ucta que lle-
van, son peras en el talle y en la color, é
no en mas , porque el cuero es tan gordo
como de un borgeguí de cordobán , é la
carnosidad de dentro no es mas gruesa
que una pluma de escrebir de un ansa-
ron , ó quando mas como la de un gisne;
é el cuesco es grande que ocupa todo lo
demás, y no cuesco, sino una pepita,
cubierta de una telica delgada , que pro-
veyó natura, porque lo que se come
desta fructa no tocasse á la pepita , que
es amarguíssima. Son tan grandes estas
peras como las peras grandes vinosas de
España , ó como aquellas de la isla de la
Palma, que piensso yo que son de las me-
jores é mas hermosas del mundo. En fin,
estas que digo de Tierra-Firme , muchas
dellas pesan una libra é algunas mas é
otras menos , é no son dignas de deses-
timar, porque en el árbol nunca madu-
ran ; mas después que han cresgido , to-
man las mayores dellas é pénenlas en
un rincón de casa sobre un poco de hier-
va ó de paja seca, e alli se maduran,
como hagen las servas en España. É des-
que están maduras, fágilmente se dexa
cortar aquella cortega que tiene é se des-
pide por sí misma la pepita de en medio
con su telilla , e la cortega assi mismo,
é lo que queda de comer paresge man-
teca é es un gentil manjar , é yo le tengo
por mejor que las peras de Castilla . Es-
tos son árboles altos é copados é frescos,
é la hoja semejante á la del laurel, mas
es mayor y mas verde. Cortando con un
cuchillo aquella pepita que estas peras
tienen , paresge castaña inxerta mondada.
Verdad es que, aunque yo puse aqui es-
tos árboles por salvajes y los he visto en
los montes , como he dicho , é donde los
indios ni los chripstianos no ponen in-
dustria ni trabaxo alguno en los criar , é
solamente el hortelano es Dios , y assi lo
dixe en aquel reportorio que escrebí en
Toledo, dirigido á la Magostad Cesárea, el
año de mili é quinientos é veynte y seys;
después , algunos años passados , vi mu-
chos destos perales en la provingia de
Nicaragua, puestos á mano en las hereda-
des é plagas ó assientos de los indios, é
por ellos cultivados. É son tan grandes
árboles como nogales algunos dellos;
mas las peras son menores que las de
Cueva. Con queso saben muy bien estas
peras , y quando oslan sagonadas para
las comer , piérdense , si las dilatan é
{ Este árbol es el aguacate , que los hay de Reyno llániasse cura,
tres generaciones. En algunas provincias del Nuevo
TOMO I.
45
354
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dexan passar aquella sagon; porque se
acedan é pudren é no valen nada , si con
tiempo no las congeden al gusto. Este ár-
bol ó perales también se pudiera poner
en el libro precedente con los fructíferos;
pero no es inconviniente : que primero
fueron todos salvajes que la industria de
los hombres en curar del los se ocupasse.
CAPITULO XXIV.
De 9Íerlos leños ó esterpos salvajes , que relucen de noche , como fuego.
ll<n la Tierra-Firme ( é aun en España)
se hallan giertos leños ó troncos podri-
dos, de los que há mucho tiempo que es-
tan caydos en tierra ó se han tornado H-
geríssimos de poco peso , é blancos , é
relugen de noche como brasas vivas. É
quando nuestros españoles hallan destos
palos é van de noche á entrar é hagen la
guerra en alguna provingia é les es nes-
gessario caminar de noche por parte que
no se sabe el camino , y aunque se sepa,
siendo el tiempo escuro , toma el delan-
tero que guia é va junto al indio que les
enseña el camino , una astilla deste palo,
é pénesela en el bonete ó sombrero de-
trás sobre las espaldas , é el compañero
que va tras aquel sigúele atinando é vien-
do la dicha astilla que assi reluge. É
aquel segundo lleva otra tal astilla , tras
el qual va el tergero; é desta manera to-
dos las llevan , é assi ninguno se pierde
ni aparta del camino que llevan los de-
lanteros. É cómo quiera que esta lumbre
ó resplandor della no paresge desde muy
lexos della, es un muy gentil aviso, por
el qual no son descubiertos ni sentidos
los chripstianos , ni los pueden ver desde
muy lexos. A mí me paresge que tal leño
seria de mucha estimagion é presgio , si
aquella claridad fuesse mas perpetua : la
qual de dia no paresge , é con luna no
reluge sino poco ; é cómo se tracta é le
tocan las manos, luego desde á dos ó tres
dias no resplandege. Y es harto mejor
que esto el resplandor de aquellos esca
rabajos que acá se llaman cocuyo , de los
quales en su lugar será fecha mengion.
CAPITULO XXV.
De las en9¡nas que e¡ auctor dice que hay é vido en la Tierra-Firme , no lexos de la costa austral, en las
haldas de la sierra que llaman de OrocL
Acuerdóme que , yendo yo desde la cib-
dad de León , ques en la provingia de
Nagrando , en la gobernagion de Nicara-
gua, á me embarcar en Nicoya para yr
á la cibdad de Panamá por la costa é
mar del Sur, después que ove subido
una áspera sierra, gerca de las haldas de
la sierra que llaman de Orogi (é aquella
dexando sobre la mano siniestra al norte,
después de encumbrado alli, comiengan
los llanos de Nicoya), é bien una legua
adelante en el mismo camino , dexando
todavía las sierras de Orogi al norte, ca-
minando al leste, topé en las haldas de
aquella sierra un enginar de bellotas , é
como no era tiempo dellas, ningunas se
hallaron en las enginas. Mas en el suelo
se hallaron hasta una dogena dellas : que
yo me paré con los que llevaba conmigo
á las buscar, é las comí aunque estaban
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XXV.
algo secas ; é son ni mas ni menos que
Jas de España , assi las encinas en el ár-
bol é hoja , como en el fruclo. Esto he
dicho para que se sepa que hay tales ár-
boles donde he dicho , y porque digo
que no era tiempo de bellotas alli , este
dia se contaron siete de agosto. Pero no
dexaré de degir un pasto que aquel dia
tovieron los indios que yo llevaba en mi
compañía aquel dia en la noche, que fuy
á dormir á par de un arroyo que llaman
de los Murciélagos , porque hay muchos,
é está muy hondo , entre dos barrancas,
é muy ^errado de arboledas é boscaje.
Aquella noche , ciertos indios que me lle-
vaban mi ropa , comian sapos grandes
assados , y estos indios eran de la pla^a
de Nicaragua, é por amistad me llevaban
las cargas hasta veynte dellos , é el dia
antes avian comido muchos alacranes
assados. Y cómo yo maravillado de su
manjar los miraba , ellos con mucha risa
me convidaban á él é degian que era
muy bueno. Podia aver desde alli legua
é media ó dos al rio grande que llaman
Marinia, el qual baxa de aquella sierra
que he dicho de Orogi , é desde do es-
tá el dicho encinar hasta Nicoya pue-
de aver onge ó doQe leguas , poco mas ó
menos.
CAPITULO XXVI.
Del árbol llamado capera é de la l'rucla que Heva, que es una manera de almendras muy grandes.
Vjapera llaman los indios de la lengua
de Cueva, en la Tierra-Firme, á unos ár-
boles poderosos é muy altos é gruesos,
é en lo baxo algunos dellos están huecos
é paresgen olmos; mas la fructa que lle-
van son unas almendras grandes, lasqua-
les se les caen , quando están maduras é
aun curadas, que es en el tiempo que
gesan las aguas, desde mediado noviem-
bre adelante en digiembre é enero é he-
brero, que es todo esto tiempo sin agua
en Castilla del Oro. E estas almendras se
caen é se despegan por el pegón , é son
tan grandes como aquesta que se debuxa
aqui, poruña dellas, al proprio tamaño
[Lám. 3.", fuj. 16."): é son ni mas ni
menos que el almendra nueva de Castilla
en la tez , antes que despida la cortega
que las almendras nuestras tienen sobre
el cuesco , é ábrese esta almendra de sí
misma desde la punta hasta el pegón
por medio, por la parte combada ó enar-
cada. Y esta almendra no es de comer
mas que un palo , sino quatro cósicas que
hay dentro della del tamaño de agey tunas,
no mayores que aqui se pintan y de la
misma fagion desta. Y cada una dellas
está cubierta de una cascara delgada é
negra , é tostadas pierden aquella cascara
é quedan tan blancas como avellanas
mondadas, y en el sabor son mejores
que avellanas. Fructa es salvaje que no
se siembra, aunque también he oydo que
los indios en el tiempo passado ponían
estos árboles en sus assientos é los estir-
maban. La madera no es buena: que es
fofa. En la cibdad de Panamá, dentro en
el pueblo, gerca de las casas ó buhios de
los pescadores , yendo al monesterio de
Nuestra Señora de la Merged, hay algunos
destos árboles, óá lo menos los ovo has-
ta el año de mili é quinientos é veynte
y nueve: de los quales yo comí algunas
veges desta fructa, la qual ningund daño
hage, aunque se coma cantidad della , an-
tes ayuda á la digistion común en qual-
quier tiempo que la coman, antes ó des-
pués del pasto.
35G
HISTORIA GEJNERAL Y NATURAL
CAPITULO XXVII.
De ciertos árboles que hay en Nagrando , en la goberna9Íon de Nicarag-ua en la Tierra-Firme , que sirven
sus fructas á lo mismo que las agallas, para hacer tinta: á los quales árboles llaman los chripslianos el ár-
bol de la tinta ; é de qué manera se haQe la tinta con esta frucla.
Hin la provingia de Nicaragua en la
cibdad de León , hagen los chripslianos
tinta muy buena para escrebir con la
fructa de giertos árboles é con ageche,
que hay asaz en aquella tierra, y es
desta forma. Echan aquellos árboles unas
cosas ó fructa luenga como medio dedo,
é tan ancha quassi como un dedo, la
qual tiene tez de garrova, é. sécase ella
en el árbol é tuérgese é paresge corne-
guelo, é quebrándola tiene aquel polvo
mismo que las agallas de tinta ; é aquel
batido é revuelto con agua, pónenlo
aparte : é por otro cabo deshagen ageche
en agua , é juntada el un agua con la
otra , se hage muy buena tinta , é digo
tan buena que no le hage ventaja la que
se hage de caparrosa é agallas, é es muy
dulge é turable que no caduca ni salta,
é muy negra en color. Yo tengo escriptas
asaz cosas en mis memoriales, desde que
por aquella tierra anduve, que paresge
que están mejor agora que quando las es-
crebí*
CAPITULO XXVIII.
Del árbol llamado guaco é su fructa, el qual árbol se halla en la Tierra-Finnc.
Jjin la provingia de los Chondales é en
otras parles de la Tierra-Firme, en la
costa austral é gobernación de Nicara-
gua, hay unos árboles grandes como no-
gales é de lindo verdor. La hoja es co-
mo la del nogal , pero menor é mas del-
gada. Estos árboles llevan una fructa que
ella y el árbol se llama guaco, y es un
fructo luengo, como pera de mal talle, é
mucho mayor é mas grueso , é está en
el árbol mucho tiempo é madura por
Sanct Johan ó pocos dias antes ó des-
pués: la cascara ó cortega es gruesa, é
la fructa es de dentro amarilla de una
carnosidad que quiere algo paresger car-
ne de membrillos, é es de muy buen sa-
bor. Tiene un grueso cuesco é durissi-
mo é amargo, é magigo dentro é amari-
llo , é entre él é lo que es de comer, á
par del mismo cuesco, está tanta cantidad
ó gordor de un dedo ó mas, del arte que
está lo duro de un palmito de los terre-
ros é assi pajoso, é aquello no se come.
Esta fructa es muy sana é nunca madura
en el árbol ó muy tarde : é en el mes de
junio la cojen é la ponen entre paja, é alli
se madura de la manera que en España
se maduran las servas. La madera des-
tos árboles no es muy buena ni tampo-
co es mala ; pero para la labrar é cosas
de carpen liria no se hage mucho caso
della.
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XXIX.
357
CAPITULO XXIX.
De los árboles é fructa que los españoles llaman agoreros, en la Tierra-Firme.
iLn la costa de la Tierra-Firme , en la
provincia de Araya, gerca de la isla de
Gubagua, hay una fructa que llaman ago-
rerosy que nas^e en unos cardones seme-
jantes á aquellos, de quien se tracto en el
libro VIII de suso, en el cap. XX Vil, que
en ninguna cosa difieren sino en la fruc-
ta , que es muy diferente la una de la
otra. Estos agoreros nasgen en aquellos
cardones quadrados, altos é derechos,
como los que hay en esta Isla Española é
en otras muchas partes destas Indias. Es-
ta fructa de los agoreros está vestida de
un erigo como la castaña , é quando es-
tán maduros la desechan é se abren é
quedan redondos, del tamaño de una pe-
lota pequeña de jugar á pelota , é que-
dan de color amarillo , é algunos de co-
lor encarnado. La carnosidad desta fructa
es como higos doñigales ; pero de muy
mejor saber , é de tan exgelente olor que
tira á mosquetas ó jazmines : é están lle-
nos estos agoreros de granillos y no ha-
gen tanto empacho como los que tienen
los higos. Por causa de aquesta fructa,
llaman los españoles á aquella gente de
aquella tierra agoreros, los quales indios
son habilíssimos nadadores para la pes-
quería de las perlas que por aquella costa
se exergita, y están mucho espagio debaxo
del agua en ginco é seys bragas. Esta
fructa es sana, y aunque coman mucha de-
lta, ni enoja ni hage mal estómago ni da-
ña, aunque sea comida en qualquier sagon .
CAPITULO XXX.
De los árboles odoríferos de la Nueva Castilla.
.iLn aquellos señoríos que fueron de Ata-
baliba, que agora se llaman la Nueva
Castilla , en la tierra que desta é de la
otra parte de la línia equinogial gobierna
por Sus Magestades el marques, don Fran-
gisco Pigarro , y en espegial desde Puerto
Viejo adelante hasta la punta que llaman
de Sancta Ellena por la costa, todos los
mas de los árboles que hay son á la ma-
nera de fresnos en la hoja é muy tiernos
de quebrar , é huelen á hinojo ; y echan
una resina muy odorífera que los indios
estiman é tienen en mucho, porque sahu-
man sus ídolos con ella, é en sus sacri-
figios é idolatrías usan mucho destos sahu-
merios; y á la verdad huelen muy bien.
CAPITULO XXXL
De los de la canela, en la provincia que llaman Quito en la tierra austral.
a provingia de Quito es en la tierra Diego de Almagro, é en su nombre el ca-
que á la parte austral conquistaron los pilan Sebastian de Benalcágar. En gíerta
adelantados don Frangisco Pigarro é don parle de aquella provingia se ha hallado.
358
HISTORIA GENEKAL Y NATURAL
una gierta manera de nueva canela, por-
que á la verdad no es como la que tene-
mos en uso é viene de la Especiería é
islas de Maluco é Bruney é de por allá;
sino de nueva forma é no semejante á la
que todos conosgemos sino en el sabor é
en el olor y no en la hechura, porque
aquesta nueva canela es unos capullos ó
engastes ó vasillos de alguna fructa , de
los quales mis amigos é conosgidos me
han enviado algunos, y lo que puedo
conjecturar dellos es lo que digo, y estos
son del tamaño que aquí los debuxo [Lá-
mina 4.', fig. 1/). Este primero está de
espaldas , y el segundo está mostrando
el vaqüo. Tienen un color pardo escuro,
é á mi juigio su sabor no es turable: que
presto se le passa aquel sabor é le pier-
de ó la mayor parte del ; é escríbenme
que donde esta canela es fresca, ques mu-
cho mejor que la que se usa en España.
El gordor destas cascaras ó vasillos es
como de un real de plata é arrugadas por
de fuera, é de dentro mas lisas, é aquel
pegón paresge como de un higo passo.
Créese que la fructa que en estos vasillos
nasge, debe ser exgelente.Los chripstia-
nos no la han visto, porque á aquella
provincia de Quito les llevan á rescatar
estas cascaras ó canela, si lo es, é les di-
gen que los árboles, en que nasgen, son
pequeños.
Después questo escrebí, estuvo en es-
ta cibdad el dicho capitán , Sebastian de
Benalcágar, que venia de España, donde
Su Magestad le higo mergedes é su go-
bernador é capitán general é adelantado
de la provingia de Popayan (del se trac-
tará en el libro XLV de la III parte
destas historias) ; é há muchos años que
nos conosgemos, y en esta cibdad de
Sancto Domingo , de donde se partió pa-
ra la dicha su gobernagion el año próxi-
mo passado de mili é quinientos y qua-
renta , en el mes de digiembre , comu-
niqué esto desta canela con él , porquél
fue el primero de los españoles que en
la provingia de Quito ovo notigia della.
É me dixo que yba muy puesto en la ver
en sus árboles, é que segund la informa-
gion tenia , nasge en la costa del gran rio
Marañon, que descubrió Vigente Yañoz;
é por de dentro de la Tierra-Firme, des-
de la dicha su gobernagion de Popayan,
dige que hay mucho aparejo para ello é
para otros grandes secretos de aquel rio,
é por allá piensa hager el passo é abrir
su negogiagioné puertos para estotra mar
nuestra del Norte , aunque él al pressen-
te, para yv á su gobernagion, entra por el
rio de Sanct Johan , ques en la goberna-
gion del adelantado don Pasqual de An-
dagoya , en la mar del Sur , é plega á
Dios que se haga buena vegindad. Y esto
baste quanto á la canela ques dicho, has-
ta que mas sepamos della.
CAPITULO XXXII.
De los salces de la tierra austral.
D
e muchos testigos que de vista lo han
visto é estado en la tierra austral de la
Nueva Castilla , que aqui están é son ve-
ginos desta cibdad de Sancto Domingo de
la Isla Española, sabemos, y otros ami-
gos é personas de crédito escriben , é to-
dos en conformidad digen que hay mu-
chos salges en aquellas provingias en las
costas é riberas de los rios de los mis-
mos que en España hay; é que los indios
los plantan para adornamiento de la tier-
ra , é porque les son gratos tales árboles,
é los chapodan en sus tiempos, para se
servir de la leña de los dichos salges.
DE INDIAS. LIB. IX. CAP. XXXIII.
359
CAPITULO XXXIII.
Del árbol llamado damahagua, é de pierias córlelas de árboles para sogas é cuerdas.
Jlil árbol llamado damahagua es muy co-
mún en esta isla é otras é en la Tierra-
Firme, é hay muchos árboles destos. La
madera no es buena ni su frucla; pero su
cortega no se desprecia, porque della ha-
gen los cabestreros muy buenas sogas,
del tamaño é gordor que quieren , é assi
mismo xaquimas é maneotas para caba-
llos é otras cosas , é la xargia para na-
vios pequeños. Y en esta Isla Española
hagen de cortejas de árboles otro hilo é
cordeles delgados que llaman daguita, y
este es el mejor género de hilo de todos,
para alpargates é hamacas é otras cosas
é mas regio quel henequén é que la
cabuya. Otras cortegas de árboles colo-
radas hay en esta Isla Española , las qua-
les llaman xagüey , de las quales assi mis-
mo hagen alpargates é sogas é otras
cosas: é dánles este nombre porque
en esta lengua de Hayti el árbol que
descorlegan para esto le llaman xa-
giley , y á un charco llaman xagüev assi
mismo.
CAPITULO xxxiv.
Del árbol llamado guao.
fjTüAO es un árbol ques mas que planta,
é por esso le llamo árbol : que también
los he visto grandes. Quiere paresger en
la hoja al que en España llaman acebo , y
este guao tiene la hoja muy verde é assi
crespa: puédesele atribuir á su fuego é
ardor todo lo que se dixo de los nian-
ganillos de la hierva, en el cap. XII des-
te libro IX; pero no en la pongoña, por-
que si en ella le ponen los indios (que no
me maravillarla desso), no lo sé ni lo he
oydo. Pero en lo demás es un fuego é
potentíssimo cáustico , en tanta manera
que gierta leche blanquíssima que sale,
cortando ó despegonando las hojas, ó
cortando sus cogollos ó el gumo de las
ramas ó hojas , é aun el rogio que sobre
tal árbol está, caydo en la cara ó en qual-
quier parte de la persona, lo abrassa
qualquiera cosa destas é lo quema é alga
ampollas é lo hincha , que es cosa para
admirar. Y diré lo que vi aun compañe-
ro destos chapetones ó nuevamente ve-
nidos, que no conosgiendo este árbol,
estando que estábamos en el campo, él se
apartó á hager lo que no pudo excusar
para hager cámara , é cómo se quiso lim-
piar, deparóle su suerte giertas ramas, alli
á par, deste guao é tomó algunas hojas é
con ellas Umpióse de tal manera y quedó
tal que en toda essa noche no pudo dor-
mir ni aun á otros dexó reposar, ni en el
dia siguiente dexó de padesger tanto ar-
dor en aquella parte que no se podia va-
ler. Y en fin es tal que en lugar de so-
liman, sirve para comer la carne podrida
de las llagas, é es mas incomportable.
Con todo esto es bueno para lo que
agora diré. Y es que las indias desta isla
(nuestra Española), algunas deltas que se
atreven á padesger por paresger mejor,
cómo han envidia de ver á las mugeres
de España blancas, toman las rayges del
guao é ásanlasmuy bien; é después que
360
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
están muy asadas é blandas, tráenlas en-
tre las palmas buen rato frotándolas , é
en medio la rayz , é hágenla tornar como
pasta de engüente : é con aquello úntan-
se la cara é pescuego é todo lo que quie-
ren que les quede blanco , é sobre aque-
llo ponen otras ungiónos de hiervas é
gufflos confortativos, para quel guao no
las ase vivas ó lo puedan comportar ; é
á cabo de nueve diasquítanse aquello to-
do é lávanse, é quedan tan blancas que
no las conosgerán, segund están mudadas
é blancas , como si nasgieran en Castilla .
Pero ni de las indias questo hagen ni de
las chripstianas españolas que gastan so-
liman é albayalde en afeytarsse , pocas
agiertan á ser monjas ni aun á hager co-
sa que honesta sea; y esto baste quanto
al guao.
Gomienga el libro degeno de la primera parte de la Natural y general historia de las
Indias : de los árboles medegiaales é de las plantas é sus propriedades.
PROHEMIO.
Jr ues se ha tractado en los libros prege-
dentes de los árboles fructíferos y de los
salvajes é de sus diversidades, quiero ago-
ra en este libro degeno degir de los me-
deginales é muy señalados por sus exge-
lengias, é de las plantas é sus proprie-
dades , en espegial de lo que á mi noli-
gia é vista oviere ocurrido , é de lo que
bastantemente me fuere con verdad in-
formado ; porque en lo que algún míni-
mo escrúpulo yo tuviere , no lo daré en
presgio que se deba creer de lo tal , sino
lo que se debe afirmar de las cosas dub-
dosas. Y en lo que yo no apuntare ó die-
re señal de dubda, fielmente se me puede
creer é aver por gertíssimo ; porque ^é-
sar no quiere fábulas , ni yo las sabré de-
gir, sino lo que en efeto de semejantes
materias se debe pronungiar ante Su Ma-
gostad. Quanto mas que son en sí estas
cosas tan apartadas é nuevas, que no hay
nesgessidad de figiones para dar admira-
gion á las gentes , ni para dexar de dar
infinitas gragias al Maestro de la natura,
que de tantas maneras la hizo hábil para
engendrar é criar todos los efetos é
propriedades que le plugo. É assi podrá
TOMO I.
ver elletor, sin sospecha fabulosa, quán
capaz es essa misma natura, acordándo-
se que es muy poco lo que ella hage á
respeto de lo que le puede permitir é
dexar obrar el mesmo que á ella hizo : é
considerado aquesto , hallará que de los
árboles é plantas de que aquí se tracta-
rán tan maravillosos efetos , como pro-
geden dellos , é para tan señaladas é in-
curables dolengias , no ha de dar las gra-
gias á las criaturas ó cosas criadas, sino
al criador dellas que es el mesmo Dios,
que tales cosas nos enseña, para que me-
jor le conozcamos é sirvamos y de ente-
ro coragon le amemos, porque nos ama,
é por quien él es primeramente. Y haré
pringipio en un árbol que en la verdad
ni yo le sé el nombre que los indios le
dan en esta isla ni en las otras , ni en la
Tierra-Firme, donde en cada parte se nom-
bra en diferengiada manera por la gran di-
ferengia é moltitud de las lenguas que en
estas Indias hay : ni aun tampoco sé si le
sabré dar á entender tan bien , como yo
querría , por la grande desconviniengia é
figura que tiene con todos los otros ár-
boles. Y es tanta, que no me sé determi-
46
362
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
nar si es árbol ó monstruo entre árboles;
pero como yo supiere, diré lo que del
he comprehendido, remitiéndome á quien
mejor lo sepa pintar ó dar á entender,
porque es mas para verle pintado de
mano de Berruguete ú olro exgelente pin-
tor como él , ó aquel Leonardo de Vin-
ge , ó Andrea Manteña , famosos pintores
que yo conocí en Italia, que no para
darle á entender con palabras. É muy
mejor que todo esto es para visto que
escripto ni pintado. Los cliripstianos que
por acá andan le llaman el árbol de las
soldaduras con mucha ragon , por lo que
de su propriedad y efeto se ha muchas
veges visto y experimentado. É assi suc-
resive se procederá á las otras cosas que,
conforme á tales materias, se deben aqui
acomular.
CAPITULO I.
Del árbol ó planta con que se sueldan las quebraduras ó cosas rompidas en la persona del hombre.
Jrlay en esta Isla Española unos árboles
que son comunes é hay muchos dellos
en estas islas é muchos en la Tierra-
Firme : los quales son espinosos é tales,
que al paresger ningún árbol ó planta se
puede ver de mas salvajez , é segund la
manera suya no me sé determinar si es
árbol ó planta. Hage unas ramas llenas
de unas pecas anchas é disformes ó feas
de muy mal paresger é talle, é muy
gruesas y espinosas ; las quales ramas
fueron primero hojas é pencas cada una
dellas, é de aquella hoja ó penca nas-
gieron otras, é de las otras, otras. É des-
tas pencas enduresgidas , ó en tanto que
se enduresgen , procrean otras alongán-
dose , é de las otras , otras , é de penca
en penca se convierte en rama. Final-
mente , es de tal manera este árbol , que
tengo por dificultoso poder darse á en-
tender por escripto , é seria nesgessario
pintarle de mano de tal pintor, é de tan
apropriadas colores , que por la vista se
comprehendiesse lo que por las palabras
no creo que es possible entender ningún
absenté, tan al proprio como de otros
árboles se entiende , por ser tan desse-
mejante de todos, que otro nombre me
paresge que no hay tan al propóssito de
su salvajez y extremos nunca oydos ni
vistos (en otras partes) , sino monstruo
del género de los árboles.
Machacadas las pencas deste árbol,
quitadas las espinas primero , é tendido
lo que assi se machacare en un paño de
liengo , á manera de emplasto , é ligada
con ella una pierna ó brago quebrado,
después que primero se hayan congerta-
do los huessos rompidos , lo suelda é jun-
ta é afixa tan perfetamente, como si nun-
ca se quebraran, si bien se congiertan pri-
mero los huessos de las tales quebradu-
ras. E hasta que ha hecho su operagion
está tan asido el emplasto ó medegina ya
dicha con la carne , que es muy dificul-
toso é penoso despegarlo ; pero assi co-
mo ha curado é fecho su buena opera-
gion , luego por sí mismo se aparta é
desecha el emplasto de aquel lugar, don-
de lo avian puesto. Destos mismos árbo-
les hay muchos en la provingia de Nica-
ragua en la Tierra-Firme, y echan una
fructa colorada , brescada , tamaña como
una ageytuna gruesa, de color de un
muy fino carmesí ; é tiene unas espinas
por engima toda ella, como vello, quassi
invisibles por su sotilega y delgadez , y
éntranse por los dedos, quando hombre
las toma en las manos. É desta fructa en
aquella tierra las indias hagen gierta pas-
DE INDIAS. LIB. X. CAP. I.
363
tá é córtanla en pedamos quadrados, tan
delgados como una alcorga, é tamaños
como una uña del dedo , y envueltas on
algodón , porque no se quiebren , las sa-
can á las plagas y á sus mercados á ven-
der, y es cosa estimada para se pintar con
esta color los indios é indias. Y es exge-
lente color de carmesí muy bueno , é al-
guno dello declina á color rosado ; y es
mejor color para se afeytar las mugeres,
que la que en Italia é Valengia ó España
y otras partes usan las que quieren emen-
dar, ó mejor digiendo, remendar y estra-
gar la imagen ó figura que Dios les dio.
Destas piegas ó pastillas desta color he
yo experimentado muchas en debuxos é
pinturas, por mi plager é por ver si es co-
lor turable ; é hallo que es excelente pin-
tura, porque en algunas cosas pintadas
en papel yo la tengo puesta mas ha de
seys años, y está hoy mejor é mas viva
la color que el primero dia que se assen-
tó. Y téngolo por mucho, porque se tem-
pló con agua clara é sin goma ni alguna
otra diligengia de las que los pintores
suelen usar, para templar sus colores, an-
tes que las labren. Es muy semejante es-
te árbol en las hojas á los cardos, con que
en esta cibdad bardan las paredes de los
corrales de las casas , ó como las hojas de
las tunas, que son los mismos cardos, de
quien se dixo en el libro VIII, en el capí-
tulo XXVIIl. Estos árboles no cresge el
mayor dellos mas alto que dos estados ó
poca cosa mas de la estatura de un hom-
bre : la color del tronco es pardo áspe-
ro , é los bragos é ramas assi mismo,
é los extremos dellas , que son las hojas,
están algo verdes. É algunas nagen por
el través , donde quiere de nuevo pringi-
piarse otra rama en la misma hoja ; pero
todas las hojas , como he dicho , son muy
espinosas, como las tunas, é assi mismo
las ramas. Pero con mi mal debuxo por-
né aqui la forma que tiene este árbol , si
lo supiere hager, para que juntamente
con lo que del tengo dicho, mejor se pueda
entender é considerar [Lámina 4.* , figu-
ra 2."). É si esto no bastare, digo que
quien desde esta cibdad de Sancto Do-
mingo desta Isla Española fuere á la villa
de la Yaguana , ques al poniente é parte
ocgidental desta isla, hallará destos ár-
boles muchos en el mismo camino real , é
ha de passar á par é junto con ellos de
nesgessidad, sin se desviar del camino
antes que lleguen á las vegas é cumbres
del puerto del rio Hatibonico, é desde
alli viniendo á esta cibdad, en muchas
partes.
CAPITULO II.
Del árbol llamado guayacan , con que se cura el mal de las búas.
D
'os árboles hay muy notables y exge-
lentes en estas islas é aun en la Tierra-
Firme; porque assi como es común el mal
de las búas en todas estas partes , quiere
la misericordia divina que assi sea el re-
medio comunicado , é se halle para cu-
rar esta dolengia. Pero aunque en otras
partes se halle esta enfermedad , el origen
donde los chripstianos vieron las búas,
y experimentaron é vieron curarlas y ex-
perimentar el árbol del guagacan fué en
esta Isla Española. El otro se llama palo
sancto, y este hay en la isla deBoriquen,
llamada agora por los españoles Sanct
Johan ; é quando della se hable, se dirá
del palo sancto. Assi que, tornando al
guayacan, yo le he visto en esta y en otras
islas , é también en la Tierra-Firme en la
provingia que los indios llaman Nagran-
do. Y pues en esta Isla FiSpañola ovieron
los españoles conogimiento desle árbol,
póngole aqui , aunque en otras partes se
36 4k
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
halle ; é quiero degir lo que es muy no-
torio, assi en las Indias como en muchas
partes del mundo , donde le han llevado
tras la misma enfermedad para remedio
della. É hay tantos árboles guayacanes
en estas Indias , que pienso yo que son
menos los pinos de tierra de Cuenca , é
aun todos los otros de España, en núme-
ro. Es árbol aqueste muy exgelente , é in-
numerables veqes experimentado , assi en
estas partes como en Europa, é donde de
acá se ha llevado para esta temerosa en-
fermedad de las búas: (la qual en Italia,
como en otra parte he dicho , llaman el
mal franges , y en Frangia el mal de Ña-
póles) ; y en España y en otras partes del
mundo se han visto muy grandes curas
que ha hecho este árbol en hombres que
de mucho tiempo estaban tollidos é he-
chos pedagos de muy crudas llagas, y
con extremados dolores. Y es esta una
enfermedad de las mas desesperadas é
notables é trabajosas del mundo , segund
es notorio á los que desta plaga son to-
cados , é mejor pueden por su experien-
gia los tales testificar della ; é á los que
Dios por su clemengia ha librado de se-
mejante dolor, es espantable tal passion.
Entre los indios no es tan regia dolengia
ni tan peligrosa, como en España y en las
tierras frias : antes estos indios fágilmen-
te se curan con este árbol . La qual cura
es subjecta á mucha dieta é á beber del
agua que hagen, cogiendo este palo en
ella, sin la qual dieta él no aprovecha,
antes daña. Poca nesgessidad hay que
aqui se expresse la manera de cómo este
remedio se exergita, porque es ya muy
notoria é común cosa saber usar deste
palo , é también porque donde se dixere
del palo sancto de la isla de San Johan, se
dirá mas largo, pues lo uno é lo otro se
cuege de una manera é lo toman de la
misma forma. Y están tan diestros ya en
España, como acá, para aprovecharse des-
te remedio; pero es de tener aviso en
que se procure que el palo sea fresco,
quanto mas pudiere serlo. Digo fuera de
las Indias , porque en ellas cada dia se
puede aver é cortar del campo ; mas en
España é fuera destas partes han de bus-
car el mas grueso , porque se seca mas
tarde , é acá se ha de procurar el mas
delgado , porque esté mas tierno é purga-
tivo.
Gúranse deste mal tan fácilmente los
indios, como en España de una sarna, y
en menos le tienen, y ésles muy común.
En aquesta isla es famoso el guayacan que
se trae de una isleta que llaman la Bea-
ta , que está en la costa desta isla é ger-
ca della , é otros quieren otro , é como
les plage, lo escogen. Tiene este árbol la
cortega toda manchada de verde , é mas
verde é pardillo color , como suele estar
ó paresger un caballo hovero ó rodado.
La hoja del es semejante á la del madro-
ño ; pero esta es menor é mas verde , y
echa unas cosas amarillas por fructo , que
paresgen como si dos altramuges juntos
el uno al otro estuviessen asidos por los
cantos. Es madero muy fortíssimo é pe-
sado mucho, é tiene el coragon quassi
negro sobre pardo ; é demás de sus vir-
tudes sírvense del en muchas cosas , assi
como en los dentellones de las ruedas de
los ingenios é trapiches del agúcar y en
otras cosas. Mas porque la pringipal vir-
tud deste madero es curar el mal de las
búas , é dixe que la forma de cómo se
toma lo diria donde se hable del palo
sancto, diré aqui otra regepta, segund lo
he visto acá usar, puesto que de suso me
pensé cscusar de hablar en la cura ; y es
assi. Toman astillas delgadas deste palo,
é algunos le hagen picar menudo , y en
cantidad de dos agurabres de agua echan
media libra del palo ó algo mas , é cuege
hasta que mengua las dos partes, é quí-
tanlo del huego é reposase ; é después
bebe el pagiente una escudilla de aquella
agua por la mañana en ayunas veynle ó
DE INDIAS. LIB. X. CAP. 11.
365
treynta dias ; pero de veynte abaxo no
ha de dexar de beber esta agua ( el que
quiere quedar bien curado). Y en aquel
tiempo guarda mucha dieta, é no come
carne ni pescado, sino passas é cosas se-
cas é poca cantidad, salvo solamente lo
que baste á sustentar , y algún rosquete
de vizcocho; y entre dia han de beber de
otra agua cogida con el mismo guajacan.
É desta manera he yo visto sanar á al-
gunos enfermos, pero sin llagas: é han
de estar en lugar muy guardado de todo
ayre en tanto que se toma esta agua , y
aun algunos dias después no se ha de
alargar en salir mucho á partes desabri-
gadas: ni tampoco lo que para esto con-
viene no lo digo tan particularmente, co-
mo toman este palo ó agua del algunos,
sino como yo le he visto acá hager donde
es mas fresco el árbol. El que tuviere
nesQCssidad no se cure por lo que yo aqui
digo ; porque esta tierra es muy diferen-
te de la de Europa , é acá es menester
grandíssima diligengia para se guardar
del ayre el enfermo de tal passion ; é
mucho mayor cuydado debe de aver en
se esconder de los ayres, donde son mas
delgados é sotiles é la tierra fria. Y no
debe el enfermo salir por ningún caso de
una cámara muy guardada de todas par-
tes é abrigada; é á mi paresger el que en
España se oviere de curar con este palo,
ha de guardarse y estar mucho sobre avi-
so , assi en lo que digo que no le dé ay-
re, como en la dieta. Pero ya es tan usa-
do este trabaxo en tantas partes, que es-
tán los hombres diestros en la manera
que se ha de tener, para usar deste reme-
dio. Y no es aqueste solo con el que los
indios sanan é se curan ; porque son muy
grandes hervolarios é conosgen muchas
hiervas, é tiénenlas experimentadas para
esto é para otras muchas dolencias.
Está averiguado que este mal es conta-
gioso, é que se pega de muchas maneras,
assi en usar el sano de las ropas del que
está enfermo de aquesta passion, como en
el comer é beber en su compañía ó en los
platos é tagas con que el doliente come ó
bebe; y mucho mas de dormir en una
cama é participar de su aliento é sudor;
é mucho mas aviendo excesso carnal con
alguna muger enferma deste mal , ó la
muger sana con el hombre que estuviere
tocado de tal sospecha ; tórnanse las per-
sonas de Sanct Lázaro, é gaphos, é Gó-
mense de cánger. Y en estas partes é In-
dias pocos chripstianos , é muy pocos di-
go , son los que han escapado deste tra-
bajoso mal que hayan tenido partigipa-
gion carnal con las mugeres naturales
desta generagion de indias ; porque á la
verdad es propria plaga desta tierra , é
tan usada á los indios é indias como en
otras partes otras comunes enfermedades.
Pero yo he visto algunas veges á indios,
en espegial en la Tierra-Firme, que en
sintiéndose mal de aquesta enfermedad,
con poca sospecha della , luego continúan
á beber del agua cogida con este palo, é
á guardarse del uso de las mugeres por
muchos dias ; porque digen ellos que ellas
son las que tienen cargo de repartir é co-
municar este dolor y enfermedad , y en
espegial en la provingia de Nicaragua,
donde hay muy exgelente guayacan, assi
en la provingia de Nagrando , como en
otras partes de aquella tierra.
366
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO III.
Del árbol del bálsamo que llaman en esta Isla Española, donde aqueste licor se ha hecho primero que en
oira parle alguna.
riay en esla isla en muchas partes unos
árboles, de que se hage este licor que acá
llaman bálsamo, puesto que no lo es, ni
dexa de ser exgelente mede^ina. Estos
árboles no son de linda vista , é quieren
paresger algo á los perales de Castilla
en la grandeva ó tamaño de la altura;
mas la hoja no es assi sino como la que
tienen los granados , pero muy mas del-
gada. Tiene este árbol un pié é á veges
dos é tres é mas juntos, como en algunas
partes las higueras é granados é otros
árboles , é los troncos é ramas paresge á
la vista que están secos , pero las hojas
verdes é frescas ; é no se encopa , si no
suben derechas las ramas. É los indios le
llaman á este árbol goaco7iax, y es assi
como thea en el alumbrar : é porque ar-
de muy de grado , van los indios de no-
che á pescar con tigones desta leña , y en
rajándole , huele bien , pero no á los in-
dios : antes les aborresge su olor. Hay
mucha cantidad por los montes é bosca-
jes destas islas y de la Tierra-Firme des-
tos árboles , é no son menos que en Es-
paña las enginasó pinos, en número. Es-
te secreto deste licor que acá llaman bál-
samo, sin lo ser , é que se hage del árbol
que he dicho, se publicó por parte de
Antón de Yillasancta , vegino que fué de
esta cibdad de Sancto Domingo, el qual
segund yo he oydo degir á algunas per-
sonas, lo alcangó é supo de su muger que
es india é natural de aquesta isla. E otros
digen que el que aqueste licor enseñó fué
un médico, gran philósopho italiano , que
passó á estas partes el año de mili é qui-
nientos é quinge. Yo le conogí é vi
en esta cibdad|, llamado Codro, el qual
después murió en la Tierra-Firme, en la
costa de la mar austral, gerca de las islas
de Corobaro é del Puerto de Punuba;
hombre en la verdad de grandes letras,
de humanidad é muy sabio y experimen-
tado en cosas naturales, é que avia anda-
do mucha parte del mundo , y el desseo
de ver estas Indias Je truxo á morir en
ellas. Pero sea el inventor de aqueste
bálsamo artifigial qualquiera que haya
seydo : que el que lo publicó é gogó del
interese primero, fué este Antón de Yi-
llasancta, al qual la Cesárea Magestad
del Emperador Rey, nuestro señor, hizo
mergedes por ello. Tornando, pues, á lo
que hage al caso, digo que hay ya mu-
chos hombres en esta isla que saben ha-
ger este bálsamo, el qual segund algu-
nos afirman se hage de trogos pequeños
destos tales árboles , que cogidos en agua,
sale dellos un licor como ageyte ó mas
espesso, de color de arrope claro : é usan
del para las heridas frescas é cuchilladas
ó langada , ó qualquier otra herida re-
giente, porque inmediate restaña la san-
gre , y no se ha visto , ni se sabe otra co-
sa mediginal que tan presto suelde é
gierre la llaga. Y hánse visto muy gran-
des experiengias deste bálsamo en heri-
das muy grandes y mortales , y halas sa-
nado é curado muy bien é brevemente,
é mitiga el dolor de las tales heridas. E
afirman muchos que aprovecha á otras
grandes é graves enfermedades, délas
que se suelen tener por incurables. Pero
en esto yo me remito á los que lo han
experimentado, porque yo no lo he visto
usar ni exerger; mas á muchos que lo
han probado he oydo grandes loores
DE INDIAS. LIB. X. CAP. III.
367
(leste bálsamo é de sus operaciones.
También he oydo á otros blasfemarlo é
de^ir que es peligroso donde no se sabe
aplicar, en espegial en aquello que tiene
mas exgelengia, que es en lo de las heri-
das frescas, porque suelda muy presto,
y en el gerrar de la llaga ó herida quie-
re mucho tiento , é no me maravillo que
esto sea assi. Porque tanto pan puede
comer uno que le haga mal provecho : é
tanto vino puede beber un hombre que
se embriague é adolezca; mas tomando
templadamente estas cosas, sustentan la
vida. De manera que los extremos todos
son dañosos é no caresgen de vigió, é
todo lo que es mediginal requiere mucha
experiengia , en espegial en cosas que
nuevamente vienen á notigia de los hom-
bres é que son poco usadas : quanto mas
que las complisiones iio son unas para
probar los remedios que há poco tiempo
que se usan, ni todos los médicos en-
tienden de una forma las dolengias , ni
quieren sanar tan presto, como podrían al-
gunas veges, é quando querrían, no son á
tiempo sus consejos que aprovechan. Har-
to es que se tiene por gierto en la común
opinión del vulgo que es muy provecho-
so licor este bálsamo, si del saben usar.
Sácase assi mismo deste palo gierta
agua por otro cogimiento que acá saben
algunos , que es muy apropriada á todos
los humores ámales, causados de frialdad.
Pero desta agua ni del bálsamo yo no me
quiero extender á mas; pues hayaqui mu-
chos que por experiengia pueden hablar
mas largo en ello, y porque está prohi-
bido que ninguno lo haga ; porque este
Villasancta dio á entender en España que
daria á Su Magestad un gran tesoro con
este bálsamo, y está mandado, só graves
penas, que ninguno lo haga, é aqueste se
murió, sin complir lo que prometió. Pero
yo digo lo que es público : é quanto al
tesoro que avia de dar , no se efetuó. Ea
verdad si mi paresger se tomasse , ni Su
Magestad pornia tal entredicho en cosa,
de que tanto bien podría resultar, ni de-
xaria de mandar lo hager á quantos qui-
siessen, é después repartirlo por todos
los que lo oviessen menester; pues que
para el rey no pueden faltar otros inte-
resses mayores para el acresgentamiento
de sus rentas.
Estas cosas de medegina todas son
dubdosas para mi opinión. Con todo,
quiero arrimarme á lo que dige Plinio *
de la medegina y de los secretos de-
lla. La calamita ó piedra yman tira á sí
el hierro , é por el ajo lo suelta ó pierde
ó desecha. La sangre del cabrón rompe
el diamante, el qual de ninguna otra
fuerga puede ser vengido. Y en el fin del
prólogo del libro XXI dige el mesmo auc-
tor, que la natura ninguna cosa ha pro-
dugido sin alguna oculta causa. Y esto se
debe assi creer por lo que cada dia se
ve de las cosas experimentadas ; porque
muchas dellas que poco antes que venga
la nesgessidad se despregian, quando
aquella llega, unas quitan el dolor, las
otras mitigan el calor , é otras corrigen
la sed ; é assi al propóssito ponen tal re-
medio en el enfermo, que esfuergan la
persona é reparan la vida. ¿Quién halló
tan incónitos secretos, como los que de
suso apunté de Plinio , que dé una pie-
dra tan maravillosa y exgelente é de tan-
tas propriedades, como tiene la calamita
(sin la qual los marineros no son mas quel
giego, á quien falta quien le adiestre), una
cosa tan vil, como un ajo, le haga fuerga?
¿Quién topó tan grande admiragion é se-
creto de tan escondida propriedad de na-
tura, que agertó á experimentarla sangre
de tan vil animal, como el cabrón, para
que rompiesse tan presgiosa y constan-
tíssima fortalega, como la del diamante.
i Plin., lib. XX, cap. I.
368
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
al qual el fuego no quebranta ni otro ele-
mento empege? Todas estas cosas sospe-
cho yo que se acertaron á entender aca-
so , é por dispensagion de arriba é con
el tiempo. É assi soy de opinión que en
este que llaman bálsamo (é no lo es, sino
algún licor bueno) que falta mucha parte
de la experiencia á los que con él han de
curar, é aquesta se ha de aprender tam-
bién acaso , porque en dar mas ó menos
en la cantidad, ó en la calidad, con que
topa donde ha de obrar , podrá hager lo
que hagen las manganillas, con que se
purgan algunos en estas partes, que á
unos hagen provecho é á otros mucho
daño.
En fin yo hallo que un sastre, antes
que aprenda el ofigio , quiebra é pierde
muchas agujas, é lo que peor es, extraga
algunas ropas : é un hombre de armas,
antes que sea diestro , da muchas cay-
das é pierde muchas langas é otras rom-
pe de través. Pero el sastre paga lo que
hurta ó extraga , y el hombre de armas
aprende con su peligro proprio ; mas un
médico , antes que sepa curar é se pue-
da degir maestro , es peor que una pes-
tilengia: é si un hombre da una bofetada
á otro , mandante cortar la mano ó dar
otro castigo de escarmiento , y la jusli-
gia iguala essas y otras injurias. Pero en
la medegina está giega é su rigor no se
teme , pues que un médico ó girujano,
aunque mate á muchos , no tienen pe-
na ni les dexan otros de dar dineros. Yo
me he detenido algo en esto deste árbol,
de que se hage este que acá llaman bál-
samo artifigial , é mas pudiera degir del,
segund me han informado, é aun segund
lo que yo he visto de sus efetos á pro é
á contra ; pero no quiero que nadie se
cure por mis palabras , ni desseo tal cré-
dito en medegina , pues que no la estu-
dié ni es de mi profession ni exergigio,
sino de los que viven, probando á curar ó
á matar. Del bálsamo verdadero, Pliuio '
é otros auctores muchos han escripto , é
no hay nesgessidad aqui de hablar en él,
pues los efetos del buen bálsamo son
apropriados á otras cosas muy apartadas
de las que con este licor artifigial se cu-
ran ó quieren algunos curar.
CAPITULO IV.
De los mancanillos de las avellanas para purgar.
Jt aresge cosa de notoria contradigion
llamar á este árbol manganillo é llevar
avellanas , pues que no consuenan el ár-
bol ó su nombre con la fructa; pero es-
tos son errores del vulgo. Y cómo los
chrisptianos primeros que á estas partes
passaron los llamaron manganillos, hánse
quedado con el nombre improprio, é dan
avellanas ó una fructa que paresge mu-
cho á las avellanas,. después de monda-
das. Pero hablando mas á lo gierto, yo no
lo tengo por árbol , sino por planta ; y el
mayor dellos es de alto catorge ó quinge
palmos , poco mas ó menos. Nómbrase
entre los arbustos ben, según quieren
nuestros boticarios ó espegieros ; y este
es el que acá le dan los doctores de me-
digina y hervolarios chripstianos. Echan
unas hojas que quieren paresger algo á
las del cáñamo , pero mayores y mas fres-
cas; y entrellas echan unos fluecos como
el hinojo , donde echan la simiente , pero
golorados, y en aquellos hagen unos ca-
pullos redondos, y por esto los llamaron
1 PUn., lib. Xn, cap. 26.
DE INDIAS. UB. X. CAP. IV.
3G9
ttianQanlllos. Pero estos capullos están
divididos é cubiertos con una ligera ó
delgada cascara, dentro de los quales es-
tán unas pepitas blancas , tres ó quatro
en cada capullo, las quales en el sabor é
blancor son como buenas avellanas , é
aun mejores ; pero en las obras son las
que agora diré. Ellas no son para todos
estómagos , porque yo vi en esta cibdad
una dueña que se purgó, ó á lo menos
quisiérasse purgar, con esta fructa é no
pudo, aunque se comió nueve avellanas
destas, é ninguna mudanza higo su vien-
tre , é assi se lo oy jurar á la misma. Di-
go mas, que vi en Valladolid, año de
mili é quinientos y trege, que avia ydo
á negogiar con el Rey Gathólico, un Johan
de la Vega , veedor que fue en esta isla
de Cuba , el qual vino á estas partes con
el almirante primero , año de mili é qua-
troQientos é noventa y tres ; é cómo era
de los primeros pobladores, tenia bien ex-
perimentada esta fructa en sí y en otros,
é avia llevado destas avellanas, porque
degia que se hallaba él muy bien con ellas,
quando tenia nesgessidad de se purgar:
é á quien él daba alguna dellas era como
si le pressentára una cosa muy presgiosa.
Ofresgióse que adolesgió alli un mangebo,
su sobrino ó pariente, que él queria traer
acá, é para le purgar, le dio la mitad de
una destas avellanas, é vagióle de tal ma-
nera que no le quedaron las tripas en el
vientre, é dentro de veynte horas ó me-
nos, se murió. Al qual Johan de la Vega
yo vi llorar el sobrino é lo que avia apren-
dido ó experimentado destas avellanas.
Quiero inferir lo que signifiqué de-
lias en el capítulo antes deste, é digo
que á algunos estómagos ó personas no
empegen ni aun los mueven estas avella-
nas, é á otros hagen purgar tanto que
los matan ó les causan tanta corrupgion
que los ponen al cabo de la vida. Y tam-
bién he visto á otros muchos purgar mo-
deradamente, é les hagen mucho prove-
TOMO 1.
cho ; mas porque esta medigina es vio-
lenta, ha de aver mucho tiento é conside-
ragion en usar de ella , é por tanto los
que toman estas avellanas genan primero
una buena gallina é se hartan , é después
desde á una hora ó mas loman una ave-
llana ó media, segunda cada uno paresge
que le conviene. En fin esta purga ó for-
ma de se purgar los hombres se apren-
dió de los indios , é para este efeto po-
nen en sus huertos y heredades estas
plantas, é aun hoy en esta cibdad las hay
en muchas casas de chripstianos. Pero en
la mia en mis días no la avrá , porque el
año de mili é quinientos é veynte , lle-
vando á mi muger é hijos á Tierra-Fir-
me (desde donde avia ydo por ellos), pas-
sé por esta cibdad, y en una possada,
donde estuve avia en un corral unos man-
ganillos destos: é cómo los niños son go-
losos é comen todo lo que hallan , y el
mayor dellos no avia ocho años , comie-
ron quantas ellos pudieron alcangar des-
tas avellanas ó hallaron caydas (porque
después que están maduras, fágilmente se
rompen aquellos palillos ó pegones de
que están asidas é caen en tierra, puesto
que las avellanas se sostienen dos é tres
años sin se romper). E desde á poco co-
mengaron los muchachos á purgar tanto
que gayeron en tierra desmayados é co-
mo muerto.3 , é aun assi crey yo que me
avia quedado sin hijos é que no vivieran:
é fueron socorridos de Dios , é dieseles
ageyte, para vomitar, é otros rem.edios
con que presto fueron ayudados, é quiso
nuestro Señor que escaparon , é no poco
fatigados y flacos para algunos dias.
Dando conclusión á esta materia, digo
que en los pringipios que estas avellanas
comengaron los chripstianos á probar
y experimentar en sus personas, has-
ta agertar á medir sus estómagos con
la cantidad que avian de tomar des-
ta frucía, ovo hartos burlados é otros
aprovechados, porque nuestros médicos
47
370
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
no las conoscian ni las sabían aplicar. gian , é aun desde España envian por
Agora ya muchos las piden é las pres- ellas.
CAPITULO V.
De las plantas del algodón destá Isla Española.
M.
[ucho algodón hay salvaje en esta Isla
Española ; é assi mesmo en los hereda-
mientos hay algunas matas puestas á ma-
no , y esto es mejor que lo que está por
los campos , é mas blanco é de mas altas
plantas , é alguno cresge estado é medio
ó dos , y engépase , é assi se continúa en
dar su algodón, sin que curen mas dello.
Pero cómo en esta isla no se dan á lo la-
brar é cultivar , no se hage tanto como
en el tiempo de los indios, que tenian
mas cuydado dello. Los chripstíanos no
se ocupan en esta grangeria , aunque es
muy buena, é se aumentaría tanto quan-
to quisiessen , assi como en la Tierra-Fir-
me, donde hagen ordinarias hagas de-
llo todos los años , é lo siembran é lo
cojen. Pero aquello es baxo en compa-
ragion de lo de aqui , aunque también he
visto allá destas matas altas ; é por tan-
to lo que mas se puede degir del al-
godón quedará para la segunda parte
desta Natural y general Historia de In-
dias.
CAPITULO VI.
De las higueras de infierno que hay en esla isla Española.
JLías higueras que llaman de infierno son
muy comunes en todas estas islas y en la
Tierra-Firme. Estas entre los médicos é
boticarios y hervolarios se llaman tárta-
en cantidad hay tantas destas higueras
acá , que ocupan mucho , é no querrían
tantas en el campo , ni mucho menos en
esta cibdad , é aun dentro en los corrales
gos ó cataputia mayor. No sé yo qué pro- de las casas , é á do quiera hay acá mu-
priedades en la medegina se tienen; pero chas dellas.
CAPITULO VII.
De las cañas y carricos desla Isla Española.
Vjañas hay muchas en esta isla, magigas
é gruesas, como astas de langas ginetas
muchas dellas, é mucho mas altas que
picas luengas asaz dellas ; pero como he
dicho son todas magigas, é son buenas
para los edifigios de los buhios de los in-
dios , é aun para muchas cosas se sirven
dellas los chripstianos. Estas son comu-
nes en esta isla y en todas las Indias des-
tas partes. Las tierras, donde nasgen estas
cañas, son fértiles é muy buenas para sem-
brar en ellas el pan ó mahiz de los indios-,
é para hager conucos de todas las otras
cosas é labrangas que ellos cultivan c
siembran. É assi mismo hay muchos car-
rigos en los lagos é padules y en muchas
DE INDIAS. LIB. X. CAP. VII.
371
costas de algunas riberas desta isla. Es-
tos son delgados , como los cálamos , é
destos hagen flechas los indios caribes , é
con estos adornan las casas élas encañan
tas é de manera que paresQen muy bien.
Pero no son de aquellos cálamos buenos
para escrebir, aunque hay algunos de
aquellos , pero pocos , en esta Isla Espa-
é hagen labores muy gentiles sobrepues- ñola.
CAPITULO VIII.
De los juncos que hay en esta Isla Española.
Hay juncos en esta isla como los de Es-
paña , pero menores mucho , y estos en
las costas de algunos lagos y estancos.
Pero hay otros que en España llaman
juncos de la India , que en Castilla é otras
partes los hombres viejos y de edad traen
por bordones é algunos por auctoridad,
que son de tres esquinas , gruesos é otros
mas delgados é muy ligeros. Estos, aun-
que allá los llaman juncos , no lo son ; é
páselos aqui, para quitarlos deste error á
los que assi los nombran ; pero en la ver-
dad no son sino hojas de gierto género
de palmas que hay acá, en estas y en las
otras islas destas Indias, é muchos mas
en la Tierra-Firme. Paresgióle á alguno
llamarlos juncos, porque en lo magigo
destos bordones quieren paresger á los
juncos en aquella forma del leño , ó lo
que es; pero estos, que como digo, yo
veo que se llaman en España juncos , son
acá palmas , é nasgen estas hojas desde
el pié, é muy altas, é muchas juntas , é
no se hage árbol grande, sino un gir-
cuyto grande destas hojas. Y estos tallos
de enmedio de las hojas ó el lomo dellas
es estos bordones ; é desde bien alto de
tierra este tallo echa las hojas, como la
palma. Háylos muy gruesos , é los delga-
dos se llevan á España para aquellos bá-
culos de los hombres angianos ; pero muy
mas gruesos los hallarán que dos é tres
de los que llevan é muy ligeros ó de po-
co peso.
Este es el libro uadégimo de la primera parte de la Natural y General historia de las
Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Ogéano ; el qual tracta de las hiervas é simientes
que se truxeron de España á esta Isla Española , é de otras que acá se hallaron
é son naturales destas partes, é otras cosas convinientes á la historia.
PROHEMIO.
Aunque en lo que hasta aqui se ha e»-
cripto se haya fecho mención de algunas
cosas de las que en este libro ongeno se
tractáren ó tornare á explicar con mas or-
den , súfrese por la continuagion de toda
esta Historia natural, porque donde se to-
có algo de lo que se volviesse á repetir,
fué al propóssito de lo que alli se tractaba,
é no se tornará aqui á degir tan desnudo
que no trayga consigo mas relagion de la
mesma cosa, y para mas informagion del
que lee, y porque no se previerta el estilo
destas materias. El primero capítulo será
general é de aquellas hiervas é simientes
que de España se truxeron á esta Isla
Española, en los pringipios que por los
chripstianos se conquistó é pobló; é de-
girse há quales de ellas se hagen é au-
mentan é hay ordinariamente. Dicho es-
to , se tractará de las otras hiervas que
en estas partes se hallan é son acá natu-
rales , é en parte ó de todo punto algu-
nas semejantes á las de Castilla. Última-
mente se dirá de algunas plantas é hier-
vas medeginales y provechosas que la
natura produge en esta é otras islas é en
ía Tierra-Firme (asignando á cada una
su proprio lugar ó tierra donde se crian),
que no las hay en nuestra España ó allá
no se sabe dellas. Y notificaré las pro-
priedades que á mi notigia ovieren veni-
do dellas , expresando los remedios á que
son apropriados , y de que se tiene expe-
riengia ; todavia con la protestagion que
en otras cosas de las que he tractado
protesté y aqui quiero protestar. Y es que
en la continuagion desta Natural y gene-
ral Historia de Indias siempre se yrán des-
cubriendo y acresgentando muchas nove-
dades é secretos, assi en las cosas por mí
escripias , como en otras particularidades
é nuevas plantas é hiervas quel tiempo é
la natura nos yrán cada dia manifestando.
Lo qual todo se porná en sus proprios lu-
gares, no negando á cada cosa, de que se
iractáre, la patria donde nasgieren , en
tanto que yo pueda hagerlo é la vi-
da me acompañare, para que cotf mas
géneros de diversas materias mas gra-
gias se den á Dios nuestro Señor, que
lodo lo hago é de todo le somos deb-
dorcs.
DE INDIAS. LIB. XI. CAP. I.
373
CAPITULO I.
De las hiervas c plantas que se han traydo de España á esta Isla Española é á otras partes destas indias,
é quáles ha9en acá simientes é quáles no.
JJe Castilla se han traydo pepitas de
melones, é destos hay muchos é buenos
quassi todo el año é en su tiempo y sa-
gon hay muchos mas ; pero pocos ó mu-
chos, no faltan lo mas del tiempo é hagen
muy buena simiente é no hay nesQessi-
dad de la traer de Castilla.
llánse traydo pepitas de pepinos é há-
dense muy buenos: é la simiente que
hagen es muy buena é hay mucha , é
no hay nesgessidad de traer ya simiente
de Castilla para ellos, porque acá hay
mucha.
Hiervabuena , la qual en algunas par-
tes la llaman hierva sancta, y en otras se
dige menta : esta se hage muy bien acá é
la hay todo el año , é no hay nesgessidad
de la de Castilla , porque prende mucho
é donde se engepa, se conserva y au-
menta.
Verenjenas: destas no es menester
traer mas simiente dellas , porque acá les
es tan natural, é á su propóssito esta
tierra, coméalos negros la Guinea, por-
que acá se hagen muy mejor que en Es-
paña, y un pié de verenjena tura dos é
tres é mas años, dando siempre verenje-
nas , é las unas están pequeñas é las otras
mayores é otras están en flor. Yo he vis-
to algunos pies de verenjenas muy mas
altos que la coman estatura de un hom-
bre. En fin se hagen mejor que en parte
alguna de España.
Pésoles : estos se hagen acá muy bien
y es muy buena legumbre: dánse en
grand abundangia; Uámanse en Aragón
judias y en mi tierra arvejas luengas.
Destos tampoco hay nesgessidad de traer
mas simiente , porque en estas islas y en
la tierra-Firme se cojen muchas hanegas
cada año ; y en la provingia de Nicaragua
son naturales de la misma tierra é hay
grandíssima cantidad de hanegas dellos
cada año é de otros fésoles de otras ma-
neras é de colores diferengiados é otras
legumbres, como havas ó mayores.
Appio : esta hierva se truxo de España
é hayla en muchas partes é casas desta
cibdad é en los heredamientos ; é no hay
nesgessidad de la traer mas de España,
porque se hage muy bien, é como enge-
pa una vez gerca de algunas agequias , é
donde tenga agua, no falta appio.
(^aviras : también se truxeron de Cas-
tilla, las quáles son aquellos cardones
verdes é gruesos, de que hagen el agíbar:
é dánse muy bien acá, é háylas por las
casas é heredamientos en mucha canti-
dad, é avria quantas mas quisiessen en
estas partes , dándose á tal manera de
grangeria.
Culantro : esta simiente se truxo de
Castilla é grana acá , é hágese muy bien,
é no hay nesgessidad de traer la simiente,
si se quieren dar á ello.
De las cosas que se renuevan, trayendo
la simiente de España, diré lo que tengo
entendido; porque aunque granen, no es
buena la simiente.
Cogombros se han fecho en est-a isla
de la simiente que se truxo de Castilla,
y la que acá echan no es buena , y hay
nesgessidad de la renovar.
Lechugas hay muy buenas y quassi
todo el año de la simiente que se trae de
Castilla, porque la que acá echan, ni es
buena ni grana bien.
Rábanos hay buenos y quassi en todo
374
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tiempo; pero mejores un tiempo que
otro , y la simiente que hagen no es bue-
na é es menester renovarla é traerla de
Castilla.
Berros hay en esta cibdad é isla , con
la misma dificultad que es menester reno-
varse ; y son pobres acá de hojas aunque
son buenos.
Perexil se hage muy bien; pero no
grana, é es menester que se trayga la
simiente.
Cebollas : de la simiente de Castilla se
hagen ; pero no tales como las de Casti-
lla ni tan grandes , é las que acá nasgen
mejor se pueden llamar geboUetas é ge-
bollones , é no granan acá , é es menes-
ter traerse la simiente de Castilla.
Coles ó vergas de aquellas que llaman
llantas: estas son de la forma de las de
Ñapóles (pero no son tales estas) ; y tara-
bien hay repollos, que se digen vergas
murgianas, é hágense aquí muy bien ; pero
es menester que para se continuar, se
trayga la simiente de Castilla.
Nabos : essos son acá buenos ó malos,
como agierta la simiente que para ellos
se trae de Castilla; pero acá no tienen
tal sabor, como en España, porque en
fin quieren tierra fria , non obstante que
alguna vez agiertan á ser tan buenos co-
mo los de Somosierra, si la simiente es
muy buena.
Canahorias hagense acá ; pero no tales
como en Castilla , ni granan , é son agua-
nosas é desgragiadas.
Romerachas es una forma de rayges
salvajes que paresgen rábanos: las qua-
les yo comí en Roma é Ñapóles é otras
partes de Italia , y aquí assi mismo muy
buenas las he comido. No granan aqui,
é por esso ha mucho que ya no las veo
en esta isla.
Cardos se han hecho assi mismo en
esta cibdad, é no buenos ni maduran
bien , y amargan harto ; pero quando los
hay no faltan comedores para ellos, ni
los dexan de loar algunos por caros que
cuesten. Mas en la verdad ellos son de
mala gragia é para poca estimagion.
Agelgas : también se trae la simiente
de Castilla é se hagen muy buenas en es-
ta cibdad ; pero para se continuar siem-
pre, es menester que la simiente se re-
nueve, porque no grana acá.
CAPITULO II.
De las hiervas que hay en esta Isla Española , que son como las de España é que acá las avia , antes que
los chripstianos passasen á estas partes, é son naturales de la tierra, é no se truxeron de Castilla.
i rimeramente hay chicoria , ó cicoria;
gerrajas que llaman los hervolarios ros-
trum porcinum; verdolagas ó perlulaca;
berbena ó verbena ; hiervamora ó sola-
trum; llantén, al qual los médicos lla-
man plantago ; pan y quesillo , alias bur-
sa pasloris; altamisa , alias matricaria;
escudete, alias nenúfar; albahaca ú ozi-
mum gariophiolatum , alias basüipo ; len-
gua cerval ó scoloprendia ; culantrillo de
pogo ó capülus Veneris; poleo ó polilri-
que politricum; doradilla ó ceteraque;
diantos ó adiantos ; poleo montesino , po-
ligium agreste; persicaria ó herva macula-
ia; malvavisco ó altea; polipodio ó poli-
podium; muérdago de roble , aunque nas-
ge acá sobre otros árboles, ó viscus quer-
ci; abrojos de mar ó tribulus marinus. Ble-
dos, ó bletum; salvia ó lilifagus; granos
de amor ó milium solis ; juncia redonda ó
ciperus; trébol hidiondo ó trifolium lepo-
rinum. Todas estas hiervas hay acá, se-
gund lo he entendido de nuestros boti-
carios é hervolarios é yo he visto las mas
DE INDIAS. LIB. XI. CAP, II.
375
dellas en estas ludias. Demás de las que
he dicho, hay assi mismo é son acá natu-
rales , como en España, heléchos muchos
y de muchas maneras en el tamaño de-
llos, hasta tanto que algunos árboles hay
que paresgen deste género ó á lo menos
de su hoja ; manganilla de la misma ma-
nera de Castilla y de las mismas flores y
olor; gargas de las mismas de España y
de otras muchas maneras , é algunas mas
gruesas y de diferentes flores , y algunas
dellas de muy buen olor ; escaramujos de
los raesmos que hay en Castilla roxos y
de la mesma hoja ; marruvios , pero no
huelen bien é son mas altos que los de
Castilla ; tornasol ó girasol ó helitropia,
mas no son machos que no echan aque-
lla fructa ó granos, de que se hage la tinta
aguí, para iluminar las letras cardinales
que suelen hager los que escriben libros
de letra redonda ó formada ; malvas co-
mo las de España quassi ; pero digen es-
tos boticarios que en sus efetos son per-
fetas malvas ; mastuergo é culantro : es-
tas dos hiervas tienen el mismo sabor
que el mastuergo é culantro de Castilla;
pero son de otra manera de hojas mucho
mas anchas y las del culantro algo es-
pinosas.
CAPITULO III.
De la hierva que los indios llaman y, é de sus utilidades é propriedad.
rLu esta isla é otras en la Tierra-Firme,
en muchas partes é en grandíssima can-
tidad, hay una hierva que se llama ?/, la
qual es muy común é hay mucha abun-
dangia della, é los campos llenos. En al-
gunas partes nasge por sí mesma sin in-
dustria ni trabaxo de los hombres : hage
una rama luenga, como la correhuela ó la
yedra , é quassi de aquella hechura tiene
la hoja, salvo ques muy delgada la de
la y. Esta es muy gran pasto y bueno
para los puercos é los engorda mucho , y
es á su propóssito tanto é mas que en
España la bellota , porque en sus rayges
hallan mucho gusto é mantenimiento. En
algunas partes se purgan los hombres
con ella , en espegial en la Tierra-Firme
un tiempo , é yo la vi tomar en la cib-
dad del Darien á algunos chripstianos ; é
es tan segura , que se puede dar á un
niño ó á una muger preñada , porque no
es violenta ni para mas de hager retraer
al doliente tres ó quatro veges á la pur-
gagion. Tómasse desta manera. Majan
mucho esta hierva , é el gumo cuélanlo
con un paño de lino limpio , é porque
pierda aquel verdor ó sabor húmedo de
la hierva , échanle una onga de agúcar á
una escudilla della que quepa hasta qua-
tro ó ginco ongas , é bébela en ayunas,
é no ha de dormir el doliente hasta que
haya purgado. É aunque no le echen
agúcar, no amarga ; pero si no hay agú-
car, échanle un poco de miel á la canti-
dad ques dicho : é sin lo uno ni lo otro
se puede tomar. Yo vi loar mucho esta
manera de purga á los mismos que la
avian tomado.
Tiene aquesta hierva unas gentiles
flores , á manera de campanillas , de
quatro dedos é mas luengas é de la
misma hechura que se dixo de las del
bexuco , donde del se tracto , salvo que
las del bexuco son blancas y estas son
aguíes, de una muy fina é linda color.
Hierva es que en esta isla y en las otras de
aqueste golpho é en muchas partes de la
Tierra-Firme la he visto y en mucha can-
tidad , como he dicho , los campos llenos
della sin se poder ver la tierra , porque
376
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ella en sí es espesíssima y echa tanta jor se entienda, acordé de la pintar aqni
rama, que todo lo cubre ; y porque me- como ella es al proprio [Lám. 4 .* fig. 3.").
CAPITULO IV.
De la planta ó árbol que los indios llaman goaconax y los chripslianos le llaman bálsamo , del qual se hace
el bálsamo artifi9ial para las heridas é para otras enfermedades; é de9¡rse há de qué manera se hage aquel
licor que en estas Indias llaman bálsamo.
Hin el libro precedente, en el terger
capítulo, se dixo del bálsamo artificial
que en estas Indias se hage del árbol goa-
conax , el qual fué hallado por Antonio
de Villasancta, que yo conosgí (é poco
tiempo há que murió): otros digen quel
que esto enseñó fué Godro , philósopho
italiano , que yo conosgí é murió en estas
partes. É allende desse bálsamo hay otro
que también le digen bálsamo, sin que uno
ni el otro lo sea ; y el segundo licor (ó lo
que es) se tiene por tan bueno ó mejor
que el primero ; porque á muchas per-
sonas en diversas passiones que se ha
experimentado ha seydo utilíssimo , en
espegial á los humores frios é passiones
que de frialdad progeden : del qual licor,
hablando mas particularmente , digo que
se hage desta manera. Esta es una plan-
ta que nasge de sí mesma sin industria de
los hombres , é de que hay mucha can-
tidad en . esta isla é en otras partes , é
cresge hasta paresger árbol de estado é
medio de altura de un hombre ó quassi
tanto como dos estados ( los astiles ó va-
ras ) , é el mas gordo es como el dedo
pulgar, é de color pardo. Las hojas son
verdes é gruesas é anchas, é por de den-
tro son mas verdes que por las espaldas.
Llamo yo las espaldas á la parte que tie-
nen levantado ó mas relevado el nervio
que va por la mitad de la hoja desde el
pegón á lo mas alto della. El qual pegón
no es verde , sino quassi colorado , é las
hojas en algunas partes del los están ma-
ligadas de una roxeza ó color que tira á
un roxo morado. La fructa que echa son
unos ragimos de la longitud de la mano,
extendidos los dedos, é llenos de uvas,
é cada uva ó grano tamaño como un gar-
bango , é ralos é no tan juntos como son
los graos de las uvas de las parras sal-
vajes. Estos granos están verdes é en
alguna parte colorados ó algo roxos,
como he dicho , ques la color de los pe-
gones de las hojas: é quando maduran,
se van mas colorando , é después de bien
maduros, están en partes quassi morados
escures , é assi son también los ragimos
de las uvas ó granos del árbol dicho goa-
conax, é en el fructo poca diferengia hay
de lo uno á lo otro. Pero volvamos al
segundo bálsamo , que no es árbol , sino
planta.
Toman los cogollos desta planta , é
aun algunos de los ragimos de su fructa,
é hagen trogos aquellos tallos é pónenlos
á coger en una caldera que quepa quatro
arrobas é esté hasta la mitad llena des-
tos cogollos é ragimos , é hinchen la cal-
dera de muy buena agua, é pénenla assi
á coger, é cuege hasta que ha menguado
la mitad; é después apartan la caldera
del fuego é sacan aquellos tallos, é toman
ó tienen ya aparejados otros tantos tallos
é ragimos majados é échanlos en aquella
agua, é acresgientan otra tanta, como la
mitad que avie menguado la primera vez
que se cogió. Quiero decir que, pues al
pringipio con los tallos enteros é sin ma-
jarlos se echaron quatro arrobas, que
con los segundos , que han de entrar ma-
jados , se acresgiente una arroba de agua
fresca sobre las dos que quedaron del
DE INDIAS. LIB. XI. CAP. IV.
3/
primero cog iiuiento , é se torne al fuego
é cuega hasta que se espese é se torne
como arrope ó miel ; é estando assi se
ha de quitar del fuego é dexarlo assen-
tar, é después cuélanlo por un Qedago
de gerdas no muy ralo, porque el orijo
se quite é quede líquido el licor ó bálsa-
mo artifigial , é ponen aparte lo limpio en
sus botes ó redomas ; é untan las llagas
ó desgarraduras , é aunque falte carne en
la herida , restaña la sangre é cura las
llagas maravillosamente. É algunos di-
gen acá ques mejor quel bálsamo de
goaconax, é está muy experimentado.
La hoja vera desta planta al natural es
como aquesta que aqui está debuxada
{Lám. ^^ fig. 4.'), puntiaguda en los ex-
tremos , assi donde fenesge, como en la
parte del pegón.
Hagen assi mismo agua, sacada por al-
quitara, de los tallos ó cogollos de la cima
desta planta , ques mejor que aguardien-
te, é muchos se hallan bien con ella.
Acaesgió poco tiempo há que una rueda
de una carreta tomó á un negro la pier-
na por la pantorrilla al luengo é no de
través, porque no le rompió hueso algu-
no ; mas desgarróle mucha parte de la
carne, machucada é rota é de tal mane-
ra, que se penssaba que perdiera la pier-
na ó la vida ó quedara en mucha man-
quedad : é en menos de veynte dias es-
tuvo bueno é trabaxaba, como si no oviera
tenido mal alguno, solamente ponién-
dole con este licor paños de liengo lim-
pios untados en él, é renovándolos, cu-
rándole una ó dos veges al dia.
Quando duele el vientre ú otra parte
de la persona , si es de frialdad , bebien-
do algunos tragos del agua que he dicho
que se saca desta planta, luego se le
quita é siente mucha mejoría; é conti-
nuándolo , en pocos dias se quita todo el
frió é humor é dolor causado de frió. Es
planta ó esterpo que en esta isla en mu-
chas partes della se halla , é es probado
todo lo questá dicho , é aun pienssan al-
gunos que deste licor tienen experiengia,
ques mas seguro quel licor ó bálsamo del
goaconax. El nombre desta planta no me
le supieron degir ; mas mostráronmela , é
es muy gonogida.
En la verdad , innumerables son los re-
medios que da Jesu-Chripsto á sus fieles é
infieles, aunque apartados estén de los
médicos é medegina de los hombres , á
los unos é los otros , como piadoso re-
mediador de la humana generagion.
Pintóse esta hoja desta planta, teniendo
delante una de la misma planta , é pa-
resge un hierro de los de Azpe que so-
lian usar los caballeros , é está bien con-
trahecha. Llamante algunos á este licor
el bálsamo nuevo , por le diferengiar del
goaconax.
CAPITULO V.
De la hierva ó planta llamada perebefenuc , é de sus excelencias é virtudes experimentadas.
Jt EREBEgENcc es una hierva ó planta assi
llamada , é hay mucha della en esta isla.
Los chripstianos la llaman la hierva de
las llagas : otros la digen hierva de los
remedios. Es maravillosa y exgelente por
muchas experiengias é por muchas per-
sonas examinada, sin la qual, é sin las
TÜAIO 1.
que tengo dicho, es de creer que hay
otras muchas hiervas é plantas é árboles
innumerables apropriados á nuestras pas-
siones é llagas humanas. Pero cómo los
indios antiguos son ya muertos , assi se
ha acabado con ellos el conosgimiento
que por su aviso se pudiera aver de pro-
48
378
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
priedades semejantes é otros muchos se-
cretos de natura. Digo de lo que estaba
ya experimentado ó sabido por los na-
turales desta nuestra isla ; é todo lo que
agora se puede degir es poco é no bien
entendido, porque esta generación es
tan avara desso poco que sabe , que por
ningún interese ni bien que se les haga
quieren manifestar cosa destas , en espe-
cial de las que podrían aprovechar á los
chripstianos, si son medeginales (porque
esta manera de sgiengia es parte de su se-
ñorío). Y las cosas que han alcangado á sa-
ber no ha seydo por la voluntad de los in-
dios, sino por no lo poder encubrir; y
aunque algunas cosas he oydo degir que
son para diversos remedios, ni querría ni
acostumliro perder tiempo en relatar cosas
confusas ó no claras , y por tanto no diré
sino lo que fuere notorio y probado é
visto por mis ojos ó de los de personas
que merezcan crédito.
Desta hierva llamada perebegenuc hay
gran moltitud della en esta isla y en la
Tierra-Firme en muchas partes, en los he-
redamientos y en los campos é bosques,
y las verdolagas no son acá mas: que no
lo puedo mas encaresger, por las mu-
chas que hay dellas. Esta planta ó ester-
po tiene muchas hojas anchas y agudas
en las puntas y delgadas y tractables ó
blandas , y en el talle quieren paresger
hierros de langas pequeños , como si qui-
siessen enseñar á los hombres que son
para curar las heridas de las tales langas,
ó llagas. En la color son verdes , y las
puntas dellas algo moradas , é los astiles
ó tallos en que nasgen estas hojas, son
assi mismo quassi morados é de la color
de las puntas de las hojas , aunque algu-
nas hay que no son puntiagudas é son
algo mas romas ; pero las unas é las otras
tienen los extremos de aquella color, en-
tre leonado é morado. Quando esta hier-
va é sus tallos son nuevos é no mas al-
tos que hasta la rodilla é eslan tiernos,
están para curar las llagas, como ade
lante se dh'á; é después cresgiendo, su-
ben hasta ser como planta ó esterpo é
aun quassi árbol. Echa unas flores colora-
das como un coral, luengas é á manoji-
cos ó fluecos, juntas como el hinojo, pero
apartadas unas de otras, é longueguelas
é delgadas estas flores. El fructo questa
planta echa son unas uvas negras , como
las que echa la hiervamora ; é en un
tiempo (en expegial en los meses de di-
giembre é enero ) tiene la fructa é las flo-
res que he dicho juntamente , é mas en
el mes de margo c aun en el mes de abril,
porque unas matas maduran antes que
otras. Quando esta plañía ha cresgido de
todo punto , es tan alta ó mas que un
hombre , ó estado é medio , é paresge
árbol, é aun tiene rayges é regias ramas,
é tal hay que tiene el tronco como la mu-
ñeca del brago de un hombre regio. Su
operación es maravillosa, é muy exge-
lente medegina é tan fágil y sin passíon
en el curar, que paresge bien que la
quiso Dios señalaré aventajar entre otras,
por muy apropriada para las llagas, aun-
que sean viejas é de mal semblante é dis-
pusigion ó enconadas ó quassi incurables;
é usan del remedio desta hierva de la
forma que adelante diré. É llamóla hier-
va , aunque he dicho qucs esterpo ó plan-
ta, porque quando nasge é aun quando
está de dos ó tres palmos alta , hierva es
hasta que sube al altor que le quita el
nombre de hierva ; é los indios no usan
della para sus llagas , sino quando es pe-
queña é tiernos los cogollos , antes que
se empine ó endurezca ó crezca mucho.
Cuegen un puño de aquesta hierva (digo
los tallos é hojas mas tiernos ) , tanta can-
tidad como se podrá iucluyr ó compre-
hender con una mano, ó de la grosega
de la muñeca del brago , é después que
de un agumbre de buena agua que echen
con aquel manojo de la hierva á coger en
una olla, oviere menguado la lergiapar-
DE INDIAS. LIB. XI. CAP. V.
379
te, quitan la olla de sobre el fuego é dé-
xanla estar assi con la hierva hasta que
está quassi fria, é toman un paño de lino
limpio (que no sea camisa de muger) en
un poco de aquella agua é lavan la llaga;
(3 después de bien lavada, enxúganla lim-
piamente con sus paños blancos de lino.
Hecho aquesto, toman hojas crudas de la
misma hierva é tuértenlas ó mastrújanlas
ó pástenlas entre las palmas de las ma-
nos, é assi sacan el gumo, y en aquel
mojan hilas de liengo blancas é limpias,
é assi mojadas, pénenlas sobre la llaga é
atañías con una venda de lino; é assi
fecho esto dos veges al dia, cura las Ha-
gas en breve tiempo. Algunos, en lugar
de hilas, no curan de poner sino la misma
hierva assi torgida entre las palmas, des-
pués que se ha lavado la llaga , como se
dixo primero, é átanla por engima é sana
muy presto la herida. Digo llaga, porque
para heridas fechas á mano con el espada ó
cuchillo é regientes, no es esto, sino para
otras llagas de otras ocasiones. Digo mas:
que en mi casa he curado yo o fecho cu-
rar (en veges) muchos indios é esclavos
negros mios, é aun algunos chripstianos,
é han sanado muy bien : y en verdad al-
gunos dellos de tales llagas, que me cos-
taran muchos dineros del girujano, é no
sé si las supiera curar; é desta manera,
sin darles pecunia ni gragias ( sino solo á
Dios), se curan. Porque estos negros é
indios , como andan al campo trabaxan-
do y la tierra es mala de piernas (por ser
humedíssima), de un rascuño é de poca
cosa se hagen llagas muy malas ; y cómo
al pringipio es la llaga ó herida pequeña
é no se curan é hagen poco caso della,
encónase é hácense muchas veges llagas
malas ; pero todas se curan de la manera
que he dicho. Yo he tenido indios que
por su maligia propria 6 por no trabaxar,
ó ellos mismos se hieren, ó se ponen al-
gunas hojas de hiervas que conosgen que
en breves horas se hagen una ó dos lla-
gas ó las que les plage en un pie 6 pier-
na , adonde quieren , é viénense de la
hagienda acá (á la cibdad) coxquean-
do , por bellaquear é no hager nada ni
trabaxar: é socorremos á la maligia suya
con esta hierva, é sanan contra su volun-
tad antes de lo que querían, para que se
vuelvan á la hagienda. Y aun desque está
bueno, solemos ayudarle con una dogena
de agotes, porque escarmiente; y es tan
buena medegina para algunos, como la
hierva, é no lo torna á hager. La hoja
desta perebegenuc es de la forma que
aqui está pintada [Lám. 4." fig. 5.°) y de
tal figura, salvo ques mayor la hoja questa
pintura , é alguna es menor ; y el maliz
ó sombra questas hojas llenen en las pun-
tas deste debuxo, hásc de entender ques
lo que tienen como morado, y el palillo ó
astilejos é pegones assi mismo como de co-
lor de unos bledos que hay algo morados ó
leonados. No digo de los que en Castilla
llaman moriscos , que son muy colorados,
sino de los bledos comunes de comer: que
los tallos dellos tienen la color mas roxa
que leonada é todo el restante de la hoja
es verdeé muy delgada é blanda. Quan-
do está muy alta , ques planta ó esterpo,
tiene el tronco é ramas é cortega como
una carrasca ó engina, pero mas delgada.
Después de la primera impression, supe
de dos pringipales personas desta cibdad
de Sancto Domingo , veginos fidedignos,
dos secretos desta hierva , que cada uno
por sí é ambos la ensalgan é subliman é
decoran por una de las mas exgelentes
cosas questan acá sabidas y experimen-
tadas en lo que agora se dirá; y en la
verdad , tanto mas es ragon de estimar-
se, quanto cada una de las enfermedades
es mas odiosa é aborresgida. Y diré cada
una por sí, de la manera que he entendi-
do el remedio de ambas dolengias.
Estando un hombre pringipal desta cib-
dad , que hoy vive (é testifica de sí) , en-
fermo de un encordio quassi tres años
^so
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
avia, con una profunda llaga é mala en
«na lugre é con mucha passion , é avien-
do gastado mucho de su hacienda con
médicos é cirujanos é pendiente mucha
costa; é aun aviéndole corlado muchos
pedagos de carne dañada sin le aprove-
char, antes se sospechaba que tal llaga
era incurable: aviendo este nuestro ve-
cino oydo algunas curas questa hierva
hagia , acordó de la probar é desamparar
los giriijanos, é tomó por estilo de se la-,
var la llaga dos veges al dia con el agua
desta hierva, cogida en la manera que es-
tá dicha , ó ponerse unas hilas blancas ó
algunas veges un poco de la misma hier-
va ; é luego desde á dos días sintió me-
nos enconada la Haga, é á los nueve dias
estaba colorada é comida toda la carne
mala, é á los quinge dias fue sano de
todo punto , con tanta fagilidad que que-
dó espantado el enfermo , é otros, vien-
do esto , muy maravillados , dando gra-
gias á Dios, como á médico verdadero é
salud de nuestras vidas é ánimas. ítem:
en el mal de estrangurria se ha visto y
experimentado en personas extremada-
mente apassionadas que han sanado me-
diante esta hierva ; para lo qual sacan
el gumo majándola, é colando aquel gu-
mo, lavan el fundamento é partes baxas
é en torno de la bedija, é todo el caño
por de fuera é donde sienten dolor é la
passion se freqüenta. É después questá
assi lavado, toman la hierva majada con
su gurao é pónenla en los lugares que he
dicho , y en breves horas é antes que pas-
se un dia natural de veynte é quatro ho-
ras, hage orinar é rompe la piedra é pone
total remedio á tal passion.
Parésgeme que cada una destas cosas
es tan grande y de tanta estimagion, que
aunque yo no oviesse trabaxado en estas
materias, inquiriendo sus efetos en lo que
he escripto dellas , sino por saber esto,
yo quedo muy bien pagado y contento
de mis vigilias, pues plasgerá á Nuestro
Señor que por mi aviso puedan conse-
guir saludable remedio los que tales pas-
siones tovieren. Algunos cortan los ta-
llos tiernos con las hojas desta hierva é
los dexan secar, fechos manojos, á la som-
bra donde no les dé el sol , é secos los
muelen é hagen polvos é los passan por
un gedago é los guardan: é quando quie-
ren curar alguna llaga, lávanla primero
con el agua desta hierva, si se puede
aver , é si no enjugan la Haga lo mejor
que pueden, é echante los polvos é po-
nen engima sus hilas ó paños , é come
toda la carne mala é trae la buena é la
restituye en su color é la encuera é sana
en breve tiempo. Sanado han en esta
cibdad muchas llagas con estos polvos;
pero digen que escuegen mucho mas que
curando con la hierva, estando verde é
con el agua.
CAPITULO Vi.
De Ja jfi'ierva. que en esta Isla Española se llama curi-á; y aparlo la o, porque assi se ha de acentuar.
Una exgelente hierva hay en esta Isla
Española y en muchas casas desta cibdad
de Sancto Domingo la crian algunos para
adornar sus jardines: llámanla curi-á. Assi
que, la ase ha de degir poquito después
que se dige curi, para agentuarla como el
indio la nombra. Es muy fresca é de buen
paresger: nasge muy apretada una con
otra é baxa en tierra; é para que siempre
esté verde é no se seque, ha de aver dos
cosas: la una que se riegue en las tardes,
caydo el sol cada dia , ó á lo menos cada
tergero dia , é de ocho á ocho dias tres-
quilarla ó tundirla igualmente con unas
DE INDIAS. LIB. XI. CAP. VI.
381
lixeras (como suelen hager las mesas de
los arrayganes en algunos monesterios ó
jardines). Digen que hay macho é hembra
en esta hierva: echa flores moradas é
muy pequeñitas é lindas , é granan en el
mes de enero. La hoja paresge á la de la
salvia, aunque esta es mas puntiaguda é
mas delgada é mas verde, é quiere algo
paresQer á la del lentisco ó murta , non
obstante quesla es mas delgada. Su olor
es muy semejante al trébol, é assi se sa-
ca el agua en alquitaras, para rogiar la
ropa é ponerla de buen olor. Aquesta
agua es muy procurada de las mugeres,
poiques caliente é sirve á sus passiones.
é aprieta é deseca ; é si se lavan los lo-
mos con ella ingita venere.
Dexo otras propriedades aparte. Se
estima mucho , porque es apropriada á
las llagas é las sana, lavándolas con
ella é con hilas é paños limpios, como
lo testifican personas de crédito que por
experiengia lo saben. En las caxas ó ar-
cas que está el agua desta curia , no en-
tran las cucaragag, que es harto bien é
previlegio singular para estas partes, en
estas Indias, por la infinidad que hay
en esta cibdad é otros pueblos destas
cucaragas que extragan é ensugian la
ropa, etc.
CAPITULO VII.
De cierta manera de lirios que liay en la Tierra-Firme, é de sus extremadas flores de nueva forma.
n
[ay en Castilla del Oro en muchas par-
tes, y señaladamente en el puerto del
Nombre de Dios en la misma playa , jun-
to á la mar, gran cantidad de lirios blan-
cos con una manera de flor extremada
é cosa muy de ver , como aqui está de-
buxada. Nasgen espesíssimos por toda
aquella playa, é paresgen espadañas,
cxgepto que el verdor de aquellas hojas
es mas claro que el de las espadañas de
Castilla : é echan en el medio un tallo ó
varifla de tres palmas de alto, poco mas ó
menos , y en el medio hage una manera
de ñudo, de que salen tres óquatro hojas
cortas é de la fagion de las del assiento,
é de alli salen tres ó quatroé ginco tallos
que es cada uno una rosa, é de la mitad
del tallo arriba cada uno dellos se va em-
blanquesgiendo , é la manera é blancor
es como de propria agugena, é aquellas
seys hojas que penden, son de la mesma
manera é tez. É de entre essas seys ho-
jas sale una flor blanca é mas delgada la
materia , é sube, como aqui está figurada
[Lám. i.", fig. 6.") é hage seys puntas, é
de la mitad della salen seys lomicos , é
en el extremo de cada uno tiene atrave-
sados unos trogicos ó palillos amarillos,
é de la mitad de la misma rosa , entre
aquellos seys astilicos, sale otro vastagui-
to ó astilejo verde, con una cabegica re-
donda. En fin es muy extremada flor é
huele muy bien , é de la manera , é no
con menos suavidad, que las agugenas de
Castilla. Los chripstianos las llaman ge-
bollas albarranas, porque abaxo, en el
nasgimiento debaxo de la tierra, todo
aquel golpe de hojas verdes que pares-
gen espadañas ó lirios , salen de una ge-
bolla blanca ; pero es error que no son
gebollas albarranas, ni son pongoñosas,
sino Urios blancos, como he dicho. Mu-
chas veges las vacas é otros ganados co-
men estas hojas ; pero no los matan ni
hagen mal, salvo que queman, segund lo
hagen las hojas de los lirios, é desta cau-
sa, aunque las vacas é otros animales
coman algunas hojas destas, dexan de
comer por el ardor ; pero no mueren ni
les hagen otro daño.
382
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO VIII.
l)ela hierva que los indios de a provincia é lengua de Cueva, en la Tierra-Firme, la llaman peronea é de
-^ propriedades é efelos : la qual provincia es en la goberna9Íon de Castilla del Oro.
sus
JLa hierva perorica, en la Tierra-Firme,
en la gobernagion de Castilla del Oro , en
la lengua é provingia de Cueva , es muy
excelente hierva é experimentada por
muchos. Hierva es muy verde, é el tallo
pringipal suyo es tan alto é mas que la
estatura de un hombre de buen cuerpo,
y de ahy para abaxo hay alguna menor.
Sus hojas son anchase luengas, como un
palmo é asaz puntiagudas, é el vastago
magigo : es hierva medeginal. Su olor es
quassi como torongil ; son mas delgadas
las hojas que las de la yedra. Usan mu-
cho los indios de la Tierra-Firme desta
hierva, quando tienen llagas en las pier-
nas, é para su remedio, toman una hoja
destasé caliéntanla, para que se enxu-
gue é marchezca é pónenla sobre la lla-
ga, é de quando en quando, dos ó tres
veges al dia, la mudan é ponen otras ho-
jas é brevemente sanan la herida [Lám. 4 .*
fig. 7.*). ítem : si duelen las piernas ó los
bragos , ponen engima de aquella parte
que duele estas hojas é sanan con ellas,
ítem : es saníssimo baño , cogiendo estas
hojas é lavando las piernas con ellas , é el
agua quita el cansangio é pesadumbre de
la persona. Aquellos astilejos pintados
de blanco é verde, que son astilejos dere-
chos que nasgen del mismo nasgimiento
de la hoja son blancos é redondicos, co-
mo graphielados propriamente , é lo blan-
co es desde un dedo mas alto de don-
de nasge para arriba é tan luengo, como
un xeme ó menos é muy delgado, mas
que el tallo de la hoja que con el tal
nasge. É en sus males se ayudan mucho
los indios desta hierva é la presgian mu-
cho, é los chripstianos no la tienen en
poco, aunque hay mucha é en muchas
partes : é en otras la dessean los que la
conosgen, porque aun , demás de ser tan
provechosa medegina á los hombres en
lo que está dicho é en otras passiones,
matan con ella los gusanos que á los
puercos seleshagen, por algund golpe ó
herida. É do quiera que los haya, toman
esta hierva é májanla , é assi majada con
su gumo, pónenla en la parte que están
los gusanos, é en breve espagio los ma-
ta é se caen é se salen ellos por sí fuera
de la llaga, donde estaban.
Esto yo lo he visto de la manera que
lo he dicho en la cibdad del Nombre de
Dios , que es donde primero yo vi aques-
ta hierva ; pero en muchas partes de la
Tierra-Firma la hay , é la llaman algunos
la hierva de los gusanos, porque tiene
la propriedad que es dicho en los matar,
é sana las llagas dellos. E porque en to-
das las partes no la pueden aver, hacen
polvos desta hierva ó de las raygés do-
lía, é hagen lo mismo con ellos, pero
mucho mejor con la hierva fresca.
DE INDIAS. LIB. XI. CAP. IX.
3^3
CAPULLO IX.
De la hierva llamada coygaraca é de sus propriedades.
JLia hierva coygaraca es una y tan sin-
gular y experimentada en estas nuestras
Indias, en especial en Castilla del Oro,
que los indios la tienen en mucho para las
llagas, aunque sean viejas, porque con
ella se come é quita la carne mala, é se
curan con tanta íagilidad, que es cosa
maravillosa é muy evideníe medegina. É
cómo la tierra en estas partes es humidís-
sima é mal sana de piernas, muy á me-
nudo los indios andan llagados en ellas,
assi los hombres como las mugeres, é
para su remedio usan desta hierva, como
agora diré. Toman la hierva é lléganla
al fuego para que se marchezca, ó la
dexan estar algund espacio después que
la han cortado para que se marchite; é
pénenla sobre la llaga, sin hager otra di-
ligencia alguna , é cura como un cáusti-
co é mejor, é ningund solimán es tal. É
lo que se pone en la llaga es lo que la
hoja tiene para fuera , que no es tan ver-
de en la color, como lo que tiene para
dentro, hágia aquellas verguillas que en
la mitad desta hierva nasgen, tan altas
como dos ó tres palmos ó menos , é de-
rechas é no mas gruesas que aquí están
figuradas, é en el cabo ó extremo de
cada una verga , sendas cabeguelas ó al-
carchophillas , de la propria manera que
las echan unas escobas que en el reyno
de Toledo (alias Carpentania) se llaman
de algaravia: á lo menos en Madrid,
donde yo nasQÍ, assi las nombran. É á
la punta de la cabezuela es la color como
morado , é sale en medio de essas cabe-
zuelas un flueco, en lugar de flor que pa-
resge seda de color, como blanco escuro
é roxo que tira á color de púrpura ó mo-
rado. É aquellos tallos ó aslilejos que sa-
len de enmedio desta hierva son huecos,
é cada uno dellos tiene su cabeguela ó
papávero de la manera que es dicho , é
en los extremos declinan para abaxo. Las
hojas por defuera son de un color de ver-
de claro que quiere tirar á blanco , é en
la parte de dentro son muy verdes. Las
astas, en que están aquellas cabeguelas,
son quatro é mas é menos , é las hojas
ginco ó seys recogidas en un nasgimien-
to ó pringipio como la lechuga; é assi
paresge mucho lechuga en la verdor é
frescor suyo, é algunos penssarian que
es lechuga, si no toviese aquellos astilejos
que he dicho.
Lo que tiene debaxo de tierra es rayz,
é creo yo que aunque es pequeña no de-
be estar sin alguna propriedad buena,
pues las hojas hagen lo que es dicho. La
hoja es doble ancha ó mas que aqui está
debuxada, la qual fué contrahecha te-
niendo delante la misma coygaraca, é
assi se llama en la lengua de Cueva,
donde yo la he visto en el Darien, é en
Acia , é en el Nombre de Dios , é en otras
partes de la Tierra-Firme. Suelen secar
esta hierva é guardan los polvos della,
para el efeto que es dicho, algunos chrips-
tianos, después que la conosgieron;éaun
assi mismo sacan el agua della por al-
quitara, assi de las hojas como de los ta-
llos é cabeguelas , é toda ella como aqui
está pintada. E quando tenian algunas
llagas, usaban lavarse con aquella agua,
é ponerse hilas limpias é sanaban , en
espegial las llagas que no fuesen de he-
rida de armas, sino de otras ocasiones.
Pero los indios, como he dicho, quando
se curaban con las hojas, remudábanlas
una ó dos veges al dia , é quando querían
384
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dormir, poníanse otra hoja. Amiparesger
ella está muy bien contrahecha, y de
manera que basta para la conosger por
este áehuKo' [Lám. 4.' fig. 8."), y ha-
ber dicho donde la hallen para que pue-
dan inquirir mas propriedades de ella:
que bien creo yo que no está sin otras,
demás é allende de lo que está dicho.
CAPITULO X.
Del toroiifril de la Tierra-Firme.
E
n término del Darien, en la provin-
cia de Cemaco é en otras partes de la
Tierra-Firme , donde se habla la lengua
de Cueva, hay una hierva que huele muy
bien é paresge mucho en la hechura é
manera de ella á la que en Castilla lla-
mamos hiervabuena , é en el olor es pro-
priamente como torongil , é assi la llaman
los españoles; pero la rama desta es mas
luenga.
CAPITULO XL
i^ela hierva magney, la qnal hay en la Tierra-Firme cerca de la provincia de Araya é de la gente que
llam#n agoreros.
Vuerca de Araya hay una gente que lla-
man los agoreros en la Tierra-Firme, á
causa de gierta fructa que se llama assi
mismo agoreros: é gerca destos están
otras gentes que se digen los magueyes,
á causa que una hierva, como cardones,
(mas sin espinas) , se llama assi maguey,
de que alli hay mucha abundangia della:
la qual paresge mucho á la cabuya , de
quien se higo memoria, y aun la debu-
xé como ella es, en el libro VII, cap. XI,
que tractade la agricoltura. Non obstan-
te lo qual, se dirá aqui de aquesta hierva
lo que alli no se dixo (que el tiempo des-
pués me ha enseñado) é lo uno é lo otro
me compete , y aqui quadra muy bien,
pues que aqueste libro habla en hier-
vas.
Esta se planta é da mucho fructo é di-
versas utilidades, porque en la Nueva
España hagen della é de su hilo mantas
é gapatos, é de su xugo vino é arrope.
E la rayz, después que ha dado los pro-
vechos que es dicho, la sacan tan grue-
sa , como un barril de los que en España
é en esta Isla nuestra Española caben
tres arrobas é quatro é algo mas ó me-
nos , é la cuegen é comen, é también ha-
gen del maguey muy buenas sogas. Aque-
lla gente que assi nombran los españoles
magueyes, despencan esta hierva, élaca-
bega ó gepa della cuégenla é hágese un
manjar asaz bueno é de mucho manteni-
miento. É de las hojas sacan el gumo por
sudor de fuego, amanera de destilallo, é
de aquello beben aquella gente, é nunca
beben agua ni la ven dulge , salvo la de
la mar que no se sufre beber, ni la beben,
ni tienen agua dulge, ni alU se halla, ni
hay rio ni fuente ni pogo ni charco ni
laguna, ni en toda su vida beben agua,
exgepto quando llueve, ques alli muy po-
cas veges en el año , é algunos años se
passan sin llover poco ni mucho : é quan-
do algunas veges acaesge llover é en al-
gunos hoyos en tierra acaso se recojo al-
guna agua é se hagen charcos, beben alli
algunos indios dessos, como lo haria un
DE INDIAS. LIB. XI. CAP. XI.
385
perro ú otro animal; topando aquella
agua acaso ; pero no porque les pone ni
tengan cobdÍQÍa del agua , por estar cria-
dos é habituados á no la beber jamás.
Esta gente que los chripstianos lla-
man magueyes por la causa ya dicha,
se llaman en su lengua chacopati. Es-
tos é otros de aquellas comarcas, quan-
do la luna está eclipsada, se juntan con-
tra ella é le tiran muchas saetas, digiendo
que está enojada contra ellos, é que por
esso no les ha de dexar ninguna cosa de
sus bienes ; é por este respecto luego dan
orden en hager serra, que quiere degir
trocar quanto tienen , é todo lo baratan
é truecan los unos con los otros, porque
les paresge á ellos que mudando las co-
sas de un dueño á otro, se aparta aquel
peligro que tenian de las perder. É aun
van de unos lugares á otros á hager los
mismos cambios é truecos con sus veci-
nos é con quien les paresge, hasta que
no les queda joya ni otra cosa sin la tro-
car ó hager serra, que quiere degir lo
mismo en la lengua desta nuestra isla de
Hay ti ó Española. Mas en aquella lengua
de los magueyes , alias chacopati , serra
ó trocar quiere degir iichihican*
CAPITULO XII.
Que Iracta de la hierva mOQOt , assi llamada en la provincia de Nicaragua.
Ítxoqot es una hierva muy excelente que
en Nicaragua es muy presgiada de los in-
dios. Es hierva baxa: la hoja della es pi-
cada , como la hiervabuena , de puntas;
pero es áspera é no tanto como hortigas.
El astilejo, en que nasge, ó su tallo es
quadrado é áspero en cada esquina. En
la summidad ó altura de cada tallo echa
unos granillos por el tallo arriba, que
son la flor é simiente desta hierva , la
qual se pega mucho á la ropa. Esta
hierva es muy singular para las llagas
de todas suertes (exgepto para las de
* Ya en el capítulo XXII del libro VI ó de los
Depósitos refirió el autor , casi con las mismas pa-
labras , esta superstición y pereg'rina costumbre de
los chacopati ó magueyes, asi como las demás co-
sas (relativas á esta generación) que se contienen
en el presente capítulo. Siendo el referido libro VI
como depósito y arsenal de cuanto raro y extra-
ordinario habia llegado á oidos de Oviedo, cuando
bubas). Para curar las otras, han de la-
var la llaga con agua caliente tibia , é
tomar esta hierva é majarla é haberla
pasta, é de aquella poner dos veges al
dia sobre la llaga ; é sana muy presto , é
es remedio muy usado é experimentado
por los indios de Nicaragua. É quando
yo estuve en aquella tierra, la comenta-
ban á usar los españoles que vivian en
la cibdad de León , alias Nagrando , en-
tre los que tenian nesgessidad della, é la
oy loar mucho á algunos que se avian
curado con esta hierva é los avie sanado.
preparaba la segunda edición de estas historias,
creíble es que se propusiera suprimir este pasage ó
ampliarlo en la forma que lo hace con otros mu-
chos , adquiridas nuevas y mas seguras noticias.
Sin embargo en el códice autógrafo que tenemos á
la vista , ninguna diferencia se advierte, fuera de
las variantes que pueden ver los lectores en el co-
tejo de ambos capítulos.
TOMO 1.
49
Este es el libro duodécimo de la Natural y general historia de las Indias , islas y
Tierra-Firme del mar Océano : el qual tráete de los animales que en esta Isla Española
se hallaron, quando los españoles primeros á ella vinieron , é quáles se Iruxeron de Es-
paña : é generalmente de todos los otros animales que hasta el tiempo pressente se
han visto, é de que hay notigia en otras islas é en la Tierra-Firme.
PROHEMIO.
Jr linio en su Natural Historia tracto
en el libro VIII de los animales terres-
tres, porque le convino ó paresgió ser
assi conforme á su propóssito ; y cómo al
mió , aunque sea de ymitarle en las dis-
tinciones é géneros de las cosas que es-
cribo (ó en muchas dellas), no me pa-
resge que es de substancia el número de
ocho ó nueve ú otro cuento alguno del
libro, para la razón historial é intento que
prosigo ; por tanto quise en este número
doge degir de los animales que en esta
Isla Española se hallaron ( al tiempo que
á ella vinieron los primeros chripstianos
con el almirante don GhripstóbalColom).
Y también será fecha memoria de los que
por industria de los españoles se han
traydo y multiplicado en esta isla é In-
dias, de los que hay en España (non obs-
tante la distangia de tan extendidos ma-
res y navegagion). Fecho esto , tractaré
de todos los otros animales (en quien no
se habló en la primera impression que
tuvo esta primera parte de la General his-
toria deslas Indias); y degirse han todos
aquellos que en ellas hay, de que se ten-
ga verdadera notigia hasta el tiempo pres-
sente, en qualesquier islas ó partes de la
Tierra-Firme, dando á cada animal su pro-
pria patria donde se han visto ó se sepa
que los hay; por quel jaez de la materia y
calidad, de que aqui se tractáre, se halle
junto , y se dé notigia de los animales que
acá son naturales é semejantes á los de
España y de Europa, ó que allá le son
notorios, como de otros que en Castilla
no so saben y en estas nuestras Indias se
han visto por los españoles y milites de
César. Y también escribiré de las ser-
pientes é culebras é otros animales pon-
goñosos de qualquier manera que sean,
anexos á la materia é propóssito de tal
historia , pues que assi mismo el auctor
alegado lo hizo desta manera. Y con esto
cumpliré lo que prometí en la primera
impression que diria en la segunda é ler-
gera partes destas historias : al qual pro-
metimiento aqui satisfago, porque como
DE INDIAS. LIB. XII. PROHEMIO.
387
he dicho, esté junto lo que es de una for-
ma de tractado, como mas largamente se
verá en los capítulos adelante escriptos,
particularizando é distinguiendo cada ani-
mal por sí.
Del número octavo me pares^e á mí
que Plinio tuvo razón de aplicarle al nú-
mero de los animales terrestres, pues que
en ocho partes ó vientos principales, en
que se divide la esphera , que son : leste
id est oriente, sueste, sur ó austro, su-
dueste, oeste ú ocgidente, norueste, nor-
te ó septentrión , nordeste , en todas es-
tas partes quiso tocar ó comprehender y
expegificar los animales que en essas se
hallaban ó él supo. Mas yo hallo, y es
assi como la Sagrada Escriptura lo tie-
ne *, que ocho personas solamente se sal-
varon en el arca de Noé, que fueron él
é sus tres hijos Sem , Cam é Japhet é sus
mugeres de todos quatro , é con estos los
animales de todas aquellas espegies é gé-
neros que Dios mandó ser reservados é
libres del diluvio, para la restauración de
los hombres é de los animales ragionales.
Y pues destas ocho personas progedieron
lodos los que después han seydo y al
pressente son y serán , mucho dexó Pli-
nio por degir ; y razón es que le ayude-
mos á escrebir lo quél no supo ni halló
escripto en las partes australes é occiden-
tales destas nuestras Indias ni en las otras
regiones dellas. Y no me paresge que es
menos buen título para el pressente libro
el número duodécimo, pues que en estas
partes, donde estos animales, de que aqui
se tracta, están , é los hombres é gentes
que de la caxa ó arca que he dicho subge-
dieron , les avemos los españoles (debaxo
de la bandera de Jhesu Chripsto y de la real
de Castilla) dado notigia de doge após-
i Génesis, cap. VII.
2 Johan, cap. VI.
3 Exodus, cap. XVI.
4 Fructusspirilus sunt: charilas, gaudium, pax,
ele. (Ad Caíalas, 5).
toles (aunque yo no dubdoaver alguno ó
algunos dellos passado á estas partes) , y
de doge artículos de la fé , é de doge signos
celestiales , y de doge meses en el año , y
de doge espuertas llenas que sobraron de
los cinco panes * é dos peces, con que el
Redemptor hartó cerca de cinco mili hom-
bres ; y de doce fuentes de agua en He-
lim , donde vinieron los hijos de Israel ',
é de doce fructos del Espíritu Sánelo, que
son: la caridad, el gozo, la paz, la pa-
ciencia , la constancia, la bondad, la be-
nignidad , la mansedumbre , la fé , la mo-
destia é templanca , la continencia é cas-
tidad *. ítem, doce patriarchas en la ley
vieja ; doce tribus de Israel '. Doce años
avia Chripsto, quando se perdió en Hie-
rusalem de la vista de su gloriosa Madre,
é se apartó en el templo á enseñar la
Sánela Escriptura é darla á entender á los
sabios é ancianos de le vieja ley: i?i ñlo
tcmpore cúm factus esset Jhesus annorum
duodecim *. ítem, doce mili reales de plata
envió á Hierusalem Judas Macabeo á
ofrescer por los pecados de los fina-
dos^: doce bueyes ofrecieron los doce
príncipes del pueblo de Israel, con seys
carros, para llevar el Sancta Sancto-
rum '; assi que cada príncipe ofresció un
buey. Doce varones de los doce tribus
mandó Dios á Josué que sacasen doge
piedras de las que 'estaban enmedio del
rio Jordán, quando les abrió las aguas del,
é que las llevasen al primero lugar donde
assentassen real , é tomassen otras doce
piedras grandes de fuera é las pussiessen
en medio del rio, para que alli quedassen:
lo qual fué para memoria deste miraglo
á las generaciones venideras , que todas
las doce tribus de Israel passaron por el
rio en seco ^. Doce espías mandó Dios á
Génesis, cap. XLVI.
Luc, cap. 11.
Numeri, cap. Vil.
Machab., cap. XII.
Josué, cap. IV.
388
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Moyssen, estando en el desierto, queen-
viasse á ver é considerar la tierra de Ca-
naam , é de cada tribu fué una espia , é
á cabo de quarenta dias volvieron con la
relagion *. Todas estas historias sagra-
das, assi las figuras como lo figura-
do, se dá á entender á estas gentes sal-
vajes que tan olvidadas é apartadas es-
taban de la Iglesia cathólica. ítem; doQe
años turó el triunvirato de Octaviano
é Lépido é Marco Anthonio ; é des-
pués que quedó todo el señorío en Oc-
taviano ^ é fué monarca en el universso,
entre los años de su imperio, fué doce
dellos pacífico señor del mundo, qaando
mandó escrebir el número de todos los
mortales á él subjetos * : en el tiempo de
la qual paz universal é tranquilidad del
género humano nasgió el Redemptor *,
para nuestra redempgion ; y en esta sa-
gon estuvo doge años gerrado el Delu-
bro (ó templum pacis *) , donde se guar-
daban las armas é municiones é pe-
trechos de guerra de los romanos ; é en
el tiempo que las puertas de aquel tem-
plo estaban abiertas, avia guerra.
Por manera , que infiero deste número
duodécimo, que es hermoso é sancto é diño
de no olvidarle algún cathólico, é que qua-
dra al libro de animales ; pues que estas
gentes destas Indias, aunque racionales y
de la misma estirpe de aquellas ocho per-
sonas de aquella sancta arca é compañía
de Noé , estaban ya fechas irracionales y
bestiales con sus idolatrías y sacrificios
y cerimonias infernales , y gocaba el dia-
blo de sus ánimas tantos siglos há ; y por
medio de la real silla de Castilla é bien-
aventurados Reyes Cathólicos , don Fer-
nando V de tal nombre, é de doña Isa-
bel , de gloriosa memoria , é de la Cesá-
rea magestad del Emperador Rey , don
Carlos , nuestro señor , su nieto , y en
virtud de la doctrina y armas de sus ín-
clitos españoles espirituales é tempora-
les (ó eclesiásticos é seglares), esta doc-
trina evangélica de los doce apóstoles se
ha exercitado y traydo á estas partes con
la industria é guia del Espíritu Sancto,
cuyo ministro é adalid fué el memorable
don Chripstóbal Colom , primero descu-
bridor destas Indias. É assi continua-
mente se han convertido y convierten
estos indios á Dios, é se van encorpo-
rando en la república chripstiana, sin ce-
sar ni dexar perder tiempo en tan sancto
exercicio con estos animales racionales,
ayudándolos á conoscer á Dios é á sal-
var sus ánimas. Y entretanto que los re-
ligiosos é perlados assi se aplican á tan
sancta obra , é la gente de guerra á do-
mar é sobjuzgar los inobidientes é ingra-
tos á Dios é fugitivos de tan alto conos-
Cimiento, quiero yo ocuparme en la re-
lación destos otros animales irracionales,
para que con lo uno y lo otro y quanto
esta General Historia contiene , se puedan
dar muchas gracias á Dios , si el letor no
fuere descuydado ; pues que el leer no ha
de ser para el gusto de leer ó entender co-
sas nuevas, sino para alabar y mejor co-
noscer al Criador é causa de todas ellas.
í Numeri, cap. XIII.
2 Suetonio Tranquilo.
3 Luce, cap. H.
4 Ovid.,lih. I, Ve fastis.
3 Danlhe , canto VI de la III.' cántica.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. I.
389
CAPITULO I.
Del animal llamado hutia.
Avia en esta Isla Española é en las otras
deste golpho comarcanas á esta , un ani-
mal llamado hutía , el qual era de quatro
pies, á manera de conejo , pero algo me-
nor é de menores orejas, é las que tiene
este animal é la cola son como de ratón.
Matábanlos con los perros pequeños que
los indios tenian domésticos , mudos que
no sabian ladrar ; y muy mejor los caga-
ban los chriptianos con los perros lebre-
les é galgos é sabuesos é aun gozques é
podencos de los que se truxeron de Es-
paña. Son de color pardo gris, segund
testifican muchos que los vieron é co-
mieron , é los loan por buen manjar ;
é al pressente hay en esta cibdad de
Sancto Domingo y en esta isla muchas
personas que lo digen. Destos anima-
les ya no se hallan , sino muy raras ve-
ges.
CAPITULO IL
Del animal llamado quemi, é de su forma.
l^uEMí se llama otro animal de los des-
ta Isla Española , el qual yo no he visto,
ni al pressente se hallan , segund muchos
afirman. Este es un animal de quatro
pies é tan grande como un podenco ó
sabueso mediano; y es de color pardo
como la hutia , é del mismo talle ó ma-
nera, exgepto que el quemi es mucho
mayor. Muchas pei'sonas hay en la isla y
en esta cibdad que vieron é comieron es-
tos animales é le aprueban por buen man-
jar ; mas en la verdad , segund lo que se
ha dicho y se sabe de los trabaxos é
hambres que los primeros pobladores
passaron en esta isla , presumirse debe
que todo lo que fuesse de comer les pa-
resgeria enlonges muy bueno é sabrosso,
aunque no lo fuesse.
CAPITULO III.
Del animal llamado mohuy.
iTlonüY es un animal algo menor que
hutia: la color es mas clara y assi mismo
es pardo. Este era el manjar mas pres-
gioso ó estimado en mas de los cagiques
ó señores desta isla ; é la fagion del muy
semejante á hutia , salvo que el pelo te-
nia mas grueso é regio (ó tieso) , é muy
agudo é levantado ó derecho para suso.
Yo no he visto este animal; mas de la
manera que tengo dicho, muchos digen
que es assi , é en esta isla hay muchos
hombres que lo vieron é comieron é loan
esta carne por mejor que todas las que
es dicho.
390
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO IV.
Del animal llamado cori.
V-40RI es un animal de quatro pies é pe-
queño , del tamaño de gagapos medianos.
Paresgen estos coris espegie ó género de
conejos, aunque el hogico le tienen á ma-
nera de ratón , mas no tan agudo. Las
orejas las tienen muy pequeñas, é tráen-
las tan pegadas ó juntas continua ó natu-
ralmente , que paresge que les faltan ó
que no las tienen. No tienen cola alguna:
son muy delicados de pies é manos, des-
de las junturas ó corvas para abaxo : tie-
nen tres dedos é otro menor, é muy soti-
les. Son blancos del todo, é otros de todo
punto negros , y los mas manchados de
ambas colores. También los hay bermejos
del todo, é algunos manchados de blanco
é bermejo. Son mudos animales é no eno-
josos é muy domésticos , é ándanse por
casa é tiénenla limpia é no chillan ni dan
ruydo ni roen, para hager daño. Pasgen
hierva, é con un poco que les echen, de
la que se les da á los caballos, se sostie-
nen ; pero mejor con un poco de cagabi
é mas engordan , aunque la hierva les es
mas natural. Yo los he comido é son en
el sabor como gagapos, puesto que la
carne es mas blanda é menos seca que
la del conejo. Hartos hay al pressente
aqui y en otras muchas islas y en la Tier-
ra-Firme : en espegial en la provingia de
Veneguela son muy mayores de lo ques
dicho é quassi tamaños como conejos;
pero mas salvajes que los ques dicho do
suso, é el pelo como bardas.
CAPITULO V.
De los perros que ovo en esta Isla Española é los que hay al pressente.
K erros gozques domésticos se hallaron
en aquesta Isla Española y en todas las
otras islas que están en este golpho (po-
bladas de chripslianos) , los quales cria-
ban los indios en sus casas. Al pressente
no los hay : é quando los ovo, los indios
tomaban con ellos los otros animales to-
dos, de quien se ha hablado en los capí-
tulos de suso , y eran estos perros de to-
das aquellas colores que hay perros en
España , algunos de una sola color é otros
manchados de blanco é prieto ó bermejo
ó bargino ó de las colores é pelo que sue-
len tener en Castilla. Algunos bedijudos,
otros sedeños , otros rasos ; pero los mas
destos acá son entre sedeño é raso , y el
pelo de lodos ellos mas áspero que le
tienen los nuestros, é las orejas avivadas
éálalerta, como la tienen los lobos. Eran
todos estos perros aqui en esta é las otras
islas mudos , é aunque los apaleassen ni
los matassen, no sabian ladrar : algunos
gañen ó gimen baxo, quando les hagen
mal. Los españoles que vinieron con el
almirante primero, en el segundo viaje
que higo á esta isla, se comieron todos
estos perros, porque morian de hambre é
no tenian qué comer; pero manjar es pa-
ra no desecharle los que le tienen en
costumbre. En la Tierra-Firme, en muchas
partes della , é en la Nueva España , los
hay en grand cantidad ; é donde yo los
he visto es en la provingia de Sancta
Marta algunos , y después vi muchos en
PE INDIAS. LIB. XII. CAP. V.
391
la gobernación de Nicaragua , y he co-
mido de algunos dellos y es muy buen
manjar; y á la verdad de aquel que yo
comí fueron dos ó tres bocados é no pens-
sando que era perro. É llegué donde
pierios amigos comían de uno muy gor-
do é muy bien assado é untado ó larda-
do é con ajos, é no me supo mal: antes
de ver aquellos compañeros que yo con
buen gusto é aliento entraba en ello, uno
dellos dixo : «Señor, no será malo que
nos llevemos de aqui algunos perros des-
tos, pues que también os saben.» En la
verdad á mí me pessó de averio comido
é no comí mas: ni dexara de comer has-
ta que se acabara ; pero pues mas no pu-
do ser de averio comido , como quien lo
ha probado , digo que me supo bien é
que quissiera que me avisaran mas tarde.
El caso es que todos los españoles que lo
han probado, loan este manjar é digen que
les paresge no menos bien que cabritos.
En aquella provingia de Nicaragua ha-
blan la misma lengua que en la Nueva
España, é al perro llaman xulo, y destos
xulos crian muchos; y quando alguna
fiesta principal se hage entre indios , co-
men estos perros por el mas presgioso é
mejor manjar de todos, é ninguno come
la cabega, si no es calachuni ó teyte, id est
rey ó persona la mas principal del con-
vite: la qual traen guisada sin quitar de-
lla ni desechar sino solamente los pelos,
porque el cuero é los huesos y todo lo de-
mas está fecho de manera , en un gierto po-
taje, que paresge magamorra ó de polea-
das ó un almidón. Y si el cagique ó aquel
señor no la quiere, después que él ha co-
mido alguna cosa de la cabega (assi gui-
sada), él la dá de su mano al que quiere
mas honrar de los convidados.
Quanto al no ladrar estos perros, se-
yendo cosa tan natural á los gozques é
perros de todo género , es grande nove-
dad , aviendo respecto á los de Europa é
de las mas partes del mundo. Mas aques-
tas diverssidades é otras hage natura en
diverssos animales é climas ; é cómo dixo
un poeta moderno que yo conosgí en
Italia (é muy estimado en aquella sagon),
llamado Seraphin del Águila , en un so-
neto ó versos suyos, hablando de las co-
sas naturales é diferentes efetos:
Per Iropo variar , natura é bella.
Por tal variar es hermosa la natura.
Assi que en diversas regiones diferen-
giadas y extrañas cosas se hallan é se
produgen en un género mismo de ani-
males. É conforme al silengio destos
perros, yo hallo escripto porPlinio * que
en Cirene son mudas las ranas, é que
llevadas de aquella tierra á otras partes
cantan; y en la isla de Seripho dige el
mesmo auctor que las gigarras son mu-
das, é sacadas de alli é puestas en
otras provingias, cantan. Acordándome
yo aver leydo esto , quisse probar si es-
tos perros mudos, sacados de su tierra,
ladrarían en otra; y assi llevé desde la
províngía de Nicaragua hasta la cíbdad
de Panamá, que es bien tresgíentas le-
guas la una províngía de la otra, un per-
rillo destos y alli también estuvo mudo:
é quando me partí para España, hurtá-
ronmele, el qual yo avía criado y era
muy doméstico. Y que en Panamá fuesse
mudo no es de maravillar, porque todo
es una costa é tierra firme , é como he
dicho , en aquellas partes todas y en es-
tas islas los perros naturales dellas son
assi mudos. No avia en esta isla ni en
las deste golpho otros anímales algunos
de quatro píes y de pelo, terrestres, sino
estos gínco géneros é diferengias de los.
que he dicho , exgepto ratones , de los
quales avía muchos é hay mas de los
que avriamos menester.
i Plin, libro VlII, capítulo 66.
392
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO VI.
De los mures ó ratones de aquesta Isla Española é destas Indias.
inquiriendo estas materias , hallo quien
me diga é se acuerde que en el tiempo
que vino don Chripslóbal Golom , prime-
ro almirante , á descobrir esta isla é In-
dias , avia en estas partes ratones , de los
quales hay muchos en estas partes todas,
ó á lo menos en todo lo que yo he visto
destas Indias. Y assi creo que también
los debe aver en las mas partes del mun-
do , y assi lo verian los que aqui vinieron
el año de mili é quatrogientos é noventa
é dos con el dicho almirante ; porque los
ratones no es casta que ha menester si-
miente , non obstante que entre los rato-
nes haya de ambos sexos masculino é
femenino , é que por el coy to ó ayunta-
miento se multipliquen, pues que aun-
que falten é se mueran todos los que hay
dellos en el mundo , no faltarán tales ani-
males ni sus semejantes. Por tanto no se
ha de creer que los dexaba de aver en
esta y otras islas é en la Tierra-Firme,
como los hay, antes que los chripstianos
acá passasen ; y no podria dexar de ser
assi, porque se pueden engendrar é se
hagen de corrupción alguna , fecha en los
elementos. Esta quistion mueve é deter-
mina largamente el Abulensis en aque-
llos sus comentos sobre el Ensebio De los
tiempos * ; y assi avemos visto y vemos
esta enojosa casta en abundancia en es-
tas islas destas mares del norte é en las
del sur ó partes australes y en la Tierra-
Firme destas Indias , assi en el campo ó
montes, como en los pueblos é partes
habitadas. É lo mismo digo de los topos
é sus semejantes é de las abejas é abis-
pas, é moscas, é tábanos, é mosquitos é
otras animalias á estas conformes, é gu-
sanos é sanguijuelas, etc. Temerse debe
esta generación de los ratones en el cam-
po, porque continuamente se aumenta,
é las muchas cañas de agiícar en esta is-
la es mas á su propóssito que ellos al
nuestro. De los topos hay poquísimos en
esta tierra é no oygo quexarse á nadie de
tal generación, ni Dios aqui la permita,
pues dice Plinio ^ que sobre todos los
animales es numeroso el parto de los to-
pos ; bien que alegando á Aristótiles , di-
ce que los soldados de Alexandre afirman
que la generación del topo no es por coy-
to, sino por lamer, é que una parió cien-
to é veynte. Volvamos á nuestra historia.
CAPITULO VIL
De la serpiente ó animal llamado y..u..ana, del qual género avia é hay muchas en esta isla.
Este es „„ anima, que assi en esta Isla
Española, como en otras muchas deste
golpho é en la Tierra-Firme, hay muchos
deste género. En la primera impression
desla primera parte le puse en el li-
bro XIII , que tracta de los pescados , en
el capítulo IIÍ , y agora me paresció po-
nerle en este que tracta de los animales
terrestres, non obstante que, segund la
opinión de muchos á entrambos libros se
1 Abui.,lib. I, cap. 128.
2 Plin., lib. X, cap. 65.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. Vil.
393
puede aplicar , porque muchos hombres
hay que no se saben determinar si este
animal es carne ó pescado , é como cosa
neutral, la atribuyen al uno y al otro gé-
nero, assi de los animales de la tierra, co-
mo de los del agua , porque assi se aplica
al un elemento como al otro, é en cada
uno dellos se exergita é continúa su vida.
Llámase yuana , y escríbese con estas Qin-
co letras, y pronúngiase y, ó con poquís-
simo intervalo u é después las tres letras
postreras ana, juntas ó dichas presto : assi
que, en el nombre todo se hagan dos pau-
sas de la forma ques dicho. Digo que se
tiene por animal neutral, é hay conten-
ción sobre si es carne ó pesgado , porque
anda en los rios é por los árboles assi-
mismo ; y por esta causa una vez me pa-
resgió , como he dicho , que le debia po-
ner, como le puse, en el libro XIII (en la
primera impression) con los animales de
agua , y agora me ha paresgido ponerle
aqui con los terrestres , pues conforme á
las opiniones de muchos, en ambos géne-
ros se compadesge ; y aun assi usan del
en estas partes , comiendo este animal en
los días que no son de carne, assi como
viernes é sábado , é la quaresma , é otros
dias prohibidos por la Iglesia. Mas de mi
opinión é paresger, yo le avria por carne;
lo qual no digo para que ninguno dexe
de seguir su voluntad, y pringipalmente
la del perlado y lo que la Iglesia ordenare.
Este es una serpiente ó dragón ó tal
animal terrestre ó de agua, que para
quien no le conosge es de fea é espanto-
sa vista é extraño lagarto , grande é de
quatro pies ; mas es muy mayor que los
lagartos de España , porque la cabega es
mayor que el puño ó mano gerrada de
un hombre , é el pescuego corto , é el
cuerpo de mas de dos palmos é otros dos
en redondo , é la cola de tres é quatro
palmos luenga. Estas medidas se han de
entender en los mayores animales destos,
é muchos dellos tienen las colas cortas,
no sé yo si es por se las aver cortado é
mordido unos á otros , ó si por caso las
mudan ; porque Plinio dige * que las colas
de las lucertolas, id est lagartijas ó lagar-
tos, les nasgen quando se las cortan, é lo
mismo á las sierpes ó culebras. De la
grandeza ó tamaño destos animales que
he dicho , para abaxo se hayan tan pe-
queños como chiquitas lagartijas : tienen
por medio del espinago levantado un ger-
ro encrestado á manera de sierra ó espi-
nas , é paresge en sí sola muy fiera. Tie-
ne agudos dientes é un papo luengo é
ancho que le va é cuelga desde la barba
al pecho, como al buey ; y es tan callado
animal, que ni grita , ni gime, ni suena,
y está atado á do quier que le pongan,
sin hager mal alguno ni ruydo diez ó
veynte dias é mas, sin comer ni beber
cosa alguna. Mas si se lo dan también
come un poco de cagabi ó hierba ó cosa
semejante, segund digen algunos; pero
yo he tenido algunos destos animales ata-
dos en mi casa algunas veges , é nunca
los vi comer, é los he fecho aguardar é
velar, é en fin no he sabido ni podido
entender qué comian, estando en casa , é
todo lo que les dan para que coman, se
está entero : en el campo no sé cómo se
alimentan. Los bragos, é pies, é manos,
é piernas , é las uñas , todo esto es como
de lagarto, é luengas las uñas, pero flacas
é no de presa. Es en tanta manera de ter-
rible aspecto, que ningún hombre se aven-
turaría á esperar este animal, si no fuesse
de grande ánimo, é á comer del ninguno,
si no fuesse de mal seso ó bestial (digo no
conosgiendo su ser é mansedumbre é buen
gusto). Quando estos animales son gran-
des , paresgen en lo que agora diré á los
bueyes de Inglaterra, que estando vivos,
tienen los quadriles salidos é paresgen
TOMO I.
i Plin., lib. XI, cap. 40.
30
394
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
muy flacos, é desollados están gordos:
assi la yuana que, estando viva, paresge
flaca , é después de muerta é desollada
está gordíssima é con mucha manteca, é
después que la quartean ó parten, cada
pedazo deste animal bulle ó está palpi-
tando quatro ó ginco horas é mas , é aun
echada á coger hasta que la olla comien-
za á hervir , ó si la asan , hasta que en el
asador se comienga á asar. Y deste indi-
gio forman su opinión los que quieren es-
forgarsse á porfiar ques pescado , porque
las hicoteas , ques gierta manera de ga-
lápagos, é las tortugas hagen lo mismo.
Estos animales, quando son pequeños,
passan por engima del agua los rios é los
arroyos, é dánse tan grandíssima prisa á
menear los bragos é piernas, quel agua
no tiene tiempo para impedirlos ó hager
calar abaxo ; y esto les tura é hagen sien-
do pequeños , como lagartijas pequeñas y
delgadas, é desque van cresgiendo, pas-
san los rios á pié tieira, por debaxo del
agua , porque no saben nadar é son pesa-
dos. Crian en la tierra é gerca de las ri-
beras é arroyos , é son tan continuos al
agua, que como tengo dicho, hagen dub-
dar á los hombres si los ternán por carne
©pescados. Este animal, tal qual he dicho
é tan feo é espantable, es muy buen man-
jar é mejor que los conejos de España
muy buenos xarameños; y digo de la ri-
bera de Xarama, porque pienso yo que
son de los mejores del mundo todo. Có-
mo los chripstianos se mostraron á co-
mer estos animales , eran entre ellos muy
estimados, é al pressente lo son é no los
desechan ni dexan de dar dineros por
ellos. Solo un daño les atribuyen (que yo
ni contradigo ni apruebo), del qual he
oydo que algunos se quexan , y es que
digen que los que han seydo tocados del
mal de las búas, quando comen deste ani-
mal yuana, les torna á tentar aquella do-
engia , aunque haya algún tiempo que
estén sanos. Yo he comido estos anima-
les en la Tierra-Firme algunas veges , y
muchas mas en esta cibdad, y aun me los
traen por la mar desde la isla de la Mo-
na, donde hay muchos , que es ginqüen-
ta leguas de aqui, y es muy buen manjar;
y como experimentado, quiero avisar á
quien esto leyere en estas partes (si in-
dios faltaren , como faltan) , de la mane-
ra é arte que han de tener para guisarlos
huevos de la yuana , porque hallarán por
verdad que queriendo hager una tortilla
de los huevos (ó freyrlos como los que
digen estrellados ) no se podrá hager con
agey te ni manteca , porque nunca se qua-
jarán; mas echando agua en lugar de
ageyte, se quajan é guisan. Esto es cosa
probada é gierta , é otro indigio para por-
fiar á sabiendas los que menos entienden
queste es pescado, é tan amigo del agua,
que se conforma mas con ella que con los
materiales de la tierra ; pero esto es fal-
so ó no degir nada, pues que todos los
pescados ó los mas dellos se guisan é frien
con ageyte. Acaesge poner una yuana
quarenta é ginqüenta huevos é mas, é son
buenos é de buen sabor, é tienen yemas
é claras, como los de las gallinas , é la
cascara es delgada , é los mayores dellos
son como nueges é menores é redondos.
El chronista Pedro Mártir * dige que estas
yuanas son semejantes á los cocodrilos
del Nilo, en lo qual él se engañó mucho,
y á semejantes y notorios errores están
obligados los que en estas cosas escriben
por oydas ; porque estas yuanas no son
mayores animales de lo que tengo dicho:
los quales he yo visto (innumerables) des-
de menores que un dedo hasta ser tan
grandes como de suso se declaró , y de
las pequeñas he visto muchas passar por
engima de los arroyos é rios, seyendo chi-
quitas, é también por debaxo del agua
i Pedro Márlir, dóc. I.
DE LNDÍAS. LIB. XII. CAP. VII.
395
seyendo mayores, en algunos arroyos; y
como he dicho, las he comido muchas ve-
íes. Y los cocodrilos son muy grandes
animales é de muy diferenciada forma é
manera é color, é en otras muchas parti-
cularidades, porque segund el glorioso
doctor Isidoro, en sus Ethimologias , de
la color amarilla ó jalde es dicho cocodri-
lo^: el qual sancto auctor di^e assi mismo
que los cocodrilos son del rio Nilo , ani-
mal de quatro pies , en tierra é en agua
grandes é poderosos *.
Esta grandega no se puede comparar
con animal tan pequeño como la yuana,
tampoco como en el color; pues que
el cocodrilo, que es amarillo ó jalde (que
significa el croceo co/ore que Isidoro dige),
no consuena con la yuana , que comun-
mente es de color pardo , é algunas deltas
son algo verdes. Quanto mas que para
na creer por ningún caso questas yuanas
sean cocodrilos , basta degir el mismo
Isidoro, en el libro alegado, del coco-
drilo , estas palabras : « Solo este animal
mueve la mexilla alta ' . » Y la yuana no
tiene tal propriedad , ni mueve sino la
mandíbula baxa, como todos los otros
animales. Mejor agertára Pedro Mártir
digiendo que son cocodrilos , ó espegie
dellos, los grandes lagartos de Tierra-
Firme , con los quales tienen mas seme-
janga, como se dirá en su lugar; pues
que no tienen lengua los unos é los
otros, é como el cocodrilo , mandan la
mandíbula alta , é son grandes animales.
Hablando Plinio del cocodrilo, dige assi*:
«El cocodrilo nasge en el Nilo : bestia de
quatro pies en tierra y en agua : es no-
givo : ningún otro animal terrestre se ha-
lla sin lengua, sino este solamente: muer-
de moviendo la mexilla alta , é no la de
abaxo , é há los dientes en forma de pey-
ne, é cresge mas que diez é ocho gomi-
los ó cobdos , é hage los huevos tan
grandes como los del ánsar.» Assi, lo
ques dicho del cocodrilo , como lo que
mas se podría degir del , quadrará mejor
en el capítulo, donde se tractáre de los
lagartos de Tierra-Firme, que no aqui;
é alli se hallará cómo los lagartos , en lo
ques dicho , no pueden ser sino los mis-
mos cocodrilos, ó los cocodrilos los mis-
mos lagartos de Tierra-Firme ó de su
género. Si aqui me he alargado tanto,
ha seydo para desengañar á los letores
de la opinión de Pedro Mártir. Pero no
es esto solo en lo que sus decadas se
apartan de lo gierlo en estas cosas de In-
dias, porque Pedro Mártir no pudo desde
tan lexos escrebir estas cosas tan al pro-
prio como son é la materia lo requiere;
é los que le informaron , ó no se lo su-
pieron degir, ó él no lo supo entender.
Por gierto en las señas que de suso se
apuntaron del Plinio en los cocodrilos,
las mismas se pueden comprehender en
los lagartos de la Tierra-Firme , porque
son de quatro pies , y en tierra y en agua
nogivos é fieros, é no tienen lengua, é
mandan la mexilla alta é tienen los dien-
tes como peyne. Pero no son estotros
de tanta grandega como Plinio dige , por-
que de innumerables dellos que yo he
visto , el mayor tenia veynte é tres pies,
é no dubdo que otros haya mayores. É
los huevos son del tamaño que los de las
ánsares, é yo los he comido muchas ve-
ges, é aun pagándolos á real de plata; é
no tienen yema , que todos son clara.
Codro , philósopho italiano , supiera bien
escrebir estas materias, que vino á ver
estas cosas y acabó su vida en tal exergi-
gio y era docto: el qual murió en una de
las islas de Cebaco , que son en la costa
\ Crocodilus á croceo colore diclus. Isid., Elhi-
niolog. , lib. XII, cap. De piscibus.
2 Quadrupes in Ierra el in aquis valcns, longi-
ludinc plerumquc viginli cubilorum. Isid., ul supra.
3 Solus ex animalibus superiorem maxillam mo-
veré dicilur. Isid., ut supra.
4 Plin. , lib. VIH, cap. 25.
3%
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de la mar del Sur, gerca de la provingia
é puerto de Punuba. Este degia que los
lagartos de Tierra-Firme que he dicho,
eran cocodrilos. Mas en la verdad , es-
totros animales yuanas muy diferentes
son del cocodrilo , y en ninguna cosa á
él semejante. Esta que aqui yo debuxé,
como supe hacerlo {Lám. 4.'. ftg. 9.'), ó
deseé imitar su figura , quiere alguna
cosa paresger á este animal , y aquesta
forma tiene. Y con todo su mal pares-
ger, digo ques muy buena vianda cogida
ó assada , y hánla de coger é guisar de
la misma manera que una gallina ; y con
sus espegias é un pedago de togino y una
berga no hay mas que pedir en este caso
para los que conosgen este manjar. Y
fiambre es muy singular y sano, y deste
paresger se hallarán muchos hombres en-
tre los españoles que por estas partes
andan. Quando están gordos estos ani-
males, sácanles mucha gordura ó grasa
de las interioras , é guárdanlo , porque
es muy bueno para hinchagones de pos-
temas ; y derritiéndolo en una sartén so-
bre el fuego é echándolo en una escudi-
lla á enfriar, é frió guardándolo en una re-
domica de vidrio , siempre se está líqui-
do , que no se espessa ni quaxa , é es
muy bueno para lo ques dicho. El hígada
destos animales cogido es bueno é de
buen manjar , é es negro é espesso é sano
é de buena digestión ; é quando se echa
por la cámara digirido, es tan negro como
fina tinta , é para poner en cuydado al
que no lo sabe. Mas en fin , no trae ni
causa algún inconviniente.
Teniendo escripto lo ques dicho , me
truxeron dos animales destos de los ma-
yores , y del uno comimos en mí casa y
el otro hige guardar atado para lo enviar
á Venegia al magnífico Mrger JohanBap-
tista , secretario de la Señoría , é estuvo
en el patio desta fortaleza de Sancto Do-
mingo atado á un poste mas de quarenla
dias , que nunca comió de cosa de quan-
tas se le dieron ; y dixéronme que no co-
mían estos animales sino tierra, y yo
hige que para su matalotaje, le metiessen
un quintal della en un barril, porque en
la mar no le faltase. Y espero en tanto
que esto corrigiendo estos tractados que
vernán naos para saber si llegó vivo á
España, é con qué mantenimiento.
Pero llegado en España el año de mili
é quinientos é quarenta é seys, supe del
que truxo aquel animal , que se le murió
en la mar.
CAPITULO VIII.
De las serpienrlcs ó ctriebias y lagarlijíis é lagartos desta Isla Española y otras partea.
Innumerables son las lagartijas que hay
en esta Isla Española é en todas las otras
islas deste golpho é del austral en la
Tierra-Firme destas Indias ; y en esto hay
tanto que degir, que si particularmente
se oviesse de escrebrr , seria un progeso
para nunca acabarle. Hay las verdes é
otras pardas é otras quassi negras , é mas
verdes unas que otras , é algunas de co-
lor quassi jalde , é otras de color leona-
do. E assi como son diferentes en colo-
res, son en el tamaño desconformes é
mayores é menores unas que otras , pues-
to que todas son pequeñas. Unas son pin-
tadas é otras rayadas ó listadas de dife-^
rentes labores é colores , é de cada gé-
nero hay muchas. Otras , quando se pa-
ran á mirar á hombre , sacan del papo
una cresta ó telilla redonda é colorada,
é tiénenla de fuera, estando paradas, ó
quedas; é alentando, la cojen é encubren
é descojen é la sacan é tornan al papo,
quando quieren, ó se van. Otras hay algo
mayores que las comunes lagartijas do
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. VIII.
397
España , dos é aun tres veges mayores;
pero no tan grandes como los lagartos
de Castilla. Dexemos esto de las lagarti-
jas, porque es cosa muy común é incon-
table ó quassi in infinüo, é passemos á
hablar en las serpientes, que es lo mismo
que culebras: é no es breve la materia
ni para acabarse en mis dias, si de todas
las que en las Indias hay se dixesse , lo
uno por ser innumerables , é lo otro por-
que yo ni otro no las ha visto ni puede
ver todas ; mas diré de algunas lo que me
acordare aver especulado é notado dellas.
En esta isla hay muchas é de muchas
ma'ieras é pinturas é tamaños, y es co-
mún opinión de los vecinos desta isla, na-
turales della , é aun de todos los espa-
ñoles que há mas tiempo que por acá vi-
ven ,- que no son ponzoñosas.
Viniendo yo de la Tierra-Firme á esta
isla, el año de mili é quinientos é quinge,
passé el rio de Neyvaen una balsa de ca-
ñas, gerca de donde aquel rio entra en la
mar muy poderoso é ancho, é yban diez ó
doge indios nadando en torno de la bal-
sa, guiándola. Quiero degir aquesto como
passó, porqués bien que los chronistas que
desde España escriben las cosas de las
Indias sepan que tan lexos andan de en-
tenderlas (ni entenderse ellos mismos),
quanto tienen apartados los ojos de ver
las cosas de acá. Y que si yo no passára
por alli no pudiera ver una culebra ó
sierpe que hallé en esta otra parte en la
costa de la mar, al pié de la sierra que
llaman de los Pedernales: la qual yo me-
dí y tenia mas de veynte pies de luengo,
é lo mas grueso della era mucho mas que
un puño gerrado: é debieran avería muer-
to aquel día ó pocas horas antes , porque
no hedia y estaba fresca la sangre della,
que le avie salido de tres ó quatro cu-
chilladas que tenia. Tales culebras son
de menos pongoña que otras en estas
partes ; pero son de mayor temor á quien
las mira.
Miguel Johan de Ribas, natural de ^a-
ragoga de Aragón, factor que fue de Sus
Magestades en Castilla del Oro , é yo ve-
níamos juntos, é otros españoles pocos;
el qual, assi como yo , passó en aquella
balsa ó barca peligrosa. Y pues que el
caso lo ha traydo á conseqüengia , bien
es que se diga de qué forma era este pas-
sage, é quáu al revés de las puentes ó
barcas que hay en el mundo é que otras
gentes usan. Digo que eran seys ó siete
hages de cañas juntas é atados con bexu-
cos (que sirven en esto mejor que lo ha-
rían muy buenas cuerdas) , é sobre aque-
llos hages fecho un gerco quadrado de
otros hages de caña, tan grueso como un
hombre, á la redonda de las primeras ca-
ñas. De manera que en la mitad de este
artifigio quedó un espagio quadrado de
seys ó siete pies, en que yo yba asentado,
y al rededor nadando aquellos indios que
he dicho que guiaban la barca (ó balsa
mal compuesta) , porque se lo pagué é
les di algunas cosas de las que ellos pres-
giaban, pero de poco valor. Estos indios
eran de un cagique que vivia alli á la cos-
ta, llamado Alonso de Ovando, á los
quales repartí anguelos para pescar, é
giertos cuchillos , é al cagique le di una
camisa. Avia en la anchura del rio quas-
si un tergio de legua por donde le atra-
vesé de la manera que he dicho , é algu-
gunos indios é indias quel factor é yo
traíamos de la Tierra-Firme , cómo pas-
saban nadando é se cansaban por ser tan
ancho el rio , asíanse para descansar de
las cañas de la balsa , é quanto los indios
del cagique ayudaban tanto los otros es-
torbaban. El factor avie passado primero
é estaba ya desta otra parte é volvieron
la balsa por mí , é de aquellas dos veges
que atravesó el rio no estaban las cañas
tan bien atadas como al pringipio ; é assi
por esto como por lo que he dicho, don-
de yo venia asentado me daba el agua
quassi á la ginta, porque para entrar ella
398
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CQtre las cañas, no avia cosa que se lo
pudiesse estorbar, é cómo todas las ca-
ñas son acá magigas é cargaban los in-
dios é indias cansados , siempre se yba
hundiendo mas esta balsa. Traia yo alli
del secretario Lope Conchillos, é de en-
comiendas de personas particulares é
mios, mas de tres mili pesos de oro, fun-
dido en barras , los quales yo pensé al-
gunas veges que avian de quedarse en el
rio ; é porque assi no acaesgiesse (antes
que en la balsa entrasse), até todo el oro
en un liengo muy bien é díle muchas
vueltas con un regio bolantín (ó cordel],
é dexé un cabo de doge ó quinge bragas,
con pensamiento que en caso que la bal-
sa de todo punto se hundiesse , tomaría
yo el oro ó le daria á uno de aquellos
mas regios indios que mejor nadassen,
para que lo sacasse , ó soltarlo para que
se fuesse al suelo é quedasse el cordel por
señal é boya con un palo que yo le avia
atado al cabo. É yo yba descaigo y en
camisa, é bien atadas las haldas é las
mangas della , para nadar, si me convi-
niesse. Quiso nuestro Señor, por su cle-
mengia, que passamos todos en salvo,
aunque con harto peligro é cansanglo,
porque la corriente del rio era mucha é
nos abatia é pusso quassi á la boca de la
mar: assi que, muy mojado todo lo que
llevaba é mis papeles é memoriales (de
que no me pesaba poco) , arribamos des-
ta otra parte del rio. Esto subgedió por-
que de enojado de aver estado ginco días
esperando, estuve tres ó quatro leguas
mas arriba en la costa de aquel rio , y
en aquel tiempo siempre cresgió é no nos
atrevimos á passar el vado en los caba-
llos y envíelos con mis criados, porque
me dieron á entender que aquel cagique
tenia canoas é que él me passaria mu-
cho á mi plager: é por falta dellas ovie-
ra de ser tanto mi pesar, que no me
quedará vida para el arrepentimiento y
error que avia fecho.
Passados, pues, desta otra parte halla-
mos la culebra grande, donde es dicho, é
subimos la sierra de los Pedernales , que
es muy áspera, é estovimos dos días y me-
dio en la passar, é dormimos dos noches
en ella , sin hallar agua ni tener que co-
mer sino cangrejos, délos quales avia mu-
chos é buenos , el qual manjar no es para
gente asquerosa ni delicada; é al tergero
día llegamos á la villa de Agua. Desta ma-
nera se han de enseñar á oscrebir los que
han de relatar estas cosas de Indias. En
verdad, si los trabajos que por mí han pas-
sado hasta averias aprendido ó visto (esso
que dellas sé) aquí se dixessen , doblado
seria el volumen de tales historias, é no
querría mejor premio de mis fatigas que
saberlas tan bien degir, como los he sabi-
do sufrir por la clemengia y misericordia
de Dios : el qual muchas veges me ha
fecho tan notoria merged de la vida , mi-
lagrosamente , que si yo assi bien la su-
piesse explicar, bien sé que serian mas
gratas é de mas admiragion estas mate-
rias á quien las leyesse.
Tornando á lo que se propuso en el
título deste capítulo, seré breve en todo
ello porque en las cosas de la Tierra-
Firme hay mucho mas que degir en se-
mejantes géneros de cosas. También hay
en esta Isla Española y en las otras sus
veginas ó comarcanas y en las de es-
te golpho, culebras que son verdes, é
delgadas é muy pongoñosas, con las qua-
les hagen los indios caribes la hierva
con que tiran las flechas. Estas tales cu-
lebras se cuelgan de los árboles por sí
mismas, asidas á las ramas con la cola,
é desde alli al que passa le pican ó
muerden do quiera que pueden herir, é
son muy malas y enconadas. Destas tales
dige Plinio * ; «es una sierpe llamada ja~
i Pl¡n.,nb. VIÍI,cai). 23.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. VIH.
399
culo , id esl dardo , porque está sobre los
árboles, é desde aquellos se arroja ó lan^a,
como un dardo. Y porque toqué de suso
en la hierva de los flecheros caribes , no
se ha de entender que con toda la pon-
goña destas culebras se hage aquella pes-
tilente hierva; sino con este é otros pon-
zoñosos materiales , como en su lugar se-
rá mas largamente declarado. Hay assi
mismo otras culebras pardas é otras no
muy verdes é mayores que estas que se
dixo de suso de la hierva , mas no están
en fama de tan malas y pongoñosas,
puesto que yo no creo que hay culebra
alguna sin pongoña en algún tiempo del
año. Otras culebras hay muy mayores
que la que primero dixe (que hallé muer-
ta al pié de la sierra de los Pedernales),
segund he oydo degir á muchos ; pero no
se quexan dellas ni hagen mal. Los in-
dios todas las unas é las otras comian é
avian por buen manjar, exgepto aque-
llas verdes delgadas, las quales ellos
buscan con diligengia para las matar é
perfigionar con su mixtura aquella diabó-
lica hierva, con que untan las flechas
(digo los indios que son caribes).
El año de mili é quinientos é treynta y
ocho entró una culebra en esta fortaleza
é se pusso sobre un tiro de artillería , é
vídola acaso uno de los artilleros desta
casa é fué á su cámara por una espada,
é llegó con la mejor manera que él pu-
do, é la culebra tenia algada la cabega
con un palmo del pescuego , é de un re-
vés le cortó la cabega con parte del
cuello. É el dia antes avia amanesgido
muerto un perro grande desta fortaleza,
é se creyó que la culebra le avia muerto;
é yo la mandé abrir é se le hallaron
treynta é tantos huevos , como yemas de
huevos de gallina, é todos eran una ye-
ma. Tenia de luengo siete pies é medio,
é era tan gruesa como la muñeca del
brago, é pintada; pero porque esta mate-
ria es longuíssima, si aqui se dixesse,
acuerdo de remitir lo que de ella queda,
que es mucho, á sus proprios lugares,
pues sabemos que aquel golpho que lla-
man de las Culebras está lleno dellas , é
la isla de la Margarita tiene las que lia-,
man de los cascabeles é en otras partes
hay otras : é quando á ellas llegue, di-
ré lo que oviere entendido de aquesta
materia. Mas acuerdo al letor que lea
en el libro XXIII, capítulo VII, lo que
allí verá de otras culebras ó viveras
del Rio de la Plata que son tan malas
é pongoñosas ó peores que todas las
otras.
CAPITULO IX.
De los animales lerrosires que se truxeron de España á esta Isla Española, de los quales acá no avia alguno
dellos.
SíáU esta Isla Española ni en parte al-
guna destas partes no avia caballos , é
de España se truxeron los primeros é
primeras yeguas , é hay tantos que nin-
guna nesgessidad hay de los buscar ni
traer de otra parte : antes en esta isla se
han fecho é hay tantos hatos de yeguas
é se han multiplicado en tanta manera,
que desde aquesta isla los han llevado á
las otras islas que están pobladas de
chripstianos , donde los hay assi mismo
en mucho número é abundancia ; é á la
Tierra-Firme , é á la Nueva España , é á
la Nueva Castilla se han llevado desde
aquesta isla, é de la casta de los de aqui
se han fecho en todas las otras partes de
las Indias donde los hay. É ha llegado á
valer un potro ó yegua domada en esta
isla tres, ó quatro ó ginco castellanos, ó
pesos de oro, é menos.
400
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Délas vacas digo lo mismo, en quanto
á ser ya innumerables , pues que es no-
torio que en esta isla hay muy grandes
hatos é vacadas é vale una res un peso
de oro , é muchos las han muerto é alan-
ceado, perdiendo la carne de muchas do-
lías, para vender los cueros y enviarlos á
España, é cada año van muchas naos
cargadas destas corambres. É hay hom-
bres en esta cibdad y en la isla de á dos,
é tres , é quatro, é ginco , é seys , é sie-
te, é ocho , é nueve é diez mili cabecas
deste ganado é muchas masen cantidad.
Público es que la viuda , muger que fué
de Diego Solano, tiene diez é ocho ó
veynte mili cabegas deste ganado ; y el
obispo de Veneguela, deán desta Sancta
Iglesia de Sancto Domingo, tiene veynte
é ginco mili cabegas ó mas, como lo dixe
en el lib. III, cap. XI, y deste número
abaxo hay señores de mucha cantidad
deste ganado vacuno. Ovejas se truxeron
é carneros, de que se ha fecho é hay asaz
ganado deste género.
De los puercos ha ávido grandes hatos
en esta isla , é después que se dieron los
pobladores á la grangeria de los agúca-
res, por ser dañosos los puercos para las
hagiendas del campo , muchos se dexa-
ron de tales ganados ; pero todavía hay
muchos, é los campos están llenos de
salvagina , assi de vacas é puercos mon-
teses, como de muchos perros salvajes
que se han ydo al monte é son peores
que lobos é mas daño hagen. É assi mis-
mo muchos gatos de los domésticos, que
se truxeron de Castilla para las casas de
morada , se han ydo al campo é son in-
numerables los que hay bravos ó gimar-
rones, que quiere degir en la lengua
desta isla fugitivos. Hay assi mismo mu-
chos asnos en esta isla de la casta de
los que se truxeron de España , é muías
é machos que se han criado é se hagen
muy bien acá ; pero porque de todas es-
tas cosas se ha dicho en particular, é yo
no soy amigo de referir una cosa mu-
chas veges, baste lo que está dicho
destos siete géneros de animales que
acá se truxeron de Castilla , porque las
muías é los machos acá se acresgentaron
de la mixtión de los asnos, é yeguas. Y
como en otra parte de la historia dixe,
torno á degir ó acordar al letor que vale
el arrelde de la vaca en esta cibdad á dos
maravedís : la qual arrelde es de peso
sesenta é quatro bngas ; é mátanse cada
dia que es de comer carne en esta cibdad
de Sancto Domingo de la Isla Española.
Hánse traydo conejos blancos é prietos
á esta cibdad, é algunos hay en las casas
de algunos veginos particulares; pero no
es grangeria útil, por lo que se ha visto de
su aumentagion en las islas de Canaria, é
naturalmente son dañosos en los hereda-
mientos. E si ocurrimos á lo que estáes-
cripto , ya se halla averse en España des-
habitado una cibdad por el escarbar é
moltitud de los conejos , segund escribe
Plinio * . Cabras se han traydo de España
y de las islas de Canaria y de las de Ca-
bo Verde, é algunos hatos hay deste ga-
nado, é las que mejor acá prueban son
las pequeñas de Guinea é de Cabo Verde
é aquellas islas; pero deste ganado no
hay mucho en estas islas. Pero de los
otros géneros que dixe de suso , assi co-
mo yeguas é caballos , vacas, é ovejas é
puercos, llenas están esta isla é la de
Sanct Johan , é Cuba , é Jamáyca é mu-
cha parte ó poblagiones de españoles: tie-
nen de todos los unos é los otros en la
Tierra-Firme, é en espegial en la Nueva
España , en mucha cantidad de los unos
é de los otros , y cada dia se aumentan
do quiera que los chripstianos pueblan.
\ Plinio, lib. VIH, cap. 29.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. X.
404
CAPITULO X.
De los animales que en la Tierra-Firme llaman los españoles tigres , é los indios los nombran en diversa
manera , segund la lengua de aquellas provincias , donde los hay.
JCjn el prohemio ó introdugion deste li-
bro XII dixe que después que oviesse di-
cho de los animales que los españoles
hallaron en esta isla , y de los que se tru-
xeron á ella desde España, é oviesse di-'
cho otras cosas , diria de los animales, de
quien no se habló en la primera impres-
sion que tuvo esta primera parte de la
General Historia de Indias, y que se ha-
llan ó hay en ella. Y para cumplirlo assi,
escribiré primero aquellos animales de
que yo di notigia particular en aquel bre-
ve traclado que á la Cesárea Mageslad
dirigí y escrebí en Toledo el año de mili
é quinientos é veynte y seys ; y tras aque-
llos diré de los que mas oviereu después
venido á mi memoria ó vista hasta el
tiempo pressente. Y será el primero del
tigre, ques un animal que, segund los an-
tiguos escribieron , es el mas velogíssimo
de los animales terrestres. Isidoro en sus
Elhimologias dige : « El tigre se nombró
assi por su veloge huyda , y el rio Tigris
se nombró assi por su velogidad, y los
persas é medos assi nombran á la saeta.
Y á aquella bestia deslinta de varias mon-
chas , é en su virtud é velogidad admira-
ble, le dan el nombre del rio Tigris, por-
que es el mas rapidíssimo é corriente de
lodos losrios. ^) Este rio Tigris, segund
Justino , nasge en Armenia con poca
agua, etc. ^. Plinio' dige que la pantera
é el tigre, por la variedad de las colores
é diversas manchas son quassi diferentes
de todos los otros animales , porque las
i Tigris vocatur , propler velocem fugam. Ha
enim nominanl persae et medí sagillam. Est enim
bestia variis dislincla maculis , virlule et velocitale
mirabilis, ex cujus nomine ílumen Tigris appellatur,
quód ¡s rapidissimus sitomniumfluviorum.(Elhim.,
TOMO 1.
otras fieras han una sola color , segund
su espegie.
Los primeros españoles que en la Tier-
ra-Firme, en la provingia de Cemaco é
en el Darien , vieron aquellos animales
que en aquella tierra los indios llaman
ochi, llamáronles ellos tigre: los quales
son tales, como aquel que en la cibdad
de Toledo el año susodicho dieron al Em-
perador, nuestro señor, enviado de la
Nueva España. Tiene la hechura de la
cabega como león ú onza ; pero mas grue-
sa , é ella y todo el cuerpo é bragos é
piernas pintado de manchas negras unas
á par de otras , perfiladas de color ber-
meja, que hagen una hermosa labor ó
congierto de pintura : en el lomo y á par
del mayores aquellas manchas , é vánse
disminuyendo hágia el vientre y los bra-
gos y cabega. Este que alli se truxo era
pequeño é nuevo , é á mi paresger podria
ser de tres años ó menos ; pero hay los
muy mayores en Tierra-Firme. Yo le he
visto mas alto que tres palmos y de mas
de ginco de luengo , é son muy doblados
é regios de bragos é piernas, é muy ar-
mados de dientes é colmillos é uñas , é
en tanta manera fieros , que á mi pares-
ger ningund león real de los muy gran-
des es tan fiero ni tan fuerte. Pero creo
bien que los leones son mas denodados y
de mas esfuergo. Estos ochís ó tigres, ó
mejor digiendo panteras (porque les falta
la ligerega del tigre que se alegó de suso,
y estos no tienen coyunturas en las pier-
lib. XII, cap. 2.)
2 A cujus montibus Tigris fluvius modiis primo
incrcmentis nascilur. (Just. , lib. XLII.)
3 Plin., lib. VIII, cap. i 7.
5J
40:2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ñas postreras é van á saltos), hay muchos
dellos en la Tierra-Firme , é comen á mu-
chos indios, é son muy dañosos. Mas co-
mo he dicho , yo no los avria por tigres,
viendo lo que se escribe de la ligerega
del tigre é lo que se ve de la torpega de
aquestos ochís , que tigres llamamos en
estas Indias. Verdad es que , segund las
maravillas del mundo y los extremos que
las criaturas mas en unas partes que en
otras tienen , segund las diverssidades de
las provincias y constelaciones donde se
crian , ya vemos que las plañías que son
nocivas en unas partes, son sanas é pro-
vechosas en otras , como la yuca, que en
estas islas mata é en la Tierra-Firme es
buena fructa. Y por esto dige Sanct Gre-
gorio * que las hiervas que sustentan á
unos animales, matan á otros.
También se vee que las aves que en
una provincia son de buen sabor, en
otras partes no curan dellas ni las co-
men. Los hombres en una parte son ne-
gros , é en otras provincias son blancos,
é los unos é los otros son hombres. Y aun
estos ochís ó tigres que son quales he di-
cho é tan hermosos en la piel, en la
Tierra-Firme en la provingia de Gueva é
otras, digo que de los mismos hay en
Nicaragua, é también los hay negros, en
especial cerca de la laguna de Gocabolca
famosa, é cerca de Salteba é por alli. Y
no es de maravillar de lo que Plinio di-
ce ^, que los leones solamente en Siria
son negros. Ya podria ser que los tigres
assi mismo fuessen en una parte ligeros,
como escriben , y que en la Tierra-Firme,
de donde aqui se habla , fuessen torpes y
pesados. Animosos son los hombres y de
mucho atrevimiento en algunos rey nos,
ó tímidos é cobardes naturalmente en
otros. Todas estas cosas é otras muchas
que se podrían decir á este propóssito,
son fáciles de probar é muy dignas de
creer de todos aquellos que han leydo ó
han andado por el mundo, á quien la
propria vista avrá enseñado la experien-
cia de lo que es dicho.
A estos tigres ú ochís los matan fácil-
mente los ballesteros, desta manera. Assi
cómo el ballestero sabe donde anda al-
gund tigre destos , vale á buscar con su
ballesta é con un can pequeño ventor ó
sabueso ( é no con perro de presa , por-
que al perro que con él se afierra, le mata
luego , que es animal muy armado de
grandíssima fuerca). El qual ventor, assi
como da del é lo halla , anda alrededor
ladrándole é pellizcándole é huyendo , y
tanto le molesta que le hace huir é en-
caramar en el primer árbol que por alli
está , porque el tigre de importunado del
ventor, se sube á lo alto é se está allí : é
el perro al pié del árbol ladrándole , y él
regañando , mostrando los dientes , tírale
el ballestero desde á doce ó quinge pasos
con un rallón y dale por los pechos , y
vuelve las espaldas huyendo, y el tigre
queda con su trabaxo y herida , mor-
diendo la tierra é los árboles. É desde á
dos ó tres horas ó el otro día siguiente
torna alli, é con el perro luego le halla
donde está muerto é lo desuella ó trae al
pueblo, porque el cuero es muy gentil ó
la carne no es mala y el unto es muy
provechoso para muchas cosas ; porque
demás de ser bueno para arder en el
candil , es sano para guisar de comer,
como buena manteca, é para aplacar
qualquiera hinchacon é postema.
El año de mili é quinientos é veynte é
dos años los regidores que éramos de la
cíbdad de Sancta Maria del Darien heci-
mos en nuestro cabildo una ordenanca,
en la qual prometimos quatro ó cinco
pesos de oro al que matasse un tigre des-
tos, y por este premio se mataron muchos
dellos en breve tiempo, de la manera
1 Mor. c. 6 1. sre. el c. de Job 38.
2 Plin., lib. VIH, cap. d7.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. X.
403
que está dicho , é con gepos assi mismo.
Para mi opinión dicho he lo que siento
de ser ó no ser tigres estos ochis ; mas
sea qualquiera de los que se notan en el
número de la piel maculada, ó por ven-
tura otro nuevo animal que assi mismo
la tiene y no está en la cuenta de los
que están escriptos, porque de muchos
animales que hay en Tierra-Firme, y en-
tre ellos aquestos que yo aqui porné (ó
los mas dieltos), ningund escriptor de los
antiguos haQO memoria delios, como
quier que están en provingias que igno-
raban, é que la cosmographia del Tho-
lomeo ni de otros auctores no se lo acor-
daba ni lo dixo , hasta que el almirante
don Cripstóbal Colom nos la enseñó. Co-
sa por gierto mas digna é sin compara-
QÍon capagíssima de memoria é grande
que no fué dar Hércoles entrada al mar
Mediterráneo en el Océano , pues los
griegos hasta él nunca le supieron ', é de
aqui viene aquella fábula que dige que
los montes Calpe é Abila (que son los que
en el estrecho de Gibraltar, el uno en
España y el otro en África , están enfrente
uno de otro ) eran juntos , y que Hércoles
los abrió é dio por alli entrada al mar
Ogéano , é puso sus columnas en Cádiz
é Sevilla ^, las quales César méritamente
trae por devisa con aquella su letra de
Plus Ultra. Palabras en verdad á solo
tan universal Emperador , é no á otro
príngipe alguno convinientes , pues en
partes tan apartadas de donde Hércoles
llegó (é donde después ningund otro
príngipe ha llegado), las ha puesto su Ce-
sárea Magestad. Y pues Hércoles tan po-
co navegó, como de Gregia hasta Cádiz
hay, y por esso los poetas ó historiales
digen que dio la puerta al Ogéano , sin
dubda la memoria de Colom de mas alto
premio es y muy sin comparagion el mé-
rito y ventaja que á Hércoles tiene. Vol-
vamos á nuestra materia.
No dexaré de traer aqui á memoria del
lelor lo que se siguió de aquel ochi ó ti-
gre que vino á César, para acordar á los
hombres que no aprendan offigios bestia-
les ó de conversagion de bestias fieras é
indómitas. Al tiempo queste animal llegó
á Toledo , pocos dias antes ó después se
murió un león pardo que César tenia con
que cagaba , y esta caga , aunque es rara
y de príngipes , no es cosa nueva ni tan
provechosa ni aplagible, como de aucto-
ridad é significar una grandega que es
mas apropóssito de un cagador é de sus
salarios que de otro ninguno. Y cómo se
murió aquel león, quedó vaco el offigio, y
el leonero , por no perder su ragion é qui-
tagion, suplicó á César que le higiesse
merged de aquella guarda é administra-
gion del tigre, ofresgiéndose de le doc-
trinar é amansar é enseñar á cagar tan
domésticamente ó mas que lo hagia con el
león pardo ; y Su Magestad se lo conge-
dió , y este cagador lo llevó á su posa-
da, en una huerta fuera de Toledo, por-
que las reglas que avia de enseñar á
aquella bestia eran bestiales é para fue-
ra de la cibdad. Mas en la verdad él se
pudiera ocupar en otra cosa mas útil y
de menos peligro á su persona , porque
aquel tigre era nuevo é cada dia avie de
ser mas regio é fiero é doblársele la ma-
ligia. Con todo , por su buena industria,
este cagador ó maestro desta nueva caga
de tigres le avie ya sacado de la jaola é
le tenia muy doméstico , atado con muy
delgada cuerda, é tan familiar que yo me
espanté de que assi lo vi ; é por salir de
dubda el capitán Pamphilo de Narvaez é
yo é otros hombres que estábamos en
aquella sagon en la corte sobre negogios
de Indias , fuimos á ver esta mansedum-^.
i Pün., lib. lll, Prolicmio.
2 Isid. Elhiin. , libro XIV, cap. 7. Poinponio
Mela , De situ orbis. Lucio Alineo Séneca , TragC"
dia Medea.
404
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
bre del tigre. Y cómo aquel que le doc-
I finaba, entendió que aviemos visto estos
animales en estas Indias, quísose infor-
mar de nosotros de la genealogía ó plá-
tica destas bestias, y cúpome á mí la ma-
no de responderle : y yo le dixe que en-
tre quantos españoles á estas partes avian
passado, que eran muchos millares de
hombres, no sabia que alguno dellos
oviesse contraído tanta amigigía con nin-
guno destos ochís ó tigres , como él tenia
con aquel , y que por esso era él de mas
mérito en tenerle tan pagífico é benívo-
lo ; pero que le rogaba que no fiasse del,
que era mala bestia, éque diesse gragias
á Dios que le avie librado del pardo que
se avie muerto , é diesse essotro tigre al
diablo, y que no durmiesse con él, de una
puerta adentro de noche ni de dia, ni de-
xasse de estar en vela , porque sin dubda
rae paresgia que ya le via muerto , ó que
á bien librar , le avia de poner en tra-
baxo, é que yo no alcangaba otra cosa
de la condición destos tigres. Estonces
él , riyéndose é no paresgiéndole que yo
meresgia gragias por tal consejo , llegó-
se al tigre, é Irayéndole la mano por el
lomo, degia: ((Este émi filiólo, é un anzolo
t lo forró far miracule; angi voglio andar
in la India é portar finque ó sey de quisti
piu picolini é voglio que Qésar havia una
caczia de Imperator , é voglio que mi dia uno
síato.y» Quiere degir esto quel cagad&r di-
xo en su lengua lombardesca : Este ani-
mal es mi hijo é es un ángel é yo le haré
hager miraglos : antes quiero yr á las In-
dias é traer ginco ó seys destos mas pe-
queñitos , é quiero que César tenga una
caga de Emperador , é quiero que me dé
un estado. Pues cómo yo y los que alli
estábamos, vimos su contentamiento, los
unos le loaban su buen deseo y los
otros callaban ; y yo , como vi que des-
variaba, óvele compasión, é dixe: «Dios
lo haga, como vos lo desseais; pero toda-
vía os acuerdo que no fiéis desta bes-
tia , porque vos penssais quél agrades-
ge lo que le enseñays , y esso él no lo
puede aprender sin dieta; y él pienssa
que os engaña á vos en sofrir la ham-
bre , para que quando mucho le aqueje
é no le deis de comer, confiado vos de
su amistad , os lleguéis á rascarle , como
agora lo hageís, y él os haga pedagos,
Creedme, dixe yo, é cortadle las uñas,
é aun sacádselas de rayz, é aun todos
los dientes y colmillos : é no creáis que
se las dio Dios , para que vos le deis á
comer á horas diputadas , porque nunca
alguno de su linaje comió en tinelo ni
llamado con campana á la tabla, ni tuvo
otra regla sino devorar , é crueldad á na-
tura, é queréislo vos hager observante.
Yo os prometo que si vivimos un año que
ó vos ó el tigre aves de ser muertos ; y
perdonadme, que en verdad que os hé
lástima.» Mis palabras no le supieron
bien é dixo quél me rengragiaba , pero
quél sabia muy bien aquel offigio. Como
yo no tenia nesgessidad de le aprender,
nos fuimos riendo de su desatino. Y en
la verdad yo quedé confiado que aquella
amistad avie de durar poco, porque aun
quando el cagador le rascaba, el tigre no
sé qué se degia regado ó murmuraba en-
tre dientes. Finalmente que no passaron
ocho días después, quando entrellos ovo
no sé que desacuerdo sobre sus ligiones,
y el tigre le oviera de matar al maestro,
é le tracto de manera que si no fuera so-
corrido, le matara. Desde á poco tiempo
el tigre se murió , ó su maestro le ayudó
á morir , lo qual creo yo mas. Y en la
verdad tales animales no son para entre
gentes, segund son feroges é indómitos á
natura. Y no tengo por menos bestiales
que á los mismos tigres quien pienssa ha-
gerlos mansos.
Y pues destos animales se ha tracta-
do, diré un caso que en el Nombre de
Dios acaesgió con un tigre destos, que
sin dubda es cosa notable. Andaba por
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. X.
405
alli wn tigre, y entraba de noche en el
pueblo é mataba gallinas é perros é otros
animales, é aun indios mansos, é hagia
mucho daño, é armáronle con una alga-
prima é de manera quél cayó en el lago,
é quedó colgado por un brago extendido
alto, é apenas llegaba con los pies al
suelo. É cómo fué preso, dio un brami-
do , al qual acudió toda la gente , é ya
estaban en vela: é con una ballesta regia,
desde á ocho ó diez pasos , un buen ba-
llestero dióle con un rallón é metiósele
hasta las plumas ; é cómo se sintió heri-
do, dio otro bramido é un tirón, que
oviera de derribar una viga, de dó pen-
día la soga que le tenia ; é diéronse prisa
á tornar á armar la ballesta, é tiráronle
tres ó quatro langones , é ni ellos ni la
saeta no le pudo passar aun el cuero: que
assi cómo le dieron unas dos saetadas,
se caian las saetas é los langones en
tierra. É de tal manera se armó el tigre,
que si el primero tiro no (que aquel le
tomó desapergibido), ningund otro le en-
tró ni le higo daño ; pero por aquel se
desangró é se le acabó la vida. Esto fue
año de mili é quinientos é veynte y gin-
co , y todo aquel pueblo lo vio é es no-
torio. Y esto baste quanto á los tigres de
Tierra-Firme, que los indios llaman ochís
en la lengua de Cueva , y en la de Nica-
ragua se dige teguan tal animal , é assi
en diferentes provingias diferengiada-
mente los nombran.
En muchas partes se han visto des-
pués , é hay estos animales desta é de la
otra parte de la línia del equinogio, don-
de los españoles han andado , assi como
en el nuevo reyno de Granada ó señorío
del príngipe Bogotá , é también en las
costas del famoso rio de la Plata , alias
de Paranaguagu {Lám. 4.', fig. 10.').
CAPITULO XI.
Del animal ¿conque los chr¡[}slianos llaman dantas, y algunos los llaman vacas en la Tierra-Firme.
JLiOS españoles en la Tierra-Firme lla-
man danta á un animal que los indios le
nombran beori (en la provingia de Cueva),
y diéronle este nombre , á causa que los
cueros destos animales son muy gruesos;
pero no son dantas. Antes en los nombrar
assi es tan improprio el nombre, como lla-
mar al ochí tigre. Estos beoris son del ta-
maño de un begerro de un año, los mayo-
res. El pelo es pardo escuro é algo mas
espesso quel del búfano , é no tiene cuer-
nos, aunque los llaman vacas algunos.
Son de muy buena carne , aunque es algo
moUigia mas que la de la vaca de Espa-
ña. Los pies deste animal son muy buen
manjar é muy sabrosos, salvo ques me-
nester que cuegan veynte horas ó mas
(quiero degir que estén muy cogidos),
porque tardan en se coger. Mas estando
tales, es manjar para darle á qualquiera
que huelgue de comer una cosa de muy
buen gusto é digislion. Matan estos beoris
con perros , é después que están asidos,
ha de socorrer el montero con mucha
diligengia á alcangar el beorí , antes que
se entre en el agua , si por alli gerca la
hay ; porque después que se entra en el
agua , rio ó laguna , se aprovecha de los
perros é los mata á grandes bocados. É
quando le toman apartado del agua, no
tiene tanto cuydado de morder ni defen-
dersse, como de huir al agua. Mas des-
pués que en ella enlra^ hagelo contrario;
é acaesge llevar un brago con media es-
palda á gergen de un bocado á un le-
brel , é á otro quitarle un palmo y dos
del pellejo, assi como si lo desollasen.
É yo he visto lo uno é lo otro , lo qual
406
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
no liagen tan á su salvo fuera del agua.
Hasta agora los cueros destos anima-
les no los saben en estas partes adobar,
ni se aprovechan dellos los chripstianos,
porque no se dan á ello ; pero son tan
gruesos ó mas que los del búfano , y no
creo que serian menos buenas las bardas
ó cubiertas destos cueros de beoris para
caballos de gente darmas , que todas las
de los osos son de muy buen sabor : e
yo vi en Mantua quel marqués Francis-
co de Gongaga liagia en su palagio criar
é engordar osos pequeños , é vi en su
mesa tractarse este manjar por cosa pres-
giada , é aun le he probado alli é no me
supo mal, y aun tengo por mejores las
manos del beorí que las del oso. De los
pies no se hage caso para los comer, los
que pueden hagerse en Ñapóles , ó donde quales é las manos tiene hendidos dos
mejores se hagen. Estos animales se la- veges, assi que es de tres uñas cada uno:
men muy á menudo las manos, como el la cola es muy corta é las orejas compli-
oso, por alguna especialidad ó gusto que das (Lám. 4.' fig. 1i.').
en ello hallan , é assi también las manos^
CAPITULO XII.
De los leones rasos que hay en la Tierra-Firme, en la gobernación de Castilla del Oro, assi en la costa del
Norte , como en la del Sur é en otras parles.
JLeones hay en la Tierra-Firme reales,
pero son rasos, que en todo paresgen
febreles grandes escogeses , exgepto que
son muy armados é sin barbas ni bedi^as
algunas. Ni son tan denodados como leo-
nes de África : antes son cobardes é hu-
yen (puesto que tal propriedad es común
á los leones, que no hagen mal, si no los
persiguen é acometen) *. Métanlos balles-
teros de la manera que se ha dicho que
matan á los ochís ó tigres , porque assi
se encaraman en árboles. Donde yo los
he visto es en la gobernagion de Castilla
del Oro, en Tierra-Firme, en la costa
del Norte é en la del Sur ; é son de co-
lor leonado , é matan á los indios, quan-
do los toman solos.
CAPITULO xiir.
Del gato 9erval.
Ijato gerval es animal fiero é de la ma-
nera y hechura y color que los gatos par-
dillos pequeños, mansos domésticos, que
tenemos en las casas, para la guerra de
los ratones. Mas estos gervales son tan
grandes ó mayores que los tigres ú ochís,
de quien se tracto en el capítulo X, y
es el mas feroz animal que hay en la
Tierra-Firme , y del que los chripstianos
mas temen , porque es mas ligero de to-
dos los que por allá hay ó se han visto, y
muy osado. En la Nueva España y otras
partes destas Indias los hay. Yo vi el año
de mili é quinientos y quatro uno destos
gatos muerto á par é al pié de la peña
de Amboto en Vizcaya , el qual desligó de
una breña rasa é murió del golpe que
dio abaxo. É aunque he visto muchos (i-
i Plinio, lib. VIII, cap. 16.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. XIII.
40':
gres en las Indias ú ochis , é muchos leo-
nes reales en España é Italia é Flandes,
en espegial en Gante , en el palacio de
César, vi uno muy fiero é viejo el año
de mili é quinientos é diez y seys ; mas
en todos ellos no he visto animal de tan
fieros colmillos é dientes é uñas, como era
el que he dicho que vi junto á la peña
de Amboto. Acá en estas Indias los hay
muy fieros donde he dicho; assi co-
mo en la tierra del gran príncipe Bogo-
tá , que los españoles llaman Nuevo Rey-
no de Granada : é son de muy hermoso
pelo é para ricos enforros de señores é
altos hombres de Estado , é los indios es-
tímanlos mucho.
CAPITULO XIV.
De los leones pardos.
JLieones pardos hay en Tierra-Firme,
bermejos é pintados de manchas negras
de la manera é forma que los he visto
traer en la caga al rey Luis de Frangía
é otros príngipesen Italia, ó como aquel
que tuvo la Qesárea Magestad, que se
murió en Toledo , del qual se hizo men-
gion en el capítulo X , de los tigres , y
como los que hay en África : é son ve-
loges é fieros; mas ni aquestos ni los
leones rasos yo no sé que hayan fe-
cho mal á chripstianos, ni que lo ha-
yan acometido á hager, como los ti-
gres.
CAPITULO XV.
De las raposas de Tierra-Firme.
ítaposas hay en la Tierra-Firme, en las
gobernagiones de Castilla del Oro é en
otras , en ambas costas del Norte é del
Sur , é son bermejas ; y otras hay tan ne-
gras como un tergiopelo muy negro , é
son muy ligeras é maligiosas, é algo me-
nores que las de España: y parésgeme que,
aviendo cantidad de tales pellejas, que se-
ria muy buen enforro el que destas rapo-
sas se higiesse , sabiéndolas bien adobar.
CAPITULO XVI.
De los lobos de la Tierra-Firme.
JLiobos he visto en la gobernagion de
Castilla del Oro y en la de Nicaragua , é
son bermejos é malos é comen algunos
indios. É en muchas partes de la Tierra-
Firme los hay, en espegial en la costa
adentro del rio de la Plata , muy grandes
é mayores que grandes alanos: é tienen
el pelo como de vaca , é los dientes co-
mo de perro , é son muy armados de col-
millos, é toda la noche andan , dando mu-
chos ahullidos que ponen terror grande
á quien no ha acostumbrado á los oyr.
408
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XVII.
De las conillas hidiondas de la Tierra-Firme.
Oay unas gorrÜlas en la Tierra-Firme dores ó monteros le dexan é se apar-
en muchas parles é provincias que tie-
nen muy pésimo hedor, aunque passen
bien desviadas de hombre, si el vien-
to viene de hágia ellas. É porque ya
se dirá deste aborresgible animal é su
propriedad é la causa por qué los caga-
tan de asco, en el libro XXIV, capí-
tulo XIII lo hallará el letor mas larga-
mente, para donde me paresge remiti-
lio , porque alli se tracta de tres anima-
les muy notables, y es aqueste el uno
dellos.*
CAPITULO xvin.
Perros gozques en la Tierra-Firme.
JJicho tengo de los perros gozques de
la Tierra-Firme que los hay en muchas
partes que no ladran, é son mudos é muy
buenos para comer y de todas colores de
perros; y también los ovo en esta Isla
Española é en las otras deste golpho. Y
cómo lo he dicho en el capítulo Y deste
libro XII y alli lo puede aver visto el le-
tor, si desdel pringipio se ha querido
informar de los animales destas partes,
por tanto no hay nesgessidad de lo re-
petir aqui. Y también hay muchos de los
que se truxeron de España , é muchos
dellos se han algado é féchese salvajes
é andan en los montes ó son muy da-
ñosos.
CAPITULO XIX.
De los cierv'os que hay en la Tierra-Firme , é gamos d coreos semejantes á los de España.
E-
iH la Tierra-Firme, en muchas partes
della , assi como la gobernagion de Cas-
tilla del Oro é Veneguela é Sancta Marta
é Cartajena é Veragua é Honduras é en
la Nueva España é en la costa austral é
en la Nueva Castilla , hay muchos giervos
é gamos é corgos ni mas ni menos que
los de Castilla, é los indios señores é prin-
gipales son grandes monteros é los cor-
ren é montean é matan con langas é ojeos
é con flechas é también con gepos é otras
maneras. É se presgian de tener muchas
• También dá Oviedo en el capítulo XXXIV del
libro VI ó de los Depósitos curiosas noticias de es-
las zorrillas y de los otros dos animales que en esto
cabegas de tales animales en sus plagas
é casas de sus assientos: en espegial en
la provingia de Nicaragua hincan unas
cañas luengas é muy gruesas (que en
aquella tierra hay), é en cada caña po-
nen cabegas destos animales con sus cuer-
nos, á demostragion de Estado. Estos gier-
vos en Nicaragua se llaman magat , é no
son muy ligeros, porque están vegados
á vivir en paz, é esperan mucho. Y caso
que algunos indios é señores sean mon-
teros, hay tantos y tantos giervos que no
lugar menciona. En el libro XXIV , quinto de la se-
gunda parle , á que se remite, las amplia notaulc-
monte.
DE INDIAS. LIB. XII. GAP. XIX.
409
se pueden agotar ni los acosan tan de
hecho que parezca que ios fatigan ni es-
pantan. En el golpho de Orotiña hay
islas y todas ellas tienen muchos giervos.
Toda esta salvagina es de muy buena
carne, y en todo tiempo del año, en es-
pegial en esta provingia de Nicaragua y
en León de Nagrando , ques la pringipal
cibdad de aquella gobernación. De los
cueros destos animales hagen los españo-
les muy buen calgado de gapatos é bor-
geguies , é vaynas de espadas , é cueros
de sillas despaldas para assentar, é para
cubrir sillas ginetas é otras cosas ; é de
lo mismo hagen las suelas del calgado , é
turan bien , si no lo mojan .
CAPITULO XX,
Que fracta de los puercos monteses de la Tierra-Firme, en diversas provincias.
Ifluchas é grandes manadas de puercos
hay naturales de la Tierra-Firme, y en
Castilla del Oro, en la provingia de Cueva,
los llaman chuche , é los indios en otras
provingias lo llaman baquira: écomo an-
dan en manadas juntos , no osan acome-
terlos los otros animales , puesto que no
tienen colmillos; mas muerden muy re-
giamente é matan los perros á bocados.
Estos puercos son algo menores que los
nuestros é mas peludos ó cubiertos de
gerdas ásperas: tienen el ombligo en
medio del espinago , y en los pies trase-
ros no tienen dos peguñas, sino una en
cada pié , é quando se embravesgen ó es-
tán enojados, baten las quixadas ú hogico
tan apriessa, como suelen las gigüeñas so-
nar el pico, dando tabletadas : en todo lo
demás son como los nuestros. Quando
los chripstianos topan alguna manada de-
llos , procuran de se subir sobre alguna
piedra ó troncón de árbol, aunque no sea
mas alto que tres ó quatro palmos: é des-
de alU, cómo passan , con un langon hiere
dos ó tres é los que mas puede , é socor-
riendo los perros, quedan algunos dellos
desta manera muertos. Son muy peligro-
sos, quando assi se hallan en compañía, si
no hay lugar desde donde el montero los
pueda herir, como es dicho. Algunas ve-
ges se hallan é se toman algunos lecho-
nes, quando las puercas se apartan á pa-
rir ; é tienen muy buen sabor, é hay mu-
chedumbre deste ganado salvaje.
CAPITULO XXI.
Del oso hormiguero en Castilla del Oro y en oirás parles de la Tierra-Firme.
V/so hormiguero es un animal que en
muchas partes de la Tierra -Firme se ha-
lla, en espegial en Castilla del Oro. Es á
manera de oso en el pelo , é tienen corta
la cola, é aquella tiene pelos engima é
debaxo della , é no á los lados de la mis-
ma cola : é paresgen mucho á los osos de
España , exgepto en la cabega , porque
tienen el hogico muy mas largo ; pero
TOMO I.
pequeña boca , é un agujero por do sa-
can la lengua, tan grande como una espa-
da de espadar lino , é quassi de aquella
hechura; é son animales de muy poca
vista. Témanlos muchas veges á palos , é
no son nogivos , é fágilmente los perros
los alcangan , é los matan , si con diligen-
gia no los socorren los monteros, porque
no se saben defender ni tienen armas pa-
52
410
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ra ello , aunque muerden algo. É hállanse
lo mas continuamente gerca de los hor-
migueros de torronteros, que hagen gierta
generación de hormigas muy menudas é
negras, en las campañas é vegas rasas,
que no hay árboles, donde por destin-
to natural ellas se apartan á criar fuera
de los bosques, por rebelo deste animal:
el qual , como es cobarde é desarmado,
siempre anda entre arboledas é espessu-
ras , hasta que la hambre é nesgessidad ó
el desseo de apasgentarse destas hormi-
gas le hagen salir á los rasos, á buscarlas.
Estas hormigas hagen un torrontero tan
alto como un hombre, é poco mas , é al-
gunas veges menor , é grueso como una
arca ó caxa cortesana; é á veges como
una pipa, é duríssimo como piedra (é
paresgen estos tales torronteros majanos
ó cotos que dividen ó señalan términos).
É debaxo de aquella tierra duríssima de
que están fabricados, hay innumerables
[Lám. b.'^ffig. 1.') ó quassi infinitas hor-
migas muy chiquitas , que se pueden co-
ger á gelemines quebrando el dicho tor-
rontero : el qual de averse mojado con la
lluvia, é tras el agua aver sobrevenido la
calor del sol , algunas veges se resquie-
bra é se hagen en él algunas hendeduras
ó crietas, pero muy delgadas. Y digo tan
delgadíssimas , que un filo de un delgado
cuchillo no puede ser mas sotil. É pares-
ge que la natura les da entendimiento pa-
ra hallar tal manera de barro estas hor-
migas , que pueden hager aquel torronte-
ro ques dicho , tan duríssimo que paresge
una muy fuerte argamasa : lo qual yo he
experimentado , porque los he fecho rom-
per é derribar, é no pudiera creer sin
verlo la durega que tienen , porque con
picos é agadones é barretas de fierro son
muy dificultosos de desliager, y por en-
tender mejor este secreto , en mi presen-
gia se han derribado algunos. Lo qual,
como es dicho , hagen las dichas hormi-
gas para se guardar de aqueste su adver-
sario ú oso hormiguero , que es el que
pringipalmente se debe gebar ó substen-
tar dellas , ó les es dado por su émulo , á
tal que se cumpla aquel común prover-
bio que dige : no hay criatura tan libre
á quien falte su alguagil.
Este que la natura le dio á tan peque-
ño animal, tiene esta forma para usar su
offigio en las escondidas hormigas, como
executor de su muerte : que se va al hor-
miguero que es dicho , é por una hende-
dura ó resquebrajo, tan sotil como un fi-
lo de espada, comienga á poner la lengua,
c lamiendo humedesge aquella hendedu-
ra por delgada que sea ; é son de tal pro-
priedad sus babas é tan continua su per-
severangia en el lamer, que poco á poco
hage lugar y ensancha de manera aque-
lla hendedura que muy descansada ó an-
chamente é á su voluntad mete é saca la
lengua en el hormiguero, la qual tiene
longuíssima é desproporgionada (segund
el cuerpo) é muy delgada. Después que
la entrada é salida tiene á su propóssito,
mete la lengua todo quanto puede por
aquel agujero que ha hecho é éstase assi
quedo grande espagio ; é cómo las hor-
migas son muchas é amigas de la hume-
dad , cárganse sobre la lengua grandís-
sima cantidad dellas é tantas que se po-
drían cojer á almuergas ó puños : é quan -
do le paresge que tiene hartas é es tiempo,
saca presto la lengua, resolviéndola en su
boca é cómeselas, é torna por mas. É
desta forma come todas las que él quiere
é se le ponen sobre la lengua. La carne
deste animal es súgia é de mal sabor;
pero como las desaventuras é nesgessida-
des de los españoles en aquellas partes en
los pringipios fueron muchas é muy ex-
tremadas, no se ha dexado de probar á
comer; pero háse aborresgido tan presto
tal manjar , cómo se probó por algunos
chripstianos. Estos hormigueros tienen
debaxo á par del suelo la entrada á ellos,
é tan pequeñíssima que con dificultad se
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. XXI.
411
hallaría , sino fuesse viendo entrar é salir
algunas hormigas ; pero por allí no las
podría dar el oso , ni es tan á su propós-
sito para ofenderlas, como por lo alto, en
aquellas hendeduras, segund que está di-
cho. Otros animales hay en este offigio de
comer las hormigas de la misma manera;
é llámanlos assi mismo los chripsíeano* oso
hormiguero en los altos é tierras de Bogo-
tá que los españoles llaman la Nueva Gra-
nada é otros la tierra de los Alcázares *;
pero estos otros osos hormigueros tie-
nen colas é bien negras , é por esto creo
yo que es otro género de animales. Mas
como es dicho , su oÍÍíqío ha dado causa
de les dar el mismo nombre á los unos
que tienen los otros. También los hay en
la provingia de Veneguela , y allí son es-
tos animales de mucha fuerga , tanto que
ha acaesgido derribar á un hombre de
caballo y maltractarle ; y en el año que
passó de mili é quinientos é quarenta y
uno, estando en aquella tierra el reve-
rendo señor obispo D. Rodrigo de Basti-
das, fué muerto un oso destos é le ha-
llaron las canillas de los bragos é de las
piernas magigas, lo qual yo supe del mis-
mo obispo *.
CAPITULO XXII.
De los conejos é liebres.
I^onejos é liebres hay en la Tierra-Fir-
me en muchas partes della y en Castilla
del Oro , en la lengua de Cueva : tienen
el lomo é pelo como de liebre , é lo de-
mas es blanco assi como el vientre é las
hijadas ; é los bragos é piernas son algo
pardicos, y á mi paresger estos tienen
mas parte de liebres que de conejos,
aunque son menores que los conejos de
España. Témanse las mas veges, quando
se queman los montes, y assi mismo con
lagos. Mas en Nicaragua hay muchos
conejos assi como los de España, de los
quales yo he comido muchos , é los in-
dios los salan é tienen mucho tiempo assi
en gegina, para quando les falta la carne
fresca. É assi mismo hagen muy buenos
tasajos de venados é los tienen mucho
tiempo : é assi mismo es buena gegina de
los perros que llaman xulos é ellos crian
para comer , é que tienen en casa é los
estiman mucho. É estas geginas usan por
mercadería, porque tienen abundangiade
todos estos animales.
CAPITULO XXIII.
De los animales encubertados.
JLios encubertados son animales mucho
de ver y muy extraños á la vista de los
chripstianos y muy diferentes de todos
los que se han visto en otras partes del
mundo y en estas , y á ninguno se pue-
1 Todas las palabras y sílabas que van subra-
yadas se han suplido , siguiendo el sentido del tex-
to, por estar el códice original rolo en esta parte.
den comparar sino á los caballos encu-
bertados. Estos son animales de quatro
pies , é está cubierto todo de una cober-
tura ó pellejo de una sola concha duríssi-
ma , de color pardo claro , é por debaxo
2 Hallándose cortado medio renglón del ma-
nuscrito original, no es ya posible suplir del todo
las últimas palabras de este capítulo.
412
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de aquella concha salen las piernas é la
cola , é en su lugar sale la cabega é pes-
cuego. Finalmente, es de la manera que
un corsier con bardas , é del tamaño de
un perrillo gozque ó podenco pequeño.
La cola es de mas de un palmo é al ca-
bo muy delgada , é el hogico luengo , é
las uñas hendidas dos veges , de manera
que le queda fecho tres partes cada pié ó
mano , é la uña de enmedio es algo ma-
yor que las otras , é todas tres agudas : é
con aquellas cavan tan apriessa, que ha de
ser gran cavador el peón que cavare tan-
to como este animal yrá minando en tier-
ra sana, aunque alli ninguna cueva ten-
ga, por poco coraiengo ó agujero que
halle pringipiado. Es animal que hage su
habitagion en torronteras é en lo llano, é
cavando, como es dicho, con las manos,
ahondan sus cuevas é madrigueras de la
forma que los conejos las suelen hager.
Son exgelente manjar é témanlos con re-
des , é algunos matan ballesteros , é las
mas veges se toman, quando se queman
los campos, para sembrar ó por renovar
los hervajes para las vacas y ganados. No
hagen mal é son muy cobardes. Quitán-
doles aquella concha, están muy gordos é
quassi lo mas dellos cubiertos de grasa
ó manteca sobre la carne : é porque to-
man mucho la sal, é sin ella son muy
dulges , no los comen sino salados de un
dia antes, porque no echándoles sal, son
tan gordos que empalagan ó dan fastio;
pero es buena carne {Lám. 5.', fig. 2.').
Yo los he comido algunas veges , é son
mejores que cabritos en el sabor, é es
manjar sano. No podria dexar de sospe-
charse, si aqueste animal se oviera visto
donde los primeros caballos encuberta-
dos ovieron origen, sino que de la vista
destos animales se avia aprendido la for-
ma de las cubiertas para los caballos de
armas.
CAPITULO XXIV.
Del animal que en Castilla del Oro llaman perico-ligero los espoñoles^ y en otras partes se llama la pereza.
Ir^ERico-LiGERO llaman en la Tierra-Firme
á un animal el mas torpe que se puede
ver en el mundo, é tan pesadíssimo y
tan espagioso en su movimiento, que pa-
ra andar el espagio que tomarán ginqüen-
ta passos, ha menester un dia entero. Los
primeros chripstianos que passaron á la
Tierra-Firme, quando ganaron el Darien
en la provingia de Cueva , como vieron á
este animal ( acordándose que en España
suelen llamar al negro Johan Blanco, por-
que se entienda al revés) , le pusieron el
nombre muy apartado de su ser, pues
seyendo espagiosíssimo, le llamaron lige-
ro, y en la provingia de Veneguela le lla-
man la pereza. Este es un animal de los
extraños , y que es mucho de ver por la
desconformidad que tiene con todos los
otros animales. Será tan luengo como dos
palmos, quando ha cresgido todo lo que
ha de cresger, y muy poco mas desta
mesura será , si algo fuere mayor. Meno-
res mucho se hallan , porque serán nue-
vos. Tienen de ancho, medido á la redon-
da, quassi tres palmos: tiene quatro pies
y delgados, y en cada mano é pié quatro
uñas largas, como de ave, é juntas; pero
ni las uñas ni las manos no son de mane-
ra que se pueda sostener sobre ellas , y
desta causa, y por la delgadez de los
bragos é piernas é pessadumbre del cuer-
po, trae la barriga quassi arrastrando por
tierra. El cuello del es alto é derecho é
todo igual, como una mano de aimhirez
que sea de una igualdad hasta el cabo, ó
como un cuello do calabaga seguido , sia
DE INDIAS. LIB. Xll. CAP. XXIV.
413
hager en la cabega proporgion ó diferen-
cia alguna fuera del pescuego. É al cabo
de aquel cueRo tiene una cara quassi re-
donda, semejante á la de la lechuga, y
el pelo proprio : hage un perfil de sí mis-
mo como rostro en gircuyto, poco mas
prolongado que ancho, y los ojos son pe-
queños y redondos , é la nariz como de
v.ü monico, é la boca muy chiquita; é
mueve aquel su pescuego á una parte é á
otra , si mueve el cuerpo , porque la ca-
bega é el cuello todo es una cosa, é no
se puede mover sino junto, é paresge
atontado. É su intengion, ó lo que paresge
quól procura é apetesge, es asirse de ár-
bol ó de cosa por donde se pueda subir
en alto : é assi las mas veges que los ha-
llan á estos animales, los toman en los ár-
boles , por los quales trepando muy es -
pagiosamente, se andan colgando é asien-
do con aquellas luengas uñas , que á este
propóssito son mas que para andar por
tierra. El pelo es entre pardo é blanco
quassi (como el pelo del texon) , é no tie-
ne cola. Su voz es muy diferente de to-
das las de los otros animales del mundo
(y de noche solamente suena), y toda la
noche en continuado canto de rato en
rato , ó con medida de pausas, cantando
seys puntos uno mas alto que otro siem-
pre baxando, assi que el mas alto punto
es el primero , é de aquel baxa, disminu-
yendo la voz ó menos sonando, como
quien dixesse la. . . sol., .fa... mi. ..re..ut..
assi este animal dige^a... ha. ..ha. ..ha...
ha... ha... Y tanto quanto tarda en can-
lar estos seys puntos, otro tanto espagio
ó pausa calla , é torna á cantar en el mis-
mo tono é medida otra vez é á callar , é
por esta orden pasa la noche toda en
esta su música. Sin dubda me paresge
que , assi gomo dixe en el capítulo pre-
gedente de los encubertados, que seme-
jantes animales pudieran ser el origen ó
aviso para hager las cubiertas á los ca-
ballos , assi , oyendo aqueste animal el
primero inventor de la música , pudiera
mejor fundarse para le dar pringipio, que
por cosa del mundo é mas al propóssito.
A Tubal Caim, hijo de Lamech, atri-
buye Josepho la invengion de la música,
é otros digen que los pueblos de Arcadia
con cañas largas y delgadas fueron los
primeros que hallaron el canto. Laergio
dige que lo halló Pitágoras , philósopho.
Pero este animal perico-ligero, antes le
llamara yo perico-músico , pues que nos
enseña por sus seys puntos la... sol...
fa... mi... re... ui...; y aunque la pro-
nungiagion todas seys veges sea ha...
ha... ha... ha... ha... ha..., el tono es
diferente é justamente un punto mas baxo
cada una de sus voges. Y como he dicho,
esta su música exergita de noche y nunca
de dia ; y assi por esto como porque es
de poca vista é le ofende la claridad, me
paresge animal noturno é amigo de es-
curidad ó tinieblas [Lám. 5.', fig. 3;").
Algunas veges que toman este animal é
lo traen á casa, se anda por ahy de su
espagio , é por amenaga ó golpe ó agui-
jón no se mueve con mas prestega de lo
que sin fatigarle él acostumbra moverse;
é si topa algún árbol , luego se va á él é
se sube á la cumbre mas alta de las ramas
é se está en el árbol ocho y diez y veynte
dias, é no se puede saber ni entender lo
que come. Yo le he tenido en mi casa, é lo
que supe comprehender de aqueste ani-
mal es que se debe mantener del ayre : é
desta opinión mia hallé muchos , porque
nunca se le vido comer cosa alguna , sino
volver continuamente la boca hágia la
parte quel viento viene, mas á menudo
que á otra parte alguna ; por lo qual se
conosge quel ayre le es muy grato. Y
á esta mi opinión progedió que uno des-
tos animales que yo tenia se soltó un dia
con una cuerda que tenia á un pié é se
subió en un árbol, dentro en casa, é dióse
tales vueltas con el cabo de la cuerda á
las ramas del árbol., quél no pudo dexar
414
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
destar quedo alli mas de veynte é ginco subió: ni baxado de allí, tuvo ansia por
ó treynta dias , sin comer cosa alguna ni
beber gota de agua (ni tiene boca para
comer segund es chica) . É yo le hige dexar
estar alli, por ver esta sospecha en qué
paraba , é á cabo de treynta dias ó mas
le hige baxar de alli , é estaba no mas
flaco ni nesgessitado que quando al árbol
comer , ni antes ni después se vido que
comiessecosa alguna. No muerde ni pue-
de, por ser tan chica la boca , ni es pon-
goñoso , ni he visto hasta agora animal
tan feo ni que parezca ser tan inútil que
aqueste.
CAPITULO XXV.
De los zorrillos pardos déla Tierra-Firme.
Aorriilos pardos hay en muchas partes
de la Tierra-Firme, en espegial en las
provincias de Sancta Marta é Gartajena,
no mayores que los gozques pequeños; é
tienen el hogico é los medios bragos é
piernas negros, é quassi del talle é mane-
ra de zorrillos de España , é no son me-
nos maligiosos y muerden mucho: é tam-
bién los hay domésticos é son muy bur-
lones ó traviesos, quassi como los moni-
eos. É su pringipal manjar é de que con
mejor voluntad comen son cangrejos, de
los quales se cree que pringipalmente se
deben sostener é alimentar estos anima-
les. Yo tuve uno dellos que una caravela
mia me truxo de la costa de Gartajena
(estando yo en el Darien), que lo dieron
los indios flecheros á trueco de dos an-
guelos para pescar , é lo tuve algún tiem-
po; é es animal plagentero é no tan su-
gio, como los gatos monillos.
CAPITULO XXVI.
De los gatos monillos.
Üin muchas partes de la Tierra-Firme
hay gatos monillos salvajes de tantas ma-
neras é diferengias que no se podria de-
gir en poca escriptura, si se dixesen sus
diferentes formas é sus innumerables tra-
vesuras. Quando las hembras crian el mo-
nico, tráenlo á cuestas saltando de árbol
en árbol , y aunque se cuelga la madre
de la cola ó se arroja á otro árbol veynte
é treynta pasos desviado , no se cae por
esso el moniUo. Y porque cada dia se lle-
van á España no me ocuparé en degir
dellos sino pocas cosas. Hay los tan pe-
queños como un harda pequeña , é tan
grandes como un mastín grande, y de
muchas maneras de pelo é diferengiados
gestos é formas, é algunos tan astutos,
que muchas cosas de las que ven hager
á los hombres las imitan y hagen. En es-
pegial hay muchos que, assi como ven
partir una almendra ó un piñón con una
piedra, lo hagen de la misma manera é
parten todos los que le dan, poniéndole
una piedra á par del gato, donde la pue-
da tomar.
Assi mismo hay otros que tiran un pie-
dra pequeña del tamaño é peso que su
fuerga basta, como lo tirarla un hombre.
Uno destos tuve yo que poniéndole á par
algunas piedras pequeñas, tamañas como
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. XXVI.
l^h
nueges ó menores, é poniéndome la me-
sa para comer desviada veynte ó treynta
pasos del gato , assi como veia venir el
manjar á la mesa , era nesgessario partir
con él é dalle que comiesse para le ocupar
las manos; porque de otra manera, ó en
acabándosele lo que le daban , luego él
despendía todas aquellas piedras contra
la mesa, é quando essas se le 'acababan,
arrincaba tierra del suelo é á puñados lo
arrojaba, porque le oyessen é diessen de
comer. Otros hay que, quando ven comer
á alguna persona alguna cosa, dan muy
grandes palmadas una mano con otra,
porque los oygan é les den á ellos parte
de lo que assi se come.
Quando los hombres de guerra de nues-
tros españoles van la tierra adentro en
aquellas provingias de Castilla del Oro,
é passan por algún bosque, donde hay
de unos gatos grandes é negros (de los
quales en la Tierra-Firme hay muchos y
son malos é bravos), assi como ven á los
chripstianos, los gatos dan voges que pa-
resge que se apellidan , é en poco espa-
cio se juntan muchos é vienen por engi-
ma de los árboles, saltando de rama en
rama é gritando, é por engima de la gen-
te no hagen sino romper troncos de ra-
mas secos é aun verdes é arrojar sobre
los chripstianos por descalabrarlos; é
conviene cobrirse bien con las rodelas é
yr sobre aviso, para que noresgiban da-
ño é les hieran algunos compañeros, co-
mo de hecho lo hagen muchas veges.
Acaesge tirarles piedras é quedarse ellas
allá en lo alto de los árboles é tornarlas
los gatos á langar contra los que se las
tiran; y desta manera un gato destos ar-
rojó una que le avie seydo tirada, é dio
una pedrada en la boca á un Frangisco
de Villacastin, criado del gobernador Pe-
drarias Dávila, que le derribó quatro ó
ginco dientes : al qual yo conozco é le vi
antes de la pedrada que le dio el gato,
con ellos : é después muchas veges le vi
sin dientes , porque los perdió como he
dicho. Y no tanto por culpa de la mali-
gia del gato como por su desdicha de
aquel mangebo, porque aviendo tirado
algunas piedras contra los gatos, se que-
dó una deltas arriba engima del tronco
de una rama é un gato la tomó é olióla
é soltóla para abaxo , é el Frangisco de
Villacastin que algaba la cabega á mi-
rar arriba é la piedra que llegaba é era
regia, dióle en la boca é quebróle los
dientes , digo quatro ó ginco; é hoy dia
vive.
Quando algunas saetas les tiran é hie-
ren algún gato destos prietos , ellos se
las sacan é algunas veges las tornan á
echar abaxo , é otras veges assi como se
las sacan, las ponen ellos de su mano en
las ramas de los árboles, de manera que
no puedan caer abaxo, para que los tor-
nen á herir con ellas ; é otros las quie-
bran é hagen pedagos. Siguióse una vez
que un ballestero dio una saetada á un
gato grande destos negros é dióle por á
par de una oreja é passó la saeta mas de
un palmo de la otra parte ; de manera
que tanta asta tenia de fuera por la par-
te de las plumas como de la del quadri-
11o ó fierro: é no cayó el gato, porque,
como he dicho, son grandes, é tan presto
el gato se la quiso sacar dando muchos
gritos , á los quales se juntaron un gran
número de gatos, é cada uno le ponia la
mano en la saeta é el herido daba luego
gritos é el otro le soltaba. Y después que
muchos dellos le tentaron la saeta , como
é\ vido que le daban mas pena é no al-
gún remedio , puso la una mano en las
plumas é la otra en el hierro , é al que
venia á le tocar la saeta por el un lado
ó por el otro , assi como extendía la ma-
no, soltaba él la saeta é tomábale la ma-
no al otro é levábasela pasito á tentar la
saeta ó no se ladexaba tocar. É después
que mucho espagio los compañeros sol-
dados con mucha risa estovieron miran-
416
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dolé , le tiró otro ballestero é le díó otra
saetada é metida por una espalda se fué
dando mas gritos; pero no cayó.
Finalmente, hay tanto que degir en
esta materia destos animales é de sus lo-
curas é diferenciados géneros dellos, que
sin verlos, es dificultoso de creer, y en-
tre los dos extremos que he dicho de los
mayores é de los menores, hay muchas
maneras é diverssidades en ellos , assi en
el tamaño como en las colores é figuras,
é tan apartados los unos de los otros , é
tan variables y sin número que nunca se
acabaría de degir.
CAPITULO XXVII.
Del animal llamado churcha.
E,
m Castilla del Oro en la Tierra-Firme,
en especial en el Darien é en muchas
partes de la lengua de Cueva , hay un
animal pequeño del tamaño de un cone-
jo mediano , el hogico muy agudo é los
colmillos é dientes assi mismo , la cola
luenga é de la manera que la tiene el ra-
tón, é las orejas á él muy semejantes.
Es de color leonado é quassi como de
raposo á manchas é pardo en partes é el
pelo muy delgado. Aquestas churchas en
Tierra-Firme , como en Castilla las gar-
duñas , se vienen de noche á las casas á
comerse las gallinas ó á lo menos á dego-
llarlas é chuparse la sangre , é por tanto
son mas dañosas, porque simatassen una
y de aquella se hartassen, menos daño ha-
rían ; pero acaesge degollar quinge é
veynte é muchas mas , si no son socorri-
das. A mi me degolló catorge gallinas
una destas churchas una noche en el
Darien , y en tiempo que valia cada una
tres pesos de oro é mas ; é á la verdad
yo no quisiera tantas aves para mi plato
é para un dia. Mas la novedad é admira-
ción que se puede notar de aqueste ani-
mal, es que si al tiempo que anda en es-
tos passos de matar gallinas, cria sus hi-
jos, los trae consigo metidos en el seno
desta manera que aqui diré. Por medio
de la barriga, al luengo, abre un seno
que hage de su misma piel, de la mane-
ra que se haría juntando dos dobleges de
una capa, hagiendo una bolsa; é aquella
hendedura en que es un pliegue junto con
el otro, aprieta tanto que ninguno de los
hijos se le cae , aunque corra ó vaya sal-
tando [Lám. 5.', jig. 4.*): é quando
quiere, abre aquella bolsa é suelta los hi-
jos é andan por el suelo, ayudando é imi-
tando á la madre á hager mal , chupando
la sangre de las gallinas que matan. É
cómo siente que es sentida é alguno so-
corre é va con lumbre á ver de qué cau-
sa las gallinas se escandaligan é cacarean ,
luego encontinente la churcha mete en
aquella bolsa ó seno los churchicos, sus
hijos, y ellos se acojen á ella; é se va, si
halla lugar por donde yrse. Y si le to-
man el passo , súbese á lo alto de la casa
ó gallinero á se esconder: é cómo mu-
chas veges las toman vivas é otras ma-
tan, háse visto muy bien lo que es di-
cho, é hállanle los hijos metidos en
aquella bolsa , dentro de la qual tienen
las tetas é pueden los hijos estarse ma-
mando.
Yo he visto algunas destas churchas
é todo lo que es dicho , y aun me han
muerto las gallinas en mi casa de la for-
ma que lo tengo dicho. Es animal esta
churcha que huele mal ; é el cuello é pe-
lo é cola é orejas tienen de la manera
que tengo dicho.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. XXVIII.
4n
CAPITULO XXVIÍI.
De las bardas que hay en la Tierra-Firme , é en espe9ial en la gobernación de Casfilla del Ofo é en las pro-
vincias de la lengua de Cueva.
Jtlardas hay en Tierra-Firme algo ma-
yores que las de España , é no tan pelu-
das ni tan bermejas, porque tienen estas
el pelo mas llano é mas escuro en los lo-
mos, é la cola delamesma hechura, pe-
ro mas gruesa la cabega que las de Cas-
tilla. Estas de acá son muy buen manjar,
é no menos solígitas que las de España , é
muerden mucho.
CAPITULO XXIX.
l>el animal llamado bivana.
tLn el libro XXIV , en el capítulo XIII,
de tres animales extremados tengo acor-
dado de hager alli mengion á gierto pro-
póssito que alli se ha de tractar; y el
uno de ellos es animal de agua é los dos
son terrestes , y destos ya se ha dicho en
este libro en el cap. XVII que cosas son
las gorrillas hidiondas. Quiero agora su-
mariamente degir del tergero llamado
bivana, pues que é este libro compete
principalmente tal materia. En la pro-
vincia de Paria é en otras partes de la
Tierra-Firme, hay un animal llamado bi-
vana, pequeño é de buen paresger, ta-
maño como un gato destos caseros de
Castilla, corto de piernas é bragos; mas
de buena vista é no bravo ; la cabega
pequeña é el hogico agudo é negro ; las
orejas levantadas é apergebidas ; los ojos
negros é la cola luenga é mas gruesa
que la de los gatos ó mas poblada é re-
donda, igual hasta el cabo della. Las raa-
negicas é los pies con cada ginco dedos
corticos, é las uñas negras é como de ave,
pero no fieras ni de presa , mas prontas
ó hábiles para escarvar. Es cosa de ver
y de contemplar deste animal , espegial-
mente que la corriente del pelo la tiene
TOMO 1.
al revés de todos los otros animales de
pelo que yo he visto , porque passándo-
le la mano por engima desde la cabega
hasta en fin de la cola, es arredropelo ó
pospelo é se le levanta el pelo , é llevan-
do la mano sobre él desde la punta de la
cola hasta el hogico , se le allana el pelo
[Lám. 5.% fig. 5.*). Tiene forma de un
lobico pequeño , pero es mas lindo ani-
mal é quiérele paresger algo: la color
del es como aquellas manchas que á las
mugeres descuydadas les hage el fuego
en los gamarros, quando se les chamusca
el pelo é queda aquello quemado , como
entre bermejo é amarillo ó como la color
de un león. Mas el pelo deste animal es
muy delgado é mucho é blando como la-
na cardada ó seda ; pero en el lomo esta
color se va declinando á lo pardo , é lo
demás del es de la color que dixe pri-
mero. Todo el día duerme sin despertar,
si no le recuerdan para darle de comer,
é toda la noche vela é no gesa de andar
buscando que comer, é anda silvando en
un tono baxo. En aquella costa de las
perlas que llaman Paria , llaman los in-
dios en su lengua á este animal bivana.
De dia aunque vé , él se anda escon-
53
418
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
diendo de la luz, y su plager es escuri-
dad. Y porque huelgo mucho, quaudo to-
po en algund buen auctor cosas que pa-
resgen á las que escribo , digo que Pu-
nió * entre las diferentes maneras que es-
cribe de las cabras , pone unas que llama
orige , é por otro nombre son dichas ca-
moze é de algunos son llamadas soh. Es-
tas dige que tienen el pelo contra la ca-
bera ó al revés : que es lo mesmo que
tengo dicho deste animal, llamado bi-
vana.
CAPITULO XXX.
De las ovejas é ganados domésticos que hay en la tierra austral , en Tierra-Firme , en la gobernación de la
Nueva-Castilla, donde fué rey Alabaliba.
Jtíin la Nueva Castilla é gobernación del
marqués, don Francisco Pigarro, donde
fué rey é señor el riquíssimo Atabahba,
tienen los indios tres maneras de ovejas:
unas pequeñas como cabras de Guinea,
é otras algo mayores , é otras mayores
que todas. Las grandes son del tamaño
de asnos pequeños ; pero son enxutas de
piernas , é el cuello luengo é muy seme-
jantes á los camellos, salvo questas no
tienen corcoba, como el camello ; mas en
pies é manos é todo lo demás , muy se-
mejantes son á los camellos : rumian co-
mo ovejas , é son tales , que los indios se
sirven dellas de cargarlas é llevar en
ellas lo que les plage , con quel peso sea
moderado. Ya estas ovejas se vieron en
España , porquel mismo marqués las llevó
á Castilla, donde son ya notorias; é en
esta cibdad hay algunas que se han tray-
do de aquella tierra. En la tierra llana
llaman á este animal col , é en la sierra
le digen llama , é al macho ó carnero
destos llaman urco, é al cordero mm-, é
son lindos animales á la vista, é muy
mansos é domésticos. Las que son las
medianas de los tres géneros que he di-
cho , esas son las que tienen la lana muy
fina, que paresge seda, de que los in-
dios hagen muy rica ropa. A mí me dio
el adelantado don Diego de Almagro una
de aquestas ovejas mayores en la cibdad
de Panamá , é la embarqué en una cara-
vela en el Nombre de Dios , é viniéndo-
me por la mar, se murió en aqueste gol-
pho é nos la comimos ; é es á mi pares-
ger una de las mejores carnes del mundo.
Las otras dos maneras de ovejas de aque-
lla tierra yo no las he visto [Lám. 5.'
Digen algunos veginos desta cibdad de
Sancto Domingo que han estado en aque-
lla tierra , que las unas é las otras es muy
buena carne. Son de las colores que son
las ovejas en España , blancas é negras,
é mezcladas de ambas colores , é la lana
es llana é no merina, é por la mayor
parte las grandes son rasas é el pelo
baxo , aunque en los lomos tienen mas
larga la lana. Las medianas son berme-
jas é blancas, mezcladas en estas dos co-
lores juntas é cada una por sí : de las pe-
queñas , que son mas salvajes , se acaes-
ge ver bravas en el campo piaras de
quinientas é mili dellas juntas, é muy
finas, negras. Estasque he dicho que son
grandes , assi mismo las hay en el rio de
la Plata, de su embocamiento adentro en
aquella tierra , como adelante se dirá en
el libro XXIII, capítulo VIL
i Plin.,lib. VIII, cap. Ci.
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. XXXI.
419
CAPITULO XXXI.
Del animal llamado guacabitinax.
vIüACABiTiNAX es uü animal de quatro
pies, tamaño como un podenco, é el pelo
es raso é como giervo pardo , é las pier-
nas delgadas é lisas de la manera del
venado, é assi hendidas : la cabega tiene
como un lechen, é el hogico como de
conejo é los dientes : no tiene cola : de-
sollado, tiene la manteca como puerco, é
son muy buen manjar. Hagen sus cuevas
en los terreros como conejos , é hay mu-
cha cantidad dellos en las islas questan
cerca de la isla de las Perlas y en la isla
de las Culebras , gerca del rio de San
Johan : la qual isla unos la llaman la Fe-
lipa é otros la digen la Gorgona. É hay
otros animales, tamaños como cochinos
de un año é maravillosos de comer, é de
los mejores sabores de carne que por
essas partes hay , é son ni mas ni menos
que los susodichos , exgepto que son al-
gunos dellos pintados de diverssas colores
entre pardo é negro , como suele acaes-
ger en las ovejas ó giervos.
CAPITULO XXXII.
De los animales que los indios llaman tarucos en la Nueva Castilla , á los quales llaman en Italia mufros , y
en España no creo que los hay.
11 ay en la Nueva Castilla, donde fué
rey y señor el riquíssimo Atabaliba, é
gobernador aquel infelige marqués, don
Frangisco Pigarro , unos animales del
tamaño de giervos, é de uña hendida
é en todo y por todo son como gier-
vos, lalvo quel pelo es mas áspero é
mucho mas espeso é no tienen cuernos.
É no los comen los indios , é son á la
manera de los animales que llaman en
Italia mufros , é andan en grandes mana-
das de ginco é seys mili dellos juntos é
mas é menos, é los indios de aquella
tierra llaman á este animal taruco. Vistos
á prima faz, paresgen proprios giervos sin
cuernos; pero considerados con mas es-
pagio, son muy diferentes , porque huelen
mal á monte , é el hogico es quassi como
de puerco ; por lo qual , algunos que con
mas atengion los han considerado, los
llaman puercos gervales.
CAPITULO XXXIII.
Del animal llamado guabiniquinax.
U n animal hay llamado guabiniquinax,
que es algo mayor que un conejo , é tie-
ne los pies de la misma forma , é la cola
es como de ratón é luenga, é el pelo
mas derecho como texon : el qual les qui-
tan é quedan blancos é buenos de comer.
Témanse estos animales en los mangla-
res questan nasgidos en el agua en la
420
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
costa de la mar, é allí duermen en lo
alto; é los que los van á cagar, meten la
canoa debaxo del mangle , é meneando
el árbol hágenlos caer en el agua, é sal-
tan los indios de la canoa é los toman.
resger como zorros , é son tamaños como
una liebre. La color es parda mixta con
bermejo ; la cola poblada , é la cabega
como de hurón. Hay muchos dellos en la
costa de la isla Fernandina, por otro
La manera destos animales quieren pa- nombre llamada Cuba.
CAPITULO XXXIV.
Bel animal llamado mjre.
Ayre llaman á un animal que es tan
grande como un conejo ; es de color par-
do entre rubio , el hogico agudo , y es
muy duro de comer; mas por eso no
dexan de llevar á la olla ó assador á
quantos se toman dellos en la isla de
Cuba, donde se hallan muchos destos
animales. Y tienen una propriedad, y es
que después de cogidos , aunque mucho
mas los cuegan, no están por esso mas
tiernos de comer, ni tampoco porque
mucho los assen.
CAPITULO XXXV.
Del animal llamado adine.
íVdines llaman los españoles á giertos
animales que hay en la Tierra-Firme, en
muchas partes della, y en expegialen el
rio que llaman de Sancta Cruz desta parte
del estrecho de Magallanes, en la tierra
austral, donde hay muchos destos adi-
nes. É son como lobos é ahullan como
lobos ; é usan de una defensa maligiosa,
de que natura los ha proveydo para su
remedio, y es que quando algund balles-
tero los quiere tirar, ó algund cagador los
sigue é va tras ellos , algan la pierna é
arrojan la orina muy regia hágia el que
los molesta : é es tan malo é hidiondo en
extremo el olor de aquella orina é tan
aborresgible , que no hay hombre hu-
mano que pueda yr adelante , del asco
é mal contentamiento dé tal hedor; y
assi entretienen al cagador é sus canes,
que todos le dexan yr , é él huye é se
esconde y escapa de semejante peligro y
muerte.
CAPITULO XXXVI.
De los leones g^randes de color pardilld.
A esta cibdad de Sancto Domingo de la
Isla Española vino el contador Johan de
Cágeres, natural de la villa de Madrid,
el qual en su offigio de contador sirve á
Sus Magestades en la gobernagion de la
Nueva Castilla é partes australes que go-
bierna el marqués, don Frangisco Pigarro:
é truxo de allá un león nuevo é muy
manso, pero grande , de color pardo cla-
ro, de muy gentil pelo, é hermoso ani-
DE INDIAS. LIB. XII. CAP. XXXVÍ.
421
mal , é de lindos ojos , é muy armado de
dientes é uñas , é de regios miembros : el
qual me le dio é yo le tuve algunos dias
en esta fortaleza de Sus Magestades, que
está á mi cargo : é yo le di después al
Rmo. señor don Alonso de Fuenmayor,
Obispo desta cibdad é de la cibdad de la
Vega , presidente del Audiencia Real que
aqui reside ; y en su casa está hoy este
león , el qual en espagio de quatro meses
ha mucho cresgido. É aunque es muy
manso á natura con los hombres , no
quiere ser tocado sino mañosamente ; mas
al perro ó gato que se le agerca, presto le
hage pedagos , y aun sospecho que cada
dia será peor su conversagion. Destosía-
les leones hay muchos en aquellas par-
tes.
CAPITULO XXXVII.
De los osos, como los de España.
Bogotá es un título supremo de digni-
dad sobre todos los otros señores, en
giertas partes de la Tierra-Firme que ago-
ra llamamos el Nuevo rey no de Granada;
é en aquella tierra he sabido de los capi-
tanes Johan de Junco é Gómez de Corral,
é de otras personas que se deben creer,
que hay muchos osos de los mismos que
hay en nuestra España en todo y por to-
do , é todos los otros animales que hay
en Castilla del Oro. Y estos osos digen
que son muy osados contra los perros y
cagadores , y que es menester con ellos,
para los matar no menor diligengia y es-
fuergo que para montear los de España,
y muy buenos lebreles y ventores con
ellos. Y también hay osos y muchos en
la tierra septentrional, en espegial en la
Florida , en aquello que anduvo el go-
bernador Hernando de Soto , como se di-
rá mas largamente en el libro XVII desta
primera parte.
CAPITULO XXXVIIL
Del animal aserrador.
u
no de los animales que á mi notigia
han venido é hay en esta Historia gene-
ral, es el que los chripstianos y milites que
en las Indias han andado , hallaron en la
tierra septentrional que sedige la Florida,
quando passó á la conquistar é morir en
ella el adelantado Hernando de Soto, pa-
ra mas maravillarse los hombres de tal
bestia é propriedad de animal , nunca en
otro oyda semejante cosa. Digen los que
por aquella tierra anduvieron, que hay un
animal como texon , pero mas corto de
piernas y mas ancho de lomos , que tie-
ne una cola como sierra , é donde quiera
que habita tiene todos los árboles aserra-
dos , como si con una sierra los derribas-
sen. Assi lo hallares adelante escripto en
el libro XVII en el capítulo XXX. *
Véase la ñola puesla al final del capítulo XXVIII del espresado libro XVII.
422
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XXXIX.
Del animal que se llama coQumaÜe.
I^OQDMATLE 86 llama un animal en len-
gua de Nicaragua y en la Nueva España,
el qual es tamaño como un gato de los
caseros de España : é tiene el pelo como
marta gallega en el cuerpo , é en la bar-
riga tira á bermejo. Las corbas de las
piernas son el calcañar, é el pié largo ; é
tiene uñas regias, pero no nogivas: la
cabega tiene muy aguda , é luengo el ho-
gico, é de muchos é espesos dientes.
Háylos en muchas partes de la Tierra-
Firme , é tienen la cola luenga é rolliga
como gato; pero mas larga que gato, é á
trechos toda ella diferengiada en el pelo;
que el un trecho es de la color é pelo del
lomo, é el otro trecho del pelo de la bar-
riga, é paresge bien. Es animal muy man-
so, si no se enoja, porque enojado muer-
de regiamente, en espegial sobre la comi-
da: é es muy alegre animal é retoga mucho
con quien conosge. Yo truxe uno dellos
hasta la villa de Madrid , año de mili é
quinientos é quarenta y siete años, e le
di á un caballero asturiano, mi pariente.
CAPITULO XL.
De las vacas de la tierra septentrional.
JHLay en la Tierra-Firme é parte septen-
tentrional, á las espaldas de la provingia
que llaman la Florida, segund me han
gertificado los que en aquella tierra del
norte han andado , muchas vacas y toros
monteses , que comunmente son mayores
reses ó animales que nuestro ganado va-
cuno. Tienen los pescuegos muy llenos
de lana , é la cabega traen algo mas baxa
que nuestras vacas de España ; y desde
las corbas ó medias piernas abaxo hasta
las uñas, están assi mismo con mucha la-
na , é todo lo restante de sus cuerpos es
raso el pelo. Las colas tienen largas é de
la manera de nuestras vacas, é las uñas
hendidas al proprio ; pero los cuernos tie-
nen puntiagudos, é el uno contra el otro,
é de la mandíbula baxa le cuelga una
gran barba de aquella lana ques dicho.
Los toros ó machos tienen una corcoba
alta sobre los hombros en la cruz ó jun-
tura alta , é las hembras no tienen la di-
cha corcoba. La lana ó pelo de lo res-
tante del cuerpo es como merina espesa.
No anda ni se mueve á passo portante ó
de andadura ni galope , sino á la par,
como acá baria un caballo maniatado;
pero son sueltos é ligeros animales é muy
salvajes é innumeraules en cantidad. La
carne dellos es buena, é el cuero es muy
regio , é la color de todos ellos es de leo-
nado escuro. Hay destos animales en mu-
cha parte de la Tierra-Firme , al norte ó
parte septentrional, como tengo dicho, y
porque el letor mejor me entienda se po-
ne aqui su figura [Lám. 5.*, ^g. 7.*).
Este es el libro déQÍmo tergio de la primera parte de la Natural y General historia
de las Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Ogéano : el qual tracta de los animales de
agua.
PROHEMIO.
ÍTj.aravillosas son las obras de Dios , é
muy diferentes en géneros las cosas ani-
madas en diversas provingias é partes del
mundo , assi en sus espegies é formas, co-
mo en su grandega é proporgion , y en sus
efetos é particularidades ; y en tanta ma-
nera que ni de los animales de la tierra, ni
de los pescados é animales del agua, no
se puede acabar de escrebir ni saber por
diligengia humana, ni han bastado las
vidas de los hombres, que en esto se han
ocupado , á degirlo todo , ni faltarán co-
sas que notar á todos los que son vivos
ó vernán después de nos. Y por tanto di-
rá aqui en este libro dégimo tergio de los
animales del agua que hay en estas mares é
islas destas Indias, y en espegial en esta
de que aqui se tracta. Porque en esta
materia yo prosiga assi mismo el estilo
de Plinio , como en otras cosas , é aunque
no lo diga tan bien como él, hablaré, á lo
menos conforme á verdad, y como testi-
go de vista en las mas cosas, de que aqui
se higiere mengion; é uo tan solamente
en aver visto tales pescados, pero avien-
do comido de los mas dellos , para que
también pueda en el gusto , como en la
forma dellos testificar lo que he podido
comprehender é considerar destas cosas.
Assi que el letor oyga con atengion , é
aviendo por máxima lo que tengo dicho,
entienda que no lee fábulas, ni cosas
aqui acomuladas , por passar tiempo en
hablar con ornada oragion ó estilo , co-
mo algunos hagen , porque de todo esto
caregen estos tractados , é solamente son
escriptos para notificar verdades y se-
cretos de la natura, llana é verda-
deramente escriptos , á gloria é loor de
Dios.
424
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO I.
De los pescados del mar é de los rios , é de la manera que los indios pescan , é de los que hay en general
en el agua dulce ó salada.
iLl manjar mas ordinario de los indios
é á que ellos tienen grande afigion, son
los pescados de los rios é de la mar : é
son muy diestros en las pesquerías é ar-
tifigios de que usan, para los tomar ; por-
que assi como en España pescan algunos
con caña, de la mesraa manera los in-
dios lo hagen con varas delgadas é do-
mables é quales convienen para ello , é
con cuerdas é volantines é con redes de
algodón é muy bien hechas, lo mas con-
tinuamente. Y también con corrales é
atajos hechos á mano de estacadas en
los arragifes , donde la mar en las costas
cresge é mengua y en partes á esto apro-
priadas ; y también desde sus canoas ó
barcas que son de la manera que tengo
dicho é mas particularmente se dirá ade-
lante. Y también usan de gierta hierva
que se dige baygua , en lugar de belesa ó
barbasco: la qual desmenuzada en el
agua , ora sea comiendo della el pesca-
do , ó por su propria vertud , penetrando
el agua, embeódanse los pescados é des-
de á poco espagio de tiempo se suben
sobre el agua , vueltos de espaldas ó el
vientre para suso , dormidos ó atónitos sin
sentido, é los toman á manos en gran-
díssima cantidad. Esta baygua es como
bexuco, é picada é maxada aprovecha
para embarbascar é adormeger el pesca-
do, como he dicho.
Pero demás del pescado que assi
matan en los rios, toman de las otras
maneras que dixe de suso, grande can-
tidad. Y á mi creer estos pescados de
acá son mas sanos que los de Espa-
ña, porque son de menos flema, pe-
ro no de tan buen sabor, puesto que acá
los hay muy buenos; assi como ligas
grandes y pequeñas , é xureles , é ber-
mejuelas, é moxarras, guabinas, palo-
metas, dihahacas, sávalos, robalos, par-
guetes, corbinetas , cornudas, pulpos,
tollos , cagones , sardinetas , agujas , len-
guados, agedias, salmonados (no digo
salmones), hostias, almejas, é marisco
de muchas maneras; langostas, cangre-
jos, xaybas, camarones, rayas muchas,
y en algunas partes muy grandes; an-
guilas, morenas , muchos é muy grandes,
tiburones, lobos marinos, tortugas muy
grandes é otras pequeñas , que los indios
llaman hicoteas, muchas doradas (este
es uno de los buenos pescados de la mar);
pexe vihuela, pescados voladores muchos
é no de la forma de los que en las mares
de España llaman golondrinos , pero muy
menores: é de cada cosa ó género de
los que he dicho , muchos y en gran-
de cantidad. Muchos marraxos é votos,
toñinas, ballenas asaz. Pero no curemos
de extender mas esta materia en la ge-
neralidad , pues todos estos pescados hay
en las mares de España ; y los que de-
llos son de rios , en los rios de allá assi
mesmo.
Vengamos, pues, á la espegíalidad ó
particular relagion de algunos de los que
es dicho de suso é hay en estas partes;
porque este libro no solamente ha de ser-
vir en esta parte primera de aquesta
Natural Historia de Indias ; pero escusar-
me ha de replicar en la segunda ó tornar
á reescrebir muchas cosas de estas á que
me podré referir , quando convenga ha-
blar en ellas en los libros de adelante. Mas
porque dixe debaxo desta generalidad
DE INDIAS. LIB. XIII. CAP. I.
425
que los indios pescan con varas, imitan-
do al pescar de caña de España, é con
cuerdas ó volantines. Digo que estas dos
maneras de pescar aprendieron ellos de
los chripstianos , porque los indios no
tenian anguelos. Assi que, dexadas estas
dos maneras de pesquería, aparte de las
otras que he dicho, sin ellas se aprovecha-
ban é pescaban continuamente de otras
formas, é también con xudrias é con
cierta manera de garlitos en los rios . Assi
que, vengamos á los particulares pescados.
CAPITULO II.
De las ballenas que hay en las cosías é mares deslas Indias é islas é Tierra-Firme.
Oegund Plinio * tracta de los animales de
agua, muy grandes animales son las ba-
llenas. Pero yo no puedo tan libremente
hablar en la mensura ó grandeva que él
les da, porque no las he medido ni visto
en tierra; pero en la mar he visto mu-
chas que, segund la estimativa de los hom-
bres de la mar, é á lo que muestran en
el agua, langándola en alto (de forma que
paresQen desde algo lexos alguna vela
de navio) , júzgase que no son menores
que las que andan por las costas de Es-
paña y matan en ella. Destas muchas ve-
ges las he hallado é visto en estas mares
del Norte entre aquestas islas é Tierra-
Firme; é también en las costas que la
Tierra- Firme tiene de la banda del Sur,
€omo mas particularmente lo escribiré,
quando de aquella tierra , en la segunda
parte desta natural historia, prosiguiere-
Todos los hombres que en estas mares
de acá he oydo hablar en esta materia,
digen que las ballenas que acá hay son
los mayores animales de agua; mas no
he sabido que en las Indias se haya muer-
to alguna dellas, ni halládose el ámbar
gris, que segund opinión de algunos pro-
gede dellas, á coitu ceti. Piensso yo que
aquel animal llamado physiter , que como
dige Plinio ^ se levanta sobre el agua en
forma de coluna, ése hage mas alto que
las velas de los navios , é después echa
por la boca un diluvio de agua, debe ser
ballena , porque su exergigio della es ha-
ger lo mismo. É á este propóssito diré lo
que vi, é otros muchos conmigo , en la
boca del golpho de Orotiña, que es dos-
gientas leguas al ocgidente de la cibdad
de Panamá , en la costa que la Tierra-
Firme tiene mirando á la parle austral. El
año de mili é quinientos y veynte é nue-
ve , saliendo una caravela (en que yo yba)
de aquel golphete á la mar grande, para
yr á la cibdad que he dicho , gerca de
aquel embocamiento andaba un pex ó
animal de agua muy grande , é de rato
en rato se arboraba ; é lo que mostraba
fuera del agua, que era la cabega é dos
bragos , é de alli abaxo parle del cuer-
po , mas alto era que nuestra caravela é
sus másteles mucho. É assi levantado, da-
ba un golpe consigo en el agua é torna-
ba á hager lo mismo desde á poco espa-
gio ; pero no langaba agua por la boca
alguna, puesto que al caer, hagia saltar
asaz de las ondas sobre que caia: y un
hijo deste animal ó semejante á él , pero
mucho menor, hagia lo mismo, siempre
desviándose del mayor; é á lo que los
marineros é los que en la caravela yban,
degian , por ballena é ballenato los juzga-
ban. Los bragos que mostraban eran muy
grandes , é algunos degian que las balle-
nas no los tienen ; pero lo que yo vi es
i Plin., lib. IX, cap. 3.
TOMO I.
2 Plin., lib. IX, cap. 4.
54
426
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
lo que tengo dicho , porque yba dentro
en la caravela. É alli yba el padre Lo-
rengo Martin , canónigo de la iglesia de
Castilla del Oro , y el maestre é piloto era
Johan Cabegas , é alli yba assi mismo un
hidalgo, dicho Sancho de Tudela, con
otros que alli se hallaron , é son vivos,
que podrán testificar lo mismo , porque
nunca querría en semejantes cosas dexar
de dar testigos. A mi paresger cada bra-
go de aqueste animal arbitraba yo que
seria de veynte é ginco pies de luengo,
é tan gruesos los bragos, como una pipa.
É la cabega mayor que catorge ó quinge
pies de alto , é mas ancha ella y el resto
del cuerpo de otros tantos. Y levantába-
se en alto , y era lo que mostraba mas
que ginco estados de un hombre media-
no en alto. Y no era poco el miedo que
teníamos todos , quando se agercaba al
navio en aquellos sus saltos, porque nues-
tra caravela era pequeña ; é á lo que po-
dimos sospechar este animal paresgia que
sentía letigia del tiempo futuro que pres-
to saltó en gran vendabal ó poniente: el
qual viento fue mucho á nuestro propós-
sito é navegagion , con que en pocos dias
llegamos á la cibdad de Panamá.
CAPITULO III.
Del pexe llamado vihuela é de sus armas.
rLl pexe ó pescado llamado vihuela es
grande animal , é la mandíbula ú hogico
alto ó superior del es una espada orlada
de unos colmillos ó navajas de una parte
é de otra , tan luenga como un brago de
un hombre, é algunos mayores é me-
nores , segund la grandega é cuerpo des-
te animal que tales armas tiene. Yo le
he visto en el Darien , en la Tierra-Fir-
me , tan grande que un carro con un par
de bueyes tenia harta carga é peso que
traer en él desde el agua hasta el pue-
blo. Estas espadas que digo, están llenas
de unas puntas de huesso magigas é re-
gias é muy agudas ó pungantes de una
parte é otra de la espada , con la qual no
se le para pescado delante, sin que le
mate. Y también hay estos pescados en
las costas desta é de las otras islas destas
partes. Estos pescados me digen á mi los
hombres de la mar que los hay en Espa-
ña; pero sin estas puntas ó púas en las
espadas. No sé si lo crea , porque en al-
gunos templos en España las he visto
colgadas; pero no sé de dónde las han
llevado ó si las hay en el mar de Espa-
ña assi fieras : mas acá en estas mares de
las Indias é Tierra-Firme muchas destas
he visto de la manera que tengo dicho.
Son buenos pescados de comer; pero no
tales como los pequeños dellos mismos é
de otros de los menores de otras espe-
gies , porque por la mayor parte los pes-
cados muy grandes no son sanos acá, á
lo que yo he entendido , é las mas ve-
ges se comen por nesgessidad , exgepto
e\ manatí y que aunque son muy gran-
des, son muy buenos é sanos : del qual
manatí se dirá mas adelante en su lu-
gar.
DE INDIAS. LIB. XIII. CAP. IV.
42:
CAPITULO IV.
De los pexes voladores que se hallan en el grande golpho del mar 09éano , viniendo de España á es-
tas Indias.
Alguno preguntará la causa por qué di-
go que estos pescados voladores se ha-
llan á la venida á estas partes en el gran-
de mar é golpho del Ogeano , é no dixe
á la vuelta desde aquestas Indias á Es-
paña ó Europa. Y por sacar desta dub-
da al letor, digo que aunque á la vuelta
se hallan los mismos pescados , assi co-
mo á la venida, no son tantos en mucha
manera, ni los navios vuelven por el mis-
mo rumbo ó derrota que acá vinieron , é
á la banda del Norte na hay tantos como
por estotra via hágia el Sur, ó parte de la
Tierra-Firme. Hállanse desde tan peque-
ños como un abejongico, hasta tamaños
como grandes sardinas. Estos, quando
las naves van corriendo en su viaje é á
la vela , se levantan de una parte y de
otra á manadas grandes é pequeñas; pe-
ro en ellos es grandíssimo é incontable
el número destos peges voladores; y de
un vuelo acaesge yr á caer espagio de
dosgientos passos , é mas é menos ; é
acaesge algunas veges caer dentro en las
naos , é yo los he tenido vivos en las ma-
nos é los he comido. Y son muy buen
pescado al sabor, exgepto que tienen mu-
chas espinas delgadíssimas : de gerca ó
un poco mas baxo de las quixadas les
salen dos alas delgadas é de la forma de
aquellas alas, con que nadan los peges é
barbos en los rios ; pero son tan luengas
como es todo el pescado que las tiene , é
aquestas son sus alas. Y en tanto que
aquellas tardan de se enjugar con el ay-
re, quando assi saltan fuera del agua, tan-
to se pueden sostener de un vuelo ; pero
assi como son enxutas (que es á lo mas el
espagio ó trecho que tengo dicho), caen
en el agua é tórnanse á levantar, é ha-
gen lo mismo ó se quedan debaxo é no
salen. Es muy buen pescado de comer,
aunque tiene muchas espinas, como dixe
de suso; pero son tan delgadas que aun-
que se traguen algunas , ni hagen mal ni
mucho empachan. É son de muy buen
sabor, é tienen la cabega algo redonda
como albures , é la color del lomo es co-
mo aguí, de la color que está el agua
quando el cielo está muy claro y deso-
cupado de nubes é sereno : esto es, quan-
do estos peges son de gerca de la Tierra-
Firme, porque los que están mas engol-
phados en la mar, no son tan aguíes. En
las mares de España me digen á mí los
marineros que hay destos pescados mis-
mos y de otros mayores que vuelan é se
llaman golondrinos; pero yo nunca los
he visto allá, en quantas veges he ydo é
venido por este camino , ni tampoco aun-
que desde España fui en Flandes é volví
á Castilla por la mar. En lo de por acá
destas Indias , yo escribo lo que he visto
y experimentado destos pexes voladores.
428
HISTORIA GENERAL Y iNATURAL
CAPITULO V.
De la grandeca de los lobos marinos , é de las colores diferentes dellos , é otras particularidades.
M.
.uchos lobos marinos é muy grandes
hay en estas mares destas Indias , assi por
entre aquestas islas , como en las costas
de la Tierra-Firme. Estos son de los mas
ligeros é prestos animales que hay en la
mar, é son enemigíssimos é persegui-
dos de los tiburones ; pero para un lobo
se juntan muchos tiburones , como se dirá
adelante. Salen los lobos á dormir en
tierra en muchas islelas ó partes de las
costas : é tienen tan profundo é pesado
sueño é roncan tan regio , que desde lexos
se oyen ; é assi , muchas veges durmien-
do, los matan de noche. Estos animales
paren dos tobillos , é los crian con dos
tetas que tienen entre los bracos, ó dos
aletones grandes que tienen en lugar de
bragos. Tienen el pelo de sobre sí muy
hermoso , como un tergiopelo muy lindo
6 muy negro, ó oíros de color bermejo,
é otros pardos é de otras colores. Dixe
que es hermoso el pelo, porque hagen
mucha ventaja á todos los lobos marinos
de España ó pieles dellos. Entre el cuero
é la carne ó pescado , digiendo mejor , ó
parte ques magra deste animal, tiene
una grossura, todo él entorno, tan ancha
como una mano ó altor de ginco dedos,
todo rodeado , é á par del cuero de una
gordura, de que se saca ageyte muy bue-
no para arder en los candiles , é para
guisar huevos é otras cosas, sin ningún
rangio ni mal sabor. É lo demás deste
pescado es bueno para comer ; pero abor-
resge presto, si se continúa algunos dias.
Son muy fieros animales, é como dixe de
suso, grandes enemigos de los tiburo-
nes. Pero uno por uno no se le allega el
tiburón , porque el lobo es grande , é
hay algunos de diez é siete pies é mas
de luengo é de ocho en redondo (por la
parle ques mas ancho), é muy armados
de dientes é colmillos ; é los tiburones,
aunque son grandes , no lo son tanto ni
se osan combatir con los lobos , si no se
juntan muchos dellos contra un solo lobo, é
para le matar á su salvo, usan de aquesta
astugia. Júnlanse muchos tiburones, é
donde ven un lobo solo , van á él porque
el lobo los atiende é no les há temor ni
los estima ; y hechos en ala muy orde-
nada para su batalla, le rodean, é sube
la una punta é la otra de los tiburones,
para geñir é tomar en medio al lobo. É
después que le han rodeado , sin perder
tiempo sale un tiburón de los mas deno-
dados de través ó por detrás , é dale un
bocado ; y encontinente todos los demás
afierran é le golpean , soltando é toman-
do' á bocados, y el lobo en ellos hage
mucho daño en los que alcanga ; pero
como son muchos , en poco espagio le
hagen pedagos, sin dexar cosa del por
comer. Y en tanto questa batalla tura,
andan con tanto ruydo y el agua saltan-
do para arriba tan alia como un niástel
de una caravela , de las gapaladas é gol-
pes que dan con las colas, que es cosa
mucho de ver. É aUi donde ha seydo esla
pelea, queda el agua de la mar hecha san-
gre de la que salió del lobo , é aun de
los tiburones quél hirió en el tiempo que
le combatían. Esto no se puede ver tan
fágilraenle ni tan particular, como lo tengo
dicho , si no es por ventura , ó mejor di-
giendo, por desventura, segund acaesgió
al ligengiado Alonso Cuago , oydor que es
al presente en esla Audiengia Real, que
reside en esla cibdad de Santo Domingo
de la Isla Española, quando él y otros
DE INDIAS. LIB. XIII. GAP. V.
429
chripstianos estuvieren perdidos en las
islas de los Alacranes, é vieron muchas
veges lo que he dicho , como mas larga-
mente se dirán los trabaxos deste licen-
ciado é de los que alli se hallaron en el
último libro de los naufragios. Pero por-
que es cosa para notar lo que agora diré
deste animal lobo marino , digo que las
gintas é correas que se hagen del cuero
del para geñirse los hombres ó para bol-
sas ó para lo que quieren , que quando
quier que la mar está baxa, el pelo se
allana, é quando está alta, se alga. Cosa
es muy experimentada , y que en qual-
quiera ginta ó parte del cuero del lobo
marino se ve cada dia ; é todas las mu-
dangas que la mar hage, se conogen en el
pelo destos animales.
Por lo qual yo creo , y por lo que se
dixo de suso del parto 6 hijos que crian á
las tetas, que aquestos que llamamos lobos
marinos , son los mismos que el Plinio *
llama viejo marino en su Natural Historia.
Demás desto, dige el vulgo que , para
los enfermos del dolor de los lomos , son
muy buenas ginturas aquestas del cuero
destos lobos : é á la verdad , ellas pares-
gen bien á la vista , en espegial las que
son negras y de lobo viejo , porque son
mas pobladas de pelos mas espessos. Y
esto baste quanto á los lobos marinos de
estas partes.
CAPITULO VI.
De los Uburones y de su grandeca, é de cómo se toman, é otras parlicularidades destos animales.
Jr uesto que en las mares é costas de
España hay tiburones, é no sea hablar
en animal no conosgido , diré aqui lo que
he visto en este gran golpho del mar
Ogéano y en estas costas de las islas é
Tierra-Firme destas Indias. Acaesge mu-
chas veges , viniendo las naves á la vela
ó andando en su navegagion engolpha-
das ó por las costas destas Indias , que
los marineros matan muchas toñinas é
votos é marraxos é doradas é destos ti-
burones é otros pescados con harpones é
fisgas é anguelos de cadena, é assi usan
del instrumento de cada cosa destas, como
lo requiere la forma del pescado ; pero
dexemos los demás, pues quel capítulo
se intituló para los tiburones , y destos
se diga algo. Porque aunque en las ma-
res de España, como he dicho, los
hay, son por acá mas comunes , é mas
particularmente vistos é muertos á me-
nudo ó continuamente, á causa desta na-
vegagion ; é aquestos , aunque también
se harponan é les tiran, quando son pe-
queños con la fisga, con los mayores es
menester otra forma para los matar, por-
que son grandes pescados é muy ligeros
en el agua , é muy carnigeros é golosos.
Quando vienen alas naos, andan sobre-
aguados é muy gerca de la superfigie del
agua: assi que muy claramente se ven,
entonges ponen los marineros por la po-
pa de la nao un anguelo de cadena , tan
grueso como el dedo pulgar , é tan luen-
go como un palmo é medio ó mas, encor-
vado, como suelen ser los anguelos: é las
orejas de aqueste harpon , son á la pro-
porgion de la grossega ques dicho , é al
cabo del asta del anguelo tiene tres ó
quatro ó mas eslabones de hierro grue-
sos , y del último dellos atada una cuer-
da ó soga de cáñamo tan gruesa , como
i Plinio, lib. IX, cap. 17.
430
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dos ó tres veges el anguelo, é ponen en
él un grande pedago de pescado ó de
togino ó carne qualquiera , ó parte de la
assadura de otro tiburón , si le han pri-
mero muerto ; porque en un dia he visto
tomar diez dellos, é no querer matar todos
los que pudieran. Assi que , tornando á
la manera de cómo los pescan , va la nao
corriendo con todas sus velas , é los ti-
burones andan tanto é mas que ella, por
buen tiempo que lleve, é la siguen é
van sobreaguados, comiendo la bassura é
inmundigias que se echan de la nao. Y
es tan suelto el tiburón , que da alrede-
dor de la nao las vueltas que él quiere,
é passa adelante é torna atrás tan fágil-
mente, mas suelto ó con mas curso é ve-
logidad que la nave corre, quanto cor-
rerá un suelto hombre mas que un niño
de quatro años. Y acaesge seguirla nao,
sin la dexar dosgientas leguas é mas ; é
assi podria lodo lo que él mas quisiesse.
Pues yendo por popa, rastrando el angue-
lo , segund es dicho , como el tiburón lo
ve, trágalo todo ; é cómo se quiere des-
viar con la presa, por el tirar de la nave
atraviésasele el anguelo é pássale una
quixada , é préndele. Y son algunos de-
llos tan grandes , que son menester doge
é quinge hombres , para le meter en la
nao. Y cómo le llegan , tirando de la cuer-
da que he dicho, á la nao, da con la cola
tales golpes en ella, que paresge que ha
de romperla é meter las tablas della den-
tro; pero assi como le han subido sobre
la cubierta , un marinero prestamente con
el cotillo de una hacha le da en la cabe-
ga tales golpes , que presto le acaba de
matar. Hay algunos de doge pies é mas
de luengo , y en la grossega por mitad
del cuerpo tiene seys é siete palmos é
mas en redondo. Tienen muy grande boca
á proporgion del cuerpo , é algunos des-
tos tiburones é aun los mas tienen dos
órdenes de dientes en torno continuada-
mente , la una gerca de la otra ; pero
cada gircuyto destas dentaduras por sí é
destinto , é muy espessos é fieros , y al-
menados estos dientes en partes en un
mesmo diente, como sierra, hechas pun-
tas. Muerto el tiburón, hágenle lonjas é
tassajos delgados , é pénenlos á enxugar
por las cuerdas de las xargias de la nave
por dos ó tres días é mas , colgados al
ayre. Y después se los comen cogidos ó
assados é con aquella salsa común de los
ajos : también lo comen fresco , é yo los
he comido de la una y de la otra mane-
ra; pero los pequeños, que llaman ha-
quetas , son mejores.
Es buen pescado para la gente de la mar
é de grande bastimento para muchos días,
por ser grandes animales ; pero no es tan
bueno para los pasajeros é hombres no
acostumbrados á la mar. Es pescado de
cuero, como los cagones é tollos; losquales
y el dicho tiburón paren otros sus seme-
jantes vivos, como los lobos marinos é
como los manatís , de quien adelante se
dhá : de los quales ninguno puso Plinio
en el número de los pescados que dige
en su Historia natural que paren , exgep-
to del lobo marino , á quien Plinio * llama
viejo marino. El qual auctor dige que los
animales de agua que son vestidos de
pelo, no paren huevos , sino animales:
assi como son pistre , ballena , viejo ma-
rino , á los quales llama vacas marinas;
é dige que en su pelo se conogen las cre-
gientes é menguantes de la mar, como
lo dixe de suso, en el capítulo pregeden-
te de los lobos marinos. Estos tiburones
ni los tollos , ni los cagones , ni los ma-
natís no tienen pelo , sino cuero , é paren
otros sus semejantes vivos.
Tornando pues á los tiburones , estos
animales muchas veges salen de la mar é
suben por los ríos, é no son menos peligro-
1 Plin. , lib. IX, cap. 17.
DE INDIAS. LIB. Xlli. CAP. VI.
431
sos que los lagartos grandes en la Tierra-
Firme, porque también los tiburones se co-
men los hombres é las vacas y las yeguas,
é son muy dañosos en los vados de los rios
é donde son avegados ó están ya gebados.
Muchos destos tiburones he visto que
tienen el miembro viril ó generativo do-
blado. Quiero degir que cada tiburón tie-
ne dos vergas ó un par de armas , cada
una tan larga como desde el cobdo de un
hombre grande á la punta del mayor de-
do de la mano , é algunos mayores é me-
nores , á la proporgion ó grandeza del
tiburón ; pero el tiburón que es de siete
ú ocho pies de luengo , é de ahy adelan-
te, tiene estas armas del tamaño que he
dicho. Yo no sé si en el uso dellas las
exergita ambas juntas en el coyto, ó cada
una por sí , ó en diversos tiempos ; por-
que esta particularidad (digo el exergigio
ó coyto) ni lo he visto ni oydo ; pero he
visto matar muchos dellos, é todos los
machos tienen estos instrumentos para
engendrar, como he dicho, doblados, é
las hembras sola una natura. De que se
colige que es mas potente para regebir
que el macho para obrar. Cosa común es
ser congedida tal potengia al sexo femi-
nil ; y acaesge que matando algunas hem-
bras, poco antes del tiempo en que avian
de parir, les hallan en el vientre muchos
tiburones pequeños. É yo he visto algu-
nas á quien se han hallado algunos ; pero
no en tanta cantidad quanto he oydo mu-
chas veges degir al ligengiado Alonso
^uago , oydor que es en esta Audiengia
Real , que él vido sacar del vientre de
una destas animalias treynta é ginco ti-
burongillos , estando este ligengiado é
otros chripstianos perdidos en las islas de
los Alacranes, como lo escribo adelante,
en el último /i6ro de los naufragios : el
qual es caballero é hombre de mucha
auctoridad , y á quien se le debe dar cré-
dito , é sin él á otros muchos que lo tes-
tifican, aunque no en tanto número.
CAPITULO VII.
De los animales llamados marraxos.
M.
[arraxo es un animal mayor que el ti-
burón é mas fiero , pero no tan suelto ni
presto. Quieren en algo paresger á los ti-
burones, porque son assi mesmo animales
de cuero , pero como digo son mayores;
é métanlos assi mesmo algunas veges con
anguelos de cadena, segund se dixo en el
capítulo de suso; pero no son buenos pa-
ra comer , aunque algunos marineros no
lo dexan de probar , en espegial si basti-
mentos les faltan. Destos he yo visto con
nueve órdenes de dientes, unos en torno
de otros la boca gircuyda, é disminuyén-
dose los unos de los otros , é á diferengia
mayores unos que otros ; y es cosa mu-
cho de ver esta nueva forma de dentadu-
ra. Las mas veges, aunque los toman é
los matan , no los comen é los echan á
la mar, porque como he dicho, sin nes-
gessidad no los comen. En España los hay
en las mares della de la mesma manera,
segund hombres de la mar lo digen.
432
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO VIII.
De las tortugas ó hicoteas desta Isla Española.
JLias tortugas de la mar son muy gran-
des. Estas he visto yo muchas veges es-
tar sobre aguadas engima de la superficie
de la mar , en el grande Ogéano dormi-
das , é passar la nave corriendo cargada
de todas sus velas , é junto con la tortu-
ga, é no lo sentir ni despertar; é assison
lomadas algunas dellas durmiendo mu-
chas veges. También las he visto engima
del agua de dos en dos , tan embebegidas
en el coyto ó acto venéreo , que los ma-
rineros echados á nado las trastornan é
meten en las caravelas. En la costa de la
Tierra-Firme, y en espegial en la villa
de Acia é otras partes , las he visto de
siete y de ocho palmos de luengo en la
concha superior ó alta, y el ancho de
quatro y de ginco é mas palmos, á pro-
porgion de la longura ó longitud , é tan
grandes algunas, que ginco é seys hom-
bres tienen que hager en llevar una sola
dellas á cuestas. Estas son de la forma que
los galápagos ó tortugas terrestres de Es-
paña , salvo que son de la grandega que
he dicho. Salen de la mar á poner sus
huevos en tierra en los arenales de las
playas , é hagen un hoyo en la arena , é
cúbrenlo con ella mesma, después que le
han henchido de sus huevos en número
de tresgientos , ó quinientos, ó mas ó me-
nos dellos. Los quales después alli debaxo
salen por la calor del sol é providengia de
la maestra natura, ad putrefactionem, con-
vertidos en otras tantas tortugas. Estos
huevos , quando las matan ( de los quales
las hembras acaesge estar llenas), son
muy buenos. Son redondos é todos son
yema , sin clara ni cascara , é tamaños co-
mo nueges los mayores , é de aquesta
grandega abaxo menores, é algunos de-
llos muy menudos , como se suelen hallar
en una gallina.
Quando los chripstianos ó los indios
hallan rastro destas tortugas por el arena
( que van hagiendo con aquellos sus ale-
tones), siguen aquella traga ó vestigio, y
en topándola, trastórnanla con un palo , é
déxanla estar assi de espaldas , porque
no se puede mas mover después que está
trastornada, por su grandíssima pessa-
dumbre, é van á buscar mas, é assi acaes-
ge tomar muchas, quando ellas salen á
deshovar en tierra, como he dicho.
Los que no las han visto ó no han ley-
do, penssarán que en estas y otras cosas
yo me alargo ; y en la verdad antes me
tengo atrás, porque soy amigo de no per-
der mi crédito y de conservarle en lodo
quanto pudiere. Y para este efeto busco
testigos algunas veges en los auctores an-
tiguos, para que me crean como auctor
moderno é que hablo de vista , contando
estas cosas á los que están apartados
destas nuestras Indias, porque acá quan-
tos no fueren giegos, las veen. Y para es-
te efeto quien dubdare lo que he dicho
destos animales, infórmese de PJinio \ y
degirle ha que en el mar de India son ta-
mañas las tortugas , que el huesso ó co-
bertura de una basta para cobrir una ha-
bitable casa. É dige mas: que entre las is-
las del mar Roxo navegan con tales con-
chas, en lugar de barcas. Y el que fuere
informado deste y otros autores, verá que
yo no digo aqui tanto como ellos escri-
ben; mas puédelo testificar mejor que
1 Plin., lib. IX, cap. 10.
DE INDIAS. LIB. XIII. GAP. VIII.
433
Piinio , pues que él no dige averias visto,
é yo digo que estas otras las he comido
muchas veges , y es cosa tan común é
notoria que no hay acá cosa mas expe-
rimentada ni mas continuamente vista.
Son muy buen manjar e sano , é no tan
enojoso al gusto como los otros pesca-
dos, aunque se continúe.
Las hicoteas ó menores tortugas , de
que se hizo de suso mengion , la mayor
deltas será de dos palmos de luengo , é
de alli abaxo menores. Estas se hallan
en los lagos y en muchas partes de aques-
ta Isla Española ; y cada dia se venden
por essas calles é plagas de esta cibdad
de Sancto Domingo , é son sano manjar.
É son una gierta espegie de tortugas, é
ninguna diferengia hay en la forma de-
ltas, sino en el tamaño é grandeza; á estas
pequeñas llaman los indios hicoteas.
CAPITULO IX.
Del manatí y de su grandeza é forma, é de la manera que algunas ve^es los indios tomaban este grande
animal con el pexe reverso^ é otras particuJaridades.
M.
Lanatí es un pescado de los mas nota-
bles é no oydos de quantos yo he leydo ó
visto. Destos , ni Piinio habló, ni el Al-
berto Magno en su Proprietatibus Renim
escribió, ni en España los hay. Ni jamás
oy á hombre de la mar ni de la tierra
que dixesse averíos visto ni oydo , sino
en estas islas é Tierra-Firme de estas In-
dias de España. Este es un grande pesca-
do de la mar , aunque muy continuamente
los matan en los rios grandes, en esta isla
y en las otras destas partes. Son mayores
mucho que los tiburones é marraxos, de
quien se dixo de suso en los capítulos
pregedentes , assi de longitud como de
latitud. Los que son grandes son feos, é
paresge mucho el manatí á una odrina
de aquellas, en que se acarrea é lleva el
mosto en Medina del Campo y Arévalo é
por aquella tierra. La cabega de aqueste
pescado es como de un buey é mayor:
tiene los ojos pequeños , segund su gran-
deza. Tiene dos tocones con que nada,
gruessos, en lugar de bragos é altos cerca
de la cabega ; y es pescado de cuero y
no de escama, mansíssimo, é súbese
por los rios é llégase á las orillas é pas-
ge en tierra, sin salir del rio, si puede
desde el agua alcangar la hierva [Lám. 5.',
fig. 8.*). En Tierra- Firme matan los ba-
TOMO I.
llesteros estos animales y á otros muchos
pescados con la ballesta desde una barca
ó canoa, porque andan sobreaguados, é
dánles con una saeta con un harpon , é
lleva el lange ó asta una traylla ó cuerda
delgada de hilo delgado y regio. Y des-
pués de herido, váse huyendo, y en tanto
el ballestero le dá cuerda ; y en fin del
hilo que es muy luengo , pónete un palo
ó corcho por boya ó señal que no se hun-
die en el agua. É desde que está desan-
grado é cansado é vegino á la muerte,
llégase á la playa ó costa , y el ballestero
va cogiendo su cuerda ; é desde que le
quedan diez ó doge bragas por cojer, li-
ra del cordel hágia tierra , y el manati se
allega hasta que toca en tierra é las hon-
das del agua le ayudan á se encallar
mas; y entonges el ballestero é su com-
pañía ayudan á le botar de todo punto
en tierra y á le sacar del agua, para le lle-
var á donde le han de pesar ó guardar.
Y es menester una carreta con un par
de bueyes, segund son grandes pescados.
Algunas veges, después que el manatí
viene herido, segund es dicho, hágia tier-
ra , le hieren mas desde la barca con un
harpon grueso enastado , para le acabar
antes, é después de muerto, encontinen-
te se anda sobre el agua. Creo yo que
5S
434
fflSTORIA GENERAL Y NATURAL
es uno de los buenos pescados del mun-
do y el que mas paresge carne ; y en tan-
ta manera paresge vaca , viéndole corta-
do, que quien no le o viere visto entero
ó no lo supiere, mirando una piega cor-
tada del , no sabrá determinarse si es va-
ca ó ternera ; y de hecho lo terna por
carne , y se engañarán en esto todos los
hombres del mundo , porque assi mesmo
el sabor es mas de carne que de pescado,
estando fresco. La gegina é tassajos des-
te pescado es muy singular é se tiene
mucho, sin se dañar ni corromper. Yo lo
he llevado desde aquesta cibdad de Sáne-
te Domingo de la Isla Española hasta la
cibdad de Avila en España , el año de
mili é quinientos é treynta é un años,
estando alli la Emperatriz, nuestra señora.
Y en Castilla paresge esta gegina que es
de la muy buena de Inglaterra quanto á
la vista ; pero cogida paresge que come
hombre muy buen atún , ó mejor sabor
que de atún es el que tiene. Finalmente,
es muy singular é presgioso pescado , si
lo hay en el mundo.
En este rio Ogama, que passa por
esta cibdad, hay hiervas en algunas
partes cubiertas del agua gerca de las
costas, y el manatí pasge alli é vén-
le los pescadores , é desde barcas ó ca-
noas le harponan. También los matan
con redes regias , hechas como conviene
para los tomar. Estos animales tienen
giertas piedras ó huessos en la cabega
entre los sesos ó meollo : la qual pie-
dra es muy útil para el mal de la hijada,
segund acá se platica é afirman personas
tocados de tal enfermedad ; é para esto
digen que muelen esta piedra, después
de la aver muy bien quemado : é aquel
polvo molido é gemido, tómalo el pa-
giente después que amanesge por la ma-
ñana en ayunas tanta parte dello , como
se podrá tomar con una blanca ó con un
jaqués de Aragón en un trago de muy
buen vino blanco ; y bebiéndolo assi al-
gunas mañanas continuadamente, quíta-
se el dolor é rómpese la piedra é hágela
echar hecha arenas por la orina , segund
he oydo á personas que lo han probado
y de crédito. Visto he buscar con dili-
gengia esta piedra á muchos, para el efe-
to que he dicho. Suele tener un manatí
dos piedras destas entre los sesos, tama-
ñas como una pelota pequeña de jugar,
é como una nuez de ballesta , pero no
redondas; y algunas dellas son mayores
de lo que he dicho, segund la grandeza
del animal ó manatí. Mas para mí yo
piensso que la mesma propriedad deben
tener las piedras que tienen las corvinas
é los besugos é otros pescados en las ca-
begas, si creemos á Plinio, el qual dige
que se hallan en la brancha del pescado
en la cabega quassi piedras , las quales
bebidas con el agua, son óptimo reme-
dio á la piedra é mal de hijada ^ .
Destos mánatís hay algunos tan grandes
que tienen catorgeé quinge pies de luen-
go é mas de ocho palmos de grueso. Son
geñidos en la cola , é desde la gintura ó
comiengo della hasta el fin y extremos
della se hage muy ancha é gruesa. Tiene
solas dos manos ó bragos gerca de la ca-
bega, cortos, é por esso los chripstianos le
llamaron manatí , puesto que el chronis-
ta Pedro Mártir dige ^ que tomó el nom-
bre del lago Guaniabo, lo qual es falso;
é assi como en esta Isla Española le qui-
taron su nombre é le dieron este, assi
en la Tierra-Firme que hay muchos des-
tos pescados , los nombran diverssamen-
te , segund la diferengia de los lenguajes
de las provingias, donde los hay en aque-
llas partes. No tienen orejas , sino unos
agujeros pequeños por oydos. El cuero
paresge como de un puerco que está pe-
lado ó chamuscado con fuego. Es la co-
1 Plin.,líb. XXXII, caps. 5 é iOO.
2 Pedro Mártir, déc. I, cap. 8.
DE INDIAS. LIB. XIII. CAP. IX.
435
lor parda é tiene algunos pelicos raros;
y el cuero es tan gordo como un dedo,
é curándolo al sol se hagen del buenas
correas é suelas para gapatos é para otros
provechos. Y la cola del, de la gintura
que he dicho adelante , toda ella hágenla
pedagos é tiénenla quatro ó ginco días ó
mas al sol (la qual paresge como nervio
toda ella), é desque está enxuta, queman-
la en una sartén (ó mejor digiendo) fríen-
la é sacan della mucha manteca, en la
qual quassi toda se convierte , quedando
poca givera ó cosa que desechar de ella.
Y esta manteca es la mejor que se sabe
para guisar huevos fritos, porque aun-
que sea de dias, nunca tiene rangio ni
mal sabor , y es muy buena para arder
en el candil, éaun se digequees mede-
ginal. Tiene el manatí dos telas en los
pechos el que es hembra, é assi pare
dos hijos é los cria á la teta. Lo qual
nunca oy degir sino deste pescado é
del viejo marino ó lobo marino.
Una pesquería hay destos manatís ó
de las tortugas en la isla de Jamáyca y en
la de Cuba , que si esto que agora diré
no fuesse tan público é notorio , é no lo
oviesse oydo á personas de mucho cré-
dito , no lo osaría escrebir. Y también se
cree que en esta isla Española , quando
ovo muchos indios de los naturales de-
lla, también se tomaban estos animales
con el pexe reverso. Y pues ha traydo el
discurso de la historia á hablar en este
animal manatí, mejor es que en este ca-
pítulo se diga que en otra parte. Para lo
qual es de saber que hay unos pescados
tan grandes é mayores como un palmo,
que llaman pexe reverso, feo al pares-
ger, pero de grandíssimo ánimo y en-
tendimiento : el qual acaesge que algu-
nas veges es preso entre las redes, á vuel-
ta de otros pescados. Este es un buen
pescado é de los mejores de la mar para
comer, porque es enxuto é liesso é sin
flema , ó á lo menos tiene poca : é mu-
chas veges los he yo comido para lo po-
der testificar. Quando los indios quieren
guardar é criar algunos destos reversos
para su pesquería , témanlo pequeño é
tiénenlo siempre en agua salada de la
mar, é alli le dan á comer; é lo crian
doméstico hasta que es del tamaño é
grandeza que he dicho ó poco mas , y
apto para su pesquería. Eutonges lléven-
le á la mar en la canoa ó barca é tiénenlo
alli en agua salada é átanle una cuerda
delgada (pero regia) : é quando veen al-
gún pescado grande, assi como tortuga
ó sávalo , que los hay muy grandes en
estas mares , ó alguno destos manatís ó
otro qualquier que sea que acaesge andar
sabreaguados, de manera que se pueden
ver ; toma el indio en la mano este pes-
cado reverso é halágalo con la otra é dí-
gele en su lengua que sea manicato , que
quiere degir esforgado é de buen cora-
gon , é que sea diligente , é otras pala-
bras exortatorias á esfuergo , é que mire
que ose aferrarse con el pescado mayor
é mejor que alli viere. Y quando vee que
es tiempo y le paresge , le suelta é langa
liágia donde los pescados grandes andan;
y el reverso va, como una saeta, é afiér-
rase en un costado con una tortuga ó en
el vientre ó donde puede , é pégase con
ella ó con otro gran pescado : el qual,
cómo se siente estar asido de aquel pe-
queño reverso , huye por la mar á una
parte é á otra; y en tanto el indio pes-
cador alarga la cuerda ó traylla de todo
punto, que es de muchas bragas, y en
fin della está alado un palo ó corcho por
señal ó boya, que esté sobre el agua. É
en poco progesso de tiempo el pescado
manatí ó tortuga, con quien el revei'so se
aferró , cansado , se viene la vuelta de
tierra á la costa : y entonges el indio pes-
cador comienga á coger su cordel en la
canoa ó barca ; é quando tiene pocas
bragas por coger , comienga á tirar con
tiento poco á poco, guiando el reverso é
436
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
prisionero con quien está asido, hasta que
se llega á la tierra , é las mismas ondas
de la mar le echan fuera. É los indios
que en esta pesquería andan, saltan en
tierra , é si es tortuga la trastornan aun-
que no haya tocado en tierra la tortuga,
porque son grandes nadadores , é la po-
nen en seco ; é si es manatí, le harponan
é hieren é acaban de matar. Y sacado el
tal pescado en tierra, es nesgessario con
mucho tiento é poco á poco despegar el
reverso : lo qual los indios hagen con
dulges palabras é dándole muchas gra-
cias de lo que ha hecho é trabaxado , é
assi le despegan del otro pescado grande
que tomó. É viene tan apretado é fixo
con él que si con fuerga lodespegassen,
lo romperían ó despedazarían el reverso.
É assi desta forma que he dicho se to-
man estos tan grandes pescados, de los
quales paresge que la natura ha hecho al-
guagil é verdugo ó hurón para los tomar
é cagar á este rev erso : el qual tiene unas
escamas á manera de gradas, como el pa-
ladar ó mandíbula alta de la boca de un
hombre, ó de un caballo, é poralli unas
espinas delgadíssimas é ásperas é regias
con que se afierra con los pescados quél
quiere. Y estas gradas ó escamas llenas
destas puntas tiene el reverso en la ma-
yor parte del cuerpo por de fuera , y en
espegial desde la cabega á la mitad del
cuerpo por el lomo é no en la parte del
vientre, sino de medio lomo arriba; é
por esso le llaman reverso, porque con las
espaldas se ase é afierra con los pescados.
Es tan liviana esta generagion de
aquestos indios, que tienen ellos creydo
por muy gierto que el 'pexe reverso en-
tiende muy bien el sermón humano é to-
das aquellas palabras quel indio le dixo
animándole , antes que lo soltasse , para
que se aferrasse con la tortuga ó manatí^
ú otro pescado, é que también entiende
las gragias que después le da por lo que
ha hecho. Y esta ynorangia viene de no
entender ellos que aquello es propriedad
de la natura , pues que sin les degir nada
desso , acaesge muchas veges en esse
grande mar Ogéano, é yo lo he visto asaz
veges, tomarse tiburones é tortugas é sa-
lir los reversos pegados con los tales pes-
cados ; é por despegarlos dellos hagerlos
pedagos. Délo qual podemos colegir que
no es en su mano despegarse, después que
están pegados por sí mismos , sin algún
intervalo de tiempo, ó por otra causa
que yo no alcango ; pues que es de creer
que quando el tiburón ó tortuga es toma-
do, debrian huyr los tales reversos que
están pegados, si pudiessen. El caso es
que, como dixe de suso, para cada ani-
malhay su alguagil.
Una cosa diré aqui notable que he yo
visto todas ocho veges que he atraves-
sado este grande mar Ogéano, viniendo
de España é volviendo á ella en este ca-
mino de Indias ; é assi piensso yo que lo
dirán todos los que aqueste viaje ovie-
ren navegado. Y es, que assi como en la
tierra hay provingias fértiles é otras es-
tériles , de la misma manera creo yo (por
lo que he visto) que debe ser en todas
las mares, porque acaesge algunas veges
que corren los navios ginqüenta é gient é
dosgientas é muchas mas leguas, sin po-
der tomar un pescado ni verle. Y en
otras partes en el mismo mar Ogéano,
donde esto que he dicho se vee , se ha-
llan tantos que paresge que está la mar
hirviendo de pescados , é matan muchos
dellos. Llaman los indios de aquesta Is-
la Española á la mar bagua (no digo bay-
gua, porque baygua es aquel barbasco,
con que toman mucho pescado , segund
tengo dicho, sino bagua es el nombre
de la mar en esta isla).
Otras cosas muchas se podrían de-
gir de otros pescados é de los can-
grejos é sus diferengias muchas , é de
las langostas que assi mesrao hay en
esta isla; pero como son cosas comu-
DE INDIAS. LIB. XIII. CAP. IX.
437
íies á todas las otras partes destas In-
dias , no lo digo aqui : é también por-
que los cangrejos, aunque los hay de
agua , también los hay de tierra en estas
partes, é hay mucho que degir dellos;
y por tanto lo dexo para ha^er capítulo
particular adelante de las diferentes ma-
neras de los cangrejos, quando se escri-
ban las cosas de Tierra-Firme , en la se-
gunda parte de aquesta Natural historia
de Indias. Ni tampoco escribo ni digo de
las perlas , porque aunque á esta cibdad
é isla se han traydo é traen mucha can-
tidad dellas, no se pescan en esta isla,
sino en otras islas pequeñas en la costa
déla Tierra-Firme é otras partes: é tam-
bién esta materia de perlas toca á la isla
de Cubagua , en la qual se tractará en el
libro XIX. É assi la dexo para en su lu-
gar.
CAPITULO X.
De las ranas é sapos, é cómo los indios los eomen.
\ O avia determinado de no hablar en este
libro en los sapos ni en las ranas , é que-
ríalos poner con otros géneros de anima-
les ; pero pues me paresge que ya el man-
jar de las ranas no se desprecia en Espa-
ña , y ha llegado hasta la tabla de nuestro
gran César , no es razón que tal título no
le sirva á este animal, para que yo le co-
loque é ponga tras tan excelente pescado,
como es el manatí é los otros , de quien
he hablado. Creo que el origen desta auc-»
toridad que estaba guardada á las ranas,
se le dio Mercurio , gran chanciller de la
Cesárea Magestad del Emperador Rey,
nuestro señor: al qual yo oí degir (en la
cibdad de Vitoria , año de mili é quinien-
tos é veynte y quatro , un viernes , co-
miendo con el dicho gran changiller el
excelente señor don Fernando de Ara-
gón , duque de Calabria , é trayendo á su
mesa un plato de ranas guisadas) que
avia enviado la semana antes otro plato
dellas al Emperador, y que le avia dicho
que le avian sabido muy bien ; pero que
no le entendia enviar mas, porque no
quería que si por otra causa Su Magestad
adolesgiesse , que echasse la culpa á sus
ranas : que pues las avia probado é dicho
bien dellas , quél se las mandasse guisar
quando le pluguiesse. Y no me maravillo
que el gran chanciller truxesse este man-
jar á España , pues que era italiano, don-
de há gran tiempo que se usa comer las
ranas , é son buen manjar. Y muchos
años antes las comí yo en Mantua , é Ro-
ma, y Ñapóles é otras partes de Italia; y
públicamente las venden en las plagas,
como manjar sano y de buena digestión
é gusto. De aquestas ranas hay muchas
en esta Isla Española y en todas las otras
partes destas Indias ; pero no las comen
en esta isla , porque no lo han acostum-
brado.
De los sapos quiero hablar aqui, por la
semejanza que tienen en su forma con las
ranas , aunque ellos son muy mayores
émas feos, por su hinchagon. Muchos hay
en esta isla , é no creo que harían prove-
cho á quien los comiesse, aunque en la
Tierra-Firme los comen en muchas par-
tes é islas de la costa austral. É yo tenia
una esclava de aquella tierra , é no ha
muchos días que comió uno destos sapos
en una hagienda mia , é créese que otra
cosa no la mató , porque desde á pocos
dias que ovo comido un sapo, se sintió
mala, y en quatro ó ginco dias se murió.
Y ella debiera pensar que los sapos desta
isla no son dañosos, como los de su tierra,
á quien los come. También los de España
438
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
son ponzoñosos é malos , é tanto peores
quanto son de mas fría tierra, Gríanlos é
ilénenlos atados á gebo en algunas partes
de la Tierra-Finne , para los comer des-
pués por muy presgiado manjar. Yo los
he visto comer algunas veges á los indios
en aquella tierra , é no vi en mi vida man-
jar que mas asco me diesse ni que peor
me paresgiesse : de lo qual se reian mu-
cho los indios , porque les paresgia gran-
de ynorangia la mia no paresgerme bien
tan aborresgible pasto á mis ojos é tan
grato á su paladar é gusto. Esto se quede
para en su lugar , porque no se truequen
las materias ni se quiten del sitio que de-
ben tener; porque este manjar es de la
Tierra-Firme , é degir se ha dónde le es-
timan é usan del tan comunmente , como
en España el pan, ó la vaca , ó otra co-
sa de las mas comunes al mantenimiento
de los hombres.
Comienza el libro dégimo quarto de la Natural y general historia de las Indias,
islas y Tierra-Firme del mar Ogéano : el qual tracta de las aves.
PROHEMIO.
l_jontinuando la Historia natural é gene-
ral destas Indias , conviene que se haga
expresa mengion de las aves que hay en
estas islas, de las que son semejantes á
las de nuestra España y Europa. É dicho
esto , verné á hablar en la espegialidad
de aquellas que á mi paresger allá no las
hay, ó si hay algunas dellas, será con las
diferencias que adelante se dirán. Verdad
es que en este libro y aun en los prece-
dentes, donde he tractado de animales
terrestres é de los pescados, é también
en el pressente'de las aves , muchas co-
sas se añadirán en cada uno dellos é de
los otros de quien adelante se tractará en
esta primera parte, quando se escriba la
segunda y tergera é las cosas de la Tier-
ra-Firme. Pero quiero agora hager una
breve y nueva relagion de las aves que
hay é se veen en el viaje , que se hage
desde España á estas Indias y desde ellas
á España : é después diré de las otras co-
sas en particular , porque con mas orden
se regiten las cosas que son dignas de se
memorar ; porque todo es muy nuevo á los
que no navegan , é á los que en las mares
de Italia y canal de Flandes é de otros
golphos pequeños ovieren navegado.
CAPITULO I.
Kn el qual se tracta de las aves que se veen por la mar en el viaje que se ha9e desde España á estas Indias
é desde ellas á España, é de las que se toman en las naos é caravelas, siguiendo sus viajes.
wuando de España venimos á estas In-
dias, véense por todo el viaje unos páxa-
Tos negros muy grandes voladores , é an-
dan á rayz ó junto á las ondas de la mar,
y es cosa mucho de ver su velogidad é
quan diestros andan , assi como suben ó
baxan las ondas, aunque haya fortuna é
ande brava la mar , por tomar aquellos
pescados voladores que dixe ( en el li-
bro XIII, capítulo IV), ó otros algunos
pescados. Aquestas aves, quando quieren,
se assientan en el agua é témanse á le-
440
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
yantar á hager su ofíiQio, como he dicho.
Llámanlos los marineros patines , é son
pequeñas aves.
Véense assi mismo en este viaje unas
aves blancas del tamaño ó mayores que
palomas torcagas. Son grandes volado-
res, é tienen la cola luenga é muy delga-
da, por lo qual le llaman rabo de junco;
é véense las mas veges á medio camino,
ó andada algo mas de la mitad de la na-
vegación hágia estas partes. Pero ave es
de tierra , segund todos digen , é yo assi
creo que todas las aves son de la tierra,
pues de nesgessidad se han de criar en
ella é nasger fuera del agua. Algunas des-
tas aves no son del todo blancas , digo
destas que llaman rabo de junco; pero
tienen el plumaje mezclado con pardo.
É tienen la cola como paloma , algo mas
corta é redonda , é de la mitad della sale
una pluma delgada é luenga , mas de un
palmo mayor que todas las de la cola ; é
assi, quando va volando, toda la cola pa-
resge una sola pluma luenga , é por esto
se le dio el nombre que tiene; pero quando
en el ayre quiere tullir , abre la cola , é
assi muestra las otras plumas menores
della. La tergera vez que vine á estas In-
dias, vimos muchos hombres una destas
aves toda blanca , y en la mitad del ca-
mino é mar que hay desde España á las
islas de Canaria, en el golpho que llaman
de las Yeguas : de lo qual todos los ma-
rineros se maravillaron mucho é dixeron
que nunca avian visto ni oydo degir que
semejantes aves se oviessen visto tan ger-
ca de España ; porque donde mas con-
tinuamente se suelen ver es á tresgientas
é gincuenta leguas ó poco mas, antes de
llegar á las islas Dominica, é la Desseada,
é la de Guadalupe , é las de aquel para-
je que están á giento é ginqüenta le-
guas antes que lleguen á esta gibdad de
Sancto Domingo de la Isla Española.
Las aves destas que tienen el pluma-
je blanco, tienen el pico colorado é los
ojos , é los cuchillos de las alas negros.
Quando las naos están á dosgientas
leguas ó menos, viniendo en demanda
destas Indias desde España , se ven otras
aves que llaman rabihorcados. Estas son
grandes aves al paresger é vuelan mu-
cho , é lo mas continuo andan altos ; son
negros é quassi de rapiña. Tienen muy
largos é delgados vuelos , é muy agudos
los codos ó encuentros de las alas , en
los quales y en la cola son mas conosgi-
das aves en el ayre que todas las que yo
he visto, estando altas. Tienen la cola
mayor é mucho mas hendida que los mi-
lanos, é por esto los llamaron rabihor-
cados. Algunas destas aves tienen la co-
lor de un negro, que tira á pardo rubio,
y el pecho é la cabega blanca y el papo
abutardado de leonado. Y el vuelo suyo
es como el del milano , quando vuela ses-
go, porque estos rabihorcados poquíssi-
mas veges baten las alas : las piernas tie-
nen delgadas é amarillas é cortas, é los
dedos como de paloma. Hay otros destos
que, como se dixo de suso, son todos ne-
gros, é tienen el pico luengo, los unos ó
los otros mayor que el de una gavina,
mas de aquella mesma hechura , al cabo
ó extremo del algo grosseguelo é retor-
nado un poco para abaxo. Yo he visto
estas aves mas de dosgientas leguas den-
tro en la mar; pero en la Tierra-Firme
hay muchos mas sin comparagion que no
en estas islas.
Digen los indios de la provingia de
Cueva , que el unto y enxundias de aques-
tas aves es muy bueno, para deshager las
señales del rostro é de las heridas, é
para ungiones de piernas ó bragos que
se secan , é para otros males y enferme-
dades. Tómanse con dificultad, sino es
en algunas isletas yermas, donde suelen
criar, siendo nuevos. En la cibdad de Pa-
namá , año de mili é quinientos é veynte
y nueve , acaesgió que uno destos rabi-
horcados baxó á un corral , donde avia
DE INDIAS. LIB. XIV. GAP. I.
44 í
muchas sardinas á curar ai sol, porque
estas aves son amigas de tal pescado , é
por caso un negro le dio, con un palo
que se halló en la mano , tal golpe en una
ala que se la quebró é cayó alli : y era
de los grandes , é yo lo tuve en las ma-
nos, é la carne del, después de pelado,
era poco mas que la que tiene una palo-
ma, y estando con la pluma liage muy
mayor bulto que un milano. É son los
vuelos de esta ave tan grandes que no
pudiera yo creer lo que alli vi por expe-
riengia á ninguno que tal me dixera;
porque muchos hombres de buenos cuer-
pos, extendidos los bragos, probaron si al-
cangarian con su braga de punta á punta
de las alas deste rabihorcado que he di-
cho, teniéndolas abiertas é tendidas, é
con mas de quatro dedos ninguno alcan-
gó : é quien los vé volando altos en el
ayre, ternia lo que digo por cosa no
creedera. No ignoraba Plinio * que las
aves todas que han grandes alas, tienen
pequeño cuerpo.
Hay otras aves que se hallan en la mar
ogéana, que se llaman páxaros bobos.
Estos son menores que gaviotas : tienen
los pies como ánades é pósanse en el
agua, quando quieren. Hállanse viniendo
de España, quando las naos son á giento
é menos leguas de las islas primeras des-
tas Indias que he dicho ; é viénense estas
aves á los navios é siéntanse en las ga-
vias y entenas , é son tan bobas y espe-
ran tanto que las toman muchas veges á
manos, ó con un lago en la punta de un
dardo ú otra asta corta. Son negros é
sobre esta color tienen la cabega y espal-
das de un plumaje pardo escuro : no son
buenos de comer, é tienen mucho bulto
en la pluma, en respeto de su poca carne:
dessuéllanlos los marineros é cómenlos
cogidos ó assados. Estando con la plu-
ma, son quassi tan grandes como una pa-
loma , é después de pelados, quedan muy
menores que una paloma pelada. Tienen
las alas luengas, é son de dos maneras
ó espegies estas aves , porque las unas
tienen el plumaje que he dicho, é las
otras le tienen pardo que tira á color ne-
gra, é la frente pardilla y el pico é los
ojos negros , y las piernas é manos assi
mesmo ; pero de hechura de las de los pa-
tos, y el pico algo luengo é delgado. Yo
he comido destos segundos é son buenos;
pero hánlos de dessollar primero , non
obstante lo qual tienen algund olor de
pescado. Son tan simples que muchas ve-
ges acaesge que saca un hombre el brago
tendido fuera del navio é se assientan en
la mano , en siendo de noche, penssando
que es algund palo ; é de aqui se les dio
el nombre de bobos. Tienen los ojos her-
mosos é negros; y el mas proprio grandor
de aquesta ave es como el de los grajos
de España, é aquel pardo que tienen tira
algo á leonado. Tómanse muchos entre
estas islas é la Tierra-Firme.
Topan assi mesmo las naos, desque
están ya gerca de las Indias , otras aves
que llaman alcatraces: estos son de muchas
maneras. Algunos del tamaño de los cuer-
vos marinos é otros algo menores : algu-
nos negros que tiran al color pardo , é
otros pardos é blancos alcoholados, é de
otros plumajes. Otros hay negros pardos
que tienen las cabegas blancas con algu-
nas plumas en ellas coloradas. Todas es-
tas aves, dichas alcatrages, salen mucho á
la mar , é todas tienen los pies como ánsa-
res ó ánades, porque son aves marítimas y
exergitadas en lapesqueria, y es el pesca-
do su espegial é ordinario mantenimiento.
Assi que, estas ginco maneras ó di-
ferengias de aves se hallan desde Es-
paña á las Indias, demás de muchas ga-
viotas é algunas gavinas; pero gerca ó
junto á las islas de Canaria , é á las de
TOMO I.
1 Pün., lib. X, cap. 19.
56
442
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
acá de las Indias y en las costas de la
Tierra-Firme, porque las gavinas é ga-
viotas no se apartan mucho de la tierra.
Otras aves de la tierra se hallan en la
mar é se toman de cansadas , á la vuelta
que las naos que van destas partes están
gerca de España. Las que yo he visto to-
mar en los navios, en que yo he ydo y me
he hallado, son aquestas: ñevaticas délas
que nunca sosiegan con la cola é son
blancas é negras pintadas; tordos, co-
gujadas , pinchicos de los que suelen po-
ner en las jaulas ; cernícalos , esmerejo-
nes, halcones, no tengo en memoria de
que ralea porque sé poco de getreria; y
otras aves de otras raleas é formas : las
quales subiéndose en alto vuelo querien-
do atravessar desde el Cabo de Sanct
Vigente ó parles postreras é mas occi-
dentales de España é del fin de Europa
para se passar en África , ó desde África
para España, cánsanse é acójense á las
gavias délas naos, que acaso atraviessan;
é cómo se hage de noche, témanlas á ma-
nos los marineros. Y aquesto baste quan-
to á las aves que se topan, quando esta
navegagion se hage, segund é dónde
tengo dicho.
CAPITULO II.
Que tracta de las aves que hay en esta isla semejantes á las de nuestra España, que son acá naturales assi
mismo y desta tierra.
R
Lay en esta isla de Hayti ó Española
muchas palomas torcagas, é de las gori-
las por consiguiente ( pero menores las
unas é las otras que las de España cada
una en su espegie); tórtolas muy buenas,
de tres ó quatro maneras , é unas mayo-
res que las^otras; golondrinas, mayores
que las de España ; pero no tienen rubio
el cuello ni las cabegas , ni la cola tan
hendida , y el canto de las golondrinas
de acá es mas sordo é no tal como el de
las de nuestra España , ni crian tan do-
mésticamente en las casas acá; é debe
ser porque há poco tiempo que acá se
han fundado casas de piedra. Con todo
ya comiengan á criar en la iglesia mayor
desta cibdad y en el monesterio de los
fray les de Sancto Domingo desta cibdad.
Hay assi mismo vengejos y en mucha
cantidad; gargas reales; gárgolas; hal-
cones; neblís é muy buenos, algo mas
negros que los que en España é Italia
suelen yr ; agores grandes é muy hermo-
sos ; águilas pequeñas ; guaraguaos ; es-
tos no los hay en España , pero páselos
aqui porque son de la condigion é offigio
de los milanos, no porque les parezcan
en mas del offigio del hurtar los pollos,
porque en el plumaje, ni división de la
cola, ni en la cabega no les paresgen.
Pero son muy armados , y el plumaje des-
tos guaraguaos es como el del borní,
salvo que estos tienen los ojos colorados.
Lechugas; alcatrages de muchas maneras;
águilas blancas de agua (digo de agua,
porque se exergitan en la pesquería); cau-
dones; gaviotas; gavinas, pero pocas;
gallillos; calamones; gernícalos; carpin-
teros, del tamaño de los gorgales ó tor-
dos. Tienen estos carpinteros el cogote
colorado , y engima de la cola también
coloradas algunas plumas , é todo el res-
to es pintado al través, á carreras negras
é verdes cada una por sí , y el verde tira
algo á amarillo. Aquestas aves hagen en
las palmas y otros árboles un agujero con
el pico , é de dentro labran é vacuan lo
que les conviene dexar hueco, en que ha-
gen sus nidos é morada. No sé si es
aqueste el páxaro que en España se dige
DE INDIAS. LIB. XIV. CAP. II.
443
pito , porque he oydo degir que el pito
cria assi. Hay muchas ánsares de passo
bravas y es el passo dellas por degiem-
bre. Muchos páxaros hay acá de los que
en España andan por los sotos, é cantan
bien (que no les saben acá los nombres), é
también hay ruyseñores que en el canto
son cosa de oyr y de muy dulge meiodia,
aunque no hagen tantas diferengias, como
los de España, ene! cantar. Hav innume-
rables cuervos marinos, é los esmerejo-
nes son de todas raleas. Hay aberramias;
pero las destas Indias tienen el plumaje
de color encarnado y el pico no tan luen-
go, como las de Castilla. Todas estas aves,
de que he hecho mengion en este capí-
tulo, son naturales en esta isla, assi como
en España , é todas ellas las hay en estas
islas , y en la Tierra-Firme estas é otras
muy mas en abundangia.
CAPITULO III.
De las aves que se han traydo de España , que en esta isla é Indias no las avia.
E
iánse traydo á esta isla é á las otras
comarcanas é á la Nueva España é á la
Tierra-Firme muchas gaUinas é gallos de
los nuestros de España , é hánse hecho
muy bien y en grande abundangia , é hay
muchos é muy hermosos capones y en
gran cantidad en todas estas partes é In-
dias. Hánse traydo muchas palomas duen-
das , é críanse bien é hay muchas dellas
en esta cibdad, en muchas casas y en los
heredamientos é otras partes de aquesta
Isla Española , donde hay poblagiones de
chripslianos. Hánse traydo algunos pavos
de los de Castilla; pero no se hagen ni
multiplican bien, como en España. Y lo
mesmo digo de las ánsares de Castilla,
porque las que acá vienen no multipli-
can ni se dan tan bien como allá, aunque
hay algunas ánades de las caseras de
Castilla que se han traydo assi mismo , é
hánse hecho muy bien é hay muchas de-
llas, puesto que destas hay acá naturales
infinitas, pero mas chiquilas.
CAPITULO IV.
De las aves que hay en esta Isla Española , las quales no hay en España ni allá se crian;
E
Lay muchas maneras de papagayos en
esta isla , assi de los verdes, tamaños ó
mayores que palomas (que tienen un
flueco de plumas blancas en el nasgimien-
to del pico), como de los otros del mismo
tamaño é verdes que tienen aquel flueco
que he dicho, pero colorado , como un
carmesí. Hay otros menores, de colas
luengas , é los codillos ó encuentros de
las alas é los sobacos colorados , é todo
el restante dellos verde , é aquestos se
llaman xaxahcs. Otros hav de otras ma-
neras , assi en esta como en las otras is-
las; pero porque en la Tierra-Firme hay
mucha mas cantidad é diversidad destos
papagayos , alli se dirá lo que aqui no se
fage; porque á la verdad, en esta isla no
los hay tantos ni de mas diferengias de
las que se dixo de suso. Verdad es que
hay unos paxaritos todos verdes , no ma-
yores que los xilgueritos de Castilla; pero
aquellos, aunque sean verdes, no son
papagayos. Creo yo que en la Tierra-
Firme passan de giento é mas diferengias
444
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
en los plumajes de los papagayos , é lo-
dos ó los mas dellos son muy conformes
ó quassi en la hechura, exgepto en el ta-
maño é colores de plumas ; pero en los
picos y en la torpega y hechura de los
pies , muy semejantes los unos á los otros.
Hay assi mesmo en esta isla unos paxari-
tos tan negros como un terciopelo negro,
muy bueno ; é son tan pequeños , que nin-
gunos he yo visto en Indias menores, ex-
gepto el que acá se llama páxaro mos-
quito : el qual es tan pequeño , que el
bulto del es menos harto ó asaz que la
cabega del dedo pulgar de la mano. Este
no le he visto en esta isla ; pero dígenme
que aqui los hay , é por esso dexo de ha-
blar en él , para lo degir donde los he
visto, que es en la Tierra-Firme, quando
della se tráete. Otros páxaros hay de mu-
chas colores é que cantan muy bien é de
diferentes voges o manera de cantar : é
porque desto basta lo que está dicho,
diré de algunas aves en particular, que
son mas notables é cosas para encomen-
dar á la memoria.
CAPITULO V.
De los páxaros comuneros, ó que viven muchos junios en comunidad.
Jtlay en esta isla un género de páxaros
algo menores que los que en Castilla lla-
man gorriones ó pardales , é parésgenles
algo en el plumaje é diligengia, éson no
menos astutos ó maligiosos. Estos son de
grande ánimo en quadrilla é ayuntamien-
to. Su color é plumaje es pardillo gris, y
hagen un nido tan grande ó mayor que
los que suelen hager las gigüeñas en los
campanarios é torres de Castilla. Estos
hagen de rama de tal manera compues-
tos y entretexidos é regios , que es admi-
ragion grande, segund estas aves son chi-
quitas: é alli dentro en aquel su nido
tienen sus diferengias ó divididos aparta-
mientos é geldas, donde distintos crian;
y por lo menos tiene un nido de aques-
tos dosgientos ó tresgientos páxaros. Ési
por caso atraviessa por ahy gerca alguna
ave de las grandes , aunque sea de ra-
piña , como los guaraguos que tengo di-
cho que se comen acá los pollos (é aun
las gallinas), salen á esquadrones estos
páxaros con gran ruydo , é golpéanle tan
atrevida é denodadamente , que no hay
abispas ni otra cosa semejante tan eno-
josa ni tan continua , hasta que la ha-
gen huyr, é aun aviéndole dado assaz
repelones é sacádole las plumas. Final-
mente , que gerca de donde aquestos ni-
dos están; assi se guardan é apartan las
otras aves dellos, como se apartan los
hombres de los abisperos. Yesgierto que
es cosa mucho de ver, quando tienen
alguna diferengia destas con los cami-
nantes, digo con las otras aves de passo
que acaso se agiertan por alli á buscar la
vida.
CAPITULO VI.
De los alcaíra^es grandes que hay en esta Isla Española y en todas las otras islas y cosías de la
Tierra-Firme.
Uicho y escripto tengo algunas diferen-
gias de aves que están debaxo del nom-
bre de alcatrages , é de algunos de aque-
llos hay en las costas de la mar en Espa-
ña; pero de los que agora diré, yo no los
he visto ni creo que ahy haya , sino en
DE INDIAS. LIB. XIV. CAP. VI.
44o
estas partes , ni he oydo degir que los
haya en otras. Son estos alcatraces, de
quien agora hablo, como grandes ansaro-
nes, é son todos pardos, é las plumas
mayores de sus alas son negras en los
cuchillos amaestras. Los pies tienen como
de patos; pero tienen esta diferencia:
que tienen un garrón en los talones, é
desde aquel tienen continuada aquella tela
de la pata á los otros dedos. Assi que,
aquella pala es muy mayor que lo seria
sin aquello , ó que lo son las patas de los
ansarones. Tiene un pico tan grande
como dos palmos de luengo, é á par de la
cabega es tan ancho ó mas que una mano
de hombre , é desde alli se va disminu-
yendo hasta la punta ó fin del pico ; pero
en el extremo , donde es mas delgado,
queda mas ancho que el dedo pulgar, é
de alli declina algo para abaxo, de ma-
nera de uña. É aquello de la parte supe-
rior del pico todo es duro , é la mandí-
bula baxa se abre tanto é hace un papo
que le va hasta el pecho : é cómo tiene
el cuello grande , yo he visto algunas ve-
ges meterle en el papo un sayo de un
hombre, é algunas veges una capa, é al-
gunas veges dos y tres jubones é gapatos
é bonetes media dogena dellos. Son en el
pecho de plumaje blanco , é quando vue-
lan llevan cogido el cuello y el pico pe-
gado , de manera que paresge que no tie-
nen pescuego. En fin , esta ave puesta en
tierra y extendido el cuello , paresge mu-
cho á una grande ave que yo vi en Flan-
des , en Bruselas , en el palagio del Em-
perador Rey, nuestro señor, año de mili
é quinientos diez y seys ; é acuerdóme
que la llamaban hay na , y que estando
un dia comiendo Su Magestad en la gran
sala , le truxeron en su Real presengia de
comer á aquella ave en una caldera de
agua giertos pescados vivos , é los comió
assi enteros , como estos alcatrages que
digo suelen hager los que toman. Aquella
ave yo creo que era de mar , é tales te-
nia los pies é todo lo demás, como estos
alcatrages en quien yo hablo , salvo que
no tenia el papo que digo que tienen los
de acá ; pero era mayor ave aquella y de
mas hermoso plumaje é mayor pico, pero
no le abria tanto; porque como tengo
dicho, no tenia aquella el papo de la
forma que estos alcatrages de acá. Los
quales, quando vuelan , se suben en alto
é tienen muy buena vista, é déxanse
caer juntadas las alas en la mar, é viene
hecho un ovillo , y del golpe que dá,
como es grande, salta mucho el agua
para arriba , y él toma el pexe é sale
luego para suso sentado en el agua, é
trágaselo. É tórnase á levantar é subir
en alto , é hage otra é otras muchas ve-
ges lo mesmo : é desta manera anda pes-
cando en las costas y en los rios , dó en-
tran en la mar, y en el de aquesta cib-
dad cada dia muchos dellos junto á la
ribera : é digo tan junto , que há pocos
dias que un escudero de los que yo aquí
tengo en guarda desta fortaleza de Sancto
Domingo , buen ballestero , tiró á un al-
catraz destos desde dentro desta casa , é
le quebró un ala , estando sentado en
una peña, al pié de la fortaleza. Y estos
hombres de casa en mi presengia le me-
tieron en el papo un sayo de un paje mió,
con harto faldaje é mangas anchas; y no
era de los mayores el alcatraz, porque
no era viejo; y esto es muy notorio acá:
que una capa, si está unpocorayda, ylo
que tengo dicho les cabe en el papo á
estas aves. É assi quando los matan, les
hallan en el vientre, y ellos por sí en
siendo heridos regetan é langan el pes-
cado que avian comido ; é algunas veges
es tanto, que podrían largamente comer
dos hombres é tres con otro tanto. Al-
gunas veges con nesgessidad los chrips-
lianos han comido estos alcatrages; pero
no los han por buen manjar , porque sa-
ben al pescado é huelen mucho al ma-
risco.
446
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO VIL
De las aves nolurras que hay en esta Isla Española.
E
Lay en esta isla unas aves mayores que
vengejos , é las alas tienen y el vuelo de
k mesma forma , é vuelan con tanta ve-
logidad é con aquella manera de voltear,
subiendo é desgendiendo , dando vueltas
en el ayre . É no salen ni se veen sino
al tiempo que el sol se entra debaxo del
horizonte , é también algunas veges si el
sol no paresge, por estarcí gielo nubloso:
poco antes que él sea puesto también sa-
len, assi como lo hagen los murciélagos,
é andan toda la noche ; é de quando en
quando algunas veges chillan en gierta
forma que se oyen desde lexos dellos. No
sé como los llaman los indios en esta
tierra ; pero he visto muchas aves destas
en la Tierra-Firme, salvo que en el plu-
maje son algo diferentes. En aquella bre-
ve suma que escrebí en Toledo destas
cosas de Indias los llamé páxaros notur-
nos ; mas aquellos son muy enemigos de
los murgiélagos é ándanlos golpeando é
persiguiendo , y es cosa para holgar mi-
rar su contraste. Pero estos otros de acá
en esta isla no van tras los murgiélagos,
ni son tan grandes aves , é también en el
plumaje difieren, puesto que no en la
caga de los mosquitos. Los murgiélagos
de aquesta isla son pequeños é no hay
muchos y engiérranse presto, á mi pares-
ger. Hay assi mismo muchas lechugas en
esta isla, y en los pueblos, é dó hay
buhios de paja ; pero son menores lechu-
gas asaz que las de Castilla , porque las
de acá son como un gernícalo torguelo ó
menores. Hay buhos, pero muy chiquitos
é no mayores que las lechugas que he
dicho, é assi con aquellas orejas ó cuer-
nos levantados en la cabega y del proprio
plumaje, é los ojos pequeños á pro-
porgion del cuerpo; pero muy claros, co-
mo los buhos de España. Mochuelos hay
assi mismo , pero pequeños como las le-
chugas é buhos que he dicho, é aun algo
menores; é assi los ojos, como los tienen
los de Castilla.
CAPITULO VIII.
De las grúas y perdices ó tórtolas de la isla de Cuba ó Fernandina.
Oay en la isla de Cuba innumerables
grúas de las mismas que se suelen ver
en España, digo de aquel plumaje é gran-
dega é canto : las quales son naturales de
aquella isla, pues crian alli, é los mu-
chachos é los que quieren traen á los
pueblos infinitos huevos ó grullitos de las
savanas ó campos donde crian, y en to-
do el año hay aquestas aves en aquella
isla.
Hay assi mismo unas perdiges peque-
ñas , que á mi paresger en el plumaje y
en el murmurar dellas paresgen tórtolas;
pero mucho mejores en el sabor. É té-
manse en grandíssimo número é tráenlas
vivas bravas á casa, y en tres ó quatro
dias andan tan domésticas, como si alli
fueran nasgidas y engordan en mucha
manera, é sin dubda es un manjar muy
delicado é suave en el sabor ; é algunos
le loan é tienen por mejor que el de las
perdiges de España, assi porque no son
de menos apetito al gusto , como porque
son de mejor digestión. No son mayores
que las tórtolas de Castilla é tienen al
cuello un collar del mismo plumaje; pero
DE INDIAS. LIB. XIV. CAP. VIII.
447
negro como el de la calandria, aun- ñola, é los mas de los años, ó á lo me-
que algo mas baxo para el pecho é mas nos no passa del tergero , hay passo-
ancho. Hay assi mismo en la isla de de aves, como se dirá en el capítulo
Cuba las mismas aves que en la Espa- siguiente.
CAPITULO IX.
Del passo de las aves que suelen passar por la isla de Cuba, é muy ordinariamenle los mas años alravies-
san la mar que hay enlrella y la Tierra-Firme; e' passan sobre la Tierra-Firme la vuelta del viento Sueste.
IJixe en el capítulo de suso que aqui
diria del passo de las aves. Digo que
quassi al fin de la isla de Cuba sobrella
passan muchos años innumerables aves
de diversos géneros é vienen de la parte
de hágia el rio de las Palmas que confi-
na con la Nueva España é de la vanda
del Norte sobre la Tierra-Firme, é atra-
viessan sobre las islas de los Alacranes é
sobre la de Cuba, y passado el golpho
que hay entre estas islas y la Tierra-Fir-
me, passan á la mar del Sur. Yo las he
visto passar sobre el Darien, que es en
el golpho de Urabá , é sobre el Nombre
de Dios é Panamá en la Tierra-Firme, en
diversos años : é paresge que va el gielo
cubierto dellas , y tardan en passar un
mes ó mas; é hay desde el Darien al Nom-
bre de Dios ó Panamá ochenta leguas
grandes. É yo he visto este passo en to-
das tres partes en la Tierra-Firme algu-
nos años : é vienen de hágia la parte de
Cuba é de donde tengo dicho é atravies-
san la Tierra-Firme, é paresge que se van
hágia lo mas ancho de la tierra la via del
Sueste. Y pues que no vienen continuada-
mente un año tras otro, é no las vemos
volver en ningún tiempo del año hágia
el Poniente ó Norte , creo que las que
tornan á venir después, son aquellas mes-
mas , ó las que quedan dellas ó progeden
de las primeras, é dan la vuelta al uni-
verso é le gircuyen en rededor por el ca-
mino que he dicho.
Este viaje hagen en el mes de margo
por espagio de veynte é treynta dias é
mas é menos desde la mañana hasta ser
de noche : é va el gielo quassi cubierto
de innumerables aves muy altas , en tan-
ta manera que muchas dellas se pierden
de vista , é otras van muy baxas respeto
de las mas altas ; pero harto mas altas que
las cumbres é montes déla tierra. É van
continuadamente en seguimiento ó al
luengo desde la parte del Norueste ó del
Norte septentrional , como he dicho, á la
del Mediodía, y de alU para arriba al
Sueste : é atraviessan todo lo que del
gielo se puede ver en longitud de su via-
je , que hagen estas aves , y en latitud ó
de ancjiura ocupan muy grande parte de
lo que se puede ver del gielo. Las que
destas aves mas baxan para tierra, son
unas aguilillas negras é otras medianas,
pero también águilas reales, é otras aves
de muchas maneras é algunas muy gran-
des : ó todas ellas paresgen de rapiña,
aunque las diferengias dellas son muchas
y los plumajes diversos de algunas, en las
que quieren abaxar, porque en las altas
no se puede considerar la pluma ni dis-
gernerlola vista. Mas en la forma del vo-
lar é batir las alas y en la grandega é di-
ferengia de su talle é proporgion é tama-
ño se conosge claramente que son de
muchas é diversas raleas é géneros. Pero
porque aquesto deste passo de aves toca
á las cosas de la Tierra-Firme , quede lo
demás para quando se tráete della, en la
segunda parte desta Historia general é na-
tural de Indias.
448
HISTORIA GENERAL Y iNATüRAL
CAPITULO X.
De una ave, ó quassi monstruo entre las aves, que hay en esta Isla Española y en las otras islas destas partes.
iluise guardar para este último capítulo
de las aves desta Isla Española y de las
Ciras á ella gircunstantes una ave, muy
nueva cosa á mis ojos é por mí nunca
oyda , ni leyda otra semejante en parte
alguna del mundo ; y á mi paresger es
cosa muy notable é de admiración , y
acá en estas partes y en espegial en es-
tas islas muchas veges vista é notoria.
Esta es una ave del tamaño de una gran-
de gavina , y el plumaje quassi de aque-
lla forma blanco, mezclado de pardo , y
el pico de la manera de la gavina ; pero
mas agudo. Esta ave se puede degir que
es de rapiña en el campo y en el agua;
porque assi puede mantenerse é cagar en
la tierra, como pescar en la mar é los rios.
Tiene el pié izquierdo como ánade ó pato
y essotros páxaros ó aves que andan en
la mar, y con aquel se assienta, quando
quiere, en el agua é se está sobrella co-
mo un ánsar ó ánade : é la mano dere-
cha es de presa, como la suele tener un
buen agor ó un sacre, ó una de las aves
que mejor armada puede estar de uñas.
Y quando los pescados salen sobreagua-
dos y gerca de la superfigie del agua, es-
ta ave se dexa caer de alto, donde anda
volando, é afierra con aquellas presas é
uñas de la mano derecha el pescado : é
si quiere estarse sobre el agua sentada
con el otro pié que tiene como de pato,
se está queda é come su pescado ; é si
no lo quiere hagerassi, levántase é llé-
vaselo en las uñas é cómeselo en el ayre
á vuelo ó sobre una peña ó árbol, donde
le paresge é quiere sentarse. Yo no he
visto ni oydo ni leydo cosa tan desse-
mejante ni tan apartada de todas las otras
aves del mundo, como aquesta, ni en tanto
extremo diferengiada ; porque, como he
dicho es ave de tierra é de mar , porque
segund algunos digen, también se geba en
la tierra de algunas aves pequeñas ó de
lagartijas é otras cosas ó manjares ter-
restres semejantes. En esta isla y en la
de Sanct Johan y las otras destas par-
les se han visto y se veen muchas veges
aquestas aves : los chripstianos las lla-
man agores de agua.
ComienQa el libro dégimo quinto de la primera parte de la Natural y General his-
toria de las Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Ogéano : el qual tracta de los aní-
dales insectos.
PROHEMIO.
JLjos animales insectos ó Reñidos , assi
como gigarras, hormigas, abispas y sus
semejantes, serán la materia, de que se
tractará en este dégimo quinto libro, los
quales , como dige Plinio ^ , es opinión
de algunos que no alientan ni tienen san-
gre. Llámalos insectos, porque son corta-
dos ó regintos en el cuello , ó en el pe-
cho , ó en las otras partes ó lugares de
sus coyunturas ; y maravíllase mucho có-
mo en tan pequeña cosa puede aver al-
guna ragon ó potengia ; é quán inextri-
cable ó no comprehensible es la perfigion
de los tales, porque dige que ¿dónde pudo
colocar la natura tanto sentido en el mos-
quito, dicho gangal (que es el que canta),
puesto que hay otros menores? Dónde les
puso la vista ; dónde el gusto ; dónde el
olor; dónde engendró tan terrible voz, en
comparagion de tan pequeño cuerpo? Con
qué subtilidad le pegó las alas é le higo
aquellas luengas piernas, y el vientre
ayuno y desseoso de sangre humana , ó
con qué artifigio le agugó el aguja, é aun-
que aquella es tan sotil que no se vee,
es capaz, para horadar la piel, é aca-
nalada, para chupar la sangre? Qué dien-
tes (de los quales da testimonio el son)
ha dado al tarlo para horadar qualquie-
ra leño duro , porque ha querido que se
apagientede madera? Mas nosotros nos
maravillamos de los hombros de los ele-
phantes, con los quales llevan las tor-
res, é de los cuellos de los toros, é de
la rapiña de los tigres, é de las crines
de los leones ; y non obstante esto, la na-
tura es assi dotada en los pequeños como
en los grandes. Y por tanto ruega el Pli-
nio en el pringipio de su libro XI á aque-
llos que leen sus cosas, que puesto que mu
chos destos animales sean en despregio-
no hayan en fastidio las cosas que dellos
él refiere ; porque en la contemplagion de
la natura no puede ser cosa superfina.
Por gierto todo lo que es dicho fué
considerado é apuntado, como de va-
ron tan señalado é doto ; pues que en las
obras de natura tan maravillosas cosas
vemos por nuestros ojos é tocamos con
nuestras manos , que una sola basta á te-
TOMO I.
1 Plin., lib. XI.
57
450
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ner la mente del hombre en grandíssiraa
admiragion. Pero acordándonos de quán-
to poder es el Maestro que essa potencia
dá á la natura , para lo que por su dispen-
sagion del ella obra ; y que el solo Omni-
potente es, de donde progede todo, é que
es Dios el que dá la vida y el ser á todas
las cosas criadas , y el que infunde é dis-
pensa todos estos efetos é obras que Pu-
nió atribuye á la natura ; no hay de que
nos maravillemos en cosa que él haga ni
el hombre vea , acordándonos de su in-
finita oranipotengia : ni nos avemos de
ocupar en tal admiragion, sin darle infini-
tas gragias de todas sus obras , y de la
merged señalada que hage al que da co-
nogimiento para penssar en ellas para es-
te efeto, é las considera con tal adita-
mento , que de las criaturas vistas ó por
tales tractados é auténticos auctores es-
criptas, se levanten nuestros coragones á
amar á quien las crió , y es servido de
nos las comunicar, para que mejor le sir-
vamos. Pues no á la natura (como Plinio
y los gentiles) quiera ningún calhólico re-
ferir las gragias destas maravillas; sino
al Maestro de la natura, al qual plega
darme gragia , que en las cosas que ten-
go escripias é las que en este y en
los libros siguientes desta Natural y Ge-
neral Historia de Indias escribiere , siem-
pre diga y escriba con verdadera inten-
gion y obra lo que he visto é alcangado
destas materias. Porque en la verdad, mi
pringipal desseo é intento es servir á Dios
é á mi Rey , en colmar este volumen de
verdaderos renglones , é no de las fábu-
las que he visto escripias desde España
en estas cosas de Indias ; pues que sin
desviarse mi pluma de lo gierto , nunca
le faltará que escriba de que se maravi-
llen los hombres. É assi, efectuando la
verdadera historia , diré brevemente qué
animales destos insectos ó geñidos hay en
en esta isla, semejantes á los de nuestra
España , é quáles no he visto en ella , é
los que hay acá, é de las propriedades
que de los tales ovieren venido á mi no-
tigia. Puesto que en esta primera parte
será poco lo que puedo escrebir, hasta
que en la segunda é lergera parles, trac-
trando de la Tierra-Firme, se colmen é
aumenten todas estas materias, por la
mucha abundangia que alli hay dellas.
CAPITULO L
De los animales inseclos que hay en esta Isla Española , é prlmeranienXe de las hormigas y del coinixen.
JLlige aquel único auctor de la Natural
Historia * las opiniones que algunos tie-
nen , digiendo que las hormigas é abispas
é los semejantes no tienen sangre; por-
que quien no tiene coragon ni hígado, no
tiene sangre, é assi no alienta quien no
tiene pulmón. É desto nasge grande con-
tengion, porque vemos el murmurar de
las abejas y el cantar de las gigarras; é assi
dige Plinio que quando contempla la na-
tura, ella le persuade á que ninguna cosa
estime ser increyble de sus obras. Y des-
pués que en esta disputagion ha dicho al-
gunas cosas, como natural investigador de
tales secretos , dige que confiessa que no
tienen sangre, como otros animales. Assi
como la serpiente, la qual, en lugar ó en
cambio de la sangre tiene tinta, é la púr-
pura tiene aquel xugo con que se tiñen
las vestiduras, assi aquel humor que han
estos insectos, qualesquier que sean, le
han en lugar de sangre. É dige mas el
sobredicho auctor: que cada uno estime lo
que le paresgiere , porque su propóssito
i Plin.,ljb. Xí, cap. 3.
DE INDIAS. LIB. XV. CAP. I.
451
de Plinio es mostrar las cosas que en la
natura son manifiestas, é no de juzgar
las causas ocultas.
A este propóssito digo que mi in-
tención es degir lo que sé y he visto
en aquestas cosas é no dexar de degir
lo gierto, porque se maraville ó dexe de
se maravillar el que desde lexos me es-
cuchare ó leyere mis renglones: ni quie-
ro tampoco ponerme á conjecturar de qué
progeden los efetos de las novedades
que recuento , porque ni soy tan philó-
sopho para comprehenderlos, ni me quie-
ro detener en argumentos; sino conforme
á la vista, diré lo que he podido compre -
hender ó he sentido en estas materias.
A las quales dando pringipio en las
hormigas , digo que hay muchas en es-
ta Isla Española, y en aquesta cibdad
de Sancto Domingo muchas mas de las
que querríamos, é sin comparagion mu-
chas menos de las que ha ávido. Porque
en el año de mili é quinientos é diez y
nueve y dende adelante, por espagio de
dos años é mas, ovo tantas que higieron
erandíssimo daño en toda esta isla en los
heredamientos , destruyendo é quemando
los cañafistolos é naranjos é otras arbo-
ledas provechosas, que aun hasta hoy tu-
ra el daño, puesto que (loores á Dios)
gessó aquella moltitud. Ni tampoco en la
sagon que ovo esta plaga se podía vivir
en las casas, ni tener cosa de comer al-
guna que luego no se cubriessede hormi-
gas menudíssimas é negras. É si algund
tiempo turara , no fuera mucho que nos
acontesgiera en aquesta isla lo que en Es-
paña, donde se despobló una cibdad, por
el escarvar de los conejos, ó en Tessalia
lo mesmo, por los topos, ó en Frangía,
donde fué dexada otra cibdad, por la
moltitud de las ranas, y en África por la
multitud délas langostas; y Amida, cib-
dad de Italia , fué perdida por las cule-
bras, é assi otros pueblos é provingias
por semejantes plagas otras , segund Pu-
nió nos lo acuerda. Todavía no faltan
hormigas : antes hay mas de las que avia
menester esta tierra; pero hay otras algo
bermejuelas é pequeñas que son inimi-
gíssimas las unas de las otras; y no sin
ser mucho á nuestro propóssito. Y es co-
sa maravillosa que en un heredamiento,
donde acaesge aver las unas é las otras,
paresge que parten la tierra, é de hecho
la tienen dividida , porque está muy se-
ñalado é conosgido el terreno é sitio que
poseen las unas, sin hager daño, é lo que
las otras ocupan, destruyendo; y de aque-
llos límites las buenas no dexan passar á
las que son dañosas. Yo digo lo que to-
dos en esta cibdad é isla saben , é aun
lo que podré mostrar en una heredad mía,
una legua desta cibdad ; é assi se podrá
ver en otras muchas partes y hereda-
mientos desta isla.
Ni es fuera del propóssito en que
hablo , ni de la devogion de los chrips-
tianos lo que acaesgió en esta cibdad,
en el tiempo que estuvo esta isla en el
mayor trabajo é nesgessidad é quassi pa-
ra se despoblar por causa de las hor-
migas, para que el letor é los que
aquesto oyeren sepan que los verdaderos
remedios son de Dios , y los envía por su
misericordia é intergession de sus sáne-
los; y fué desta manera. Viéndose los
chripstianos, que en esta isla viven , tan
molestados de la moltitud de las hormi-
gas , acordó esta cibdad de escojer un
sancto por su defensor, al qual se vota-
ron ; y para la elecgion del, echaron
suertes quál seria , por mano del muy re-
verendo y devoto en Chripsto padre, el
obispo Alexandre Geraldino. El qual di-
xo missa solemne de pontifical , é des-
pués de aver consagrado, assi cómo ovo
acabado de algar el Sanctíssimo Sacra-
mento, hecha por él é por todo el pue-
blo muy devota oragion , abrió un libro
del cathálogode los sanctos, para que es-
ta cibdad é isla toviessen por abogado
ist
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
contra esta plaga de las hormigas el sáne-
te ó sancta que Dios diesse por suerte.
É cayó al glorioso Sanct Saturnino (el
qual cae á los veynte y nueve de no-
viembre), glorioso mártir e obispo: el
qual nasgió en Roma é fué de tanta sanc-
tidad que lo envió el papa á Tholosa, y
en entrando por la puerta de la cibdad,
todos los ydolos enmudegieron, é dixo
uno de los gentiles que si no mataban á
Saturnino, que no avrian respuesta de
sus dioses; por lo qual le ataron á los
pies de un toro que lo arrastrasse é cruel-
mente despedagasse , como mas larga-
mente paresge en la historia de su glo-
rioso martirio.
Y después que aqueste sancto dio Dios
por abogado á esta cibdad, cessó la plaga
destas hormigas é se disminuyeron de
manera que fué tolerable el daño suyo , é
poco á poco siempre han sido menos, por
la clemengia divina é intergession deste
abogado é mártir bienaventurado. Noto
yo deste misterio que el obispo Alexan-
dre Giraldino era romano é devotíssimo
perlado , é que aqueste mártir fué de su
patria romana: item , que como dige su
historia, enmudegieron los ydolos, y que
en estas partes todos los indios fueron
ydólatras. De que se colige que significa
la advocagion deste sancto , que quiere
Dios que sea confundida é dissipada la
ydolatria en estas partes, é su sancto nom-
bre é cathólica fé ensalzada, á su loor é
alabanga ; y que en esto entiendan é se
ocupen los cathólicos, para que todas las
plagas cessen y la yra del Señor se miti-
gue é aparte de nos.
Tornando á la historia, digo que el géne-
ro de las hormigas en esta isla es muy di-
verso é de muchas maneras , é como he
dicho, dañosas algunas para los agúcares é
las otras hagiendas. Hay otras hormigas
mayores que ningunas de las que he dicho,
é son bermejas, é pican mucho, é dan do^
lor; pero presto se passa , si no son mu-
chas las que pican ; pero dexan un ardor
por do passan como fuego, con gran esco-
gimiento. Y aquestas son assi mesmo da-
ñosas para las hagiendas del campo ; pe-
ro son pocas, é no las hay en todas par-
tes. Otras hay mayores que ningunas des-
tas é son negras , é aquestas son las que
se convierten en aludas , é á temporadas
les nasgen alas, é son tantas, que anda
el ayre lleno dellas. Hay otras que se lla-
man comixen , las quales son pequeñas,
é tienen las cabegas blancas, é son muy
peijudigiales en los edefigios, assi en los
muros é paredes , como en las maderas é
cubiertas é suelos de las casas. Estas sa-
len de la pared, como minero que paresge
que mana, y la penetran é discurren por
lo edificado é por donde les paresge , é
por los maderamientos , é llevan hecho
un camino ó senda de bóveda é hueco,
tan grueso como una pluma de escrebir é
algunas veges como el dedo ó algo me-
nos , y este camino relevado sobre la pa-
red ó muro ó por donde passan. É donde
se para esta su labor ó van á dar estas
sendas, se engepan é hagen un ayunta-
miento de la mesma materia ó pasta de
que son estas sus trancheas ó bóvedas,
lan grande como la cabega de un hombre,
é como una botija que quepa media é aun
una arroba de agua é mas. É algunas ve-
ges , quando en árboles hagen estas sus
poblagiones, las hagen tan grandes quan-
to un hombre lo podrá abragar ó poner
los bragos en gircuyto. En fin , destruye
las casas , y es menester tener cuydado
de quemar é desarraygar este gomixen>
porque es muy dañoso. Esta viaé camino
é casas que hagen son de una materia
que no- hay quien la entienda , de color
quassi prieta , é muy seca , é fágilmente
tocándola con un palo ó con el dedo se
rompe , si se la quieren quebrar ; pero son
tantas é tan prestas , que muy presto tor-
nan á edificar lo que Jes han rompido
destos sus artifigios. Pero alli donde es el
DE INDIAS. LIB. XV. CAP. I.
453
raayor ayuntamiento , hagen sus nidos é
crian , é alli pudregen é hagen fágil la pa-
red ó madero, sobre que fundan ó hagen
su assiento , é lo dexan abrasado é hecho
un panal , lleno de agujeros , esponjoso é
hueco; é peores son ó de la mesma manera
para las casas, que la polilla para el paño.
Hay otra manera de comixen ú hormi-
gas que hagen estas mesmas vias cubier-
tas é aquellos ayuntamientos grandes
donde crian , salvo que son sus edefigios
mas conosgidamente materia de tierra , é
son mas claros de color pardo , que pa-
resgen de tierra , aunque no lo es total-
mente. Este otro comixen es de otra for-
ma el animal, porque no es una hormiga
propria , como se dixo de las de suso
del otro comixen, sino la mitad es hor-
miga y la otra mitad es un gusanillo ó for-
ma de medio gusano que traen de la ginta
abaxo , é metido aquello que paresge gu-
sano en una cosilla á manera de cascara
blanca que llevan rastrando , tamaña co-
mo un grano de genteno ó poco mas. É
no es menos dañoso este comixen quel de
suso para las casas y edefigios é made-
ros; pero no tanto para las labores de
piedra é tapias, como el primero. Con to-
dos sus daños, tiene un bien este comixen;
y es que se crian muy bien los pollos con
él , é de los campos se traen é despegan
de los árboles aquellas sus grandes pelo -
tas ó moradas de su habitagion , é tray-r
das á casa, quiébranlas delante los pollos,
los quales muy presto se las comen é ago-
tan , y engordan con ellas y se crian muy
bien con este manjar. Todas las hormi-
gas y comixen son generagiones de mu-
cha diligengia é amigas de república , é
assi paresge que viven en ayuntamiento,
é su manjar es común entre ellas. Y para
se conosger su diligengia é lo que puede
la continuagion suya , digo que aunque
passen por una piedra duríssima , por do
acostumbran hager su senda, la señalan é
se conosge su via é camino. Mas porque
destas y otras hormigas hay mucho que
degir en la segunda parte , donde escre-
biré las cosas de la Tiera-Firme , passe-
mos ahora adelante, en lo que toca á esta
Isla Española, destas materias é semejan-
tes animales.
CAPITULO II.
De la escolopendra ó cionlo pies, y de las diferentes maneras deste animal , y de ios gusanos de muchos
pies .
Hay en esta Isla Española muchas ma-
neras de escolopendras ó giento pies, por-
que unos hay delgados é tan luengos co-
mo un dedo , é de aquella mesma manera
que los de España, é aquestos pican é dan
assaz dolor. Hay otros menores é mas
gruesos é vellosos , é son mas pongoño-
sos é muy pintados y enconados, é tienen
la cabega colorada. Algunos otros, aun-
que son pintados y vellosos, tienen la ca-
bega negra é unas rayas ó listas negras
de luengo á luengo ; é aquestos se tienen
por los peores. Hay otros muchos gusa-
nos y de diferentes maneras é de muchos
pies; pero los tales se acaban presto,
porque estos no vienen, sinoquando llue-
ve é hage mas calor de la acostumbrada,
é assi, cessando aquella, no paresgen;
mas en tanto que turan, cómenselos mahi-
gales é hagen daño en los heredamientos.
Hay otros gusanos tan luengos como me-
dio dedo , é delgados , y de muchos pies,
y relugen mucho de noche , y dan clari-
dad á par de sí , por donde passan , y se
veen desde ginqüenta ó gien passos des-
viado: é no resplandesge todo el gusano,.
454
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
sino los nBsgimJentos ó junturas de donde
les salen los bragos del cuerpo , é aquella
claridad es muy clara. Hay otros gusanos
que son en todo lo que es dicho á estos
muy semejantes en el tamaño é relum-
brar de la forma ya dicha ; pero tienen
otra gran diferengia, y es que la cabega
relumbra assi mismo , pero la claridad de
la cabega es como muy viva é colorada
y engendida brasa.
En esta cibdad de Sancto Domingo he
visto muchas veges algunos de los giento
pies ó escolopendras tan luengas ó mas
como un palmo , é tan anchas como un
dedo; é gierto en verle paresge que es
de temer. Es velloso é tiene unos perfi-
les ó rayas de color leonado , de donde
les salen las piernas , y ellas é los cuer-
nos leonados, y el cuerpo de una color
mas escura. No he visto quexar á ningu-
no de su bocado, aunque es animal de
mala vista ; é yo no le querria ver, por-
que aunque no haga daño, paresge que
no se puede sospechar del sino mal , y
que hará peor que otros. Hállase muchas
veges por las casas desta cibdad; mas
como tengo dicho, nunca oy que á nin-
guno picasse.
CAPITULO IIí.
De las abispas, y calabrones, y moscas, y tábanos, y sus semejantes.
iTlucha ragon fuera que primero que al-
guna cosa de las que se han dicho en este
libro XV, se escribiera de las abejas, pues
ques animal tan provechoso é tan nota-
do en el mundo, y de que tanta utilidad
se sigue de su fructo, assi como es la
miel y la gera , cosas muy nesgessarias é
dignas de estimagion. Pero en esta Isla
Española no hay abejas ni las he visto ni
he oydo degirque las haya. En la Tierra-
Firme si hay muchas y de muchas mane-
ras é diferengias , assi en el animal é for-
ma de la misma abeja, como en el sabor
é color de la miel y en la diferengia de
la gera. Quando se tráete de aquellas par-
tes, se dirá todo lo que en ello oviere yo
visto, que es mucho.
Agora diré de las abispas que hay
en esta isla, que son muchas é ma-
las é pongoñosas é dan mucho dolor,
quando pican. Andan muchas en los
campos é bosques por los árboles, é
son assi como las de Castilla é algo ma-
yores; y las alas sobre lo amarillo tie-
nen en las puntas algunas dellas un
poco de color leonado. Estas hagen sus
panales en los árboles ; pero ni son de
gera ni tienen miel , sino secos como los
hagen en España é dó quiera que hay
abispas. Las que llaman calabrones j dige
Plinio * que crian ó hagen sus geldas de-
baxo de tierra ; y dessas hay hartas en
esta isla, é las que pican destas, escuege
ó duele mucho mas que el dolor de las
otras abispas.
Moscas hay de muchas nerasma , y de
las de España que solia aver poquíssi-
mas ó quassi ningunas, ya las hay e
muchas, aunque no tantas como en Es-
paña; pero mas enojosas é porfiadas é
pican mas regio. Hay otras menores y
estas no las hay en todos tiempos , como
las que dixe primero. Hay otras mos-
cas que andan por los árboles y por el
campo: unas verdes é pequeñas y otras
de tantas maneras é diferengias, que es
cosa para no se poder acabar de escre-
bir; pero entre las otras hay unas mos-
cas verdes é pintadas, tamañas como abe-
jas é crian en tierra é hagen en el suelo
i Plin.Jib. Xf, cap, 2i .
DE INDIAS. LIB. XV. GAP. III.
435
unos agujeros é con los bragos delante-
ros cavan la tierra , é assi como van ca-
vando, echan lo que cavan con las pier-
nas postreras fuera del agujero ó cueva
que hagen. Muchas destas hay en esta
cibdad de Sancto Domingo por los cor-
rales é palios de las casas , porque como
el terreno es quassi arenisco, pueden ha-
ger la labor que he dicho. Estas moscas
matan gigarras de las verdes é peque-
ñas y otros animalejos semejantes , é
trácnlos volando en peso é mátenlos en
sus cavernas , é después que han traydo
alguna presa de las tales gigarras ó un es-
carabajuelo metido en su cueva , salen é
van por mas, é no gessan en estos cami-
nos. De que se colije que esta provisión
que hagen de mantenimiento, debe ser
para el tiempo de adelante. Porque estas
moscas no paresgen en todo el año, sino
quando las lluvias son pocas é la tierra
se comienga á humedesger, é hage unos
soles abochornados que paresge que ar-
de el tiempo mas, por las aguas que digo.
Hay tantas maneras de abejones y de
escarabajos muy diferengiados en colores
y en el tamaño, que es materia en que
con verdad se podria mucho escrebir y á
mi paresger sin provecho las palabras que
en ello se gastassen. Hay los negros, leo-
nados; otros que tiran algo al aguí, y
otros de muchas mixtiones de colores jun-
tas y de muchas formas : algunos se vie-
nen de noche á la lumbre de la candela,
como la farfala ó mariposa en Castilla, de
las quales hay otras infinitas maneras de-
ltas, desde tan chiquitas como las que
digo que se entran en los ojos, como
mosquitos , hasta ser tan grandes como la
mano extendidos los dedos. Algunas de-
ltas son todas aguíes de la mas exgelente
color é subido aguí que se puede ver;
otras son amarillas todas; otras hay mix-
tas de mucha variedad de colores é labo-
res. Acaesge algunas veges, quando vie-
nen las aguas, que en un instante, quando
no se catan los hombres, anda el ayre
lleno de mariposas, é aquellas se tornan
después gusanos que hagen asaz daño
en las heredades. Unas destas son todas
blancas algunos años, y otras son blan-
cas é negras , y otros años tienen otras
diferengias é colores. Hay muchos abe-
jones de unos que hay en España por los
sotos é riberas de los rios , que son luen-
gos como la mitad de un dedo , y delga-
dos , é las cabegas gruesas é con dos pa-
res de alas. Y estos en España son con-
tinuos donde he dicho ; pero no en gran
cantidad. É assi los hay acá raros; pero
también muchas veges por las aguas vie-
nen de sobresalto ó emproviso tantos, como
de las mariposas que he dicho. Mosqui-
tos hay muchos, é tantos en algunas tem-
poradas que dan fatiga, en espegial en
unos tiempos mas que en otros, é no con
todos vientos ; mas en el campo en algu-
nas partes hay tantos que no se pueden
comportar, y los peores de todos son
unos meuudíssimos que llaman xixeneSy
que es gierto que passan la caiga algunos
dellos , é pican mucho. Pulgas hay, pero
pocas, é no en todos tiempos; éson mu-
cho menores, por la mayor parte, que las
de Castilla ; pero pican mucho mas é son
peores.
En aquella relagion que escrebí en To-
ledo , año de mili é quinientos é veynte
y ginco , dixe de los animales pequeños
é importunos que se crian en las cabegas
é cuerpos de los hombres , que muy po-
cas veges los tienen, venidos á estas par-
tes, sino es alguno, uno ó dos: y aquesto
raríssimas veges, porque después que
passamos del paraje de las islas de los
Agores hágia estas partes , se acaban los
que los hombres traian de España ó cria-
ban hasta alli , é poco á poco se despe-
dían. É después acá no los criaban, sino
algunos niños que acá nasgen, hijos de
chripstianos ; pero los indios sí y muchos
en los cuerpos y en las cabegas. Dixe mas;
150
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que tornando á Europa, llegados en aquel
paraje de las mesmas islas de los Azo-
res se tornaban á cobrar, como si alli nos
estuviessen esperando : é cargaban mu-
chos, é con trabajo se agotaban por la
limpiega é mudar camisas á menudo, has-
ta que se tornaban al ser , ó como pri-
mero , segund la diligengia ó complission
de cada uno. Y quando aquello escrebí,
avia yo experimentado en mi persona é
visto en otros lo mesmo que alli dixe,
quatro veges que avia passado el mar
Ogéano. Yo dixe verdad é lo que vi; pe-
ro ya son ocho veges las que he andado
este camino , porque después vine á las
Indias é volví a España y torné á esta
cibdad de Sancto Domingo, é después
lomé á España ; y en esta vez postrera y
en la penúltima he visto otra cosa y que
nunca faltaron en todo el camino , é mu-
chos , é tantos que eran mucho trabajo y
enojo. No sé en que está este secreto , ó
si esta plaga se ha atrevido también al
camino, ó si los tiempos lo causan;
porque yo vi , como he dicho , que no
era nesgessario moscador en esta tierra
al tiempo del comer ; é agora halo de
aver todo el año para las moscas. É assi
como estas se han multiplicado , lo han
hegho estos otros animales; pero no se
cree que hay animal que tenga pelo exen-
to de aqueste mal, sino el asno éla ove-
ja. Acaesgido há en el mundo nasger tan-
tos en la cabega de los hombres, que de
semejante sugiedad Sila , dictador , y
Alcmeon, poeta griego, murieron. Plaga
es que daña hasta las aves , como mas
largamente lo escribe Plinio en su His-
toria natural.
De las garrapatas hay acá muchas , en
espegial en el ganado vacuno desta Isla
Española en el campo , é también en los
bueyes que tiran las carretas; pero pocas
en los perros. De las pequeñas que hay
en Tierra-Firme en el campo, digen que
no las hay en estas islas , é no es poco
bien para los hombres; porque en el
tiempo que turó la conquista de Castilla
del Oro, bien traian qué contar é qué
desgarrapatar los hombres de guerra, co-
mo se dirá quando della se tráete, en la
segunda parte ó volumen de aquesta Ge-
neral historia de Indias.
Arañas hay en esta isla de muchas ma-
neras de diferengias, é algunas dellas
pongoñosas, é otras muy grandes é ta-
mañas, como el gerco que se puede hager
entre el dedo pulgar y el que está próxi-
mo á él , que llamamos índex. Digo so-
lamente el cuerpo, allende de lo que to-
ma é ocupa con las piernas. Hay otras
no muy pequeñas que paresgé que tie-
nen figura de rostro humano en alguna
manera, aunque bien mirada, es otra co-
sa de lo que assi á prima vista parcsge:
la qual tiene muchos rayos en torno, de
la manera que pintan un sol. Otras mu-
chas arañas grandes é pequeñas hay por
los campos con muchas diferengias las
unas de las otras; é assi hagen diferen-
tes maneras de telas: é tales las hay que
paresge aquella su labor una sotilíssima
é verdadera seda verde.
Langosta suele aver en estas islas é
Tierra-Firme algunos años, lo qual los
indios y aun loschripstianos tienen á in-
feligidad é por cosa de mucho trabajo.
Porque destruyen los mahigales y here-
dades, y suele aver mucha en extremo,
quando algún año viene; pero es cosa
ordinaria aver algunas destas animalias.
Y de los grillos saltadores lo mesmo ; é
aquestos son dañosos, porque roen é ho-
radan la ropa é vestidos , quando se crian
en las casas. Hay de los otros que can-
tan, muchos, é unos mayores que los otros,
assi en el cuerpo como en el sonido é
voges.
Hay unos gigarrones de muy luengas
piernas é delgadas é verdes que los ni-
ños en España llaman gervaticas. Estas
langostas también las comen los indios é
DE INDIAS. LIB. XV. CAP. III.
las han por ua muy buen manjar, en es-
pecial en la Tierra-Firme , donde ningu-
na cosa viva perdonan ni niegan al gusto
ó paladar, como se dirá en su lugar, en
la segunda parte desta Historia Natural de
nuestras Indias.
CAPITULO IV.
De los animales nas§¡dos en la madera y engendrados de diversas maneras, y de la broma.
Animales hay que por la lluvia se en-
gendran en la tierra é otros en la made-
ra: ni solamente estos nasgen assi, pero
aun los tábanos donde hay mucho hu-
mor, é como dige Plinio *, dentro del
hombre nasgen lombriges é gusanos y en
las carnes muertas. Mas ¿para qué quiero
yo probar con Plinio ni otro antiguo auc-
tor las cosas que cada dia vemos é son
notorias á todos los hombres? Volvamos
á estos animales que se engendran en la
madera, que no es pequeña pestilencia
en estas partes; y á estos tales gusanos
llamamos broma ^ en espegial á aquellos
que en los navios se crian de las gintas
abaxo y en los planes dellos é donde to-
can las aguas ; é labran é comen de ma-
nera que sin ver su labor, no se puede
creer ni encaresger: é hablaré en esto,
como testigo de vista é como en cosa
que es acá muy común. Digen algunos
que este gusano se entra en el agua en
los navios: otros creen que se cria en la
propria madera , é aquesto creo yo mas
é que la humedad del agua é dispusigion
del leño é la potengia del sol son los ma-
teriales, de que se forman con el tiempo
tales animales naturalmente en estas par-
tes , porque sin aver esto en los navios, se
vé lo mesmo en las pipas é vasijas de
madera que tienen agua ó vino. El caso
es que, de qualqtiiera manera que esíe
gusano se engendre , es muy chiquito co-
mo un hilo de seda muy delgado é pe-
queño; é después royendo se hagen tan
gruesos como el dedo , é paran las tablas
de los navios como un panal de abejas ó
como una esponja, todo comido é de tal
manera que, salidos después á la mar, se
anegan las naos é se han perdido muchas
veges la gente é marineros. Y es cosa
que anda muy á la mano é lo vemos
acaesger mas veges de las que querría-
mos. Desta espegie ó género es el tarlo,,
que es aquel gcfsano que en Castilla se
llama carcoma que hage la madera polvo
é la trasgiende é destruye : cosa es muy
vista é notoria. Y de la mesma manera,
cómo esta tierra es muy humidíssima , se
pierden presto las maderas eii esta cibdad
de Sancto Domingo y en estas islas otras,
pobladas de chripstianos , después que
las han puesto en los edefigios ; y es mas
vieja una casa acá (en quanlo á la made-
ra) en treynta años que en España en
giento. Esto se vé por estas casas nues-
tras que todas son modernas y de poco
tiempo acá fundadas, y están como he di-
cho tales las maderas , que en Casulla es-
tovieran mejores con el pino que allá se
usa, aunque oviera giento é ginqüenla
años que se edificaran. Dige el protono-
tario Pedro Mártir, en la chrónica ó deca-
das que escribió destas cosas de Indias
(sin las ver), el qual tractado intituló de
Orbe novo , que hay giertos árboles que
por su amargor no los come la broma
acá én estas partes. Lo qual seria muy
provechoso, si fuesse verdad ; pero yo he
estado en aquella tierra quél dige c no
TOMO 1.
i Plin., lib. XI, cap. 33.
58
438
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
hay tales árboles, ni hasta agora se co-
nosgen en estas partes maderas ni árbol
alguno que esté exento , ó se pueda de-
Qir libre de la broma ; porque hay tanta
y es tan dañosa para los navios y edeíi-
gios , que si tal leño oviesse , seria muy
conestido é le ternian en mucho, é no
se podria caer de la memoria si una vez
tal árbol se supiesso, ni seria poco exer-
citado ; pero yo lo tengo por fábula é no
cierto. É quien tal le dixo, no lo podria^
hager verdad , á lo menos hasta en fin de
los dias de tal auctor , ni hasta el tiempo
presente , que há tres años que le llamó
Dios. Él le tenga en su gloria: que en la
verdad yo creo que él desseaba escrebir
lo gierto, si fielmente fuera informado;
mas como habló en lo que no vido , no
me maravillo , que sus decadas padezcan
muchos defetos.
CAPITULO V.
•De las cucfiracas que en el Andalucía llaman fólulas.
J_jas fótulas son unas cucaragas leona-
das , é assi del tamaño de las que hay
prietas en el reyno de Toledo ; pero estas
otras son mas lixeras é vuelan quando
quieren, é son importunas é incontables é
de mal olor. É pocas caxas ó arcas de
ropa se pueden excusar dellas , porque
luego se meten dentro é aun dañan la
ropa. Digen algunos que estas no las
avia en esta cibdad de Sancto Domingo
ni en esta isla de Hayti ó Española, é
que vinieron de España, con las caxas de
los mercaderes ; é assi hay muchas en
todas las partes que en estas Indias hay
poblagiones dechripstianos. En toda Es-
paña yo no las he visto sino en el Anda-
lugía , é desta otra parte de la Sierra Mo-
rena hágia el Andalugia, gercaya de Cór-
doba y de Sevilla , é muchas mas en las
costas é puertos del Andalugía é del rey-
no de Granada , porque no me paresge
que se quieren llegar á tierras frias. Tie-
nen unas alas, como los escarabajos, con
que cubren otras que están debaxo de
aquellas, muy delgadas; é todas son de
color leonado , como tengo dicho , pero
unas mas escuras que otras.
CAPITULO VL
De los animales que no tienen espiráculo, por donde purgar lo que comen c dfgisten , sino por la propria bo-
ca, por donde se alimentan.
Oage un capítulo Plinio , en su Natural
Historia*, de los anímales que no han por
donde purgar, sino la misma boca, por
donde se pasgen é sustentan. É dige que
este es en espegial un animal que hinca
la cabega en la sangre y se harta hasta
que rebienla ; é dige que tales animales
los crian los bueyes é perros. Por estas
señas piensso yo que son las garrapatas,
de las quales yo hige breve mengion en
el cap. III de suso ; pero pues que el ca-
so lo ha ofresgido , digo que demás deste
animal hay otro que tiene la misma pro-
priedad. Y son las sanguijuelas bermejas
i Plin. , lib. XI, cap. 34.
DE INDIAS. LIB. XV. CAP. VI.
459
qtre de muy pequeñíssimas y delgadas si
alguno la bebe , á vueltas del agua, é se le
pega en la garganta , se hage tan gruesa
como un dedo. Y aun algunos se acos-
tumbran sangrar con ellas , é se las po-
nen en el brago ó en la pierna donde les
plasge ; é alli se hagen grandes é gruesas
é luengas, como un dedo, no siendo pri-
mero tan luengas como una uña del de-
do y delgadas como un hilo. Esto es co-
sa que se vé cada dia é se puede probar;
e yo he visto la experiengia dello en un
hidalgo , amigo mió : el qual no se sintien-
do bien dispuesto, aporque tenia cos-
tumbre de se sangrar con sanguijuelas,
se pusQ en mi presengia dos dellas en
un brago, é desde á menos de hora y
media estaban tan gruesas é tan luengas,
como un dedo de la mano , llenas de san-
gre; é quitaba aquellas é ponia otras,
hasta que se sacó desta forma la sangre
que á él le paresgió, é después atóse
aquellas roturas , como se suele hager á
una sangría, con unas vendas de liengo.
É digo mas : que aviendo hecho esto,
aquel mismo dia , andando negogiando
por la villa , se le soltó una venda des-
las , sin que lo sintiesse hasta que tuvo
toda la manga de la camisa y aun la del
jttbon con mucha sangre , é oviérase de
hallar burlado. Esto que he dicho, yo lo
vi destas sangrías de las sanguijuelas;
pero no se dixo aqui deste animal , sino
porque tampoco tiene salida para la pur-
gagion de lo digirido, como la garrapata. Y
también hay acá destas sanguijuelas é de
las que no son roxas. Muchas veges tuve
yo á locura á aquel hidalgo lo que hagia,
en se sangrar de la manera que he dicho
con las sanguijuelas ; pero después desde
á mucho tiempo lo hallé escripto en Pu-
nió '. El qual dige que hagen estas san-
guijuelas el mesmo provecho que las
ventosas é que son medeginales, para ali-
gerar el cuerpo de la sangre ; pero que es
inconveniente, porque cada año en el mes-
mo tiempo se requiere hager la mesma
medegina ó sangría. Y también dige que
alguna vez dexan hincada la cabega é
hagen la herída insanable, é mataá mu-
chos, como intervino á Messalino, patrigio
é consular, el qual se las avia puesto ea
las rodillas. Y para esto se temen que no
sean roxas ó coloradas , é por tanto dige
este auctor que es bueno que se corten
con las tixeras, etc. Hay otro animal , se-
gund los que escriben, que tampoco tiene
espiráculo en la parte inferior ó convi-
niente para la purgagion, é aqueste es el
cocodrilo. Passemos á los otros animales.^
CAPITULO VIL
De los escorpiones que hay en esta Isla Española y liis oirás destas Indias.
H
ay en estas islas, Indias é Tierra-Fir-
me escorpiones, que son los mismos
que en Castilla degimos alacranes , y en
algunas partes destas hay muchos dellos.
Dige Plinio ^ de aqueste animal, que ma-
ta después que pica, en espagio de tres
dias , y que su herida es siempre mortal
en las vírgines é quassi en todas las hem-
bras. É dige otras particularidades, de
las quales faltan las mas á los alacranes
destas partes, porque acá no es su bo-
cado mortal , puesto que duele mucho
tanto tiempo quanto passe un quarto de
hora, é algunas veges mas. Y á mí me
han picado muchos destos escorpiones en
estas partes , y en mí he experimentado
\ Plin., iib. XXXir, cap. 6.
2 Plin., Iib. XI, cap. 2i5.
4G0
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que unos dan mas dolor que otros. Y
aquello también debe de consistir en es-
tar el hombre ayuno ó harto , ó puede
ser en lo estar el mesmo alacrán; pero
dequalquier manera que ello sea, ningún
lor la picadura de la abispa, como la del
alacrán en estas Indias, é de algunas abis-
pas por mayor. Aunque á mi parescer,
como quien lo uno é lo otro ha probado,
tura mas tiempo el dolor de la picadura
hombre peligra acá, ni muger tampoco del alacrán,
por esso. É yo tengo por tan grande do-
CAriTULO VIII.
Do las moscas ó mariposas é scmojanlcs animales que vuelan é relucen de noche ; y en especial de una
deslos que en esla isla le llaman los indios cocuyo.
M
uchas moscas ó mariposas y escara-
bajos hay en estas islas todas, que relu-
cen de noche é andan volando, assi
como aquellas que en Castilla llaman lu-
ciérnagas y de otras maneras , que an-
dan en el verano , lo qual hagen assi mis-
mo en estas partes quassi en todo tiem-
po , porque acá hay poca diferencia del
dia á la noche , é siempre es templado
el tiempo , porque no hay demasiada ca-
lor é pocas veges se siente frió , sino es
corriendo el viento del Norte ó Septen-
tiion en esta Isla Española, é á par de
algunas sierras, que hay muchas. Assi
que destas lugiérnegas acá hay muchas
6 de diversas maneras ; pero pequeñas.
Mas hay una en especial que se llama co-
cuyo , que es cosa mucho de notar. Este
es un animal muy noto en esta Isla Es-
pañola y en todas las otras cercanas á
olla: el qual es de especie de escaraba-
jo, é tan grande como la cabega del dedo
pulgar ó algo menor. Tiene dos alas du-
ras , debaxo de las quales están otras dos
mas delgadas, que guarda y encubre con
las de engima, quando dexa de volar: tie-
ne los ojos resplandecientes, como can-
delas, en tal manera que por donde passa
volando , torna el ayre vegino tan claro,
como lo suele hager la lumbre ; é si á pri-
ma noche hagiendo escuro, traen un co-
cuyo en la mano , lodos los que desde
lexos le vieren é tuvieren nesgessidad de
engender alguna candela, vernán pens-
sando que es otra engendida, á tomar
allila lumbre. En tal guisa que engerrado
en una cámara escura, resplandege tan-
to que se vee muy bien leer y escrebir
una carta; é si juntan quatro ó ginco des-
tos cocuyos é los atan ó ensartan , sirven
tanto como una bastante lenterna en el
campo, ó por los montes, é do quiera,
siendo noche bien escura. Quando la
guerra se hagia en esta Isla Española y
en las otras islas , se servían destas lum-
bres los chripstianos é los indios, para no
se perder los unos de los otros. Y en es-
pegial los indios , como eran mas dies-
tros para tomar estos animales, hagian
collares dellos, quando querían ser vistos
desde una legua é mas desviados. É assi
en el campo y en la caga de noche, con
estos cocuyos hagen los hombres lo que
les conviene, sin que el ayre ó viento re-
gio ó agua alguna les quite la lumbre ni
dexen de ver por donde van. Quando
yban de noche á saltear los hombres de
guerra en esta isla, poníase el adalid ó
la guia qu© yba delante, en seyendo no-
che escura , un cocuyo en la cabega é
servia de pharol á toda la otra gente que
le seguia. Esta claridad que tiene en los
ojos este animal, la tiene assi mismo en
el lomo, ó quando abre las alas para vo —
DE INDIAS. LIB. XV. CAP. VIIL
4G1'
Jar ó va volando, muestra mas claridad
por lo que descubre que está debaxo de-
Ilas, é con aquello dá la mesma luz que
los ojos ; é junta la una con la otra , es
mayor claridad, quando vuela. Acostum-
bran tener presos é retenidos estos co-
cuyos, para el servicio de las casas é qb-
nar de noche á su resplandor , sin aver
nesQessidad de otra lumbre. É assi lo ha-
Qian también en el tiempo passado algu-
nos chripslianos, por no gastar sus dine-
ros en ageyte para los candiles, que era
en aquella sagon muy caro , ó porque no
lo avia. Y quando veian que por enfla-
quesgerse el cocuyo , ó por la congoxa
de su prisión , se amortiguaba ó yba des-
fallegiendo aquella virtud resplandesgien-
te, soltábanlos é tomaban otros para
otros dias siguientes. Estregaban é flo-
tábanse los indios la cara é los pechos
con gierta pasta que hagian destos cocu-
yos; é quando estaban en sus fiestas é
querian aver plager, espantando á quien
estaba descuydado ó no sabia lo que era,
paresgia que estaba engendido en fuego
todo lo que assi estaba untado de aque-
lla materia ó cocuyo. Assi cómo este ani-
mal se va enflaquesgiendo ó muere, assi
poco á poco se va consumiendo aquella
claridad hasta que de todo punto se aca-
ba y resuelve en ninguna. É aquesto baste
quanto á las lugiérnegas é animales que
resplandesgen , de los quales todos , é de
los gusanos que dan claridad assi mes-
mo , creo yo que este cocuyo tiene el
pringipado en lo que es dicho.
Comienga el libro dégimo sexto de la^ Natural y general historia de las Indias,
islas y Tierra-Firme del mar Ogéano: el qual tracta de la conquista y poblagion de la^
isla de Boriquen, á la qual los chripstianos llaman agora isla de Sanct Johan.
PROHEMIO
Jl ues conviene, para conclusión de la
primera parle desta General historia de
Indias, dar particular razón de las otras
islas, pues lie recontado lo que he po-
dido ver y entender de la principal de-
llas , llamada por los indios Hayti é por
los chripstianos Española; passemos á la
de Boriquen , que agora se llama Sanct
Johan, pues que en la verdad es muy ri-
ca é fértil y de mucha estimación. Y co-
mo mas brevemente pudiere, después que
haya dado fin á este libro XVI , passaré
á otras islas notables , de quien tractaré
en los libros siguientes. Y después diré
de las demás, exgepto de aquellas que
están muy gercanas de la Tierra-Firme,
porque de las tales en la segunda parte
será hecha mengion, en el lugar que con-
venga. Y por no dar pesadumbre á los
letores con la repetigion de una mesma
cosa , bastará que en aquello que oviere,
semejante á lo que está dicho, me refiera
á la Isla Española , porque en muchas co-
sas tienen semejanga assi en las aves co-
mo en los animales y en las pesquerias y
otras particularidades. Y porque mejor se
entienda , no seguiré á algunos auctores
antiguos que se contentaron, quando es-
cribieron de alguna provingia, con degir
las que están próximas á aquella para la
dar á entender, é que como notorias, se
entendiessen las unas por las otras; pe-
ro haré yo lo mesmo , que es como mos-
trar los aledaños ó linderos , é también
diré en qué paralelo ó altura é grados
está assentada esta isla é las otras en
quien hablare, é quánto distan de la
equinogial, que es el mas gierto medir,
ó entender de todos en este caso. É si
esto higieran los que escribieron deslas
islas Hespéridos ( que yo por tales las
tengo, por las ragones que tengo ale-
gadas en el tergero capítulo del II libro
desta primera parte) , no se perdiera la
navegagion ni vinieran agora á tenerlas
por Nuevo Mundo , como intitula Pedro
Mártir sus decadas De orhe novo , y lo es-
cribió destas nuestras Indias. Porque ni
esto de acá es mas nuevo ni mas viejo de
lo que son Assia, África y Europa. Pero
porque en ninguna destas tres parles, en
que los antiguos cosmógraphos dividen
el mundo, no pussieron esta tierra é gran-
des provingias é reynos de nuestras In-
DE INDIAS. LIB. XVI. PUOIIEMIO.
468
(lias , paresgióle al dicho auctor que sus
decadas y él tractaban de mundo nuevo.
Vista cosa es que África ni Europa no
pueden ser estas Indias , pues que el rio
Nilo divide la África de la Assia por la
parte oriental , y por el Poniente la ro-
dea el Océano , é assi mesmo por el Me-
diodia. Y dase en la cosmographia del
Tholomeo todo lo demás de la otra parte
del Nilo á Assia, pues Europa también tie-
nen los antiguos que la divide de Assia el
rio Thanais, é por la parte austral tiene
el mar Mediterráneo, é por el Occidente
mucha parte della gircuye assi mesmo el
mar Océano, é á la parte superior del
Norte tiene el mar congelado é los mon-
tes Hyperbóreos, é al Levante tiene á Sar-
magia é Sgithia y el mar Caspio , que es
todo de Assia, etc. Pues visto é muy no-
torio está que estas nuestras Indias en
ninguna manera pueden ser parte de Eu-
ropa ni de África, por lo que tengo di-
cho de sus límites ; y que si han de te-
ner partigipagion de alguna de las ti-es,
ha de ser con Assia. Y esto, quando es-
toviesse averiguado que la última tier-
ra que en Assia estoviesse al Oriente é
delante del reyno de la China, ú otra que
estoviesse ó haya mas oriental , se jun-
tasse con la parte mas ocgidenlal de la
Tierra-Firme destas nuestras Indias, que
es lo que está mas al Poniente de la Nue-
va España, que acá llamamos. La qual,
como no está toda descubierta aun , no
se sabe si es mar ni tierra en el fin , ó si
está toda por alli rodeada del mar Ogéa-
no , lo qual yo mas creo ; é mi opinión é
de otros hasta agora mas sospecha me
da que no es parte de Assia , ni se junta
con la que Assia llamaron los, antiguos cos-
mógraphos. Antes se tiene por mas gier-
to que la Tierra-Firme destas Indias es una
olra mitad del mundo , tan grande ó por
ventura mayor que Assia, África y Euro-
pa ; é que toda la tierra del universo está
dividida en dos parles , y que la una es
aquello que los antiguos llamaron Assia é
África y Europa, que dividieron de la
manera que he dicho ; y que la otra parte
ó mitad del mundo es aquesta de nues-
tras Indias. Y desla manera tuvo razón
Pedro Mártir de llamarlo Mundo Nuevo,
conforme á la noligia ó razón que die-
ron los antiguos é por lo que agora pa-
resge que ynoraron ellos, é vemos no-
sotros. Porque, como tengo dicho en oirás
partes (y probado) que estas islas son las
Hespérides, la Tierra-Firme ñola cuento
por las Hespérides , sino por una mitad ó
mayor parte de dos pringipales que con-
tiene el universo todo. Y que sea verdad
esta cosmographia de mi opinión , es la
causa ver palpable la pintura de todo lo
descubierto, é cómo nos enseñan las agu-
jas del marear la línia del diámetro pun-
tualmente en las islas de los Agores, co-
mo mas largamente lo toqué en el li-
bro II. É desde aquellas al Oriente llamo
yo la una mitad de todo el orbe , en la
qual consisten Assia , África y Europa; é
desde las mesmas islas al Ocgidente la
otra mitad, en que caen nuestras Indias é
la Tierra-Firme. La qual abre una boca
en figura ó forma de señuelo de cagador,
é la punta que tiene al Norte es la tier-
ra que llaman del Labrador , que está en
sessenta grados ó mas apartada de la
equinogial; y la punta que tiene al Me-
diodía, está en ocho grados de la otra
parle de la línia equinogial, la qual pun-
ta sollama el Cabo de Sanct Augustin. Y
partiendo de la una punta para la otra,
tierra á tierra, seria menester navegar
por tal costa mas de tres mili leguas en
la gircunferengia de la parte interior, ó
por de dentro de las dos puntas del se-
ñuelo. Mas queriendo andarlo por defue-
ra , de punta á punta , por la parte que
rodea la mar esta grande tierra , aviendo
de bojar ó entrar por el eslrecho que
descubrió el capitán Hernando de Maga-
llanes (si como dixe de suso no se junta
4G4
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
con Assia, pues de mi opinión es todo
agua, é abracada del mar Ogéano), mas
de seys mili leguas avria de caminar
quien tal camino higiesse, é se han de
hallar en la gircunferengia de la Tierra-
Firme , por ío que se muestra de la nue-
va cosmographia. Porque desde la dicha
punta ó Cabo de Sanct Augustin corrien-
do á la parte austral, se dilata esta Tier-
ra-Firme hasta el dicho estrecho de Ma-
gallanes, que está en grnqüenta é dos
grados é medio. Pues entrad, cosmógra-
phos, por el estrecho que digo, é yd á
buscar tierra á tierra el cabo del Labra-
dor á la parte del Norte , é vereys si se-
rá doblado el camino , el que por de fue-
ra de estas puntas se avria de andar, que
el que dixe por la parte de dentro desta
tierra. Quanto mas que ni por de dentro
ni por de fuera de las puntas, no está sa-
bido puntualmente ni descubierto lo que
hay, puesto que la mayor parte está vis-
ta en lo que está entre la una é la otra
punta por de dentro , é vienen á ser es-
tas nuestras islas como mediterráneas,
conforme á lo que tengo dicho , é á lo
que nos enseñan las cartas modernas de
navegar. Pues de aquestas islas que es-
tán al Occidente de la línia del diámetro
en nuestras Indias , ó mas al Poniente de
las que se digen de los Agores, escrebiré
particularmente , en especial de las que
están pobladas de chripstianos , demás
é allende de la Isla Española, que es la
mas pringipal é de quien he tractado en
los libros precedentes.
Estas que agora quiero distinguir, son
la isla de Boriquen , é la que los indios
llaman Cuba y los chripstianos Fernandi-
na , é la quarta será Jamáyca , que ago-
ra se llama Sanctiago: la quinta será Cu-
bagua , que los chripstianos llaman Isla
de las Perlas, ó la Nueva Cáliz. Otras
dos hay pequeñas que también hay en
ellas algunos chripstianos, pero pocos,
que son la que llaman la Margarita, gcr-
ca de la de Gubagua, y la otra es la Mo-
na, que está entre esta Isla Española á la
de Sanct Johan. Y de cada unadellas se
dirá alguna cosa, é primero de la Mona,
pues que para yr desde aquesta isla de
Hay ti ó Española á la de Sanct Johan,
dicha por otro nombre Boriquen , ha de
passar la mente é aun los navios que lo
andovieren por la isleta dicha Mona. É
assi con el auxilio soberano , como haya
complido con estas particulares islas que
he nombrado , se dirá en general de las
de demás en su lugar , para dar conclus-
sion á la primera parte desta General é
natural historia de Indias: en la qual,
aunque hay muchas novedades é cosas
de notar, se verán muchas mas é mayo-
res en la segunda ó tergera partes, si
Dios fuere servido de me dexar escrebir
en limpio lo que tengo notado de la tier-
ra firme ó mitad del universo que tengo
dicho de suso ; porque en la verdad son
cosas que nunca se oyeron ni pudieron
ser escripias hasta nuestros tiempos por
otros auctores antiguos , ni alguno dellos
habló en esta tierra. Porque lo que dixes-
seen otras partes de las islas Hespéridos,
no obligan á ser la Tierra-Firme las pa-
labras de Solino de Mirabilibus mmdi, ni
los otros auctores que con él se confor-
man en la navegación de los quarenta
dias desde las islas Gorgades ó de Cabo
Verde. Pues que desde aquellas á la Tier-
ra-Firme, mas próxima aellas, se podria
navegar en mucho menos tiempo.
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. I.
465
CAPITULO I.
En que se Irada del assienlo de la isla de la Mona é de la de Boriquen , que agora se Hama isla de Sanct
Johan, y otras particularidades.
Ajlaman los indios Boriquen á la isla que
agora los chripstianos llaman Sanct Johan,
la qual está al Oriente desta Isla Espa-
ñola , veynte é ginco ó treynta leguas. Y
en la mitad deste camino está la isla de
la Mona, en diez é siete grados de la lí-
nia equinogial, á la parte de nuestro polo
ártico : la qual isla de la Mona es muy
pequeña isleta , é baxa é llana que po-
drá tener de gircunferengia tres leguas
poco mas ó menos; pero es fértil y ha-
bitada de pocos chripstianos é algunos
indios , y está á cargo de Frangisco de
Barrionuevo, que poco há fué por go-
bernador de Castilla del Oro. Hay en día
mucha pesquería é tiene buena agua ; é
la granjeria della es de pan del cagabi
que he dicho , que es el pan de los in-
dios, é buen mahiz. Hay muchos é bue-
nos cangrejos de los colorados , que son
mejores que los otros. Y hay muy buena
hortaliza é hágense alli muy singulares
melones de los de Castilla ; pero como es
poquita tierra , de lo que mas sirve es en
lo que he dicho, y también porque algunas
naves hallan alli agua, quando vienen con
nesgessidad della. No pararé mas en esto
por yrá la de Boriquen ó Sanct Johan que
está otras doge ó quinge leguas adelante,
mas al Oriente de la Mona ; en la punta de
la qual, alOcgidente, tiene un isleo redon-
do é alto , que se llama Qicheo , el qual es
deshabitado; pero lamesma isla de Sanct
Johan tiene de longitud ginqüenta é gin-
co leguas , pocas mas ó menos ; y de la-
titud hasta diez y ocho ó veynte , donde
es mas ancha. É de ahy abaxo en algu-
nas partes doge é quinge , segund la for-
ma é figura que tiene.
TOMO I.
La parte ocgidental della está en ditíz
é siete grados, é por la parte del Norte
quassi en diez é ocho , é assi vá del leste
al hueste. Por la parte del Norte es costa
brava , exgepto la bahía donde agora es-
tá el pueblo pringipal de ella : todo lo
demás es peligrosa costa, por ser tra-
viessa del Norte. Por la parte del Oríente
tiene muchas islas pequeñas é baxas lla-
madas las Virgines, é por la parte austral
tiene otras islas pequeñas al luengo de la
costa , y al Ocgidente tiene el isleo del
Cicheo que dixe de suso , é aquesta Isla
Española, segund he dicho. Es aquesta
isla muy rica de oro , é háse sacado en
ella en grand cantidad, é se saca conti-
nuamente , en espegial en la costa ó van-
da del Norte. De la parte que esta isla
tiene mirando al Sur , es muy fértil de
mantenimientos de mucho pan de cagabi
é de mahiz é de todo lo demás que los
indios cultivaban é tenian en la Isla Es-
pañola ; y es de muy buenas pesquerías,
á causa de lo qual vivía é señoreaba en
aquella parte el mayor señor de la isla,
al qual obedesgian otros muchos cagiques.
Hay assi mesmo en esta costa del me-
diodía muchos é buenos puertos. En las
aves é animales é pescados é árboles y
en el traje ó hábito y en la manera de la
gente , no difieren en cosa alguna de lo
que tengo dicho de la Isla Española , ex-
gepto que estos indios de Sanct Johan
eran flecheros é mas hombres de guerra;
pero assi andan desnudos é son de la
mesma color y estaturas. Y la manera de
las barcas ó canoas es assi , como se ha
dicho en lo que he escrípto de la Isla
Española ó Hay ti, y lo que oviere dife-
69
46G
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
rente á ella se dirá adelante en algunas
cosas particulares. Pero antes que á es-
tas vengamos , diré de la manera que fué
conquistada esta isla por los chripstianos,
juntamente con algunas cosas notables
que en la pagificagion della passaron.
Esta isla tiene quassi por la mitad de-
lla, tan luenga como es, una hermosa sier-
ra con muchos é muy buenos rios é aguas
en muchas partes della; pero el mayor é
mas principal entra en la vanda de la
mar del Norte é se llama Cayrahon) otro
se dige Tayniahon en la mesma costa mas
al Oriente ; otro llaman Bayamon , el qual
entra en la bahía que confina con la isla,
en que está assentado el pueblo pringi-
pal , llamado la cibdad de Sanct Johan de
Puerto-Rico. Porque una ria de agua sa-
lada passa de la mesma mar á la dicha ba-
hía é dexa dividido aquel espagio é tér-
mino en que está al un canto , y en lo
mas alto de la costa la dicha cibdad lla-
mada, como la isla, Sanct Johan; y es
cabega de obispado é gentil poblagion , y
avrá en ella hasta gient veginos gon una
iglesia catedral , de la qual aun vive el
primero obispo llamado don Alonso Man-
so, religiosa persona é buen perlado. El
qual fué sacristán mayor del sereníssimo
príngipe don Johan, mi señor, y des-
pués que el príngipe passó desta vida,
fué por el Cathólico Rey elegido á esta
dignidad é obispado en el mesmo tiempo
que fueron eregidas las iglesias é obis-
pados de la Isla Española , año de mili é
quinientos é onge años , y ha seydo hom-
bre de grande exemplo é sancta persona.
Hay en esta cibdad de Sanct Johan un
muy gentil monesterio de la Orden de los
Predicadores, é muy bien edificado,
aunque no de todo punto acabado. El rio
mas oriental en la mesma costa y al le-
vante de la dicha cibdad se llama Luysa;
donde tuvo su assiento una cagica que
fué después chripstiana é se llamó Luysa,
la qual mataron los indios caribes, como
se dirá adelante. Y el mas ocgídentaírio
se dige Canuy ; pero el mayor de toda la
isla es Cayrabon, como tengo dicho. Ala
parte ocgidental desta isla está una villa
que se dige Sanct Germán , en que avrá
hasta ginqüenta veginos : el puerto della
no es bueno , porque es un ancón ó bahía
grande desabrigada , en la qual entra un
rio que se dige Guaorabo. Y en la mesma
costa del poniente hay otros rios, assi
como el Aguada é Culihrinas, entre los
quales estuvo ya un pueblo llamado Soto-
mayor. Y de la otra parte de Sanct Ger-
mán hágia el Sur, en la mesma costa del
Poniente están Mayagueoo é Corigueoo, rios,
é mas adelante está la punta que llaman
el Cabo Roxo.Y de la vanda del Sur, su-
biendo desde el Ocgidente , está primero
una bahía donde estuvo un pueblo que se
llamó Guanica ; y mas al leste está otra
bahía redonda y de buen puerto, llamado
Yauco; y mas oriental está el rio de Ba-
ramaya; é mas adelante está el rio que
llaman Xacagua , en frente del qual está
una isla llamada Ángulo (puesto que ella
es redonda). Y mas al levante, cassi en
medio de esta costa del Sur, están las sa-
linas, é delante de ellas está el rio de
Guayama; y mas al oriente está otro rio
que se dige Guaybana; y mas adelanto
otro que llaman Guayaney; y mas ade-
lante otro que se nombra Macao , y ade-
lante , en la frente ó parte de la isla que
mira al Levante , está otro rio que se dige
Fajardo. Todos estos rios de la vanda del
Sur é también los de lo parte del Norte
penden é han sus nasgimientos en la mon-
taña ó sierra que tengo dicho, que va por
medio de la isla del leste al hueste , de
luengo á luengo de la tierra toda , é por
sus vertientes reparte los rios que tengo
dicho : los quales por la mayor parte son
pequeños ; mas algunos de ellos son bue-
nos rios, pero todos inferiores ó menores
que el que se llama Cayrabon , que está
de la parte del Norte ; é aquesta costa es
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. I.
467
la mas rica de oro en la isla. Y cómo el
ayre es templado y las aguas naturales
las que tengo dicho , es toda la isla ferli-
líssima; é assi abunda de muchos ga-
nados de todas las maneras que los hay
en la Isla Española, de vacas y ove-
jas é puercos, é caballos, é todo lo
que en los libros precedentes queda es-
cripto, en loor de Hayli ó Isla Espa-
ñola .
CAPITULO II.
Cómo por mandado del comendador mayor de Alcántara, don frey Nicolás de Ovando, gobernador de la
Isla Española , se comencó á poblar de chripslianos la isla de Boriquen (que agora llamamos de Sancl Johan),
por mano del capitán Johan Pon^e de León , y de otras particularidades á esto con9erníentes.
Uespues que el comendador mayor,
don frey Nicolás de Ovando , vino por
gobernador á la Isla Española , é ovo con-
quistado en ella é pagificado la provincia
de Higuey , que es á la parte mas orien-
tal de toda la isla , y mas vegina á la isla
de Boriquen ó de Sanct Johan , de quien
aqui se tracta, puso por su teniente en
aquella villa de Higuey á un capitán
hombre de bien é hidalgo, llamado Johan
Ponge de León. El qual yo conosgí muy
bien , é es uno de los que passaron á
estas partes con el almirante primero,
don Chripstóbal Golom, en el segundo
viaje que hizo á estas Indias : é cómo se
avia hallado en las guerras passadas, te-
níase experiengia de su esfuergo y per-
sona y era tenido por hombre de con-
fianga y de buena habilidad. Y cómo este
avia sido capitán en la conquista de Hi-
guey, tuvo notigia desde aquella provin-
gia é alcangó á saber de los indios que
en la isla de Boriquen ó Sanct Johan avia
roncho oro. Y sabido, comunicólo en se-
creto con el comendador mayor , que á
la sagon residía en la Isla Española : el
qual le dio ligengia para que passasse á
la isla de Sanct Johan á tentar é saber
qué cosa era ; porque aunque la isla ya
se sabia y avia sido descubierta por el al-
mirante primero , no estaba conquistada
ni pagífica. Y para este efeto, tomó un
caravelon con gierta gente é buenas guias
de indios , é fué á la tierra del pringipal
rey ó cagique de aquella isla , el qual se
llamaba Agueybana , como el rio que se
dixo de suso : del qual fué muy bien re-
gebido y festejado , dándole de aquellas
cosas que los indios tienen para su man-
tenimiento , é mostrando que le plagia de
le conosger é ser amigo de los chripslia-
nos. Y su madre é padrastro del cagique
mostraron que holgaban mucho con los
chripslianos ; y el capitán Johan Ponge
puso nombre á esta cagica doña Inés , y
á su marido don Frangisco , y á un her-
mano della hizo llamar Añasco , porque
el mesmo indio quiso que lo llamasen
como á un hidalgo que yba con el Johan
Ponge, que se degia Luys de Añasco. Y al
mesmo cagique Agueybana le puso nom-
bre Johan Ponge, como se llamaba el
mesmo capitán que digo; porque es de
costumbre de los indios en estas islas,
que quando toman nueva amistad , toman
el nombre proprio del capitán ó persona,
con quien contraen la paz ó amigigia.
Este cagique era buena persona é muy
obediente á su madre ; y ella era buena
muger, é cómo era de edad, tenia noti-
gia de las cosas acaegidas en la conquis-*
ta é pagificagion de la Isla Española, ó
como prudente continuamente degia é
consejaba á su hijo é á los indios que
fuessen buenos amigos de los chripslia-
nos , si no querían todos morir á sus ma-
nos. Y assi, por estas amonestagiones, el
hijo se anduvo con el capitán Johan Pon-
468
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ge, y le dio una hermana suya por ami-
ga , y le llevó á la costa ó vanda del Norte
de aquella isla , y le mostró algunos rios
de oro , en especial el que se dige en
aquella lengua Manatuabon , y otro que
llaman Qebuco, que son dos rios ricos,
de los quales el capitán Johan Ponge
hizo coger oro, é Iruxo gran muestra
dello á esta Isla Española al comendador
mayor, dexando en la isla de Sant Johan
algunos chripstianos muy en paz é amis-
tad con los indios. Y quando Johan Pon-
ge llegó á esta cibdad de Sancto Domin-
go, halló que ya era venido el segundo
almirante , don Diego Colom , y que es-
taba removido de la gobernagion el co-
mendador mayor. É vino entonges con el
almirante un caballero que avia seydo se-
cretario del sereníssimo rey don Felipe,
llamado don Chripstóbal de Sotomayor,
que yo conosgí muy bien , hijo de la con-
dessa vieja de Caminan, y heredero del
conde de Caminan : el qual don Chrips-
tóbal era hombre generoso é noble, al
qual el Rey Cathólico enviaba por gober-
nador de la isla de Sanct Johan ; pero el
almirante no dio lugar á ello, aunque
con él avia venido , ni le consintió que-
dar en aquella isla, é vínose aqui á esta
cibdad de Sancto Domingo de la Isla Es-
pañola, desde la qual el capitán Johan
Ponge se volvió á Sanct Johan y llevó
allá á su muger é hijas; pero excluydo
del cargo , porque el almirante envió allá
por su teniente é alcalde mayor á Johan
Cerón, é por alguagil mayor á Miguel
Diaz , del qual en otras partes se ha he-
cho mengion: é aquestos dos goberna-
ron quassi un año aquella isla. Y cómo
el comendador mayor era ydo ya en Es-
paña , fizo relagion de los servigios de
Johan Ponge , é negogió con el Rey Ca-
thólico que le diesse la gobernagion de
aquella isla , é assi le envió la provisión
real para ello. El qual, por virtud della,
fué admitido al offigio de gobernagion
como teniente del almirante , don Diego
Colom; pero puesto por el Rey, porque
le paresgió que assi convenia á su ser-
vigio ; y desde á pocos dias que tomó el
cargo Johan Ponge, prendió al alcalde
mayor Johan Cerón y al alguagil mayor
Miguel Diaz, por algunos exgesos, de que
los culpaban ; y enviólos presos á España,
para que se presentassen en la corte ante
el Rey Cathólico, é higo su alcalde mayor
á don Chrisptóbal de Sotomayor. Al qual,
en lo ageptar , siendo tan generoso é ha-
gerse inferior en tal offigio ni otro de Jo-
han Ponge , é aun porque no era bien
tractado , ó él é muchos se lo tuvieron á
poquedad , como en la verdad lo era;
porque demás de ser de tan clara é noble
sangre, poco tiempo antes avia seydo se-
cretario del Rey don Phelipe, nuestro
señor, como tengo dicho; y el Johan
Ponge era un escudero pobre quando
acá passó , y en España avia sido cria-
do de Pero Nuñez de Guzman , hermano
de Ramiro Nuñez , señor de Toral. El qual
Pero Nuñez , quando le sirvió de page
Johan Ponge , no tenia gien mili marave-
dís ó poco mas de renta, puesto que
fuesse de ilustre sangre; y después fué
ayo del sereníssimo señor Infante don Fer-
nando, que agora es rey de los romanos.
Quiero degir, que de la persona de don
Chripstóbal á la de Johan Ponge avia
mucha desigualdad en generosidad de
sangre , puesto que el Johan Ponge es-
taba reputado por hidalgo y tuvo persona
y ser para lo que fué después , como se
dii-áenla prosecugion de la historia. Assi
que, los que avian ydo con el capitán
Johan^ Ponge , como los que llevó don
Chripstóbal , todos le tuvieron á mal aver
ageptado tal cargo; y por esso, como
corrido dello, é reconogiendo su error,
dexó el offigio é no lo quiso, como arre-
pentido ; pero no sin ser culpado en lo
aver tomado. Desde á poco tiempo el ca-
pitán Johan Ponge vino á esta cibdad de
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. II.
469
Sancto Domingo é truxo consigo al ca-
cique Agueybana para ver las cosas desla
Isla Española, la qual en aquella sagon
estaba muy poblada de indios y de chrips-
tianos. É si este cagique Agueybana ó su
madre vivieran , nunca oviera rebelión ni
las maldades que subgedieron en los indios
de Sanct Johan ; pero desde á poco tiem-
po murieron madre é hijo , y heredó el
señorío un hermano suyo , el qual na-
turalmente era malo é de peores des-
seos. Y este estaba encomendado á dotí
Ghripstóbal de Sotomayor por reparti-
miento, y púsole su nombre é llamábanle
don Ghripstóbal ; y era tan buen caba-
llero su amo, don Ghripstóbal de Sotoma-
yor y tan noble, que quanto él tenia daba
á aquel traydor de su cagique , en pago
de lo qual y de las buenas obras que le
hizo , le mató muy crudamente de la ma-
nera que adelante se dirá ; assi por com-
plir con el odio que á su señor é á los.
chripslianos tenia , como porque en la
verdad esta gente destos indios á natura
es ingrata y de malas inclinaciones é
obras ; é por ningún bien que se les haga
tura en ellos la memoria ni voluntad para
agradesgerlo.
CAPITULO III.
Que tracta del primero pueblo de chripslianos que ovo en la isla de Boriquen ó Sanet Johan , é por qué se
mudó adonde se hi90 después.
Jfcju el tiempo que Johan Ponge gober-
naba lo isla de Sanct Johan , higo el pri-
mero pueblo que los chripstianos tuvie-
ron en agüella isla á la vanda del Norte,
é púsole nombre Gaparra. En el qual pue-
blo higo una casa de tapias, é andando el
tiempo higo otra de piedra ; porque en la
verdad , era hombre inclinado á poblar y
edificar. Mas este pueblo , por la indis-
posiglon del assiento , fué malsano é tra-
bajoso , porque estaba entre montes y
giénegas, é las aguas eran agijosas, é no
se criaban los niños. Antes en dexando
la leche , adolesgian é se tornaban de la
color del agije , y hasta la muerte siem-
pre yban de mal en peor, y toda la gente
de los chripstianos andaban descoloridos
y enfermos. Estaba este pueblo una legua
de la mar , el qual intervalo era todo de
giénegas é muy trabajoso de traer los
bastimentos á la villa , el fundamento de
la qual ó su pringipio fué el año de mili
é quinientos é nueve. Y estuvo aquella
república ó villa en pie doge años poco
mas ó menos , hasta que después se mudó
adonde al presente está , que es una vi-
lleta puesta en la mesma bahía donde las
naos solian descargar ; pero adonde se
mudó y está agora el pueblo es muy sano,
aunque en la verdad las cosas nesges-^
sarias son dificultosamente ó con mucho
trabajo ávidas , assi como buena agua , é
la leña, é hierva para los caballos é para
cobrir las casas ; porque los mas se sir-
ven destas cosas é otras por la mar, con
canoas é barcas*
470
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO IV.
Del pueblo de Guanica , é por qué se despobló e' se hizo otro que se llamó Sotomayor , é del levantamiento
é rebelión de los indios , é cómo mataron la mitad de los chripstianos que avia en la isla de Sancl Johan , y
del esfuer9o é cosas hacañosas del capitán Diego de Sala9ar.
Hintrante el año de mili e quiaientos é
diez años fué la gente que don Chripstó-
bal de Soto Mayor llevó é otros que pas-
saron desde aquesta Isla Española á la de
Sanct Johan , é higieron un pueblo que
se dixo Guanica que es quassi al cabo
de la isla , donde está una bahía que se
cree que es una de las mejores que hay
en el mundo : é desde allí descubrieron
finco rios de oro, á ginco leguas del
pueblo de Guanica , llamados Duijey , Ho-
romico, Icau, In, y Quiminen. Pero en es-
te pueblo ovo tantos mosquitos que fue-
ron parte muy bastante para lo despo-
blar , é passóse aquella gente é veginos
al Aguada que se dige, al hues-norueste,
é llamaron á este otro nuevo pueblo ó
assiento Sotomayor. Y estando en este
pueblo , se algaron los indios de la isla un
viernes quassi al pringipio del año mili é
quinientos é onge, estando los indios é
los chripstianos en mucha paz , é tuvie-
ron aquesta forma para su rebelión. Ellos
vieron que los chripstianos estaban der-
ramados por la isla , é assi cada cagique
mató los que dellos estaban en su casa ó
tierra; por manera que en un naesmo
tiempo mataron ochenta chripstianos ó
mas. Y el cagique Agueybana, que tam-
bién se degia don Gripsthóbal , como mas
pringipal de todos , mandó á otro cagique
dicho Guarioaex, que fuesse por capitán
é recogiesse los cagiques todos é fuessen
á quemar el pueblo nuevo llamado Soto-
mayor. Y para esto se juntaron mas de
tres mili indios; y cómo todo lo de alre-
dedor del pueblo hasta él eran arcabucos
y montes gerrados de arboledas , no fue-
ron sentidos hasta que dieron en la villa ,
puesto que un indio niño los vido é lo
dixo; pero no fué creydo. É assi cómo
dieron de súbito ovieron lugar de pegar
fuego al pueblo é mataron algunos chrips-
tianos , é no quedara ninguno con la vi-
da, si no fuera por un hidalgo que en
aquella villa vivia llamado Diego de Sa-
lagar : el qual demás de ser muy devoto
de la Madre de Dios y de honesta vida,
era muy animoso hombre y de grande
esfuergo. Y cómo vido la cosa en tan
mal estado é á punto de se perder todos
los chripstianos que quedaban alli, los
acaudilló é puso tan buen coragon en los
que estaban ya quassi vengidos , que por
su denuedo é buenas palabras , los esfor-
gó é persuadió á que con gran ímpetu é
osadía, como varones, se pusiessen á la
resistengia ; é assi lo higieron , y pelearon
él y ellos contra la moltitud de los ene-
migos , de tal manera que los resistió , é
como valeroso capitán á vista de los con-
trarios, recogió toda la gente de los
chripstianos que avian quedado é los lle-
vó á la villa de Caparra , donde estaba
el capitán Johan Ponge de León, que co-
mo he dicho ya era gobernador de la is-
la : é todos los que alU fueron , dixeron
que después de Dios, Diego de Salagar
les avia dado las vidas. Quedó desto tan-
to espanto en todos los indios , y en tan-
ta reputagion con ellos la persona de Die-
go de Salagar, que le temían como al
fuego , porque en ninguna manera podían
creer que oviesse hombre en el mundo
tan digno de ser temido. Verdad es que
antes desto ya el mesmo Diego de Salagar
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. IV.
Í7A
avia hecho otra experiencia de su perso-
na con los indios , é tan grande que si
ellos penssáran hallarle en la villa deSo-
tomayor , no osaran yr allá , aunque co-
mo he dicho eran mas de tres mili. Pero
porque passemos á lo demás , pues se ha
tocado del esfuergo é persona deste hi-
dalgo , diré otro caso muy señalado del,
donde ovo pringipio la reputagion é con-
gepto en que los indios le tenian é por-
qué le temian , é fué esta la causa. Un
cagique que se degia del Aymanio tomó
á un mangebo chripstiano , hijo de un Pe-
ro Xuarez de la Cámara, natural de Me-
dina del Campo , é atólo , é mandó que
su gente lo jugasen al batey (que es el
juego de la pelota de los indios) , é que
jugado, los vengedores lo matassen. Esto
seria hasta tres meses antes de lo que
tengo dicho que higieron en la poblagion
de la villa de Sotomayor; y en tanto
que comian los indios , para después en
la tarde hager su juego de pelota , como
lo tenian acordado sobre la vida del po-
bre mangebo , escapóse un muchacho, in-
dio naboría del preso Pero Xuarez , é
fuesse huyendo á la tierra del cagique de
Guarionex, donde en esta sagon estaba
Diego de Salagar: é cómo el muchacho
lloraba, pesándole del trabaxo é muerte
en que dexaba á su señor, el Salagar le
preguntó que dónde estaba su amo , y el
indio le dixo lo que passaba: é luego el
Salagar se determinó de yr allá á morir
ó salvarle, si pudiesse; mas el muchacho
temiendo no queria volver ni guiarle.
Entonges Diego de Salagar le amenagó é
dixo que lo mataría, si noybacon él y le
enseñaba donde tenian los indios á su
amo ; de manera que ovo de yr con él , é
llegado gerca de donde estaban, esperó
tiempo para que no le viessen hasta que
diesse en los indios. Y entró en un ca-
ney ó buhío redondo, á donde estaba ata-
do el Xuarez , esperando que acabassen
los indios de comer para lo jugar, é ju-
gado lo matar; y prestamente Diego de
Salagar le cortó las ligaduras con que es-
taba atado, édíxole: «Sed hombre éhaged
como yo.» Écomengó ádar por medio de
tresgientos indios gandules ó mas, con
una espada é una rodela , matando é hi-
riendo con tan gentil osadia y efeto, co-
mo si tuviera alli otros tantos chripstia-
nos en su favor , é hizo tanto estrago en
los indios, que aunque eran hombres de
guerra , á mal de su grado le dexaron yr
con el dicho Xuarez ; porque como Die-
go de Salagar hirió muy mal á un capi-
tán de la mesma casa, donde aquesto
passó, los otros desmayaron en tanta
manera que el Salagar y el Xuarez sa-
lieron de entre ellos, segund es dicho.
Y después que estuvo bien apartado de
los contrarios enviaron tras él mensa-
geros, rogándole que quisiesse volver,
porque le querían mucho por ser tan va-
liente hombre, é que le querían conten-
taré servir en quanto pudiessen. El qual,
oyda la embaxada , aunque de gente tan
bárbara é salvaje , determinó de volver á
saber qué le querían los indios ; mas el
compañero, como hombre que en tal tran-
ge é tan al cabo de la vida se avia visto,
no era de paresger que volviessen : an-
tes se hincó de rodillas delante de Diego
de Salagar é le pidió é rogó que por
amor de Dios no tornasse , pues sabia
que eran tantos indios , y ellos dos solos
DO podian sino morir , é que aquello era
ya tentar á Dios y no esfuergo ni cosa de
se hager. É Diego de Salagar le respon-
dió é dixo. «Mirad, Xuarez, si vos no
quereys volver conmigo ydos en buen
hora que en salvo estays ; mas yo tengo
de volver é ver que quieren estos indios,
y no han de penssar que por su temor lo
dexo.» Entonges el Xuarez no pudo hager
otra cosa sino tornar con él, aunque de
mala voluntad; pero cómo era hombre
de bien é tenia la vida por causa del Sa-
lagar , acordó de le seguir é la tornar á
472
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
peligro, en compañía de tan osado varón
é que también meneaba el espada. Y tor-
naron juntos , é hallaron muy mal herido
al capitán de los indios ; é Diego de Sa-
ladar le preguntó qué queria , y el capitán
ó cacique le dixo que le rogaba que le
diesse su nombre é que con su voluntad
oviesse por bien que le llamassen Sala-
dar como á él, é que queria ser su ami-
go perpetuo , é le queria mucho : é Die-
go de Salagar dixo que le plagia que se
Uamasse Salagar, como él. É assi luego sus
indios le comengaron á llamar Salacar,
Saladar ; como si por este consentimien-
to se le invistiera la mesma habilidad y
esfuergo del Diego de Salagar. É para
pringipio desta amistad é por la merged
que se le hagia, en dexarle de su grado
tomar su nombre, le dio quatro naborías
ó esclavos que le sirviessen é otras joyas
é preseas, y se fueron en paz con ellas
los dos chripstíanos. Desde entonges fué
tan temido de los indios Diego de Salagar
que, quando algund chripstiano los ame-
nagaba, respondían. «Piensas tú que te
tengo de temer, como sí fuesses Sala-
gar.»
Viendo pues Johan Ponge de León, que
gobernaba la isla , lo que este hidalgo
avía hecho en estas dos cosas tan señala-
das que he dicho, le higo capitán entre los
otros chripstíanos é hidalgos que debaxo
de su gobernagion militaban, y otros fue-
ron mudados ; é aunque después ovo mu-
dangas de gobernadores , siempre Diego
de Salagar fue capitán é tuvo cargo de
gente hasta que murió del mal de las búas .
É aunque estaba muy doliente , lo lleva-
ban con toda su enfermedad en el cam-
po, é dó quiera que yban á pelear con-
tra los indios; porque de hecho penssaban
los indios , que ni los chripstíanos podían
ser vengídos ni ellos venger dónde el
capitán Diego de Salagar se hallasse , é
lo primero de que se informaban con to-
da dílígengia era saber si yba con los
chripstíanos este capitán. En la verdad
fue persona , segund lo que á testigos fi-
dedignos y de vista yo he oydo, para le
tener en mucho; porque demás de ser
hombre de grandes fuergas y esfuergo,
era en sus cosas muy comedido é bien
criado é para ser estimado do quiera que
hombres oviesse , é todos le loan de muy
devoto de Nuestra Señora. Murió después
de aquel trabajoso mal que he dicho, ha-
gi'^ndo una señalada é pagiente peniten-
gíá, segund de todo esto fuy informado
en parte del mesmo Johan Ponge de León
y de Pero López Ángulo y de otros ca-
balleros é hidalgos que se hallaron pres-
sentes en la isla, en la mesma sagon que
estas cosas passaron , y aun les cupo par-^
te destos é otros muchos trabajos.
CAPITULO V.
Que tracta de la muerte de don Cbripstóbal de Sotomayor é oíros chripsUanos; é qómo escapó Johan Gon-^
calez, la lengua, con quairo heridas muy grandes, é lo que anduvo assi herido en una noche, sin se curar,
é otras cosas tocantes al discurso de la historia.
1. ornando á la historia del levantamien-
to de los indios, digo que después que
los príngipales dellos se confederaron pa-
ra su rebelión , cupo al cagíque Aguey-
bana, que era el mayor señor de la isla,
}ie matar á don Chripstóbal de Sotoma-
yor , su amo , á quien el mesmo cagíque
servía y estaba encomendado por repar-
timiento, segund tengo dicho, en la casa
del qual estaba ; y jugáronlo á la pelota
ó juego que ellos llaman del batey , que
es lo mesmo. É una hermana del cagíque
DE INDIAS. LIB. XVI. CA?. V.
i73
que tenia don Ghripstóbal por amiga , le
avisó é le dixo: «Señor, vete de aqui:
que este mi hermano es bellaco y le quie-
re matar.» Y una lengua que don Ghrips-
tóbal tenia , llamado Johan Gongalez , so
desnudó una noche e se embixó ó pintó
de aquella ungion colorada que se dixo
en el libro VIII, capítulo VI, que los in-
dios llaman bixa, con que se pintan para
yr á pelear , ó para los arey tos y cantares
y quando quieren paresger bien. É cómo
el Johan Gongalez venia desnudo é pin-
tado y era de noche y se entró entre los
que cantaban en el corro del areyto , vio
é oyó cómo cantaban la muerte del don
Ghripstóbal de Sotomayoré de los chrips-
lianos que con él estaban; é salido del
cantar, quando vido tiempo y le pares-
Ció, avisó á don Ghripstóbal é díxole la
maldad de los indios é lo que avian can-
tado en el areyto é tenían acordado. El
qual tuvo tan mal acuerdo , que como no
avia dado crédito á la india cacica, tam-
poco creyó al Johan Gongalez : la qual
lengua le dixo : «Señor, esta noche nos
podemos yr, é mirad que os va la vida
en ello : que yo os llevaré por donde no
nos hallen.» Pero cómo su fin era llega-
do, no lo quiso hager. Gon todo esso,
assi como otro dia amanesgió , estimula-
do su ánimo é como sospechosso, acordó
de se yr; mas ya era sin tiempo : é dixo
al cagique que él se quería yr donde es-
taba el gobernador Johan Ponge de León,
y él dixo que fuesse en buena hora , y
mandó luego venir indios que fuessen con
él y le llevassen las cargas é su ropa , é
dióselos bien instrutos de lo que avian de
hager ; é mandóles que quando viessen
su gente, se algasen con el hato é lo que
llevaban , é fue assi : que después de ser
partido don Ghripstóbal , salió tras él el
mismo cagiquecon gente, é alcangóle una
legua de alli de su assiento, en un rio que
se dige Cauyo. É antes que á él llegassen,
alcangaron alJohan Gougalez, la lengua,
TOMO 1.
é tomáronle la espada é d ¡érenle giertas
heridas grandes , é queríanle acabar de
matar; é cómo llegó luego Agueybana,
dixo la lengua, en el lenguaje de los in-
dios : «Señor , ¿por qué me mandas ma-
tar? Yo te serviré é seré tu naboría:» y
entonges dixo el cagique: «Adelante, ade-
lante, á mi dalihao (que quiere degir mi
señor, ó el que, como yo, se nombra), de-
xa ese bellaco. » É assi le dexaron, pero
con tres heridas grandes é peligrosas , y
passaron y mataron á don Ghripstóbal é
á los otros chripstianos que yban con él
(que eran otros quatro) , á macanagos;
quiero degir con aquellas macanas que
usan por armas, é flechándolos. É hecho
aquesto , volvieron atrás para acabar de
matar al Johan Gongalez, la lengua ; pe-
ro él se avia subido en un árbol é vido
cómo le andaban buscando por el rastro
de la sangre, é no quiso Dios que le vies-
sen ni hallassen; porque cómo la tierra
es muy espessa de arboledas y ramas , y
él se avia desviado del camino y embos-
cado, se escapó desta manera. É fuera
muy grande mal si este Johan Gongalez
alU muriera , porque era grande lengua:
el qual, después que fue de noche, baxó
del árbol é anduvo tanto que atravcssó
la sierra de Xacagua , é créese que guia-
do por Dios ó por el ángel , é con favor
suyo, tuvo esfuergo é vida para ello, se-
gund yba mal herido. Finalmente él sa-
lió á Goa , que era una estangia del rey;
pero él creia que era el Otuao , donde
penssaba que lo avian de matar , porfjue
era tierra algada é de lo que estaba rebo-
lado; pero su estimativa era hija de su
miedo con que yba ; é avia andado quin-
ge leguas mas de lo que se penssaba. É
como alli avia chripstianos, viéronle; y él
estaba ya tal é tan dessangrado y enfla-
quesgido, que sin vista cayó en tierra.
Pero cómo le vieron tal, socorriéronle con
darle algo que comió y bebió y cobró al-
gund esfuergo é vigor, é pudo hablar,
60
474
HISTORIA GEINEHAL Y NATURAL
aunque con pena, é dixo lo que avia pas-
sado. É luego higieron mandado al capi-
tán Johan Ponge, notificándole todo lo que
es dicho : el qual luego apergibió su gen-
te para castigar los indios y hagerles la
guerra. En la qual sagon llegó el Diego de
Salagar con la gente que avia escapado con
él, segund se dixo en el capítulo de suso.
É luego Johan Ponge envió al capitán Mi-
guel de Toro con quarenta hombres á bus-
car á don Chripstóbal , al qual hallaron
enterrado ( porque el cagique le mandó
enterrar) y tan somero ó mal cubierto que
tenia los pies de fuera. Y este capitán é los
que con él yban higieron una sepultura,
en que lo enterraron bien , é pusieron á
par della una cruz alta é grande. É aqueste
fue el pringipio é causa de la guerra con-
tra Agueybana é los otros indios de la isla
de Boriquen, llamada ahora Sanct Johan.
CAPITULO VI.
De los primeros capitanes que ovo en la conquista é pacifica9Íon de la isla de Boriquen, que agora
llama isla de Sanct Johan.
se
J. ornando Miguel de Toro é los quaren-
ta chripstianos que con él fueron á en-
terrar á don Chripstóbal y á los otros
quatro españoles que con él fueron muer-
tos , el gobernador Johan Ponge entendió
en ordenar su gente y estar envela, para
se defender con los pocos chripstianos
que avian quedado, en tanto que era so-
corrido é le yba gente desde aquesta Isla
Española , para lo qual higo tres capita-
nes. El primero fue Miguel de Toro, de
quien he dicho de suso : el qual era hom-
bre regio é para mucho , é avia seydo ar-
mado caballero por el Rey Cathólico
(puesto que él era de baxa sangre), por-
que en la Tierra-Firme avia muy bien
probado como valiente hombre, é con su
esfuergo avia honrado su persona, en
compañía del capitán Alonso de Hoje-
da. El otro capitán que Johan Ponge hi-
zo fue Diego de Salagar, de quien es
fecha mengion en el capítulo de suso.
El tergero capitán fue Luys de Alman-
sa. A estos tres capitanes fueron consi-
nados cada Ireynta hombres, é los mas
dellos coxos y enfermos; pero sacaban
uergas y esfuergo de su flaquega , por-
que no tenian otro remedio sino el de
Dios y de sus manos; acordándose de
aquella grave sentengia de Séneca * don-
de dige «que es locura temer lo que
no se puede excusar.» Stultum est timere
quod vitare nonpossis. Avian pues muer-
to los indios la mitad de los chripstianos,
como ya tengo dicho, ó los mas é la mas
lugida gente: é con los que quedaban,
que podrían ser giento por todos, Johan
Ponge siempre se hallaba con ellos, y de
ios delanteros ; porque era hombre ani-
moso é avisado é solígito en las cosas de
la guerra ; é traía por su capitán general
y teniente é por su alcalde mayor á un
hidalgo, llamado Johan Gil. É assi lo fue
después de su gobernagíon, hasta que la
isla fue pagificada, é sirvió muy bien;
porque aun después de passada la guerra
de la isla de Sanct Johan , á su costa la
hagía á los caribes de las otras islas co-
marcanas, que son muchas, é los puso en
mucha nesgessidad; en tal manera que
no se podían valer con él y le temían
mucho. En este exergigio de los caribes
traía consigo por capitanes á Johan de
León , hombre diestro en las cosas de la
mar y en la tierra, y en las cosas de la
guerra , de buen saber y gentil ánimo. Y
i In libro de remediis fcrluiíorum.
DE liNDIAS. LIB. XVI. CAP. VI.
475
el otro capitán que traia el teniente Johan
Gil era un Johan López, adalid, y otros
hombres de bien de los que avian queda-
do de la guerra de Sanct Johan , que por
ser diestros y do buen ánimo , dó quiera
que se hallaban , hagian muy bien lo que
convenia al exergigio de la conquista do
los caribes, en la mar y en la tierra.
CAPITULO VIL
Que Iracta de algunas personas señaladas por su esfuer9o , y de algunas cosas á esto concernientes en la
guerra é conquista de la isla de Sanct Johan.
Jr arésgeme muy digno de culpa el es-
criptor que olvida ó dexa de degir algu-
nas cosas particulares de la calidad de
las que en este capítulo se escrebirán;
porque aunque el pringipal intento de la
historia sea enderegado á otro fin , en
espegial en esta, que es hager pringipal
memoria de los secretos é cosas que la
natura produge en esta& nuestras Indias
naturalmente, también consuena con el
título de llamarla general historia recon-
tar los méritos de los conquistadores des-
tas partes , porque á lo menos, si queda-
ron sin galardón ó pago de sus trabaxos
y méritos , no les falte por culpa de mi
pluma é pigricia la memoria de que fue-
ron é son muy dignos sus hechos , por-»
que en la verdad es mejor satisfagion que
otras ; y en mas se debe tener lo que se
escribe, en loor de los que bien vivieron
é acabaron como buenos é valerosos, que
quantos bienes les pudo dar ó quitar for-
tuna. É porque de mi parte no quede en
silengio algo desto , digo que ovo mu-
chos hidalgos é valerosas personas que
se hallaron en la conquista de la isla de
Boriquen, que agora se llama Sanct
Johan. Y no digo muchos en número,
pues que todos ellos eran poca gente;
pero porque en essa poca cantidad de
hombres los mas dellos fueron muy varo-
nes y de grandíssimo ánimo y esfuergo.
Rara cosa y presgioso don de la natura,
y no vista en otra nagion alguna tan co-
piosa y generalmente congedida como á
la gente española; porque en Italia, Fran-
gía y en los mas reynos del mundo sola-
mente los nobles y caballeros son espe-
gial ó naturalmente exergitadosé dedica-
dos á la guerra , ó los inclinados é dis-
puestos para ella ; y las otras gentes po-
pulares é los que son dados á las artes^
mecánicas é á la agricultura é gente ple-
bea, pocos dellos son los que se ocupan
en las armas ó las quieren entre los ex-
traños. Pero en nuestra nagion española
no paresge sino que comunmente todos
los hombres della nasgieron pringipal y
cspegiahnente dedicados á las armas y á
su exergigio , y les son ellas é la guerra
tan apropriada cosa , que todo lo demás
les es agessorio , é de todo se desocupan
de grado para la miíigia. Y desta causa,
aunque pocos en número, siempre han
hecho los conquistadores españoles en es-
tas partes lo que no pudieran aver hecho
ni acabado muchos de otras nasgiones.
Ovo pues en aquella conquista un Se-
bastian Alonso de Niebla, hombre la-
brador, y que en España nunca hizo si-
no arar é cavar é las otras cosas seme-
jantes á la labor del campo : el qual fué
varón animoso , regio, suelto, pero ro-
busto , é junto con su robustigidad que en
sí mostraba á prima vista en su sem-
blante , era tractado de buena conversa-
gion. Este salió muy grande adalid, y
osaba acometer y emprendía cosas , que
aunque paresgian dificultosas y ásperas,
salía con ellas victorioso. É cómo era
hombre muy suelto y gran corredor atre-
víasse á lo que otros no higicran, porque
476 HISTORIA GENERAL Y NATURAL
junto con lo que he dicho de su persona
era de tan gran fuerga , que el indio á
quien él asia era tanto como tenerle bien
atado , estando entre sus manos ; y desía
causa , quando fué entendido de los in-
dios é ovieron conosgimiento de la espe-
riengia de su persona , temíanle mucho.
Pero al cabo , como en la guerra nasgen
pocos, y el offigio delía es morir, assile
intervino á este hombre hazañoso por ser
muy denodado; y el año de mili é qui-
nientos é veynte y seys le mataron en
una provingia que se llama del Loqmllo,
en la isla de Sanct Johan , donde aqueste
Sebastian Alonso de Niebla tenia su ha-
gienda y assiento ; y su muerte progedió
desobrarle esfuergo, é fue puesta en efe-
to de aquesta manera. Este hombre es-
taba quassi enemigo y desavenido con un
hidalgo vegino suyo , llamado Martin de
Guiluz, vizcayno, vegino agora de la
cibdad de Sanct Johan de Puerto Rico, é
de los pringipales de aquella cibdad ; é
cómo otras yeges solian los indios caribes
de las islas comarcanas venir en canoas
á saltear, acaesgió quo entraron en la is-
la é dieron en una estangia é hagienda
los cabellos é ios sacaba de entre íoá
otros é los daba y entregaba á sus ne-
gros, é volvía por otros. É uno que assi
avia tomado, tenia en la mano una flecha
hervolada, é aqueste le mató; porque
cómo fe llevaba assi á vuela pié assido
por los cabellos, dióle con la flecha á
manteniente, é acertó á le herir á par
de una ingre , y de aquella herida murió
después : é cómo se vido herido , él mató
al indio é otros siete ú ocho assi mismo,
é volvió con su despoja é dióle á su due-
ño Martin de Guiluz. É cómo la hierva,
con que aquellos indios tiran sus flechas,
es muy pestífera y mala , murió de aque-
lla herida; pero como cathóli<;o chrips-
tiano, é repartió muy bien quanto tenia
á pobres é personas nesgessitadas , y en
obras pías. É desta manera acabó , de-
xando mucho dolor é lástimü en todo»
los chripstianos y españoles que avia ei*
esta isla , porque ea la verdad era hom-
bre que les hagia mucha falta su persona,
y era tal que se hallan pocas veges tales
hombres; é porque demás de ser muy
varón y de gran esfuergo , temíanle mu-
cho los indios , y estaba en grande estima
del Martin de Guiluz, y cómo lo supo Se- é reputagion con ellos é con los chrips-
bastian Alonso , é oyó degir que los in-
dios caribes flecheros llevaban robada la
gente que el dicho Martin de Guiluz te-
nia en su estangia é hagienda y quanto
tenia, luego Sebastian Alonso á gran
priessa mandó á un negro suyo que le
ensillase un caballo , é dixo : « No plega
Á Dios que digan que , por estar yo mal
con Martin de Guiluz, le dexo padesger é
perder lo que tiene, é dexo de yr, ha-
llándome tan gerca, contra los que le han
robado. » É assi subió luego á caballo, é
llevó consigo dos ó tres negros suyos é
un peón chripstiano , y fué en seguimien-
to de los indios caribes , é los alcangó y
peleó con ellos, é los desbarató é quitó
la cabalgada , é prendió quatro dellos ; y
desde engima del caballo los lomaba por
líanos; porque como se dixo de^ suso, era
grande adalid y tenia mucho conocimien-
to en las cosas del campo é déla guerra.
En compañía deste andaba otro hom«
bre de bien, llamado Johan de León, de
quien atrás se dixo. Este imitaba asaz á
Sebastian Alonso, porque era muy suel-
to é buena lengua y de buenas fuergas é
osado. Y en las cosas que se halló , que
fueron muchas, assi en la tierra como en
lámar, se señaló como hombre de gen-
til ánimo y esfuergo; pero el uno y el.
otro fueron mal galardonados de susser-
vigios é trabaxos, porque en el reparti-
miento de los indios no se miró con ellos>
ni con los buenos conquistadores como
se debiera mirar. Y al que algo dieron ,^
fué tan poquita cosa que no se podían
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. VIL
477
sostener con ello; porque es costumbre
que unos gogen de los sudores y traba-
xos de otros ; y que el que meresge mer-
cedes sea olvidado y no bien satisfecho,
y que los que debrian ser olvidados, o á
lo menos no son tan dignos de la remu-
neración , aquellos gogen de las mayores
partes é galardones que no les compe-
ten. Este offigio es el del mundo, é los
hombres hagen como hombres; pero sus
passiones no los dexan libremente hager
lo que debrian , porque mejor entenda-
mos que es solo Dios el justo y verdade-
ro galardonador. É assi nos enseña el
tiempo , que ni los que lo repartieron , ni
los otros á quien lo dieron injustamente,
lo gogaron sino pocos dias; y ellos y
ello ovo el fin que suelen aver las otras
cosas temporales ; y plega á Dios que sus
ánimas no lo escoten en la otra vida,
donde ya están los mas.
Otro Johan López, adalid, gran hom-
bre en las cosas del conosgimiento del
campo, pero no de tal ánimo. Este olfigio
de adalid es mas artifigioso , y de mas
saber sin comparagion en estas partes
que en España ; porque esta tierra acá es
muy gorrada é llena de arboledas , é no
tan clara ni abierta, como la de Castilla y
de otros reinos de chripstianos. Pero pues
está movida la materia de los adalides,
diré aquí de uno que yo conosgí, un hecho
notable y al propóssilo de aqueste ofigio.
Ovo en la Tierra-Firme de Castilla del
Oro un hidalgo , llamado Bartolomé de
Ocon , que passó una sola vez por gierta
parte de montes muy espessos y gerra-
dos ; y desde á mas de siete años fué por
otras tierras á parar, con giertos compa-
ñeros, muy gerca de donde en el tiempo
passado que he dicho avia estado ; é yban
alli ginco ó seys hombres de los que se
avian hallado en el primero viaje ó en-
trada ; é toda la tierra era tan emboscada
y espessa de árboles que apenas se veya
el gielo ,. ni aun podían quassi cami-
nar, sino hagiendo la via con las espadas
y puñales , é todos los que alli estaban
penssaban que yban perdidos é no co-
nosgian á dónde guiaban , ni á dónde de-
biessen continuar su viaje; y estando jun-
tos y en consejo de lo que debian hager,
dixo Bartolomé de Ocon: «No temays, hi-
dalgos : que menos de dosgientos passos
de aqui está, en tal parte, un arroyo (se-
ñalando con el dedo, que no veían ni
era possible verse por la espessura de los
árboles é matas), donde agora siete años
viniendo de tal entrada , nos paramos á
beber; é si quereys verlo, vengan dos ó
tres de vosotros conmigo y mostrároslo
hé» . Y es de saber que no tenían gota de
agua que beber, é yban con la mayor
nesgessidad del mundo de topar el agua,
ó avian de peligrar de sed é morir al-
gunos, segund yban desmayados. É assi
fueron de aquellos que primero se avian
hallado alli; é llegados al arroyo que todo
yba enramado é cubierto, se sentó en una
piedra á par del agua é comengando á be-
ber, dixo; «Assentado yo en esta misma
piedra, merendé con vosotros ahora siete
años é veys alli el peral , donde cogimos
muchas peras é agora tiene hartas. » É assi
los compañeros por la piedra que era
grande é conosgida , como por el peral y
otras señales y árboles , é por el mismo
arroyo, vinieron en conosgimiento que era
assi , y que algunos dellos avian estado
alli otra vez, como he dicho : de lo qual no
poco quedaron maravillados é socorridos
con el agua. Todos dieron muchas gra-
gias á Dios , y no fué poco el crédito que
desto y otras cosas semejantes alcangó
este Bartolomé de Ocon; porque en la
verdad en este caso paresgia que tenia
gragia espegial sobre quantos hombres en
aquellas partes andaban , puesto que en
lo demás era material y no de mejor ra-
zón que otro ; antes era tenido por gros-
sero.
Pero tornando al propóssito de los
478
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
conquistadores de la isla de Sanct Johan,
digo que aquel Johan López , adalid , de
quien se ha tractado de suso , aunque era
gran adalid, era crudo y no tan esfor-
zado como astuto guerrero con; los in-
dios.
Ovo otro mancebo de color loro , que
fué criado del comendador mayor don
Frey Nicolás de Ovando , al qual llama-
ban Mexía ; hombre de buen ánimo é suel-
to é de vivas fuergas , al qual mataron los
caribes en el Haymanio de Luysa , é á la
mesma Luysa , cacica principal , la qual
le avisó é le dixo que se fuesse , y él no
lo quiso hager, por no la dexar sola, é
assi le frecharon ; y estando lleno de sae-
tas é teniendo una langa en la mano , pu-
so los ojos en un pringipal de los caribes
y echóle la langa é atravessóle de parte á
parte por los costados , habiendo primero
muerto otros dos indios de los enemigos
é herido á otros. É assi acabó sus dias.
Ovo otro hombre de bien que se de-
gia Johan Casado, buena persona é la-
brador llano ; pero gentil adalid é dicho-
so en muchas cosas de las que empren-
dia y hombre de buen ánimo. Assi que,
estos que he dicho, en espegial, higieron
muchas cosas buenas ; pero sin ellos ovo
otros hombres hijosdalgo é mangebos,
que aunque no tenian tanta experiengia,
no les faltaron los ánimos para se mos-
trar en la guerra tan hábiles y esforga-
dos quanto convenia. Destos fué uno
Frangisco de Barrionuevo , que agora es
gobernador de Castilla del Oro, del qual
se hizo mengion en la pagificagion del ca-
gique don Enrique; é aunque en la guer-
ra de la isla de Sanct Johan él era man-
gebo, siempre dio señales de sí, de lo
que era, como hombre de buena casta.
Otro hidalgo dicho Pero López de Ángulo,
é Martin de Guiluz, é otros que seria lar-
ho degirse particularmente, se hallaron
en aquella conquista, que aunque su
edad no era tan perfeta como su esfuer-
go é desseos, siempre obraron como
quien eran , é por ningún trabaxo dexa-
ron de mostrarse tan prestos á los peli-
gros, como la nesgessidad y el tiempo lo
requerían. É por ser tan valerosa gente,
aunque como he dicho poca en número,
se acabó la conquista en favor de nues-
tra fé y en mucha victoria de los conquis-
tadores españoles que en esta guerra se
hallaron , á los quales socorrieron desde
aquella Isla Española con alguna gente,
y se juntaron mas, en tiempo que el so-
corro fué muy nesgessario. É también fue-
ron algunos que nuevamente venian de
Castilla: los quales por buenos quesean,
es menester que estén en la tierra algu-
nos dias, antes que sean para sofrir los
trabaxos é nesgessidades, con que acá se
exergita la guerra , por la mucha diferen-
gia que hay en todas las cosas y en el
ayre é temple de la tierra , con quien es
menester pelear primero que con los in-
dios , porque muy pocos son aquellos á
quien no prueba y adolesge. Pero loores
á Dios. Pocos peligran desta causa, si soa
bien curados.
CAPITULO VIII.
Cómo¡los indios tenian por inmortales á los chripstianos, luego que passaron á la isla de Sanct Johan , é có-
mo]^acordaron de se al^ar , é no lo osaban emprender hasta ser 9ertificados si los chripstianos podian morir
ó nó. Y la manera que tuvieron para lo experimentar.
1: or las cosas que avian oydo los indios
de la isla de Sanct Johan de la conquista
y guerras passadas en esta Isla Española,
é sabiendo , como sabian ellos , que esta
isla es muy grande y que estaba muy po-
blada é llena de gente de los naturales
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. Vlll.
479
della , creían que era impossible averia
sojuzgado los chrisplianos, sino porque
debían ser inmortales , é que por heridas
ni otro desastre no podían morir; y que
como avian venido de hágia donde el sol
sale, assi peleaban; que era gente geles-
tial é hijos del sol , y que los indios no
eran poderosos para los poder ofender.
É cómo vieron que en la isla de Sanct
Johan ya se avian entrado y hecho seño-
res de la isla, aunque en los chripstíanos
no avia sino hasta doscientas personas
pocas mas ó menos que fuessen hombres
para tomar armas , estaban determinados
de no se dexar sojuzgar de tan pocos , é
querían procurar su libertad y no servir-
los ; pero temíanlos é penssaban que eran
inmortales. É juntados los señores de la
isla en secreto, para disputar desta mate-
ria , acordaron que antes que se movies-
sen á su rebelión, era bien experimentar
primero aquesto , y salir de su dubda , y
hager la experiengia en algún chrípstíano
desmandado ó que pudiessen aver aparte
é solo ; y tomó cargo de saberlo un caci-
que llamado Urayoan , señor de la provin-
QÍa de Yaguaca , el qual para ello tuvo
esta manera. AcaesQÍóse en su tierra un
raangebo, que se llamaba Salgedo é pas-
saba á donde los chripstíanos estaban,
y por manera de le hager cortesía é ayu-
darle á llevar su ropa , envió este cagi-
que con él quinge ó veynte indios , des-
pués que le ovo dado muy bien de comer
é mostrádole mucho amor. El qual yendo
seguro é muy obligado al cagique por el
buen acogimiento , al passar de un rio
que se dige Guarabo , que es á la parte
ocgidental , y entra en la bahía en que
agora está el pueblo é villa de Sanct Ger-
mán , dixéronle : « Señor, quieres que te
passemos , porque no te moxes» ; y él di-
xo que sí, é holgó dello, que no debiera,
siquiera porque demás del peligro noto-
río , en que caen los que confian de sus
enemigos , se declaran los hombres que
tal hagen por de poca prudengia. Los in-
dios le tomaron sobre sus hombros , para
lo qual se escogieron los mas regios y de
mas esfuergo , y quando fueron en la mi-
tad del río , metiéronle debaxo del agua
y cargaron con él los que le passaban é
los que avían quedado mirándole , por-
que todos yban para su muerte de un
acuerdo, é ahogáronle; y después que
estuvo muerto, sacáronle á la ribera y cos-
ta del rio , é decíanle : « Señor Salgedo,
levántate y perdónanos : que caymos con-
tigo, é y remos nuestro camino.» É con
estas preguntas é otras tales le tuvieron
assi tres días , hasta que olió mal , y aun
hasta entonges ni creían que aquel estaba
muerto ni que los chripstíanos morían. Y
desque se gertificaron que eran mortales
por la forma que he dicho , higiéronlo sa-
ber al cagique , el qual cada día enviaba
otros indios á ver si se levantaba el Sal-
gedo ; é aun dubdando si le degían ver-
dad, él mismo quiso yr á lo ver , hasta
tanto que passados algunos días, le vieron
mucho mas dañado é podrido á aquel
pecador. Y de allí tomaron atrevimiento
é confianga para su rebelión , é pusieron
en obra de matar los chripstíanos , é al-
garse y hager lo que tengo dicho en los
capítulos de suso. <
CAPITULO IX.
De las batallas c recuentros mas principales que ovo en el tiempo de la gueira é conquista de la isla de
Sanct Johan , por otro nombre dicha Boriquen.
JLf espues que los indios se ovieron re-
belado é muerto la mitad ó quassi de los
chripstíanos, y el gobernador Johan Pon-
ge de León dio orden en hager los capi-
480
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tañes que he dicho é poner recaudo en
la vida y salud de los que quedaban vi-
vos , ovieron los chripslianos y los indios
la primera batalla en la tierra de Aguey-
bana, en la boca del rio Caoyuco, á don-
de murieron muchos indios , assi caribes
de las islas comarcanas y flecheros , con
quien se avian juntado , como de los de
la tierra que se querían passar á una ¡s-
leta que se llama Ángulo , que está cerca
de la isla de Sanct Johan á la parte del
Sur, como lo tengo dicho. É dieron los
chripslianos sobre ellos de noche al quar-
to del alba, é hicieron grande estrago
en ellos , y quedaron deste vengimiento
muy hostigados é sospechosos de la in-
mortalidad de los chripstianos. É unos
indios degian que no era possible si no
que los que ellos avian muerto á traycion
avian resucitado ; y otros degian que do
quiera que oviesse chripstianos, hagian
tanto los pocos como los muchos. Esta
batalla venció el gobernador Johan Ponge,
aviendo para cada chripstiano mas de diez
enemigos; y passó desde á pocos dias
después que se avian los indios algado.
Desde alli se fué Johan Ponge á la
villa de Caparra , y reformó la gente é
capitanías con alguna mas compañía que
avia , y fue luego á assentar su real en
Aymaco, y envió á los capitanes Luys de
Añasco é Miguel de Toro á entrar desde
alli con hasta ginqüenta hombres , é supo
cómo el cagique Mabodomoca estaba con
seysgientos hombres esperando en gierta
parte , y degia que fuessen allá los chrips-
tianos , que él los atenderla é ternia lim-
pios los caminos. É sabido esto por Johan
Ponge, envió allá al capitán Diego de
Salagar , al qual llamaban capitán de los
coxos y de los muchachos ; y aunque pa-
resgia escarnio por ser su gente la mas
flaca , los cuerdos lo tomaban por lo que
era razón de entenderlo , porque la per-
sona del capitán era tan valerosa , que
suplia todos los defetos é flaqueza de
sus soldados , no porque fuessen flacos de
ánimo, pero porque á unos faltaba salud
para sofrir los trabajos de la guerra , y
otros que eran mangebos , no tenían
edad ni experieugia, Pero con todas estas
dificultades llegó donde Mabodomoca es-
taba con la gente que he dicho , é peleó
con él, é hizo aquella noche tal malanga
é castigo en los indios, que murieron
dellos giento é ginqüenta, sin que al-
gund chripstiano pelígrasse ni oviesse he-
rida mortal , aunque algunos ovo heridos;
y puso en huyda los enemigos restantes.
En esta batalla Johan de León , de quien
atrás se hizo memoria , se desmandó de
la compañía por seguir tras un cagique
que vido salir de la batalla huyendo , é
llevaba en los pechos un guanin ó piega
de oro de las que suelen los indios prin-
gipales colgarse al cuello : é cómo era
mangebo suelto, alcangóle é quísole pren-
der; pero el indio era de grandes fuer-
gas , é vinieron á los bragos por mas de
un cuarto de ora , é de los otros indios
que escapaban huyendo, ovo quien los vi-
do assi trabados en un barranco, donde
estaban hagiendo su batalla , é un indio
socorrió al otro que estaba defendiéndo-
se del Johan de León , el qual porque no
paresgiesse que pedia socorro, oviera de
perder la vida. Pero no quiso Dios que
tan buen hombre assi muriesse , y acaso
un chripstiano salió tras otro indio , é vi-
do á Johan de León peleando con los dos
que he dicho , y en estado que se viera
en trabaxo ó perdiera la vida : entonges
el chripstiano dexó de seguir al indio , é
fuele á socorrer, é assi mataron los dos
chripstianos á los dos indios , que eran
aquel cagique, con quien Johan do León
se combatía primero , é al indio que le
ayudaba ó le avía socorrido. Y desta ma-
nera escapó Johan de León del peligro,
en que estuvo.
Ávida esta victoria é vengimiento que
he dicho, assi como esclaresgió el día,
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. IX.
48i
llegó el gobernador Jolian Ponge de León trabaxado, en espagio de tiempo de dos
por la mañana con la gente que él traia horas é media ó tres que avian peleado
é la relroguarda, algo desviado del capí- con los enemigos. De lo qual todos los
tan Diego de Salagar, é no supo cosa al- chripstianos dieron muchas gragiasáNues-
guna hasta que halló los vengedores be- tro Señor porque assi favoresgia é ayu--
biendo y descansando de lo que avian daba miraglosamente á los chripstianos.
CAPITULO X.
De otra guacábara ó recaen 1ro que ovieron los españoles con los indios de la isla de Boriquen ó de Sancl
Johan.
JLfespues que se passó la batalla, de quien
se tracto en el capítulo pregedente , jun-
táronse la mayor parte de todos los indios
de la isla de Boriquen ; é sabido por el
gobernador Jolian Ponge, ovo nueva cómo
en la provingia de Yagueca se hagia el
ayuntamiento de los contrarios contra los
chripstianos , é con entera determinagion
de morir todos los indios ó acabar de
matar todos los chripstianos, pues eran
pocos y sabían que eran mortales, como
ellos. Y con mucha diligengia el goberna-
dor juntó sus capitanes é pocos mas de
ochenta hombres, y fué á buscar álos in-
dios, los quales passaban de onge mili
hombres; y cómo llegaron á vista los unos
de los otros quassi al poner del sol , as-
sentaron real los chripstianos con algunas
ligeras escaramugas; y cómo los indios
vieron con tan buen ánimo é voluntad de
pelear los españoles , y que los avian ydo
á buscar, comengaron á tentar si pudieran
de presto ponerlos en huyda ó vengerlos.
Pero los chripstianos comportando é resis-
tiendo, assentaron á su despecho de los
contrarios, su real muy gerca de los ene-
migos , é salían algunos indios sueltos y
de buen ánimo á mover la batalla ; pero
los chripstianos estuvieron quedos y en
mucho congierto y apergibidos junto á
sus banderas , y salían algunos mangebos
sueltos de los nuestros , y tornaban á su
batallón , avíendo fecho algún buen tiro
de asta ó de ballesta. Y assi los unos y
los otros temporigando, esperaban que el
contrarío pringipíasse el rompimiento de
la batalla ; é assi atendiéndose los unos
por los otros , siguióse que un escopetero
derribó de un tiro un indio , é creyóse
que debiera ser hombre muy pringipal,
porque luego los indios perdieron el áni-
mo que hasta aquella hora mostraban , é
arredraron un poco atrás suexergíto, don-
de la escopeta no alcangasse. É assi có-
mo la misma noche fué bien escuro se
retiró para fuera el gobernador, é se sa-
lió con toda su gente , aunque contra vo-
luntad é paresger de algunos , porque pa-
resgia que de temor rehusaban la batalla;
pero en fin á él le paresgió que era ten-
tar á Dios pelear con tanta moltitud é po-
ner á tanto riesgo los pocos que eran , y
que á guerra guerreada, harían mejor sus
hechos que no metiendo todo el res-
to á una jornada: lo qual él miró co-
mo prudente capitán , segund paresgió
por el efeto é subgesso de las cosas ade-
lante.
TOMO I.
61
482
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XI.
Cómo el gobernador Johan Ponce acordó de yr á descubrir por la vanda ó parle del Norle, é fue ala
Tierra-Firme en la costa de las islas de Bimini ; é halló la i sla dicha Bahamá ; é cómo fue removido de la
gobernación é volvieron á gobernar los que él avia enviado presos á Castilla; y de otros gobernadores que
ovo después en la isla de Sanct Johan.
JL a tenia el gobernador Johan Ponge de
León quassi conquistada é pagífica la isla
de Sanct Johan , aunque no faltaban al-
gunos sobresaltos é acometimientos de
los indios caribes, los quales eran resis-
tidos, é Johan Ponge estaba muy rico. É
cómo las cosas llegaron á este estado, si-
guióse que aquel alcalde mayor del al-
mirante, llamado Johan ^eron, y el al-
guagil mayor Miguel Diaz, que Johan
Ponge avia enviado presos á España , ne-
gogiaron sus cosas é libertad ; y su prin-
gipal motivo , demás de desculparse á sí,
fue culpar á Johan Ponge, digiendo que
demás de los aver injustamente preso, él
avia cometido otras culpas y hecho otros
errores mayores. É aquestos eran favo-
resgidos por el almirante, porque como
Johan Ponge era afigionado al comendador
mayor , é por su respecto avia ávido el
cargo contra la voluntad del almirante, y
echado sus ofigiales de la isla , y enviá-
dolos en prisiones, sintiéndose desto,
procuró que Johan Ponge fuesse removi-
do, pues que el almirante era goberna-
dor é visorrey, é degia que aquella adml-
nistragion de la justigia en la isla de Sanct
Johan le pertenesgia, por susprevilegios.
É mandó el Rey Cathólico que volviessen
á la isla de Sanct Johan é se les entre-
gassen las varas é offigios ; é assi torna-
dos, quitaron el cargo al dicho Johan Pon-
ge , porque finalmente el Rey mandó que
el almirante pusiesse alli los ofigiales de
justigia que él quisiesse. É sabido esto
por Johan Ponge, acordó de armar é fue
con dos caravelas por la vanda del Nor-
le, é descubrió las islas de Bimini, que
están de la parte septentrional de la isla
Fernandina; y estonges se divulgó aque-
lla fábula de la fuente que hagia rejove-
nesger ó tornar mangebos los hombres
viejos : esto fue el año de mili é quinien-
tos y doge. É fue esto tan divulgado é ger-
tificado por indios de aquellas partes,
que anduvieron el capitán Johan Ponge
y su gente y caravelas perdidos y con
mucho trabajo mas de seys meses, por
entre aquellas islas, á buscar esta fuente:
lo qual fue muy gran burla degirlo los
indios, y mayor desvario creerlo los
chripstianos é gastar tiempo en buscar
tal fuente. Pero tuvo notigia de la Tierra-
Firme é vídola é puso nombre á una par-
te della que entra en la mar, como una
manga , por espagio de gient leguas de
longitud, é bien ginqüenta de latitud, y
llamóla la Florida. La punta ó promonto-
rio de la qual está en veynte éginco gra-
dos de la equinogial de la vanda de nues-
tro polo ártico , y se extiende y ensancha
hágia el viento Norueste : la qual tiene á
par de la dicha punta muchas isletas y
baxos, que llaman los Márlyres.
En tanto que el capitán Johan Ponge
andaba en su descubrimiento, el almi-
rante, don Diego Colom, por quexas que
le dieron de Johan Cerón é Miguel Diaz,
les quitó el cargo de la gobernagion de
Sanct Johan , é puso alli por su teniente
al comendador Rodrigo de Moscoso. É
aqueste estuvo poco tiempo en el cargo,
y también ovo muchas quexas del , aun-
que era buen caballero : por lo qual el al-
mirante acordó de yr á aquella isla de
Sanct Johan, é proveyó de su teniente en
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. XI.
483
elía á un caballero llamado Chripstóbal
de MendoQa , hombre de buena sangre y
casta , é virtuosa persona é conviniente
para el cargo , é aun para otro que fuera
mucho mayor: el qual tuvo en paz y jus-
ticia la isla , y en las cosas de la guerra
é conquista de los caribes se mostró muy
buen capitán é como hombre valeroso y
de mucho esfuergo é ánimo , todas las ve-
ges que convino y el tiempo se ofresQió.
Porque no solamente los hombres de-
ben ser loados é gratificados, conforme á
sus virtudes y méritos ; pero aun de los
brutos animales nos enseñan los que bien
han escripto, que es razón é cosa nes-
gessaria, y no para olvidar, lo que algu-
nos han fecho; porque demás de nos ma-
ravillar de lo que fuere digno de admi-
ración é pocas veges visto ú oydo, es
grande la culpa que resulta de lo tal á los
hombres de razón, quando no hagen lo
que deben , pues que los brutos anima-
les se diferengian é aventajan en las vir-
tudes é cosas que obran, y aun á algunos
hombres sobrepujan en buenos actos y
hazañas. ¿Qué mas vituperio puede ser
para un cobarde que ganar sueldo una
bestia entre los hombres, édar aun per-
ro parte y media, como á un ballestero?
Este fue un perro llamado Becerrillo , lle-
vado desta Isla Española á la de Sanct
Johan, de color bermejo, y el bogo de
los ojos adelante negro , mediano y no
alindado ; pero de grande entendimiento
y denuedo. É sin dubda, segund lo que
este perro hagia, penssaban los chripstia-
nos que Dios se lo avia enviado para su
socorro; porque fue tanta parte para la
pagificagion de la isla, como la tergia par-
te dessos pocos conquistadores que an-
daban en la guerra, porque entre dosgien-
tos indios sacaba uno que fuesse huydo
de los chripslianos , o que se le enseñas-
sen , é le asia por un brago é lo constre-
ñía á se venir con él é lo traia al real, ó
adonde los chripslianos estaban : é si se
ponia en resistengia é no queria venir, lo
hagia pedagos , é hizo cosas muy seña-
ladas y de admiragion. É á media noche
que se soltasse un preso , aunque fuesse
ya una legua de alli, en digiendo : «Ido
es el indio, ó búscalo» , luego daba en
el rastro é lo hallaba é traia. É con los
indios mansos tenia tanto conosgimiento
como un hombre, y no les hagia mal. Y
entre muchos mansos conosgia un indio
de los bravos , é no paresgia sino que te-
nia juigio y entendimiento de hombre (y
aun no de los negios) , porque como he
dicho, ganaba parte y media para su ama
como se daba á un ballestero en todas
las entradas que el perro se hallaba. É
penssaban los chripslianos que en llevar-
le yban doblados en número de gente é
con mas ánimo , y con mucha razón, por-
que los indios mucho mas temian al per-
ro que á los chripslianos; porque como
mas diestros en la tierra, ybanse por pies
á los españoles é no al perro : del qual
quedó casia en la isla de muy exgelenles-
perros, é que le imitaron mucho algunos
dellos en lo que he dicho. É yo vi un hija
suyo en la Tierra-Firme , llamado Leongi-
cOj el qual era del adelantado Vasco Nu-
ñez de Balboa , é ganaba assi mismo una
parte , é á veges dos , como los buenos
hombres de guerra, y se las pagaban al
dicho adelantado en oro y en esclavos.
É cómo testigo de vista, sé que le valió
en veges mas de quinientos castellanos
que le ganó, en partes que le dieron en las
entradas. Pero era muy espegial é hagia
todo lo que es dicho de su padre. Pero tor-
nando al becerricOf al fin le mataron los
caribes, llevándolo el capitán Sancho de
Arangó: el qual por causa deste perro
escapó una vez de entre los indios heri-
do é peleando todavía con ellos; y echó-
se el perro á nado tras un indio , é otro
desde fuera del agua le dio con una fle-
cha hervolada yendo el perro nadando
tras el otro indio, é luego murió; pera
484
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
fué causa que el dicho capitán Sancho de
Arango y otros chripstianos sesalvassen;
é con gierto despojo los indios se fueron.
Sabido esto por el teniente Chrips-
tóbal de Mendoga que gobernaba ía is-
la por el almirante, como tengo dicho,
salió de la viUa de Sanct Germán con
hasta ginqiíeota hombres de aquella ve-
cindad, aunque la mayor parte dellos
eran mangebos, puesto que también avia
algunas reliquias de los hombres de la
guerra passada , assi de los adalides que
se dixo de suso , como de algunos hom-
bres escogidos y experimentados. Y em-
barcáronse en una caravela con dos bar-
cos é alcanzaron los indios é higieron un
hecho de memoria ; porque junto á una
isleta que está mas al Oriente de la de
Sanct Johan, llamada Bieque, pelearon con
ellos quassi toda una noche, y mataron
al cagique capitán de los indios que se
degia Yahureybo , liermano de otro cagi-
que llamado Cagimar, que primero é po-
cos dias antes le avian muerto los chrips-
tianos en la misma i&la de Sanct Johan en
otra batalla, a viendo venido á saltear. El
qual estando abragado con él un hidalgo,
llamado Pero López de Ángulo é punan-
do de matar el uno al otro , salió de través
ím Frangisco de Quindes, é oviera de ma-
lar á entrambos porque con una langa
passó al indio de parte á parte , é poco
faltó de no matar también al Pero López.
Este Cagimar era valentíssimo hombre é
ínuy estimado capitán entre los indios,
tí por vengar su muerte, avia venido el
hermano á saltear á la isla de Sanct
Johan, é avia herido al capitán Sancho
de Arango é otros chripstianos que esca-
paron por causa del perro begerrillo que
mataron : lo qual no fué pequeña pérdi-
da , porque aunque se murieran algunos
chripstianos, no lo sintieran tanto los que
quedaron, como faltarles el perro. Assi
que, yendo el capitán ó gobernador, como
he dicho, tras los malechores, los alcan-
gó é mató al cagique é otros muchos de
los indios, é prendió algunos y les tomó
las piraguas á los caribes é tornó victo^
rioso á la villa de Sanct Germán é re-
partió muy bien y á voluntad de todo»
la presa. Y envió una délas piraguas que
tomó á esta cibdad de Sancto Domingo
al almirante don Diego Colom : la qual
era muy grande é muy hermoso navio
para del arte que estos son. Pero porque
de las cosas de aquel perro seria larga
narragion lo que con verdad se podría
del escrebir, no diré aquí sino una sola
que no es de preterir, porque la supe
de testigos de vista que se hallaron pres-
sentes, personas dinas de crédito, y fué
aquesta. La noche que se dixo de la gua-
gábara ó batalla del cagique Mabodomoca,
á la mañana antes que el gobernador
Johan Ponge llegasse , acordó el capitán
Diego de Salagar de echar al perro una
india vieja de las prisioneras que alli se
avian tomado ; é púsole una carta en la
mano á la vieja , é díxole el capitán: «An-
da, vé, lleva esta carta al gobernador que
está en Aymaco» que era una legua pe-
queña de alli : é degíale aquesto para que
assi cómo la vieja se partiesse y fuesse
salida de entre la gente, soltassen el
perro tras ella. É cómo fué desviada po-
co ma& de un tiro de piedra, assi se hizo,
y ella yba muy alegre, porque penssaba
que por llevarla carta, la libertaban; mas
soltado el perro luego la alcangó , é có-
mo la muger le vido yr tan denodado
para ella, assentóse en tierra y en su len-
gua comengó á hablar, é degíale: «Per-
ro, señor perro-, yo voy á llevar esta
carta al señor gobernador», é mostrábale
la carta ó papel cogido, é degíale: «no me
hagas mal, perro señor.» Y de hecho el
perro se paró como la oyó hablar , é muy
manso se llegó á ella é algo una pierna
é la meó, como los perros lo suelen hagei*
en una esquina ó quando quieren orinar,
sin le hager ningún mal. Lo qual los
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. XI.
485
cliripstianos tuvieron por cosa de miste-
rio, segnnd el perro era fiero y denoda-
do ; é assi el capitán , vista la clemengia
que el perro avia usado , mandóle atar, é
llamaron á la pobre india é tornóse para
los chripstianos espantada, penssandoque
la avian enviado á llamar con el perro.
y temblando de miedo se sentó , y desde
á un poco llegó el gobernador Johan Pon-
ge; é sabido el caso, no quiso ser menos
piadoso con la india de lo que avia sido
el perro , y mandóla dexar libremente y
que se fuesse donde quissiese , é assi lo-
fizo.
CAPITULO xir.
Del reparlitnienlo de los indios de la isla de Sanct Johan , y de lo que en ello se siguió.
JtLstando la isla de Sanct Johan pacífi-
ca, y encomendados los indios á quien
los debia tener , paresgióles á los que tal
procuraron que, yendo alli quien higiesse
el repartimiento de nuevo, los sabría me-
jor repartir entre los veginos que quien los
avia visto servir é conquistar la isla. Fué
para esto enviado allá un juez de resi-
dencia, llamado el ligengiado Velazquez,
á quien culpaban digiendo que fué enga-
ñado por los ofigiales é procuradores del
pueblo; porque, como fueron señalados
por personeros y factores ó soligitadores
los que tenian mas avivadas y despiertas
las lenguas , que no trabaxadas las per-
sonas en la pagificacion é conquista de la
tieri'a, como sagages, procuraron de dexar
á los que lo meresgian sin galardotí, por-
que á ellos é á sus amigos se les diesse
lo que los otros avian de aver. É tuvie-
ron tales formas para ello, que entre
otras cosas dieron al juez muchas memo-
rias cautelosas que él debiera entender
de otra manera, ó al revés, digiendo que
los unos eran labradores , y los otros de
baxa suerte, no se acordando que los que
estas tachas ponian pudieran muy mejor
é con mas verdad apropriarlas á sí mes-
mos , que no á los otros de quien mur-
muraban ; pues se desacordaban de los
virtuosos hechos y denuedos é servigios
de aquellos contra quien hablaban. Los
quales , á su propria costa é sin sueldo
alguno, avian ganado é conquistado la
isla con mucho derramamiento de su pro-
pria sangre, é mas de la de los enemigos
aviendo muchos, é no quedando en pie
para la gratificagion la mitad de los ver-
daderos conquistadores , y no les avien-
do dado para su substentagion mas de pa-
labras é vanos prometimientos, ofres-
giéndoles que entre ellos se avian de re-
partir los indios , como en la verdad ello
fuera muy justo que assi se higiera ; mas
hízose al revés, é assi los dio á quien
quiso, y no á quien debiera. Fué este li-
gengiado el primero que entró en aquella
isla , sin el qual é sin los que después
fueron con estos títulos de letras, estuvo
mejor gobernada la tierra , é paresgióse
bien en el teniente Ghripstóbal de Men^-
doga , pues ninguna demanda se le puso
ni persona alguna se quexó dél : antes le
lloraba aquella isla, quando se le tomóre-
sidengia, viendo que le quitaban el car-
go. Pero assi van estas cosas, que á ve-
ges permite Dios que por los pecados del
pueblo se les quiten los buenos jueges, ó
por méritos de los tales jueges los aparte
Dios de donde ternian ocasión para errar
é ofender á sus congiengias. É assi pa-
resgió por la obra que después sobre es-
tas novedades é mutagiones de goberna-
gion, ninguna cosa ha ganado aquella
isla, por las diversas costumbres de los
que alli han tenido cargo de justigia-. É
«86
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
y do Chripslóbal de MendoQa en España ^
estovo mas honrado é le dio la (lesárea
Magestad el hábito de Sanctiago y le dio
de comer , como á uno de los caballeros
de su Real casa , donde regibió mayores
mercedes y con menos peligros, y en su
patria é no tan apartado acá en este
Nuevo Mundo.
CAPITULO xni.
De la muerte del adelantado Johan Ponce de León, primero conquistador díe la isla de Boriquen, que agora
llaman Sanct Johan , y otras cosas tocantes á la mesma isla.
JL/icho se há cómo Johan Ponge de León
fué removido del cargo é gobernagion de
Ja isla de Sanct Johan , y de cómo fue á
descubrir á la vanda del Norte , é cómo
anduvo en busca de aquella fabulosa
fuente de Bimini , que publicaron los in-
dios que tornaba á los viejos mogos. Y
esto yo lo he visto (sin la fuente) , no en
el subgeto é mejoramiento de las fuer-
gas; pero en el enflaquegimiento del sexo,
é tornarse en sus hechos mogos y de poco
entender : y destos fué uno el mismo Jo-
han Ponge, en tanto que le turó aquella
vanidad de dar crédito á los indios en tal
disparate, é á tanta costa suya de arma-
das de navios y gentes , puesto que en la
verdad él fué honrado caballero é noble
persona é trabaxó muy bien en la con-
quista é pagificagion de aquesta Isla Es-
pañola y en la guerra de Higuey; y tam-
bién fué el primero que comengó á po-
blar é pagificar la isla de Sanct Johan,
como tengo dicho , donde él é los que
con él se hallaron padesgieron muchos tra-
baxos , assi de la guerra como de enfer-
medades é muchas nesgessidades de bas-
timentos é de todas las otras cosas nes-
gessarias á la vida. Halló, pues, como
ya he dicho , este capitán aquella tierra
que llaman la Florida , é tornó á la isla
de Sanct Johan , é fué á España , é dio
relagion de todo al Rey Cathólico: el
qual, aviendo respecto á sus servigios,
le dio título de adelantado de Bimini y
le hizo otras mergedes , para lo qual le
aprovechó mucho el favor de su amo,
Pero Nuñez de Guzman, comendador ma-
yor de Calatrava , ayo del sereníssimo in-
fante don Hernando, que es agora la Ma-
gestad del rey de los romanos. É después
se tornó á la isla de Sanct Johan é armó
de mas propóssito para yr á poblar en
aquella tierra de su adelantamiento y go-
bernagion que alli se le dio , é gastó mu-
cho en el armada é volvió de allá desba-
ratado y herido de una flecha , de la qual
herida vino á morir á la isla de Cuba.
É no fué solo él quien perdió la vida y
el tiempo y la hagienda en esta deman-
da : que muchos otros por le seguir, mu-
rieron en el viaje é después de ser allá
llegados, parte á manos de los indios , é
parte de enfermedades ; é assi acabaron
el adelantado y el adelantamiento.
CAPITULO XIV.
Del pueblo llamado Daguao , que hizo poblar el almirante, don Diego Colom , en la isla dé Sanct Johan'.
JInformaron al almirante, don Diego Co- Sanct Johan seria bien hagerse un puc-
lom, que en una provingia de la isla de blo, adonde llaman el Daguao, porque se
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. XIV.
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creía que aquella tierra era rica de mi-
nas ; y determinado en ello , envió allá
para fundar la poblagion á un hidalgo,
llamado Johan Enriquez , con gierta gen-
te: el qual era pariente de la vireyna,
muger del almirante , y el pueblo se hizo
en lo mas rico de la isla, é Juan Enri-
quez fué alli teniente por el almirante.
Pero por floxedad de los que alli esta-
ban , ni se dieron maña á substentar el
pueblo ni á buscar las minas , é al cabo
se despobló por los caribes en breve tiem-
po. É después de despoblado, se hallaron
gerca de aquel assiento muchos rios é ar-
royos ricos de oro ; pero cómo está muy
á mano é aparejado para rescebir daño
de los caribes é han hecho por alli mu-
chos saltos en veges , á esta causa no se
sostuvo aquella villa. Mas si el oro se des-
cubriera, quando alli ovo pobIa(?ion, siem-
pre permanesgiera el pueblo é fuera muy
gran seguridad de toda la isla , porque
estaba en parte muy conviniente , y en
tierra muy fértil de labranzas é pastos é
oro rico é buenas aguas. É aun quieren
algunos degir que ninguna poblagion pu-
diera aver tan al propósito de los chrips-
tianos, como fuera aquella. Este pueblo se
llamó Sanctiago; pero como he dicho,
turó poco su poblagion.
CAPITULO XV.
De los gobernadores que ovo en la isla de Sanet Johan , después que íi^li fué por juez de residencia el I¡-
«eenciado Velazquez.
JLlicho se ha cómo el ligengiado Velaz-
quez fué por juez de residengia á la isla
de Sanct Johan : el qual se ovo de tal
manera en el offigio , que ovo muchas
quexas del, por lo qual fué por Su Ma-
gestad proveydo de juez de residengia
para aquella isla el ligengiado Antonio de
la Gama, é aqueste hizo lo que supo. El
qual después se casó con una dongella
llamada doña Isabel Ponge , hija del ade-
lantado Johan Ponge de León, de quien
aveis oydo que gobernó é pobló primero
aquella isla ; é diéronle grande dote con
ella, é avegindóse en la tierra, é tuvo
cargo de la gobernagion de la isla por el
Rey, en tanto que le turó el offigio de juez
de residengia. Después de lo qual, tornó
el cargo á cuyo era; y el almirante, don
Diego Colom, puso por su teniente á Pe-
dro Moreno, vegino de aquella isla , del
qual tampoco faltaron quexas , aunque
no tantas como de algunos de los que
primero avian gobernado. Y en este tiem-
po se siguieron muchas passiones entre
Antonio Sedeño, contador de aquella
isla, y el tesorero Blas de Villasancta. Y
ambos anduvieron en la corte el año de
mili é quinientos y veynte y tres é veyn-
te y quatro é mas tiempo , pleyteando é
acusándose ante los señores del Consego
Real de Indias , para que oviesse lugar
aquel proverbio que dige : Riñen las co-
madres, y descúhrense las verdades. Y en-
tre las otras querellas deste Villasancta
no olvidaba al ligengiado de la Gama, por
lo qual se mandó al ligengiado Lucas
Vázquez de Ayllon , oydor desta Audien-
gia Real de la Isla Española , que á la sa-
gon estaba en Castilla negogiando una
gobernagion ( donde después fué á mo-
rir), que se viniesse por la isla de Sanct
Johan y entendiesse en aquellas diferen-
gias de los ofigiales, é tomasse residengia
al Pedro Moreno y al ligengiado de la
Gama , é asái lo hizo. É ya el de la Gama
avia enviudado é acabado el primero ma-
trimonio , y se avia casado segunda vez
con Isabel de Cágeres, muger que avia
488
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
seydo de aquel Miguel Díaz, de quien en
en otras partes se ha hecho mengion : la
qual estaba muy rica muger , y aqueste
vsu segundo marido fué proveydo después
por juez de residen^^ia á la Tierra-Firme,
á la provingia y gobernación de Castilla
del Oro , donde hizo lo que se dirá ade-
lante en la adrainistragion de aquel offi-
gio, quando se tráete de las cosas de
aquella tierra, en la segunda parte de
aquesta historia. Assi que, después que
el ligengiado Ayllon les tomó residengia,
tornó al cargo de la isla de Sanct Johan
el teniente Pedro Moreno , é lo tuvo é go-
bernó aquella isla hasta que murió: des-
pués de la muerte del qual tiene hasta
agora el mismo offigio el teniente Fran-
gisco Manuel de Olando, el qual es buen
caballero y noble persona , y que ha muy
bien gobernado , y hage su offigio muy en
conformidad de aquellos pueblos é como
conviene al servigio de Dios y de Sus Ma-
gestades , é mas al propósito de la tierra
que lo han fecho los letrados, porque
de lo uno y lo otro se ha visto la expe-
riengia muchas veges. É no sin causa
Sus Magestades en Castilla del Oro y en
otras partes mandan que no passen le-
trados ni procuradores , porque conogi-
damente son pestilengiales para hagiendas
agenas, y para poner en contienda á los
que sin ellos vivirían en paz. Y estos car-
gos de justigia yo no los querria ver en
los que mas leyes saben , sino en los que
mas justas congiengias tienen ; y pocas
diferengias puede aver entre los veginos
que no las sepan averiguar buenos jny-
gios, si el juez tiene sano el pecho é ger-
rada la puerta á la cobdigia , sin que Bar-
tulo ni otros doctores entiendan en ello.
CAPirULO XVI.
De diversas particularidades de la isla de Sanct Johan.
P,
ues se ha dicho de la gobernagion de
la isla de Sanct Johan y de las cosas que
passaron en los pringipios de su conquis-
ta é poblagion , quiero degir en este ca-
pítulo algunas particularidades, convi-
nientes á la relagion desta isla y de los
indios della.
Estos indios eran flecheros; pero no
tiraban con hierva, é algunas veges pas-
saban los indios caribes de las islas co-
marcanas flecheros en su favor contra los
chripslianos ; y todos aquellos tiran con
hierva muy mala , é tal que es inreme-
diable hasta agora , pues no se sabe
curar.
Algunos digeu que no comian carne
humana los desta isla , é yo lo pongo en
dubda ; pues que los caribes los ayuda-
ban é conversaban con ellos, que la
comen.
La gente desta isla es lora y de la es-
tatura y forma que está dicho de los in-
dios de la Española , sueltos y de buena
disposigion en la mar y en la tierra, pues-
to que son para mas los de la isla de
Sanct Johan, ó mas guerreros, é assi an-
dan desnudos.
En las ydolatrías del gemí y en los
areytos é juegos del batey y en el nave-
gar de las canoas y en sus manjares é
agricoltura y pesquerías, y en los edefi-
gios de casas y camas, y en los matri-
monios é subgession de los cagicados y se-
ñorío , y en las herengias y otras cosas
muchas, muy semejantes los unos á los
otros. É todos los árboles, y plantas, y
fructas, é hiervas, é animales, y aves,
y pescados , é insectos que hay en Hayli
ó en la Isla Española , todo lo mismo se
halla en la de Boriqueu ó isla de Sanct
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. XVI.
489
Johan , é assi mesrao todo lo que por in-
dustria é diligencia de los españoles se
ha hecho é multiplicado en la Española
de ganados , desde ella se passaron los
primeros á Sanct Johan , y se han hecho
muy bien , é lo mesmo de los naranjos é
granados é higueras é plátanos é horta-
liga acosas de España.
Pero alli en Sanct Johan hay un árbol
que llaman el palo sánelo, del qual^co-
mo cosa muy digna de particular me-
moria , se hará adelante un capítulo , en
que se diga alguna parte de sus exge-
lengias.
Hay un ingenio de agácar que hizo
Thomás de Castellón , ginovés , que que-
dó á sus herederos, no sin pleytos é liti-
gios la herencia ; pero en quien quedare,
digen que es gentil heredamiento.
Estos indios de Sanct Johan, é co-
munmente todos los de las Indias, en-
cienden fuego con los palillos , como atrás
queda dicho. Tienen muy buenas salinas
en la parte que tengo dicho de la costa ó
vanda del Sur, é muy buenos rios é aguas
é minas muy ricas de oro, de las quales
se ha sacado muy gran copia de oro y
continuamente se saca. Hay mas aves co-
munmente que en la Isla Española ; pero
no dexaré de degir de gierta caga que
nunca la vi sino de aquella isla, ni aun
lo oy degir que en otra parte del mundo
se diessen á ella. Y estos son unos mur-
giélagos que los comen los indios ( é aun
ios chripstianos hagian lo mismo en el
tiempo que turóla conquista), y están
muy gordos , y en agua muy caliente se
pelan fágilmente é quedan de la manera
de los paxaritos de cañuela é muy blan-
cos é de buen sabor, segund los indios
digen : é no niegan los chripstianos que
los probaron é comieron muchas veges
por su nesgessidad , é otros hombres por-
que son amigos de probar lo que veen
que otros hagen. Finalmente, esta isla es
muy fértil é rica e de las mejores de las
que hay pobladas de chripstianos hasta
el pressente tiempo.
CAPITULO XVII.
Del árool del palo sancto é de sus muy excelentes propriedades.
JCjI árbol que en las Indias llaman palo
sancto , digo que en opinión de muchos
es uno de los mas exgelentes árboles del
mundo, por las enfermedades é llagas é
diversas passiones que con él curan.
Muchos le tienen en la verdad por el
mesmo que guayacan , ó por espegie ó
género del, en la madera y medula ó co-
ragon y en el peso é otras particularida-
des y efetos mediginales, puesto que
aqueste palo sancto ha hecho mayores
experiengias ; porque demás de se curar
con él el mal de las búas, como con el
guayacan é muy mejor, cúranse otras en-
fermedades muchas que no se sanan con
el guavacan, como mas particularmente
tüMO 1.
los médicos que del usan , lo saben apli-
car , y otras personas por la experiengia
que ya se tiene. Pero solamente diré yo
aqui lo que vi hager ó experimentar en
un enfermo tocado del mal de las búas,
y que desde á mucho tiempo que las tu-
vo, vivia con una llaga vieja en una pier-
na muchos años después, y de quando
en quando se le refrescaban sus trabajos
y le daban muy mala vida , é ya él la te-
nia por incurable. El qual usó desta re-
gepta que agora diré. Púrgase el doliente
con pildoras de regimiento , que creo que
llaman de fumus terree, las quales se to-
man, passadala media noche: é después
que ha purgado , come de un ave y bebe
62
490
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
un poco de vino muy aguado ; y desde á
dos dias que esto ha hecho , échase en
la cama, y entre tanto come templada-
mente y de buenas aves pollas. É assi
echado en la cama, ya ha de estar hecha
el agua del palo sancto, la qual se hage
desta manera.
Toman un pedazo del palo é pícanlo
menudo, quanto pudiere ser, y ponen en
una olla nueva libra é media del palo
assi picado , con tres adumbres de agua,
y pénenlo en remojo desde prima noche
hasta otro dia de mañana , y en seyendo
de dia , cuégenlo hasta que el agua ha
menguado la tergia parte. Y estonges to-
ma el paciente una escudilla de aquella
agua assi cogida, tan caliente como la
pudiere comportar : é después que la ha
bebido, cúbrese muy bien, é suda una ho-
ra ó dos , é después hasta medio dia be-
be de la misma agua., estando fría, quan-
tas veges quiere é pudiere; é quando
quisiere comer ha de ser un poco de un
rosquete de vizcocho., ó unas passas po-
cas y cosas secas. El caso es , que la die-
ta y beber harta agua de la manera que
he dicho, es lo que hage al propóssito:
assi que, hasta medio dia se ha de hager
lo que tengo dicho , y después sacar
aquella agua y verterla , y después echar
otra agua fresca en el palo mismo , como
avia quedado sin echar mas palo , y co-
gerlo otra vez con la segunda agua , y
de aquella fria beber entre dia. Y ha
de estar el pagiente muy sobre aviso
en estarmuy abrigado, quanto pudiere, y
en parte que el ayre no le toque ; é assi
continuarlo hasta que sea llegado el si-
guiente dia. Y el segundo dia se ha de
echar á mal aquel palo que estaba en la
olla , y en aquella tornar á echar otro tan-
to palo é agua con la misma medida 6
hager todo lo mismo que es dicho del pri-
mero dia ; é assi de dia en dia continua-
damente hager todo lo que tengo dicho
hasta que passen doge ó quinge dias. É
si se sintiere flaco en el comedio deste
tiempo , puede comer de un pollito chi-
quito ; y ha de ser la comida para sus-
tentar é no para mas ni hartar, porque
como he dicho, complidos doge ó quinge
dias, sentirá mucha mejoría é obra has-
ta noventa dias , que cada dia le yrá muy
mejor. É quando oviere acabado de to-
mar esto el tiempo que he dicho, come-
rá pollas pequeñas, é assi como fuere
convalesgiendo, yrá mejorando é aumen-
tando poco á poco la comida. Algunos
usan, después de passados los quinge
dias que han tomado el agua del palo,
tornarse á purgar ; pero ha de estar muy
sobre aviso en no comer cosas agedas ni
vinagre , ni verdura , ni pescado , ni aver
ayuntamiento con muger en aquellos tres
meses.
Los que tienen llagas, lávanlas con
aquella agua que es dicho , é límpianlas
con un paño é después de enxutas, tor-
nan á huntar la llaga con la espuma que
hage el agua en el cogimiento , que tie-
nen recogida para ello, é pénenle sus
hilas blancas y engima sus paños blancos
é limpios , é no de camisa de muger. É
sanan de llagas (que por gierto yo las
he visto sanar desta forma) tales que se
tenian ya por incurables , por ser muy
viejas é muy enconadas y denegridas
que ya paresgian mas de espegie de cán-
ger é de Sanct Lágaro, que otra cosa.
Para mi opinión yo tengo por muy sancta
cosa esta medegina deste árbol ó palo
sancto que digen.
DE INDIAS. LIB. XVI. CAP. XYIII.
491
CAPITULO XVIII.
De otras partiouIaFÍdades de la isla de Sanct Johan , con que se dá fin al libro décimo sexto.
M.
Luchas cosas quedan dichas en los ca-
pítulos pregedentes, en general de aques-
ta isla de Sanct Johan , é muchas otras
referí á lo que tengo escripto de la isla
Española. Pero ocurre á la memoria una
gierta goma que hay en aquesta isla de
Sanct Johan que nunca lo oy de otra
parte alguna, é informado de Johan
Ponge de León y de otras personas de
honra que lo pudieron muy bien saber,
digen que gerca de las minas que llaman
del Loquillo , hay gierta goma que nasge
en los árboles , la qual es blanca , como
sebo, pero muy amarga, é sirve para
brear los navios, mezclándola con ageyte,
sin otra mixtura. Y es muy buena , por-
que como es amarga , no entra en ella
la broma, como en la brea de la pez. Los
indios y aun los chripstianos llaman
en aquella isla á esta goma tabunu-
co, y es muy exgelente para lo que he
dicho, quando se puede aver en tanta
cantidad. É con esto se da conclusión á
las cosas desta isla de Sanct Johan , has-
ta el presente tiempo é año de mili é qui-
quientos é treynta é cinco.
Comienga el libro dégimo séptimo de la Natural y general historia de las Indias,
islas y Tierra-Firme del mar Ogéano: el qual tracta de la isla de Cuba^ que agora
llaman Fernandina.
PROHEMIO
JCiD el primero viaje que el almirante
primero, don Chripstóbal Colom, hizo á
estas Indias, como ya lo tengo dicho en
otras partes desta historia , la primera
tierra que descubrió fueron las islas Blan-
cas, y comengáronlas á llamar assi, por-
que como son de arena paresgian blan-
cas; pero el almirante mandó que se 11a-
raassen las Princesas, porque fueron el
principio de la vista é descubrimiento
destas islas y de todo lo de las Indias. É
arribó ala que llaman Guanahani , que es-
tá en medio de las isletas Blancas ó Prin-
cesas , en el mes de noviembre de mili é
quatrogientos é noventa y dos años de la
Natividad de Jesu-Chripsto , nuestro Re-
demptor. Esta isla de Guanahani es una
de las que los indios llaman de los Luca-
yos , que están de la isla de Cuba á la
parte del Norte opuestas; y de allípassó
á la de Cuba, que está sessenta leguas
de la que he dicho. Pero porque este li-
bro XVII y pressente tractará principal-
mente desta isla de Cuba , que por otro
nombre se llama la Fernandina (en me-
moria del Cathólico Rey don Fernando,
quinto de tal nombre en Castilla), diré
primero sus límites é assienfo , y despnes'
passaré á la particular historia della. Po-
drán algunos degir que ¿cómo siendo esta
isla descubierta primero que la Española
é que la de Sanct Johan , vengo á hablar
en ella después de lo que tengo escripto
de essotras, quanto mas siendo tan gran-
de é tan digna de no ser antepuesta á
ella la de Sanct Johan?... Para esto diga
que la verdad es que, si mi intención fuera
hablar primero de las mas orientales é
mas veginas , ó puestas hágia la parle de
España , primero avia de hablar de la de
Sanct Johan , que está mas al Oriente, y
después de la Española , é tras ella avia-
de escrebir de la de Cuba , ques mas ocgi-
dental que todas ; pero yo no curé desta
orden, porque no es de substangia, ni
tampoco hage al caso que Cuba fuesse
descubierta pocos dias antes que la Es-
pañola (que los indios llaman Hay ti). Pe-
ro como mas fundamento é pringipal po-
blación de las de chripstianos é mas no-
ble provingia é mayor isla que todas las
que hasta agora acá se saben en estas
partes , hablé primero en la forma é par-
ticularidades de la isla de llayli ó Espa-
DE INDIAS. LIB. XVII. PROHEMIO.
4-93
ñola, y después en la de Sanct Johan , é
agora escribiré desta de CUiba , ques la
mas occidental de todas tres; no obstan-
te que yo guardo á cada una dellas la
orden é verdad de su descubrimiento,
quando vengo á hablar en ellas. ¥ por-
que los que tienen letras de cosraogra-
phia, entiendan mejor su sitio é límites,
pomelos conforme á los grados é altura
del polo , para que mejor é mas puntual-
mente se comprenda su assiento : é diré
qué pueblos de chripstianos hay en esta
isla , é cómo y por quién fué conquista-
da é pacificada , é qué gobernadores ha
ávido en ella , y cómo é por quién desde
aquesta isla se descubrieron Yucatán y
la Nueva España. É assi mismo se dirá
de los animales é pescados desta isla,
y de las grandes culebras é serpientes
que alli se hallan , é de los árboles é
plantas assi mesmo , é de la forma de la
gente natural della, é de algunos ritos é
gerimonias que usan en su ydolatria y en
sus matrimonios é manera de vivir, é de
otras particularidades é cosas notables de
aquesta isla.
CAPITULO I.
De la descrip9ion (fe la isla de Cuba ó Fernandina , por las alturas é grados de su assiento é por sus aleda-
ños mas cercanos.
Jjistá la isla de Cuba de aquesta Isla Es-
pañola veynte leguas , que son ochenta
millas , á razón de quatro millas por le-
gua. Desde la punta ó promontorio que
llaman Maygí , que es lo mas oriental de
la isla de Cuba hasta la punta ó promon-
torio de Sanct Nicolás , que es de esta
Isla Española, tiene de longitud quassi
trescientas leguas á la verdad, puesto que
en muchas cartas no le atribuyen sino
doscientas é veynte, é algunos le dan
mas é otros menos. Pero de los que han
andado por tierra é han caminado todo
lo que hay en la isla de longitud , dicen
que son trescientas leguas ó muy pocas
menos , segund yo lo oy muchas veces al
adelantado Diego Velazquez, que fué mu-
chos años alli capitán general y teniente
de gobernador por el almirante : y lo mis-
mo oy al licenciado Alonso Guaco , que
también lo fué un tiempo , y ha costeado
é andado la isla ; pero mas largamente
fuydesto informado del capitán Pamphilo
de Narvaez, que acabó de conquistar es-
ta isla é anduvo por toda ella mas que
otro, é mas particularmente la vido. É
sin estos, otros muchos le dan trescientas
leguas de longitud , é de latitud tiene
sesenta é cinco leguas donde es mas an-
cha , que es atravessando desde la punta
de los Jardines á la punta que llaman de
Yucanaca. Y aun aquesta traviessa no es
mucho derecha que Norte á Sur: antes
participa también del Sudueste al Nordes-
te quassi medio viento. En todo lo demás
por la mayor parte es angosta , é terna
de traviessa ó en ancho veynte é cinco
leguas , é veynte , é de alli para abaxo
menos, porque es luenga é angosta. La
punta de Maycí que tiene al Oriente, está
en veynte grados é medio , é la parte mas
austral della , que está á los Jardines (que
son unas islas muchas é de muchos baxos
peligrosos) está en poco mas de diez y
nueve grados de la línia equinocial , á la
parte de nuestro polo ártico , y la parte
de aquella isla, que es á la vanda del
Norte ó Septentrión , está en veynte é dos
grados é medio en la punta de Yucanaca.
Y la punta de Sanct Antón, que es la
parte mas occidental é fin de la dicha is-
la , está en veynte y un grados é medio.
Esto que es dicho es su assiento é verda-
deros límites desta isla : la qual , como
494
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
he dicho, de la parte del Levante tiene
aquesta Isla Española , é por el Poniente
la tierra de Yucatán é de la Nueva Espa-
ña, que son provincias ó partes de la
Tierra-Firme , é de la parte del Mediodía
tiene la última é mas occidental tierra des-
ta Isla Española, en todo lo que discurre
al Poniente la punta que llaman de Sanct
Miguel , que otros impropriamente llaman
cabo del Tiburón. É tiene assimismo al
Sur la isla de Jamáyca , é las islas que
llaman de Lagartos , é las que he dicho
de los Jardines ; ó por la parte del Norte
tiene las islas de los Lucayos é de Btiüi-
ni é la provincia que llaman la Florida
en la Tierra-Firme. Estos son los aleda-
ños de la dicha isla de Cuba ó Fernandi-
na, la qual por la mayor parte della es
toda muy áspera é montuosa é doblada
tierra : é hay en ella muy buenos ríos, ri-
cos de oro é de muy buenas aguas é mu-
chas , é hay assi mismo muchas lagunas
y estaños dulces , e algunos salados , que
por evitar prolixidad no escribo , por pas-
sar á las otras cosas é particularidades de
la historia.
CAPITULO II.
De los pueblos prin9Ípales de la isla de Cuba ó Fernandina , y de oirás cosas particulares delíá.
JLFe suso dixe en el precedente prohe-
mio deste libro XVII cómo el primero al-
mirante, después que tocó en las islas de
Bimini , passó á esta de Cuba ; pero en-
tonces él vido poca parte della , é vínose
á esta Isla Españolia, discurriendo por la
costa de Cuba desde el puerto de Bara-
coa, que es la vanda del Norte della has-
ta la punta de Maycí> que pueden ser
doce ó trece leguas : la qual punta, como
se dixo en el capítulo antes deste, es la
parte mas oriental de la isla. Pero en el
segundo viaje que el almirante hizo des-
de España á estas partes , año de mili é
quatrocientos é noventa y tres, vino á
esta Isla Española derecho , é fundó la
cibdad de la Isabela, de la qual pobla-
ción después se hizo é principió esta cib-
dad de Sancto Domingo : é desde aquella
cibdad Isabela partió con dos caravelas,
con intención de ver qué cosa era Cuba,
é fué por la vanda del Sur , é descubrió
de camino la isla de Jamáyca , de la qual
se hará particular mención en el siguiente
libro. Assi que, tornando á nuestro pro-
póssito , salió el almirante de la Isabela
con las caravelas que he dicho é con la
gente é bastimentos que le páreselo, é
vido en su viaje la isla de Jamáyca , que
agora se llama Sanctiago: la qual está
veynte é cinco leguas de la punía de
Sanct Miguel desta Isla Española , y des-
de aquella hay hasta Cuba á la parte del
Sur otras veynte é cinco á la punta de
los Jardines , é bojó , segund algunos
afirman, toda la isla. Otros dicen que no
llegó hasta el fin della ni le vido el cabo,
é que desde allí se tornó á esta Isla Es-
pañola; pero vido de Cuba mucho mas
de lo que avia visto el año antes, en el
primero descubrimiento. Esta isla de Cu-
ba es la que el chronista Pedro Mártir
quiso intitular Alpha , a , é otras veces la
llama Johana ; pero acá ninguna isla hay
que tales nombres tenga ni se los den
chripstianos ni indios. Antes desde algund
tiempo mandó el CathólicoRey don Fer^
uando que se le diesse el nombre de su
Alteca, y él mismo la intituló Fernandina,
por la propria memoria de tan sereníssi-
mo é bien aventurado Rey , en cuyo tiem-
po se descubrió ; é á la Española llama-
ron la primera- provincia é pueblo que en
ella ovo de chripstianos Isabela , por de-
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. II.
495
vogion e memoria de la sereníssima é Ca-
thólica Rey na, doña Isabel.
El pringipal assiento é pueblo desta is-
la Fernandina es la cibdad de Sanctiago,
en que avrá hasta dogientos veginos : la
qual tiene un muy hermoso puerto é se-
guro , porque desde la boca de la mar
hasta la cibdad hay quassi dos leguas, y
entran las naos por pequeña puerta en el
puerto: é no es rio, sino brago salado de
la misma mar , y de dentro se ensancha
é hage muchas isletas , é pueden los na-
vios estar quassi sin amarras, é hay gran-
des pesquerías entrestas isletas de den-
tro del dicho puerto. Esta cibdad que he
dicho, tiene una iglesia cathedral , de la
qual fué el primero obispo fray Bernaldo
de Mesa , de la Orden de Sancto Domin-
go , y después del lo fue un capellán ma-
yor de la sereníssima Madama Leonor,
hermana de la (¡lessárea Magostad , reyna
que fue de Portugal , é agora lo es de
Frangía : el qual obispo era assi mismo
délos Predicadores, y era flamenco. Y
el tergero obispo fue otro religioso de la
misma Orden de los Predicadores , muy
reverenda persona y predicador de la ^es-
sárea Magostad , el qual se llamó fray Mi-
guel Ramirez. Tiene buena renta é bien
dotados los canónigos é dignidades é ca-
pellanes que sirven la dicha iglesia.
Otras villas hay en aquella isla , assi
como la villa de la Habana , que es al ca-
bo de la isla , á la vanda del Norte ; é la
villa de la Trinidad , que está de la van-
da del Sur; y la villa de Sancti Spiritus,
é la villa del Puerto del Príngipe ; é la
villa del Bayamo , que está á Ireynta le-
guas de la cibdad de Sanctiago. Pero ya
en estas villas hay muy poca poblagion,
á causa que se han ydo los mas veginos
á la Nueva España y á otras tierras nue-
vas; porque el offigio de los hombres es
no tener sosiego en estas partes y en to-
das las del mundo , é mas en aquestas In-
dias , porque como todos los mas que acá
vienen, son mangebos é de gentiles des-
seos, é muchos dellos valerosos é nes-
gessitados , no se contentan con parar en
lo que eslá conquistado.
Tornemos á la historia. Estas pobla-
giones que he dicho son las que hay en
la isla de Cuba ó Fernandina. Vengamos
á las otras particularidades, y en espe-
gial se diga agora lo que hage al caso de
la conquista é pagificagion della , porque
con mas orden se progeda en lo que que-
da por degir.
CAPITULO III.
De la conquista é pacifica9Íon de la isla de Cuba ó Fernandina, é de los gobernadores que ha ávido en ella,
é del descubrimiento primero de Yucatán, de donde procedió descubrirse la Nueva España.
Jl oco tiempo antes que el comendador
mayor de Alcántara , don fray Nicolás de
Ovando, fuesse removido de la goberna-
gion de aquestas partes, envió con dos
caravelas é gente á tentar si por via de
paz se podría poblar de chripslianos la
isla de Cuba ; é para sentir lo que se de-
bía proveer, si caso fuesse que los indios
se pusiessen en resistengia. Y á esto en-
vió por capitán á un hidalgo llamado Se-
bastian de Ocampo , el qual fue á aque-
lla isla é tomó tierra en ella; pero hizo
poco, é no desde á mucho que allá esta-
ba vino á gobernar estas partes el almi-
rante segundo destas Indias , don Diego
Colom , y el comendador mayor se fue á
España. É después el almirante envió á
Cuba por su teniente á Diego Velazquez,
natural de Cuellar, que era uno de los
que á estas partes vinieron primero con
496
HISTORIA GENERAL Y INATüRAL
el almirante viejo , don Chripstóbal Co-
lora, en el segundo viaje que acá vino,
año de mili é qualrogientos é noventa y
tres años ; é aqueste Diego Velazquez fue
el que comenQÓ á poblar é conquistar la
dicha isla é dio pringipio á la fundagion
de la cibdad de Sanctiago é á otras vi-
llas. Y cómo era hombre rico é so avia
hallado en la primera conquista desta Is-
la Española , é su persona estaba bien re-
putada, diósele crédito é quedó quassi
absoluto en Cuba é comengó, como he
dicho, á fundar los pueblos de suso loca-
dos, é pagificó aquella isla é púsola de-
baxo de la obediengia real de Castilla , en
el qual tiempo se higo mucho mas riquís-
simo. Después de lo qual vinieron los
frayles Hierónimos que el cardenal fray
Frangisco Ximenez de Cisneros, gober-
nador de España , envió á esta isla é cib-
dad de Sancto Domingo , y con ellos por
justigia mayor al ligengiado Alonso Cua-
go, como en otras partes queda dicho; é
con su acuerdo é por las muchas quexas
que avia contra Diego Velazquez , fue á
le tomar residengia el ligengiado Guago,
en nombre del almirante don Diego Co-
lora. Y después que la ovo hecho, que-
dósse assi suspenso de la gobernagion,
pero muy rico hombre : é residía en ella
el juez de residengia , que era el hgen-
giado Guago, porque ya quando él allí
fue , ya avia hecho él residengia en Sáne-
lo Domingo. Pero aunque Guago admi-
nistró justigia en Cuba, tampoco faltó
quien se quexasse del al almirante, por
lo qual acordó de passar en persona á
ver la verdad ; é fueron con él dos oydo-
res de aquesta Audiengia Real, que resi-
de en esta cibdad de Sancto Domingo,
que fueron los ligengiados Margelo de Vi-
llalobos é Johan Ortiz de Matiengo; pero
quando estos llegaron, averiguada la ver-
dad , no hallaron tantas culpas en ^uago,
como se degian. É cómo ellos no tenian
comission para le tomar residengia , ni él
avia ydo allí proveydo por esta Audien-
gia Real, el ligengiado C^uago no higo re-
sidengia , porque aunque la higiera, fuera
ninguna é la avia de tornar á hager en
mandándolo Su Mageslad ó su Real Con-
sejo de Indias. Pero tomó el almirante
las varas, é con aquellos oydores enten-
dió en otras cosas tocantes á la reforma-
gion de aquella isla , y el almirante vol-
vió el cargo al mismo Diego Velazquez,
que estaba suspenso desde que alli avia
ydo el ligengiado Alonso Guago. Hecho
aquesto , el almirante é los oydores que
he dicho se tornaron á esta Isla Española.
Aquesta buena obra é las que mas avia
hecho el ahnir^nte á Diego Velazquez se
las pagó desta manera. Que cómo él avia
pagificado la mayor parte de aquella isla,
y en su nombre la acabó de conquistar
el capitán Pamphilo de Narvaez , buena
persona é diestro en la guerra , é de los
primeros pobladores de aquella isla (del
qual se dirá mas en su l^jgar adelante);
pagífica la isla, é repartidos los indios
por mano de Diego Velazquez^ sacóse
mucho oro , porque es isla de muy ricas
minas: é lleváronse ganados desta Isla
Española é hánse hecho alli muy bien to-
das aquellas cosas que tengo dicho que
se han aumentado acá , de árboles é plan-
tas é hiervas é de lodo lo que de Espa-
ña se ha traydo , ó desde aquesta isla á
aquella se ha llevado. Y en esto dióse
mucho recabdo Diego Velazquez , é cómo
era mañoso, no solamente qneria las gra-
gias de lo que él hagia , pero aun de lo que
la tierra , por su propria fertilidad , pro-
dugia. En tín que la isla llegó á estar muy
próspera é bien poblada de chripstianos
é llena de indios , é Diego Velazquez muy
rico: é tuvo manera é tales tergeros á par
del Rey Gathólico, con la amistad que con
él tenia el tesorero de esta isla , Miguel
de Passamonte, á quien se le daba un
gran crédito , que aunque el almirante
quisiera remover del cargo á Diego Ve-
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. VIII.
491
tezquez úo pudiera. É assi entró por su
mauo en Cuba, é quedóse por mantene-
dor con el offigio aprobado por el Rey;
mas todavía en nombre é como teniente
del almirante.
Después de lo qual, continuando su
gobernación Diego Velazquez , año de
mili é quinientos diez y siete , armaron
en aquella isla, consuligengia, para yr á
descobrir algunos de los mas antiguos
conquistadores della , que fueron Fran-
cisco Hernández de Córdoba, é Chripsló-
bal Morante , é Lope Ochoa de Caygedo,
é fué nombrado por veedor un Beroar-
dino Iñiguez. Los quales, con giento é
diez hombres , llevando por piloto princi-
pal á un Antón de Alaminos, con tres na-
vios que armaron á sus proprias despen-
sas, se higieron á la vela desde el cabo
de Sanct Antón , que es lo último al Oc-
cidente de la isla, é corrieron la via del
Sudueste , que es el viento que está en-
tre Mediodía é Poniente. É dende á seys
dias que dieron pringipio á su navega-
gion, vieron tierra, é avrian andado hasta
sessenta é seysó septenta leguas: é aquella
tierra que primero vieron era de la pro-
vingia de Yucatán, en la costa de la qual
avia algunas torres de piedra no altas.
Estas son las mezquitas é oratorios de
aquellas gentes ydólatras : estos edefigios
estaban assentados sobre giertas gradas,
las quales torres estaban cubiertas de
paja , y en lo alto de algunas de ellas
avia verduras de árboles de fructa , pe-
queños, como guayabos é otras arbole-
das. Vieron gente vestida de algodón con
mantas delgadas é blancas é con gargi-
llos en las orejas é con patenas é otras
joyas de oro al cuello , é también con
camisetas de colores , assi mismo de al-
godón ; é las mugeres cubiertas las cabe-
gas é pechos , é con sus naguas é unas
mantas delgadas, como velos, en lugar de
tovalla ó manto. Entre estas gentes se ha-
llaron cruges, segund yo oy al piloto que
TOMO I.
he dicho , Antón de Alaminos ; pero yo
téngolo por fábula, é si las avia, no piens-
so que las harian por penssar lo que ha-
gian, en hagerlas, pues que en la verdad
son ydólatras, y cómo ha paresgido por
la experiengia , ninguna memoria tenian
ó avia entre aquella generagion de la cruz
ó passion de Christo, é aunque cruges
oviesse entre ellos , no sabrían por qué
las hagian; é si lo supieron en algund
tiempo (como se debe creer), ya lo avian
olvidado.
Tornando á la historia , assi cómo
estos chripstianos ovieron lengua des-
tas gentes, é vieron que la costa de
aquella tierra era grande , acordaron de
dar la vuelta á dar la nueva de lo que
avian visto ; porque cómo vieron tan po-
blada la tierra é tan grande , no se atre-
vió tan poca gente á quedar en ella ; pero
anduvieron todavía hasta llegar á una
provingia, llamada CampecAo, donde vie-
ron un lugar de hasta tres mil casas con
gente innumerable , que sallan á la costa
maravillados de ver tan grandes navios
como los nuestros ( puesto que eran pe-
queñas caravelas) , y estaban espantados
assi en ver la forma de las velas , como
de las xargias é de todo lo demás ; y mu-
cho mas quedaban admirados de oyr al-
gunos tiros de lombardas , é ver el humo
é olor del gufre: todo aquello les daba
imaginagion que era lo mismo que los
truenos é rayos que caen de las nubes.
Con todo esso, salieron algunos chrips-
tianos en tierra, é higiéronles fiesta, mos-
trando plager de los ver , é truxéronles
de comer muchas é muy buenas aves,
que son no menores que pavos é no de
menos buen sabor, y otras aves, assi
como codorniges , é tórtolas , é ánades,
é ánsares , é giervos , é liebres , é otros
animales. Pero porque, quando se hable
particularmente desta Tierra-Firme , se
dirán todos los géneros de animales é
aves, passemos á lo demás. Este lugar
63
498
HISTORIA GENERAL Y iNATURAL
ó pueblo que he dicho, le puso nombre el
capitán Frangisco Hernández, é se nom-
bró el Cacique de Lágaro ( porque el dia
de Sanct Lágaro allegaron los chripstia-
nos á aquesta tierra), á denotar que como
Christo nuestro Salvador resusgitó á Lá-
zaro, assi yban los chripstianos con su
sagrada fé á despertar é resusgitar estas
gentes de muerte á vida , de perdidos á
salvarlos é reducirlos á la religión chrips-
tiana. üe alli passaron hasta quinge le-
guas adelante , y llegaron á otra provin-
cia que los indios llaman Aguanil, y el
principal pueblo della se dige Moscobo,
y el rey ó cagique de aquel señorío se lla-
ma Chiapoton. É penssaron que, como
los indios que be dicho , no les hicieron
mal, antes se alegraron de su venida,
que assi lo higieran estos otros ; pero no
estaban desse paresger: antes no querían
que los chripstianos saltassen en tierra,
é mostrábanse feroges en manera de re-
sistengia con sus arcos é flechas , y ellos
pintadas las caras é frentes de colores di-
versas ; é penssaron una cautela para ma-
tar á los chripstianos, é fué aquesta. Di-
xéronles que entrassen por agua (que se
la pedian los nuestros); pero que estaba
lexos, desviada de la costa dentro en
tierra , y enseñábanles el camino de gier-
tas sendas estrechas é sospechosas; é
cómo vieron que los chripstianos rehusa-
ron de yr adelante por el agua, é sintie-
ron que eran entendidos , comengáronlos
á flechar , é los españoles se defendieron
animosamente é mataron é hirieron algu-
nos de los contrarios ; pero como los ene-
migos eran muchos , fuéles forgado tor-
narse á embarcar y mas que de passo,
porque les mataron veynte chripstianos
é hirieron mas de otros treynta ; é assi
mismo fué herído el capitán Frangisco
Hernández , é si adelante passáran , nin-
gún chripstiano quedara con la vida. É
assi, como mejor pudieron, se recogieron
á los navios , y aun con mucho trabajo é
con la pérdida que es dicho. Hecho aques-
to, se tornaron estos primeros descubrido-
res de aquella tierra á la isla Fernandina,
de donde avian salido ; é aqueste fué el
pringipio de se descobrir la Nueva España.
Tornando á la gobernagion de Diego
Velazquez é otras cosas de Cuba , poco
hay que degir demás de los descubri-
mientos é armadas que el gobernador
Diego Velazquez hizo , é que me paresge
que perdió el tiempo é la hagienda que
avia allegado, para hager rico é de buena
ventura al marqués del Valle , don Fer-
nando Cortés, como se verá adelante en
el discurso de la historia. Mas porque no
tengamos á qué volver á las otras cosas
particulares de aquella isla é de su ferti-
lidad , brevemente se relatarán en el ca-
pítulo siguiente , pues las mas dallas es-
tan entendidas por lo que queda dicho y
escripto de aquesta Isla Española é de la
de Sanct Johan.
CAPITULO IV.
De las cosas en general, é de la rique9a é fertilidad de la isla de Cuba ó Fernandina, é oirás parliculari-
dades della.
Lja gente de la isla de Cuba ó Fernan-
dina es semejante á la desta Isla Espa-
ñola , aunque en la lengua difieren en
muchos vocablos , puesto que se entien-
den los unos á los otros. El Irage es el
mismo con que nasgen , é no son ellos ni
las mugeres mas vestidos de lo que está
dicho. La estatura, la color, los ritos é
ydolatrías, el juego del batey ó pelota,
todo esto es como lo de la Isla Española;
DE rNDÍAS. LIB. XVII. CAP. Vlll.
499
pera en los casamientos son diferentes,
porque quando alguno toma muger , si es
cacique , primero se echan con ella todos
ios cagiques que se hallan en la fiesta ; é
si es hombre pringipal el que ha de ser
novio, échanse con ella primero todos
los principales ; é si el que se casa es
plebeyo, todos los plebeyos que á la fies-
ta vienen , la prueban primero. É después
que muchos la han probado, sale ella sa-
cudiendo el brago, el puño cerrado é al-
io, digiendo en alta voz: Manicato, ma-
nicato : que quiere degir esforgada ó fuer-
te é de grande ánimo, quassi loándose^
que es valerosa é para mucho. En la ma-
nera de se gobernar por príngipes ó ca-
giques , assi mismo son de una forma , y
en otras muchas costumbres, como se
dixo de la Española , puesto que en al-
gunas cosas pocas sean apartados ó dife-
rentes ; pero en general son conformes y
lo mismo en sus vigios é libídine , é poca
verdad ó ninguna , é ingratos j é no quie-
ren ser mas chripstianos de lo que estotros
todos , aunque el chronista Pedro Mártir,
informado del bachiller Engiso, dige ma-
ravillas de la devogion é conversión de
un cagique de Cuba que se llamó el Co-
mendador, é de su gente. Yo no he oydo
cosa de aquello , aunque he estado en
aquella isla ; é por tanto me refiero en
esto á quien lo vido , si assi passó. Pero
yo lo dubdo, porque he visto mas indios
que el que lo escrebió ni que el que se lo
dixo ; y por la experiengia que tengo de
aquesta gente, creo que ningunos ó muy
pocos dellos son chripstianos de su gra-
do ; é quando alguno se torna chripstia-
no que es hombre de edad , es mas por
antojo que por gelo de la fé; porque no
le queda sino el nombre, é aun aquel
se le olvida presto. Possible es aver al-
gunos indios fieles; pero yo creo que
muy raros.
De los ganados que hay en Cuba é se
truxeron de España, hay muchos é há-
gense muy bien. Y de los árboles de Es-
paña é hortaliza digo lo mismo ; é assi
hay aquellos árboles é plantas é hiervas
naturales de la tierra que tengo apunta-
lado é particularmente dicho desla Isla
Española ; pero hay mas en Cuba mucha
cantidad de ruvia, que es naturalmente
produgida é de aquella isla é muy bue-
na. Hay todos los pescados é animales
insectos ó geñidos, é todas las otras co-
sas de Hay ti ó de la Isla Española, ex-
geptoen lo de los agúcares, porque aun-
que se han hecho muy bien las cañas é
se haria el agúcar como acá, no se han
dado á ello , á causa de estar gerca el fin
de aquella isla de la Nueva España; é
cómo se acabó de conquistar la isla, lue-
go se fué mucha gente de lia á la Nueva
España , en espegial que como tengo di-
cho , desde allí se hizo el primero des-
cubrimiento. Y desde alli salió la segun-
da armada con el capitán Johan de Gri-
jalva , é la tergera con el capitán Hernan-
do Cortés, é la quarta con el capitán
Phamphilo de Narvaez, é todos quatro
por mandado del teniente Diego Velaz-
quez. É assi quassi se despobló la isla de
Cuba, é acabóse de destruir en se morir
los indios, porlas mismas causas que fal-
taron en esta Isla Española , é porque la
dolengia peslilengial de las viruelas que
tengo dicho , fué universal en todas estas
islas. É assi los há quassi acabado Dios,
por sus vigios é delitos é ydolatrías. Sus
areytos é cantares son , como en esta is-
la; y esta manera de bayles é cantar es
muy común en todas las Indias, aunque
en diversas lenguas. Sus camas son hama-
cas de la manera que lo tengo dicho , é
sus casas de la misma forma hechas que
atrás quedan pintadas é relatado. El ma-
yor pecado en aquella isla era hurtar,
é assi castigaban tal delito , como dixe
atrás ; y su religión de los indios de Cu-
ba es adorar al diablo, dicho gemí. La
luxuria, con lasmugeres tenían porgea-
500
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tilega, é con los hombres eran abomina-
bles sodomitas. Casábanse en los grados
que he dicho , é dexaban las mugeres
por pequeñas causas, é las mas veges
ellas á ellos; algunas méritamente, por
ser ellos contra natura inclinados , é otras
por no perder ellas tiempo en sus vigios
é libídine. Los reyes ó cagiques toman
quantas mugeres quieren , é los otros las
que pueden dar de comer é sostener.
Son muy grandes pescadores é cagado-
res de aves é de pescados con el pexe
reverso , é de las ánsares bravas con las
calabagas , como se dirá, quando se trac-
te de la isla de Jamáyca. Es isla de muy
buen oro y háse sacado mucho en ella : hay
mucho cobre é muy bueno ; porque de-
mas de ser muy averiguada cosa, puede
aver pocos meses que un Alonso del Cas-
tillo, natural de Yepes, tierra de Toleda,
calderero , de ginco quintales de la vena
en que hizo la experiengia , sacó tres:
el qual degia que es mejor de labrar este
cobre que todos los cobres que él avia
visto. La qual vena ó minero está en una
sierra á tres leguas de la cibdad de Sanc-
tiago.
Volviendo á lo demás, digo que en
esta ista los mantenimientos de la gen-
te natural della, son los mismos de la
Española, é tienen la misma forma en
las cosas de la agricoltura ; é hay todas
aquellas plantas ,^ é fructas é legumbres.
É ovo los animales mismos que en la Es-
pañola, de quatro pies ; pero también hay
al presente otros que son mayores que
conejos, é tienen los pies de la misma
manera, salvo que la cola es como de
un ratón, larga y el pelo mas derecho
como texon , el qual les quitan é quedan
blancos é buenos de comer. Estos se to-
man en los mangles que están en la
mar , durmiendo en lo alto ; é meten la
canoa debaxo del árbol, y meneando el
árbol, caen en el agua, é saltan lo indios
de la canoa y en breve se toman muchos
dellos. Este animal se llama guahiniqui-
nax : son como gorros é del tamaño de una
liebre, de color pardo, mixto con berme-
jo. La cola poblada é la cabega como de
hurón, é hay muchos dellos en la costa de
laislaFernandioa, de quien aqui se tracta.
Y también hay otro animal que llaman atjre,
tamaño como un conejo , de color entre
pardo y bermejo , y es muy duro de co-
mer; pero no los dexan por esso de lle-
var á la olla ó al assador. Hay assi mis-
mo en Cuba los mismos pescados que en
la Española é las mismas aves é otras que
se dixeron ya en otro lugar é proprio li-
bro. Es tierra templada; pero mas fria
que no esta Isla Española , porque como
he dicho donde se tracto de su assiento
é límites, está la parte septentrional della
en veynte é dos grados é medio de la
equinogial.
CAPITULO V.
De las serpientes ó culebras de la isla de Cuba ó Fernandiha.
JcLn la isla de Cuba hay muchas cule-
bras é de muchas maneras é diferengias
é lagartijas é alacranes y escolopendras
é abispas , é todas estas é sus semejan-
tes, segund se ha dicho de la Isla Espa-
ñola, en los libros pregedentes. Pero en
espegial en las culebras se han visto en
la isla de Cuba muy mayores culebras 6
sierpes, porque se han muerto algunas
tan gruesas ó mas que el muslo de un
hombre, y tan luengas conao veynte é
ginco é treynta pies é mas; pero son
muy torpes é mansas é no enconadas , é
cómenlas los indios : é halla nles muchas
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. V.
501
ve^es en el buche seys é siete é mas de tragado enteros, aunque son mayores que
aquellos animales que he dicho que se conejos,
llaman guahiniquinax , juntos, que han
CAPITULO VI.
De las pelotas redondas, como'piedras de lombardas, que natura produ9e é se hallan en la isla de Cuba ó
Fernandina.
H
[ay un valle en la isla de Cuba que tu-
ra quassi tres leguas entre dos sierras ó
montes , el qual está lleno de piedras re-
dondas, como de lombardas, guijeñas, é
de género de piedra muy fuerte , é re-
dondíssimas en tanta manera, que con
ningún artifigio se podrian hager mas
iguales é redondas , cada una en el ser
que tiene. É hay de ellas desde tamañas
ó menores que pelotas de escopetas; é de
ahy adelante, de mas en mas grossor cre-
ciendo, las hay tan gruesas como las qui-
sieren para qualquier artillería, aunque
sea para tiros que las pidan de un quin-
tal, é de dos é mayores, ó de la grosseza
que las quisieren. É hállanse de aquestas
piedras en todo aquel valle, como minero
de ellas, é cavando las sacan, segund que
las quieren ó han menester; y muchas
dellas están assi mismo sobre la superfi-
cie de la tierra , y en espegial á par del
rio que llaman de la Venta del Contramaes-
tre j que está quinge leguas de la cibdad
de Sanctiago, yendo á la villa de Sanct
Salvador del Bayamo , que es la via del
Poniente. Y porque de suso se hizo men-
gion del minero de pez que hay en la
isla de Cuba^ é quiero que el letor quede
mejor informado de aquello , lea el capí-
tulo siguiente.
CAPITULO VII.
De la fuente ó minero de betún que hay en la isla de Cuba ó Fernandiiw.
EnlacostadelNortedelaislaFernan-
dina del Puerto del Príngipe está un mi-
nero de pez , la qual se saca en lajas é
pedagos de muy buena pez ó brea ; pero
háse de mezclar con mucho sebo ó agey-
te , y hecho aquesto es qual conviene, pa-
ra empegar ó brear los navios. Yo no he
visto esta fuente ó minero , aunque he es-
tado en aquella isla ; pero es muy noto-
ria cosa , é súpolo del adelantado Diego
Velazquez , que tuvo mucho tiempo car-
go de la gobernagion de aquella isla , é
súpelo del capitán Pamphílo de Narvaez,
el qual acabó de conquistar la isla ; é sd-
pelo de los pilotos Johan Bono de Que-
xo é Antón de Alaminos , é de otros caba-
lleros é hidalgos, dignos de crédito, que
vieron muchas veges la misma pez ó brea
que he dicho é donde ella nasge: é todos
la aprobaban por buena é sufigiente para
brear los navios. La pez della he yo visto
y me la enseñó é dio un pedago della
Diego Velazquez , que yo llevé á España
año de mili é quinientos é veynte y tres,
para la enseñar allá.
Esto no es cosa nueva seeund PHnio •,
\ Plin., lib. lí, cap. d06.
5(r2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
pues que escribe que Aspháítide, lago de
Judea, produge betún. Y en un pueblo
ó provincia que llama Corambi Plinio^
di^e que all¡ gerca hay una fuente de be-
tume. Y no es solo Plinio el que tiene por
possible aver fuentes de beturae , ó las
que tengo con él alegadas , pues Quinto
Curgio * áige que en la cibdad de Memí
hay una grande caverna ó cueva donde
está una fuente , la qual mirablemente es-
parce copia grande de betún ; de mane-
ra que es fágil cosa creer que los muros
de Babilonia pudiessen ser murados de be-
tume, segund el dicho auctor díge. Parés-
geme que por estos dos auténticos histo-
riales tenemos notigia del lago Aspháítide
é de las fuentes de Corambi é de Memí,
que son tres partes donde se halla este
betún. Mas en estas nuestras Indias diré
yo de otras seys fuentes ó mineros que
hagenlo mismo: una de las quales ó mi-
nero qwe basta tanto, es la que he dicho
que hay en esta isla de Cuba, é otra que
hay en la Nueva España , en la provin-
cia de Panuco, cuya betún quieren al-
gunos degir que es mejor que el de la
isla de Cuba ; y otras dos fuentes hay de
betún en la proviugia del Perú, en la
mar Austral de la Tierra-Firme, en la
punta que llaman Sánela Elena, y aun
la una destas digeu que es de trementi-
na : la quinta fuente está en la isla de Cu-
bagua, de otra gierta forma de belun; y
otro lago de betún está en la provingia
de Veneguela ; y no dexo de creer que se
han de hallar otras, porque la Tierra-
Firme es otro medio mundo. Destas, de
que se ha hecho aqui mengion , escrebiré
mas particularmente, quando se tráete de
la Tierra-Firme, en la segunda parte des-
ta General y natural historia de Indias y y
en el siguiente libro, quando se escriba de
Cubagua , y espegial de cada una en la
parte que está, quando della se tráete.
CAPITULO VIII.
Del segundo descubrimiento hecho por el adelantado Diego Velazqucz , y en su nombre el capitán Johan
de Grijalva , desde la isla de Cuba , de 9iertas partes de la llueva España é sus costas é algunas islas nue-
vamente halladas.
JLrespues que Diego Velazquez , alcayde
é capitán general , é repartidor de los
cagiques é indios de la isla Fernandina
por sus Magestades , é teniente en ella
por el almirante visorey , don Diego Co-
lom, supo lo que por el capitán Fran-
cisco Hernández é sus consortes se avia
descubierto de Yucatán, segund atrás
queda ya dicho ; é tuvo algunas lenguas
de indios de la propria tierra (nuevamen-
te descubierta) , acordó de enviar una
armada con el capitán Johan de Grijalva
é con el piloto Antón de Alaminos , que
avia seydo el que avia halládose en el
descubrimiento del capitán Frangisco
Hernández, para la enviar á las islas de
Yucatán é Cogumel, é Coslila y á las otras
islas á ellas comarcanas (pero Yucatán no
es isla , aunque en aquellos pringipios
penssaban que lo era, porque no es sino
parte de la Tierra-Firme). É á los veyn-
te de enero del año de mili é quinientos
é diez y ocho eligió por capitán desla ar-
mada á Johan de Grijalva , é por tesore-
ro á Antón de Yillasaña; ó para esto
tuvo ligengia de los padres Hieróuiraos
que gobernaban estas partes : los quales
mandaron que fuesse en esta armada , é
por veedor, un caballero de Segovia,
mangebo, llamado Frangisco de Pcñalo-
1 Plin.,lib. VI, cap. 29.
2 Quinto Curcio, lib. V.
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. VIII.
^03
sa , é con estos se juntaron hasta qua-
renta caballeros é hidalgos é otras perso-
nas en este número : é á los veynte y dos
de aquel mes se embarcaron en tres ca-
ravelas é un verganrin para yr al puerto
que llaman de la Malanra , que es en la
provingia déla Habana, de la misma isla
de Cuba , para recoger alli la gente toda
que avia de yr en este viaje , demás de
la que es dicho , é para se proveer de los
bastimentos é cosas que eran nesgessa-
rias á su camino. Llamábase la nao ca-
pitana Sancl Sebastian, é avia otra del
mesmo nombre, é otra caravela se dc^ia
la Trinidad y é un vergantin llamado Sane-
iiago.
Estos quatro navios salieron del puerto
de la cibdad de Sanctiago á los veynte é
QÍnco dias del mes de enero del dicho
año , y fueron al puerto de Boyúcar, don-
de recogieron quatro hombres diestros
en la mar , é á los doge de hebrero del
mismo año llegó esta armada al puerto
de la Malanga ; é alli hizo el capitán alar-
de de su gente á los siete de abril en la
villa de Sanct Chripstobal de la Habana,
é ovo entre todos giento é treynta y cua-
tro hombres de nómina. Y en tanto que
alli estuvieron, avian enviado el vergan-
tin delante , para que esperasse los otros
navios en el cabo ó punta de Sanct An-
tón , que es en el fin de la isla Fernan-
dina , é á los diez é ocho dias de abril,
juntada toda la gente que de unas partes
é otras de la isla se avian allegado, para yr
en esta armada, el capitán general Johan
de Grijalva eligió otros tres capitanes
particulares é inferiores á él , y estos fue-
ron Alonso Dávila, y el comendador Pe-
dro de Alvarado é Frangisco de Monlejo.
É hízose alarde de toda la gente que lle-
vaban , é halláronse dosgientos hombres
de nómina , assi de mar como de tierra,
entre todos los que yban ; y estos se em-
barcaron en los tres navios que se dixo
de suso y en otro , nombrado Sancta Ma-
ría de los Remedios ; assi que eran quatro
por todos. Y un martes que se contaron
veynte dias de abril del año ya dicho de
mili é quinientos é diez y ocho, salió esta
armada y gente ya dicha del puerto de la
Malanga , para yr á la punta ó cabo de
Sancl Antón , para tomar alli el vergan-
tin que avia ydo delante ; hasta la qual
punta hay septenta leguas; é desde alli lle-
vaban penssado de tomar su derrota para
la isla de Sancta Maria de los Remedios,
que es adelante del cabo de Sanct Antón
noventa ó gient leguas al Sudueste, quar-
ta al Stir: é dióse por aviso á todos los
pilotos por el pringipal dellos que guiaba
la flota, que era el piloto Antón de Ala-
minos , que para conosger la isla avian de
ver delante della, dentro en la mar, tres
isleos blancos de arena con pocos árbo-
les. É assi cómo congedieron las velas al
viento, dióles Dios buen tiempo, y el
jueves siguiente llegó el armada al puer-
to de Carenas , que es en la misma pro-
vingia de la Habana , para recoger á al-
gunos que se avian ydo alli á embarcar,
é para tomar algunos bastimentos y echar
fuera de los navios giertos indios mansos
de los de la isla, que avian entrádose en
los navios. Hecho aquesto, luego otro
dia siguiente, veynte é tres dias de abril,
salió el armada del puerto de Carenas , é
prosiguió su viaje, y llegó á la punta
del cabo de Sanct Antón primero dia de
mayo, dia de Sanct Phelipe y Sanctiago,
á hora de vísperas, donde pensaban que
estaría el vergantin ; é no viéndole , sal-
taron algunos hombres en tierra é halla-
ron colgada una calabaga de un árbol, é
dentro della una carta que degia assi :
« Los que aqui vinieron con el vergan-
tin, se tornaron con él, porque no tenian
que comer.»
Visto esto, acordaron de no se dete-
ner , puesto que el vergantin les hizo mu-
cha falta en las cosas que adelante subge-
dieron; y encontinente aquel mismo dia
504
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
prosiguieron su camino é tomaron su
derrota, segund la declaré de suso, para
la isla de Sancta María de los Remedios.
Y el lunes adelante, tres dias de mayo,
reconosQieron tierra é vieron una costa
llana , con un edefigio en una parte della
quadrado , á manera de torre , blanca é
baxa , la qual paresgia que tenia un cha-
pitel, é gerca della al un costado se mos-
traba un buhio ó casa cubierta de paja, é
por ser dia de Sancta Cruz, se le puso
nombre á esta isla Sancta Cruz , á la qual
los indios llaman Cogumel. É assi yendo
corriendo los navios por la costa adelante,
vieron otro edefigio que paresgia otra
torre, como la primera , é surgieron á dos
leguas de una punta de esta tierra en una
ensenada ; é poco antes que el sol se pu-
siesse, vino hacia los navios una canoa
con ginco indios, é pararon desviados de
los navios , é mandó el capitán general
á un indio que él llevaba, natural de la
isla de Sancta Maria de los Remedios,
que era lengua , llamado Julián ( y estaba
en poder de los chripstianos desde el pri-
mero viaje que he dicho que hizo á aque-
lla tierra el capitán Frangisco Hernández,
el año antes desto ) , que les dixesse que
se allegassen á las caravelas sin temor
alguno y les darían de los rescates que
traian , é no les seria hecho desplacer ni
enojo alguno. É assi se lo dixo la lengua
á voges , porque estaban algo lexos ; pe-
ro ellos ni respondieron ni quisieron lle-
garse á los chripstianos : antes paresgió
que estaban considerando los navios é
armada , é desde alli se tornaron á tier-
ra. En este tiempo paresgian por la costa
de la tierra al luengo della muchas ahu-
madas, á manera de apergebimiento é
aviso para los de la comarca ; pero por-
que se dixo de suso que se les ofresgian
rescates, el pringipal rescate que los
chripstianos llevaban era muy buen vino
de Guadalcanal; porque desde el primero
viaje hecho por Frangisco Fernandez se
avia sabido que los indios de aquella tier-
ra son inclinados á ello y lo beben de
grado. Y no digo solamente en aquella
tierra, pero en las mas partes de las In-
dias que están descubiertas, donde una
vez lo han probado , lo dessean estas gen-
tes mas que cosa alguna que los chrips-
tianos les puedan dar ; é lo beben has-
la caer de espaldas, si tanto se les
diere.
Otro dia siguiente , martes quatro de
mayo> vino una canoa con tres indios , é
llegó gerca de las caravelas, y mandó el
capitán á la lengua Julián que les hablas-
se, y assi estuvieron hablando con la
lengua y ella con ellos ; y desde á poco
vino otra canoa con otros tres indios , é
juntóse con la primera é continuóse la
plática , digiendo el Julián lo que el ca-
pitán le mandaba, é los de las canoas
respondiendo é replicando. É desde á
poco la una destas canoas se volvió á
tierra y quedó la otra , y llegóse junto á
la nao capitana , é desde la proa el capi-
tán les mandó dar sendas camisas á los
tres indios con una vara , y un poco de
vino en una botija , lo qual resgibieron
de grado, y entretanto la lengua les da-
ba á entender que los chripstianos no le
avian de hager daño , ni querían sino res-
catar con ellos de su voluntad. É pre-
guntáronles qué tierra era aquella, é di-
xeron que era Cocumel, la qual es una
de las islas comarcanas á la de Sancta
Maria de los Remedios, y que la otra
tierra que se paresgia hágia la parte del
Norte ó tramontana, dixeron que era Yu-
catán, á quien los chripstianos llaman
Sancta Maria de los Remedios. Fuéles
preguntado por la lengua si sabian adon-
de estaban dos chripstianos que la lengua
Julián degia que estaban en Yucatán , y
respondieron que el uno dellos era muer-
to de enfermedad y que el otro estaba
vivo.É assi, ydas estas canoas, mandó el
capitán que los navios se juntassen á la
DE INDIAS. LIB. XVll. CAP. VIH.
i)05
Ut>rra lodo lo que pudiessen, é assi se
hizo. Estos doschipstianos, por quien pre-
guntaban, avian quedado perdidos en el
primero descubrimiento , é desseábanlos
cobrar, assi por su salvación dellos mis-
mos , como porque se presumia que sa-
brian ya algo de la lengua 6 podrian mu-
cho aprovechar.
La isla de CoQumel, ques dicho, está
en diez y nueve grados de la línia equi-
noQial á la parte de nuestro polo , e ^er-
ca de la costa de Yucatán.
CAPITULO IX.
Cómo el capitán Johan de Giijalva salló en tierra de la isla de Co9umel con parte de la gente que lleva-
ba, y de lo que passó en el primer pueblo, donde lomó la possesion por Stis Magestades c reynos de Cas-
tilla, é otras cosas.
Mi
Liércoles ginco días de mayo del año
de mili é quinientos é diez y ocho, el ca-
pitán general Johan de Grijalva hizo que
los navios botassen fuera las barcas. É
hecho assi , él entró con sus armas en la
barca de la nao capitana con gierta gen-
te, é lo mismo higieron los capitanes de
los otros navios, para salir en tierra : é
llegadas todas quatro barcas á la costa,
mandó que ninguno saliesse deltas sin su
ligengia é mandado , é assi se hizo ; y él
solo saltó desde su barca en tierra el
primero, é hincóse luego de rodillas é hi-
zo una oragion breve y secreta á Nuestro
Señor, é levantóse luego de pies é mandó
que todos los que yban en las barcas sa-
liessen dellas, é juntos todos en un cs-
quadron , é con la bandera real de Espa-
ña en medio, mandó á un escribano, lla-
mado Diego de Godoy , que leyesse en
alta voz un escripto que el capitán tenia
en la mano , en el qual en efeto se con-
tenia cómo el capitán Johan de Grijalva,
en lugar é por mandado de Diego Ve-
lazquez , gobernador é capitán de la isla
Fernandina, por sus Allegas, avia veni-
do con aquellos caballeros é hidalgos que
estaban pressentes á descobrir las islas
de Yucatán é Cogumel é Cigia é Gostila é
otras á ellas comarcanas, que estaban por
descobrir; é que pues á Nuestro Señor
avia plasgido de averie dexado llegar á
TOMO 1.
aquella isla que era una de las sobredi-
chas islas, é que hasta entonges no avia
seydo descubierta; portante, que él en
lugar de Diego Velazquez , y en nombre
de los muy altos é muy poderosos sere-
níssimos é cathólicos, la reyna doña
Johana y el rey don Carlos, su hijo,
nuestros señores, reyes de Castilla é de
León, etc., é para su corona real de
Castilla tomaba é aprehendía, é tomó é
aprehendió la possesion é propriedad é
señorío real é corporalmente de aquella
Cogumel, é de sus anexos, é tierras é
mares é todo lo demás que le pertenesge
ó pertenesger podría. É hizo su auto de
possesion en forma, segund lo llevaba or-
denado, sin con tradigion alguna, é pidió-
lo por testimonio al escribano que he di-
cho ; y hechos los autos de possesion é
convinientes, puso nombre á la isla
Sancta Cruz, porque en tal día se avía
descubierto , é á la punta de la misma is-
la arriba declarada, mandó llamar Sanct
Phelipe é Sanctiago. Y hecho aquesto,
quiso yr el capitán, con la gente que con
él estaba, en tierra hágia aquella casa que
vieron primero en la punta que he dicho;
pero no pudo ser , porque era tierra ane-
gadiga en partes ; é por esto quiso yr por
el agua , é tornóse con la gente á las bar-
cas , é guiaron puestas las proas á la par-
te de la casa , é vídose una canoa con
64
iKjSt
30G
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
giertos indios que yba á los navios: é
por saber lo que querían, dio el capitán é
sus barcas la vuelta á la mar , donde es-
taban sus caravelas, y entró en la capi-
tana , é ya la canoa estaba junto al cos-
tado de ella, é aun algunos de los indios
dentro, hablando con los chripstianos ; y
assi cómo entró el capitán le presenta-
ron una vasija de miel , como la de Espa-
ña , aunque algo agrá. Y el uno de aque-
llos indios degian ser cacique ú hombre
principal ; é por Julián, la lengua, les fué
dicho por mandado del capitán que los
chripstianos eran del rey de España, é
que venian á ver aquella tierra que era
suya : é dábanles de comer é no lo qui-
sieron , é diéronles otras cosas é camisas
é otras preseas, é tomáronlo. Preguntá-
ronles que dónde tenian el pueblo : que lo
queria yr á ver el capitán é los chripstia-
nos; y el indio pringipal dixo que gerca
estaba de alli , y que él holgaba dello:
que fuesse á lo ver, y que él se queria sa-
lir en su canoa á tierra, é que alli en la
costa esperarla al capitán é á los crips-
lianos, para los llevar á su pueblo. É que-
dando assi congertado, la canoa se fué ; y
el capitán y la gente comieron é salieron
luego á tierra ; pero no hallaron al indio
que los avia de guiar , y aunque estuvo
la gente esperando en tierra, no vino. Y
determinados los chripstianos de yr por
giertas sendas que acudían á la costa de
la mar, para ver si por ellas yrian al pue-
blo , todas yban á fenesger en giénagas é
pantanos anegadigos é no posibles para
su propóssito ; é assi dieron la vuelta á
los navios é hizo el capitán que se hi-
giessen luego á la vela, por costear la isla
é ver si podrían aver notigia de algund
pueblo. É vieron por la costa junto á la
mar , algunas casas pequeños , puestas á
trechos unas de otras desviadas, blancas
é tan altas como la estatura de un hom-
bre, poco mas ó menos : las quales segund
después paresgió eran casas de oragion.
é donde los indios tienen sus ydolos, en
quien adoran. Estas casas eran de cal é
canto bien labradas ; é quassi puesto el
sol, yendo los navios á la vela, sevidoen
la costa un edeficio grande á manera de
torre ó fortalega é mucha gente engima;
é ya que era de noche, surgieron los na-
vios un tiro de piedra de mano , poco mas,
enfrente de la torre, é paresgian muchas
lumbres engendidas gerca de la torre; y
cómo no ovo lugar de salir á tierra, no
se entendió en mas de hager muy bien
la guarda á los navios toda la noche, has-
ta que llegó el dia siguiente. É assi cómo
esclaresgió, vino una canoa, jueves seys
de mayo, é llegó á bordo con giertos in-
dios. El capitán les hizo degir por la len-
gua que él queria salir á tierra á hablar
al cagique é ver su pueblo é darles de lo
que trayan los chripstianos é holgarsse
con ellos , si lo oviessen por bien : é res-
pondieron que holgaban dello é que el
calachuni (que quiere degir rey ó cagi-
que) avria plager dello é de versse con
él. É assi el capitán con sus quatro barcas
é con la gente que pudo caber en ellas,
salió á tierra é se desembarcaron al pié
de la torre, que estaba junto al agua en
la costa : la qual era un edeíigio de piedra,
alto é bien labrado. En el gircuyto tenia
diez é ocho gradas, é subidas aquestas,
avia una escalera de piedra que subia
hasta arriba , é todo lo demás de la tor-
re paresgia magigo. En lo alto , por de
dentro, se andaba alrededor por lo hueco
de la torre á manera de caracol , é por
de fuera en lo alto tenia un andén, por
donde podian estar muchas gentes. Esla
torre era esquinada y en cada parte te-
nia una puerta, por donde podian entrar
dentro, y dentro avia muchos ydolos;
de forma que este edefigio se entendió
bien que era su casa de oragion de aque-
lla gente ydólatra. Tenian alli gierlas es-
teras, de palma hechas lios, é unos hue-
sos que dixeron que eran de un señor ó
DE INDIAS. Llü. XVII. CAP. IX.
507
ea(achuni muy principal. En la cumbre
d^sta torre, en el medio della, estaba otra
torregilla pequeña , de dos estados en
alto, de piedra é esquinada, é sobre cada
esquina una almena , é por la otra parte
en la delantera de la torre avia otra es-
calera de gradas, como la que está dicho.
En esta torre assi mismo hizo el capi-
tán sus autos de posesión , é puso sobre
ella la bandera real de España é tomó su
testimonio é puso nombre á esta torre
Sanct Jolian Ante Portam Lalinam ; é lue-
go vino alli un indio principal, acompa-
ñado de otros tres, é metió un tiesto con
brassa é con giertos perfumes que olian
muy bien. Este indio era viejo á tenia
cortados los dedos de los pies , é echó
muchos perfumes á los ydolos que dentro
en esta torre estaban, é degia á altas vo-
ges gierto cantar, en un tono igual, é dio
al capitán é á los otros chripstianos sen-
das cañas, que en poniéndoles fuego se
quemaban poco á poco, como pivetes, é
daban de sí muy suave olor; y luego den-
tro en la torre dixo míssa el capellán que
yba con el armada, llamado Johan Diaz;
digo en lo alto de la torre, en un altar
que alli se hizo sobre una mesa, é algu-
nos indios estuvieron pressentes , y no
poco maravillados hasta que la missa fué
dicha. Assi cómo fué celebrado el culto
divino é el sagerdote se desnudó , truxe-
ron los indios al capitán giertas gallinas
de las de aquella isla , que son grandes,
como pavos, é no de menos buen gusto,
é vasijas de miel, é se lo presentaron:
el qual lo resgibió é se apartó con el pres-
sente debaxo de un portal que estaba
gerca de la torre, armado sobre unos pi-
lares de piedra , é mandó traer algunas
cosas , é hízoles preguntar por Julián la
lengua, si tenian oro (al qual alli llaman
taquín), é si lo querían rescatar por al-
gunas cosas de las que alli les mostra-
ron: é dixeron que si, é trayan unos
guaniues que se ponen en las orejas é
unas patenas redondas de guanin, é di-
xeron que no tenian otro oro alguno sino
aquello. Y el capitán é su gente entra-
ron en el pueblo , que estaba ahy junto é
avia casas de piedra é lo alto dellas cu-
bierto de paja , é otros edefigios de mu-
chas maneras de piedra , algunos moder-
nos é de poco tiempo , é otros algunos
que mostraban antigüedad, al paresgcr
muy hermosos. Y estuvo el capitán espe-
rando al cagique para le hablar, é nunca
vino ni paresgió , porque dixeron que era
ydo á rescatar , segund la lengua Julián
degia, á la Tierra-Firme. Esta gente al
paresger era pobre é miserable; pero
porque el letor entienda qué cosas son
guanines, para adelante digo que son
piegas de cobre doradas ; é si algund oro
tienen, es muy poco ó ninguno.
Tornando á la historia , alli se vieron
liebres como las de Castilla , é junto al
pueblo , pero pequeñas : é estando mi-
rando una dellas, é junta la gente de los
chripstianos que con el capitán Johan de
Grijalva avian salido á tierra, mandó pre-
gonar só giertas penas que ninguno di-
xesse á los indios á qué yban los chrips-
tianos , salvo que se los remitiessen al
capitán para que él se lo dixesse , é que
ninguno les higiesse mal ni daño , ni los
enojasse, ni burlasse con ellos, ni ha-
blasseacon las mugeres, ni les tomassen
cosa alguna contra su voluntad , ni res-
catassen con algunos indios , ni resgi-
biessen dellos cosa alguna , ni diessen
causa á alterarlos é ponerles miedo ; y
que si supiessen que algund indio queria
rescatar oro , ó perlas , ó piedras presgio-
sas , ú otra cosa alguna , lo llevassen al
capitán para quél higiesse en ello lo que
conviniesse, é que ningurid chripstiano
se apartasse de su bandera ó quadrilla,
ó de donde le fuesse mandado que esto-
viesse , só graves penas. É publicadas é
pregonadas estas é otras ordenangas , é
aviendo hablado largamente con la gente:
508
HlSTOmA GENERAL Y NATURAL
de aquel pueblo é eiiseñádoles su resca-
te, é sabido de los indios que no tenían
oro, se tornó este capitán é los chrips-
lianos á embarcar en sus navios. Estas
ordenangas ó capítulos é pregón no eran
solamente para lo pressenle ni por tiempo
limitado, sino para todo lo que turasse
su oíligío é viaje deste capitán; é de al-
gunas cosas destas, assi mandadas é or-
denadas, no plugo á todos los que oyeron
el pregón : antes muchos se resabiaron
é quedaron mal contentos del capitán,
por la regla en que los quiso poner.
Hay en aquella isla de Cogurael ( alias
Sancta Cruz) muchas colmenas, como las
de Castilla , pero menores, é mucha miel
é gera. Hay xarales, como en Castilla: de-
bían los indios que avie liebres , é cone-
jos, é puercos, é venados, segund la
lengua Julián lo declaraba ; pero quanto
á las liebres , como se dixo de suso , los
chripstianos las vieron allí , é assi mis-
mo la miel é aquellos pavos ó gallinas
írrandes.
CAPITULO X.
Cómo el capilan Johan de Grijalva é su armada salieron de la isla de Cocumei, para yr á la isla de Sancta
María de los Remedios , dicha Yucatán ; pero no isla, como estos penssaban, sino Tierra-Firme ; c lo que
les intervino de una india que se vino Iras los navios para la cosía , la qual era natural de la isla de Jamáy-
ca, é de los requerimientos que passaron entre el capitán é el piloto mayor, é cómo llegaron al pueblo det
cacique Lácaro , é cómo pelearon con los indios sobre tomar agua.
íIlssí cómo se embarcó el capitán Johan
de Grijalva é la gente que con él avían
saltado en la isla de Cogumel, esse mismo
día se higieron á la vela , é comengaron
á correr por la costa de aquella isla há-
gia la parte, donde se paresgia la tierra
que estos llamaban isla de Sancta María
de los Remedios. É por serles el tiempo
contrario é fallar agua á los navios, se
ovieron de tornar á donde primero esto-
vieron surtos, gerca del pueblo de la isla
de Cogumel, llamado Sanct Johan Ante
Portam Lalinam, para tomar agua; é có-
mo los indios vieron tornar los navios de
los chripstianos, huyeron todos del pue-
blo é dexáronle vagio , con temor que
ovieron , é ninguna cosa dexaron en las
casas, salvo algund poco de mahíz é al-
gunos ajes é mameyes é otras cosas de
poco ó ningún valor. É allí se tomó toda
el agua que los navios ovieron menester,
de giertos xagueyes ó charcos (que son
lagunajos fechos á mano é pequeños) : é
tornada el agua, se tornaron á hager á la
vela los navios, é yendo por la costa de
esta isla de Cogumel, que, como es di-
cho , ya se llamaba Sancta Cruz, un mar-
tes, onge de mayo , requirió el piloto ma-
yor, Antón de Alaminos, al capitán Johan
de Grijalva que le dexase hager su ofíi-
gio, en lo que tocaba á la navegagion,
pues que él yba por piloto mayor del ar-
mada , só gierlas proteslagiones ; y el ca-
pitán respondió que era contento de lo
dexar hager su offigio en todo lo que el
piloto mandasse y dixesse, que convinien-
te fuesse á la navegagion de aquella ar-
mada , exgepto en aquellas cosas que el
capitán viesse que él se apartaba ó era
fuera de lo que debía hager. Yendo assi
á la vela este dia , quedóse atrás una ca-
ravela , é amaynó las velas gerca de tier-
ra , é penssó el general Johan de Grijal-
va que estaba encallada , é entró luego
en la barca de su nao capitana con los
que les paresgió , é fue á saber qué nes-
gcssidad tenia aquel navio. É cómo lle-
gó, dixéronle los del navio que avían vis-
to un chripstiano desde aquella caravela,
que avia venido por la costa mas de dos
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. X.
509
leguas tras ellos, llamándolos, é que por
esso avian surgido por le recoger. El ca-
pitán, oydo esto , fue la vuelta de tierra
y llegado á la costa, vido quatro chrips-
tianos desnudos dentro del agua , y con
una india en una canoa ; y el capitán se
alegró mucho penssando que eran chrips-
tianos que estaban perdidos en aquella
isla: é quando á ellos llegó , halló que eran
todos de aquel navio que estaba surto, é
degian que por mandado del capitán
Alonso Dávila avian salido en socorro del
chripstiano que degian aver visto; los
quales avien salido á nado, é la india
que con ellos estaba, era el chripstiano,
que avien penssado que lo era , y que los
venia llamando por la costa. É el capi-
tán recogió estos chripstianos é los puso
en aquella caravela , de donde avien sa-
lido á nado ; é él se volvió á su nao ca-
pitana , llevando consigo á la india : la
qual dixo que era natural de la isla de
Jamáyca , é que avia ydo á aquella isla
con otros indios , é que á algunos dellos
los avian muerto los indios de aquella
tierra, é los que dellos avien quedado,, se
avian ydo huyendo no sabia donde; é
que á ella la avian tomado para se ser-
vir della , é que como avia conosgido los
chripstianos, se avia venido en pos de las
caravelas, porque la gente de aquella
tierra la Iractaban mal e no quería estar
con ellos.
El mismo día hizo otro requirimiento
el piloto mayor, Antón de Alaminos, al
capitán , en que dixo que él no estaba ni
venia tal para que pudiesse dar buena
cuenta del cargo que llevaba, ni estaba
para ello , é que por tanto pedia é reque-
ría que lo diesse á otra persona quien él
quisiesse , é que desde entonges se disis-
tia del cargo do piloto mayor. El capitán
le dixo é respondió que ni él le quitaba
ni queria quitar su cargo é ofBgio : antes
le degia que lo higiesse , como era obli-
gado, para que diesse buena cuenta de
sí é de su offigio ; é assi en requerimien-
tos se passó parte de aquel dia. Desto
avia poca nesgessidad para la historia,
porque son cosas de poca substangia y
de menor sabor para el que lee ; mas son
de calidad é aviso para los que navegan
é tienen cargo de alguna armada para
aprender á sofrir , porque es gierto que
es menester mucho juigio é pagiengia pa-
ra comportar un marinero descomedido
(de los quales hay mas que no bien cria-
dos). Ved que propóssito de piloto, y en
qué tiempo se andaba en requerimientos:
bien pudiera él topar con capitán, que le
ahorcara de una entena. Passemos á lo
demás.
Digo que llegado el siguiente dia , se
contaron trege de mayo y era dia de la
Asgension , é llegó el armada á una bahía
de la costa de Yucatán , é paresgia á la
vista remate ó punta de la tierra , é en-
traba entre unos baxos é isleos: é con
trabaxo entraron los navios toando, pens-
sando hallar salida , é surgieron porquel
agua á cada passo era mas baxa , é avia
menos fondo ; por lo qual el piloto ma-
yor entró en una barca , para ver si avia
salida, é no le paresgiendo que la avia,
ni manera por donde yr adelante, se tor-
nó al navio é dixo que avia poca agua,
é que en algunas partes no avíe hallado
sino una braga , é que penssaba que eran
arragifes que llegaban á la Tierra-Firme.
Estonges el capitán hizo juntar á todos los
pilotos, é ávido su acuerdo, todos acor-
daron que lo mas seguro^ era tornarse por
do avian ydo , é que era mejor bojar la
tierra por la vanda del Norte. A esta en-
senada puso nombre el capitán la Bahia
de la Asgension, porque aquel dia era su
fiesta. Otro dia siguiente, quinge de ma-
yo, salieron los navios de aquella bahía,
volteando, é surgieron gerca de unos ar-
ragifes , porque sobrevino la noche ; y el
domingo siguiente acabaron de salir de
aquellos baxos con harto trabajo , é fue-
5ia
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ron su camino por la costa de Yucatán.
É el lunes siguiente en la tarde paresQió
una punta, en que avia dos edefigios, co-
mo torres , la una muy ancha , é la otra
de manera de humilladero, como un cha-
pitel sobre quatro pilares, é muy blan-
cos: é también avia otros edeíigios, é to-
da la tierra de hasta alli era llana, é den-
de en adelante alta , é surgieron los na--
víos. É el lunes de mañana , diez y siete
de mayo , passaron adelante , é á la no-
che surgieron tras aquella punta, y el
martes siguiente continuaron su navega-
ción costa á costa , é gerca de tierra , é
vieron un ancón, como bahía, que pares-
gia que hagian dos islas. Y el miércoles
siguiente, diez é nueve de mayo, par-
tieron de alli é caminaron hasta el vier-
nes siguiente , veynte é uno del mes , é
á medio dia llegaron á una punta llana
que se hagia en la tierra , é anduvieron
aquel dia é la noche; é otro dia, sábado
}wr la mañana , víspera de Pasqua del
Spíritu Sancto , surgieron á par de unas
playas de arena , é alli el piloto mayor
desconoció la tierra , é dixo que el pue-
blo de Lácaro quedaba atrás diez ó doge
leguas, é que alli, donde estaban, era el
pueblo de Ghampoton, donde avien muer-
to la gente al capitán Francisco Fernan-
dez el año antes, en el primero descubri-
miento desta tierra ; é que dos casas que
atrás quedaban en una punta era el pue-
blo de Ghampoton. É porque traian ya
grande nesgessidad de agua é no avia
donde la tomar, acordaron de tornar atrás
á buscar el pueblo de Lágaro , é si no
pudiessen alli tomarla, que se tomasse en
Ghampoton , penssando quel piloto ma-
yor degia verdad : é assi volvieron atrás
el domingo que se contaron veynte é tres
dias de mayo , primero dia de Pasqua del
Spíritu Sancto ; é aviendo andado bien
seys leguas airas, hallaron los pilotos que
no hagian buen camino y quel piloto ma-
yor se eogañaba , e que el pueblo de Lá-
garo estaba adelante, y que no avien bien
reconosgido la tierra. Y el piloto mayor
vino en conosgimiento de su error , é
dixo que era verdad lo que los otros de-
gian; é dixo mas, quel pueblo de Lágaro
estaba de alli quinge ó veynte leguas ade-
lante: é assi el lunes siguiente el capitán
y el piloto mayor é el escribano se pas-
saron al navio que se degia Sánela Ma-
rio, de los Remedios , porque era menor ó
pedia menos agua , é por se poder alle-
gar mas con él á la tierra: é aquel dia
en la tarde surgió, é con alguna gente
el capitán salió en tierra á. ver si hallaría
agua, porque avie dos ó tres dias que la
gente bebia vino por falta della , é no la
hallaron sino giénegas, é tornáronse á los
navios. Otro dia, martes veynte é ginco
de mayo , salieron de alli los navios en
demanda del pueblo de Lágaro, y al tiem-
po quel sol se entraba, llegaroa á surgir
junto al pueblo, é desde los navios se
veían en el pueblo é por la costa mucha
gente, é toda la noche oían mucho ruy-
do , como quien estaba en vela , é tañían
alambores ó trompetas ó cosas que sona-
ban, sin se poder determinarlo gíerto de
lo que eran. Pero essa misma noche el
capitán apergibió la gente, para saltar en
tierra antes que fuesse de dia , al quarto
del alba, por poder entrar mas sin peli-
gro ; é assi puesto en vela , é orde-
nando su salida, toda la noche con muy
gentil ánimo é voluntad para lo quesub-
gediesse, eslovieron esperando el tiem-
po é la hora para se desembarcar, cómo
les fuesse dada la señal por el capitán^,
todos á punto de guerra, como gente que
penssaban aver menester las manos é las
armas.
DE INDIAS. LIB. XVII. GAP. XI.
bH
CAPITULO Xí.
Cómo el capilan Juhan de Grijalva é los oíros capitanes é gente de la armada saltaron en tierra á par del
pueblo del cacique Lácaro , é de las cosas que passaron allí sobre tomar agua para los navios , é de la ba-
talla que ovieron con los 'indios y gente de aquella tierra.
iTAiércoles , veynte é seys días de mayo
de mili é quinientos é diez é ocho, quas-
si dos horas antes que fuesse de dia , al
quarto del alba, el general Johan de Gri-
jalva se embarcó en el batel de la nao
capitana con toda la gente que pudo ca-
ber en él; é mandó que los otros capita-
nes particulares de los otros navios hi-
giessen lo mismo en sus barcas con toda
la gente que en ellas cupiesse , é assi sa-
lieron en tierra lo mas secreto y sin ruy-
do que les fué posible, é sacaron tres
piezas de artillería, é muy congertada-
mente sin ser sentidos salieron junto á
una casa que estaba en la costa. Pero íiq-
les que los chripstianos saltassen en tier-
ra, salieron ciertos indios de á par de
aquella casa , é passo á passo se fueron
hágia su pueblo junto á la mar, callando,
y paresgian ser muchos. Salido en tierra
el general Grijalva é los otros capita-
nes é gente junto á la casa, se assenta-
ron dos tiros vueltas las bocas hágia don-
de aquellos indios se avien ydo , é pu-
siéronse guardas é gentinelas , é la otra
gente estuvo junta é muy sobre aviso, en
tanto que las barcas volvían á los navios
por mas gente. Y en tanto que se hagia
de dia claro , paresgian junto á la mar
hágia el pueblo en frente de donde estos
chripstianos estaban, un batallón de mu-
chos indios hablando unos con otros no
muy alto , pero bien se oyan : é quando
quiso amanesger tornaron los bateles é
barcas con mas gente de los nuestros, é
desembarcados se juntaron con los que
avien salido primero. É luego fué de dia
é se vieron mejor los indios, los quales
eran muchos é armados todos , unos con
arcos é flechas , otros con rodelas é lan-
gas pequeñas ; é hagian ademanes é mues-
tras de querer acometer á los chripstia-
nos, é amenagábanlos é señalaban que
se fuessen é no pasassen adelante. Estan-
do assi , dixo el general á los otros capi-
tanes y á todos los chripstianos que él no
venia á hager mal ni daño á aquellos in-
dios , ni á otros algunos de las otras is-
las , ni de quantas en el viaje descubries-
se, ni á les tomar cosa alguna contra su
voluntad ; é que á este efeto avia fecho
pregonar giertas ordenangas , como atrás
quedó dicho , segund á todos les era no-
torio ; é que al pressente , por la extre-
mada nesgessidad que tenian de agua,
avian saltado en tierra , para la pedir á
los Indios del pueblo de Lágaro y rogar-
les que se la dexassen tomar pagándos-
sela é dándoles por ella alguna cosa; de
manera que ellos quedassen contentos,
porque aquella gente é pueblo no se al-
terassen , ni los chripstianos resgibiessen
daño en la tomar; y que por tanto les
mandaba y rogaba é requería, só las pe-
nas que les tenia puestas , que ninguno
se desordenasse ni saliesse de su batalla
á hablar ni contractar con los indios ni á
otra cosa alguna, sin su expresa ligengia;
porque hagiéndolo assi , se haría lo que
Sus Allegas mandaban , é lo contrario
hagiendo, incurrirían en las penas que to-
man puestas, é se executarian en los
transgresores é inobedientes en todo y
por todo, porque de otra manera no se
podría efetuar lo que todos desseaban.
En tanto que este ragonamiento hizo el
512
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
general á su gente , los indios perseve-
raban en sus fieros é ademanes, liagien-
do muestras de querer pelear y acometer
á los chriptianos. Estonces el capitán
mandó á la lengua Julián , que era na-
tural de la misma tierra, que llamasse
los indios y les dixesse que él ni los
chripstianos no venian á les hager mal
ni daño alguno ni á les tomar cosa algu-
na, sino á ser sus amigos y darles de lo
que traían. Y cómo los indios lo enten-
dieron , salieron algunos dellos de entre
la otra moltitud y llegáronse hágia los es-
pañoles muy gerca , y la lengua les tornó
á degir lo mismo que es dicho , é que los
chripstianos no querian entrar en su pue-
blo, si ellos no holgassen dello, ni que-
rian sino agua para la gente é navios , é
que se la pagarían , é que assi lo dixes-
sen á su calachuni (que como tengo di-
cho , assi llaman allí al rey ó cagique ó
señor pringipal de todos). É luego les fué
enseñado algund rescate é les dixeron
para qué era cada cosa de lo que assi les
mostraron , y diéronles algunas cosas ; é
los indios respondian que su calachuni y
ellos holgaban que tomassen agua, mas
que tomada se fuesen , y que ellos tam-
bién querian ser sus amigos , mas que no
querian que entrassenen su pueblo. É la
lengua, por mandado del capitán, replicó
que assi se haria , y que tomada el agua,
se embarcaría con su gente; y entonges
aquellos particulares indios se fueron , y
con las manos llamaban á los chripstia-
nos que fuessen en pos dellos. La casa
que he dicho era blanca y de piedra bien
edificada; y debia ser casa de oragion,
porque dentro della avia giertos gemís ó
ydolos, en que aquellos indios adoran
(que todos son ydólatras). Y el capitán
general mandó á un clérigo que yba en
el armada que dixesse missa, primero que
de alU pasasse : é assi él se vistió para
gelebrar é dixo missa, la qual los chrips-
tianos oyeron con mucha devogion y á
vista de los indios ; é después de acabado
el offigio divino , movieron el general é
su gente passo á passo en buena orden
hágia donde los indios estaban , para yr
á un pogo que alli avie de buena agua,
é los indios hagian señas que se tornas-
sen y no pasassen adelante ; é la lengua
Julián les degia que no ,oviessen temor,
que no yban sino á tomar agua. É luego
tornaron á degir que fuessen ( segund la
lengua degia ) , é assi llegó nuestra gente
á un pogo que estaba en un llano peque-
ño junto á la costa en frente del pueblo,
é alli assentaron real en torno del pogo
para tomar el agua : lo qual se puso lue-
go por obra por los marineros y grume-
tes que la sacaban , é la gente bebia de
buena gana, porque venian con mucho
desseo della, por la falta que les avia he-
cho. Y por entre giertas arboledas é bos-
caje que avia entre el pueblo é aquel
llano paresgian muchos indios, é otros
por delante de los árboles , armados de
sus arcos é flechas en sus carcaxes, é al-
gunos de aquellos archeros trayan dos
carcaxes llenos de saetas : otros trayan
rodelas é langas pequeñas é cortas , é por
medio de los cuerpos trayan muchas vuel-
tas de vendas ó listones de algodón tan
anchos, como una mano (é torgidos que-
daban tan gruesos como el dedo pulgar
de la mano): y trayan dadas al cuerpo
en torno de la persona veynte é treynta
vueltas por la gintura ; é de aquel tal gi-
ñidero pende un cabo con que cubren
sus vergüengas , en tal manera , que con
fagilidad pueden sacar después sus miem-
bros para orinar, soltando aquel cabo del
geñidero , ó para hager cámara , porque
aquel cabo que ponen por braga viene
por la horcajadura entre ambos los mus-
los , desde las espaldas al vientre , á dar
una vuelta ó atadura en las otras vueltas
que están en torno del cuerpo. Esto pens-
saban los chripstianos que traían en lu-
gar de coragas ó armas defensivas ; pero
DE INDIAS. Lm. XVII. CAP. XI.
hU
no es sino su acostumbrado hábito , y el
gentil -hombre mangebo destos indios mas
vueltas de Reñidor trae de la manera que
es dicho. Verdad es que peleando, no les
pesada tanto que la saeta ó herida diesse
en tales ceñidores, como en las otras par-
tes de la persona ; pero todo lo demás de
los cuerpos traen desnudo.
Esta gente de los indios estaban por la
parte de engima del pueblo y por baxo
del hasta la mar , que era todo claro y no
avia monte, y tenían hecha una paliza-
da, á manera de albarrada, para for-
talesger el pueblo por aquella parte que
esta defensa estaba : la qual seria de al-
tura de un estado de un hombre poco
mas ó menos, hecha de madera , muy
bien puesta; é por de dentro ó de la
otra parte della estaba mucha gente de
indios, armados de la forma que es dicho,
y también andaban algunos dellos por la
parte de fuera. É comengándosse á tomar
el agua é henchir giertas pipas della , de
rato en rato venían indios desarmados al
capitán general, é habían que la lengua
Julián dixesse á los chripslianos que se
fuessen , que no querían que estoviessen
mas allí; é el capitán hagia que les res-
pondiesse la lengua que, en tomándose el
agua, se yrian , é que no les avian deha-
ger mal ni enojo , é que assi lo dixessen
á su calachuni , é que le rogaba que vi-
niesse á verle , que le quería hablar é ser
su amigo é darle de lo que trahía. É con
esto se tornaban é degían que yban á se
lo degir , é vueltos degian que luego ver-
nía , é que tomassen agua é se fuessen
los chripslianos , é paresgia que holgaban
de la respuesta de los nuestros , é llega-
ban á mirar á los chripstíanos é reíanse.
É trahian algunas fructas de las que tie-
nen, é tortillas é bollos de mahíz , é otras
cosas de comer , y dábanlas á los chrips-
tíanos , y en trueco desto daban ellos á
los indios algunas conteguelas de vidro
de colores é otras cosillas do poco valor,
TOMO I.
é lo resgibían con gran gogo, é yban
con ello corriendo á los otros indios é
se lo enseñaban los unos á los otros, co-
mo maravillados de verlo , é assi torna-
ban otros con mas cosas de comer ó
mahíz, porque les diessen de aquellas
qüentas; y al son de un tamborino é
flauta que en el real de los chripstíanos
se tañia , venían muchos dellos é mucha-
chos á verlo tañer, é estaban espanta-
dos de oyrlo , é algunos dellos ovo qne
baylaron al son de la flauta. Pero de ra-
to en rato no cessaban de degir que se
fuessen los chripstíanos , é siempre el ge-
neral con la lengua les daba por respues-
ta que tomada el agua, se yrian , é otras
buenas palabras, por no los enojar ni al-
terar, é prometiéndoles que el día si-
guiente se yrian. Y en esto vinieron gier-
tos indios, y en ellos degían que venia
un hermano del calachuni : al qual é á
los que con él venían , les hizo degir el
general, por la lengua Julián, cómo en los
reynos de Castilla avia un muy podero-
so rey y señor , cuyo vasallo él era y
aquellos chripstíanos , é que en otra isla
que se degia Haytí avia un gran señor que
se degia el almirante , y en Tierra-Firme
otro , y en la isla de Cuba otro, que se
decía el señor Diego Velazquez (por quien
el general y aquellos chripstíanos que allí
estaban, venían por su mandado); y que
en otras muchas islas y partes avia un
gobernador, gran calachuni ó cagique,
que hagia mucho bien y mergedes á la
gente é indios de todas aquellas tierras y
los favoresgían y defendían de todos sus
enemigos : é que los tales gobernadores
é almirante, é capitanes, é otros muchos
señores é grandes gentes todos eran va-
sallos del gran rey de Castilla , á quien
muchas generagíones sirven é obedesgen;
y que él á todos tiene en justígia y hage
muchos bienes y mergedes , y que assi les
haría á ellos, si querían ser sus amigos y
vasallos ; y que si algo le diessen que se
65
oH
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
lo pagaría, y que si tenían oro, perlas ó
piedras presgiosas é otras cosas buenas
é las querían rescatar , que lo truxessen
é se les daría por ello otras joyas é pre-
seas que los chripslíanos Irahían , é mos-
tróseles muchas cosas de rescate para
que lo viessen. É la lengua degia que res-
pondían que sí traerían, é ybané tornaban
indios é no trahían nada, salvo unas pa-
tenas delgadas redondas de cobre dorado,
que se las tornaron á dar é les dixeron
que aquello no era oro ni valie nada ni
las querían los chripslíanos. Por manera
(¡ue de quanto truxeron, ninguna cosa se
les tomó, sino una patena como de gua-
nin , por la qual se dio rescate , con que
fue contento el que la truxo. É degían
que yban á llamar al calachuni para que
hablasse al general, pero nunca vino:
antes seyendo ya tarde, después de me-
dio día , comentaron á amenagar de nue-
vo á los chripstianos y embragaban sus
rodelas é mostraban que querían pe-
lear contra los nuestros, é comengaron á
poner saetas é flechas en los arcos, é da-
ban sílvos, é hagían fieros sin les aver
dado causa alguna , y paresgía que que-
rían comengar á pelear muchas veges con
denuedo, é el general con la lengua pro-
curaba de los aplacar, é requeríales que
no comengassen la batalla ni otra fuerga
tentassen contra él : que otro día á medio
día se y rían los chripstianos todos. Édí-
giéndoles esto , tornábanse á asegurar por
otro poco de espagío.
Los españoles estaban atendiendo pues-
tos en orden de batalla, é asestados dos
tiros medianos de bronge é una lombar-
da de hierro hágia los indios , é dos es-
copeteros é algunos ballesteros , é los de-
mas españoles tenían espadas é rodelas,
é algunos con langas ginetas é daragas,
apergíbidos é sin se mudar de su escua-
drón. Desde á poco tornaron los indios á
sus vanas ferogídades , y fué tanta su des-
vergüenza é temeraria osadía que cobra-
ron de la pagíengia de los nuestros é de
su sufrimiento, que comengaron á tirar
algunas flechas contra los chripstianos: é
los capitanes é los otros soldados degían
que ya no era bien que tal bellaquería
é descomedimiento se le comportasse á
aquella gente bestial. Y el general los
refrenó é hizo estar quedos á los chrips-
tianos , é volvió con la lengua á les re-
querir que no higiessen mal ni tirassen,
porque sí no lo hagían assí, los chrips-
tianos matarían muchos dellos, é que no
querían sino tomar agua é yrse otro día
luego , como les avia dicho. É hizo sus
protestagíoncs con ellos, acordándoles
que el rey mandaba que no se les hí-
gíesse mal, sino fuessen los indios los
agressores é malos, comengando la pelea;
é aun tomó testimonio este general de
sus protestagiones por medio é ínterpre-
tagion de la lengua Julián. É dicho esto,
estovieron quedos los indios , é se re-
truxeron ya puesto el sol , é se comen-
garon á yr unos en pos de otros á sa
pueblo , é no salieron del por esta noche;
mas velábansse con sus atabales é alam-
bores toda la noche, é oíanse bogínas é
otro son, á manera de trompetillas, é ha-
gían otros estruendos, como de gente
que estaba en vela. É los chripstianos
pussieron el recabdo que les convino
para su guarda é vela , é ordenadas sus
rondas é gintínelas, como gente diestra
é apergebida, passaron aquella noche, sin
gesar poresso el exergigío de sacar agua,
porque el pogo era ruin é no tenia mu-
cha , é era menester espagío para hen-
chir las vasijas é llevarlas á los navios.
Otro día, jueves veynte é siete días de
mayo, por la mañana se acabó de tomar
el agua que les paresgió que bastaba
á los que tenían cargo della,é los indios
comengaron á salir del pueblo por entre
los árboles é boscaje, é por la albarrada
que es dicho, en grand número dellos y
sin comparagion mas muchos de los que
DE INDIAS. LIB. XVIÍ. CAP. XI.
513
se avian visto el dia de antes y armados
de la manera que está dicho; y de entre
todos salieron dos indios é comen^íaron
á señalar con las manos á los chripstia-
«os que se fuessen de alli y no estovies-
sen mas dó estaban. El uno de aquellos
indios se hizo mas adelante con una lum-
bre engendida y en su lengua dixo gier-
tas palabras, y púsola sobre una piedra é
tornóse atrás para los otros de su hues-
te; y el general Grijalva preguntó á Ju-
lián, la lengua, qué cosa era aquello, é
dixo que era guaymaro, sahumerio que
ofresgian á sus ydolos , á quien habían
oragion para que los hi^iesse victoiio-
sos contra él y contra los chripstianos; é
que assi lo acostumbraban , quando que-
rían dar batalla á alguna gente, é que
en acabándosse de arder aquella lumbre,
comengarian la pelea é le acometerían
sin falta, é assi paresgió por la obra des-
pués. El general mandó á la lengua que
les dixesse que no lo higiessen , pues que
él no les avia fecho mal ni enojo algu-
no, ni los chripstianos, é que estovies-
sen quedos , que aquel dia en la tarde se
yria con su gente; é assi se lo requirió
muchas veges, como lo avia fecho el dia
antes. É luego vinieron al real giertos in-
dios con algunas gallinas é las dieron al
general, y él las resgibió é halagólos é
dixo que le truxessen mas; que él se las
pagarla todas muy bien. Pero estando en
esto, se acabó de arder aquella protesta-
gion del fuego , é se comengaron encon-
tinenle de alterar los indios que estaban
á par del bosque é albarrada , y los que
estaban con el general le dexaron y se
fueron presto á los oiros, é dieron luego
una grita grande é muchos silvos , tirando
muchas piedras é flechas.
De aquí se notan estas cosas que ago-
ra diré. Lo primero, que esta gente,
aunque salvaje , viendo entrar en su tier-
ra gente extraña é con mano armada , no
es de culpar su alteragiou , sino de loar
su sufrimiento, é ya que con buenas pa-
labras é por la industria del capitán es-
peraron á que los chripstianos tomassen
el agua, prometiéndoles que otro dia
luego siguiente se yrian , é que tomada
é llegado otro dia, lo diferian para la tar-
de, usaron del remedio de las armas pa-
ra no sufrir contra su voluntad los hués-
pedes que no conosgian é á ellos eran
tan nueva manera de hombres. Lo segun-
do , es notable cosa aquella protestagion
del sahumerio inviolable, pues que la
lengua avisó que sin falta acabado de ar-
der aquel fuego ó sacrifigio fecho á sus
dioses, indubitadamente comengaria la
batalla, como se hizo. El general hizo
estar queda su gente é mandó que nin-
guno se moviesse hasta quel artillería ti-
rasse, é pidió por testimonio que él se
defendía, porque le querían ofender aque-
llas gentes bárbaras sin causa. É hizo
luego llevar de alli á Julián, lengua, á
los navios , porque no se perdiesse ó se
fuesse , é mandó poner fuego á los tiros
é encontinente arremetió el general é su
gente, llamando á Dios y al apóstol Sanc-
Uago contra los indios, é higiéronlos re-
traer hasta los meter por el boscaje : é
queriéndose retraer , porque en lo espeso
de los árboles no resgibiessen daño de
las flechas , cómo algunos españoles suel-
tos se avian entrado en lo espesso tras
los indios, porque no peligrassen, ovo de
tornar el general á los socorrer á la ar-
boleda. É alli estovieron revueltos pe-
leando con ellos y ^ el general Johan de
Grijalva salió herido, y con un diente
menos y otro quebrado , y aun la lengua
algo cortada de una flecha é con otras
dos heridas en las piernas ó rodillas. É
sacaron de aquel boscaje muerto un com-
pañero que se degia Johan de Guetaria é
otros muchos chripstianos salieron heridos,
porque entre los árboles los indios pelea-
ban á su sabor é huian, quando les conve-
nia , é si no fuera por el artillería y cssos
516
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
pocos ballesteros y escopeteros que tenían
Jos nuestros peligraran mas chripstianos,
porque no se podían aprovechar de otras
armas. Y créese que los tiros de pólvora
y ballestas higieron mucho daño en los
contraríos y mataron hartos indios , de los
quales no se pudo saber la cantidad , aun-
que vieron caer algunos, sino por el temor
que se vido en ellos se entendió su tra-
baxo; y no es de maravillar que se espan-
tassen los que nunca avian visto ni oydo el
artillería, pues que á los que la tractamos
y á quien mejor la entiende, mas espanta.
El general hizo llevar los españoles
heridos á los navios, y él quedó en tier-
ra para acabar de tomar el agua , por-
que le dixeron que era menester mas
de la que tenían, é hizo tornar á ar-
mar el artillería poca que tenia á paír
del pogo , é paresgian algunos indios á
par del arboleda, é cómo soltaban al -
gund tiro, todos se escondían. Estando
ya el sol bien baxo salieron giertos in-
dios desarmados á pedir paz, éel gene-
ral mandó á uno de su compañía que les
saliesse al encuentro é supiesse que que-
rían ; é tornó digiendo que le paresgia
q.uel calachuni quería paz é que no to-
viessen enojo los chripstianos con ellos,
é quel calachuni quería ser su amigo é
les enviaría de comer é oro é vernia á
ver al general : é dicho esto (si se supo
entender), se tornaron los indios, é otras
dos ó tres veges salieron aquellos indios,
(íígiendo lo mismo. Estonges el general
mandó á dos hidalgos, el uno llamado
Antonio de Amaya, é el otro el comen-
dador Pedro de Alvarado , capitán , que
fuessen á hablar con ellos é viessen lo
que querían: é fueron é habláronlos, é
vueltos al general , truxo el capitán Alva-
rado una máscara de palo, dorada por en-
gima con una hoja de oro delgada , é di-
xo que lo que avia entendido de las se-
ñas de los indios era quel calachuni en-
viaba aquella máscara, en señal de paz,
ó quería ser amigo del general é de los
chripstianos é que vemía á le hablar é
traería mucho oro , é toda aquella tarde
no hagian sino yr é venir con embaxa-
das los indios : las quales ni los que las
oyan las entendían, ni las respuestas de-
Has los embaxadores , puesto que los unos
é los otros hablaban , é como los mudos,
con señas se esforgaban á dar á enten-
der lo que cada parte degía.
Después desto, el general mandó queí
Antonio de Amaya y el escribano Godoy
fuessen á degirles , como mejor supiessen
darlo á entender, que no oviessen miedo:
é llegaron hasta dentro de las albarradas,
é paresgióles que degian ó daban á en-
tender que su calachuni quería ser amigo
del general é todos esos indios querían
la mesma amistad con los chripstianos é
mostraban mucho temor, é algunos dellos
temblaban é degian que traerían de co-
mer , é oro é vernia su calachuni á hablar
al general; é á estos mensageros los ase-
guraron por señas que no temiessen é
fuessen al real, que no les harían mal
alguno. É degian los indios que se fues-
sen con ellos estos dos españoles é les
darían de comer, y ellos tornaron al ge-
neral, refiriéndole lo que es dicho.
Acabada de tomar el agua, se pussie-
ron los españoles en ordenanga de tres en
tres, é á su passo acostumbrado, segund
el estilo militar. El general é los capita-
nes é gente dieron una vuelta en torna
del pogo por aquel llano, é fueron has-
ta la casa donde el día antes se avian
desembarcado , y entraron en las barcas
la gente que en ellas cupo é fueron á los
navios , y el general quedó en tierra con
los restantes hasta que volvieron las bar-
cas, é se metieron en ellas é se fueron á
sus caravelas , é ningunos indios salieron
sino pocos hasta el pogo é de allí no pas-
saron; y quandoel sol se puso, todos fós
españoles estaban en los navios. El día
siguiente por la mañana se Iiígíeron á la
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XI.
51
Ü1 /
vela á buscar algund buen puerto para
reparar un navio que hagia mucha agua,
é anduvieron por la costa hasta el lunes
adelante, postrero de mayo, que surgieron
en una buena bahia entre unas isletas. Y
en aquel puerto se tomó una canoa con
quatro indios para lenguas , porque era
de la misma tierra de Yucatán, donde
estaban, y en cada navio hizo el gene-
ral poner uno dellos , y el que paresgia el
mas pringipal dellos quisso que estoviesso
en su nao capitana, é pusiéronle nombro
Pero Barba ( porque á todos quatro bap-
tizaron por mano del capellán Johan
Diaz é deste fué padrino un hidalgo lla-
mado Pero Barba), é no ovo escándalo
ni alboroto alguno en la tomada deslos
indios, porque se hizo sin que los de la
tierra lo supiessen.
CAPITULO XII.
Que Irada del assienlo é 9ircunfercn9ia de la tierra que eslos descubridores é el pilólo Anión de Alaminos
llamaron isla de Yucalan (é por otro noml3re Sánela Maria de los Remedios) , é lo que el chronisla di^e en
ello , despaos del pares9er deste piloto.
Oi lo que aquí se dirá de la cosmogra-
phia é assiento de la provingia de Yuca-
tan no se conformare totalmente con fo
que se dirá adelante , no es de maravi-
llar; porque estas cosas que requieren
medida justa é experiencia del tiempo
(para que muchas veges y por muchos
se entiendan), no se pueden de una
vez assi perfetamente considerar ni en-
tender , como se alcangan después, trac-
tándose la tierra , y con mas espagio en-
mendando é perfigionando lo que se debe
y puede degirse con verdad. Mas porque
no se niegue á los primeros su industria
é sus méritos queden en memoria , diré
en este caso lo que contenia la relagion
que estos capitanes é piloto llevaron al
adelantado , Diego Velazquez , la qual él
envió al Emperador , nuestro señor , y es
aquesta:
El dia é año que es dicho , ante el ge-
neral Johan de Grijalva é los otros capi-
tanes , é los que alli se hallaron , dixo el
piloto mayor desta armada, Antón de Ala-
minos, estando junto á la mar en el ancón
ya dicho (á que llamaron Puerto Desseado),
en tierra , que él avia muy bien mirado
lo que avia bojado de la isla de_ Yucatán,
desde la bahia de la Asumpgion hasta el
dicho Puerto Desseado , donde estaban,
y hallaba que desde alli á la dicha bahia
de la Asumpgion podria aver de travies-
sa hasta veynte leguas, pocas mas ó me-
nos : las quales dixo que no podian an-
dar con aquellos sus navios, por ser
grandes , segund la dispusigion del agua
baxa para lo acabar de bojar , é para lo
ver y andar eran menester verganlines
muy pequeños (para esto les hizo gran-
díssima falta el vergantin que se tornó
desde el cabo de Sanct Antón). Y por
tanto dixo que en su paresger y en quan-
to él alcangaba y entendia por lo que
avia visto desta navegagion , que desde
la dicha bahia de la Asumpgion hasta el
Puerto Desseado , es la traviessa de Yu-
catán (que es la isla de Sancta Maria de
los Remedios), é alli se fenesge é acaba,
exgepto las veynte leguas pocas mas ó
menos que dixo que podría aver de tra-
viessa desde la una parte á la otra, é que
alli la daba por bojada la dicha isla, 6
que no passa mas adelante. Y que esto
que él lo hagia bueno , é lo daria á en-
tender ante Sus Altegas , y ante Diego
Velazquez, é ante todas las personas que
51»
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
lo í'iiesso demandado; é que una isleta,
donde estaban, era isleo ó jardin de la di-
cha isla , y que por alli es todo isleos des-
do alli á la bahía, por entre los quales va
la mar del dicho puerto hasta la bahía
que se mostraba adelante de aquella is-
leta é junto á ella; ó cabe el mismo puer-
to era tierra nueva y que nunca avie
seydo descubierta ni vista por los chrips-
tianos, y que en ella podía saltar el ca-
j)itan general y tomar la posession, como
de tierra nueva. É el general lo mandó
íissi assentar al escribano deste descu-
iM'imiento , dicho Diego de Godoy , ante
ciertos testigos.
Dige el chronísta que , segund lo que
después ha paresgido por la experiengia,
la traviessa que este piloto penssó que
era mar baxa y de arragifes, no tie-
ne salida , ni allega ni passa el agua des-
de Puerto Desseado á la bahía de la
Asumpgíon: antes es todo una tierra é
eosta , por la qual seguramente se puede
á pié é á caballo passar é andar. É aque-
Ha provincia de Yucatán no es isla, sino
la misma Tierra-Firma, é assí lo enseña
la figura desta tierra en las cartas de na-
vegar, y assí lo digen los que después han
estado allí, é los pobladores españoles,
de los quales yo he seydo informado é lo
han andado é visto, caso que en aque-
llos príngipíos este piloto é otros penssa-
sen que Yucatán era isla é que por agua
se podía bojar , é quisieron adevinar lo
que no vían ni entendíen.
La bahía de la Asumpgion puso este
piloto Alaminos en diez é siete grados de
la equinogíal, á la parte de nuestro polo
ártico, é el Puerto Desseado é isleo prin-
cipal del en diez é ocho, poco mas ó me-
nos (y pudíérale dar diez é ocho é me-
dio). La parte oriental de Yucatán (que
es la isla dó está la punta de Calache),
puso en veynte é un grados, y en esto se
alargó un grado, porque otros cosmó-
graphos é cartas le dan veynte grados é
algo menos. Desde aquella punta, cor-
riendo la costa abaxo al Ocgidenie por
la vanda del Norte , tiene la tierra de Yu-
catán de longitud por la costa ochenta é
aun noventa leguas hasta otra punta que
está mas de gínqüenta leguas antes del
Puerto Desseado: la qual punta ó pro-
montorio se llama Cabo Redondo, y des-
de aquella punta de Calache hasta la isla
de Cogumel, que está junto ala tierra de
Yucatán , hay veynte leguas ; y desde el
fin de la isla de Cogumel hasta la bahía
de la Asumpgion hay noventa leguas, po-
cas mas ó menos. De manera que la tier-
ra de Yucatán bojará dosgientas y septen-
ta leguas , poco mas ó menos , de mar y
de tierra, contándose veynte en la tra-
viessa que le daba aquel piloto, desde la
bahia de la Asumpgion hasta el Puerto
Desseado , que este e otros penssaron que
era agua, como es dicho; pero en la ver-
dad estas veynte leguas de traviessa , que
el Alaminos sospechó que avia en aque-
lla parte que Yucatán se junta con la Tier-
ra-Firme , está averiguado é visto que son
mas de gíento é gínqüenta leguas, y que
es todo Tierra-Firme Yucatán é lo demás.
Pero añadiendo en esto , digo que el fin
de la costa que corre á tierra desde Co-
gumel á la bahía de la Asumpgion , el fin
de aquella hasta que vuelve la tierra (ó
de donde comienga á yrla vista del Sues-
te) , se llama Golpho de las Higueras , el
qual comienga é está en diez é seys gra-
dos desta parte de la equinogíal. Deslo se
tractará mas largo en el libro XX , é para
allí se quede. Tornemos á nuestra mate-
ria é subgeso de Grijalva y desta armada..
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XIII.
:\\fj
CAPITULO Xlll.
En quo se tracta del subceso del general Johan de Grijalva y desta armada , desde que salió del Puerlo
Desseado hasta que llegó al rio que llaman de Grijalva , que es en la cosía de la Nueva España.
Oábado cinco de junio del mesrao año
de mili e quinientos é diez é ocho, salió
el capitán general desta armada de Die-
go Velazquez, con las quatro caravelas,
desde el Puerto Desseado, é siguió su
viaje por la costa de la tierra adelante la
via de Poniente (desde aquella isleta don-
de estaba) , en demanda de aquella tier-
ra que el piloto Alaminos avia dicho que
era nueva tierra ; y el lunes adelante, sie-
te de junio , se vido desde los navios un
rio grande que salia de la tierra y entra-
ba en la mar, á par del qual paresQió mu-
cha gente de indios, y passaron los na-
vios adelante, y llegaron á otro rio ma-
yor mucho, y surgieron quassi á la boca,
y no pudieron entrar en él por la mucha
corriente que traia. Aqueste dia dixo la
lengua Julián que degia el otro indio,
llamado Pero Barba , que desde el pue-
blo de Chan , á otro que se dige Chatel
(la tierra adentro) , es la isla de Yucatán,
é hay tres dias de andadura , y que en
Chatel hay un rio que se coge mucho
oro, é que de alli se trae todo el oro que
los indios tienen ; é hay muchas sierras
é montañas, y que de una costa á otra en
la dicha isla hay ginqüenla y sesenta dias
de andadura ; y que los indios que habi-
tan la tierra adentro , quando algunas ve-
ges salen de sus tierras y allegan á ver
la mar , que assi como la ven luego echan
lo que tienen en el estómago por la bo-
ca ; y que hay muchos árboles grandes y
muchos pueblos y grandes savanas ó ve-
gas ; y que los indios que viven la tierra
adentro no comen pescado , ni lo quie-
ren , y que en la tierra desle Pero Barba
se cortan las orejas sajándolas , sacrifi-
cando ásusydolos.
A mí meparesge, por lo que es dicho,
que este indio Pero Barba decia, que
este fue el primero hombre que á los
chripstianos que alli yban, les dio notigia
é señas de la mar del Sur, y que este in-
dio no era á la sagon entendido de los
españoles, porque todo aquello que es
dicho que este indio deponía, era dar
nueva de la otra mar austral é de la Nue-
va España , que es aquella mesma costa
en que, quando aquesto degia, les ense-
ñaba , y donde estaban surtos : é assi es
la verdad , como lo podrá ver el lelor
adelante, en el discurso de la historia.
Otro dia siguiente entraron los navios
en el rio hasta media legua é no pudie-
lon subir mas por la corriente, é por am-
bas costas de la una é otra parte del rio
avia grand moltitudde indios armados,
de la manera que atrás queda dicho, de
arcos é flechase rodelas y langas. Aques-
te dia vinieron giertos indios en una ca-
noa, que traian sus armas todas las que
he dicho dentro en ella; y en la proa
venia un pringipal que mandaba á los
otros , é traia embragada una hermosa
rodela, cubierta de muy lindas plumas de
colores, y en el medio della una patena
redonda que relugia como oro, y assi lo
era. Este indio mandaba á los otros de
la canoa , y el general Grijalva mandó á
la lengua Julián que le hablasse, y dixo
que no le entendían , ni él entendía á
ellos lo que degían, é mandó al Julián
que hablasse al otro indio Pero Barba
(que era uno de los quo se lomaron en
520
HISTORIA GEiNEHAL Y NATUHAL
Puerto Desseado) y le dixcsse lo que les
avia él de degir, silos eateadiera, pues
que el Pero Barba enteudia la lengua de
aquellos indios de la canoa ; é assi se hi-
zo. É después que les ovo dicho que los
chripstianos querían ser sus amigos ó ve-
iiian á estar con ellos é darles de lo que
traían, se fué la canoa, y en la tardo tor-
nó aquella é otra con el mismo capitán
indio é otros que bogaban, é llegáronse
al bordo ; é por la forma de interpretación
destas dos lenguas dobles, refiriendo el
capitán Grijalva á Julián, é Julián á Pe-
ro Barba, y Pero Barba á los indios lo
que les querían degir, se entendieron y
congertaron para rescatar. Y lo quel ge-
neral Grijalva hizo dará este indio prin-
gipal ques dicho , é á los que con él ve-
nían , fueron estas cosas : una medalla ; un
espejo dorado ; dos sartas ó hilos de qüen-
tas verdes de vidro; unas tixeras; un
par de cuchillos (y estos tuvieron en mu-
cho); un bonete de frisa; quinge dia-
mantes aguíes (que son unos cañutos de
vidro quadrados, del gordor de una pé-
ñola de escrebir) ; un par de alpargates;
veynte qüenlas pintadas, de vidro : todo
lo qual entre los chripstianos era de muy
poco valor é presgio, como se puede bien
entender. Y lo que el indio dio en res-
cate ó trueco de lo que es dicho, fueron,
las cosas siguientes: una máscara de
madera grande dorada , de la mesma ma-
nera que se dora un retablo en Castilla
con sisa, ú otro palo que se dore, y un
penacho de plumas de papagayos con
una avegica engima, puesta en un huesso
que paresgia humano; é dixo aquel indio
que otro dia vernia su calachuni é trae-
rla muchas cosas. Los chripstianos les
enseñaron vino, é no lo quissieron.
Otro dia, jueves siguiente, volvió otra
canoa congiertos indios, entre los qua-
les venia uno que degian que era el se-
ñor de lodos é calachuni , é truxo al ge-»
neral Grijalva lo que se sigue : un cas-
quete dorado de palo con dos cornegue-
los engima ; una cabellera de cabellos ne-
gros de hombre ó muger ; otra máscara
de palo, é desde la nariz para arriba cu-
bierta á manera de obra musáyca , muy
bien assentadas todas aquellas piedras de
color como turquesas , y de la nariz para
abaxo cubierta de una hoja de oro bati-
do, delgada; otra máscara de la misma
manera que es dicho , pero la obra destas
piedras teníala de los ojos arriba , y des-
de ellos abaxo era cubierta de hoja de
oro batido delgada, sobre madera, é
las orejas della eran de la labor de la
pedrería que es dicho; otra máscara de
palo hecha á barras ó bastones de alto á
baxo, las dos tiras eran de la pedrería
que es dicho, é las tres restantes de ho-
ja de oro batido delgada; una patena
delgada con una figura de gemí ó diablo,
cubierta engima de hoja de oro batido é
en algunas partes della sembradas algu-
nas piedras ; una tablica de palo con una
punta, como testera de caballo de armas,
todo cubierto de una hoja de oro delga-
da con unas listas de piedras negras bien
asentadas entre el oro ; quatro patenas
de palo redondas, cubiertas de hoja de
oro batido ; dos escargelones de palo ó
guardas para las rodillas, en lugar de
armadura , cubiertas de oro batido ; otras
quatro armaduras para las rodillas de
cortegas de árboles, cubiertas de oro ba-
tido de hoja delgada ; otro escargelon de
palo , cubierto assi mismo de hoja de oro;
una cabega de perro cubierta de piedras
y muy bien hecha; un espejo de dos
lumbres con un gerco de hoja de oro ba-
tido; un palo fecho amanera de tixeras,
cubierto assi mismo de hoja de oro , del-
gada; un penachico pequeño de cuero,
cubierto de hoja de oro batido ; ginco ro-
sarios de qüentas de oro redondas, en
que avia giento é seys , pero el oro era
poco por engima é de dentro eran de
barro; otras quatro qüentas de oro huc-
DE INDIAS, LIB. XVII. CAP. XIII.
9%\
cas; siete navajas de pedernal; dos pares
de gapatos, como de cabuya ó hene-
quén; siete tiras como collares de hoja
de oro batido delgado, puesto sobre
cuero ; una sarta en que avia veynte arra-
cadas de oro con cada tres pinjantes de
lo mesmo, puestas en tiras de cuero;
otra sarta de las susodichas, é con otros
pinjantes de veynte piezas; un par de
axorcas delgadas, cubiertas de oro, de
anchura de tres dedos cada una ; un par
de guariqíies ó gargillos de oro para las
orejas; un escargelon de hoja de oro
delgado; un par de escudillas grandes
redondas pintadas ; una rodela pintada^
cubierta de plumajes de colores; una ro-
peta muy gentil, toda de plumas de colo-
res; un paño de colores, como peyna-
dor ; un penacho redondo de plumas de
colores con unas flores , y un ave peque-
ña euQima del mismo ; é todo lo que es
dicho muy bien labrado y cosas mucho
de ver. En recompensa de lo qual el ca-
pitán Grijalva le dio á este calachuni dos
camisas de liengo y un espejo pequeño
dorado , y una medalla , y un cuchillo,
y unas tixeras; unos Qarahuelles de pre-
silla ; un paño de tocar , y un bonete , y
un peyne ; ginco sartas de cuentas de vi-
dro; otro espejo grande dorado; un par
de alpargates ; una bolsa de cuero labra-
da, con una ginta de lo mismo ; veynte é
g^inco qüentas de vidro pintadas (esto
era del rescate), sin lo qual ó allende
desso le dio el capitán Grijalva un jubón
de terciopelo verde y un collar de qüen-
tas aguíes menudas , y una gorra de ter-
giopelo. Y porque (como he dicho en
otras partes desta historia), acostumbran
los indios tomar los nombres de los ca-
pitanes ó personas principales, con quien
contraen la paz, assi se hizo con este
calachuni, é quiso que le llamassen Gri-
jalva: é luego sus indios degian Grijal-
va , Grijalva , é muy alegres se entraron
en su canoa y se fueron , é al rio se le
puso el mismo nombre que al calachuni,
é llamáronle los chripstianos rio de Gri-
jalva , la boca del qual está en diez é
ocho grados déla línia equinogial en es-
te nuestro hemispherio ó parte de nuestro
polo ártico. Procuróse que los navios su-
biessen el rio arriba por ver el pueblo,
porque les paresgió á los españoles que,
segund la mucha gente, veian que debia
de ser grand cosa , é segund la manera
del calachuni ; mas la grande corriente
no los dexó é assi se partieron otro dia
siguiente, que se contaron onge de junio,
prosiguiendo su descubrimiento* Este rio
está é puede aver hasta él desde el Puer-
to Desseado veynte é ginco ó treynta le-
guas en la Tierra-Firme la vuelta del Po-
niente , y el rio sale ó tiene la boca mi-
rando á la tramontana ó Norte septen-
trional.
CAPITULO XIV.
En que se Irada de la prosecución del descubrimiento é viaje del capitán Johan de Grijalva, c de lo que le
subcedió, desde que partió del rio que hizo llamar Grijalva hasta que llegó ala isla de los Sacrificios.
T iernes , onge dias de junio de mili é
quinientos é diez é ocho años, salió el ar-
mada del rio de Grijalva con sus quatro
caravelas , é prosiguió la misma costa la
via del Poniente, é toda la tierra pares-
gia poblada é llena do edefigios y de gen-
TOMO I.
te gerca de la costa de la mar: é otro dia
siguiente en la mesma costa envió el ge-
neral una barca con giertos hombres , é
yendo por la mar truxeron quatro indios
de otra lengua , é mostrándoles oro los
chripstianos de lo que va tenían, dieron á
66
522
inSTORIA GENERAL Y NATURAL
entender por señas aquellos indios que
en aquella tierra avia mucho de aquello,
é qae lo cogían en los ríos , y que si los
soltaban que ellos darian mucho oro de
aquello que tenian. É á los quince del
mes se tomaron otros quatro indios de la
misma lengua en la costa , c por señas
de^ian lo que los primeros avian dicho
del macho oro : y penssando ellos que los
chripstianos los avian tomado para los
matar , lloraban los unos con los otros,
cantando en gierlo tono que paresgia que
so acordaban en el son ; é visto aquesto
por el general, otro dia, miércoles diez
é seys de junio , mandó soltar los seys
indios destos ques dicho , é hízoles dar
su canoa en que se fuessen , aviéndoles
mostrado algunas cosas de rescate que se
Jos prometió de dar trayendo oro , como
ellos daban á entender que traerían , y
que demás desso en volviendo, les darían
los otros dos indios sus compañeros , que
quedaban detenidos, como para seguridad
ó fianga de su vuelta, para que todos
juntos se fuessen después á su tierra. Otro
dia diez é siete de aquel mes , assi cómo
fué de dia paresgieron por la costa mu-
chos indios con dos banderas blancas, é
llamaban con ellas á los chripstianos : é
el general , creyendo que eran los indios
que avie fecho soltar, entró en las bar-
cas con alguna gente para ver qué que-
rían é si traían el oro que avian dicho;
y cómo su costa es brava é avia gran re-
saca de mar, díxeron los marineros que
se les anegarían las barcas é la gente, si
porfiassen de llegar á tierra. É por esso
desde bien Qerca della hígieron señas á
los indios para que fuessen á los navios,
é que viniessen alli donde las barcas es-
taban en sus canoas ; y cómo vido que
ninguna deslas cosas querían hager, se
lornó el capitán é gente de las barcas á
sus navios , y prosiguieron su costa ade-
lante. Hechos á la vela aqueste día, lle-
garon junio á una bahía que se hage en-
tre la Tierra-Firme y una isleta pequeña
que está entre la bahía y la mar, é sur-
gieron aUi con los navios: é estando assí,
díxo el capitán Johan de Grijalva delante
de muchos de los que en esta armada
yban que el piloto mayor Antón de Ala-
minos avia dado por bojada la isla de
Yucatán, estando en Puerto Desseado,
y que la costa é sierra , desde aquel
puerto hasta donde estaban, era tierra
continuada é paresgia otra tierra nueva,
y que por tal se podía tomar en ella po-
session , é que assi él como piloto , como
todos los hombres de la mar, degían que
todo aquello era de la costa de Tierra-
Firme; é aun para lo saber mejor, hizo su
informagion é tomó los paresgeres de los
pilotos é de los que le paresgió que lo
podían entender, é todos díxeron que
aviendo respecto á las muchas é grandes
sierras que veían por la costa adentro de
tierra, é los muchos é grandes ríos que
della salen á la mar de agua dulge, y
que desde Puerto Desseado hasta la di-
cha isleta, donde estaban surtos, avían
corrido gíento é treynta é mas leguas por
una costa, que todos la tenían, á todo su
entender, por Tierra-Firme. É assi otro
dia siguiente , diez é ocho días del mes
de junio , viernes , el capitán general sal-
tó en tierra en aquella islela con gíerta
gente, é fué por un camino entre arbo-
ledas, é algunas dellas paresgian ser de
fructales , é vieron algunos edefigios de
piedra antiguos á manera de adarves
ruinados por el tiempo , y derribados en
partes , é quassí en la mitad de la isla es-
taba un edefigío algo alto , al qual subie-
ron por una escalera de piedra : é subidos
en lo alto estaba luego adelante de la es-
calera que es dicho un mármol , é engí-
ma del una animalía que quería paresger
león, assí mismo de mármol, con un ho-
yo en la cabega é la lengua sacada , ó
junto á par del mármol avia una pílela do
piedra assentada en tierra, toda sangríen-
DE INDIAS. LIB. XVII. GAP. XIV.
523
ta , y delante della avia un palo hincado
que declinaba sobre aquella pileta, y
delante algo apartado estaba un ydo-
lo de piedra en el suelo con un plu-
maje en la cabega, vuelta la cara á la
pila. Mas adelante estaban muchos paloSj
como el que es dicho que caia sobre la
pila, todos hincados en el suelo, é cabe
ellos avia muchas cabiegas de hombres
humanos y muchos huessos assi mesmo,
que debian ser de aquellas pei-sonas, cu-
yas cabegas alU estaban. Avia otros cuer-
pos muertos , quassi enteros , que debian
ser muchachos , que estaban quassi po-
dridos é muy dañados : de la qual vis'a
los chripstianos quedaron espantados^
porque luego sospecharon lo que podia
ser, é preguntó el general auno de aque-
llos indios, que era de aquella comarca
ó provingia , qué cosa era aquella , é por
las señas é lo que se pudo entender de-
llas mostraban que aquellos defunctos los
degollaban y sacaban el coragon con
unas navajas de pedernal que estaban á
par de aquella pila, y los quemaban con
giertos hages de leña de pino que alli
avia, y los ofresgian á aquel ydolo, y les
sacaban las pulpas délos molledos de los
bragos é de las pantorrillas é muslos de
las piernas, é lo comian, é que aquestos
sacrificados eran de otros indios , con
quien tenian guerra. É assi les paresgió
á nuestros españoles que ello debia ser
é que sacrificaban alli algunos indios de
aquella tierra ó provingia, y por esto el
capitán general mandó, que se llamasse
isla de los Sacrificios y hahia de Sacrifi-
cios , alli donde los navios estaban surtos
entre la isleta é la Tierra-Firme. Aqueste
dia el capitán Johan de Grijalva , des-
pués de se aver tornado á los navios, en-
vió al capitán Frangisco de Montejo en
una barca, con un indio de aquella tierra,
para saber qué era lo que querían giertos
indios que llamaban desde la costa, mos-
trando unas banderas: é vdo allá, los
que estaban en h\ costa, le dieron al ca-
pitán Frangisco de Montejo muchas man-
tas pintadas muy lindas, y él les pre-
guntó por oro , y ellos le dixeron que á
la tarde le traerían , é assi se tornó á los
navios, é en la tarde vino una canoa con
giertos indios que truxeron ricas mantas
é dixeron que otro dia vernian con mu-
cho oro, é fuéronse. Otro dia de mañana
paresgieron en la playa de la isleta unas
banderas blancas é llamaban á los chrips-
tianos, y el general acordó de salir allá;
é assi cómo saltó en tierra, halló hincados
unos ramos de árboles, y debaxo dellos
tendida una manta, y engima unas ca-
goletas pequeñas llenas de aves cortadas^
con gierto caldo amarillo que paresgia
que estaba guisado con espegias. Y cómo
era viernes, ningún chripstiano comió de-
11o: é tenian unas torticas de mahiz ó de
otra fructa envuelta con ello por pan; y
tenian alli mahiz en magorcas tierno, que
paresgia estar cogido para dar de comer
al capitán y á los que con él avian sali-
do, y otras fructas: é truxeron algunas
mantillas de algodón teñido y repartié-
ronlas por los que alli estaban de los nues-
tros, é diéronles unos cañutos negros con
sahumerios que tomaban como tabaco, é
por señas dixeron al capitán que no se
fuesse é que le traerían oro y otras cosas.
É diéronles por siete mantas é dos tocas
dos bonetes é dos mili qüentas verdes de
vidro é tres peynes y un espejo ; y estan-
do alli en la dicha isleta el capitán Gri-
jalva, dixo al piloto mayor Antón de Ala-
minos , en presengia de los otros capita-
nes é algunos de los mas pringipales del
armada, que ya sabia cómo él é los otros
pilotos, y otras personas, avien dicho
que aquella tierra grande que tenian pres-
sente era tierra firme é no isla, é que
él avie dado por bojada la tierra de Yu-
catán, nombrada Sancta Maria de los Re-
medios, é que esta otra tierra que lla-
man Firme es tierra nueva , é por tanto
52 't
IHSTOniA GENERAL Y NATURAL
quería que diesse su parcsger, é díx.csse
si seria bien seguir aquella costa liasla
(|ue solamente les quedassen bastimentos
para tornar á la isla Fernandina, para sa-
ber mejor la verdad , ó si le paresgia que
era bien desde alli dar la vuelta en de-
manda de las otras islas para las desco-
brir , porque otro dia siguiente queria
saltar en aquella tierra é tomar, en nom-
I)re de Diego Velazquez , la posession por
Sus Magesladesé por Castilla. Y que pues
aquesto tocaba á su cargo de piloto ma-
yor , por ser cosa tocante á la navega-
gion, que dixesse lo que le paresgia, por-
que él, como capitán general, con los otros
capitanes é hidalgos de la armada pu-
diesse comunicar é acordar lo que convi-
niesse; pues todos estaban en determi-
nación de seguir por qualquier camino é
derrota que el dicho piloto los llevasse,
y tanto quanto los navios turassen é se
podiessen sostener para poder tornar á
la isla Fernandina. É dixo mas, que ya
sabian todos como en aquella armada avia
ciento é ginqüenta hombres, allende de
los marineros é gente de la mar, y que pa-
ra solamente bojar á Yucatán y descobrir
las otras islas bastaran cada veynte é g'm-
co ó treynta personas en cada navio con
los marineros nesgessarios , y lo demás
era cosa supérílua ; y que su paresger era
({ue uno de los navios, llamado la Trini-
dad, pues no estaba para yr á descobrir,
([ue se debia enviar con parte de la gen-
te á Cuba á dar relagion de lo que estaba
hecho y descubierto, y para que se lle-
vassen los indios que avian ávido , por-
([ue los tres navios restantes quedassen
mas libres y desocupados , é los basti-
mentos les pudiessen mas tiempo turar,
y también porquel navio se aderesgasse,
que hagia mucha agua , y no se perdies-
se por donde andaban. Y deste mismo
paresger que es dicho fueron los otros ca-
pitanes é hombres príngipales, con quien
aquesto se comunicó, á lo qual el piloto
mayor respondió que él tiene dicho que
ha dado por bojada la tierra de Yucatán
é que aquella otra que alli velan la tenia
él por tierra firme , por las grandes sier-
ras que dentro della se veían , é por una
sierra nevada que assí mismo veían eu
ella , y por los muchos y grandes ríos de
agua dulge que de aquella tierra avian
visto que salían á la mar en lo que avian
costeado , y por las diferengias de len-
guas que avian visto en los indios, por-
que en cada provrngia hablaban en dife-
rente manera. Y que por todos estos res-
pectos, á él le paresgia que no debían
passar adelante, por muchas ragones que
dio para ello , y por ser peligrosa la cos-
ta, y que desde alli debían tomar lá der-
rota en busca de otras tierras nuevas,
pues avia aparejo para ello , y que era
cosa escusada querer bojar aquella tierra
é gastar los bastimentos en ello ; pues era
tierra firme, é que como sabia, no ve-
nían á bojar lo que hallassen , sino á to-
mar la posession dello ; y que si aquella
tierra era isla, que ya la avian descu-
bierto ; é si era tierra firme , assí mis-
mo ; mas que por sí ó por no , le paresgia
que era bien entrar en tierra y tomar la
posession della , y tomada podrían yr en
demanda de otras islas é tierras nuevas;
y que en lo de enviar el navio (que ha-
gia agua) á la isla Fernandina, que le
paresgia bien acordado , é que assí lo de-
gia él también; y que debía aver ínfor-
magion si estaba para poder yr á la isla,
y si no que se adobasse y se enviasse,
porque mas suelta é libre quedasse la com-
pañía restante , para lo que se debiesse
hager. É otro dia siguiente sábado, diez
é nueve días de junio de mili é quinien-
tos é diez é ocho años , saltó en tierra el
capitán general, Johan de Grijalva, con
parte de la gente , é tomó la posession
de aquella Tierra-Firme, é hizo sus au-
tos de posession en forma , é tomó sus
testimonios en la (ierra que está enfrente
DE INDIAS. LIB. XVII. GAP. XIV.
525
de la isla é bahia de los Sacrifigios, y
puso nombre á aquella provingia Sanct
Johan.
Esta islela, segund la cosmographía é
cartas de Diego Rivero é de Alonso de
Chaves é otros cosmógraphos , está en
veynle grados á la parte de nuestro polo
ártico, y en los mesmos está la punta ó
promontorio de la Tierra-Firme que está
en la boca del rio del puerto de Villa-
Rica, que después mucho tiempo se fun-
dó (en tiempo de Hernando Cortés), como
se dirá adelante en su lugar.
CAPITULO XV.
En que Iracta el capitán Johan de Grijalva aver lomado la posession por Diego Velazquez en nombre de
Sus Mageslades y de su corona real de Castilla en la Tierra-Firme , en la provincia que se llama agora la
Nueva España , y de lo que después sub9edió hasta que volvió el capitán Alvarado con la nueva de lo sub-
^edido en este descubrimiento hasta que salieron 9ierlas canoas á combatir el armada.
Aviendo el capitán Johan de Grijalva
saltado en la Tierra-Firme con los capi-
tanes y gente que llevaba, en la provin-
cia á que puso nombre Sanct Johan , to-
mada la posesión é fechos sus autos en
nombre de Sus Magestades y de su co-
rona real de Castilla, como tengo dichoy
siguióse que vinieron giertos indios de la
Tierra-Firme, sin armas algunas, y en-
tre ellos avia dos principales, el uno vie-
jo é el otro mangebo , padre é hijo : los
quales, como señores, eran obedesgidos
de los otros de su compañía, é algunas
veges el mangcbo se enojaba con sus in-
dios, mandándoles algo, é daba palos ó
bofetadas á los otros , é sofríanlo con
mucha pagiengia , é se apartaban á fuera
con acatamiento. É con mucho plager estos
pringipales abragaban al capitán Grijalva
é le mostraban mucho amor á él é á los
chripstianos , como si de antes los conos-
gieran y tovieran amistad con ellos; y
perdian tiempo en muchas palabras que
decian en su lengua á los chripstianos,
sin se entender los unos ni los otros. Y
el mas viejo destos indios mandó á los
otros que truxessen unos bihaos , que son
unas hojas anchas que nasgen de la ma-
nera que los que acá llaman plátanos, sino
que son muy menores , é hízolas tender
debaxo de gierlos árboles que tenian
puestos á mano sus indios para que hi-
giessen sombra , é hizo señas al capitán
que se sentasse sobre aquellos bihaos , y
también quiso que se sentassen los chrips-
tianos que á él le paresgió que debian ser
mas pringipales é ageptos al general ; é
hizo señas que se sentasse la otra gente
toda por el campo , é el general mandó-
los assentar; pero también proveyó en
que oviesse buena guarda é atalayas,
para que no incurriessen en alguna gela-
da^ como ynorantes y desapergebidos. Y
el general, con los que el indio pringipal
señaló, sentados, dio este al general é á
cada uno de los chripstianos que estaban
sentados un cañuto engendido por el un
cabo, que son fechos de manera que des-
pués de engendidos poco á poco se van
gastando é consumiendo entre sí hasta se
acabar ardiendo sin algar llama, assi
como lo suelen hager los pivetes de Va-
lengia , é olian muy bien ellos y el humo
que dellos salia : é hagian señas los in-
dios á los chripstianos que no dexassen
perder ó passar aquel humo , como quien
toma tabaco. É al tiempo que llegaron
á hablar al capitán , un poco antes de lle-
gar á él los dos pringipales que es dicho,
pusieron ambas palmas de las manos en
tierra y las besaron, en señal de paz ó
salulagion; pero cómo no avia lengua ni
>26
líISTOniA GENERAL Y NATURAL
5c enleudian unos á otros, era muy tra-
bajosa é imposible cosa entenderse; é
assi como he dicho, habíanse señas é de-
bíanse muchas palabras , de que ningund
provecho ni inteligengia se podia com-
prender. Y en tanto que esto passaba,
yban y venian muchos indios mostrando
mucho regogijo é placer con los chrips-
tianos , é paresgia que muy sin temor ni
régelo venian é se allegaban á nuestros
españoles, como si de largo tiempo atrás
se ovieran conversado , y assi con mucha
risa é descuydo hablaban , é no acaba-
ban , señalando con los dedos y manos,
como si fueran entendidos de los que los
escuchaban, y miraban. É comengaron á
traer de sus joyas é dieron dos guariques
ó arracadas de oro con seys pinjante», é
siete sartas de qüentas menudas de bar-
ro, redondas y doradas muy bien, é otra
sarta menor de qüentas doradas é tres
cueros colorados á manera de parches,
é un moscador, é dos máscaras de pie-
dras menudas , como turquesas , senta-
das sobre madera de obra musáyca, con
algunas-pinticas de oro en las orejas. En
recompensa de lo qual se les dieron gier-
tos hilos de qüentas pintadas y otras ver-
des de vidro , y un espejo dorado , é unas
servillas de muger, cosas que en Medina
del Campo podria todo valer dos ó tres
reales de plata ; é los indios que venian
con estos pringipales , rescataban por su
parte con los otros chripstianos mantas y
almaygares y otras cosas. Y el capitán
general les dio á entender (si supo) que
le truxessen oro, enseñándoles algunas
cosas de oro , y digiéndoles que los
chripstianos no querían otra cosa ; y el
indio viejo envió al mangebo pringipal
por oro, á lo que se pudo entender, é
dixo por señas que desde á tres días vol-
verla, é que se fuessen los chripstianos
á los navios é tornassen á aquel mismo
lugar al término que degian que traerían
el oro. Y quedó el viejo con otros indios
de los que alli estaban , y entre ellos avi-a
otro mang;ebo que también por señas de-
gia que era su hijo ; pero no se hagia tanto
caso deste como del oti'o que avia envia-
do por el oro. É assi con muchos abra-
gos y plager se quedó en tierra, y el ca-
pitán é su gente se recogieron á sus na^-
víos, é dixo el indio pringipal que otro
dia de mañana él volvería al mismo lu-
gar , é que assi lo higiessen los chrips-
tianos. Otro dia siguiente, domingo veyn-
te de junio , assi como fué de dia, ya el
indio viejo é otros con' él estaban en la
costa esperando , é con dos banderas
blancas llamaban ; é assi cómo el general
los vido salió á tierra con la gente que te
paresgió, é cómo llegó, luego aquel prin-
gipal viejo puso las palmas en tierra é se
las besó é fué encontinente á abragar al
capitán é le abragó, é le dixo é señaló
que se fuessen mas adentro en tierra : é
assi se hizo, é gerca de alli pararon en
un repecho , donde estaba deshervada la
tierra, y puestos ramos ébihaos, como el
dia de antes , y se sentaron , é luego dio
sendos sahumerios al capitán é chrips-
tianos pringipales (ó pivotes), como los
que se dixo de suso que se avie hecho en
las primeras vistas. Y el general mandó
al capellán de la armada que dixesse mis-
sa en un altar que alli se puso , é se ge-
lebró el offigio del culto divino, é los in-
dios estovieron mirando muy maravilla-
dos é atentos callando, hasta que fué di-
cha la missa ; y quando se comengó tru-
xeron una cagúela de barro con giertos
sahumerios de buena olor, y pusiéronla
debaxo del altar, y otra tal en medio del
espagio que quedaba entre el sagerdote
é la gente. É assi cómo fué dicha la mis-
sa, truxeron giertos gesticos bien fechos,
uno con pasteles de pan demahiz, llenos
de carne cortada , tan menuda que no se
supo entender qué carne era ; y otro de
panegicos de mahiz y otros dos de bo-
llos de mahiz, é presentáronlo al geno-
DE 1^D1AS. LIB. XVII. CAP. XV.
r.27
ral , é él lo dio á los compañeros que lo
comiessen , 6 assi se hizo : é todos loa-
ban aquel manjar , é paresgia que esta-
ban con especias en el sabor aquellos
pasteles , porque assi mismo por de den-
tro estaban colorados é tenían mucho
axí. É tras aqueste almuergo presentaron
al capitán general tres pares de zapatos
ó guiaras y una manta pintada y tres gra-
nos de oro, hechos como suelen que-
dar algunas veges en los suelos de ios
crisoles donde se funde el oro , é una
hoja de oro delgada á manera de trenca,
é un jarro pintado , é otro grano de oro,
como los que es dicho. El capitán les hizo
dar un bonete, é un peyne, é un espejo,
é un par de alpargates, é un sayo de pa-
ño de colores de poco presgio, é otro es-
pejo é unas servillas de muger, é unas
tixeras , é una camissade presilla , é una
bolsa con su ginta de cuero , é un cuchi-
llo pequeño , é otros cuchillos menores,
é tres pares de alpargates é algunos pey-
nes , é giertos hilos de qüentas de vidro
de colores, é assi otras cosillas que todo
podria quassi valer dos ducados de oro.
É resQebido con mucho plager, cómo los
indios lo tuvieron , dixeron que otro dia
volverían alli é seria venido el mangebo
principal que avie ydo por el oro, y el
viejo cagique é los suyos se quedaron en
tierra é los españoles se tornaron á dor-
mir en sus navios.
Otro dia siguiente, que se contaron
veynte é uno de junio lunes , en esclares-
giendo , paresgieron muchos indios en la
playa en el lugar acostumbrado , é con
sus banderas blancas acostumbradas, é
el capitán é los españoles salieron á tier-
ra, é hizo el general poner una mesa y
engima della muchas cosas de rescates de
las que en los navios llevaban, É luego
llegó aquel cagique viejo é muchos indios
con él sin armas, é truxeron las cosas y
rescate siguiente : quatro guariques ó gar-
gillos de hoja de oro delgado ; un par de
gapatos que los indios llaman gutaras,
que son solamente las suelas con unas
correas con que se atan desde los dedos
al cuello del pié sobre los tobillos ó ú par
dellos; dos sartas de qüentas, unas grue-
sas é otras menudas, doradas por engima;
dos guariques de piedras aguíes engasta-
das en oro con cada ocho pinjantes de
lo mismo; una cabega como de perro,
que era toda una piedra roxa é blanca
que piensso debia ser espegie de Calgido-
nia, porque se han traydo muchas de
aquellas partes ; otras diez é siete qüen-
tas doradas gruesas; una axorca de oro
tan ancha como quatro dedos; otra sarta
de qüentas doradas, con una cabegita
como de león, de oro; otrü sarta de las
mismas qüentas en que avia veynte é
siete ; otra sarta de septenta é tres qüen-
tas doradas, y al cabo una rama de oro
con un rostro de piedra guarnesgido de
oro alrededor, con una corona de oro , y
en ella una cresta de lo mismo y dos pin-
jantes de oro; un gemí ó diablo de oro,
en manera de hombre , é con un mosca-
dor de oro é arracadas de oro en las ore-
jas del , y en la cabega unos corneguelos
de oro , é en la barriga una piedra en-
gastada; una sarta de diez é ocho qüen-
tas doradas. Por esto todo que es dicho
se dio en recompenssa ó trueco un sayo
de frisa , é una caperuga de lo mismo con
una medalla , y una bolsa de cuero con
su ginta, éun cuchillo, é unas tixeras é
unos alpargates , y unas servillas de mu-
ger; un paño de tocar; una camisa ga-
yada; unos garahuelles; dos espejos; dos
peynes; otras tixeras, é otra tal camisa é
peyne, y otro cuchillo y otra caperuga;
otro paño de tocar; giertas qüentas de
vidros de colores ; y estas cosas que eran
duplicadas assi como camisas é tixeras é
cuchillos é caperugas que es dicho , era
por causa de los pringipales indios que
hagian el rescate ; pero todo quanlo se
les dio no valia en Castilla quatro ó ciu;
528
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
co ducados, é lo que ellos dieron valia
mas de mili. Después de lo qual , un
miércoles veynte é tres de junio se tor-
naron á rescatar otras cosas con los mis-
mos indios , é fuéronles dadas cosas de
mas valor que las primeras, porque dieron
seys granos de oro, como en crisoles fun-
dido , y siete collares de oro é una axor-
ca de oro , é dos sartas de qüentas do-
radas , é otra sarta de qüentas de piedras
con cañutillos de oro entrellas , é otros
dos coUaricos de oro , é otra sarta de
qüentas y dos coUaricos de oro y otros
dos en dos correas con sus arracadas
é pinjantes de oro y otra sarta de qüen-
tas doradas, y otras nueve qüentas, y
un cabo de oro. Dióse de rescate por
esto un sayo de paño baxo , de poco pres-
gio aguí é colorado , é un bonete , é unas
tixeras, é un cuchillo, é un espejo y una
camisa de liengo , y un par de alparga-
tes, y giertas sartas de qüentas de vi-
dros de colores, que todo lo que se les
dio no valia dos ducados de oro en Es-
paña.
Después de lo qual, jueves veynte é
quatro de julio , salió el capitán de los
navios á rescatar , en donde es dicho de
la misma costa é provincia dicha de Sanct
Johan: é vino el mismo cagique é le dio
dos granos de oro que pesaron trege pe-
sos , é un collarico de oro , é ginco sartas
de qüentas doradas , é una máscara de
pedrería , como las que se han dicho de
suso, é nueve qüentas de oro huecas y
un cabo de oro , y dio el cagique junto
con esto al capitán Grijalva una india
moga con una vestidura delgada de al-
godón , é dixo que por la moga no que-
ría premio ni rescate, é que aquella le
daba gragiosa. É el capitán dio de resca-
te por las otras cosas uo par de alparga-
tes , y unas servillas demuger, y un cin-
to negro con su bolsa , y un paño de ca-
bega, é giertas sartas de qüentas de vidro
de colores, que todo podria valer en Se-
villa , ó en otra parle de España, quairo
ó ginco reales.
Algunos avrá que leyendo estos res-
cates, querrían assi trocar sus hagiendas
y todo lo que tienen : é mirado assi sin
mas consideragion, cosa paresge de mu-
cha ganangia, si dentro en nuestras ca-
sas ello se trocasse , é nos diessen el oro
en tan poco presgio ; pero entendido, co-
mo se debe entender, é viendo adonde
lo vamos á buscar , y considerados los
trabaxos é peligros, de los quales los
medios de los que andan en tales gran-
jerias no escapan con las vidas, otra co-
sa es de lo que suena , y mucho debe
penssar en ello el que á tal exergigio po-
ne su perssona; y pluguiesse á Dios que
el ánima estoviesse segura , porque la iu-
tengion de todos los rescatadores no es
una mesma.
Dexemos esto aparte, é tornemos á
nuestra pressente materia , é á la ocupa-
gion destos capitanes y españoles desta
armada. Digo que quando la ventura lle-
ga á la puerta del infelige, llama y aun
porfía que la entiendan , y el que no es
digno della, atapa los oydos, y por su
ynorangia y desdicha ni la entiende ni la
acoje, y pasasse de largo. Assi acaesgió
á este capitán Johan de Grijalva , por no
creer á ninguno de quantos le conseja-
ron que asentasse y poblasse en aquella
tierra que es dicha, y desde alli enviasse
á pedir mas gente á Diego Velazquez , y
á hagerle saber lo que está dicho : é to-
dos los españoles se lo rogaron y reque-
rían, y él y ellos fueran de buena ventu-
ra; pero estaba guardada para otro, y
para él la suya , que fué muy mala, como
se dirá en su tiempo, quando se tráete de
las cosas de Nicaragua , en la segunda
parte destas historias.
De manera que hechos estos rescates,
con la mayor parte de todo lo que se ovo,
exgepto algunas cosas que para su qüenla
depossitó el capitán Johan de Grijalva en
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XV.
o29
los oíros capitanes y otras perssonas, en-
vió á la isla Fernandina al capitán Pedro
de Aivarado, en aquella caravela que se
ha dicho que tenia nesgessidad de se re-
parar , é con éi ginqüenta é tantas per-
sonas de aquella armada, assi de los que
estaban enfermos , como de los que con-
venían para gobernar y llevar el navio.
Y demás de las joyas y oro que llevaba,
le dio assi mismo la india que se dixo
que avia dado este cagique en el último
rescate ó vez que se vieron, é con esto
envió la relagion particular al capitán
Diego Velazquez , por cuyo mandado é á
cuya costa se hizo esta armada é descu-
brimiento, dándole entera relagion de to-
do lo subgedido en el viaje hasta aquella
hora , que fué el dia ya dicho, jueves
veynte e quatro de junio , dia del glorio-
so Baptista. É assi cómo el capitán Aiva-
rado se hizo á la vela para la isla de Cu-
ba , en este punto y hora el capitán Gri-
jalva con el restante de la gente y tres
navios que le quedaban, se partió de alli
é siguió la costa adelante hágia el Ocgi-
dente , por se gertificar si aquella era
tierra firme ; é andando su camino á la
vela, vieron giertos pueblos que paresgian
grandes mucho y blanqueaban las casas
dellos : é assi andovieron hasta el lunes
siguiente , veynte é ocho de junio , quel
piloto mayor Antón de Alaminos dixo al
capitán Grijalva que ya sabia que le avia
muchas veges dicho que aquella era tier-
ra firme , y que cada hora se afirmaba
mas en ello , y que los navios yban muy
cargados de gente y bastimentos y el
tiempo se gastaba en valde ; y pues ya
tenia tomada la posession é fecho lo que
era obligado, pues no yba á bojar, sino á
descobrir é lomar posession délo que des-
cubriesse , que assi por esto como por-
que las corrientes eran muy grandes que
yban con ellos , y que en la vuelta po-
dían tener mucho peligro y dificultad pa-
ra volver , y podrían faltar los bastimen-
tos ; que su paresger seria volver en de-
manda de la isla Fernandina y de algunas
otras islas, si se pudiessen descobrir y to-
mar la posession dellas. Y que este era
su voto , y que convenia hagerse assi por
lo que avia dicho , como porque el in-
vierno venia gerca , y sospechaba que
seria peligrosa navegagion en aquellas
partes , ó podrían subgederles tales tiem-
pos que la gente é los navios se per-
diessen.
El capitán, paresgiéndole que debia
seguir el paresger del pilólo mayor, dixo
que pues aquello le paresgia que era lo
mas seguro é lo que convenia , que diesse
la vuelta é higiesse lo que degia ; é assi
volvieron las proas é tornaron por la
misma costa que avian ydo , é salieron
de la misma tierra é costa hasta catorge
ó quinge canoas de guerra , y en ellas
muchos indios con rodelas é langas é va-
ras, é con arcos é flechas , muy lugida
gente y con determinagion de combatir
los navios desta armada ; el subgesso de
lo qual se dirá en el siguiente capítulo
con brevedad.
CAPITULO XVI.
En que se Iracta cómo salieron catorce ó quince canoas de guerra con muchos indios á combatir las (res
caravelas que le quedaban al capitán Jolian de Grijalva, é de la batalla naval que ovieron, é cómo después
salieron los españoles en el rio é puerto de Sanct Antón , á adobar la nao capitana , é cómo hallaron cier-
tos indios de poca edad degollados é abiertos por los pechos.
X-ilegadas las catorge ó quinge canoas
de guerra con muchos indios, dispuestos
TOMO I.
y con determinagion de pelear con las
tres caravelas que le quedaban al capi-
G7
530
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tan Johan de Grijalva ( porque la otra ya
la avia enviado á dar relación en Cuba á
Diego Veíazquez del subgesso deste des-
cubrimiento , é con el oro é los rescates
é indios que se avian ávido hasta la par-
tida del capitán Alvarado), juntáronse muy
osadamente con nuestros navios , y en-
trados entre ellos, comentaron á les tirar
muchas flechas , é aunque los chripstia-
nos por señas los convidaban con la paz,
no curaron desso ; sino prosiguiendo su
denuedo temerario se daban mas priessa á
despender fleclias contra los españoles:
lo qual viendo el capitán , mandóles tirar
tiros de artillería , y los ballesteros y es-
copeteros higieron su offigio de tal mane-
ra que mataron y hirieron algunos indios.
Entonges ellos se dieron tanta é mas pries-
sa á se desviar, como la avian traydo con
sus canoas, é huyeron todo lo que les
fue possible la vuelta de tierra , é los na-
vios siguieron su camino é costa la via
del Leste ó Levante hasta que passaron
(segund los pilotos degian) á diez leguas
antes de llegar al rio de Grijalva que se
dixo antes, é surgieron alli un viernes, á
nueve días de jullio. Y no pudieron su-
bir lo que quisieran por el rio, á causa de
las corrientes y serles el tiempo contra-
rio; y estovieron alli aquel dia é el si-
guiente hasta el domingo por la mañana
(|ue acordaron de tornar atrás á buscar
agua porque les faltaba , é volvieron has-
la un rio quinge leguas , y el lunes si-
guiente entraron en él , é hallaron puer-
to , puesto que tenia algunos baxos á la
entrada. É en la una é otra costa des-
te rio avia muchos árboles de fructas
de muchas maneras , é viéronse algunos
puercos por el monte, é giervos aliebres:
é púsose nombre é este puerto Sanct An-
tón, é estuvieron alli tres dias , tomando
agua y esperando tiempo , en la qual sa-
gon vinieron giertos indios sin annas é
truxeron quatro hachuelas en dos veges,
de oro baxo é cobre mezclado , é dié-
ronseles gierlas sartas de qüentas de vi-
dro de rescate. É el viernes adelante, diez
é seys dias de julio, se higieron á la vela
estos navios desde aquél rio é puerto de
Sanct Antón, é salió primero el menor
de ellos é tras él la nao capitana, y er-
ró la canal é dio sobre los baxos mu-
chos golpes en tierra, é se vido en mu-
cho peligro, y con trabaxo salió á la
mar , hagiendo mucha agua ; por lo qual
fué forgado tornarse al rnesmo puerto,
porque no la podian sostener, que se
anegaba, ni estaba para navegar; y para
aliviarla , sacaron en las barcas parte de
la gente, é pusiéronla en tierra en la
costa y boca del mismo rio , y las barcas
tornaron á ayudar á meter la caravela ó
nao capitana ; y en tanto que estos pocos
chripstianos estaban en la playa , vinie-
ron de la otra parte algunos indios , y
estaban fechos un esquadron pequeño,
en que podría aver hasta veynte ó poco
mas. Y de acuerdo destos chripstianos se
apartaron quatro dellos con el veedor
Frangisco de Peñalosa , y fueron por la
costa arriba del rio hasta se parar en
frente de aquellos indios que estaban del
otro cabo del agua, porque por alli era
mas angosto el rio , por ver si podrían
entender mejor qué gente era aquella é
qué hagian alli : é passaron de los indios
á ellos tres ó quatro en una canoa , é tor-
náronse á los otros. É viendo aquesto
estos chripstianos (digo la mayor parte
dellos), fueron adonde eslaban los qua-
tro primeros á saber qué era lo que que-
rían aquellos indios, y hallaron que les
avian dado treynta y dos hachuelas de
las que se dixo en el capítulo antes deste,
todas enastadas é puestas en sus palos,
é giertas mantas gruesas de algondon
de poco valor, y también dieron una ta-
gica labrada pequeña de oro , y un bote-
gico de oro labrado , y una mangana do
metal, hecha á manera de una guayaba ó
poma. É dixeron que avian visto aque-
DE ÍNDfAS. LIB. XVIL CAP. XVfi
531
líos quatro. ehripstianos primeros que
los indios que estaban del otro cabo del
lio , yban de un cabo á otro en la playa
en un arenalejo; é que salia uno de jun-
to con ellos y llegaba al agua é lendia
los bracos, señalando con los puños Iiágia
donde ellos estaban, y después hágia los
quatro ehripstianos y después hágia los
«avíos, é metia las manos en el arena y
tornaba adonde estaban todos los otros,
ó sentábansse todos é tornábansse á le-
vantar, y andaban alrededor é yban ade-
lante é traian un bulto envuelto en un
lio, é lo avian metido debaxo de tierra.
Y que esto avien fecho tres veges , que
lo vieron los quatro ehripstianos prime-
ros , y no sabían qué cosa era aquello ; é
después de les aver dado las hachuelas
y h) que es dicho, se fueron los indios
todos, que no paresgieron; y en este
medio tiempo la nao capitana entró en
el puerto é los otros navios. Este mismo
día se echaron menos los indios lenguas
Julián é Pero Barba , que se avian y do:
ved qué verso avrían fecho en sus in-»
terpretagiones^ y qué intengion tenían
de salvarse en la fé de Chripsto, y cómo
avien entendido el sacramento del Bap-
tísmo que avian tomado 1
Assi que, luego que los navios fueron
surtos , saltó en tierra el capitán Grijalva é
llevaron ante él las hachuelas é otras co-
sas que es dicho, é dixéronle lo que avian .
visto, é el capitán hizo pesar las hachue-
las, é con ellas las quatro primeras , é todas
pesaron mili é septegíentos é noventa pe-
sos é gínco tomines, é la tagica é bote-
gico de oro pesaron veynte é dos pesos é
gínco tomines. É luego se assentó el real
de los ehripstianos en la costa deste puer-
to, é no quedó gente alguna en los na-
vios, sino la que no se pudo excusar para
los guardar : é hizo el capitán dar un pre--
gon é leer giertas ordenangas para que
ninguno se apartasse del real ni hablasse
en poblar, ni so juntassen en corrillos,
ni ovíesse liga ni monipodio , ni se Irac-
tasse cosa contra lo que él mandaba y
ordenaba ; lo qual él hizo , porque sintió
que se murmuraba del , y la gente avia
gana de poblar é quedarse en aquellas
partes. El domingo que se contaron diez
é ocho de julio, después que en el real
fué dicha missa en presengia de todos
ios del exérgito, se leyeron é publicaron
las ordenangas que es dicho. El lunes si-
guiente vinieron en una canoa giertos in-
dios é un pringipal que los mandaba , y
llamaron desde aparte , é el capitán en-
vió al tesorero y veedor y escribano é
otros dos hidalgos á ver qué era lo que
querían, é truxeron algunas pinas é ma-
meyes é gallinas de las de la tierra , é
degían por señas que traerían oro : é díé-
ronles un sayo de colores á mitades, de
paño grosero , é una camisa é un par de
alpargates y unas servillas de muger y
un bonete de mitades, é unas tixeras, é
algunos hilos de qüentas devidro de co-
lores , que todo podría valer un par de
ducados ó poco mas. Y el pringipal se
vistió la camisa é luego el sayo, é se -
puso el bonete, é con el mayor plager
del mundo él é sus indios se fueron , d¡-
giendo que tornarían con oro. Y el miér-
coles siguiente , veynte é uno de julio,,
vinieron otros indios, é truxeron al ca-
pitán dos hachuelas que pesaron giento
é qqarenta y ocho pesos largos , y una
taga de pedreguelas, en que avia ocho de
ellas de color morado, é veynte é tres
de otras , é giento é diez qüentas de ora^
huecas , y diez é nueve qüentas como de
estaño , é una tagica como salero , que
pesó quatro pesos é tomines. É díéronles
giertas conteguelas, que podrían todas
valer seys ó siete reales en España ; é un
marinero truxo una hachuela , como las ~
de suso , que pesó ginqüenta é nueve pe-
sos, que dixo que un indio suyo la avia
ávido.
Aqueste día , viniendo unos compañe--
;32
HISTORIA GENERAL Y iNATCRAL
ros del armada de pescar de la otra van-
da del rio , truxeron ante el capitán unas
tenagicas como las que usan las mugeres
para se pelar las gejas, é un cascabel con
unas alas fechas en él , é una cabera de
gemí , é dos águilas con cada tres pin-
jantes , y otro cascabel menor que el de
suso y un cañutillo , como cabo , lo qual
todo era de oro , é pesaron estas piegas
nueve castellanos y un ducado. É dixe-
ron que junto al rio en un arenalejo , en
un hoyo cubierto de tierra é unas tunas
ó cardos, engima avian hallado tres per-
sonas enterradas de pocos dias , que es-
taban degollados é abiertos por los pe-
chos á la parte del coragon , á los quales
hallaron aquellas piegas de oro que es
dicho, y un gemí ó ydolo de metal que
estaba todo con aquellos muertos. É lue-
go el capitán mandó passar algunos de
sus soldados con un escribano de la otra
parte, para que mirassen aquellos defun-
tos é viessen de qué forma estaban é le
truxessen relagion dello : é passados de
la otra parte del rio, hallaron tres muer-
tos , el uno que paresgia de trege ó ca-
torge años , é los dos do cada ginco ó
seys, degollados é abiertos por los pe-
chos y echados en un hoyo é cubiertos
con arena y engima algunas tunas, por-
í¡ue los chripstianos que les tomaron el
oro, los avien tornado á cobrir. Y estaban
en aquel arenalejo, donde avian estado
los indios que se dixo de suso que die-
jon las treynta y dos hachas é taga é bo-
tegico de oro é que hagian aquellos autos
ó ademanes ya dichos, al tiempo que se
desembarcaron los primeros chripstianos
en el puerto , y estaban frescos , que se
paresgia bien que el viernes antes, quan-
do se dixo que entraron los navios en
aquel puerto , los avian degollado ó sa-
criñcado. É todos los indios que avian
venido en aquella costa á verse ó tractar
con el capitán é los chripstianos todos
traian cortadas, ó mejor digiendo, har-
padas las orejas y corriendo sangre por
la cara. Aquesto es cosa común en la
Nueva España y en otras partes de Tier-
ra-Firme, como se dirá mas largamente,
quando se escriba la segunda parte desta
General y natural historia de Indias; y
este sajamiento de orejas es entre aque-
lla gente como una compurgagion ó geri-
monia para aplacar al demonio , é cosa
muy religiosa é sancta entre los indios.
Tornando al propósito é passo en que
estamos, digo que no se determinaron
estos españoles que fueron á ver aque-
llos indios si eran hombres ó mugeres,
por estar dañados é mucho hediendo , é
no los sacar del hoyo en que estaban,
sino solamente los descubrieron de un lio
en que estaban arrollados, é assi se los
dexaron é los tornaron á cubrir de are-
na. Pero de creer es que si tuvieran mas
oro, que aunque mas hedieran no que-
daran con ello , aunque se lo ovieran de
sacar de los estómagos ; porque la mal-
vada cobdigia de los hombres á todo tra-
baxo é asco y peligroso subgesso se dis-
pone.
CAPITULO XVII.
Cómo el capitán, Johan de Grijalva, partió con los tres navios y armada del puerto de Sanct Anión , y
cómo fué á Puerto Desseado , y cómo se hallaron unos ydolos é indÍ9Íos notorios de ser la gente de aquella
tierra su9ia é culpada del pecado nefando contra natura , é ydólatras.
M
artes, veynte de julio, salieron los
tres navios y chripstianos que andaban
en este descubrimiento con el capitán
Johan de Grijalva , del rio é puerto de
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XVII.
S3a
Sanct Antón , é lomaron la derrota para la
isla Fernandina ; é después que andovie-
ron hasta los diez é siete días de agosto
con muy contrarios tiempos é faltándoles
ya el agua , acordaron de volver á buscar
la Tierra-Firme y hager aguada , porque
no tenian qué beber, y no sabian adonde
estaban. É tornando á buscar la tierra,
la vieron un martes, diez é siete dias de
agosto , é llegaron á un puerto que se
hagia entre dos tierras, el qual es mas
baxo de Puerto Desseado y entre medias
del é del rio de Grijalva , é hizo el capitán
llamar á este puerto el puerto de Térmi-
nos, porque dixo el piloto que estaba
entre ambas islas , é alli se tomó agua en
unos xagueyes ; é avia en aquesta tierra
mucha caga de liebres , y es tierra muy
hermosa é vigiosa , y en tanto que alU
estovieron los chriplianos tomando agua,
vieron canoas cada dia atravessar con
gente á la vela , que passaban á la otra
tierra de la Isla Rica ó Yucatán.
En la costa de aqueste puerto, bien
media legua de donde estaban los navios
surtos, avia dos árboles que estaban
apartados ó solos , é debieran ser pues-
tos á mano , y entre ambos árboles esta-
ba á doge ó quinge passos un gemí de
otro ó un ydolo. Por manera que se con-
taron catorge ó quinge destos gemís ó
ydolos de barro y unos tiestos ó cagúelas
de barro con pies á manera de braserue-
los para echar lumbre, que se creyó de-
bía ser para sahumerios á los ydolos ó
gemís ques dicho , porque avia en ellos
geniga é tenian engienso ó gierta forma
de resina que los indios usan para sahu-
mar: é los chripstianos que lo fueron á
ver, dixeron que avian hallado entre
aquellos gemís ó yolos , dos personas he-
chas de copey (que es un árbol assi lla-
mado), el uno caballero ó cabalgando
sobre el otro , en figura de aquel abomi-
nable y nefando pecado de sodomia , é
otro de barro que tenia la natura asida
con ambas manos, la qual tenia como
gircungiso. Esta abominagion es mejor
para olvidada que no para ponerla por
memoria ; pero quise hager mengion de-
lla por tener mejor declarada la culpa,
por donde Dios castiga estos indios é han-
seydo olvidados de su misericordia tan-
tos siglos há. Y como he dicho en el li-
bro segundo desta primera parte , pues
Su Magestad manda que me den relagion
verdadera todos sus gobernadores de las
cosas destas Indias , esto tengo yo signa-
do é por testimonio que me fué dado por
el teniente Diego Velazquez , passando yo
por aquella isla Fernandina el año de mili
é quinientos é veynte é tres: é yo llevé
este testimonio á España á su ruego para
dar notigia destc descubrimiento suyo é
otras cosas á la Cesárea Magestad ; y no
es este pecado entre aquellas mal aven-
turadas gentes despresgiado , ni sumaria-
mente averiguado : antes es mucha ver-
dad quanto dellos se puede degir é cul-
par en tal caso.
Assi que tornando á la historia , tomada
el agua que quisieron para su camino, es-
te capitán é sus tres navios y gente sa-
lieron deste puerto de Términos, un do-
mingo veynte é ginco del mes ya dicho,
y estuvieron alli hasta el viernes toman-
do pescado (que hay mucho) y salándolo
para su camino ématolotaje.
534
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
. CAPITULO XVllI.
Cómo el capitán Johan de Grijalva partió con el armada de Puerto Desseado , é quisso yr por donde avian
muerto la gente al capitán Francisco Henandez de Córdoba en la cosía de Yucatán en un pueblo que se
•dice Champoton, y de lo que alli le acaesció , y de todo lo demás hasta que tornó á la isla de Cuba á dar
cuenta de su viaje y descubrimiento al teniente Diego Velazquez é otras cosas convinientes al discurso
de la histoi'ia.
Oalida el armada de Puerto Desseado,
guió la costa adelante de Yucatán para
yr al pueblo de Champoton , á donde los
indios en el primero descubrimiento ma-
taron veynte é tantos chripstianos al ca-
pitán Francisco Hernández de Córdoba,
y le hirieron muchos mas. É ya el capi-
tán Grijalva avia hecho giertas ordenan-
gas de la manera que los chripstianos é
su gente avian de tener con los indios, pa-
ra que no los enojassen, só graves penas;
é se las avia fecho notificar en el proprio
Puerto Desseado , el qual está catorce ó
quince leguas del pueblo de Champoton.
Y el miércoles en la tarde , primero dia
del mes de septiembre llegaron con sus
navios á vista y enfrente del pueblo, éla
caravela capitana surgió dos Teguas en la
mar desviada de tierra en tres bragas de
agua, é otro menor navio surgió una le-
gua de tierra, é el otro tergero, que era
fc'l menor de lodos , surgió á media legua
de tierra, y no se osaron llegar mas á
la costa, porque alli mengua mucho la
Jiiar , porque los navios no quedassen en
seco é corriessen peligro é riesgo, si al-
gimd tiempo contrario subgediesse. Aquel
dia hizo passar el capitán parte de la
gente al vergantin ó navio menor que
estaba mas gerca de tierra, para saltar al
quarto del alba en la costa sin escándalo,
porque le fué dicho al capitán que podian
muy bien salir , é tornáronse las barcas
á la capitana. Entre aquel navio menor é
la costa, en la mitad de aquel espagio de
loar que avia hasta tierra , estaba una is-
l ?ta y en ella un farallón ó roquedo , so-
bre el qual avia una casa blanca á mane-
ra de fuerga ó castillo, é aquella noche
se oía desde la caravela como avia alli
indios é se velaban y tañian alambores.
Y al quarto del alba antes del dia llegó
el capitán con^ dos barcas cargadas de
gente al navio pequeño ; y cómo vido que
le avian engañado , pesóle de aver ydo,
porque avia trabaxado mucho inútilmen-
te, y quissiera no se aver detenido ni
dexado su camino; pero, pues ya estaba
alli, acordó de se yr á desembarcar á la
isleta donde estaba aquel peñón, é assi lo
hizo , y antes que fuesse de dia tornaron
las barcas á la caravela pequeña por la
otra gente y la llevaron á la isleta , é con
el capitán avian ydo los artilleros é algu-
nas lombardas é ballesteros y escopete-
ros, essos pocos que tenian. Y antes que
llegassen con las segundas barcadas,
avian acometido los indios á los chrips-
tianos, penssando gercarlos alli, é avian
venido muchas canoas desde la Tierra-
Firme é costa della, y con los tiros avian
echado una á fondo , é muerto uno ó dos
indios , é se avian ydo por donde vinie-
ron á mas que de passo. Desde aquella
isleta se veía el pueblo de Champoton,
todo barreado de paligadas y albarradas
y muchas arboledas, é sonaban muchos
alaridos é boginas é alambores, é los in-
dios que se mostraban, estaban armados
de arcos é flechas é rodelas é langas. Y
el pueblo está apoco trecho de la mar, é
hagian grandes ademanes, mostrando que
querían pelear , é por parte de abaxo del
pueblo hay un rio por donde pueden sa-
DE JNDIAS. LIB. XVII. CAP. XVIII.
M o *»
x)ÓO
lir las canoas y gercar á los que saltassen
en tierra; y viendo quán peligroso avia
de ser el salir de los chripslianos en tier-
ra, quisso tomar el capitán el paresger
de los que alli estaban , después de aver
di dicho los inconvinientes que le pares-
gia que estaban aparejados: é algunos
dixeron que assi les paresgia lo mismo á
ellos, que no era bien salir, sino que se
tornassen á los navios: otros degian lo
contrario, y que era bien que saliessen:
otros dixeron que ni eran de paresger
que fuessen á dar en los enemigos, ni lo
dexassen de hager; que ellos harian lo
quel capitán mandasse. Y él viendo
aquesto, dixo que él queria salir; pero
que avia de ser con las ordenangas, é co-
mo lo avia fecho saber á todos, é hízose-
las tornar á leer otra vez en aquella is-
leta.
Visto aquesto, los mas dixeron que
con tales condigiones no les paresgia bien
la salida , ni sabia á qué avian de salir
allá , ni querían yr al pueblo , y que no
avian de guardar ningunas ordenangas,
y que si yban, que avian devengará los
chripslianos, que avian alli muerto al ca-
pitán Frangisco Hernández , y quemarles
el pueblo , y darles un castigo que nunca
le olvidassen, y no dexar alguno con la
vida , si purJiessen. El capitán , conosgida
la buena voluntad de su gente, y que si
lo comengaban , no lo podria atajar , dio
orden cómo se tornassen todos á embar-
car, y assi se hizo , é él quedó en tierra
en la isleta para yr con las postreras bar-
cas ; é quando los indios los veian yrsse
entraban en el agua, con sus arcos, hasta
los pechos , dando grita y hagiendo fie-
ros, é tirando flechas perdidas á mas ti-
rar , mostrándosse muy feroges y deno-
dados. Pero como la dispusigion del lu-
gar ni la voluntad del capitán no eran
para atender, se higieron ala vela, un
viernes tres dias de septiembre, y el do-
mingo siguiente en la tarde llegaron á vis-
ta del pueblo de Lágaro, donde acordaron
de tomar agua para su camino , porque
avia nesgessidad della. É porque la costa
de adelante no era sabida , ni estaban
giertos si podrían hallar agua en ella,
mandó el capitán salir en tierra la gente
con quatro tiros de pólvora , é los ba-
llesteros y escopeteros; é surgidos los
navios á media legua del pueblo , luego
otro día de mañana saltaron en la costa
parte de los chripslianos con los capita-
nes particulares , é luego vieron indios
sin armas que les señalaron con el dedo
dónde estaba el agua; é llegados alli, les
degian é señalaban mas adelante ; é lle-
gados donde la segunda vez les enseña-
ban , degian que mas adelante estaba el
agua, y llegados allá, ñola hallaron: an-
tes dieron en una gelada de donde salie-
ron mas de tresgientos indios con arcos é
flechas , é rodelas, é langas, é bien ar-
mados, segund su costumbre, y comcn-
garon á tirar flechas, é quisieran gercar
é tomar en medio á los chripstianos. Es-
tonges tiráronles dos ó tres tiros de arti-
llería, é aunque huían, tornaban á tirar
tras los españoles, los quales viéndose
engañados, se tornaban hágia la costa á
sus barcas. É cómo desde los navios los
vieron volverse, salió el capitán general
Johan de Grijalva con el resto de la gen-
te, y en tanto que él llegaba á tierra ti-
raron otra vez con los tiros , y assi gessa-
ron los indios su bravear y no se lle-
garon tan gerca, é ovo lugar de llegar
el general é la gente toda : é durmie-
ron aquella noche en tierra, é estu-
vieron assi mismo el otro día siguiente
é hasta el tergero , é tomaron toda el
agua que quisieron , y la metieron en los
navios, y también metieron mahíz que
tomaron del campo ; porque avia muchos
y muy hermosos mahizales, porque sí ca-
so fiiesse que los otros bastimentos fal-
tassen, que tenían ya pocos, se susten-
tasscn con el mahíz hasta la isla Fernán-
53G
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dina. Fecho aquesto , se recogieron los
chripstiauos en sus navios.
El miércoles ocho dias de septiembre
salió el armada de alli, y fué el bordo
de la mar con no buen tiempo,, y por esso
andaban los navios temporigando, é tor-
naban á dar otro bordo para la tierra , é
andando assi volteando desta manera has-
ta el sábado, onge de septiembre, al poner
del sol vieron una tierra nueva como ba-
xos , y porque era tarde apartáronse de-
Ha y dieron la vuelta aquella noche á la
mar. Otro dia domingo volvieron so-
bre aquella tierra , por ver qué era , é no
vieron otra tierra mas de aquellos baxos
é dixo el piloto mayor que debían ser
arragifes de alguna isla nueva que debia
estar por ahí gerca; é cómo los baxos es-
taban al través de su camino , ovieron de
tornar á dar la vuelta hágia Yucatán, pues
que por alli no podian passar adelante,
é volvieron hasta ver la costa de Yu-
catán , é tomaron la tierra mas arri-
ba del rio , que llaman de LagarloSy don-
de digen el Palmar , y desde alli costean-
do la isla, miércoles quinge de septiem-
bre, siguieron todavía la costa hasta el
martes siguiente, que se continuaron
veynte é uno del mes. É atravesaron des-
de una tierra que se dice Comi, segund
los indios dixeron ; y aunque tenian po-
ca agua, acordaron de atravesar con po-
nerlo todo en la determinagion de Dios,
porquel tiempo no era bueno ni espera-
ban que tan presto lo seria: é el miérco-
les adelante, veynte é nueve del mes,
dia del Arcángel Sauct Miguel , por la
mañana paresgió la tierra de la isla Fer-
nandina , é vieron una parte de la que se
dige el Marien , é otro dia siguiente lle-
garon á estar enfrente del puerto de Ca-
renas , y gerca de la tierra , é por saber
el general si avia llegado en salvamento
el capitán Alvarado que él avia enviado
alelante , segund tengo ya dicho , salió en
tierra con pocos, é entró en una estan-
gia de unos veginos de la villa de Sanct
Chripslóbal, é halló alU quien le dixo
quel navio de Alvarado avia alli llegado
en salvamento, aunque con harto traba-
xo. Y estuvo essa noche en tierra Grijal-
va, é otro dia luego se quiso tomar á los
navios ; pero no los vido y penssó que
avian decaydo con las corrientes , é assi
por esto se entró en su barca él y los que
con él avien salido , é anduvo todo el dia
é la noche siguiente hasta otro dia por
la mañana por la costa, que fué sábado
dos dias de octubre que llegó, delante
del puerto de Xaruco , á una estangia de
Diego Velazquez ; é salido alli preguntó
si avian visto los navios, é dixéronleque
no : é á hora de las diez del dia pares-
gieron enfrente del puerto que llamando
Ghipiona, que es en la dicha estangia
donde el capitán Grijalva avia llegado,
como es dicho. Y desde aUi se entró en
los navios , y cómo el tiempo era contra-
rio, no les dexó tomar el puerto de Ma-
langa , é assi andovieron dando bordos á
un cabo y á otro hasta el lunes siguiente,
quatro dias de octubre, que porque la
gente yba muy fatigada, mandó el capi-
tán que tomassen el puerto de Xaruco : é
assi entraron en él en la tarde á puesta
del sol , y el dia siguiente se desembar-
có toda la gente en tierra , y cada uno se
fué por su parte , exgepto algunos pocos
que quedaron y se fueron con el capitán
en el navio menor de todos, dicho Sancta
María de los Remedios , hasta el puerto
que llaman de Ghipiona. É desde alli fue-
ron al que llaman de la Malanga , donde
allegó á los ocho del mes, é el sábado
adelante llegaron alli los otros navios , é
hallaron alli al capitán Ghripstóbal de
Olit , al qual el teniente Diego Velazquez
avie enviado con un navio que ahy tenia
con gente armada, é artillería, é basti-
mentos , en busca del armada del capi-
tán Grijalva. El qual dixo que avia alle-
gado á la isla de Cogumel , é que avia lo-
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XVIII.
«37
mudo la posession de la isla penssando
que estaba por descobrir , é que desde
ella avia ydo costeando la tierra de Yu-
catán por la vanda del Norte, c avia lle-
gado á un puerto que se hagia delante
en una boca que se hage al cabo de la
tierra, y segund los pilotos de la armada
degian , debia de ser un puerto que está
entre la misma Yucatán y Puerto Dessea-
do : é que cómo no avia hallado rastro
ni memoria del armada , que assi por es-
to, como porque avia perdido las ánco-
ras é no tenia buenas amarras ó cables,
se avia tornado á la isla Fernandina , é
avia allegado á aquel puerto de Matan-
gas ocho dias avie.
Estando alli el capitán Grijalva aderes-
gando su partida é hagiendo meter bas-
timentos en los navios , para yrse á la cib-
dad de Sanctiago, donde estaba el te-
niente Diego Velazquez, le dieron una
carta suya en la qual le mandaba que lo
mas pronto quél pudiesse le enviasse los
navios, y dixesse á la gente que por
quel aderesgaba á grand priessa para en-
viar á aquella tierra que se avia descu-
bierto, que todos los que quissiessen yr
allá á poblar se esporassen alli hasta que
él enviasse los navios (que seria muy
presto) , y que de sus hagiendas de Diego
Velazquez les seria dado todo lo que
oviesse menester ; y assi lo envió á pro-
veer é mandar que se les diesse á todos
los que esto quissiessen atender, y escri-
bió á los alcaldes y regimiento de aque-
lla villa de Sanct Chripstóbal que les hi-
giessen todo buen tractaraiento, Éassi al-
gunos se quedaron alli, esperándola vuel-
ta de los navios , para yr á poblar la Isla
Rica, que es la tierra de Yucatán (é no
isla , como entonges se penssaba) : otros
algunos se fueron á sus casas con pens-
samiento de volver , quando fuesse tiem-
po. É luego fueron ios navios é capita-
nes con el general Johan de Grijalva á la
cibdad de Sanctiago é higiéronse á la ve-
la viernes en la noche , veynte édos dias
de octubre de aquel año de mili é qui-
nientos é diez é ocho , los tres navios , é
con ellos assi mismo el capitán Chripstó-
bal de Olit con el otro navio que se di-
xo : é hízoles muy contrarios tiempos , é
assi tardaron algunos dias hasta llegar á
Sanctiago, donde hallaron al teniente
Diego Velazquez , al qual se le dio rela-
gion de todo lo que se ha dicho que sub-
gedió en este descubrimiento é camino
que por su mandado hizo el capitán Johan
de Grijalva. El qual quedó desfavoresgido
de Diego Velazquez é mal quisto con la
gente que llevó , porque no avia poblado
en la rica tierra que avia descubierto; á
causa de lo qual desdeñado , se passó á la
Tierra-Firme á la provingia de Nicara-
gua, donde en una nueva poblagion que
hizo el capitán Benito Hurtado , que se
llama Vülahermosa , por mandado del go-
bernador Pedrarias Dávila , estando des-
cuydados los nuevos pobladores, se alga-
ron los indios é mataron al capitán Hur-
tado é assi mismo á este capitán Johan de
Grijalva é otros chripstianos, como se dirá
en su lugar, en la segunda parle de la his-
toria , quando se tráete de aquella tierra.
TOMO 1.
G8
538
niSTOniA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XIX.
En que se tracta cómo el lonicnte Diego Velazquez envió por su capil(.n en el lencero descubrimienf»» á
Hernando Corles, el qual qnedó despiios por gobernador de la Nueva España, é de la muerte del adeUm-
tado Diego Velazquez.
Algo ha seydo larga la relación deste
segundo descubrimiento hecho por el te-
niente Diego Velazquez , y en su nombre
por el capitán Johan de Gnjalva, vecino
que fué de la villa de la Trinidad en la
isla Fernandina. Y porque aquesto se hi-
zo á costa de Diego Velazquez , razón es
que no se le quite su loor, pues que el
tiempo y la fortuna le quitaron los otros
premios é galardón é interesses que lo
esperaban de tan señalados servigios,
como el que en esto hizo, en que es opi-
nión de muchos que que gastó mas de
Qient mili castellanos, é fué causa esta
erapressa que él muriesse pobre y des-
contento , como adelante se dirá.
Assi que, tornando á la historia, digo
que tornada esta armada que es dicho á
la isla Fernandina, acordó Diego Velaz-
quez de enviar un clérigo capellán suyo
á España con estas muestras del oro que
es dicho , y con la relagion del viaje que
avia hecho el capitán Johan de Grijalva,
al sereníssimo rey don Carlos, nuestro
señor; y este clérigo fué á Bargelona en
el mes de mayo, el siguiente año de mili
é quinientos é diez é nueve años, á la
sagon que en aquella cibdad llegó la nue-
va de cómo era Su Magostad elegido poi-
Rey de los romanos é futuro Emperador
(é yo me hallé alli en Barcelona en esíe
tiempo). Este clérigo se llamaba Benito
Martin, al qual yo conosgla muy bien,
porque yo le passé conmigo á estas par-
tes el año de mili é quinientos é catorce
á la Tierra-Firme, desde donde después
él se passó á la isla de Cuba ; é vi muchas
de aquellas muestras y cosas, de que de
suso se ha hecho mengion , que Diego Ve-
lazquez enviaba á César. Por el qual ser-
vigió señalado, Su Magestad le dio título
de adelantado de todo aquello que avia
descubierto , é se tuvo Su Magestad por
muy servido del, como era razón, y le
hizo otras mergedes é le escribió gene-
rosamente , dándole las gragias por lo he-
cho, é animándole para que continuassc
aquel descubrimiento , como el Diego Ve-
lazquez escrebia que lo entendía hager é
lo ponia por obra; porque ya avia en-
viado otra armada para continuar su buen
propóssito en la converssion de aquellas
gentes á nuestra sancta fé cathólica , y en
las traer á la obidiengia de Sus Mages-
tades é poner debaxo del señorío y pa-
trimonio de la corona real de Castilla. Y
assi fué la verdad, porque, como he di-
cho, quando aquellas cosas envió coa
aquel capellán, avia ya enviado otra ar-
mada, de la qual fué por capitán y te-
niente suyo Hernando Cortés, al qual no
quitaré loor que él merezca en las cosas
que adelante en la segunda parte desta
General Historia le tocaren ; pero no
apruebo lo que él y otros digen, porfian-
do que Cortés y otros fueron á sus pro-
prias despenssas á aquellas tierras, por-
que aunque assi fuesse (que no creo,
porque he visto escripturas é testimonios
que digen otra cosa , y en mi poder está
signado un treslado de la instrugion y
poder que le dio Diego Velazquez para
yr en su nombre), este loor por de Diego
Velazquez y no de otro le tengo, pues él
dio pringipio á todo lo que subgedió de
la Nueva España, y descubrió della la
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XIX.
539
parte que he dicho en mas de giento y
Ireynta leguas de costa ; y después se
quedó con todo Hernando Cortés, porque
el tiempo y su ventura y la desdicha de
Üiego Velazquez por alguna dispensa-
d-ion de arriba assi lo causaron, é porque
há mucho que oygo aquel proverbio que
dige: Matarás y matarle han: y matarán
quien te matare. Digo esto porque Diego
Velazquez no usó de mas cortesía con el
ahnirante, don Diego Colom, en se le que-
dar á su despecho con la gobernación de
la isla de Cuba ó Femandina, con sus
cautelas y formas que para ello tuvo, de
la qual usó Hernando Cortés con Diego
Velazquez para le dexar en blanco , y se
quedar con el cargo de la Nueva Espa-
ña. A ninguno dellos hay que loar en es-
te caso, ni tengo por buen dicho aquello
que dige Tulio en el /// De officns: «S¿ los
derechos ó las leyes se han de quebrantar,
ha de ser por alcanzar á reynar ' . Esto
acostumbraba á degir aquel grand Julio
César, puesto que Suentonio Tranquilo
en la vida que escribió de ^ésar, atri-
buye é dige: Euripidis ver sus, quos sic
i'pse convertit ^. Mas me paresge auctori-
dad para cobdigiosos y de larga cons-
giengia, que para personas de buena con-
fianza. Pero en fin, ninguno se puede
CN^cusar de lo que le está aparejado é or-
denado de Dios , y el offigio del mundo
os levantar uno la liebre, y matarla otro.
No sin causa dixo aquel poeta italiano,
llamado Seraphin del Águila , en un so-
neto suyo:
»Qui esparge il seme et qui recogle il fructo.»
quiere degir : unos espargen ó siembran
la simiente, y otros cogen el fructo. Co-
mo quier que esto passasse, digo que
a viendo Diego Velazquez enviado á Gri-
jalva á bojar á Yucatán, y aviendo con
su armada bojado en ella lo que está di-
cho, é aviendo descubierto la isla de Co-
gumél, que nombró Sancta Cruz, é la otra
isla de los sacriíigios diabólicos que he di-
cho, é una parte déla Tierra-í'irme, lla-
mada Ulua, á la qual llamó Sanct Johan,
é puso nombre Sancta María de las Nieves
á aquella tierra, desde donde envió al
capitán Pedro do Alvarado con una ca-
ravela é giertos rescates de oro é otras
joyas é algunos chripstíanos que los in-
dios avian herido , y otros enfermos; es
de saber que quando Diego Velazquez se
determinó de enviar á Hernando Cortés
con otra armada , no se sabia nueva al-
guna de Grijalva ni de la caravela que
avia enviado con el capitán Chripstóbal
do Olit á le buscar. Y en la instrucgion
que le dio á Cortés, le mandó y encargó
que lo buscasse, y que inquiriesse assi
niismo dónde avia parado Chripstóbal de
Olit con la otra caravela ; y le encargó
mucho que en Yucatán procurasse de
aver seys chripslianos que degia un in-
dio de aquella tierra (dicho Melchior) que
estaban alli mucho tiempo avia, y que
avian aportado de gierta caravela que se
avie perdido en aquella costa , é dióle al
mismo Melchior, lengua que aquesto de-
gia, para que fuesse con Cortés.
Este poder é instrucgion que Diego
Velazquez dio á Cortés le otorgó é dio en
la cibdad de Sanctiago , puerto de la isla
Femandina, á veynte é tres dias de oc-
tubre de mili é quinientos é diez é ocho
años ante Alonso de Escalante , escriba-
no público y del consejo de aquella cib-
dad. Y hecha la armada é bastegida de
gente y armas y de todo lo nesgessario,
passó Hernando Cortés á la Nueva Espa-
ña con siete navios y tres vergantines
i Si jus violandumcst, regnandi causa violan-
2 Naip si violandum esl jus , ¡mperii grafía
vidandum cst: aiiis rebus pietalem colas.
540
flISTOlUA GENERAL Y NATURAL
que Diego Velazquez le dio. Después de
lo qual, en el año siguienle de mili é qui-
nientos é diez é nueve, estando enseño-
reado Cortés de parte de la tierra, no
curó de acudir á Diego Velazquez que le
avia enviado , ni le quiso dar la razón y
cuenta de lo que avia fecho con título de
su teniente (como lo era) ; sino envió al
Emperador, nuestro señor, la relagion de
las cosas que avia visto y muchas mues-
tras é joyas de oro é hermosos penachos
y plumajes, y un pressente muy rico de
cosas mucho de ver y de gran valor con
dos hidalgos, uno llamado Alonso Fer-
nandez Puerto Carrero , é el otro el ca-
pitán Frangisco de Montejo, de quien
atrás se ha fecho memoria ; las quales co-
sas yo vi en Sevilla quando las truxeron,
quassi en fin de aquel año de diez y nue-
ve, tornando yo á la Tierra-Firme, é
avian llegado estos mensajeros é procu-
radores de Cortés pocos días antes.
Cómo Diego Velazquez esto supo , en-
vió otra armada con el capitán Pamphilo
de Narvaez, revocando los poderes dados
á Cortés , digiendo que se le avia alga-
do , y este passó en aquella tierra é dióse
tan mal recabdo , que con buenas pala-
bras Hernando Cortés tuvo tal forma que
dio sobre él é le tomó descuydado é lo
piendió , é al tiempo de la prisión le fue
quebrado un ojo al Pamphilo de Narvaez,
é le tuvo mucho tiempo después en
prisión. Dióle mucha prosperidad é apa-
rejo á Cortés este fecho para lo que ade-
lante se siguió, porque á la sagon estaba
en mucha nesgessidad de gente , é assi
con aquella que llevó Pamphilo de Nar-
vaez (que luego se juntó é obedesgió al
vengedor) , como con la que allá estaba,
conquistó é tomó la gran cibdad de Mé-
xico ó Tenustican , y prendió á Montegu-
ina, señor y rey de aquella provingia y
<le mucho señorío, y se apoderó de la
Nueva España.
Sabido Diego Vela/.qücz el mal subge-
so de Pamphilo de Narvaez, determinó
de passar en persona, y armó siete ú
ocho navios , y con muy buena gente lle-
gó á vista de Yucatán y de la Nueva Es-
paña , y por consejo de un ligengiado Pa-
rada, que alli yba con él, paró y se tornó
sin saltar en tierra, con infamia suya y
con mucho gasto y pérdida. En este tiem-
po se yba gente de muchas partes á Cor-
tés por las nuevas de las riquegas de
aquella tierra, y él daba largamente á
todos y era amado de los que con él mi-
litaban, é Diego Velazquez aborresgido,
y ovo lugar con su soligitud y buen ne-
gogiar quel Emperador, nuestro Señor,
(sabiendo las discordias de Diego Velaz-
quez y Cortés) diesse una provission en
Valladolid , á veynte y dos dias de octu-
bre de mili é quinientos é veynte é dos
años , por la qual mandó é dixo que por
causa é razón de las diferengias del ade-
lantado Diego Velazquez y Hernán Cortés,
se avia rebelado México é avian subge-
dido muchos escándalos é robos y muer-
tes ; é porque queria proveer en el re-
medio dello, por tanto hagia su goberna-
dor de aquella tierra á Hernando Cortés,
hasta que otra cosa Su Magestad man-
dasse, é las diferengias de ambos se de-
terminassen por jusligia é se viessen en
el Consejo Real de Indias ; y que Diego
Velazquez no fuesse ni enviasse á aque-
lla tierra gente ni armada alguna só gier-
tas penas, lo qual le fue notificado por
auto al adelantado Diego Velazquez por
Frangisco de las Casas, del qual se hará
mengion en las cosas de la Nueva Espa-
ña (este es un caballero , cuñado de Cor-
tés, natural de Medellin). Y en el mes de
mayo de mili é quinientos é veynte é tres
años se pregonó esta provission en la
cibdad de Sanctiago de la isla Fernandi-
na. Aqueste pregón fue un notorio prin-
gipio, y aun final conclusión de la perdi-
gion total de Diego Velazquez, el qual
obedesgió loque Su Magestad mandaba,
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XIX.
541
é suplicó de la provission ante Su Ma-
gostad, é envió á expressar sus agravios
é á seguir su jusligia á un caballero , su
amigo, llamado Manuel de Rojas.
Después el año siguiente de mili é qui-
nientos é veynte y quatro, estando de-
terminado de yr en persona á se quexar
de Cortés ante el Emperador , nuestro se-
ñor, é degir sus servigios y gastos en esta
empresa, atravesósse aquella difinigion
universal de las barajas , que es la muer-
te, y acabáronse sus dias y sus contien-
das y aun sus dineros, que avian seydo
muchos, é assi fenesgió el adelantado
Diego Velazquez , y quedó Hernando Cor-
tés sin contradigion alguna en la gober-
nación de la Nueva España , y muy ri-
quíssimo : del qual y de lo que á aque-
llas partes toca , se hará mas particular
mengion en la segunda parte desta Natu-
ral y general historia de Indias. Este ade-
lantado, Diego Velazquez, es uno de
aquellos pobres hidalgos que passaron el
segundo viaje á esta Isla Española con el
primero almirante , don Chripstóbal Co-
lom , y avia llegado al estado que es di-
cho , á ser riquíssimo hombre , y acabó
pobre y enfermo y descontento, y la
burla quél avia hecho al almirante , don
Diego Colom , en se le quedar con la go-
bernagion de la isla de Cuba , essa mis-
ma hizo del y mas por entero Hernando
Cortés, en se le quedar con la goberna-
gion de la Nueva España. Passemos á lo
demás de la historia desta isla Fernan-
dina.
CAPITULO XX.
De las cosas y subcession de la g-obernacion de la isla de Cuba , alias Fernandina , después de la muerte del
adelantado Diego Velazquez.
Antes que el adelantado Diego Velaz-
quez muriesse , avíase escripto á César y
á los señores de su Real Consejo de In-
dias, que el ligengiado Alonso Cuago,
que en la isla Fernandina avia seydo
juez , avia hecho muchas sin jusligias ; é
cómo esto supo el almirante, don Diego
Colom, partió de aquesta Isla Española
é passó á la Fernandina , é fueron con él
dos oydores desta Audiengia Real , como
en otra parte está ya dicho ; é llegados
allá , el almirante quitó el offigio al li-
gengiado Cuago é tornólo á dar al ade-
lantado Diego Velazquez. É fecho aques-
to, se tornaron á esta isla el almirante é
los oydores, é quedóse el ligengiado
Cuago alli algo desfavoresgido ; pero no
hizo residengia , assi porque no ovo en
essa sagon quexas del, como porque
aquellos oydores no tenian poder ni co-
mission para se la tomar. Y desde á po-
cos dias después se siguió que Su Ma-
gestad proveyó al adelantado , Frangisco
de Garay, de la gobernagion de Panuco
y del rio de las Palmas , que es en con-
fín de la Nueva España ; é aviendo fecho
una gruesa armada é partídose con ella
desde la isla de Jamáyca , para yr á po-
blar aquella provingia , aportó en el fin
de la isla Fernandina , y supo que Her-
nando Cortés tenia ocupada é comenga-
da á poblar aquella tierra , y que estaba
en determinación de no dexar entrar en
ella al Frangisco de Garay ni á otro ; por
lo qual se detuvo alli , y envió sus car-
tas al ligengiado Quago , rogándole que
passasse á la Nueva España y entendiesse
entre Cortés y él , porque era amigo de
entrambos, y como tal, diesse orden có-
mo no viniessen en rompimiento hasta
que Su Magestad determinasse y prove-
yesse lo que á su real servigio convi-
5i-2
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
niesse. É assi el ligengiado Cuago partió
para esto , y se perdió en las islas de los
Alacranes , como se dirá adelante en el
último libro de los naufragios é infortu-
nios y de donde después escapó milagro-
samente con pocos de los que con él se
perdieron. En el qual tiempo passó toda-
vía el adelantado , Francisco de Garay,
á aquella tierra que yba á poblar ( y que
estaba ya ocupada por Cortés), y se per-
dió su armada y le mataron parte de la
gente los indios , y al cabo él quedó per-
dido , y se fué á México , donde estaba
Cortés, y desde á muy poco murió, co-
mo se dirá mas largamente , quando se
tráete de las cosas de la Nueva España.
Después de lo qual aportó el ligengiado
CuaQO á la Nueva España, y Hernando
Cortés le hizo muy buen acogimiento y
le favoresgió mucho y le hizo su teniente
é justigia mayor, y en las cosas de la
justicia era el todo en la Nueva España.
Y porque el capitán Chripstóbal de Olit,
de quien en su lugar será fecha mas par-
ticular memoria, se avia algado en gier-
ta parte de la Tierra-Firme , é apartado
de la amistad é obidiengia de Cortés, que
le avia enviado al puerto de Honduras,
fuéle á buscar en persona é dexó giertos
poderes á los ofigiales de Su Magestad,
para que por su ausengia gobernassen, y
al ligengiado Cuago para la administra-
ción de la justigia. Pero ya avian llega-
do á España muchas informagiones con-
tra Guago, guiadas por sus émulos, é
proveyóse una gédula real para que Cor-
tés le enviasse preso á la isla Fernandina
á hager residengia ; é quando la gédula
llegó á Cortés, estaba ausente , é fué la
gédula á manos de los ofigiales del Rey,
los quales estaban divisos en dos parles
sobre quáles avian de gobernar, porque
se degia que Hernando Cortés era muer-
to: é aquella parte, á cuyas manos vino
la gédula , que era la que estaba mas fa-
voresgida, prendió al ligengiado ^uago.
Quieren algunos degir que esta prisión
no fué por virtud de la gédula ( porque
aun cntonges degian que no era llega-
da), sino por continuar mas sin impedi-
mento sus conlengiones los ofigiales. Y
enviáronlo preso á Cuba á hager la resi-
dengia que el Emperador mandaba que
le tomasse el ligengiado Johan Altami-
rano , que avia ydo á Cuba espegialraen -
te para ello, É llegado á aquella isla, hizo
la residengia, y fué dado por libre y
quito y aun declarado por buen gober-
nador , y que avia muy bien servido : lo
qual , sabido por Sus Magostados , le hi-
gieron uno de sus oydores de la Audien
gia Real, que en esta cibdad de Sancto
Domingo de la Isla Española reside, en
que sirvió á Sus Magostados hasta que
Dios le llevó desta presente vida el año
próximo passado de mili é quinientos é
treynta y nueve años. Acabada la resi-
dengia de Cuago , se acabó el cargo del
ligengiado Altamirano, é no sin quexas
hartas que ovo del ; y se passó á Méxi-
co , y quedó Diego Velazquez en el car-
go, como primero.
Mas aunque estas mudangas avia en la
gobernagion de la isla Fernandina , siem-
pre era él mas parte que ninguno en lo
demás, á causa que era capitán y repar-
tidor de los indios della. Y desde á po-
cos dias le llevó Dios desta vida , segund
se dixo en el capítulo antes deste. Y el
almirante don Diego Colom proveyó por
su teniente en la gobernagion de aquella
isla á un hidalgo natural de Portillo, que
era vegino de la ci dad de Sanctiago,
llamado Gongalo de Guzman , el qual es-
tuvo en el cargo desde el año de mili é
quinientos é veynte é ginco hasta el año
de mili é quinientos é treynta é dos, que
por mandado de Sus Mageslades fué á le
tomar residengia el ligengiado Johan de
Vadillo, uno de los oydores desta Audien-
giaReal; y fecha, se fué Gongalo de Guz-
man en seguimiento de la corte de Su*
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XX.
5i3
Mageslades, é quedó por teniente de go-
bernador, en nombre del almirante don
Luis Colom, en aquella isla un hidalgo,
natural de la villa de Guellar, llamado
Manuel de Rojas, hombre sabio é noble.
Pero después tornó el mismo Gongalo
de Guzman á la misma gobernagion é
ofGgio , en nombre del almirante don
Luis Colora , hasta el año de mili é qui-
nientos é treynta y siete, que se dio
gierto assiento en los pleytos, qnel almi-
rante tractaba sobre sus previlegios con
el fiscal real mucho tiempo avia. É el
Emperador , nuestro Señor , como gratís-
simo Príngipe , ovo por bien de mandar
fenesger tales leligios , por respecto de
los serv^gios del primero almirante, don
Ghripstóbal Colom , ¿juntamente con esso
por el mucho deudo que con Sus Mages-
tades tiene la illustre visoreyna de las
Indias , doña Maria de Toledo , madre del
almirante tergero que agora es, don Luis
Colom. É le confirmó el almirantadgo
perpetuamente para él é sus subgessores,
é le hizo merged de la provincia de Ve-
ragua , en la Tierra-Firme , con título de
duque, é le hizo merged de la isla de Ja-
máyca ( alias dicha Sanctiago ) , con títu-
lo de marqués della ; é demás desto lo
hizo merged de diez mili ducados de oro
perpetuos en las rentas reales é derechos
pertenesgientes á Sus Magostados en esta
Isla Española ; é le confirmó el alguagi-
ladgo mayor desta cibdad de Sancto Do-
mingo é de la Real Charigilleria que aqui
reside, con voto en el regimiento é ca-
bildo desta cibdad , por título de mayo-
radgo perpetuo para el dicho almirante
don Luis é sus subgessores ; é le hizo
otras mergedes á él é á su madre. En lo
qual esta señora é su diligengia é pru-
dengia fueron mucha causa , é me pares-
ge que sus hijos le deben tanto ó quassi
como á su abuelo , porque no es de me-
nos loor ó mérito conservar las hagien-
das ú honores que adquerirlos y ganar-
los. É assi como á Rómulo dan la gloria
de la fundagion de Roma *, no se le atri-
buye menor renombre á Camilo en la de-
fender de la gálica furia , pues que si por
él no fuera , su memoria é señorio peres-
gieran. Y assi digo desta señora , la qual
con la fuerga de su ingenio é sufrimien-
to, é no sin muchos gastos é trabaxos de
su persona en la mar y en la tierra , fué
á España á seguir los pleytos que su ma-
rido el almirante don Diego tenia pen-
dientes ante la Cesárea Magostad : é dio-
so tan buena maña en ellos, que por los
respectos ya dichos é por los méritos
desta señora ovieron fin é buen evento
los debates é letigios , é su hijo queda
gran señor , como es dicho , é mejorado
en títulos de honor é de mucho Estado é
grandega. É assi resumió Su Magostad por
este assiento y equivalengia lajurisdigion
quel almirante solia ó pretendía desta is-
la é de la de Cuba é de todas las otras
partes é provingias de las Indias, islas é
Tierra-Firme del mar Ogéano é de don-
de estaba en costumbre de poner sus te-
nientes é ofigiales el almirante: los qua-
les ovieron fin por la recompensa que es
dicho , é Gongalo de Guzman fué el últi-
mo teniente del almirante en la isla Fer-
nandina.
í TifoLivio, dcc. I, lib. V, cap. 47.
^4i
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XXI.
Cómo después quel almiranle fué excluido de la jurisdicion de la isla de Cuba ó Fernandina por el assienlo
ques dicho, é remuneración que Sus Magestades le hicieron, fué á gobernar aquella isla Fernando de Solo
por capitán general de Sus Mageslades, é con título de adelantado de la Florida.
D,
'ado assiento en los pleytos del almi-
rante , como se dixo en el capítulo de su-
so, y excluido él é sus offigiales de la
administragion de la justigia en aquella
isla Fernandina , el Emperador , nuestro
señor , hizo su gobernador é capitán ge-
neral de la isla é de la provingia de la
Florida é sus anexos en la Tierra-Firme
á la parte del Norte , que avia descubier-
to el adelantado Johan Ponge de León, á
Hernando de Soto, el qual es uno de
aquellos milites del gobernador Pedrarias
de Ávila , del qual en las cosas de Tier-
ra-Firme en muchas partes se hage men-
gion de su persona , porque es de los an-
tiguos en aquellas partes , é al cabo se
halló en la prisión de Atabaliba, donde
fué uno de los que mas parte le cupo de
aquellos despojos. É puso tanta parte de-
llos en España , que fué fama que con
mas de gient mili pesos de oro se vido en
Castilla , donde por sus servigios y méri-
tos fué muy bien tratado del Emperador,
nuestro señor, é le hizo caballero del
Orden militar del apóstol Sanctiago é
otras mergedes , é le hizo su gobernador
é general capitán en lo ques dicho. É es-
tando allá en Castilla, se casó con una de
las hijas del gobernador Pedrarias Dávi-
la, llamada doña Isabel de Bovadilla, co-
mo su madre , muger de gran ser é bon-
dad é de muy gentil juigio é persona , é
con ella fué á la isla Fernandina, donde
llegó en el mes de * del año de
mili é quinientos é treynta y nueve años.
É después que ovo visitado la isla é pue-
blos della , é proveydo en lo que conve-
nia al buen estado é substentagion de la
tierra , dio orden en armar é passar á la
Tierra-Firme á la conquista é poblagion
é pagificagion de aquellas pro vingias que
por Su Magostad le fueron encomenda-
das : en la qual empresa se siguieron las
cosas que la historia dirá en los capítu-
los siguientes.
CAPITULO XXII.
De la partida del gobernador Hernando de Solo desde la isla de Cuba , alias Fernandina, para la tierra sep-
tentrional de la Tierra-Firme , é de la armada é gente que llevó para su descubrimiento , é del Irabaxo que
tovieron en su desembarca^ion , y qué número de caballos é otras cosas llevó , y cómo se cobró un chrips-
tiano, llamado Johan Ortiz, que estaba perdido é andaba desnudo, como los indios.
JLIomingo á diez é ocho de mayo de
mili é quinientos é treynta é nueve años
* En el códice original, que tenemos á la vista,
hay un claro que debió ser ocupado por el nom-
bre del mes, en que Hernando de Soto aportó á la
isla de Cuba. Cómo desde la mitad del capítulo XX
fué añadido por el autor lo restante de este li-
bro XVII , no es ya posible fijar el mes, á que se
sahó de la villa de la Habana el gober-
nador Hernando de Soto con una gentil
refiere Oviedo ; pues que es inútil consultar lo im-
preso; sin embargo , parece indudable que Hernan-
do de Solo hubo de llegar á la isla Fernandina
en febrero ó marzo , atendidos los datos que el mis-
mo autor suministra en este y en el siguiente capí-
tulo.
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXII.
54íi
armada de nueve navios , los ginco do
gavia , y dos caravelas y dos verganlines;
y á veynle é ginco del mismo mes , que
fué dia de Pasqua del Espíritu Sánelo,
se vido tierra en la costa septentrional
de la provincia de la Florida , y llegó la
armada á surgir dos leguas de tierra
en quatro bragas de fondo ó menos.
É el gobernador saltó en un vergantin
por llegar á ver la tierra, y con él un
gentil-hombre, llamado Jolian de Añasco,
y el piloto principal del armada , llama-
do Alonso Martin , para reconosger qué
tierra era aquella, porque estaban dubdo-
sos del puerto é á qué parte lo tenian; y
no se gertiíicando desso , viendo que la
noche se agercaba , quissieron volverse á
los navios , y no les dio lugar el tiempo,
porque era contrario : por manera que
surgieron junto á tierra é saltaron en ella
é hallaron rastro de muchos indios y un
buhío de los granffes que en Indias se ha
visto y otros pequeños. Díxose después
que aquel era el pueblo de Ogita.
No tuvo poco peligro el gobernador y
los que con él estaban , porque eran pocos
é sin armas , y no era menos la congoxa de
los que quedaron en los navios de ver en
tal estado á su general capitán, porque
ni le podian socorrer ni ayudar, si en
nesgessidad se viesse. En fin tanto cuy-
dado fi'tp descuydo é demasiada diligen-
gia ó falta de prudengia del gobernador,
porque aquellas cosas son dedicadas á
otras personas é no al que há de gober-
nar é regir la hueste, é bastara mandar
á un capitán de los inferiores que saliera
para aquel reconosgimiento é seguridad
del piloto que avia de salir á reconosger
aquella costa. Y estovieron alli los na-
vios en harto trabaxo y toda la armada,
en que avia quinientos é septenta hom-
bres sin los marineros , y con estos llega-
ban bien á septegientos hombres.
Otro dia, lunes por la mañana, el ver-
gantin estaba bien decaydode los navios
TOMO 1.
y trabajando por arribar á ellos y en nin-
guna manera podía, \iendo esto Balta-
sar de Gallegos , dio grandes voges á la
nao capitana para que el general tenien-
te , que era un caballero llamado Vasco
Porcallo, proveyese lo que mejor fuesse;
y cómo no le oían , por socorrer al go-
bernador, mandó levantar una caravela
grande en queste gentil hombre venia
por capitán, y que fuesse hágia donde el
vergantin paresgia: y aunque desso le
pesó al gobernador , ello fue bien fecho,
pues quo era en su servigio y por socor-
rer su persona. En fin llegó á donde el
vergantin estaba, de lo qual el goberna-
dor resgibió mucho plager. Ya en esta sa-
gon el puerto estaba reconosgido , é el
otro vergantin puesto á la canal por se-
ñal para los navios , é el vergantin del
gobernador se vino delante hasta poner
la misma caravela en la canal del puer-
to ; é mandó que ella se estuviese al un
lado de la canal y el vergantin al otro,
para que los navios pasüssen por medio:
los quales ya se comengaban á hager á
la vela que estarían de alli quatro ó cin-
co leguas, é fué menester quel goberna-
dor fuesse á mostrarles la via^ porquel
piloto mayor estaba en el vergantin, é
porque por alli hay muchos baxos, y aun
con todo esso tocaron dos navios, é como
era arena el fondo, no resgibieron daño.
Este dia ovieron malas palabras el go-
bernador é Johan de Añasco que yba por
contador de Sus Magestados, lo qual el
gobernador dissimuló y sufrió. Entraron
los navios en el puerto con la sonda en
la mano, y algunas veges tocaban, y có-
mo era lama passaban adelante , por lo
qual se detuvieron ginco días sin desem-
barcarse, pero alguna gente saltaba en
tierra y traían agua é hierva para los ca-
ballos. Mas en fin, los baxos no dieron
lugar á que llegassen cargados los na-
vios á donde el pueblo estaba y quatro
leguas atrás surgieron ; y viernes que se
C9
546
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
contaron treynta de mayo, comongaron á
echar los caballos en tierra. La tierra dó
se desembarcaron , está nortesur con la
isla de la Tortuga , que está en la boca de
la canal de Baliamá ; é el cagique ó se-
ñor de aquella tierra se llamaba Ogita,
y está diez leguas al Poniente de la bahía
de Johan Ponge.
Assi como algunos caballos fueron
en tierra, cabalgaron el general Vas-
co Porcallo de Figueroa y Johan de
Añasco y Frangisco Osorio para ver al-
go de la tierra , y hallaron diez indios
con arcos y flechas que también venian,
como hombres de guerra , á reconosger
estos huéspedes chripstianos y entender
qué gente eran , y hirieron dos caballos,
y los españoles mataron dos indios de
aquellos y huyeron los demás. Fueron en
aquella armada dosgientos é quarenta é
tres caballos, y de aquessos murieron
en la mar diez é nueve ó veynte, y to-
dos los restantes salieron en tierra, y
desembarcados, fueron con los verganti-
nes el general y alguna gente de pié á
ver el pueblo , y volvió un hidalgo , lla-
mado Gómez Arias, en el uno y dio bue-
nas nuevas de la tierra , y dixo assi mis-
mo cómo la gente estaba algada. El do-
mingo primero de junio deste año ya di-
cho de millé quinientos é treynta é nueve
años, dia de la Trinidad, caminó este
exérgito por la tierra adentro hágia el
pueblo , llevando por guia quatro indios
que Johan de Añasco avia tomado quan-
do fué á descobrir el puerto ; y desatina-
ron algo , ó porque no los entendian los
chripstianos ó porque essos no degian
verdad, por lo qual el gobernador se
adelantó con algunos de caballo ; y cómo
no tenian experiengia de la tierra, can-
saron los caballos tras venados y con
aguas y giénegas que passaron y doge
leguas que andovieron hasta enfrente del
pueblo, el ancón del puerto en medio, de
manera que no pudieron doblar el ancón,
y derramados en muchas parles durmie-
ron aquella noche bien cansados y con
ninguna orden de guerra. En toda aque-
lla semana llegaron los navios gerca del
pueblo , descargándolos poco á poco con
bateles, y assi echaron toda la ropa é
mantenimientos que llevaban. Algunos
caminos avia y nadie sabia ni atinaba
quál se debia tomar para que se hallase
gente de los naturales de la tierra : los
quatro indios que tenian, no los entendian
sino muy poco y por señas , y para guar-
dallos avia mal recabdo porque no tenian
prisiones. Martes tres de junio tomó el
gobernador posession de la tierra en
nombre de Sus Magostados con todas las
diligengias que se requieren , y envió
uno de los indios á persuadir é convidar
con la paz á los cagiques comarcanos ; é
la misma noche huyeron los dos indios
de tres que quedaban , y fué mucha ven-
tura no se yr todos tres, lo qual les pu-
so á los chripstianos en mucho cuy-
dado.
Otro dia miércoles envió el gobernador
al capitán Baltasar de Gallegos con el in-
dio que les quedaba, á buscar alguna gen-
te ó pueblo ó casa al tiempo que el sol
se ponia , yendo fuera de camino, por-
que el indio que era la guia, los llevaba
desatinados y confusos: plugo á Dios que
vieron de lexos hasta veynte indios em-
bixados (ques gierta ungion roxa que los
indios se ponen , quando van á la guerra
ó quieren bien paresger), y llevaban mu-
chos penachos é sus arcos y flechas. É
cómo corrieron los chripslianos contra
ellos, los indios huyendo se metieron en
un monte, é uno dellos salió al camino
dando voges é digiendo: «Señores, por
amor de Dios y de Sánela Maria no me
matéis: que yo soy chripstiano, como vo-
sotros , y soy natural de Sevilla y me lla-
mo Johan Ortiz.» El plager que los chrips-
tianos sintieron fué muy grande en les
dar Dios lengua é guia en tal tiempo, de
DE IKDIAS. LIB. XVH. GAP. XXII.
547
que teniaa grande nescessidad. É coa
este plager muy ufanos todos, volvió
aquella noche bien tarde Baltasar de Ga-
llegos al real, y todos los indios que ve-
nían con él, y los españoles del exérgito
se alborotaron mucho, creyendo otra cosa
é se pusieron en armas ; pero reconosQi-
do lo que era, fué mucha el alegría que
todos ovieron , porque estimaron que por
medio de aquella lengua harían mejor sus
fechos. Y sin perder tiempo, el sábado si-
guiente determinó el gobernador de yr
con aquel Johan Ortiz, lengua , al caci-
que que lo avia tenido, que se degia Mo-
coso, por le hager de paz é traerle á la
amistad de los chripstianos , el qual aten-
dió en su pueblo con sus indios é muge-
res é hijos sin faltar nadie, é quejóse al
gobernador, de los cagiques Orriygua,
Neguarete, Qapaloey é Egila, que son
cagiques todos quatro de aquella costa,
digiendo que lo amenagaban poi-que este
cagique tomaba nuestra amistad é holga-
ba de dar aquel chripstiano lengua á los
chripstianos. El gobernador le hizo degir
con la misma lengua que no temiesse de
aquellos cagiques ni de otros , porquel lo
favoresgeria y los chripstianos todos y
muchos mas que avian de venir presto
serian sus amigos é le ayudarían é favo-
resgerian contra sus enemigos. Este mis-
mo dia salió el capitán Johan Ruiz Lobi-
llo con hasta quarenta soldados á pié la
tierra adentro , é dio en unos ranchos , é
no pudo tomar sino dos indias: é perlas
cobrar, le siguieron nueve indios tres le-
guas flechándole , y le mataron un chrips-
tiano y le hirieron tres ó quatro sin que
les pudiesse hager daño alguno , puesto
que tenia arcabugeros y ballesteros, por-
que aquellos indios son tan sueltos y tan
buena gente de guerra , como en todas
las nasgiones del mundo se pueden ver
hombres.
CAPITULO XXIII.
Cómo la guerra se comentó á encender é se hizo crudamente , é cómo el teniente general se tornó á la isla
de Cuba , c cómo el gobernador partió de aquel puerto del Spíritu Sánelo la tierra adentro, é de !o que á el
é su gente les acaesció hasta los diez de agosto del mismo año de millé quinientos é treynta y nueve años.
HiSte gobernador era muy dado á essa
montería de matar indios, desde el tiem-
po que anduvo militando con el gober-
nador Pedrarias Dávila en las provingias
de Castilla del Oro é de INícaragua, é
también se halló en el Perú y en la pri-
sión de aquel gran príngipe Atabaliba,
donde se enriquesgió: é fué uno de los que
mas ricos han vuelto á España , porquél
llevó é puso en salvo en Sevilla sobre
gient mili pesos de oro , y acordó de vol-
ver á las Indias á perderlos con la vida,
y continuar el exergigío, ensangrentado
del tiempo atrás que avia usado en las
partes ques dicho. Assi que, continuando
su conquista, mandó al general Vasco Por-
callo de Figueroaque fuesse áOgíta, por-
que se dixo que alli avia junta de gente,
é ydo allá este capitán , halló la gente
algada, y quemóles el pueblo, y aperreó
un indio que llevaba por guia. Ha de en-
tender el letor que aperrear es hager que
perros le comissen ó matassen, despeda-
gando el indio, porque los conquistadores
en Indias siempre han usado en la guerra
traer lebreles é perros bravos é denoda-
dos; é por tanto se dixo de suso montería
de indios. Assi que, dessa forma fué muerta
aquella guia, porque mentía é guiaba mal.
En tanto que Vasco Porcallo hagia lo
que se ha dicho, envió el gobernador
otro indio por mensajero al cagique Or-
riparacogí , el qual no volvió porque una
india le dixo que no volviesse, y por
ello fué aperreada. Ovo entre los de
aqueste exérgito diversos paresgeres so-
518
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
bre si seria bien poblar alli ó no, por-
que la tierra paresgia estéril, como á
la verdad aquella costa en tal fama está,
á causa de lo cual el gobernador deter-
minó de enviar al capitán Baltasar de Ga-
llegos á Orriparagi * con ochenta de
caballo y gient peones, é partió un vier-
nes á veynte de junio. É envió assi mis-
mo el gobernador á Johan de Añasco en
los bateles de los navios por la costa de
la mar con gierto número de peones, á
deshager gierta junta que los indios avian
hecho , ó ver é sentir qué cosa era. É ha-
llólos en una isla, donde tuvo una refrie-
ga con ellos , é mató con los versos de
la artillería que llevaba nueve ó diez in-
dios, é ellos flecharon ó hirieron otros
tantos ó mas chripstianos ; y porque no
les pudieron ha^ier dexar la isla , envió
por socorro , é el mensajero fue un hidal-
go, llamado Johan de Vega , é pidió gen-
te de caballo para tomarles la tierra fir-
me por donde avien de salir, porque con
la gente que tenia y la que mas fuesse,
penssaba entrar á pelear con los indios.
El gobernador envió á Vasco Porcallo
con quarenta de caballo y algunos peo-
nes ; pero ya quando esse socorro llegó,
se avian ydo los indios ; é los españoles
por no aver ydo en valde, corrieron la
tierra é ovieron algunas indias que truxe-
ron al real. Venido el Vasco Porcallo des-
sa entrada, tuvo algunos desabrimientos
con el gobernador (que en esta relación
se callan ) , que el historiador no pudo
acabar con quien le informó que le dixes-
se, por algunos respectos. É tomósse por
buen medio que Vasco Porcallo se volvies-
se á Cuba á mirar por las cosas de la go-
bernación de alli é proveer al goberna-
dor é su ejérgito, quando fuesse nesgessa-
rio, de lo queoviessen menester. Déla yda
(leste caballero pesó á muchos, porque era
amigo de buenos y hagia mucho por ellos.
Avia mandado el gobernador á Balta-
sar Gallegos que aunque no hallasse bue-
na tierra le escribiesse buenas nuevas,
por animar la gente; y aunque no era de
su condigion mentir , porque era hombre
de verdad , por complir el mandamiento
del superior , y aun por no desmayar la
gente , escribía siempre dos cartas de di-
ferentes tenores , una de verdades y otra
de mentiras ; pero essas mentiras con tal
arte dichas épor palabras equívocas, que
se podia entender lo uno y lo otro por-
que se lo mandaban , é á esto degia él
que mas fuerga ternia la carta de la ver-
dad para excusarse, que maligia la men-
tirosa para ofenderle. Y assi el goberna-
dor no mostraba los renglones verdade-
ros: antes degia que aquello que no mos-
traba, eran avisos de grandes secretos
que adelante se manifestarían para mu-
cha utilidad de todos ; é las cartas equí-
vocas é mentirosas mostrábalas é dába-
les él unas declaragiones, como le pa-
resgia.
Y cómo aquellas cartas, aunque no
prometían cosa gierta , daban esperangas
é indigios que movían los deseos para yr
adelante á sahr de tales dubdas; pero
como los pecados del hombre son causa
que la mentira algund tiempo halla cabida
é crédito , cayó en todos una conformi-
dad , é pidieron unánimes la entrada de
la tierra adentro , que era lo que el go-
bernanor urdía , y desto pesaba mucho á
los que mandaban alli quedar con el ca-
pitán Calderón , que fueron quarenta de
caballo é sesenta peones, en guarda del
pueblo y mantenimientos y del puerto
y vergantines y bateles que quedaban,
porque todos los navios se avian despa-
chado á la Habana. Ávido este acuerdo por
bueno el gobernador se partió del pueblo y
puerto del Spíritu Sancto (llamado assi
por el día que allí llegó el gobernador é
Antes había escrito Orriparacogi.
DE INDIAS. LIB. XVll. GAP. XXIII.
¿)49
su armada) , y esta partida fué un martes
quinge de jullio del mismo año mili é
quinientos é treynta y nueve años, é
fueron á dormir aquel día al rio de Mo-
coso, llevando en la refaga muchos puer-
cos que avian passado en el armada para
alguna forgosa nesgessidad; é liigiéronse
dos puentes, por donde este exérgito pas-
só el rio. Otro dia fueron á la laguna del
Conejo , é diósele aqueste nombre por-
que un conejo que se levantó en el real,
les espantó todos los caballos , é volvie-
ron sueltos huyendo atrás mas de una le-
gua sin les quedar alguno , y todos los
chripstianos se derramaron por yr tras
los caballos desarmados : que á dar in-
dios en ellos , aunque fueran pocos , tu-
vieran los españoles su meresgido , é en
pago de su mal recabdo, estuvo bien apa-
rejada una vergongosa difinigion de guer-
ra. Recogidos sus caballos, fueron otro
dia á la laguna de San Johan , é otro dia
con muy regio sol fueron á una savana,
y llegó la gente muy fatigada , y murió
de sed un despensero del gobernador
que se degia Prado , é muchos se vieron
en mucho trabaxo de los peones , y no
dexáran de acompañar otros al despen-
sero, si no los socorrieran los de caba-
llo. Otro dia fueron á la gabana de Gua-
goco , é dio la gente en los mahizales , é
Iruxeron mahiz verde , con que se ale-
graron mucho , por ser el primero que
vieron en aquella tierra. Otro dia tempra-
no llegaron á Luca , bonico pueblo é alli
vino Baltasar Gallegos á verse con el go-
bernador.
El lunes adelante, veynte é uno de ju-
lio , se juntaron con la gente que tenia
Baltasar Gallegos , él gobernador envió
mensajero á Urriparacoxi *, é no vino res-
puesta ; y el miércoles , veynte é tres del
mes ya dicho , partió el gobernador é su
exérgito é fue á Vigela , é passó á dormir
adelante ; é el jueves fueron á dormir á
otro pueblo que se dige Tocaste , el qual
está en un lago grande. Y este mismo dia
salió el gobernador con ajgunos de á ca-
ballo , camino de Ocale, porque le avian
dicho grandes nuevas de la riquega que
alli penssaba hallar. É cómo vido los ca-
minos anchos, penssó que ya estaba
las manos en la presa, é mandó á uno
de sus milites, dicho Rodrigo Ranjel,
porque demás de ser buen soldado é
hombre de bien tenia buen caballo , que
volviesse al real por mas gente que
viniesse á le acompañar; é aquel escu-
dero fue, aunque no sin sospecha de lo
que le pudiera acaesger , pues que que-
dando con el gobernador diez de caba-
llo, le paresgian pocos, é enviaba á aquel
hidalgo solo é por tierra de enemigos é
malos passos , que aunque le tomaran al-
guno, avia de morir ó passar por fuerga
y no volver sin respuesta , y por pares-
gerle vergüeuga pedir compañía, abajó
su cabega é obedesgió. Pero no le loo tal
determinagion , pues que en la verdad en
las cosas nesgessarias y manifiestas hay
ligengia para que con razón se refiera al
príngipe que lo provea, como él sea mas
servido y sus mandamientos mejor se
puedan efetuar. Lo que este dia le acaes-
gió á este mensajero eqüestre no lo qui-
so degir, por ser lo que dixesse en pro-
pria causa ; pero basta quél tenia bien
probada su intengion de valiente hom-
bre , é topó hartos indios que yban por
el rastro del gobernador, é passó ade-
lante. É llegado al real, el maestro de
campo le dio catorge de caballo , con los
* Cada vez que nombra Oviedo á este cacique,
escribe su nombre de diferente modo : primero dijo
Orriparacogi ; después Orriparagi; ahora Urripa-
racoxi. Esto prueba la variedad con que los espa-
Tioles pronunciaban los nombres americanos , no
acostumbrándose su oído á percibirlos distinta y
claramente. Lo mismo sucede en otros muchos pa-
sajes de Ja segunda y tercera parte de estas his-
torias.
650
HISTORIA GEiNERAL Y iNATURAL
quales cresQió, é fue el número de los
caballos que el gobernador tenia veynte
ó seys. Otro dia , viernes , se movió el
real por el rastro del gobernador, y en
el camino hallaron dos de caballo que el
gobernador envió al maestro de campo,
que era un caballero que se llamaba Luis
de Moscoso , al qual le enviaba á mandar
que no se moviesse , é tornáronse á dor-
mir á donde salieron , porque ovo una
guasábara (que es lo mismo que escara-
muga ) con los indios y mataron un ca-
ballo de don Carlos Enriquez , yerno del
gobernador, casado con su sobrina, na-
tural de Xerez de Badajoz , é hirieron al-
gunos chripstianos é padesgieron mucha
uesgessidad de hambre, porque comian
las magorcas del mahiz con los maslos ó
madera (que es cassi) sobre que nasgen
los granos. Otro dia, sábado, halló el go-
bernador los caminos mas anchos y bue-
na dispusigion de tierra, é envió otros
dos de caballo por otros treynta , é envió
á degir quel real se moviesse en su se-
guimiento. É el maestro de campo envió
á Ñuño de Tovar con treynta de caballo,
é él se movió, segund el gobernador le
envió á mandar. El gobernador con los
veynte y seys de caballo que con él yban,
llegó dia de Sancta Ana al rio ó giénega
de Cale, y era de grand corriente é an-
cho , é passáronle con grand dificultad,
y adonde no avia nesgessidad de puente
passaban á los pechos y á la barba el
agua , con la ropa é sillas en las cabe-
gas mas de tres tiros de ballesta. Los
treynta de caballo que llevaba Ñuño de
Tovar, passaron el domingo siguiente , é
la corriente les llevó un caballo y se les
ahogó : é viendo esto, passaron los res-
tantes con sogas , como lo avian hecho
los que passaron primero con el gober-
nador. Llegó esta gente é su gobernador
al primero pueblo de Ocale , que llama-
ban Uqueten , donde se tomaron dos in-
dios; y luego se proveyó que algunos de
caballo y las agémilas que de Cuba avien
llevado, fuessen con mahiz é socorro de
comida para los que yban atrás, pues
alli hallaron abundangia ; y no les llegó
á mal tiempo porque los hallaron en
aquella giénaga comiendo hiervas y ray-
ges dellas asadas y otras cogidas, sin te-
ner sal , y lo que peor era sin las conos-
ger. Alegráronse con la llegada del bas-
timento , y la gula y nesgessidad que te-
nían les dio una refegion y sabor muy
agepto , é de tal gusto que avivó la dili-
gengia y sacaron fuergas de ílaquega, y
llegaron el martes siguiente essos pos-
treros de la regaga á donde el goberna-
dor Hernando de Soto estaba; pero ya
le avian herido algunos soldados que se
desmandaban, y avien muerto un balles-
tero que se degia Mendoga. Junto el real,
fueron á Ocale , pueblo de buena comar-
ca de mahiz ; é alU , yendo por mante-
nimientos á Acuera , mataron los indios
en dos veges tres soldados de la guarda
del gobernador, é hirieron á otros é ma-
taron un caballo , y todo ello por mal
congierto, puesto que aquellos indios,
aunque son flecheros y de muy regios ar-
cos y muy diestros é gierlos punteros, no
tienen hierva sus flechas ni ellos saben
qué cosa es.
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXIV.
651
CAPITULO XXIV.
Cómo el gobernador, Hernando de Solo, prosiguiendo en su conquista, passó adelanle, é cómo los in-
dios le quisieron malar ó prender por engaño , por liberlar un cacique que llevaba consigo , é cómo un ca-
cique le dio una bofelada al gobernador que le bañó los dientes en sangre: é tráctanse oirás cosas convi-
nientes al discurso de la historia.
A los onge de agosto del mismo año
partió el gobernador de Ocale con gin-
qüenla de caballo y gient peones en bus-
ca de Apalache, porque avia mucha fama
que era do mucha gente, y quedó alli
Luys de Moscoso con el resto del real
hasta ver cómo subgedia lo de adelante;
y aquel dia fueron á dormir á Itaraho-
lata, buen pueblo y de harto mahiz. Alli
apretó un indio al capitán Maldonado y
le hirió mal el caballo , y le sacara la
langa de las manos, si no sobreviniera
acaso de ventura el gobernador, puesto
que el Maldonado era buen caballero é
de los mas valientes de aquel exérgito;
pero los indios de aquella tierra son gen-
te muy belicosa é indómitos é regios.
Otro dia fueron á Potano, é otro dia
miércoles llegaron á ülinamocharra , é
de alli fueron al pueblo de la Mala-Paz;
el qual nombre se le dio , porque avien-
do tomado en el camino Johan de Añasco
treynta personas de aquel cagique , por-
que se las diesen, envió á degir que que-
ría paz , é envió en su lugar á tractarla
un gandul que se creyó que era el mismo
cagique , é diósele su gente. Siguióse
que, huyéndoseles á los chripstianos este
indio oiro dia , se fué á meter en la mol-
titud de los indios que estaban en un ar-
cabuco, un perro gentil lebrel de Irlanda
que acudió á la grita y entró entre todos
los indios; é aunque passó por muchos, á
ninguno asió sino á aquel quel que avia
huydo que estaba entre la moltitud , y
túvole por el molledo del brago de tal
manera , que el indio se echó é le pren-
dieron. Otro dia llegaron los chripstianos
á un bonico pueblo , donde hallaron mu-
cha comida y muchas castañas pequeñas
apiladas muy sabrosas , naturales casta-
ñas; pero los árboles que las llevan no
son mas altos que dos palmos de tierra,
é assi nasgen en capullos erigados. Otras
castañas hay en la tierra que los españo-
les vieron é comieron que son como las
de España mismas, y en tan grandes
castaños nasgen é los árboles poderosos
é con la misma hoja é eriges ó capullos,
assi gordos é de muy buen sabor.
Fué aqueste exército desde alli á un rio
que llaman de las Discordias, é la causa
quiso callar el que dio esta relagion, por-
que como era hombre de bien, no acordó
de contar culpas ni flaquegas de sus ami-
gos. Aqueste dia higieron una puente de
pinos, que avia muchos alli, é otro dia
domingo passaron aquel rio con tanto ó
mas trabaxo que el de Ocale. El dia si-
guiente lunes llegaron á Aguacaleyquen,
y Rodrigo Ranjel y Villalobos , dos hidal-
gos, hombres eqüestres, pero hidalgos
(digo eqüestres porque eran en este exér-
gito hombres de caballo) , tomaron en un
mahigal un indio é una india , é ella les
mostró dónde estaba escondido el mahiz,
é el indio llevó al capitán Baltasar de
Gallegos, adonde tomó diez é siete per-
sonas, y entre ellas una india, hija del ca-
gique , que de razón esso avie de ser
causa que su padre viniesse á la paz;
pero sin essa quissiera él libertarla, si sus
engaños y astugias fueran no menos que
las destos conquistadores. A los veynteé
dos de agosto paresgió gran moltitud de
indios , é viendo el gobernador que la
552
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
tierra se mostraba ya mas poblada y de
mantenimientos, envió ocho de caballo
á toda diligencia á llamar al maestre de
campo , Luys de Moscoso , para que con
todo el real se fuesse á juntar con él ; y
no tuvo poca diligencia el maestre de
campo en complir aquel mandamiento,
é á los quatro de septiembre llegó donde
el gobernador estaba , é todos se holga-
ron de verse juntos ; porque como tenian
preso al cagique , temíase que los indios
se avian de juntar, y no era mal penssa-
do, por lo que paresgió adelante. Á los
nueve de septiembre partieron todos jun-
tos de Aguacaleyquen , llevando consigo
el cagique é á su hija y á un indio prin-
cipal que se degia Guatulima , por guia,
porque degia aquel que sabia mucho de
lo de adelante é daba muy grandes nue-
vas. É higieron una puente de pinos para
passar el rio de Aguacaleyquen , y fue-
ron á dormir á un pueblo pequeño. Otro
dia viernes fueron á Uriutina , pueblo
de alegre vista y de mucha comida, y
avia en él un muy gran buhio, en la
mitad del qual avia un gran palio. Ya
por alU avia buena poblagion. Desde que
salieron de Aguacaleyquen, yban y venian
mensageros de Ugachile , cagique gran-
de, tañendo con una flauta por girimo-
nia; y el viernes á doge de septiembre
llegaron estos chripslianos á un pueblo
que le llamaron de las Muchas-Aguas,
porque les llovió tanto , que no pudieron
salir de alli el sábado ni el domingo , é
salieron el lunes siguiente , quinge de
aquel mes , y hallaron una giénega muy
mala y todo el camino muy trabajoso , é
fueron á dormir á Napituca , que era un
pueblo muy alegre, de gentil assienlo y
mucha comida. Alli los indios usaron de
todos sus engaños é astugias por cobrar
su cagique de Aguacaleyquen , é llegó la
cosa á términos que el gobernador se
vido en harto peligro ; pero fueron en-
tendidos sus engaños y burlas , y hízose-
les otra mayor, desta manera. Juntáron-
se siete cagiques de aquellas comarcas
con sus gentes , é enviaron á degir al
gobernador que eran subjelos de Ugachi-
le , y que por su comission y voluntad
dellos querían ser amigos de los chrips-
lianos y ayudarlos contra Apalache, pro-
vingia regia enemiga de Ugachile y de-
llos, y que á esto avian venido indugi-
dos y rogados por Aguacaleyquen (que
es el cagique que los chripslianos traien
preso), y que temian entrar en el real y
ser detenidos : por tanto , que el gober-
nador llevasse consigo á Aguacaleyquen
é los saliesse á hablar en una savana
grande que alli avie , para platicar en
este negogio. Fueron entendidos sus
tractos y ageptado su mensage , y el go-
bernador salió á los hablar ; pero mandó
armar y cabalgar á los chripslianos, é
que á la señal de la trompeta diessen en
los indios. Assi que, salido á la savana
con solos los de su guarda y una silla
para se sentar, el cagique de Aguacaley-
quen consigo, apenas se ovo sentado el
gobernador, que quando estaba comen-
gándose la plática, se vido al momento
gercado de indios con sus arcos y fle-
chas , y por muchas partes venian otros
innumerables ; de tal forma , que el pe-
ligro se vido luego manifiesto que el go-
bernador tenia : é antes que la trompeta
se sonasse , el maestre de campo , Luys
de Moscoso , batió las piernas al caballo
digiendo: «Ea, caballeros, Sancliago,
Sanctiago, y á ellos.» É assi de golpe fué
la gente de caballo, alangeando muchos
indios, y no se les ganó el ardid sino
por la mano , é antuviarse los nuestros á
pelear , no obstante lo qual se defendie-
ron é pelearon como hombres de grande
ánimo , é le mataron el caballo al gober-
nador y mataron otro á un hidaldo, dicho
Sagredo, é hirieron otros. É después que
buen espagio duró la pelea , los indios se
pusieron en huyda , é acogiéronse á unas
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXIV.
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OO.Í
dos lagunas , c los españoles geicaroii la
una é la otra no pudieron, é tovieron
aquella gercada, velando toda la noche é
hasta la mañana que se rindieron é saca-
ron presos de alli trescientos indios é ginco
ó seys caciques en ellos. Uriutina quedó á
la postre solo, que no quiso salir hasta que
entraron unos indios de Ugachile á nado
por él y lo sacaron , y en saliendo , pidió
un mensagero para su tierra, y trahido le
dixo assi : « Mira , vete á los mios y díles
que de mí no tengan cuydado : que yo
he hecho, como valiente varón é señor, lo
que avia de hager , y reñí y peleé , como
hombre hasta que me dexaron solo : é si
me retruxe á esta laguna, no fué por
huyr la muerte ó no morir como á mí me
conviene , sino por animar á estos que
estaban dentro é que no se diessen ; y
que después que ellos se dieron , yo nun-
ca me rendí hasta que estos indios de
Ugachile, que son de nuestra nagion, me
lo rogaron diciendo que assi convenia á
lodos. Por tanto, que lo que les encargo é
ruego es que por mi respecto ni por otro no
tengan que hager con estos chripstianos,
que son diablos y podrán mas que ellos,
y que tengan por muy gierto de mí que
si oviere de morir, será como valiente
hombre.» Todo lo qual refirió luego é lo
declaraba al gobernador aquel Johan Or-
liz , lengua , ques aquel chripstiano que
la historia ha contado que hallaron en la
tierra , acaso de ventura. Los indios que
se tomaron de la manera ya dicha , se
llevaron á meter en un buliio atadas las
manos atrás; y andando entre ellos el
gobernador para conosger los cagiques,
animándolos para los traer á paz é con-
cordia, y habiéndolos desatar porque
fuessen mejor tractados que los otros in-
dios comunes, un cacique de aquellos,
assi como lo desataron , estando el go-
bernador á par del , algo el brago é dio
al gobernador tan grand bofetada que le
bañó los dientes en sangre y le hizo es-
TüMO I.
cupir mucha , por lo qual este y otros los
ataron á sendos palos é fueron asactados.
Otros indios higieron otras hagañas mu-
chas que no se podrían acabar descrebir,
segund al historiador dixo el que pres-
sente se halló; por lo qual el gobernador,
viendo que con tan pocos indios y sin ar-
mas los chripstianos estaban tan aflexidos,
noestándolo él menos, dixo assi: «Ová-
lame Dios, y si estuvieran aquí aquellos se-
ñores del Consejo, para que vieran cómo
se sirve Su Magestad en estas partes!» Y
aun porque lo saben díge el chronista que
han mandado gesar las tiranías y cruel-
dades , y que se tenga mejor orden en la
pagificagion de las Indias, para que Dios,
Nuestro Señor, y la Cesárea Magestad
mejor se sirva , y las consgiengias de los
conquistadores se aseguren , y los natu-
rales de la tierra no sean maltractados.
Martes veynte y tres de septiembre sa-
lió el gobernador é su exérgito de Napi-
tucay llegaron al rio de los Venados. Este
nombre se le dio porque alli truxeron los
indios mensajeros de Ugachile gierlos ve-
nados, que los hay muchos y buenos por
aquella tierra. É para passar este rio hi-
gieron una puente de tres grandes pinos
en luengo y quatro en ancho (los qua-
les pinos son perfetos y de los muy gran-
des de España), y acabando de passar el
rio todo el exérgito , que fue á los veynte
y ginco días de aquel mes, passaron el
mismo día por dos pueblos pequeños y
uno muy grande que se llama Apalu , y
llegaron á dormir á Ugachile; pero en
todos estos pueblos hallaron la gente al-
gada, é salieron algunos capitanes á ran-
chear y truxeron mucha gente. Partieron
de Ugachile el lunes adelante veynte é
nueve del mes , é passado un gran mon-
te, fueron á dormir á un pinar, é tornó un
mangebo, dicho Cadena, atrás sin lígengia
por una espada, é quísole hager ahorcar
el gobernador por ambos delictos , é por
ruego de buenas personas escapó. Otro
70
>'6i
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
(lia , martes Ireynla del mes de septiem-
bre llegaron á Agüe subjeto de Apalache,
é tomáronse algunas mugeres; é son ta-
les que una india tomó á un bachiller, lla-
mado Herrera, que quedaba solo con ella
é atrás de otros compañeros, é asióle de
los genitales y túvolo muy fatigado é ren-
dido, é si acaso no passáran otros chrips-
tianos que le socorrieran , la india le ma-
tara , puesto quél no queria aver parte en
ella, como libidinoso, sino que ella se
queria libertar é huyr. Miércoles primero
de octubre salió el gobernador Hernando
de Soto de Agile con su gente , é llega-
ron al rio ó giénega de Ivitachuco, é hi-
cieron una puente, é en un carrizal de
la otra parte estaba una gelada de indios
é flecharon tres chripstianos, é acabaron
de passar aquella ciénega el viernes si-
guiente á medio dia , é ahogóseles alli
un caballo é fueron á dormir á Ivitachu-
co é hallaron ardiendo el pueblo , que le
avian puesto fuego los indios. Domingo
Qinco de octubre fueron á Calahuchi , é
tomáronse dos indios y una india é ta-
sajos de venados en mucha cantidad , é
alli se les huyó la guia que llevaban.
Otro dia fueron adelante llevando por
guia un indio viejo que los traia perdi-
dos, é una india los llevó á Iviahica, ó
hallaron algada toda la gente , é otro dia
salieron de alli dos captianes é hallaron
toda la gente algada. Johan de Añasco
avia salido deste pueblo, é ocho leguas
del halló el puerto donde Pamphilo de Nar-
vaez se avia embarcado en las barcas que
hizo. Esto se conosgió por las calavernas
de los caballos y assiento de fragua y
pesebres y morteros que tenian hechos
para moler el mahiz, y por cruges he-
chas en los árboles. É invernaron alli é
estovieron hasta quatro de marzo del año
de mili é quinientos é quarenta años , en
el qual tiempo acaesQieron muchas cosas
notables con los indios, los quales son
valentíssimos hombres, y por lo que ago-
ra se dirá podrá el discreto letor conjec-
turar sus grandes ánimos é osadía. Dos
indios salieron á ocho de caballo, y
quemáronles dos veges el pueblo , y con
geladas les mataron muchos chripstianos
en veges, y aunque los españoles los per-
seguían y quemaban , nunca quissieron
venir de paz. Si á algunos indios corla-
ban las manos y naríges, no hagian mas
sentimiento que sí cada uno dellos fuera
un Mugió Sgévola romano. Ninguno de-
llos negó ser de Apalache por temor de
la muerte. Y en tomándole, que le pregun-
taban de á dónde era, respondía con so-
berbia: «De á dónde tengo de ser?., soy
un indio de Apalache.» Como quien daba
á entender que le ofendía quien penssase
que era de otra gente, sino de Apalache.
Acordó el gobernador de entrar mas
la tierra adentro, porque un indio mu-
chacho daba grandes nuevas de lo que
avia la tierra adentro ; y envió á Johan
de Añasco con treynla de caballo por el
capitán Calderón é la gente que avia
quedado en el puerto, y quemaron los
mantenimientos que dexaron y el pueblo,
é vínose el capitán Calderón por tierra
con toda la gente y Johan de Añasco vi-
no por la mar con los vergantines y ba-
teles hasta el puerto de Apalache. Sába-
do diez 6 nueve de noviembre llegó
Johan de Añasco al puerto, c luego se
despachó Maldonado en los vergantines
por la costa á descobrir puerto la vía del
hueste-ocgidente. Y en este tiempo lle-
gó el capitán Calderón con toda la gen-
te, menos dos hombres y siete caballos
que le mataron los indios en el camino.
Maldonado descubrió un puerto muy bue-
no y truxo un indio de una provingía
questá junto á aquella costa, que se dige
Achuse, é truxo una buena manía de
martas gebellinas (aunque ya en Apala-
che avian visto otras, pero no tales). Des-
pachóse el capitán Maldonado para la
Habana y salió de Apalache á veynte é
DE INDIAS. LIB. XVII. GAP. XXIV.
»• f» fLM
seys de hebrero de mili é quiaientos é
(juarenta años con ordenagion é manda-
miento del gobernador que acudiesse al
puerto que avia descubierto , y por aque-
lla costa donde el gobernador penssaba
acudir. La provincia de Apalache es muy
fértil é abundantíssima de mantenimien-
tos, de mucho maliiz é fésoles, é calaba -
gas, é fructas diverssas, é muchos vena-
dos, y muchas diverssidades de aves, y
gerca de la mar para pescados que hay
muchos y buenos, é es tierra aplagiblo
aunque hay giénegas ; pero son tiesas por
ser sobre arena.
CAPITULO XXV.
Cómo el gobernador Hernando de Solo é su gente partieron de íviahicaen demanda de Capachegui , é có-
njo la guia que llevaban desque no supo mas deto que adelante avia, se hizo endemoniado; é Iráelansc di-
versas cosas é muy notables.
J_ja partida de Iviahica, en demanda de
Capachequi, se comengó un miércoles tres
dias de margo de mili é quinientos é
quarenta años , é fué el gobernador con
su exérgito á dormir al rio de Guacuca,
é partidos de alli fueron al rio de Capa-
chequi , al qual llegaron el viernes ade-
lante temprano , é higieron una canoa ó
piragua para lo passar, y era tan ancho
el rio que Ghripstóbal Mosquera , que era
el mejor bragero , con una piedra á su
propóssito no alcangaba á lo passar. É
lomaron las cadenas en que traian los
indios con unas SS. de hierro regias jun-
tadas; é fechas una cadena de todas, ata-
ron el un cabo de la cadena de una van-
da y el otro de otra para passar la pira-
gua , é era tal la corriente que quebró la
cadena dos veges; é viendo esto ata-
ron muchas sogas é higieron dellas dos
é ataron la una á la popa é la otra á
la proa , y tirando de una parte y de la
otra, passaron la gente y ropa. Para
passar los caballos higieron sogas luen-
gas , é atábanlos al pescuego ; y aunque
la corriente los derribaba , tirando las
sogas los sacaban, pero con trabaxo, y
algunos medio ahogados. Éel miércoles,
nueve de margo , acabó de passar todo
el real el rio de Capachequi, y salieron
á dormir á un pinar. É otro dia , jueves,
llegaron al primero pueblo de Capache-
qui, el qual era de mucho mantenimien-
to; pero entre arcabucos ó tierra muy
gerrada de arboledas , é por esso passa-
ron á dormirá otro pueblo mas adelante,
é toparon una mala giénaga junto al pue-
blo , de mucha corriente , y antes de lle-
gar é ella passaron muy gran trecho de
agua á las ginchas y bastos de las sillas
de los caballos , de tal manera que aquel
dia no pudo acabar de passar todo el
real á causa del mal passo. Alli se des-
mandaron cient soldados con espadas y
rodelas , y otros tantos indios los desca-
labraron y mataron uno dellos , y mata-
ran á todos, sino fueran socorridos.
A los diez é siete de margo salieron de
Capachequi, é fueron á dormir á la Fuente
Blanca. Esta es una muy hermosa fuen-
te , de gran golpe de agua y buena , é
tiene pescado. É el dia siguiente fueron
á dormir al rio de Toa , donde higieron
dos puentes, é se ahogó el caballo áLo-
rengo Suarez , hijo de Vasco Porcallo. É
el domingo siguiente , veynte é un dias
del mes, llegaron al passo del rio de Toa,
é higieron dos veges puente de pinos, é
la corriente grande las quebró , é hízose
otra puente de tixeras en gierta forma que
dio un hidalgo, llamado Ñuño de Tovar,
de lo qual todos se reian , pero fué por
í)0
6
UISTOIUA GENERAL Y íNATÜRAL
verdad lo que aquel dixo ; é hecho , pas-
saron muy biea con aquella industria, y
el lunes acabó de passar todo el real , é
fueron á dormir á un pinar, aunque en
muchas partes divididos y mal ordena-
dos. É el martes temprano llegaron á
Toa , gran pueblo , é quiso el gobernador
yr adelante , é no le dexaron. Miércoles
veynte y quatro del mes salió de alli el
gobernador á media noche secretamente
con hasta quarenta de caballo, caballeros
é hijos dalgo, y tales que por diversos
respectos no los avia querido poner de-
baxo de otro capitán : é caminaron todo
aquel dia hasta la noche , que hallaron
un mal passo de agua y hondo , y aunque
era de noche le passaron, é andovieron
aquel dia doQe leguas ; é otro dia , que
fué Jueves Sancto de la Cena, por la ma-
ñana llegaron á la población de Ghisi, é
passaron un brago de un rio grande bien
ancho ú vuela pie , y aun buena parte del
á nado , é dieron en un pueblo que estaba
en una isla deste rio , donde tomaron al-
guna gente y hallaron de comer : é por
ser el lugar peligroso , antes que vinies-
sen canoas , se tornaron á salir por don-
de avien entrado , pero primero almor-
zaron de unas gallinas de la tierra que
llaman guanaxas , y de lomos de vena-
dos que hallaron assados en barbacoa,
ques como en parrillas. É puesto que era
Jueves Sancto, no ovo ninguno tan chrips-
liano que tuviesse escrúpulo de comerla
carne ; é llevólos alli el muchacho Perico
que truxeron de Apalache por guia, é
passaron á otros pueblos, é á un mal
passo de una giénega se ovieran de ane-
gar algunos caballos, porque los que
echaron á nado con las sillas passaban
sus dueños por un madero que atraves-
saba la corriente del agua ; é passando
assi un Benito Fernandez, portugués, ca-
yó del madero é ahogóse. Este dia lle-
garon á un pueblo donde vinieron indios
principales por mensajeros de Ichisi , é
uno dellos preguntó al gobernador , é la
dixo tres palabras, una en pos de otra,
desta manera : « Quién eres? qué quieres?
á dónde vas? » E truxeron pressentes de
cueros , mantas de la tierra , que fueron
los primeros dones en señal de paz; todo
lo cual fué Jueves Sancto y dia de la En-
carnagion. A las preguntas del indio res-
pondió el gobernador quél era un capi-
tán del gran rey de España ; que en su
nombre venia á darles a entender la fé
sagrada de Chripsto , y á que le conos-
giessen é se salvassen é diessen la obe-
diongia á la iglesia apostólica de Roma é
al Summo Ponlífige é Vicario de Dios que
alli resside, é que en lo temporal conos-
ciessen por rey é señor al Emperador,
rey de Castilla, nuestro señor, como sus
vassallos, é que les harían todo buen trac-
tamiento é los ternia en paz é justigia, co-
mo á los otros sus vasallos chripslianos.
El lunes veynte é nueve de margo salie-
ron de alli para Ichisi, y llovic? tanto, y
cresgió de tal manera un rio pequeño,
que si no se dieran mucha priessa á pasar,
peligraran todos los del exérgito. Este dia
salieron indios é indias á los resgebir:
venian ellas vestidas de blanco, épares-
gian bien , é daban á los chripstianos
tortillas de mahiz é unos manojos de ge-
bolletas ni mas ni menos que las de Cas-
tilla, tan gordas como la cabega del de-
do pulgar é mas. É fué aqueste un man-
jar que les ayudó mucho de ahy adelan-
te; y comíanlas con tortillas asadas y
cogidas y crudas, y érales gran socorro,
porque son muy buenas. El vestido blan-
co, de que aquellas indias venian vesti-
das, son unas mantas como de liengo
basto y algunas delgadas : hagen el hilo
dellas de las cascaras de los morales, no
de la primera sino de la de enmedio ; é
sábenlo benefigiar é hilar é aparejar tara-
bien y lexerlo , que hagen muy lindas
mantas , y pónensse una de la ginta aba-
xo y otra atada por un lado y metida
DE INDIAS. LIB. XVII. GAP. XXV.
do,
la cabega sobre los hombros, como aque-
llos bohemianos ó egipgianos que suelen
algunas veges andar vagabundos por Es-
paña. Es tal el hilo, que quien se halló
en esto me gerlificó que vido hilarlo á
las mugeres dessas cascaras de morales,
é hagerlo tan bueno como hilo de Por-
tugal de lo mas presgioso que procuran
en España las mugeres para labrar, y
mas delgado y parejo alguno y mas re-
gio. Los morales son ni mas ni menos que
los de España, y tan grandes y mayores;
pero la hoja mas blanda y mejor para se-
da , y las moras para comer mejores y
aun mayores que las de España , y tam-
bién les aprovecharon mucho muchas ve-
ges á los españoles, para se mantener.
Llegaron aqueste dia á un pueblo de
un cagique subjelo de Ichisi , bonico pue-
blo y de harta comida , é dióles de lo que
tenia de buena voluntad, é descansaron
allí el martes, é luego el miércoles, úl-
timo de margo , partieron el gobernador
é su exérgilo , é llegaron al Rio Grande,
donde tovieron muchas canoas, en que
passaron muy bien é llegaron al pueblo
del señor , el qual era tuerto , é dióles
muy bien de comer é quinge indios para
cargas. Y cómo era el primero que vino
de paz, no le quisieron fatigar mucho, é
estuvieron alli jueves primero de abril,
é pusiéronles en el gerro del pueblo una
cruz, é informáronlos con la lengua de
la sanctidad de la cruz, é resgibiéronla é
adoráronla con mucha devogion, á lo
que mostraban. Viernes, segundo dia del
mes de abril , partió este exérgito de alli
é durmieron en el campo , é á otro dia
llegaron á un buen rio , é hallaron bullios
despoblados , é ahy llegaron mensageros
de Altamaha é lleváronlos á un pueblo,
donde hallaron abundancia de comida,
é vino un mensagero de Altamaha con
un presente, é el dia "adelante Iruxeron
muclias canoas é passó el exérgito muy
bien. É desde alli envió el gobernador á
llamar al cagique Camumo,édixeron que
comia é dormia é andaba continuamente
armado, que nunca se quitaba las armas,
porque estaba en la frontera de otro ca-
gique llamado Cofitachequi , su enemigo,
é (|ue no vendría sin ellas , é el gober-
nador replicó é dixo que viniesse como
él quisiesse ; é vino é dióle el goberna-
dor una pluma grande é colorada con ar-
gentería , é el cagique la tomó muy ale-
gre , é dixo al gobernador : « Vosotros
soys del gielo , y aquesta pluma vuestra
que me days, puedo comer con ella : sal-
dré á la guerra con ella; dormiré con mi
muger con ella.» É el gobernador le dixo
que sí, que todo lo podía hager. Este ^.a-
mumo y essotros eran subjelos de un gran
cagique que se dige Ocute. Y este de la
pluma preguntó al gobernador que á
quién avia de dar de alli adelante el tri-
buto , si le daría al gobernador ó á Ocu-
te. É el gobernador sospechó que esla
pregunta fuesse dicha astutamente, é
respondió que él tenia á Ocute por her-
mano , que le diesse á Ocute su tributo
hasta que el gobernador le mandassc
otra cosa. Desde alli envió mensageros á
llamar á Ocute , é él vino alli , é el go-
bernador le dio un bonete de raso ama-
rillo, é una camisa, é una pluma, é pú-
sosse una cruz allí en Altamaha, é fué
bien resgibida. É otro dia jueves , ocho
días de abril , partió de ahy el goberna-
dor con su exérgito , é llevó consigo á
Ocute, é fueron á dormir á unos buhíos,
é el viernes llegaron al pueblo de Ocute.
É enojóse el gobernador con él , é tem-
blaba de miedo ; é luego vinieron mucho
número de indios con mantenimientos, é
dieron quantos indios de carga quisieron
los chripstianos, é púsosse una cruz, é
resgibiéronla con mucha devogion á lo
que paresgia , é adoráronla de rodillas,
como vían que los chripstianos lo ha-
gien. Lunes, doge de abril, partieron de
Ocute é llegaron á Cofaqui , é vinierou
3o8
HISTORIA GENEIUL Y NATUllAL
principales con dones. Era este cagique
Gofaqui un hombre viejo , lleno de bar-
bas , é gobernaba por él un sobrino su-
yo. Vino ahy el cacique Tatofa é otro
principal, é dieron su pressente é comi-
da é tamemes lodos los que ovieron me-
nester, que en aquella lengua lámeme
({uiere tanto degir como indio de carga.
El jueves , quinge de aquel mes , comen-
ró á desatinar aquel Perico , que era el
indio muchacho que llevaban por guia
desde Apalache, porque no sabia ya mas
de la tierra, é hízose endemoniado, é
súpolo hager tan bien , que los chripslia-
nos penssaron que era verdad; é díxole
un religioso que llevaban , llamado fray
Johan, el Evangelio. Pero en efeto ovie-
ron de tomar guias , que les dio Talofa,
para yr á Cofitachequi por un despobla-
do de nueve ó diez dias de camino.
Esto maravillado muchas veges de la
tahurería ó tesón ó pertinacia, ó sea cons-
tancia, porque parezca mejor la continua-
ción destos burlados conquistadores , de
un trabaxo en otro , y de otro en otro
mayor, y de un peligro en otros y otros,
aqui perdiendo un compañero é alli tres,
ó acullá mas y de mal en peor, sin es-
carmentar. ¡ Oh maravilloso Dios , y qué
ceguedad y embelesamiento debaxo de
una cobdicia tan incierta y tan vana pre-
dicación , como la que Hernando de Soto
les podia decir á estos milites engañados
que llevó á una tierra, donde nunca es-
tuvo ni puso los pies en ella , é donde
otros tres gobernadores mas expertos que
él se avian perdido, que eran Johan Pon-
ce, Garay é Pamphilo de Narvaez, que
qualquiera dellos tenia mas experiencia
que él en cosas de Indias , é eran perso-
nas de mas crédito que él en esso; por-
que él ni de las islas ni de la tierra del
Norte ninguna cosa sabia sino de la go-
bernación de Pedrarias , en Castilla del
Oro é Nicaragua , é del Perú , que era
otra manera de abarraxar indios; y pens-
só que aquello de acullá le bastaba saber
para lo de acá en la costa del Norte , y
engañóse , como la historia lo dirá 1
Tornemos á la historia é camino desle
capitán ó gobernador : que yo á él y á
los tres que dixe de suso , y al licencia-
do Ayllon , que también se perdió en essa
tierra del Norte, bien los conoscí é ha-
blé é comuniqué. Viernes, diez é seys
del mes, fué este gobernador é su gente
á dormir á un arroyo camino de Cofita-
chequi , é otro dia passaron un grandís-
simo rio , dividido en dos bracos , mas
ancho que un gran tiro de arcabuz , é
tenia muy malos vados de muchas lajas é
daba á los estribos y á partes á los vas-
tos : la corriente era muy recia , no avia
hombre de caballo que osasse tomar peón
á las ancas. Los peones passaron por mas
alto del rio por mas hondo, desla ma-
nera. Hacian una muela de treynta ó
quarenta hombres asidos unos con otros,
y assi passaban, teniéndose los unos á los
oíros; y aunque algunos estovieron en
mucho peligro , plugo á Dios que ningu-
no se aliogó, porque con los caballos so-
corrian , y dábanles el qüento de la langa
ó la cola del caballo , é assi salieron to-
dos é durmieron en un monte.
Este dia perdieron muchos puercos que
les llevó la corriente de aquellos que
avian traydo mansos de Cuba. Otro dia,
domingo, fueron á otro monte ó boscaje
á parar , é otro dia , lunes , caminaron
sin camino é passaron otro rio muy gran-
de , é el martes fueron á dormir á par de
un arroyo, y el miércoles llegaron á otro
rio grandíssimo y malo de passar, el qual
era dividido en dos bracos de malas en-
tradas y peores salidas. É ya no llevaban
los chripstianos que comer , é con grand
trabaxo passaron este rio é llegaron á unos
ranciios de pescadores ó monteros , é los
indios que llevaba'n desatinaban, que no
sabian camino ni los españoles tampoco,
ni qué partido se tomassen, é entre ellos
DE LNDIAS. LIB. XVII. CAP. XXV.
559
avia diversos pares^eres. Unos debían
que tornassen atrás; otros degian que
fuessen por otro rumbo ó por otra via, é
el gobernador propuso, como siempre avia
seydo, que era lo mejor yr adelante , sin
saber él ni ellos en qué acertaban ni en
qué lo erraban. É estando en este laberin-
to perplexos, el viernes veynte é tros de
abril envió el gobernador á buscar cami-
nos ó pueblos desta manera: que Balta-
sar de Gallegos fue el rio arriba la via
del Norueste, é Johan de Añasco fue el
rio arriba la via del Sueste con cada diez
de caballo y rabión para diez dias. Y
aquel dia vinieron otros capitanes de des-
cobrir y no avien hallado nada. Y el sá-
bado el gobernador envió á Johan Ruiz
Lobillo con quatro de caballo la via del
Norte, con rabión para diez dias; y man-
dó malar de las puercas grandes que te-
nían en el exér^ito , y daban de ragion
una libreta á cada hombre de carne, y
con ella las hiervas y bledos que ellos se
buscassen, y assi suplían lo mejor que
podian su nesgessidad, no sin grand con-
futo étrabaxo, y los caballos sin comida
alguna , y ellos y sus dueños muertos de
hambre, sin camino, con muchas aguas
de continuo llover, cresgiendo continua-
mente los rios é ensangostándoseles la
tierra é sin esperanza de pueblos ni sa-
ber por donde los avian de yr á buscar,
llamando é pidiendo á Dios misericordia.
É remediólos nuestro Señor desla mane-
ra: quel domingo, veynte é ginco deabril,
vino Johan de Añasco con nueva que
avia hallado pueblo y de comer, é ale-
gró mucho la gente, é truxo lengua é
guia, é assi gesaron las ragiones de la
carne, é remediábase cada uno, como po-
día, con hiervas incónitas é bledos, por-
que la carne quedasse por buen respeto.
É el gobernador determinó luego de se
partir, y escripias unas cartas é puestas
en unos calabagos, las enterraron en un
lugar secreto , y en un árbol grande unas
letras que degian donde las hallarían. É
assi se partieron con Johan de Añasco un
lunes veynte é seys de abril. Este dia con
algunos de caballo (aunque pocos) llegó
el gobernador al pueblo que se dige Hy-
mahi, é el exérgito se quedó dos leguas
atrás, los caballos cansados. Hallósse en
este pueblo una barbacoa de mahiz y
mas de dos cahiges y medio de pinol
hecho, que es mahiz tostado. É otro dia
llegó el real é dieron ragiones de mahiz
é pinol; é avia infinitas moras, porque
avia muchos morales é era el tiempo do-
lías: que fue grande ayuda. Y también
se hallaron en las savanas unos moretes
que hay en Italia en unas hiervas y junto
á tierra , que son como madroños sabro-
sos y olorosos mucho , y aun en Galigia
hay muchos destos. En el reyno de Ñá-
peles se llama esta fructa fraoles, é es
una delicada é gentil cosa, é se estiman.
Y demás desso hallaron alli por los cam-
pos infinitas rosas, é naturales como las
de España ; y aunque no de tantas hojas
por ser silvestres, no son de menos olor,
sino mas fino é suave. A este pueblo lla-
maron del Socorro.
Otro dia llegó el capitán Alonso Ro-
mo , que también avia ydo á desco-
brir , é truxo quatro ó ginco indios , é
nunca quiso ninguno conosger el pue-
blo del señor ni descobrirlo , aunque
quemaron uno dellos vivo delante de
los otros, y todos sufrieran aquel marty-
rio, por no descobrirlo. Olro dia, miér-
coles, llegó Baltasar de Gallegos con una
india é nueva de poblado. Otro dia ade-
lante vino Lobillo con nueva de caminos,
é dexó perdidos dos compañeros, é rí-
ñeselo mucho el gobernador; é sin de-
jallo reposar ni comer, le hizo volver á
buscarlos con pena de la vida, si no los
truxesse. Y fue mejor mandado y mejor
fecho y proveydo que no quemar vivo
el indio de los que truxo Alonso Romo,
por no querer descobrir á su señor, por-
SGO
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
que á ese tal los romanos le pusieran una contra nadie, en especial contra un indio
estatua memorable en el foro, y á chrips- que quiso morir por ser fiel á su patria y
líanos no es congedida tanta crueldad á su señor; pero adelante se pagó todo.
CAPITULO XXVI.
Cómo el g'obernador Hernando de Solo fué al pueblo de Jalameco , e'^cómo la cacica, señora de aquella tier-
ra, le festejó é ochó al cuello un hilo de perlas que ella traia al cuello , é cómo hallaron otras muchas , é
por su culpa del gobernador quedó de hallar todas las que quisíesse* y cómo adelante se hallaron perlas
en nos de agua dulce, é otras muchas particulardades, convinientes al discurso destas historias.
N<
I o se maraville el letor si tan puntual-
mente el historiador progede por las
jornadas y rios y passos que este adelan-
tado y gobernador Hernando de Soto y
su exérgito llevaron por aquellas provin-
cias y partes septentrionales; porque en-
tre aquellos hidalgos que en todo ello se
hallaron, ovo uno llamado Rodrigo Ran-
jel, de quien se ha fecho y adelante se
hará mengion , que militaba en aquesse
exérgito , que queriendo entender lo que
via é cómo se le passaba la vida, escre-
bia á la jornada , á vueltas de sus traba-
xos, todo loque lessubgedia como sabio,
y aun por su recreagion; y aun porque
cada chripstiano lo debia hager para se
saber confesar é traer á la memoria sus
culpas, en espegial los que la guerra con-
tinúan, y aun porque los que han traba-
xado y passado por tan exgesivos traba-
xos huelgan después, como testigos de
vista , de lo comunicar y dar parte á sus
amigos , y para dar razón de sí, como de-
ben. Y assi este Rodrigo Ranjel vino, pas-
sadas todas essas cosas ya dichas é las si-
guientes, á esta cibdad de Sancto Domingo
de la Isla Española , é dio relagion en es-
ta Audiengia Real ** de todas estas cosas,
é le mandó é encargó que por escripfo
dixesse é me diesse á mi razón de todo,
para que, como chronista de Sus Mages-
tades destas historias de Indias, se aco-
mulasse é pussiese en el número dellas
aquesta conquista é descubrimiento sep-
tentrional se supiesse, pues tantas nove-
dades é peregrinas materias concurren
para deletagion del prudente letor, é
aviso de muchos que por estas Indias se
vienen á perder tras un goberdador que
assi dispensa de vidas agenas, como por
estas mis vigilias é renglones paresge.
Vengamos al subgesso é continuagion
de lo que entre manos tenemos é aqui se
tracta. Viernes, liltimo de abril, tomó el
gobernador algunos de caballo, los mas
descansados, y la india que truxo Balta-
sar de Gallegos por guia , é fué camino
de Cofitachequi, é fuéá dormir cabe un
rio grande y hondo, y envió á Johan de
Añasco con algunos de caballo á procu-
rar de aver algunas lenguas é canoas pa-
ra passar el rio, ó tomó algunas: é oiro
dia llegó el gobernador al passo enfren-
te del pueblo, é vinieron pringipales in-
dios con dones, é vino la cagica señora
de aquella tierra , la qual truxeron prin-
* No parece fuera de propósito el advertir aqui
que el autor suprimió en el título de este capítulo las
palabras siguientes: «é de los árboles que hallaron,
»como los de España, é otros de aquella tierra de
«Cofitachequi; é cómo passaron sdclantc y cómo
«quedó un chripstiano, dicho Rodríguez é un negro
»y otros esclavos on aquellas jornadas, c cómo lle-
«garon á Chihá , donde hallaron pueblos Qercados é
«llevaron dealli quinientos esclavos», etc.
** En este pasage se hallan también borradas
las siguientes palabras , que por contribuir á ilus-
Irar la verdad histórica, trascribimos: «almuyre-
«verendo señor licenciado, Alonso López de Cerra-
rlo, que on ella preside. >j
DE IJNDIAS. LIB. XVII. GAP. XXVÍ.
561
QÍpales con mucha auctoridad en unas an-
das cubiertas de blanco (de liengo delga-
do) y en hombros , é passó en las canoas,
é habló al gobernador con mucha gragia
y desenvoltura. Era moga y de buen ges-
to, é quitóse una sarta de perlas que
traía al cuello é échesela al gobernador
por collar ó manera de se congraciar é
ganarle la voluntad; é passó todo el exér-
gito en canoas é dieron muchos pressen-
tes de cueros muy bien adobados y man-
tas; todo muy bueno, é infinitos tasajos
de venados y hostias secas, mucha y muy
buena sal. Todos los indios andaban cu-
biertos hasta en pies con muy gentiles
cueros muy bien adobados , y mantas de
la tierra, y mantas de martas cebellinas,
y mantas de gatos de clavo, olorosas; la
gente muy limpia y muy polida y natu-»
raímente bien acondigionada. Lunes á los
tres de mayo llegó todo el resto del real,
é no pudo passar este dia todo hasta otro
dia martes ; pero no sin costa é perdida
de siete caballos que se ahogaron, de los
mas gordos y regios que trabaxaban con-
tra la corriente, é los flacos que se de-
xaban yr al amor del agua, passaban
mejor. A los siete de mayo viernes fué
Baltasar de Gallegos con la mas gente
del real á Ilapi á comer siete barbacoas
de mahiz que dixeron estaban alli que
eran depóssito de la cagica. Este mismo
dia entraron el gobernador é Rodrigo
Ranjel en la mezquita ú oratorio desta
gente ydolatria, é desenvueltos unos en-
terramientos hallaron unos cuerpos de
hombres asados en barbacoa , los bustos
é hueco é pescuegos , é bragos y piernas
lleno de perlas ; y andándolas sacando,
vido el Ranjel una cosa, como esmeralda
verde é muy buena y mostróla al gober-
nador é holgóse mucho : é mandóle que
se asomase á la gerca é higiesse llamar á
Johan de Añasco, contador de Sus Ma-
gestades, y el Ranjel le dixo: «Señor no
llamemos á nadie: que podrá ser queha-
TOMÜ I.
ya alguna buena piedra ó joya. É el go-
bernador replicó , y aun algo airado, é
dixo: Pues aunque la haya ¿aviémosla
de hurtar? Venido que fué Johan de Añas-
co , sacaron aquella esmeralda y era de
vidro , y tras aquella otras y otras qüen-
tas de vidro y rosarios con sus cruges.
También hallaron hachas vizcaynas de
hierro , en lo qual conosgieron que esta-
ban en la gobernagion ó tierra, donde fué
á se perder el ligengiado Lúeas Vázquez
de Ayllon. Sacaron de alli ocho ó nueve
arrobas de perlas ; é cómo la cagica vido
que hagian los chripstianos mucho caso
dellas, dixo: «Eso tenéis en mucho?.. Id
aquiá Talimeco, pueblo mió, y hallareis
tantas que en essos vuestros caballos no
las podáis llevar.» El gobernador dixo:
«Déxenlas estar, é á quien Dios se la die-
re en suerte, Saoct Pedro se la bendiga»;
y assi se quedaron. Greyóse que penssa-
ba el tomar aquello para sí, porque sin
dubda es lo mejor que vieron é de mejor
dispusigion de tierra, aunque no pares-
gió mucha gente ni mahiz , ni se detuvie-
ron á buscarlo ahy. Hagíanse alli algunas
cosas como de España, que debieran in-
dustriar los indios que se le fueron al li-
gengiado Lúeas Vázquez de Ayllon , por-
que hagian caigas y borgeguies é anti-
parras con unos lagos de cuero blanco,
y ellas negras, é con pestañas ó gejas de
cuero colorado , como si en España se
ovieran fecho. En la mezquita ó casa de
oragion de Talimeco , avia pectos, como
de coseletes y capagetes hechos de cue-
ros de vacas crudos y pelados, y de lo
mismo muy buenas rodelas. Este Talime-
co era pueblo de gran auctoridad, y aquel
su oratorio en un geno alto y muy auc-
torigado ; el caney ó casa del cagique muy
grande y muy alto é ancho , todo estera-
do alto y baxo con muy primas y hermo-
sas esteras, y por tan buen arte assen-
tadas que paresgia que todas las esteras
eran una sola estera. Por maravilla avia
71
o6ü
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
buhío que no estoviesse esterado. Tiene
este pueblo muy buenas savanas y gen-
til rio é monte de nogales y roble, pi-
nos, enginas y arboledas del liquidám-
bar, y muchos gedros. En aqueste rio se
díxo que avia hallado Alaminos , natural
de Cuba (aunque español), una punta de
oro; é tal fama fué pública en el real en-
tre los españoles, é por esso se cree que
es tierra de oro, é que se hallaran por
alii buenas minas. Miércoles, trege de
mayo , salió el gobernador de Gofitache-
qui , é en dos dias llegó á la poblagion
de Chalaque; pero nunca se pudo acer-
tar con el pueblo del señor , ni ovo indio
que lo descubriesse , é durmieron en un
pinar, á donde comentaron á venir mu-
chos indios é indias de paz con pressen-
tes y dones, y estuvieron alli dia de Pas-
cua del Spíritu Sancto. É desde alli escri-
bió el gobernador á Baltasar de Gallegos
con unos indios á las barbacoas que se
dixo de suso que avian ido á comer el
mahiz , para que se viniessen tras el go-
bernador. Y el lunes, diez é siete de aquel
raes , partieron de alli é fueron á dormir
á un monte , y el martes fueron á Gua-
quili , é salieron los indios de paz é dié-
ronles mahiz, aunque poco, é muchas
gallinas asadas en barbacoa, y pocos
perrillos, que es buen manjar. Estos son
unos perros pequeños que no ladran , é
los crian en las casas para los comer: tam-
bién les dieron tamemes , que son indios
que llevan cargas. É el miércoles siguien-
te fueron á un carrigal , é el jueves á una
savana pequeña, donde se les murió un
caballo ; é llegaron unos peones de los de
Baltasar de Gallegos, hagiendo saber al
gobernador que venia gerca. Otro dia
viernes fueron á Xuala , que es un pue-
blo en un llano entre unos rios ; el ca-
cique del qual era tan bien acondicio-
nado , que les dio á los chripstianos
quanto le pidieron; tamemes, mahiz,
perrillos, petacas y quanto tenia. Petacas
son unas gestas encoradas y también por
encorar, con sus tapaderos, para llevar
ropa é lo que quisieren.
Y el sábado llegó alli Baltasar de Galle-
gos con muchos enfermos y coxos, que los
ovieran menester sanos, en espegial que
ya lenian las sierras por delante. En aque-
lla Xuala les paresgió que avia mejor dis-
pusigion para dar catas é aver minas de
oro que en quanto avian andado é visto en
aquella parte septentrional. Martes, á
veynte é ginco de mayo, salieron de Xuala
é passaron aquel dia una sierra muy alta,
é fueron á dormir á un montegillo, é otro
dia miércoles á una savana , donde pa-
desgieron grand frió , aunque eran veyn-
te é seys de mayo ; é alli passaron el rio
á la espinilla, por donde salieron des-
pués en los vergantines que higieron, que
salido á la mar , dige é señala la carta
de navegar que es el rio del Spíritu
Sancto: el qual, segund las cartas del
cosmógrapho Alonso de Chaves, entra
en una bahia grande, é su boca deste rio
en el agua salada está en treynta é un
grados desta parte de la línia equino-
gial.
Tornando á la historia , de alli donde
es dicho que passaron el rio á la espini-
lla, se les volvió la cagica de Cofitache-
qui, que llevaban consigo, en pago del
buen tractamiento que della avian rege-
bido , é aquel dia se quedaron ( digíasse
que con maligia) Mendogade Montanjes é
Alaminos de Cuba ; é porque Alonso Romo
traia aquel dia la relroguarday los dexó,
le hizo el gobernador volver por ellos,
é los esperaron un dia ; y llegados , quí-
solos ahorcar el gobernador. En lo de
Xalaque quedósse un compañero que se
degia Rodriquez , natural de Peñafiel , y
quedó un esclavillo indio de Cuba, ladi-
no, que era de un hidalgo dicho Ville-
gas , y quedósse un esclavo de don Car-
los, berberisco muy ladino, y quedósse
Gómez , negro de Vasco Gongalez , muy
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXVI.
563
ladino : el Rodríguez fué el primero , y
essolros mas adelante de Xalaque. Otro
dia fueron á dormir á un robredal, é el dia
siguiente á par de un arroyo grande que
le passaron muchas veges; é otro dia vi-
nieron mensageros de paz é llegaron tem-
prano á Guasili , é diéronles muchos ta-
memes, muchos perrillos é mahiz : é por
ser esta buena parada, llamaban después
los soldados en los dados casa de gua-
sulí, ó buen encuentro. Lunes, que fué
el último de mayo , salió el gobernador
de Guasili , é fué con su exérgito á un
robredal á par de un rio , é otro dia pas-
saron por Canasoga é fueron á dormir al
campo ; y el miércoles fueron á dormir á
par de una giénega , y aqueste dia co-
mieron muy grande infinidad de moras.
Otro dia jueves fueron á par de un arro-
yo grande gerca del rio que avien passa-
do en la savana (donde se fué la cagica),
que yba ya grande. Otro dia viernes fue-
ron á un pinar é arroyo, donde vinieron
indios de paz de Ghiaha é truxeron ma-
hiz. É otro dia sábado de mañana passa-
ron los españoles el rio muy ancho , por
un brago del , é entraron en Ghiaha,
que está en una isla del mismo río. Sá-
bado, ginco de junio , fué el dia que en-
traron en Ghiaha ; y como desde Xuala
todo avia seydo sierra é traian cansados y
flacos los caballos, y los chripstianos
yban assi mismo fatigados , convino pa-
rar é descansar alli : é diéronles abun-
dangia de mahiz , que hay mucho é bue-
no, é diéronles muchas magamorras ^ in-
finito ageyte de nueges y bellotas , que
lo saben sacar muy bien y es muy bue-
no é les hagia mucha ayuda á su mante-
nimiento , puesto que el ageyte de nueges
quieren algunos degir que engendra al-
gunas ventosidades ; empero es muy sa-
broso. Estovieron los indios quinge dias
con los chripstianos en mucha paz ; ju-
gaban con ellos, y también entre sí; na-
daban en compañía de los chripstianos,
y servíanlos en todo muy bien. Algá-
ronse después un sábado , diez é nueve
del mes , por gierta cosa que el gober-
nador les pidió ; y en fin , era que les
pidió mugeres. Otro dia por la mañana
el gobernador envió á llamar al cagique,
é vino luego , é otro dia lo llevó el go-
bernador consigo á hager volver la gen-
te, y en efeto vinieron.
En tierra deste Ghiaha fue donde pri-
mero hallaron estos españoles los pue-
blos gercados. Ghiaha les dio quinientos
tamemes y se consintieron echar colleras
é cadenas. Lunes veynte é ocho de junio
saUó el gobernador é su gente de Ghiaha
é passaron por ginco ó seys pueblos é
fueron á dormir á un pinar , delante de
un pueblo; pero tovieron mucho trabaxo
alli en passar un rio que yba muy regio,
é higieron puente ó reparo de caballos
desta manera que agora se dirá, para que
los peones no peligrassen. Y fue assi,
que pusieron los caballos en el rio á la hila
cola con cabega é que estoviessen que-
dos quanto pudiessen , é sobre cada uno
su dueño, é resgebian el ímpetu del
agua, é por baxo, donde no hagia golpe
el agua , yban los peones asiéndose á las
colas , estribo , coragas é crines de uno
en otro ; y desta manera passaron bien
todo el exérgito. Otro dia, martes, pas-
saron por un pueblo, é tomaron alli mahiz
é passaron adelante á dormir en el cam-
po. El miércoles siguiente passaron un
rio, é luego un pueblo y otra vez el rio,
é fueron á dormir al campo ; é el jueves
salió el cagique de Goste á regebirlos de
buena paz, é llevó los chripstianos á dor-
mir á un pueblo suyo. É enojóse porque
unos soldados le ranchearon , ó mejor di-
giendo , le saquearon unas barbacoas con-
tra su voluntad. É assi otro dia jueves,
i Macamorra es lo mismo que puches ó polcadas.
564
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
yendo camino para su pringipal pueblo
de Coste, se descabulló y dio cantonada
á los españoles, é puso en armas su gen-
te. El viernes , dos dias del mes de ju-
llio , llegó el adelantado gobernador á
Coste , el qual pueblo está en una isla de
rio , que alli va grande y regio y de ma-
la entrada : é passáronle los chripstianos
por el primero braco sin peligro de nin-
guno de los milites (que no fue poca ven-
tura) ; é entróse el gobernador en el pue-
blo descuydado y desarmado con algunos
desarmados , y como los soldados lo te-
nían por costumbre, comengaron á subir
en las barbacoas, y en el instante que lo
comengaron , los indios les comengaron
á dar do palos y tomar sus arcos y fle-
chas y salir á la plaga. El gobernador
mandó que todos sufricssen é compor-
tassen , por el evidente peligro en que
estaban, é que nadie echasse mano á las
armas; y él comengó á reñir con los sol-
dados , y por disimular también daba á
algunos de palos , é halagó al cagique é
(líxole que no queria que los chripstianos
les diessen enojo , que á la savana de la
isla queria salir á aposentarse. É el cagi-
que é los suyos fueron con él , é cómo
fueron apartados del pueblo en lugar de-
sembaragado, mandó echar mano al ca-
gique é á diez ó doge pringipales, é pu-
siéronlos en cadenas con sus colleras y
amenagólos, é dixo que los avia de que-
mar á todos , porque avian puesto mano
en los chripstianos. De alli de Coste en-
vió el gobernador dos soldados á ver la
provingia de Chisca , que tenia grand fa-
ma de rica, la via del Norte, é truxeron
buenas nuevas. Alli en Coste se halló en
un tronco de un árbol tan buena miel de
abejas y aun mejor que en España la pue-
de aver. En aquel rio se hallaron en al-
gunas almejas que sacaron del para co-
mer, algunas perlas, y fueron las prime-
ras que essos chripstianos vieron de agua
dulge, aunque en muchas parios de aque-
lla tierra las hay. Viernes, nueve de jullio,
salió el adelantado é su exérgito de Cos-
te, é passaron el otro brago del rio é
fueron á dormir al rio mesmo , é estaba
Tali de la otra parte ; y cómo el rio va
junto é grande no pudieron passarle , é
creyendo los indios que passáran, en-
viaron canoas y en ellas sus mugeres y
hijos y ropa dtístotra parte bien desviado
de los chripstianos; pero todo se lo to-
maron de súbito, y como yban cami-
nando con el agua hizo el gobernador
que todo se les tornasse, lo qual fue cau-
sa quel cagique viniesse de paz , y los
passó de la otra parte en sus canoas, é
les dio á los chripstianos lo que ovieron
menester. Y assi lo hizo en su tierra, por
donde después passaron; é estovieron
alli el sábado, é diéronles tamemes, é par-
tiéronse el domingo y durmieron en el
campo.
El lunes passaron un rio , y durmieron
en el campo. El martes passaron otro
rio , y el miércoles otro gran rio , y dur-
mieron en Tasqui. Todos estos dias pas-
sados desde que partieron de á par de
Tali les hagia sacar el cagique de Tali de
sus pueblos comarcanos al camino mahiz
y magamorras y frísoles cogidos , y todo
lo quél mas podia. El jueves fueron á
otro pueblo pequeño é passaron otros
pueblos , é el viernes entró el goberna-
dor en Coga. Este es un gran cagique é
de mucha tierra , y una de las mejores y
mas abundosa que hallaron en la Flori-
da; é salió el cagique á resgebir al go-
bernador en unas andas, cubiertas de
mantas blancas de la tierra , las quales
andas traian en los hombros sesenta ó
septenta pringipales suyos, y no otro in-
dio de los plebeos ó comunes , y aque-
llos que lo traian se remudaban de quan-
do en quando , con grandes gerimonias á
su modo. Avia en Coga muchas giruelas
de las tempranas de Sevilla , muy buenas,
y ellas y los árboles suyos assi como los
DE INDIAS. LIB. XVII. GAP. XXVI.
565
de España. También avie unas manganas
agras, como las que digen canavales en
Extremadura, pequeñas. Estovieron alli en
Coga algunos dias, en los quales se alga-
ron los indios, y se dexaron al cagique en
poder de los chripslianos con algunos prin-
gipales, é fueron á los ranchear, é lomaron
muchos que echaron presos en colleras de
hierro é cadenas : y á la verdad , segund
lo testificaron ojos de vista , era cosa de
mucha lástima verlo; pero no se desacuer-
da Dios de ninguna cosa mal hecha ni
queda sin castigo, como la historíalo dirá.
Un viernes , veynte de agosto , sa-
lió el gobernador é su gente de Co-
ga , é quédeseles alli un chripstiano que
se degia Feryada, levantisco, é fueron
á dormir aquel dia adelante de Talimu-
chusy , é otro dia con mucha lluvia fue-
ron á dormir á Itaba , gran pueblo á
par de un buen rio , é alli rescataron al-
gunas indias , que se las daban á trueco
de espejos y cuchillos. Lunes treynta de
agosto salió el gobernador de Itaba , y
fué con su exérgito á dormir á un robre-
dal , é el dia siguiente fueron á Ulibaha-
li, muy buen pueblo , junto á un grande
rio. É estaban muchos indios de mal arle
aguardando , penssando de les quitar á
los chripslianos el cagique de Coga, por-
que eran subjettos á él ; y porque no se
algasse la tierra ni les negassen les man-
tenimientos, lo llevaban consigo, é en-
traron en el pueblo á muy buen recabdo.
É el cagique de Coga mandó que los in-
dios dexassen las armas ; é assi se hizo,
é les dieron tamemes é veynle indias , é
fueron en paz , aunque se les quedó alli
un hidalgo de Salamanca, llamado Man-
gan© , é no se supo si de su voluntad ó
si de desatino , yendo solo á ranchear,
puesto quél yba á pié é aflexido , é avie
requerido á otros soldados que se que-
dassen, antes que le echassen menos: es-
to no se supo gierto, pero díxose en el
real después que faltó. También se le fué
alli al capitán Johan Ruiz Lobillo un ne-
gro muy ladino , que se degia Johan Viz-
cayno.
El dia que salieron deste pueblo, co-
mieron muchas uvas , tan buenas como
de viñas de España cavadas : en Co-
ga y mas airas las avian comido muy
buenas, pero estas de Ulibahali fueron
las mejores. Deste pueblo de Ulibahali
salieron los españoles é su gobernador
un jueves á dos dias de septiembre , é
fueron á dormir á un bonico pueblo cabe
el rio, é otro dia, viernes, vino á Pia-
chi , que está á par de un rio , é alli es-
peraron á Lobillo un dia , el qual sin li-
gengia avia ydo á buscar su negro, é ala
vuelta riñó con él mucho el gobernador.
El domingo salieron de alli é fueron á
dormir al campo , é otro dia, lunes, fue-
ron á Tuasi, donde les dieron tamemes
é les dieron treynta y dos indias. Lunes
trege de septiembre salió de alli el go-
bernador , é fueron á dormir al campo , é
el martes higieron otra jornada , é para-
ron assi mismo en el campo , é el miér-
coles fueron á un pueblo viejo que tenia
dos gercas y buenas torres , y son desla
manera aquellos muros. Hincan muchos
palos gordos altos y derechos junios unos
con otros : estos léxenlos con unas varas
largas , y embárranlos por de dentro y
por defuera , é hagen sus saeteras á tre-
chos j y hagen sus torres y cubos repar-
tidos por el liengo y parles del muro que
le convienen; y apartados dellos, pares-
gen á la vista una gerca ó muralla muy
gentil , y son bien fuertes lales gercas.
Otro dia, jueves, fueron á dormir á un
pueblo nuevo junto al rio , donde reposa-
ron aquel dia los españoles. É otro dia,
sábado , fueron á Talisi , y hallaron alga-
do el cagique y la tierra. Este pueblo es
grande y fértil de mucho mahiz , y jun-
to á un gran rio; é alli fué un mensajero
de Tascaluga , poderoso señor y muy te-
mido en aquella tierra , é luego fué un
566
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
hijo suyo , é mandó el gobernadoi' ca-
balgar é que corriessea los de caballo é
tocassen las trompetas ( mas por ponerles
temor, que por hagerles fiesta con tal
resgebimiento ) ; y al tornarse aquellos
indios envió el adelantado con ellos dos
chripstianos avisados de lo que avian de
sentir y espiar , para tomar aviso é estar
apergebido. A los veynte é ginco de sep-
tiembre vino el cagique de Talisi , é dio
lo que le pidieron , assi como tamemes,
mugeres y mantenimientos, é desde alli
enviaron é dieron libertad al cagique de
Coga, para que se tornasse á su tierra: é
yba muy enojado é lloroso porquel go-
bernador no le quiso dar una hermana
suya que le llevaban, é porque le avian
á él trahido tan apartado de su tierra.
Martes á ginco de octubre salieron de Ta-
lisi é fueron á dormir á Casiste , ques un
bonico pueblo á par del rio. E otro día,
miércoles, fueron á la Gaxa, un pueblo
ruin , ribera del rio , é á la raya de Ta-
lisi é de Tascaluga. É otro dia, jueves,
fueron á dormir á par del rio , é estaba
del otro cabo del agua un pueblo que se
llama Humatí; é otro dia, viernes, fue-
ron á otra poblagion nueva, que se dige
Uxapita ; é el otro dia , sábado , fueron á
asentar su real una legua antes de llegar
al pueblo de Tascaluga en el campo, é
desde alli el gobernador envió mensaje-
ro , y vino con respuesta que fuesse en
buen hora, quando él quisiesse.
Preguntando el historiador á un hidal-
go bien entendido que se halló pressente
con este gobernador é anduvo con él to-
do lo que vido de aquella tierra septen-
trional , que á qué causa en cada parte
que llegaba este gobernador é su exérgi-
to pedian aquellos tamemes ó indios de
carga , é por qué tomaban tantas muge-
res, y essas no serian viejas ni las mas
feas ; y dándoles lo que tenian , por qué
detenían los cagiques y pringipales , y á
dónde yban que nunca paraban ni sose-
gaban en parte alguna: que aquello ni
era poblar ni conquistar, sino alterar é
asolar la tierra é quitar á todos los natu-
rales la libertad , é no convertir ni hager
á ningún indio chripstiano ni amigo ; res-
pondió é dixo : Que aquellos indios de
carga ó tamemes los tomaban por tener
mas esclavos ó servidores , é para que
les llevassen las cargas de sus manteni-
mientos, é lo que robaban ó les daban;
é que algunos se morian é otros se huian
ó se cansaban , é que assi avian menes-
ter renovar é tomar mas : é que las mu-
geres las querían también para se servir
dellas é para sus sugios usos é luxuria,
é que las hagian baptigar para sus car-
nalidades mas que para enseñarles la fé:
y que si detenían los cagiques é pringi-
pales, que assi convenia para que los
otros sus subditos estoviessen quedos é
no les diessen estorbo á sus robos é á lo
que quisiessen hager en su tierra de los
tales. Y que á dónde yban ni el gober-
nador ni ellos lo sabian , sino que su in-
tento era de hallar alguna tierra tan rica
que hartasse sus codibgias, y saber los
secretos grandes quel gobernador degia
que sabia de aquellas partes , segund
muchas informagiones que se le avian
dado. É que quanto á alterar la tierra é
no poblar , que no se podia hager otra
cosa hasta topar assiento que les satisfi-
giesse. ¡Oh gente perdida, oh diabóUca
cobdigia, oh mala congiencia, oh des-
venturados míUtes, cómo no entendie-
des en quánto peligro andábades , y
quán desasosegadas vuestras vidas y sin
quietud vuestras ánimas! ¿Cómo no os
acordárades de aquella verdad , que de-
plorando el glorioso Sanct Augustin
de la miseria pressente desta vida, di-
ge *: «esta vida es vida de miseria, ca-
i Mcdil cnp. 21.
DE INDIAS. LIB. XYII. CAP. XXVI.
£67
duca é ingierta, vida trabajosa é no
limpia, vida, Señor, de males, reyna de
los soberbios, llena de miserias é de es-
panto ; que no es vida ni se puede de-
gir sino muerte, pues que en un mo-
mento se acaba por varias mulagiones é
diversos géneros de muerte? Oid, pues,
letor cathólico, y no lloréis menos los in-
dios conquistados que á los chripstianos
conquistadores dellos , ó matadores de sí
y de essotros , y atended á los subgesos
déste gobernador mal gobernado , ins-
truido en la escuela de Pedrarias de Avi-
la , en la disipagion y asolagion de los
indios de Castilla del Oro, graduado en
las muertes de los naturales de Nicara-
gua y canonigado en el Perú , segund la
orden de los Pigarros ; y de todos essos
infernales passos librado y ydo á España
cargado de oro, ni soltero ni casado.
supo ni pudo reposar sin volver á las In-
dias á verter sangre humana, no conten-
to de la vertida , y á dexar la vida de
la manera que adelante se dirá ; y dando
causa á que tantos pecadores, engaña-
dos de sus vanas palabras , se perdies-
sen tras él. Ved qué querría él mas de
lo que le ofresgió aquella reyna ó cagica
de Cofitachequi, señora de Talimeco,
donde le dixo que en aquel lugar suyo
hallaria tantas perlas que no las pudies-
sen llevar todos los caballos de su exér-
gito; y resgibiéndole con tanta humani-
dad, ved cómo la tracto. Vamos adelante,
y desta verdad que aveis leydo no se os
olvide, como para en prueba de tantas
perlas , como se le ofresgieron , ya lle-
vaba este gobernador é su gente ocho ó
nueve arrobas de perlas , é sabrés cómo
las gogaron con lo demás.
CAPITULO XXVII.
En que se cuenta lo que le aconlesció al adelantado Hernando de Soto con el cacique de Tascaluca, lla-
mado Actahachi , el qual era tan alio hombre que páresela gigante; é de las guacabaras é crudas batallas
c asalto que dieron á los chripstianos en el Pueblo llamado Mabila é adelante en Chicaca. E cucntanse en
este capítulo otros sabuesos á la historia convinientes y notables.
omingo, diez de octubre, entró el
gobernador en el pueblo de Tascaluga,
que se llamaba Athahachi, pueblo nue-
vo; é estaba el cagique en un balcón
que se hagia en un gerro á un lado de
la plaga , arrevuelto á la cabega gierta
toca como almaygar, tocado como moro,
que le daba auctoridad , é un pelote ó
manta de plumas hasta en pies muy auc-
torigado , sentado sobre unos coxines al-
tos, y muchos pringipales de sus indios
con él. Era de tan alta estatura como
aquel Antonico de la guarda del Empe-
rador, nuestro señor, y de muy buenas
proporgiones, muy bien hecho y gentil
hombre : tenia un hijo mangebo tan alto
como él, pero era mas delgado. Estaba
siempre delante deste cacique un indio
muy bien dispuesto en pié, con un quita-
sol en una vara que era como un mos-
cador redondo y muy grande, con una
cruz (semejante á la que traen los caba-
lleros de la Orden de Sanct Johan de
Rodas) en medio en campo negro , y la
cruz blanca. Y aunque el gobernador en-
tró en la plaga , y se apeó y subió á él,
no se levantó, sino estúvose quedo y se-
guro, como si fuera un rey , y con mucha
gravedad. El gobernador estuvo un poco
sentado con él, y desde á poco se le-
vantó y dixo que se fuessen á comer y
llevólo consigo, y vinieron indios á dan-
gar; é dangaronmuy bien al modo de los
labradores de España, de manera que
era plager verlos. Á la noche quissiéra-
se yr, é el adelantado le dixo que alli
568
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
avia de dormir : entendiólo y mostró que
burlaba de tal determinagion , y seyendo
señor darle á él tan súbita ley ó impedi-
mento en su libertad, y dissimulando con
el caso , despachó luego sus principales
cada uno por sí , é él durmió alli á su
pesar. Otro dia el gobernador le pidió
tamemes y gien indias , é el cacique dio
alli quatrogientos tamemes, y los demás
y las mugeres dixo que daria en Mabila,
provingia de un vasallo pringipal suyo,
é el gobernador se contentó que la resta
de aquella su injusta demanda se satisfi-
giesse en Mabila. É mandó darle un ca-
ballo y unos borgeguies y un manteo de
grana por llevalle contento ; pero como
el cagique le avia ya dado quatrogientos
tamemes, ó mejor digiendo esclavos, é
le avia de dar en Mabila gien mugeres,
é los que mas quissiesen, ved que con-
tentamiento le podian dar essos borge-
guies é manteo é levarle á caballo, que
penssaba él que yba caballero en un ti-
gre ó en un ferogíssimo león , porque en
mas temor estaban los caballos reputa-
dos entre aquella gente. En fin, martes
doge de octubre, salieron de aquel pueblo
Atahachi, llevando el cagique, segund es
dicho, é con él muchos pringipales y
siempre el indio con el quitasol delante
de su señor, y otro con un coxin ; é fue-
ron aquel dia á dormir al campo. É otro
dia miércoles llegaron á Piachi , ques un
pueblo alto sobre un barranco de un rio
enriscado , y el cagique del maligioso , é
púsose en resistirles el passo ; pero en
efeto passaron el rio con trabaxo , é ma-
táronles dos chripstianos , é fuéronse los
pringipales que acompañaban al cagique.
En aquel pueblo Piachi se supo que avian
muerto á don Teodoro y á un negro , que
salieron de las barcas de Pamphilo de
Narvaez. El sábado, diez y seys de octu-
bre, partieron de alli é fueron á un mon-
te, donde vino un chripstiano de dos quel
gobernador avia enviado á Mabila ; é di-
xo que avia mucha junta de gente en
Mabila y armada. Otro dia fueron á un
pueblo gercado, y vinieron mensajeros
de Mabila que truxeron al cagique mucho
pan de castañas, que hay muchas é bue-
nas en su tierra. Lunes, diez y ocho de
octubre, dia de Sanct Lúeas, llegó el
gobernador á Mabila , aviendo passado
aquel dia por algunos pueblos, que fué
causa de detenerse la gente á ranchear y
derramarse por paresger tierra poblada;
é no llegaron con el gobernador sino
quarenta de caballo en avanguarda, y
puesto que estovieron un poco detenidos
por no mostrar el gobernador flaqueza, se
entró en el pueblo con el cagique, y todos
se entraron con él. Higieron los indios
luego un areyto, ques su manera de bay-
le en danga y cantando. Estando en esto,
vieron unos soldados meter hages de ar-
cos y flechas dissimuladamente en unos
guanos, é otros chripstianos vieron que
lo alto y lo baxo de los buhíos estaba
lleno de gente dissimulada. El goberna-
dor fué avisado, é púsose su'gelada en
la cabega, é mandó que saliessen todos
á cabalgar é apergebir toda la gente que
oviesse allegado : é apenas ovieron sa-
lido , quando tomaron los indios las puer-
tas de la gerca del pueblo. É quedaron
con el gobernador Luis de Moscoso é
Baltasar de Gallegos é Espíndola , capi-
tán de la guarda é siete ú ocho solda-
dos : é metióse el cagique en un buhío é
no quisso salir del ; é luego comengaron
á tirar flechas en el gobernador. Balta-
sar de Gallegos entró por el cagique , é
no queriendo salir, derribó un brago de
una cuchillada á un pringipal. Luis de
Moscoso esperábalo á la puerta por no
le dexar solo , el qual estuvo peleando
como caballero , é hizo todo lo posible,
hasta tanto que no podiendo mas sofrir
le dixo: «Señor Baltasar de Gallegos, sa-
lios, sino dexaros hé, que no os puedo
mas esperar.» En este tiempo avian ca-
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXVII.
569
balgado Solís , vegino de Triana de Se-
villa, é Rodrigo Ranjel, que fueron los
primeros, é por sus pecados derribaron
luego muerto al Solís. El Rodrigo Ranjel
llegó gerca de la puerta de la villa al
tiempo quel gobernador salia y dos sol-
dados de su guarda con él , é sobrél mas
de septenta indios, los guales se detovie-
ron de temor del caballo de Rodrigo
Ranjel , é queriéndoselo él dar, llegó un
negro con el suyo : é mandóle al Rodri-
go Ranjel que socorriesse al capitán de
la guarda que quedaba atrás, el qual sa-
lia bien fatigado é un soldado de la guar-
da con él , é el de caballo hizo rostro á
los enemigos hasta que salió de peligro.
É volvióse al gobernador Rodrigo Ran-
jel, é hízole sacar mas de veynte flechas
que sobre sí llevaba asidas de las armas,
que son unos sayos colchados de algo-
don gruesos; é mandó á Ranjel que guar-
dasse á Solís hasta sacarlo de entre los
enemigos, porque no lo llevassen dentro,
y el gobernador fuésse á recoger la gen-
te. Ovo tanta vertud y vergüenza este
dia en todos los que en este primero
acometimiento é pringipio desta mala jor-
nada se hallaron que pelearon por ad-
miración, é cada chripstiano hagia su
deber, como valentíssimo milite. Luis
de Moscoso y Baltasar de Gallegos sa-
lieron con los demás soldados por otra
puerta.
En efelo , los indios se quedaron con
el pueblo y con toda la hagienda de los
chripstianos y con los caballos que que-
daban atados dentro , que mataron lue-
go. El gobernador recogió todos los qua-
renta de caballo que estaban alli, é llegá-
ronse á una plaga grande delante de la
puerta pringipal de Mabita, é alli salie-
ron los indios , sin osar desviarse mucho
de la gerca; épor sacarlos afuera, higie-
ron que huian los de caballo al galope,
apartándose bien de los muros, y los in-
dios creyéndolo, desviáronse del pue-
TOMO 1.
blo é de la gerca en su seguimiento, cob-
digiosos de emplear sus flechas : é quan-
do fue tiempo , los de caballo dieron la
vuelta sobre los enemigos , é primero que
se pudiessen acoger, alangearon muchos.
Don Carlos quiso llegar con el caballo
hasta la puerta , é diéronle al caballo un
flechago en los pechos, é no lo pudiendo
volver , apeóse á sacarle la flecha é vino
otra que le dio á él en la olla , sobre el
hombro, de la qual, pidiendo confesión,
cayó muerto. Los indios no osaron mas
desviarse de la gerca. Estonges el ade-
lantado gercóles por muchas partes hasta
que se allegó el real todo , é entráronles
por tres partes poniendo fuego , cortan-
do primero con hachas la gerca : é el fue-
go anduvo tal que se quemaron las nue-
ve arrobas de perlas que traían é toda la
ropa y ornamentos y cáliges y formas de
hostias y el vino para degir misa, y que-
daron como alárabes desnudos y con
harto trabaxo.
Avian quedado en un buhío las mu-
geres chripstianas , que eran unas es-
clavas del gobernador ; é algunos pa-
ges , un frayle , un clérigo y un coginero
é algunos soldados defendiéronse muy
bien de los indios , que no les pudieron
entrar hasta que los chripstianos llegaron
con el fuego é los sacaron. É todos los
españoles pelearon , como varones de
grandes ánimos, é murieron dellos veyn-
te é dos, é hiriéronles otros giento é
quarenta é ocho de seysgientos é ochenta
é ocho flechagos ; é matáronles siete ca-
ballos é hirieron veynte é nueve otros.
Las mugeres y aun muchachos de quatro
años reñían con los chripstianos , y mu-
chachos indios se ahorcaban por no ve-
nir á sus manos, é otros se metían en el
fuego de su grado. Ved de qué voluntad
andarían aquellos tamemes. Ovo grandes
flechagos , y de tan buena voluntad y
fuerga enviados , que la langa de un hi-
hidalgo , dicho Ñuño de Tovar , que era
72
570
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
de dos costaneras de fresno y muy bue-
na , la passó una flecha por medio de
parte á parte, como un barreno, sin as-
tillar nada , y quedó la flecha hecha una
aspa en la langa. Murieron este dia don
Carlos y Frangisco de Soto , sobrino del
gobernador, y Johan de Gamez de Jaén,
é Men Rodríguez, buen hidalgo portu-
gués, y Espinosa, buen hidalgo, y otro
dicho Velez , y un Blasco de Barcarrota
y otros muy honrados milites; y los he-
ridos fueron todos los mas de la gente
de bien é de honra. Matarían tres mili
gandules, sin los quales fueron otros mu-
chos heridos que los hallaban después
muertos en los buhíos y por los caminos.
El cagique nunca se pudo saber del muer-
to ni vivo : el hijo hallaron alangeado.
Passada la batalla de la manera que es-
tá dicho, reposaron alli hasta el domingo
catorge de noviembre , curando los heri-
dos y los caballos, y quemaron mucha par-
te déla tierra. Hasta que salieron de alli
fueron los muertos todos , desde queste
gobernador é sus exérgitos entraron en
la tierra de la Florida, giento é dos chrips-
tianos , y no todos á mi paresger en ver-
dadera penitengia.
El domingo, catorge de noviembre del
año ya dicho , salió el gobernador de Ma-
bila , y el miércoles siguiente llegó á un
muy buen rio , é jueves veynte é ocho
fueron por malos passos y giénegas y ha-
llaron un pueblo con mahiz que se de-
gia Talicpacana. Avian descubierto los
chripstianos de la otra parte del rio un
pueblo que les paresgia bien desde lexos
é de gentil assiento, y el domingo á veyn-
te é uno de noviembre halló Vasco Gon-
galez un pueblo media legua deste que
se llama Mogulixa , del qual avien pas-
sado el mahiz todo de la otra parte del
rio , é teníanlo en montones cubierto con
esteras , é estaban los indios de la otra
parte del agua, hagiendo fieros. Hízose
una piragua que se acabó á los veynte é
nueve dias del mes , é hízose un carre-
tón grande para llevarla hasta Mogulixa,
é echada al agua, entraron sessenta sol-
dados en ella. Los indios tiraron innume-
rables saetas ó flechas, mejor digiendo;
pero cómo esta grand canoa llegó á tier-
ra, huyeron é no hirieron sino tres ó qua-
tro chripstianos. Tomóse bien la tierra y
hallóse harto mahiz.
Otro dia , miércoles , fue todo el real
á un pueblo que se dige Zabusta, y
por alli passó el rio en la piragua y
con algunas canoas que se tomaron alli:
é fueron á se aposentar en otro pueblo
del otro cabo, porque arríba hallaron
otro buen pueblo é tomaron el señor
del que se degia Apafalaya , é llevá-
ronle por guia é lengua, é llamóse esa
ribera el rio de Apafalaya. Deste rio é
poblagion salió el gobernador é su gen-
te en demanda de Chicaga el jueves , á
nueve de digiembre é llegaron el martes
siguiente al rio de Chicaga, aviendopas-
sado hartos malos passos y giénegas y
ríos y frios.
Y porque sepáis, letor, qué vida traían
aquellos españoles, dige Rodrigo Ran-
jel , assi como testigo de vista , que en-
tre otras muchas nesgessidades de hom-
bres que se passaron en esta empresa,
vido en ella á un caballero , llamado
don Antonio Osorio , hermano del señor
marqués de Astorga, con una ropilla de
mantas de aquella tierra rota por los cos-
tados , las carnes defuera , sin bonete, la
calva defuera, descaigo sin caigas ni ga-
patos, una rodela á las espaldas, una es-
pada sin vayna , los yelos y frios muy
grandes ; y ser él tal y de tan ilustre ge-
nealogía le hagia comportar su trabaxo y
no llorar, como otros muchos, puesto que
no avie quien le pudiesse socorrer, sien-
do quien era y aviendo tenido en Es-
paña dos mili ducados de renta por la
Iglesia; y que aquel dia que este hidalgo
assi lo vido, creía que no avie comido
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXVII.
574
bocado , é avíalo de buscar por sus uñas,
para genar. Yo no pude estar sin reírme,
quando le oy dcQÍr que esse caballero
avia dexado la Iglesia y renta ques dicho,
por yr á buscar essa vida al son de las pa-
labras de Soto ; porque conosgí yo muy
bien á Soto, y aunque era hombre de
bien , no le tenia yo por de tan dulge
habla ni maña que á personas semejan-
tes pudiesse él engañar. ¿ Qué queria un
hombre tal de una tierra incónita é no
sabida, ni el capitán que llevaba della
sabia mas sino que se avian perdido en
ella Johan Ponge de León y el ligengia-
do Lúeas Vázquez de Ayllon é Pamphi-
lo de Narvaez é otros mas diestros que
Hernando de Soto?.... Y los que tales
guias siguen, assi les ha de yr de nes-
gessidad, pues hallaron partes donde
pudieran poblar é descansar , é poco á
poco calar é entenderse y entender la
tierra. Vamos á lo demás: que poco tra-
baxo es el desse caballero á respecto de
los que mueren, sino se salvan.
El rio de Chicaga halláronle que yba
cresgido fuera de madre , y los indios de
la otra parte puestos en armas , con mu-
chas banderas blancas. Dióse orden en
hager una piragua , y envió el goberna-
dor á Baltasar de Gallegos con treynta de
caballo, nadadores , que fuessen á buscar
el rio arriba por donde le pudiessen pas-
sar , é diesse de súbito sobre los indios;
é fué sentido, é desampararon el passo,
é assi passaron muy bien en la piragua
un jueves á los diez é seys del mes : é
adelantósse el gobernador con algunos
de caballo, é llegaron muy noche al pue-
blo del señor, é estaba toda la gente al-
gada. Otro dia después llegó Baltasar de
Gallegos con los treynta que con él fue-
ron , é alli estovieron en Chicaga aquella
Pasqua de Navidad , é nevó con tanta
ventisca , como si esto vieran en Burgos,
é con tanto ó mas frió. Lunes tres dias de
enero de mili é quinientos é quarenta y
uno , vino el cagique de Chicaga de paz,
é dio luego guias é lenguas á los chrips-
tianos para yr á Caluga , que tenia mucha
fama entre los indios. Es Caluga una pro-
vingia de mas de noventa pueblos (no
subjecta á nadie ) , de gente feroz muy
belicosa y muy temida , é próspera tierra
en aquellas partes. En Chicaga mandó el
gobernador que fuesse la mitad de la
gente de su exérgito á hager guerra á
Sacchuma , y á la tornada se hizo de paz
el cagique Miculasa , é vinieron mensa-
jeros de Talapatica. É en estos medióse
discursos dessa guerra llegó el tiempo de
caminar, é pidieron tamemes al cagique;
é alborotáronse los indios entre sí de tal
manera que los chripstianos lo entendie-
ron, é quedaron que los darían para los
quatro de margo que se avian de partir,
é que aquel dia vendrían con ellos: la
víspera del qual el gobernador cabalgó é
halló los indios de mal arle , é conosció-
se la ruin intengion que tenían , é vol-
vióse al real, é díxo públicamente : «Es-
ta noche es noche de indios ; yo dormiré
armado y mi caballo ensillado.» É todos
dixeron que harían lo mesmo ; é llamó
al maestro de campo , que era Luís de
Moscoso , é díxole que pusiesse aquella
noche buen recabdo en la gentinela, pues
era la postrera. El gobernador , en sa-
liéndose, de donde él quedaba aquellos
sus milites, con quien avia fecho essos
apergebimientos , se echó desnudo en su
cama , é no se ensilló su caballo ni otro,
é todos en el real se echaron á dormir
sin cuydado y desarmados. El maestro de
campo puso para el quarto del alba tres
de caballo , los mas para menos y de
peores caballos de toda la hueste. Y el
dia ya dicho, quatro de margo, que
avien prometido de dar los indios tame-
mes, en amanesgíendo (cumpliendo su
palabra ) , entraron por el real en muchos
esquadrones tocando alambores , como sí
fuera en Italia , y poniendo fuego al real
572
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
quemaron é tomaron cinqüenta é nueve
caballos, entre los guales tres dellos les
passaron ambas espaldas con las flechas;
y como gente descuydada se ovieron los
chripstianos en este fecho , y pocas ar-
mas , cotas , langas y sillas quedaron por
quemar , y todos los caballos se fueron
aventados , huyendo del fuego y de la
grita. Solamente pudo cabalgar el ade-
lantado , y no le fincharon el caballo ni
él se abrochó el sayo de armas , y Tapia
de Valladolid con él ; é al primero indio
que alcauQÓ, que le dio unalangada, ca-
yó sobre él con la silla ; y si los indios
supieran seguir su victoria , este fuera el
postrero dia de las vidas de todos los
chripstianos de aquel exérgito , y el
que diera fin á la demanda de los ta-
memes.
Luego los españoles se passaron á una
savana una legua de aquel pueblo en
que estaban , é tenian buhios é manteni-
mientos , é assentaron real en una ladera
é gerro , é diéronse priessa á assentar la
fragua, é higieron los fuelles de cueros
de osos ; é templaron las armas , é higie-
ron fustes de sillas, y proveyéronse de
langas , que avia por alli muy buenos
fresnos , y dentro de ocho dias lo tuvie-
ron todo aderesgado. Matáronles en la
dicha Chicaga y quemáronles vivos hasta
doge chripstianos. Martes quinge de mar-
go , al quarto del alba , volvieron los in-
dios sobre los chripstianos con determi-
nagion de acabarlos , y dieron en ellos
por tres partes ; y cómo la nesgessidad
los avia hecho diligentes é estaban sobre
aviso y en vela, pelearon con ellos vale-
rosamente, é pusieron á los indios en
huida , é plugo á Dios que los chripstia-
nos no tuvieran mucho daño , aunque de
los indios murieron pocos. Algunos espa-
ñoles se mostraron este dia muy valien-
tes de sus personas , y ninguno dexó de
hager lo que debia, é mal aventurado
fuera el que en tal tiempo no defendiera
bien su vida y dexára de mostrar á los
enemigos la virtud y armas de los chrips-
tianos.
CAPITULO XXVIIÍ.
En que la historia cuenta otro recuentro de una albarrada , en que peleó el adelantado con los indios , é co-
mo llegó á un rio muy grande, el qual passaron los chripstianos, é de una oración é raconamienlo que en
favor de la cruz y de la fé hizo delante del adelantado y de los chripstianos el cacique de Casqui , y de la
conten9Íon deste ca9ique con otro su enemigo, llamado Pacaha, sobre quál debia preceder al otro. Par-
tieron de Uliangiie , y dícense muchas particularidades notables.
iTJIartes veynte é seys dias de abril del
año ya dicho de mili é quinientos é qua-
renta y un años, partió el gobernador
Hernando de Soto de la savana de Chica-
ga, é fueron á dormir á Limamu , y estu-
vieron alli buscando mahiz, porque los in-
dios lo tenian escondido, é avian de passar
un despoblado. É el jueves fueron á otra
savana, donde tenian los indios fecha una
albarrada muy fuerte , y dentro della mu-
chos indios de guerra muy embixados y
pintados todos de colores que paresgian
muy bien (y aun paresgian mal, ó á lo
menos les eran dañosos á los chripstia-
nos) : é entráronles por fuerga el albarra-
da , con algún daño que ovo de muertos
y heridos de parte del adelantado y su
exérgito , y mucho sin comparagion ma-
yor de parte de los vengidos, é masovie-
ra, si no huyeran los indios. Sábado, úl-
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXVIII.
373
timo de abril, partió el exérgito del
assiento de la albarrada, y caminaron
nueve dias por despoblado é mal camino
de montes é giénegas, hasta domingo ocho
de mayo que llegaron al primero pueblo
de Quizqui: é tomáronle de sobresalto,
é cativaron mucha gente é ropa ; pero el
gobernador los puso luego en libertad é
se lo hizo lodo restituir , por temor de
guerra, aunque no bastó para hager ami-
gos essos indios. Una legua deste pue-
blo se halló otro de mucho mahiz, é lue-
go á otra legua otro assimismo con mu-
cho mahiz: alli vieron el rio grande. Sá-
bado veynte y uno de mayo se passó el
real á una savana entre el rio é un pue-
blo pequeño , é hicieron ranchos , é se
comengaron á hager quatro piraguas pa-
ra passardelaotra parte. Degian muchos
dessos conquistadores, que era mayor
rio aqueste quel Danubio. De la otra van-
da del rio se juntaron hasta siete mili in-
dios para defender el passo , y con has-
ta dosgientas canoas, todas con escudos,
que son hechos de cañas juntas , tales y
tan texidas con tal hilo que apenas los
passa una ballesta. Venian lloviendo fle-
chas y el ayre lleno deltas, y con tal gri-
ta que paresgie cosa de mucho temor;
pero visto que no se dexaba la obra de
las piraguas por ellos, dixeron que Pa-
caha , cuyos eran , los mandaba quitarse
de alli , y assi dexaron el passo desem-
baragado. Y el sábado á ocho de junio,
passó todo el real en las quatro piraguas
aquella gran ribera, é dieron muchas
gragias á Dios, porque á su paresger nin-
guna cosa tan dificultosa se les podia
ofresger. Luego el domingo fueron á un
pueblo de Aquixo: martes, veynte y uno
de junio , salieron de alli é passsaron por
la poblagion de Aquixo , ques muy her-
mosa ó de lindo assiento. Otro dia, miér-
coles, passaron por el mas mal camino
de ciénegas é agua que tovieron en todo
lo que vieron de la Florida, é en esta
jornada tuvo mucho trabaxo la gente.
El otro dia siguiente , jueves, entraron
en tierra de Quarqui é passaron por mu-
chos pueblos, é otro dia viernes, dia de
Sanct Johan , fueron al pueblo del señor
de Gasqui , é dio comida é ropa á este
exérgito , é el sábado entraron en su pue-
blo: é tenia muy buenos buhíos, y en el
pringipal sobre la puerta muchas cabegas
de toros muy fieros , assi como en Espa-
ña se ponen á las puertas de las casas de
los caballeros monteros cabegas de puer-
cos javalíes ú osos. Alli pussieron los
chripstianos en un gerro la cruz : resgi-
biéronla y adoráronla con mucha devo-
gion , y digo con mucha devogion , por-
que venian los indios giegos y coxos á
pedir salud. La fé destos, degia Rodrigo
Ranjel , que era mayor que la de los con-
quistadores , si fueran doctrinados , é que
higiera mas fructo en ellos que no les
higieron essos chripstianos.
El domingo, veynte é seys de junio, sa-
lieron de alli para Pacaha, enemigo de
Gasqui, é fueron á dormir á un pueblo é
passaron otros. É el dia siguiente passaron
una giénega , en la qual tenian los indios
una puente bien hecha, ancha é de muy
gentil arte; é el miércoles llegaron al
pueblo de Pacaha, pueblo é señor de gran
fama é muy estimado en aquellas partes.
Era essa poblagion muy buena é muy
bien gercada, é torreados los muros y
con una cava á la redonda, y lo mas de-
lla llena de agua que se le echa por una
agequia que va desde el rio : tenia esse
estaño infinito pescado y muy bueno de
diverssas maneras. El cagique de Gasqui
llegó á los chripstianos , al tiempo que
entraban en el pueblo, y rancheáronle
bravamente. En Aquixo é Gasqui y este
Pacaha vieron los mejores pueblos que
hasta alli avian visto , y mejor gercados y
fortalesgidos , y de mas primores en la
gente, exgepto la de Gofitachequi.
Estando el adelantado é su gente al-
574
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
gunos dias en Pacaha , se higieron algu-
nas entradas la tierra adentro , é el ca-
cique de Gasqui se fué un dia quél vido
oportunidad para ello sin pedir ligengia,
por lo qual el gobernador procuró de
traer de paz á Pacaha , é él vino en ello
por cobrar un hermano suyo que le avian
tomado los chripstianos á la entrada del
pueblo : é dióse congierto con Pacaha
para que fuessen á hager guerra á Gas-
qui, lo qual plugo mucho á Pacaha. Pero
tuvo aviso dessa determinagion Gasqui,
é vino con ginqüenta indios de los suyos
muy bien dispuestos : é traia un truhán
delante de si por grandega , digiendo é
hagiendo gragias , dando ocasión de mu-
cha risa á los que le miraban. El gober-
nador se mostró enojado é áspero por
complager á Pacaha , é envióle á mandar
que no entrasse en el pueblo : Gasqui le
envió por respuesta , que aunque le cor-
tasse la cabega, no dexaria de venir. Pa-
caha pidió ligengia al gobernador para
darle á Gasqui una cuchillada por la cara
con un cuchillo que tenia en la mano
que le avian dado los chripstianos , é el
gobernador dixo á Pacaha que no higies-
se tal cosa ni le higiesse injuria , porque
se enojarla con él ; y mandó que vinies-
se Gasqui á ver lo que quería , y porque
le queria preguntar la causa por qué se
avie ydo sin su ligengia. Llegó Gasqui é
dixo al gobernador desta manera , se-
gund lo re feria el intérprete Johan Ortiz
é otros indios lenguas que ya el gober-
nador é los chripstianos tenian : «¿Gomo,
señor, es posible que aviéndome dado
la fé de amistad, sin averte yo hecho
ningund daño ni dado alguna ocasión,
me querías destruir á mí, amigo tuyo y
hermano? Dísteme la cruz para defen-
derme con ella de mis enemigos , y con
ella mesma me querías destruir. (Esto
degia él, porque los indios de Pacaha,
su enemigo , que yban con los chripstia-
nos contra él , llevaban cruges en las ca-
begas, altas porque fuessen conosgidos).
Agora, señor, dixo Gasqui, que nos oyó
Dios, por medio de la cruz; que las mu-
geres y muchachos y todos los de mi
tierra se pusieron de rodillas á ella á pe-
dirle agua al Dios que dexiste que pa-
desgió en ella , y nos oyó y nos la dio
en grande abundangia y remedió nues-
tros mahiges y simenteras; .agora que
mas fé teníamos con ella y con vuestra
amistad , nos querías destruyr aquellos
niños y mugeres que tanto quieren á
vosotros y á vuestro Dios. ¿Por qué que-
rías usar de tanta crueldad sin te lo me-
resger? ¿Por qué querías perder el crédito
y confianga que de tí higimos , y querías
ofender á tu mismo Dios y á nosotros,
que por él, tá en su nombre, nos asegu-
raste y regebiste por amigos y te dimos
entero crédito, y confiamos del mismo
Dios y de su cruz y la tenemos en nues-
tra guarda y amparo y en la revereugia
y acatamiento que conviene? ¿A qué fin,
á qué propóssito te movías á hager ni
penssar una cosa tan agraviada contra
gente sin culpa y amigos de la cruz y
tuyos?» Y dicho esto, calló. El gober-
nador, los ojos enternesgidos y no sin
dar señal de lágrimas , considerando la
fé é palabras de aquel cagique , le res-
pondió con los intérpretes delante de
muchos milites chripstianos, que con
atengion y no sin lágrimas , vengidos de
caridad y fé , avian oydo lo ques dicho,
y dixo assi : « Mira , Gasqui : nosotros no
venimos á destruyros, sino á hager que
sepáis y entendáis esso de la cruz y nues-
tro Dios que tú me diges ; y essas mer-
gedes que os ha hecho es poca cosa en
respeto de otras muchas y muy grandes
que os hará , si le amáis y creéis ; y assi
lo ten por gierto , y lo hallareis y veréis
mejor cada dia. Y cómo te fuyste sin mi
ligengia , penssé que tenias en poco la
dotrina que te aviamos dado ; y por el
menospregio que tenias della te queria
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXVIll.
575
destruyr, creyendo que con soberbia te
fuiste , porque esta es la cosa que nues-
tro Dios mas aborresge y por la que mas
á nosotros nos castiga. Agora que vienes
humilde, ten por gierto que te quiero
mas bien de lo que pienssas ; y si de mí
has menester algo , dímelo y verlo has,
porque nosotros hagemos lo que nuestro
Dios nos manda , que es no mentir ; y
assi cree que te digo verdad , porque es
muy grand pecado entre nosotros la men-
tira. Y esta voluntad no me la agradez-
cas á mí ni á los mios , porque si tú tie-
nes la que diges. Dios Nuestro Señor
manda que te queramos , como á herma-
no, y que assi te hagamos las obras, por-
que tú y los tuyos nuestros hermanos
soys , y assi nos lo dige nuestro Dios.»
Tan admirados estaban los indios des-
to , como los chripstianos de lo que Cas-
qui avia dicho. En esto se hizo hora de
comer, y senlósse el adelantado y mandó
sentar á entrambos cagiques, entre los
quales ovo grand contengion sobre quál
dellos se sentaría á la mano derecha del
gobernador. Pacaha le dixo á Casqui:
«Bien sabes tú que yo soy mayor señor
que tú y de mas honrados padres y abue-
los, y que me pertenesge mejor lugar
que á tí.» Casqui respondió assi: «Ver-
dad es que tú eres mas grand señor que
yo, y tuspassados lo fueron mayores que
los mios. Y pues este grand señor que
aquí está dige que no avemos de mentir,
yo no negaré la verdad; empero bien
sabes tú que yo soy mas viejo y puedo
mas que tú , y te engierro en tu gerca
cada vez que quiero , y tú nunca has vis-
to mi tierra.» En efeto, esto quedó en
determinagion del gobernador , y mandó
que Pacaha se sentasse á la mano dere-
cha , porque era mayor señor y mas an-
tiguo en Estado , é avia en él y en los
suyos buenas costumbres y manera de
gente cortesana á su modo dellos. Casqui
avia trahido una hija, muchacha bonica,
al gobernador. Pacaha le dio una muger
suya fresca é muy honesta, y le dio una
hermana y otra india pringipal. El go-
bernador los hizo amigos y los abragó y
mandó que se tratassen de una tierra á
otra con sus mercaderías y negogios, y
assi quedaron de lo hager ; y con esto se
partió de allí el gobernador á los veynte
é nueve de julio. Pero quisiera yo que,
juntamente con las exgelengias de la cruz
y de la fé que este gobernador les dixo
á essos cagiques , les dixera quél era ca-
sado é que los chripstianos no han de te-
ner mas de una muger ni aver exgesso á
otra, ni adulterar, ni tomara la hija mu-
chacha que le dio Casqui, ni la muger
propría y hermana otra, y otra pringi-
pal que le dio Pacaha, ni que les que-
dara congepto que los chripstianos, como
los indios , pueden tener quantas muge-
res é concubinas quisieren ; é assi como
essos adúlteros viven, assi acaban.
Passemos adelante : que á mi paresger
en un cagique de tanta discregion como
Casqui , bien paresgiera baptigarle é ha-
gerle chripstiano á él é á su gente ; é me-
jor fuera parar alli , que yr adelante á lo
que la historia dirá. Ni alabo aver passa-
do de Cofitachequi, por el mismo respeto
é por lo que se ha dicho de aquella tierra.
Assi que, salido este exérgito y su go-
bernador de Pacaha , fueron á dormir á
un pueblo de Casqui, é otro día al pue-
blo pringipal del mismo señor de Casqui,
por donde ya avian passado , é salieron
de alli domingo, último dia de aquel mes,
é fueron á un pueblo de aquella provin-
gia. É el lunes primero de agosto llega-
ron á otro pueblo questá á par del rio de
Casquín que es brago que sale del grand
rio de Pacaha, y es tan grande esse bra-
go, como Guadalquivir. AUi vino Casqui
é ayudóles á passar el rio en canoas el
martes dos de agosto: fueron á dormir el
miércoles aun pueblo quemado, y el jue-
ves siguiente á otro junto al rio, donde
576
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
avia muchas calabazas y mucho mahiz é
fresóles. É otro día, viernes, fueron á
Quiguate , ques el mayor pueblo que vie-
ron en aquella tierra, junto al rio de Gas-
qui; é súpose después que aquel rio yba
muy poblado abaxo (aunque alli noloal-
cangaron á saber) é por esso tomaron el
camino de Goligua un despoblado en me-
dio. Viernes veynte é seys de agosto par-
tieron de Quiguate en demanda de Goli-
gua, é fueron á dormir á una giénega; y
de giénega en giénega higieron su viaje
de quatro giénegas é jornadas, en las
quales giénegas ó estaños avia infinito
pescado , porque todo aquello hinche el
rio grande quando sale de madre. É el
martes fueron al rio que digen de Goli-
gua, é el miércoles assi mismo al mismo
rio, é el jueves siguiente á Goligua, que
fué primero de septiembre , é hallaron el
pueblo poblado, en elqual tomaron mucha
gente é ropa é infinita comida, y mucha
sal. Es un gragioso pueblo entre unas sier-
ras, en una barranca de un grande rio,
é desde alli yban en medio dia á matar
vacas, que hay muchas salvajes. El mar-
tes seys dias de septiembre partieron de
Goligua y passaron el rio otra vez , é el
miércoles passaron unas sierras é fueron
á Galpista , en la qual avia una fuente de
agua de que se hagia muy buena sal, co-
giéndola hasta que se cuaxaba. El jueves
siguiente fueron á Palisma, é el sába-
do diez de septiembre, saheron á dormir
á un agua , y el domingo llegaron á Qui-
xila, é repossaron alU el lunes, é fueron
el martes á Tutilcoya , y el miércoles á
un pueblo á par de un rio grande , é el
jueves fueron á dormir á par de una gié-
nega. É adelantósse el gobernador con
algunos de caballo , y llegó á Tánico é
otro dia fueron á la misma poblagion de
Tánico, derramada y mucha y muy abun-
dosa de mantenimientos. Algunos querían
degir que era Gayase, de la qual avia mu-
cha fama; pueblo grande é gercado, pero
nunca le pudieron ver ni descobrir, é
después les degian que lo avian dexado
á un lado del rio. De alU fué el goberna-
dor con trege de caballo é ginqüenta peo-
nes á ver á Tula , y volvió de allá á mas
que de passo, é matáronle un caballo é
hiriéronle otros quatro ó ginco, é deter-
minó de yr allá con elexérgito.
No es de preterir ó dexar en olvido que
alli en Gayase nuestros españoles cogian
gestos de arena seca del rio é colaban el
agua por ella , é salia hecha salmuera , é
cogíanla é quaxábasse, é hagian assi muy
singular sal y muy blanca y en toda bon-
dad é sabrosa.
Miércoles, ginco de octubre, salie-
ron del assiento de Tánico ó Gayase y
llegaron el viernes á Tula , é hallaron la
gente algada ; pero mucho mantenimien-
to. É el sábado por la mañana vinieron
los indios á darles guagábara ó batalla:
traian varas largas como langas , las pun-
tas tostadas , y esta fué la mejor gente
de guerra que los chripstianos toparon:
é peleaban como desesperados , con el
mayor esfuergo del mundo , é aquel dia
hirieron á Hernandarias, nieto del maris-
cal de Sevilla, é plugo á Dios que los
chripstianos se ovieron tan valientemen-
te, que no rescibieron mucho daño, aun-
que llegaron los indios á ranchear el real.
Miércoles, diez é nueve de octubre , par-
tió este exérgito y el gobernador de Tula,
é fueron á dormir á dos buhíos, é otro
dia jueves á otro buhío , é el viernes á
otro, en el qual murió Hernandarias de
Saavedra, que yba herido desde Tula,
é se pasmó ; é murió como caballero
cathólico , encomendando su ánima á
Dios. Otro dia sábado fueron á Gui-
pana, que está entre unas sierras , junto
á un rio , é desde alU fueron á dormir
donde pudieron alcangar , y todo es sier-
ras aquello desde Tula. Otro dia salieron
de las sierras é entraron en llanos, é el
lunes postrero del mes llegaron á un pue-
DE INDIAS. LIB. XVII. CAP. XXVIII.
577
blo que se dige Quitamaya , y el martes
primero de noviembre passaron por un
poblegueio, y miércoles á dos de no-
viembre llegaron á ütiangüe , que es
una savana muy bien poblada que pa-
resgiabien (*).
(*) Aqui terminan las adiciones al libro XVII,
contenidas en el códice autógrafo que tenemos á la
vista , siendo indudable que se halla incompleto el
presente capítulo. Mas sensible es todavía el que
no se hayan podido haber á las manos los dos últi-
mos de este mismo libro , añadidos (como los ocho
anteriores), en los cuales trataba Oviedo de la
muerte del gobernador Hernando de Soto y de los
grandes trabajos y penalidades de su gente , dando
al mismo tiempo curiosas é importantes noticias, asi
de los animales , árboles y plantas , como de otros
fenómenos de historia natural. El título y resumen
de ambos capítulos son los siguientes:
«Capítulo XXIX. — De la muerte del gobernador
Hernando de Soto , é cómo fué jurado y obedescido
en su lugar Luis Moscoso ; é cuéntanse los trabaxos
destos conquistadores é otras cosas.
— Desafio del ca9ique Quigudta á los chripstianos.
— Fuentes de agua, de que se hace sal.
— Ríos calientes é sal que se ha9e del arena.
— Áspera é belicosa gente.
— Cómo los chripstianos hÍ9Íeron siete verganti-
nes para yrse é dexar la tierra , como la dexaron , é
de la cres9iente de un rio que turó quarenta é tres
días.
Capítulo XXX é último. — Del sub9eso de la gen-
te que quedó del gobernador Hernando de Soto , é
otras particularidades.
— De los animales de aquella tierra , é del mara-
villoso animal , llamado el aserrador , é de los pes-
cados , en espe9ial uno llamado pala.
— De las fructas de aquella tierra é árboles de li-
quidámbar é martas 9ebellinas é otras muchas par-
ticularidades.»
Estos capítulos ocupaban , según se advierte en
la tabla que formó el mismo Oviedo , desde el folio
472 al 478 , ambos inclusive , no debiendo perderse
de vista que cada folio constaba de dos páginas.
TOMO!.
73
Gomienga el libro dégimo octavo de la piioiera parte de la Natural y General his-
toria de las Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Océano : el qual tracta de las cosas
de la isla de Jamáyca, que agora se llama Sanctiago.
PROHEMIO.
AJOS que se han ocupado (como agora
yo hago) en escrebir y dar no ligia al
mundo é diversas nasgiones del , de al-
gunas cosas naturales é no comunicadas
á los ausentes , sino con los que las fue-
ron inquiriendo y á buscar, á muchos
peligros hasta verlas é considerarlas se
ofresgieron , por los quales ha de discur-
rir en la mar y en la tierra quien tal em-
presa toma, assi por passar diversas re-
giones y calidades tan diferentes como
los elementos é composigion de la natu-
ra tienen para su conformidad y artifigio
natural con que Dios la formó , como por
los inconvinientes que en las tales tier-
ras y provingias é mares han de hallar
forgosamente : assi como los manteni-
mientos diferengiados, las aguas é ayres
é templanga de los montes y llanos por
donde discurren , no sanos ni á su pro-
póssito; las animalías de tigres, leones,
serpientes y otras nogivas ocasiones , é
otras innumerables dificultades que no se
podrían expressar en breves renglones.
É ya que de todos los tales peligros sea
libre el que tal exergigio toma , quien le
escusará de los murmuradores : los qua-
les , caso que hablen en lo que no en-
tienden , y reprehendan lo que no alcan-
gan ni sabrían hager; y que desgradez-
can averies dado notigia de lo que yno-
raban, no pueden acabar consigo de
dexar de morder á quien meresge gra-
gias y no los ofende. Pues ofresgido yo á
estos trabaxos y reprehensiones , no de-
xaré de escrebir sin ninguna jalangia ni
temor de mi obra lo que he visto y en-
tendido destas maravillosas historias tan
nuevas y tan dignas de ser oydas. Den,
pues, los vanos sus orejas á los libros de
Amadís y de Esplandian, é de los que
dellos penden que es ya una generagion
tan multiplicada de fábulas, que por
gierto yo he vergtienga de oyr que en
España se escribieron tantas vanidades,
que hagen ya olvidar las de los griegos.
Mal se acuerda quien tal escribe y el que
semejantes figiones lee, de las palabras
DE INDIAS. LIB. XVIII. PROHEMIO.
579
evangélicas que nos enseñan que el dia-
blo es padre de la mentira. Pues luego
quien la escribe hijo suyo será. Líbreme
Dios de tamaño delicio y encamine mi
pluma á que con verdad (ya quel buen
estilo me falte) , siempre diga y escriba
lo que sea conforme á ella y al servigio
y alabanga de la misma verdad ques
Dios, en cuya esperanza yo he llegado
hasta este libro XVIII , dando gierta re-
lagion de lo que tengo dicho en los libros
precedentes : y con su favor espero con-
tinuarlo en el pressente y en los por ve-
nir, no en fiugia de la eloqüengia y orna-
mento de mi estilo (que todo le falta),
pero arrimado al bordón de la misma y
esclaresgida verdad, poco á poco, nunca
me desacordando de la propriedad y cos-
tumbre que tiene la gorra para passar el
hielo: la qual en la provingia de Tragia,
región muy fria, quando quiere passar
los rios ó lagunas heladas , jamás lo hage
sino quando va ó viene al pasto ; é por-
que es animal de muy sotil oyr , antes
que passe pone la oreja sobre el hielo , y
de aquella manera arbitra qué tan gordo
está, y si es sufigiente para sostenerla á
cuestas y passar sin peligro. Pues desta
manera , sé que no se hundirán mis trac-
tados porque passan por la puente de la
verdad, ques es tan regia y poderosa
que sosterná y perpetuará mis vigilias,
pues son en alabanga del Hagedor é Se-
ñor de -todo lo hecho é criado , y de lo
que es ó puede ser ; á quien ninguna co-
sa es imposible, é antes faltan é faltarán
lenguas que regiten sus maravillas , que
materias y ocasiones para darle gragias.
Yo no escribo por passar estos hielos de
los murmuradores sin causa , sino porque
voy al pasto de la obediengia é voluntad
que tengo de servir á Dios en ello y á
mi rey , por cuyo mandado me ocupo en
esto ; y de aqui arbitro y entiendo que
puedo passar seguro é sin calumnia,
quanto á la medula y fructo de escrebir
lo gierto. En lo demás confiesso que otros
lo sabrían mejor hager, ocupando su tiem-
po en estas materias; é viéndolas no
desde Gregia ni desde las estufas ó jardi-
nes que, segund los tiempos algunos auc-
tores tuvieron para notar con reposo lo
que compusieron ; porque en tales luga-
res usan de la armenia de sus estudios y
de los ingenios de que la natura les dio
parte ; pero estas cosas de acá , con mu-
cha sed, con mucha hambre ycansangio,
en la guerra con los enemigos y en ella
y en la paz con los elementos, contrastan-
do con muchas nesgessidades y peligros,
herido sin girujano , enfermo sin médico
ni medeginas , hambriento sin tener que
comer, sediento sin hallar agua, cansa-
do sin poder alcangar reposo , nesgessi-
tado del vestir y del calgar , é andando
á pié quien sabria subir en un caballo;
passando muchos é grandes rios sin sa-
ber nadar. É á todas estas é otras innu-
merables nesgessidades suple la clemen-
gia de Dios y da industria á los nesgessi-
tados, para salir della con su favor é mi-
sericordia , como podrá verse por estas
historias. Pues crea el letor que muchos
de los que por acá andan é han experi-
mentado todo esto , y lo que mas se po-
dría degir, sabrían pelear con los turcos
y dangar con las damas, quando convi-
niesse , y hager en la guerra y en la paz
lo que á su honor fuesse honesto é con-
viniente. Porque aunque la nesgessidad
los trae por estos destierros á vivir entre
salvajes, essa misma los hage mas di-
nos que á otros que nasgieron muy he-
redados é viven á pierna tendida, no
sabiendo mas que sus veginos , y en mu-
cho reposo se dan á entender que cóm-
prehenden desde sus camas , lo que no
se puede aprender sino trabaxando , é
burlan de los que , como valerosos y no
dando á logro ni salteando en poblado,
passan sus vidas en estas peregrinagio-
nes. Dexemos aquesto y passemos á la
S80
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
isla de Jamáyca, que los chripstianos
agora llaman Sanctiago, que es uua de
las islas pobladas de españoles : de la
qual sumaria y brevemente se dirá lo que
fertilidad , y de las otras cosas que á su
historia convengan. É degirse han sus lí-
mites é assiento, segund la verdadera
cosraographia , é razón de las alturas del
higiere al propóssito de su conquista y polo de nuestro horigonte.
CAPITULO I.
Que Iracta del primero descubrimienlo de la isla de Jamáyca , que agora se llama isla de Sanctiag-o.
tunando el almirante don Chripstóbal
Golom volvió de España la segunda vez
que vino á esta Isla Española , fundó la
cibdad de la Isabela. El qual pueblo se
hizo ó comengó el año de mili y quatro-
gientos é noventa y tres años, é des-
de alli, como se dixo en el libro II,
fué con dos caravelas á descobrir la isla
de Jamáyca, é llevó consigo los caballe-
ros y gente que le paresció de los que
debaxo de su obediengia militaban. Y
descubierta aquella isla vido , mas larga-
mente á la de Cuba, como queda relata-
do en el libro que digo ; pero porque en
las otras islas do quien he escripto, lo
primero ha seydo digiendo sus límites é
assiento, no es razón que aqui falte la
regla y orden con que he proseguido
hasta aqui en esta general chrónica. É por
tanto digo que desde la punta de Sanct
Miguel, que algunos inconsideradamente
digen del Tiburón , que es la parte mas
ocgidenlal desta Isla Española , hasta la
primera tierra de la isla de Jamáyca hay
veynte é ginco leguas pocas mas ó me-
nos al Poniente. Está aquella isla en diez
é siete grados déla línia equinogial, é
tiene de longitud ginqüenta é ginco le-
guas pocas mas ó menos , y de latitud
quassi la mitad de lo ques dicho , é assi
lo cuentan ó miden los marineros y gen-
te de la mar. Los de la tierra é veginos
de la misma isla , en la qüal yo me he
querido informar, digen que es mayor
de lo que he dicho, y que lo han visto é
andado muchas veces, y facen esta isla
de septenta é ginco leguas ú ochenta
de longitud, y de latitud digen que pue-
de tener diez y seys ó diez y siete le-
guas. Los diez y siete grados en que di-
xe que está aquella isla, son de la parte
del Sur; pero de la parte mas puesta al
Norte ó tramontana está en diez y ocho
grados, poco mas ó menos: la punta des-
ta isla, que se llama punta de Morante,
es lo mas oriental della ; é desde alli dis-
curriendo la costa abaxo al Ocgidente
por la vanda del Sur, llegan á Maynoa,
y de alli baxan seys leguas hasta el puer-
to de el Yaguabo ; y de alli se abaxa á la
provingia de Añaya , é mas baxo está la
villa de Oristan, y en fin de la isla está
la punta del Negrillo que es lo último de
la isla.
De alli, dando la vuelta por la vanda
del Norte, van á la villa dicha Sevilla,
que es la poblagion pringipal de chrips-
tianos. Y está quassi en el conmedio de
la isla ; y de alli , yendo por la costa ar-
riba , está una isla pequeña llamada Me-
lilla , donde están los cagiques é indios
que sirven á los chripstianos , é mas al
Levante está el puerto dicho Guaygata,
desdel qual , subiendo todavía la costa
arriba, van al puerto de Antón, que es
bueno y para muchos navios. Assi que
esto que es dicho es la gircunferengia
desta isla, en que podrá aver quassi gien-
to é ginqüenta leguas, pocas mas ó me-
nos, bojándola. De la parte del Medio-
DE INDIAS. LIB. XVIII. CAP. I.
581
dia tiene las islas de Sanct Bernardo é
la provincia de Cartajena de la Tierra-
Firme , de donde dista ? iento é veynte
leguas , pocas mas ó menos; y de la par-
te del Norte tiene la isla Fernandina á
veynte é ginco leguas lo mas gerca á la
punta de los Jardines. É por la parte del
Levante, desde la punta de Morante has-
ta la primera tierra de la Isla Española,
que es la punta del Tiburón , puede aver
otras veynte é ginco leguas , como se di-
xo de suso ; y al Poniente tiene á treyn-
ta é ginco leguas , pocas mas ó menos,
las islas que llaman de los Lagartos. Pe-
ro porque estas son despobladas, digo
que la tierra ocgidental que derechamente
está en la Tierra-Firme del Leste al Hues-
te con Jamáyca, es la tierra que de Yuca-
tan es mas próxima á la bahia de la As-
gension. Por manera questos aledaños é
límites que he dicho tiene esta isla de
Jamáyca, que agora se llama Sanctiago,
la qual es muy fuerte , é hay en ella los
árboles, y plantas, é hiervas que sedixo
de la Isla Española ; é la gente de la mis-
ma manera y lengua, y desnuda. Y es
tierra abundante en todas las cosas que
se ha dicho de las otras islas ; é tiene ri-
cas minas , aunque no se ha sacado tanto
oro, assi porque en esta isla de Jamáyca
no se hallaron minas hasta el año de mili
é quinientos é diez é ocho , como por la
falta que ovo de la gente , que assi se
murió é acabó como en la Española, é por
las mesmas ocasiones y viruelas peslilen-
giales. Sus gerimonias é matrimonios y
manera de vida y sus armas, é todo lo de-
mas fué y es como en esta Isla Española.
Los ganados se han hecho muy abundan-
temente, assi vacas, como ovejas y puer-
cos y caballos de los que se truxeron de
Castilla : en espegial de los puercos hay
mucha moltitud , y los montes andan lle-
nos de puercos salvajes : las aguas y los
pastos son muy exgelentes.. La tierra es
muy sana , y no tan sin montes como al-
gunos han dicho y escripto sin verla;
pues que en la verdad hay muchos, é mu-
chos rios y lagos y de muy buenos y
muchos pescados de todas las maneras
que se ha dicho que los hay en las otras
islas pobladas de chripslianos. Las prin-
gipales granjerias que los españoles tie-
nen en Jamáyca son ganados é camise-
tas, y telas, y hamacas ó'camas de al-
godón, porque hay mucho y bueno. É
assi mesmo se han hecho muy bien las
cañas dulges , é hay un muy buen inge-
nio del adelantado Frangisco de Garay,
que él hizo, y agora es de sus here-
deros.
El primero gobernador que passó á la
isla de Jamáyca fué un caballero, llamado
Johan de Esquivel , que passó á estas
partes con el almirante primero don
Chripstóbal Colom , en su segundo viaje,
año de mili y quatrogientos y noventa y
tres años: al qual después el almirante
segundo, don Diego Colom, lo envió por
su teniente é con gente á conquistar é
pagiíicar aquella isla desde aquesta Espa-
ñola en fin del año de mili y quinientos
y diez y nueve años. El qual hizo su ofQ-
gio como buen caballero é la conquistó é
pagificó é puso debaxo de la obediencia
de la corona real de Castilla, assi por
fuerga de armas quando convino , como
mansamente sin ellas por su buena in-
dustria , excusando de verter sangre hu-
mana , como geloso del servigio de Dios
y de la manera que convenia hagerse. Des-
pués de lo qual, desde á tres años ó poco
mas tiempo, fallesgió este capitán, y el
mismo almirante don Diego puso en su
lugar á otro hidalgo dicho Perea; y aques-
te lo fué poco tiempo , é fué removido
del cargo, é puso el almirante á un hidal-
go, natural de Burgos, llamado Camargo.
Estando las cosas en este estado, fué á
España Frangisco de Garay , alguagil ma-
yor desla gibdad , é tomó gierto assiento
con el Rey Cathólico don Fernando , de
582
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
gloriosa memoria , para entender á me-
dias en las granjerias de los ganados é
haciendas quel Rey tenia en aquella isla;
é Francisco de Garay puso los suyos , é
mandó el Rey al almirante que le diesse
poder para que fuesse alli su teniente , y
el ¡almirante se lo dio , assi por lo man-
dar el Rey , como porque Frangisco de
Garay era muy su amigo é servidor y ca-
sado con una parienta suya, y era de los
antiguos pobladores é primeros que pas-
saron con el almirante viejo , su padre,
á estas partes , año de mili é quatrogien-
tos é noventa y tres. Assi como esta
compañia fué assentada , en essa misma
sagon fué enviado por thesorero de la
misma isla Johan de Maguelo , para que
resgibiesse por el Rey los réditos de las
granjerias é hagiendas que por su mitad
le pertenesgiessen. Este despacho se hizo
en Valladolid , año de mili é quinientos é
trege: después de lo qual, el año de mili
é quinientos é diez é nueve, envió Fran-
gisco de Garay á Bargelona á la Qesárea
Magestad del Emperador , nuestro señor,
un criado suyo , llamado Johan López de
Torralva, con giertas muestras de oro, lo
qual nunca se avia hallado en aquella is-
la. Y el Emperador, nuestro señor, le
hizo repartidor de los indios; é se tuvo
por muy servido de Frangisco de Garay,
y al mensagero Torralva hizo Su Magos-
tad su contador de la isla. Antes desto
Frangisco de Garay , por su industria é
granjerias , fué en esta isla de Sancto Do-
mingo rico hombre é muy aprovechado,
é mucho mas lo fué después con esta
compañia que tuvo en las hagiendas rea-
les, de que resultó que estando muy
próspero destos bienes que quita y dá la
fortuna , se le aumentaron los desseos pa-
ra su perdigion, de que subgedieron sus
trabaxos é muerte ; é fué de aquesta ma-
nera.
- El año de mili é quinientos é veyntey
tres Frangisco de Garay hizo una muy
buena armada de navios y gente, é muy
bien provehida , para passar á la Tierra-
Firme á poblar en el rio que llaman de
las Palmas en la provingia de Panuco, en
lo qual se dixo que le fué muy contrario
Hernando Cortés ; porque cómo supo que
el Emperador avia hecho á Frangisco de
Garay adelantado é gobernador de aque-
lla tierra , adelantóse él á la poblar , é
quando passó allá Frangisco de Garay, no
le quisieron admitir al offigio los indios
ni los chripstianos , é quisieron algunos
degir que por industria de Cortés , aun-
que él dio sus descargos en ello. En fin,
que desbaratado Frangisco de Garay, fues-
se á la cibdad de México , donde murió
desde á pocos dias. Assi que y do Fran-
gisco de Garay, quedó la isla de Jamáyca
y esta en gobernagion del mismo almi-
rante, é después en el almirante don
Luis Colom é sus tenientes é ministros;
porque en las quatro islas pobladas de
chripstianos que he dicho , y en la de
Cubagua , de quien adelante se tractará,
tuvo la jurisdigion el almirante; pero de-
baxo de la superioridad de la Audiengia
Real y Changilleria que en esta cibdad
de Sancto Domingo de la Isla Española
reside. Y esto baste quanto á la conquis-
ta é gobernagion de Jamáyca y gente
della: en la qual hay dos villas pequeñas
pobladas de chripstianos: la pringipal se
dige Sevilla , y está de la vanda del Nor-
te, y la otra se llama Oristan , y está de
la vanda austral : la iglesia pringipal está
en Sevilla y con título de abadia , y en
los tiempos atrás llegó á ser de buena
renta en tiempo del chronista Pedro Már-
tir , que la tuvo é fué abad alli. Agora no
renta tanto , porque como en otra parte
tengo dicho , estas novedades é nuevas
de las riquegas é cosas que se descubren
cada dia en la Tierra-Firme, han apoca-
do mucho las vegindades de las islas to-
das; pero no en méritos de ser olvidada
ni tenida en poco esta isla de Sanctiago
DE INDIAS. LIB. XVIII. CAP. í.
583
ó Jamáyca ; porque en la verdad es muy
buena, é fértil, y sana, y de buenas
aguas, y concurren en ella muchas cosas
para la estimar por muy buena tierra y
de lindos y seguros puertos , y de mu-
chas y grandes pesquerias , é todo lo que
se puede desear en las buenas provingias
de Indias, segund las cosas que acá pro-
ducen. Y porque la perdigion de Francis-
co de Garay fué muy notable , y es uno
de los adelantados que en estas partes
debaxo deste título han acabado infelige-
mente, quando se tráete de las cosas de
la Nueva España, se dirá lo demás (por-
que aqui no hage al propóssito desta isla
mas de lo que se ha dicho) y que alli de-
xó mucha hagienda á sus herederos y un
muy buen ingenio de agúcar y otras ha-
giendas. É también era heredado en es-
ta gibdad de Sancto Domingo é regidor
della ; pero mucho mas perdió é gastó
que no dexó , á causa de aquel su cami-
no y armada , yendo á poner su persona
é ditado en aquella provingia de Panuco,
sin la qual é sin la vida quedó malgasta-
do su tiempo , la hagienda comida con
amigos ingratos , dando exemplo á los
cuerdos que en el adelantado Frangisco
de Garay , y en el adelantado Diego Ve-
lazquez , y en el adelantado Johan Pon-
ge de León é otros adelantados é capita-
nes destas partes quisieren poner los ojos.
CAPITULO II.
De otras particularidades de la isla de Sanctiago, que primero se llamó Jamáyca , y de la manera que los
indios tienen pata tomar las ánsares bravas.
JCin los ritos é gerimonias de la gente
de la isla de Sanctiago no hablo , porque
como he dicho en todo tenia esta gente
la costumbre é manera que los indios de
la isla de Hay tí y de Cuba; é assi eran
ydólatras é culpados en los otros sus vi-
gíes que he dicho ; y en los animales y
aves y pescados é agricoUura é manteni-
mientos , y en todo lo demás , y por esto
no me deterné , por no dar pesadumbre
al letor, con degirle lo mismo que en
los libros pregedentes podrá aver visto.
É assi tenian é tienen las mismas casas
de morada, é todos aquellos árboles y
fructas que he dicho. Pero porque donde
tráete en el libro XIII de la manera que
los indios tenian en tomar los manatís é
las tortugas con el pexe reverso, dixe to-
do lo que aqui se podría degir, no lo tor-
no á repetir ; mas soy informado que Ja-
máyca es la isla, donde mas se continuó
aquella forma de nueva pesquería , jamás
visto ni oydo tal arte sino en estas Indias
é islas ; é también hagen inventores á los
indios de Jamáyca ó Sanctiago de aque-
lla sotil y gragíosa invengion que tienen
para tomar las ánsares bravas, lo qual
es de aquesta manera.
En el tiempo que es el passo destas
aves, passan muchas é muy grandes com-
pañías deltas por aquella isla; y cómo
hay en ella algunas lagunas y estaños,
quando se posan en tierra para su pasto
é descanso, assiéntanse á par destos la-
gos. É los indios que por alli gerca vi-
ven echan en el agua unas grandes ca-
labagas vagias y redondas que se andan
algunos dias por engima del agua , y el
viento las lleva de unas partes á otras é
las trae á las orillas ó costa de tierra. Las
ánsares al pringipío se escandalígan é le-
vantan y se apartan de las calabagas,
viéndolas mover; pero como veen que
no les viene daño de su movimiento, po-
co á poco pierden el miedo ; y de día en
dia, domesticándose con las calabagas,
descóydanse tanto que se atreven á su-
bir muchas destas ánsares engima de las
584
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
calabagas. É assi se andan con el viento
sobre ellas á una parte y á otra , segund
el ayre las mueve ; é quando los indios
veen y conos^en que las ánsares están
ya muy asseguradas é domésticas de la
vista y movimiento é uso de las calaba-
gas , pónese el indio una calabaza tal co-
mo aquellas en la cabega hasta los hom-
bros , y todo lo demás de la persona tie-
ne debajo del agua , y por un agujero
pequeño mira á donde están las ánsares:
é pónese junto á ellas, é salta alguna en-
gima; é cómo él la siente, apártase muy
passo, si quiere, nadando sin ser enten-
dido ni sentido de la que lleva sobre sí
ni de otra ( porque en nadar está gente
é indios son de mas habilidad de lo que
se puede penssar de hombres); y quando
está alsro desviado de las otras ánsares,
y le paresge que es tiempo , saca la ma-
no y ásela por las piernas y métela de-
baxo del agua y ahógala y póneselá en
la ginta , é torna de la misma manera á
tomar otra y otras. Y desta forma y arte
toman los indios mucha cantidad dellas.
También sin se desviar de alli, assi co-
mo se le assienta engima , la toma como
he dicho y la mete debaxo del agua y se
la pone en la ginta, sin que las de demás
se vayan ni espanten , porque pienssan
que aquellas tales se hayan ellas mismas
gabullido por tomar algún pescado. Y
desía causa no se alteran ni dexan los in-
dios de tomar muchas. Passando yo por
aquella isla, comí algunas ánsares assi en-
gañadas , é son muy buen manjar : las
quales son pequeñas y blancas , é como
he dicho , en tiempo del passo dellas hay
innumerables ; pero también entre el año
se hallan algunas. Y también las toman
algunas veges , enramándose el indio la
cabega muy bien , y llégase nadando á la
orilla de la laguna dó están las ánsares,
y no falta alguna que se suba sobre las
ramas quel indio lleva en su guirnalda,
creyendo que es verdura ó géspede de la
misma vera del agua , é cómo la siente
acude tan presto con la mano que queda
presa de la misma manera que las suelen
tomar con las calabagas, como aquí está
dicho.
CAPITULO III.
Cómo el licenciado Gil Goncalez Dáviia fue á tomar las cuentas ó residenQia á la justicia é officiales de la
isla de Jamáyca por mandado de Sus Magestades.
til año de mili é quinientos é treynta
y tres llegó á esta cibdad de Sancto Do-
mingo de la Isla Española un caballero
letrado , natural de Toledo , llamado el
ligengiado Gil Gongalez Dáviia , hombre
de generosa y clara sangre, que por
mandado de Sus Magestades avia ydo con
el capitán Diego de Ordás á la conquista
del rio Marañen , que es en la costa de
Tierra-Firme : la qual empresa ovo infe-
lige evento y conclusión , y el mismo Or-
dás , yendo á España después de sus tra-
bajos , murió en la mar por acabar con
ellos, como mas largamente se dirá en
la segunda parte desta Natural historia,
Y cada uno de los que quedaron vivos ti-
ró por su parte; é assi vino á esta cibdad
este caballero , el qual desde aqui fue el
mismo año por mandado de Su Magestad
y Consejo Real de Indias á la isla de Sanc-
tiago á tomar residengia al teniente é jus-
tigias que alli hay por el almirante don
Luys Golom , y á tomar cuenta de la Ha-
gienda Real al thesorero Johan de Magüe-
to é al contador Johan López de Torral-
va , porque se degia que avia mucha nes-
gessidad dello ; y que Su Magestad , in-
formado desto , mandaba que este ligen-
DE INDIAS. LIB. XVIII. CAP. III.
585
giado fuesse á lo que es dicho. Y aun
porque en la verdad los oficiales que
mucho tiempo se dexan olvidar en los
cargos donde los intereses y ganangias
son continuas, tienen nesgessidad de ser
visitados y corregidos, y en esta Audien-
gia Real avian venido muchas quexas de-
llos. É assi passó á aquella isla el ligen-
giado Gil Gongalez á lo que aqui digo , y
para la reformagion de la justigia y cor-
region de los ofigiales é cuenta que se
les tomó donde el caso lo pedia. É con
tanto se dá conclusión á la historia de Ja-
máyca , ó isla que agora llamamos Sanc-
tiago. Y aun assi mismo concluyó su vida
en aquella isla el mismo ligengiado Gil
Gongalez Dávila, exergiendo su cargo é
sirviendo á su Rey.
TOMO I.
74
Este es el libro dégimo nono de la Natural y general historia de las Indias,
islas y Tierra-Firme del mar Océano: el qual tracta de las islas de Cubagua é la
Margarita.
PROHEMIO.
11 o hizo Dios cosa inútil ó sin provecho.
Vido Dios todo lo que hizo é todo fué bue-
no é por él aprobado *. Délo qual pode-
mos colegir, y vérnoslo en efeto, que en
las provincias que paresgen desiertas y
estériles en estas partes é Indias (y en
todo el universo), hay otros secretos
y utilidades y abundancia de cosas que
en las regiones estimadas por fertilíssi-
mas se dessean y son de mucha estima-
gion y presgio. Vemos la tierra cubierta
(en algunos lugares) de gargas, abrojos y
espinos; hallamos en sus entrañas ricos
mineros de plata y oro y otros metales y
provechos. Quanto mas que essos raes-
mos abrojos , gargas ó espinos que dixe
de suso , no caresgen de algunas virtu-
des y propriedades , á que sirven é son
convinientes.
Muchos campos silvestres é ásperas
montañas é partes deshabitadas é terre-
nos sin pastos para los ganados están cu-
biertos de orchilla, para dar tinta á los
paños, ó con arboledas muy provecho-
sas á otros efetos. No hay cosa errada ni
mal compuesta en la natura, por quel
Maestro y Hagedor della no pudo errar,
ni hizo cosa desconviniente ó sin prove-
cho , pues que hasta en las pongoñas y
cosas nogivas hay secretos medeginales y
exgelentes propriedades ; y quanto son
mas varias y diferentes, tanto es mas her-
mosa la natura. Aquella serpiente dicha
tiro ^, cuyo bocado se dige ser sin reme-
dio , es apropriada medegina contra to-
das pongoñas , como se vé y está averi-
guado, que puesta en aquella mixtura de
cosas contra pongoña (á la qual cumpu-
sigion llaman triaca ó tiriaca) una peque-
ñíssiraa parte del tiro mezclada con las
otras medeginales , las lleva todas al co-
ragon , por su propriedad que es yr lue-
go alU, é pone salud y remedio con la
compañía que lleva , y guaresge al que
ella sola mataría. Búscase de las culebras
el unto; del perro que muerde los pelos.
É assi al propóssíto sabiendo usar de la
propriedad de tales secretos ninguna co-
1 Vidit que Deus cuneta quce fecerat , el erant
valde tono.— Genes., cap. I.
2 Plin., lib. VJII, cap. 23.
DE INDIAS. LIB. XIX. PROHEMIO.
587
sa se halla tan mala ni desaprovechada
de quantas cria natura que en algo dexe
de aprovechar. Assi á este propóssito ha-
blaré en aqueste libro XIX en la isla de
Cubagua, la qual es muy pequeña y es-
terilíssima é sin gota de agua de rio ni
fuente, ni lago ó estaño; y con esla y
otras dificultades , sin aver en ella don-
de se pueda sembrar ni hager manteni-
miento alguno para servigio del hombre,
ni poder criar ganados, ni aver algún
pasto; está habitada y con una gentil re-
pública que se llama la Nueva cibdad de
Cáliz. Y ha seydo tanta su riqueza, que
tanto por tanto no ha ávido en las Indias
cosa mas rica ni provechosa en lo que
está poblado de los chripstianos , é no
tiene mas espagio ó territorio de tres le-
guas de circunferengia (poco mas ó me-
nos) , é digen muchos que lo pueden bien
saber que desde el año de mili é quatro-
gientos é noventa y seys años, que fué
por el primero almirante don Chripstóbal
Colom descubierta , hasta agora , se ha
ávido de provecho en esta isla tanto va-
lor de perlas é aljóphar, que han monta-
do los quintos é derechos reales y el va-
lor que á personas particulares ha redun-
dado de la abundangia é grandíssima can-
tidad dellas (que alli se han sacado), que
es grandíssima la estimagion é presgio
que esta granjeria ha tenido. El qual exer-
gigio alli se exergita quotidianamente.
Mas porque la historia lleve su orden, di-
ré de su descubrimiento lo que he podido
comprehender y ha venido á mi notigia
desta isla; y también será fecha men-
gion de otras islas y costas de mar, don-
de en estas Indias se hallan perlas, y de
algunas perlas particulares y de presgio
que se han hallado , porque en este gé-
nero de historia no nos quede para ade-
lante que degir ni replicar , salvo señalar
las provingias ó partes donde se hallan
perlas, quando dellas se escriba ; porque
assi en el pescarlas, como en otras parti-
cularidades, todo es una mesma cosa.
Verdad es que los nacarones son una
gierta é diferengiada manera de conchas
en que assi mismo nasgen perlas é aques-
tos no se hallan en toda la isla ni en to-
da la costa de la Tiera-Firme opuesta á
la vanda del Norte; pero de la otra par-
te que mira la costa della á la vanda del
Sur ó Mediodía hay muchos en muchas
partes. Y aunque se diga algo dellos, no
se crea disconviniente á la materia de
las perlas, pues que también las hallan
é nasgen en estos nacarones : los quales
no solamente sirven á los indios con las
perlas y pescado que tienen, poro de
agadas y palas para cultivar sus campos
é heredamientos é huertos, como se dirá
mas largamente en su lugar. Assi que, el
letor tenga atengion , porque aunque Pli-
nio habla largamente de las perlas * , y
el Alberto Magno en el De proprieíatibus
rerum ^, é Isidoro en sus Ethimologias ',
(donde los curiosos podrán ver muchas
cosas desta materia que aqui yo repitiré),
diré otras de que ninguno destos exge-
lentes auctores higieronmengion, ni otro
auctor alguno de los que yo he leydo ; y
podré como testigo de vista hablar en
esto, porque hasta el tiempo pressente,
pocos ó ningunos de los que han passado
á estas partes han tenido mejores perlas
que yo en algunas piegas señaladas en
que perdí dineros de Ío que me costaron,
porque no las pude sostener en mi po-
der por algunas nesgessidades que me
ocurrieron. Y estas joyas tales no se han
de vender sino á quien las busca , y no
buscando á quien las compre , como yo
lo hige. Esto todo se dirá adelante.
Volvamos al descubrimiento de Cubagua
i Plin.,rib. IX, cap. 3».
2 De prop. rerum, lib. XVI, cap. 62.
3 Isid,, lib. XVI , cap. 10.
588
HISTORIA QENERAL Y NATURAL
y sus perlas , porque alli se han hallado en guna , é alli se vieron las primeras en estas
mucha cantidad mas que en otra parte al- nuestras Indias, de quien aqui se tracta.
CAPITULO I.
Del descubrimiento de la isla de Cubagua , donde se pescan las perlas , y donde se vieron [ rimero en estas
Indias , y cómo tuvieron noticia dellas los españoles.
Jbil tergero viaje é descubrimiento que
hizo el primero almirante destas Indias,
don Chripstóbal Colom , fué el año de
mili é quatroQientos é noventa é seys
años , el qual en el mes de margo partió
de la bahia de Cáliz con seys caravelas
muy bien armadas (como se dixo en el
libro III), de las quales en la prose-
cugion de su camino envió las tres de-
llas á esta Isla Española, é con las otras
tres continuó su descubrimiento. Con esta
armada , fecho el almirante á la vela des-
de la isla de Cáliz , tomó puerto desde á
pocos dias en las islas de Canaria , don-
de se proveyó de agua y leña é otras co-
sas para su viaje , y desde alli corrieron
en demanda de las islas de Antón , que
comunmente se llaman de Cabo Verde,
que son las mismas que los antiguos cos-
mógraphos llaman las Gorgades, puesto
que algunos digen que se llaman las Hes-
pérides : lo qual yo niego , afirmándome
en aquella auctoridad é auctoridades que
alegué en el libro 11, capítulo III, por
donde se prueba sufigienteraente que
las Hespérides son estas islas de nuestras
ludias. Pero dexemos esso aparte.
Tornando al propóssito, digo que des-
de las islas del Cabo Verde el almirante
con sus tres navios corrió alSudueste hasta
giento é ginqüenta leguas , segimd dige el
piloto Hernán Pérez Mattieos (que hoy vi-
ve é está en esta cibdad), é tomólesdes-
pues una tormenta que les puso en tanta
nesgessidad, que cortaron los másteles
de las raesanas y echaron á la mar mu-
cha parte de la carga; y se vieron en
tanto peligro que se penssaron perder , y
corrieron al Nor-norueste , y fueron á re-
conosger la isla de la Trinidad. Pero esta
tormenta que el piloto Hernán Pérez
cuenta, no la aprobaba assi don Fer-
nando Colom , hijo del almirante , que se
halló en el mismo viaje con su padre : el
qual me dixo que el trabáxo en que se
vieron fué de calmas é calor tan grande,
que la vasija se les abria y el trigo que
llevaban se les podria , y de nesgessidad
alijaron é se arredraron de la equinogial.
Paresge que quien oyere degir que se
apartaron de la equinogial por la calor,
que es aprobar la opinión falsa que los
antiguos tovieron , que degian que la tór-
rida gona (que es la misma equinogial)
es inhabitable por el exgesivo calor del
sol ; y adelante quando se tráete de la
mar austral , tengo de mostrar é escrebir
que debaxo de la línia ó tórrida gona é
á par della, desta é de la otra parte es
habitada, pues cada dia nuestros espa-
ñoles passan del un trópico al otro. Digo
que don Hernando Colom degia bien,
porque en la mar por do quiera que pas-
se la dicha equinogial é gerca della desta
ó de la otra parte no hay dubda , sino
que hay mucha calor; é assi por esta
causa , como él degia , se apartarían della
en este camino. Pero en tierra, por don-
de passa la misma línia del equinogio,
proveyó el que todo lo ordenó , que es
Dios , de poner por alli tales montañas é
sierras, que no solamente están, pero á
causa dellüs é del ayre son templadas
las provingias é regiones por do passa la
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. I.
589
tórrida gona: mas aun, no faltan nieves é
yelos grandes en algunas partes della
é de lo que le es circunstante. Y esto es
lo que no entendieron los antiguos , por
lo qual, fundándose como naturales, les
paresgia debitamente que no podia ser
habitada la dicha equinogial por la mu-
cha fuerga del sol.
Tornemos á nuestra historia , porque
en essotra materia , como digo , quan-
do lleguemos á la equinogial , se dirá
della mas largamente lo que está visto
é se vee cada dia por nuestros españo-
les. Assi que, reconosgiendo la isla de
la Trinidad, dige don Hernando que este
nómbrele puso el almirante, porque lle-
vaba pensamiento de nombrar assi la pri-
mera tierra que hallase , é siguióse que
vieron á un tiempo tres montes gercanos
ó al paresger poco distantes unos de otros,
é llamó é nombró á la isla la Trinidad , y
passó por aquel embocamiento é llamóle
boca del Drago, é vióse la Tierra-Firme
luego y mucha parte de la costa della, co^
mo mas largamente en otro lugar lo tengo
dicho. É desde la punta de las Salinas en
Tierra-Firme (dó es esta boca del Drago,
que está en diez grados de la línia equino-
gial á la parte de nuestro polo ártico) corrió
el almirante por la costa de Tierra-Firme
al Ocgidentey reconosgió otras islas , co-
mo lo tengo dicho en el hbro III. De alli
passó adelante y descubrió la Isla Rica,
llamada Cubagua ( de la qual aqui se trac-
ta), que los chripstianos al pressente lla-
man Isla de las Perlas, donde después
de algunos años se fundó la nueva cib-
dad de CáUz, é alli es la pesquería de
las perlas. Junto á esta isla está otra ma-
yor, llamada la Margarita, porque assi la
nombró el almirante.
Hay desde la punta de las Salinas has-
ta la isla de Cubagua ginqüenta leguas al
Poniente, y es pequeña isla , y terna, co-
mo tengo dicho, de gircunferengia tres
leguas poco mas ó menos , é de longitud
una y media, y de latitud una pequeña.
Dista de la grand costa de Tierra-Firme
quatro leguas á la primera tierra de la
provingia que se dige Araya. Y porque
en esta isla de Cubagua (como se dixo
en el prohemio ) no hay agua , los que
alli viven passan por ella á la Tierra-Fir-
me , al rio que llaman Cumaná , que es »
á siete leguas de la nueva Cáliz (cosa en
la verdad trabaxosa); mas con la ganan -
gia todas essas nesgessidades comportan
los hombres á propóssito de sus intereses.
Está Cubagua diez grados é quassi me-
dio mas desviada de la equinogial en
nuestro horigonte; y desde ella á esta
cibdad de Sancto Domingo desta Isla Es-
pañola puede aver giento y seplenta le-
guas ó giento é ochenta , pocas mas ó
menos. Está Norte Sur con la isla de
Sancta Cruz de los Caribes á giento y
diez leguas , la qual isla de Sancta Cruz
está en la vanda del Norte. Por la parte
de Mediodía tiene la Tierra-Firme á qua-
tro leguas lo mas gercano della , é veyn-
te é ginco leguas al Poniente tiene la isla
Poregari. Assi que, esto que he dicho,
es su assiento é límites é aledaños; pero
la tierra mas propinqua de Cubagua es la
isla Margarita, que he dicho que está
una legua della, á la vanda del Norte.
Todo lo demás que en este tergero
viaje descubrió el almirante , queda di-
cho en el III libro desta primera par-
te, e no hay nescessidad de tornarlo á
repetir aqui , sino lo que hace al pro-
póssito destas dos islas de Cubagua e
Margarita , hagiendo relagion de la ma-
nera y ocasión por donde se supo que
avia perlas alli, lo qual fué desta forma.
Assi como el almirante surgió á par de
Cubagua con sus tres caravelas , mandó
á giertos marineros salir en una barca y
que fuessen á una canoa que andaba pes-
cando perlas, la qual, como vido que los
chripstianos yban á ella , se recogió há-
gia la tierra de la isla ; y entre otros ki-
590
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dios vieron una muger que tenia al cue-
llo una gran cantidad de hilos de aljóphar
y perlas , grueso el aljóphar (porque de
lo menudo no hagian caso los indios, ni
tenian arte ni instrumento tan sotil con
que lo horadar). Estonces uno de aque-
llos marineros tomó un plato de barro de
los de Valencia (que también llaman de
Málaga), que son labrados de labores que
relugen las figuras y pinturas que hay en
los tales platos , y hízoie pedagos , y á
trueco de los cascos del plato rescataron
con los indios é india giertos hilos de
aquel aljóphar grueso : e cómo les pa-
resgió bien á aquellos marineros, llevá-
ronlo al almirante, el qual, como enten-
dió el negogio mas profundamente, pens-
só de lo disimular ; pero no le dio lugar
el plager que ovo en verlo , é dixo: «Di-
go os que estáis en la mas rica tierra que
hay en el mundo, y sean dadas á Dios
muchas gragias por ello.» É tornó á en-
viar la barca con otros hombres á tierra,
é mandóles que rescatassen tanto aljó-
phar ó perlas quanto cupiesse en una es-
cudilla á trueco de otro plato hecho pe-
dagos, como el que es dicho, y de algunos
cascaveles. Y llegados á la isla rescata-
ron con aquellos pescadores hasta ginco
ó seys marcos de perlas y aljóphar, todo
mezclado, de la forma que los indios lo
pescan , grueso y menudo ; y tomó el al-
mirante aquellas perlas para las llevar él
ó las enviar á España á los Reyes Gathó-
licos, don Fernando é doña Isabel, de
gloriosa memoria. É no se quiso detener
alli por no dar ocasión que los marineros
y la gente que con él yban se cebassen
en el desseo y cobdigia de las perlas,
penssando de tener la cosa secreta hasta
en su tiempo é quando conviniesse. É si
quisiera pudiera rescatar entonges media
anega de perlas , segund dige el piloto
Hernán Pérez Matheos, que aqui está: el
qual afirma que vido tanta ó mas canti-
dad dellas; pero no quiso el almirante
dar lugar á ello. Pues como en los mari-
neros hay poco secreto , quando después
algunos de los que alli se agertaron vol-
vieron á España, publicaron lo que es di-
cho en la villa de Palos , de donde á la
sagon eran los mas de los marineros que
andaban en estas partes. É súpose assi
mismo en Moguer, é salieron de alli gier-
tos armadores, veginos de aquella villa,
que lo alcangaron á saber , llamados los
Niños , entre los quales era un Per Alfon-
so Niño ; y con una nao , tomando consi-
go para esto algunos de los que se halla-
ron con el almirante, quando avia descu-
bierto aquella isla de las perlas, fué-
ronse á ella y rescataron muchas é tor-
náronse ricos á España (si pudieran salir
con su salto). Verdad es que este Per Al-
fonso tuvo ligengia para venir á estas
partes á descobrir; pero diósele con con-
digion que no se allegasse á lo quel al-
mirante oviesse descubierto con ginqüen-
ta leguas, lo qual no guardó, antes se
fue derechamente á lo que estaba ya sa-
bido , é hizo su rescate ; é quando dio la
vuelta para Europa aportó en Galigia, don-
de estaba por visorey Hernando de Vega,
señor de Grajal (que después fue comen-
dador de Castilla de la Orden militar é
caballería de Sanctiago); y entre los que
yban con el Per Alfonso , tovieron algu-
nas diferengias con él , é degian que no
avie partido bien con ellos el rescate é
perlas, ni al Rey avia dado el quinto su-
yo, como se le avie de dar. De forma qu e
llegó á notigia del visorey é mandóle
prender é tomó á él é sus consortes las
perlas y el navio , como á personas que
no avian guardado la forma de la ligen-
gia, y envióle preso ala corte al Per Al-
fonso é algunos de los otros , donde con
mucho trabaxo ovieron su deliberagion.
Dende en adelante se puso grand recabdo
en la isla.
Quisieron algunos degir que para la
auctoridad é confianga del almirante fue
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. I.
59
mucho desvio este descubrimiento de las
perlas , porque digen que se supo en Es -
paña por los marineros que con él se
bailaron, quando descubrió á Cubagua é
las perlas, y por cartas de personas par-
ticulares antes que por las suyas , lo qual
otros niegan.
Aquel Per Alfonso Niño é sus compa-
ñeros llevaron hasta ginqüenta marcos de
perlas que rescataron á trueco de alfile-
res y cascaveles y cosas semejantes de
poco valor, y muchas de aquellas perlas
eran muy buenas é orientales é redon-
das, aunque pequeñas, porque ninguna
(scgund yo oy degir al mismo comenda-
dor mayor) avia que llegasse á ginco
quilates.
Alli en aquella provincia de Cubagua
é por aquella costa de Tierra-Firme lla-
man á las perlas thenocas é también las
digen cogixas, é otros nombres también
les dan por las muchas y diferengiadas
lenguas de aquella costa é islas. Y esto
baste quanto al descubrimiento de Cu-
bagua , é á la notigia que primeramente
ovieron los chripstianos de las perlas en
estas partes.
CAPITULO II.
De oirás muchas parlicularidades, c algunas dellas muy notables , de la isla de Cubagua; ^ de una fuente
de betún que alli hay de un licor natural, que algunos llaman petrolio, é otros le dicen stercus demonis, é
los indios le dan otros nombres.
J^a isla de Cubagua, como tengo di-
cho , es pequeña , é puede bojar tres le-
guas , poco mas ó menos. Es llana , é el
terreno en sí es salitral , y por tanto es-
téril de todo género de buenas hiervas:
ni tampoco hay árboles en ella , sino al-
gunos de guayacan, pequeños ó enanos al
respecto de los que en otras partes des-
tas Indias hay. Otros arbolegillos hay
baxos , á manera de gargales ó agebu-
ches , sin algund fructo , é la mayor parte
de la isla es un boscaje gerrado de unos
cardones altos de estado é medio ó dos,
tan gruesos como la pantorrilla de la
pierna. Estos en gierto tiempo del año
llevan la fructa de dos maneras , á ma-
nera de higos , los unos colorados ó ro-
xos é los otros blancos : los colorados
tienen la simiente muy menuda , como
de mostaga, é llaman los indios á esta
fructa yaguaraha. Es muy buena fructa al
gusto é fresca , y en el árbol , ó mejor di-
giendo cardo , está cubierta de espinas á
manera de castañas, é quando madura
cáense las espinas é ábrense é quedan
como higos. El otro género de fructa en
cardones , de la misma manera es de
fuera verde , é quieren paresger dátiles;
pero son mas gordos , é lo de dentro es
blanco, é la simiente como granillos á&
higos; é quando se comen, que están
bien sagonados , sale ó sube á las nariges
un olor de almizcle ó mas suave. A esta
fructa llaman los indios agoreros.
Hay conejos en aquella isla , de buen
sabor é muchos , como los de Castilla,
aunque el pelo os mas montesino ó áspe-
ro. Hay muchas yuanas y buenas. Hay
unas aves que los españoles llaman fla-
mencos, porque en España llaman assiá
giertas aves ; pero estas de acá no lo son:
antes la diferengia es aquesta. Son las de
Cubagua tan grandes como un pavo ; el
plumaje es de color como encarnado : las
piernas delgadas é de quatro palmos de
altura : el cuello de otros quatro palmos
luengo , y delgado , como el dedo pulgar
de la mano de un hombre : el pico de la
hechura que le tienen los papagayos.
Aliméntanse estas aves de pescado chi-
592
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
quito é marisco que aadau buscaada por
las lagunas y estaños, é al rebalaje de la
mar metidas en el agua lo que pueden
apear por la costa. Graznan como ánsa-
res é crian gerca de los lagos. Hay de los
alcatrages grandes del papo é de otros de
otras maneras. Otras aves hay pequeñas
de agua y muchas dellas. Engierto tiem-
po del año van á aquella isla de passo al-
gunos halcones neblíes é otras aves de
rapiña de otras raleas, é alcotanes, é
otros que llaman acá guaraguaos , que son
eorao milanos y de aquel offigio de hur-
tar é tomar pollos donde los pueden
aver , é por falta dellos se geban en la-
gartijas. De los neblíes se toman algunos
armándolos é se amansan presto, é se
han llevado á España é han probado allá
muy bien é los estiman.
E)ntre las otras cosas que he notado
desta isla diré aqui de dos animales en
alguna manera y aun mucho semejantes
en su pongoña : el uno es de tierra y es
otro de la mar , cosa maravillosa y estra-
ña , y son aquestos. Hay unas arañas muy
chiquitas en su tamaño , pero el dolor es
tan grande que no tiene otra compara-
gion igual sino la que se dirá aqui de
otro animal del agua , y si turase la pas-
sion que causan estas arañas al que pi-
can , no seria mucho quel que está pica-
do della desesperasse ó muriesse cruda
muerte ; pero no hay en este peligro ma-
yor consuelo que la esperanga y expe-
riengia que ya se tiene de llegar al tér-
mino en que gessa su fatiga para ser li-
bre el que assi está lastimado. Resulta de
tal picadura quel ofendido hage muchas
bascas é sufre gran trabaxo , sin aflojár-
sele ni ser mitigado por cosa alguna, sin
dexar comer ni beber ni reposar al pa-
giente hasta el dia siguiente á la propria
hora que fué picado ; y quando ha cessa-
do el dolor queda tal el que ha padesgi-
do, que en dos ni tres dias no puede
volver en sí ni á su primero estado, pues-
to que deste mal ninguno muere. Hay un
pescado ó animal en la mar, que no es
mayor que un dedo pulgar, y al que pica
en el agua , como acaesge algunas veges
picar algún indio , el que está herido ha-
ge las mismas bascas é siente tamaños é
incomportables dolores , como lo que se
ha dicho que sienten los picados del ara-
ña que se dixo de suso , sin gessar tal
passion hasta otro dia siguiente quel agua
de la mar está en el mismo ser men-
guante ó cresgiente que estaba al tiempo
que picó este animal. De forma que tura
aquella passion é dolor del un animal é
del otro veynte é quatro horas naturales,
y el pescado ques dicho se llama talara ^
y es pintadillo de rayas é pecas blancas
é amarillas, cada una de su color des-
tintas.
Hay en la isla de Cubagua y en las
otras islas sus comarcanas muchas y
grandes tortugas, tanto que de algunas
dellas se saca tanta cantidad ó mas de
pescado como tiene carne una ternera ó
begerro de seys meses. Estas tortugas sa-
len de la mar á tierra á desovar en su
tiempo , y hagen un hoyo en el arena con
las manos bien grande , é ponen allí mili
é mili é quinientos huevos , é mas é me-
nos , tamaños como limones buenos , é la
cascara dellos es delgada como una teli-
ca , é después que han desovado , cubren
los huevos con la misma arena ; é quan-
do son convertidos é animados, salen los
tortuguitos como de un hormiguero , é
vánse á la mar , questá ahy gerca de don-
de nasgieron, é críanse en ella. Matan
los indios estas tortugas con unos har-
pongillos de un clavo, pequeños , que li-
gan á un buen volantín ó cordel regio; é
aunque son grandes animales y la herida
es poca, porque les entra poco é no bas-
taría á danificar ni ser presa la tortuga
por tal causa, ella dá mas armas á su
ofensor para su daño , porque assi como
se siente herida, aprieta tanto la concha
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. II.
593
que fortifica el harpon tan firme que no
se puede soltar; entonges el indio se echa
al agua é trastorna la tortuga liágia arri-
ba , é cómo está puesta de espaldas, no
es para huir ni puede, é tirando de la
cuerda del harpon é ayudando el que la
trastornó, la meten los indios en la canoa.
Tiene la isla de Cubagua buen puerto
á la parte del Norte , y por delante della
á una legua está la isla Margarita, la
qual la gerca desde el Leste hasta el No-
roeste , é por la otra parte la Tierra-Fir-
me á quatro leguas, y gércala desde el
Leste hasta quassi el Sur la tierra que se
dige Araya.
Tiene en la punta del Oeste una fuen-
te ó manadero de un licor, como ageyte,
junto á la mar, en tanta manera abun-
dante que corre aquel betún ó licor por
engima del agua de la mar , hagiendo se-
ñal mas de dos y de tres leguas de la is-
la, é aun dá olor de sí este ageyte. Algu-
nos de los que lo han visto digen ser lla-
mado por los naturales stercus demonis , é
otros le llaman petrolio , é otros asphalto;
y los queste postrero dictado le dan, es
queriendo degir ques este licor del géne-
ro de aquel lago Aspháltide, de quien en
conformidad muchos auctores escriben ^
Aqueste licor de Cubagua hallan que es
utih'ssimo en muchas cosas é para diver-
sas enfermedades, é de España lo envian
á pedir con mucha instangia por la expe-
riengia que desto se tiene por los médicos
é personas que lo han experimentado, á
cuya relagion me remito. Verdad es que
he oydo degir ques muy provechoso re-
medio para la gota é otras enfermedades
que progeden de frió , porque este olio ó
lo que es, todos digen que es calidíssimo.
Yo no lo sé, ni lo contradigo ni apruebo
en mas de aquello que fuere visto que
aprovecha y testificaren los que lo supie-
ren , que será en breve , segund la dili-
gengia con que es buscado este petroHo.
Passemos á las otras cosas desta isla de
Cubagua.
En aquella isla han metido los espa
ñoles algunos puercos de los que han lle-
vado desta Isla Española é otras partes
de la raga ó casta de Castilla , y también
de los que llaman baquiras de la Tierra-
Firme ; é á los unos é los otros les eres-
gen alli tanto las uñas de los pies y ma-
nos que se les vuelven para arriba hasta
llegar á ser tan luengas en algunos dellos
como un xeme ó quassi, de forma que se
mancan que no pueden andar sino con
pena é cayéndosse á cada passo. Los
que en aquella isla viven llevan el agua
para beber de la Tierra- Firme del rio de
Cumaná, que está siete leguas de la isla,
é la leña llevan de la isla Margarita.
A la redonda de Cubagua y por de-
lante della , á la parte del Levante es to-
do plageles , é en ellos se crian las per-
las en las ostias ó pescados assi llamados
que las produgen : las quales son alli na-
turales é desovan é crian en gran canti-
dad, y por tanto se debe creer que serán
perpetuas, aunque es nesgessario que
sean esperadas é las dexen llegar á per-
figion de se poder cojer, para que sean
mas provechosas é mejores ; porque de
la manera que la viña produge la uva , es
á saber, en el pringipio quando gierne,
assi en estas ostias ó conchas comiengan
las perlas en el seno del pescado que
dentro dellas se cria , y en aquella sagon
é después está el grano tierno, como en
leche, é por su discurso va enduresgien-
do y engrandesgiéndose la perla , puesto
que muchas tan menudas, como arena ó
poco mayores, estén duras. Haseydo es-
ta granjeria muy rica cosa, en tanta ma-
nera que el quinto que se paga á Sus Ma-
gestades de las perlas y aljóphar ha valido
cada año quinge mili ducados y mas , no
TOMO I.
1 Plin. , lib, V, cap. t7. Isidor., Ethim., lib. XIH , cap. i9.
75
S94
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
hablando en lo que se avrá hurtado por
algunos: que su poca consgiengiay mucha
cobdigia los hage determinar á su peli-
gro para aver llevado encubiertos mu-
chos marcos de perlas, y puédesse creer
que no de las peores, sino de las mas es-
cogidas y presgiosas. Cosa es, en que
hasta el pressente tiempo no se sabe en
todo el mundo ni se halla escripto que
puntualmente en tan poco espagio ó can-
tidad de mar tanta moltitud de perlas se
hayan visto ni se hallen. El pescado de
las quales, aunque es algo duro é de re-
gia digistion , es bueno ; pero mejor en
escaveche: y sin esse, hay mucha abun-
dangia de pescados buenos en Cubagua
é aun se traen salados en cantidad á es-
ta Isla Española en algunas cara velas.
Nunca fué aquella isla de Cubagua po-
blada de indios por su esterilidad é falta
de agua , y por esso venian á ella de otras
islas y de la Tierra-Firme á pescar las
perlas. Á fama de lo qual después los
chripstianos desde aquesta Isla Española
y desde la de Sanct Johan fueron á po-
blar alli algunos é á rescatar perlas á
trueco de \ino é cagabí é otras cosas, é
se comengaron á hager buhíos , que fue-
ron el pringipio de la poblagion de aque-
lla isla.
CAPITULO III.
Eti que se tracta de ciertos relig-iosos que passaron á la converssion de los indios de la Tierra-Firme en la
costa que está cerca de la isla de las Perlas , llamada Cubagua : los quales eran de las sagradas Órdenes de
Sancto Domingo é Sanct Francisco , é fueron martir¡9ados é muertos crudamente por los indios.
M2jn Cumaná, provingia de la Tierra-
Firme , la mas próxima á la isla de Cuba-
gua ó de las Perlas , fundaron el primero
monesterio los frayles de Sanct Frangis-
co, seyendo vicario dellos un reverendo
padre, llamado fray Johan Gargés, na-
tural franges, para procurar la convers-
sion de aquellas gentes bárbaras é ydó-
latras y que viniessen á nuestra sancta
fe cathólica. Esto fué el año de mili é qui-
nientos é diez é seys años. Aquel mismo
año passaron á la Tierra-Firme dos reli-
giosos dominicos á entender en la mis-
ma converssion: el uno presentado en
sancta theologia y el otro de los que en
aquella tierra llaman legos. Estos segun-
dos entraron en la tierra mas baxo al
Poniente diez é ocho leguas , de donde
estaban los Frangiscos, por una provin-
gia que se dige Piritú, y dentro de-
Ua en la parte que se dige Manjar los
mataton los indios , en pago de su buen
pesseo y de les predicar y enseñar la fé.
Después de lo qual , el siguiente año de
mili é quinientos é diez é siete años,
otros religiosos de la misma Orden de
Sancto Domingo, fueron á fundar otro
monesterio en la Tierra-Firme en la pro-
vingia que se dige Chirihichi, para redu-
gir la gente de aquella tierra á la verdad
y fé evangélica , é llamaron aquella casa
Sancta Fé , é alU residían á ginco leguas
de los Frangiscos que estaban en Cuma-
ná. Estos dos moneslerios hagian mucho
bien y caridad á los indios naturales de
aquellas tierras , assi en lo que tocaba á
sus personas , como en lo espiritual , si
fueran dignos de lo conosger y rescebir;
mayormente que los unos y los otros
frayles trabaxaban y se desvelaban mu-
cho con grande hervor y amor de cari-
dad con los indios , assi para les dar á
entender nuestra sancta fé cathólica é los
apartar de sus ritos é gerimonias é ydo-
latrías é vigiosas é malas costumbres, co-
mo en curarlos de sus enfermedades é
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. III.
59í
llagas con tanta diligencia é amor quan-
to les era posible, por los ganar é atraer
al sep^^igio de Dios y á la comunicagion
é amistad de los chripstianos. En el qual
tiempo en la isla de Ciibagiia avia espa-
ñoles, aunque pocos, y aquessos lenian
su habitación é moradas en toldos é cho-
gas : los quales rescataban perlas con los
indios naturales de la Tierra-Firme, que
á ciertos tiempos del año passaban á la
isla á aquella pesquería, para se mantener
y provecer de las cosas que los españo-
les por ellas Itis daban. Y en aquel tiem-
po fué esta grangería é contractagion
muy útil é provechosa á los nuestros , y
estuvo la provingia y tierra que hay des-
de Paria hasta Unari (que serán gient le-
guas de costa en la Tierra-Firme), tan
pagífica , que un chripstiano ó dos la an-
daban toda, y tractaban con los indios
muy seguramente ; y en el año de mili é
quinientos é diez y nueve años ( quassi
en fin del) , en un mismo dia los indios
de Gumaná y los de Cariaco y los de
Ghiribichi y de Maracapana é de Taca-
rías y de Neneri y de Unari, vengi-
dos de su propria maligia , y porque se
sentian importunados de los chripstianos
en los rescates que de los esclavos que
de ellos procuraban de aver para hager-
los pescar perlas , y aun porque tenien-
do esclavos que se las diessen, gesaba
en alguna manera la grangería de los in-
dios libres que se las vendían ó rescata-
ban , se rebelaron , y en espegial en la
provingia de Maragapana mataron hasta
ochenta chripstianos españoles en poco
mas tiempo de un mes ; porque de ven-
tura mala aportaron alli quatro caravelas
descuydadas de la rebelión de la tierra,
é ynorando la maldad de los indios , ase-
gurados dellos, saltaban en las costas , é
los mataban sin dexar alguno. Los pos-
treros indios que se rebelaron fueron los
de Cumaná , porque avia muchos dellos
que eran amigos de los frayles , por las
buenas obras que dellos avian resgebido;
pero al cabo , como gente mala 6 ingra-
ta, pudo mas la opinión de los pocos
que la intongion de los que no lo quisie-
ran ó que mostraban pesarles de tal co-
sa. Finalmente, todos vinieron en la
maldad conformes, é quemaron los mo-
nesterios , y en el de Cumaná , de los
frangiscos, mataron á un frayle que se
degia fray Dionisio , é los otros sus com-
pañeros huyeron en una canoa á Araya,
é desde alli á la isla de Cubagua. Este
fray Dionisio que es dicho que lo mata-
ron , assi cómo vido quemar el moneste-
rio , se apartó de alli , y no tuvo lugar ó
sentido con su turbagion para huyr con
los otros frayles, y estuvo dos ó tres días
escondido en un carrigal , suplicando á
Nuestro Señor se acordasse del y le
echasse donde mas servido fuesse. É á
cabo deste tiempo salió é acordó de se
yr á los indios, porque entre ellos avia
muchos, á quien avia hecho buenas obras
y caridad , y ellos le tovieron tres días
sin le hager algund mal ; y en todo esse
tiempo estovieron aquellos infieles gas-
tando palabras en diversos acuerdos y
disputando de lo que harían deste frayle
bienaventurado. Unos degian que le guar-
dassen , y no muriesse : otros degian que
con este padre harían paz con los chrips-
tianos : otros insistían en su crueldad , é
porfiaban que muriesse. En conclusión,
de sus diferentes paresgeres, unánimes
los congertó el diablo , y pudo tanto la
maligia de un indio llamado Ortega, que
se tuvieron todos á su consejo y mataron
el frayle. Dixeron después los indios que
fueron castigados por este delicto , que
aquellos tres días que estuvieron en sus
consultagiones hasta se determinar en la
muerte deste mártir , siempre él estuvo en
oragion hincado de rodillas ; é que quan-
do le tomaron para executar su muerte,
le echaron una soga al cuello y le arras-
traron y higieron mili vituperios y escar-
596
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
nios y le dieron muchos géneros de tor-
mentos ; y estando en su martirio les
rogó á los malhechores que le dexassen
hincar de rodillas y hager oragion á Dios,
y que orando le matassen ó higiessen lo
que quisiessen del. É assi como se lo
otorgaron, puesto de rodillas en tierra,
quiso imitar á nuestro Redemptor y ro-
gar á Dios por aquellos que le mataban,
digiendo: «Pater, dimitle illis, non enim
sciunl quid faciunt *.» Y diciendo estas
sanctas palabras é otras con mucha de-
vogion y lágrimas, encomendando su
alma á Jesu-Chripsto , estando assi de ro-
dillas le dieron tal golpe en la cabega,
que le mataron y enviaron á la gloria
celestial á este beato Dionisio. Mas des-
pués que le ovieron muerto, higieron
tantas bellaquerías y sugiedades con este
mártir, trayéndole arrastrando de unas
partes á otras , que no son para escrebir.
De los otros religiosos que estaban en
Chiribichi ninguno dellos escapó, y ma-
táronlos un dia estando el uno dellos ge-
lebrando missa, y los otros en el coro
offigiándola : é á sus criados mataron
assi mismo , y hasta un machuelo de una
anoria le asaetaron, y los galos que pu-
dieron aver. A ninguno perdonaron ni
vpisieron que quedasse con la vida. Y
en ambos cabos ó monesterios quemaron
las ymágines y cruges ; é á un Crugifixo
de bulto que tcnian los frangiscos, le hi-
gieron piegas é lo pusieron en los passos
é caminos señalados , como se suele ha-
ger al malhechor que la justigia hage
quartospor algund grave delicto. Fueron
muy insolentes é malvados, porque no
ovo maldad ni género de crueldad que
les viniesse á la memoria ó se les anto-
jasse , que dexassen de poner por obra,
como encruelesgidas beslias nogivas. To-
maron la campana de los frangiscos é
higiéronla pedagos menudos ; talaron
los naranjos é quanto tenian en la huerta
essos religiosos. Y hecho aqueste daño,
se apergebian para passar á la isla de Cu-
bagua , para dar sobre los chripstianos
que alli estaban : en la qual sagon era
alli alcalde mayor un Antonio Flores , el
qual , sabida esla nueva , puesto que avia
en la isla tresgientos españoles ó mas y
muchos bastimentos, él y los demás
acordaron de no atender á los indios , y
embarcáronse en giertas caravelas que
alli estaban y en los barcos con que
acarreaban el agua ; é sin ver indios al-
gunos desampararon la isla , dexando en
sus proprias moradas muchas pipas de
vino é muchas provisiones que comer y
rescates y muebles de sus casas. Y vi-
niéronse á esta Isla Española á esta cib-
dad de Sancto Domingo , é no sin mucha
vergüenga y vituperio suyo , y meresgie-
ran ser bien castigados por su cobardía;
y en espegial aquel alcalde mayor que
era la cabega del pueblo, quanto mas
que ovo algunos hombres de vergüenga
é buena casta que le requirieron al An-
tonio Flores que no desamparasse la isla,
sino que atendiessen lo que viniesse has-
ta que fuessen socorridos. Pero el alcalde
no curó de sus palabras é proteslagio-
nes: antes como se determinó de con-
sentir en su temor, hizo otros errores
muchos , é á giertos indios de pages que
estaban alli entendiendo en sus rescíites,
sus veginos y naturales de la isla Mar-
garita , los prendió é se los truxo consi-
go á esta cibdad de Sancto Domingo.
Por manera que , por la poquedad de
aquel Antonio Flores , quedó aquella
parte de la Tierra-Firme y la isla de Cu-
bagua desamparada de los chripstianos
por estonges. É sabida su fuga, los in-
dios passaron á la isla é robaron quanto
hallaron en ella, é conosgieron que de
miedo dellos se avian ydo , ó quedaron
i Luc. XXII.
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. III.
597
señores de la tierra de todo punto hasta
que se llegó el tiempo de su castigo. Y
como quiera que algunos pocos de los que
salieron de Cubagua por falla de capi-
tán , eran hombres de bien é que higie-
ran su deber, la mayor parte de los otros
eran gentes inútiles, é que yban alli mas
por el tráfago é rescates de las perlas,
que no para usar las armas.
Dige Flavio Vegegio * que assi co-
mo el soldado bien exergitado dessea la
batalla, assi y mucho mas el inexer-
gitado tímidamente la huye. Y si el sa-
ber la disciplina militar por verdade-
ra negligencia viene á menos, entre el
soldado y el villano del todo la dife-
rencia muere. Y no es desconforme á lo
questá dicho lo quel mismo auctor ade-
lante dige en esta manera ^. «No tanto el
número, quanto la suficiencia de los bien
amaestrados, debe ser estimado.» Y assi
como es general costumbre ser la gloria
de la victoria principalmente atribuida
con el triumpho al capitán, y la culpa
atribuida por el consiguiente al principal
del exército ó república, quando se mues-
tra una flaqueca ó pérdida ú otro incó-
modo semejante para se perder el exér-
Cito ó el pueblo ó desampararse el cam-
po ó la república, como estos de Cubagua
hicieron , assi dicen las leyes militares y
todas las otras bien ordenadas , y Vege-
Cio con ellos ', « que á muchos se dé el
temor é á pocos la pena.» Y assi lo re-
quería este caso, de que aquise hatrac-
tado.
CAPITULO IV.
Cómo el almirante, don Diego Colom, é Audiencia Real é officiales de Sus Mag-estades enviaron desde
aquesta cibdad de Sánelo Domingo una armada con el capitán Goncalo de Ocampo á castigar los indios
que avian muerto los religiosos é otros chripstianos en la Tierra-Firme , é á cobrar la isla de Cubagua,
llamada por otro nombre Isla de las Perlas ; é de la venida del licenciado Bartolomé de las Casas, é otras
cosas con9ernienles á la historia.
JLlespues que en esta Isla Española vino
á noticia del almirante , don Diego Co-
lom y del Audiencia Real , que aqui re-
side , y de los officiales que Sus Magos-
tados para su hacienda en esta cibdad de
Sancto Domingo tienen, la rebelión de
los indios de la costa de Cumaná, é pro-
vincias que se dixo en el capítulo prece-
dente , y de cómo los chripstianos que
avia en Cubagua la desampararon; con
mucha solicitud é lo mas presto que ser
pudo , acordaron é pusieron por obra de
entender en el castigo , y de enviar allá
un capitán con gente para ello y para
que se cobrasse la isla é los malhechores
fuessen punidos, segund sus graves deli-
tos y culpas. Y para esto juntaron hasta
trescientos hombres é los navios é cara-
velas que fueron menester, é proveye-
ron de armas y bastimentos é todo lo
nescessario una armada , y enviaron por
general capitán della á un caballero, ve-
cino desta cibdad de Sancto Domingo,
llamado Goncalo de Ocampo: el qual
passó á aquella tierra con la gente que
es dicho, año de mili é quinientos é
veynte años, y fuesse derecho á la costa
de Tierra-Firme. Y entre los otros capi-
tanes particulares que alli yban fue uno
Andrés de Villacorta , porque era platico
en aquella tierra é hombre de experien-
cia , é fue uno de los que requirieron al
1 De Re Militan, lib. II.
2 Lib. m.
3 Lib. III.
598
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
alcalde Antonio Flores que no desampa-
rasse la isla de Cubagua , la qual nunca
se perdiera, si fuera creydo.
Esta armada, llegada á la costa de
Tierra-Firme desde á pocos dias que sa-
lió del puerto desta cibdad de Sancto
Domingo, surgió en la costa que llaman
de Maracapana , donde estaba un indio
que se defia Gil González , que avia sey-
do en matar los frayles y los chripstianos,
y era bapligado él é otros muchos de los
delinqüentes ; pero no agradesgian el
baptismo ni eran chripstianos sino de
nombre. Mas el capitán Gongalo de Ocam-
po tuvo muy gentil manera para tomar
algunos indios de los priugipales culpa-
dos; é cómo los navios fueron vistos,
encontinente que estuvieron gerca de
tierra, los indios preguntaban á los chrips-
tianos que de dónde venian , y respon-
díanles que de Castilla, porque assi lo
mandó responder el general, y hizo es-
conder la gente de guerra debaxo de cu-
bierta , que no paresQÍan sino los mari-
neros, y aun no todos, é los indios re-
plicaban diciendo uHaylí, HaylU, dando
á entender que yban de aquesta Isla Es-
pañola , que en lengua de los indios se
llama Haytí : é los nuestros respondian
aCastilla, CasliHay> , é mostrábanles co-
sas de rescates é vino, que es lo que
ellos mas estiman. É assi creyeron que
los del armada no sabian cosa alguna de
los chripstianos é frayles muertos , y que
essas caravelas yban de España , é que
también matarían á estos otros , como
ynogentes, segund avian hecho con los
de otras caravelas, como se dixo en el
capítulo de suso ; é atreviéronse á entrar
en los navios algunos de los principales
de la costa , y degian al capitán que sa-
liesse en tierra , y traíanle de comer de
las cosas que ellos acostumbran de sus
manjares , é hagian otras demostragiones
de paz y de plager , fingiendo que holga-
ban mucho de su venida é amistad. Y el
capitán general, como astuto, les hagia
muy buen semblante y los regogijaba ; y
assi entreteniendo los indios, cuando le
paresgió que era tiempo, dio la señala los
suyos , é fueron presos algunos de los in-
dios pringipales , de quien ya él llevaba
relagion de sus nombres y delictos, y alli
avia en el armada quien los conosgia : y
en espegial fué preso aquel Gil Gongalez
que es dicho, y ávida su confission, á esse
é otros hizo ahorcar de las entenas de
los navios , para dar exemplo á los tray-
dores y rebeldes que estaban en la costa
mirándolo , y con ellos al cagique de Cu-
maná, llamado don Diego. É luego el
general Gongalo de Ocampo hizo soltar
y echar en tierra á la cagica doña Maria,
muger del dicho cagique don Diego , que
la llevaba consigo, é la avie traydo pre-
sa el Antonio Flores que es dicho á esta
cibdad de Sancto Domingo , y por causa
desta muger se hizo después la paz con
los chripstianos, como se dirá adelante.
Assi que fecho lo que es dicho sabiamen-
te é sin peligro alguno, se fué á la isla de
Cubagua Gongalo de Ocampo , é puso su
real apar del puerto, donde surgió, é
desque ovo repossado él éla gente pocos
dias, passó á la provingia de Cumaná é á
los lagares, é hizo entradas en la tierra,
é prendió muchos indios en diversas ve-
ges, é justigió á los que le paresgió de-
llos , y otros mató, quando se defendían
por no ser presos. Y continuándose assi
la guerra con toda riguridad, vino sobre
seguro á assentar pages con los chrips-
tianos el cagique don Diego , en lo qual
fué medianera su muger, agradesgiendo
su libertad ; y mediante aquesta paz se
comenzó la poblagion de Cumaná junto
al rio, desviado de la mar media legua,
é nombró Gongalo de Ocampo al pueblo
que alU se hizo Toledo, en el qual estu-
vo este capitán y su gente algunos me-
ses ; pero como este capitán no era sa-
broso para la gente , antes estaban mal
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. IV.
599
con él los corapañeros , y hombres de
guerra, y subgedió que después de lo
questá dicho poco tiempo llegó á la cos-
ta con giertos navios un clérigo llamado
el hgeugiado Bartolomé de las Casas, con
poderes muy bastantes é comisión de
Sus Magestades para poblar alli , é traía
capitulado sobre ello, segund mas larga-
mente se dirá en el siguiente capítuío.
Y desta causa , llegado aquel padre ligen-
giado , ovo discordias y diferencias mu-
chas entre él y el capitán Gongalo de
Ocampo , y como la gente no estaba bien
con el capitán , ni él con ellos , passóse
Gongalo de Ocampo ala isla de Cubagua,
y después la gente hizo lo mesmo , é des-
ampararon el pueblo que avian hecho y
nombrado Toledo, sin que en élquedas-
se persona alguna.
En el tiempo questos capitanes an-
daban en sus rengillas, ó poco antes.
proveyeron esta Real Audiengia y el
almirante é offigiales de Sus Magesta-
des que fuesse á Cubagua por tenien-
te de gobernador Frangisco' de Valle-
jo , vegino desta gibdad de Sancto Do-
mingo, é mándesele que tornasseá po-
blar aquella isla de Cubagua : el qual fué
á ella con gente, é hizo un pueblo é re-
partió solares á los veginos , é llevó con-
sigo todos los indios que de la Margarita
avia traydo á esta cibdad aquel Antonio
Flores , con los quales puestos en libertad
écon los de Cumaná, que volvieron, co-
mo solian, á rescatar perlas con los espa-
ñoles , y con algunos esclavos que se lle-
varon de otras partes turante la guerra,
"comengaron los veginos de Cubagua (y
con su propria gente) á entender en esta
granjeria de las perlas , porque vian que
cada dia andaban los indios de peor ga-
na en los rescates.
CAPITULO V.
Cómo el licenciado Bartolomé de las Casas fué con 9Íertos labradores á poblar á la Tierra-Firme en el rio
de Cumaná , gerca de la isla de Cubagua , é lo que le subgedió dello á él é á los que le siguieron.
JLil año de mili é quientos é diez é nue-
ve, á la sagon que en Bargelona llegó la
nueva de la elecgion de rey de romanos
é futuro Emperador á la Cesárea Magos-
tad del Emperador Rey, nuestro señor,
don Carlos, semper augusto, yo me hallé
en su corte sobre algunos negogios de la
Tierra-Firme (de Castilla del Oro); é an-
daba alli un padre reverendo, clérigo
presbítero , llamado el ligengiado Barto-
lomé de las Casas , procurando con Su
Magostad é con los señores de su Conse-
jo de las Indias , la gobernagion de Cu-
maná , y de parte de la costa de la Tier-
ra-Firme. Y para esto era favoresgido de
algunos caballeros flamencos que estaban
gerca de Su Magostad, y en espegial de
Mosior de Laxao , que después murió se-
yendo comendador mayor de la Orden y
caballeria de Alcántara; el qual era uno
de los ageptos privados de ^ésar. A cau-
sa de lo qual , y porque este padre pro-
metía grandes cosas y mucho interese y
acresgentamiento en las rentas reales , é
sobre todo degia que por la orden é avi-
so que él daba , se convertirían á nuestra
sancta fé cathólica todas aquellas gentes
perdidas é indios ydólatras , é paresgia
que su fin é intento era sancto , é porfia-
ba que el obispo de Burgos é Hernando
de Vega, y el ligengiado Capata, y el
secretario Lope de Conchillos y los de-
mas que hasta entonges en vida del Rey
Cathólico don Fernando, de gloriosa me-
moria, entendían en los cosas destas In-
dias, avian errado en muchas cosas y
600
HISTORIA GENKRAL Y NATURAL
engañado al Rey Cathólico de muchas
maneras, aprovechándosse á sí mesmos
de los sudores de los indios, y en los
oílfigios y intereses destas partes ; y que
aquestos señores consejeros tales, por
sostener lo que avian hecho y errado, le
eran contrarios , y no les paresgia bien lo
que este padre degia ; y assi á este pro-
póssito anduvo alli muchos dias, dando
memoriales y peticiones. Y no sin mucha
contradicción ; porque como aquellos con-
sejeros queste culpaba, estaban pressen-
tes, mostraron para sus desgargos los li-
bros é lo que se avia proveydo en tiempo
del Rey Cathólico , desde algunos años
antes queste padre tomasse esta su fan-
tassia, é todo paresgió sancto é bien pro-
veydo é al propóssito de la buena con-
servación de la tierra é estado destas
partes , é como convenia para la con-
verssion de los indios: de forma que Qé-
sar quedó satisfecho é se tuvo por servi-
do de todos los que este culpaba y eran
parte grande en los negogios para le im-
pedir al clérigo lo que pedia, y assi le
turó algunos meses su porfía. Y ya quél
vido que los del Consejo no podían ser
por él dañineados, degia que aunque
ellos lo oviessen bien proveydo, que to-
do se avia mal entendido, é peor puesto
en efeto, digiendo que la gente que se avia
de enviar con él no avian de ser solda-
dos, ni matadores, ni hombres sangrien-
tos é cobdigiosos de guerra , ni bulligio-
sos , sino muy pagífica é mansa gente de
labradores, y aquestos tales hagiendolos
nobles y caballeros de espuelas doradas,
y dándoles el passaje y matalotaje , y ha-
ciéndolos francos é ayudándolos para que
poblassen, con otras mergedes muchas
que pidió para ellos, como le paresgió.
Lo qual todo le fué concedido , non obs-
tante que los señores del Consejo , ó á
lo menos el obispo de Burgos , don Johan
Rodríguez de Fonseca , y otros que á su
opinión se allegaron lo contradecían , y
que algunos españoles , hombres de bien
que á la sacón se hallaron en la corte
destas partes y debieran ser creydos,
desengañaron al Rey y á su Consejo en
esto , y dixeron como aquel padre, des-
seoso de mandar , ofrecía lo que no ha-
ría, ni podía ser por la forma quél decía,
é hablaba en tierra que él no sabía , ni
avia visto ni puesto los pies en ella , é
condenaron por liviandad todo lo quel
clérigo afirmaba , y dixeron quel rey gas-
taría sus dineros en valde, é los que
fuessen con este padre yrían á mucho
riesgo y peligro. Pero, como he dicho,
Laxao pesó mas que todo quanto se di-
xo en contrario. En fin, quel rey perdió
lo que gastó por ser creydo este padre,
y los que le siguieron las vidas en con-
dición. Assi que, el Rey, nuestro señor, le
mandó despachar y proveer, é por su
mandado los de su Consejo é officíales de
Sevilla le despacharon , como él lo supo
pedir, é assi passó á la Tierra-Firme con
hasta * hombres é personas chicas
y grandes, labradores, á los quales todos
dieron buenos navios y bastimentos, y
todo lo nescesario, y rescates para la
contractacion de los indios. Lo qual cos-
tó á Su Magostad muchos millares de du-
cados.
El caso es que cómo este padre se avía
criado en esta Isla Española , sabia muy
* Ni en la primera edición de esta primera par-
le , hecha en i 535, ni en el códice autógrafo que nos
sirve de guia en la presente , se fija el número de
los españoles que llevó consigo Bartolomé de las
Casas. Francisco López de Gomora, capellán de
Hernán-Cortés , asegura que se contaron sobre tres-
cientos hombres en esta desdichada expedición ; á
lo cual parece asentir el mismo Bartolomé de las
Casas, cuando en el cap. 159 do su Historia ge-
neral de Indias confiesa que iba autorizado para
hacer cincuenta caballeros de cruces rojas , de
entre los labradores que le acompañaban, y cuyo
destino era solo cavar, según la expresión de as
Casas.
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. V.
601
bien que los indios de Cumaná y de aque-
llas provincias comarcanas estaban de
pages , segund lo tengo dicho antes de
su rebelión ; y él penssó que assi como á
él se le fantaseó , que assi pudiera ha^er
lo que avia inventado é dicho en Espa-
ña. Y en tanto que él fue á entender en
el negogio, los indios se rebelaron y ma-
taron á los frayles Frangiscos é Domini-
cos y otros chripstianos que he dicho; é
ovo todas aquellas revolugiones, de que
atrás se ha hecho mengion, y quando
llegó á la tierra con aquellos sus labra-
dores, nuevos caballeros de espuelas do-
radas que él queria hager, quiso su dicha
y la de sus pardos milites que halló al
capitán Gongalo de Ocampo , que avia ya
castigado parte de los malhechores , y
poblado aquel lugar que llamó Toledo, y
estaban las cosas en otro estado quel clé-
rigo avia arbitrado. Mas como venia fa-
voresgido y con tan grandes poderes,
luego comengaron á contender y estar
desconformes él y Gongalo de Ocampo,
como he dicho. Y el clérigo dio orden
cómo hizo luego una grand casa de ma-
dera y paja, junto al sitio donde avia
seydo el monesterio de Sanct Frangisco;
y alli tenia alguno de los españoles que
consigo traxo muy llenos de esperanga
de la caballería nueva que les avia pro-
metido , con sendas cruges roxas , que en
algo querían paresger á las que traen los
caballeros de la Orden de Calatrava, é
tenia en aquella casa muchos bastimen-
tos y rescates y armas que Su Magostad
le mandó dar, é otras cosas muchas. Lo
qual todo dexó alli , é vino á esta cibdad
de Sancto Domingo é Isla Española á se
quexar en esta Audiengia Real del capi-
tán Gongalo de Ocampo. Y venido él y
dexado por Gongalo de Ocampo el pue-
blo é la tierra, los indios, viendo estas
discordias entre los chripstianos, é per-
suadidos de su propria cobdigia é mali-
gia , con desseo de robar lo que en aque-
TO.MO 1.
lia casa avia , dieron sobre los chripstia-
nos que alli estaban y mataron á quantos
pudieron dellos , puesto que algunos es-
caparon huyendo, acogiéndose á una ca-
ravela que en esta sagon alli estaba. É
los indios saquearon y robaron la casa,
con quanto en ella avia : lo qual sacado
della, pegaron fuego á aquel edifigio mal
fundado, y quedó por estonges la costa
toda fuera del poder de los chripstianos.
Y porque en la isla de Cubagua avia
algunos pocos de los chripstianos, y no
eran parte para contender con los indios,
no les consentían los indios llevar agua
de la Tierra-Firme para su substentagion,
y bebian de unas lagunas de la isla Mar-
garita, de gierta agua hecha gieno, y aun
aquella avian con mucha costa é dificul-
tad. Assi que, como el capitán Gongalo
de Ocampo se passó desde Cubagua á
esta Isla Española , y se vino á su casa á
esta cibdad de Sancto Domingo, é que-
dó la gente que avia llevado consigo en
aquella isla , Frangisco de Vallejo y Pero
Ortiz de Matiengo, que eran alli alcaldes
mayores en la sagon, procuraron con
aquella gente de ganar el rio de Cumaná
por tener agua que bebiessen ; y passa-
ron algunas veges á ello , é todas les fue
muy bien defendido , y no salieron con
ello, porque son flecheros é tiran con hier-
va y es gente los indios de aquella cos-
ta astuta y guerrera. Y assi se estuvo
aquella gente é chripstianos en Cubagua,
como en fronteria y en guarda de la isla.
El padre ligengiado Bartolomé de las
Casas , cómo supo el mal subgeso de su
gente, y conosgióel mal recabdo que avia
por su parte en la conservagion de las
vidas de aquellos simples é cobdigiosos
labradores que al olor de la caballería
prometida y de sus fábulas le siguieron;
y el mal cuento que ovo en la hagicnda
que se le encargó , y que él á tan mala
guarda dexó , acordó que pues no tenia
bienes con que pagarlo , que en oragio-
76
602
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
nes é sacrificios , metiéndose frayle , po-
dría satisfager en parte á los muertos, y
dexaria de contender con los vivos. É
assi lo hizo y tomó el hábito del glorioso
Sancto Domingo de la Observangia, en
el qual está hoy dia en el monesterio que
la Orden tiene en esta gibdad de Sancto
Domingo. Y en verdad tenido por buen
religioso : é assi creo yo que lo será me-
jor que capitán en Gumaná. Digen que él
escribe por su passatiempo en estas co-
sas de Indias , y en la calidad de los in-
dios y de los chripstianos que por estas
partes andan y viven , y seria bien que
en su tiempo se mostrasse , porque los
que son testigos de vista lo aprobassen ó
respondiessen por sí. Dios le dé su gra-
gia para que muy bien lo haga : que yo
creo que en esta su historia él sabrá de-
gir mas cosas de las que yo he aqui re-
sumido, pues passaron por él. Pero lo
que es público y notorio en estas y otras
partes aquesto es. Quiero degir que el
que ha de ser capitán, no lo ha de ade-
vinar sin ser exergitado y tener experien-
gia en las cosas de la guerra, é por no
saber él ninguna cosa desto , confiando
en su buena intengion, erró la obra que
comengó ; y penssando convertir los in-
dios, les dio armas con que matassen los
chripstianos ; de lo qual resultaron otros
daños que por evitar prolixidad se dexan
de degir. Y aquesto mismo ó su semejan-
te acontesgerá y suele acontesger á todos
los que toman el offigio que no saben;
porque si él penssaba santiguando y con
su buen exemplo pagificar la tierra, no
avia de tomar las armas, sino tenerlas
como en depósisto en mano de un capi-
tán diestro , y qual conviniera para lo
que subgediesse.
CAPITULO VI.
Del segundo provcy míenlo que se hizo para sojuzgar la cosía de Cumaná , y castigar los indios de sus re-
beliones ya dichas , y de la forlaleca que alli se fundó para la guarda del rio de Cumaná , que cslá en la
costa de la Tierra-Firme, é á siete leguas de la isla de las Perlas, llamada Cubagua.
'espues que el capitán, Gonzalo de
Ocampo , volvió á esta cibdad de Sancto
Domingo de la Isla Española , el almiran-
te, don Diego Colom , y los oydores desta
Audiengia Real y los ofigiales de Sus Ma-
gestades enviaron otro capitán á la con-
quista de Cumaná , y aqueste fué Jacome
de Castellón , vegino desta cibdad , assi
para soldar los errores de los capitanes
passados que he dicho , como para reco-
ger la gente que avia quedado de la que
llevaron el capitán Gongalo de Ocampo
y el ligengiado Bartolomé de las Casas,
aunque la menos útil era la de aquellos
labradores, é muy pocos dellos queda-
ron vivos. A aqueste capitán se le dio
muy bastante poder para sacar toda la
gente que avia en Cubagua y la capita-
near, y hager la guerra á los indios de
aquella costa de Tierra-Firme: el qual
passó á la isla de Cubagua , donde llegó
en el mes de octubre del año de mili é
quinientos é veynte y dos, y recogió la
gente de la armada que avia ydo con el
capitán , Gongalo de Ocampo : é con el
artillería y aparato de guerra nesgessario
passó en fin del mes de noviembre si-
guiente á la Tierra-Firme al rio de Cu-
maná, y entró por él y apossesionóse
en la tierra, é assentó su campo y real
gerca de la boca del rio : el qual luego
tuvieron los chripstianos libre é sin con-
tradigion, y los moradores de Cubagua
para su mantenimiento ; é desde alli co-
mengó á hager la guerra á los indios que
avian seydo en los malefigios y daños ya
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. VI.
603
relatados en los capítulos de suso, é hizo
mucho castigo en los tales con muertes
é prisiones de muchos , y envió cantidad
de esclavos dellos á esta Isla Española,
é cobró la possesion de la tierra y re-
dugióla al servicio de Sus Magestadcs. É
fundó en Cumaná gerca de la boca del
rio un castillo fuerte de cal y canto con
muy buen aposento y una torre , en la
qual algo las banderas reales en comen-
tando á ser fuerte, que fué á los dos
dias de hebrero del año de mili é qui-
nientos é veynte é tres, é llamósse al-
cayde della, y después la Cesárea Ma-
gostad del Emperador, nuestro señor, le
proveyó del mismo officio y cargo de al-
cayde. Y desde aquel tiempo adelante se
comengó sin temor á fundar pueblo en la
isla de Cubagua de propóssito , y llamóse
la Nueva cibdad de Cáliz , porque con
la seguridad de la fuerga y castillo que
he dicho , y con entrar en aquella gran-
jeria muchos indios buenos pescadores
de perlas, ávidos en aquella guerra, los
veginos fueron aprovechados mucho y
se dieron á fundar su pueblo y casas de
morada con mucho propóssito de cal y
canto, y se fundó la iglesia muy bien la-
brada ; y el primero que comengó á la-
brar casa de piedra fué un hidalgo na-
tural de Soria , que se dice Pedro de
Barrionuevo. Después de lo que es di-
cho, hizo el capitán Jacome de Caste-
llón pages con los indios, é se abrió
contratagion é comunicagion entre los
chripstianos y ellos : la qual permanesge
y es utilíssima y provechosa á ambas
partes, é quedó la tierrra y costa sojuz-
gada é la isla de Cubagua segura é muy
exergitada en la pesquería y granjeria de
las perlas.
CAPITULO VII.
De una tormenta é terremoto que súbitamente acaes^ió en la provincia de Cumaná en la Tierra-Firme , la
qual tempestad derribó la forlaleca ó castillo que los chripstianos tenian , de que se hizo mención en el ca-
pítulo de suso , é cómo se labró é se hizo otro castillo.
JCjI año de mili é quinientos é treynta,
en el mes de septiembre , en un dia se-
reno é tranquilo, en un instante, á las
diez horas del dia , en la provingia de
Cumaná se levantó la mar en altura de
quatro estados é juntamente dio la tier-
ra un horrible bramido, é inundóse la
tierra, sobrepujando la mar sobre ella, y
encontinente comengó la tierra á tem-
blar , é lo continuó por tres quartos de
hora : del qual grandíssimo temblor cayó
la fortalega que tengo dicho en el prege-
dente capítulo , é abrióse la tierra por di-
versas partes , é higiéronse muchos pe-
gos , los quales produgian una agua negra
que hedia á agufre. Hundiéronse muchos
pueblos de indios , y de ellos murieron
muchos , unos porque los mataban las ca-
sas é otros que del miedo y espanto per-
dieron las vidas. Abrióse una grande
sierra , questá mas de ginco leguas des-
viaba de la mar , y la abertura della fué
tan grande que se vee desde á mas de
seys leguas apartados della. Tornadas las
aguas á sus límites , é aviendo por mira-
glo escapado los chripstianos que esta-
ban en la fortalega , el alcayde , por no
ser echado de la tierra y conservarla en
servigio de Sus Magostados, con la gen-
te que alli tenia consigo, hizo un baluarte
y reparo á la redonda de una esquina de
la fortalega que quedó en pié , y en aquel
baluarte y reparo se sostuvo catorge me-
ses , en los quales se edificó otra nueva
fortalega gerca de la cay da. Y dexando
después el reparo, se metió y passó en la
604
DISTOniA GENERAL Y NATURAL
jortalega nueva. Esto fué en el año de las, y señorea el rio de Gumaná é parte
mili é quinientos é treynta y uno. É de la provincia , que no se osan los indios
aquesta fuerga es la que al pressente tie- mover ni hager los. atrevimientos v re-
ne segura el agua para la isla de las Per- beliones que solianhager continuamente.
CAPITULO VIH.
En que Irala el chronista de algunas opiniones de los historiales antiguos cerca de las perlas , y de algu-
nas particularidades dellas , y de algunas perlas grandes que se han ávido en aquestas Indias.
Iluanto al descubrimiento é conquista
de la isla de las Perlas y parte de la pro-
vincia é costa de Gumaná en la Tierra-
Firme, y otras particularidades convi-
nienles al discurso de la materia , dicho
se ha en los capítulos precedentes lo que
convino á la historia. Ahora diré algo de
las opiniones de los antiguos en lo que
toca á las margaritas ó perlas , é aunque
á algunos parezca cosa recia reprobar yo
é contradegir lo que tan señalados y doc-
tos varones afirman , no se maravillen los
letores , porque ellos pueden degir ver-
dad é yo también. Ellos, segund fueron
informados de diversos auctores ó perso-
nas de quien fundaron sus palabras, é
yo de mis ojos y experiengia , de donde
progeden las mias. Dige Isidoro * que las
perlas se llaman uniones, porque se ha-
lla una é nunca dos ó mas juntas, y con
esto se conforma el Alberto Magno ^ en
su tractado De proprietatibus rerum, y
ambos auctores tienen que se engendran
del rogio en gierto tiempo del año , é
otras cosas digen quel curioso desta ma-
teria podrá ver, si quisiere, en sus tracta-
dos. Pero muy mas largamente lo escribe
Plinio ', y mejor que ninguno de los auc-
tores que yo he visto: el qual se confor-
ma con los susodichos, ó mejor digiendo
ellos lo pudieron aprender del en degir
que se engendran del rogio , y básele de
dar mas crédito, porque es mas antiguo.
Esta manera de congepgion de las perias
por el rogio es una de las cosas que yo
no afirmo , y en que estoy dudoso , por
lo que diré adelante. Y todos tres histo-
riales concuerdan en que, segund la cali-
dad del rogio que resgiben , assi son cla-
ras ú obscuras ; de manera que digen que
si es claro el rogio, assi lo es la peria, ó
si turbio, turbia. É si es nublado quando
congiben, digen que las perias son ama-
rillas, porque son del ayre, y con el ay-
re han mas propinqüidad que con lámar,
y del ayre toman la color ó nublado ó se-
reno. Pero en lo que digen essotros auc-
tores del nombre de las perias ser dichas
uniones, no se conforma Plinio con ellos
en la ocasión del nombre , porque dige
queElio Slilon escribe que en la guerra de
Jugurta se puso á las margaritas, que
eran supremamente grandes, este nombre
de uniones ; pero no aprueba ser lo que
digen los otros auctores, pues en el libro
y capítulos de suso alegados depone de
vista Plinio, é dige aver.él visto muchas
veges en la oria ó extremo del nácar ó
concha é quassi defuera y en algunas
conchas quatro perlas juntas yaunginco.
Él lo pudo muy bien degir, porque en
estas partes , en espegial en la isla de
Gubagua, de quien aqui se tracta , se
han visto muchos granos mas de perias
i Isid., Ethi., lib. XVI, cap. 10.
2 Alberto Magno, lib. XVI, cap. 62,
3 Plin., Ubi IX, cap. 35.
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. VIII.
G05
é aljóphar menudo, y esto acontege gada
dia. Pero todos los auctores concluyen
que las perlas se envejesgen , y por tanto
digo yo que ningún prudente debe hager
mucho caudal de cosa que tan presto é
tan manifiestamente nos enseña esta ver-
dad é declinagion de hermosura. Digo
caudal para tenerlas por joya que pueda
turar largo tiempo , pues no es turable su
resplandor. Y por esto no es heredad pa-
ra guardar, porque cada dia pierde su
vigor y vale menos , por se envejesger y
arrugar, y de hora en hora son menos
de estimar. Assi que, quanto mas frescas
se pueden a ver, tanto mejores son, con-
curriendo en ellas las otras calidades que
han de tener para su valor. No curaré de
degir otras particularidades muchas quel
Plinio dige de las perlas en el lugar ale-
gado , que son muy notables para oyr,
assi de las que tuvo Julia Paulina, ma-
trona del emperador Cayo Calígula, co-
mo Cleopatra, reyna de Egipto. Pero
acordaré á quien esto leyere que ovo
Pedrarias de Ávila , gobernador de la
Tierra-Firme , una perla que compró en
mili é dosgientos pesos á un mercader, lla-
mado Pedro del Puerto, en la cibdaddel
Darien el año de mili é quinienios é quin-
ge (el qual la avia comprado en una al-
moneda al capitán Gaspar de Morales é
á la gente que con él avia ydo á la isla
de Terarequi, que es en lámar del Sur);
y en lo mesmo quel mercader la compró
la tornó á vender luego otro dia, éla dio
á Pedrarias, porque nunca una noche
que fué del mercader pudo dormir , acor-
dándose del mucho oro que avia dado
por la perla ; la qual pessaba treynta é
un quilates , y es de talle de pera y de
muy linda color é muy oriental. La qual
después compró la Emperatriz , nuestra
señora , á doña Isabel de Bovadilla, mu-
ger que fué de Pedrarias : y en la verdad
es perla é joya para quien la tiene y pa-
ra ser en mucho estimada , como agora
lo está. Pero yo tuve una perla redonda
de peso de veynte y seys quilates , é tu-
ve otra después de talle de pera, que ove
en Panamá el año de mili é quinientos é
veynte y nueve, que vendí en esta cib-
dad de Sancto Domingo desta Isla Espa-
ñola á iHi aloman de la gran compañía
de los Belgares en quatrogientos é gin-
qüenta castellanos. Estas grandes per-
las se han hallado y otras en la mar del
Sur en la isla de Terarequi; pero en es-
totra isla de Cubagua, de quien aquí se
tracta, no son tamañas, sino pequeñas,
de dos y tres é quatro ó ginco quilates, ó
poco mas la mayor dellas ; pero en per-
figion algunas, é innumerable cantidad de
aljóphar grueso y menudo y de todas
suertes. Hay assi mesmo perlas en otras
partes destas Indias, lo qual se dirá quan-
do la historia fuere discurriendo ó to-
cando en las provingias donde se hallan.
Cuanto á lo que toqué de suso en que
dixe ó quise significar que avia de re-
probar ó contradegir lo que tan señalados
auctores escriben en esta materia de las
perlas, digo que yo tengo por imposible lo
que digen quanto al engendrarse con el
rogío , y ser turbias ó claras ni tampoco
amarillas por los truenos; porque en una
mesma ostia no son todas las perlas que
tiene de una bondad é redondez , ni de
una perfigion de color, ni de un tamaño'
sino en diferente manera algunas. Lo
otro, ¿cómo se puede probar lo que di-
gen pues que muchas dellas se sacan de
diez y de doge bragas de agua en hondo,
donde muy pegadas é asidas con las pe-
ñas en algunas partes están? ¿Quién las
vido claras antes que atronasse, é des-
pués vido que las mismas se avian tornado
escuras y de los defectos ya dichos?...
Dexemos esto creer á los que no sabrán
contradegirlo; porque yo las he visto é
tenido tan negras como agabache, é otras
leonadas, é otras muy amarillas é res-
plandesgientes como oro , é otras quaxa-
606
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
dase espesase síq resplandor, é otras
quassi aguíes , é otras como agogadas , é
otras que tiran sobre color verde, é
otras á diversas colores declinando. É
assi quanto mas diferentes y enfermas en
la vista ó para menos estimar están, tan-
to mas y de mayor estimación son las
perfectas. É muy raras veges se hallan
las que son dinas de se poner en estima
ó regla de quilates para la vengion de-
ltas. Pero en quanto á la forma de su
ereagion, acuérdese quien esto lee de lo
que se dixo en el cap. II deste lib. XIX,
é aquello puede tener por muy gierto. Y
también podria ser que en estas partes se
formassen é criasen de una manera , y en
el Oriente é donde digen Plinio é otros
auctores que las hay se engendrassen de
otra forma , ó por el rogío que ellos di-
gen; porque natura en algunas partes
hage en diferentes modos sus operagio-
nes en un mismo género de criaturas.
Conténtese, pues, elletor con lo dicho, y
passemos á otra manera de perlas que se
hagen y nasgen en los nacarones, de
quien hige mengion en el prohemio , por-
que de aquestos nunca lo ley ni lo he
visto por algund auctor escripto , é yo
los he llevado á España , é hay muchos
dellos en la costa austral de la Tierra-
Firme , en la provingia que llaman de Ni-
caragua, y en las islas de Chara é Chira
é Pocosi, é otras islas del golpho de
Orotiña.
CAPITULO IX.
De los nacarones en que se hallan perlas en la provincia de Nicaragua é golpho de Orotiña é otras partes.
JCin el golpho de Orotiña é islas que hay
en él, assi como Chira é Chara é Poco-
si é otras que son dentro del Cabo Blan-
co en la costa de Nicaragua en la mar
del Sur , he yo visto muchos destos na-
carones, y de alli eran los que dixe de
suso que avia llevado á España. Estos son
una manera de conchas del talle que aqui
está debuxado [Lám. 5.*, fig. 9.'), é son
dos pegados, assi como las ostias lo están,
é asidos por las puntas é algo mas, de
manera que lo ancho es lo que se abre
é gierran por sí mismos. Estos nacarones
son grandes y medianos é menores; los
mayores tan luengos como un codo has-
ta en fin de los dedos , y el anchor de la
pala de un palmo ó mas, y deste tamaño
para abaxo. Tienen dentro gierto pesca-
do ó carnosidad, como las ostias de las
perlas; pero mucho mayor en cantidad,
y á proporgion de la grandeza de las
conchas, é no poco duro de digestión y
regio. Y en la verdad quantas ostias y
nacarones de perlas he yo visto , no es
buen pescado ni tal para comer como las
ostias de España con mucha parte , pero
en fin todo se come. Estos nacarones por
de dentro son de hermosa vista y lustre,
é resplandescen como las hostias de las
perlas en la parte mas delgada dellas,
hasta la mitad de la longitud y de ahy
adelante para lo mas ancho van perdien-
do aquella color , y se convierte una par-
te en una color de aguí muy fino y res-
plandesgiente, y perlas espaldas de fue-
ra son ásperos y acanalados, segund las
veneras, pero de dentro son lisos. Las
perlas que en estas conchas de los na-
carones se hallan, no son finas ni de buen
color : si turbias y algunas leonadas , é
algunas quassi negras , é también se ha-
llan blancas, pero no buenas.
Estas veneras destos nacarones sirven
á los indios de palas ó agadas para sus
labores en algunas partes para la agri-
coltura de sus campos y de sus huertos;
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. IX.
607
porque donde yo las he visto es la tierra
muy polvorosa y no regia de cavar y vol-
ver. Y enastan en un palo el nacarón
por la punta, é sírvense de muy gentiles
y provechosas palas , é hágenlas de las
mayores ó menores é tamaño que quie-
ren, porque las hallan segund las han
menester ; é atado el astil con muy bue-
nos hilos de algodón torgido , labran la
tierra con aqueste instrumento.
Los indios quando toman estos naca-
rones para comer, no desechan las per-
las que en ellos hallan por malas que
sean , ni aun nuestros mercaderes tampo-
co, quando se las dan; porque las mezclan
con las buenas que se sacan en las ostias
de las perlas linas, é assi vuelto todo lo
venden mezclado, porque aprovechen
en el peso al vendedor : que no es mas
que en lugar de trigo revolver con ello
genteno , ó con la gebada avena. Sirven
á esta maligia , porque no hay ya offigio
ni arte en que la astugia de los cobdigio-
sos tractantesdexe de hallar medios para
sus engaños. Assi que, aquestos son los
nacarones , en que se comete el fraude
que he dicho ; pero los que son diestros
é han noligia destas cosas, no las pagan
en igual pregio que las perlas ó aljóphar
limpio ; y es verdad que en su espegie
de los granos que nasgen en estos naca-
rones son redondíssimos , y aunque las
conchas son prolongadas, nunca ó muy
raras veges lo son sus perlas , sino muy
redondas : que parege cosa para dubdar
por ser del talle que son estos nacaro-
nes : antes las perlas de talle ó fagion de
peras todas nasgen en las ostias redon-
das. Passemos agora á degir la manera
que los indios tienen en el exergigio de
la pesquería de las perlas.
CAPITULO X.
El qual tracla de la manera que los indios é aun los chripstianos tienen para tomar y pescar las perlas.
JOju esta isla de Cubagua, de quien aquí
pringipalmente se tracta, es donde en
estas partes é Indias mas se exercita la
pesquería de las perlas, y hágese de
aquesta manera. Los chripstianos que en
esta granjeria entienden , tienen esclavos
indios, grandes nadadores, y envíalos su
señor con una canoa , y en cada canoa
destas van seys ó siete ó mas ó menos
nadadores donde les paresce ó saben ya
que es la cantidad de las perlas ; y alli
se paran en el agua, y échanse para
abaxo á nado los pescadores hasta que
llegan al suelo, y queda en la barca ó
canoa uno que la tiene queda todo lo que
él puede , atendiendo que salgan los que
han entrado debaxo del agua. É después
que grande espagio ha estado el indio
assi debaxo, sale fuera engima del agua,
é nadando se recoge á la canoa , y pres-
senta y pone en ella las ostias que saca
porque en ostias ó veneras ó conchas assi
llamadas se hallan las perlas , ó en los na-
carones que se dixo en el capítulo de
suso ; las quales ostias trae en una bolsa
de red, hecha para aquello, que el nada-
dor lleva atada á la gintá ó al cuello. É
assi entrado en la canoa, descansa un
poco y come algund bocado , si quiere, y
torna á entrar en el agua , y está allá lo
que puede, é torna á salir con mas ostias
que ha tornado á hallar , é hage lo que
primero se dixo , y desta manera todos
los otros indios nadadores puestos á es-
te exergigio hacen lo mismo. É quando
viene la noche ó les paresge que es tiem-
po de descansar, recógense á la isla á
sus casas , é entregan las ostias de todo
608
HISTORIA GENERAL Y- NATURAL
su jornal al señor, cuyos son estos pesca-
dores ó á su mayordomo , é aquel háge-
les dar de genar, é pone en cobro las
ostias. É quando tiene copia ó cantidad
asaz, hage que las abran , y en cada una
halla las perlas ó aljóphar; un grano ó
perla en algunas conchas sola , y en
otras dos é tres é quatro c ginco é seys
é diez y mas y menos granos, segund
natura alli los puso , é guárdanse las per-
las é aljóphar que en las ostias se han
hallado , é gómense el pescado dellas si
quieren ó échanlo á mal ; porque hay tan-
tas que aborresge tal manjar , é todo lo
que sobra de semejantes pescados enoja.
Quanto mas que, como tengo dicho, son
muy duras de digestión é no de tan buen
sabor como las ostias de nuestra España.
Algunas veges que la mar anda mas alta
de lo que los pescadores é ministros des-
ta granjeria querrían , é también porque
naturalmente quando un hombre está en
mucha hondura debaxo del agua, los
pies se levantan para arriba é con difi-
cultad pueden estar en tierra debaxo del
agua luengo espagio, en esto proveen
los indios desta manera. Échanse sobre
los lomos dos piedras, una al un costa-
do y otra al otro, asidas de una cuerda,
de forma que de la una á la otra queda
un palmo ó lo que les paresge de inter-
valo , y el indio queda en medio , é dé-
xase yr para abaxo ; é como las piedras
son pesadas, hágele estar en el suelo que-
do , pero quando le paresge é quiere su-
birse , fácilmente puede desechar las pie-
dras é salirse. É tienen tanta habilidad
algunos de los indios que andan en este
offigio en su nadar, que se están debaxo
del agua un quarto de hora de relox , é
algunos hay que mas tiempo y menos,
segund que cada uno es apto y sufi-
giente en el arte que traen en esta ha-
cienda.
Otra cosa grande é muy notable me
ocurre desta isla, y es que preguntando
yo algunas veges á señores particulares
de los indios que andan en esta pesque-
ría si se acaban ó agotan estas perlas,
pues que es pequeño el sitio ó término
donde se toman é muchos los que las
buscan , degíanme que se acababan en
una parte y se passaban los nadadores á
pescar en otra al otro costado de la mis-
ma isla ó viento contrario y que des-
pués que también acullá se acababan, se
tornaban al primero lugar ó á alguna de
aquellas partes, donde primero avian pes-
cado é lo avian dexado agotado de per-
las, y que lo hallaban tan lleno, como si
nunca alli ovieran sacado cosa alguna:
de que se infiere y puede sospecharse
que son de passo , como Plinio quiere
degir*, assi como lo son otros pescados,
ó nasgen y se aumentan y produgen en
lugares señalados. Pero caso que esto
sea assi, hánse dado tanta priessa los
chripstianos á buscar estas perlas, que
no contentándose con los nadadores en
las sacar , han hallado otros artifigios de
rastros é redes , y han sacado tanta can-
tidad , que se ha comengado á aver pe-
nuria é faltaban ya y no las hallaban en
abundangia, como primero; pero en poco
espagio de tiempo que repose la gente,
tornan á hallar muchas ostias en canti-
dad. Esta pesquería en Cubagua es en
quatro bragas ó menos , y en pocos lu-
gares de aquella isla mas hondo. Pero en
la isla de Terarequi de la mar austral en
diez y doge bragas , segund se dirá quan-
do hablemos en aquella isla y la de Oto-
que , y en las cosas de la Tierra-Firme.
Dixe de suso que son de passo , porque
en el lugar alegado dige el Plinio que
algunos digen que las perlas tienen rey
como la enxambre de las abejas : el qual
rey ó guia siguen las otras. É que aques-
1 Plinio.lib. IX,cap. XXXV.
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. X.
609
la tal concha principal es mayor que las
otras , y mas hermosa , y de grande in-
dustria en se guardar, y que todo el in-
genio de los pescadores se enderesga á
tomar la tal guia , porque lomada aquella
es fágil cosa meter en la red las otras
que han perdido , ó son privadas de la
guia, rey suyo. Digo yo que si esto que
dice Plinio acaesge y passa assi en otras
partes, que en aquestas nuestras Indias
ninguna notigia se tiene hasta agora de
tales guias entre los indios ni los chrips-
tianos. Es la perla tierna en el agua don-
de anda; pero en saliendo fuera, súbito
se enduresce , segund el mismo auctor lo
dige. Esto no se puede negar , porque en
estas partes se ha visto lo mismo , é por
esto pienssan algunos que poco á poco se
enduresgen ó se van hagiendo de la ma-
nera que se dixo en el capítulo segundo,
lo qual se ha alcangado con la experiengia.
Pero otra cosa grande y para notar se me
ofresge que ageptarán todos los que al-
gund tiempo han residido en aquesta isla
de Cubagua ; y es que en gierto tiempo
produgen las ostias de las perlas un gier-
to humor roxo ó sanguino en tanta abun-
dangia, que tiñen el agua y la turban en
la misma color; por lo qual algunos di-
cen que les viene el menstruo, como á las
mugeres su costumbre, quando digen que
tienen su camisa. Todas las mas de las
perlas que se crian entre peñas son ma-
yores que las que se toman en plagóles y
arenales , é tienen en la juntura de la ca-
bega de la venera unos hilos á manera
de ovas y algo verdes y de otras colores,
con que están como por los cabellos ti-
radas ó muy asidas con las peñas, y al-
gunas dellas tan apretadas , que es me-
nester que el indio tenga buena fuerga
para las despegar, ó que lleve alguna
cosa con que las arranque. Hállanse de
muchas maneras é talle diferentes : unas
de hechura de peras, y otras redondas,
que es muy mejor, y oirás que la mitad
tienen redondo é la otra mitad llano ; é
aquestas llaman en aquestas parles as-
sientos , y algunos las nombran panegi-
llos : á estas tales llama Plinio lipanie.
Otras hay torgidas é de todas las diferen-
gias que puede aver en las piedras , y á
las tales llaman acá piedras ó pedrería.
Otras hay que por la una parte tienen
buen lustre y paresgen como si fuessen
muchas juntas y de otras figuras , y por
el envés están huecas como bexigas.
Esta manera dige Plinio que progede del
tronar, porque se encogen é hagen en lu-
gar de perla quassi como bexiga vagía de
dentro, é aquesta tal se Wamei phisemata.
Es conclusión de todos los lapida-
rios y de los que escriben de estas mar-
garitas ó perlas, é mas apuntadamente
assi determinado por Plinio , que son de
muchas hojas las perlas y que se rogan y
gastan: lo qual nuestros ojos enseñan á
quien lo quiere ver, que son assi como
los ojos de los besugos , ó como una ge-
bolla , hojaldradas é una camisa sobre
otra, disminuyéndose su grossega hasta
un punto en su mitad , un lecho ó corte-
ga sobre otra , y assi por esta propriedad
há lugar el arte de algunos expertos para
las labraré polir, quando en las primeras
hojas hay algún vigió ó pelo ú otra difi-
cultad en la perla , si tiene cuerpo para
ello y en la parte interior es capaz é lim-
pia ó menos vigiosa. Pero pocas veges la
mano del mas sotil hombre que en esto
puede entender , la dexa tal como la que
sale perfigionada de las manos ó artifigio
de la natura ; y lo mismo digo del oro,
porque nunca lo vi jamás tan bien labra-
do que tuviesse tal color como aquella,
con que se saca de las minas. Verdad es
que á las perlas conviene lavarlas de
quando en quando, porque se empañan
trayéndolas, é quieren estar muy bien
Iractadas.
TOMO 1.
77
610
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
CAPITULO XI.
Que tracta del aviso que debe aver en los que compran perlas.
lio parezca desconviniente al letor ni
al mercador loque agorase dirá; porque
pues es aviso para que las perlas se ven-
dan mas sin engaño, diño es el chronista
que aquesto dige que se le den gragias,
por manifestar semejante fraude, para
que la perla sana esté en su presgio , y
la cascada quede en el suyo; pues que
en una olla ó un vaso de poco valor se
desechan las vasijas sospechosas. Esto
que agora yo digo ó manifestaré la ex-
periengia me lo enseñó , y aun con harta
pérdida de dineros, por no lo aver enten-
dido quando compré algunas perlas , ni
lo vi hasta que desde á tiempo lo conos-
gí. Muchas perlas passan por sanas que
no lo son, é los ojos cebados de su buen
resplandor é talle, é otras gircunstangias„
no mirando en lo demás ; se engañan,^
porque aunque estén cascadas é sentidas
por algún golpe ó por otra ocasión no se
vee su defeto, salvo poniéndolas entre
los dedos al trasparente resplandor del
gielo, dándoles el sol: é assi luego vereys
algunas que están quebradas ó cascadas
en lo interior é secreto ó medula de las
perlas , ó si tienen algún pelo ó raga con-
forme á esto, tan claramente que no ten-
gáis nesgessidad de informaros de nin-
gún lapidario ni experto maestro ó co-
nosgedor deltas, para entender si son ne-
tas é de algún vigió ó no , para que en-
tendido é visto esto, mas sin escrúpulo
entendáis en el presgio ó estimagion que
se debe dar á las tales joyas ó perlas. Y
esto baste quanto á esta materia.
CAPITULO XII.
De la gobernación de la isla de Cubagua, é cómo fue removida la tenencia del Castillo de Cumanái
íja isla de Cubagua es gobernada por
alcaldes ordinarios é regidores de los ve-
ginos que hay en la gibdad de la Nueva
Cáliz : é al pressente fue alli por juez de
residengia el ligengiado Frangisco de Pra-
do, vegino desta gibdad de Sancto Do-
mingo , al qual enviaron Sus Magestades
é los señores de su Real Consejo de las
Indias ; é yendo por la mar á reformar
aquella isla é hager lo que le era manda-
do, le salteó un francés cossario gerca de
la isla de Langarote , que es una de las
de Canaria ó Fortunadas , é le tomaron
quanto llevaba, é aun después que le
prendió, fue herido por el descomedido
capitán franges. El qual después que á
este juez é á otros ovo robado los soltó^
y el ligengiado prosiguió su camino á Cu-
bagua, donde ha estado hasta agora: en
el qual tiempo tomó residengia á las jus-
tigias passadas é removió de la tenengia
de la fortalega de Cubagua al alcayde
Jacome de Castellón , de quien se hizo
mengion que avia fundado aquel castillo
para assegurar aquella provingia é para
la.guarda del rio de Cumaná. É puso la
fortalega el dicho ligengiado en otro al--
cayde, como está hasta agora en tanto
que Su Magostad provee á quien fuere
servido de aquella tenengia ; porque die-
ron á entender que era mucho el gasto
que con esta fuerga se tenia , y que la.
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. XII.
611
villa la tomaría é ternia á su espensa. É
no me paresge que S. M. fue de lo QÍer-
to informado, como tampoco le informan,
segund seria menester, en otras muchas
cosas destas partes por ser el camino tan
largo , é aun porque aunque se le diga
verdad , quando llega la relación á su
real acatamiento, es mudado el tiempo y
es menester proveerse de otra manera. Y
esta es una de las causas por donde se
yerran algunas cosas por culpa del tiem-
po é de la malicia de los diversos infor-
madores que anda en medio. É no quiero
hablar mas en esto, porque no seria ni es
al propóssito de la Natural historia, aun-
que lo seria para el natural remedio que
las Indias avrian menester.
CAPITULO XIII.
De 9Íertos cossarios que han paseado á estas parles é Indias, y de lo que les ha ¡nlervenido en sus malos
penssamientos.
El
ti año de mili é quinientos é veynte é
siete años, un cossario inglés, só color
que andaba á descobrir, vino con una
grande nao la vuelta del Brasil en la cos-
ta de la Tierra-Firme, é de allí atraves-
só á esta Isla Española é llegó gerca de
la boca del puerto desta gibdad de Sanc-
to Domingo; y envió su batel equipado
de gente, é pidió ligengia para entrar
aqui digiendo que venia con mercaderias
é á traclar , y en el instante el alcayde
Frangisco de Tapia desde este castillo
mandó tirar un tiro de pólvora á la nao, la
qual se venia derecha al puerto. É cómo
los ingleses vieron esto, retiráronse afue-
ra y los del batel recogieron é fuéronse
tras su nao. Y en la verdad el alcayde hi-
zo error en lo que hizo , porque caso que
entrara él armado, no pudiera salir sin
voluntad desta gibdad y deste castillo.
Por manera que viendo el resgebimiento
que se les hagia, tiraron la vuelta de la
isla de Sanct Johan , y entrados en la
bahía de Sanct Germán ovíeron habla con
los de aquella villa é pidieron bastimen-
tos , quexándose de los desta gibdad, dí-
giendo que no venían á enojar, sino á
tractar con sus dineros é mercaderias si
los acogíessen : é fuéronles dados algu-
nos bastimentos, é su nao dio en pres-
gio estaño de baxilla é otras cosas é fues-
sesu camino la vuelta de Europa, donde
se cree que no llegó porque nunca se su-
po desta nao.
Otro cossario franges, desde á poco
tiempo ó en el siguiente año, só color
de venir á tractar en la isla de las Perlas,
vino á ella guiado por un mal español,
natural de la villa de Cartaya , llamado
Diego Ingenio , el qual como piloto guió
á los frangeses ; pero no supo darles avi-
so de lo que en semejantes casos tiene
proveydo la Cesárea Magestad para guar-
da de sus Indias, de mas del gentil es-
fuergo de sus animosos españoles é natu-
rales, é fue assi. Un hidalgo que vive en
aquella isla, llamado el capitán Pero Or-
tiz de Matiengo , é otros hidalgos é vegi-
nos de la Nueva Cáliz , supieron de un
vegino suyo que venia de la isla Marga-
rita en una canoa , que avia ávido habla
con este armado , el qual traía una nao
grande é una caravela rasa portuguesa
que avia tomado en la costa del Brasil,
y un batax; é preguntando qué nao era
aquella dixeron los frangeses que era la
nao del Careo , é que venían de Sevilla.
La nao del ^arco era venida ocho ó quin-
ge días antes, é assi los de la canoa vie-
ron que aquello era falso é que debía ser
612
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
armado, é convidaban á los españoles
que entrassen á liager colagion en la nao
por prenderlos é aver lengua del estado
de la tierra; pero no lo liigieron assi, an-
tes se desviaron con mucha diligengia é
se fueron á la cibdad é dieron notigia
desto é pusiéronse en vela. É luego otro
dia amanesgió el cossario á par de la
costa, y equipados los bateles, quiso sal-
tar en tierra con su gente; pero fuetes
resistido valerosamente de tal forma que
no pudieron salir con su propóssito, é
comengaron á lombardear la cibdad, é
los de la cibdad á los enemigos ; é dié-
ronse tan buen recabdo los nuestros que
armaron sus vergantines é barcas en nú-
mero de treynta ó mas , é con indios fle-
cheros proveydos de aquella hierva mor-
tal que por acá hay é con algunos tiros
de pólvora , fueron á combatir la cara-
vela , é aunque tenia mucha artillería é
muchas pelotas de alquitrán, diéron-
les tanta priessa que de la caravela ma-
taron dos de los nuestros é de los fran-
ceses murieron trege. É con esto gessó
el combate por entonges, no gessan-
do de andar en tratos los contrarios,
pensando con sus formas gálicas enga-
ñar los españoles ; pero saliéronse tres ó
quatro vizcaynos é navarros que traian
centra su grado , é fuéronse á la tierra é
dieron notigia como aquellos frangeses
eran ladrones é venían con pensamiento
de se apoderar de aquella isla. Lo qual
entendido , acordaron los de la cibdad
de morir ó echar á fondo aquellos na-
vios , é con mucha diligengia salieron en
sus vergantines é baxeles é combatieron
el batax, é tomáronle por fuerga de armas,
con valor de mas de mili é quinientos
ducados de ropa é con los prisioneros
primeros. Fueron por todos treynta é
ginco hombres muertos é presos de los
contrarios. Hecho esto, la nao no osó
atender, é siguiéronla hasta la perder de
vista : la qual se fué á la isla de Sanct
Johan é quemó el pueblo de Sanct Ger-
mán , é de alli se fué la nao á la isleta de
la Mona, donde penssó repararse é alli
soltó la caravela de los portugueses , la
qual se vino á esta cibdad de Sancto Do-
mingo é dio notigia de todo lo que es di-
cho. Y enconlinente armaron aqui una
nao é una caravela, é fueron á buscar
estos ladrones é halláronlos é pelearon
con ellos dos dias continuos, é diéronles
caga dos dias continuos , é aunque se fué
á causa del tiempo é de la noche , se cree
que por yr abierta se anegó en la mar.
De esta manera se perdieron estos cos-
sarios é se perderán quantos acá passa-
ren de los tales é muy mejor al pressen-
te, porque está ya todo prevenido de
otra manera é con mayor recaudo é vi-
gilangia.
CAPITULO XIV.
Que tracta de la isla de la Margarita.
A la isla Margarita no hage al caso dar-
le mas límites ó altura de lo que se dixo
en el primero é segundo capítulos, por-
que por alli quedan declarados sus ale-
daños é assiento. Esta isla , como en otras
partes está dicho , fué descubierta por el
primero almirante don Chripstóbal Colom,
quando se descubrió la isla de Cubagua,
y él nombró á esta isla la Margarita,
porque tan gercana le es la pesquería de
las perlas á la una como á la otra quassi.
Pero aquesta isla es muy mayor tierra, é
tiene de gircunferengia treynta é ginco
leguas poco mas ó menos , é hay en ella
DE INDIAS. LIB. XIX. CAP. XIV.
613
im buen puerto é ancón de la parte del
Norte ; y gerca de la parte que tiene al
Leste hay unos isleos muchos , que se
llaman los Testigos , y esta Norte Sur con
la isla de los caribes , que llaman Sáne-
la Cruz, é por la parle del Mediodía tie-
ne la isla de Cubagua é la Tierra-Firme,
de quien se ha tractado en los preceden-
tes capítulos. Es buena isla é fértil, é hay
en ella pocos indios é algunos chripstía-
nos , debaxo de la gobernagion de doña
Isabel Manrique , muger que fué del di-
cho ligengiado : la qual gobernagion fué
por la Cesárea Magostad encomendada
al ligengiado Margólo de Villalobos , su
oydor en esta Audiengia Real de Sánelo
Domingo, ya defunlo. Y después quedó
conforme á gierto assiento que con el li-
gengiado mandó tomar la Cesárea Ma-
gostad el año de mili é quinientos é
veynte y quatro. Y después de los días
del ligengiado se ha quedado assi en su
muger y herederos. No hay otra cosa que
degir desta isla , salvo que también ca-
resge y es falta de agua como Cubagua,
éno la tiene sino de xagüeyes é mala, é
se la llevan, quando la han de beber bue-
na, desdóla Tierra-Firme, del rio de Cu-
maná ; pero es fértil de árboles ,é pastos
para ganados, é otras granjerias, éagri-
coltura de indios , assi como mahíz é otras
cosas que ellos acostumbran cultivar.
CAPITULO XV.
De muchas islas en general que eslan desde la Tierra-Firme austral é aquestas islas de Cubagua é la
Margarita hasta la isla de Sancl Johan, que los indios ¡laman Boriquen, é desde alli á la Tierra-Firme de
la parte ó vanda del Norle é provincia de Bimini é la Florida, brevemente relatadas.
jjébese acordar el letor que tengo di-
cho en otra parte que, quando el almiran-
te don Chrípslóbal vino el segundo viaje
que hizo desde España á estas partes, año
de mili é quatrogientos é noventa y tres
años, reconosgió las islas Desseada, Mar-
garilante é Guadalupe , é las que están
en aquel paraje, puesto que después se
supieron é bojaron mas particularmente,
á causa de la guerra que los chripstianos
tuvieron con los indios caribes flecheros
deslas islas. Aqui solamente discurriré
por ellas para memoria particular é ge-
neral dellas: particular, para las nombrar,
y general, para que se diga donde están.
Pero porque no son habitadas de los
chripstianos, y en todas ellas no hay can-
tidad de indios , sino pocos é de los al-
gados é huydos y á ellas acogidos de te-
mor de los chripstianos, no se hageaqui
tan larga é particular memoria como se
haría é se sabria, si fuessen pobladas é pa-
gíficas , é muy por menudo sabidos y en-
tendidos los provechos é particularidades
deslas islas, é también por que las mas
están solas é sin gente. Y por tanto , co-
mengando desde la isla de Cubagua, que
es donde tengo dicho , está luego á una
legua la isla Margarita ; é tirando la vía
del Septentrión se hallarán los Testigos, é
la Gragiosa , é los Barbados , é Sánela
Lugia , é Malinino , é la Dominica , é la
Desseada , é Marigalante , é Todos los
Sánelos, é Guadalupe , y el Antigua , y la
Barbada , y el Aguja , y Sánela Cruz, y el
Sombrero , y Sancl Chrípslóbal , y el
Anegada, y las Vírgines, y Boriquen,
que es la isla de Sanct Johan. Todas ellas
puestas en gienlo é sesenta leguas , pocas
mas ó menos , corriendo desde la parle
del Mediodía al Norte. Verdad es que al-
gunas deslas islas están mas orientales
que otras ; pero todas ellas se incluyen y
están en el número de leguas que he di-
cho hasta esta de Sancl Johan. La que es
mas al Septentrión, en diez é siete grados
614
aiSTORIA GENERAL Y NATURAL
y medio de la equinogial , que es la que
llaman el Anegada, desde la qual se cor-
re al poniente para la isla de Sanct Johan
treynta é ginco leguas pocas mas ó me-
nos. Y entre medias en este intervalo es-
tán las islas de las Vírgines ; y desde la
isla de Sanct Johan dicha Boriquen, cor-
riendo al Norueste ginqüenta leguas , es-
tán los baxos que llaman de Babueca , y
llevando la misma derrota , adelante de
los dichos baxos veynte é ginco leguas
están las islas de Amuana , é mas ade-
lante dellas está la isla Mayaguano , é mas
adelante dessa está la isla Yabaque, é mas
adelante está otra que llaman Mayaguon,
y adelante otra isla que se dige Manigua,
é delante están las islas de Guanahani é
las Pringosas ó islas Blancas , é mas ade-
lante la isla dicha Huno , é prosiguiendo
la misma derrota ó rumbo (que quiere
degir el mismo camino ) está otra isla di-
cha Guanima , é mas adelante está otra
que llaman Caguareo , é mas adelante es-
tá la isla del Lucayo , grande gercado de
assaz baxos , é al Oesnorueste del , quas-
61 al Poniente diez leguas , está la isla de
Bahamá , desde la qual corriendo al Hues-
te onge leguas , está la tierra de Bimini
y la que llaman la Florida en la costa de
la Tierra-Firme en la vanda del Norte.
En todo esto que he dicho por el ca-
mino que se ha declarado avrá desde la
isla de Sanct Johan á la Florida tresgien-
tas é ginqüenta leguas pocas mas ó me-
nos. Bien es verdad que partiendo en
demanda de una de las islas que es di-
cho, no serian hechos los rodeos que hay,
andándolas una á una, como se nombra-
ron de suso ; pero lo que está dicho bas-
ta para las memorar é saber dónde están
todas ellas, que es desde diez é ocho
grados de la isla de Sauct Johan hasta
veynte é ocho en que está el Lucayo
grande, que es la isla mas puesta á la
parte septentrional de las que he dicho.
Y las otras primeras que nombré é hay
desde la costa de Cubagua hasta Sanct
Johan ó Boriquen , están desde en diez
grados en que está el rio de Cumaná en
la Tierra-Firme é parte de Mediodía has-
ta en diez é ocho en que está Boriquen,
que es la isla de Sanct Johan , como ten-
go dicho.
Y con esto se concluye quanto á la pri-
.mera parte desta General é natural histo-
ria de Indias en estos diez é nueve libros.*
* En la edición de Sevilla se leia , después tío
estas palabras , refiriéndose Oviedo al libro con que
aquella terminaba : «El siguiente , que es el número
» veynte, tracta de los infortunios c naufragios de
«casos acaescidos en las mares destas Indias. E
» aqueste libro veynte que aqui será el último, se ha
» después de poner en el fin de la tercera parte desta
» Natural historia, que aun no está acabada de escri-
»bir en limpio , é será el postrero de aqueelas histo-
))rias. Pero hasta que salgan todas tres partes dellas
))á luz, andará aqui puesto por conclusión desta
«primera parte. É quando se acabe de escrebir lo
» demás, ponerse há con lo que se oviere acrescen-
» tado en tales materias , digo de las que fueren eon-
wvinienles al mismo libro de Infortunios é nau-
nfragios.»
FIN DE LA PRIMERA PARTE.
índice general.
Advertencia V
Vida y escritos de Gonzalo Fernandez de Oviedo, por don José Amador de los Ríos IX
Epístola dedicatoria del Autor CIX
Tabla sumaria de lo que tractan los diez é nueve libros deste primero volumen, é
primera parte de la Natural é general historia de las Indias, yslas é Tierra-Firme del
mar Ogéano del señorio é geptro real de los reyes é rey nos de Castilla é de León.
LIBRO I. El prohemio enderes9ando la obra
al Emperador Rey nuestro Señor
LIBRO II. El segundo libro es continuando el
prohemio é declarando el motivo con que
se procede, c de la persona del primero al-
mirante don Chripstúbal Colom , é sus des-
cubrimientos é viajes, é de la ysla Bermuda
é otras cosas : comien9a á cartas
LIBRü IIÍ. De la guerra é conquista de la Is-
la Española é otras particularidades della:
comienca á cartas
LIBRO IV. Que tracta de la gobernación é
trabaxos del segundo almirante don Diego
Colom é de otros jueces é justicias que ha
ávido en la Isla Española: comienga á cartas.
LIBRO V. Que tracta de los .ritos é 9erimo-
nias é otras costumbres de los indios é de
' sus ydolatrias é vicios é otras cosas: comien-
ca á cartas
L^ LIBRO VI. Que tracta de diversas materias
é géneros de cosas , é llámase assí mismo
libro de los depósitos, é comienca á cartas. .
LIBRO VII. Que tracta de agricoltura é de
otras muchas cosas, é comienca á cartas.. .
LIBRO VIII. Que tracta de los árboles fruc-
tíferos, é comienca á cartas
LIBRO IX. Tracta de los árboles salvages, é
comienca á cartas
LIBRO X. Que tracta de los árboles mede-
Págt. l'agi.
9inales é de las plantas é sus propriedades:
1 comien9a á cartas 361
T.IBRO XI. que tracta de las hiervas, é si-
mientes que se truxeron de España á la Isla
Española é de otras naturales de la dicha
ysla, é comien9a á cartas 372
¿^, LIBRO XII. Que tracta de los animales que
9 avia en la Isla Española, quando fue descu-
bierta é de otros que se llevaron de España,
é assi mismo de los animales en general que
58 se han visto en las Indias: comien9aá cartas. 386
<—^ LIBRO XIII. De los animales de agua, é co-
m¡en9a á cartas •. 423
^HLIBRO XIV. De las aves é diversidades de-
96 lias, é comien9a á cartas 439
¿-11BR0 XV. Que tracta de los animales insec-
tos ó ceñidos, é comien9a á cartas 440
LIBRO XVI. Que tracta de la conquista épo-
124 ' bla9Íon de la ysla de Boriquen, al¡as,ysla de
Sanct Johan Baptista, é comien9aá cartas. 462
LIBRO XVII. Que tracta de la ysla de Cuba
161 por otro nombre llamada Fernandina: co-
mien9a á cartas 492 *
262 LIBRO XVIII. Que tracta de la isla de Ja-
máyca que agora se llama Sanctiago, que
287 comien9a á cartas 578 *
LIBRO XIX. Que es el último deste volumen
329 é primera parte, el qual tracta de las yslas de
Cubagua é la Margarita, é comien9a á cartas. 586
Tabla de los capítulos de la primera parte de la General y natural historia de las In-
dias , yslas y Tierra-Firme del mar Ogéano , é de todo lo que contiene en los diez é
nueve libros deste volumen.
LIBRO I. Comienca el libro primero deste vo-
lumen: el qual consiste en el prohemio ó in-
lrodu9Íon desta primera parte de la General
y natural historia de las Indias, dirigido á la
Sacra, Qesárea, Cathólica y Real Magestad
del Emperador, Rey, nuestro señor
LIBRO II. Prohemio
Capitulo i. De las opiniones que hay, cerca
de á quien dirigió Plinio su libro de la Na-
tural Historia, é también relatando en parte
sumariamente las materias, de que se tracia
en este libro segundo 10
— Plinio dedica su Natural Historia á Vespa-
siano H
— Propóssito del auctor al seguirle, en la His-
toria General de Indias. 12
— En loor del primer almirante de las Indias é
descubridor deltas, don Chripstóbal Colom. ib.
Capilulo u. Del origen é persona del almi-
rante primero de las Indias, llamado don
616
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Págs.
I'agt.
Cripstóbal Colom é por qué via ó manera se
movió al descubrimiento dellas , segund la
opinión del vulgo ib.
Capitulo iii. En que se tracla déla opinión
que el auctor ó coronisladesla Natural é ge-
neral historia de las Indias tiene cerca de
averse sabido y escripto por los antiguos
dónde son estas indias, é cómo é con quién
lo prueba ^^
— Opinión del auclor sobre haber perlenescido
estas Indias en los tiempos de Héspero á los
reyes de España 16
Capitulo iv. Que tracla cómo Chripstóbal
Colom fué el que mostró á navegar los es-
pañoles por las alturas del sol é norte, é de
cómo fué á Portugal é otras partes á buscar
quien lo ayudasse al descubrimiento destas
Indias, é le favoresciesse para ello , é cómo
o vieron noticia de su persona los Calhólicos
Reyes, don Fernando é doña Isabel, por cu-
yo mandado hizo este descubrimiento 18
—Desecha el rey de Inglaterra las proposicio-
nes que le hace Bartolomé Colom por en-
cargo de su hermano Chripstóbal 19
— Desechan las proposiciones de Colom el Rey
de Portugal y algunos Señores de España, ib.
— Opinión que al principio se tuvo en Castilla
cerca de Colom ib.
— Protección dispensada á Colom por el Con-
tador Alonso de Quintanilla 20
— Capitulaciones de los Reyes Calhólicos con
Chripstóbal Colom ib.
Capitulo v. Descubrimiento délas Indias he-
cho por Chripstóbal Colom, primero descu-
bridor dellas, por lo qual dignamente fué he-
cho almirante perpetuo destas mares é im-
perio de las Indias destas partes 21
— Partida de Colom del puerto de Palos ib.
— Noticia de las islas Canarias y de sus habi-
tantes 22
— Derrota seguida por Colom y molin de la
gente de su armada id.
— Descubrimiento de la isla llamada Guana-
hani 24
Capitulo vi. Cómo el almirante descubrió es-
ta Isla Española, é dexó en ella treinta é
ocho chripstianos en tierra del rey ó cacique
Goacanagari, en tanto que llevaba las nue-
vas del descubrimiento primero destas par-
tes, é cómo volvió á España en salva-
mento 25
— Desembarque de Colom en la ysla de Cuba. ib.
— Naufragio de la nao Capitana ib.
— Edifica Colom una fortaleza en la Isla Espa-
ñola , dexando en ella 38 hombres 26
— Cómo los indios se maravillan mucho de las
letras é cartas é entenderse por ellas los
chripstianos 27
— Vuelta de la armada del almirante á Europa, ib.
Capitulo vii. De quatro cosas notables en el
año de mili é quatrocientos y noventa é dos
años, é de quando el almirante don Chrips-
tóbal llegó á la corte de los Reyes Calhóli-
cos don Fernando é doña Isabel, é de las mer-
cedes que le ficieron, después que volvió á
España del primero descubrimiento de las
Indias, é la razón por qué se debe creer que
en estas partes fué predicado el Evangelio
por los apóstoles, ó por alguno dellos 28
— Un villano, natural de Remensa, da en Bar-
celona una cuchillada al Rey Calhólico. . . . ib.
— Llegada del almirante á Barcelona. ' 29
— Tiene el auclor por cierto que la verdad
evangélica fué predicada en las Indias, antes
del descubrimiento de Colom ib.
— Incapacidad y malas inclinaciones de los in-
dios 30
— Las armas concedidas á Colom por los Re-
yes Calhólicos con otras mercedes que le
hicieron ib.
Capitulo viii. Del segundo viaje que el almi-
rante primero don Chripstóbal Colom hizo
desde España á esta Isla de Hayli, ó Espa-
ñola, é de cómo halló muertos los chripstia-
nos que avia dexado en tierra del rey Goa-
canagari, é de la concesión que el Papa
Alexandre VI hizo destas Indias á los Re-
yes Calhólicos don Fernando é doña Isabel,
é sus subeesores en los reynos de Castilla y
de León, y del descubrimiento de los indios
flecheros , llamados caribes , é otras cosas
notables 31
— Demarcación entre Castilla y Portugal 32
— Dónde comen carne humana los indios. .. . ib.
— Bula de concession dada por el Papa á los
Reyes Calhólicos, ib.
— Procuran los Reyes de Castilla la conversión
de los indios ib.
— Torna el almirante á las Indias é descubre
otras y slas 33
— Flechas con hierva de los indios caribes. . . ib.
— Cómo murieron los 38 hombres que el al-
mirante dexó en su primer viaje en la Ma
Española 34
Capitulo ix. Del viaje que desde España se
hace para estas Indias, é de la manera é for-
ma que se tiene en la navegación, é del ár-
bol maravilloso de la isla del Hierro, que os
una de las Fortunadas , que agora llaman
las Canarias 35
• — Árbol maravilloso de la isla del Hierro. ... 36
— Para yr á las Indias se sigue otra derrota
que para lomar en España 37
Capitulo x. Del crescer y menguar del mar
Mediterráneo, y del mar Océano ; en qué
parles cresce y mengua, como el Mediler-
DE INDIAS. índice.
617
Páys.
raneo, y en qué cosías mucho mas 40
Capitilo XI. Peí nordestear, é noruesfear de
las agujas de marear, é de las mudanzas de
la estrella del Norte, é de las qualro estre-
llas, que llaman el crucero del Sur, ó de la
línia del diámetro 44
Capitulo xii. De lo que hizo el almirante don
Chripstóbal Coiom después que supo que
los indios avian muerto los chripstianos que
dexó en la Isla Española, el primero viajo,
é cómo fundó la cibdad de la Isabela é la
forlaleca de Sánelo Thomás, é cómo descu-
brió la isla de Jamáyca, é vido mas parti-
cularmente la isla é costa de Cuba, é délas
primeras muestras de oro de minas que se
llevaron á España 46
— De la calidad y ger de los marineros por la
mayor parle 47
— El almirante dexó por Gobernador de la Is-
la Española á su hermano don Diego 48
Capitulo xni. Que Iracta de los Irabaxos y
guerras que passaron los chripstianos que
quedaron con don Diego Colom e' con el
adelantado don Bartolomé Colom en la villa
de la Isabela, en lanío que el almirante fué
á dcscobrir desde allí, y de lo que acaesció
con cierlas tórtolas al aleayde Mnssen Pedro
Margarile en la fortajeca deSancto Thomás,
y de la población é fundamento de aquesta
cibdad de Sánelo Domingo, á donde el almi-
rante tornó después de aver descubierto á
Jamáyca é otras cosas , ele 49
-—Los animales que avia en la Isla Española
naturales de la tierra 50
=— Del origen del mal de las búas ib.
— Las diferencias del primero almirante é Fray
BuyI 53
Capitulo xiv. De dos plagas ó passiones no-
tables y peligrosas que los chripstianos é
nuevos pobladores destas Indiaspadeseieron
é hoy padescen algunos. Las quales paásio-
nes son naturales destas Indias é la una de-
llas fué transferida é llevada á España y
desde allí á las otras partes del mundo ?i5
—Del mal de la niguas 56
LIBRO III. Prohemio 58
Capitulo i. Que tracla de la guerra que tuvo
el capitán Alonso de Hojeda con el cacique
Caonabo, y de su prisión é muerte 59
—Los primeros hombres á caballo en las In-
dias, é del gran lemor que los indios les te-
nían ib.
Capitulo 11, De la batalla é victoria que ovo
el adelantado don Bartolomé contra el rey
Guarionex é otros catorce caciques ó reyes,
é cómo se apartó Pioldan Ximenez de la
obediencia é compañía del adelantado don
Bartolomé é del almirante primero GO
TOMO I.
Púas.
Capitulo m. Que Irada de lo que en esta
ysla passó en tanto que el almirante fué á
España, é del ter9ero viaje é descubrimien-
to quél hizo, quando halló la cosía (é gran-
díssima parte del mundo incógnita) llamada
Tierra-Firme generalmente , donde muy
grandes reynos é provincias se incluyen, é
de cómo descubrió assi mismo la ysla de
Cubagua, donde es la riquíssima pesquería
de las perlas, é de otras yslas nuevas que
halló, y del subcesso de todo ello, con otras
cosas adérenles á la historia C2
— Del cabo de la Vela, é hostiares de perlas. C3
Capitulo iv. De lo que el adelantado don
Bartolomé hizo en tanto que el almirante fué
á España hasta que él tornó á esta ^ibdad,
dpspues que descubrió parte de la Tierra-
Firme , é de la gobernación del ahnirante
hasta su prisión , é de los reyes c señores
que avia en esta isla ib.
— Del socorro de los senfenfiados para la
Isla Española C i
— Los pueblos quel almirante hizo on la Isla
Española , 65
— Los cinco reyes, ó señores principales de la
Isla Española ¡b.
Capitulo v. Que tracla del lago de Xarngua,
y de otro lagoque está en las sierras é cum-
bres mas altas desta ysla, y de la forma de
la gente que en esta ysla se halló, é con qué
armas peleaban, y qué gente son los cari-
bes flecheros, y de la Sánela Vera Cruz de
la Concepción de la Vega , 66
— Del lago de Biaulex 67
— De los indios llamados ciguayos flecheros. . ib.
Capitulo vi. De la venida del comendador . ^^
Francisco de Bobadilla á gobernar esta Isla
Española, é de cómo envió preso en grillos
al almirante don Chripstóbal Colom, y al
adelantado don Bartolomé édon Diego, sus
hermanos , con él , é de los muchos indios
que ovo en esla ysla y las causas por qué
se murieron ó son quasi acabados 69 c
— Causas de la muerle de los indios en la Isla
Española H £
— De la contención é diversos paresoeres so-
bre el tractamiento de los indios 72 ..
Capitulo vil. De la venida del comendador
mayor de Alcántara , dotí frey Nicolás de
Ovando, el qual gobernó esta ysla, é de la
partida del comendador Francisco de Boba-
dilla, el qual con toda la floia se perdió en
la mar con mucho oro, é del aviso que dio
el almirante al comendador mayor, para que
no dexasse salir la flota deste puerto, como
hombre que conos^ia la disposición del
tiempo. E por no le creer, ni dexar entrar
aqui se perdió el armada é mucha gente ... 74
78
618
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
l'ágt.
— Grano de oro que pesaba tres mil é seys-
j fíenlos pesos, é se perdió en la mar 7.)
^ Capitulo vni. De lo que descubrieron en la
^ costa de Tierra-Firme los capitanes Alonso
de Hojeda y Rodrigo de Bastidas 76
Capítulo ix. Que Irada de cómo se perdió
el armada con el comendador Bobadilla, é
del último viaje é descubrimiento que hizo el
almirante don Chripstóbal Colomen la Tier-
ra-Firme 77
— El molin de los Porras contra el almirante
en Jamáyca, é primera batalla entre chrips-
tianos en las Indias, é otras cosas 79
/.Capitulo x. De la gobernación del comen-
' dador mayor don frey Nicolás de Ovando,
é de cómo se passó la vecindad destacibdad
que estaba de la otra parte del rio, adonde
agora esta, y de las iglesias y perlados de-
llas que ha ávido y hay en esta Isla Espa-
ñola , é de los edefícios desta cibdad de
Sancto Domingo y otras cosas notables des-
ta ysla... 8i
Capítulo xi. De la ventaja y diferencia que
el auctor pone de esta Isla Española á las
yslas de Secilia é Inglaterra , é las razones
que para ello expresa 84
— De la gran cantidad del ganado vacuno .... 85
/ Capitulo xii. De la gobernación del comen-
/ dador mayor de Alcántara don frey Nicolás
de Ovando, é de las partes de su persona é
rectitud, é de las poblaciones é villas que
hizo é fundó en esta Isla Española 89
— Castigo de Anacaona 90
— De la salvajez desta gente de la provincia
de Guacayarima ib.
— De la persona del tesorero Miguel de Pasa-
monte 92
— Cómo fué removido de la gobernación el co-
mendador mayor de Alcántara , é se dio al
almirante don Diego Colom 93
— En loor del comendador mayor de Alcántara
don frey Nicolás de Ovando 95
LIBRO IV. Prohemio 96
Capitulo i. Donde se tracta de la venida del
segundo almirante don Diego Qolom á esta
íibdad de Sancto Domingo é puerto de la Is-
ia Española, é de las mudauQas que ha ávido
en la gobernación della é otras cosas 97
— Entróse el almirante en la forlaleca de Sanc-
to Domingo por descuydo del alcayde Die-
go López de Salcedo ib.
■y — En loor del licenciado Maldonado, alcalde
mayor del comendador mayor de Alcántara
don frey Nicolás de Ovando 98
— La causa délos trabaxos de los que gobier-
nan en las Indias 99
— De los jueces de apelación que ordenó el
, Rey Calhólico que oviesse en esta cibdad de
\
J'ágx.
Sancto Domingo de la Isla Española ib.
— Dicho de la Reyna Cathólica doña Isabel
sobre la calidad de los árboles en las Indias
é de los hombres 100
— Infelicidad del ceplro real 101
— Hexó el Rey Calhólico en su fin por gober-
nador de España al Cardenal fray Francis-
co Ximenez de (^isneros, arcobispo de To-
ledo ib.
Capitulo ii. En que se Irada de la persona
é grand ser del Cardenal don fray Francisco
Ximenez de (^isneros, arcobispo de To'edo,
gobernador de España; y de algunas cosas
que en su tiempo subcedieron, é cómo por
su mandado vinieron á gobernar estas In-
dias tres padres reverendos priores de la
orden de Sanct Hierónimo, é con ellos el li-
cenciado Alonso (^uaco é otras cosas nota-
bles'. '. 102
—Quitaron los padres hierónimos los indios á
los ausentes, á quien estaban encomenda-
dos, é de la disputación si los Indios deben
servir á los chripstianos ó no 104
Capitulo iii. De cómo la Qesárea Magestad
dio licencia en cierta forma al almirante don
Diego Colom para que tornasse á esta cib-
dad de Sancto Domingo é isla Española é
otras cosas 105
Capitulo iv. En que se tracta la rebelión de
los negros é del castigo quel almirante don
Diego Colom hizo en ellos, etc 108
— Alcamiento de los negros en la Isla Espa-
ñola ib.
— De Melchior de Castro, vecino de Sancto Do-
mingo 109
— Batalla con los rebelados 110
Capitulo v. De cómo el almirante don Diego
Colom volvió á España por mandado de la
Qesárea Magestad, y de cómo el licenciado
Lúeas Vázquez de Ayllon, oydordesla Au-
diencia Real fué á cierta gobernación de Tier-
ra-Firme, donde murió, y de cómo han sub-
cedido otros jueces oy dores en esta Real Au-
diencia, é oirás cosas que tocan á la his-
toria 111
Capitulo vi. Del subcesso é vida del segun-
do almirante, don Diego Colom, después que
volvió á España é llego á la corle en la
cibdad de Victoria, é hasta que murió en la
Puebla de Montalban, é otras cosas concer-
nientes al discurso de la historia H 3
Capitulo vu. De la subcesion del tercero al-
mirante destas Indias, llamado don Luys
Colom, é de cómo su madre la vireyna fué
á España á seguir los pleytos que su marido
el almirante don Diego Colom tractaba con
el fiscal real sobre sus privilegios, y de có-
mo vino por presidenle á esta Audiencia
DE INDIAS. índice. 619
P'i9*- Pág$.
Real el obispo de aquesta cibdad de Sánelo lad en una caria que le envió, y de cómo
Domingo, é de la Concepción de la Vega, el capilan Francisco de Barrionuevo se
don Sebastian Ramírez de Fuen-Leal 114 vido con él é fué reducido al servicio de
—Cómo el Emperador hizo duque de Veragua Sus Mageslades y se asentó la paz con él y
é marques de Jamáyca al almirante, ele hizo sus indios 142
otras mercedes con que se atajaron sus Capitulo vi. Del raconamienlo quel capilan
pleylos , ele 116 Francisco de Barrionuevo hizo á pierios
— Cómo fué por presidente á la Isla Española compañeros, que con él yban por un cami-
ellicen^iadodon Alonso de Fuenmayor, que ♦ no sospechoso é áspero, yéndosse á ver
después fue Obispo de Sánelo Domingo c de con el cacique Enrique , llevando por guia
la Vega é al presente Arzobispo primero de á un capilan del mismo Enrique 145
aquesta isla, ele 117 Capitulo vii. Del raconamienlo que hizo el
Capitulo viii. Que Irada de los ingenios é capilan Francisco de Barrionuevo al caci-
Irapiches de acucar que hay en esta Isla que Enrique, quando le dio una caria de su
Española, y cuyos son y de qué manera mageslad, é quedaron assentadas las paces. 147
ovo principio esta rica grangeria en aques- — Respuesta del cacique don Enrique al ca-
tas partes, y primero en esta isla 118 pitan Francisco de Barrionuevo 148
LIBRO V. Prohemio 1 24 Capitulo viii. Que Iracta de dos particulari-
— De los cascos de las cabecas de los indios. . 125 dades notables que se dexaron de decir en
Capitulo i. Que Iracta de las imágenes del el capítulo de suso, la una en lo que loca al
diablo que lenian los indios , é de sus ydo- 6ervÍ9Ío y méritos de Francisco de Barrio-
latrías, é de los areytos é bayles cantando, é nuevo, y la olra en la honrosa paz é recon-
la forma que tienen para retener en la me- ciliacion de don Enrique al servicio de Sus
mona las cosas passadas que ellos quieren Mageslades 154
que queden en acuerdo á sus subcesorcs y Capitulo ix. De la venida de don Enrique é
al pueblo. ib. sus indios cerca de la villa de Acua para ver
Capitulo ii. De los tabacos ó ahumadas que é sentir en qué esladoestaba la paz é loque
los indios acostumbran en esta Isla Espa- avia subcedido de un indio llamado Gonzalo
ñola, é la manera de las camas en que que él avie enviado con el capilan Fran-
duermen * 130 ciíco de Barrionuevo é otras cosas al dis-
— Hamaca 131 curso de la historia anexas lo4
— Hico 132 — Sierra de los pedernales ib.
Capitulo ni. De los matrimonios de los in- Capitulo x. De ciertos labradores que vi-
dios, é quánlas mugeres tienen , é en qué nieron de España en este tiempo para po-
grados no toman mugeres, ni las conoscen blar en Monte-Chripslo,yenPuerlo Real, en
carnalmenle, é de sus vicios, é luxuria, é la costa del Norte desta isla por la solicitud
conque manera de religiosidad cogian el de un vecino dcsla cibdad llamado Bolaños. 156
oro, é de la ydolalría deslos indios, é otras Capitulo xi. Cómo fué un padre religioso de
cosas notables ib. la Orden de Sánelo Domingo desde aquesta
— Joyeles de los sodomitas 133 cibdad de Sánelo Domingo de la Isla Espa-
— Cómo se enterraban las mugeres vivas con ñola, á donde el cacique don Enrique estaba
sus maridos 134 con sus indios á la Sierra del Baoruco, y es-
— De la reyna Anacaona é su libídine 135 tuvo allá algunos dias , é del buen subceso
— Del primero almirante, que no dexaba sacar de su camino 1 57
oro á los chripstianos, sin que se confesassen Capitulo xii. De la venida del licenciado
é comulgassen 136 Alonso López (^erralo á esta cibdad de
— Déla subcesionde los indios en su señorío ó Sánelo Domingo de la Isla Española á to-
patrimoníos en esta Isla Española ib. mar residencia al Audiencia Real é á todas
— Antigua costumbre de los ingleses, que ca- lasolras justicias desla cibdad éysia. É vino
saban seis de ellos con una sola muger. . . 137 proveydo por oydor de la dicha Audiencia
-r^Del ministro que los indios lenian para sus el licenciado Alonso de Grageda, é llegaron
consultaciones con el diablo 138 con eslos nuevos oydores s'eynlc é seys ó
Capitulo iv. De la rebelión del cacique En- veynle é siete naos de armada é de merca-
rique, é la causa que le movió para ello, é dería, martes primero día de enero de mili
de la rebelión de los negros 140 é quinientos é quarenta é quatro años 1 5S
Capitulo v. Del subcesso de la rebelión del LIBRO VI. Prohemio 161
cacique Enrique, que después se llamó don Capitulo i. El qual Iracta de las casas y mo-
Enriqíjc, porque assí le nombró Su Magcs- radas de los indios desla Isla Española por
620
HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL
Pags.
olro nombre llamada Hayli 1j63
— Una casa pagina quel auctor hizo en Tierra-
Firme que le costó mas de mili é quinientos
pesos de oro i64
— Maderas que no se pudren debaxo de tierra. 165
Capitulo n. Del jueg^o del batey de los in-
dios, que es el mismo que el de la pelóla,
aunque se juega de olra manera, como aquí
se dirá, y la pelota es de otra especie, ó ma-
teria que las pelotas que entre los chripslia-
nos se usan ib.
— El hábito de los indios en la Isla Española. 166
Capitulo ni. Que tracta de los huracanes ó
tormentas que ovo en esta Isla Española
en la mar, y en la tierra muy señaladas y
espantables y dañosas, después que los
chripstianos passaron á estas parles, e' po-
blaron estaysia, por lasquales dos fórmen-
las ó huracanes se pueden entender todos
los desta calidad 167
— Que los huracanes cesaron con poner el
Santíssimo Sacramento en las iglesias de la
Isla Española 168
Capitulo iv. Que tracta de los navios ó bar-
cos de los indios que ellos llaman canoas, é
en algunas yslas é parles las dicen piraguas,
las quales son de una pieza ó de un árbol. 170
Capitulo v. Que tracta de la manera que los
indios tienen en sacar y encender lumbre
sin piedra, ni eslabón , sino con un palo
torciéndole sobre otros palillos, como agora
se dirá 171
Capitulo vi. De las salinas naturales y arti-
ficiales que . tenian los indios en esta Isla *
Española, llamada Hayli, antes que los
chripstianos conquistassen estas partes, y
de las que hay al presente 173
Capitulo vn. Que tracta de las riberas prin-
cipales desta Isla Española, elqual sedes-
tingue en diez párrafos ó partes 174
Capitulo viii. El qual tracta de los metales
é minas que hay de oro en esta Isla Espa-
ñola: el qual se divide en once capítulos ó
partes, y decirse ha assi mismo de la mane-
ra que se tiene en el cojer del oro, é otras
particularidades notables é concernientes á
la historia 176
— Un collar de oro que se halló en Asturias de
Oviedo el año de 1496 177
—En loor de España é del Emperador Rey,
nuestro señor 179
—Del Perú é de la prisión de Athabaliba 180
—Naos cargadas de oro é piala 181
— De Heráclito é Demócrito philósophos ib.
— El tamaño ó cantidad de las minas de oro. . 184
— Donde nas9e el oro 186
—De las minas de oro antiguas de España. . . ib.
—Anillos hallados en las minas del oro 188
Pág*.
— Granos de oro grandes , ib,
— Cómo doran los indios sobre cobre 189
— Délos labradores de las Garrovillas. ...... ib.
— En loor del almirante primero don Chripstó-
balColom 191
Capitulo ix. Cómo el historiador prueba
que en otras parles del mundo se usaron los
sacrificios de malar hombres é ofrescerlos
(entre los antiguos) á sus dioses, y en mu-
chas partes assi mismo se acostumbró co-
mer carne humana, y al presente se hace en
muchas partes de la Tierra-Firme deslas
Indias y en algunas islas 192
Capitulo x. Que tracta de la diverssa cos-
tumbre, que en estas partes tienen los ga-
llos é los capones en el cantar é tomar las
gallinas, é assi mesmo los gatos en sus
ayuntamientos, lo qual no es, como lo usan
en Europa, ele 194
Capitulo xi. De un monstruo que ovo en es-
ta Isla Española en el tiempo que se escre-
bia en limpio esta Historia natural, de dos
niñas que nascieron juntamente pegadas en
esta cibdad de Sánelo Domingo, é cómo fue-
ron abiertas para ver si eran dos ánimas , é
dos cuerpos, ó uno 195
Capitulo xii. De algunas fuentes en general,
y de una en especial, que está en la mar al
poniente desta isla, cerca de la isla de la
Navaca 197
Caphulo xiii. De una fuente caliente que
passa debaxo de un rio dulce é frió en la
isla Dominica, la qual el auctor ha experi-
menlado,é estado dos veces allí, donde vido
lo que en este capítulo dice '. , . . 198
Capitulo xiv. De olro depóssito ó notable
quel auclor pone aqui en este libro sexto
por ser cosa no usada ni vista en olra par-
le ; sino en una isla pequeña é muy junta á
la tierra de Gilolo en la Especiería , hasta
que venga su tiempo de hablar y escrebir
lo de aquellas parles : en la qual isleta no
hay almendros algunos, é se hallan innume-
rables almendras, sin que las lleven allí nin-
gún hombre humano, ni navio por industria
de las gentes: lo qual es de aquesta manera. 200
Capitulo xv. De una ave ó páxaro extrema-
do y mucho cosa de ver queste capitán Ur-
danela,de quien se hizomen9Íon en el capi-
tulo de suso, le dio al chronista é auctor des-
tas historias, del qual no se supo el nombre. 201
Capitulo xvi. De cierta goma é cola de ár-
boles que hay en la gobernación de Nicara-
gua en la Tierra-Firme, é de cierto .eflcienso
dejaj^rovincia de Venecuela 203 "
Capitulo xvn. Del humo que los indios sa-
can en la provinQia de Ips Chondales en la
goberna9Íon de Nicaragua, é haQen d'él tea
DE INDIAS. ÍNDICE.
Págt.
621
Pógt.
para carbón é liiila para pialar los esclavos,
el qual carbón, ó polvos del llaman los in-
dios lile 204
Capitulo xviii. Por el qual se prueba que las
poncoñosas viandas é cosas que á los hom-
bres son nocivas é mortales, son á otros ani-
¡■'^ males en estas parles é Indias útiles, é pro-
ví«chosas, é grato mantenimienlo 205
Capitilo XIX. De una novedad notableycon*
traria en la prospectiva á la mayor parte de
• lo que nos enseña la vista en las mas par •
les del mundo ib.
Capitulo xx. De la hierva que los indios de
y\ Nicaragua llaman yaat, é en la gobernación
/
/•\
de Venecuela se dice hado, y en el Perú Ja
\ llaman coca, ¿en otras partes la nombran
i por otros nombres diversos, porque son las
' lenguas diferentes •. 206
Capitulo xxi. De las minas nuevamente ha-
lladas en la isla Fernandina por otro nom-
bre llamada primero Cuba, donde se ha des-
cubierto cierta vena de metal que es oro é
plata é cobre 207
Capitulo xxii. Que tracta de la gente llama-
da chacopati, á la qual los españoles llaman
magueyes, los quales nunca beben en toda
su vida, sino alguna vez ó rarísimamente. . 208
Capitulo xxm. En el qual se tracta un depós-
sito ó nueva manera de culebras poncoño-
síssimas que hay en la isla Margarita, que
las llaman de los cascabeles, é otras vívoraa
ó culebras que les quieren imitar con un
cascabel é muy poncoñosas, en la provin-
cia de los Alcácares ib.
Capitulo xxiv. En que se tracta otro depós-
sito para mi memoria, que perlenesce al li-
bro XIX, de dos animales que hay en la isla
de Cubagua, uno de tierra é otro de agua;
y es de aquesta manera que aqui se dirá, é
cada cosa dellas muy notable 209
Capitulo xxv. De los juncos ó palmas que
llevados á España, é á otras parles por el
mundo, sirven de báculos ó bordones para
los hombres de auctoridad, é páralos viejos
é hombres ancianos, é aunque en muchas
parles de las Indias los hay, é se naseen de
por sí, cue'ntase dónde los crian, é siembran,
é cultivan, é para qué efelos , ele 210
Capitulo xxvi. En el qual se tracta un nota-
ble, que es razón que por cosa mernorable
se ponga en este libro para que mejor se en-
tienda la abundancia de la carne que hay
en esta Isla Española, é la que se mala ca-
da dia que es de carne ordinariamente 2H
Capitulo xxvn. En el qual se tracta de dos
I especies ó maneras de esmerald^^ue se
/ han hallado en laTierra-Firme^^ de las qua-
/ les se han UevadcTmücTías "en cantidad, de
diversas estimaciones, é prestios, é aun
asaz dellas de mucho valor han discurrido
por Europa é otras partes del mundo, que
destas nuestras Indias se han transportado
por muchos reynos, en tanta manera que la
grande abundancia é número dellas ha fe»
cho disminuir el valor de tales gemmas. . . .
— Que son de do9e maneras las esmeraldas. .
Capitulo xxviii. En que sumariamente se
tracta un depóssilo que mas largamente se
podrá ver en sus lugares apropriados, é don-
de la natura en estas Indias ha mostrado é
produce algunas fuentes é nascimienlos de
betum de diversas materias
Capitulo xxix. Del temblor de la mar, é del
fundamento ó tierra que debaxo della está
juntamente; ó en un instante temblor de am-
bos elementos
Capitulo xxx. De un depóssilo é nueva ma-
nera de atabales é alambores, é hasta agora
nunca oydos ni vistos, exceptoenQisca, ca-
pitán herético de los bohemios herélicos. .
— Seyscientos ochenta hombres hechos ata-
bales
Capitulo xxxi. De una propriedad de los
ganados cerca de la línia equínocial, ques
cosa muy notable
Capitulo xxxii. De los vasos hechos de ca-
begas de hombres, y tráctase aqui en espe-
cial de uno que tuvo el gran príncipe Alaba-
liba, é de lo que dio por un gato , é de lo
que dio á un español por causa de un ga-
vilán
Capitulo xxxiii. De las mugeres que en las
Indias viven en repúblicas, é son señoras
sobre sí á imitación de las Amacenas, é pó-
nense aqui dos depóssitos hasta que en la
segunda parte de la General historia llegue-
mos á los proprios lugares é provincias,
donde lales mugeres habitan, é alli se diga
mas copiosamente lo que en esto hay que
escribir ;
— De las comunidades, érepúblicas de las re-
ligiones de ambos sexos
Capitulo xxxiv. De tres depóssitos é otros
tantos animales vistos en la Tierra-Firme:
los dos dellos en la provincia de Paria, y el
tercero en muchas partes de la Tierra-
Firme
— Del pescado Torpedine
Capitulo xxxv. De una nueva manera de
arma ofensiva que usan cierta gente del rio
de Paranaguacu, que otros llaman rio de la
Plata, é llámanse los guáranlas
Capitulo xxxvi. De una ave de rapiña, ó
monstruo de las aves, que caca en la tierra,
é pesca en la mar é en los rios
Capitulo xxxvii. De una nueva forma que
214
2t5
217
ib.
218
219
225
226
622 HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Pág$. Púg.i.
tienen los indios de la gobernación de la dellas 24 1
Nueva Castilla en adobar é preparar el jjes- Capitulo xlviii. En que se tracta del reme-
cado é hacerlo 9e9ial, sin le echar sal al- dio que nuevamente é de poco tiempo acá
y^ guna. .7 227 es hallado para curarse las heridas de las
Capitulo xxxvui. En el qual se tracta un ca- flechas con hierva, con que tiran las indios,
so peligroso, é experimentador de la gran- que hasta saberse este secreto era incura-
díssima habilidad que tuvo un vecino en la ble é por la mayor parle todos ó los mas
cibdad de Panamá en nadar; y fué de tal morían, como por estas historias está pro-
manera que salvó su vida , donde oviera bado. E dícese la manera, por donde la clc-
muy pocos en el mundo que dexáran de ser mencia divina permitió queste remedio se
ahogados, si lo mismo les acaesciera ib. supiesse 2i2
Capitulo xxxix. De dos cosas notables de Capitulo xlix. En que se traclan diversas é
Margarita de Vergara , muger que fué del peregrinas historias é materias que han
historiador destas materias. La una que ocurrido en parles muy apartadas , é han
nunca escupió, é la otra que en una noche tenido con oirás (en muy desviadas pro-
se tornó cana, seyendo muy rubia é hermosa vincias) mucha conformidad é semejanca; y
muger, é de veynle é seys, ó veynte é sie- de ser las unas antiquíssimas están olvida-
te años 229 das ( á los que no leen); y las que agora se
—Don Diego Osorio se tornó cano en una ven tales , parescen nuevas sin lo ser en el
noche ib. mundo. Tócanse lindas é sabrosas leeiones
Capitulo xt. De un depóssito notable é me- en este capítulo , é tales que darán mucho
moriade las ^inco naos mas famosas que en contentamiento á los lelores 245
el mundo (desde su principio hasta núes- Capitulo l . De los depóssitos deste libro en
tro tiempo) se saben é son de todas las que que se recaenta un caso muy notable que
ha ávido las mas nombradas 230 acaesció en una placa de la provincia de
Capitulo xLi. En el qual se tracta un caso Nicaragua, estando allí el auctor destas his-
nolable del amor que una india tuvo á su tonas, la qual materia toca al arte mágica é
marido, y cómo rogó con muchas lágrimas bruxos indios llamados texoxes , é trae
al auctor destas historias, que perdonasse á á conseqüencia otras transformaciones de
su marido (al qual mandó ahorcar), é que hombres en animales, que escriben algunos
ahorcassen á ella; ypónense otras compara- auctores graves; é lo que en tales casos se
clones al propóssilo del amor excesivo que debe creer 254
unas personas han mostrado con otras 23 1 Capitulo li. De un caso nuevamente venido
Capitulo xlu. De un notable depóssito écom- á noticia del auctor destas historias, é nue-
paracion de las crescientes y menguantes va materia é de admiración á quantos la
del rio de Huyapari con el Nilo 233 oyeren, é supieren acaescida pocos días ha:
Capitulo xliii. En el qual se tracta de la di- una nueva forma de montería en esta isla,
versidad de las lenguas destas Indias, islas lo qual acaesció en el año de 1543 2üü
c Tierra-Firme del mar Océano 234 Capitulo lh. En que se tracta la forma de un
Capitulo xLiv. De ciertos capitanes memora- galo monillo, la mas nueva cosa, ó nunca
bles en el mundo por el mucho valor de sus su semejante vista hasta nuestros tiempos,
personas, y lodos ellos tuertos 236 el qual gato en parle era páxaro, ó ave, c
Capitulo xlv. De cierlps notables que el his- cantaba como un ruyseñor ó calandria muy
loriador pone aquí en depóssito, hasta que exeelenlemenle, é con muchas diferencias
en los libros, é parles que convenga se escrí- en su melodía é canlar 258
ban mas largamente, que son semejantes á Capitulo liu. En que se tracta otra novedad
lo que muchos auctores han tocado; y uno muy grande, é por mí nunca oyda , y acaso
en especial de las guáranlas (que es arma sabida, y que no será de poca admiración
nunca vista, ni usacja en oirás partes sino para dexar de contemplarla á los lelores y
donde el auctor la pone en estas Indias) é x especulativos, y es acerca del menguar é
ninguno ha escrípto de tal arma 238 crescer de la mar en la bahía de Sancl Ma-
Capitulo xlvi. De un notable mucho de no- theos, en la gobernación de la costa del Perú. 2G0
lar de la mudanca de los tiempos en esta —Maravillosa novedad de ser dulce la agua
cibdad de Sánelo Domingo é Isla Española; con la crescíente de la mar é amarga con la
y aun en las otras partes destas Indias que menguante.. 261
se han poblado de los chrípslíanos 239 LIBRO VIL Prohemio 263
Capitulo xlvu. De ciertas aves que no po- Capitulo i. Del pan de los indios llamado
nen mas de un huevo, y hay muchas mahíz, é de como se siembra y se coje, y
DE INDIAS. ÍNDICE.
623
fiv
ií I
V^
X s
/
Pági.
oirás cosas á eslo con<;ern¡enles ¿64_
— Remedio para el agua que hiede en la mar,
para que se pueda beber é pierda el mal
olor 267
Capitulo ii. Del pan de los indios que se
llama cacabi, que es la segunda manera de
pan que en esta Isla Española é oirás par-
tes hacen los indios, y al presente assi mis-
mo los chripstianos, y aun algunos lo usan
mas quel mahiz, é lo tienen por mejor é se
sirven mas dello, lo qual se hace de una
planta que llaman yuca 268
Capitulo ni. De la planta é mantenimientos
-^ de los ajes, que es otro grand manjar é bas-
timento que los indios tienen, é cómo se
siembra é se coje 272
Capitulo iv. De la planta é mantenimientos
/i de las batatas , que es muy buen bas-
timento, y de los mas estimados que los in-
dios tienen, é cómo se siembran é cojen, é
otras particularidades de aqueste manjar ó
frucla 273
Capitulo v. Del mani, que es cierto género
de fructa é mantenimiento ordinario que
tienen los indios en esta Isla Española é,
otras islas destas Indias ¡^S^\
Capitulo vi. De la planta dicha yahuita, y
algunas particularidades della ^b
Capitulo vii. Del axi, que es una planta de
/que los indios se sirven é usan en lugar de
pimienta, é aun los chripstianos la han por
muy buena especie 275
Capitulo viii. De las calabacas que hay en
f esta Isla Española y en todas las otras islas
y Tierra-Firme 1 . 276
Capitulo ix. De los bihaos , que es cieita
hierva (ó mas que hierva á mi parescer) que
no se siembra ni cultiva , sino que la natura
la produce, y es muy útil y provechosa á
los indios en las cosas que aqui se dirá. . . 276
Capitulo x. De la cabuya y del henequén,
e' de algunas particularidades de lo uno é de
lo otro, que son dos cosas de hilo ó cuerdas
muy notables 277
— Para corlar el hierro con el henequén ó ca-
buya 278
Capitulo xi. Del maguey, que es otrahierva
algo semejante á la cabuya: puede servir de
mantenimiento en tiempo de nescessidad, é
el principal efeto suyo es para hicos, id est,
cordeles ó sogas muy buenas, é para otras
cosas ib.
Capitulo xii. De las yracas, que son hiervas
en general, porque yraca quiere decir hier-
va, las cuales los indios comen en sus po-
tajes 279
Capitulo xiii. De la planta é frucla que los
indios llaman lirenes en esla Isla Española, ib.
Pitgi.
Capitulo xiv. De las pinas que llaman los
chripstianos, porque lo parescen, la qual
fructa nombran los indios yayama, e á cier-
to género de la misma fructa llaman bonia-
ma, é á otra generación dicen yayagua, co-
mo se dirá en esle capítulo, non obstante que
en otras partes tiene otros nombres 280
Capilulo XV. Que tracta de la fructa llamada
Imocona, la qual se cria sin la ihdustria de
los hombres 284
Capitulo xvi. De los guayaros, ques una
fructa como cherevías ib.
Capitulo xvii. De la fructa que los indios
llaman cauallos ib.
Capitulo xvni. Que tracta de los fésoles que
los chripstianos llaman: de los quales hay ^
muchas maneras en las Indias 285
Capitulo xix. El qual tracta dé una fructa
que se llama nnames 280
LIBRO VIH. Prohemio 287
Capitulo i. Que Iracta de los árboles que se
han traydo á esta Isla Española desde Eu-
ropa é nuestra España, el qual capítulo con-
tiene once párrafos ó parles 288
— Fray Tomás de Berlanga truxo los plátanos
á las Indias, el qual fué después Obispo en
Tierra-Firme 292
— En loor de Fray Tomas de Berlanga Obispo
de Tierra-Firme 293
Capitulo ii. De los árboles fructíferos é na-
turales de aquesta Isla Española é primera-
mente de los hobos 293
Capitulo m. Del árbol llamado caymito, é de
su fructa é diferencias della, é de la nueva
forma ó diferenciada manera que su hoja
tiene con todos los otros árboles 395
Capitulo iv. Del árbol llamado higüero. El
acento de letra u ha de ser luengo, ó de
espacio dicho, de manera que no se pronun-
cien breve ni juntamente estas tres letras
gyxc; sino que se detenga poquita cosa en-
tre la tí y la e, é diga higüero. Digo esto
por quel letor no entienda higüero, ó hi-
guera de higos ib.
Capitulo v. Del árbol llamado yagua, y de 3
su fructa, y de la tinta que se tíace della ... 296
Capitulo vi. De la bixa. Esle no es árbol, 5;^.
sino planta ó arbusto, é por sí mismo é de \ 5
la natura producido, como son todos los que
he dicho, y también los plañíanlos indios. . 297
— Matrimonios de Inglaterra 298
Capitulo vii. Del árbol llamado guacuma é
de su fructa ib.
Capitulo viii. Del árbol llamado guama é de
su fructa 299
Capitulo ix. De los árboles é fructas llama- (^f,
dos hicacos ib.
Capitulo x. Del árbol llamado yaruma é de
C<-
624
HISTOIUA GENERAL Y NATURAL
rf
bf
Págs.
SU fructa 300
Capitulo xi. Del árbol llamado macagua , é
de sú fructa é madera ib.
Capitulo xii. Del árbol acuba é de su estre-
mada fructa 301
Capitulo xiii. Del árbol llamado guiabara,
que los chripstianos llaman uvero. ib.
— De la manera de escrebir en hojas de árbol, ib.
Capitulo xiv. Del árbol llamado copey, en
las hojas del qual pueden assi mismo es-
crebir 302
Capitulo xv. Del árbol llamado gaguey é
su fructa ib.
Capitulo xvi. Del árbol que los indios llaman
cibucán é de su fructa 303
Capitulo xvn. Del árbol guanábano é su
fructa ib.
Capitulo xviii. Del árbol llamado hanon é
su fructa 304
Capitulo xix. Del árbol llamado guayabo é
su fructa ib.
Capitulo xx. Del árbol mamey é de su
fructa, llamada assi mismo mamey 305
Capitulo xxi. Délos árboles que los chrips-
tianos llaman piruelo en la provincia de Ni-
caragua, é de la fructa, de la qual hacen
buen vino, é otras particularidades, el qual
árbol los indios llaman xocat 307
Capitulo xxii. Del árbol que los chripstia-
nos llaman níspero, al qual los indios de la
provincia de Nicaragua llaman munonca-»
pot, é su fructa excelente 308
Capitulo xxiii. Del árbol llamado ácana éde
su fructa del mismo 309
Capitulo xxiv. De las parras salvajes de
aquesta Isla Española, é otras islas de la
Tierra-Firme ib.
Capitulo xxv. De las carcamoras de aquesta
Isla Española é oirás partes 3 iO
Capitulo xxvi. De los cardones e:i quenas-
ce la fructa que llaman pitahaya 3H
Capitulo xxvii. De unos cardos altos c de-
rechos mayores que tancas de armas (e' aun
como picas luengas), quadradosy espino-
.sos, á los quales llaman los chripstianos ci-
rios, porque parescen cirios ó hachas de cera,
excepto en las espinas é altura dellos, ios qua-
les llaman los indios doJ^finecuola (iauiios- . ib.
Capitulo xxviii. De los cardos de las tunas
c su fructa, la qual en la provincia de Ve-
necuela en la Tierra-Firme se llama co-
moho 313
Capitulo xxjx. De la fructa que llaman ma-
nagua 315
Capitulo xxx. Del árbol llamado cacao, é al-
/ gunos le llaman cacaguate , é su fructa d
bevraje é aceyte, é como su fructa en algu-
nas partes sirve por moneda , e' se hallan
fáp.i.
por ella todas las cosas que entre los indios
se tractan, é otras particularidades destos
árboles
Capitulo xxxi. Del árbol llamado paco é su
fructa
Capitulo xxxii. Del árbol tembixque é su
fructa (alias terabate) ,
Capitulo xxxiii. Del árbol que en esta Isla
Española llaman papaya , y en la Tierra-
Firme los llaman los españoles los higos del
masluerco, y en la provincia de Nicaragua
llaman á tal árbol olocoton
Capitulo xxxiv. Del árbol llamado tembix-
que é de su fructa en la Tierra-Firme
Capitulo xxxv. Del árbol caoba é su fructa .
Capitulo xxxvi. De los ciruelos é ciruelas de
doblados cuescos que hay en la Tierra-
Firme é en la Tierra Austral
Capitulo xxxvu. Del árbol llamado Hicomas
é de su fructa en la tierra austral
Capitulo xxxviu. Del árbol llamado yagua-
guyt, que los chripsiianos llaman de la ma-
dera negra en la Tierra-Firme é provincia
de Nicaragua
Capitulo xxxix. De una fructa que llaman
yaguaraha é nasce en unos cardones, é otra
que se dice agoreros.
Capitulo xl. De la fructa llamada macao. .
Capitulo xli. De la fructa llamada cutipris.
Capitulo xlii. De la fructa llamada chuare,
é otra que se dice pauxi
Capitulo xliii. Del árbol llamado mamón, é
de su fructa, de la qual faltando el mahiz
hacen pan los indios en tiempos de hambre.
Capitvlo xliv. Del árbol llamado cimiruco é
de su fructa
LIBRO IX. Prohemio
Capitulo i. Del árbol que en esta Isla Espa-
ñola llaman espino los carpinteros, é de qué
se sirven del
Capitulo ii. De los pinos que hay en esta Isla
Española, semejan les á los pinos de Espa-
ña, que no llevan pinas sino vanas
Capitulo iii. De los nogales desta Isla Espa-
ñola ,
Capitulo iv. De las palmas que hay en esta
Isla Española, y en las otras deste golpho y
en la Tierra-Firme
Capitulo v. Del árbol de las qüentas del
xabon
Capitulo vi. Del árbol llamado mangle e' su
fructa, é de los provechos é utilidad que dól
se siguen
Capitulo vii. Del árbol que en estas islas é
en la Tierra-Firme nuestros españoles lla-
man ^edro
Capitulo vni. Del roble de aquesta Isla Es-
pañola é otras partes dcstas Indias
ib.
322
ib.
3-23
324
323
\
ib.
326
ib.
327
ib.
ib.
ib.
328
329
331
ib.
ib.
332
338
ib.
339
3i0
DE INDIAS. índice.
Capitulo xvii.
Capitulo xviii.
Capitulo xix.
Págt.
Capitulo ix. Del árbol llamado caoban dcsta
Isla Española 341
Capitulo x. Del therebinlho desla Isla Espa-
ñola ib.
Capitulo xi. Del árbol llamado ceyba, en es-
pe(!Íal ; é otros árboles grandes 342
— Puente de un solo árbol en el rio del Cutí
^ ^rea de la cibdad del Darien 343
— De la lana del árbol ^eyba 345
Capitulo xii. Del árbol ó man(¡'anillo,con cu-
ya fructa los indios caribes flecheros hacen
la hierva con que tiran é pelean, la qualpor
la mayor parle es inremediable ib.
—De Goncalo Fernandez del Lago 346
Capitulo xm Del árbol que en estas partes
se tiene por tharay, porque le paresce mu-
cho en la hoja ; pero Uámanle en esta Isla
Española cohoba 347
Capitulo xiv. De los árboles del helécho en
esta Isla Española é otras yslas é en la Tier-
ra-Firme ibf
Ca.pitulo XV- De los árboles del brasil que i { »¡
/ hay en esta ysla é otras , é en la Tierra-
Firme 348
Capitulo xvi. Del árbol llamado corbana. . . ib.
Del árbol llamado cuya 349
Del árbol llamado maria. ... ib.
De oíros árboles útiles que hay
en esta ysla é otras y en la Tierra-Firme,
llamados ciguas 350
Capitulo xx. Del árbol que en la provincia
de Nicaragua llaman los indios nanzi ib.
Capitulo xxi. De dos cosas notables en las
maderas é árboles desla Isla Española y de
las otras yslas é Tierra-Firme 35 i
—Árboles que no pierden la hoja, segundPlinio. ib.
—En las Indias solos seys arboles pierden la
hoja ilí-
— De la broma ó carcoma. . . . ; 352
Capitulo xxii. De los árboles que los chrips-
lianos llaman en la Tierra-Firme membri-
llos, aunque no lo son , é de la fructa que
llevan ib*
Capitulo xxni. De los perales salvajes de la
Tierra-Firme 353
Capitulo xxiv. De pierios leños ó ester-
pos salvajes, que relucen de noche, como
fuego
Capitulo xxv. De las encinas que el auctor
dice que hay é vido en la Tierra-Firme, no
lexos de la costa austral, en las haldas de la
sierra que llaman de Oroci ib.
—Manjar de los indios sapos ó alacranes 355
Capitulo xxvi. Del árbol llamado capera é
de la fructa que lleva, que es una manera
de almendras muy grandes ib.
Capitulo xxvu. De ciertos árboles que hay
en Nagrando, en la gobema9Íon de Nicara- ^
TOMO I.
626
Págt.
354
gua en la Tierra-Firme, que sirven sus
fructas á lo mismo que las agallas, pa-
ra ha^er tinta: á los quales árboles lla-
man los chripstianos el árbol de la tinta; é
de qué manera se ha9e la tinta con esta
fructa.., 35(j
Capitulo xxvui. Del árbol llamado guaco é
su fructa, el qual árbol se halla en la Tierra-
Firme ib.
Capitulo xxix. De los árboles é fructa que
los españoles Uanjan agoreros, en la Tierra-
Firme 357
Capitulo xxx. De los árboles odoríferos de
la Nueva Castilla ib.
Capi-dulo XXXI. De los de la canela , en la
provincia que llaman Quito en la tierra aus-
tral 7:7.T.
Capitulo xxxn. De los salces de la tierra
austral
Capitulo xxxni. Del árbol llamado damaha-
gua, é de ciertas cortejas de árboles para
sogas é euerdas 359 ^
Capitulo XXXIV. Del árbol llamado guac. . ib.
LIBRO X. Prohemio 361
Capitulo i. Del árbol ó plañía con que se
sueldan las quebraduras ó cosas rompidas
en la persona del hombre 362
Capitulo n. Del árbol llamado guayacan,
con que se cura el mal de las búas 363
— Facilidad con que los indios se curaban de
las búas 364
Capitulo m. Del árbol del bálsamo que lla-
man en esta Isla Española , donde aqueste
licor se ha hecho jwimero que en otra parte
alguna 366
— Quién fué el inventor deste bálsamo \h. ^ ^
— Opinión de Plinio sobre la calamita ó piedra
yman 367
Capitulo iv. De los mancanillos de las ave-
llanas para purgar 368
Capitulo v. De las plantas del algodón desta
Isla Española 370
Capitulo vi. De las higueras de infierno que
hay en esta Isla Española ib.
Capitulo vii. De las cañas y carritos desta
Isla Española ib.
Capitulo vni. De los juncos que hay en esta
Isla Española 371
LIBRO XI. Prohemio ; 372
Capitulo i. De las hiervas é plantas que se
han traydo deEspaña á esta Isla Española
é á otras partes destas Indias, é quáles ha-
cen acá simientes é quáles no 373
Capitulo n. De las hiervas que hay en es-
ta Isla Española, que son como las de
España é que acá las avia , antes que los
chripstianos passasen á estas partes, é son
naturales de la tierra, é no se truxeron de
79
y
626
HISTORU GENERAL Y NATURAL
Págs.
Págs.
376
Castilla 374
Capitulo iii. De la hierva que los indios lla-
man y, é de sus utilidades é propriedad. . . 375
Caí>itulo IV. De la planta que los indios lla-
man goaconax y los chripstianos le llaman
bálsamo, del qual se hace el bálsamo artifi-
cial para las heridas é para otras enfermeda-
des ; é decirse há de qué manera se hace
aquel licor que en estas Indias llaman bál-
samo
Capitulo v. De la hierva ó planta llamada
perebecenuc, é de sus excelencias é virtudes
experimentadas 377
Capitulo vi. De la hierva que en esta Isla
Española se llama curi-a; y aparto la a,
porque assi se ha de acentuar 380
Capitulo vii. De cierta manera de lirios que
hay en la Tierra-Firme, é de sus extrema-
das flores de nueva forma 381
Capitulo viii. De la hierva que los indios de
la provincia é lengua de Cueva, en la Tier-
ra-Firme, la llaman perorica é de sus pro-
priedades é efelos : la qual provincia es en
la gobernación de Castilla del Oro 382
Capilulo IX. De la hierva llamada coygara-
ca é de sus propriedades 383
Capitulo x. Del torongil de la Tierra-
Firme 384
Capitulo xi. De la hierva maguey, la qual
hay en la Tierra-Firme cerca de la provin-
9ia de Araya é de la gente que llaman ago-
reros ib.
Capitulo xn. Que tracta de la hierva mo-
cot, assi llamada en la provincia de Nica-
ragua 385
LIBRO XII. Prohemio 386
Capitulo i. Del animal llamado hutia 389
Capitulo ii. Del animal llamado quemi, é de
su forma ib.
Capitulo iii. Del animal llamado mohuy. ... ib»
Capitulo iv. Del animal llamado cori 390
Capitulo v. De los perros que ovo en es-
ta Isla Española é los que hay al pres-
sente ib.
Capitulo vi. De los mures ó ratones de aques-
ta Isla Española é destas Indias 392
Capitulo vn. De la serpiente ó animal llama-
do y., u.. ana, del qual género avia é hay
muchas en esta ysla ib.
Capitulo viii. De las serpientes ó culebras y
lagartijas é lagartos desta Isla Española y
otras partes 396
— Las culebras con que los indios hacen la
hierva para tirar con las flechas 398
Capitulo ix. De los animales terrestres que
truxeron de España á esta Isla Espa-
ñola, de los quales acá no avia alguno
líos 399
Capitulo x. De los animales que en la Tier-
ra-Firme llaman los españoles tigres, é los
indios los nombran en diversa manera, se-
gund la lengua de aquellas provin9Ías, don-
de los hay.
— Que ningún discreto tome oficio que no
le convenga, ni en conversación de bes-
tias
Capitulo xi. Del animal beori que los chrips-
tianos llaman^ntas, y algunos los llaman
vacas en la Tierra-Firme
Capitulo xii. De los leones rasos que hay en
la Tierra-Firme, en la goberna9Íon de .Qaa-
tilla del Oro, assi en la costa del Norte, co-
mo en la del Sur é en otras partes
Capitulo xiii. Del gato cerval
Capitulo xiv. De los leones pardos
Capitulo xv. De las raposas de Tierra-
Firme
Capitulo xvi. De los lobos de la Tierra-
Firme
Capitulo xvii. De las eorrillas hidiondas de
la Tierra-Firme
Capitulo xviii. Perros gozques en la Tierra-
Frme
Capitulo xix. De los 9Íervos que hay en la
Tierra-Firme , é gamos é coreos semejantes
á los de España
Capitulo xx. Que tracta de los puercos mon-
teses de la Tierra-Firme, en diversas pro-
vin9ias
Capituló xxi. Del oso hormiguero en Casti-
lla del Oro y en otras parles de la Tierra-
Firme
Capitulo xxii. De los conejos é liebres
Capitulo xxiii. De los animales encuber-
tados
Capitulo xxiv. Del animal que en Castilla del
Oro llaman perico-ligero los españoles , y
en otras partes se llama la pereza
Capitulo xxv. De los zorrillos pardos de la
Tierra-Firme
Capitulo xxvi. De los galos monillos
Capitulo xxvn. Del animal llamado chur-
cha i
Capitulo xxviii. De las bardas que hay en
la Tierra-Firme, é en espe9ial en la gober-
nación de Castilla del Oro é en las provincias
de la lengua de Cueva
Capitulo xxix. Del animal bivana
Capitulo xxx. De las ovejas é ganados do-
mésticos que hay en la tierra austral , en
Tierra-Firme, en la gobernación de la Nue-
va Castilla, donde fué rey Atabaliba
Capitulo xxxi. Del animal llamado guaca-
bitinax
Capitulo xxxii. De los animales que los in-
dios llaman tarucos en la Nueva-Castilla, á
401
403
40
\
4O0\
ib. \,
407
ib.
ib.
40
\
ib
N
ib.
409
ib.
411
ib.
412
414
ib.
416
417
id.
418
419
DE INDIAS. ÍNDICE.
/
rúgs.
los quales llaman en llalla muiros, y en Es-
paña no creo que los hay ib.
Capitulo xxxiii. Del animal llamado guabi-
niquinax ib.
Capitulo xxxiv. Del animal llamado ayre. . 420
Capitulo XXXV. Del animal llamado adine. . ib.
Capitulo xxxvi. De los leones grandes de
color pardillo ib.
Capitulo xxxvii. De los osos, como los de
España 421
Capitulo xxxviu. Del animal aserrador. ... ib.
Capitulo xxxix. Del animal que se llama
cocumatle 422
Capitulo xl. De las vacas de la tierra sep-
tentrional ib.
LIBRO XIII. Prohemio. 423
Capitulo i. De los pescados del mar é de los
rios, é de la manera que los indios pescan,
é de los que hay en general en el agua dul-
ce ó salada 424
Capitulo n. De las ballenas que hay en las
costas é mares deslas Indias é yslas é Tier-
ra-Firme 425
Capitulo ni. Del pexe llamado vihuela é de
sus armas 426
Capitulo iv. De los pexes voladores que se
hallan en el grande golpho del mar Océano,
viniendo de España á estas Indias 427
Capitulo v. De la grandeca de los lobos ma-
rinos, é de las colores diferentes dellos, é
otras particularidades 428
Capitulo vi. De los tiburones y de su gran-
deca, é de cómo se toman, é otras particu-
laridades deslos animales 419
Capítulo vii. De los animales llamados mar-
raxos 431
Capitulo viii. De las tortugas ó hicoteas des-
ta Isla Española . , 432
Capitulo ix . Del manatj y de su 'grandeza
é forma, é de la manera que algunas ve-
ces los indios tomaban este grande animal
con el pexe reverso , é otras particulari-
dades 433
— Opinión del auctor acerca de los mares 436
Capitulo^ x. De las ranas é sapos, é cómo
los indios los comen 437
LIBRO XIV. Prohemio 439
Capitulo i. En el qual se tracta de las aves
que se veen por la mar en el viaje que
se hace desde España á estas Indias é
desde ellas á España, e' de las que se to-
man en las naos é caravelas, siguiendo sus
viajes ib.
Capitulo ii. Que tracta de las aves que hay
en esta ysla semejantes á las de nuestra Es-
paña, que son acá naturales assi mismo y
desta tierra 442
Capitulo ui. De las aves que se han traydo
627
Pági.
de España, que en esta ysla é Indias no las
avia 443
Capitulo iv. De las aves que hay en esta
Isla Española, las quales no hay en España
ni allá se crian ib.
Capitulo v. De los páxaros comuneros , ó
que viven muchos junios en comunidad. . . 444
Capitulo vi. De los alcatraces grandes que
hay en esta Isla Española y en todas las
otras yslas y costas de la Tierra-Firme 445
Capitulo vii. De las aves noturnas que hay
en esta Isla Española 446
Capitulo viu. De las grúas y perdices ó tór-
tolas de la isla de Cuba ó Femandina 447
Capitulo ix^ Del passo de las aves que sue-
len passar por la isla de Cuba, é muy ordi-
nariamente los mas años atraviessan la mar
que hay entrella y la Tierra-Firme; é passan
sobre la Tierra-Firme la vuelta del viento
Sueste ib.
Capitulo x. De una ave, ó quassi mónstrao
entre las ave^; que hay en esta Isla Españo-
la y en las otras yslas destas partes 44S
LIBRO XV. Prohemio 449
Capitulo i. De los animales insectos que hay
en esta Isla Española, é primeramente de
las hormigas y del comixen 450
— Abundancia de hormigas en la Isla Espa-
ñola 451
Capitulo ii. De la escolopendra ó 9Íento pies,
y de las diferentes maneras deste animal, y
de los gusanos de muchos pies 453
Capitulo ui. De las abispas, y calabrones, y
moscas, y tábanos, y sus semejantes 454
Capitulo iv. De los animales nascidos en la
madera y engendrados de diversas mane-
ras, y de la broma 457
Capitulo v. De las encarabas que en el An-
dalucía llaman fotutas 458
Capitulo vi. De los animales que no tienen
espiráculo, por donde purgar lo que comen
é digisten, sino por lapropria boca, por don-
de se alimentan ib.
Capitulo vii. De los escorpiones que hay en
esta Isla Española y las otras destas In-
dias 459
Capitulo viii. De las moscas ó mariposas
é semejantes animales que vuelan é relu-
cen de noche ; y en especial de uno deslos
que en esta isla le llaman los indios co-
cuyo 4G0
LIBRO XVI. Prohemio 462
Capitulo r. En que se tracta del assiento de
la ysla de la Mona é de la de Boriquen , que
agora se llama ysla de Sanct Johan, y otras
particularidades 468
— Rios principales de la ysla de Boriquen. . . . 4QQ
Capitulo ii. Cómo por mandado del comcn-r
628
fflSTORlA GENERAL Y NATURAL
Págs.
dador mayor de Alcántara, don frey Nicolás
de Ovando, g-obernador de la Isla Española,
se comen9Ó á poblar de chripslianos la ysla
de Boriquen (que agora llamamos de Sancl
Johan), por mano del capitán Johan Pon9e
de León, y de otras particularidades á esto
con9ernientes 467
— Costumbre de los indios de llevar los nom-
, I bres de las personas con quienes ha9en
>i\ ^ amistad ib.
Capitulo m. Que tracla del primero pueblo
de chripslianos que ovo en la ysla de Bori-
quen ó Sanct Johan, é por qué se mudó
adonde se hi90 después 469
Capitulo iv. Del pueblo de Guanica , é por
qué se despobló é se hico otro que se llamó
Solomayor, é del levantamiento é rebelión
de los indios , é cómo mataron la mitad de
los chripstianos que avia en la isla de Sanct
Johan, y del esfuerce é cosas hacañosas del
capitán Diego de Sala9ar 470
— El capitán Sala9ar salva la vida á Pero
Xuarez 471
Capitulo v. Que tracta de la muerte de don
Chripstóbal de Sotomayor é otros chripstia-
nos; é cómo escapó Johan Goncalez, la len-
gua, con quatro heridas muy grandes , é lo
que anduvo assi herido en una noche , sin
se curar , é otras cosas tocantes al discurso
de la historia 472
Capitulo vi. De los primeros capitanes que
ovo en la conquista é pacifica9Íon de la ysla
de Boriquen, que agora se llama isla de Sanct
Johan 474
Capitulo vil. Que tracta de algunas personas
señaladas por su esfuerce, y de algunas co-
sas á esto concernientes en la guerra é con-
quista de la ysla de Sancl Johan. . .* 473
■ — En loor de la gente española ib.
Capitulo viii. Cómo los indios tenian por in-
mortales á los chripslianos, luego que pas-
saron á la ysla de Sanct Johan, é cómo acor-
daron de se al9ar, é no lo osaban empren-
der hasta ser certificados si los chripslianos
podían morir ó nó. Y la manera que tuvie-
ron para lo experimentar 478
Capitulo ix. De las batallase recuentros mas
principales que ovo en el tiempo de la guer-
ra é conquista de la ysla de Sanct Johan,
por otro nombre dicha Boriquen 479
—Que los indios creían aver resucitado los
chripslianos muertos por ellos á traición . . . 480
Capitulo x. De olra guacábara ó recuentro
que ovieron los españoles con los indios de
la ysla de Boriquen ó de Sanct Johan 481
Capitulo xi. Cómo el gobernedor Johan Pon-
96 acordó de yr á descubrir por la vanda ó
parle del Norte, é fué á la Tierra-Firme en
PdffS.
la costa de las yslas de Bimini ; é halló la
ysla dicha de Bahamá ; é cómo fué removi-
do de la gobernación é volvieron á gober-
nar los que él avia enviado presos á Casti-
lla; y de otros gobernadores que ovo des-
pués en la ysla de Sancl Johan 482
—De- un perro que ganaba la misma ración
que un ballestero 433
Capitulo xii. Del reparlimienlo de los indios
de la ysla de Sanct Johan , y de lo que en
ello se siguió ; 455
Capitulo xiii. De la muerte del adelantado
Johan Ponce de León, primero conquistador
de la ysla de Boriquen , que agora llaman
Sanct Johan, y otras cosas locantes á la
mesma ysla 486
Capitulo xiv. Del pueblo llamado Daguao,
que hizo poblar el almirante, don Diego Co-
lom, en la ysla de Sanct Johan ib .
Capitulo xv. De los gobernadores que ovo
en la ysla de Sancl Johan , después que alli
fué por juez de residen9ia el licenciado Ve-
lazquez. 487
Capitulo xvi. De diversas particularidades
de la ysla de Sanct Johan 488
Capitulo xvii. Del árbol del palo sánelo é de
sus muy ex9elentes propriedades 489
Capitulo xviii. De otras particularidades de
la ysla de Sancl Johan, con que se dá fin al
libro décimo sexto 49 j
LIBRO XVIL Prohemio 492
Capitulo i. De la descripción de la ysla de
Cuba ó Fernandina, por las alturas é grados
de su asiento é por sus aledaños mas 9er-
canos 493
Capitulo ii. De los pueblos principales de la
ysla de Cuba ó Fernandina, y de otras cosas
particulares della 494
Capitulo iii. De la conquista é pagificaeion
de la ysla de Cuba ó Fernandina, é de los
gobernadores que ha ávido en ella , é del
descubrimiento primero de Yucatán , de
donde pro9edió descubrirse la Nueva Es-
paña 494
—Ingratitud de Diego Velazquez con el almi-
rante don Diego Colom 496
Capitulo iv. De las cosas en general, é de la
rique9a é fertilidad de la ysla de Cuba ó Fer-
nandina, é otras particularidades della 498
Capitulo v. De las serpientes ó culebras de
la ysla de Cuba ó Fernandina 500
Capitulo vi. De las pelotas redondas , como
piedras de lombardas , que natura produce
é se hallan en la ysla de Cuba ó Fernan-
dina 501
Capitulo vii. De la fuente ó minero de betún
que hay en la ysla de Cuba ó Fernandina. . ib.
— Seys fuentes ó lagos, ó nas9Ímienlos debe-
DE INDIAS. índice.
629
Pág$.
lun en las Indias de España 502
Cap itulo vni. Del segundo descubrimiento
hecho por el adelantado Diego Velazquez, y
en su nombre el capitán Johan de Grijalva,
desde la ysla de Cuba, de ciertas partes de
la Nueva España é sus costas é algunas ys-
las nuevamente halladas ib.
Capitulo ix. Cómo el capitán Johan de Gri-
jalva saltó en tierra de la isla de Cocumel con
parle de la gente que llevaba, y de lo que
passó en el primer pueblo, donde tomó la
possesion por Sus Mageslades é reynos de
Castilla, é otras cosas 505
Capitulo x. Cómo el capitán Johan de Grijal-
va é su armada salieron de la ysla de C09U-
mel, parayr á la ysla de Sancta Maria de los
Remedios, dicha Yucatán; pero no ysla, co-
mo estos pensaban, sino Tierra-Firme; é lo
que les intervino de una india que se vino
tras los navios para la costa, la qual era na-
tural de la isla de Jamáyca, é de los reque-
rimientos quepassaron entre el capitán é el
piloto mayor, é cómo llegaron al pueblo del
cacique Lácaro, é cómo pelearon con los in-
dios sobre lomar agua 508
— Cómo el piloto mayor desconoció la tierra. . 510
Capitulo xi. Cómo el capilan Johan de Gri-
jalva é los otros capitanes é gente de la ar-
mada sallaron en tierra á par del pueblo del
cacique Lácaro, é de las cosas que passaron
alli sobre tomar agua para los navios , é de
la batalla que ovieron con los indios y gen-
te de aquella tierra 5 H
— Armas de los indios 512
— Protestación del sahumerio 515
Capitulo xn. Que tracta del assienlo é cir-
cunferencia de la tierra que eslos descubri-
dores é el pilólo Antón de Alaminos llama-
ron ysla de Yucatán ( é por olro nombre
Sancta Maria de los Remedios), é lo que el
chronista dice en ello, después del parcscer
deste pilólo 517
Capitulo xiii. En que se Irada del subceso
del general Johan de Grijalva y desta ar-
mada, desde que salió del Puerto Desseado
hasta que llegó al rio que llaman de Grijal-
va, que es en la costa de la Nueva Es-
paña 319
— Sacrificio de las orejas ib.
— Primera noticia que ovieron los chripslianos
de la mar del Sur , ib.
— Rescates de Grijalva 520
Capitulo xiv. En que se tracta de la prose-
cución del descubrimiento é viaje del capi-
tán Johan de Grijalva, é de lo que le subce-
dió, desde que partió del rio que hizo llamar
Grijalva hasta que llegó á la ysla de los Sa-
crificios 521
Pdgt.
— Auto de posession 624
— Sierra Nevada en la Nueva España ib.
— Primera posession que se lomó en la Nueva
España ib-
Capitulo xv. En que tracta el capitán Johan
de Grijalva aver tomado la posession por
Diego Velazquez en nombre de Sus Mages-
. tades y de su corona real de Castilla en la
Tierra-Firme, en la provincia que se llama
agora la Nueva España, y de lo que después
sub^edió hasta que volvió el capilan Alva-
rado con la nueva de lo subcedido en este
descubrimiento hasta que salieron 9ierlas ca-
noas á combatir el armada 52S
— Salutación de los indios con los sahume-
rios ib.
— Cómo acordó el capitán Grijalva dar la vuel-
ta á Cuba
Capitulo xvi. En que se tracta cómo salie-
ron catorce ó quince canoas de guerra con
muchos indios á combatir las tres caravelas
que le quedaban al capitán Johan de Grijal-
va, é de la batalla naval que ovieron, é có-
mo después salieron los españoles en el rio
é puerto de Sanct Antón , á adobar la nao
capitana, é cómo hallaron ciertos indios de
poca edad degollados é abiertos por los pe-
chos 529
— Orejas sacrificadas, ó harpadas 532
Capitulo xvii. Cómo el capitán Johan de
Grijalva partió con los tres navios y arma-
da del puerto de Sanct Antón y cómo fué
á Puerto Desseado, y cómo se hallaron unos
y dolos é indicios notorios de ser la gente de
aquella tierra sucia é culpada del pecado ne-
fando contra natura, é ydólalras 532
Capitulo xviii. Cómo el capilan Johan de
Grijalva partió con el armada de Puerto Des-
seado, é quisso yr por donde avian muerto
la gente al capilan Francisco Hernández de
Córdoba en la costa de Yucatán en un pue-
blo que se dice Champoton, y de lo que alli
le acaesció, y de todo lo demás hasta que
tornó á la ysla de Cuba á dar cuenta de su
viaje y descubrimiento al teniente Diego Ve-
lazquez é otras cosas convinienles al discur-
so de la historia 524
Capitulo xix. En que se tracta cómo el te-
niente Diego Velazquez envió por su capi-
lan en el tercero descubrimiento á Hernando
Cortés, el qual quedó después por goberna-
dor de la Nueva España, é de la muerte del
adelantado Diego Velazquez 538
— Instrucción que dio á Hernando Cortés el
adelantado Diego Velazquez, quando le en-
vió á la Nueva España ib.
— Cómo envió Diego Velazquez otra armada
con Pamphilo de Narvaez revocando los po-
630
HISTORIA GENERAL Y NATURAL
ii
deres á Corles
Capitulo xx. De las cosas y subcession de
la gobernación de la ysla de Cuba, alias Fer-
nandina , después de la muerte del adelan-
tado Diego Velazquez
El concierto del pleyto del almirante con el
fisco é la recompensa é mercedes quel Em-
perador, nuestro señor, le hizo
En loor de la señora vireyna doña María de
Toledo, madre del almirante don Luys Co-
lom
Capitulo xxi. Cómo después quel almirante
fué excluido de la jurisdicion de la isla de
Cuba ó Fernandina por el assiento ques di-
cho, é remuneración que Sus Magestades le
hicieron , fué á gobernar aquella ysla Her-
nando de Soto por capitán general de Sus
Magestades , é con título de adelantado de
la Florida
Capitulo xxn. De la partida del- gobernador
Hernando de Soto desde la ysla de Cuba,
alias Fernandina, para la tierra septentrio-
nal de la Tierra-Firme, é de la armada é
gente que llevó para su descubrimiento , é
del trabaxo que tovieron en su desembarca-
eion, y qué número de caballos é otras co-
sas llevó, y cómo se cobró un chripstiano,
llamado Johan Orliz, que estaba perdido é
andaba desnudo, como los indios ► . . .
Capitulo xxin. Cómo la guerra se comentó
á encender é se hizo crudamente, é cómo el
teniente general se tornó á la ysla de Cuba,
é cómo el gobernador partió de aquel puer-
to del Spíritu Sancto la tierra adentro , é de
lo que á él é su gente les acaesció hasta los
diez de agosto del mismo año de mili é qui-
nientos é treynla y nr.eve años
— Crueldad de Vasco Porcallo
Capitulo xxiv. Cómo e! gobernador, Hernan-
do de Soto, prosiguiendo en su conquista,
passó adelante, é cómo los indios le quisie-
ron matar é prender por engaño , por liber-
tar un cacique que llevaba consigo, é cómo
un cacique le dio una bofetada al goberna-
dor que le bañó los dientes en sangre : é
Iráctanse otras cosas convinientes al discur-
so de la historia '
— Esfuerzo de un indio que acometió al capi-
tán Maldonado
— Ardid de los indios para libertar al cacique
Aguacaleyquen
— Habla del cacique Uribitina, é lo que envió
á decir á los suyos
— Loque dixo el gobernador, ignorando el
buen zelo de los señores del Consejo Real
de Indias
T-Balalla de una india con el bachiller Her-
rera ,
540
S41
543
ib.
^<'!?*- rpás.
— En loor de la provincia de Apalache 555
Capitulo xxv. Cómo el gobernador Hernan-
do de Soto é su gente partieron de Iviahica
en demanda de Capachegui, é como la guia
que llevaban desque no supo mas de lo que
adelante avia, se hizo endemoniado ; é trác-
tanse diversas cosas é muy notables ib.
— Forma de passar un poderoso rio ib.
— Embaxada de tres palabras 556
— Lieneo de cascaras de moral ib.
—Cómo los indios adoraron é rescibieron la
cruz 557
Capitulo xxvi. Cómo el gobernador Hernan-
do de Soto fué al pueblo de Talimeco, é có-
mo la cacica , señora de aquella tierra , le
festejó é echó al cuello un hilo de perlas que
ella traía al cuello, é cómo hallaron otras
muchas, é por su culpa del gobernador quc-
544 dó de hallar todas las que quisiesse y có-
mo adelante se hallaron perlas en rios de
agua dul9e, é otras muchas particularida-
des, convinientes al discurso destas histo-
rias 560
— Manera de puente ó vado formado ceñios
caballos 563
— Del cacique de Coga, gran señor, é las sinra-
cones que se le hicieron 565
—Muros é torres ib.
ib. — De qué manera enviaron al cacique de Co-
ca é qué cortedad de gobernador 666
Capitulo xxvii. En que se cuenta lo que le
acónteselo al adelantado Hernando de Soto
con el cacique de Trascaluca , llamado Ac-
tahachi, el cual era tan alio hombre que pá-
resela gigante; é de las guacabaras é crudas
batallas é asalto que dieron álos chripstia-
547 nos en el pueblo llamado Mabila é adelante
ib. en Chicaca. E cuéntanse en este capítulo
otros subcesos á la historia convinientes y
notables 567
— Exemplo de las nescessidades en que los
hombres se velan en Indias 870
— La j ornada de Chicaca ib.
' Capitulo xxviii. En que la historia cuenta
otro recuentro de una albarrada, en que pe-
leó el adelantado -con los indios, ó cómo
551 llegó á un rio muy grande, el qual passaron
los chripstianos, é de una oración é racona-
ib. miento que en favor de la cruz y de la fé
hizo delante del adelantado y de los chrips-
552 tianos el cacique de Casqui, y de la con-
tención deste cacique con otro su ene-
553 migo, llamado Pacaha, sobre quál debía
preceder al otro. Partieron de Utiangüe,
y dícense muchas particularidades nola-
ib. bles.' 572
— Escudos hechos de cañas 573
554 — Cabecas de toros colocadas en las puertas.
v^\/V
DE INDIAS. índice.
Págs.
é cómo se recibió la cruz en el pueblo de
Casqui ib.
— Raeonamiento de un indio, señor principal. 574
— Respuesta del gpbernador al cacique Casqui. ib*
— Manera de sal que hacian con el arena 576
— En loor de la g'ente de Tula ib.
LIBRO XVIII. Prohemio 578
Capitulo i. Que tracla'del primero descubri-
miento de la ysla de Jamáyca,que agora se
llama ysla de Sancliago 580
—Los capitanes que ha ávido é tenientes en
Jamáyca , ,, 58i
— Primer oro que se halló en Jamáyca ib.
— Viaje del adelantado Francisco de Caray á
Panuco 582
Capitulo ii. De otras particularidades de la
ysla de Sancliago, que primero se llamó Ja-
máyca, y de la manera que los indios tie-
nen para tomar las ánsares bravas 583
Capitulo m. Cómo el licenciado Gil Gonca-
lez Dávila fué á tomar las cuentas ó resi-
dencia á la justicia é offi9Íales de la ysla
de Jamáyca por mandado de Sus Mages-
lades 584
LIBRO XIX. Prohemio 586
Capitulo i. Del descubrimiento de la isla de
Cubagua, donde se pescan las perlas, y
donde se vieron primero 'en estas Indias ,
y cómo tuvieron noticia dellas los espa-
ñoles 588
— La primera tierra que se descubrió de la
Tierra-Firme por el almirante primero don
Chripstóbal Colom en nombre de la corona
de Castilla 589
— De Cubagua é su nueva cibdad de Cáliz é
de la ysla Margarita, é de la costa de Tierra-
, Firme é el rio de Cumaná é Araya é de las
primeras perlas que los chripstianos vieron
en las Indias ib.
—Per Alfonso Niño 590
Capitulo ii. De otras muchas particularida-
des, e' algunas dellas muy notables, de la
isla de Cubagua; é de una fuente de betún
que alli hay de un licor natural, que algu-
nos llaman peirolio, é otros le dicen stercus
demonis, é los indios le dan otros nom-
bres 591
— De las aves é animales , é arañas ponzoño-
sas é otras particularidades ib,
— Cómo se crian é pescan las perlas é otras
particularidades dellas 593
Capitulo iii. En que se tracta de ciertos re-
ligiosos que passaron á la converssion de
los indios de la Tierra-Firme en la costa que
está cerca de la ysla de las Perlas , llamada
Cubagua : los quales eran de las sagradas
Órdenes de Sánelo Domingo é Sanct Fran-
cisco, é fueron marl¡rÍ9ados é muertos cru-
631
Págt.
damenic por los indios 593
— Rebelión de los indios que mataron muchos
chripslianos, é del mártir Fr. Dionisio ib.
— De la poquedad é cobardía del alcalde An-
tonio Flores 596
V N Capitulo iv. Cómo el almirante , don Diego
Colom, é Audiencia Real é officiales de Sus
Magcslades enviaron desde aquesta cibdad
de Sancto Domingo una armada con el capi-
tán Goncalo de Ocampo á castigar los in-
dios que avian muerto los religiosos é otros
chripstianos en la Tierra-Firme , é á cobrar
la ysla de Cubagua , llamada por otro nom-
bre Isla de las Perlas ; é de la venida del li-
cenciado Bartolomé de las Casas, é otras co-
sas concernientes á la historia 597
Capitulo v. Cómo el licenciado Bartolomé
de las Casas fué con ciertos labradores á po-
blar á la Tierra-Firme en el rio de Cuma-
ná, cerca de la ysla de Cubagua, é lo que
le subcedió dello á él é á los que le si-
guieron 599
— Otras particularidades con el dicho licen-
ciado, é cómo se metió frayle 601
Capitulo vi. Del segundo proveymienlo que
se hizo para sojuzgar la costa de Cumaná,
y castigar los indios de sus rebeliones ya
dichas, y de la fortaleca que alli se fundó
para la guarda del rio de Cumaná, que está
en la costa de la Tierra-Firme, é á siete le-
guas de la ysla de las Perlas , llamada Cu-
bagua 602
Capitulo vii. De una tormenta é terremoto
que súbitamente acaesció en la provincia
de Cumaná en la Tierra-Firme, la qual
tempestad derribó la fortaleca que los chrips-
tianos tenian, de que se hizo mención en el
capítulo de suso, é cómo se labró é se hizo
otro castillo 603
Capitulo viii. En que tracta el chronista de
algunas opiniones de los historiales anti-
guos cerca de las perlas, y de algunas par-
ticularidades dellas, y de algunas perlas
grandes que se han ávido en aquestas In-
dias 604
— Dase noticia de algunas perlas grandes é
particulares que se han ávido en las In-
dias 605
Capítulo ix. De los nacarones en que se ha-
llan perlas en la provincia de Nicaragua é
golpho de Orotiña é otras partes 606
— Fraudes que se cometen en las perlas 607
Capitulo x. El qual tracta de la manera que
los indios é aun los chripslianos tienen para
tomar y pescar las perlas ib.
Capitulo xi. Que tracta del aviso que debe
aver en los que compran perlas 610
Capitulo xu. De la goberna9Íon de la ysla
/I i
632 HISTORIA GENERAL Y NATURAL
Páffi, fmgs.
de Cubagua , é cómo fué removida la te- Capitulo xv. De muchas yslas en general
nen9ia del Castillo de Cumaná ib. que están desde la Tierra-Firme austral é
Capitulo xm. De ciertos cossarios que han aquestas yslas de Cubagua é la Margarita
passado á estas partes é Indias, y de lo que hasta la yslade Sanct Johan, que los indios
les ha intervenido en sus malos pensa- llaman Boriquen, é desde alii á la Tierra-
mientos 6H Firme de la parte ó vanda del Norte é pro-
Capitulo XIV. Que tracta de la ysla de la vin^ia de Bimini é la Florida , brevemente
Margarita «12 relatadas 613
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COLUMNA.
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2
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81
2
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. . almirante
119
2
1
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... 27
del del rio
del rio
129
, . . haya
. . há ya
16S
»
2
... 1
... 18
... lib. V
. . ela
lib VI
174
.. ella
193
»
... 1
. . lib. IV
lib. VI
223
1
2
... 45
... 7 y 8
. . etutila
et ut ita
235
. . Cuena
. . Cueva
236
1
... 15
. . depóssisos
. . depóssitos
277
2
... 27
. . manera
Inacas
manpra
311
»
2
... 34
... 40
. . lancas
345
. . partes partes
. . hidaldo
. . partes
lidalgo
352
2
. .. 43
359
2
... 22
.. suerle ,
suerte
363
1
... 43
.. guagacan ,
. . guayacan
399
2
... 22
. . ocho años
. . once anos
TOMO I.
80
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